lunes, 23 de diciembre de 2013

La villana (Cantables)



LA VILLANA



Zarzuela en tres actos divididos en siete cuadros.

Basada en la tragicomedia “Peribáñez y el comendador de Ocaña”

Libreto: Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw.

Música: Amadeo Vives.

Estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el día 1 de octubre de 1927.

Epoca: principios del siglo XV.


ARGUMENTO


La acción se desarrolla a principios del siglo XV en las inmediaciones de Ocaña.
Miguel Angel, cachicán de la hacienda y su esposa Juana Antonia, mujer del campo, joven y alegre, están esperando que baje su amo. Peribáñez, para la ceremonia de su boda. Baja Peribáñez en traje de fiesta, y alegre porque va a casarse con una villana guapa y honrada.
Se adelanta un grupo de mujeres, al frente de las cuales avanza Juana Antonia para entregarle un presente al amo. Los segadores le dicen unas coplas.
Comienzan a sonar campanillas aún lejanas, y al poco tiempo aparecen Casilda y Blasa, su tía, en un carro de labranza adornado con flores silvestres. Peribáñez se acerca al carro para darle la mano a Casilda.
Suena la campana de la ermita y se oye el bullicio de la gente que sale precediendo a los recién casados. Antes de que terminen de entrar todos los invitados al patio de la hacienda, entran armando un gran revuelo Miguel Angel y Olmedo, poeta, pues un toro ha atacado al comendador. En ese momento vienen dos labradores que traen desmayado al comendador, don Fadrique.
Casilda le ofrece las flores de azahar para que aspire su olor y se reanime.
Don Fadrique abre los ojos y al ver a Casilda queda prendado de su belleza. Se incorpora y le pregunta si es la novia, a lo cual contesta Casilda que ya está casada.
Aparece Peribáñez y don Fadrique, en prueba del agradecimiento por lo bien que le han tratado le dice que le pida algo.
Peribáñez dice que ya tiene buen pago al haber recobrado la vida, pero a fuerza de insistir el comendador le dice que su mujer deseaba ir a la fiesta de Toledo, pero como su carro es de labrador y no está engalanado, le agradecería mucho si le prestara una alfombra y repostero.
Cuando se marchan los invitados, Casilda y Peribáñez se declaran su amor a la luz de la luna frente a sus tierras tras lo cual penetran en la casa. Aparece Olmedo que está enamorada de Juana Antonia. Viendo aparecer a don Fadrique por el fondo, Olmedo le pregunta si viene a felicitar al novio a lo que contesta el comendador que se ha enamorado de Casilda. Poco tiempo después el pregonero dice en la casa de labor de Peribáñez que el propio rey don Enrique va en persona a hacer la guerra y manda que hagan una compañía de labradores voluntarios de la cual sea Peribáñez capitán, esto último por orden expresa del comendador, que desea que esté lejos para así poder abordar a Casilda, su mujer.
Cuando Peribáñez ya está a punto de partir, aparece en la casa un judío llamado David que pide hospitalidad que pagará a cambio. Peribáñez no acepta pero David le entrega a Casilda en pago de su hospitalidad unos pendientes de perlas. Se marcha Peribáñez. David está en realidad enviado por el comendador, Roque y Blasa -tíos egoístas de Casilda- sospechan algo y vigilan al judío, tras saber por quien va enviado sale Roque en busca del comendador, mientras Blasa intenta convencer a Casilda. Todo esto lo están oyendo Olmedo y Chaparro.
Sale Casilda a la ventana y en cuanto ve al comendador llama a los segadores con mucha diplomacia. Mientras huye don Fadrique aparece Olmedo y Chaparro que comentan cuan gallardamente se ha sabido defender el ama.
En una venta del camino de Ocaña a Toledo están Miguel Angel y algunos labradores jóvenes esperando a su amo. Cuando llega éste se encuentra con el judío David que le dice quien le envió a su hacienda.
Peribáñez vuelve a su casa con la duda de si han mancillado su honor pero cuando ve a Casilda le pregunta por los pendientes de perlas y ella le contesta que siendo labradora y villana y habiéndose casado con un villano, también llevando pendientes de perlas, le dirían que eran de señor. Cuando por fin Peribáñez tiene que partir a la guerra, manda al comendador que le ciña su propia espada, dejándole a su cuidado su hacienda y su mujer, y que si él le ha dado el honor ya sabe lo que le roban si se lo quitan.
Juana Antonia sale con traje de marcha y dispuesta para ir a la guerra con su Miguel Angel afrentando a Olmedo por no ir, tras lo cual éste también se va. Queda sola Casilda en la casa. Aparece el comendador que le ofrece su amor, rechazándole Casilda y echándole de la casa. Aquel le contesta que si no lo quiere lo tendrá por la fuerza, saltando por la ventana. Casilda pide socorro. En estos momentos, Peribáñez, que se ha sentido celoso e intranquilo, ha vuelto y oye los gritos de su mujer. Entra y con la espada que le ciñó el mismo comendador lo mata. El rey ofrece una recompensa a quien le entregue al asesino del comendador de Ocaña. Peribáñez se entrega y el rey pide a los soldados le prendan. Ninguno se mueve, por lo que el rey pregunta por qué desoyen su voz, a lo que le contesta Peribáñez que ellos le perdonan. Conociendo el motivo por el que mató al comendador el rey también le perdona.
La acción del último cuadro en Toledo; la de los anteriores, en Ocaña.


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Personajes:

Casilda: Labradora recién casada con Peribáñez y acosada por Fadrique.

Juana Antonia: Mujer de campo al servicio de Peribáñez.

Peribáñez: Labrador.

Don Fadrique: Comendador de Ocaña.

David: Judío al servicio del Comendador.

Miguel Angel: Cachicán de la hacienda, marido de Juana Antonia.

Olmedo: Poeta.

Rey: Don Enrique III de Castilla.


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Números musicales:

Escena “Mi amo Peribáñez prestó bajará” y romanza de Peribáñez “Tengo un majuelo”: (Juana Antonia, Miguel Angel, Labradoras, Labradores, Segadoras, Segadores, Peribáñez)
Coro “Ya suenan los campanillos” y dúo de Casilda y Peribáñez “Jamás soñé la dicha que logré…..¡Miradla! ¡Miradla! Ni en la parva del trigo blanco”: (Casilda, Peribáñez)
Dúo de Casilda y Don Fadrique “Caballero bien portado”: (Casilda, Don Fadrique)
Dúo de Peribáñez y Don Fadrique “Señor, feliz me hiciste en un momento”: (Peribáñez, Don Fadrique)
Dúo de Casilda y Peribáñez “Ya estamos en casa…..Ven Casilda conmigo porque quiero que veas”: (Peribáñez, Casilda)
Endecha de Don Fadrique “Tus ojos me miraron”: (Don Fradique)
Romanza de Casilda “La capa de paño pardo no es prenda de caballero guerrero”: (Peribáñez, Miguel Angel, Casilda)
Romanza de David “Allá en la judería toledana”: (Peribáñez, Miguel Angel, David)
Dúo de Casilda y Peribáñez “Me guarda la sombra que dejas aquí….Tu propio albedrío será tu guardián”: (Casilda, Peribáñez)
Dúo de Peribáñez y David “¡Malvado! ¡Calma, calma tus iras!....Si mi mujer le obedeció, si su deber sacrificó”: (Peribáñez, David)
Canción “La mujer de Peribáñez”, dúo de Casilda y Peribáñez “Ah! Sosiégate, corazón”: (Olmedo, Peribáñez, Casilda, Don Fadrique, Juana Antonia, Blasa, Chaparro, Mujeres, Hombres)
Romanza de Casilda “¡Se fue! ¡Se fue!”, dúo de Casilda y Don Fadrique “¡Casilda! ¡Señor!” y llegada de Peribáñez “¡De nuevo mis pasos me vuelven aquí!”: (Casilda, Don Fradique, Peribáñez)
Jota castellana “Vengo de despedida, mi vida”: (Labriegos)
Romanza del perdón “Señor, aunque villano tengo sangre cristiana” y final “¡Villano: te perdono! ¡Viva el Rey!”: (Peribáñez, Casilda, Rey, Ballesteros)


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Escena “Mi amo Peribáñez prestó bajará” y romanza de Peribáñez “Tengo un majuelo”: (Juana Antonia, Miguel Angel, Labradoras, Labradores, Segadoras, Segadores, Peribáñez)

JUANA ANTONIA
Mi amo Peribáñez
presto bajará.

MIGUEL ANGEL
A la ceremonia
tiene que ir galán.

JUANA ANTONIA
Calzas primorosas
luego va a estrenar.

MIGUEL ANGEL
Y mujer... que es prenda
de más calidad.

JUANA ANTONIA
Cállate, insolente.

MIGUEL ANGEL
Tente, lenguaraz.

JUANA ANTONIA y MIGUEL ANGEL
(Acercándose cómicamente y amenazándose en sendos apartes)
Cuando estemos solos,
me las pagarás.

LABRADORAS
Dicen que la novia es
una villana cabal.

MIGUEL ANGEL
Y más rubia que la mies.

JUANA ANTONIA
¡Tú que sabes, animal!

LABRADORES
Peribáñez es la flor
de las personas de bien.

JUANA ANTONIA
Y el más rico labrador.

MIGUEL ANGEL
Y si no lo fuera, amén.

LABRADORAS
¡Qué pareja más bizarra
de seguro formarán!

LABRADORES
Una hogaza blanca y tierna
y un racimo agraz.

TODOS
Una hogaza blanca y tierna
y un racimo agraz.
Si ella es, como dicen,
bella por demás,
¡Cuánta pesadumbre
su marido habrá
por si se la quieren
enamorar!

JUANA ANTONIA y MIGUEL ANGEL
(Confidencialmente el uno al otro)
Tales conjeturas
no sé a qué vendrán.

(Dentro, ya cercano, suena el coro de Segadores, Espigadores y Trilladores)

SEGADORAS
(Muy lejos)
“Trébole, ¡ay, Jesús, cómo huele!
Trébole, ¡ay, Jesús, qué olor!”

SEGADORES
(Lejos también)
“Trébole, ¡ay, Jesús, como huele!
Trébole, ¡ay, Jesús, qué olor!”

(Los cuatro Labradores y las cuatro Labradoras que se hallan en escena, al oír el canto lejano de los Segadores, forman, con Miguel Angel y Juana Antonia, grupos pintorescos)

CORO INTERNO
(Lejos aún)
“Trébole de la soltera
que de amores tanto muda;
trébole de la viuda,
que otra vez casarse espera.”

(Juana Antonia y Miguel Angel bailan una ceremoniosa danza a la manera antigua, reproduciendo, en sus movimientos y gestos, actitudes que recuerdan cosas relativas a os noviazgos y bodas, tales como entrega de sortijas y ramos de azahar)

(Sale Miguel Angel con los Segadores; todos sacan jarros de vino, que ofrecen a los abradores. Miguel Angel entrega su jarro a Peribáñez)

PERIBAÑEZ
Tengo un majuelo de tres verdores
y ya recojo cosecha de él.
No hay por aquestos alrededores
tan finas uvas de moscatel;
huelen a flores,
saben a miel;
y, si me huelgo de su sabor,
tengo en su olor
todo mi orgullo de labrador.
De aquestas vides corto el racimo
para la puesta del sol de agosto;
en mis lagares el fruto exprimo,
en mis tinajas encierro el mosto,
y, por la fiesta
de San Miguel,
aquella gloria de moscatel,
que huele a flores y sabe a miel,
es ambrosía olorosa
para el olfato más fino;
que, como al señor la rosa,
le huele al villano el vino.

CORO
¡El vino!

PERIBAÑEZ
El rojo vino que, en este jarro,
fecunda el seno que lo recibe,
es como el alma que hace del barro
ser que despierta, se yergue y vive;
y, de sus pasos
es delator,
porque a cien varas al rededor
se le conoce por el olor.


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Coro “Ya suenan los campanillos” y dúo de Casilda y Peribáñez “Jamás soñé la dicha que logré…..¡Miradla! ¡Miradla! Ni en la parva del trigo blanco”: (Casilda, Peribáñez)

CASILDA
Jamás soñé
la dicha que logré.
¡Mi nuevo hogar!

(A Peribáñez)

En él contenta viviré,
si deletrear
en tus ojos sé;
feliz
seré,
si en tu mirar
tu pensamiento
logro adivinar.

PERIBAÑEZ
¡Miradla!
Miradla...

(Pausa)

Ni la parva del trigo blanco
es tan limpia como su alma.
ni una aurora de primavera
es tan alegre como su cara.

CASILDA
¡Sabedlo!
Lo que me hace quererle tanto
no es lo honrado de su deseo,
ni su fama, ni su rudeza...
y es un poquito de todo eso.

PERIBAÑEZ
¡Miradla!
Su voz es el suspiro
de una alondra mañanera.

CASILDA
Su mirada es la primera
que me ha visto suspirar.
Soy una labradora...

PERIBAÑEZ
Eres sol que pule y dora
mi rudeza de labrador.

CASILDA
...Que te ofrece un amor
como el que ella te implora.

CASILDA y PERIBAÑEZ
¡Feliz amor!
el de una labradora
y un labrador!
¡Feliz!

CORO
(Como un eco)
¡Feliz!

CASILDA y PERIBAÑEZ
¡Amor!

CORO
(Lo mismo)
¡Amor!

CASILDA y PERIBAÑEZ
¡El de una labradora
y un labrador!

PERIBAÑEZ
¡Oh, miel del amor!

CASILDA
¡Dulcísima miel!

PERIBAÑEZ
Abeja en tus labios
quisiera yo ser.

CASILDA
Yo quiero ser flor.

PERIBAÑEZ
¡Oh, cáliz de miel!

CASILDA
Si tú eres la abeja,
¡qué puedo yo ser!

CORO
(Suavemente)
Ni la parva de trigo blanco
es tan limpia como tu alma...

PERIBAÑEZ
...Ni una aurora de primavera
es tan bella como tu cara.

CASILDA
¡Sabedlo!
Yo le quiero porque es honrado,
cariñoso, cristiano y bueno.
¡Ay, Dios mío, si no lo fuera!
¿Cómo pudiera yo no quererlo?

PERIBAÑEZ
¡Miradla!

(Toma amorosamente las manos de Casilda)

CORO
¡Miradlos!

CASILDA y PERIBAÑEZ
¡Así!


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Dúo de Casilda y Don Fadrique “Caballero bien portado”: (Casilda, Don Fadrique)

CASILDA
¡Caballero bien portado,
por sus hechos alabado!
¿Quién así te ha maltratado,
caballero?
¿Cómo agora en tierra dan
con tus alas de alcotán,
si no ha habido capitán
que triunfara de tu acero?
¿Es posible que tu vida
se doblegue a la embestida
de una fiera embravecida,
caballero?

(Ofreciéndole el azahar de novia para que aspire su olor)

Estas flores de azahar,
¿no podrían despertar
en tus ojos el mirar,
aunque mires altanero?
¡Yo te haré resucitar,
caballero!

DON FADRIQUE
¡Ay... de mí!

CASILDA
¡Señor! ¡Señor!

DON FADRIQUE
¿Quién me habla?

CASILDA
Yo os hablé.
Perdonadme...

DON FADRIQUE
(Recobrándose)
Del dolor
en la gloria desperté.

CASILDA
Todavía deliráis.

DON FADRIQUE
(Incorporándose)
¡Oh, qué hermosa aparición!

CASILDA
Don Fadrique, ¿dónde vais?

DON FADRIQUE
A decirte mi opinión.
Estuve muerto en el suelo,
y, como ya lo creí,
cuando los ojos abrí
pensé que estaba en el cielo.
Desengañadme, ¡por Dios!,
que es justo pensar que sea
el cielo donde se vea
que hay ángeles como vos.

CASILDA
Antes, por vuestras razones,
podría yo presumir
que estáis cerca de morir
y os dan alucinaciones.
Y advierta vueseñoría
que, si es agradecimiento
de hallarse en mi casa, es mía
apenas hace un momento.

DON FADRIQUE
¿Sois la novia?

CASILDA
Casada
y muy bien empleada.

DON FADRIQUE
¿Con algún labrador?

CASILDA
Labrador es mi hombre.

DON FADRIQUE
Dime cuál es su nombre.

CASILDA
Peribáñez, señor.

DON FADRIQUE
¡Un villano!

CASILDA
Villano.

DON FADRIQUE
Mas de ti soberano
para siempre jamás.

CASILDA
¡Lo será hasta la muerte!

DON FADRIQUE
Pues si tiene esa suerte
¿para qué quiere más?

CASILDA
¡Ay de mí! ¡Señor! ¡Señor!
La fortuna no envidiéis
de un humilde labrador,
a quien tanto conocéis.

DON FADRIQUE
Peribáñez tiene en mí
como un padre desde hoy.

CASILDA
¡Pues si yo mi fe le di,
reparad en lo que soy!
Caballero bien portado,
por tus hechos alabado,
¿qué fortuna no has logrado,
caballero?

DON FADRIQUE
Mis honores de señor
no se igualan al honor
de ser dueño de esa flor
que tú tienes y yo quiero.

CASILDA
Pues tomadla de mi mano.

DON FADRIQUE
¡Oh, perfume soberano!

CASILDA
¡El más puro y el más sano,
caballero!
Estas flores de azahar
significan que el hogar
donde se han de marchitar
es honrado y es austero.
¡No lo debes olvidar,
caballero!

DON FADRIQUE
¡No las dejes marchitar,
que las quiero!


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Dúo de Peribáñez y Don Fadrique “Señor, feliz me hiciste en un momento”: (Peribáñez, Don Fadrique)

PERIBAÑEZ
Señor, feliz me hiciste
en un momento.
La voz atiende
de mi agradecimiento.

DON FADRIQUE
Yo quiero darte pruebas
de ser tu amigo,
ya que tú fuiste
vasallo y fiel conmigo.

PERIBAÑEZ
Gracias, señor;
el ser tu amigo es tu merced mejor.

DON FADRIQUE
Y mi amistad,
ya de contino,
será la estrella
de tu camino...

PERIBAÑEZ
Sabré morir por ella.

DON FADRIQUE
¡Gentil querella!
¡Si Dios querría,
morir por ella
también sabría!

(Aparte)

¡Ay, por ella!

PERIBAÑEZ
Señor: en las palabras
que has pronunciado,
la dicha labras
de tu criado.

DON FADRIQUE
Si feliz no eres ya,
Casilda, tu dulce esposa,
feliz
te hará.

PERIBAÑEZ
(Simultáneamente con la frase anterior del Comendador)
Al oíros, señor,
bendigo a Dios, porque El
me da un amigo fiel
¡después de un gran amor!
¡Dios me conserve
tan grande ventura!

DON FADRIQUE
Yo premiaré
tu leal proceder con usura.

DON FADRIQUE
Lucha mi amor
con mi amistad
y envidio al labrador
en su felicidad.
Villana hermosa:
mi rango y mi poder,
¡qué valen si he de ver
que alcanza un labrador
la dicha que un señor
no puede merecer!

PERIBAÑEZ
Un buen amor
y un amistad
son una misma flor
de la felicidad.
Casilda hermosa:
tu amor es mi poder,
porque eres la mujer
de un rudo labrador,
ventura de un señor
quisiera merecer.

DON FADRIQUE
¡Adiós! Y pronto
de mí tú sabrás.
En premio de tus desvelos,
¡hidalgo serás!

PERIBAÑEZ
¿Yo?

DON FADRIQUE
¡Tú!

PERIBAÑEZ
¿Yo?

DON FADRIQUE
¡Sí!...
¡Lo quiero!

(Tendiéndole los brazos)

Abrázame y adiós.

PERIBAÑEZ
Señor, aquí quedamos
a tu servicio
con alma y vida.

DON FADRIQUE
Con alma y vida,
adiós.

PERIBAÑEZ
Tu generosidad
contigo me obligó.

(El Comendador ha llegado a la puerta del foro y, desde ella, dice las últimas palabras, mirando hacia el interior de la casa. Peribáñez, inclinándose ante él, en actitud de respeto y agradecimiento, no advierte esta última expresión de Don Fadrique)

DON FADRIQUE
(Aparte)
¡Mujer!...!
¡Adiós!
¡Oh, mujer!

PERIBAÑEZ
(A Don Fadrique)
¡Señor...!
¡Adiós!
¡Gran señor!


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Dúo de Casilda y Peribáñez “Ya estamos en casa…..Ven Casilda conmigo porque quiero que veas”: (Peribáñez, Casilda)

PERIBAÑEZ
Ya estamos en casa...
¡La nuestra, mujer!
En ella no caben
traición ni doblez.

CASILDA
Si cabe en tu casa
mi felicidad,
un palacio
mayor no habrá.

(Casilda se dirige, de un modo natural, a la casa; pero él, antes de que ella llegue, la detiene con un ademán; cierra la puerta guardándose la llave, y toma de la mano a Casilda)

PERIBAÑEZ
Ven, Casilda, conmigo,
porque quiero que veas
desde aquel altozano
cómo lucen mis tierras,
a la luz de la luna
que envidiosa se quiebra
cuando da en las espigas,
tan doradas y esbeltas.
Ven a ver mi rebaño
de corderos merinos,
en el tibio refugio
maternal del aprisco.
Y la parva en la era,
y en la vid los racimos,
y en las trojes el grano
y en la loma el molino.
Ven conmigo, Casilda,
porque quiero que sepan
que de aquestos lugares
y de mí tu eres reina.

CASILDA
Pedro: a la luz de la luna
quiero decirte otra vez
que no por rico te quise,
sino por hombre de bien;
por tu cabal pensamiento,
por tu sentir sin doblez;
¡porque te quiero y me quieres
como tú sabes querer!
De tu mano leal
donde quieras iré.

PERIBAÑEZ
¡Mi bien!

CASILDA
Como un ciego amorcillo
tras de ti marcharé;
dame la mano,
sé mi lazarillo.

PERIBAÑEZ
Ven de mi mano, Casilda,
ven de mi mano, mujer;
que estamos ya en nuestra casa...

CASILDA
Que estamos ya en nuestra casa...

PERIBAÑEZ
Su dueño y mío has de ser.
De mis hazas paniegas
serás la amapola...

CASILDA
Pintada de rubor.

PERIBAÑEZ
...De mis hondos afanes
serás confidente.

CASILDA
Confías en mi amor.

PERIBAÑEZ
Ven conmigo, Casilda,
porque quiero que sepan
que de aquestos estados
y de mí ya eres reina.

CASILDA
Que te quiero y me quieres
presto van a saber.

PERIBAÑEZ
Porque presto lo sepan
dame un beso, mujer.

CASILDA
Tómalo.

(Casilda da un beso a Peribáñez, que la abraza)

¡Dulce bien!

PERIBAÑEZ
¡Flor de amor!

CASILDA
¡Cielo azul!

PERIBAÑEZ
¡Miel en flor!

CASILDA
¡Luz de hogar!

PERIBAÑEZ
¡Claro sol!

CASILDA
¡Deslumbrante luz!

PERIBAÑEZ
¡Mi amor!


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Endecha de Don Fadrique “Tus ojos me miraron”: (Don Fradique)

DON FADRIQUE
Tus ojos me miraron;
tus ojos color de alba clara.
¡Ay!
Sentí que me moría,
¡sentí que me robaste el alma!
¡Ay! ¡Ay!
Sin alma vengo a que me miren,
¡ay!,
...tus ojos color de alba clara.
Yo sé que nunca han de mirarme
¡ay!,
tus ojos color de alba clara.
¡Ay! ¡Ay!
¡Si así lo quieres tú,
mejor sería no vivir
que la ilusión
de vivir sin alma!


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Romanza de Casilda “La capa de paño pardo no es prenda de caballero guerrero”: (Peribáñez, Miguel Angel, Casilda)

PERIBAÑEZ
(A Miguel Angel)
¿Vamos, seor escudero?

MIGUEL ANGEL
¡Vamos, seor capitán!

CASILDA
(Que ha bajado la escalerilla)
Toma tu capa, buen mozo.

PERIBAÑEZ
(Poniéndosela)
Ella me torna galán.

CASILDA
La capa de paño pardo
no es prenda de caballero
guerrero.
No sabe doblar un dardo
de acero.
La capa de paño pardo
se viste en la tierra llana
y es prenda de paz y amor.
¡Qué airoso, con su tabardo
de lana,
va al campo mi labrador!
En sus vuelos, quizás,
alguna vez,
una espiga clavó
la rubia mies.
Signo de paz;
flecha de oro que no
hiere jamás.
A tu capa labriega,
de tosca traza,
tengo envidia, y de celos me ciega
ver que te abraza.
Y con ella, mi bien,
te marchas hoy.
Yo, que por seguirte
diera vida y alma,
no me voy.

PERIBAÑEZ
¡Ay, cuando sienta
sus dulces abrazos!
¡Creeré que tus brazos
me abrazan también!

CASILDA
La capa de paño pardo
se teje con lana fina
merina,
y es áspera como el cardo
de espina.
La capa de paño pardo
no es túnica de doncella
ni manto de emperador...
Por eso va tan gallardo
con ella
mi esposo, que es labrador.
En mi arcón de nogal
te la guardé,
con un ramo oloroso
de laurel.
Pienso feliz,
que ese aroma quizás
te hable de mí.
A tu capa confío
mi triste cuita,
para que ella,
en mi nombre,
bien mío,
te la repita.
Al salir del hogar,
piensa en volver.
Mira que en tu casa
queda suspirando
tu mujer.


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Romanza de David “Allá en la judería toledana”: (Peribáñez, Miguel Angel, David)

(Suenan en el portón unos golpes)

MIGUEL ANGEL
¿Quién habrá llamado?
¿Quién será?

PERIBAÑEZ
Abre, Miguel Angel.

MIGUEL ANGEL
¡Eh! ¿Quién va?

DAVID
(Dentro)
¡Abrid, abrid,
por caridad!

MIGUEL ANGEL
¿Quién es?

DAVID
¡Por favor abrid!

PERIBAÑEZ
¡Abre ya!

(Abre Miguel Angel y aparece David, un viejo marchante judío, que avanza solemnemente apoyándose en un alto bordón)

DAVID
¿Quién es Peribáñez?

PERIBAÑEZ
¿Qué quieres de mí?

DAVID
Dormir en tu casa,
pagarte... y partir.

PERIBAÑEZ
Llegaste en mal hora.
Mi casa no es venta.
Si acaso consiento
que duermas en ella,
no puedo cobrarte
la hospitalidad.

DAVID
Escúchame y oye
con quién te las has.
Allá, en la judería toledana,
en una calle lóbrega y oscura,
yo tengo un manantial de donde mana
maravillosa linfa de agua pura.
La taza de alabastro donde brota
refulge como un sol al recogerla,
y al declinar el día, cada gota
de pronto se convierte en una perla.

(Saca un envoltorio que llevaba oculto bajo el ropón)

DAVID
¡Hechizo prodigioso
de un hijo de Israel!

(Mostrando unas arracadas con dos racimos de perlas)

Perla
de maravilloso Oriente;
gota
de la linfa de mi fuente;
chispa
transparente y luminosa
que del Sol te has escapado:
¡para adorno de una hermosa
te he forjado!
El hijo de Israel, porque es abuelo,
conoce de los hombres la flaqueza,
que por una mujer pierden el cielo
si se lo piden labios de cereza.
El juego del amor es mi aliado;
mis perlas son figura monetaria
con que se compra a veces el pecado,
y, a veces, la virtud imaginaria.
Mira
cómo lucen estas perlas;
quiero
sobre tus mejillas verlas;
toma
esta alhaja como pago
del favor que me haces hoy.
Nada valen; yo las hago,
¡yo las doy!


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Dúo de Casilda y Peribáñez “Me guarda la sombra que dejas aquí….Tu propio albedrío será tu guardián”: (Casilda, Peribáñez)

CASILDA
(Con emoción profunda, pero contenida, queriendo consolar a Peribáñez)
Me guarda la sombra
que dejas aquí,
y aunque es tu primera salida de casa
después de la boda, no temas por mí.
Los días son cortos...
Tres días, ¿qué son?
¡Verdad que tres días sin verte a mi lado
serán en mi alma tres días sin sol!

PERIBAÑEZ
Tu propio albedrío
será tu guardián.
¡Los días son cortos! Los días felices
apenas, Casilda, se sienten pasar.
¡Qué tristes, empero,
los días sin luz!
Y aquesta salida será noche larga,
si pienso, alma mía, que no vienes tú.

CASILDA
¡Adiós, dulce bien!

PERIBAÑEZ
Me voy, y al salir
ya pienso en volver.

CASILDA
¡Saberlo, será
sostén
de mi voluntad!
¡Tu vuelta fío mi bien en Dios!


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Dúo de Peribáñez y David “¡Malvado! ¡Calma, calma tus iras!....Si mi mujer le obedeció, si su deber sacrificó”: (Peribáñez, David)

PERIBAÑEZ
(Adelantándose, frenético, a David, de quien le separan Miguel Angel y algunos otros)
¡Malvado!

DAVID
¡Calma tus iras!
¡Yo no mentí!

PERIBAÑEZ
Mientes, deliras,
sueñas mentiras...
¡Mentiras, sí!...

DAVID
Repórtate, villano;
no olvides que tu señor
es soberano.

PERIBAÑEZ
¡Es el tirano!

DAVID
Refrena tu furor.

PERIBAÑEZ
Lo matará mi mano
si mancilló mi honor.

DAVID
Repórtate, villano.
Tú no ciñes espada,
ni en tu plebeya casa de labor
hay puerta blasonada.
¡Tú no tienes honor!

PERIBAÑEZ
¡Bellaco! ¡Traidor!
¿Por qué, lenguaraz,
profanas mi honor?

DAVID
Hablemos en paz,
que yo no soy el burlador
de tu mujer.

PERIBAÑEZ
¡Te he de matar!

DAVID
¿Por qué me culpas
sin querer
escuchar?

PERIBAÑEZ
Como un sayón
de Lucifer
en casa entraste con argucias estudiadas.
El corazón
de mi mujer
estremeciste con aquellas arracadas.
De aquel hogar,
que era apacible y venturoso como un nido...

DAVID
–Mi acción yo sabré
justificar...–

PERIBAÑEZ
...¿Por qué te atreves,
¡oh, alimaña ponzoñosa!,
con tus artes de raposa
su ventura a profanar?

DAVID
Era el señor
de tu vida y de tu hacienda
quien, por amor,
me encargó de aquella ofrenda.
Como yo, la obediencia
le debes también.
No comprendo la demencia
de hacer frente a tu señor.
¡Si es suyo tu honor!

PERIBAÑEZ
¡Ah, maldito,
sucio reptil!
No escupas tu baba
de venenosa
víbora vil.
¡Ah, malvado,
ruin mercader,
que precio le pones
hasta al cariño de una mujer!
¡Ah, vil Judas,
que vendes el alma
como intentaste
vender mi honor!
Merecías
que te arrancara
la lengua cobarde,
que se ensaña
con mi dolor.

DAVID
(Suplicante)
¡Oyeme!

PERIBAÑEZ
Nunca, ¡no!

DAVID
Te lo diré.

PERIBAÑEZ
¡Jamás!

DAVID
Tú debes oír mi voz.

PERIBAÑEZ
¡Atrás!

DAVID
Amigos hemos de ser.

PERIBAÑEZ
¡Vete ya!

DAVID
¡Oyeme!

PERIBAÑEZ
¿Qué me puedes explicar?

DAVID
Algo que tú debes pensar.
Si acaso al entrar
de nuevo en tu casa,
tuvieras que ver
que tu mujer
llegó a pecar...

PERIBAÑEZ
¡No puede ser!

DAVID
¡Hay que dudar!
...Si a tu señor
dióle su amor,
¿qué vas a hacer?

PERIBAÑEZ
Si mi mujer
le obedeció,
si su deber
sacrificó
por la riqueza,
entonces yo,
que la adoré
con una fe
que no dudó
de su pureza,
¡la mataré
sin vacilar...
aunque sin ella he de morirme
de tristeza!
Mas algo tú
no has de olvidar:
¡ay, del infame
que me labra esta amargura,
porque, igual que a la perjura,
al traidor he de matar!
¡Matar!


______________



Canción “La mujer de Peribáñez”, dúo de Casilda y Peribáñez “Ah! Sosiégate, corazón”: (Olmedo, Peribáñez, Casilda, Don Fadrique, Juana Antonia, Blasa, Chaparro, Mujeres, Hombres)

OLMEDO
(Dentro)
La mujer de Peribáñez
hermosa es a maravilla.
El comendador de Ocaña
de amores la requería.

(Peribáñez va a marchar y se detiene al oír de nuevo la voz)

La mujer es virtuosa
cuanto hermosa y cuanto linda.
Mientras Pedro estaba fuera
de esta suerte respondía:
“Más quiero yo a Peribáñez,
con su capa la pardilla,
que no a vos, comendador,
con la vuesa guarnecida.”

PERIBAÑEZ
¡Ah!
Sosiégate, corazón,
aunque en canciones
ande mi honor.

CASILDA
(Dentro, llamándole)
¡Esposo! ¡Esposo!

(Entra en escena)

PERIBAÑEZ
¡Casilda!

CASILDA
¡Luz de mi alma!

PERIBAÑEZ
¿Cómo estas?

CASILDA
Estoy sin ti.
Y al ver que tu compañía
sin su capitán volvía,
a buscarte vine aquí.
¡Tardaste!...

PERIBAÑEZ
¡Luz de mi alma!

CASILDA
¿Por qué, Pedro?

PERIBAÑEZ
Porque al ver
una mujer en mi era,
pensé que fuera
mi dulce esposa, mujer.

CASILDA
Poder saborear
tu voz, eco de amor,
¡qué alegría y qué dolor,
si presto has de partir,
dejando nuestro hogar
sin sosiego y sin calor!
¡Maldito quien nubló
la dicha de mi hogar,
en donde yo
quise encontrar
para siempre la ventura!
¡Ah, triste de mí!
Tanto dolor no merecí.

PERIBAÑEZ
Partir es mi deber.

CASILDA
¿Quién nos puede separar?

PERIBAÑEZ
Partir es merecer
la alegría de volver.

CASILDA
¡Quién te viera retornar!

PERIBAÑEZ
¡Volver a nuestro hogar!

CASILDA
¡Ay, qué largo padecer!

PERIBAÑEZ
¡Volver a concertar
tu reír con mi cantar!

CASILDA
¡Quiera Dios que pueda ser!

PERIBAÑEZ
¡Te juro que ha de ser!

CASILDA
¡Quiera Dios que sea así!

PERIBAÑEZ
No hay fuerza ni poder
para estorbar que vuelva a ti,
miel deliciosa de mi vida.
¡Oh! ¡Yo volveré
para quererte con más fe!

CASILDA
(Ebria de amor y de entusiasmo)
¡Dulce amor, vuelve a mí!
Yo sabré desde aquí
recordar el dolor
de tu partida,
dolorida, pero ansiosa
de embriagarme con tu amor.

PERIBAÑEZ
Creo en ti, dulce bien.

CASILDA
¡Dulce bien!

PERIBAÑEZ
Al partir, yo también...

CASILDA
Tú también...

PERIBAÑEZ
...curaré del dolor de marchar,
pensando en la gloria
de volverte a besar.

CASILDA
No tardes, luz de mi hogar.
¡Bésame!
¡Bésame con tus miradas!

PERIBAÑEZ
Pero di:
¿dónde están las arracadas
que te fueron regaladas
la noche que yo partí?
¿Te turbas?

CASILDA
Sí.

PERIBAÑEZ
¿Cuándo vengo
de tus caricias celoso?
¿Por qué?

CASILDA
Porque no las tengo.

PERIBAÑEZ
¡Mujer!...

CASILDA
Escúchame, esposo.
Nací labradora y villana,
casé con villano también,
me precio de buena cristiana
y tú eres un hombre de bien.
Si llevo arracadas de perlas
viviendo en tu hogar labrador,
que son, me dirían al verlas,
preseas más bien de señor.

PERIBAÑEZ
Sí, mi Casilda, tienes razón;
y tu cara, que es ramo de flores,
se engalana con rayos de sol.

CASILDA
Señor, eres tú, dueño mío;
señor de tu casa y de mí.
Las armas de tu señorío
las veo, señor desde aquí:
campos floridos, parvas de mies...
Y amapolas y espigas doradas
son las galas que yo ostentaré.

PERIBAÑEZ
Creo en ti, dulce bien.

CASILDA
¡Dulce bien!

PERIBAÑEZ
De tu honor no dudé.

CASILDA
Soy feliz al saber...

PERIBAÑEZ
¡Ah! ¡Ven a mí, dulce bien!

CASILDA
...Que en tus recuerdos no te llevas

PERIBAÑEZ
¡ni una sombra!...

CASILDA
...¡Ni una espina!

PERIBAÑEZ
¡Creo en ti!

CASILDA
¡Bésame!

PERIBAÑEZ
¡Ven a mí!

(Se besan apasionadamente)

CASILDA
¡Ah, soy feliz al saber
que es mi amor
tu sostén!
¡Alma mía,
con ansia te espero aquí;
fía en mí

PERIBAÑEZ
¡Ah, soy feliz al pensar
que me espera mi mujer
con ansiedad!
¡Ah!
Casilda,
mi pensamiento vive en paz.

CASILDA                               
La hora ya llegó.

PERIBAÑEZ
¡Qué pronto llegó la hora!

CASILDA
Partir es menester.

PERIBAÑEZ
¡Partir muy lejos, esposa!

(Suenan tambores lejanos, que van acercándose)

¡Malhayan los tambores,
que me llaman estando en tus brazos
y oyendo tu voz!

CASILDA
¡Adiós, mi bien, adiós!

PERIBAÑEZ
Señor, pediros querría
una cosa desusada.

DON FADRIQUE
Decid a ver.

PERIBAÑEZ
Que la espada
me ciña su señoría.

CASILDA
¿Para qué tal ceremonia?

DON FADRIQUE
Tiene razón, a fe mía,
y con ello testimonia
saber de caballería.

(Don Fadrique se desciñe su propia espada)

CASILDA
Esposo: ¿no te basta
el hierro de tu arado
y, aunque de humilde casta,
haber vivido honrado?

PERIBAÑEZ
Esposa: el ser honrado
de nada me ha valido,
porque es el honor dado
mejor que el merecido.

CASILDA
(Aparte)
No sé qué pesadumbre
se advierte en su mirada.
Sus ojos echan lumbre,
su voz está velada.

CORO
Honrado Peribáñez:
agora vas a ser
soldado y caballero
del rey.

PERIBAÑEZ
Hincáos de rodillas,
igual que lo hago yo,
y oíd de don Fadrique
la voz.

(Todos, menos Don Fadrique y las Mujeres, se arrodillan con una sola pierna)

DON FADRIQUE
Eres por mi mano
caballero desde hoy,
y mi propia espada
para serlo te doy.

(Entregándosela)

Mira bien,
que no fue rendida jamás,
que honrada
por mi mano te la entrego.
Con tu honor agora guardarás
mi propio honor.

PERIBAÑEZ
Señor:
he sido labrador;
jamás turbó mi pecho
la sombra de un mal hecho
ni el grito de un rencor;
al ser
honrado, es menester
que siendo honrado siga
y nada el mundo diga
de mí y de mi mujer.

(Van levantándose todos poco a poco)

(Concertante)

CASILDA
(Aparte)
Por el tono de su voz,
no me cabe duda ya
de que teme por su honor.

JUANA ANTONIA
(Aparte)
Alguien hubo de decir
todo aquello que pasó.

BLASA
(Aparte)
Yo no sé por qué
metió en el lance a su mujer.

DON FADRIQUE
(A Roque)
Me pareció
que Peribáñez
con los ojos
me acusó.

MIGUEL ANGEL
(Aparte)
Si recela el amo,
¿qué nos va a pasar?
¡No quiero pensar!

ROQUE
(A Don Fadrique)
Alguien le ha contado
lo que sucedió;
pero juro
que no fui yo.

CHAPARRO
(Aparte)
O se lo contaron
o lo adivinó.
¿Quién le ha dicho
lo que pasó?

OLMEDO
(Aparte)
Desde aquí mi copla
tuvo que escuchar.
¡Malhaya el cantar!

PERIBAÑEZ
(Aparte)
Ya comprendió
que su maldad
conozco yo.

CORO
Veo en su mirada
fuego de pasión.
Veo en su mirada
que conoce la traición.

DON FADRIQUE
(Aparte)
¡Ay, de mi amor!

PERIBAÑEZ
(Aparte)
¡Amor de mi vida!

CASILDA
(Aparte)
¡Por qué la llama fui
de su pasión!

DON FADRIQUE
(Aparte)
¡Por qué sin vida está
mi corazón!

JUANA ANTONIA
(Aparte)
¡Qué desazón!

BLASA
(Aparte)
¡Qué sinrazón!

CORO
(Unos a otros)
¡Malhaya el señor!

CASILDA
(Aparte)
¡Maldita hermosura
que vio en la villana!
¿Por qué nacería
graciosa de cara?
¡Ay, si cegara!
¡Ay!
¡Cómo pensar que una labriega
deslumbrara al señor!
¡Ay, la fiebre ciega
de los sueños de amor!

JUANA ANTONIA
(Aparte)
El ama es tan bella,
que no es maravilla
que amor insensato
despierte en un día.
¡Ay, madre mía!
¡Ay!
¡Líbreme Dios Omnipotente
de gustar al señor!
Nadie estamos libres
de un capricho de amor.

DON FADRIQUE
(Aparte)
¡Ay de mí,
si su amor
no encendí
y avivo su rencor!
¡Cómo pensar que una labriega
desdeñara a un señor!
¡Ay, la fiebre ciega
de los sueños de amor!

PERIBAÑEZ
(Aparte)
¡Oh, juventud
de labrador,
sin conocer
el amargor
del amor!
¡Oh, juventud!
¡Oh, tiempo aquel en que vivía
con la salud
y alegría,
que me ha robado esta inquietud!

MUJER y HOMBRE
¡Ay!
¡Cómo pensar que una labriega
deslumbrara al señor!
¡Ay, la fiebre ciega
de los sueños de amor!

DON FADRIQUE
(A los Ballesteros)
Capitán
tiene desde agora esta grey;
su espada
desde agora es vuestra guía.
Por voluntad del propio Rey
es capitán.

CASILDA
(Dirigiéndose a Peribáñez)
¡Capitán es mi esposo, del Rey!
¡Qué pesadumbre
me causa ese honor!
Dura ley
me obliga a vivir sin amor.
Piensa en mí
con afán.
¡Y adiós, capitán!

PERIBAÑEZ
¡Ay, Casilda, no sé
lo que pasa por mí!
¡Es la voz del deber militar!
Tengo sed
de luchar:
¡morir o matar!

DON FADRIQUE
(Aparte)
Por el amor
cualquier pecado
se puede absolver.
El honor
de nadie quisiera ofender.
y si fui
pecador,
pequé por amor.

MUJERES
(A ellos)
¡Qué gran pesar!
¡Qué gran dolor!
Tu larga ausencia
me obliga a vivir sin amor.

HOMBRES
(A ellas)
¡Qué gran placer!
¡Qué gran honor!
Ya verás, mujer,
que vives muy bien sin amor.
Y al volver,
para acá,
mejor te sabrá.

DON FADRIQUE
Ya podéis partir;
a Toledo marchad,
y ante el trono del Rey
las frentes inclinad.

PERIBAÑEZ
(Avanzando solemnemente ante Don Fadrique)
Oíd, señor.
Me hiciste caballero
y, a fuer de hidalgo,
quiéroos decir,
con ruda claridad,
mi anhelo y mis sentir.

DON FADRIQUE
¡Ya tardas en hablar!

(Le invita, en efecto, a hablar, con un gesto. Hay un movimiento de expectación en todos)

PERIBAÑEZ
Yo dejo por vos
mi casa y mujer,
recién desposado.
Remito las dos
a vuestro cuidado.
Y espero, señor
que vos me guardéis
la prenda que quiero.
Lo que es el honor
de sobra sabéis,
pues sois caballero.

(Cogiendo a Casilda por una mano y acercándosela al Comendador)

Esta es, señor, la joya de mi joyero
que, en lealtad, con la mía, no más compite.
Si tú el honor me has dado de caballero,
ya sabes lo que roba quien me lo quite.

CASILDA
Mi lealtad de esposa
yo te la fío.

DON FADRIQUE
Soy de tu honor escudo
como del mío.

TODOS menos CASILDA, DON FADRIQUE y PERIBAÑEZ
(Aparte)
Su acento al escucharle,
me daba frío.

CASILDA
Siento que, por instantes,
me falta el brío.

DON FADRIQUE
(Aparte)
¡Su idea bien comprendí!

PERIBAÑEZ
(A Don Fadrique)
En esta leal promesa
que aquí me hacéis, confío.
En honor me aleccionáis
y me hacéis igual que vos.
Ved, pues, cómo la guardáis,
¡que he de volver, vive Dios!

DON FADRIQUE
¡Ay, del que atente a tu honor,
que desde agora es el mío!

PERIBAÑEZ
Voyme tranquilo, señor,
y en tu palabra confío.

CASILDA
Te ha de bastar con la mía,
que no dará nunca en tierra.

PERIBAÑEZ
¡Basta, mujer!

(A los Labradores)

Compañía:
saldremos para la guerra
apenas decline el día.

(Tomando la bandera de la encomienda de Ocaña, que ha traído uno de los futuros soldados)

DON FADRIQUE
¡A la guerra, ballesteros,
por Castilla y por el Rey!

HOMBRES
¡En la guerra triunfaremos!
En la guerra
bravamente lucharemos
por Castilla y por el Rey.
¡Adiós!
A la guerra voy
con ardiente fe
y, si quiere Dios,
pronto volveré.
En la guerra
lucharéis los ballesteros

MUJERES, JUANA ANTONIA y BLASA
por Castilla y por el Rey.
¡Adiós!
A la guerra tú
qué contento vas;
pero sabe Dios
si no volverás.


______________



Romanza de Casilda “¡Se fue! ¡Se fue!”, dúo de Casilda y Don Fadrique “¡Casilda! ¡Señor!” y llegada de Peribáñez “¡De nuevo mis pasos me vuelven aquí!”: (Casilda, Don Fradique, Peribáñez)

CASILDA
Se fue... ¡Se fue!...
El alma mía
va con él.

(Reaviva la lámpara, la hace subir, dejándola en su sitio)

La amarga soledad
testigo de mi dolor
será.

(Se dirige al fondo, mirando la lejanía, y exclama:)

¡Ay de mí!

(Viniendo a primer término)

Quisiera que en mi pecho
se escondiese mi dolor;
mas, ¡ay!, que mis suspiros
van en busca de mi amor.
Suspiros de mi alma,
volad para decirle
que sólo pienso en él.
¡Ay, del amor mío!
¡Quizás para siempre se fue!

(Suenan muy lejos los tambores de los Soldados y los acentos del rataplán. Casilda se siente desfallecer y llora. Después cae de rodillas ante la Virgen y canta:)

Virgen santa, bendita;
dulce amparo del triste:
sé luz en mis ojos,
como siempre lo fuiste.
Por la fe que me alienta
y el amor que me guía,
¡escucha el lamento
de mi voz, Virgen mía!
En mi senda de zarzas
pon camino de flores.
¡Dame temple de acero
contra vanos temores!
Ve que a solas, ¡oh, Virgen!,
mi plegaria te envío.
Tú no me abandones,
¡porque a ti me confío!
A un alma que implora
no le niegues,
¡Oh, Señora!,
tu amor
protector.

(Durante la anterior plegaria, cuando Casilda dice:“Dame temple de acero contra vanos temores”, aparece por el foro Don Fadrique, que avanza sin ser visto ni oído por ella y la contempla embebecido. Cuando Casilda termina y se levanta, Don Fadrique avanza hacia ella y dice amorosamente:)

DON FADRIQUE
¡Casilda!...

CASILDA
(Retrocediendo asustada y con un grito)
¡Señor!

DON FADRIQUE
(Más fuerte, pero con dulzura)
¡Señora!

CASILDA
(Humilde y pianísimo)
¡Señor!...

DON FADRIQUE
¿Por qué os asusta mi presencia?

(Acercándose a ella)

Quisiera que en mi pecho
vieses toda mi pasión.

CASILDA
¡Virgen, socórreme!
¡Virgen, ampárame!

DON FADRIQUE
Que oyeses los latidos
de mi pobre corazón.

CASILDA
¡Virgen, auxíliame!
¡Oh, Virgen, sálvame!

DON FADRIQUE
Latidos de mi alma
que tiembla, conmovida
por verse junto a ti.
¡Ay, del amor mío!
¡Por qué no ha de hacerme feliz!

CASILDA
¡Ah!... ¿No teméis
que Dios maldiga vuestro nombre?

DON FADRIQUE
Nada temo.

CASILDA
¿Qué pretendéis
con acción tan torpe?

DON FADRIQUE
Respirar
tu mismo aliento.

CASILDA
¡No busquéis, señor,
lo que no puede ser vuestro!

DON FADRIQUE
(Apasionadamente)
¡Ten piedad del amor mío!

CASILDA
¡No sigáis, que yo no he de oíros!

DON FADRIQUE
¡Oh, cruel villana, mírate en mí!

CASILDA
¡Jamás sospeché
que los caballeros cegaran así!

DON FADRIQUE
(Insinuante y sombrío)
Mas, ¿cómo domar
la fiebre de amor
que abrasa mi vida?
Me hirieron tus ojos
y aún llevo en el pecho
sangrando la herida.
Si tú la restañas,
¡amor y riquezas
para ti serán!

CASILDA
(Con acento desesperado)
¡Señor! ¡Callad! ¡Callad!
Si llenarais mis campos
de doradas espigas,
y alfombraseis con oro
mi labriega cocina
y volvieseis a hablarme
con amantes palabras,
¡vuestras torpes promesas
no escuchara!

DON FADRIQUE
¡No colmes, Casilda,
mi cáliz de hiel,
ni me tortures inclemente!

(Aparte)

¡Nunca vi tan insensata altivez!

CASILDA
Si, en nobleza, tuvieseis
la del rey de Castilla,
y diademas reales
me ofrecieseis por mías,
la nobleza y las joyas
fueran dádivas vanas
¡y el amor de mi pecho
yo os negara!

DON FADRIQUE
(Perdiendo la paciencia)
No quieras perderte,
¡porque mi amor es tan inmenso
que irá contigo hasta la muerte!

CASILDA
(Desesperada)
¡Callad, señor, por caridad!
Si me ataran las manos
a una fuerte columna
y sintiera mi frente
coronada de espinas,
si azotaran mi cuerpo
y en la cruz me clavasen,
¡con cariño mis ojos
no os mirasen!

DON FADRIQUE
(Cambiando de actitud y arrodillándose ante ella)
¡Oh, mujer!
¡Oyeme! ¡Mírame!
¡Mírame a tus pies!
¡Tendré para ti
sublimes ternuras
que te harán feliz!
De tu amor seré un esclavo,
¡porque no puedo sin él vivir!

(Ante la obstinada actitud de ella)

¡Sálvame!
Que mi razón delira.
¡Tiéndeme
tu mano generosa!

(Se levanta y deja, sin advertirlo, en el suelo la capa que traía del brazo)

Ve que ante mí
abismo fatal se abrió;
¡y en tu mano está,
Casilda, mi salvación!

CASILDA
(Asustada, al ver que Don Fadrique vuelve a avanzar hacia ella)
¡Oh, señor, jamás!
¡Por Dios, no deis un paso más!

DON FADRIQUE
(Sin hacerla caso)
Por última vez
escucha el ruego de mi amor.

CASILDA
(Enérgicamente)
¡Oh, jamás, señor!
¡Atrás!
¡Sois enviado de Satanás!

DON FADRIQUE
Si la gloria me das
me arrancarás
de Lucifer,
y así me redimirás.

CASILDA
(Señalando el portalón)
¡Presto salid de la casa
que profanáis!

DON FADRIQUE
(Airado y altivo)
Si no te ablandaron
mis quejas y ruegos,
¡tendrás que ser prenda
del comendador!

CASILDA
Ni viva ni muerta
daré el alma mía,
¡que es sólo del dueño
de mi corazón!

(Don Fadrique ha quedado un poco lejos de Casilda. Y ésta aprovecha la circunstancia para correr hacia su casa, entrarse en ella y cerrar la puerta. Don Fadrique, al darse cuenta, corre tras ella; pero ya es tarde. Entonces, dice con despecho:)

DON FADRIQUE
¡Ah, villana orgullosa,
que me cierras la puerta!
Algún día mi amor vendrá a ti.
Tu ventana me deja libre
el paso, para que acaso
me quieras más.

(Se dirige a la ventana; pero se detiene un momento indeciso antes de entrar en la casa, y canta lo siguiente:)

¡Oh, mujer!
Tú misma lo has querido.
La altivez
tu perdición ha sido.
Aspirarás
las flores de mi pasión.
Y por fin, mujer,
mi corazón
podrás conocer.

(Mutis de Don Fadrique por la ventana. Pausa. Peribáñez aparece por el fondo)

PERIBAÑEZ
¡De nuevo mis pasos
me vuelven aquí!
La duda y los celos
claváronse en mí.
Silencio... Quietud...

(Al ver la capa que Don Fadrique dejó caída en el suelo)

¡Qué es esto, gran Dios!
¡Su capa! ¡La capa
del comendador!
¡y aquella ventana...!
¡Sin luz! ¡Maldición!

(Intenta forzar la puerta)

¡Casilda me vende!

CASILDA
(Dentro)
¡Socorro!... ¡Favor!

PERIBAÑEZ
¡Casilda! ¡Amor mío!

(Coge del rincón del fondo la reja de un arado y a golpes, salta la puerta)

¡Casilda! ¡Soy yo!
¡Soy yo! ¡Soy yo!

(Desenvaina la espada y entra en la casa arrollador)


______________



Jota castellana “Vengo de despedida, mi vida”: (Labriegos)

LABRIEGOS
Vengo de despedida,
mi vida;
¡mira qué dolor!
Voy a matar al moro,
tesoro...
¡mira qué valor!
Mi despedida toma,
paloma,
palomita blanca.
Ya me traerá la nube,
querube,
que de ti me arranca.
No sientas desconsuelo,
mi cielo,
porque soy soldado;
pues antes que otra cosa,
preciosa,
soy enamorado.


______________



Romanza del perdón “Señor, aunque villano tengo sangre cristiana” y final “¡Villano: te perdono! ¡Viva el Rey!”: (Peribáñez, Casilda, Rey, Ballesteros)

PERIBAÑEZ
¡Señor!

CORO
¡Quién osa acercarse
con bríos al Rey!

CASILDA
¡Piedad!

REY
¿Quién sois?

PERIBAÑEZ
Dos villanos
que te han menester.

CORO
Pararon el curso
de la procesión.

PERIBAÑEZ
¡Lo mismo parara
la marcha del sol!
¡Yo fui el asesino
del comendador!

REY
¡Prendedle!

CORO
(Pretendiendo arrojarse sobre él)
¡Que muera!

CASILDA
¡Piedad!

BALLESTEROS
¡Compasión!

REY
¡Prendedles!

CORO
¡Matadlos!

BALLESTEROS
¡Oídle, señor!

REY
¿Por qué mis soldados
desoyen mi voz?

PERIBAÑEZ
¡Señor, porque todos
me dan su perdón!

BALLESTEROS
Porque es Peribáñez.
¡Oídle, señor!

(El Rey con un ademán le da la venia)

PERIBAÑEZ
Señor, aunque villano,
tengo sangre cristiana
y aunque humilde y labriego
llevé una vida honrada,
y casé con mujer honrada y buena
aunque también villana.
Don Fadrique era mozo
y al verla dio en amarla;
por manos de tercero
regalos la enviaba
y, ausente yo, buscando a mi Casilda
de noche entró en mi casa.
Como ella es virtuosa,
no prosperó su traza.
Me quiso hacer soldado
y me ciñó esta espada,
para que con aquestos ballesteros
saliera yo de Ocaña.
Salí, pero pensando
que la ocasión buscaba
para pisar mi honra,
volví de noche a casa.
Allí encontré a mi pobre
mujer acorralada,
como cordera simple
del lobo entre las garras.
Llegué, le vi, ¡mis ojos
le vieron!, y esta espada
que él me diera, señor, para servirte,
se la hundí en las entrañas.

(Entrega al Rey la espada)

¡Ah, cómo dejó entonces
a la cordera blanca!
Señor, si mi cabeza
ha sido pregonada
para que la justicia
se pueda hacer, tomadla.
Y dad los mil escudos
a esta pobre villana...
Es mi mujer... La quise,
señor, con vida y alma.
hacedle la merced, cuando yo muera,
de vuestra protección.
¡Para mí la justicia
y para ella el perdón!

(Se arrodillan, ante el Rey, Peribáñez y Casilda)

CASILDA
¡Piedad! ¡Piedad!

TODOS
¡Perdón!

BALLESTEROS
Te dice la verdad.
Es un hombre de bien.

TODOS
¡Piedad, señor, piedad!

REY
¡También los villanos
entienden de honor!

TODOS
¡También los humildes
defienden su amor!

REY
¡Villano: te perdono!

TODOS
¡Viva el Rey!

REY
La gracia que me pides
justicia ha sido en ley.

(Devolviéndole la espada)

Y quiero que ese acero
que yo otra vez te doy,
en defender tu honor y el de mis armas
lo emplees desde hoy.

PERIBAÑEZ
(Levantándose)
¡Señor!

CASILDA
(Lo mismo)
¡Señor!

TODOS
Enrique el justiciero
le otorga su perdón.

REY
Ya puede
seguir la procesión.

(Se reanuda la marcha de la procesión y va cayendo el telón lentamente. Peribáñez se aparta a la izquierda, amparando a Casilda. Al aparecer la imagen de la Virgen, los Hombres se arrodillan y las Mujeres le arrojan flores)





FIN


Información obtenida en la Página Web http://lazarzuela.webcindario.com/

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