miércoles, 30 de abril de 2014

Pan y Toros (Libreto)



PAN Y TOROS



Zarzuela en tres actos y en verso.

Libreto de José Picón.

Música de Francisco Asenjo Barbieri.

Representada por primera vez en el Teatro de La Zarzuela de Madrid el 22 de Diciembre de 1864.



REPARTO (Estreno)

Doña Pepita – Teresa Istúriz.

Princesa de Luján – Manuela Checa.

La Tirana – Dolores Fernández.

La Duquesa – María Bardán.

La Ciega – Carolina Luján.

El Capitán Peñaranda – Modesto Landa.

Goya – Ramón Cubero.

El Abate Ciruela – Vicente Caltañazor.

El Corregidor Quiñones – Francisco Arderius.

Jovellanos – Francisco Calvet.

Pepe-Hillo – Francisco Salas.

Pedro Romero – José Rochel.

Costillares – Fernando Prieto.

El General – Fernando Jiménez.

Padre Ciego – Juan Orejón.

Niño Ciego – Manuel Geraldo.

Santero – Julián Cubero.

Un Manolo – Mariano Romero.

Un Hermano del pecado mortal – José García.

Un Mozo de cordel – Domingo Martínez.

Vendedores, Manolos, Manolas, Alguaciles, Guardias walonas. Cofrades, Bailarinas, etc. Coro de ambos sexos y acompañamiento.

La acción es en Madrid, mil setecientos noventa y tantos.


ACTO PRIMERO

Pradera del Corregidor, a orillas del Manzanares. —Merendero del Currutaco, a izquierda del espectador, con emparrado, bancos y mesas a la puerta. De frente al público, haciendo esquina el bastidor, una virgen, y debajo, sentados en el suelo, Padre, Madre y Niño ciegos, con vihuela el primero y hierros el muchacho: la madre hace calceta. A la derecha la casa de recreo y estudio del pintor Goya. En el fondo los tendederos con ropa blanca, árboles, etc. El puente de Segovia en segundo término, oblicuo con respecto a la escena. A l fondo se ve la Virgen del Puerto, la Cuesta de la Vega, Palacio y las Vistillas.

(Introducción musical)

Diversos Vendedores, Manolas y Manolos: animación, movimiento. Después un Santero. Debajo de la Virgen, Padre, Madre y Niño ciegos, con viruela el primero, rosarios y redomas la segunda y hierros el terceto. Un Escabechero a la puerta del bodegón.

PADRE, MADRE y NIÑO CIEGOS
Hoy fusilan un soldado:
llorad, padres infelices,
aunque diga algún malvado
que le está bien empleado.
¡Hombre, mira lo que dices!

PADRE
Vísperas a la oración
hay en don Juan de Alarcón.

MADRE
Villancicos y completas
en Atocha y Recoletas.

NIÑO
Sermón y cuarenta horas
hay en las Comendadoras.

PADRE
Y alumbrado y letanía
mañana en Santa María.

MADRE
Indulgencias hay plenarias
en las monjas Trinitarias.

NIÑO
Zurriagazos a las tres
bóveda de San Ginés.

(Hablado)

PADRE
(¿María?)

MADRE
¿Qué?...

PADRE
(¿Pasa gente?)

MADRE
No.

PADRE
(Dame un beso) (Se acerca mucho)

MADRE.
¡Indecente!

(Le arrima un sopapo)

(Música)

LOS TRES
Detened, hombres injustos,
vuestro paso temerario,
y purgad carnales gustos
al pie del confesionario.

DIVERSAS VENDEDORAS
¡Alajú!... —¡Pan de higos!...
— ¡Torraos y pasas!...
— ¡Cañamones tostados!...
— ¡Miel y castañas!...
— ¡Bollos de leche!...
— ¡Torreznos y rosoli!...
— ¡Buen escabeche!...
Comprad apriesa,
que doy casi de balde
toda la cesta.

(Hablado)

CIEGO
¡No reventaréis, malditas!

UNA
¡No reventará el tío feo!...

(Música)

LOS TRES
En Santiago y los Servitas,
hay mañana jubileo.

(Aparece un Santero harapiento con una esclavina de hule y varias conchas: trae un cuadro y muchas estampas)

SANTERO
Ved al pobre peregrino,
que viene de Palestina
con tres meses de camino,
y ved la huella divina
de Cristo en Monte Olivete...
Sólo hay en el mundo siete:
yo la traigo a mi país,
sólo por cumplir un voto,
y la besa el que es devoto
por cuatro maravedís.

VENDENDEDORES
Dios le ayude al buen Santero...
Tome un cuarto por besar...

(Le rodean, besan el cuadro y echan cuartos en el sombrero)

SANTERO
La limosna sólo quiero
para poder alumbrar
al bendito San Antero...

(Hablado)

CIEGO
(¿Pepito?)

NIÑO
(¡Padre!...)

CIEGO
(A ese tío, hay que arrojarle en el río)

(Música)

SANTERO
(Sacando estampas)
Ved las santas abogadas
para todas las preñadas,
para las que están entecas,
o carecen de mantecas,
y benditos amuletos
para conocer viznietos,
no tener novios tacaños
y casarse a los veinte años.

VENDEDORES
¡Pues reparta el buen Santero!
Todas vamos a comprar.

SANTERO
La limosna sólo quiero
para poder alumbrar
al bendito San Antero.

(Despidiéndose)

Dios el cielo les dará.

VENDEDORES
Id en paz.

(Hablado)

CIEGO
(¡Pepito… a éste bribonazo
Le arrimas luego el cantazo!)

NIÑO
Pilas de agua bendita,
cruces, rosarios
de huesos de aceituna,
y escapularios.

CIEGA
San Juan de Letrán en Roma,
metido en una redoma.

CIEGO
(Pepito, ¿qué hace el Santero?)

(Que ya estará bebiendo una jarra de vino en el merendero)

NIÑO
(Alumbrar a San Antero)

CIEGO
(¿Con qué le alumbra?...)

NIÑO
(Con vino)

CIEGO
(Con grito descompasado)
¡Que aproveche, peregrino!...
(¡Te mato esta noche misma
si no le rompes la crisma!...)

CIEGOS
(A tres) Milagrosa relación
del Cristo de la Pasión
que alumbró con un candil
a Sor Inés en Madrí
para echar pan en el horno
y se marchó por el torno.

UN MANOLO
Deja ya los sermones
y sinfonías,
y a ver si echas dos cuartos
de seguidillas.

CIEGO
¿Por dos caletres
cantaores y orquestra?
No semos fuelles.

MANOLO
Nosotros cantaremos,
toca tú solo.
¡En baile, caballeros!...
¡muchachas, corro!...
Templa la lira,
si quiés que no nos entre
dolor de tripas.

(Baile y canto)

CORO
Aunque soy de la Mancha
no mancho a naide:
más de cuatro quisieran
ser de mi sangre.
Anda, salero
y vivan las manchegas
y los manchegos.
Olé y ola,
por las manolas
de caliá.

ÜN CHICO MOZO DE CUERDA
(Cruzando la escena por delante del baile y gritando)
¿A quien le subo la ropa?

CORO
Maravillas, el Rastro
y el Mundo Nuevo,
Lavapiés, la Rivera
y el Matadero,
todos son unos:
por eso comen, beben
y bailan juntos.
Olé y olá,
zapato é seda,
media calá.


ESCENA PRIMERA

Sale el Corregidor, se santigua delante de la Virgen, la tira el pañuelo, le besa y se dirige al Ciego.

(Hablado)

CORREGIDOR
¡Ciego!...

CIEGO
¡Señor!...

CORREGIDOR
¿Qué escuchaste
y qué has visto?

CIEGO
Esta mañana
vi traer muchos fusiles
y entrarlos ahí en la casa
del señor Goya.

CORREGIDOR
¿Estás cierto?

CIEGO
Sí.

CORREGIDOR
¿Qué más ocurre?

CIEGO
Nada.

CORREGIDOR
Pues toma, vete, y mucho ojo.

(Lo da una moneda)

CIEGO
Con entornar uno, basta.

(Vanse Padre, Madre y Niño ciegos cogidos unos y otros)

CORREGIDOR
A ver si la favorita
me trae nuevas de importancia.

(Se aproxima a la puerta de Goya, estornuda, se santigua tres voces consecutivas, y sale doña Pepita primorosamente vestida de maja, recatándose el rostro con el rebocillo)


ESCENA II

El Corregidor y Doña Pepita.

PEPITA
Corregidor, Dios le guarde.

CORREGIDOR
El conserve tanta gracia.
¿Tiene el pintor mucha gente?

PEPITA
Literatos, comediantas,
covachuelistas, toreros
y algunos grandes de España.
¡Me ha hecho un retrato precioso!...
Pero sepamos: ¿qué pasa?

CORREGIDOR
Ha pasado un gran peligro.
¿No lo sabe usted?

PEPITA
Yo nada.

CORREGIDOR
Los esbirros por mí puestos
para vigilar la casa
de nuestro grande enemigo,
el sabio conde de Aranda, (Con ironía)
sorprendieron anteanoche
un hombre de fea traza,
el cual, viéndose acosado,
se defendió a cuchilladas,
mal hiriendo a dos corchetes
y antes de rendir el arma,
hizo pedazos un pliego
y se lo tragó.

PEPITA
¡Qué infamia!

CORREGIDOR
El preso es un emisario
con noticias reservadas
del ejército: esta tarde
es pasado por la armas.
Se resistió a la justicia
y le aplican la Ordenanza.

PEPITA
¡Infeliz!...

CORREGIDOR
Es un soldado.

PEPITA
No sabe usted la importancia
de esa captura: sin ella,
perdida era nuestra causa.
El consejo presidido
por el Rey esta mañana,
ha sido muy borrascoso.
El sabio conde de Aranda, (Con ironía)
como el vulgo da en llamarle,
se desató en amenazas
por los males que la guerra
puede traer sobre España,
si las paces no se firman,
sin perder tiempo, con Francia.
Pero el duque de la Alcudia
le atajó y echole en cara
su falta de patriotismo
y no interrumpidas cartas
con filósofos franceses.

CORREGIDOR
¡Muy bien!...

PEPITA
Y el conde de Aranda,
sin respetar aquel sitio,
alzó la mano cerrada
contra el duque de la Alcudia...

CORREGIDOR
¿Ante el rey?

PEPITA
Pero el monarca
ha firmado su destierro
al castillo de la Alhambra.
Jovellanos en Asturias
y preso Floridablanca,
vamos a dejar la corte
más tranquila que una balsa.

CORREGIDOR
Es poco, doña Pepita.

PEPITA
¿Qué más hay que hacer?

CORREGIDOR
No basta.
Todos han visto elevarse
de la noche a la mañana,
a un simple guardia de Corps,
de oscura aunque noble casa,
a los más grandes honores
y a la dignidad más alta.
Caballero del Toisón
y duque y mayor de guardias
y hasta ministro de Estado,
en vez del conde de Aranda,
todo el mundo se pregunta
de tanto favor la causa.

PEPITA
¡Cuántos suben de igual suerte
y nadie pregunta nada!

CORREGIDOR
Cunden por la clase media
las ideas incendiarias,
y clero, nobleza y pueblo
murmuran de la campaña.
Y a la luz del día, en esas
dos tertulias literarias
del Conde de Campomanes
y de esa hermosa italiana,
la Princesa de Luzán,
leen las obras malvadas
de Rousseau y Voltaire
(Como están escritos)
y en su ponzoña se bañan.

PEPITA
¿Y qué hacer?

CORREGIDOR
Somos perdidos,
si de una vez no se acaba
con esta fatal manía
de pensar que hay en España.
Y la receta infalible
que emplear nos hace falta,
el profundo Jovellanos (Con ironía)
nos las da precisa y clara
en ese infame libelo,
que sus amigos ensalzan.
¡Pan y toros, pan y toros!...
a pueblo y aristocracia,
y en vez de universidades,
escuelas de tauromaquia.

PEPITA
¿Y si viene del ejército,
con noticias reservadas
para el Rey, otro emisario?...

CORREGIDOR
Las noticias serán malas,
y hay que verle a todo trance,
y que él no vea al monarca.

PEPITA
Su Majestad se fue al Pardo,
y allí estará un mes, de caza.

CORREGIDOR
¿No ha de venir a los toros?

PEPITA
Pero en seguida se marcha.

CORREGIDOR
¿Mas si logra adquirir datos
la princesita italiana,
nuestra mortal enemiga?...

PEPITA
¡Oh!... ¡la aborrezco en el alma!...
¿De qué talismán dispone
esa mujer detestada,
que adoran los literatos
y los manolos aclaman
y teme la misma Reina
y envidia la aristocracia?

CORREGIDOR
Una gran cualidad tiene,
entre la corte, muy rara:
y es que nadie pone en dada
que la Princesa es honrada.

PEPITA
¡Hay que perderla, es preciso!.

CORREGIDOR
Nos perderá si usté tarda.

PEPITA
¡Y qué medio!... ¡No sé cómo!

CORREGIDOR
Con una calumnia, basta:


ESCENA II

Dichos y el General quo salo de casa de Goya.

GENERAL
A correr iba en su busca.
Señora, con su perdón.

CORREGIDOR
Viene usted, general, pálido.

GENERAL
Es que ha cundido la voz
de que nuestros generales
han perdido el Rosellón
y se retira en derrota
el ejército español.

PEPITA
Hablillas sin fundamento.

GENERAL
Pero hay mucha agitación.
Suspenda las procesiones
preparadas para hoy,
que es altamente impolítico
dar pretesto ú ocasión
de revueltas.

CORREGIDOR
¡Nada de eso!
Procesiones, sí señor.
Demos al pueblo espectáculos
que distraigan su atención.
Hoy, verbena y romería
con una docena o dos
de riñas y de homicidios;
acá y allá procesión,
pedrea de cofradías
sobre qué santo es mejor,
un militar fusilado;
y mañana real función:
toros por mañana y tarde,
en la gran Plaza Mayor,
con uno o dos chulos muertos
si no lo remedia Dios;
y verá usté, amigo mío,
como a nadie queda humor
para ocuparse en la guerra,
ni hablar más del Rosellón.

PEPITA
Es usted un gran político. (Admirada)

CORREGIDOR
Hacia la Puerta del Sol,
ponga usted dos batallones
de retén, porque el pintor
armas oculta en su casa.
Por eso cité a las dos,
aquí mismo, a los toreros,
para nombrar director
de la plaza y observarles.

GENERAL
Tome usted una porción
de billetes blasonados. (Sacándolos)
en que a usted piden favor
las damas para los diestros.

PEPITA
¡La Duquesa! —Discreción.

(Entranse en el Merendero el Corregidor y el General)


ESCENA IV

Doña Pepita y la Duquesa, que sale de casa de Goya.

DUQUESA
¡Grandes nuevas!...

PEPITA
¿Pues qué ocurre?

DUQUESA
¡Ya cayó la Princesita!...
Si usted palabra me empeña,
palabra formal de amiga,
de que nombran a... Romero

(Con cierto rubor elocuente)

director de las corridas,
daré a usted de los amores
de la Princesa noticias.

PEPITA
Sabiendo usted que yo soy
de Pepe-Hillo madrina...

DUQUESA
(¡Y algo más, hipocritona!...)

PEPITA
La condición es durísima.
Pero la acepto, Duquesa.

(Dándose las manos)

DUQUESA
Pues oiga, doña Pepita.
Al comenzar la campaña,
la Princesa, que es muy rica,
un regimiento a su costa
levantó desde Sicilia,
donde estaba en un convento
en calidad de novicia.
Nuestro buen rey Carlos cuarto

(Cortesía de ambas)

premió su acción nobilísima,
nombrándola coronel
del regimiento a ella misma.
Bordó una hermosa bandera
y fue a Italia a recibirla
de sus manos un alférez,
gallardo mozo y de chispa,
y muy célebre en las aulas
de la escuela salmantina.
El sólo vió a la Princesa
a través de celosías
y bajo un tupido velo,.
pero grande ser debía
el recuerdo que dejara
el doncel en la novicia,..
cuando próxima a sus votos,
momentos antes, la víspera,
abandonó su convento
al recibir la noticia
de que el pobre abanderado,
al pié de una batería,
fue cogido prisionero,
acribillado de heridas.
Y aquel pimpollo del claustro,
aquella piadosa niña,
llegó al hospital de sangre
de Bayona, y veinte días,
con el traje de beata,
sin ser nunca por él vista,
veló al pobre prisionero,
entre la muerte y la vida.
Vino después a la corte,
negoció el canje ella misma
del valiente Peñaranda,
que así el joven se apellida,
y desde entonces, recibe
todo cuanto necesita,
sin saber quién le dispensa
protección tan decidida.

PEPITA
Yo sabré emplear el arma:
siga usted en sus pesquisas.


ESCENA V

Dichas y el Abate que sale de casa de Goya.

ABATE
¡Humilde esclavo de ustedes,
señoras del alma mía!...

DUQUESA
¡Señor Abate Ciruela!...

PEPITA
Oportuna es su venida.
Una deuda muy sagrada
he de pagar a una amiga

(Mirando a la Duquesa)

y necesito...

ABATE
(Con rapidez) ¿Consejos?...
Los daré, doña Pepita,
que dinero no acostumbro.

PEPITA
Eso es cosa bien sabida.
Sólo de probar se trata
si usted merece, en justicia,
ser el confidente íntimo
de las damas de la villa.

ABATE
¡Pues ya rabio de impaciencia!
hable esa boca de almíbar.

PEPITA
Quiero que mande Romero
en la plaza y que no digan
que el corregidor se excede
ni que danzo yo en la intriga.

ABATE
Está bien: ¿qué voy ganando?

PEPITA
¿Puede hacerlo?

ABATE
(Con seguridad) Puedo.

PEPITA
Pida…

ABATE
Déme usted, para hacer boca,
a besar una manita.

PEPITA
Tome usted.

ABATE
La compañera.
¡Ay, qué blancas y qué ricas!...
(Relamiéndose)

PEPITA
Adelante.

ABATE
Pues en cambio,
exijo que usted consiga
que en estas funciones reales
a representar admitan
en Palacio a la Tirana,
una tragedia no vista
de un colega salmantino,
que protección necesita.

DUQUESA
¡Su nombre!

ABATE
Es un tal... Cienfuegos.

DUQUESA
¡Ay Jesús!... ¡arroja chispas!...

PEPITA
Muy conocido en su casa.

DUQUESA
¡Cienfuegos!... ¡já, já, qué risa!

(Con grande algazara)

¡Su nombre merece solo
anticipada una silba!

ABATE
Garantizo lo contrario.

PEPITA
Y al cabo, ¿qué significa
mi protección a esa cómica,
cuando tiene por madrina
a la orgullosa Princesa
de Luzán?

ABATE
Doña Pepita,
no se trata de la cómica,
sino de un vate, que un día
ha de honrar mucho a su patria.

PEPITA
Deje usted supercherías.
¿A qué apuntar a Cienfuegos,
cuando a la Tirana tira?

(Dándolo la mano)

Representará en palacio
su flamante protegida.


ESCENA VI

Dichos y el Abate que corre a la puerta de Goya; llama y sale la Tirana, también de maja.

ABATE
¡Rosario! ¡Rosario! ¡escucha!

PEPITA
¿Qué hace usted?

TIRANA
(Asomándose) Abate, ¿llamas?

ABATE
Presento a ustedes, señoras,

(Cogiéndola de la mano)

a la célebre Tirana,
rival de la Rita Luna,
y emperatrices entrambas
de polacos y chorizos.

TIRANA
De vuecencias soy criada.

PEPITA
¿Y usted, Rosario Fernández,
a rivalizar se lanza
con la incomparable Rita,
gloria de la escena hispana,
que parece una princesa
en medio de comediantas?

DUQUESA
¿Mide usted bien el peligro
de lucha tan arriesgada?

TIRANA
Señoras, reñir no pueden
dos amigas, dos hermanas.
Cada cual conquiste aplausos,
que de luchar no se trata.
Si es la bella Rita Luna
incomparable en La esclava,
Celos no ofenden al sol
y en La niña mal criada,
en Zelima y la Talestris
no ha vencido a la Tirana.


ESCENA VII

Dichos. Salen del bodegón el Corregidor y el General, seguidos de dos corchetes.

PEPITA
Representará en Palacio. (A la Tirana)

TIRANA
Gran señora, muchas gracias.

CORREGIDOR
Que disparen tres cohetes: (Alos corchetes)
ya es la hora señalada.
Venga la Manolería,
y acérquese la canalla, (suenan los cohetes)

DUQUESA
(Como usted, abate mío,
es persona reservada,
necesito que me empeñe
hoy mismo, algunas alhajas)

ABATE
(¿Es... para pagar el sastre?)

DUQUESA
(¿Cómo al sastre?...)

ABATE
(¿A qué se enfada?
Lo sé todo: ese vestido
que a Romero usted regala.
¡Ay, Duquesa!... los amores,
a su edad, caro se pagan...)

CORREGIDOR
(¿Pero cómo he de nombrarle, (A Pepita)
si tengo trescientas cartas,
recomendando a los otros?)

PEPITA
(Se ahoga usted en muy poca agua)
El abate lo hará en regla:
le doy a usted mi palabra)

ABATE
(Entrate en el ventorrillo, (A la Tirana)
dale una onza de oro al ama, (Dándosela)
y que te entregue las bolsas
de lotería)

TIRANA
(¿Qué fraguas?...)

ABATE
(Quitas todos los noventas
y los traes)

TIRANA
(¡Qué extravagancia!...)

ABATE
(Pronto, y que nadie se entere)

(Vase la Tirana)

CORREGIDOR
Ya se acercan las guitarras.

(Este Terso lo dirá ya sentado ante ana mesa con tapete que habrán sacado los corchetes de casa de Goya y puesto delante del bodegón. A sus lados se sientan en bancos Pepita, la Duquesa y al General. Marcha lejana da bandurrias y guitarras, que se aproxima por grados. Aparece la Manolería por las Vistillas, formada de cuatro en cuatro, con las mujeres delante: marcha característica llevando el paso: llegan y so forman en línea. Después talen de casa del pintor, Pepe-Hillo, Costillares y Romero, vestidos de toreros; detrás Goya, a quien hace sentar el Corregidor. También se sientan el Abate y la Tirana)


ESCENA VIII

Dichos, la Manolería, luego Pepe-Hillo, Costillares, Romero y Goya.

(Música)

(Marcha lejana de la Manolería)

Al son de las vihuelas
y seguidillas,
manolas y manolos
de cuatro en fila,
no hay en el mundo
quien marche con más garbo,
ni con más rumbo.
España ha de ser libre,
libre Castilla,
mientras haya en España
manolería.
Que todo chulo
maneja la vihuela,
como el trabuco.

MANOLERIA
(Inclinándose todos y descubriéndose)
Que Dios le guarde a usía,
señor Corregidor,
su noble compañía
la guarde también Dios.

CORREGIDOR
(Levantándose)
¡Gracias doy!...
¡Gracias doy!...

LA COMPAÑIA
(Levantándose)
¡Gracias doy!...
¡Gracias doy!...

(Salen ahora de casa del pintor, Pepe-Hillo, Romero y Costillares. Detrás Goya, a quien hace sentar el Corregidor)

PEPE-HILLO, COSTILLARES y ROMERO
(Descubiéndose)
Romero, Costillares
y Pepe-Hillo,
a toitos uzías

(La Manolería saluda a los toreros con una salva de aplausos)

zaludan finos;
que a cabayeros,
no echó la pata naide
a los toreros.

MANOLERIA
Salud a los valientes
discípulos del Cid,
que todos tres merecen
la plaza dirigir,

(Acosando al Corregidor)

Díganos usía,
diga su mercé,
jefe de la plaza
cuál de ellos va a ser.

TODOS
¡Atended!...

ABATE
(Levantándose)
Hallándose indispuesto
el buen Corregidor,
me manda que en su nombre
a todos hable yo.

CORREGIDOR
(Levantándose)
¡Sí, señor!...
¡Sí, señor!...

MANOLERIA
¡Ríen, señor!...
¡Ríen, señor! ..

TOREROS
(Muy cómico)
¡Ríen, zeñó!...
¡Ríen, zeñó!...

ABATE
La elección que debe hacerse
es de tanta gravedad,
que por esto se celebra
en tan público lugar.

CORREGIDOR
(Levantándose)
Es verdad,
Es verdad.
LA COMPAÑÍA
(Levantándose)
Es verdad,
Es verdad.

MANOLERIA
¡Ya... ya... ya!...

TOREROS
¡Ya.., ya... ya!... (Muy cómico)

ABATE
Grandes recomendaciones,

(Sacan los corchetes una bandeja y una pajuela)

aquí vais a ver quemar:
¡saque usía los papeles!

(Los saca el Corregidor con solemnidad y los pone en la bandeja)

¡la pajuela! ¡prendo ya!... (Prende)

CORREGIDOR
(Levantándose)
¡Mirad!...
¡Mirad!...

LA COMPAÑÍA
(Levantándose)
¡Mirad!...
¡mirad!...

MANOLERIA
¡Ah!... ¡ah!...

TOREROS
¡Ah!... ¡ah!... (Muy cómico)

ABATE
Esta llama es la aureola
de tan recta autoridad.
¿Quién habrá que dudar pueda
de su inflexibilidad?...

CORREGIDOR
(Levantándose)
¿Quién habrá?...
¿Quién habrá?...

LA COMPAÑÍA
(Levantándose)
¿Quién habrá?...
¿Quién habrá?...

MANOLERIA
¡Cá!... ¡Cá!...

TOREROS
¡Caaa! ¡Caaa!... (Muy cómico)

CORO
¡Ninguno ahora lo dudará!

MANOLERIA y TOREROS
¡Viva mil años feliz usía!...
Dios nos conserve tan buen señor!...
¡Viva mil años su compañía!...
¡viva el ilustre Corregidor!...

CORREGIDOR
¡Chitón!...
Basta, señores, basta por Dios.

LA COMPAÑÍA
¡Chitón!...

TOREROS
¡Chitón!...

MANOLERIA
¡Chitón!...

TODOS
(Menos el Corregidor)
¡Viva el ilustre corregidor!...

(Hablado)

(Con música en la orquesta)

CORREGIDOR
(Toca una campanilla: silencio general. Corregidor Levantándose)
Señores: en atención
a su gran celebridad
y al renombre que disfrutan
en el arte de lidiar,
he querido reunirles
con toda solemnidad,
para que exponga sus méritos
en público cada cual
y director de la plaza
ver a quién debo nombrar.
Como ustedes tres se encuentran
en categoría igual,
hablen ustedes, señores,
por orden de antigüedad.

ABATE
(Al pueblo) Pues silencio y mucho oído
que es cuestión trascendental.

CORREGIDOR
¡Costillares!...

COSTILLARES
Cabayeros:
yo enseñao a manejá
la muleta a mis discípulo,
y yo he inventao además
los volapiés, pa que nunca
se güervan a asesíná
con el punsón a la resé
que no arrancan jasia acá.
Yo he enoblecido er toreo
y enseñao a libertá
der peligro a los ginetes
que me yaman zu papá.
Der mataero e Zeviya
jise yo universiá,
y er barrio é San Bernardo
desir mi historia podrá.
Soy viejo: en la mano tengo
un tumó: no digo más.

CORREGIDOR
¡Romero!...

ROMERO
Yo nasí en Ronda,
digo, ¿tendré caliá?
Mi agüelo ha sío er primero
que a pié satrevió a matá
con muleta y con estoque,
y mi pare, er señó Juan,
inventó la banderiya,
y a luego inventó er picá.
Yo, su indino desendiente,
aunque nunca inventé ná,
he libertao muchas vías
y en veinte año poco má,
he dao mulé resibiendo
como una estauta clavá,
sinco mil seisientos bichos
sin tener una corná.
Si hay arguno que lo dúe,
que zarga aquí y lo verá.
Ya me conocen usías:
con eto, no canso más.

CORREGIDOR
¡Pepe-Hillo!...

PEPE-HILLO
Repunansia
tengo, zeñores, pa hablá
de mi probé presoniya,
pero obedesco y ahí va.

(Música)

En Zeviya, Costiyares
desasnóme pá lidiá;
si en la plasa le abichorno,
mi maestro lo dirá.
Yo zaqué de mi caletre
por la esparda capeá:
la verónica que es mía,
y que a naide debe naá.
Ya ven sus mersedes
si me alisionó
er buen Costiyares
con su destrusión.
¡Sí, señor!
Este cuerpo saleroso,
que la tierra se ha é traga
veintitrés jerías tiene,
y denguna por detrás.
Las gitanas ven que espicho
a otras dos jerías más
y en la plasa me presento
cual si me fuera a estrená.
Que zarga ahí en medio,
que zarga er chavó
que diga otro tanto,
que aquí espero yo,
¡Sí, señor!

(Hablado)

(Con música en la orquesta)

CORREGIDOR
¿Señores: declaro a todos
que no sé por quién fallar,
porque es tan grande su mérito
que se hallan a altura igual.
Pedro Romero, responda:
¿se atreve usted a matar
a los toros de Castilla?

ROMERO
¿Y por qué no?... ¡claro está!...
cuantos pastan en er campo,
¡Me quiere usía espricá
po qué me hase esa pregunta!

CORREGIDOR
Porque tengo un memorial
de Hillo y de Costillares
para que impida lidiar
toros castellanos; y esta
circunstancia a usted le da
sobre sus dos compañeros
un preferente lugar.
Hablen ustedes, señores.

TIRANA
¡Goya!... |Goya!...

GOYA
El General.

GENERAL
Usted primero.

GOYA
Yo opino
que lo más justo es nombrar
a Costillares, que tiene
la mayor antigüedad,

GENERAL
¡Está claro!...

VOCES
¡Costillares!...

ABATE
(Con solemnidad cómica)
Si se me permite hablar...

PEPITA
¡Que hable!... ¡que hable!...

CORREGIDOR
Puede hacerlo.

ABATE
Una palabra no más
Pues atendiendo, señores,
a la fama universal
que gozan los tres maestros,
y también para evitar
murmuraciones de todos,
aquí lo más imparcial
es que decida la suerte
a quién se debe nombrar.

(Gritería general de aprobación)

CORREGIDOR
Usted habla como un libro;
la suerte decidirá.

ABATE
Con bolas de lotería...

CORREGIDOR
(Mandando sacarlas)
En el bodegón tendrán.

ABATE
(A doña Pepita)
(¡Está el noventa en mi manga!...)

DUQUESA
El Abate sorteará.

CORREGIDOR
Saque usted, señor Abate,
como persona formal,
para que aquí nadie dude
de mi inflexibilidad.

ABATE
(Sacando)
¡Costillares... treinta y cinco!...
Romero... noventa.

TODOS
¡Aaaah!

MANOLOS
¡Qué viva! (Tirando los sombreros: algazara)

CORREGIDOR
Nombro a Romero.
Pueden todos despejar.

(Se marchan formados como vinieron con los toreros por delante después de esta seguidilla: la Tirana entra en casa de Goya)

Pues vamos a dar música
a los maestros,
y al siempre afortunado
Pedro Romero.
Dios guarde a usía,
y Dios en paz conserve
su compañía.

(Hablado)

ABATE
¡Pobre pueblo! ¡qué inocente!

PEPITA
¡Y qué contento se va!...

CORREGIDOR
Es necesario que nunca, (A Pepita)
pase de menor edad.
Desgraciados de nosotros
si llegara a saber más.

PEPITA
(No alejarnos es preciso (Al Corregidor)
para poder observar)

(Entrase en el bodegón con la Duquesa)

CORREGIDOR
Que la Virgen del Amparo
nos conserve en santa paz.

(Arroja el pañuelo a la Virgen, lo besa, so santigua, y éntrase en el bodegón con el General)

ABATE
Dame pincel y colores.

GOYA
¿Qué vas a hacer?

ABATE
A pintar
el tacón de los chapines
de Rosario.

GOYA
Ven acá.


ESCENA IX

Al entrar Goya y el Abate en casa del primero, se aproxima por el fondo, donde habrá estado observando el Capitán Peñaranda, y les detiene.

CAPITAN
¡Dios os guarde!

GOYA
¡Peñaranda!

(Abrazándose con efusión)

PEPITA
¡Ah! (Asomando la cabeza desde el Bodegón y desapareciendo)

CAPITAN
¡Mis queridos colegas!

ABATE
¡Otro abrazo!

CAPITAN
¡Y otros ciento!

GOYA
¿Conque vienes de la guerra?

ABATE
¿Y capitán y tan joven?

CAPITAN
Pues cuatro heridas me cuesta.

GOYA
Por tales manos curadas
yo también las recibiera.

CAPITAN
¿Cómo? (Sorprendido)

ABATE
(Con misterio) ¡Aquí se sabe todo!

CAPITAN
(Desentendiéndose)
Pues yo no sé por qué llevas
esa ropa.

ABATE
Soy abate.

CAPITAN
¡Tú!.... (Retrocediendo tres pasos)

ABATE
Sí.

CAPITAN
¿La peor cabeza
de Salamanca?

ABATE
¡Qué quieres!
Segundón de estirpe excelsa
con ciento tres apellidos
y sin un doblón de renta,
abandoné los umbrales
de mi casa solariega
y llegué a Madrid el año
mil setecientos noventa.
Vi empapeladas esquinas
con carteles de novenas,
retablos por todas partes,
procesiones y retretas,
portales con basureros,
muchos barrios sin escuelas,
a oscuras todas las calles
y ninguna sin taberna;
los hospitales sin sábanas,
las imágenes con perlas,
repletos los calabozos
y las cátedras desiertas.
Y hallé en la corte de España,
aunque imposible parezca,
más sacerdotes que legos,
más corchetes que sentencias,
más altares que cocinas
y menos casas que iglesias.
Al ver que aquí nadie marcha
a su objeto en línea recta,
al ver que es la hipocresía
el carácter de la época,
y siendo en fin, las mujeres
mi inclinación predilecta,
al primer golpe de vista,
eché despacio mis cuentas
y tienes hecho a tu amigo
todo un abate Ciruela.

CAPITAN
¿Qué conseguiste con eso?

ABATE
¿Qué conseguí?... ¡friolera!...

(Música)

ABATE
Como lleva en el bolsillo
su ganzúa el buen ladrón,
para abrir todas las puertas
y robar a su sabor,
yo, pirata de hermosuras
y de vírgenes ladrón,
llevo en traje de murciélago
la ganzúa del amor.

CAPITAN y GOYA
Ya en Salamanca,
nosotros dos,
te conocimos
la inclinación.

ABATE
Ni padres ni esposos
con este disfraz,
de mí tienen celos
y déjanme entrar.
Y a solas con ellas
en viéndome ya,
jamás perdí el tiempo
que tontos me dan.

CAPITAN y GOYA
Bachiller sólo
eras de amor,
pero en la corte
ya eres doctor.

ABATE
Si alguna gran dama
a un baile se va,
la empolvo el cabello,
la planto un lunar,
la quito de encima
veinte años o más,
y en dulce moneda
me suele pagar.

CAPITAN y GOYA
Eres doncello
de gran primor,
y eres un mueble
de tocador.

ABATE
Con bellas devotas
en grande amistad,
bordamos de noche
un paño de altar.
Después chocolate
en pago me dan,
y luego juntitos
solemos rezar.

CAPITAN y GOYA
Toda la escala
corre tu amor,
desde quince años
a ciento dos.

ABATE
Yo soy doncello
de gran primor,
y soy un mueble
de tocador.

(Hablado)

ABATE

CAPITAN
Lunar puse tan goloso,
que hizo estallar una guerra
y tacones he pintado,
que besó algún rey sus huellas.

CAPITAN
(Abrazándolo)
¡Te encuentro el mismo de siempre!
¿Y qué aventuras nos cuenta
el pintor Francisco Goya?

GOYA
Durante tu larga ausencia,
en Roma estudié algún tiempo,
y al volver, me abrió sus puertas
la fábricas de lápices.
Allí con Mengs, pinté escenas
populares y campestres,
brujas, ladrones, meriendas,
muchas corridas de toros
y caprichos más de ochenta.
Rembrandt y Diego Velázquez.
son mis modelos de escuela.
Retraté a Floridablanca,
a Moratín, Villanueva,
a la Tirana y a Máiquez,
a las célebres Duquesas
de Alba y de Benavente,
a Carlos cuarto, a la Reina,...

ABATE
Al tío Rico el choricero,
y a otras personas de cuenta.
Es todo un pintor de cámara
con su estudio en la ribera
del tísico Manzanares,
mimado por la nobleza,
y adorado por el pueblo,
que le admira y le venera.

GOYA
Pero háblanos, Peñaranda,
del estado de la guerra,
del objeto con que vienes
y en fin, de la diferencia
de la corte que dejaste (Con pesar)
y la corte que te encuentras.

ABATE
Dinos la verdad desnuda
con tu militar franqueza.

CAPITAN
¿Para qué?... Cuando a vosotros
os hallo de esta manera, (Con vigor)
de sentir no sois capaces
ni aun de comprender mis quejas.
Allá, todo es heroísmo
de unos hombres que pelean
por su rey y por su patria,
contra duplicadas fuerzas;
un ejército mermado
por las continuas refriegas,
sin municiones, sin víveres,
sin abrigos y sin tiendas,
cuyo valor indomable
es la única defensa,
y que un día y otro día
refuerzos en vano espera.
Acá, todo es algazara,
un pueblo que en nada piensa,
porque le dan pan y toros,
una estúpida nobleza,
una corte relajada
y una camarilla abyecta.
Cuando los hombres que tienen
corazón é inteligencia, (Con vehemencia)
cual vosotros, no se indignan
o de algún modo protestan,
sino que viven contentos
en el fango y la miseria,
todo lo juzgo perdido,
ninguna esperanza queda.
La hora sonó para España
de ser colonia francesa.

GOYA
¡Eso nunca! Ven y mira:

(Cogiéndole de un brazo con fuerza)
En esa verde Pradera
del Corregidor famosa,
sus representantes cuenta
la gente de rompe y rasga
que toda la España encierra.
Los del Compás de Sevilla,
Triana y la Macarena,
con los del Perchel de Málaga
y Olivera de Valencia:
todo el mapa picaresco,
que el gran Cervantes bosqueja.
Allí campa sin obstáculos
la manolería intrépida,
junto a la Virgen del Puerto
y en la Fuente de la Teja.
Esa es la gente del bronce,
que sin temor atraviesa
las calles de Sal si Puedes,
el Oso y Quebrantapiernas:
las de Enhoramala Vayas,
Aunque os pese y la Ternera.
Los que no temen ni deben
y asombran con sus proezas
Las Maravillas, El Rastro
y El Campillo de Manuela.
Chisperos y curtidores,
gremios de la cuatropea,
terror de los ventorrillos,
bodegones y tabernas,
con su capote de mangas,
su redecilla y coleta,
chupetín y calzón corto,
la camisa con chorrera,
sombrero de medio queso
y patillas de chuleta.

ABATE
Allí se ven las manolas
y majas más pendencieras,
con su guardapiés ceñido
y su nacarada media,
chapín de raso y hebilla,
diez ramales cada trenza,
y la cotilla de peto
y el monillo con hombreras.
Morenos son sus amores,
como sus teces morenas,
y sus cabellos castaños,
y sus miradas muy negras.
Sus pies son dos tentaciones,
y sus palabras pimienta,
y cantáridas sus ojos,
y un sinapismo su lengua.
Allí Paca la Salada,
Geroma la Castañera,
El Zurdillo y el tío Tuétano,
el Majo y la Petimetra,
Juana la Ribeteadora
y Pepa la Naranjera;
las desgarradas figuras
que pintan a competencia
en tapices y en sainetes
con fidelidad perfecta,
Goya y Ramón de la Cruz,
su pintor y su poeta;
que tal pincel y tal pluma
gasta la gente morena.

CAPITAN
¡Pero, decidme! ¿esa gente,
que hay una patria recuerda?

GOYA
Abigarrado conjunto
de fealdad y belleza,
de ignorancia y fanatismo,
de valor y desvergüenza,
pero fiel depositarla
de las costumbres añejas
y enemiga sin examen
de todas las extranjeras,
en esa gente del bronce,
por sentimiento descuella
un incontrastable espíritu
de salvaje independencia.
Que en su temerario arrojo,
es capaz, por defenderla,
de tomar, navaja en mano,
cañones a la carrera,
¡Envueltos en su ignorancia
y el santo amor a su tierra,
libres serán, libre el pueblo
que tales soldados cuenta!...

CAPITAN
Conducida por lacayos,
se aproxima una litera.

ABATE
(A Goya) Será alguna gran señora,
que vendrá a ser tu modela.

GOYA
Entremos en el estudio:
sabrás lo que no sospechas.

CAPITAN
Entrad delante. (¿Qué miro?...

(Vanse Goya y el Abate)

¡Una mano me hace señas!...)


ESCENA X

El Capitán, que se queda detrás, Doña Pepita de maja, cubierta con un manto hasta los pies, desciende de una elegante litera conducida por lacayos, que despide con un ademán.

PEPITA
¡Caballero!...

CAPITAN
¿Quién me llama?

PEPITA
{Recatándose con el manto)
Una dama.

CAPITAN
De ella soy, mas poco valgo.

PEPITA
Algo.

CAPITAN
La serviré en cualquier cosa.

PEPITA
Soy curiosa
y la comezón me acosa
de saber, por lo que importe,
a qué viene usté a la corte.

CAPITAN
La dama es algo curiosa.
vengo a ver solo en Madrí...

PEPITA
A mí.

CAPITAN
¿Quién le dio a usted tal certeza?

PEPITA
Mi belleza.

CAPITAN
¡Mucho podrá, si es tan linda!...

PEPITA
Que se rinda.

CAPITAN
Quien tal ocasión me brinda,
algo espera, pues que insiste.

PEPITA
Que quien a mi voz resiste,
a mi belleza se rinda.

CAPITAN
Señora de la litera,
la de galantes misterios,
la de los rasgados ojos
y más que ese manto negros,
benditas una y mil veces
las arenillas del suelo,
que pueden sentir encima
de tanta hermosura el peso,
grabando de sus chapines
el suave contorno estrecho.

(Con arrebato)

¡Quién fuera, señora mía,
de su guardapiés el fleco,
para poder ir besando
donde su pié va poniendo!...

PEPITA
(Con ternura)
¡Basta ya!... ¿No me obedece?

CAPITAN
Así parece.

PEPITA
¿Por quién viene usté a Madrí?

CAPITAN
Por mí.
¿Me creyó usté, a lo que infiero?...

PEPITA
Zapatero.

CAPITAN
Señora, soy caballero. (Picado)

PEPITA
Quien muestra tan bajo afán,
más que bravo capitán
parece mi zapatero.

CAPITAN
¡Ojalá!

PEPITA
¡Diga el amigo! (Con seducción)

CAPITAN
No digo.

PEPITA
¿Será tal vez una roca?

CAPITAN
Esta boca.

PEPITA
¿En mi discreción no fía?

CAPITAN
En la mía.

PEPITA
¿Mi voz que ayer le atraía,
hoy la escucha sin encanto?

CAPITAN
Si usted no descorre el manto,

(Resueltamente)

ni digo esta boca es mía.

PEPITA
Prisionero olvidadizo
del hospital de Bayona,
tan prudente en sus palabras
como temerario en obras,
tan precavido en l a corte
con quien servirle ambiciona,
como pródigo en el campo
de su sangre generosa,
fiel guardador de banderas
que manos de nácar bordan,
y que besar no ha podido
por encontrarse entre monjas,
¿es este el premio que guarda
cuando de la guerra torna?

CAPITAN
¿Quién es usted? (Fuera de sí)

PEPITA
¡Imposible!...

CAPITAN
¡Oh sí! no puede ser otra.

(Música)

CAPITAN
¡Mi protectora!
¡mi ángel es!...
¡Quiero, señorea,
besar sus pies! (Arrodillándose)

PEPITA
¡Buen caballero,
levante usted,
si no me quiere
comprometer!

CAPITAN
¡Nunca fue ingrata
la juventud!
Probarle quiero
mi gratitud.

PEPITA
¡El tiempo corre,
vuelva usté en sí!
¡Cuentas la patria
puede pedir!

CAPITAN
Esa odiada camarilla.
deshonor del solio real,
el estado de la guerra
ocultó a Su Majestad.
Traigo partes del ejército,
soy la voz de la verdad,
y a decirla al Rey yo mismo
me mandó mi General.

PEPITA
Si en la corte alguien sospecha
la misión que trae acá,
su existencia está en peligro
y le pueden fusilar.
Déme usted esos papeles,
que su vida en ellos va:
yo le juro que al Rey mismo,
por mi mano llegarán.

PEPITA
¡Déme usted esos papeles!...

CAPITAN
¡Entregarlos no, jamás!...
¡No conoce usted, señora,
el deber de un militar!...

CAPITAN
¡Quiero ver al Rey!...

PEPITA
Cachaza;
en el Pardo está de caza.

CAPITAN
¡A la Reina voy a ver!...

PEPITA
Lo echará usted a perder.

CAPITAN
¡Al consejo de Castilla!...

PEPITA
A la gente de golilla
tiempo no dejan apenas
procesiones y novenas.

CAPITAN
(Furioso) ¡Al Marqués contarle quiero!.

PEPITA
No le escuchará el Marqués,
porque está en el Matadero,,
aprendiendo volapiés.

CAPITAN
(Sacándole del pecho)
Señora, si este pliego
al Rey no logro dar,
sin viles mediadores
que oculten la verdad,
la suerte de la Patria
perdida puede estar!...

PEPITA
¡Venga acá!

CAPITAN
¡No, jamás!...

PEPITA
Si usted me le confía,
no se arrepentirá,
y a fe de noble dama
le juro, capitán,
que a costa de mi vida,
al Rey ha de llegar.
¡Venga acá!...

CAPITAN
¡No, jamás!...
¡La suerte de la patria,
en él cifrada va!...

PEPITA
A costa de mi vida,
al Rey le haré llegar,
¡Venga acá!...

CAPITAN
¡No, jamás!

PEPITA
¡Usted desconfía
de mi lealtad!...

CAPITAN
Señora, lo impide
mi honor militar.

(Hablado)

PEPITA
Capitán, usted ignora (De prisa)
los peligros que (e cercan
y expone mucho su vida,
si esa carta no me entrega.
Llegó un soldado en secreto
con noticias de la guerra
para el buen conde de Aranda,
y fue asaltado en la puerta
por esbirros, defendiose,
en esta lucha funesta,
se comió un papel, hiriendo
a varios, y en recompensa
hoy le fusilan, juzgado
por un Consejo de Guerra.

CAPITAN
(Furioso entra en casa da Goya)
¡Oh, qué iniquidad!... Yo juro
perecer antes que verla.


ESCENA XI

Pepita llama y salen del bodegón el Corregidor, el General y la Duquesa. Después salen de casa de Goya, el Capitán, el Pintor y el Abate: al verlos Pepita, se quita el manto. Corchetes y pueblo al fondo.

PEPITA
(A la puerta del bodegón)
Salgan ustedes corriendo,
que trae partes de la guerra
para el Rey...

CORREGIDOR
Hay que prenderle
con un pretexto cualquiera.

PEPITA
(Se quita el manto y se pone detrás)
Aquí está.

GOYA
(AI Capitán) Yo te prometo
que hoy Madrid antes se quema.

ABATE
(Al Capitán) ¡El Corregidor!

GOYA
(Idem) ¡Cachaza!
y en nombre de Dios, prudencia...

CORREGIDOR
Señor Capitán, parece
que usted a la Corte llega
para olvidar un instante
las fatigas de la guerra.

CAPITAN
Sí, señor, (Con ironía)

CORREGIDOR
En ese caso,
mejor ocasión no hubiera.

DUQUESA
Halla usté a Madrid alegre
y a la corte muy contenta.

CAPITAN
En efecto, es indecible
lo mucho que me consuela
el original contraste
que a mi vista se presenta.
Allá me dejo un ejército
en retirada completa,
porque ha duplicado el suyo
la república francesa.
Y cuando llego a la Corte,
en alas de mi impaciencia,
y de mis hermanos de armas
soy la esperanza postrera;
cuando aún es tiempo y muy tarde
acaso mañana sea,
al Rey me encuentro de caza,
a Madrid ardiendo en fiestas,

(Goya y el Abato lo tiran alternativamente de la casaca)

los sabios en el destierro,
en Salamanca las letras,
en chorizos y polacos
divididos los poetas,
Pepe-Hillo y Costillares
enseñando a la nobleza,
los marinos de la armada
distrayéndose en la pesca,
las cortesanas en coche,
en calesín las duquesas,
la inquisición condenando,
y en el Retiro la Reina.
Tanto la corte me gusta
y este cuadro me consuela,
que pienso que aquí no corre
sangre española en las venas:
que si Madrid fuera España,
ser español maldijera,
y tal encuentro a la corte,
que me pregunto si queda
aquí de pudor vestigio
o resto ya de vergüenza...

(Tumulto general. Interrupciones desordenadas. Sorpresa en unos, indignación en otros. Terror de Goya y el Abate)

GORREGIDOR
Señor capitán, me extraña
que a hablar así usted se atreva,
cuando hace ya el arzobispo
de Zaragoza la oferta
de dar cuarenta mil clérigos
armados a sus expensas:
cuando el general ilustre
de los franciscanos llega
hasta pedir la vanguardia,
para ir a la cabeza
de diez mil valientes frailes,
y por fin, cuando se entregan
al rey los contrabandistas,
por tomar parte en la guerra,
y ladrones de caminos
temporal indulto anhelan,
por batirse en campo abierto,
contra los armas francesas.

CAPITAN
¡Cuando hacen falta soldados,
son ociosas las ofertas!...

GENERAL
¡Basta ya, no se disculpan
jamás con faltas ajenas,
generales derrotados
por cobardía o torpeza! (Con desprecio)

CAPITAN
¿Quién hablar así se atreve,
sin que le arranque la lengua?

(Llevando la mano a la espada)

ABATE
El general Gruzalcobas,
(¡Gran jugador de ruleta!)

CAPITAN
Un general... de paisano...
no reconozco a vuecencia. (Con desprecio)

CORREGIDOR
Yo, Corregidor, lo afirmo.

CAPITAN
¡Es mentira, si lo fuera,
no insultara a sus hermanos
que por la patria pelean:
con su pecho allá estaría
defendiendo las fronteras!...

CORREGIDOR
¡Tal insulto!... (Mirando al General)

GENERAL
¡Yo le arresto!...
¡Esa espada!...

CAPITAN
No se entrega.
Militares de salón,
que aquí empolvan su coleta,
pueden mandar contradanzas,
no cicatrices aún frescas.

GENERAL
¡Corchetes, pronto, arrestadle!...

(Le acometen con espadín)

CAPITAN
¿Quién presume que yo pueda
ante espadines de esbirros
rendir mi espada de guerra?...
(Saca la tizona. —Goya y el Abato se interponen)


ESCENA XII

Dichos y la Princesa de Luzán, que llegó poco antes.

PRINCESA
¡Dé la espada el Capitán! (interponiéndose)

CAPITAN
¿Y quién rendir así manda
al Capitán Peñaranda?

PRINCESA
La Princesa de Luzán.

(Enseñando una manga con tres galones)

CAPITAN
Me rindo a mi Coronel. (Entrega la espada)

PRINCESA
Castigaré el desacato.
Yo soy su jefe inmediato
y yo me hago cargo de él.

(Lejano toque de campanas)

PEPITA
(¡No ceda a supercherías!) (Al General)

GENERAL
¡Señora, si usted ordena!... (A la Princesa)

PRINCESA
Silencio: por la Almudena
ya bajan las cofradías.

(Todos se descubren)

PEPITA
(¡Por usted nos han burlado!) (Al General)

GENERAL
(¡Al fin es una señora!)

GOYA
(¡Ya se aproxima la hora (Al Capitán)
de libertar al soldado!)
(Música de la orquesta)

Comienzan a verso mover luces lejanas por la Cuesta de la Vega, que vienen aproximándose. —Cuadro y armonía. —Salen de casa de Goya varios hombros con velas encendidas y cuatro mozos llevando grandes cestos de cirios, para incorporarse a la procesión.—Delante de olios un estandarte.

CORREGIDOR
Pregunto al señor Goya,
¿qué son estos señores?...

GOYA
De artistas y pintores
presido la hermandad.

CORREGIDOR
¡Muchos van!...

PEPITA, GENERAL y DUQUESA
¡Muchos van!...

CORREGIDOR
¿A dónde?...

GOYA
A incorporarse.

CORREGIDOR
¿Qué llevan ahí, en cesto?

GOYA
Son cirios de repuesto.

CORREGIDOR
¡Ya pueden alumbrar!...

GOYA
(AI Capitán) (¡Ya ves mi cofradía!...
¡Hermanos tengo a miles!...
¡Los cirios son fusiles!...
¡y tu cirio tomarás!)

ABATE
(¡A pólvora me huele!...
¡en un volcán estamos!...
si no los alumbramos...
nos alumbran ellos más..)

(Piérdese por grados la música)


ESCENA XIII

Dichos y Pepe-Hillo, seguido de una turba de majas y manolos.

(Hablado)

ABATE
(Al Capitán)
(¿Tomas vela en este entierro?)

CORREGIDOR
Sigamos la cofradía.

PEPE-HILLO
Cabayeros, un iztante,
que me ajoga la faitiga.
Si vuezelensia quiere

(A Pepita, descubriéndose)

darme premiso
pa pedila una grasia...

PEPITA
Sí, Pepe-Hillo.

PEPE-HILLO
Pué es er caso,
que esta tarde afusilan
a un güen zordao.
Su pobrecito pare,
Juan Cachirulo,
espicha si vuesensia
no saca indurto.

PEPITA
¿Y qué delito?...

PEPE-HILLO
Naa. Que ha matao a un corchete
el probecito.
Er barrio é la Arganzuela
ha puesto ahora
sien velas a la Vigen
de la Paloma.
Y es tar la pena
de la gente, que jace
yorar las pieras.
Por una muerteciya
hoy dan mulé
ar mozo de más grasia
del Lavapiés.

PEPITA
(¿Qué resolvemos?) (Al Corregidor)

CORREGIDOR
(Más que nunca es preciso
un escarmiento)

PEPITA
Su Majestad al Pardo
se fue de caza.

PEPE-HILLO
Ya un calesín me truje,
que es una taza.
Con un cabayo
que arcanza los conejos
mejó que un gargo.
Por si revienta er potro,
Luis el Pulió
ha sembrao de calesas
todo camino.
Que a cabayeros,
no seden nunca a nadie
los caleseros.
Ya pitaron a escape,
perdiendo er día,
dejando sin calesas
la romería.
Porque los probes
también corazón tienen
como los nobres.

PEPITA
¿Y si vuelco?

PEPE-HILLO
La Vigen
de la Paloma
velará por Vuesencia,
güeña señora.
¡Vamos arriba!
que ya por su arma piden
las campaniyas.

PEPITA
¡Yo!

PEPE-HILLO
¡Arrímate, Pulió!... (Sale la calesa)
¡Contén er potro!...
Zeñora, los momentos
zon mu preciosos.

CORREGIDOR
(Es necesario
entretener la chusma
con espectáculos!...)

PEPE-HILLO
Mi rodilla a Vuesencia. (Arrodillándose)
zirve de estrivo:
sin cudiao ponga ensima
su piesesito.

GORREGIDOR
(¡De ningún modo!...
es robar distracciones
a los manolos)

PEPITA
No debo, Pepe-Hillo…

PEPE-HILLO
¡Zeñora mía!... (Sorprendido)

PEPITA
Alentar con mi influjo
la indisciplina.

PEPE-HILLO
¡Zeñora, er pié!...
que drento de una hora (Suplicante)
le dan mulé!...

PEPITA
¡|Imposible!... (Dudando)

PRINCESA
(Arrojando el manto y rompiendo por entre la Manolería: sabe a la calesa)
¡Al escape!...
¡que yo me brindo!
y que no te detenga
ningún peligro!...

PEPE-HILLO
¡Dios la bendiga!...
que viva la Princesa
de Luzán!...

MANOLOS
(Con efusión y tirando los sombreros al alto)
¡Viva!...


ESCENA XIV

Dichos, Costillares y Romero.

COSTILLARES
¡Zeñore, no hay que asustarse!...
¡Ten la caleza, Pulio!...

CORREGIDOR
¿Qué hay?

ROMERO
¡Naa!... Que ze ha escapao
de ahí, de la Tela, un noviyo.

TODOS
¡Ah!... (Grito de espanto y fuga general)

PEPE-HILLO
(Jezú y qué eztangurria!...

COSTILLARES
¡Hombe! ¡pa naa tanto ruido!...

PEPE-HILLO
¡Zeñorita, no ze azuste!
¡Eh, muchachos al avío!..,
Zargan aquí las cuadriyas

(Llamando a la puerta del bodegón: salen los Manolos con guitarras, bandurrias y panderos)

¡con vigüela y guitarriyos!...
¡Ayéguence, cabayeros!...
a escortar como hombre fino
a la zeñora Princeza,
hasta er otro lao del río,

(Los Manolos se forman de cuatro en cuatro)

Y vamos tocando marcha,
que zi parece er noviyo,
er señó Frasquito Goya
le arrima un par de zirbíos,
y me da esa espá vuecencia;
zuertan zus capas los chicos, (Capas al brazo)
de muleta armo la mía,
Costiyares para er vicho,
Pedro Romero le güerve.
y lo mata Pepe-Hiyo.

GOYA
(A la Princesa) (Evitar puede usted sola
que andemos todos a tiros)

CAPITAN
(Sacándolos del pecho y dándolos a la Princesa)
(Al Rey solo estos papeles,
reservados y gravísimos)

(En pie sobro la calesa)

PRINCESA
¡En marcha y que Dios me ampare!

PEPE-HILLO
¡Alante los moso fino!...
¡Vamo a pasá la caleza
a ese güey po lo josico!...

(Pepe-Hillo, Romero y Costillares marchan delante: luego la calesa; Goya al lado de ella; detrás la Manolería formada de cuatro en cuatro, con bandurrias vihuelas y panderos, tocando y cantando la marcha anterior que se pierdo por grados: al partir, un vítor prolongado. El Capitán sigue también al cortejo)


FIN DEL ACTO PRIMERO


ACTO SEGUNDO

Noche oscura. —A la derecha del espectador, en primer término, y ocupando la mitad de la escena, una casucha baja de techo y medio derruido, suprimido el muro de frente, para que el interior se halle a la vista del público. —Dentro de la casa, dos puertas a la derecha que comunican a otras habitaciones: a izquierda, primer término, una puerta que comunica a la calle y una ventana con celosía: en segundo término, puerta grande en el fondo: la Ciega, vestida de dueña, dormida de bruces sobro una mesa de pino, alumbrada por un candil, colgado de la pared.—Fuera de la casa, a la izquierda, y frente al espectador, la puerta de una taberna con una rama de olivo y un jarro colgado encima de un letrero que dice: HORCHATA DE CEPAS, —Entre la puerta de la taberna y la casucha de la derecha, un callejón tortuoso y sombrío en cuesta rápida que marcha al fondo del teatro con dos boca-calles a izquierda, perdiéndose a lo lejos.—Por cima, y más allá del tejado de la casucha, se ven algunas copas de árboles, un pretil o callejón con antepecho que comunica en ángulo recto con el anterior, y en el fondo del teatro con fachadas al callejón y al pretil, un lujoso palacio cayos balcones abiertos, permiten ver los salones iluminados con arañas y la multitud que baila, canta y alborota. La escena muy oscura y alumbrada sólo con luna nublada y un miserable farolillo de una Virgen colocada en la esquina chaflanada de la segunda boca-calle de la izquierda.

(Introducción musical)

Después de un preludio instrumental, se alza el telón y aparecen bebiendo dentro de la taberna el Santero y el Ciego, la Ciega dormida en la casucha, y en los salones del palacio, cantando y bailando una contradanza. El Abate asomado a un balcón del palacio.

ABATE
La grave contradanza
le gusta a don Manuel,
porque a doña Pepita
la ve lucir el pie.
Hevillas de brillantes
quisieran muchos ser,
a cambio de ir encima
de tan pulido pié.

(Coro y baile dentro, tarareando)

ABATE
(Al balcón)
Calada y fina media
quisieran todos ser,
para tener sorbido
el seso a don Manuel.
Chapín de la tal dama,
¡ay quién pudiera ser!...
y así mandar como ella
España a puntapiés.

(Coro y baile en el palacio, tarareando, y concluye la contradanza con bravos y aplausos. —El Abate se quita del balcón. — Romero y Costillares, a la puerta de la taberna, cantan con algazara y palmotean la siguiente canción popular de la época, llamada El Perulillo)
«Por lo dulce las damas
jolín, jolín, Perulí achulé olé jé , ai zá,
son desaborías:
yo las quiero muy agrias
jolín, jolín, Perulí, etc.
pero sabrositas.
Cariño de mi vida,
jolín, jolín, Perulí, etc.
eres tan chuscaza.
que a toditos los hombres
jolín, jolín, Perulí, etc.
les robas el alma»

(Se van los toreros) Salen de la taberna oí Ciego y el Santero. —Diálogo con acompañamiento siniestro de la orquesta)

(Hablado)

CIEGO
(Echándole el brazo por la espalda)
¡Tú eres mozo de provecho:
te eché el ojo allá en el río!...
¿Quieres ganarte unos cuartos,
honradamente?...

SANTERO
¡Ahora mismo!...
¿A qué estamos?... Habla pronto:
yo sé cumplir con mi oficio.

CIEGO
¿Llevas mondadientes?

SANTERO
(Sacando una navaja) Mira.

CIEGO
¿Sabrás dar mulé a un mocito?

SANTERO
¿Lo pagan bien?...

CIEGO
Treinta onzas.

SANTERO
(Abriendo la navaja)
¡Entonces, dime a quién pincho!...

CIEGO
¿Y si es militar?...

SANTERO
Lo mato.

CIEGO
Pues calla y vente conmigo.

(Lo coge por un brazo y al echar a andar, salo por el callejón de la Virgen, sube el pretil y atraviesa la escena un hombro con capa larga, una linterna sorda, un cajón o cepillo colgado a la cintura y una campanilla que viene tocando de tiempo en tiempo y gritando con lúgubre entonación particular)
«¡Para hacer bien y decir misas
por los que están en pecado mortal!»

SANTERO
(Aterrado) ¡No....¡vete solo!...¿No escuchas?
¡De Dios parece un aviso!

CIEGO
(Zarandeándolo) ¿Tiemblas, cobarde santero?

SANTERO
(Amenazador) ¡Vete, ciego!...

CIEGO
(Con mofa) ¿Quién ha visto
hacer ascos a las onzas
un desertor de presidio?...

(Dan dos o tres pasos para irse. Vuelve a oírse otra vez la voz del pregonero diciendo)

«Hombre que estás en pecado,
si en esta noche murieras,
piensa bien a donde fueras.»

CIEGO
(Con mucho terror)
Parece la voz de ese hombre
de Dios el tremendo grito,
que a tí y a mí nos pregunta:
¿qué vais a hacer, asesinos?...

SANTERO
(Sonando un bolsillo con oro, no con hojadelata como se acostumbra entro españoles)
¡O vienes, o te delato!...
¡Calla!... Ciego maldecido!...

(Se va por el fondo: óyese a lo lejos el grito apagado)

«¡Para los que están en pecado mortal!»

(La orquesta acaba por consunción. Todo queda en silencio profundo)


ESCENA PRIMERA

Doña Pepita recatada y con precaución, seguida del Corregidor embozado, entra en la casucha, por la segunda puerta de la derecha y despierta a la Ciega.

(Hablado)

PEPITA
Esta es la casa... (Despertándola) ¿Violante?

CIEGA
(Sobresaltada)
¡Ah, gran señora!

CORREGIDOR
¡Silencio!

CIEGA
¿Mas por dónde entró Vuecencia?

PEPITA
Nada te importa saberlo. (Dándole dinero)
Déjanos: toma y vigila.

CIEGA
El estrado está dispuesto. (Vase)

PEPITA
Esta casa de los duendes,
que así dio en llamarla el pueblo,
por estar siempre cerrada
sin alma viviente dentro,
motivo fue para el vulgo
y para ociosos pretexto
de invenciones y patrañas
de aventuras y misterios,
en que yo fui la heroína;
dando origen a los cuentos
que al jardín de mi palacio
tiene el muro medianero.

CORREGIDOR
¡Es verdad, doña Pepita:
respetando como debo
su virtud inmaculada!...

PEPITA
¡Hipócrita!...

CORREGIDOR
La confieso
que a mis oídos llegaron
esos rumores siniestros
de sombras a media noche
por callejones desiertos,
de bacanales y orgías
y de imprevistos encuentros
de comediantes con duques,
de príncipes con toreros.
¡Pero calumnias infames!...
¡Usted!... ¡usted!... (¡Chúpate eso!)

PEPITA
Pues bien: matar la calumnia
no está en mi mano, no puedo,
mas para librarme de ella...

CORREGIDOR
Morirse: no hay otro medio.

PEPITA
No tal: atraer su cólera
hacia personajes nuevos.
Así, por dar a servicios
del Abate justo premio,
le alquilé esta casa gratis
y aquí trae sus devaneos,
que son muchos más que letras
tiene mi libro de rezo.

CORREGIDOR
¡Bien discurrido!... (Ella fuma
y el otro escupe: soberbio!...)

PEPITA
Ahora es preciso que explique
usted su tenaz empeño
de conocer esta casa.

CORREGIDOR
Tengo aquí un plan maquiavélico.
¿Se acuerda usted de los cirios,
guardados en grandes cestos,
que la noble cofradía
de pintores y arquitectos
a la procesión condujo?
¡Pues eran armas de fuego!,..
Al llegar las hermandades
hacia el Puente de Toledo,
debían coger la guardia
del cuartel, salvar al preso
en el tumulto y librarle
así del fusilamiento.
Gracias a la Princesita
y a los bravos caleseros,
el perdón de ese soldado
dos guardias de Corps trajeron
a escape desde el Real sitio,
salvándose al mismo tiempo
de una catástrofe cierta
los conspiradores gremios.
Tenía dos batallones
de valonas, ya dispuestos
para no dejar con vida
un pintor ni un arquitecto.
En fin, nos hemos privado
de una emoción para el pueblo,
que le hubiera entretenido
semana y media, lo menos.

PEPITA
¡Qué lástima!...

CORREGIDOR
Sin embargo,
sé que aquellos grandes cestos
se han traído aquí de noche,
y de esto, señora, infiero
que aquí nuestros enemigos
se reúnen en silencio.

PEPITA
¡Aquí!...

CORREGIDOR
Sí: los literatos
miran con noble respeto
este ruinoso edificio,
porque encierra un gran recuerdo.
Aquí mismo y a mediados
del siglo décimo sexto,
enseñaba humanidades
el celebrado maestro,
párroco de San Andrés,
donde está su enterramiento,
y doctor Juan López de Hoyos,
a su alumno predilecto
el gran autor del Quijote,
y bajo este humilde techo
el buen Miguel de Cervantes
empezó a componer versos.

PEPITA
Y usted, ¿qué espera?...

CORREGIDOR
Está claro:
acechar y sorprenderlos.

PEPITA
¿Ya para qué?... ¡usted ignora
que nuestra ruina es un hecho!...

(Con pesar)

La princesa de Luzán
al Pardo llevó los pliegos
que el capitán Peñaranda
ha traído del ejército.
El Rey llamó anoche al duque,
y con firme y noble acento
dijo que se le tenía
en un engaño completo.
Que habían sido infructuosos
el valor y los talentos
del buen general Ricardos,
pues que el Rosellón no es nuestro.
Que la torpe retirada
y continuos desaciertos
de sus sucesores, cuestan
veinte mil hombres, lo menos.
Que claramente es traidora
rendición al extranjero
la de Figueras, contando
más de diez mil hombres dentro
y con doscientos cañones
que no han llegado a hacer fuego.
Por último, dijo al duque
de la Alcudia el Rey: «no quiero
a mi lado unos ministros
ni en mi Cámara un Consejo,
que han menester sostenerse
con la sangre de mis pueblos,
y pierden en tres campañas
hasta la orilla del Ebro.»
Juzgue usted... Ya todo es tarde...
Corregidor, no hay remedio...
¡Tal vez pronto nos espere
la pobreza y el destierro!...

CORREGIDOR
¡Sí... ya esperanza no hubiera, (Con energía)
sin el poder de mi ingenio!...
En tanto que usted velaba
a Pepe-Hillo en su lecho,
olvidando ante su herida
deber, honor, mundo entero,
y mientras hacía el duque
de su poder testamento,
yo en mi coche de colleras
y por la Puerta de Hierro,
salía al rayar la aurora
tan rápido como el viento.

PEPITA
¿Sabía usted?... (Con ansiedad)

CORREGIDOR
Me bastaba
saber, por Pedro Romero,
que al partir en la calesa
la de Luzán, tomó un pliego.

PEPITA
¡Ah!...

CORREGIDOR
Llegué al Rey y le dije
que en aquel mismo momento,
de descubrir acababa
un complot con el objeto
de falsificar despachos
procedentes del ejército,
para engañar al monarca
y destruir al gobierno.
Busqué en la cárcel de corte
a un falsificador preso,
y ya traigo en mi bolsillo
las pruebas para perderlos.
¡Una ocasión, una sola¡
y el triunfo mañana es nuestro!

PEPITA
(De prisa) Tres días más de privanza
y nos salvamos. Se han hecho
a Francia proposiciones
para la paz, en secreto;
tiene orden el emisario
de alcanzarla a cualquier precio,
y en ese plazo se espera
que llegue el consentimiento.

CORREGIDOR
(Con rapidez)
Corra usted a ver al duque
y que al Rey, sin perder tiempo,
le diga que la República
un embajador expreso
le manda y la paz nos pide,
por un poco de dinero.

PEPITA
¡Es verdad!...

CORREGIDOR
Yo voy en tanto,
a ver si en la casa encuentro...

PEPITA
¡Las velas de esos devotos!...

CORREGIDOR
¡Los cirios para su entierro!...

(Suenan las diez)


ESCENA II

Dichos y la Ciega, apresurada..

CIEGA
¡Gran señora!...

PEPITA
¿Qué sucede?...

CIEGA
Las diez están dando y temo
que llegue el señor Abate,
o acaso algún manto negro,
y puedan ver a vuecencia?

PEPITA
¡Corregidor, vamos presto!...

CIEGA
¿Por qué puerta?...

CORREGIDOR
Por ninguna.

PEPITA
Quédate aquí: ya saldremos.

(Suenan palmadas: una sola y después dos juntas)

CIEGA
¡La señal!...

PEPITA
¡Puedes abrirles,
y para todos silencio!...

(Vanse por la segunda puerta de la derecha)


ESCENA III

La Princesa, el Abate, el Capitán y Goya.

La Ciega abre la puerta; aparece por el primor bastidor de la izquierda y por delante de la taberna, una litera con cortinas cerradas, conducida por el Abato y Goya; el Capitán va detrás; entran en la casucha: a una seña del Abate, vaso la Ciega, sale de la litera la Princesa y colocan el mueble al fondo.

ABATE
Carga tan dulce y ligera,
tragimos de mil amores.

PRINCESA
NO merezco yo, señores,
tales pajes de litera.

ABATE
Si nada hay que pese tanto
como un cruel remordimiento,
aún pesa menos que el viento
la mujer que es nuestro encanto.

GOYA
¿Abate, que no te enmiendes?...

CAPITAN
Vete ya a lo convenido.

PRINCESA
¿Pero a dónde me han traído?...

GOYA
A la Casa de los Duendes.

PRINCESA
(Sobresaltada)
¡Dios mío!... ¡y estamos solos!...

GOYA
Entre sus ruinosos muros
podemos hablar seguros:
pronto vendrán los Manolos.

CAPITAN
Nadie aquí te necesita (Al Abate)
y tiempo no hay que perder,
conque te puedes volver
al baile de la Pepita.

ABATE
No obréis sin contar conmigo.

PRINCESA
Vaya usted, que yo respondo.

ABATE
Reconocer quiero a fondo
el campamento enemigo. (Vase por la calle)

GOYA
¡Hable usted por Dios, Princesa!...

PRINCESA
¡Al Rey pude ver al fin!...

GOYA
¿Y estudiaba el violín?

PRINCESA
No barnizaba una mesa.

CAPITAN
¡Hay paciencia que resista!... (Furioso)

PRINCESA
¡Tan Bueno!... ¡tan indulgente!...

GOYA
¡Es un músico excelente!...

PRINCESA
Pero es mejor ebanista. (Con tristeza)
Con acento acongojado
y con profunda emoción,
al Rey le pedí el perdón
de ese valiente soldado.
Afligido también él,
aunque olvidando su trono,
me respondió «le perdono
si lo consiente Manuel.»

CAPITAN
¡Ira de Dios!... (Furioso)

GOYA
Ten cachaza,
que empezando estás ahora.

PRINCESA
«Señor, dentro de una hora,
es fusilado en la plaza,»
le dije al Rey, que del suelo
levantóme, ya vencido,
y que enjugó conmovido
mi llanto con su pañuelo.

GOYA
Cuando los guardias llegaron,
gritando, ¡perdón!... ¡perdón!...
no hubo frío un corazón:
todos los ojos lloraron.

CAPITAN
Desde entonces, con afán
dos nombres Madrid aclama;
el del Rey y el de una dama:
¡la Princesa de Luzán!...

PRINCESA
Fecundas fueron, señores,
las lágrimas que he vertido;
que a mi palacio he subido
por una alfombra de flores.

GOYA
Es de gratitud la bella
expresión de un pueblo entero.

CAPITAN
Desde el grande al pordiosero,
todos tienen parte en ella.

GOYA
Y aún falta más todavía,
porque a la fiesta inmediata,
dará a usted gran serenata
toda la Manolería.

PRINCESA
Quiero que ustedes lo eviten:
temo, por graves razones,
que tales demostraciones
a la camarilla irriten.

GOYA
¿Qué importa?... ¡Tal vez se entierra
esta noche su poder!...

CAPITAN
El Rey ya debe saber
el estado de la guerra.

PRINCESA
Amigos míos, no creo
tal ventura para España:
presumo que les engaña
a ustedes su buen deseo.
Y aunque esperanzada estoy,
aunque su ilusión comparto,
todo lo ve Carlos cuarto
por los ojos de Godoy.
Carlos es Rey sin reinar,
porque ha dejado perder
la costumbre del poder
por el placer de cazar.
Si bondadoso y clemente,
es tímido, irresoluto,
y España paga tributo
a su espíritu indolente;
Rey, que olvidando su raza,
por causas que no penetro,
ha trocado su real cetro
por su escopeta de caza;
Así, cuando me mandó
que los despachos leyera
y con noble actitud fiera
tantos desastres oyó;
cuando amenazando a Francia,
y de cólera lloroso,
le vi recorrer furioso
a grandes pasos la estancia,
creí lograr mis esfuerzos,
viendo al Rosellón partidos
generales entendidos
y vigorosos refuerzos.
Mas todo recurso en él,
fue gritar como un vasallo:
que monte un guardia a caballo
y llame pronto a Manuel.

CAPITAN
(Furioso) ¡O cesa tanta mancilla,
o la Patria se derrumba!...

GOYA
(Cogiéndolo del brazo)
Esta noche, abrimos tumba
a esa infame camarilla!...

CAPITAN
¡Para eso vine yo aquí!...
Pronto estoy: ¡mi vida inmolo!...

GOYA
¡No se salva ni uno solo!
¿Quieres saber cómo?...

CAPITAN
Sí.

PRINCESA
(Interponiéndose)
¡Nada de sangre!... ¡qué horror!...
No conspiremos con saña,
que para salvar a España
cualquier camino es mejor.
¡Fácilmente se destruye!...
ustedes serán cabeza,
y dirán al pueblo: empieza;
mas... ¿quién le dice: concluye?
El Rey a su mismo lado
tiene el mal, pero está ciego,
y no podéis hacer fuego,
porque el trono es un sagrado!...
Y por males que lloréis,
nunca, jamás se redimen
con el oprobio del crimen
que mató a Luis dieciséis.

GOYA
¿Entonces? (Con desesperación)

PRINCESA
(Al Capitán) Al Escorial
hoy Carlos cuarto ha partido,
y para usted le he pedido
Un salvoconducto real. (Dándosele)
Si a usted le ve, si le escucha
pintar con vivos colores
los estériles horrores,
de la mortífera lucha,
tal vez logre usted la hazaña
de encender su indignación.
¡El rey tiene corazón!...
¡Tal vez salvemos a España!...

CAPITAN
Lo que importa más, señora,
que llegue a Su Majestad,
es la voz de la verdad,
que apenas oyó hasta ahora.
Lo que la nación demanda,
es la verdad en su oído,
que un vil destierro ha valido,
al noble conde de Aranda.
Que llegue a saber el Rey
lo que el rumor ya publica,
que en España se trafica
con su honor y con la ley.
Que por saciar los deseos
de una belleza no casta,
se hace pública subasta
de los más altos empleos.
Que si recursos no arbitra
una cortesana en boga,
hace vender una toga
o subastar una mitra.
Que el enemigo reacio,
mortal de nuestro país,
no hay que buscarle en París,
sino en su propio palacio.
Que la sangre y los tesoros
de España, sólo sustentan
a los que al pueblo alimentan
y educan con Pan y toros.
Que sólo su voz augusta
aún puede salvar a España,
concluyendo una campaña
impolítica e injusta.
Y que jamás Dios auxilia
al Rey que su patria inmola,
vertiendo sangre española
por agravios de familia. (Pausa)
Si yo, capitán oscuro,
tan ardua empresa acometo
sin lograr mi noble objeto,
me fusilan de seguro.
A tan alta empresa aspira,
con el poder de su labio,
sólo un héroe o un sabio
incapaz de la mentira.
Un gran hombre, sólo uno,
fue para intentarlo audaz:
¿quién de seguirle es capaz?...
Ningún español, ninguno.

PRINCESA
¡No busque usted cortesanos!...
Mas si uno ha habido, habrá dos;
que aún vive, gracias a Dios,
don Gaspar de Jovellanos.

GOYA
¿Y olvidará sus injurias?...
¿su destierro a Salamanca?
¡Nadie, señora, le arranca
de su retiro de Asturias!...

PRINCESA
¡Si yo le pudiera ver,
conmigo a Madrid vendría:
si me escuchara, tendría
seguridad de vencer!...

GOYA
¿Usted arriesgarse?... ¡No!...

PRINCESA
Pues buscares necesario
un atrevido emisario,
que le sepa convencer.

CAPITAN
Yo.
Discípulo suyo fui
en las aulas de Alcalá
y aún de mí se acordará.

PRINCESA
(Con satisfacción)
¿Luego usted se atreve?...

CAPITAN
Sí.

PRINCESA
¡Solo no!...

GOYA
Con diez Manolos.

CAPITAN
Mucho abultan; no es prudente.
Guando más, con mi asistente:
bastamos dos hombres solos.
Esta misma noche parto.

PRINCESA
Dios haga que don Gaspar
sea el ángel tutelar
de España y de Carlos cuarto.


ESCENA VI

Dichos y El Abate apresurado por la calle. —Trae laves para abrir la puerta de la casucha.

ABATE
¡Ya se ha salvado la patria
Atención y punto en boca.

GOYA
¿Hay novedades?

CAPITAN
¿Qué ocurre?

PRINCESA
¿Explique usted?...

ABATE
Voy, señora.
¡Ya no vendrán los franceses!...
¡España vuelve por su honra!...
Ya la política es grande
y nuestros esfuerzos sobran.

PRINCESA
(Con efusión)
¡El rey atiende a mis súplicas!

GOYA
¡Habla, que el gozo me ahoga!...

ABATE
El palacio de Pepita
es chico y las salas pocas
para contener la gente
que ahí acude y se amontona.,.
Grandes proceres, magnates,
espadas, mantos y togas,
ilustres covachuelistas
y en fin, la nobleza toda,
de la favorita invaden
la mansión deslumbradora,
que el motivo es poderoso
y antiguos rencores borra.
La indignación es unánime,
temible y justa la cólera,
nobilísima la causa,
las consecuencias dudosas.
Ya sabréis que Pepe-Hillo
esperanzas muy remotas
ofrece de vida…

CAPITAN
(Impaciente) ¡Acaba!...

ABATE
Que las más altas señoras
turnan velando al herido;
que está llena de carrozas
la calle de Canta Ranas;
que una guardia de valonas
contiene a la muchedumbre
que a su vivienda se agolpa;
que la misma Reina manda
un jinete de hora en hora,
por las últimas noticias
de una salud tan preciosa;
que van duquesas descalzas
hasta el santuario de Atocha,
y de cirios tiene un bosque
la Virgen de la Paloma;
y en fin, que si Pepe-Hillo
se nos muere y se remonta
a la mansión de los héroes,
borracho de fama póstuma,
España vestirá luto
y el Ebro será una gota
para el torrente de lágrimas
que habrá por tierra española.
Pues bien: presuman ustedes
en tal estado las cosas,
el efecto que produce
al estallar como bomba,
una noticia increíble,
que deja a Madrid atónita.
De un expediente formado
con rapidez asombrosa,
que se empezó esta mañana
y ya de mil pliegos consta,
resulta que un tío Gallón,
que los toriles custodia,
tomó ayer de una tapada
en esa taberna próxima,
un bolsillo, como precio
de una traición alevosa,
y echó un toro castellano
a Pepe-Hillo. La nombran
a usted como de ese crimen
principal instigadora,
de acuerdo con Jovellanos,
con la idea tenebrosa
de matar la tauromaquia.

GOYA
¡Qué absurdo!

PRINCESA
Nada me importa.

ABATE
Se ha mandado a su palacio
una guardia de valonas,
para prevenir del pueblo
cualquier explosión de cólera.

CAPITAN
¡Infames!

ABATE
Y a Jovellanos,
embajador se le nombra
en Rusia, para alejarle,
con la orden perentoria
de embarcarse en la Coruña,
sin plazo, excusa, ni prórroga.

PRINCESA
(Con desaliento)
¡Nada ya que hacer nos resta!

GOYA
(Con energía) ¡Sí... tomar venganza pronta!

(Música)

GOYA
Aunque usted, Princesa noble;
se prosterne ante mis pies,
no desisto de mi empeño
ni me hará retroceder.
Ahí están los enemigos
de mi patria y de mi Rey,
y ocasión tan venturosa
no volvemos a tener.

CAPITAN
Sí mi vida pide España,
yo mi vida le daré:
esos son sus enemigos,
no el ejército francés.
¡Junta está la camarilla
y dudar es perecer!
¡Sangre a voces pide España!..
Y esa sangre hay que verter.

(Dándose la mano)

ABATE
(A la Princesa)
Y lo harán como lo dicen,
que a los dos conozco bien:
el muchacho es un demonio,
y el pintor aragonés.
El palacio de Pepita
son capaces de encender,
cuando lleguen los Manolos
del Barquillo y Lavapiés,

PRINCESA
Pues que no hay otro camino
ni esperanza de vencer,
de salvar a nuestra patria
cualquier medio aceptaré.
¡Mas con sangre de españoles
vuestras manos no manchéis!.
La venganza es un delito,
que jamás conduce al bien.

CAPITAN
¡Justicia, señora!...

GOYA
¿Justicia, no más?

PRINCESA
¿Y cómo?

GOYA
¡Silencio...!

ABATE
No hay nadie.

GOYA
¡Escuchad!...
Entre el patio de esta casa
y ese próximo jardín
del palacio de Pepita,
y por bajo del pretil,
una bóveda hay oculta
y mandada construir
para el culto de una Venus,
cuyo templo se halla aquí.

PRINCESA
¡Es posible!...
(¡Nos ahorcan!...)

CAPITAN
Continúa.

GOYA
Pues oíd.
Ciérrala de yedra un muro
de este lado, y por allí
a una estufa de cristales
va la bóveda a salir.


CONJUNTO

ABATE
Pues ya por asalto
me toman la casa...
si el golpe fracasa,
nos mandan ahorcar.

GOYA
El golpe le damos
nosotros dos solos
y algunos Manolos,
que voy a buscar.

CAPITAN
El golpe le damos
nosotros dos solos
con esos Manolos
que vas a buscar.

PRINCESA
¡Tomar por asalto
de noche su casa!...
Si el golpe fracasa,
perdidos están.

GOYA
Voy en busca de mi gente.

CAPITAN
Ve con Dios: te espero aquí.

ABATE
En salvando a mi Tirana,
nada tengo que pedir.


CONJUNTO ANTERIOR

PRINCESA
¡Que Dios les proteja!...

GOYA y CAPITAN
¡Perdidos están!...

ABATE
¡Nos mandan ahorcar!...

(El Abate vase por la calle: Goya por el interior de !a casa)


ESCENA V

La Princesa y el Capitán.

(Hablado)

PRINCESA
Esta mansión solitaria,
me aterra!...

CAPITAN
¡Dios nos apoya!...

PRINCESA
¡No acompañe usted a Goya
en su empresa temeraria!

CAPITAN
Señora, el estrecho espacio
de una corta galería,
nos separa de la orgía
que bulle en ese palacio.
Nadie el triunfo nos disputa
y a lograrle nos provoca
la saturnal torpe y loca
de una corte disoluta.

PRINCESA
Los males que a España afligen
tienen hondo el manantial.
¿Qué hará usted matando el mal,
si no destruye su origen?...
¡Teñirse en sangre las manos!...
¡Su patriotismo le ofusca!...
Lo primero es ir en busca
de don Gaspar Jovellanos.

CAPITAN
Por la fe de caballero,
que antes de rayar la aurora,
salgo de Madrid, señora,
y arde esa casa primero.

PRINCESA
¿Y si halla muerte cruel?... (Suplicante)

CAPITAN
¡Por mi patria doy la vida!...

PRINCESA
Caballero, usted olvida (Altiva)
que yo soy su coronel. (El Capitán se cuadra)
Si el capitán Peñaranda
a mi súplica no accede,
desobedecer no puede
al superior que lo manda.

CAPITAN
Desde que en Italia un día
la vi a usted en el convento,
un amor hacia usted siento,
que raya en idolatría.
Pensé que tanta hermosura
y tan bella juventud,
tendrían por ataúd
una perpetua clausura.
Pensé que era tumba angosta
para la hija de España,
que levanta en tierra extraña
un regimiento a su costa.
Y al jurar, puesto de hinojos,
en sus manos mi bandera,
como las hachas de cera,
lloraban también mis ojos.
No me volví a separar
de aquella emblema sagrada,
por esas manos bordada,
sino próximo a espirar.
Rota del plomo extranjero,
pero triunfante la vi,
y envuelto en ella caí
moribundo y prisionero.
Dios al débil no abandona
y soñé ver una dama,
orando al pié de mi cama
del hospital de Bayona.
Vi un ángel junto a mi lecho,
bajo forma de mujer,
y llanto sentí caer
como bálsamo en mi pecho.
Mi mente febril y loca
me pintaba con delicia
el rostro de una novicia,
envuelto en su blanca toca.
Certidumbre o frenesí,
ilusión o realidad,
el ángel de la piedad
ha sido usted para mí.
Puede usted juzgar ahora:
por gratitud, por amor,
por deber y por honor,
mi vida es de usted, señora,
Pero la patria me grita
que sucumbe si obedezco,
y hacer pavesas ofrezco
el palacio de Pepita.

PRINCESA
¿Y si mi súplica abona
aquella piadosa dama,
que oraba al pié de su cama
del hospital de Bayona?...
¿Y si en decirle consiento
que el ángel que soñó ver,
era esa débil mujer
que conoció en el convento?

CAPITAN
Por la dicha embriagado
y anhelante el corazón,
imploraré mi perdón,
ante sus plantas postrado.
¡La diré con voz sumisa,
que hasta mi sangre la ofrezco:
la diré que no merezco
ni aun besar donde ella pisa!...
¡Pero en esta lucha extraña
que me obliga a ser traidor
a mi patria o a mi amor,
no hay que dudar: vence España!.

PRINCESA
Mi corazón adivina
que !a muerte a usted espera,
como la Virgen no quiera
darle protección divina.

(Música)

PRINCESA
Este santo escapulario
que le voy a dar, (Sacándosele)
fue colgado a mi garganta
por Su Santidad;
y en Sicilia y en Bayona
no me abandonó jamás.
Teñido está en sangre
de un buen capitán,
velado en el lecho
de un pobre hospital.
Ya una vez salvó su vida
y otra vez la salvará.

(Se le pone; él de rodillas)

CAPITAN
Cual depósito sagrado
en mi pedio siempre irá.


ESCENA VI

(Hablado)

Dichos y Goya seguido de ocho Manolos embozados, penetra cautelosamente por la puerta que da al interior. Poco después, el Abate y la Tirana de luto, salen del palacio de Pepita y entran en la casucha por la calle.

GOYA
(A los Manolos que se descubren con respeto)
La Princesa de Luzán,
nuestra grande protectora,
y el Capitán Peñaranda,
que dirige la maniobra.

PRINCESA
¡Dios ponga tiento en sus manos!...

GOYA
Esta es mi gente, señora.

CAPITAN
¿Y sabe a lo que ha venido?

GOYA
Y a realizarlo está pronta.

PRINCESA
Esperemos al Abate.

ABATE
Presente, (Entrando con la Tirana)

CAPITAN
(Con resolución) ¡Llegó la hora!...

ABATE
Ya me traigo a mi Tirana;
lo demás poco me importa.

PRINCESA
(Con desprecio)
¿Y en qué se ocupa a estas fechas,
la aristocracia española?...

ABATE
El traje de Pepe-Hillo,
empapado en sangre roja,
sobre una bandeja de oro,
contempla la gente atónita.
Sólo se espera a que llegue
una altísima persona,
para partirle en pedazos
que se han de rifar a onza:
pues todos tener pretenden
esa reliquia preciosa,
y hacer un fondo al herido
que tanto a su patria honra.

TIRANA
Y en tanto que así se ocupa
la aristocracia española,
clon Ramón de la Cruz Cano,
autor de trescientas obras,
don Ramón el sainetero,
como Lavapiés le nombra,
que presentir ha sabido
la comedia filosófica,
y a Iriarte y Moratin
mostró una senda gloriosa,
ha muerto casi olvidado.

PRINCESA
¿Dónde?...

CAPITAN
¿Cómo?...

GOYA
¿Cuándo?...

TIRANA
Ahora;
en casa de un carpintero,
recogido de limosna.

(Pausa: todos so descubren)

GOYA
¡Oh patria de Pan y toros!...
¡te reconozco en tus obras!...
¡En cada pueblo edificas
plaza de toros suntuosa,
cuando a Calderón y a Lope
no das ni una estatua sola!...

TIRANA
Al saber tan triste nueva,
hemos cambiado de ropa,
Máiquez, Rita Luna y yo,
y con cuatro o seis personas,
de la fiesta hemos salido;
mientras la música entona,
y danzan los bailarines
al compás de una gavota.

CAPITAN
Manolos de rompe y rasga,
hombres de corteza tosca,
pero con almas abiertas
a toda acción generosa;
yo, que vengo perfumado
con el humo de la pólvora
y la autoridad que prestan
heridas que aún sangre brotan,
por la fe de caballero
y la cruz de mi tizona,
juro que no están en Francia
los males que España llora,
y que no son los franceses
causa de nuestras derrotas.
Allí está la camarilla
que nuestra patria deshonra.
El grito de España escucho
y voy, antes de la aurora,
a quemar ese palacio
con el fuego de mi cólera;
|yo, capitán del ejército,
pero con sangre manola!
¡Que me sigan los capaces
de resolución heróica:

(Las Manolos sacan de debajo de sus capas, trabucos y escopetas y empiezan a cargar)

quien se quede, de seguro
no será mi compatriota!...

PRINCESA
¡Un momento!... de rodillas!..
y antes que la sangre corra,
imploremos de la Virgen
su protección salvadora:
¡para la patria justicia!,.,
¡para ellos misericordia!...

(Todos se arrodillan. Los Manolos ponen sus armas en el suelo para facilitar luego la sorpresa)

(Música)

PRINCESA, CAPITAN, GOYA, TIRANA y ABATE
¡Oh, reina de los ángeles,
tesoro de piedad!...
protege a nuestra patria
y líbrala del mal.
A nuestra noble empresa
tu excelso amparo da:
justicia y no venganza
queremos alcanzar.

(El coro de Manolos repite la plegaria en unión de los demás. Al comenzar la plegaria anterior se oyen en el palacio los compases de una gaveta: se ven las parejas de baile por los balcones, y después suenan risas y palmadas; el Corregidor, seguido de cuatro alguaciles con pistolas que amartillan, sale del palacio y los coloca con mucho sigilo en las avenidas de las callejuelas)


ESCENA VII

Al concluir la plegaria aparecen por la puerta interior de la casucha, sorprenden arrodillados y por la espalda a los Manolos y les desarman, el Corregidor, Alguaciles y algunos soldados con el General. Sorpresa y sujeción de hombro por hombre: no ridícula.

CORREGIDOR
(Con voz de trueno)
En nombre del Rey mando
Las armas entregar.

MANOLOS
(Ya desarmados)
¡Traición.... traición!...

PRINCESA
(Al Capitán impidiendo que saque su espada)
¡Prudencia!...

GENERAL
La espada, Capitán.

CAPITAN
¡Soy libre por mandato
del Rey!...

(Entregando un papel que saca del pecho)

GENERAL
(Leyéndolo y devolviéndole)
En regla está.

(Al Corregidor)

Es un salvo conducto,
que tiene el sello real.

CORREGIDOR
(Señalando al suelo y a un papel que él mismo tiró antes)
¿Y qué papel es ese?
¡alzadle!... ¡venga acá!...
¡El cuerpo del delito!... (Leyendo)
Excepto el Capitán,
en nombre del Rey prendo
a todos los demás.

PRINCESA
(Adelantándose con altivez y descubriéndose)
¿También a mi?...

CORREGIDOR
(Escandalizado) Señora,
¿Vuecencia en tal lugar?...

(Con solemnidad)

La arresto en su palacio,
por su alta dignidad.

PRINCESA
¡Soy dama de la reina!...

CORREGIDOR
Tratada como tal
será la nobilísima
princesa de Luzán.

(Quitándose el sombrero: todos le imitan)

Traed una litera.

CAPITAN
(Tirando de la espada)
¡Señora, basta ya!...

CORREGIDOR
¿Qué es esto?

PRINCESA
(Conteniéndole)
(¡Usted nos pierde!...
Prudencia, Capitán!...)

(Llevando al Capitán a un lado y aparte)

Como usted no quede libre,
a la corte no vendrá
don Gaspar de Jovellanos,
esperanza única ya.
El valor alcanza mucho,
la prudencia mucho más:
no pensemos en nosotros,
en España hay que pensar.

ABATE
(Aparte al Corregidor)
Como a mí y a la Tirana
no nos deje usía en paz,
probaré que a Pepe-Hillo
ha intentado asesinar.
Contaré que por mis trampas
a Romero hizo nombrar,
y otros sapos y culebras
de su inflexibilidad.

TIRANA
Como nuestra Princesita
no contenga al Capitán,
hacer pueden con nosotros
una gran barbaridad.
Y si Dios no lo remedia,
esta torta cuesta un pan:
el presidio o el destierro
elegir podemos ya.


CONJUNTO

Doña Pepita, Damas y Caballeros, que habrán salido con sigilo del palacio y habrán espiado por la celosía de la casucha.

DOÑA PEPITA, DAMAS y CABALLEROS
¡Oh, qué peregrina historia
hemos sorprendido ya!...
En la Casa de los duendes
infraganti han ido a dar
con la virgen Princesita
y un bizarro Capitán!...
¡já... já… já!...
¡Oh, qué historia tan bonita
vamos todos a contar,
de la virgen Princesita
y un bizarro Capitán!...
¡já... já... já!...

PRINCESA
Como usted no quede libre, etc.

CAPITAN
Como yo no quede libre,
a la corte no vendrá
don Gaspar de Jovellanos,
esperanza única ya, etc.

GOYA
Como tú no quedes libre, etc.

ABATE
Como a mí y a la Tirana, etc.

TIRANA
Como nuestra Princesita, etc.

MANOLOS
Como nuestra Princesita, etc.

CORREGIDOR
(AI general) A la cárcel irán todos
a pensar mejor su plan,
y nosotros a palacio
a ver a Su Majestad.
Yo seré grande de España
y a usted, bravo general,
le dará doña Pepita
un buen mando en Ultramar.

GENERAL
A la cárcel irán todos
a pensar mejor su plan,
y nosotros a palacio
a ver a Su Majestad.
Si usted caza la grandeza,
yo no me quedaré atrás,
dándome doña Pepita
un buen mando en Ultramar.

(En la casucha) ¡Vamos ya!... ¡vamos ya!...
(Fuera de la casucha)
¡Já!... ¡já!... ¡já!...
¡Já!... ¡já!... ¡já!...

(La Princesa entra en !a litera y so la llevan escoltada: todos desaparecen por distintos lados para despejar pronto la escena —Los que salieron del palacio vuelven a él con el Corregidor. —Quédase solo en la casucha el Capitán, abatido, quo cierra la puerta, se pone un capote blanco militar con mangas y esclavina y queda pensativo. —Sigue una música sorda durante la siguiente.


ESCENA VIII

El Capitán solo en la casucha: suena un silbido: ciérrase la taberna. El Ciego y el Santero aparecen por una callejuela y atisban por la ventana de la casucha; monta luego uno en otro, y apagan el farol de la Virgen. — Después, el Pregonero del Pecado Mortal.

CIEGO
¡Aquél es!...

CAPITAN
¡Ya !e conozco!...

CIEGO
Con capote militar.
¡Ten cachaza y hasta el puño!...

SANTERO
¿Y si marcha por atrás?

CIEGO
Es perdido. De él me encargo,
si por arriba se va.

(El ciego va a esconderse en el callejón de la Virgen. El Santero desaparece por el bastidor derecha)

CAPITAN
¡Todos presos, perseguidos,
tenerlos que abandonar
y abandonar la Princesa!...
¡Esto es demasiado ya!...
«No pensemos en nosotros,
en España hay que pensar.»
¡Tales sus nobles palabras
han sido; en mi pecho están!...
¡Mi caballo y Dios me ampare,
en busca de don Gaspar!...

(Saca dos pistolas de los bolsillos del capote, las examina con precaución y las cuelga del cinturón. Sale de la casucha, y el Santero le corta el paso tiritando de miedo)

SANTERO
¡Caballero, una limosna!...
¡Tenga por Dios caridad!...
¡Siento hambre y siento frío!

CAPITAN
(Dándole una moneda y tocándolo la mano)
¡Infeliz!... helado está!...
Tíreme usted de esta manga,
mi capote vóile a dar:
¡yo soy joven y soy fuerte!...

(El Capitán se vuelve de espaldas al mendigo y este le tira de la manga con la mano izquierda mientras con la derecha saca una navaja, la abre con los dientes y al asestarlo un golpe alevoso, aparece por el pretil el pregonero de la introducción gritando y tocando la campanilla.—Ensayar mucho esta escena; que lo tire primero de una manga y luego de la otra; que el hermano del Pecado mortal esté viendo al asesino y al llevarse éste la navaja a los dientes, lance aquél el pregón y salga fuera.—Si no hay precisión, no hay verdad)

PREGONERO
«¡Para el pecado mortal!»...

SANTERO
(Cayendo de rodillas)
(¡Oh, perdón... ¡perdón, Dios mió!..)
PREGONERO
«Una limosna, quién da.»

(Desaparece por el lado opuesto)

CAPITAN
(Volviéndose sorprendido)
¿Qué es eso?

SANTERO
Nada, un desmayo...

CAPITAN
(Acabándose de quitar el capote y poniéndosele al mendigo)
¡Pobre!... ¡la debilidad!...

(Vase por delante de la taberna)

SANTERO
¡Es un anuncio divino!...
¡Huyamos!... ¡huyamos!...

(Se dirige al fondo)

(Grito agudo) ¿Ah?...

(Voz sofocada)

¡socorro!... ¡favor!... ¡me matan!...

(El ciego escondido, lo sale al encuentro tras de la esquina y lo mata debajo de la Virgen)

PREGONERO
(Lejos) «¡Para el pecado mortal!...»

CORREGIDOR
(Acudiendo)
¡Pronto!... ¡Aquí los alguaciles!

PREGONERO
«Una limosna, quién da.»

(Salen alguaciles con faroles y examinan el muerto.—Damas y caballeros a los balcones del palacio, preguntando a grandes voces:)

¿Qué es eso? ¿qué es eso?

CORREGIDOR
¡No es nada!... un soldado muerto.
Puede el baile continuar.


FIN DEL ACTO SEGUNDO


ACTO TERCERO

Salón del palacio de la Princesa de Luzán, —Los muros de ambos lados y del frente, cubiertos con los famosos tapices de Goya.—A la izquierda del espectador, puerta disimulada en primer término; a derecha una puerta.—Al fondo, rompimiento de un gran arco, y más allá de éste, ancha azotea y balaustrada de piedra.—Arboles, tejados, torres y cielo en lontananza.—Es de día.


ESCENA PRIMERA

El Abate, paseándose de un lado a otro de la escena, con las manos atrás y muy preocupado. —Dos grupos de Damas con pañuelo en mano, aparecen por el fondo por lados diferentes.


INTRODUCCION MUSICAL

PRIMER GRUPO
¡Señor Abate!...

SEGUNDO GRUPO
¡Señor Abate!...
ABATE
¡Señoras mías!...

TODAS
¿Será verdad?...

PRIMER GRUPO
¡Que la Princesa se mete monja!...

SEGUNDO GRUPO
¡Que en las Descalzas va a profesar!..

PRIMER GRUPO
(Pañuelos a los ojos) ¡Oh!...

SEGUNDO GRUPO
(Pañuelos a los ojos) ¡Ah!...

TODAS
¿Tantos encantos, tanta belleza,
en la clausura van a parar?...

ABATE
(Enjugándolas las lágrimas con su pañuelo)
Seductoras criaturas,
no más perlas derraméis,
que aunque llene mi pañuelo,
quien las compre no hallaré.

PRIMER GRUPO
¡Hable usted!...

SEGUNDO GRUPO
¡Hable usted!...

TODAS
Porque el llanto en nuestros ojos
no podemos contener...
¡Eeeeeeeeeeeh!...

(Llanto general ruidoso)

ABATE
Yo soy la gaceta
de toda la villa,
la corle se humilla
ante mi poder.
¿Tendría yo excusa
si nuestra Princesa
entrase reclusa,
cuando nada sé?...
Niego en conclusión
que pueda entrar monja
sin saberlo yo.
En prueba de lo cual
hago una cuarteta (Trenza)
por punto final.

TODAS
Vemos con dolor
que el señor Abate
está en un error.
Ya en los altares arden los cirios,
llena de gentes la iglesia está
y en los umbrales de este palacio
hay dos carrozas de casa real.

ABATE
¡Ah!... ¡ya!...

TODAS
Aquí a la Virgen, novia de Cristo,
la están vistiendo traje nupcial:
dentro de un hora sale del mundo
a donde nunca debe tornar.
¡Ah!... ¡Ah!... (Pañuelos)

ABATE
¡Ah!... ¡ya!...
(Ardid de la Princesa,
sin duda debe ser;
no entiendo una palabra,
mas yo la ayudaré)
¡Ya que es inútil seguir negando
lo que no ignora nadie en Madrid,
confirmo —a ustedes—que la—Princesa

(Sollozos entrecortados)

será —profesa—hoy mismo—sí!...

TODOS
(Llanto general) ¡liiiiiih!...
{Tantos encantos, tanta belleza,
en la clausura van a parar!...
¡Ah! ¡Ah!...

ELLAS
(Transición adelantándose)
(¡Una rival de menos
y un pretendiente más!..)

ABATE
(No entiendo una palabra
de esto que va a pasar)

TODOS
(Pañuelos) ¡Ah—Ah—Ah—Ah!

(Vanse las damas por donde entraron .—El Abate se dirige con precipitación a la izquierda, primer término; da tres golpecitos y aparece la Tirana)


ESCENA II

El Abate y la Tirana.

(Hablado)

ABATE
(Llamando) ¡Rosario!....

TIRANA
¡Abate!...

ABATE
(Cogiéndola del brazo) Responde:
¿y la Princesa?

TIRANA
¿Por qué
preguntas con tal empeño?

ABATE
¡Porque hacen la voz correr
de que hoy entra en las Descalzas
y es mentira!...

TIRANA
(Con tristeza) ¡Verdad es!...

ABATE
(Furioso)
¡Fuego de Dios!... ¿Lo has callado?...

TIRANA
Por orden suya callé;
temía que lo evitarais.

ABATE
(Desesperado) ¡Pero esto no puede ser!..

TIRANA
Sí, por desgracia: en Sicilia
un año novicia fue
y en convento de igual orden
a profesar va, merced
a una dispensa del Papa.

ABATE
¡Ah...

TIRANA
Por la última vez,
el honor he pretendido
de servirla: yo calcé
en suave chapín de seda
esos tan mimados pies,
que van mañana, desnudos,
los claustros a recorrer;
yo, de rosada batista
cubrí su nítida tez,
que la más ruda estameña
habrá luego de envolver;
yo he prendido sus cabellos,
que hoy mismo cortar veré... (Llorando)

ABATE
¿No hay esperanza?...

TIRANA
Ninguna:
su testamento hizo ayer,
dejando todos sus bienes
a los pobres.

ABATE
¿Pero qué
extraordinario suceso
la ha podido resolver
a que se sepulte en vida?

TIRANA
En su palacio se ve
perseguida y arrestada
y presos están también
nuestros partidarios todos;
ya Jovellanos tal vez
se ha embarcado para Rusia,
pues nada se sabe de él
ni del Capitán tampoco;
y en fin, recuerda que al pié
de la Casa de los Duendes...

ABATE
¡Rosario!

TIRANA
Muerte cruel
dieron a un hombre la noche
en que el Capitán se fue...
y han enterrado el cadáver
sin poderle nadie ver...

ABATE
(Aterrado) ¡Oh, qué idea!... ¡es espantosa!

TIRANA
¡Abate, piénsalo bien!
La Princesa, antes que todo,
no es política, es mujer;
puede estar enamorada,
y muerto puede estar él...

ABATE
¿Y por simples conjeturas,
imposibles de creer,
nuestra gran causa abandona,
que es la de España también?
Ella, protectora ilustre
del buen Meléndez Valdés,
de Moratín y Cienfuegos;
ella, la amiga más fiel
de Aranda y de Campomanes;
la que con noble altivez
tiene, entre tanta miseria,
el valor de defender
a Floridablanca preso,
y con invencible fe,
el santo amor a la patria
logra en todos encender,
renunciar no puede al mundo
por su voluntad, lo sé,
ni se hace esposa de Cristo,
para no servirle bien.

TIRANA
¡Tienes razón... aquí existe
un tiránico poder
que la lleva al sacrificio!
El jardín es un cuartel
de valonas y corchetes:
una tenebrosa red
la envuelve y nos la arrebata.

ABATE
Y la prueba mayor es
que habiendo prendido a todos,
desde cabo a coronel,
a tí y a mí, a los rancheros,
nos han dado un puntapié.

TIRANA.
(Quedando pensativa)
¡Ese desprecio me irrita!...

ABATE
¿Te irrita?... ¡pues véngate!... (Pausa)

TIRANA
(Arranque súbito)
Más pronto de lo que piensas...
Abate, ¿sabes por qué
todos los grandes talentos
que sois de España honra y prez
a esa camarilla infame
aún destruido no habéis?

ABATE
No.

TIRANA
Porque ignoráis que al mundo
lo gobierna la mujer..
Más milagros en política
que el genio y la intrepidez
hizo un beso dado a tiempo
o un llanto oportuno.

ABATE
¡Bien!
Olvidaba que eres cómica.

TIRANA
Y buena; lo vas a ver.
Esos que, a decir del vulgo,
lograron cegar al Rey,
esos monarcas postizos,
que envueltos en oropel
al corral de las comedias
concurren alguna vez,
y tiembla el degolladero
y la cazuela en tropel
se levanta por mirarlos,
y me aplauden con desdén
llamándome comedianta
de tragedia y entremés,
porque mi trono es la escena
y mi corona un laurel,
en mi camarín me ofrecen
oro a cambio de honradez.
¡Oh!... ¡los hombres siempre adoran
a las que mentimos bien.

ABATE
¡Zambomba! (Dando un respingo)

TIRANA
¡Sospechas viles,
las mato así: mírame!

ABATE
¡Perdona!

TIRANA
(Con misterio) Yo tengo cartas,
que son capaces tal vez
de herir en lo más profundo
el alma de otra mujer.

ABATE
No comprendo.
TIRANA
(Deprisa) Escucha: a Goya,
le dejan libre después,
para pintar los retratos
de nuestros Reyes.

ABATE
¿Y qué?

TIRANA
El Rey vestido de caza;
la reina con guardapiés
y monillo: tiene antojo
por el traje que saqué
anoche en las Castañeras,
y se le voy a poner.
En los bolsillos del traje
puede hallar algún papel:
las mujeres son curiosas,
y si le llega a leer,
no entra monja la Princesa
ni es ya más vasallo el Rey,
o Rosario la Tirana
hoy deja de ser quien es...

ABATE
Pues corre, y que Dios te ayude...

TIRANA
(Con desprecio) Y tú, ¿qué piensas hacer?

ABATE
Cada cual por su camino,
veremos quién vence a quién.
Si el pobre Goya está preso,
a Goya relevaré;
que soy, aún antes que Abate,
manolo de buena ley,
Por ranchero me han tenido
y general voy a ser...

TIRANA
(Con desprecio)
¡Sí: general cortesano!...

ABATE ¡General de Lavapiés!

(Se echa atrás el sombrero y sale por un lado del fondo: la Tirana por el opuesto. —Queda la escena sola)


ESCENA III

Goya, embozado, entra por la puerta secreta, reconoce el terreno y hace entrar luego a Jovellanos, también embozado.

GOYA
(Indicando la primera puerta izquierda,)
Señor, aquella es su cámara.
¡La Virgen a usted nos trae,
cuando todo está perdido!
¡Don Gaspar, llega usted tarde!

JOVELLANOS
Aún no.

GOYA
¡Por su vida tiemblo!
No nos ha visto entrar nadie,
ni esa escalerilla oculta
los mismos criados saben:
mas si a descubrirle llegan...

JOVELLANOS
No: los grandes criminales
cuando se ven perseguidos,
se refugian en la cárcel;
el asilo más seguro
que España ha podido darles.

GOYA
¿Y el Capitán?

JOVELLANOS
Asaltados
por cuatro o seis miserables
a las puertas de la corte,
él se empeñó en que salvase,
aun a costa de su vida,
el objeto de mi viaje

GOYA
¡Alma noble y generosa!...

JOVELLANOS
Para empeñar el combate,
yo desarmado era inútil,
y mi deber, escaparme.
Si le dejé peleando,
¡Dios no puede abandonarle!...

GOYA
¡Oh!... si ha muerto, a la Princesa
no la hará desistir nadie!

JOVELLANOS
¿Le amaba?

GOYA
¡Sí!

JOVELLANOS
¡Pobre niña!
¡no perdamos un instante!
¿Verás al Rey ahora mismo?

GOYA
Señor, para retratarle,
me han levantado el encierro.

JOVELLANOS
Es necesario que le hables
y le des esos papeles.

(Goya los enseña en el pecho)

GOYA
¡La Reina estará delante!

JOVELLANOS
No importa: ha de ver en ellos,
con pruebas incontestables,
que entre los cien cortesanos
que han conseguido cegarle,
hay quien promete a Inglaterra
vender las Islas Baleares;
quien con la patria especula,
hasta hacer la oferta infame
de dar la orilla del Ebro
a los franceses rapaces;
quien el tesoro de España
en París mismo reparte,
para lograr ser un día
Príncipe de los Algarves.
Ten valor y ten prudencia
y harás que todo se salve,
o no queda a Carlos cuarto,
nada español en su sangre!

(Vase Goya corriendo por el fondo izquierda. —Jovellanos, embozado, llama a la puerta de la Princesa y ésta sale)


ESCENA IV

Jovellanos y La Princesa.

JOVELLANOS
(Llamando) ¡Señora!.., ¡señora mía!...

PRINCESA
(Retrocede asustada)
¿Quién es usted?... (Reconociéndole)
¡Don Gaspar!...

JOVELLANOS
(Descubriéndose y quitándola de la cabeza la corona blanca de flores) ¡Que viene para mandar que usted profese otro día,

PRINCESA
¿Y el Capitán?

JOVELLANOS
(Con embarazo) No le he visto.

PRINCESA
(Llorando) ¡Murió en aquella asechanza!...
(Resueltamente) Señor, mi última esperanza
es desposarme con Cristo.

JOVELLANOS
¡No!... ¡que la patria nos grita
y es santa, después de Dios!
¡Hoy España, de los dos
más que nunca necesita!
¡La pide fe inquebrantable
pero fuera de un convento!

PRINCESA
¡Es tarde ya!

JOVELLANOS
¡No!

PRINCESA
(Con energía) ¡Mi intento,
es santo, es irrevocable!

JOVELLANOS
¿Para esto vine hasta aquí?
(Pausa) Por si el capitán viviera,
¿me da usté un plazo siquiera
de veinte y cuatro horas?

PRINCESA
Sí.

JOVELLANOS
Oigo ruido en aquel lado.

PRINCESA
(Sobresaltada) ¡Entre usted pronto, señor!

JOVELLANOS
¿En dónde?

PRINCESA
En mi tocador.

(Ocultándolo, primera puerta izquierda, y cerrando con llave)

que yo le dejo encerrado.


ESCENA V

La Princesa, confusa y sonrojada al volverse y hallar a Doña Pepita, que la ha visto cerrar precipitadamente.

PEPITA
(¡Allí hay alguien!... Desconfía
y ante la puerta se clava!...)

PRINCESA
¡Ah señora!... yo ignoraba
que usted también fuera espía.

PEPITA
No me ofenda sin oírme.

PRINCESA
Quien así se atreve a entrar...

PEPITA
De usted no pensé lograr
que quisiera recibirme.

PRINCESA
¡Y penetró por sorpresa!...
¿Qué tiene usted que decir?

PEPITA
Yo me vengo a despedir
de usted, señora Princesa.
Si no puedo ser su amiga,
imploro perdón y olvido
para quien de usted ha sido
la más mortal enemiga.

PRINCESA
Siempre la memoria pierdo,
si ofensas ha de guardar;
no he menester perdonar
injurias que no recuerdo.

PEPITA
¡Oh, gracias!... y aunque atrevida,
concédame otra merced.

PRINCESA
¿Cuál?

PEPITA
Acompañar a usted
en su eterna despedida.

PRINCESA
Mañana estará a mi lado,
si mañana al claustro voy.

PEPITA
(Estupefacta) ¿Qué dice usted?...

PRINCESA
Que por hoy
de propósito he mudado.

PEPITA
(Con aturdimiento) ¡La nobleza castellana
y el clero esperando están!

PRINCESA
(Calma) Pues como vienen, se van
y pueden volver mañana.

PEPITA
¡Cuando a hablar así se lanza,
tiene planes temerarios;
usted y sus partidarios
no han perdido la esperanza!
De la discordia la tea
quieren encender audaces,
porque ignoran que las paces
se han firmado en Basilea.

PRINCESA
¡Dando al francés por ganancia
un pacto de vida y muerte,
que a nuestra patria convierte
en vil sierva de la Francia!

PEPITA
¿Sabe quién tan sin disfraz
nuestra privanza repudia,
que ya el Duque de la Alcudia
es Príncipe de la Paz?

PRINCESA
¡Y se que a la par se manda
a un castillo confinado,
por haberla aconsejado,
al noble conde de Aranda!
Si al patriota y al valiente
el Rey paga con rigores
y reserva los honores
para el torpe o delincuente,
cuando la injusticia venza
vendrá un día necesario
en que un timbre nobiliario
será un padrón de vergüenza.

PEPITA
Eso con mayor espacio
lo podrá en el claustro ver:
usted ya, no puede ser
dama de honor en palacio.

PRINCESA
¡Basta ya, señora mía!

PEPITA
O usted sus votos pronuncia,
o firma usted su renuncia:
la misma Reina me envía.

PRINCESA
¿Y me destituye?

PEPITA
Sí.

PRINCESA
(Con desprecio) ¿Por semejante emisario?

PEPITA
¡Sucumbir es necesario!

PRINCESA
¿Dónde está la prueba?

PEPITA
(Saca un papel) ¡Aquí!...
¡Pronto... que esperando están!
¡Piense que mucho le importa!

(La Princesa lee y rompo el papel)

PRINCESA
¡Antes la mano se corta
la Princesa de Luzán!...

(Vase por el fondo de la izquierda)


ESCENA VI

Pepita, sola: a los cuatro versos, el Corregidor y el General, por el fondo.

PEPITA
¡Y se va!... ¡Sola me deja
con desprecio soberano!... (Con cólera)
¡Y en vez de lograr vengarme,
ni aun humillarla he logrado!...

(Va al foro, hace una señal con el pañuelo y llegan el Corregidor y el General, por el foro de la derecha)

CORREGIDOR
¿Qué ha ocurrido?

PEPITA
Que no existe
de vencerla medio humano.

GENERAL
Uno a las manos nos viene.
A las puertas del palacio,
los padres del monasterio,
fundación de antepasados
de la señora Princesa,
reclaman con celo santo
entrar, para prepararla
a su religioso estado.

CORREGIDOR
¡Que pasen!

PEPITA
Quizá la venzan.

(Vase el General)

CORREGIDOR
Si no, yo sabré lograrlo.

PEPITA
Espere usted. (Deteniéndole)

CORREGIDOR
¿Qué motivo?...

PEPITA
La comunidad aguardo.


ESCENA VII

Dichos, el Abate disfrazado de prior de la comunidad, en el fondo. Después de sus primeros versos, entra l» comunidad acompañada del General. Vienen en ella Pepe-Hillo, Costillares y Romero. Luego la Princesa.

ABATE
Deo gratias et pax vobiscum.

PEPITA
La mano, padre. (Besándosela)

CORREGIDOR
(Idem) La mano.

ABATE
Frater meus et sor or mea.
(Al fondo llamando)
¡Eh!... colistivis, hermanos.
(Al Corregidor y Pepita)
Les digo en latín que entren,
que no entienden castellano.

(Entra la comunidad, dos a dos, echando la bendición al Corregidor y Pepita, que so van luego)

(Música)

GENERAL
Padres reverendos.
sírvanse esperar.
porque a la Princesa
ya mandé avisar.

UNOS
Venga en paz.

OTROS
Venga en paz.

TODOS
Nuestra protectora
hoy va a profesar,
y a auxiliarla viene
la comunidad.

GENERAL
Bien está.
Bien está.

CORO
Antes que sus votos
llegue a pronunciar,
bendecirla quiere
la comunidad.

GENERAL
Aquí está.
Aquí está.

(Entra la Princesa sorprendida)

CORO
(Bendiciéndola)
¡In nomine Patri et Filio et Espíritu Santo!

GENERAL
(Vase) Quedan en paz.

CORO
(Yéndose al fondo)
Que Dios le acompañe,
señor General.

PRINCESA
Padres venerandos,
sírvanse decir
con qué objeto vienen,
qué esperan de mí.

CORO
(Con misterio, adelantándose y transformándose)
¡Sí, Sí!...
Señora Princesa:
con un solo fin
tan solo venimos:
salvarla o morir.

(Descubriendo las armas)

Armados estamos,
y fuera de aquí,
si usté da la seña,
están otros mil.

PRINCESA
¡Por Dios!... ¡Por la Virgen!
Nos pueden oír.

LOS TRES TOREROS.
¡Cudiao no hay denguno,
najemos de aquí!
Uzía no es monja,
o ze arde Madrí.

ABATE
(Sacando dos pistolas de las mangas)
¡Usted no profesa,
estando yo aquí,
sin que antes armemos
la de San Quintín!

PRINCESA
¡Por Dios! ¡Por la Virgen!
¡Nos pueden oír!...

CONJUNTO

CORO
Señora Princesa, etc.

TOREROS
Cudiao, no hay denguno, etc.

ABATE
Usted no profesa, etc.

PRINCESA
¡Por Dios! ¡Por la Virgen! etc.

ABATE
(Al fondo) Prudencia, Manolos,
que no estamos solos,
y ya en las narices
me da el General.

(Pasa el General por el fondo)

(Bendiciéndola)

In nomine Patri et Filio et Espíritu Santo.
Bendecirla quiere
la comunidad.

ABATE
(Frailes con trabuco
se lo contarán)

PRINCESA
Dios me ayudará.

TODOS
No profesará,
mientras no profese
por su voluntad.

(Hablado)

ABATE
¡Señora, si usted es víctima
de un ensañamiento inicuo,
por usted estamos todos
hasta morir, decididos!

PEPE-HILLO
Por uzía a Cachirulo
no le han pegao cuatro tiros
y ez mu juzto que paguemos
como hombres agradecíos.
En cuanto er zeñor Abate
fue a mi cama y me lo dijo,
er chupetín me he prantao
y a mi gente he reunió,
que aunque la jería le duele
no es ingrato Pepe-Hiyo.

COSTILLARES
¡Ni Costiyares tampoco!

ROMERO
¡Ni Romero!

PRINCESA
¡Amigos míos,
sólo por ustedes tiemblo!

ABATE
Estamos bien prevenidos
y aquí tenemos corrientes
los útiles del oficio.

PEPE-HILLO
¡Y donde eztamos nozotro
naide la toca atrevió
a la zuela de er zapato,
ni mira con malo cliso
a eze pedazo de gloria,
que denguno za comió!

PRINCESA
¡En nombre de Dios, prudencial

ABATE
¡Que vienen!... (Desde el fondo)

PEPE-HILLO
Puez al avío!...

(Transformación: fingimiento)


ESCENA VIII

Dichos, el Corregidor, luego Pepita, el General y Alguaciles: dos de éstos traen un cesto grande que colocan en el centro de la escena. —Después el Capitán, fuera. —Coro de Señoras.

CORREGIDOR
(A los que le acompañan que so quedan fuera)
¡Esperad!... —¡Padre guardián!...

ABATE
Pax tibi.

CORREGIDOR
(¿Va al claustro?)

ABATE
(¡Ay, Filius!
¡a pesar de mis qui tolis,
pecata mundi ha vencido!...

CORREGIDOR
Bien. (Ya recurrir es fuerza
a nuestro postrer arbitrio)

(Manda el Corregidor entrar a los suyos)

ABATE
¡Cuanto latín sé, lo he echado!...
¡apúntame, Pepe-Hillo!...

PEPE-HILLO
(¡Si zirve el caló!...)

CORREGIDOR
Señora:
habiéndose cometido
un horrible asesinato
junto al pretil fronterizo
a la Casa de los Duendes,
fugándose el asesino;
no habiendo nadie, hasta ahora,
el cadáver conocido;
recordando la justicia
que en el idéntico sitio
vuecencia y otras personas
fueron por mí sorprendidos
algunos momentos antes
de consumarse el delito,
para excusar a vuecencia
de ver el cadáver mismo,
en nombre del Rey, señora,
la presento los vestidos
encontrados en la victima
y en su propia sangre tintos.
A ver si vuecencia sabe
a quién ha pertenecido
un capote militar,
con venera y distintivos
del regimiento que manda
vuecencia, cual jefe digno.
Cuatro puñaladas tiene.
Mire vuecencia.

(Abriendo el cesto y sacando el capote ensangrentado)

PRINCESA
¡Dios mío!..
¡Del Capitán Peñaranda!...
¡Que el cielo me preste auxilio! (Se sienta)

(Las damas acuden a socorrerla)

(Música)

Pepita y el General, (Al Corregidor)
¡Atónitos nos deja
su astucia y su talento!
al fin en un convento
la vamos a encerrar.
Bien pronto sin caudillo
sus deudos y secuaces,
si no piden las paces,
vencidos quedarán.

CORRREGIDOR
Atónitos les deja
mi astucia y mi talento, etc.

ABATE
Si crimen tan horrendo
no tiene su castigo,
la sangre de mi amigo
por Dios juro vengar.
El pecho se me rompe
de pena y de coraje,
y arrojo barba y traje
a la primer señal.

CORO DE AMBOS SEXOS
Su pecho desfallece,
su rostro se demuda,
y claro está sin duda
que amaba al Capitán.
La infame camarilla
no cabe en sí de gozo.
¡Que lástima de mozo
y bravo militar!

PRINCESA
Mi amor y mi esperanza
en él cifrado había;
su muerte fue la mía:
no quiero vivir yo.
¡En rígida clausura,
con celo vivo y santo,
irá a regar mi llanto
la tumba de mi amor!
Hoy mismo y sin demora
haré mi profesión.
Que todos me acompañen
por último favor.

CORREGIDOR
Señora, nada falta:
ya tuve previsión,
y estamos aquí todos
pendientes de su voz.

ABATE
(Al Corregidor) Si usía me permite.
la quiero exhortar yo.

CORREGIDOR
Sí, padre, la conviene
tan sabia exhortación.

ABATE
O usted de ir al convento
desiste por favor,
p sacan los trabucos
y empieza la función.
¡Señora, por la patria,
que usted tanto sirvió
y que aún la necesita
cual nunca tal vez hoy!...

PRINCESA
¡Que nadie romper quiera
mi santa vocación,
porque es inquebrantable
y libre como yo!...
Pongámonos en marcha,
señor Corregidor.

TODOS
(Marchando al fondo)
Que nadie romper quiera
su santa vocación,
porque es inquebrantable
y libre como Dios.

CAPITAN
(Fuera) Este santo escapulario
que me dio el amor,
del puñal de un asesino
mi vida salvó.

PRINCESA
¡Su voz!... ¡Cielo santo!.,.

TODOS
(Estupefactos) ¡Es él!...

CORREGIDOR
¡Maldición!...

PRINCESA
(Cayendo de rodillas en el fondo)
¡Oh, gracias, Dios mío!...
¡que aún vive mi amor!.,
¡por mí se ha salvado
y a mi me salvó!...

ABATE
(Vase por la puerta secreta)
(Por él voy yo mismo!...)

CORREGIDOR
¡En marcha!...

PEPITA y GENERAL
¡Sí!...

PRINCESA
¡No!.
¡De infames traidores
el plan fracasó!
¡Me quedo en el mundo
que aun vive mi amor!

CORO
¡De infames traidores
el plan fracasó!
Se queda en el mundo
que aún vive su amor.

CORREGIDOR, PEPITA y el GENERAL.
¡O usted en el claustro
entierra su amor,
p va a un calabozo
de la Inquisición!

CORREGIDOR
Después de ser sorprendida
en un lupanar nefando
cual la Casa de los Duendes,
quedó su honor empañado.
Volver no puede a la corte,
ni puede entrar en palacio.
No la queda otro recurso
que ir a encerrarse en un claustro.

CAPITAN
¡Eso jamás, que aún aliento!

PRINCESA
¡El Capitán!... ¡Me he salvado!...
¡Oh, caballero, almas viles
aquí me están calumniando!
Dicen que su honor amengua
una dama de mi rango
que en la Casa de los Duendes
sorprendieron con escándalo.
Usted que conmigo estuvo,
defenderá mi recato.
¿Me juzga bastante honrada
para hacer suya mi mano?

CAPITAN
¡Debo a usted más que la vida!

(Tomándosela de rodillas)

¿Cómo pagarla?

PRINCESA
Aceptando.

CAPITAN
¿Y qué para tanta honra
hizo este pobre soldado?

PRINCESA
Vaya a decir a la Reina (A Pepita)
que así las calumnias mato.

PEPITA
Es que el Capitán no puede
aceptar, sin propio escarnio,
y usted oculto allí mismo
tiene otro amante en su cuarto.

PRINCESA
¡Jesús!

(Corriendo a ponerse delante de la puerta)

CAPITAN
¡En nombre del cielo,
déjeme usted libre el paso!

PRINCESA
¡Imposible!... (¡Amor y patria
juntos los pierdo o los salvo!...)

CAPITAN
¡Es que su honor, que es el mío,
ha de estar como el sol, claro!

PRINCESA
¡Inocente soy! (Con altivez)

CAPITAN
Lo creo,
pero al mundo hay que probarlo.

PRINCESA
¡No puedo!

CAPITAN
Abra usted, señora.

PRINCESA
¡Jamás!

CAPITAN
¿Por qué me he salvado?

CORREGIDOR
¡Basta ya!... Por la justicia
a vuecencia la reclamo,
acusada como cómplice
de un horrendo asesinato.
¡Corchetes, aseguradla!...

CAPITAN
(Sacando dos pistolas)
¡Al que se mueva le abraso!...

CORREGIDOR
¡La guardia!

ABATE
¡Fuera manteos!

(Arrojan los hábitos y las barbas y cortan la retirada)

¡Esto se acabó, muchachos!

CORREGIDOR
¡Qué miro! (Estupefacto)

PEPE-HILLO
(Sacando una navaja)
¡Náa, don Arcarde!
¡que la mía me ha yegao!
Pa que me diera mulé,
me echó un toro casteyano,
y a pintarle asté un jabeque
voy. ¡Cabayeros, a un lao!...

ROMERO
¡Cítalo corto, Pepiyo!...

COSTILLARES
¡Descabéyalo, muchacho!...

(Rebullicio general. Repique de campanas, cañonazos y gritos fuera pregonando: La Gaceta extraordinaria. Llega Goya con un papel en la mano. Luego Jovellanos)


ESCENA ULTIMA

Dichos, Goya, la Tirana y luego Jovellanos.

GOYA
(Con un papel en la mano)
¡La Gaceta extraordinaria
con la paz que se ha firmado!
El Rey nombra sus ministros
a Saavedra y Jovellanos.

CORREGIDOR
(Con alegría)
¡Ya se embarcó para Rusia!...

GOYA
Don Gaspar no se ha embarcado...

PRINCESA
(Sacándolo de la mano)
¡Salud al sabio ministro
don Gaspar de Jovellanos!

TODOS
¡Viva!...

JOVELLANOS
¡El Rey!...

CAPITAN
¡Perdón, señora!

PRINCESA
¡No a mis pies, sino en mi brazos!

TIRANA
(¡Abate!)

ABATE
(¿Qué?)

TIRANA
(Yo cumplí)

ABATE
(Pues yo atrás no me quedé;
y a general no llegué
porque a prior me metí)

JOVELLANOS
¡Hijos míos, de entre escombros
la patria hay que levantar:
todos me habéis de ayudar.
que son débiles mis hombros!
¡No basta un ilustre nombre,
ni el poder de la palabra:
vuestra dicha no se labra
con la voluntad de un hombre!
¡Guando el mal de un vasto imperio
es tan grave y tan profundo,
sólo hay remedio fecundo
con el dolor del cauterio!
¡España, respira apenas!
¿Sabéis cómo se levanta?
¡Lavando ignominia tanta
con la sangre de sus venas!
Hoy la paz no me contrista:
el día que ese cañón
nos anuncie una invasión
y una guerra de conquista,
cada español, buen soldado,
lavará su propio ultraje
con heroísmo salvaje
y España se habrá salvado.

CAPITAN
¿Cómo la guerra soporta
sin ejército entusiasta,
ni jefes?

JOVELLANOS
Los tiene. Basta
el gran general ¡No importa!
Ocho siglos con los moros
supo luchar y vencer,
la España que hoy llegó a ser
el pueblo de Pan y Toros.
¡Dios a los buenos cristianos
no abandona en su amargura!
¡El nos salvará!... os lo jura
don Gaspar de Jovellanos.
Que ya es la distancia corta,
vertiendo sangre y tesoros,
del pueblo de Pan y Toros
a la España del No importa.



FIN DE LA ZARZUELA

ADVERTENCIA A LAS COMPAÑÍAS DE PROVINCIAS
Por deferencia a los autores y a la .empresa, se encargó mi buen amigo el Sr. Salas del papel de Pepe-Hillo: sin embargo, llegado el caso de desempeñarle un actor que no cante, puede sustituirse la pieza musical del acto primero con los siguientes versos:

CORREGIDOR
¡Pepe-Hillo!...

PEPE-HILLO
Costiyares
me desasnó pa lidia,
y he inventao, entre otras muchas,
la suerte de capea
de esparda y a la verónica;
y tanto ha sío mi afán
de que naide me aventaje
en mi nobre facurtá,
que he resebio en mi cuerpo
venlitré jería ya.
Tres gitanas me han echao
la ventura, y a pesá
de desir que espicharé
de veintisinco cornás,
lo mesmo sargo a la plasa
que si me fuera a estrená.
Mi maestro ze aconceja
hoy de mí: no digo más.


Información obtenida en:
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