domingo, 20 de octubre de 2013

La canción del olvido (Cantables)



LA CANCION DEL OLVIDO



Comedia lírica en un acto, dividida en cuatro cuadros.

Libreto: Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw.

Música: José Serrano.

Estrenada el 17 de Noviembre de 1916.en el Teatro Lírico de Valencia.


ARGUMENTO


Escena dividida. A la izquierda, ocupando la mayor parte del escenario, una plaza de Sorrentinos. A la derecha, primer término, aposento pequeño de una hostería que tiene una puertecilla practicable al foro y una ventana que da a la plaza, celada por una celosía. Este aposento está amueblado con una mesita y tres sillas. Sobre la mesa, libros u otros objetos.
En la plazuela, a la derecha segundo término, la citada hostería con una puerta y, sobre ella, una inscripción que dice: “hostería del Ganso”. Debajo de la inscripción, el emblema de la casa, que consiste en un ganso de toscas líneas y, a su lado un farol. A la izquierda, en primer término, una calle, y desde ella parte diagonalmente, hacia el foro, la verja del jardín de Flora Goldoni. Delante de la hostería, varias mesas y algunas banquetas alrededor de ella. Es por la tarde y anochece poco a poco.
Al levantarse el telón aparece el Sr. Sainati, viejo ridículo, junto a la ventana de la hostería, intentando descubrir el interior. En el mismo instante sale el hostelero. Sainati ha llegado a Sorrentinos, como tantos otros, por conseguir los favores de la princesa, a quien Toribio dice falsamente haber conocido en Roma y cuya imaginada biografía cuenta al hostelero para que le dé de comer gratis. Sale la princesa Rosina, que cruza la escena sin ni mirar a Toribio. “Me extraña que no se haya fijado en ti”, le dice el hostelero. “El orgullo, que se la come”. replica Toribio, quien sin embargo no deja de decirle al posadero que su cuenta la pase a la princesa. Nuevamente aparece ésta preguntando por el capitán Leonello. “No tardará, porque es mi parroquiano más asiduo”. contesta el hostelero. “No le dirás mi nombre aunque te lo pague a peso de oro”, le impone Rosina. Por más que su dama le ruegue discreción la princesa no para de hacerle preguntas al posadero sobre la vida y los amores del capitán, de quien se asegura que no se enamora jamás, a pesar de sus constantes aventuras amorosas.” ¿No estáis contenta con abandonar vuestro país por seguir a ese hombre? ¿Con habitar este albergue humilde, con sentir amor por quien no os conoce? Vais de imprudencia, le recrimina Casilda.
Aparece el capitán Leonello que cuenta a sus amigos la última de sus aventuras. A la pregunta de si alguien preguntó por él durante su ausencia, el posadero contesta que sí, precisamente la más hermosa de sus huéspedes, la de más alcurnia. “Di a tu huésped que, en concluyendo con la Goldoni, podrá disponer de mí en un par de días”, es la respuesta fatua de Leonello. La escuchó Rosina, quien no obstante la observación de su dama, “es un tarambana y un desalmado”, comenta que posiblemente por eso le seduce más. Sigue el capitán relatando sus correrías amorosas y sus planes para seducir a la aristocrática Flora.
Rosina se propone desbaratar los proyectos del capitán. Leonello encarga al músico ambulante Toribio una serenata para provocar la salida de Flora, pero cuando Toribio se dispone a entonar “La Canción del olvido”, -de moda en Roma- según anuncia, es Rosina quien canta desde su ventana. Leonello y sus amigos quedan suspendidos al oír la voz de ella. “¿Quién será?”, pregunta el capitán. Al acabarse la canción, Leonello empieza a escribir una carta de amor a la Goldoni. Rosina ha llamado al músico, al que propone pagarle bien el servicio que habrá de prestarle fingiéndose ser su esposo, el príncipe Ferratta. Sin embargo, habrá de intentar enamorar a una cortesana, le dice Rosina. Le envía a Palacio Marinelli para que los criados de la princesa le cambien la ropa. “Toribio, eres grande”, se dice el pobre músico. Leonello terminó de escribir la carta a la Goldoni y se dirige a la verja de su jardín. pero sin darse cuenta de lo que hace, rompe el sobre y sus trozos se le van cayendo de las manos.
El segundo cuadro es una calle en la que se ven dos palacios. Uno de ellos es el de Flora Goldoni. Se oye una trova y luego una canción. Aparece Toribio elegantemente vestido y comiendo a dos carrillos. De sus reflexiones “principescas” le saca la llegada de Leonello, que sin reconocer al ex músico se extraña de la rara indumentaria de Toribio. Todavía sin reconocerle y creyendo que se trata de un rival para el amor de Flora, le increpa sin que Toribio le secunde sus planes de un duelo. Al marcharse los dos, aparece Rosina vestida de paje que canta una serenata al pie del balcón de Flora. Sale ésta y la princesa le cuenta que está sirviendo a su señor, el príncipe Ferrata, que aparece ahora -es Toribio, claro- para conquistarla. Este y el paje -Rosina- entran en el palacio de Flora.
Se oye una serenata que Leonello encargó para Flora. Esta no sale y el capitán se extraña.
No pierde la oportunidad Rosina -vestida de paje- de contarle que la señora está con su amo, enamorándola. Se enfurece Leonello para caer en las maquinaciones de Rosina, quien propone al capitán de conquistar a la esposa de su amo, que “este pobre a las diez os esperaré en el Palacio Marinelli”. “Por arte de magia se abrirá el cancel”.
El tercer cuadro es un gabinete del Palacio Marinelli. Rosina sola en traje de casa, rezando.
Al dar las diez se oye dentro la voz del capitán Leonello. Rosina finge dormir sentada en el sillón. Ve venir a Leonello. Este se acerca, la contempla, quiere besarla pero reacciona diciendo: “Leonello, esto es indigno de un capitán”. Rosina se asusta: “Ay, que se va”, dice para sí. Finge despertarse y simula la mayor indignación y sorpresa. El dúo aclara las cosas, no sin que Rosina le recuerde al capitán sus jactancias pasadas. Pero ¿y el príncipe Ferrata? “Toribio es desde ahora nuestro mayordomo”. ¿Fue todo una farsa? “Todo, menos mi cariño”, le contesta Rosina.


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Personajes:

Rosina: Princesa italiana enamorada de Leonello.
 
Leonello: Capitán donjuanesco que, de seductor de Rosina, termina en su enamorado.
 
Toribio: Músico ambulante y “carpanta” a quien Rosina hace aparecer como príncipe para dar celos a Leonello.
 
Sargento Lombardi: Manda el pelotón de soldados que participa como Coro.

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Números musicales:

Canción de Leonello “Junto al puente de la Peña”: (Leonello)
Canción del olvido “Marinela, Marinela”: (Rosina)
Canción de la ronda “Ya la ronda llega aquí”: (Coro)
Canción de Rosina “Canta el trovador”: (Rosina)
Sargento Lombardi y Soldados “Soldado de Nápoles”: (Soldados, Lombardi)
Serenata “Hermosa napolitana”: (Tenor, Coro)
Dúo de Rosina y Leonello:


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CUADRO PRIMERO

(Una plaza de Sorrentinos, imaginaria ciudad del reino de Nápoles, allá por los años de 1799. A la derecha, aposento de la Hostería del Ganso. Llega Toribio, músico ambulante, dispuesto a hacer negocio en la noche de las serenatas. Entran la princesa Rosina y su sirviente Casilda, quienes siguen al capitán Leonello, de quien la princesa está locamente enamorada, sabiendo que él acude allí. Por el hostelero se enteran que Leonello pretende a Flora la cortesana. Al llegar Leonello con sus amigos canta los éxitos de sus hazañas amorosas.)

Canción de Leonello “Junto al puente de la Peña”: (Leonello)

LEONELLO
Junto al puente de la Peña,
por la noche la encontré
y su guante chiquitito
le cayó a los pies.
Por si un reto me lanzaba,
recogí su guante yo,
y en su mano bella
puse un beso de pasión,
¡porque al verla no se puede
resistir la tentación!
Por las calles solitarias
embozado la seguí,
y escuchaba mis embustes
llena de ilusión.
Al llevarla a su palacio
mis finezas repetí:

(Simulando el dialogo)

“- ¡Dulce bien!
-Me engañáis...
-No acostumbro a mentir.
-¿Volveréis:?
-¡Cómo no!
-Ya veré si fingís...”
Y escuchando su voz,
yo pensé: ¡Qué infeliz,
qué infeliz, qué infeliz!
“Mujer primorosa clavellina
que brindas el amor,
yo soy caminante
que al pasar
arranca las hojas de la flor
y sigue adelante
sin recordar
tu amor...”
A la dueña que la sirve,
con dinero soborné
y, admirada de mi rasgo,
saludó y se fue.
Al decir la cortesana:
“Caballero,
que yo espero
a mi galán”,
en mi fiel acero
puse mano, sin dudar,
¡que mi espada se enardece
con la sombra de un rival!
Convencida y conquistada,
en mi brazo se apoyó,
y escuchaba mis embustes
llena de ilusión.
Al llevarla a su palacio
mis finezas repetí:

(Simulando el dialogo)

“- ¡Dulce bien!
-Me engañáis...
-No acostumbro a mentir.
-¿Volveréis:?
-¡Cómo no!
-Ya veré si fingís...”
Y dejándola ya
de su amor me reí,
me reí, me reí…!
¡Ja, ja, ja, ja...!
“Mujer,
primorosa clavellina
que brindas el amor,
yo soy caminante
que al pasar
arranca la hojas de la flor
y sigue adelante
sin recordar
tu amor...!


___________



(Rosina, que le escucha no puede más. Cuando el capitán ordena a Toribio que entone una serenata bajo el balcón de Flora, la princesa canta ocultada por una celosía, una popular canción italiana)

Canción del olvido “Marinela, Marinela”: (Rosina)

ROSINA
“Marinela, Marinela,
con su triste cantinela
se consuela
de un olvido maldecido...
Mari, Marinela...”

(Leonello, Toribio y sus acompañantes quedan suspensos al oír la voz de Rosina)

Campesina, campesina,
como errante golondrina,
cantarina, vas en busca del amor.
¡Pobre golondrina
que al azar camina,
tras un sueño engañador!
El aire murmura en mi oído
dulces cantares
que en nuestros labios
ha sorprendido
en noches lejanas de amor.
Cantares de tiempos mejores,
cantares risueños,
que huelen a flores
y alientan ensueños
de amores.
Marinela,
con su cantinela
busca olvido a su dolor.
¡Pobre Marinela!
Ese bien que anhela
no lo da ese amor.

(Cuando el capitán se marcha, Rosina contrata a Toribio para que se haga pasar por su marido y dar celos al capitán)


___________



CUADRO SEGUNDO

(Por una calle de Sorrentinos pasa la ronda y canta bajo el balcón de Flora)

Canción de la ronda “Ya la ronda llega aquí”: (Coro)

CORO
(Interior.)
Ya la ronda llega aquí,
firulirulí.
A cantarte amores va,
firulirurá.
Sal a tu ventana
que mi canto es para ti.
Sal, napolitana,
firulí, firulí, firulí,
firulí, rulá.
Ya la ronda llega aquí,
firulirulí.
A cantarte amores va,
firulirurá.
Sal a tu ventana
que mi canto es para ti.
Sal, napolitana,
firulí, firulí, firulí,
firulí, rulá.
Lucero, lucero, lucero,
lucero;
morena, morena, morena,
morena;
te quiero, te quiero, te quiero,
te quiero, mi amor cantar.
Ya la ronda llega aquí,
firulirulí.
A cantarte amores va,
firulirurá.
Sal a tu ventana
que mi canto es para ti.
Sal, napolitana,
firulí, firulí, firulí,
firulí, rulá.

VOZ
(Interior.)
Hermosa napolitana,
valle florido,
rayo de luna clara;
no sé yo cómo en el fuego
de tus pupilas
no se ha fundido
la nieve de tu cara.
Niña de mis amores,
que esperas gozar un día
la dicha que da el amor;
amor que siembra de flores
tu fantasía,
da espinas de dolor.
Niña de mis amores,
ya sabes lo que es amor.

CORO
Ya la ronda llega aquí,
firulirulí.
A cantarte amores va,
firulirurá.
Sal a tu ventana
que mi canto es para ti.
Sal, napolitana,
firulí, firulí, firulí…


___________



(Aparece Toribio disfrazado de príncipe y dispuesto a cortejar a Flora, pero Leonello que le ve le increpa y ahuyenta. Rosina, vestida de paje, canta una serenata a cuyo reclamo sale Flora al balcón)

Canción de Rosina “Canta el trovador”: (Rosina)

ROSINA
Canta el trovador
bajo tu ventana,
a tus ojos negros
de napolitana.
Del jardín de amores
la más linda flor:
la canción serena
que en mis labios suena
de esperanzas llena,
suspirando amor,
bajo tu ventana
canta el trovador.
Ligero mi canto vuela
buscando un cariño fiel,
y el alma también anhela
volar hacia ti con él.
Llegar a tus pies confía
cantando mi pena allí.
Si el canto de mi agonía
merece llegar a ti,
verás que nace mi alegría
si alcanzo, señora mía,
un recuerdo sólo para mí.
¡Ay, tirana de mi albedrío!
¡Ay, dulce tormento del amor mío!
De amor,
oye mi canción mejor.
Bajo tu ventana
canta el trovador.


___________



(Rosina, ahora paje del príncipe de Marinelli, explica a Flora que su señor está locamente enamorado de ella. A la llegada del príncipe Flora le invita a su casa pues sólo aspira a su riqueza. Poco después, aparece la rondalla organizada por Leonello y formada por algunos soldados al mando del sargento Lombardi, que entonan una serenata al pie de la casa de Flora)

Sargento Lombardi y Soldados “Soldado de Nápoles”: (Soldados, Lombardi)

SOLDADOS
Soldado de Nápoles
que vas a la guerra:
mi voz, recordándote,
cantando te espera.
Cariño del alma, ven,
que vas a probar
la dicha de amar,
oyendo los sones
de mis canciones.

LOMBARDI
Soldado de Nápoles
me quiso mi suerte.
La gloria romántica
me lleva a la muerte.
No digas tu cántico,
que aviva mi pena;
si muero queriéndote,
¡qué muerte tan buena!

SOLDADOS
Soldado de Nápoles
que buscas la gloria,
te espero brindándote
la ansiada victoria.
¡No mueras, soldado, no!
Cariño del alma, ven,
que vas a alcanzar
la dicha de amar,
que es gloria también.


___________



(Sin embargo, Flora no aparece en el balcón. Leonello sorprendido escucha, de Rosina, que la cortesana está ocupada con otro gala, el príncipe del palacio de Marinelli. Rosina, finge aceptar un soborno propuesto por Leonello, y siguiéndole el juego le sugiere que se vengue del afortunado príncipe acudiendo por la noche a su palacio y cortejando a la esposa del príncipe. A la conclusión del cuadro se escucha el eco de la serenata.)

Serenata “Hermosa napolitana”: (Tenor, Coro)

VOZ
(Interior.)
Hermosa napolitana,
valle florido,
rayo de luz de sol;
amor que es rosa temprana
que hoy ilusiona
tu fantasía,
da espinas de dolor.
Niña de mis amores,
ya sabes lo que es amor.

CORO
(Interior.)
Ya la ronda llega aquí,
firulirulí.
A cantarte amores va,
firulirulá.
Sal a tu ventana
que mi canto es para ti.
Sal, napolitana,
firulí, firulí,firulí…


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CUADRO TERCERO

(En un gabinete íntimo del palacio Marinelli aparece Rosina. Mientras espera la llegada de Leonello, reza)

Dúo de Rosina y Leonello “Virgen y Madre”: (Rosina, Leonello)

ROSINA
Virgen y Madre
del Redentor;
no me abandones,
por favor.

(Va a la puerta del jardín, sobresaltada.)

Pensé que era él.
Me engaña el deseo.
¿Por qué, a un tiempo mismo
le aguardo y le temo?
¡Qué loca aventura!
¿Por qué,
por qué, Dios mío,
no he guardado
mi amor en secreto?

(Dan las diez en un reloj lejano)

Valor, Rosina,
ya llegó el momento.
¡Las diez!

(Se escucha a Leonello que se acerca)

LEONELLO
Mujer, primorosa clavellina
que brindas el amor,
yo soy caminante que al pasar
arranca las hojas de la flor.

ROSINA
(Observando el fondo del jardín.)
Ya abrieron la verja,
ya entró en el jardín.
Aquí viene. Al fin ...

(Entretanto viene Leonello por el jardín, con alguna precaución hasta que entra en el aposento y queda parado en la puerta)

LEONELLO
Esta es la estancia,
la aventura es singular,
parece una página
de un cuento oriental.
Todo parece
dispuesto para amar.
Quizá esta puerta
me dará la clave.
Capitán Leonello ...
¡adelante!

(Entra, se detiene, mira a su alrededor y descubre a Rosina)

¿Me engañan los ojos
con una ilusión?

(Avanza un poco hacia Rosina.)

¿Me espían, acaso?
¿Será una traición?

(Cerciorándose de la presencia de ella.)

¡Una mujer! Dormida parece ...
Ella debe ser.

(Asaltado por sentimientos de nobleza.)

¡Capitán, Leonello! ¿Qué vas a hacer?

(Atraído por la sugestión de la princesa.)

Pero, ¡es tan hermosa!
Verla dormir es soñar
y aprender a sentir.

(Dirigiéndose paso a paso hacia Rosina, contemplándola con arrobamiento, pero no muy cerca.)

¡Oh, mujer!
Bella flor ...
¿Quién supiera lo que sueñas tú?

(Muy cerca de Rosina.)

Cabecita que duermes
un sueño feliz.
¿Qué ideal pensamiento
se adueña de ti?
¿Qué ilusión tienes tú,
cabecita gentil?
La inquietud
que adivino ya en tu frente
quiero sorprender,
y que mis labios
puedan al besar,
dulcemente aprisionar
tus ensueños de mujer.
¡Qué hermosa está!

(Siente el impulso de besarla, pero reacciona diciendo.)

Leonello, esto es indigno
de un capitán.

(Apartándose de Rosina y dirigiéndose a la puerta del fondo.)

Ve a buscar las aventuras
en tus locos amoríos...
No mancilles este hogar.

ROSINA
¿Dónde vais?

LEONELLO
Yo os diré.

ROSINA
Atentáis a mi nombre
¡No lo quiero saber!

LEONELLO
Disculpadme.

ROSINA
¿Por dónde entrasteis aquí?

LEONELLO
Escuchadme, os lo ruego.

ROSINA
¿Qué podríais decir?

LEONELLO
Señora mía, perdón os pido
y aguardo rendido
vuestra sanción severa

ROSINA
Sois un osado
que en vano espera
lograr perdón.

LEONELLO
El capitán Leonello
sólo ha podido
pecar de amor.

ROSINA
¡Ah! El capitán Leonello...
Sí; conozco aventuras
que la fama pregona
de ese buen capitán.
De un amor como el vuestro,
¿qué se puede esperar?
Torbellino de pasiones
y locuras nada más.
Ese amor
que sentís
es aroma que el viento renueva,
Y el amor
no es así.
El cariño
verdadero
dormidito en el alma se lleva;
capullito
que quizá
con el tiempo
se abrirá.

LEONELLO
Yo siento,
Una pena aquí escondida
como un nuevo sentimiento,
que es suspiro y es lamento
que se escapa de mi vida.

ROSINA
No os importe padecer,
que un amor de verdad
no ha de florecer
si no sabe suspirar.

LEONELLO
Un cariño
verdadero
dormidito en el alma tenía,
y al mirarme
junto a vos,
mi cariño
despertó.

ROSINA
Lo dudo.

LEONELLO
¡Lo duda...!

ROSINA
La historia pasada
no debo olvidar.

LEONELLO
Yo os juro...

ROSINA
Es inútil.

LEONELLO
Mi fe de soldado
lo puede jurar.

ROSINA
Os ciega el deseo.

LEONELLO
Creedme, señora.

ROSINA
No os creo.

LEONELLO
Princesa, mi espada os ofrece
probar que merece
tan altos favores.
Pedidme, señora, que hiera,
que mate, que muera,
por vuestros amores.
Ved que os ofrezco
vida y honor.
Y honrarse mi espada querría
sabiendo, alma mía,
que el premio sois vos.

ROSINA
¡Callaos!

LEONELLO
Prestadme oído.

ROSINA
(Aparte)
Ya está en mis redes.

LEONELLO
Miradme al menos;
ya arrepentido.

ROSINA
No seguid.

LEONELLO
¡Escuchad!

ROSINA
¡Desistid!
¡Desistid!

LEONELLO
¡Por piedad!
¡Mi amor no consigue siquiera
saber que le espera vuestro perdón!

ROSINA
¡Dios mío!

LEONELLO
Princesa...
Hablad, por favor

ROSINA
Si queréis ser feliz
olvidaos de este nuevo amor.
Corred la vida
sin pensar en mí.

LEONELLO
¡Tal vez no pueda ya
vivir sin vos!

ROSINA
Si es verdad que sabéis
un cariño sentir,
aprended como yo,
la virtud de sufrir.

LEONELLO
Esperanzas
de amor
iluminan mi ser
como luz que
se enciende con la risa
del amanecer

ROSINA
Y quizá
el amor
llegará pronto a ser
nueva luz
que es la risa
del amanecer.

JUNTOS
Y acaso un día
su canción dirán
unos labios de galán
y unos ojos de mujer.

ROSINA
“Marinela, Marinela,
con su triste cantinela
se consuela
de un olvido maldecido...
Mari, Marinela...
Campesina, campesina,
como errante golondrina,
cantarina, vas en busca del amor.
¡Pobre golondrina
que al azar camina...!”

LEONELLO
Acude, vida mía.
Escúchame. Soy yo.
Aquel aventurero
hoy busca un tierno amor.
Al fin
ya en mi pecho nació
el cariño ideal.
Princesa; no temas.
Mi honor guarda el tuyo.
¡Volverá tu capitán!

(El capitán enamorado de Rosina abandona el gabinete, mientras lo hace ha oído a Rosina cantar la “Canción del olvido”, recordando la misteriosa voz de la hostería.)


___________



CUADRO CUARTO

(Jardín del Palacio Marinelli. Rosina da una fiesta haciendo los honores a Toribio, su supuesto marido y príncipe. Al salir los invitados queda Leonello que dispuesto a conseguir el amor de Rosina bate en duelo a Toribio con la excusa de su enamoramiento. Aparece Rosina.)

Dúo de Rosina y Leonello “Pero, capitán...¿Qué vais a hacer?”: (Rosina, Leonello)

ROSINA
Pero, capitán...
¿Qué vais a hacer?
¿Vais a matar...?
Decidme a quién...
Estáis gallardo de veras...
El gesto airado os va bien...
Guardad la espada...
que me asustáis.

(Rosina contiene la risa a duras penas.)

LEONELLO
¿Por qué, Rosina,
por qué os burláis de mí?

(Rosina sigue conteniendo la risa.)

¿Por qué mi duelo y mi pena
os hacen reír?
Dejadme que al partir maltrecho,
salgan de mi pecho
ayes de dolor.
De un loco amor arrepentido,
soñé un feliz hogar risueño
y todo se ha desvanecido,
como un sueño.

ROSINA
Con ayes y con lamentos
los sufrimientos
no podréis vencer.
Tened valor y fortaleza,
templad el corazón en el dolor,
abrid el alma a la tristeza,
que es ahora cuando empieza
el amor.

LEONELLO
¡Imposible!
Para mí no hay amor.

ROSINA
¡Ja, ja, ja, ja...!

(Interrumpe como antes sus palabras con carcajadas.)

LEONELLO
Volvéis a reíros.

ROSINA
¡Cómo no me voy a reír...!

LEONELLO
¡Creedme, Rosina!

ROSINA
¿No mentís?

LEONELLO
Mi amor es sincero,
mi amor es verdad.

ROSINA
¡Amor y pena debéis olvidar!

LEONELLO
Yo sabré buscar la muerte.

ROSINA
Así no moriréis de amor.

LEONELLO
¡Oídme! Ya que mi dicha
es imposible con vos,
engañadme diciendo
que no olvidáis mi amor.

ROSINA
¿Qué pretendéis con ello?

LEONELLO
Hacerme la ilusión
de que suena siempre
en mi oído vuestra voz.
¡Jamás la olvidaría!
Decídmelo, por Dios.
Ved que me consume
La desesperación.

ROSINA
(Cantando como distraída.)
“Mujer,
primorosa clavellina
que brindas el amor...”

LEONELLO
No, no, Rosina...
Mi pasado olvidad.

ROSINA
Es una cancioncilla
Que vino a mí sin pensar.

LEONELLO
Os ruego, os suplico ...
Soy un amante sincero
que quiere consagraros su fe.
Caen sobre mí las maldiciones
de cuantas mujeres burlé.
Pero en vos llega al fin
el castigo de mi torpe afán
y aquella risa tan alegre ayer
en amargura se convierte ya.

(Estrecha sus manos apasionadamente.)

ROSINA
Al fin
el amor
ilumina mi ser
como luz
que es la risa
del amanecer.

LEONELLO
Al fin
el amor
ilumina mi ser
como luz
que se enciende con la risa
del amanecer.

ROSINA y LEONELLO
Y siempre unidos
su canción dirán
unos labios de galán...

(Entran Toribio y los invitados. Se descubre que este es un marido por contrata, y Leonello, loco de jubilo, promete hacer su esposa a Rosina.)
(Leonello da la mano a Rosina y juntos marchan hacia el fondo. Los invitados abren calle y los reverencian a su paso.)





FIN



Información obtenida en la Página Web http://lazarzuela.webcindario.com/

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