martes, 11 de febrero de 2014

Los Claveles (Libreto)



LOS CLAVELES



Sainete en un acto y tres cuadros, en prosa.

Libreto de Luis Fernández de Sevilla y Anselmo C. Carreño.

Música de José Serrano.

Estrenado en el Teatro Fontalba, de Madrid, la noche del 6 de abril de 1929.

DEDICATORIA
A ¡Madrid! que es, a un tiempo, campo de lucha y tierra hospitalaria. A ¡Madrid! que sabe tener para el extraño grato calor de patria chica.

Luis Fernández de Sevilla y Anselmo C. Carreño.

REPARTO (Estreno)

Rosa - Matilde Vázquez.

Jacinta - Carmen Máiquez.

Señá Remedios - Amparo Bori.

Paca - Juana Amorós.

Una Señorita - Concepción Stern.

Una Obrera - Angela Velasco.

Otra - Felipa Velasco.

Señor Evaristo - Eugenio Casals.

Señor Bienvenido - Carlos Oller.

Goro - Alejo Cano.

Fernando - Tino Folgar.

Braulio, ordenanza -  Francisco Furió.

Un Amigo - Ramón Silvestre.

Un Camarero - José Caballero.

Un Oficinista - Mario Barraycoa.

Un Obrero - Jesús Calleja.

Otro - Pascual Bloise.

Don Facundo (no habla) - Aurelio Toyana.

Obreras, obreros y oficinistas.

La acción en Madrid. Epoca actual. Indicaciones del lado del actor.


ACTO UNICO

CUADRO PRIMERO

Patio. Al fondo, fachada principal de una fábrica con puerta en el centro y amplias ventanas a los lados. Sobre aquélla, el siguiente letrero: «Los Claveles. Fábrica de perfumes». A la derecha, primer término, puerta de hierro con verja, que da a la calle. En segundo término, del mismo lado, portería. A la izquierda, oficinas de la fábrica con mampara, ventana y el correspondiente rótulo. En el rincón de la izquierda una fuente. Medio día. Las ventanas del fondo están abiertas de par en par.


ESCENA PRIMERA

Rosa, Jacinta, Paca, Obreras y Goro. Luego, Obreros y Oficinistas. Rosa, Jacinta, Paca y Obreras están pegando etiquetas en frascos de perfumes y empaquetando pastillas de jabón, sentadas ante unos cajones, a la izquierda. Goro, a su tiempo, por la oficina.

(Música)

JACINTA
Anímate, Irene,
que el negocio es bueno:
que el novio que tienes
es curda y sereno.
Si alumbra borracho,
puedes decir tú
que no hay otro novio
con más luz.

(Hablado sobre la música)

ROSA
¡Vaya una mañana larga!

PACA
Como que hemos agotao el repertorio de coplas.

JACINTA
Y vamos a tener que liarnos con Rigoleto.

(Sale Goro de la oficina con gran disimulo; apoya en la pared un pliego de papel de barba, lleno de números, y sacando un cortaplumas, raspa, haciendo luego mutis por la oficina)

PACA
(A Jacinta)
Tiés a Goro que hace números por ti.

JACINTA
Que los hace y que los raspa. Bueno, chicas, ya que no nos vamos nosotras, cantemos El que se va.

PACA
Bueno.

(Cantado)

ROSA, JACINTA y OBRERAS
Dice que se va con otra
el mocito que me quiere;
dice que se va,
dice que se va,
dice que se va, y vuelve.
No se va con otra moza
el mocito que me quiere,
que le tengo loquito
y él loquita me tiene.

(Hablado sobre la música)

PACA
(A Jacinta)
Echate p'acá la goma.

JACINTA
Con muchísimo gusto.

PACA
¡Mi madre, qué fina!

JACINTA
Como que estoy de etiqueta.

(Vuelve a salir Goro, y repite el juego anterior)

OBRERA
(A Jacinta)¿Pero de veras es ése tu novio?

JACINTA
¿No lo sabías?

OBRERA
No. ¡Vaya un raspa!

(Cantado)

TODOS
Dice que se va,
dice que se va,
dice que se va, y vuelve.
Dice que se va,
dice que se va,
dice que se va, y vuelve.

(Suena una campana. Las Obreras abandonan el trabajo. Comienzan a salir Obreros por el foro y Empleados por la oficina)

(Hablado)

OBRERA
¡A rancho!

OTRA
Menos mal. Creí que se había dormío el corneta.

OFICINISTA
(Por la oficina) Vamos, López.

OBRERO
(Por el fondo izquierda) ¡Mi madre, qué modo de embalar pastillas!

OTRO
¡Sí que nos han dao un jabón!

(Todos van haciendo mutis por la verja)


ESCENA II

Rosa, Jacinta y Paca.

ROSA
Anda, que si perdemos este tranvía volvemos con retraso.

PACA
Chica, se toma un taxi.

ROSA
Me marea el contador.

JACINTA
Si de paso encontráis a mi tío, que trae en el bolsillo mi pitanza, decirle que me estoy acordando de él con flato ardiente.

ROSA
Se le dirá.

JACINTA
Y que no se meta en apreturas, no me haya puesto mi madre pescadillas y me traiga lenguaos, que no me hacen.

(Rosa se aproxima a la oficina y mira brevemente al interior)

PACA
Está bien. ¿Te se ofrece algo más? (A Rosa)
¡Amos, tú; si se habrá marchao!

ROSA
Pues lo siento, porque pensaba haberme reído un porción de él.

PACA
¿Y no será que te se haya picao el amor propio?

ROSA
¿A mí? ¿Por qué?

JACINTA
Por lo de ayer. Es más orgulloso que tú.

ROSA
Es idiota, y na más. Si yo quisiera...

PACA
Me paece que a éste no le tomas el pelo. Tié el colmillo bastante retorció.

ROSA
A otros con más postín les he hecho yo perder la entra de los toros.

PACA
(Viendo salir de la oficina a Fernando) ¡Calla!


ESCENA III

Dichas y Fernando. Luego, Señá Remedios. Fernando sale pausadamente de la oficina. Enciende, antes de avanzar, un pitillo que lleva en la boca, y, sin reparar en las dos mujeres, que le miran insinuantes, se dirige a la portería.

PACA
¡Ején!

ROSA
(Con sorna) ¡Buenos días, señor cajero!

FERNANDO
(Secamente) ¡Buenos días! (Mira al interior de la portería)

ROSA
(Con despecho, a Jacinta) ¿Qué te paece?

JACINTA
Que éste no pierde por ti ni la salida de la cuadrilla.

REMEDIOS
(Por la portería) Buenas, don Fernando.

FERNANDO
Oiga; si dentro de un rato viene una señorita preguntando por mí, haga el favor de pasarme recado.

REMEDIOS
Como usté mande.

FERNANDO
Gracias. Adiós. (Se va por la verja)

ROSA
¿Qué l'habrá dicho?

PACA
¿Qué sé yo? A lo mejor está conquistando a la portera. (Ríen)

REMEDIOS
(Amoscada) ¿De qué os reís? ¡Atontas!

ROSA
Na; de que tié usté muy buenas relaciones.

REMEDIOS
Hija, las que tú no has podio tener. Si te ha salío mal el negocio, no te enojes.

ROSA
¿Yo?

REMEDIOS
Te pensaste que este cajero era tan atontao como el saliente, y... columpiamiento.

ROSA
(A Paca) ¿Qué te paece?

PACA
Que tié sus miajas de razón.

ROSA
(Con coraje, haciendo mutis seguida de Paca, por la verja) A ése le tengo yo d'hacer llorar.

REMEDIOS
¡Ahí va, qué castiganta! (Se dirige a la oficina a tiempo que sale de ella Braulio)


ESCENA IV

Señá Remedios y Braulio.

BRAULIO
(Por la oficina) Buenos.

REMEDIOS
Oye, Braulio. ¿No sale mi chico?

BRAULIO
Tié pa un rato.

REMEDIOS
Pero... ¿qué hace?

BRAULIO
Na. Está deshaciendo un estao de cuentas que le dieron urgentemente a principio del mes pasao y han tenío que esconderle el raspador pa que le deje barniz a la mesa.

REMEDIOS
Pero... ¿es que no se aplica?

BRAULIO
Pa encerador de pisos ya va tomando práztica, sí, señora.

REMEDIOS
Hombre, no está mal el pitorreo, pero digo yo que, dentro del humorismo, sería de reglamento que le echaras una mano.

BRAULIO
Eso será de reglamento, pero no es de ordenanza. Yo, los menesteres de mi cargo y na más.

REMEDIOS
Es que la tié toma con él don Facundo, ¡Miste que ponerle un real de multa ca vez que le pesca una errata!

BRAULIO
En confianza, seña Remedios; tó lo que le dan a fin de mes, se lo dan graciosamente.

REMEDIOS
¡Vamos, hombre, no digas que eso tié gracia! ¡Que entró ganando quince duros y s'ha quedao en doce cincuenta! ¡Si tuviéramos que vivir de lo que gana el chico!...

BRAULIO
Bueno, que se enfría el gavis. ¿Usté gusta?

REMEDIOS
Buen provechíto. (Braulio se va a la calle. Remedios asomándose a la puerta de la oficina) ¡Goro! ;Chico!


ESCENA V

Señá Remedios y Goro. Luego, Señor Bienvenido y Jacinta.

GORO
(Asomándose a la puerta con la vista clavada en un estado de cuentas que trae en la mano) Ciento ochenta mil trescientos seis y me llevo diez y ocho. No me llame usté, madre, no me llame usté.

REMEDIOS
¿Es que no vas a comer hoy?

GORO
No, señora. (Mirando a la suma) Y me llevo diez y ocho.

REMEDIOS
Que no has desayunao tampoco, so memo.

GORO
No importa.

REMEDIOS
Pero... ¿qué te pasa?

GORO
(Mostrándole el pliego) Miste qué estao.

REMEDIOS
(Tomándole el pulso) De debilidá. ¡Si llevas doce horas sin comer!

GORO
Es lo mismo, (Sumando) Y me llevo diez y ocho. Ahora salgo. Ciento ochenta mil. (Entra en la oficina)

REMEDIOS
Bueno, bueno; pues ya vendrá por ti el cochero de las melenas.

(Bienvenido entra por la primera derecha, se aproxima a una de las ventanas y silba)

Buenos días, señor Bienvenido.

BIENVENIDO
Pero que muy buenos, y usté perdone la distración. Procupao con la comida de la chica.  Tié uno la cabeza de Medusa. (Saca de un bolsillo un envoltorio que, por su pequeñez, no acusa una comida abundante)

REMEDIOS
¿Es esa la comida?

BIENVENIDO
Sí, señora.

REMEDIOS
Pues se ve que la trae usté postres a elegir.

BIENVENIDO
Es que mi sobrina, pa esto de la manducatoria, es un canario.

REMEDIOS
Claro, y con cinco de alpiste, aviá.

BIENVENIDO
¡Satírica!

JACINTA
(Apareciendo tras la ventana.') ¿Vino usté ya, tío? ¡Pues ya me se han pasao las ganas!

BIENVENIDO
(A seña Remedios) ¿Ve usté? ¿A que voy a tener yo que comérmelo?

REMEDIOS
Que acabar de comérselo, dirá usté. (Entra en la portería)

BIENVENIDO
¡Seña Remedios!

JACINTA
¿Qué me ha puesto mi madre?

BIENVENIDO
Primero, unos periódicos pa que no cale.

JACINTA
¿Viene algo de caldo?

BIENVENIDO
Dos almejas, pero creo que están cerrás.

JACINTA
(Tomando el paquete) Bueno, traiga usté. Esto del destajo me va cansando ya un poco.

(Hace mutis)


ESCENA VI

Señá Remedios y Señor Bienvenido. Señá Remedios sale con un cubo, en dirección a la fuente.

BIENVENIDO
¡Que la va cansando! Total, pa tres meses que hace que la coloqué aquí... (Encarándose en la dirección en que se fue Jacinta) ¿Qué quiés tú, sílfide, que trabaje tu tío? ¡Miá la bacante!

REMEDIOS
(Saliendo de la portería con un cubo en la mano.}
¡Amos, no le diga usté cosas feas a la muchacha!

BIENVENIDO
¿Feas? Pero... ¿usté sabe lo que es una bacante?

REMEDIOS
Un hueco pa otro.

BIENVENIDO
Seña Remedios; usté no conoce la Mitología.

REMEDIOS
Déjese usté de camelos, (pasa hacia la fuente)

BIENVENIDO
Bien: corramos un velo a la inorancia. ¿Quié usté decirle al señor Varisto que salga?

REMEDIOS
(Dejando el cubo al lado de la fuente) ¡Pero si toavía no ha venío!

BIENVENIDO
¿Pues a qué hora comen ustés hoy?

REMEDIOS
¡Qué sé yo! Entre el padre y el hijo me tién la sangre negra. Habrá ido con el amo al matadero después de cerrar la carnicería y tendrá pa rato. Pero... ¿usté qué trae con mi marido, que no lo deja ni a sol ni a sombra?

BIENVENIDO
Amista. Que nos conocernos desde que regresé del Otro Mundo y nos tenemos ley.

REMEDIOS
¡Me parece a mí que usté y mi marido!...

BIENVENIDO
Bueno; eso de «mi marido» lo repetirá usté tanto por si hay alguien que escuche, ¿no?

REMEDIOS
¿Cómo?

BIENVENIDO
Que un servidor sabe de buena tinta que están ustés casaos por detrás de la Moncloa.

REMEDIOS
¿Y a usté, qué?

BIENVENIDO
A mí, mucho, seña Remedios. Usté no inora en qué clase de terreno la aprecio a usté, y si hubiera por medio un lazo insoluble con el señor Varisto, yo tendría la espada de Damocles sobre la cabeza...

REMEDIOS
Me paece a mí que usté no sabe el terreno que pisa.

BIENVENIDO
No me desesperanzo. Con la constancia se va muy lejos.

REMEDIOS
Pues le veo a usté otra vez en América.

BIENVENIDO
(Apasionado) Es que si yo la dijera a usté...

REMEDIOS
(Viendo entrar por la primera derecha al Señor Evaristo) ¿Le da a usté lo mismo decírselo a éste?

BIENVENIDO
(Dominando la emoción) ¿Por qué no? ¿Son estas horas de venir a comer, señor Varisto? (A seña Remedios) ¿Ve usté? Ya se lo dije.

REMEDIOS
Otro día me dices que ponga arroz, como hoy. Ahí tiés una paella que está pa pegar carteles.

EVARISTO
(Que ha permanecido hasta este instante como abrumado por la desgracia, con repentina indignación)
¿Y tengo yo la culpa? ¡Dita siá el forro del colchón ande nació mi agüela! ¡Di...

REMEDIOS
Varisto, acuérdate del hígado.

EVARISTO
(Sosegándose de repente y con pesadumbre) ¡Es verdá! ¿Quié usté más desgracia, que no me puedo ni enfadar siquiera por causa de los cólicos apáticos?

BIENVENIDO
Hay que tomar la vida a risa.

EVARISTO
D'acuerdo (Acalorándose a medida que habla) Pero si tié usté un amo que es una muía y trescientas parroquianas que le consumen la sangre. ¡Dita siá la!...

REMEDIOS
¡Varisto!

EVARISTO
(Riendo forzosamente) ¡Qué parroquianas más graciosas! Ya me se había olvidao.

REMEDIOS
(Entrando en la portería) Bueno; pasa si crees oportuno que comamos hoy.

EVARISTO
Ahora mismo. (Después de cerciorarse de que no le observan, sacando de un bolsillo un envoltorio y entregándoselo con rapidez al señor Bienvenido)
Tome. Guárdeselo en seguida.

BIENVENIDO
(Obedeciendo) ¿Qué me toca hoy?

EVARISTO
Un hígado de lo mejor c'había en la tienda.

BIENVENIDO
¿Otra vez? ¿Cuándo va usté a cambiar el disco?

EVARISTO
Es lo que menos pué notar el amo.

BIENVENIDO
Es que nos está usté poniendo de hígado esta semana, que vamos a tener que ir a comer a Cestona. Un riñoncito no vendría mal de vez en cuando.

EVARISTO
No; si entoavía voy a tener que dárselo guisao.

BIENVENIDO
No haría usté na de más.

EVARISTO
Es que va durando mucho est'abono, y yo no tengo Cara de primo. (Exaltándose a medida que habla) Que son catorce meses, señor Bienvenido. ¡Catorce meses, día por día, jugándome el empleo y la decencia por usté! ¡Dita siá la cuchara de palo con que le dieron la papilla a la madre política de mi agüela! ¡Dita...!

BIENVENIDO
Calma, señor Varisto. Y no m'hable usté de decencia, que hay por medio una honra más destroza que Troya.

EVARISTO
No me s'ha olvidao la historia.

BIENVENIDO
Pues óigala usté condensa, por si acaso. Una niñera infeliz; un matarife postinero y burlador y un hermano de la víztima en los bosques africanos del Plata. Estos son los personajes de la tragedia.

EVARISTO
Le digo a usté que m'acuerdo.

BIENVENIDO
¿Consecuencia? Unos meses de amores, casi olímpicos; una niñera que ejerce el cargo por cuenta propia; un padre que da la espanta y yo en Tampico...

EVARISTO
Bien; pero luego...

BIENVENIDO
¡Y Júpiter sin mandar un manojo de rayos!

REMEDIOS
(Desde la puerta) Oye; si te gusta la horchata d'arroz, pues tardar un ratito más.

EVARISTO
¡C’ahora voy, hombre!

REMEDIOS
(Haciendo mutis) ¿Pa qué? Sácale al señor una mecedora.

BIENVENIDO
¿Me quié usté decir qué pasaría si le contara yo a esa inocente Nereida la clase de Landrú que tié por esposo?

EVARISTO
¡Señor Bienvenido!

BIENVENIDO
¡Si no fuá uno tan noble!...

EVARISTO
Pero... ¿puedo yo hacer más de lo que hago? ¿No he colocao aquí a la chica? ¿No les he señalao a ustedes una pensión vitalicia y alimenticia? ¿Pues qué más, señor? ¿Quié usté que robe carteras pa que no sude usté pensando en qué pué trabajar? ¡Dita siá la primera cofia de la primera niñera que paseó niños adulteraos! ¡Dita siá...!

BIENVENIDO
Señor Varisto, acuérdese del hígado.

EVARISTO
¡Si lo tié usté en el bolsillo!

BIENVENIDO
Digo el de su propiedá.

EVARISTO
¡Así reventara!...

BIENVENIDO
No lo tome usté a lo Borras, que la verdadera tragedia es la mía. Sí, señor; que ha manchao usté estas canas..., que me están pa salir, y me he debió lavar con sangre y he perdonao ¡No haga usté que me acuerde de que tengo que lavarme!

EVARISTO
Bueno. ¿Vamos a dejar las cosas como están?

BIENVENIDO
Vamos a dejarlas.

EVARISTO
(Iniciando mutis por la derecha) ¿Usté gusta?

BIENVENIDO
(Iniciando mutis por la calle) C'aproveche. ¡Ah!

EVARISTO
¿Qué pasa?

BIENVENIDO
Que mañana vengo por riñones.

EVARISTO
¿Cómo? ¡Ahí ¿Sí? (Aparte) ¡Y que no pongan a este hombre a régimen de pescao!


ESCENA VII

Jacinta y Goro.
JACINTA
(Por el taller, aproximándose con cautela hacia la puerta de la oficina y haciendo señas al interior)
¡Goro!... Vamos, hombre, que soy yo.

GORO
(Saliendo) ¿Tú, Jacinta...

JACINTA
Sí, hijo, sí; que paece que no te intereso.

GORO
¿Cómo que no? Si apenas te veo me pongo a tu lao en un dos por tres, seis, y no me llevo nada…

JACINTA
¡Ay, Goro; tú no estás en lo que hablas!

GORO
No te diré que no. Tengo la cabeza de números que es una caja registradora. Suponte que me tenío que sumar hoy diez y siete pliegos, a dos columnas.

JACINTA
Pero... ¿es que no hay en la oficina quien sume más que tú?

GORO
Más que yo, nadie.

JACINTA
Pa mí que el hijo e tu madre no ha nació pa ese oficio.

GORO
Eso no lo digas. Yo entré aquí de botones; hace cinco años, y hoy...

JACINTA
¿Qué?

GORO
He ascendió un rato. Ya soy aprendiz del ayudante del auxiliar del cajero, ¿Entiendes?

JACINTA
Sí, ya; una cosa así como monaguillo.

GORO
Chungueo, no, ¡eh! Seguiré ascendiendo y, en cuanto sea jefe, me caso contigo.

JACINTA
Oye: habrá tiempo de encargar los papeles, ¿verdá?

GORO
¡Jacinta, que yo soy un hombre serio!

JACINTA
Vaya; no te amosques, so tonto. ¡Si estoy muy orgullosa de que te apliques y t'hagas un hombre de letras!...

GORO
Y de números.

JACINTA
¡Con tal que luego no me olvides!...

GORO
¿Olvidarte yo a ti, que eres el cociente de mi vida?

JACINTA
(Aproximándose a él, con mimo) ¡Goro!

GORO
Yo te juro, por el balance del año, que te llevo aquí (En el pecho) más pega que la camiseta.

(Música)

JACINTA
Goro del alma,
ven junto a mí,
porque me tienes
abandona,
y disimula
tus intenciones,
porque me pones
muy colorá.

GORO
Cuando nos echen
la bendición,
sabrás lo grande
que es mi querer;
verás lo dulce
que sabe un beso...

JACINTA
Por Dios, Gorito,
no digas eso,
aunque ese beso
tendrá que ser.

GORO
Dime, dime que me quieres, di.

JACINTA
Dime, dímelo primero a mí.

GORO
Tú ya sabes que te quiero.

JACINTA
Y que yo a ti te requiero.

(A dúo)

GORO
Jacintita de mi vida.
Yo no sé, no sé
qué siento aquí,
cuando tan cerquita
estás de mí.
¡Cuándo estaremos solitos,
juntitos
pa siempre así!

JACINTA
¡Ay, Gorito de mi vida!
Yo no sé, no sé
qué siento aquí,
cuando tan cerquita
estás de mí,
¡Cuándo estaremos solitos,
juntitos
pa siempre así!

(Goro intenta besarla y Jacinta se aparta de él)

JACINTA
Sorpresas, no.

GORO
Perdón, mujer.

JACINTA
No te propases,
que no es prudente,
porque la gente
nos puede ver.

GORO
Ven, acércate un poquito a mí.

JACINTA
Es que no me fío ya de ti.

GORO
Solamente un poquitito.

JACINTA
Pero muy poquirritito.

(A dúo)

GORO
¡Jacintita de mi vida!
Deja, deja que te mire así;
dime, dime que me quieres, di,
con tu boca chiquitita,
bonita,
que es para mí.

JACINTA
¡Ay, Gorito de mi vida!
Deja, deja que te mire así;
dime, dime que me quieres,
que esta boca chiquitita,
bonita,
es para ti.

(La besa)
JACINTA
¡Ya m'has besao!

GORO
Me s'ha escapao.

JACINTA
Pues en castigo, ya no te quiero.

GORO
No digas eso, porque me muero.

(Hablado sobre la música)

JACINTA
(Mirando hacia la portería) ¡Tu padre!


ESCENA VIII

Dichos y Señor Evaristo.

(Hablado)

EVARISTO
(Por la portería) ¡Eh! ¡Aquí los dos! ¿Qué la estabas diciendo a ésta?

GORO
Pues...

EVARISTO
¿Qué la estabas diciendo?

GORO
Pues... que... que está mejor hecha que la tabla de multiplicar.

EVARISTO
¿Qué dices?
:
GORO
Digo que la tabla de multiplicar. ¡Si usted sabe algo que esté mejor hecho!

EVARISTO
¿Y por qué la piropeas?

GORO
Pues por... No me lo haga usté decir, queme da vergüenza.

JACINTA
Porque..., porque somos novios, señor Varisto.

EVARISTO
(A Goro) ¿Qué tú eres novio de ésta?

GORO
Sí, señor.

EVARISTO
¿Pero es posible? (Aparte en tono trágico) ¡Y luego dicen que Luis de Val es un esagerao! (Alto) Pues esto es mester que se acabe en un decir Jesús.

JACINTA
¡Acabar!

GORO
Eso sí que no, padre. La Jacinta y yo nos queremos.

EVARISTO
¿Y no te dice na la voz de la sangre, desgraciao?

GORO
¿Qué sangre?

EVARISTO
El altavoz de la conciencia.

GORO
No le entiendo a usté. ¿Es algo de la radio?

EVARISTO
Es... (Dominándose y aparte) ¿Qué vas a decir Varisto?

JACINTA
(Lloriqueando) Ya sé que soy poca cosa pa Goro, sí, señor; pero pa el cariño no hay distancias, señor Varisto. (Sigue llorando)

GORO
(Aproximándose a ella) No llores, que ca lágrima tuya es pa mí un calambre en el interior.

EVARISTO
(Apartándole de la novia) ¡Dita siá la primera cursilería que se le ocurrió al primer enamorao que pisó el planeta!

GORO
Padre, acuérdese usté del hígado.

EVARISTO
M'acuerdo del hígado y de un bastón que tengo, que no se rompe, y de la Casa Socorro el distrito, qu'es ande vas a ir tú si te vuelvo a ver arrimao a ésta.


ESCENA IX

Dichos y Señá Remedios.

REMEDIOS
(Saliendo de la portería) ¿Pero qué es eso, vamos a ver? ¿Por qué riñes a los chicos?

EVARISTO
¡Porque son novios!

REMEDIOS
¿Pues qué quiés que sean, aviadores?

GORO
Madre, ármele usté una como la del sábado pasao.

EVARISTO
¿Pero tú sabías que eran novios?

REMEDIOS
Natural. Y me paece muy bien, porque hacen mu buena pareja y harán buenos casaos.
GORO
(Con satisfacción) Na más que eso.

EVARISTO
Pero si eso no pue ser.

REMEDIOS
¿Han prohibido las bodas? (A Jacinta) Amos, sécate esos ojos, chica, y no le hagas caso a tu suegro.

JACINTA
Muchas gracias, seña Remedios.

EVARISTO
(Aparte) ¿Y quién pone las cartas boca arriba? Amos, lo que me pasa a mí, se ve en el cine, y hace llorar.

REMEDIOS
Anda; a tu obligación y deja el asunto de mi cuenta, que estas son cosas de mujeres.

EVARISTO
¡Ca! Esto lo dejo yo arreglao pero que hoy mismo. Chico: cuando acabes en la oficina, te pasas por el despacho. (Mutis derecha)

GORO
Está bien, (A seña Remedios) Pero no voy.

REMEDIOS
Yo iré contigo, no te apures. Anda ahora a tomar algo, que te se está quedando ancho él pellejo, (A Jacinta)Y tú, a tu faena.

JACINTA
Sí, señora.

GORO
Adiós, Jacinta.

JACINTA
(Hipando) Adiós. (Entran en la portería Seña Remedios y Goro)


ESCENA X

Jacinta y Fernando.

JACINTA
(Lloriqueando) Le hará que me deje, ya lo creo. La seña Remedios es mu buena, pero el señor Varisto es mu bruto, y siempre han podio más los animales que los santos; que no fue San Isidro el que hizo el milagro, sino los bueyes.

FERNANDO
(Por la derecha ) Buenas tardes.

JACINTA
(Secándose los ojos precipitadamente) Buenas.

FERNANDO
¿Qué te pasa, muchacha?

JACINTA
Na, don Fernando; no es na. Le aseguro a usté que yo..., que no... ha sío...

FERNANDO
Bueno, mujer, bueno; me basta tu palabra. Creí que estabas llorando.

JACINTA
Eso sí es verdá.

FERNANDO
(Riendo) ¿En qué quedamos?

JACINTA
(Volviendo a llorar) En que soy muy desgraciada.

FERNANDO
No será tanto, mujer; no llores así.

JACINTA
Usté es bueno, don Fernando; usté es lo mejor que hay en la oficina. Sí, señor; yo lo he dicho muchas veces: hasta cuando nos paga usté la semana, lo hace con tanto agrado, que siempre parece que nos da dinero de más. Y si da usted de menos, pues no se nota.

FERNANDO
Bueno. Pero, ¿qué tiene eso que ver con lo que te ocurre?

JACINTA
Es pa decir que se lo voy a contar a usté to. Goro y yo somos novios.

FERNANDO
¡Ah, vamos! Ahora me explico tu desgracia.

JACINTA
Y el padre de Goro le ha dicho aquí, hace un momento, que como le coja hablando conmigo, le rompe en las costillas un bastón que tiene, que no se rompe.

FERNANDO
No hagas caso del señor Evaristo; es muy bruto.

JACINTA
Pues eso es lo malo; que le va a dar muy fuerte, y Goro va a tener que dejarme o por volunta o por defunción.

FERNANDO
Tranquilízate. Yo hablaré con el señor Evaristo y le aconsejaré bien.

JACINTA
¿De veras que hará usté eso, don Fernando?

FERNANDO
Como lo digo, Jacinta. El señor Evaristo me aprecia y me respeta.

JACINTA
¡Ay, que Dios se lo pague! Si es usté un santo; si hasta que no se muera usté no va a haber en el cielo un cajero decente; si...

FERNANDO
Calma, calma. A tu trabajo, y deja eso por mi cuenta. (Se dispone a entrar en la oficina)

JACINTA
(Iniciando mutis por el fondo) ¡Sí, señor, sí. Ahora mismo. (Aparte) ¿Con qué le pagaría yo a. este hombre?... (Asaltada por una idea) ¡Sí!. ¡Eso! (Alto) ¡Don Fernando!

FERNANDO
(Deteniéndose) ¿Qué?

JACINTA
(Aproximándose a él nuevamente) Yo soy agradecía.

FERNANDO
No lo dudo, mujer.

JACINTA
No; si es que quiero avisarle a usté d'un peligro, en pago de lo c'hace por mí.

FERNANDO
¿Qué peligro es ese?

JACINTA
No se fíe usté de Rosa.

FERNANDO
¿De tu maestra?

JACINTA
Sí. Está furiosa con usté porque es el único hombre de la casa a quien no ha vuelto mochales con su coquetería. Como usté, en un principio, parece que se fijó en ella, y luego no ha vuelto a hacerle caso, y como ella sabe que es guapa y... ¿Usté me entiende?

FERNANDO
Voy entendiendo.

JACINTA
¡Esa maestra es de cuidao!

FERNANDO
¿Sí, eh?

JACINTA
Usté no sabe que hay más de cuatro que la pinchan y que ella ha jurao que le hará morder a usté el anzuelo.

FERNANDO
¿A mí?

JACINTA
Y que luego se reirá de usté, como ha hecho de otros. Y eso no, don Fernando; ¡yo sé lo que son estas cosas del cariño y...! Usté lleva aquí poco más d'un mes y no conoce a Rosa.

FERNANDO
No está mal el proyecto. Gracias, muchacha; gracias por el aviso.

JACINTA
(Dirigiéndose al taller) Favor por favor.

FERNANDO
Está bien. Creo que me has pagado con creces.

JACINTA
(Aparte, haciendo mutis) Si Se burla de él, ¡la saco los ojos!


ESCENA XI

Fernando y Braulio.

BRAULIO
(Por la derecha) Prontito ha despachado usté hoy, don Fernando.

FERNANDO
(Preocupado) Sí.

BRAULIO
(Iniciando mutis por la oficina) ¿No entra usté?

FERNANDO
No. Dígale al jefe que el permiso que le he pedido es para esta tarde.

BRAULIO
Está bien. (Hace mutis)

FERNANDO
(Sumido en sus reflexiones) ¡Burlarse de mí! Lo veremos.


ESCENA XII

Fernando, Rosa, Paca, Jacinta, Obreras, Obreros, Oficinistas, y a poco, Una Señorita.

(Música)

ROSA
(Por la derecha, con Paca)
Tenga muy buenas tardes,
señor cajero,
y conteste si quiere
corresponder;
pues pensando en las cuentas
y en el dinero,
no hace caso al saludo
de una mujer.

(Van entrando, por la derecha, Obreras, Obreros y Oficinistas, que observan desde la izquierda el diálogo de Rosa y don Fernando. Entre los Empleados se destaca la figura de un señor de bastante edad, con gafas y bastón, que se supone es el jefe de la oficina. Don Facundo)

FERNANDO
Yo he debido estar ciego,
Rosa hechicera,
cuando no me he quemado
con su mirar,
pues sus ojos ladrones
son dos hogueras.

ROSA
Mire usté que no vale
desagerar.
Pues no son cosa de maravilla
ni son carbones para quemar.

(Jacinta asoma tras la ventana, observa un instante, y luego sale a escena por la puerta del fondo)

FERNANDO
Pues yo le juro
que muy adentro
me han abrasado
con su mirar.

ROSA
Todo eso es labia
tan solamente,
que muy prontito
lo va a olvidar.

(Aparte)

JACINTA y OBRERAS
Ya ha tendido las redes
a don Fernando.

OBREROS y EMPLEADOS
Y como él se descuide
lo va a pescar.

(Hablado sobre la música)

SEÑORITA
(Por la derecha)
Buenas tardes. Fernando,
cuando tú quieras.

FERNANDO
Ahora mismo, preciosa.
Queden con Dios.

JACINTA
¡Chica, vaya un refresco!

PACA
¡Quién lo dijera!

ROSA
(Despechada y burlona)
Don Fernando es muy serio;
Como él no hay dos. (Ríe con fuerza)

(Cantado)

FERNANDO
(Separándose en la puerta de la Señorita que acompaña y encarándose con Rosa)
Cuando un hombre de bien
dice, como yo, su sentir, .
no es justo el desdén
ni es noble el reír;
que esa risa es quizá
un poco de amargura
que en su pecho está
empezando a herir.
Sólo en la apariencia
no debe fiar,
que hasta la experiencia
se suele engañar.

ROSA
No he pedido nunca su consejo,
puesto que no hay nada entre los dos.

FERNANDO
Con su orgullo la dejo,
perdone..., y adiós.

(Hace mutis derecha, dando el brazo a la Señorita, mientras Rosa da vivas muestras de contrariedad)

JACINTA y OBRERAS
Mírala como rabia,
la presumida.

OBREROS y EMPLEADOS
Esta vez de sus redes
el pez se va.

ROSA
(Con indignación)
Yo les prometo a todos
que me las paga;
se lo juro por éstas.

(A Paca) Vamos. (Se va precipitadamente por la. derecha, seguida de Paca)

Todos
¡Ja, ja, ja, ja!

(Suena la campana de la fábrica. Cuadro y telón )


CUADRO SEGUNDO

Plaza de la Cruz Verde, en los barrios bajos madrileños. Al fondo la artística fuente que decora este bonito rincón del Madrid viejo. De la fuente no debe caer agua. A la derecha, a la puerta de un bar, dos veladores con sus correspondientes banquetas y tres grandes plantas de las llamadas de laurel. Es por la tarde.


ESCENA PRIMERA

Braulio, Un Amigo y Un Camarero.

BRAULIO
(Por la derecha, con un Amigo) Mira, aquí podemos refrescar; yo Convido. (Se sientan a un velador) Hoy he salió de la oficina con reseco, y es que tú no te pues imaginar lo que da que hacer el Libro mayor y el Diario.

AMIGO
¿Pero tú llevas esos libros?

BRAULIO
Cuarenta veces de un lao para otro.

CAMARERO
¿Qué va a ser?

BRAULIO
Dos de horchata.

CAMARERO
La estamos haciendo.

BRAULIO Pues dos de ceba.

CAMARERO
Se nos h'acabao.

BRAULIO
¡Mi madre, qué a tiempo!

CAMARERO
Mañana la habrá riquísima.

BRAULIO
Pues denos usté número pa mañana.

AMIGO
Por mi parte, como la cuestión es refrescar, tráigame usté un bocadillo de anchoas.

CAMARERO
De eso no tenemos.

BRAULIO
Quita, hombre. ¡Vas a hablarle al señor de cosas extranjeras!

AMIGO
Pues usté dirá lo que hay.

BRAULIO
¿Tié usted calcetines?

CAMARERO
Señor, es que han llegao ustés en un momento en que se está esperando el género.

BRAULIO
No te digo que lo reciben de París. (Levantándose) Vámonos, tú, que aquí le engolosinan a uno y se le van las perras.

AMIGO
Traspase usté el establecimiento, que no le pesará.

BRAULIO
Y no espante a las moscas, pa que tenga usté algo. (Haciendo mutis por la izquierda, con el amigo) ¡Nos ha fastidiao el amigo Turnié!

(El Camarero marcha por la derecha)


ESCENA II

Rosa y Paca.

ROSA
(Por el fondo derecha, con Paca) Tampoco está aquí.

PACA
Sí que me extraña.

ROSA
Toa la semana esperándome a estas horas pa acompañarme, y hoy...

PACA
Habrá dao la espanta.

ROSA
Está muy colao, pa eso.

PACA
¿Pero se te declaró al fin?

ROSA
¿Pa qué? Hay cosas que no hacen falta decirlas. Somos dos buenos amigos, hasta que me canse del bromazo y le dé la absoluta.

PACA
¡Miá que el susto que te llevaste con la hermanita!

ROSA
A cualquiera le pasa otro tanto. La vi entrar, hablarle de tú y cogerle del brazo...

PACA
Y tú dijiste...

ROSA
Yo dije: pues me se han acabao los veinte del carrusel. (Mirando a lo lejos) Mira a ver si es aquel que asoma.

PACA
Ni soñarlo. Tiene don Fernando mejor tipo.

ROSA
¿Verdá que sí?

PACA
Salta a la vista. Pero vamos pa casa, que mi padre se pone al siete si tardo.

ROSA
Puede que no haya salido don Fernando de la oficina.

PACA
Antes que nosotras; lo vi pasar pa la calle.

ROSA
(Con coraje) Si me da plantón, soy capaz de...

PACA
¿Pero lo tomas a pecho?

ROSA
Es que no me quiero perder la sesión de risa de toas las tardes.

PACA
¡Miá que no darse cuenta del pitorreo, y convidarnos encima! Es más atontao que Charló. (Viendo que Rosa se sienta próxima a un velador) Pero, ¿c'haces?

ROSA
Descansar.

PACA
Pues ahí te dejo; no quiero encontrarme con el chico levantao.

ROSA
¿Qué chico?

PACA De los dos garrotes que usa mi padre, el más pequeño, que es el que no se parte.

ROSA
Anda con Dios.

PACA
Hasta mañana. (Haciendo mutis por la izquierda) Si lo tropiezo, le diré que estás aquí.


ESCENA III

Rosa y Camarero. A poco, Señá Remedios y Goro.

ROSA
(Con mal humor creciente) ¿Será Capaz de no venir? ¡Ay, ese no me conoce! Si se ha pensao que porque una es una obrera...

CAMARERO
(Limpiando la mesa con el paño) ¿Qué quiere usté, preciosa?

ROSA
¡Un rayo!

CAMARERO
S'han acabao. Tenemos Cazalla que no es tan fulminante.

ROSA
Déme usté uno de horchata.

CAMARERO
Tampoco hay.

ROSA
¡Ay, qué gracioso! Entonces, ¿qué tién ustés?

CAMARERO
¡Mucha paciencia pa aguantar a la parroquia! ¿Le hace a usté una bolita, princesa?

ROSA
Cualquier cosa, hombre; pero déjeme usté en paz.

CAMARERO
Volando. (Mutis derecha)

REMEDIOS
(Por la izquierda, con Goro, a quien trae cogido del brazo. Goro padece un ataque de ictericia. Viste su trajecito de los días de fiesta y luce una hermosa corbata roja, que contrasta con lo amarillo del rostro. Viene desmadejado y con la vista clavada en el suelo)
Amos, levanta la vista y mira el paisaje. Ya sabes que te ha recomendao el médico campo a to meter.

GORO
Sí. Y ver correr el agua.

REMEDIOS
Pero tú, como si no.

GORO
Ya me dejé anoche el grifo abierto.

REMEDIOS
No lo tomes a chufla, que como no pongas algo de tu parte, la tiricia acaba contigo. ¡Malditos amores!

GORO
Madre, no me los miente usté.

REMEDIOS
Pero ¿que t'ha dicho tu padre, pa que no t'acerques más a esa chica?

GORO
Cambie usté el disco, madre.

REMEDIOS
¿Es que no te doy yo permiso pa que esta misma tarde, sin ir más lejos, la busques y la pegues un par de besos donde tengas por costumbre?

GORO
Que se calle usté, que me se sube el pavo.

REMEDIOS
¡Que te crees tú eso! Tal como estás, no te se sube el pavo aunque le pongas ascensor.

CAMARERO
(A Rosa) Joven, ¿le daría a usted lo mismo otra cosa cualquiera?

ROSA
¿Por qué?

CAMARERO
Porque se nos han acabao las bolitas.

ROSA
¡Anda! |Pues sí que es esto el Madrí-París de los refrescos! Mañana vengo a comer aquí a la carta. (Hablan bajo, y se marcha el Camarero)

REMEDIOS
Oye, Goro, mira dónde está la Rosa. (Bajando la voz) Ahí tiés una mujer que te podía devolver los colores.

GORO
Que no me hable usté de eso..., o me voy.

REMEDIOS
(A Rosa) ¿Qué haces tú aquí, chica?

ROSA
Tomando el fresco. Siéntense ustés y pidan lo que quieran, que aquí hay de to.

REMEDIOS
(Sentándose, así como Goro) Yo te hacía ya en tu casa.

ROSA
Pues ya ve usté que no.

REMEDIOS
¿Es que no ha habío hoy escolta?

ROSA
Me he cansao de ese lujo.

REMEDIOS
¡Anda, pues yo creí que el que se había cansao era él!

ROSA
¡Ay, qué gracia! Sería el primer caso.

REMEDIOS
Lo digo porque como le vi salir de “Los Claveles” antes que tú, y meterse en un taxi con la... dama del otro día.

ROSA
Su hermana.

REMEDIOS
Que dice él; pero se le parece como una servidora a la Pastora Imperio.

ROSA
(Sin poder reprimir su coraje) Bueno... ¿Y qué? ¿Y qué?

REMEDIOS
(Remedándola) Bueno... ¡Pues na y na!

CAMARERO
(Con una caña de cerveza) Grosella, no había; pero le traigo a usté una caña.

ROSA
(Levantándose y apartándole bruscamente) Pues con esa caña se hace usté un bastón, so primo.

CAMARERO
¡Pero oiga!

ROSA
¡Que ya he refrescao!

CAMARERO
¡Camará con la socia! (Ofreciéndole la cerveza a la Seña Remedios y a Goro) ¿Les hace a ustés?

REMEDIOS
Se nos hace tarde. Ahueca, Goro, que aquí no Corre la fuente. (Mutis del Camarero por la derecha, bebiéndose la cerveza)

GORO
¡Con lo bien que estaría yo en la cama!

REMEDIOS
Anda, chico, vamos a seguir la turné. (A Rosa) Que te se pase el colorín.

GORO
Pero, ¿ande vamos?

REMEDIOS
Al Manzanares, a saludar a las truchas. (Marchan por la derecha)


ESCENA IV

Rosa. Luego Fernando y Una Señorita.

ROSA
¡Que no es su hermana! ¿Querrá saber esta bruja más que yo?... Pero, ¿por qué no viene?

(Música)

¿Qué te importa que no venga?,
me aconseja el pensamiento.
Y aunque yo quiero escuchar
lo que dice la razón,
no me deja el corazón
marchar.
Si no sé por qué le espero;
si es tan sólo por reírme,
¿cómo no me puedo ir
y por qué, en vez de reír,
pienso que voy a morirme?
¡Quién me había de decir
que en el fuego de un querer
mi ventura había de morir!
¡Ay, Virgen santa querida,
consuela tú mis dolores,
o acabará con mi vida
el mal de mis amores!
Que amor nacido entre burlas
pronto se sabe vengar.
Burlas y risas, que hacen llorar.
¡Maldito sea mi sino!,
¡maldita sea mi suerte!,
porque te vi en mi camino
y llegué a quererte.
¡Si pudiera yo tener
corazón y voluntad
para al fin poderle aborrecer!...

(Hablado sobre la música)

(Viendo venir a Fernando) ¡Al fin!

FERNANDO
(Mirando hacia atrás) ¡Vamos, no te entretengas! (Aparece por el mismo lado una Señorita, se coge del brazo de Fernando, y ambos cruzan la escena hasta hacer mutis por el fondo derecha, hablándose amartelados)

ROSA
¡Con ella!

(Cantado)

¡Maldito sea mi sino!,
¡maldita sea mi suerte!,
porque te vi en mi camino
y llegué a quererte.
¡Quién me había de decir
que en el fuego de un querer
mi ventura había de morir!

(Hace mutis, llorando, por la primera izquierda).


ESCENA V

Señá Remedios, Goro y Señor Bienvenido.

BIENVENIDO
(Con Señá Remedios y Goro, por la derecha) Pero, ¿ande caminaban ustés, con esa melancolía?

REMEDIOS
Iba a darle al chico una vuelta por la Pradera; pero he desistió, porque, al paso de éste, nos la vamos a encontrar cerrá. ¿Cómo le encuentra usté hoy?

BIENVENIDO
(Observándole) Hombre, paece que está menos alimonao. (A Goro) Alegra esa cara, chico. ¿T'has hecho del Somatén?

GORO
(Indicando a Seña Remedios) ¿Lo dice usté por la carabina?

BIENVENIDO
Y por la corbata.

GORO
(Lloriqueando) ¡Maldita siá! Encima, pitorreo.

REMEDIOS
Pero ¿qué correa es esa?

BIENVENIDO
Amos, ¿le paece a usté? Igual le pasa a mi sobrina. Le pregunto hoy que a cuántos estamos, y me se echa a llorar, que ni que estuviera celebrando una feméride lutosa.

REMEDIOS
(Indicando a la derecha) Mira, Goro, acércate allí, que están regando, y medicínate, que ya te daré una voz.

GORO
¿Por qué no m'hace usté manguero, y le saldría más barata la receta?

BIENVENIDO
Anda, galán, anda, antes que cierren la botica

GORO
(Alejándose por la derecha, de mala gana) ¡Mire usté que el papelito!... ¿Por. qué no lloverá?

REMEDIOS
Vamos a ver. ¿Usté pué decirme por qué se le ha puesto a mi marido en la sesera hacer infelices a los chicos?

BIENVENIDO
¡Vaya usté a adivinarlo! Manías del hígado.

REMEDIOS
Pero lo chocante es que Goro, que nunca le ha hecho caso a su padre, porque pa eso lo he educao yo a mi gusto, no se atreve ahora a desobedecerle ni contando con mi ayuda. Aquí pasa algo raro, señor Bienvenido.

BIENVENIDO
Puede.

REMEDIOS
Y usté está en el secreto del sumario.

BIENVENIDO
Puede que puede.

REMEDIOS
Pues se va usté a explicar, o vamos a perder las amistades pa toa la vida.

BIENVENIDO
¿Y qué voy yo ganando con explicarme?

REMEDIOS
¿Es que quié usté comisión?

BIENVENIDO
El amor es exigente desde que nació de Venus, seña Remedios. Yo no puedo ocuparme del bien de los chicos, estando, como estoy, sufriendo el suplicio de Tiéntalo.

REMEDIOS
¿Y qué es eso?

BIENVENIDO
Pues una cosa de la Mitología, que la ve usté pinta y la pone los pelos anquilosaos. Yo hago felices a esos dos tórtolos en cuanto que usté quiera, pero pa eso es menester que usté se apiade de mí.

REMEDIOS
¿Ya estamos?

BIENVENIDO
Estaremos. A mi sobrina y a Goro los pone un servidor en contazto, siempre que en el mismo día firmemos usté y yo otro ayuntamiento.

REMEDIOS
¡Señor Bienvenido, que no estamos en edad de meternos en política!

BIENVENIDO
En la propia. Somos dos árboles desarrollaos que puén enredar las ramas.

REMEDIOS
Pues tenga usté ojo, no se entere el alcalde que me rige y nos mande a don Cecilio.

BIENVENIDO
(Tratando de abrazarla) Seña Remedios...

REMEDIOS (Apartándolo) Cuidao, que ponen multa.

GOTO
(Por donde se fue, con precipitación y nerviosidad) ¡Vámonos, madre, vámonos en seguida!

REMEDIOS
¿Qué pasa?

GORO
Que viene la Jacinta p'acá; que no quieo verla; que me voy solo.

BIENVENIDO
Pues es verdá que está ahí mi chica.

REMEDIOS
(A Goro) Para, hombre, para; que no te va a comer.


ESCENA VI

Dichos y Jacinta; luego, Señor Evaristo.

JACINTA
(Por la derecha, tan descolorida y desmadejada como Goro, con voz dé agonizante) Buenas tardes.

REMEDIOS
Requies canti pacen. (Goro simula mirar hacia la izquierda, y da la espalda a Jacinta)

BIENVENIDO
Dido y Anea.

REMEDIOS
¡Vaya un par de mortuorias!

BIENVENIDO
¿De ande vienes tú?

JACINTA
Del Buen Suceso, de rezarle a las animas, y voy pa casa. (Muy compungida) Buenas tardes, Goro.

GORO
(Sin mirarla e iniciando mutis por la izquierda) Buenas tardes; que usté lo pase bien.

REMEDIOS
¡Eh! Para el carro, atontao.

JACINTA
(A señá Remedios) ¿Está usté viendo? Ni mirarme quiere; como si hubiea una hecho un crimen.

REMEDIOS
(Cogiendo a Goro de una oreja y trayéndolo al lado de Jacinta) Venga usté acá. A explicarse ahora mismo.

GORO
(Resistiéndose) ¡Madre, que me crece la tiricia!

REMEDIOS
No se acaban unas relaciones sin más ni más.

GORO
¡Déjeme usté!

BIENVENIDO
Déjele usté, que se le va a poner dorao.

REMEDIOS
Perdería yo el nombre que tengo. ¡A decir ahora mismo por qué te has rajao con la chica!

GORO
Pues por...

(Asoma por el fondo derecha el Señor Evaristo, y procurando dejarse ver sólo de Goro, le impone silencio con amenazador ademán)

REMEDIOS
¡Venga!

JACINTA
Que lo diga.

REMEDIOS
¿Por qué t'has rajao?

GORO
(Sin quitar la vista de su padre) No me haga usté hablar, que me van a rajar de veras.

REMEDIOS
(Creciendo en indignación y sacudiendo por un brazo a Jacinta) ¿Pero es que tú no te lo pues imaginar, so mema?

JACINTA
(Llorando) No, señora.

REMEDIOS
(Zamarreando a Goro) ¡Pues me lo vas a decir, ladrón!

GORO
(Rompiendo a llorar) No..., Señora.

REMEDIOS
(Con mayor nerviosidad cada vez, cogiendo a señor Bienvenido por las solapas) Pero, ¿Cómo puede estar usté tan callao conociendo el secreto? ¡Hable usté, o le saco los ojos!

BIENVENIDO
(Llorando cómicamente) No…, Señora.

EVARISTO
(Adelantándose) Pero, ¿qué es ésto?

BIENVENIDO
Na; que nos hemos metió en juerga.

REMEDIOS
¡Hombre, vienes que ni de encargo!

EVARISTO
(A Goro) ¿Qué haces tú aquí estando ésa? (Por Jacinta)

REMEDIOS
El ridículo. Pero yo me he propuesto que cada cosa quede en su sitio, y tú me vas a ayudar.

EVARISTO
¿Cómo?

REMEDIOS
Explicándote.

EVARISTO
Remedios, no insistas. ¿Te he negao yo algo en los veinte años que llevamos de razón social? Pues cuando ahora no hablo, tendré mis motivos. (A señor Bienvenido) ¿No le paece a usté?

BIENVENIDO
¡Claro!

REMEDIOS
Y en esos veinte años de... comandita ¿se ha dejao de hacer alguna vez lo que yo he querido?

EVARISTO
Nunca.

REMEDIOS
¿Pues cómo te imaginas que yo me trague esta píldora sin saber quién me la receta, y deje al chico convertío en un vendedor de collares? O te explicas ahora mismo, o una servidora rompe contigo las bendiciones que nos echaron en Puerta Hierro.

EVARISTO
¡Remedios!

REMEDIOS
¡Que no está todavía en quiebra el establecimiento y no le ha de faltar a una un comerciante que quiera juntar las existencias!

BIENVENIDO
¡Y olé!

EVARISTO
Pero, ¿hablas en serio?

REMEDIOS
Como que esta noche misma uno de los dos no entra en casa.

EVARISTO
¿Que te vas a quedar en la calle?

REMEDIOS
No, si el que no entra eres tú.

GORO
No, madre; separarse, no.

JACINTA
Por mí no hagan ustés un disparate.

EVARISTO
¡Dita siá la primera aglomeración morganática que s'hizo con organillo! ¡Dita siá la primer mazurca que se bailó el primer atontao con...! (Transición) ¡Ni Dios le dice a uno que se acuerde del hígado!

REMEDIOS
Lo dicho.

EVARISTO
¿Que te separas?

REMEDIOS
Y me iré con otro.

EVARISTO
(A señor Bienvenido) ¿Está usté viendo? (Al mismo, en voz baja) Echeme usté un capote.

BIENVENIDO
Cuádrese usté.

EVARISTO
Si no pueo; si me tiene dominao. (Alto) Me voy, por no dar un escándalo en la vía pública.

REMEDIOS
Vete buscando posa pa esta noche.

GORO
¡Madre!

EVARISTO
(Cogiendo de un brazo a Bienvenido) Aconséjeme usté. ¿Qué hace un hombre en este caso?

BIENVENIDO
Yo que usté...

EVARISTO
¿Qué?

BIENVENIDO
Alquilaba una alcoba.
(Hacen mutis, derecha, cogidos del brazo)


ESCENA VII

Señá Remedios, Jacinta y Goro.

GORO
Yo se lo diré a usté todo; pero no haga usté eso.

REMEDIOS
¡A ver, habla!

JACINTA
(Aproximándose a los dos) Pronto, di lo que sea.

GORO
Pues yo no puedo casarme con ésta, porque ésta es hija de mi padre.

JACINTA
¿Yo?

REMEDIOS
Pero, chico, ¿qué dices?

GORO
Mi padre me lo ha contao. La madre de ésta y él se conocieron, y...

REMEDIOS
¡Acabáramos!

JACINTA
No es verdá; mi madre no pué hacer eso.

GORO
Mujer, si la ayudaron...

REMEDIOS
¿De modo que...? (A Goro) Pues abraza a tu novia.

JACINTA
¿A mí?

GORO
Pero, ¿cómo?...

REMEDIOS
Con mucha fuerza.

GORO
¿Está usté loca?

REMEDIOS
Los que estáis en el limbo sois vosotros. ¡Abrázala, hombre!

GORO
Es que...

REMEDIOS
Que ésta será hija de tu padre, pero de hermana tuya no tié ni un pelo.

JACINTA
Pero, ¿eso es posible?

REMEDIOS
¡Si lo sabré yo! Tu padre está en Barcelona.

(Empuja el uno hacia el otro y ambos se abrazan. Telón)


CUADRO TERCERO

San Antonio de la Florida. Al fondo, fachada principal de la iglesia. Es de día.


ESCENA PRIMERA

Señá Remedios, Jacinta, Señor Bienvenido y Goro. Salen, por la izquierda, Jacinta y  Goro, amarteladísimos. Este ha vencido la ictericia y tiene unos colores que da gusto. Detrás de la pareja vienen señá Remedios y señor Bienvenido; la primera lleva una gran
cesta con la merienda)

REMEDIOS
Que no corráis mucho; que con el entusiasmo vais en cuarta. (Soltando la cesta en el suelo) ¡Jesús! Tomaremos un respiro.

(Jacinta y Goro se detienen, sin despegar la hebra)

BIENVENIDO
Pero ¿va usté cansá?

REMEDIOS
No; gracias a la ayuda de usté.

BIENVENIDO
¡Haberlo dicho! Procupao con la otra cesta... (Indicando a los novios), pues creí que las dos las llevábamos a medias.

REMEDIOS
Bueno. Oído al parche, tortolillos: una servidora no llega hasta Puerta Hierro aunque la pongan eslipín.

GORO
¡Cómo! ¿No vamos a merendar allí?

REMEDIOS
Nos sentaremos ahí, a la derecha, que también hay verde.

GORO
Pero aquel campo es más bonito.

REMEDIOS
|Miá tú qué te importará el campo! ¡Si que vienes en plan de copiar el paisaje!

BIENVENIDO
Como que yo los he visto amartelaos, pero como vosotros, ni en la Mitología.

JACINTA
Vamos donde usté quiera, mamá.

REMEDIOS
No te esfuerces por amarrarlo, chica, que lo tiés bien sujeto. A ti no te pasa lo que a la Rosa con don Fernando, que se creía que lo tenía dormío y le ha resultao un sereno.

BIENVENIDO
Me da el corazón que hoy vamos a acabar de arreglarnos usté y yo.

REMEDIOS
Puede.

BIENVENIDO
Sin titubeos, señá Remedios. Usté debe estar convencía de que del señor Varisto a un
servidor hay una caminata.

REMEDIOS
Pué que no esté tan lejos.

BIENVENIDO
Hablo en símili. El señor Varisto está ya demostrao que es un candido, ¿No es así?

REMEDIOS
Hombre... Si es verdá lo que usté m'ha contao, es pa vestirle de blanco y retratarlo con corona d'azahar y una palmita.

BIENVENIDO
Pues ¿por qué ha de estar usté aguantando a semejante colegiala? A usté le conviene un gachó de mundo, capaz de engañar a un chófer.

REMEDIOS
¿Y usté?

BIENVENIDO
Yo monto en taxi, y no corre el contador.

REMEDIOS
¡Mi madre, qué negocio! ¿Y por qué no pone usté una para de viajeros?

BIENVENIDO
De vi... (Con entusiasmo) ¡Olé las mujeres anchoas! Es usté la acaparadora de la sal.

REMEDIOS
Bueno, bueno. Vamos a buscar por ahí la sombra d'un árbol. (Se dispone a coger la cesta)

BIENVENIDO
(Deteniéndole el brazo) ¿Qué va usted a coger?

REMEDIOS
Quite; si ya he descansao.

BIENVENIDO
|No faltaba más, hombre! Me se caería a mí la cara e vergüenza, (A Goro) Chico, agarra
esto. (Goro obedece) Cuando te canses, me lo dices; que... ya te echará una mano la chica. (A señá Remedios) Voy a consentir yo que usté... ¡Yo soy un caballero!

REMEDIOS
(Aparte, haciendo mutis con todos por la segunda derecha) ¡Tié menos vergüenza de lo que yo m'había figurao!


ESCENA II

Femando

FERNANDO
(Por la izquierda; luego de mirar en varias direcciones, saca del bolsillo una carta y pasa por ella la vista) Me dice que la espere. (Ríe) El asunto va mejor de lo que yo creía.

(Música)

¡Mujeres!
Mariposillas locas
que jugáis con los quereres
y vais de flor en flor.
¡Mujeres!
Tiranas de la vida;
muñecas del amor,
de ese bendito amor que es vida.

(Hablado sobre la música)

Que es vida, mujer, y ya lo vas aprendiendo. Dice que me cita por última vez; que no volverá a llamarme. Como todas. Creen que amenazan, y suplican.

(Cantado)

¡Mujeres!
De celos vais muriendo
cuando estáis desdén mintiendo,
y no sabéis mentir.

(Hablado sobre la música)

Se os nota la mentira, pero vosotras no os dais cuenta.
Sufrís y hacéis sufrir por vanidad,
por capricho; caprichos de niñas mimadas
que tienen la cabeza a pájaros.

(Cantado)

Chiquillas locas,
¿quién os entiende,
ni quién comprende
vuestra alma de mujer?
Si el hombre os rinde
su sentimiento,
¿por qué el tormento
de padecer?
Reinas con tronos de amores,
¿por qué van tras los dolores
vuestras almas de mujer?
La vida os da el contento;
¿a qué el tormento
de padecer?
¡Mujeres!
Mariposillas locas
que jugáis con los quereres
y vais de flor en flor.
¡Mujeres!
Tiranas de la vida;
muñecas del amor,
de ese bendito amor que es vida.

(Hablado sobre la música)

No hay en vosotras más que egoísmo y maldad.
Pobre del que fía de vuestro cariño
Hacéis burla de todo. Sois engañosas, volubles, falsas.

(Cantado)

¡Mujeres!...
¡Y qué bonitas son!


ESCENA III

Fernando y Señor Evaristo.

EVARISTO
(Por la izquierda, muy nervioso, a Fernando) ¡Menos mal que lo encuentro a usted!

FERNANDO
¿Qué le pasa, señor Evaristo?

EVARISTO
¡Que necesito que me siga usted aconsejando, porque me pierdo! (indicando hacia la derecha) Mire usté p'allá, y dígame si no pué ser esto el principio de un drama.

FERNANDO
(Mirando hacia la derecha) ¿Eh? ¡La señora Remedios y...!

EVARISTO
Y familia. Están buscando un árbol bien frondoso, y m'alegraré que lo encuentren, porque de ca rama voy a colgar a uno. A merendar, ¿eh? A merendar con ese sinvergüenza, y en casa ni una miga pan pa un servidor... ¡Si no mirara!... ¡Dita siá!

FERNANDO
No se acalore.

EVARISTO
¡Amos, c'haberme dejao esta noche en mita la calle!...

FERNANDO
¡Ah! ¿Con que también...?

EVARISTO
¡Pero de qué modo! ¡A mí, que compré la cama; porque ella no ha llevao más ajuar que un baúl vacío ande se suicidaban los ratones, pa que usté se entere! ¡Negarme a mí la entra en mi casa!

FERNANDO
A eso ya no hay derecho. Ha debido usted tener energías.

EVARISTO
Usté no la conoce. La dije que si no descorría el cerrojo le iba a prender fuego a la casa,
y me echó las cerillas por debajo la puerta. ¡Dita siá!... ¡Déjeme usté, don Fernando! ¡Déjeme usté, que esta noche llena un servidor la primera hoja de los periódicos!

FERNANDO
¿Quiere usted hacerme caso? Déjelos usted que merienden.

EVARISTO  
Y luego les pago el café, ¿no?

FERNANDO
Luego, con mucha calma, se presenta usted a ellos, y a ver qué pasa.

EVARISTO
Pero, ¿podré aguantarme tanto tiempo?

FERNANDO
¿Por qué no?

EVARISTO
Es que usté no sabe cómo tengo de inflamao el hígado. Mire este bolsillo del chaleco: paece que llevo aquí el sueldo del mes, en calderilla. En fin, aguardaremos. Véngase usté ahí al lao a tomar una copa, que no los quiero perder de vista.

FERNANDO
Se lo agradezco. Yo tengo que hacer ahora.

EVARISTO
Ta bien. (Asomándose a la derecha antes de hacer mutis) Toavía no han encontrao ande sentarse. ¡Mire usté no les tocara encima un avispero! (Mutis primera derecha)

FERNANDO
(Mirando hacia la izquierda) ¡Ella! (Entrando en la iglesia) ¡Que piense que aún no he venido!


ESCENA IV

Rosa y Paca; luego, Fernando.

ROSA
(Con Paca, por la izquierda) ¿Ves Como no?

PACA
Pues, hija, yo juraría que desde lejos...

ROSA
Si no acude a la cita, soy capaz de ir a su casa. De mí no se ríe ningún hombre.

PACA
Pero, ¿no habíamos quedao en que la que se iba a reír eras tú?

ROSA
Toavía no se ha dicho la última palabra.

PACA  
Vamos, déjate de disimulos y confiesa la verdá. Tú estás enamora de don Fernando.

ROSA
¿Yo?... ¿Yo, que no le puedo ver? ¡Le odio! De buena gana le cogía y le... (Rompiendo a llorar) ¡Dita siá, la hora en que le conocí!

PACA
Si eso no se parece a lo que yo digo, que me decomisen.

ROSA
¿Quiés callar?

PACA
¡Pues, hija, no valía la pena el estar haciendo un mes seguidito de burladora de puerta cerra, pa luego acabar en las afligías!

ROSA
¿Tú también quiés mortificarme?

PACA
No te sofoques. Ya perdí la onda.

FERNANDO
(Por la iglesia) Buenas tardes, Rosita y compañía.

PACA
Buenas tardes. (Bajo a Rosa) Míalo qué tranquilo. (Alto, encaminándose a la iglesia) Ahí te quedas. Me voy a ver los otros frescos.

(Mutis)


ESCENA V

Rosa y Fernando.

(Música)

FERNANDO
(Aproximándose a Rosa, que se ha sentado volviéndole la espalda con enojo)
¿Por qué vuelve la cara
la más hermosa de las mujeres?
¿Es que no quiere mirarme,
o es que quizá escucharme no quiere?
Míreme la mocita,
que aquí hay un hombre que necesita
mirar su cara bonita.

ROSA
No se canse en decirme
las mismas flores de tos los días;
esas no puén alegrarme;
son otras las que han de darme
alegría.
Quien se lleve la prenda
de mi cariño, será sincero.
Que me comprenda
y diga con el corazón: ¡Te quiero!

FERNANDO
Rosita...

ROSA
¿Qué quiere?

FERNANDO
Decirla que no se desespere;
sus gratas ilusiones
bien pueden realizarse.

ROSA
Guárdese sus intenciones
y más no quiera burlarse.

FERNANDO
Yo soy un buen amigo
y siento lo que digo.

ROSA
Quizá. (Aparte)

(A dúo)

ROSA
¡Ay! No sabe que estoy ciega,
que mis palabras me están vendiendo,
y aunque no quiera,
mi cara de dolor lo está diciendo.

FERNANDO
¡Ay! No sabe que está ciega,
que sus palabras la están vendiendo,
y aunque lo niega,
su cara de dolor lo está diciendo.

(Los dos aproximándose el uno al otro con pasión)

Di que en mí te miras
y que es mío el aire que respiras.
Dilo sin temores,
y que al fin te salven mis amores.
Dilo, vida mía,
y en tus ojos brille la alegría.

(Hablado sobre la música)

FERNANDO
(Apartándose bruscamente de ella) Rosa...

ROSA
(Sorprendida) ¡Fernando!

FERNANDO
Olvidemos este momento Yo..., yo soy casado.

ROSA
(Cubriéndose el rostro con las manos) |Qué vergüenza! (Entra sollozando en la ermita mientras Fernando se aleja por la izquierda)


ESCENA VI

Señor Evaristo. A poco, Señá Remedios, Jacinta, Señor Bienvenido y Goro.

EVARISTO
(Por la derecha) ¡Eh! ¡Don Fernando! Na; que se marcha. ¡Con la falta que me hace tenerle al lao pa que me sujete! (Mirando en la misma dirección) ¡Y ya vuelven ésos! ¡Coraje, Evaristo, coraje! Que no paezca que eres tú el que ha delinquió. Tú eres el juez, y ella, la rea. ¿La rea? No me suena bien esto.

REMEDIOS
(Con Jacinta, Goro y Bienvenido, por donde se fueron)
¡Ja, ja, ja! ¡Qué tío más salao! Pero, ¿cómo no estará usté en presidio? ¡M'hace usté una gracia!

GORO
(Bajo, a la señá Remedios) Madre, que está ahí... el que pué ser mi padre.

REMEDIOS
Desde las cuatro de la tarde; ya lo sé.

GORO
(Bajo, a Jacinta) ¡Ay, Jacinta, que me estoy oliendo una tragedia!

JACINTA
(Bajo, a Goro) ¡Ca, hombre! Tú no sabes cómo corre mi tío.

EVARISTO
(Aproximándose al grupo, con más miedo que cólera) Y si yo empezara ahora a tiros con los cuatro, ¿qué diría la gente?

REMEDIOS
Que había fuegos artificiales.

EVARISTO
¡REMEDIOS! Que me está pasando una nube por los ojos y os estoy viendo retrataos de cubito supino.

REMEDIOS
Mira, déjate de fotografías, y no amenaces, que lo que va a haber aquí van a ser bofe tas. Ya me conoces.

BIENVENIDO
¡Olé las matronas casi romanas!

EVARISTO
(Aparte) ¡Por qué la conoceré, hombre!

BIENVENIDO
(Bajo, a seña Remedios) Rompe usté Con él y déjeme la vacante.

EVARISTO
(Aparte) Bajaremos el tono. (Alto) ¿Pero, es que has perdió el juicio, Remedios?

REMEDIOS
¿Yo? Explica el porqué de la pregunta.

EVARISTO
En primer lugar, por el crimen moral que estás cometiendo al dejar que los chicos se atortolen. Tú no sabes que...

REMEDIOS
Yo lo sé to. A otra cosa.

EVARISTO
En segundo lugar, por el «flis» que has entablao con esa calamidá que te acompaña.

BIENVENIDO
¿Yo?

REMEDIOS
¡Eh, poco a poco! Este señor no es una calamidá, pa que te enteres.

BIENVENIDO
Gracias, chacha.

REMEDIOS
Este señor es un sinvergüeza.

BIENVENIDO
¿Cómo?

REMEDIOS
De cuerpo entero. A quien yo le he tirao de la lengua pa convencerme de la cantidá de primo que tengo por hombre.

EVARISTO
Explícate...

BIENVENIDO
¡Seña Remedios!

REMEDIOS
Me voy a explicar, (A Jacinta y Goro) Chicos, acercarse adonde hemos estao merendando, y a ver si encontráis las llaves... que me he dejao encima de la cómoda,.en casa.

JACINTA
(A Goro) ¿Has entendió?

GORO
(A Jacinta) Sí, que aquí sobran dos. (Mutis derecha, con Jacinta)


ESCENA VII

Señá Remedios, Señor Evaristo y Señor Bienvenido.

REMEDIOS
(Con indignación a señor Evaristo) Esa chica no es hija tuya, so mamarracho.

BIENVENIDO
¿Pero va usté a decir?...

REMEDIOS
La niña que tuviste con la «virtuosa» hermana de este «caballero», murió de la meningitis un día que vio un retrato de su tío.

BIENVENIDO
No la haga usté caso.

EVARISTO
Sigue.

REMEDIOS
La Jacinta, pa que te enteres, es fruto de otros amores de la susodicha dama con un guardia de la porra.

BIENVENIDO
Eso no.

REMEDIOS
Usté me lo ha dicho, pa poner en ridículo a éste. ¡A éste, a quien ha estao usté sacando las entretelas, haciendo de drama de Calderón! Aquí tiés explica la película. ¿La ves clara?

EVARISTO
Desde preferencia.

BIENVENIDO
Ya comprenderá usté, señor Varisto, que la señá Remedios ha bebido unas miajas de más y...

EVARISTO
¿Le gustan las chuletas de riñoná?

REMEDIOS
(Apartándole) Quita, hombre; eso es muy fino. A este señor hay que botarlo como a las pelotas: con cesta. (Le da varios golpes con la cesta de la merienda, y señor Bienvenido toma las de Villadiego a toda velocidad, por la derecha)


ESCENA VIII

Dichos. A poco Rosa y Paca.

EVARISTO
(Abrazándola) Gracias, Remedios. No sabes qué peso me has quitao de los hombros.

REMEDIOS
¡Pues anda, que a tu amo!...

EVARISTO
Pero has debió dejarme que le diera un puñetazo en la tripa.

REMEDIOS
No te apures, que ya le dolerá; le he echao jalapa en el peleón de la merienda.

(Música)

(Recitado solare ella)

PACA
(Con Rosa, por la iglesia) ¡Vamos, sécate esos ojos, que no te lo conozcan! Mira quién está ahí.
(Rosa guarda precipitadamente el pañuelo con que se enjugaba el llanto, y procura disimular)

REMEDIOS
¡Hola, chicas! ¿Estáis de devoción o de turismo?

PACA
Hemos venío a rezarle al santo, y ésta se ha puesto un poco mala.

ROSA
No es ná.

REMEDIOS
¿Quiés que te acompañe?


ESCENA IX

Dichos y Fernando.

FERNANDO
(Por la izquierda) Si me lo permiten, la acompañaré yo.

ROSA
¡Fernando!

REMEDIOS
¡Jesús, qué oportuno! ¿Ha caído usté d'un globo?

FERNANDO
(Aproximándose a Rosa) Vamos.

ROSA
¿Pa qué vuelve? ¿Es que quiere martirizarme?

FERNANDO
Quiero desmentir lo que antes le dije. Yo, Rosa, no soy casado. Usted ha querido burlarse de mí, y yo le he devuelto la burla.

PACA
(Aparte) ¡Vaya un gachó!

FERNANDO
Pero ahora temo haber pecado de cruel, y vengo a decirle: ¿Quiere usted que seamos amigos de veras?

ROSA
(Tendiéndole la mano) ¡Sí!

(Hacen mutis por la izquierda, mirándose con cariño)

PACA
Estos amigos no tardan na en pedir un cura... (Mutis tras ellos)


ESCENA ULTIMA

GORO
(Por la derecha, con Jacinta) Madre, no hemos encontrado las llaves, pero nos hemos distraído la mar.

JACINTA
¿No se le ha perdió a usté otra cosa, señá Remedios?

EVARISTO
¡Goro, dale un abrazo a tu padre!

GORO
(Bajo, a la seña Remedios) ¿Qué hago, madre?

REMEDIOS
(Bajo, a Goro) Dáselo. ¡No vas a ir a Barcelona!

(Se abrazan. Telón)


FIN DEL SAINETE


Información obtenida en:
https://archive.org/details/losclavelessaine18110serr

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