jueves, 2 de enero de 2014

La Alegría de la Huerta (Libreto)



LA ALEGRIA DE LA HUERTA



Zarzuela en un acto y tres cuadros.

Sus libretistas, Enrique García Alvarez y Antonio Paso Cano.

Música de Federico Chueca.

Se estrenó en el Teatro Eslava de Madrid, el día 20 de Enero de 1900.


REPARTO (Estreno)

Carola - Srta. C. Segura

María de las Angustias – Srta. Miralles

Heriberto - Sr. Riquelme

Alegrías – Sr. Gil

El Tío Piporro – Sr. Ripoll

Troncho – Sr. González

Juan Francisco – Sr. Mariner

El Caja – Sr. García Valero

El Flauta – Sr. Abejar

El Trompa – Sr. Medel

El Fagot – Sr. Morcillo

Cabezudo – Sr. Casas

El Alguacil – Sr. Sanchiz

Un Ciego – Sr. Angulo

Huérfanas, huertanos, gitanos, vendedores, banda de guitarras y bandurrias. —Coro general


ACTO UNICO

La escena representa un pedazo de la huerta de Murcia. La vegetación llega hasta el pie de la sierra elevada y escabrosa que se verá al foro. Campos de maíz, grupos de higueras chumbas, moreras, cipreses, palmeras, etc., etc. A lo lejos vense también casetas blancas
y barracas de los huertanos. Dividen el suelo varias sendas; por el centro de la escena y cerca del foro cruza una acequia que se pasa por un puentecillo de tablas. A la izquierda del espectador, a todo foro, una cuesta ó rampa que figura la que baja al puente de tablas.


ESCENA PRIMERA

Coro de Huertanas lavando en la acequia. Una caravana de Gitanos y Gitanas descansando en un lado. Poco después María de las Angustias.

(Música)

CORO
Arza, gitana,
mata las penas
que de tu angustia
la causa son,
y con sandunga
baila la zambra,
que es lo que alegra
mi corazón.

(Bailan dos Gitanas )

ELLOS
No entornes,
cuando me mires,
tus clisos negros,
mala gachí,
que toa mi vía
se va tras de ti.

ELLAS
Si entorno
mis ojos negros,
no debe darte
ni pena ni ná
que lo hago
de gusto
que el verte
me da.

ELLOS
No entornes, etc.

ELLAS
Si entorno, etc.

CORO
La gitanilla que viene hacia aquí,
¿qué se traerá por acá la gachí,

ANGUSTIAS
(Saliendo)
Gitanico, espérate un momento,
que a tu vera llega esta gachí,
á cantar con pena y sentimiento
la cancioncica del churumbel,
que es muy sentía,
como van a ver.

CORO
Venga de ahí,
cántala ya.

ANGUSTIAS
Mucha atención,
voy a empezar.

Erase el churumbel mas bonico
que la tierra gitana pisó,
y de amores el pobre a la muerte
se vio.
Por los clisos de la gitanica
más garbosa, lucía y juncal
que de madre gitana sin dua
saldrá.
El gitanico lloraba, diciendo:
«¡Malhaya la hora que vi esa gachí!
Yo ya no vivo ni sé lo que tengo
y llevo sus ojos clavaos aquí.
¡Ay, gitanica de mi corazón!
¡Ay, no me jagas ninguna traición!
Que necesito
tus ojos serranos,
tu boca chiquita;
tu pie menudito,
y ya estoy loquito
por ti de pasión.
No te apartes de mí,
no me jagas penar,
que te juro, gachí,
que la voy a entregar.

Pero en balde el gitano lloraba,
la gitana su amor no escuchó,
y malito el gitano otra vez
cayó
Y una tarde muy triste de invierno
los ojicos cerró el churumbel,
y ya nadie de fijo se acuerda
de él.
Por eso canto
llenica de angustia,
del churumbelico
la triste canción.
Por si al gitano
que errante camina,
le sirve mi canto
tal vez de lección.

TODOS.-
¡Ay, qué penica que siento por él!
¡Qué desgraciado que fue el churumbel!
¡Qué fatiguitas tendrá el chaval!
¡Ay, qué pena me da!
¡Ay, qué pena me da!


ESCENA II

María de las Angustias, Gitano 1º y Gitano 2º.

(Hablado)

GITANO 1º.-Asina se gorjea, comadre.

GITANO 2º.- Váyaste canturreando por el mundo, que no le faltará compaña.

ANGUSTIAS.- Bueno, chiquillos, levantar el tabanque y arrear pa la feria a ver si se hace negocio. Tú, Juaniqui, Manolón.

MANOLON.- ¡Ah! Aspérate a que masperece.

ANGUSTIAS.- Vamos. (Compases de mutis)


ESCENA III

El Tío Piporro y Troncho, con una bota de vino.

PIPORRO.- Que me la dejes.

TRONCHO.- Que se esté usté quieto.

PIPORRO.- Troncho, suelta la bota, que no te conviene beber más.

TRONCHO.- Toma, eso ya lo sé yo; pero lo que es esta tardecica me emborracho, tío Piporro; y en cuanto me emborrache busco a Carola (Echa un trago) y le canto su mala acción y le digo que lo que ha hecho con Alegrías es una mala pasa... (Otro trago) y como la coja... (ídem ) como la coja, tío Piporro...

PIPORRO.- Que me parece que sí la coges.

TRONCHO.- Como la coja no va a querer oírme.

PIPORRO.- Oye, Troncho, dame la bota y escucha.

TRONCHO.- Ahí va.

PIPORRO.- Mira, la murmurasión es una cosa mu mala y la bebía es peor que la murmurasión... (Bebe) y tú lo que debes haser es tocar esta tarde en la prosesión y dejarte de cuentos.

TRONCHO.- No puedo, tío Piporro; yo quiero a Alegrías a segar: cuando yo iba por las noches a darle ronda a la que hoy es mi mujer, él me acompañaba y su guitarra era la primera que sonaba al pie de la reja, y sus copas las primeras que se bebían; y yo, que sé el ahogo que siente por Carola, no pueo consentir que se la lleve otro hombre, vamos.

PIPORRO.- Es que si ella quiere...

TRONCHO.- Pues eso es lo que quiero saber, si ella quiere ó es que la ha engolosinao los sentíos la hacienda del otro y los consejos del director de la banda, que asile den unas calenturas y no haiga más médico que yo.

PIPORRO.- Pero, ¿qué te pasa que te llevas tan mal con el músico?

TRONCHO.- ¿Qué ma de pasar? Que sa creío que es el niño bonico, y porque ha compuesto un paso doble, que nosotros ejecutamos, toas las mozas van a ir detrás de él.

PIPORRO.- Bueno, pues déjalas que se vayan, que hombre sin mujer es hombre bueno.

TRONCHO.- Usté dirá too lo que quiera; pero yo por lo pronto voy al atajo a ver si la veo, y como la encuentre la voy a dar la procesión.

PIPORRO.- Bueno, haz lo que quieras.

TRONCHO.- Hasta luego. (Mutis)

PIPORRO.- Este chico es tontico, (Empieza a beber) y lo que más le mata es la bebía; como que un nombre bebió es un animal. (Bebe) Calla, aquel que viene por allí paece Alegrías... Le voy a salir al encuentro, (vase)


ESCENA IV

Heriberto con un ramo de flores en la mano.

Dos gardenias... seis narcisos, una rosa… una margarita... madre selva y un pensamiento... que es de los más felices que he tenido. Porque esto, esto me vale a mí la
realización de mis sueños... En cuanto sepa Juan Francisco este acto de cortesía que llevo a cabo en la persona de Carola, el agradecimiento es inmediato, y si su padre, que es diputado por el distrito, me lleva a Madrid y me da la plaza de director de la banda de San Bernardino, mi sueño queda realizado: conque me lo prometa nada más, hago dimisión, lo vendo todo, me voy a Madrid y ya me estoy viendo en San Bernardino. Además; el segundo golpe es decisivo; he dedicado al hijo el paso doble que he compuesto para la procesión, y la dedicatoria demuestra que no soy un organista ramplón; dice así: «A. Juan Francisco, como testimonio de la profunda amistad y subterránea admiración que hacia él siente su a. a. que le b. su p. p., Heriberto Compasillo, organista y maestro compositor.» Este autógrafo le coloco a la cabeza del número, a continuación la clave, y al lado el tiempo... tiempo vivache...


ESCENA V

Dicho, Tío Piporro y Alegrías.

PIPORRO.- Güenos días nos dé Díos, músico.

ALEGRIA.- ¡Hola, señor organista!

HERIBERTO.- Señores, ¿dónde van ustedes? Seguramente á ver pasar al cabezudo hacia la ermita.

PIPORRO.- Pero digasté, ¿es verdá que este año va a salir eso?

HERIBERTO.- ¿Que si sale? Es una novedad que, como vocal de la Comisión de festejos, he preparado al pueblo. De los que verán este año a los anteriores hay una diferencia rayana en locura.

ALEGRIA.- ¿Tan güenecicos son?

HERIBERTO.- Onomatopéyicos.

PIPORRO.- A ver, a ver, diga usted algo.

ALEGRIA.- Sí, ande usted, señor músico. Se los voy a describir rápidamente. (Pausa y mucha entonación) Primero figúrense ustedes la tarde: apacible, serena, la luz cayendo en haces y los verderones piando. Ahora el pueblo Los vecinos ú habitantes, como ustedes quieran, tendrán engalanados sus balcones, bien con colchas adamascadas, bien con bayetas, esteras, peludos ú otros tapices por el estile; a lo lejos, la campana de la ermita, majestuosa, con su lengua de hierro y el campanero meneando la lengua: las mozas con sus cortejos detrás, luciendo sus andares, y el polvorista con bus cohetes, que semejan lágrimas, subido al campanario para derramar desde allí las primeras lágrimas.
¡Momento solemne! Dos toques de campana y un cohete anuncian la salida de la procesión: las devotas rompen la marcha y pueblan la atmósfera seis cohetes de lagrimas y dos de los llamados de tiro. Siguen los mozos encargados de llevar las mangas, que salen ufanos con sus chaquetas al hombro y las mangas correspondientes, y aquí dos lágrimas y dos tiros; después un pendón, una manga, niños y arcángeles, el presidente de la Cofradía, la boticaria, la alcaldesa y dos pendones más. Nuevo toque de campanas y majestuosa salida de la Corporación municipal: al ver al alcalde, cuatro tiros… con las lágrimas correspondientes, y al salir el resto del Ayuntamiento, fuego graneado, el castillo se incendia, las ruedas giran echando chispas, el pueblo se desborda en vivas y la tarde apacible, serena, se sonríe con sus haces de luz y sus verderones piando.

PIPORRO.- ¡Muy bien!

ALEGRIAS.- Y osté, ¿no toma parte?

HERIBERTO.- ¡Ah! La parte sensacional, lo mejor es el estreno del paso doble con que obsequio a este vecindario. Es un paso doble brillantísimo, que ardo en deseos de que lo conozca la muchedumbre.

PIPORRO.- ¿Y se toca. en la procesión?

HERIBERTO.- Ya lo creo: mi banda sale formando a la cabeza y yo voy en medio de la cabeza dirigiendo; ¿qué mayor honra si el alcalde luego en el Ayuntamiento me diese el diploma de honor? Pues no se crean ustedes ¡me no soy digno de ello, porque mis merecimientos...

PIPORRO.- Sí, merecimientos. Acuérdese usted del mes pasao. que le llamaron pa una misa de difunto y tocó usté unas malagueñas.

HERIBERTO.- Bueno, yo toqué unas malagueñas porque el muerto era de Málaga. El modernismo que se impone.

PIPORRO.- Sí, sí, bueno está usté.

HERIBERTO.- (Este tío Piporro no me puede tragar) Vaya, con su permiso, me retiro; he citado a ¡os músicos en las afueras del pueblo para hacer el último ensayo del paso doble. No quiero que lo conozca nadie hasta el momento decisivo ó ulterior. (Despidiéndose) Alegrías... Piporro. (Dándoles la mano)

PIPORRO.- ¡Adiós, músico! (Mutis Heriberto)


ESCENA VI

Alegrías y Piporro.

ALEGRIAS.- ¿Me acompaña usté, tío Piporro?

PIPORRO.- No, voy pa allá abajo, por el sembrao.

ALEGRIAS.- Pero esta tarde, ¿asistirá usté a la función?

PIPORRO.- ¡Si vieras qué poco me gustan a mí las funciones!

ALEGRIAS.- Claro está: como osté no tiene cariños ni le importa na que las mociquias salgan más guapas con la codicia del noviajo.

PIPORRO.- ¡Las mociquias!... ¡Buenas están todas!

ALEGRIAS.- Pero, ¿por qué las tié osté tanta rabia?

PIPORRO.- Si no las tengo rabia, es que no las quiero: cuando yo era un zagalico como tú quise a una mociquia apretá de carnes, viva en el mirar, prometiendo sueñecicos alegres y que me quería mucho. ¡Aquella sí que me quería!

ALEGRIAS.- ¿Y por qué la dejó osté?

PIPORRO.- Porque se fue con otro; las hembras son toas lo mismo.

ALEGRIAS.- ¡Toas no, tío Piporro! Ahí tiene osté a Carola.

PIPORRO.- Sí, sí...

ALEGRIAS.- Es buena... trabajadora... y yo creo que me quiere mucho...

PIPORRO.- Bueno, después de too, que te quiera, que sea buena, ¿que? Pa mí ha acabao too eso y quiera la Fuensantica que alguna vez no tengas que unirte a mí pa acompañarme al sembrao, al peazo de tierra... ¡Esa sí que quiere! Cincuenta años castigándola, hiriéndola, y cincuenta años que responde al castigo, dándome sus frutos. Hasta la tierra de la laera, agradecía de la cerca que la he puesto, la vestío de jazmineros que da gloria verlos. Te digo que es la mejor mujer y la más barata; con agua que la des na más, la tiés tan contenta.

ALEGRIAS.- Bueno; pero todo eso, ¿a qué viene?

PIPORRO.- A que confías demasiao en las mujeres; a que te crees que sembrar cariño es lo mismo que sembrar trigo .. y créeme, cuando se siembra algo en una mujer, hay- que escardar tóos los días, porque siempre hay yerbas malas.

ALEGRIAS.- ¡Bah! ¡Es lo mismo!

PIPORRO.- Es lo mismo pa tí, que tiés un genio más güeno que la espiga del trigo, y que te ríes de too, y que siempre estás más alegre que unas castañuelas.

ALEGRIAS.- ¿Y que quiere usté que haga? Ahí tié usté a Carola, diez años a su lao, diez años que la llevo aquí dentro... bueno, pues entoavía no la he dicho na, no ma atrevo..., me cuesta mucho trabajo decírselo. Ella en cambio me dice too con los ojos. Alegrías, súbeme el lebrillo. Alegrías, llévame el cántaro... ¿Y too eso qué es? Ya sé yo que es algo de comodidad, pero también es cariño, tío Piporro, y luego como es tan guapota, con esos colores tan frescos…

PIPORRO.- (Sentencioso) Por eso precisamente nunca he tenío yo más cuidao de la hacienda que cuando está lozana y hermosa, porque entonces, créeme, entonces es cuando te la quitan.

ALEGRIAS.- ¿Que me la quitan? Vamos, tío Piporro, osté ha bebió hoy de más, me está osté diciendo unas cosas...

PIPORRO.- ¡Bah! No hagas caso, vente si quieres, nos tomaremos una jarra.

ALEGRIAS.- No; voy a coger la mulica y a traer un puñao de azahares pa que lo luzca en la fiesta Carola.

PIPORRO.- Pues con Dios te quedes.

ALEGRIAS.- Con é vayasté, tío Piporro. ¿Que me la quitan? (Riendo; de pronto cambia de entonación para terminar el pensamiento) ¿Y quién? No hay en el partió mozo capaz de ello. Además, tan hermosa estaba el año pasao y el otro, y sin embargo... (Otra ves alegre) Na, lo que yo he dicho: el tío Piporro ha bebió hoy de más. (Vase)


ESCENA VII

Carola baja por la rampa con un lebrillo con ropa, lo deja en la acequia y se sienta como fatigada.

CAROLA.- (Con pausa) Tampoco vendrá hoy a brindarme su ayuda como siempre… ¡Malhaya mi suerte, que me obliga a rendir mi voluntad al que no quiero!... ¡Malhaya la tarde aquella en que cegaron mis ojos, y no vi más luz que la de los suyos! (Se pone a lavar)

(Música)

ALEGRIAS
(Dentro)
|Ah! ¡Ay!¡Ah!¡Ah!

CAROLA
Su voz oí.
¿Vendrá hacia aquí?

ALEGRIAS.-
Corre, mulilla torda,
campanillera,
por el atajo
que al cielo va.
Anda, mulilla torda.
corre ligera,
que en ese cielo
mi vida está.

CAROLA
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

ALEGRIAS
Anda mulilla torda,
que en ese cielo
mi vida está.

CAROLA
Cuando escucho su voz a lo lejos,
no sé qué me pasa muy dentro de mí;
me parece Que el alma me arranca
y se va corriendo mi vida hacia tí.

ALEGRIAS
Sé que me olvidarás.

CAROLA
Nunca te olvidaré.

ALEGRIAS
Sólo seré de tí.

CAROLA
Solo de ti seré.
¡Ay, si Dios quisiera
calmar mi dolor,
y aunque me mintiera
me hablase de amor!...
¡Ay de mí,
si fuera así!

Pajaritos que cruzáis
la huerta siempre cantando,
decidle a aquél que me olvide
y al otro que estoy penando.

Y a no se escucha su voz.
Ya se ha marchado de aquí.

¡Qué desgraciada que soy:
¡Qué desdichada nací!

ALEGRIAS
Mire usté, madre, si es grande
el cariño que la tengo,
que la encuentro y no la miro,
y voy a hablarla y no puedo.

CAROLA
¡Malhaya el murcianico
que no comprende
que su desvío
me va a matar!
¡Malhaya mi cariño,
que con tal fuego
en ese hombre
se fue a fijar!

ALEGRIAS
Corre, mulilla torda,
campanillera,
por el atajo
que al cielo va.
Anda, mulilla torda,
corre ligera,
que en ese cielo
mi vida está.

ALEGRIAS
¡Qué suspirar!

CAROLA
¡Qué padecer!

ALEGRIAS
¡Cuánto sufrir!

CAROLA
¡Cuánto penar!


ESCENA VIII

Dicha y Troncho, lateral derecha.

(Hablado)

TRONCHO.- ¡Carola! ¡Un momento!

CAROLA.- ¡Troncho!

TRONCHO.- Sí, to lo troncho que quieras, pero oye.

CAROLA.- ¿Qué te pasa que vienes tan agitao?

TRONCHO.- ¿Qué me pasa? Que he corrió toa la huerta, que me he ido hasta la ciequia de los nogales y que tenía un comezón por verte, que me quitaba el respiro.

CAROLA.- Chirigotero, tú ya tienes a tu mujercica, a tu Paz.

TRONCHO.- No, si no te voy a hacer el amor: lo que quiero es que me digas si no son falsas las voces que corren por el pueblo; vamos, que si es verdad que te casas con Juan Francisco.

CAROLA.- ¡Verdad!

TRONCHO ¿De modo que dejas a Alegrías?

CAROLA.- (Con rapidez y después bajando la entonación y con tristeza) ¿Alegrías? ¿Dejar yo a Alegrías? ¿Y de qué tengo que dejarle? Alegrías ha sido para mí un compañerito, casi un hermano, pero Alegrías nunca ma dicho na.

TRONCHO.-  Equívoca.

CAROLA.- Te lo juro.

TRONCHO.-  Güeno. ¿Y qué? Que el muchacho se come por dentro y no se atreve a decírtelo porque es más corto que un cigarro de a real; pero que te quiere con toda su alma, eso lo sé yo... Y tú también lo quieres.

CAROLA.- ¿Que si le quiero? Antes de dar mi fe a Juan Francisco lo he pensao mucho, ¿sabes? Sentía anhelos por él, pero ni una vez rondó mi reja, ni una vez me pidió un lazo pa su guitarra; (con rabia) está bien hecho lo que he hecho, Troncho.

TRONCHO.- Vamos, a ti te pasa lo que a mí con Paz, que sientes una cosa en el corazón y no sabes lo que es: pero oye tu corazón y verás cómo te dice: Alegrías, Alegrías, Alegrías, como a mí me dice el mío: Paz, Paz, Paz.

CAROLA.- Mira, Troncho, déjame; si Alegrías me quisiera, tiempo y ocasión ha tenido para decírmelo.

TRONCHO.- Pero ya te he dicho que él es así. Total: que tié el amor oculto en una caja, ¿y qué satisfacción pa ti que obligarle que venga y te diga: aquí está el amor, míralo, Carola, es to pa ti?... ¿Lo quieres? Y tú, echándole una mira de esas de día de fiesta, cuando vas con tu zagalejo y tu mantellina, siendo la alegría de la huerta, le digas si, y sus abracéis y sus unáis en la Ermita de la Fuensantica —Vamos, Carola, mira que no
sabes lo que haces. Espérate, que venga el chico y levante la tapa

CAROLA.- Troncho, no me mortifiques más. He dao mi palabra a Juan Francisco... Le debo más que favores. Troncho, no me hables más de Alegrías…

TRONCHO.- ¡Infame, más que infame!... Y tó por culpa de ese músico que ha influido en ti, porque tú no quieres a Juan Francisco.

CAROLA.- ¡Troncho!

TRONCHO.- Por supuesto que esto no se queda así; el otro día ya me descaré con él en mita de la plaza y el muy bruto fue y me dio un puntapié que se me pusieron los carrillos coloraos de vergüenza, y al recriminarle, porque me lo había dado delante de la gente, me dijo que no me lo había dado delante... pero o esta tarde le descompongo el paso, y en vez de un sol doy un si; tú... no te casas con Juan Francisco, ¿verdad?

CAROLA.- ¡Troncho, por Dios, te pido que no me mortifiques más!

TRONCHO.- Anda de ahí. Ni tú tiés sangrecica murciana, ni tú quiés a nadie... (Medio mutis) olvidadiza... (Otro medio) adulterada... (Mutis)


ESCENA IX

Carola, Heriberto y Juan Francisco.

CAROLA.- Al marcharse Troncho queda un momento pensativa, y dirigiéndose al sitio por donde se marchó, dice) ¡Troncho! ¡Troncho! (no vuelve) ¡Bah! Que se vaya. (Bajando al proscenio) ¡Que se muera! Yo estoy harta de su silencio; ya no puedo más. (Queda pensativa)

HERIBERTO.- ¡Mírala, inmóvil!

JUAN.- ¡Carola!

CAROLA.- Juan Francisco.

JUAN ¿Qué te pasa?

CAROLA.- Nada.

HERIBERTO.- A ver, Carola... sí., impaciencias... insomnios... Esto me recuerda una frase música!, ... por cierto plagio de una mía, que dice: «Es natural, es natural, que en víspera de boda se duerma mal.» (Hablado)

JUAN.- Vamos, Carola, alégrate; esta tarde subes conmigo a la Ermita y dentro de poco heredá... hacienda... toitico es pa ti.

CAROLA.- Es que tengo pena, Juan Francisco... es que...

JUAN.- ¿Qué? ¡Acaba! Dime lo que quieras. Si para tóos eres la alegría de la huerta, para mí eres la alegría de mi alma; si yo por tí...

HERIBERT.- ¡Eh, eh! Perdona que te interrumpa y te diga: a una mujer próxima a unirse a una fecha que puede perderse en la nebulosa noche de los tiempos no se la debe hablar así; y como el que reprende debe enseñar al mismo tiempo, hazte todo orejas y escucha.  La mujer es como la música, que tiene un tiempo marcado, y en cuanto te salgas de él se acabó la harmonía. En materia de amores, el hombre hace las veces de director de orquesta, y según vayan las cosas, así va marcando. Por ejemplo: te diriges a
una moza de esas que tienen unos ojos más abiertos que las Funerarias, que no se cierran ni de día ni de noche; pues lo primero que tienes que hacer es buscarle la clave y
prepararte a marcar el tiempo; que ves que admite alguna vara, pero que se muestra recelosa, alegro maestoso; que se insinúa y te sonríe, alegro vivadle; que se deja coger la mano y escucha las frases dulces con cariño, tiempo de habanera marcadísimo.

JUAN.-  ¿Y si no hace caso?

HERIBERTO.- Tiempo perdido. Pero no suele ocurrir porque hoy día no están las mujeres para perder el tiempo.

CAROLA.- Usted siempre lo mismo; pero si comprendiera usted lo que pasa; si sintiera el ahogo que siento yo aquí.

HERIBERTO.- Pero, ¿qué te pasa, mujer?

CAROLA.- Me pasa que Alegrías, que ha corrió conmigo toa la huerta desde que éramos pequeños... que Alegrías, que en la vida rondó mi reja, cuando sa enterao que voy a ser tuya... qué sé yo... Troncho me dice que está loco... que llora... La lsabelica dice que cometo una mala acción, y yo... yo...

HERIBERTO.- Y tú, tú eres más tonta que un mirasol cuando te preocupas de eso

JUAN.- ¿Es que te va a matar Alegrías?

CAROLA.- No sé... ¡Ojalá!

HERIBERTO.- Carola, no seas zoqueta.

JUAN.-  Pero, oye, ¿es que lo quieres?
CAROLA.- ¡Juan Francisco!

JUAN.- ¡Dí! ¡Acaba!

CAROLA.- Pues bien... Juan Francisco...

JUAN.- ¿Qué?


ESCENA X

Dichos, Alegrías por la rampa con un manojo de azahares.

ALEGRIAS.- ¡Carola! (Desde dentro y fuerte)

LOS DOS.- ¡Alegrías! (Quedan- asombrados)

HERIBERTO.- ¡Uy, Alegrías aquí!... Vaya, me voy a ensayar el paso doble. Media vuelta, paso doble, ¡mar!... (Mutis)


ESCENA XI

Dichos menos Heriberto.

ALEGRIAS.- Carola, mira qué azahares. (Queda sorprendido al ver a Juan Francisco) Güeñas tardes, Juan Francisco. (Ninguno contesta) Pero, ¿qué es eso? ¿Sé os ha cortado el habla? Y tú, ¿no ves qué puñao de azahares te traigo pa la procesión?

(Rápidas estas tres palabras)

JUAN.- Tíralos.

CAROLA.- No

ALEGRIAS. ¿Cómo?

JUAN.- Que los tires. Carola no necesita de tus flores para ir a la procesión. Hasta ayer pudiste cortárselas; hoy ma dao su fe, va a ser mi compañera y sube conmigo a la Ermita.

ALEGRIAS.- ¿Contigo? (Dejando caer poco a poco los azahares)

JUAN.- Sí, conmigo. ¿Quieres que te lo diga ella misma? ¿Verda, Carola? ¿No mas dao tu palabra?

CAROLA.- Sí. (Haciendo un esfuerzo)

JUAN.- Ya lo has oído.

CAROLA.- Llévame de aquí, Juan Francisco. (Aparte a él )

JUAN.- Ahora mismo. Hasta luego, Alegrías, (vanse)

Alegrías queda como atontado. Instintivamente vuelve la cara y los ve marchar. Aparece por la derecha el tío Piporro haciendo un cigarro y Troncho detrás para sujetarlo cuando el dialogo lo indique. Mucha pausa en esta escena)

ALEGRIAS.- ¡Se va con él, (pausa) con Juan Francisco! ¡Se lleva lo que yo quiero! (Va a lanzarse en su persecución y el tío Piporro le coge por la chaqueta, Vuelve la cara Alegrías, y al ver a Piporro deja caer la cabeza en sus hombros, y llorando dice:) ¡Tío Piporro! ¡Tío Piporro!

TRONCHO.- (Acercándose a la caja por donde se fueron Carola y Juan Francisco, gritando:) ¡lndecentones! (Baja donde está Alegrías) Que la Fuensantica me castigue si no le estropeo el paso doble al tío ese.

MUTACION


CUADRO SEGUNDO

Selva corta


ESCENA UNICA

Heriberto, Troncho, el Caja, el Cornetín, el Trompa, el Flauta, el Fagot. Salen formados marcando el paso. El Flauta es cojo

TODOS.- Un, dos; un, dos...

HERIBERTO.- Alto. Muy mal. Observo con disgusto que marcáis el paso sin la precisión y el compás que estas cosas requieren. Sois unos gansos en el andar desigual y oíros gansos en la verdadera acepción de la palabra ofensiva. ¿Qué trabajo os cuesta andar con garbosidad, con aire, con verdadero aire, así...? (Empieza á marchar)

FLAUTA.- ¡Olé!

HERIBERTO.- Gracias. ¿Lo veis?

TROMPA.- Si, señor, sí.

HERIBERTO.- Bueno, ahora vamos a ver si están todos, (saca un papel) Crescendo Peatón.

TROMPA.- ¡Presente!

HERIBERTO.- ¿Tú qué tocas?

TROMPA.- Mírelo usted.

HERIBERTO.- La Trompa. Muy bien. ¿Y es de aficionó es de estudio?

TROMPA.- Es de un primo mío.

HERIBERTO.- Bueno, anda, Peatón. Casimiro Diez.

FLAUTA.- Servidor.

HERIBERTO.- ¿Tú qué eres?

FLAUTA.- Cojo.

HERIBERTO.- Pregunto qué tocas.

FLAUTA.- La flauta, pa lo que usté guste mandar.

HERIBERTO.- ¿Tú no eres de aquí, verdad?

HERIBERTO.- No, señor; soy de Castronilla; diez leguas escasas; pero me dijeron que aquí se estaba organizando una murga, y me dije: «Anda, Diez...»

HERIBERTO.- Sí, anda diez... leguas. Bueno, retírate. Braulio Crespo, (no contesta) Braulio Crespo... ¿No ha venido?

TROMPA.- Es éste. (Por el Caja)

HERIBERTO.- ¿Y por qué no contesta?

TROMPA.- Porque es sordo. Tú, Crespo, que te llaman.

CAJA.- ¿Eh?

HERIBERTO.- ¿Sabes música? (al oído)

CAJA.- No señor.

HERIBERTO.- ¿Pues cómo tocas? (Dando voces)

CAJA.- De oído.

HERIBERTO.- Pues ten mucho cuidado, porque hay un golpe que es de precisión. Vaya, ¿estamos?

TROMPA.- Un momento. ¿Qué notas son estas?

HERIBERTO.- La, do.

TROMPA.- Pues este la do no me suena.

HERIBERTO.- Bueno. Pues toca por otro lado. ¡Mire usted, decir que no le suena.

TROMPA.- Cuando yo digo que la ha tomao conmigo...

HERIBERTO.- Bueno, señores, ¿estamos prevenidos? Venga. ¡Ojo a la mano! Muy destacadito y muy afinadito.

(Música)

Al empezar el número este, el director los formará en mi extremo de la escena e irán marchando. El Caja equivocando el paso, el Flauta cojeando, y en general todo lo más cómico posible. Durante el número y en los pianos de él, HERIBERTO dirá lo siguiente:

Gracioso, muy gracioso esto
Caderas ahora
Más caderas.
(Se mueve exageradamente)
Menos caderas.

(Al tocar la orquesta el paso de ataque, avanzan todos y Heriberto les grita: ¡Al paso!)
(En general, el número han de procurar los señores directores ponerlo lo más cómico posible)

(Hablado)

HERIBERTO.- ¡Admirable! ¡Superior! ¡Optimo!

TROMPA.- Estamos bien, ¿eh?

HERIBERTO.- Un poquito más exagerado el crescendo cuando vayamos en la procesión, y nada más. Y a propósito de la procesión... A ver. Organizarse.

CAJA.- ¿Qué ha dicho?

TROMPA.- Que nos organicemos.

CAJA.- No des tantas voces, que no es menester.

HERIBERTO.- Ponerse en fila, (al Caja) Así... Y tú, mira, con objeto de que no te equivoques, no ataques hasta que yo te señale con la batuta. ¿Has entendido?

CAJA.- Hasta que usted me señale... Sí, sí, descuide usté.

HERIBERTO.- (Y lo señalo, vaya si lo señalo) Ahora, para que no haya entorpecimiento, tengo que haceros dos advertencias; la primera referente al cobro y la segunda a los cortes.

CAJA.- ¿Qué dice?

TROMPA.- Está, hablando del cobro.

CAJA.- ¡Ah! Güeno, güeno.

HERIBERTO.- Al salir del Ayuntamiento, como vamos en las filas, hay que llevar los sombreros quitados, y si llueve tocamos el paso doble atacando en el fa, y al pasar por !a iglesia nos vamos al sol.

TROMPA.- Entonces nos pondremos los sombreros.

HERIBERTO.- ¡Pero qué clarinete eres!

TROMPA.-  Es que yo tengo mucho miedo a que se me caliente la cabeza.

HERIBERTO.- ¿Y por qué?

TROMPA.- Porque si se me calienta la cabeza, empiezo a morras con toos.

HERIBERTO.- Bueno; cállate, Cid.

CAJA.- ¿Qué dice?

TROMPA.- Está hablando de un salto.

CAJA.- ¡Ah! Güeno, güeno.

HERIBERTO.- Si, afortunadamente, no lloviera, entonces atacamos el paso lento, y desde el motivo que hace tan, tan, taran, saltamos al tres por ocho.

FLAUTA.- (Adelantándose cojeando) Oiga usté, ¿yo también salto?

HERIBERTO.- No, tú no saltes.

FLAUTA.- ¿Por qué?

HERIBERTO.- Porque si tú saltas, te matas.

CAJA.- ¿Qué dice?

TROMPA.- Hablan de otro salto.

CAJA.- ¡Ah! ¿Pero va a haber títeres?

TROMPA.- Anda y que te maten.

HERIBERTO.- Señores, si ustedes no ponen algo de su parte, vamos a ser los únicos que desluzcan la función. Tú, (Al Trompa) por tus equivocaciones; éste, (Al Troncho) porque confunde las notas; éste, (Al Caja) por... (El Caja empieza a tocar) ¡No, no, quieto!

TROMPA.- Que no es hora, hombre.

CAJA.- ¡Ah! Me habré adelantado un compás.

HERIBERTO.- (¡Qué bruto es!) Bueno, para evitar que lo echemos a perder, vamos a hacer una especie de ensayo. Vosotros, formar, y tú, (Al Caja y vuelve a tocar) ¡No, hombre, no! ¡Maldita tea!

CAJA.- ¿Es que me he retrasao?

HERIBERTO.- Es que eres un bruto.

CAJA.- ¡Ah! Güeno, güeno.

HERIBERTO.- Mira, tú vas a redoblar para que éstos marquen el paso.

CAJA.- Sí, señor, sí.

HERIBERTO.- Ponte aquí, en !a cabeza.

CAJA.- ¿Toco ya?

HERIBERTO.- No, cuando yo te dé con la batuta en el hombro.

CAJA.- Güeno, no tié usté más que dar y en seguida toco.

HERIBERTO.- Gracias a Dios. Conque formarse, ¿estamos? ¡Vamos a ver! (Empieza a marchar al compás de la Caja) ¡Media vuelta! (Vuelven todos menos el Caja, que sigue y se va por la izquierda) ¡Media vuelta! (Vuelven y se quedan admirados de no ver al Caja) Pero, ¿y el Caja?

UNO.- ¡Allá va!

HERIBERTO.- ¡Eh, Caja! (Va en su busca)

TROMPA.- Anda, pues si no le manda golver se cuela en el pueblo dando golpes.

CAJA.- (Entrando) Que a mí no me ofende usté, ¿eh? ¡Que le rompo la caja en la cara!...

HERIBERTO.- ¡Ea, al pueblo! Que se acerca la hora y sea lo que Dios quiera. Preparados, ¿estarnos? ¡A Una! (Se marchan tocando un motivo del paso doble)

MUTACION


CUADRO TERCERO

Al foro telón de la huerta de Murcia. A la izquierda (espectador) y pegada al telón de foro la Ermita de la Fuensanta. Derecha, primer término, puerta de un caserío con emparrado, chumberas, datileros, etc., etc.)


ESCENA PRIMERA

Cerca de la puerta de la Ermita, dos meses con medallas y rosarios. Al alzarse el telón se oye la campana de la Ermita; mientras la plegaria va saliendo de la Ermita el Coro de Señoras, adelantándose al proscenio cuando la música lo exija. Es la caída de la tarde.

(Música)

Un Ciego, Vendedores y Vendedoras.

CIEGO
Una limosnita
para el pobre ciego
que un día bebiendo
la vista perdió,
y desde que vengo
a ver a la Virgen
me paece que bebe
bastante mejor.

VENDEDORES
Estampitas de la Virgen.
A los nardos y al jazmín.

CIEGO
La vida y milagros
de San Antolín.

Me voy a la tasca
del señor Calixto
a ver lo que dicen
de la procesión.
Ya se abre la puerta;
si no me equivoco,
me paece que veo
salir un pendón.

(Mutis)

VOZ
(Dentro)
Señora Reina de los cielos,
Virgen venerada por la santa tradición,
escucha el cántico amoroso,
mándanos tu gracia con tu bendición.

(Van saliendo las beatas)

BEATAS
¡Qué sermón
escuché!
Del pecado
libéranos
Dominé.
Somos las devotas
de la Fuensantica,
que en su ermita oramos
con cristiana fe,
y donde escuchamos
humildes y atentas
los santos sermones
del padre José.
Que con sus palabras
dulces y armoniosas,
cual los susurricos
tiernos de un pichón,
nos embelesamos
mientras nos pegamos
cuatro cachetitos
en el corazón.
Con mi librico
y este rosario
por las mañanicas
a la iglesia voy,
y a la Fuensanta
pido en mis rezos
que me conserve
tan sanica
y colorada
como estoy.
Y que contenga
los arrebatos
de los mociquios
que hay en el lugar
para que al verme
no me digan
cielico azul
y flor de azahar.
Por las mañanicas
dejo el pucherico
con las pataticas
y su coliflor,
y su choricico
de lomo de cerdo,
que si es picantico
me sabe mejor.
Y cuando regreso
de la Fuensantica
limpia de pecados,
a eso de las diez,
tengo los garbanzos
tan mantecosicos
que hay que machacarlos
en el almirez.
Vámonos a casa, que las cuatro son,
y hay que prepararse para la función;
no nos detengamos con la Salomé,
que es una cotorra de muy mala fe.
¡Sálvame, Santo Dios!
¡Santo Dios, sálvame!
¡Ave María, protégeme!

(Se oyen dos cohetes y salen corriendo)


ESCENA II

Se oye a lo lejos la caja. Piporro sale del caserío, Heriberto y los Músicos.

(Hablado)

PIPORRO.-  Me parece que oigo a los músicos.

HERIBERTO.- (Sale con los Músicos tocando el final del paso-doble) ¡Alto! ¡Muy bien! Entrar en la Ermita y esperarme.

(Entran los Músicos y quedan solos Heriberto y Piporro)

PIPORRO.-  ¡Músico!

HERIBERTO.- ¿Es a mí?

PIPORRO.-  Sí. ¿Pues beber un jarro?

HERIBERTO.- Sí; pero antes voy a pedirte un favor.

PIPORRO.-  Habla.

HERIBERTO.- Mira, Piporro; mis proyectos para el porvenir son hermosos; pero precisamente el que toca el clarinete me tiene rabia, y si ese bestia de Troncho me estropea el paso-doble por sospechas nada más, yo le corto el camino del estómago, ¡vamos, que lo degüello!

PIPORRO.-  Bueno, ¿y qué?

HERIBERTO.- Pues que, como el que ha venido haciendo el cabezudo toca el clarinete superiormente, quiero que sustituya a Troncho.

PIPORRO.-  Que lo sustituya... por mí...

HERIBERTO.- Es que si tú quisieras podrías entrar en la Ermita y decirle a Cabezudo que salga Yo no lo hago porque me vería Troncho y sospecharía algo.

PIPORRO.-  Bueno, lo haré, pero ¿y la copa?

HERIBERTO.- ¡Ahí Es verdad. Vamos a tomarla y, créeme, como el paso resulte, con otro paso llegó a la gloria. (Mutis en el caserío)


ESCENA III

Troncho y el Cabezudo por la Ermita.

TRONCHO.- Bueno, pero ¿tú estás conforme ó no? Vamos a ver.

CABEZUDO.- Te advierto que no te he entendió ni una jotica.

TRONCHO.- No eres poco torpe. A ver si quieres tocar por mí en la procesión y yo saldré de cabezudo.

CABEZUDO.-  Güeno. Y en total, ¿qué dan?

TRONCHO.- Diez reales por cabeza.

CABEZUDO.-  Es que yo menos de tres pesetas no toco.

TRONCHO.- Te advierto que tiés muy joco trabajo.

CABEZUDO.- Te digo que no, y no, porque como cabezudo gano tres pesetas y media.

TRONCHO.- En fin, ¿te hacen once reales?

CABEZUDO.- Tres pesetas.

TRONCHO.- Bueno, te las doy. Anda, vamos dentro, te daré el papel y el clarinete y tú me das el traje y la vejiga. (Ya verá el señor Heriberto la que le voy a jugar) (Entra en la Ermita)


ESCENA IV

Tío Piporro y Heriberto.

PIPORRO.-  Güeno, güeno, yo se lo echo a usté pa cá en seguida.

HERIBERTO.- Gracias. ¡Ah! Dile que espero nerviosamente. (Entra el tío Piporro)


ESCENA V

Heriberto. Después Troncho.

HERIBERTO.- ¡Señores, qué sinsabores los del artista hasta que triunfa! ¡ Ah, pero yo llegaré a la cúspide! El genio no puede, no debe quedar obscurecido nunca, y a quien como a mí le brota la inspiración, porque a mí me brota, menos. ¿Que hay que componer unos motetes? Tri-ri-rí, a la hora ¡paf! llenos de dulce expresión. Todo espontáneo y todo fácil. ¿Pues y la rapidez? En día y medio me compuse tres misas, y no sé cómo me las compuse... que no me las pagaron. Pero eso me halagó, porque el genio es siempre pobre. ¿Cómo murió Mozart? Arruinado. ¿Cómo murió Paganini? Debiendo, siendo un Paganini.

TRONCHO.- (¿Pa qué me querrá ver ese tío? ;Si sabrá enterao de algo? Por si acaso me pondré la cabeza)

HERIBERTO.- Hombre aquí está el cabezudo. Oye, ven. Tú tocas el clarinete, ¿verdad? (Troncho hace un movimiento afirmativo con la cabeza) ¿Y te atreverías con sólo leer el papel un par de veces a ejecutar una pieza, no muy difícil? (Troncho hace otro movimiento) No en vano me habían dicho que eres un artista de mérito.

TRONCHO.- Muchas gracias; pero digasté, ¿por qué quié usté que toque yo?

HERIBERTO.- Te lo diré en secreto. Porque quiero sustituir a Troncho, que es un animal completo. (Vuelve la cara y se le queda mirando) ¿Qué miras? ¿Te parece poco? Es un cuadrúpedo, ¡qué digo un cuadrúpedo! es todo una historia natural.

TRONCHO.- ¿Y usté cree efectivamente que es una historia? (Dando vueltas a la vejiga)

HERIBERTO.- Natural.

TRONCHO.- Bueno, siga usté. (Dando vueltas a la vejiga)

HERIBERTO.- Ese hidrocéfalo me quería descomponer el número. (Le da con la vejiga) Oye, cabezudo, oscila la vejiga para otro lado.

TRONCHO.- Es que no veo.

HERIBERTO.- Pues es necesario que veas, porque de lo contrario vas a ver.

TRONCHO.- Siga usté. (Oscilando la vejiga con indignación)

HERIBERTO.- Me quiere descomponer el número, por ciertos rumores que corrieron en el pueblo referentes á su costilla, que es otra bestia por el estilo; y el caso es que los rumores, hasta cierto punto... porque ella...

TRONCHO.- Siga usté.

HERIBERTO.- ¡Ella, claro... ni nombre ni talento!

TRONCHO.- ¡Pues ahí va! (Le da con la vejiga)

HERIBERTO.- Cabezudo, que te pateo la cabeza.

TRONCHO.- Lo que es usté es un sinvergüenza, (sigue pegándole)

HERIBERTO.- ¿Yo?
TRONCHO.- Sí, señor, y un embustero; y pa que no hable usté mal de nadie, tome usté. (Empieza a darle golpes)

HERIBERTO.- ¡Ay!. ¡Socorro, favor!


ESCENA VI

Dichos, Alguacil, Tío Piporro y Músicos, que sujetan a los dos

PIPORRO.- ¿Qué pasa?

HERIBERTO.- ¡Quitarle la vejiga; que se la quiten!

TRONCHO.- ¡Mal músico!

HERIBERTO.- ¿Yo mal músico? Dejadme, dejadme, que le voy a quitar la cabeza.

PIPORRO.-  No se pierda osté.

HERIBERTO.- Para ver quién es.

ALGUACIL.- Vaya, adentro todo el mundo, que se acerca la hora.

HERIBERTO.- Me las pagarás.

TRONCHO.- (¡Si supieras lo que te aguarda!) (Mutis)


ESCENA VII

Tío Piporro y Alegrías.

PIPORRO.- Vaya, me parece que es hora de echar otro trago. (Sale Alegrías con un atado en un palo y echado al hombro)

ALEGRIAS.- ¡Tío Piporro!

PIPORRO.-  Alegrías, ¿dónde vas?

ALEGRIAS.- Con mi mala ventura a otra parte, a Murcia. Sigo sus consejos de osté, la dejo, pero ya no pueo estar aquí, tío Piporro.

PIPORRO.-  Bueno. No te vayas toavía. Bebe conmigo una jarra.

ALEGRIAS.- Es que temo verla con Juan Francisco.

PIPORRO.-  Anda, anda, entra, que está ahí la parranda.

ALEGRIAS.- Es que...

PIPORRO.- En Seguía te Vas. (Mutis caserío)


ESCENA VIII

Carola sale vestida en traje de murciana, pero de lujo; luego Juan Francisco.

CAROLA.- S'antrao ca la María Dolores, y si tarda en salir y llega Juan Francisco.. No, yo quiero verle... yo necesito hablarle... yo entro. Ha de saber que le quiero. Que él es mi zagal amante... Que... (Va entrar)

JUAN.- ¿Ande vas?

CAROLA.- ¡Juan Francisco!

(Música)

JUAN
¿Por qué estás triste,
paloma mía?
¿Por qué en tu cara
no veo alegría jamás?
¿Es por desgracia,
que no me quieres,
y no te atreves, nenica,
tu pena a contar?

CAROLA
Es que tengo una zozobra
tan singular,
que lo que siento
no sé explicar.
Déjame con esa pena
y espérate,
que acaso pronto
te la diré.

JUAN
¡Cuánto diera por verte feliz!

CAROLA
¡Yo también lo quisiera por ti!

JUAN
¡Cálmate, lucero mío!
cesa ya de padecer,
tus penicas son las mías
y me vas a enternecer.
Cántate una parrandica,
que la sabes tú cantar,
y verás con estas manicas
a su nena jalear.

CAROLA
Deja, Juan Francisco,
que no puede ser.

JUAN
Pero, ¿qué te pasa?

CAROLA
Ya te lo diré.

(Se oye en el caserío la jota cantada por las guitarras y bandurrias y la voz de Alegrías que canta; Juan Francisco se acerca a la puerta. Carola queda en el proscenio, y sus palabras contestando a la jota las cantará como para sí misma)

JUAN
¡Qué feliz voy a ser!
¡Qué feliz!

ALEGRIAS
¡Huertanica de mi vida!

CAROLA
¡Huertanico de mi amor.

ALEGRIAS
¡Huertanica de mi vida!

CAROLA
¡De tu vida lo seré!

ALEGRIAS
¡Mira si yo te querré!

CAROLA
Te lo juro por mi amor.

ALEGRIAS
Que aunque te cases con otro...

CAROLA
En jamás me casaré.

ALEGRIAS
En jamás te olvidaré.

CAROLA
¡Huertanico de mi amor!

ALEGRIAS
¡Huertanica de mi vida!
A la jota, jota, jota,
jota de mis fatiguitas.
A la jota, jota, jota,
jota de la murcianica.

(Salen todos; Coro, Piporro y Tocadores, Alegrías canta lo siguiente:)

La Virgen de los Peligros,
que está encimica del puente,
sabe que yo te camelo
con fatiguicas de muerte.
A la jota, jota
de la riberica.
A la jota, jota
de la murcianica.

CORO
Sal, nenica, sal;
sal, nenica, a tu balcón,
y verás qué alegre
se pone al punto
tu corazón.

TODOS
Con la tortura
que a mi alma le das,
yo cada vez te quiero más.

(El Coro y los Tocadores van marchándose y quedan en escena Juan Francisco y Carola en la izquierda, y el tío Piporro y Alegrías en la puerta del caserío. El primero sujetando al segundo)


ESCENA IX

Dichos, Piporro y Alegrías.

(Hablado)

JUAN.- ¡Carola! (Cogiéndola de la mano)

PIPORRO.- ¡Nenico! (Sujetando a Alegrías)

ALEGRIAS.- ¡Dejémoste por favor!

PIPORRO.- Es que...

ALEGRIAS.- En seguida me voy. (Adelanta a donde están Carola y Juan Francisco)

LOS DOS.- ¡Alegrías! (Pausa)

ALEGRIAS.- ¿Verdad que es guapa? Hoy se ha puesto como ningún día; con su zagalejo bordao, con su puñao de azahares entre el pelo. Dí, Juan Francisco, ¿Verdad que es guapa?

CAROLA.- ¡Alegrías, vete! (Con tristeza)

ALEGRIAS.- Anda, que me vaya, ¿os estorbo?

JUAN.- Pues hacer lo que quieres. Carola se casa conmigo.

ALEGRIAS.- ¿Contigo? Vaya con Dios. Si ella lo quiere... que seas feliz. (.Medio mutis) ¡Pero oye!

JUAN.- ¿Qué?

ALEGRIAS.- Ná.

JUAN.- Vamos, Carola.

ALEGRIAS.- Si ya se va, hombre, si yo no te la quito... si yo soy Alegrías, Alegrías hasta cuando me roban lo que era para mí como el respiro pa la salú... ¡Diez años junto a ella! Diez años a su lao ¡sufriendo el resistero que abrasa la huerta y las nieves que tira el barranco y no la he cogió una mano... Tú tiés más suerte... tú eres rico...

JUAN.- Es que Carola me quiere.

ALEGRIAS.- No, eso no: di que te la llevas porque sí, por eso... porque tienes hacienda; pero por merced no. Y si no que lo diga ella. Anda: Carola, di que lo quieres.

CAROLA.- ¡Alegrías! (Suplicante)

ALEGRIAS.- Pero, nenica, si ya me conoces; si no me enfado... si quiero llorar y no puedo... Alegrías siempre.

PIPORRO.- Ea, basta, de duelos, tú te vas porque yo lo quiero, y tú... anda, ya no macordaba de que era hembra y la iba a aconsejar; tú haz lo que te dé la gana.

ALEGRIAS.- Güeno; pues me voy. ¡Adiós, Juan Francisco! (Le da la mano ) Carola... ¿Pues no llora la muy farsa? ¡Adiós! (Alegrías se marcha despacio; al llegar al alto de la rampa vuelve la cabeza y grita) ¡Adiós, tío Piporro! (Mutis)

CAROLA.- ¡Se marcha!

PIPORRO.- ¡Pa siempre!

CAROLA.- ¡Pa Siempre! (Duda un momento. Luego en un arrebato grita) ¡Alegrías! ¡Alegrías!

JUAN.- Pero, oye, Carola...

CAROLA.- Déjame. ¡Alegrías! Corra usté, tío Piporro, tráigalo aquí, no quiero que se vaya.

PIPORRO.-  Pero, ¿te se ha vuerto el juicio?

CAROLA.- Aprisa... por lo que más quiera osté. (El tío Piporro va en su busca) ¡Juan Francisco, perdóname; te di mi palabra, tú eres para mí el término de mis ahogos, todo; pero sin Alegrías no vivo!

JUAN.- ¿Me has engañado?

CAROLA.- No, me ha engañado a mí el corazón.

PIPORRO.-  (Empujando a Alegrías) No seas asno, que sí que es ella.

ALEGRIAS.- Pero...

PIPORRO.- ¡Arrea! (Le empuja hasta el centro y queda un poco distanciado de Carola)

CAROLA.- ¡Alegrías!

ALEGRIAS.- ¿Qué?

CAROLA.- (Duda un momento y echándose en sus brazos dice:) Que te quiero mucho. (Con arrebato. Pausa)

PIPORRO.-  Si ésta sale güeña, es la primera vez que me equivoco.

ALEGRIAS.- Pero, ¿es verdad que me quieres a mi solo?

JUAN.- Sí, a tí, solo... y ten entendido que si Juan Francisco lo hubiera sabido así, ni me hubiera puesto en tu verea, ni hubiese mortificao tu cariño.

PIPORRO.-  Hombre, vamos a bebemos una jarra.

ALEGRIAS.- ¡Ay, tío Piporro, soy feliz!

PIPORRO.-  Bueno, pero ten cuidao y acuérdate que no es lo mismo sembrar trigo en la tierra que sembrar cariño en una mujer.


ESCENA FINAL

Dichos, Heriberto, Troncho, los Músicos, Coro General.

(Suenan dos cohetes y repique de campanas, alegrías, Carola, Juan Francisco y el tío Piporro a un lado, figurando que van a ver la procesión' Por distintas cajas va saliendo gente del pueblo. Se abre la Ermita y sale el primero el Caja marcando el compás; detrás Heriberto y todos los músicos preparados. Cuando llegan cerca del centro del escenario, el Caja termina los golpes con un redoble fuerte. Heriberto levanta la batuta y atacando todos; pero el Clarinete desafina horriblemente y el Coro y todos empiezan a gritar: «¡Fuera! ¡Fuera!»)

HERIBERTO.- No, no es eso.

CORO.- ¡Fuera, fuera!

HERIBERTO.- Señores, por Dios, ¿qué tocan ustedes?

CAROLA.- Mi papel, mire usted.

HERIBERTO.- ¡Unas sevillanas! ¿Quien te ha dao esto?

CABEZUDO.-  Troncho, que sale de cabezudo por mí.

FLAUTISTA.- Ahí viene.

HERIBERTO.- ¡Lo mato! (Se dirige a él, que sale de la Ermita, lo coge por la cabeza y empieza a darle golpes, pero el otro se sale de ella y se marcha al lado de Alegrías; todos se ríen al ver que Heriberto se queda dando golpes en la cabeza, vuelve la cara buscando el cuerpo y queda asombrado de la plancha que ha hecho) ¡Calla! ¡Troncho! ¡Me ha estropeado el número!

TRONCHO.- Sí, señor, se lo juré... Este tié la culpa de lo de Carola y te las paga.

CAROLA.- No, Troncho, Carola es para Alegrías.

TRONCHO.- ¿Que es para Alegrías? Señor Heriberto, ¿me perdona usted y toco el paso doble como nunca?

HERIBERTO.- Coge el clarinete, y ¡guay de tí si no me llevo el premio! (Campanas, cohetes, mucha alegría)


TELON RAPIDO


ADVERTENCIAS

Todos los personajes hablarán murciano a excepción de Heriberto. El actor encargado de este papel procurará presentar un músico modernista. Suplicamos a los señores Directores se fijen bien en las acotaciones, y especialmente en la de la escena final, cuando la orquesta tiene que tocar figurando que lo hacen los músicos. 

Información obtenida en:
https://openlibrary.org/books/OL25380438M/La_alegr%C3%ADa_de_la_huerta

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