miércoles, 21 de mayo de 2014

La Chulapona (Libreto)



LA CHULAPONA



Zarzuela en tres actos.
 
Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw.

Música de Federico Moreno Torroba.
 
Estrenada el 31 de marzo de 1934 en el Teatro Calderón de Madrid.


REPARTO (Estreno)

Manuela – Selica Pérez Carpio.

Rosario – Felisa Herrero.

Emilia – María Luisa Albalá.

Venustiana – Ramona Galindo.

Cantaora – Ascensión Muñoz.

Lolita / Vecina 2ª / Camarera – Carmen Pérez Carpio.

Concha / Vecina 3ª / Una chula – Mercedes Salgado.

Ascensión / Una mujer / Oficiala 1ª – Teresa Yuste.

Una portera / Criada 1º - María Samperio.

La mujer del aficionado – Judith García.

La recién casada – Amelia Lahoz.

Una ama de cría / Camarera 2ª / Guadalupe – Carola Hernández.

Oficiala 2ª / Jaleadora 3º - Matilde Gómez.

Oficiala 3ª – Adela Sánchez.

Oficiala 4ª – Aidé Pérez Carpio.

Oficiala 5º - Felisa Ramos.

Oficiala 8ª – Teresa Codeso.

Criada 2ª – Corina Pérez Carpio.

Una morena – Sara Martín.

Una rubia / Una bailaora – Blanca Montero.

José María – Vicente Simón.

Don Epifanio – Eduardo Marcén.

Sr. Antonio – José Marín.

Juan de Dios – Manuel Hernández.

Chalinas – Antonio Riquelme.

Un ganadero – Vicente Carrasco.

Guardia 1º / Un borracho / Un paleto – Miguel Pros.

Organillero 1º / Un caballero / El maestro Cansio / Invitado 2º - Marcelino Palomo.

Organillero 2º / Un aficionado – Francisco Aznar.

Hombre 1º / Un soldado licenciado / Invitado – Marcelino Hernández.

Hombre 2º / Un chulo / Agustín – Santiago Rodríguez.

El chico de la taberna – Federico Redondo.

Manolito – Srta. García.

Un soldado de caballería / Un guitarrista / Camarero 1º - Rafael Rodríguez.

El recién casado / Invitado 3º - José Serrano.

Un sordo – Jesús Fernández.

Soldado de infantería 1º / El encargado del café – Manuel Larrica.

Soldado de infantería 2º - Enrique Seva.

Un sacerdote / Camarero 2º - Juan Verdú.

El bailaor – José Linares.

Un parroquiano – Juan Rueda.

Un mozo de cuerda – Luis Gutiérrez.

El hijo del aficionado, Vendedoras, Vendedores de la Plaza de la Cebada, Vecinos, Vecinas, Tratantes del Mercado, Proveedores del Matadero, Clientes del café de Naranjeros, Invitadas e Invitados a una boda y coro general.


PRIMER ACTO

Obrador de plancha de Manuela, en el barrio de la Cava. Chaflán, entre el foro y el lateral izquierdo, donde está la puerta de la calle. En el foro, dos grandes ventanas abiertas, con reja. En el lateral izquierdo, otra ventana igual y también abierta. En el lateral derecho, puerta que da acceso a la vivienda. Entre la puerta y el rincón del fondo, un gran anafe, donde se calientan las planchas. Delante de las dos ventanas del fondo, una mesa larga, cubierta con una manta y paño blanco. Trabajan en ella cuatro Oficialas. A la izquierda, delante de la ventana, otra mesa más chica, igualmente dispuesta para dos Oficialas. Ambas mesas tienen tablero inferior, donde se colocan, sobre bateas, las piezas planchadas. Hacia la derecha, un amplio maniquí de mimbre, sobre el que está montada una enagua almidonada. Al lado, una sillita baja. Entre la puerta de entrada y la primera ventana del foro, un alto cesto, de donde se extrae la ropa para planchar. Dos sillas altas en los primeros términos. Las paredes, empapeladas en tono claro, con pequeñas florecitas rosa y verde. En las tres ventanas, persianas verdes recogidas, En el rincón del foro derecha, una percha de tres varas giratorias, con enaguas colgadas. En la puerta de la derecha y en las tres ventanas, cortinas blancas, con encaje, almidonadas y recogidas a ambos lados de cada hueco. Por las ventanas del foro y por la puerta se ven: a la derecha, el final de mercado de la Cebada; a la izquierda, la hoy desaparecida iglesia de Nuestra Señora de Gracia o de la Veracruz y, en medio, el trozo de la plazuela de la Cebada que separaba ambos edificios.
Es por la mañana. Aparecen Rosario y Emilia planchando en la mesa de la izquierda. Pura, Lolita, Concha y Ascensión, en la del fondo. Se ve a un mozo de cuerda apoyado en el quicio exterior de la puerta de la calle. Por el fondo, transitan gentes de varia condición, predominando las de vitola popular. De vez en cuando, pasa de derecha a izquierda algún mozo cargado con una banasta de verduras o un fardo de patatas. Por la ventana más próxima a la puerta, se ve un organillo, que toca un Organillero, mientras otro dirige la mirada a uno de los balcones de la plaza. Al tercero, que es el Chalina, prototipo de la chulería, que se dibuja en sus modales presuntuosos, en su pantalón abotinado y ceñido, en su pañuelo de seda al cuello, en su gorra picarescamente caída sobre un ojo, en sus chuletas echadas p´alante, en sus botitas de color y en su faz pulcramente afeitada, se le ve presumir de un lado para otro hasta que, en su momento, asoma a la puerta del obrador.

(Música)

Introducción

OFICIALAS
«No cantes más La Africana,
vente conmigo a Aragón,
que allí la jota, que es gloria
la cantaremos los dos.»

ROSARIO
No cantéis más La Africana,
que Manuela está al llegar.
Y la Manuela,
ya sabéis todas,
que se enfurruña
por cualquier cosa.

OFICIALAS
¡Qué va a enfadarse!
¡Si es una santa!

ROSARIO
¡Santa Manuela!
¡Jesús, qué gracia!
Pronto veremos
en los altares
a la Manuela.

OFICIALAS
Tú lo que tienes
es mucha envidia
de la maestra.

ROSARIO
¡La tengo envidia!
¡Ja, ja, ja, ja!

OFICIALAS
Tómalo a guasa,
pero es verdá.

ROSARIO
Pues, al avío,
y vamos a callar.

CHALINA
(Asomándose a la puerta)
A ver si las princesas
del almidón
suspenden un momento
la discusión,
y a ver si, con la gresca,
se os ha olvidao
que no está el organillo
suvencionao.

(Alargando la mano)

EMILIA
Pero, ¿es que ya no toca?

ROSARIO
Pero, ¿es que se ha cansao?

CHALINA
Pero, ¿es que os sabe a poco,
pa na que habéis dao?

ROSARIO
¡Jesús, qué desprendido!

OFICIALAS
¡Rediez, qué interesao!

CHALINA
¡Me habéis llegao al nervio
más delicao!

(Recitado)

(Por la ventana)
¡Venancio, dale al manubrio!

ORGANILLERO 1.º
(Dentro)
¿Otra vez?

CHALINA
¡Es un capricho!
Luego dicen… lo que dicen.

(Música)

Mazurca «Las Chicas de Madrí»

CHALINA
Yo, que con las damas
voy a contrapelo
cuando no se achican,
soy un caramelo
si me lo suplican.

ROSARIO
Todo el mundo sabe,
que eres versallesco,
pero de camama;
y en tocante a fresco,
más que el Guadarrama.

CHALINA
Esas alusiones
a mis perfecciones
son tan elegantes,
que ya no me veo
tan feo como antes.

ROSARIO
Yo no te decía
que eres feo y chulo,
por no dar sospechas;
pero no te adulo
si tú lo confiesas.

CHALINA
(A Rosario)
Ven aquí, a bailar conmigo.

ROSARIO
No me oprimas la cintura.

OFICIALAS
El Chalina es un amigo
que presume de figura.
¡Eso es agarrar
sin avasallar!

ROSARIO
A las chicas de Madrí
les ciega la ilusión
de que son
figuras de biscuí.
Y presumen por ahí
que es una bendición,
porque son
las chicas de Madrí.

CHALINA
Por lo chula que eres
picas tú tan alto,
madrileña guapa,
que si no me quieres
me salto la tapa.

ROSARIO
Ve a encargar el nicho,
pues en lo que has dicho,
yo no salgo ni entro,
salvo en el capricho
de ver lo que hay dentro.

CHALINA
Ven aquí, mala persona.

ROSARIO
Tú sí que res un tunela.

OFICIALAS
Como venga la Manuela,
no va a ser jollín
el que se va a armar.
¡Tú y el bailarín
vais a claudicar!

ROSARIO
¡A las chicas de Madrí
no les hace impresión
un sermón
por un motivo así!
Y presumen por ahí
que es una bendición,
porque son
las chicas de Madrí.

OFICIALAS
(Mientras baila Chalina una vuelta con cada una de las muchachas)
De una vueltecita,
¡quién se va a asustar,
cuando tantas vueltas
son las que hay que dar,
unas hacia alante
y otras hacia atrás;
unas a destiempo
y otras a compás!
De una vueltecita,
¡quién se va a asustar,
cuando tantas vueltas
son las que hay que dar!

ROSARIO
(Mientras tanto)
Bailando con las seis
te vas a marear.

CHALINA
Tengo un poco
de tío vivo.

ROSARIO
Lo suscribo
sin dudar.

(Vuelven a bailar juntos Rosario y Chalina)

CHALINA y ROSARIO
De la inclusa de Chamberí
publica la opinión
lo que son
las chicas de Madrí.
Y el chulo pirandón
y el pollo chachipé,
les dicen al pasar:
¡Olé!

(Las Oficialas se van cada una a su sitio de trabajo)

(Hablado)

ORGANILLERO 1.º
(Dentro, por la ventana)
¡Chalina!

CHALINA
¡Qué!

ORGANILLERO 1.º
Que qué pongo.

CHALINA
¡Pies en polvorosa!

ORGANILLERO 1.º
¡Bueno!
Pero a ver si se te olvida.

CHALINA
Ahí en la calle Don pedro
os alcanzo. ¿Tú no ves
que no estoy perdiendo el tiempo?
Mira… (Por Rosario), ¡mi novia!

ROSARIO
¡Narices!

CHALINA
¿Has visto qué pensamiento
me ha dedicao?

(A Rosario, acercándose) ¡Rica!

ROSARIO
(Rechazándole)
¡Vaya!

CHALINA
(Al Organillero)
¿Qué, te enteras?

ORGANILLERO 1.º
(Haciendo mutis)
Hasta luego.

CHALINA
¿Me vas a querer, u no?

ROSARIO
No.

CHALINA
¿Y por qué?

ROSARIO
Porque no quiero.

CHALINA
Eso es la primera vez
que a mí me lo han dicho.

ROSARIO
Oservo
que no sabes distinguir
entre un pingo y un pañuelo.

CHALINA
¿Quién es el pañuelo?

ROSARIO
Yo.

CHALINA
¿Y el pingo?

ROSARIO
Darle un espejo.
Te has equivocao, Chalina.
Tú eres un chulo fullero
que triunfas con las mujeres
caprichosas, porque en eso
del amor existen clases
todavía.

CHALINA
No comprendo
qué tiene que ver el caso
con las témporas de Adviento.
¿Que yo soy un golfo? Puede.
Pero vaya, me he propuesto,
si una mujer como tú
me ayuda,
dejar de serlo.

ROSARIO
Y ¿qué tengo yo… especial?

CHALINA
¿Lo digo como lo siento?
Pues tienes… un no sé qué,
que yo no sé; pero creo
que anda entre los ocho mil
y los diez mil amadeos.

EMILIA
¡Qué sinvergüenza!

ROSARIO
¿Tú has visto?

CHALINA
Pero, ¿tú no ves, tormento,
que cuando luces el garbo,
todos exclaman al verlo:
–¡Adiós rica!– Y ¿tú crees
que eso es lenguaje poético?
Eso es que ven a tu madre
que aquí cobro y allí presto
y, aunque seas oficiala
de planchao, saben los téznicos
que lo eres por ilustrarte;
que a nadie le estorba un pelo
de ilustración. ¡Por lo mismo
que me hice yo organillero!

(Pausa)

Con que… ¿me ayudas u no?

ROSARIO
¡Vamos!

CHALINA
¿Qué?

ROSARIO
Que… ¡anda a paseo!

(Entra de la calle, desalado, después de habérsele visto pasar corriendo por detrás de las ventanas, Don Epifanio. Es un señor de cerca de sesenta años, con barba canosa, muy descuidada y vestido con ropa muy vieja, americana corta, pantalón estrecho y, en las posaderas, un remiendo bien visible. Viene destocado)

DON EPIFANIO
¡So… socorro! ¡Ma… Manuela!

ROSARIO
¡Don Epifanio! ¿Qué es esto?

DON EPIFANIO
¡Que… que viene!

EMILIA
¿Quién?

DON EPIFANIO
El co… co…

ROSARIO
¿El coco?

DON EPIFANIO
¡El cólera!

CHALINA
(Con suficiencia)
¡Bueno!

DON EPIFANIO
¡Tu madre!

ROSARIO
¿Mi madre?

CHALINA
¡Arrea!

DON EPIFANIO
¡Esconderme!

ROSARIO
Pase adentro.

DON EPIFANIO
No… que registra… ¡Salvarme!
¿Y Manuela?

ROSARIO
De bureo,
por los Madriles.

CHALINA
(Que se ha asomado a la calle)
¡Que viene!

DON EPIFANIO
(Arrodillándose suplicando)
¡Por favor! ¿Dónde me meto?

ROSARIO
Váyase pa abajo.

DON EPIFANIO
¡No!

ROSARIO
Y si no, pa arriba.

DON EPIFANIO
¡Menos!

CHALINA
Aguarde usté.

(Coge el maniquí y, conforme está Don Epifanio en el suelo, lo tapa con aquél. Simultáneamente se ve, en el fondo, aparecer a Venustiana que cruza de derecha a izquierda corriendo)

DON EPIFANIO
¡Atiza, manco!
(Queda encogido debajo del maniquí)

CHALINA
Pues, como os iba diciendo,
hay la mujer sacacorchos
y la mujer matasellos…

(Entra Venustiana. Es una mujer de unos cincuenta años, todavía guapetona y, sobre todo, bien arreglada. Lleva su buen pañuelo de crespón, sus pendientes, de muchas luces, sortijas en cuatro o cinco dedos, el pelo negro brillante, peinado con esmero y en el pecho un buen broche. Al brazo, un cestillo con bollos. En la otra mano, el hongo de Don Epifanio)

VENUSTIANA
¿Dónde está?

CHALINA
Por esas calles.

VENUSTIANA
¿Ha entrao aquí?

ROSARIO
¡Madre!

VENUSTIANA
Apuesto
a que la propia Manuela
lo ha escondido por ahí dentro.

EMILIA
La maestra no está en casa.

VENUSTIANA
¿Tampoco?

ROSARIO
¡Palabra!

CHALINA
¡Cierto!

VENUSTIANA
Voy a ver.
(Mutis por la derecha)

DON EPIFANIO
(Alzando la enagua)
¡Si sabré yo
a quién le pido el dinero!

CHALINA
Si va usté a meter la pata,
la meto yo hasta el chaleco.

VENUSTIANA
(Saliendo)
¡Que se me haya a mí escapao
ese tío camandulero!

ROSARIO
Pero, ¿quién?

VENUSTIANA
Don Epifanio.
¡Maldito sea el veneno!

(Tira el sombrero. El Chalina lo coge y con mucho cuidado se lo coloca al maniquí)

CHALINA
¿Le debe?

VENUSTIANA
Cuarenta duros.
¡Y ni intereses le pesco!
Pero, por éstas, que, ahora,
donde le pille, ¡le afeito!

CHALINA
Puede que se lo agradezca.

VENUSTIANA
¡Qué sofoco!

CHALINA
Tome asiento,
que está usté sobrealentá
y va a caérsele el vello
de ese lunar… que es un astro
que se ha trasladao de cielo.

(Se sienta Venustiana en la silla baja que le ofrece el Chalina, quien a la vez le coge el cestillo, poniéndolo delante del maniquí)

VENUSTIANA
¡Muchas gracias! ¡Qué galante!

CHALINA
Aunque uno es madrileño,
de vez en cuando se acuerda
de cómo es lo versallesco.

VENUSTIANA
¡Pompadur!

EMILIA
¡Atiza!

ROSARIO
(Amoscada)
¡Madre!
¿Les aviso a los bomberos?

VENUSTIANA
Sí, que hace mucho calor.

CHALINA
Eso se arregla con esto.

(Saca un abanico de forma de cigarro puro, lo abre y se lo entrega)

VENUSTIANA
¿Da buen aire?

CHALINA
¡Que si da!
Eso no es aire… es un beso.

ROSARIO
¡Madre! Pero esa cestita,
¿es pa que se la llevemos?

(En este momento, Don Epifanio está apoderándose de un bollo. El Chalina vuelve la
cabeza, lo ve, procura que Venustiana no lo advierta y, luego, coge el cestillo)

VENUSTIANA
Esa es otra: ¡la bollera,
que desde hace mes y medio,
que la fíe treinta reales,
no me paga ni los réditos!
Por lo pronto, me he traído
diecinueve bollos tiernos.
¡Y algo es algo!

CHALINA
¿Diecinueve?
¡Dieciocho!

VENUSTIANA
(Cogiendo el cestillo y recontando con la mirada)
¿Será penco?
¡Pues no se ha quedao con uno la tía!

(Levantándose airada)

CHALINA
(A Don Epifanio, que, buscando el cesto, le ha cogido un pie)
¡Estése usté quieto!

ROSARIO
¡Madre!

EMILIA
¡Señora!

CHALINA
(Sujetándola cuando inicia el mutis furiosa)
¡Señora!
¿Dónde va usté?

VENUSTIANA
Donde debo.
Ahora va a ver esa tía
quién es Venustiana Recio.
¡Y que era el más retostao!

CHALINA
¡Vaya tazto!

(A Don Epifanio)

¡Buen provecho!

VENUSTIANA
¡Dejarme salir, recorcho!

ROSARIO
¡Pero, madre!

CHALINA
¡Chist! ¡Silencio!
Soltarla. Yo la acompaño.

VENUSTIANA
¿Usté?

CHALINA
Yo, que no tolero
que a usté la falte ni un bollo,
ni nadie. ¡Estaría bueno!
Tire p’alante, señora.

VENUSTIANA
Y ¿usté detrás?

CHALINA
Por supuesto.
Primero, la reina madre.

VENUSTIANA
Gracias.

(Mutis satisfecha)

CHALINA
Y, detrás, el séquito.

ROSARIO
¡Qué cosas!

CHALINA
(Haciendo mutis)
Por la peana se adora al santo, ¡lucero!

(Se ve a ambos cruzar por el fondo, de izquierda a derecha)

EMILIA
Es un desahogao.

ROSARIO
¡Qué golfo!

EMILIA
Y tu madre, un caramelo.

ROSARIO
¡Qué raro! Nunca la he visto
así de dulce.

EMILIA
Lo creo.

(Levantado el maniquí)

Vamos, salga usté a la luz.

DON EPIFANIO
¿No volverá?

ROSARIO
Lo escondemos otra vez.

DON EPIFANIO
Gracias, Rosario.
Pero ahí no.

ROSARIO
Pues ¡hale al fresco!

DON EPIFANIO
Asormarse a ver si vuelve.

(A las Oficialas, dos de las cuales, Pura y Lolita, van a las dos ventanas)

¡Hola, me ha dejao el sombrero!

(Recogiéndolo del suelo)

¡Y dos bollos más!

PURA
¡Don Epi!

DON EPIFANIO
¿Qué pasa?

(Alarmado)

LOLITA
¡Que ya va lejos!

DON EPIFANIO
(A Rosario)
¿Por qué me tendrá esa tirria
tu señora madre?

ROSARIO
¡Cuerno!
Y usté, ¿por qué no le paga?

DON EPIFANIO
¡Canastos! Porque no puedo.
Llevo cesante dos años.
Y a este condenao gobierno
no se lo lleva el demonio.
¿Y Manuela?

EMILIA
Ya hace tiempo
que debía estar aquí.

ROSARIO
Se habrá encontrao al jilguero
de su novio.

DON EPIFANIO
¡Tu maestra…!
¡Esa sí que es el reverso
de tu madre! ¡Los cocidos
que me he metido en el cuerpo!

EMILIA
Usté y el hermano de ella
la van a dejar en seco.

(Va a la ventana)

ROSARIO
Como que si fuera usté
más agraciao o algo menos
decrépito, ¡sabe Dios
lo que mentiría el pueblo!

DON EPIFANIO
¿Decrépito? ¡Y cuando corro
no me alcanza un tren expreso!

ROSARIO
Ni mi madre.

EMILIA
Ya está aquí.

DON EPIFANIO
¡Adiós!

EMILIA
Pero oiga…

DON EPIFANIO
Ya vuelvo.

(Mutis, corriendo, por la izquierda)

ROSARIO
Pero, ¿es verdad?

EMILIA
La maestra.

ROSARIO
¡Ah, vamos!

EMILIA
(Acudiendo a la puerta)
¡Don Epi! (Yendo a su sitio)
¡Bueno!
¡Ni que le hubieran plantao
un cohete en el remiendo!

(Manuela, que ha cruzado antes por el fondo, aparece en la puerta de la izquierda. Guapa, limpia, bien plantada, chulapona. Entre los veinticinco y los treinta años. Pañuelo de crespón. Orgullosa de su peinado. Alegre, feliz)

(Música)

Chotis

MANUELA
Creí que no venía.

OFICIALAS
Sí que tardaba usté.

MANUELA
¿Me habéis echao de menos?
¿Es que ha venido él?

ROSARIO
Pues, chica, no ha venido.

MANUELA
Pues, ¡qué se le va a hacer!
Sí viene a verme el hombre,
mejor será que esté.

(Rosario coge una batea de ropa planchada y con mal humor, se mete al interior por la derecha)

No se puede dar un paso
por las calles de Madrí,
sin que alguna te entretenga
pa contarte alguna cosa
que te importa un tanto así.
Y lo malo es que después,
cuando libre te dejó,
no se puede dar un paso
sin oír a los moscones
que una lleva alrededor.

OFICIALAS
Eso pasa cuando pasa
por las calles de Madrí
una hembra que merece
que le alfombren las aceras
con ramitos de jazmín.

(Música)

Pasacalle madrileño «Como soy chulapona»

MANUELA
Al pasar por la calle
de Calatrava,
un paleto me dijo:
–¡Vaya una jaca!–
Y yo entonces le dije
con mucha sorna:
–¡para jaca tu madre,
que es percherona!–.

OFICIALAS
¡Viva la maestra,
muy bien contestao!

MANUELA
Aguardar un poco
que aún no he terminao.
Porque vino un guardia,
quiso intervenir;
pero, de primeras,
yo le dije así:
–como soy chulapona
de los madriles,
no me asustan los guindas
ni los civiles.
Conque, siga adelante,
con sus galones,
a no ser que me busque
porque mis ojos
son dos ladrones.

OFICIALAS
El mejor día,
por una pega
da con sus huesos
en la delega.

MANUELA
Pues si me prenden
el mejor día,
ya irá a sacarme
José María.

OFICIALAS
La que tiene un novio
puede presumir.
¡La que tiene un hombre,
tiene un potosí!
Al cruzar por la plaza
del Alamillo,
uno de los que tocan
el organillo,
me gritó desde lejos:
–Será un oprobio
que una chula tan chula
no tenga novio–.

OFICIALAS
Ese está en lo justo,
porque es la verdad.

MANUELA
Es lo que al oírle,
tuve que pensar.
Y con tanta fuerza
me lo recordó,
que me dieron ganas
de gritarle yo:
–Tengo novio y le quiero
más que a mi vida.
Y si a alguna le agrada,
que me lo pida.
Pa decirle que vale
muchos millones
y que no se traspasan
los corazones
que son felices.
¡Y que soy chulapona
de los Madriles!–.

(Hablado)

(Manuela deja el pañuelo sobre una silla y se pone un delantal y unos manguitos blancos)

EMILIA
Usté siempre tan simpática.

MANUELA
Los ojos con que me miras.
¿Qué os falta de la tarea?

EMILIA
De lo urgente, esta camisa.

MANUELA
(Asomándose a la puerta del interior)
Pero si ya son las doce.

EMILIA
¿Ya las doce?

MANUELA
¡Andando, chicas!

LOLITA
A mí me faltan dos prendas

MANUELA
Vete tú también Lolita,
que eso lo remataremos
Rosario y yo.

(Las Oficialas se quitan los delantales y los manguitos y entran al interior, excepto Emilia, que recoge las planchas y las lleva al anafe)

EMILIA
Corre prisa.

MANUELA
¡Y se mandará!

EMILIA
¡Cualquiera
se atreve a contradecirla!

(Aparece en la puerta el Señor Antonio. Es un hombre de cincuenta años, fuerte, aplomado. Viste traje de pana con trencilla, sombrero blando, camisa planchada sin corbata. Usa un buen palasán)

SEÑOR ANTONIO
Te atreves… y te la cargas.

MANUELA
¿Tan fiera soy?

SEÑOR ANTONIO
(Entrando)
Buenos días.

MANUELA
Felices, señor Antonio.
¿Qué, a recoger a la niña?

SEÑOR ANTONIO
A recogerla… pa siempre.

MANUELA
(A Emilia)
¡Oye!

SEÑOR ANTONIO
¡Cosas de la vida!

EMILIA
(Ruborosa)
¡Padre!…

SEÑOR ANTONIO
¡Que se casa!

MANUELA
(A Emilia)
¿Tú?
¡Qué callao te lo tenías!

SEÑOR ANTONIO
Pa octubre; pero hay que hacerle…
¡el trusó!

MANUELA
¿La canastilla?

SEÑOR ANTONIO
(A Emilia)
¿No te lo decía yo
que el trusó es pa señoritas?
Pues… ¡eso! La ropa blanca.

MANUELA
Anda, mujer.

EMILIA
Voy.

MANUELA
Alivia,
que tu padre no se puede
entretener.

(Salen las otras cuatro Oficialas, ya con sus mantoncillos, y cruzan la escena, marchándose a la calle)

ASCENSION
Buenos días.

CONCHA
Hasta luego.

MANUELA
Andar con Dios.

SEÑOR ANTONIO
¡Vaya un cuarteto de birrias!
¡A tono con la maestra!

MANUELA
¡Cuidado con José María!

(Mutis de Emilia, por la derecha)

SEÑOR ANTONIO
Ya salió.

MANUELA
Cada una luce
lo que tiene.
Antonio
Esa es la fija. (Pausa)

MANUELA
Estará usté muy contento.
Señor Antonio
¡Mucho!

MANUELA
¡Ya lo creo!

SEÑOR ANTONIO
(Con la risa del conejo)
Mira.
Esto es que me río. ¿Sabes?

MANUELA
Pues cualquiera pensaría
que le sienta a usté la boda
como una purga.
Señor Antonio
Y no es filfa.

MANUELA
Pero el chico, ¿no es cabal?
Señor Antonio
¡No le falta ni una tía
pa hacer de suegra, y que creo
que va a brear a mi hija!
El chico es bueno, palabra.

MANUELA
Entonces…
Señor Antonio
Son cosas mías.
Me quedo solo, Manuela;
más triste que una colilla.
Y hará un frío por las noches
en mi casa, que da grima
de pensarlo.

MANUELA
¿Y el café?

(Se pone a planchar a la izquierda)

SEÑOR ANTONIO
La parroquia no es familia.

MANUELA
Pues llévese usté a los chicos.
Señor Antonio
Si no fuese por la tía…
Pero me los llevo… ¿Y qué?
¿Quién va a mimarme? ¿La Emilia?
¿Con su esposo y con sus chicos,
cuando los tenga? ¡Pamplinas!

MANUELA
Le estoy viendo a usté liao
con alguna de esas ninfas
del Café de Naranjeros.

SEÑOR ANTONIO
Eso sería mi ruina.
La formalidá es la brújula
del negocio.

MANUELA
No averigua
ni Dios lo que le conviene.

SEÑOR ANTONIO
Lo que a mí me convendría
es una mujer, así
como… no sé quién te diga…

MANUELA
Como la Rosario.

SEÑOR ANTONIO
Frío; no me agrada a mí esa chica.

MANUELA
¿Más vieja?

SEÑOR ANTONIO
Pero no mucho.

MANUELA
Así, de mi edá.

SEÑOR ANTONIO
Te arrimas.

MANUELA
Bien forrada de billetes.

SEÑOR ANTONIO
Los tengo ya pa vestirla
de los pies a la cabeza.

MANUELA
Oiga, ¿y por qué no se rifa?

SEÑOR ANTONIO
¿Eso es llamarme borrego?

MANUELA
No, señor, yo lo decía,
porque… vamos… porque no
se me ocurre alguna amiga
a quien hablarle de usté.

SEÑOR ANTONIO
Toma.

(Dándole un espejo que saca del bolsillo)

MANUELA
¿Un espejo?

SEÑOR ANTONIO
Tú, mira.

MANUELA
(Mirándose en el espejo)
¿Que me mire?

SEÑOR ANTONIO
Esa mujer
es la ilusión de mi vida.

MANUELA
¡Arrea! ¡Señor Antonio!
Oiga; pero, ¿es que usté pimpla?

SEÑOR ANTONIO
¿Es una sandez?

MANUELA
No tanto.

SEÑOR ANTONIO
¡Ah, vamos! Me tranquilizas.

MANUELA
Es una barbaridá…
porque usté… ¡ya no entra en quintas!

(Devolviéndole el espejo)

SEÑOR ANTONIO
¿A ver?

(Mirándose)

Antonio: explicao.

(Se guarda el espejo)

MANUELA
¿Qué hago con José María?
A usté… no es que le desprecie.
¿Verdá que usté se lo explica?

SEÑOR ANTONIO
¡Hombre!

(Se volviendo a sacar el espejo)

¡Aquí se explica todo!
No es como en Caballería.
Perdona, Manuela. Semos
los hombres unos gorilas.
¡Plancha!

MANUELA
¡Ya voy!

SEÑOR ANTONIO
No, si digo
que para plancha, la mía.

EMILIA
(Saliendo ya arreglada)
Vamos, padre, cuando quiera.

MANUELA
¿Qué prisas llevas, Emilia?

SEÑOR ANTONIO
Vamos, sí…

MANUELA
(Besando a Emilia)
¡Que me convides!

EMILIA
¿Quiere usted ser mi madrina?

MANUELA
¿Quién es el padrino?

SEÑOR ANTONIO
Mangue.
¡Esa tarde estreno bimba!

MANUELA
Entonces, con mil amores.

SEÑOR ANTONIO
Con uno me bastaría.

MANUELA
¡Qué señor Antonio!

SEÑOR ANTONIO
¡Bueno!
¡Y se me chuflea encima!
Tienes razón que te sobra.
De los cuarenta pa arriba…

EMILIA
¡Adiós, maestra!

(Mutis)

MANUELA
Hasta siempre.

SEÑOR ANTONIO
Adiós…

(Desde la puerta, un poco corrido)

Y no se lo digas.

(Mutis)

MANUELA
(Yéndose al fondo a planchar)
¡Qué buen hombre es este tío!

ROSARIO
(Saliendo del interior)
Oye, ¿es verdá que hay vigilia?

MANUELA
Vigilia, no, pero vamos
a acabar esa camisa
y esas dos chambras, que son
de Don Juan y Doña Brígida.

ROSARIO
¿Y de Doña Inés no hay nada?

MANUELA
No, mujer.

ROSARIO
¡Siempre con prisas!
Si yo fuera la maestra,
se las planchaba Zorrilla.

MANUELA
Pero, ¿qué es lo que te pasa
que estás siempre alicaída?

(Poniéndose a planchar en su sitio)

ROSARIO
¿Quieres cambiarte conmigo?

MANUELA
Si se pudiera, querría.

ROSARIO
¡Si se pudiera!

MANUELA
¡Rosario!
¿Es que me tienes envidia?

ROSARIO
¿Yo a ti, de qué?

MANUELA
Me chocaba.

ROSARIO
Bueno, ¡a otra cosa!

MANUELA
Espabila
y así que acabemos, vas
a entregar, y aquí juntitas
comeremos mano a mano.
¡Y puede que haya natillas!

ROSARIO
Aquí estuvo el cocinero;
pero salió de estampía.

MANUELA
¡Pobre viejo! No se atreve
a convidarse y cavila
cada primor culinario
que ¡a ver quién no le convida
pa que haga un postre!

ROSARIO
Don Epi
es un fresco, que constipa.

MANUELA
¡Eh, cuidado, que yo le debo mucho bien!

ROSARIO
Perdona, chica.

(En la puerta de la calle se presenta José María. Es un joven bien portado; pero de extracción popular. Tratante del matadero, por ejemplo. Sombrero hongo, traje de terno, camisa planchada, corbata sin perjuicio de llevar pañuelo de seda blanco, sin cruzar)

(Música)

Terceto

JOSE MARIA
¿Se puede pasar, paloma?

MANUELA
Abierto está el palomar.

ROSARIO
Si estorbo, me voy pa adentro.

MANUELA
¡Por qué tienes que estorbar!

JOSE MARIA
No paro ni dos minutos.
Más tarde ya volveré.

MANUELA
Entonces, ¿pa qué has venido?

JOSE MARIA
Pues yo te lo explicaré.

(Entra)

Y a todo esto, buenos días.

(A Rosario)

ROSARIO
Buenos días tenga usté.

JOSE MARIA
(A Manuela)
He venido pa decirte
que no puedo yo doblar
esa esquina de la calle
si no paso a comprobar
que esos ojos de tu cara
dan mareos al mirar.

(Volviéndose)

Y usté perdone, Rosario.

ROSARIO
No hay nada que perdonar.

MANUELA
Estos ojos de mi cara,
si marean yo no sé;
pero es cierto que te miran
con más alma y con más fe
que si vieran a la Virgen
con el Niño y San José.

(A Rosario)

Y tú dispensa, Rosario.

ROSARIO
Ya he dicho que no hay de qué.

(A modo de copla y en su faena)

Todas las chicas del barrio
tienen la misma desgracia:
todas presumen de novio,
pero ninguna se casa.
Y es porque en la vicaría
hay una puerta entornada,
con un letrero que dice:
«No se admiten joyas falsas».

(A la vez que lo anterior)

JOSE MARIA
¡Gitana!

MANUELA
¡Moreno!

JOSE MARIA
¡Te adoro!

MANUELA
¡Te quiero!

JOSE MARIA
¡Pedazo de gloria!

MANUELA
¡Cachito de cielo!
¡Rey mío!

JOSE MARIA
¡Sultana!

MANUELA
¡Trolero!

JOSE MARIA
¡Bocaza!

MANUELA
¡Te debo la vida!

JOSE MARIA
¡Te llevo en el alma!

ROSARIO
¡Cada uno en lo suyo,
podemos seguir!

MANUELA
Perdona…

JOSE MARIA
¡Caramba!
Ya es tarde pa mí.

MANUELA
¡Qué cortitos los instantes
que se pasan junto a ti!
Anda, niño, pero vuelve
que te espero siempre así:
aburrida y afanosa
de que asomes por ahí.

ROSARIO
¡Caray, qué fuerte le ha dado!
Ya no hacen caso de mí!

JOSE MARIA
Ni siquiera me despido,
pues me tienes otra vez,
cuando pasen seis minutos,
o a lo sumo nueve o diez,
adorándote, mi reina,
de rodillas y a tus pies.

(Al medio mutis)

¡Y usté perdone, Rosario!

ROSARIO
¡Jesús, y qué pesadez!

(Mutis de José María por la izquierda)

MANUELA
(Acudiendo a la ventana del fondo más próxima a la puerta)
Le voy a ver cómo pasa.

ROSARIO
¡A ver si ha adelgazao!

JOSE MARIA
(En la ventana, por fuera. Serio)
Aquí no me gusta verte.

(Riendo)

¡Asómate al otro lao!

ROSARIO
La cosa parece guasa.

MANUELA
(En la otra ventana)
Le voy a decir adiós.

JOSE MARIA
(Apareciendo en la segunda ventana)
Tus ojos son dos locuras.

MANUELA
Pues tuyas serán las dos.

JOSE MARIA
Y, a todo esto, adiós, Rosario.

ROSARIO
¡Vaya usté mucho con Dios!

(Mutis definitivo de José María)

(Hablado)

MANUELA
¡Me tiene loca este niño!

ROSARIO
Ya lo veo.

MANUELA
¿Hay mejor cosa,
en la vida, que el cariño?

ROSARIO
¡Cuando una es tan cariñosa!…

MANUELA
Como tú eres un sorbete
pa los hombres.

ROSARIO
No es verdá.
Pero no soy un juguete…
y esa es la dificultá.

MANUELA
¿Es que no te dicen nada
los hombres?

ROSARIO
¡Pues ya lo creo!
¡A ver si te crees, monada,
que tú tienes estancada
la renta del piropeo!

MANUELA
Quise decirte, mujer,
que si nunca te ha ganao
el deseo de querer
a un hombre bien plantao.

ROSARIO
(Cambiando la conversación)
Ya está la camisa.

MANUELA
Aguarda
que acabe yo mi tarea.

(Rosario se quita los manguitos y el delantal. Prepara la camisa planchada, uniéndola después a las dos chambras que Manuela tenía entre las manos y envolviendo todo en un paño blanco. Todo esto en el curso de la escena)

¿No te parece que tarda?

ROSARIO
¿Quién, Don Epi?

MANUELA
¡Ese chavea!

ROSARIO
¡Pero chica, asómate!
¡Si aún irá por el mercao!

MANUELA
¡Cómo se conoce
que nunca los ha esperao!

ROSARIO
¡Vaya! ¿Quieres que te diga
por qué los miro con asco?
¡Porque los hombres, amiga,
te suelen dar cada chasco!

MANUELA
Algunos, sí.

ROSARIO
Te enamoras
y, cuando crees que el ladrón
está en las cuarenta horas…
¡se está comiendo un tostón,
en Botín, con dos señoras!

MANUELA
(Cambiando el tema)
¡Ya están las chambras, arrea!
Y vuelve pronto a comer.

ROSARIO
Tráelas.

MANUELA
Coge una batea.

ROSARIO
No, que las voy a envolver.

MANUELA
¡Tiene gracia lo que has dicho!
Si una hubiera de creerte…
¿José María es un bicho
de ese jaez?

ROSARIO
Tendrás suerte.

MANUELA
Tú lo has dicho. No me adula
quien lo grite en la plazuela.
En eso, no hay una chula
más feliz que la Manuela.

ROSARIO
Te caes de ese quinto cielo,
donde estás, si yo te digo…
Pero ¡pa qué!

MANUELA
Me da duelo
que no hables claro conmigo.
¿Qué me tienes que decir?
¿Es malo José María?

ROSARIO
¿Malo? Estoy calva de oír
que es mejor que la ambrosía.

MANUELA
A mí, ¿verdá?

ROSARIO
Y a otras varias.
Hija, no sé qué las da:
pero tiene extraordinarias
simpatías.

MANUELA
(Con cierta guasa)
¿Qué será?
Vaya, chica, no caviles.
A lo mejor, eso es gratis.
Hay en Madrí muchos miles
de feas y de locatis.

ROSARIO
En eso tienes razón.
Bueno, me voy a entregar.

(Medio mutis)

MANUELA
Oye…

ROSARIO
Dime.

MANUELA
Ese… ladrón
¿va a Botín a merendar?

(Rosario sonríe)

¡Dímelo ya de una vez!

ROSARIO
¡Pero chica…!

MANUELA
¡Hazme el favor
de hablarme claro!

ROSARIO
¡Rediez, aprietas más que un dolor!

MANUELA
¡Habla!

ROSARIO
¿No es pa entrar en duda
cuando, siempre al mediodía,
pasa por aquí, saluda
y se va a la casquería
de la calle de la Ruda?

MANUELA
La casquería es del socio
con quien trafica y negocia.

ROSARIO
Y ¿con quién es el negocio:
con el socio o con la socia?

MANUELA
Esa es una paparrucha
que estoy harta de escuchar.

ROSARIO
Bueno, pues… adiós.

MANUELA
Escucha.
¿Los has visto negociar?

ROSARIO
Manuela: ¡tienes un alma!

MANUELA
Ya te he dicho que estoy loca.

ROSARIO
¡Bendita sea tu calma!

(Mutis a la calle)

MANUELA
(Reaccionando)
¡Maldita sea tu boca!

(Quitándose un manguito con rabia, hace mutis por la derecha)

JUAN DE DIOS
(Asomando por una ventana)
¡Manuela!

(Por la otra ventana)

¡Manuela!

MANUELA
(Saliendo)
¿Quién?

JUAN DE DIOS
Soy yo.

MANUELA
¡Pues llegas a punto!

JUAN DE DIOS
¡Ya me la he cargao y bien!

MANUELA
¿Qué has hecho?

JUAN DE DIOS
Es que lo barrunto.

(Manuela se está quitando el otro manguito, luego el delantal. A su tiempo los entra al interior. Cuando vuelve se pone el pañuelo y se dispone para salir. Entra Juan de Dios. Unos veinticinco años. Con barba de dos o tres días. Bigote negro y poblado. Blusa larga, con manchas de pintura. Sombrero hongo. Trae en la mano un bote de pintor con brochas dentro)

MANUELA
¿A qué vienes?
Juan de Dios
Tú verás…
Hasta el sábado… ¡boqueras!
Y tengo dos chicos más.

MANUELA
¿Dos más?

JUAN DE DIOS
Dos más, con paperas.

MANUELA
¡Ah, creí! Porque con diez
ya estás bastante apañao.

JUAN DE DIOS
¿Cómo diez? ¡Si está otra vez
la Guadalupe en estao!

MANUELA
¡Buena coneja ha salido!

JUAN DE DIOS
Tú calcula qué horizonte.

MANUELA
Hermano: estás bien perdido.

JUAN DE DIOS
Perdido y con diez de monte.
¿Puedes darme una peseta?

MANUELA
¿Una peseta?

JUAN DE DIOS
Perdona.
Es que el médico receta
por cubos la belladona.

MANUELA
Trae la fórmula. Yo iré
a adquirirla en la farmacia.

JUAN DE DIOS
¡Qué suerte tengo!

MANUELA
No sé
si tienes suerte o desgracia;
pero ya sabes, hermano,
que en efectivo, ni un real.

JUAN DE DIOS
Sí, ya sé que… de verano,
aunque haga un frío glacial.

MANUELA
Pero ven acá, bandido.
Cada primero de mes
¿no te llevan un pedido
que lo pago yo después?
¿No cojo a dos o tres nenes
de cuando en cuando y los llevo
al bazar y así los tienes
a todos con mandil nuevo?
¿No entro en la zapatería
y el dueño sale de apuros,
porque es señalao el día
que no me dejo diez duros?
¿Qué más quieres? ¿Dinerito?
¿Pa tabaco? Perjudica.
¿Pa los toros? ¡Qué bonito!
¿Pa presumir? No se explica.
¿Es que soy un monigote
pa ti y pa la Guadalupe?
¡Qué bueno es chupar del bote!

JUAN DE DIOS
De este bote, no hay quien chupe.
¡Es culpa mía, mujer,
que la Guada alumbre tanto?

MANUELA
¡A ver si vas a creer
que es del Espíritu Santo!
Trae la receta. ¿Qué más
necesitáis?

JUAN DE DIOS
Si convidas,
las judías estofás
siempre son bien recibidas.

MANUELA
Quédate aquí mientras vengo.

JUAN DE DIOS
Tenía que ir entretanto
al taller.

MANUELA
Yo también tengo
que ir a lo mío y me aguanto.

(Gran rumor de bronca coreada en la calle. Manuela, que desde el lateral derecha había iniciado el mutis hacia la izquierda, se para un momento en la puerta. A su lado acude Juan de Dios)

(Música)

Pelea

MANUELA
¡Mecachis! ¡Qué voces!

JUAN DE DIOS
Hay bronca en el tres.

MANUELA
¡La Venus!

JUAN DE DIOS
¿La Venus?

MANUELA
Pero, oye, ¿no ves?

(Sale fuera disparada)

JUAN DE DIOS
¡Escucha, Manuela!
¡Qué tunda se dan!

CORO
(Dentro)
¡Que baile la gorda!
¡Que baile el cancán!
¡Que baile el del hongo,
que lo hace muy bien!
¡Que bailen, que bailen
los guardias también!

(Durante los últimos versos, entran en el obrador: Don Epifanio, sujeto por un Guardia, de quien quiere librarle Manuela; el Chalina, tratando de separar a Venustiana de otro Guardia, a quien ella se quiere comer; un grupo de cuatro o cinco Verdulera, un Mozo de carga y un par de Hombres. Otro pequeño grupo, menos decidido, se queda en la puerta y sólo avanza, momentáneamente, cuando hay conatos de agresión entre los protagonistas del episodio. Por último, las tres ventanas se llenan de curiosos: Hombres, Mujeres y algún Chico)

MANUELA
¡A ver si no empujamos!

CHALINA
¡A ver si puede ser!

GUARDIAS
¡A ver si complicamos
a todos sin querer!

JUAN DE DIOS
¡A ver si el sucedido
se logra esclarecer!

MANUELA
¡A ver lo que ha ocurrido!

CORO
¡A ver si puede ser!

DON EPIFANIO
Esta tía tan fiera y tan bruja
es lo más pegajoso que vi.

VENUSTIANA
Lo que pasa es que usté es un granuja
que debe y no paga
ni al verbo ni a mí.

CHALINA
Yo creo que tié razón.
Juan de Dios
A ver lo que dice aquí.
(Por Don Epifanio)

DON EPIFANIO
Que me fía diez duros cochinos
y quiere lucrarse
con cinco por mes.

VENUSTIANA
¡Qué lucrarme, ni qué cebollinos,
si no veo ni cinco ni tres!

CHALINA
¡Y encima no le dará
ni gracias por su interés!

JUAN DE DIOS
Que no puede ser mayor.

CORO
¡Y que es muy de agradecer!

VENUSTIANA
Ya le he dicho, veinte veces
que no puedo renovar;
que la deuda, si no paga,
no sé dónde va a llegar.
El me pide, siempre un día,
pa arreglarlo de una vez,
y se pasan un día, dos días,
tres días, seis días,
diez días y un mes,
y el arreglo es que, al cabo de un siglo,
le pesco en la calle
y aprieta a correr.

DON EPIFANIO
(Al Guardia)
Con una señora así,
¡a ver lo que haría usté!

CORO
¡Lo digno es salir por pies!

(De ahora en adelante, gran juego escénico, intentando Venustiana pegar a Don Epifanio e interviniendo cada cual, según su frase, excepto Manuela, que pone fin al episodio)

VENUSTIANA
¡Y le voy a matar!

CHALINA
No se ponga usté así.

VENUSTIANA
¡Y a los guardias también!

DON EPIFANIO
No dejarla venir.

VENUSTIANA
Quite usté, so melón.

JUAN DE DIOS
¡Qué descaro, rediez!

VENUSTIANA
¡Vengan moros a mí!

DON EPIFANIO
¿A que chillo también?

VENUSTIANA
¡Ay, dejármelo ya!

CORO
¡Que se maten los dos!

CHALINA
¡Que se maten, por mí...!

DON EPIFANIO
No soltarla, por Dios.

CORO
¡No se quieren perder!
¡Que se van a matar!

MANUELA
(Imponiéndose con la voz y la mirada)
¡Aquí sólo mando yo!
¡Silencio, que voy a hablar!

CORO
(Muy bajito)
La Manuela lo va a arreglar.

(Hablado)

MANUELA
Lo primero es que se vayan los fisgones a
comer.

JUAN DE DIOS
¡Hale! ¡Fuera!

(Obliga a marcharse a los que irrumpieron y luego se enfrenta con los curiosos de las ventanas)

¡Fuera, digo!
¡Los de las ventanas, eh!
Hagan el favor, señores.

(A Manuela)

¿Echo a los guardias también?

DON EPIFANIO
¡A los guardias, no!

MANUELA
Los guardias
se van y no hay que temer.

GUARDIA 1.º
¿Y quién cuida el orden público?

MANUELA
Yo misma respondo de él.
Y, además, dentro de casa
es orden privao.

GUARDIA 2.º
¡Olé!
Artículo ochenta y cuatro.
Vámonos.

GUARDIA 1.º
Hasta después.

(Mutis de los dos Guardias)

VENUSTIANA
(Reventando)
Y tú, ¿qué es lo que tenías
que decirme?

MANUELA
Van a ser
muy pocas palabras. Creo
que no llegarán a seis.
¿Cuánto le debe Don Epi?
Cinco palabras. ¿Ve usté?

VENUSTIANA
Yo te contesto con dos.
Cuarenta duros.

MANUELA
Muy bien.
Pues yo los pago.

DON EPIFANIO
¡Manuela!
¿Puedo decir ocho o diez?

MANUELA
Usté se calla.

JUAN DE DIOS
¿Tú tienes
cuarenta duros, mujer?

MANUELA
No los tengo, ésa es la cosa.

VENUSTIANA
¡Ah, vamos! Que cobraré
el día menos pensao.

MANUELA
¡Que cobrará antes de un mes!
Y, como a mí no me gusta
que los plazos se me den,
bajo mi palabra, espere
que le extienda el pagaré.

(Mutis por la derecha)

DON EPIFANIO
¡Qué rasgo!

CHALINA
(A Venustiana)
¡Mi enhorabuena!

JUAN DE DIOS
No lo entiendo.

VENUSTIANA
¿Qué irá a hacer?

(Sale Manuela con un mantón de Manila al brazo y lo extiende para que se vea que es un buen ejemplar)

MANUELA
¿Cuánto vale ese pañuelo?

DON EPIFANIO
(Avergonzado)
¡Manuela!

MANUELA
¡Chitón!

JUAN DE DIOS
¡Rediez!

VENUSTIANA
(Que ha examinado la prenda con avaricia y en sus propias manos)
Tirao, vale ochenta duros.

MANUELA
Pues quédese usté con él,
que cuando vaya a pagarla,
ya se lo recogeré.

VENUSTIANA
Manuela, que entre nosotras
esto no era menester,
que yo…

MANUELA
Que usté se lo guarda
o hay tiros.

CHALINA
(A Venustiana)
Tráigalo usté.

(Le coge el mantón)

(A Manuela) Lo decía porque pesa;
pero yo la ayudaré.

MANUELA
¡Y ya puede usté seguir
calle adelante!

VENUSTIANA
Adiós, mujer.
¿Y Rosario?

MANUELA
En un recao,
pero vuelve.

VENUSTIANA
Dile que
no se retrase.

MANUELA
Usté coma
sin aguardarla.

VENUSTIANA
¿Otra vez?

MANUELA
Es que hoy quiero darme el gusto
de convidarla a comer.

VENUSTIANA
Buenos días.

CHALINA
Hasta luego.

(Mutis de ambos)

MANUELA
¡Así se mueran!

JUAN DE DIOS
¡Amén!

DON EPIFANIO
¡Manolita, Manolita!
No soy digno…

MANUELA
Ya lo sé,
que es usté el tío más trasto
que come pan.

DON EPIFANIO
Desde ayer
a mediodía, he comido
dos torraos y un cacahué.

MANUELA
¡Hale! ¡A hacer natillas!

DON EPIFANIO
¿De veras?

MANUELA
¿Hablo en inglés?

DON EPIFANIO
¿De cuántos huevos?

MANUELA
Hay cuatro.

DON EPIFANIO
¡Lo bien que salen con seis!

(Mutis por la derecha)

JUAN DE DIOS
Bueno… si a mí me lo cuentan
digo que es fábula.

MANUELA
¿El qué?

JUAN DE DIOS
¡Que a Juan de Dios le discutas
una peseta, cuando él
es tu hermano, y a ese tío,
que es un tío que no es
ni tu tío, le sacudas
cuarenta duros!… ¿Por qué?

MANUELA
Te vas a caer de espaldas.
Porque es mi padre.

JUAN DE DIOS
¡Rediez!
Eso calumnia a mi madre…

MANUELA
¿No era la mía también?

JUAN DE DIOS
De modo que… el sinvergüenza
que la engañó antes de ser
la señora de mi padre…

MANUELA
Así es la vida…

JUAN DE DIOS
¡Qué bien!
Y ahora… ¡a chupar del bote!

MANUELA
El no sabe lo que sé.

JUAN DE DIOS
¿Y a ti te consta?

MANUELA
¡Me consta!
Y tú descubre el pastel,
que te quedas sin pedido
desde primero de mes.
Y… ¡abur, que va siendo hora
de averiguar de una vez
si lo mismo que a mi madre
me puede a mí suceder!

(Mutis a la calle y, luego, por el fondo derecha)

JUAN DE DIOS
¡Manuela! Pero… ¡Manuela!
¡Maldito sea el cocrén!
¿Por qué no será este tío
millonario?

(Sale Don Epifanio, batiendo huevos en un cazo. Lleva puesto un delantal blanco)

DON EPIFANIO
¡Sea usté
probo y parvo, para verse
con mandil a la vejez!

JUAN DE DIOS
Sí, señor.

DON EPIFANIO
Amigo mío,
la vida es un carrusel…

JUAN DE DIOS
Si tuviera, como yo,
diez hijos que mantener.

DON EPIFANIO
¡Diez hijos! ¡Qué disparate!

JUAN DE DIOS
Y ocho años que me casé.
Uno por año: no falla.

DON EPIFANIO
Esa suma no está bien.
En ocho años serán ocho.

JUAN DE DIOS
Y dos que llevaba, diez.
Pa setiembre serán once,
si no descarrila el tren.

(Entra Rosario por la izquierda)

ROSARIO
¡Hola! ¿No está la Manuela?

JUAN DE DIOS
Se acaba de ir a un quehacer.

ROSARIO
Por lo que veo, hay natillas.

DON EPIFANIO
Ya lo veremos después.

JUAN DE DIOS
Oye, tú, ya que has venido,
voy a llegarme al taller.

ROSARIO
Como si quieres largarte
al Congo Belga.

JUAN DE DIOS
(Dudando)
No sé.

DON EPIFANIO
Creo que quieren poblarlo.

ROSARIO
Eso dice en el papel.

JUAN DE DIOS
Pues, en eso de aumentar
la población, soy el rey.

(Mutis izquierda)

ROSARIO
Voy a aprovechar el tiempo.

(Mete unas tenacillas en el anafe)

DON EPIFANIO
Bueno, ¿y se puede saber
de la leche y del azúcar?

ROSARIO
Venga, yo se lo daré.

(Mutis por la derecha)

DON EPIFANIO
¡Y Dios quiera que me salgan
mejor que la última vez!

(Mutis)

(De derecha a izquierda, cruza por el fondo José María, que luego entra por el chaflán)

JOSE MARIA
Manuela…

ROSARIO
(Saliendo)
¡José María!
¡Cuánto bueno por aquí!

JOSE MARIA
¿Se fue la maestra?

ROSARIO
Sí.

JOSE MARIA
¿A dónde?

ROSARIO
A la casquería.

JOSE MARIA
Pero si vengo de allí.

ROSARIO
Vaya a buscarla si quiere.

JOSE MARIA
Aquí la espero mejor.

ROSARIO
Como usté quiera, señor.

JOSE MARIA
¡Huy, señor!

ROSARIO
Si lo prefiere,
le llamaré emperador.

JOSE MARIA
Rosario… ¿me quiere usté
explicar, si no es secreto,
por qué con tanto respeto
me trata siempre?

ROSARIO
¿Por qué?
No me ponga en un aprieto.

JOSE MARIA
Yo nunca le di motivo
pa que me dé así de lao.

ROSARIO
¿De veras?

JOSE MARIA
Ya estoy cansao
de que un sol, siempre tan vivo,
sólo pa mí esté nublao.

ROSARIO
¡Huy, qué cosas tan bonitas!
Cállese usté por favor,
que una, al oír tanta flor,
se cree que son palomitas
que vuelan alrededor.

JOSE MARIA
Rosario: me gustaría
que en mí viera usté un amigo.
¿Qué le pasa a usté conmigo?

ROSARIO
Perdone, José María.
De veras; no se lo digo.

JOSE MARIA
Pero, ¿por qué ese misterio?
Usté es una mujer
tan atractiva…

ROSARIO
¡Hay que ver!…
No me lo diga tan serio
que me lo voy a creer.

JOSE MARIA
¿Qué hay entre los dos, Rosario,
pa que me trate usté así?
¿Recelo?

ROSARIO
(Suave)
No es por ahí.

JOSE MARIA
¿Odio?

ROSARIO
(Apasionada)
¡Todo lo contrario!

(Medio arrepentida)

¿Qué pensará usté de mí?

JOSE MARIA
¡Rosario! ¿Tú…?

ROSARIO
De mi nombre
olvídate. Una mujer
no puede dar a entender…
que se muere por un hombre
que nunca la ha de querer.

(Rompe a llorar y va a tomar asiento en una silla)

(Música)

Dúo-Habanera

JOSE MARIA
Ese pañuelito blanco,
mujer,
que te llevas a los ojos
por mí,
no quisiera yo perderlo
jamás.
Dime que tú
me lo darás.

ROSARIO
Si este pañuelito blanco
te doy,
¿quién mis lágrimas recoge
después?
Por favor, no me lo quites,
que tú no sabes
lo bueno que es.

JOSE MARIA
Unos ojos bonitos,
cuando lloran de pena,
son puñales que saben herir
y matar a traición.
No me claves la pena
de esos dos puñalitos…

ROSARIO
Unos ojos malditos
por mi loca pasión,
cuando lloran de pena
son pedacitos
del corazón.

JOSE MARIA
¡Quién sabe, mujer!

ROSARIO
¡No lo he de saber!
Este pañuelito blanco
que tú
te querías ambicioso
llevar,
es quien sabe cuántas veces
sentí
que este querer
fuera por ti.

JOSE MARIA
Es pañuelito blanco,
mujer,
en mis manos lo debías
dejar,
por si acaso alguna cosa
también le tengo
que confesar.

(Coge el pañuelo)

ROSARIO
En mis ojos quisiera
conservar tu recuerdo,
como un sueño olvidado de amor,
que no pude lograr:
que no vuelvan en ellos
a fijarse los tuyos…

JOSE MARIA
Unos ojos tan bellos
¡quién podría olvidar!
No se olvidan los ojos
que confesaron
saber llorar.

ROSARIO
Ese pañuelito blanco
tal vez
será un tormento para mí.
¡Ay, yo no lo sé!

JOSE MARIA
Si es un tormento para ti,
no me lo des.

(Han quedado, sin sentir, frente a frente y entrelazados)

(Música)

(Hablado sobre la música)

ROSARIO
Suéltame, José María.

JOSE MARIA
¿Y qué será, que no puedo?

ROSARIO
No me mires. Me da miedo
esa mirada tan fría.

JOSE MARIA
Mírame tú…

(Ella le mira y él le da un beso en los ojos. En ese momento, aparece Manuela, detrás de la ventana)

ROSARIO
Ya te miro.

MANUELA
¡Jesús, María y José!

ROSARIO
¿Qué haces, hombre?

JOSE MARIA
No lo sé, que se me ha escapao el tiro.

(Manuela, que se ha retirado de la primera ventana, aparece cruzando la segunda, con naturalidad forzada. Ahora la ve Rosario)

ROSARIO
¡La Manuela!

JOSE MARIA
¿La Manuela?
¿Lo habrá visto?

ROSARIO
¡Sabe Dios!

(Tose Manuela ficticiamente para llamar la atención, y luego entra)

JOSE MARIA
¡Arrea, y viene con tos!

MANUELA
(Con naturalidad asustante)
¡Hola guapo!

JOSE MARIA
(Aparte)
No recela.

(A ella)

¿Qué hay, bonita?

MANUELA
(Quitándose el pañuelo)
¡Qué va a haber!

(A Rosario, como si no la hubiera visto antes)

¡Ah, tú aquí! No me he fijao.
A tu madre me he encontrao,
que no faltes a comer.

(Rosario se quita el delantal y los manguitos, que le recoge Manuela, poniéndoselos ella)

ROSARIO
¿Qué ocurrirá?

MANUELA
Nada, rica.

ROSARIO
(Yendo a recoger el pañuelo de crespón)
Cualquier cosa.

MANUELA
¡Qué calor
hace en la calle!

JOSE MARIA
¡Un horror!

MANUELA
Y aquí también, ¿verdá, chica?

ROSARIO
Del anafe…

MANUELA
Es un agobio.

(A Rosario, que ya iba hacia la puerta)

¡Que te llevas mi pañuelo!

ROSARIO
(Volviendo a descambiarlos)
Perdóname.

MANUELA
(Cuando ya está Rosario en la puerta)
Escucha, cielo.

ROSARIO
¡Qué!

MANUELA
¡Que te dejas el novio!

(Rosario baja los ojos y desaparece)

JOSE MARIA
(Que estaba junto a la puerta)
¡Manuela…!

MANUELA
¡Así se me llama!

(Señalándole la salida, enérgicamente)

JOSE MARIA
Oye…

MANUELA
¡No escucho romances!

(Ante el imperioso ademán de Manuela, se va José María. Ella, con el pico del delantal, se enjuga una sola lágrima. Siente encima la mirada de él, que se ha parado en la ventana y reacciona otra vez. Va al anafe, y coge una plancha. José María aparece en la otra ventana; pero ella no mira, sino que comprueba la plancha con un dedo mojado y luego se va a la mesa de la izquierda)

¡Me ocurren a mí unos lances
que son pa escribir un drama!

(Rompe a planchar con furia)


TELON RAPIDO


SEGUNDO ACTO


CUADRO PRIMERO

Rincón de una plazuela del barrio de la Morería. En primer término de la derecha desemboca una callejuela, que continúa por el último término de la izquierda; por consiguiente, la línea de sus edificios corta el escenario oblicuamente. Dichos edificios son dos, separados por otra callejuela, que desemboca perpendicularmente a la anterior. En el primero de los citados edificios, contando de derecha a izquierda, hay una taberna con puerta practicable. Sobre la portada, la muestra, que se supone continúa en la otra fachada, reza así: «11. Vinos de valde». Sobre la puerta, debajo de la muestra dice: «Petit Botín», y sobre el escaparate otro letrero: «Casa de comidas». El otro edificio mencionado tiene portal practicable junto a la esquina que forma con la calle del fondo. Sobre el portal, el número 13. En el lateral izquierdo del escenario, fachada de un edificio perpendicular a los dos anteriores: es una casa de vecindad, con amplio portalón practicable. En el centro de la escena, una acacia pequeña y, a ser posible, corpórea, que se supone es la última del andén central de la plazuela, que aparece pintado en el suelo, con su bordillo de piedra correspondientes. Es por la tarde.
Juan de Dios, vestido con su traje más viejo, está al pie de la acacia, sentado en una sillita de tijera, con una guitarra en las manos. Lleva unos anteojos negros. Colgado al pecho, un cartelito que dice: «De nacimiento». Delante, una bandeja. Manolito, un chico de ocho o nueve años, hijo de Juan de Dios, aparece atisbando la esquina del fondo. Don Epifanio examina el escaparate de la taberna con verdadera fruición. A cada lado de la puerta del establecimiento vinícola, hay un taburete, que ocupan dos hombres del pueblo con traje dominguero. De vez en cuando sale y entra el Chico de la taberna. En el portal de la casa de Rosario, que es la que en el fondo hace esquina, está la Portera, sentada en el escalón del umbral. A la izquierda, sentada en los lados de la puerta de su casa, la Vecina 1ª, peinando a su hija; la Vecina 2ª, amamantando a un chiquillo, y la Vecina 3ª, cosiendo. Hombres y Mujeres hacen entradas y salidas por las bocacalles y los dos portales visibles. También en la taberna, entran y salen Hombres.


(Música)     

Introducción y Guajira

JUAN DE DIOS
(Aparece rasgueando la guitarra y, a poco, se le
salta una cuerda)
¡Válgame San Pedro!
¡Ya me he reventao!

MANOLITO
¿Qué le ocurre, padre?

JUAN DE DIOS
¡Que se me ha saltao!

MANOLITO
Y es la prima siempre.

JUAN DE DIOS
¿Tú no te has fijao
en que la familia
toda suele darme
mu mal resultao?

(Se pone a arreglar la cuerda, con ayuda de Manolito)

DON EPIFANIO
(Al chico de la taberna, que ha salido a servir a los hombres de la puerta)
¿Quiere usté decirme, joven,
si esas manos son de cerdo?

CHICO DE LA TABERNA
¿Es que no salta a la vista?

DON EPIFANIO
Es que ya no las recuerdo.
¿Y esas magras con tomate?…

CHICO DE LA TABERNA
¡Pero si eso es bacalao!

DON EPIFANIO
¿Bacalao a la vizcaína?
¡Me lo había figurao!
Y se vende…

CHICO DE LA TABERNA
Por raciones.

DON EPIFANIO
¿Es muy cara la ración?

CHICO DE LA TABERNA
Dos realitos.

DON EPIFANIO
¡Dos realazos!
¡Gracias por la información!

(El Chico entra en la taberna)

JUAN DE DIOS
Vete, Manolito,
vete tú a oservar,
que si viene el guinda
me va a espabilar.
No sé por qué diablos
a la autoridá
se le habrá ocurrido
prohibir ahora
la mendicidá.

(Manolito se vuelve a la esquina)

¡Ya está!

(Después de rasguear un poco)

¡Olé ya!

(Empieza a puntear una guajira. Algunas personas de las que pasan por la calle se le acercan y le rodean. También Don Epifanio y el Chico de la taberna)

¡Ahí va una cosa que sé!
En La Habana hay una casa,
en la casa hay una niña,
y esta niña se encariña
con el primero que pasa.
Y si él dice con guasa:
«Dame un besito, mi amor»,
ella con mucho rubor
hace como que no entiende…
De todo esto se desprende
que en La Habana, hace un calor…
¡Qué calor!
Toma el abanico, chico,
que me mortifico
viendo los sudores que te dan.
«Dame el abanico, chica,
porque el sol ya pica
más que un alacrán.»

TODOS
Toma el abanico, chico…

JUAN DE DIOS
¡Ahí va otra cosa que sé!
Todas las noches de calma
pasean las criollas,
dulces como chirimoyas,
¡hijas mías de mi alma!
Su sombrerito de palma
es igual que un reflector
y hace aumentar el fulgor
que en sus ojos negros luce…
De todo esto se deduce
que en La Habana, hace un calor…
¡Qué calor!
Toma el abanico, chico,
que me mortifico
viendo los sudores que te dan.
«Dame el abanico, chica,
porque el sol ya pica
más que un alacrán.»

TODOS
Toma el abanico, chico…

(Hablado)

(Todos o casi todos los auditores de Juan de Dios, menos Don Epifanio, le echan un óbolo y luego desfilan por distintos lados)

HOMBRE 1.º
Oye, que ya son las tres
y media.

HOMBRE 2.º
¿Ya? ¡Chico! ¡Cobra!

CHICO DE LA TABERNA
Qué… ¿a los novillos?

HOMBRE 1.º
Es claro.
Y andandito: con que ahorra
palabras y da la vuelta.

CHICO DE LA TABERNA
Ahí va.

(Dando el dinero)

HOMBRE 1.º
Salú.

HOMBRE 2.º
Y hasta otra.

(Mutis de los dos Hombres por la derecha y del Chico de la taberna. Las Vecinas recogen también sus trebejos y entran en la casa. La Portera, lo mismo)

DON EPIFANIO
(Reconociendo a Juan de Dios cuando éste se levanta los anteojos para contar el dinero)

Pero, ¿es usted?

JUAN DE DIOS
Más bajito.

DON EPIFANIO
(Bajando la voz)
Pero, ¿es usté? ¿Por qué implora
la caridad de ese modo?

JUAN DE DIOS
Porque no veo otra forma
de reunir tres pesetas
y un realito en media hora.

DON EPIFANIO
Tres pesetas… ¡y un realito!

JUAN DE DIOS
Faltan cuatro perras gordas.
¡Y llevo veinte minutos!…

MANOLITO
¡Padre!

JUAN DE DIOS
Ya voy. ¡La langosta!

(Recoge precipitadamente la guitarra y la banqueta, metiéndose en el portal de la izquierda)

DON EPIFANIO
¿La langosta? También son
ganas de abrirme la boca.

(Apenas hace mutis Juan de Dios, salen por la calle dos Guardias de orden público. Miran a derecha e izquierda con interés policíaco, se fijan en Don Epifanio que, sin comprender, les hace una reverencia y se van por el foro izquierda)

¡Así es la vida! Saludo,
sin que ellos me correspondan…
¡Y serán los mismos que
me cepillaban la ropa!

JUAN DE DIOS
(Que ha vuelto a salir y quiere colocarse donde estaba)
¡Amos, échese pa un lao,
Don Epifanio!

(Se sienta al pie del árbol)

DON EPIFANIO
¡Joroba!
Pero, ¿quiere usté explicarme
por qué pide usté limosna?
¿No contribuye Manuela
a sus cargas perentorias?

JUAN DE DIOS
Sí, señor; pero a los toros
no me convida ni en broma.
Aguarde usté.

(Sale de la casa de la izquierda una Mujer)

¡Pobre ciego!
¡No hay un alma generosa!…

(La Mujer le echa una moneda y se va por la derecha)

Caballero: muchas gracias.

DON EPIFANIO
Pero si es un señora.

JUAN DE DIOS
¡Jinojo! Tenga usté en cuenta
que yo no veo ni gota.

DON EPIFANIO
Lo que tiene usté es más vista
que un águila.

JUAN DE DIOS
¡Vaya córnea!
¡Juan de Dios iba a quedarse
sin ver al astro de moda,
al Dominguín que es del barrio!
Me faltan tres perras gordas.

DON EPIFANIO
Pero si tiene usté ya
tres pesetas.

JUAN DE DIOS
Algo cortas.

DON EPIFANIO
¡Yo que esperaba de usté
que me convidara a albóndigas…!

JUAN DE DIOS
Lo siento, pero no llega.

DON EPIFANIO
(Acercándose al escaparate)
¡Mírelas usté qué hermosas!

JUAN DE DIOS
¡No hay prenda como la vista!

DON EPIFANIO
Pero la vista no engorda.

(Sale el Señor Antonio por la derecha y se para en la puerta de la taberna)

SEÑOR ANTONIO
¡Chico! Sírveme coñac,
que ahora vengo. Media copa.

CHICO DE LA TABERNA
(Asomando)
Está bien, señor Antonio.

JUAN DE DIOS
¡San Estanislao de Koska!
¡San José de Arimatea!

SEÑOR ANTONIO
¡Vaya letanía! ¡Toma!

(Dándole una moneda)

Que son dos reales de plata,
no te confundas.

(Medio mutis)

DON EPIFANIO
(Asombrado)
¡Zambomba!

JUAN DE DIOS
Caballero, caballero…
¡Veinte céntimos le sobran!

SEÑOR ANTONIO
Pero, ¿es precio fijo? ¡Venga!
¡Aprende uno cada cosa!

(Mutis a la casa de la izquierda)

JUAN DE DIOS
No me conoció.

DON EPIFANIO
Y a mí
no me ha visto.

JUAN DE DIOS
¡Es un idiota!
¡Manolito!

MANOLITO
(Acudiendo)
¡Padre!

JUAN DE DIOS
¡Ya!
Arrea al despacho. Toma:
diez reales pa las entradas.

DON EPIFANIO
Bueno y eso que le sobra…

JUAN DE DIOS
Eso pal tranvía. Y esto,
pa un purito pa la boca.

(A Manolito)

Tú: la guitarra y la silla
la dejas en la tahona
del tres de la Cava Baja.

DON EPIFANIO
¡Eso sí que no, joroba!

(Apoderándose de la silla y la guitarra)

Las llevo yo.

JUAN DE DIOS
¿Usté las lleva?

DON EPIFANIO
¡Y lo tengo a mucha honra!
¡Pobre criatura!

JUAN DE DIOS
Bueno,
me voy a cambiar de ropa.
¡No tardes!

MANOLITO
Ni tres minutos.

(Mutis por el foro)

JUAN DE DIOS
¡Viva la afición taurómaca!

(Mutis por el fondo izquierda)

DON EPIFANIO
¡Si yo me atreviera…!

(Pone la silla al pie de la acacia)

¡Ajá!

(Se sienta)

¡Voy a cantar algo de ópera!
¡Joroba!

(Levantándose y cogiendo la silla)

El señor Antonio otra vez.

SEÑOR ANTONIO
Don Epi: ¡Hola!
¿Dónde va usté de guitarra?

DON EPIFANIO
A una juerga.

SEÑOR ANTONIO
Será… sorda.

DON EPIFANIO
Ya veremos.

SEÑOR ANTONIO
Pues… ¡Adiós!
Y, si quiere media copa,
no le vendría a usté mal
pa calentarse la boca.

DON EPIFANIO
Muchas gracias…

SEÑOR ANTONIO
Como quiera.

(Mutis a la taberna)

DON EPIFANIO
No tomo nada entre horas.
¡Y estos son los que presumen
de espléndidos! ¡Media copa!
Eso se dice: «Ande usté
al escaparate y coja
las viandas que prefiera».
Y voy yo y las cojo todas.
Iré a ver si doy el golpe
donde nadie me conozca.

(Mutis por el fondo izquierda. De la casa Rosario sale José María con traje dominguero. Va hacia la derecha y, a la vez, sale de la taberna el Señor Antonio)

JOSE MARIA
¡Señor Antonio!

SEÑOR ANTONIO
¡Muchacho!
Pero, ¿es tu misma persona?

JOSE MARIA
La misma.

SEÑOR ANTONIO
¿De dónde sales?

JOSE MARIA
De ahí, de casa de mi novia.

SEÑOR ANTONIO
¿De tu novia?

JOSE MARIA
La Rosario.

SEÑOR ANTONIO
¿La de…?

JOSE MARIA
La de la fiadora.

SEÑOR ANTONIO
No sabía, chico.

(Llamando al Chico de la taberna)

¡Chico!

(A José María, emocionado) ¡Qué sorpresa!

(Al Chico de la taberna, que sale)

¡A ver, dos copas
de Cazalla!

(A José María) ¿O tú prefieres
que entremos?

JOSE MARIA
Sin ceremonias.

(Mutis del Chico)

SEÑOR ANTONIO
De modo que… la Rosario…
Pero, ¿y la Manuela?

JOSE MARIA
¡Cosas que pasan!

SEÑOR ANTONIO
¿Le eres… adúltero?

JOSE MARIA
No, señor.

SEÑOR ANTONIO
¡Ah!

JOSE MARIA
Es que esa historia
se arremató va pa un mes.

SEÑOR ANTONIO
¿De veras?

JOSE MARIA
Yo no hablo en broma.

SEÑOR ANTONIO

(Al Chico, que saca en una bandeja dos copitas de aguardiente)

Pero, ¿qué es eso?

CHICO DE LA TABERNA
Cazalla.

SEÑOR ANTONIO
Amos, anda, tío Berzotas.
Tú es que nos has confundido.
¿Hay champán?

CHICO DE LA TABERNA
Hay gaseosa.

SEÑOR ANTONIO
¿Gaseosa?… ¡No te arreo un cate!…

CHICO DE LA TABERNA
¡Y aún se incomoda!
¡Dos copas de lo mejor
de España y Barcelona!

(Mutis del Chico)

De modo que… la Manuela…

JOSE MARIA
Sí, señor, ¿verdá que choca?

SEÑOR ANTONIO
¡Hombre!… Choca, descarrila
y vuelca. ¡Eso es una bomba!
Pero, ¿qué ha pasao?

JOSE MARIA
Pués… nada.
¡Esa es una chulapona,
que tiene el genio muy vivo,
un pronto que da la hora,
y luego…

SEÑOR ANTONIO
¿Qué?

JOSE MARIA
¡Más orgullo
que Don Rodrigo en la horca!

SEÑOR ANTONIO
Pero, ¿tú le has suplicao?…

JOSE MARIA
¿Yo suplicarla?

SEÑOR ANTONIO
¡Qué idiota! Y, si encuentras el vocablo
poco elegante, perdona.

(Ha salido el Chico con otras dos copas)

Anda, bebe.

(Al Chico) ¿Y esto qué es?

CHICO DE LA TABERNA
Curasao.

(Beben Antonio y José María)

SEÑOR ANTONIO
Sensato. Cobra.

(Le da un duro. Mutis del Chico)

Tú, en vez de acercarte a ella,
alargándole la gorra,
como quien le va a pedir
un cariño de limosna,
has dicho: «¡Yo soy un hombre!»
¿Verdá que lo has dicho?

JOSE MARIA
¡Toma!

SEÑOR ANTONIO
Y le has dao en las narices
y te has buscao otra novia.
Y, puesto a buscar, la amiga
más íntima de la otra.

JOSE MARIA
No es eso, señor Antonio.
Es que esta chica me adora.

SEÑOR ANTONIO
¿Te adora?

JOSE MARIA
Si usté supiera detalles…

SEÑOR ANTONIO
¿Y la ladrona de su madre?

JOSE MARIA
No se mete en nada.
La deja sola.

SEÑOR ANTONIO
¿La deja sola… y se va?
¡Cuidado con las encerronas!

(Pausa)

¡Pobre Manuela!

JOSE MARIA
¿Usté cree
que se me ha olvidao?

SEÑOR ANTONIO
Ahora
sí que has dicho la verdá.

JOSE MARIA
Pero ella, ¡es tan orgullosa!

SEÑOR ANTONIO
Y tú… no digamos.

JOSE MARIA
¡Hombre…!
¿Quiere que me dé llorona?
Si volviera, que no vuelve,
mansa, humilde, cariñosa…
Pero, ¿imponiéndose? ¿A mí?

SEÑOR ANTONIO
¡Muy bien!

JOSE MARIA
¡Adiós!

(Mutis por la derecha)

SEÑOR ANTONIO
¡Hasta otra!
Antonio: ¿será posible?

(Mirándose la ropa)

Tú no eres ninguna momia.
Claro que… Tampoco eres
un párvulo… Estás ahora
entre Pinto y Valdemoro.
¿Habrá boda o no habrá boda?
¡Vaya, voy a convidarte
mientras se aclara la cosa!

(Haciendo mutis a la taberna)

¡Chico: dame en manzanilla
las tres pesetas que sobran!

(Aparece el Chalina por la calle del fondo. Por la izquierda, la señora Venustiana)

CHALINA
¿Dónde va la diosa Venus?

VENUSTIANA
Calla, Emilio, por favor.

CHALINA
Si me callo, ¿a quién le digo
que eres, chata, mi osesión?

VENUSTIANA
No me digas esas cosas,
trolero.

CHALINA
¿Trolero yo?
Dame un duro pa que veas
que lo tomo sin rubor.

VENUSTIANA
Toma…

(Dándole dinero)

CHALINA
¿A ver? Parece falso.

VENUSTIANA
Toma este otro. (Ídem)

CHALINA
A lo mejor
el malo es éste. Pues mira,
me quedaré con los dos
y así salimos de dudas.
¿Verdá que sí, corazón?

VENUSTIANA
Haces de mí lo que quieres,
granuja.

CHALINA
Alusiones, no.
O me los das motu propio,
o no los quiero.

VENUSTIANA
¡Ladrón,
si sabes que eres el amo!

CHALINA
¿Yo, el amo?

VENUSTIANA
El rey.

CHALINA
(Aparte)
Del valor.

(A Venustiana)

Aquí eres tú la sultana
y el esclavo negro yo.
¿Adónde vas?

VENUSTIANA
A los toros.

CHALINA
¿Por qué no me llevas hoy?

VENUSTIANA
Es que vamos yo y la chica.

CHALINA
¿Y aún no le has dicho…?

VENUSTIANA
¡Qué horror!
¿Cómo quieres que me atreva?
No, Emilio, esas cosas, no.
¡A mis años!

CHALINA
¡A tus años!
Amos, anda. ¡Si te voy
a regalar una comba
pa darte tocino yo!

VENUSTIANA
¡Formalidaz! ¡Uy, qué tarde!
Ya da en mis tiestos el sol.

CHALINA
¿Y te vas así?

VENUSTIANA
¿Qué quieres?

CHALINA
Un beso.

VENUSTIANA
¡Emilio, por Dios!
Suelta…

CHALINA
Bueno, pero apunta.
Creo que con éste son
nueve u diez los que me adeudas.

VENUSTIANA
Cuando nos casemos.

CHALINA
¡Oh…!
Si tan largo me lo fías…

VENUSTIANA
¿Tú no quieres?

CHALINA
¡Al vapor!
Lo que no quisiera, chata,
es hacerme esa ilusión.

VENUSTIANA
¡Ah, creí!

CHALINA
¿Qué te creías?

VENUSTIANA
Nada, Emilio… que me voy.
Hasta luego.

CHALINA
Hasta la tumba.

VENUSTIANA
Adiós… nene.

CHALINA
Adiós…

VENUSTIANA
(Tirándole un beso, ya desde el portal, y mutis)
Adiós.

CHALINA
(Como quien se espanta un moscón)
¡Zape, señores, qué tía!
¡Si esto es locura de amor!

ORNANILLERO 1.º
(Asoma por la calle del fondo)
Chalina, ¿paro o seguimos?

CHALINA
Para y dale al batidor,
que Madrí se va a los toros
y hay que animar la función.

(Mutis del Organillero por donde salió. El Chalina se queda apoyado en la esquina)

(Música)

Pasacalle madrileño y Chotis-Habanera

(Por el fondo se oye, en el organillo, un pasacalle. Luego van desfilando los tipos y grupos conforme se indica. José María sale por la derecha con un ramo de claveles en la mano. Cruza y entra en el portal de Rosario. Inmediatamente aparece por la calle de la izquierda un Aficionado con un palo al hombro, y en la punta, una bota de vino. De la mano, lleva un Chico pequeño. Detrás de él va la Mujer con la cesta de la merienda al brazo. Cruzan los tres la escena y se van por la derecha)

CHALINA
(Recitado)
¡Que aproveche!

(A continuación, sale de la casa de la izquierda un pequeño grupo, dos Vecinos y tres Vecinas, que se van también por la derecha, después de su breve intervención)

VECINOS
Vamos, que es tarde.

VECINAS
No hay que empujar.

VECINOS
Es que las cuatro
ya van dar.

VECINAS
Tomamos unos coches
en la calle de Alcalá.

(De ahora en adelante, salen los que se indican sucesivamente, todos por la calle de la izquierda, cruzando la escena y yéndose por la derecha. No ha de aparecer ningún elemento del desfile sin que haya desaparecido el anterior. Viene un matrimonio recién casado. Se nota por el atuendo –ella, traje negro de seda; él, traje negro, impecable, hongo nebro y reluciente, bigote rizado en sortijillas–, porque van mirándose como tortolillos)

CHALINA
(Recitado)
¡Enhorabuena! ¡Viva la novia!

(Sigue ahora un grupo de seis u ocho Muchachas de oficio. Jóvenes todas. Llevan mantoncillos de crespón. Flores al pecho)

CHALINA
(Adelantándose a cortarles el paso)
Adónde va lo bueno
saber quisiera yo.

MUCHACHAS
Lo bueno va a los toros,
como es su obligación.
Colgada está de flores
la plaza de Madrí,
que lidian seis veraguas
y mata Dominguín.
Las chicas de este barrio
no deben de faltar,
porque es de la plazuela
de la Cebá.
¡Viva el rumbo!

(Se van las Muchachas y ahora le toca el turno a Juan de Dios. ¡Vaya tipo! Trae un pantalón a cuadros, entallado, chaqueta corta, no a la andaluza, corbata roja, gorra de gran visera y un puro en la boca. Cruza braceando con salero y, cuando el Chalina le dice:)

CHALINA
¡Adiós Frascuelo!

(Contesta, saludándole con las dos manos)

JUAN DE DIOS
¡Gracias, amigo!

(A cuatro metros, le sigue Manolito. Lleva recogido el delantal por la cintura, como un capote de paseo, y, con la mano libre, bracea imitando a su padre)

CHALINA
¡Arrea, Mazzantini!

(Sigue un grupo que integran un ama de cría, sin el chico, dos criadas paletitas y tres Soldados de distintos cuerpos, en traje de gala, con guantes blancos. Van por parejas; ellas con las manos cruzadas sobre el vientre; ellos con los dedos de las manos tiesos y extendidos)

CHALINA
¡Viva la patria!

(Aparece un señor grueso, pulcramente afeitado, vestido de negro, con ropas un poco arbitrarias. Se ve a la legua que es un cura, de paisano. El Chalina entonces le saluda gorra en mano. El Cura le corresponde con el sombrero, y, como es lógico, se le ve la coronilla. Surge después un Caballero anciano, pero presumido y terne. Viste levita y pantalón negros, usa sombrero de copa, tiene patillas blancas y lleva del brazo a una morena y a una rubia, ataviadas con mantones de Manila. Al pasar por delante del Chalina, éste alarga la gorra, pidiendo para el organillo y, al no hacerle caso, simula con la gorra un pase natural y dice:)

CHALINA
¡Ooolé!…

(Y, ahora, viene el pueblo: un grupo grande de Hombres y Mujeres, alegre y abigarrado. Las Mujeres llevan indistintamente pañolillos de crespón, mantones de Manila y sencillos pañuelos de seda al cuello. Los Hombres son unos viejos y otros jóvenes, con gorras de visera, gorrillas y sombreros hongos blandos; unos llevan bastones y otros no; algunos lucen pañuelos de seda; otros camisas planchadas y otros, visten blusas. El  grupo ha de ser lo contrario de un coro de zarzuelas clásicas o de revistas. Se prohíbe la uniformidad)

HOMBRES
Dejaría de ser madrileño
ni tampoco sería español,
si esta tarde de sol y toros
no me fuera a un tendido de sol.

MUJERES
Dejaría de ser de mi barrio,
que es el barrio mejor de Madrí,
si esta tarde de sol y de toros
a la plaza te fueras sin mí.

TODOS
Y si luego tomamos un coche,
pa que vean que somos de ley,
recostados en una manuela,
no nos tosen ni el papa ni el rey.

ELLOS
Español nací…

ELLAS
Madrileña soy…

TODOS
Y esta tarde de sol y toros,
a la plaza y en coche me voy.

(Cuando el grupo hace mutis, ha desaparecido el Chalina. Cruza ahora, como final del desfile, Don Epifanio, conducido por la pareja de guardias, que le llevan en medio, cogido de los brazos. Uno de los Guardias lleva la silla de tijera, y el otro la guitarra. Vuelve a sonar el organillo y termina el pasacalle. Sigue la música. Sale el Señor Antonio de la taberna, se detiene un momento en la puerta, y aparece por el fondo Manuela, con el traje de los domingos y mantilla negra)

SEÑOR ANTONIO
¿Dónde va presumiendo
la sal morena?

MANUELA
(Dirigiéndose al portal de Rosario, sin volver la cabeza)
Donde a usté no le importa
ni le interesa.

(Va a seguir y él la detiene)

SEÑOR ANTONIO
Pero, ¿no me conoces?

MANUELA
(Volviéndose)
¡Señor Antonio!
Si no vuelvo la cara,
no le conozco.

SEÑOR ANTONIO
Ibas muy deprisa.

MANUELA
Es que aquí en el trece
tengo yo una cosa
que me pertenece,
y de malas manos
la he de rescatar.

SEÑOR ANTONIO
Me figuro lo que
vienes a buscar.

MANUELA
Cumple para el martes.

SEÑOR ANTONIO
Eso de cumplir
es, según se mire,
y hay que distinguir.

(Salen del portal Rosario, Venustiana y José María. Ellas, ataviadas para los toros, con flores y mantones de Manila. Rosario lleva el de Manuela)

MANUELA
¡Hombre, de primera!
¡Qué casualidá!

SEÑOR ANTONIO
Esto se complica.
Digo la verdá.

ROSARIO
(A José María)
Oye, la Manuela.

VENUSTIANA
¿Qué te importa a ti?

JOSE MARIA
Sí que es un encuentro
que no presumí.

VENUSTIANA
(Echando a andar. A Manuela)
¡Hola, buenas tardes!

MANUELA
Haga usté el favor…

ROSARIO
Esta quiere armarla.

JOSE MARIA
Eso es lo peor.

VENUSTIANA
¡Venga pronto y claro!

MANUELA
¡Vaya si lo haré!

JOSE MARIA
¡Dilo ya si quieres!

MANUELA
¡No va con usté!

(A Venustiana)

Dígale usté a la Rosario
que no presuma de guapa,
porque el mantón favorece
y hace muy bien a la cara.
Dígale usté que tampoco
debe presumir de gancho,
porque a un novio como el suyo
se le compra en cualquier saldo.

JOSE MARIA
(Aparte)
¡Mala sangre!

SEÑOR ANTONIO
(Aparte)
¡Tururú!

VENUSTIANA
(A Manuela)
Se lo puedes
decir tú.

ROSARIO
(A Venustiana)
Dígale usté a la Manuela
que ella también presumía
con este novio de saldo
y este mantón de Manila.
Dígale usté que lamento
no complacerla a su gusto,
que se han cambiado las tornas,
y que por eso presumo.

VENUSTIANA
¡Muy bien dicho!

JOSE MARIA
(Aparte)
Regular.

SEÑOR ANTONIO
(Aparte)
¡Ahora sí que
se va a armar!

MANUELA
Yo no le discuto
si habla bien o mal,
pero la Rosario
no presume más.
Tome su dinero.
Venga mi mantón.

(Dándole unos billetes a Venustiana)
Cada cual lo suyo…
¡Y sanseacabó!

ROSARIO
¡Eso no es posible!

MANUELA
¡Vaya si lo es!

VENUSTIANA
No hay otro remedio.
Dáselo, mujer.

(Rosario, rabiosa, se quita el mantón y se lo da a Manuela)

Es el finiquito
de una operación.
Este mío tiene
mucho más valor.

(Se quita el mantón y se lo pone a Rosario)

JOSE MARIA
Ya estarás contenta,
¿quieres algo más?

MANUELA
Con usté no tengo
ni que conversar.

JOSE MARIA
Como usté decía
no sé qué de mí…

MANUELA
No se preocupe
que era por decir.

JOSE MARIA
(Al Señor Antonio)
Dígale usté a esa chulapa
que no me tire indirectas,
que soy un hombre muy hombre,
y el que me busca, me encuentra.

MANUELA
Dígale usté a ese sujeto
que no voy a la busca.

JOSE MARIA
Yo no presumo de nada;
pero voy donde me empujan.

SEÑOR ANTONIO
Entendido.

VENUSTIANA
(A Rosario, llevándosela hacia la derecha)
¡Se acabó!

ROSARIO
¡Ahora tengo
que hablar yo!

(Cogiendo a José María un brazo y desafiando a Manuela)

Vete y presume de guapa
con tu mantón de Manila,
porque el mantón favorece
cuando la cara es bonita.
Pero no extrañes, Manuela,
que yo presuma también,
porque me quiere mi novio
y ahora me marcho con él.

(Mutis por la derecha, Venustiana, Rosario y José María. Manuela quiere reaccionar ante el apóstrofe de Rosario; pero no puede. Ha fracasado)

MANUELA
(Estruja el mantón y va a tirarlo al suelo. El Señor Antonio la contiene. Entonces, sin soltarlo con una mano, lo deja caer como una bandera arriada)

¡Maldita sea!

(Recitado)

SEÑOR ANTONIO
¿Qué vas a hacer?

MANUELA
¡Señor Antonio!

SEÑOR ANTONIO
¡Vamos, mujer!

(Cantado)

MANUELA
El mantón de Manila
¡pa qué lo quieres!
¡Su cariño es el ansia
porque te mueres…
y lo perdiste!
¡Ay, de ti, chulapona
de los Madriles!

(Da unos pasos lentos hacia la izquierda. El Señor Antonio, comprendiendo que no ha llegado su hora, menea la cabeza, se cuelga el aplazan del brazo y saca la petaca para echar tabaco)


TELON Y MUTACION



CUADRO SEGUNDO

Telón corto. Fachada de la casa n.º 5 de la Plaza de la Cebada, de la cual se ven los siguientes huecos: los dos primeros, de derecha a izquierda del actor, puerta y ventanal el Café de Naranjeros, cuya muestra campea sobre ambos huecos; portal cerrado y, por último, parte de la otra tienda, también cerrada, sobre cuya puerta se lee: «Granos». En la primera planta, ventanas con antepechos. La puerta del café tiene una hoja cerrada y, en el hueco de la otra, cuelga un portier rojo. La ventana del café, en su tercio inferior, tiene una balaustrada de hierro, delante de los tableros. En la puerta superior, cuatro cristales pintados de blanco. Noche de agosto con luz de luna.
Está en escena, solo, Juan de Dios, que ejerce de vigilante nocturno, vulgo sereno, y usa atributos de esa autoridad menor: gorra de visera, linterna, chuzo y su gran cinturón de llaves. Del interior del café llegan los ecos de las guitarras y de las palmas. Juan de Dios está escuchando embebecido. Pasa un Borracho —tipo de albañil—, haciendo eses, un poco rítmicas, a compás con el jaleo del tablao invisible.

BORRACHO
¡Ole!

JUAN DE DIOS
¡Ole!

BORRACHO
¡Mi madre!

JUAN DE DIOS
¡Tu difunta madre!

BORRACHO
¡Ole!

JUAN DE DIOS
¡Ole con ole!

BORRACHO
¡Gracia!

JUAN DE DIOS
No hay de qué.

(Mutis del borracho)

UNA VOZ
(Interior, por la izquierda)
¡Pepe…!

JUAN DE DIOS
¡Va…!

(Mutis por el mismo lado)

(Música)

Nocturno y Petenera

CANTAORA
(Dentro, cantando)
Serrano, ¿quién te camela?
¡Dime la verdá por Dio!
Si no te camela nadie,
quiero camelarte yo.

(Por la derecha sale Rosario. Se asoma tímidamente a la puerta del café. Por la izquierda, vuelve Juan de Dios)

JUAN DE DIOS
(Canturreando una soleá)
No me puedo acostumbrar
a que cuando dicen: ¡Pepe!
tenga yo que contestar.

(Hablado)

¡Olé, mi madre!

ROSARIO
(Apartándose de la puerta)
El sereno.

JUAN DE DIOS
(Echándole la luz de la linterna)
¡Pero… oye! Si es la Rosario.

ROSARIO
¡Juan de Dios!

JUAN DE DIOS
Aquí me tienes
pa servirte.

ROSARIO
Y, ¿desde cuándo?

JUAN DE DIOS
Desde ayer. Me he convencido
de que había que hacer algo
por las noches… y que luego
no tenga que bautizarlo.

ROSARIO
¡Tú, sereno!

JUAN DE DIOS
¡Anda la osa…!
¿Cuándo me has visto borracho?

ROSARIO
Chico, no te tomes a mal
mi extrañeza.

JUAN DE DIOS
Más extraño
es verte a ti… No te ofendas;
pero tú… ¿qué vas buscando?

ROSARIO
A un hombre.

JUAN DE DIOS
¡Sopla!

ROSARIO
¿Lo has visto?

JUAN DE DIOS
¿Te acuerdas que soy hermano
de la Manuela?

ROSARIO
De madre.

JUAN DE DIOS
Pero legítimo.

ROSARIO
¡Claro!
¡Como el turrón!

JUAN DE DIOS
Bueno, abrevia.

ROSARIO
¿Has visto entrar a un muchacho
que creo que es punto fuerte
en el café?

JUAN DE DIOS
¡Vienen tantos!

ROSARIO
Yo te estoy hablando de uno
que tú sabes.

JUAN DE DIOS
¡Acabáramos!
No me acordaba… Pero, oye,
si quieres averiguarlo,
¿por qué no se lo preguntas
a él mismo?

ROSARIO
(Nerviosa)
Porque a ese… guapo
no le echo la vista a cuestas
desde hace ocho días largos.
¡Vaya, lo solté!

JUAN DE DIOS
¡Qué cerdo!
¡Hacerte eso a ti, Rosario!
¡A ti!

ROSARIO
Me han dicho que viene
todas las noches.

JUAN DE DIOS
Esazto.
Menos hoy, que no lo he visto,
desde que tengo yo el cargo,
no ha faltao ninguna noche.

ROSARIO
Entra a ver.

JUAN DE DIOS
No quiero, ¿estamos?
Yo te levanto el portier
y entras tú misma a mirarlo.

ROSARIO
¿Entrar yo al café cantante?
Aún no me he tirao al barro.

JUAN DE DIOS
Pues llámale por teléfono,
que creo que hay aparato.

ROSARIO
Está bien. Vendrá a buscarle
quien debe venir.

(Medio mutis).

JUAN DE DIOS
¡Andando!
El delegao del distrito.

ROSARIO
¡Más!

JUAN DE DIOS
La regente.

ROSARIO
No tanto.
¡Buenas noches, Juan de Dios!

(Mutis por la derecha)

JUAN DE DIOS
¡Salud y tila, Rosario!
¡A cualquier hora me quedo
en el buche con el trago!

(Salen del café Don Epifanio y un Ganadero, tipo paleto adinerado, natural y vecino de Seseña. El primero viene empujando al segundo, que se resiste a salir. Don Epifanio lleva en la cintura, sujetos con el pantalón, dos pistolones y una buena chaira, que se ponen de manifiesto cada vez que se levanta el chaleco en un ademán retador. Viste un traje más decente, que el ya conocido, pero de segunda mano)

DON EPIFANIO
¡A la reverenda calle!

GANADERO
¿A mí?

JUAN DE DIOS
¿Qué pasa, canario?

DON EPIFANIO
A ti, granuja.

GANADERO
¿Granuja?
¡Esto sí que no lo aguanto!

(Haciendo intención de atacar a Don Epifanio, el cual se levanta el chaleco)

DON EPIFANIO
¿Qué pasa? ¡A ver!

GANADERO
(Conteniéndose)
Si no fuera…

DON EPIFANIO
(Aparte)
No me falla. Soy el amo.

GANADERO
Pasa, que tiran el pego
y roban a los incautos.
¡Pero yo soy de Seseña!

(Reaccionando otra vez)

DON EPIFANIO
Como si eres de Chicago.
¿Qué pasa? ¡A ver!

(Nuevo levantamiento)

JUAN DE DIOS
(Aparte)
Se le achica.

GANADERO
Yo soy ganadero.

DON EPIFANIO
¡Vamos!
Es ganadero y se enfada,
porque pierde cuatro cuartos.

GANADERO
¡Porque me los roban!

DON EPIFANIO
Eso me los dices en el campo
de las Vistillas.

(Retando con el chaleco)

JUAN DE DIOS
¡Don Epi…!

DON EPIFANIO
¡Y al sereno me lo cargo!
¿Qué pasa?

JUAN DE DIOS
¡Que toco el pito!

DON EPIFANIO
Si usté lo toca, yo lo bailo;
pero bailo en la barriga
de aquí, de usté y del más guapo.
¡Hale!

(Empujando al Ganadero hacia la izquierda)

GANADERO
Ya me voy; no me empuje.

JUAN DE DIOS
Me parece lo sensato.

GANADERO
Pero… ¡que a mí se me engañe
como a un paleto…!

DON EPIFANIO
¡Arreando,
que te apunto!

(Echando mano a la culata de un pistolón)

GANADERO
¡Vaya!

(Mutis)

DON EPIFANIO
(A Juan de Dios)
Alumbra.

JUAN DE DIOS
(Alzando la linterna)
¿Qué hace usté?

DON EPIFANIO
Voy a apuntarlo.

(Lo hace con un lápiz en una libreta)

Con éste van tres. ¡Dios mío,
nunca lo habría soñado!

JUAN DE DIOS
¡Es usté un león!

DON EPIFANIO
¡Joroba!
El cocido es sacrosanto.
No le oculto que si, en vez
de salirme este contrato
de valiente, me repone
Sagasta en un alto cargo,
estaría más tranquilo,
porque ¡hay que ver las que paso!
Pero, amigo, a este gobierno
ni por Dios lo parte un rayo.

JUAN DE DIOS
Bueno, cuando lo repongan
a ver si me hace usté algo.

DON EPIFANIO
A mí ya no me reponen
ni con el glícerofosfato.
Y eso que hoy… ¡me he sacudido
un bisté…!

JUAN DE DIOS
Se está mascando.

DON EPIFANIO
¡Fabuloso! ¡Tanto idiota
como hay en bronce y en mármol
y al que inventó ese manjar,
ni un miserable epitafio!
«Bajo esta lápida yace.
¿Cómo se llama? ¿Quién fue?
¡Y pensar que si no nace
queda inédito el bisté!
¡Olé! ¡Requiescat in pace!»

(Se oyen unas voces dentro del café)

JUAN DE DIOS
¿Qué es eso? ¡Bronca!

DON EPIFANIO
(Muy resuelto)
¡Al avío!

(Asomándose por el portier)

¡Joroba! ¡Si es un soldao!

JUAN DE DIOS
¡Ande usté con él!

DON EPIFANIO
¡Dios mío!
Pero, ¿quién me habrá mandao
meterme a mí en este lío?

(Mutis)

JUAN DE DIOS
Esta corridita es de esas
que no me las pierdo yo.

DON EPIFANIO
(Dentro)
¡A ver!

JUAN DE DIOS
Se las tiene tiesas.

DON EPIFANIO
(Dentro)
¿Qué pasa?

(Un silencio)

JUAN DE DIOS
¡Se le achicó!
No gana uno pa sorpresas.

(Sale José María por la izquierda, dirigiéndose al café)

JOSE MARIA
¿Me hace usté el favor, sereno?

JUAN DE DIOS
¡José María!

JOSE MARIA
No sé
de qué te asombras.

JUAN DE DIOS
De que…
me alegro de verte bueno.

JOSE MARIA
Yo también me congratulo
de verte en buena salú.

JUAN DE DIOS
¿Qué me dices?

JOSE MARIA
Lo que tú.

JUAN DE DIOS
Igual… pero más en chulo.

JOSE MARIA
Porque lo soy.

JUAN DE DIOS
Yo también.

JOSE MARIA
¿De veras? Pues no me acuerdo.

JUAN DE DIOS
Es que con el chuzo, pierdo;
pero le tiro y no hay quién.

JOSE MARIA
Esta noche tienes ganas
de conversación.

JUAN DE DIOS
Me aburro solito.

JOSE MARIA
Cómprate un churro.

JUAN DE DIOS
Eso es pa por las mañanas.

JOSE MARIA
Bueno, ¿qué quieres de mí?

JUAN DE DIOS
Que no pases al café.

JOSE MARIA
¡Atiza! Y eso… ¿por qué?

JUAN DE DIOS
¡Arrea! Pues… porque sí.

JOSE MARIA
Más claro, que eso no cuela.

JUAN DE DIOS
¿A qué vienes a diario?
¿A olvidar a la Rosario
o a pensar en la Manuela?

JOSE MARIA
Vamos, que vuelve Mambrú.

JUAN DE DIOS
Ya voy creyendo que sí.

JOSE MARIA
Pues hoy te has colao.

JUAN DE DIOS
Pa mí
que quien se cuela eres tú.

(Transición)

Tú vienes a Naranjeros
a jugarte las pestañas
y a beber chatos y cañas
con flamencas y boleros.
Y eso, ¿porqué?

JOSE MARIA
¿Necesito
pedirte la venia a ti?

JUAN DE DIOS
Hombre, si me apuras, sí.

JOSE MARIA
Porque eres… ¿el hermanito?

JUAN DE DIOS
Pues mira, ya que lo dices,
te digo que sí es por eso.
Pero, ¿es que antes del suceso
de marras, cuando, felices,
erais la Manuela y tú
la envidia del barrio entero,
alternabas jaranero
con esa canalla? ¡Fu!
Vienes a probar tu estrella
y, si pierdes la partida,
sales triste y se te olvida
que no es el juego, que es ella
quien entristece tu vida.
Ganas, y entonces… –¡A ver,
venga vino y a cantar!–
¡Y te envidian!… Sin saber
que hay cien modos de llorar
la ausencia de una mujer.

JOSE MARIA
¡Mira, Juan de Dios…!

JUAN DE DIOS
Cuidao,
que yo me adelanto a ti…!

(Fingiendo el diálogo de dos personajes: José María y él)

–Cuando te pregunten, dí
que esa mujer que has nombrao
me importa ya un tanto así.
¡Y aunque me importara! Había
de ser el cariño suyo
mi salud y mi alegría
y, como tengo mi orgullo,
¡ni un Dios lo conocería!
–Dicho–. ¿Qué te ha contestao?
–Nada–. Entonces, ¿a qué vienes?
–Perdona: soy un pesao.
A decirte que no tienes
que arrimarte a ese tablao.
–¿Por qué– Porque la Manuela,
si hace unos meses, te mira
resuelto a pasarte en vela
la noche, de francachela,
te hace dos mimos, suspira…
¡Y tendría yo que ver
si tú te atrevías ya,
después de eso, a trasponer
esa puerta!

UNA VOZ
(Dentro)
¡Pepe…!

JUAN DE DIOS
¡Va…!
Pepe soy yo. Desde ayer.

(Mutis por la derecha. Queda José María solo e indeciso. Del café se perciben ahora rasgueos de guitarra y palmas de las jaleadoras)

(Música)

Romanza

JOSE MARIA
Tienes razón, amigo.
Paece mentira
que un corazón no sepa
por qué suspira.
Cuando un querer desvela,
no aduerme el opio.
Donde hay amor ajeno,
no manda el propio.
Y no hay orgullo
que amortigüe el aroma
que aquel capullo.

CANTAORA
(Dentro)
¡Ay…!

JOSE MARIA
¡Ay…!
Noche madrileña
con olor de albahaca,
noche de cantares
que en el aire alegran
y en mi pecho abrasan…
Noche de mi barrio,
llena de suspiros:
¡cuántas otras noches
suspiré a la vera
del cariño mío!

CANTAORA
(Dentro)
¡Ay…!

JOSE MARIA
(Un momento presta oído a las palmas internas, junto a la misma entrada del café)
¡Ay…!
Bien dice quien me dijo
que ese jaleo
es como la sonrisa
del fariseo.
Dentro de mis entrañas
las palmas suenan
y no sé lo que tienen
que a mí me apenan.
Pero es lo cierto
que parecen campanas
tocando a muerto.

CANTAORA
(Dentro)
¡Ay…!

JOSE MARIA
¡Ay…!
¿Qué es lo que a mí se me fue,
que lo busco, y no lo encuentro
porque buscarlo no sé!

CANTAORA
(Dentro)
¡Ay…!
¡Ay…!

(Sigue la música. José María hace un último esfuerzo para entrar en el café; pero siente como una mano que le aparta y se va por la izquierda lentamente)

(En la versión original del libro esta acotación continúa: «Crece el jaleo en el café. Aparece el Chalina por la derecha. Enciende un cigarro y entra en Naranjeros. Apenas ha hecho mutis, se alza el telón corto y aparece el...». En la presente edición se ha optado por cortar la indicación escénica en este punto, para continuarla después del anuncio del Cuadro Tercero, al considerar que esta disposición del texto obedece mejor a la lógica y coherencia del mismo.


CUADRO TERCERO

Crece el jaleo en el café. Aparece el Chalina por la derecha. Enciende un cigarro y entra en Naranjeros. Apenas ha hecho mutis, se alza el telón corto y aparece el interior del café cantante de Naranjeros. En el centro del fondo se halla el tablao, al que se sube por unos escalones que hay a su izquierda. En el lateral derecho, la puerta de entrada, en segundo término, y el ventanal en el primero. En el lateral izquierdo, dos puertecitas. La inmediata al fondo conduce al interior de la vivienda y servicio. La de primer término es la subida a la tertulia. Entre estas dos puertas, un mostrador, embutido en el lateral; pero practicable desde dentro. Sobre él, cristalería para el servicio. Detrás, una anaquelería con botellas de diversas bebidas. En el fondo, a ambos lados del tablao y adosados a la pared, bancos recubiertos de peluche rojo, con respaldo de dos cuartas. Delante de esos bancos, mesas rectangulares con tableros de mármol. Al otro lado de las mesas, sillas. Adosado al ventanal, un banco semejante a los del fondo y su correspondiente mesa de mármol. En el resto del local, veladores circulares, en profusión, rodeados de sillas. En la pared del fondo, espejos de luna turbia, cubiertos por nubes de gasa, preservativos de las lujurias de las moscas. El local está alumbrado por aparatos de gas en forma de lira, colgados del techo o del arquitrabe de las columnas que exhortaban del castizo café barriobajero. También, apliques de gas en las paredes.
Sobre el tablao aparecen las Jaleadoras y el Guitarrista, formando herradura. Una Bailaora, en el centro, baila. Una Cantaora y un Bailaor ocupan una de las mesas, en unión del Maestro Cansino, un vejete, andaluz y simpático, y de algún cliente del establecimiento. Las demás mesas están ocupadas por tratantes del mercado, proveedores del matadero, un Soldado con gorrillo cuartelero y el canuto de licencia entre dos botones de la guerrera, y algún chulo aburrido, con si coima, pintarrajeada y ojerosa. Hay una mesa vacía a la izquierda que, de momento, ocupa Don Epifanio. El Chalina aparece junto al portier de entrada, como quien acaba de penetrar, y se ha detenido a saludar al Chulo de la prójima. Dos Camareras, con delantal blanco, sirven y alternan con la concurrencia cuando no son requeridas por el servicio. Detrás del mostrador, el Encargado, que tiene ante sí un timbre mecánico, con el que llama la atención si es menester. Cuando hayan de intervenir en el tablao la Cantaora y el Bailaor, suben por la escalera y bajan cuando tiene un paréntesis; lo mismo que la Bailaora, que aparece bailando. El tablao es como el cielo, y sólo caben los justos. Una vez que se haya hecho la presentación del cuadro, el Chalina avanza a alternar con el Maestro Cansino y su compañía flamenca. Uno de los clientes de las mesas más próximas al espectador, aparece dormido con la gorra calada hasta los ojos y la cabeza inclinada sobre el pecho, y así continúa hasta el momento que se indique. Terminado el número inicial, hay algún discreto movimiento de público, subiendo algunos a la tertulia y ocupando su sitio otros que llegan.
Cuando se aluda o intervenga Maravilla, entiéndase que es una de las jaleadoras. Sigue la música.

(Música)

Bulerías, Tanguillo y Zapateado

JALEADORAS
Si me dices que me quieres,
dímelo por bulerías,
que no entiendo de quereres
si no cantan alegrías.
Anda ya,
dímelo,
que estoy deseando
que tú me lo digas
pa luego más tarde
decirte que no.

UN SOLDADO
(Como un relincho)
¡No te combes, flamenca,
que se me cae la baba!

MAESTRO CANSINO
¡Anda, niña,
que es tuyo er porvení!

UN PALETO
¡Riá! ¡Riá! ¡Riá!

(El Bailaor sube al tablao y baila él solo, por chuflas)

MARAVILLA
¡Er salero de San Fernando!

JALEADORA 1.ª
¡Bendita sea tu novia!

JALEADORA 2.ª
¡Maolillo er grande!

MARAVILLA
¡Ay, qué niño más libidinoso!

MAESTRO CANSINO
¡Ole… ole…! ¡Requeteole…!
¡Mu bien…! ¡Esa ha estado güena!
¡Otra güena!

JALEADORAS
¡Ole…!

(Termina el Bailaor)

CANTAORA
¡Qué es triste la petenera!
Pues no lo había de ser,
si la inventó una mosita
que se murió de un queré.

UN SOLDADO
¡Quién te pillara, coronela!

DON EPIFANIO
¡Riá! ¡Riá! ¡Riá!

MAESTRO CANSINO
¿Usté también arterna?

DON EPIFANIO
¡Digo!

MAESTRO CANSINO
¡Ahí va una caña!

(Ha vuelto a empezar la Bailaora. A poco, sube a acompañarle el Bailaor)

MARAVILLA
¡Viva Córdoba y su Potro!

JALEADORA 1.ª
¡La alegría de mi tierra!

MAESTRO CANSINO
¡Así se gana er carté!

UN PALETO
¡Aún hay patria, Emerenciano!

UN SOLDADO
¡Viva el anís del mono!

MARAVILLA
¡Solera fina!

MAESTRO CANSINO
¡Grasia y sentío!

(Termina la pareja de baile con un zapateado y da fin al número)

(Hablado)

MAESTRO CANSINO
Se habéis portao superió.
Sos veo esta primavera
que viene, en Parí de Francia.

CHALINA
Escuche, maestro…

MAESTRO CANSINO
Venga, ¿qué ocurre?

CHALINA
¿Va usté a llevarse
a París a esta muñeca?
(Por Maravilla)

MARAVILLA
Allí me están esperando.

CHALINA
¿A ti, criatura?
(Cogiéndole un brazo)

MARAVILLA
¡Suelta!

CHALINA
Pero, oiga, ¿no es de París
de dónde traen a las nenas?

MARAVILLA
¿A mí? ¡De Málaga, rico!

CHALINA
¿Rico? Vaya una indirecta
pa decirme que convide.
¡A ver! ¡Una camarera!

(El Soldado va hacia la puerta. Al pasar por delante de la pareja que forman un Chulo y su prójima, hace a ésta un guiño)

UN CHULO
¿Te ha mirao?

ELLA
¡Calla, Cipriano!

UN CHULO
¡Recluta!

UN SOLDADO
De la reserva.
¿No ve que llevo el canuto
pa darle a usté en la cabeza?

DON EPIFANIO
¡Joroba!
(Preparándose)

UN CHULO
¿A mí?

ELLA
(Sujetándole)
¡Pero Cipri!

UN CHULO
¡No me quites la botella!

UN SOLDADO
(A quien sujetan los de la mesa inmediata al ventanal)
¡Soltarme, que lo afusilo!

DON EPIFANIO
¡Soltarle! Y ahora… ¡afuera!

(El Soldado le hace un poco de cara. Don Epifanio le tira un desplante y aquél se va)

¡Hipnotizado!
(Al Chulo). Y tú, mira
por dónde se va a la meca.
(Señalándole la puerta)

UN CHULO
Está bien, Francisco.

DON EPIFANIO
(Yéndose triunfador)
¡Nada!
¡Toreo mejor que el Guerra!

SEÑOR ANTONIO
(Que sale por la primera de la izquierda)
¡Don Epi!

DON EPIFANIO
¡Qué pasa en Cádiz!

SEÑOR ANTONIO
A ver si se da una vuelta
por arriba, que en el monte
pa mí que va a haber tragedia.

DON EPIFANIO
¿En el Monte? Soy yo allí
más conocido que Chueca.

SEÑOR ANTONIO
Pues… ¡Hale!

DON EPIFANIO
(Al mutis)
Muero cardíaco.

(Ha entrado por la derecha Juan de Dios)

JUAN DE DIOS
¡Buenas…! ¿Está la Emilia por dentro?

SEÑOR ANTONIO
Sí. ¿Quién pregunta por ella?

JUAN DE DIOS
Ande, dígale que salga.

SEÑOR ANTONIO
Pero, ¿quién es?

JUAN DE DIOS
La Manuela.

SEÑOR ANTONIO
¿La Manuela? Y tú, berzotas,
¿me la has dejao en la puerta?
Maestro: ¡la marcha real!

(A Juan de Dios)

Tú, mientras tanto, penetra
y avísaselo a la Emilia.

(Mutis de Juan de Dios por la segunda izquierda. El Señor Antonio se dirige a la calle y levanta el portier. En toda la parroquia se produce un movimiento de curiosidad)

Amos; ¡adentro, princesa!

(Entra Manuela)

MAESTRO CANSINO
¡Vaya gachí!

MANUELA
¡Buenas noches!

UN PALETO
(Por lo bajo, a su compañero de mesa)
¡Riá! ¡Riá!

SEÑOR ANTONIO
Felices las tengas.

(Manuela, en toda la escena, habla y oye sin atención, dedicándose a escudriñar todo el café con la mirada, haciendo objeto especial interés al Durmiente, cuyo rostro no logra ver a su gusto)

¿Te vas a quedar ahí?

MANUELA
Es que me da una vergüenza…

SEÑOR ANTONIO
Siéntate aquí.

MANUELA
No, sentarme
no; de ninguna manera.
¿Aquél es? ¡Ah, sí! El Chalina.

SEÑOR ANTONIO
El mismo.

CHALINA
(Desde lejos)
Salú, maestra.
¿Quiere usté un chato?

MANUELA
¿Yo, un chato?
¿Lo ve usté? (Al Señor Antonio)

SEÑOR ANTONIO
Es una fineza.

MARAVILLA
¿De qué es maestra?

CHALINA
De plancha.

MAESTRO CANSINO
¡Camará, vaya una jembra!

(Salen Juan de Dios y Emilia)

EMILIA
¿Usté por aquí?

MANUELA
(Besándola)
Ya ves.
Y ¿a qué, dirás?

EMILIA
¿Quién lo acierta?

MANUELA
Pues a traerte el regalo
de boda.

SEÑOR ANTONIO
Y yo que lo crea.

MANUELA
¿Verdá, Juan de Dios?

JUAN DE DIOS
La fija.

MANUELA
Te he comprao una pulsera;
pero iban a dar las ocho,
tenía que hacer la cena
y dije digo: Mañana
la llevo en cuando amanezca.

SEÑOR ANTONIO
Pero, ¿han pasao ya las burras
de la leche?

MANUELA
Cállese, pelma.
Cené, fregué y, al ponerme
a leer La Correspondencia,
veo un anuncio que dice:
«Novias». Y digo: Maestra,
a llevar el regalito
que, total, es ahí bien cerca,
y si la Emilia lo ve
antes de acostarse, sueña
con la noche de la boda,
y…

JUAN DE DIOS
No detalles, Manuela.

EMILIA
Pero, siéntese usté aquí.

SEÑOR ANTONIO
No invites, que no se sienta.

MANUELA
Voy a enseñártela.

EMILIA
¿A ver?

MANUELA
(Señalando la primera de la izquierda)
¿Adónde va esa escalera?

EMILIA
A la tertulia.

MANUELA
¿Subimos?

SEÑOR ANTONIO
¡Y tres más!

MANUELA
¿Tiene sorpresa?

SEÑOR ANTONIO
Es sólo para hombres.

MANUELA
¡Ah! Lo decía en la creencia
de que sería más propia
pa mostrarte la pulsera.

SEÑOR ANTONIO
Pa eso es mejor que penetres,
si te place, en la vivienda.

EMILIA
Venga usté conmigo.

MANUELA
No, verás…

SEÑOR ANTONIO
Ya no quiere.

MANUELA
¡Ea, vamos chica!

SEÑOR ANTONIO
Pa que te vayas
acostumbrando a ella.

MANUELA
¡Cuidao!

SEÑOR ANTONIO
¡Si estoy convencido
de que no caerá esa breva!

(Al pasar Manuela junto al Hombre que duerme, le levanta la gorra)
¿Qué haces?

MANUELA
Les tengo manía
a las gorras de visera.
Usté perdone.

(Al Durmiente, que apenas se ha dado cuenta de lo ocurrido y ahora despierta, bosteza y se estira)

JUAN DE DIOS
Oiga, amigo,
que se ha equivocao de puerta,
que la cuadra es en el quince.
(El le mira sin comprender)

CHALINA
No te canses, que es de piedra.

(Vuelve el aludido a coger una postura cómoda. Juan de Dios se dirige a la puerta de la calle, donde acaba de aparecer Venustiana)

VENUSTIANA
¡Buenas noches! ¿Está el dueño
del café? ¡Que comparezca!

CHALINA
¿Esa voz?

(Se levanta y mira por encima del tablao)

VENUSTIANA
(Dirigiéndose al Encargado del mostrador, sin moverse de junto a la puerta)
¡Eh…!

CHALINA
¿No lo dije?
¡La Venus de Emilio! ¡Aprieta!

(Procura no ser visto, poniéndose a hablar animadamente con los Flamencos. El Encargado desparece del mostrador)

JUAN DE DIOS
¿Viene usté a que la contrate?

VENUSTIANA
¿Es guasa… o dolor de muelas?

JUAN DE DIOS
¡Dios me libre!

VENUSTIANA
Vengo a ver
si pernozta ese fresquera
de José María, el novio
de Rosario, antes Manuela.

(Se sienta en el primer velador de la derecha)

JUAN DE DIOS
Pues hoy no ha venido, creo
que va al de la Berenjena.

(Mutis de Juan de Dios a la calle. Por el fondo izquierda sale el Señor Antonio)

SEÑOR ANTONIO
¿Quién me llama?

ENCARGADO
Esa señora.

VENUSTIANA
(Saliendo al encuentro del Señor Antonio)
Oiga usté…

SEÑOR ANTONIO
¿Qué quiere?

VENUSTIANA
(A ver al Chalina)
¡Arrea,
pero si está aquí Cupido
rodeao de sinvergüenzas!

CHALINA
Calma, Venus.

MARAVILLA
Oiga usté…

VENUSTIANA
¿Qué hay por la casa de fieras?

MARAVILLA
¡Que se ha fugao… el gorila!

VENUSTIANA
¿Yo, gorila?

(Empuñando una botella)

SEÑOR ANTONIO
(Quitándosela)
Esa botella
no tiene la culpa.
(Al Encarado) ¡Chuti!
¡Concéntrame aquí la fuerza!

(Vase el Encargado hacia dentro)

(Música)

Terceto

VENUSTIANA
Déjeme, señor Antonio.

CHALINA
No la deje, que se oceca.

VENUSTIANA
¿Me oceco? Me vuelvo loca
de pensar en cien pesetas
que me has sacao pa´l entierro
de tu padre, ¡Así fallezcas
y te coman los gusanos
podridos que te rodean!

MARAVILLA
¡Sabandija!

VENUSTIANA
¿Sabandija?

MAESTRO CANSINO
¡Curiana!

VENUSTIANA
Anciano: la lengua
ten, o te la corto en lonchas.

UN PALETO
(Sujetando a Venustiana)
Señora, señora: quieta.

SEÑOR ANTONIO
(Al aparecer Don Epifanio)
¡Vamos, que eso es cosa suya!

DON EPIFANIO
¡A quién le sacudo tela?
(Al ver a Venustiana).
¡Joroba! ¡La Venustiana!

SEÑOR ANTONIO
¡Dejarle solo con ella!

(Como por ensalmo, al aparecer Don Epifanio, al que empuja el Señor Antonio, en el centro del barullo, se apartan todos y se calman los Flamencos)

DON EPIFANIO
(Amabilísimo)
¿Qué le ocurre a usté? ¡Caray!
La encuentro a usté más repuesta.

VENUSTIANA
¡Hombre, usté es el que faltaba!

MARAVILLA
No, la que faltaba es ella.

VENUSTIANA
¡Quite usté de en medio, pingo!

(De un tantarantán lo echa a un lado y luego va sobre Maravilla. La detiene el Chalina y
ella le pega)

DON EPIFANIO
¡Joroba!

SEÑOR ANTONIO
Le doy la cuenta,
si no la tira a la calle.

CHALINA
¡Bruta!

VENUSTIANA
¡Chulo!

DON EPIFANIO
¡A mí con ésas!

(Vuelve al lugar de la refriega y, por primera vez, se alza el chaleco, haciendo de tripas corazón)

¡A ver!

VENUSTIANA
(Mirando la batería de pistolas)
¡Ya lo veo!

DON EPIFANIO
(Respirando)
¡Vaya!

VENUSTIANA
Y a mí, ¿pa que me lo enseña?

DON EPIFANIO
(Alzándose otra vez el chaleco)
¿Qué pasa?

VENUSTIANA
(Levantándose la falda de encima)
¡La procesión!

DON EPIFANIO
¡Señora Venus…! Comprenda
que hay que salir por las malas,
si no se va por las buenas.

VENUSTIANA
¿Y usté es quien tiene que echarme?

DON EPIFANIO
Sí, señora.

VENUSTIANA
¡Qué sorpresa!

DON EPIFANIO
Sabía que le chocaba.

VENUSTIANA
Pues, gallo, esconde la cresta.

(Se lía con él a puñetazos, corriéndolo por entre las mesas, tirando sillas y dando empujones a los parroquianos hasta que lo mete debajo de una mesa. Todos intervienen en la bronca)

DON EPIFANIO
¡Ay! ¡Zambomba!

SEÑOR ANTONIO
¡Atiza, manco!

CHALINA
¡Venus!

PALETO
¡Señora!

MARAVILLA
¡Qué fiera!

SEÑOR ANTONIO
¡Llamar a un guardia!

DON EPIFANIO
¡Socorro!

UN CHULO
¡Al sereno!

SEÑOR ANTONIO
¡A la delega!

DON EPIFANIO
¡Que no vale!

(Metiéndose debajo de la mesa del Durmiente, que sigue impertérrito)

SEÑOR ANTONIO
¡Se acabó!

VENUSTIANA
(Tirándole patadas)
¡Toma!

DON EPIFANIO
¡Barrera! ¡Barrera!

(Consigue el Señor Antonio llevarse a un lado a Venustiana y se hace el silencio. El que dormía se ha despertado al tropezarle Don Epifanio en sus pies, y dice:)

UN SORDO
¿Pasa algo?

DON EPIFANIO
No, es que jugamos
a la gallinita ciega.

CHALINA
Bueno, alma mía. Una vez
que has rematao la faena
y, si ninguno se opone,
por mí te damos la oreja,
toma el bracete, reposa
en mi pecho la cabeza
y vámonos a la plaza
de Lavapiés, que hay verbena.

VENUSTIANA
(Anhelosa)
No puedo hablar.

CHALINA
Sí, ya he visto,
que estás hecha polvo.

VENUSTIANA
¡Muerta!

CHALINA
Por eso te ayudo, chata.

(Aparte)
¡Si no… cualquiera se acerca!

SEÑOR ANTONIO
Hagan el favor…

CHALINA
Ya vamos.
Sin favor. Andando, nena.

(Van hacia la puerta)

VENUSTIANA
Diles a esas desgraciadas,
que me quieres más que a ellas.

CHALINA
Dicho, ¿lo oís? Trae que yo
te lleve el portamonedas.

(Mutis de los dos por la derecha)

SEÑOR ANTONIO
Salga usté, Don Epifanio,
de debajo de la mesa…

DON EPIFANIO
(Saliendo)
¿Qué va usté a hacer?

SEÑOR ANTONIO
¡Qué pregunta
más rara! Darle la cuenta.

DON EPIFANIO
¡Don Antonio!

SEÑOR ANTONIO
Usté me dijo
que por ocho pesetas
que yo le doy, se comía
el sursum corda.

DON EPIFANIO
Pero ésa…
es el ite misa est.
¿Ha visto usté cómo pega?

SEÑOR ANTONIO
Le pega a usté… Bueno, deje
el material en la mesa.

(Don Epifanio empieza a sacar armas de la cintura)

Voy a liquidarle.

(Hace cuenta en un papel)

DON EPIFANIO
Pero… ¿A dónde voy?

SEÑOR ANTONIO
¡A la guerra!
Y cuando le hayan matao
seis o siete veces, vuelva.

(A una Camarera, por las armas)

Recoger esas minucias.

(Dándole la nota a Don Epifanio)

¡Ahí va! Dos reales me adeuda.

DON EPIFANIO
No tengo suelto.

SEÑOR ANTONIO
¿Y atao?

DON EPIFANIO
Tampoco.

SEÑOR ANTONIO
Pa usté las vueltas.

(A Don Epifanio, que cruza hacia la izquierda)

¿Adónde va usté?

DON EPIFANIO
Es que tengo
arriba el hongo.

(Medio mutis)

SEÑOR ANTONIO
¡Qué pena!

DON EPIFANIO
¿Decía usté?

SEÑOR ANTONIO
Que da rabia
que no fuese usté una hembra,
joven y guapa, pa darle
un puesto de camarera.
Pero, pa hombres, no hay nada.

DON EPIFANIO
Otra vez será… ¡Paciencia!

(Mutis por la primera izquierda. Comentarios de la concurrencia del café)

SEÑOR ANTONIO
(A todos)
Y ¡cuidao… porque le soplo
dos tiros al que arme gresca!
Maestro: aquí no se roba
la paga. ¡Siga la juerga!

(Rompe el baile en el tablao, muy animado y con palillos. El Señor Antonio, una vez que ve tranquila a la concurrencia, se mete al interior. Aparece José María por la derecha, muy resuelto. Se sienta en la primera mesa. Da palmas. Acude una Camarera, con una botella de coñac y una copa, como si fuera lo que siempre pide el cliente. La Maravilla, que no había subido al tablao, se acerca a José María y, sin sentarse, le da conversación y coba. Sale la Manuela, hace un ademán de avance violento, el Señor Antonio la contiene)

MANUELA
Déjeme, señor Antonio.

SEÑOR ANTONIO
No la vayas a pringar.

(Manuela avanza hacia José María y éste la ve antes de llegar a su lado, poniéndose de pie)

JOSE MARIA
¿Dónde vas?

MANUELA
José María:
te lo puedes figurar.

(El Señor Antonio se ha ido un momento al fondo y manda parar el baile. Todos los concurrentes se extrañan y, cuando ven que el Señor Antonio vuelve hacia los protagonistas, miran con interés. De aquí en adelante, este interés se va acentuando hasta obligar a todos a buscar sitio desde donde presenciar la escena sin estorbos)

JOSE MARIA
No desafíes, mujer,
porque tú sabes que yo
no me doblego por ná.

SEÑOR ANTONIO
No vocear, por favor.

MANUELA
Escuche usté,
que no he de alzar la voz.
Dígale usté a ese sujeto
que, aunque soy muy chulapona,
saben en todo mi barrio
que soy muy buena persona;
que me han contao que se muere
por un querer que no olvida
y, a lo mejor, es el mío
y es menester que lo diga.

SEÑOR ANTONIO
¿Tú, te enteras?

JOSE MARIA
Sí, señor.

SEÑOR ANTONIO
(Quitándose de en medio)
El que no se ha enterao
soy yo.

(El Señor Antonio coge la botella y la copa de José María y con ellas se a va a la mesa de la izquierda, donde, de ahora en adelante, no cesa de escanciar y beber, nervioso)

JOSE MARIA
No sé, Manuela, si vienes
a recrearte el orgullo,
si yo te digo, chulapa,
que ese cariño es el tuyo.

MANUELA
Cuando el cariño es de veras
todo el orgullo se olvida.

JOSE MARIA
(Con entusiasmo)
¡Bendita sea tu boca,
chulapona de mi vida!

MANUELA
En la tuya,
nene mío,
ríe y canta
la verdá.

JOSE MARIA
Esos ojos bonitos
ya no brillan de celos,
porque saben que nunca
tendrán
que apartarse de mí.

MANUELA
Que no vuelvan los tuyos
a sentirse traidores.

JOSE MARIA
Esos ojos bonitos
en mi vida serán
como dos luceritos
que mi amores
alumbrarán.

(Lentamente, embebecidos, se van por la derecha los dos amantes. Juan de Dios ha aparecido un momento antes y les levanta la cortina, complacido y ligeramente emocionado. El Señor Antonio, los va siguiendo desde lejos con su última copa en la mano. Al verlos desaparecer, tira la copa al suelo con rabia. El Paleto, que, como los demás, ha presenciado el episodio con un interés extraordinario, rompe en uno de sus entusiastas «¡Riá, riá…!» El Señor Antonio le quita el tipo de una bofetada. Gran revuelo. Cuadro)


TELON RAPIDO


TERCER ACTO

En los Viveros de Lázaro o de Migas Calientes. Consta el decorado de un telón de foro y tres rompimientos. En el primer rompimiento hay, a la izquierda, un seto y, a la derecha ,un añoso álamo, un poco separado del lateral, En el segundo, un árbol de doble tronco, a la izquierda, pero a cierta distancia del lateral, y, a la derecha, la esquina del edificio de cocinas y dependencias. En el tercero, un seto, a la izquierda, y un árbol en el centro. En el telón de foro, se ve, en primer término de la derecha, un árbol que forma una fila con los descritos en los dos rompimientos anteriores y con el seto del primero; a la izquierda y en sentido paralelo a la citada fila de árboles, tres sauces viejos y escasamente frondosos; detrás de la fila de los sauces, el salón cubierto, entre cuyas pilastras de madera hay celosías de caña, en parte cubiertas con madreselvas; a la derecha, en sentido perpendicular a la fachada visible del salón, la empalizada que sirve de cerramiento a los Viveros y, detrás, el arbolado de la carretera. Toda la floresta presentará un carácter otoñal no muy avanzado. Hay dos bancos de piedra: uno, delante del segundo y tercer rompimiento, y ambos colocados oblicuamente. Sillas de madera blanca y con asiento de enea.
A media tarde. Agrupados oblicuamente, desde el centro de la escena al primer lateral izquierdo, aparecen Emilia y Agustín, en traje de boda, Manuela y Antonio, que son los padrinos, y los Invitados, entre los cuales figuran Rosario y José María. El grupo se formará así: los novios en el centro, sentado en sillas; a uno y otro lado, junto a ellos, los padrinos; en la misma fila de sillas, ocho mujeres repartidas a ambos lados de aquéllos. Delante, en el suelo, algunos Jóvenes de uno u otro sexo. Detrás, más Mujeres y más Hombres, en pie. Y, más detrás, subidos en los bancos, algunos Hombres. A la derecha, en primer término, una máquina fotográfica de trípode, enfocando el grupo. Debajo del paño negro de la máquina, Don Epifanio.

(Música)

Introducción

TODOS
¡Ande, señor retratista,
que se me cansan los ojos!

DON EPIFANIO
Un momento de paciencia
que es que no encontraba el foco.

(Acercándose al grupo)

¡Levanten más esa frente!

TODOS
Es que estamos ya dormidos.

DON EPIFANIO
(Al Señor Antonio)
¡Fuera el puro de la boca!

SEÑOR ANTONIO
¡Ya me carga a mí este tío!

(Tira el puro, que está casi entero, y Don Epifanio lo recoge y lo apaga y se lo guarda en
el bolsillo)

MANUELA
¡Ande usté, Don Epifanio,
que está interrumpiendo el baile!

DON EPIFANIO
A un habano de este precio
yo no puedo desairarle.

(Volviendo la máquina y cogiendo la perilla de goma del obturador)

¡Cuidadito! ¡Todos quietos!
¡Un momento de atención!
Va a salir el pajarito…
(Pausa)
¿No lo han visto? ¡Ya salió!

(Recoge la máquina y la aparta más a la derecha)

TODOS
(Descomponiendo el grupo)
¡Gracias a Dios!
¡Qué atrocidá!

MANUELA
Ya no puede el baile
continuar.

SEÑOR ANTONIO
(Mirando a la izquierda)
¡Venga manubrio!

DON EPIFANIO
(Cruzando hacia la izquierda)
¡Haga el favor!
Es que esta pieza
la toco yo. (Mutis)

(Las Mujeres, al deshacer el grupo, se han llevado las sillas que, naturalmente, colocan, formando, con los bancos, un semicírculo. Luego se sientan en ellas. Los Hombres que van a tomar parte en el chotis, quedan dentro del semicírculo. Los demás personajes, fuera de él. Con Manuela bailará Agustín, con Emilia, José María, y con Rosario, el Señor Antonio)

TODOS
Venga un chotis madrileño,
pa el final de la función.

(Prelúdiase el bailable. Los Hombres se dirigen a las Mujeres, sombrero en mano)

(Música)

Chotis

ELLOS
¿Me hace usté el favor,
reina de Madrí?

ELLAS
Nunca ha sido un baile
tan de mi agrado.

(Se levantan Ellas, y Ellos les ofrecen el brazo)

ELLOS
¡Cuélguese de aquí!

ELLAS
Tengo un gran honor.

ELLOS
Quien se siente honrado
es un servidor.

(Las llevan al sitio donde van a bailar, mientras Ellas dicen:)

ELLAS
Pero antes de bailar, si no le enoja,
dispense que la falda me recoja.

ELLOS
Lo que quiere usté,
diga la verdá,
es lucir la enagua bien planchá.

ELLAS
¡Ya está!
(Bailando)

TODOS
El chotis es
lo más pintiparao
pa derretir
la sal del agarrao.
Y los que van
bailando a un mismo son,
parece que palpitan
con un corazón.

(Bailan más)

UNOS
Sí, señor.

OTROS
Es verdá.

UNOS
Ahí la tienes,
báilala.

TODOS
No hay como el chotis
pa llevar bien el compás.

LOS QUE BAILAN
(Ellos)
¡Ay, madrileña chulapa,
por fina y por guapa
me quitas el sueño!

LAS QUE BAILAN
(Ellas)
Calla, chulapo castizo,
que tú eres mi hechizo
por ser madrileño.

ELLOS
Yo no lo digo de broma.

ELLAS
Yo hablo también de verdá.

ELLOS y ELLAS
Y es que en el baile parece
que nace y que crece
la buena amistá.

TODOS
¡Chotis de Madrí,
baile popular,
alma de kermeses y de verbenas!
Hay que preguntar
si será por ti
por lo que las penas
no se ven aquí.
Lo bailan en la Flor y en Provisiones
y en otros selectísimos salones;
pero donde más
me disloca a mí,
es en los Viveros de Madrí.

(Los que bailan llevan ahora a las Mujeres a sus respectivos asientos)

ELLOS
¿Quiere usté
descansar?

ELLAS
Me he llegado
a fatigar.

ELLOS
Es aquí.
Siéntese.

ELLAS
(Sentándose)
Muchas gracias.

ELLOS
No hay de qué.

(Saludan con el sombrero en mano y luego se cubren)

(Hablado)

SEÑOR ANTONIO
Un momento de atención.
Señoras y caballeros:
una vez que se ha cumplido
el programa, aquí en osequio
de la boda de Agustín (Señalándole,)
con mi unigénita –creo
que se dice así en francés–;
que la tarde va cayendo,
que puede que haiga relente
y que en los novios azvierto
ciertas ganas de marcharse
a celebrar su himeneo,
vamos a que ustedes tomen
un piscolabis ligero,
–¿se dice lunche?–, ¡pues lunche!,
el caso es que merendemos,
y luego a tomar los coches
que creo que están unciendo
y ya le he visto a Ciriaco
dando patás en el suelo,
y el rey de los cascabeles
es un gachó de mal genio.

MANUELA
Eso se dice y se hace.

SEÑOR ANTONIO
Andando, pues.

(Inician el mutis por la primera de la derecha, saliendo parte de los invitados. Manuela dialoga a la izquierda con José María. Emilia con Agustín, al fondo. Antonio vuelve a acercarse a Rosario)

Oiga, cielo,
¿qué le pasa a usté, que tiene
esa cara?

ROSARIO
Que no tengo
otra mejor.

SEÑOR ANTONIO
Yo pensaba…
bueno me callo.

ROSARIO
(Mirando a José María)
No es eso.
Es que se ha largao mi madre
con el Chalina.

SEÑOR ANTONIO
¿La Venus?

ROSARIO
Anteayer salió a la compra
y entodavía no ha vuelto.

SEÑOR ANTONIO
¡Eso es una chiquillada!
No haga caso.

JUAN DE DIOS
(Entrando)
¿Llego a tiempo?

(Viene el Hombre con Guadalupe, su mujer, y cada uno trae en brazos un Chico en mantillas)

JOSE MARIA
¡Atiza! ¡Vaya unas horas!

SEÑOR ANTONIO
Ya te había echao de menos.

JUAN DE DIOS
Bien queríamos llegar
al ragú; pero primero
que se colocan diez huéspedes
en la vecindá y que luego
nos aviamos los padres
y se lava a los gemelos,
que, mientras se lava al uno
el otro está haciendo… méritos…

EMILIA
Pero, ¿esta vez fueron dos?

JUAN DE DIOS
Pa que vayáis aprendiendo.

MANUELA
(Cogiendo al de Guadalupe)
Mira qué salao es éste.

GUADALUPE
¡Cuidao, que ese es el más puerco!

MANUELA
¡Juditas!

SEÑOR ANTONIO
¿Qué dices?

JUAN DE DIOS
¡Judas!
Por traidor: es el onceno
y no dijo una palabra
de lo que venía luego.

EMILIA
¡Pobre criatura!

MANUELA
¡Rico!

JOSE MARIA
Y al otro, ¿qué le habéis puesto?

GUADALUPE
Este quería Serapio.

JUAN DE DIOS
¡Yo que voy a querer eso!
Tu padre, que es de un mal gusto…
¡Como él se llama Indalecio…!
Lo que yo dije es Locadio
y, a otro que venga, ¡lo estrello!

MANUELA
Y, total, que le pusisteis
Zenón.

JUAN DE DIOS
¡Como todos!

SEÑOR ANTONIO
Bueno,
ven a merendar… y tú…

(A la Mujer)

Y… ¡rediez! Escucha, yerno.
Vamos a hacer los honores
y después ya os dejaremos.

(Se lleva a Emilia)

JUAN DE DIOS
(A Agustín)
Yo que tú se la dejaba
a su padre. ¡Es un consejo!

AGUSTIN
Se agradece.

JUAN DE DIOS
Te lo digo
por la experiencia que tengo.

(Han hecho mutis, por este orden, Manuela con Guadalupe, Emilia con el Señor Antonio y Agustín con Juan de Dios. Rosario, que se había quedado apartada al fondo, corta el paso a José María, que avanza el último desde la izquierda a la derecha, con intención de seguir a los demás)

ROSARIO
Escucha, José María.
¿Has recibido mi carta?

JOSE MARIA
Sí.

ROSARIO
Y, ¿qué dices?

JOSE MARIA
Es una sarta
de disparates.

ROSARIO
Sabía
que no me ibas a hacer caso.

JOSE MARIA
Se ha acabao el devaneo.

ROSARIO
Estoy resuelta.

JOSE MARIA
Lo creo.
Yo también. Déjame paso.
No has debido de venir.
Lo muerto ha muerto, mujer.

ROSARIO
¡Pero lo que va a nacer
tiene derecho a exigir!

(Por la derecha aparece el Señor Antonio)

SEÑOR ANTONIO
Rosario… José María…
¿No aceptan mi invitación?
Allí está la reunión.
Ande, que un día es un día.
Si no la hubiera invitao,
se habría usté resentido.
Eso de su madre ha sido
una vena que le ha dao.
No tiene importancia. Sobre
que a veces a una infeliz
se le atribuye un desliz
de que es incapaz, la pobre.

JOSE MARIA
¿Qué pasa?

SEÑOR ANTONIO
¡Cállate tú!
Vaya, Rosario.

ROSARIO
Allá voy. (Mutis por la derecha)

JOSE MARIA
Yo también. (Cruzando)

SEÑOR ANTONIO
«Ascolta, noy»,
que dicen en San Feliú.

JOSE MARIA
(Parándose)
Vuelvo a decir que qué pasa.

SEÑOR ANTONIO
¿Qué? Por ese terraplén ,

(Señalando a su espalda hacia la izquierda)

suele pasar algún tren
de cuando en cuando.

JOSE MARIA
Sin guasa.

SEÑOR ANTONIO
(Acercándose a José María)
¿Tú quieres a la Manuela?

JOSE MARIA
¡Qué pregunta tan chocante!

SEÑOR ANTONIO
No te choque. El ignorante,
si no interroga, se cuela.

JOSE MARIA
Sí que la quiero.

SEÑOR ANTONIO
¿Lo juras?

JOSE MARIA
Por mi salú.

SEÑOR ANTONIO
¡Basta! ¡Choca!

(Dándole la mano)

Entonces, lo de esa loca…

JOSE MARIA
¡Lo de siempre, mondaduras!

SEÑOR ANTONIO
Es que te vi, al parecer,
ir y venir… como el mar,
que lo he visto en Santander
cuando me voy a bañar,
y Manuela es una playa,
pa que te enteres, tan buena
que, cuando rompe en su arena,
no hay ola que se vaya.

JOSE MARIA
Pues, nada, que no me voy.

SEÑOR ANTONIO
Ya puedo dormir tranquilo.

JOSE MARIA
¿Por eso andaba usté en vilo?

SEÑOR ANTONIO
¿Que lo estaba? ¡Y que lo estoy!
Pero, anda, vamos a ver
si Lázaro nos convida.

(Incitándolo a tirar hacia la izquierda)

JOSE MARIA
¿Otra copa?

SEÑOR ANTONIO
Y, ¿qué es la vida?

(Llevándosele, el brazo al hombro)

Chico, ¡vivir pa beber!

(Mutis por la izquierda, segundo término. Por el primero del mismo lado, cruzando hacia la derecha, aparece Don Epifanio)

DON EPIFANIO
¡Joroba! Me he distraído. Antes que sea más
tarde, voy a recoger la máquina y a devolverla…

MANUELA
(Por la derecha)
¡Tunante,
venga usté aquí!

DON EPIFANIO
Manolita, ¿qué quieres?

MANUELA
No sé, matarle.

DON EPIFANIO
¿A mí?

MANUELA
Sí, señor: a usté.

DON EPIFANIO
Haz el favor de explicarte.

MANUELA
Si no deseo otra cosa.
A ver, ¿cuántos machacantes
ha recibido usté a cuenta
de los retratos?

(Dándole un cachete)

DON EPIFANIO
No achaques, haz el favor.

MANUELA
Venga: ¿cuántos?

DON EPIFANIO
Catorce duros cabales.
¡Un éxito! De esta hecha
le quito el puesto a Compañy.

MANUELA
¿A Compañy?

DON EPIFANIO
O a Cifuentes.

MANUELA
Y ¿desde cuándo usté sabe
manejar ese instrumento?

DON EPIFANIO
Desde nunca.

MANUELA
¡Y tan campante!

DON EPIFANIO
Manolita, considera
que no podría invitarte
a natillas, porque estabas
fuera de Usté, que el sable
es el arma de que tengo
que vivir… que estoy cesante
desde el trece de noviembre
del noventa y tres. ¡Fue martes!

MANUELA
Pero, ¿y cobrarles los grupos
adelantaos?

DON EPIFANIO
¡Por si salen!

MANUELA
Ahora mismo se va usté
a devolver, sin que falte
ni uno solo… ¡ni uno solo!
los catorce machacantes.
¡Eso es un timo!

DON EPIFANIO
(Asustado)
¡Manuela!

MANUELA
Una cosa que usté no hace,
porque usté es un caballero…
¡y porque es usté mi padre!

DON EPIFANIO
Manuela… ¿quién te lo ha dicho?

MANUELA
La víctima del ultraje.

DON EPIFANIO
No digas eso, Manuela.

MANUELA
Sí… la víctima… ¡quién sabe…!

DON EPIFANIO
Manuela…

MANUELA
Venga usté aquí…

DON EPIFANIO
¿Qué vas a hacerme?

MANUELA
¡Abrazarle! (Le abraza)

DON EPIFANIO
Manuela… hija mía…

MANUELA
¡Vaya!
Corra, que van a marcharse.
Diga que se ha estropeao
la placa.

DON EPIFANIO
No te apesares.
Aunque tenga que decir
que me cojan y me maten.

(Medio mutis. Salen por la derecha Rosario, Pura, Lolita y dos Invitados)

MANUELA
Qué, ¿ya de retirada?
Don Epifanio quería darles
no sé qué recao.

PURA
Pues, venga.

DON EPIFANIO
¡A éstos, no!

PURA
Pues… adelante.

DON EPIFANIO
(Aparte)
Y, ¿cómo digo yo
que me he gastao once reales?

(Mutis por la derecha)

INVITADO 1.º
Hasta más vernos, madrina.

MANUELA
Pero, ¿y los coches? ¡Aguarden!

PURA
Nos vamos en dos manuelas.

INVITADO 2.º
En los coches no se cabe.

MANUELA
Pues… ¡adiós!

PURA
(Acercándose a besarla)
Maestra, adiós.

MANUELA
Purita: ¡a ver lo que se hace!

(Pura y el Invitado 1.º hacen mutis por el fondo derecha)

LOLITA
Hasta mañana, maestra. (Besándola)

MANUELA
Anda con Dios, y no faltes.

(Mutis de Lolita con el Invitado 2.º)

ROSARIO
Manuela… ¿Me das un beso?

MANUELA
¿Tú también vas a besarme?

(Música)

Dúo

ROSARIO
No es que te quiera besar
con un designio traidor.
Es que te quiero pedir
un favor.

MANUELA
Y acudes a mí…

ROSARIO
No hay nada mejor,
porque tú sabes querer
y comprender
un pecado de amor.

(Manuela va a sentarse en una silla, a la izquierda. Rosario se sienta junto a ella, en otra silla)

Confieso que le quise por envidia,
que, al verle enamorado
de ti, me acometió;
más tarde mi cariño fue sincero,
como una llama
que me abrasó.
Tú misma le pusiste en mi camino
en un instante justo de despecho.
Yo te perdonaría
el daño que me has hecho…

(Manuela se levanta vivamente)

Perdóname mujer.
Podría hablarte en nombre de un derecho.
Perdóname que cumpla mi deber…

MANUELA
¡Te acuerdas de deberes
ahora ya que es tarde!

ROSARIO
Tienes razón. ¡Qué quieres!
Un día fui cobarde.
Perderle no quería
teniéndole en mis brazos.
¡Maldito sea el día
en que contraje lazos,
que entonces yo creía
que él nunca rompería
haciéndolos pedazos!

MANUELA
Debías comprender
que yo valía más
y había de volver.
Porque yo sé querer
y guardarme además.

ROSARIO
Tienes razón.
Me equivoqué.
Ni compasión
mereceré.

MANUELA
(Cogiéndola por los hombros, frente a frente)
Un beso al acercarte me pedías,
y voy con toda el alma
tus ojos a besar,
porque hay un beso mío en esos ojos
que yo debía
recuperar. (La besa)

ROSARIO
Un beso de perdón es lo que pido,
si no como engañada, como madre.

MANUELA
No te perdonaría.
Tú no lo has merecido.

ROSARIO
¡Perdóname, mujer!

MANUELA
Yo sé lo amargo que es vivir sin padre.
¡Sabré lo que es morir por un querer!

(Rosario hace un ademán para abrazarla. Manuela la contiene. Rosario duda. Se decide por aguardar. Vase por el fondo derecha. Manuela acaba irguiendo la cabeza, como quien ha formado una resolución y piensa: «¡hay que ser fuerte!»)

(Hablado)

JUAN DE DIOS
(Por la derecha)
Manuela: nos has dejao
a lo mejor.

MANUELA
No lo creas.

JUAN DE DIOS
Yo, chica, me he desquitao.

MANUELA
Cada cual con sus ideas.

JUAN DE DIOS
¿Qué te pasa?

MANUELA
Poca cosa.

JUAN DE DIOS
Ya parece que nos vamos.

(Por segundo término de la izquierda, José María y el Señor Antonio)

SEÑOR ANTONIO
¡Madrina…!

MANUELA
(Seca)
¡Qué!

JUAN DE DIOS
(Aparte)
Está furiosa.

JOSE MARIA
Qué, prenda, ¿nos la piramos?

MANUELA
Sí. Se ha acabao el festejo.

JOSE MARIA
Pues, vámonos.

MANUELA
Vete ya.

JOSE MARIA
Pero, escucha: ese entrecejo,
¿qué significa?

MANUELA
Pues… ¡na!

JOSE MARIA
Dímelo… ¡por tu salú!

MANUELA
Que nos vamos. Yo al taller,
como de costumbre. Tú…
¡a cumplir con tu deber!

JOSE MARIA
¿Mi deber?

MANUELA
¡A darle nombre
a una infeliz criatura!
¡Lo que debe hacer un hombre
que pierde en una aventura!

SEÑOR ANTONIO
¡Rediez!

JUAN DE DIOS
No entiendo una jota.

JOSE MARIA
Manuela... no seas prima.

MANUELA
No te lo tomes a chacota,
que no es una pantomima.
¡Te vas ahora mismo!

JOSE MARIA
¿Sabes
que no quiero a esa mujer?

MANUELA
Hijo, de eso no te alabes.
Puedes llegarla a querer.

JOSE MARIA
¡Te quiero a ti!

MANUELA
¡Soberana
verdá, que nadie dudó!
¿Y si el día de mañana
tira el crío más que yo?

JOSE MARIA
¿No los tendremos nosotros?

MANUELA
¡Esos… ya están arreglaos!
Piensa ahora en esos otros
que son los más desgraciaos.

JOSE MARIA
¡Ganas de ponerse triste!

(Al Señor Antonio)

Se apura y se mortifica,
por un chico que aún no existe.

MANUELA
¡No! Me apuro… por si es chica.

JOSE MARIA
¡Manuela…!

MANUELA
¡No hablemos más!

JOSE MARIA
¡Chulapona de mi alma!

(Pausa)

¿Qué me dices?

MANUELA
¡Que te vas!

JOSE MARIA
¡Dita sea…!

(Amenazador)

SEÑOR ANTONIO
¡Chico!

JUAN DE DIOS
¡Calma!

(José María, a quien el Señor Antonio y Juan de Dios han quitado el impulso, se va despacio por el fondo derecha. Aquéllos le siguen con la mirada)

SEÑOR ANTONIO
Volverá. De este calibre
¡he visto tanto almirez!

MANUELA
Señor Antonio: soy libre…
¿Se da usté cuenta?

SEÑOR ANTONIO
(Tirando el puro)
¡Rediez! ¿Y si vuelve?

MANUELA
Será tarde.

SEÑOR ANTONIO
¿Puedo atreverme a invitar?
No, no me atrevo.

MANUELA
Cobarde…
¿De mí puede usté dudar?

(Música)

Hablado sobre la Música y Final

SEÑOR ANTONIO
Se lo diré a la familia,
que no se lo va a creer.
¡Chicos! ¡Agustín! ¡Emilia!

(Mutis por la derecha)

JUAN DE DIOS
Manuela… ¡Qué vas a hacer!

MANUELA
Agradar a mi marido,
vivir con honestidá.
Consagrarme sólo al cuido
de ese espejo de bondá.
Por la mañana, apañarle
pa que salga bien portao.
A mediodía, esperarle
con el cocido espumao.
Las tardes de cada día
que luzca el sol en el cielo,
salir en su compañía…
y las noches de desvelo,
¡pensar en José María!



TELON


Información obtenida en:
http://www.zarzuelaoviedo.es/programas/libreto-lachulapona.pdf

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