lunes, 19 de mayo de 2014

Luisa Fernanda (Libreto)



LUISA FERNANDA



Comedia lírica en tres actos, en verso.
 
Texto original de Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw.

ANIBAL de Federico Moreno Torroba.

Estrenada el 26 de Marzo de 1932 en el Teatro Calderón de Madrid.


REPARTO (Estreno)

Luisa Fernanda – Selica Pérez Carpio.

Carolina – Laura Nieto.

Mariana – Ramona Galindo.

Rosita – Soledad Escrich.

La churrera – Luisa Conde.

Una criada – Mercedes Salgado.

Una vecina / La mujer del ciego – Judith García.

Una vendedora – María Samperio.

Una burguesa – Carola Hernández.

Un vareador – María Yuste.

Vidal Hernando – Emilio Sagi Barba.

Javier Moreno – Faustino Arregui.

Aníbal – Manuel Hernández.

Don Florito – Eduardo Marcén.

Nogales – Vicente Carrasco.

Bizco Porras – Miguel Pros.

Jeromo – José Palomo.

El Saboyano / Mozo 1º – Enrique Seva.

Don Lucas – Alejandro Bravo.

Un capitán / Pollo 2º – Eloy Parra.

Mozo 2º / Pollo 1º - Santiago Rodríguez.

Un hombre del pueblo – Manuel Plaza.

Otro hombre del pueblo – Juan Rueda.

Un vendedor – Agapito Galicia.

Ciego 1º - Juan Verdú.

Ciego 2º - Manuel Larrica.

Un burgués – Jesús Fernández.

Damiselas, pollos, músicos ambulantes, gentes del pueblo de Madrid, vareadoras, vareadores extremeños.


PRIMER ACTO


ESCENA I


CUADRO PRIMERO

Plazuela de San Javier, en el riñón del viejo Madrid. A la derecha e izquierda del foro, los dos brazos de la calle del Conde que desembocan en la plazuela: el de la izquierda del actor, angosto; el de la derecha, poco más amplio. Ocupa todo el fondo la posada de San Javier, con una pequeña puerta en el centro, y a cada lado de ella, sendas portaladas para carruajes. Sobre la que queda a la derecha, el rótulo del albergue pintado. En el lateral izquierdo, casa dieciochesca con hermoso portal cerca de la esquina y una gran ventana con reja, en primer término. En el lateral derecho, muro de contención de un jardín colgado, cuya balaustrada se columbra en lo alto y desde la cual penden algunas plantas de enredadera a ambos lados de una escalera que, rasgando el muro por el centro, se supone que baja desde el elevado jardín a la plazuela de San Javier. Tapa la supuesta escalera la puerta-verja practicable, desde la cual sobresale a la escena un solo escalón. Es de día.

(ANIBAL)

Introducción

Junto a la puertecilla central de la posada, Mariana, la posadera, mujer de cincuenta años, hace media, sentada en una silletica. A través de la gran reja de la izquierda se ve a Rosita y otras dos chicas costureras, afanándose en su labor y alegrando la mañana con sus risas y canciones.

ROSITA
Mi madre me criaba
pa chalequera,
pero yo le he salido pantalonera.

MARIANA
Hay sus razones,
y es que te gustan mucho
los pantalones...

(Risas de las costureras)

ROSITA
¿Lo dice usté con segunda?

MARIANA
Lo digo porque es verdad.
No te sientas pudibunda.

ROSITA
Señora, esto y en la edad.

(Con chulapería)]

¿A usté no le hablaban antes
unos calzones bien puestos?

MARIANA
Es que los hay... fascinantes.

ROSITA
No lo dirá usté por éstos
.
(Sacando el brazo con unos pantalones viejos y acuchillados. Por el fondo derecha aparece el Pollo 1°, mira a uno y otro lado de la plazuela y se acerca a Mariana, preguntándole mímicamente por alguien, a quien busca. La posadera le indica la casa de la izquierda. Cuando él va a hacer mutis por el portal, Rosita y sus compañeras tosen; él se cree que le llaman, pero se equivoca, y se va al fin a la casa entre las risas de las muchachas)

VENDEDOR
(Dentro, pregonando, durante la escena mímica anterior)
Van por el camino real
los cacharreros de Andújar
las tardecitas de sol
y las mañanas de lluvia .

(Se acerca la voz como si cruzara una calle transversal, próxima a la esquina del fondo izquierda)

¡Quién me compra una alcarraza
de barro que se rezuma!

(Se pierde la voz a lo lejos. De la puertecita de la posada sale en mangas de camisa Nogales. Es un hombre de cuarenta y tantos años, con perilla y una abundante cabellera romántica)

NOGALES
¿Me zurcieron la levita?

MARIANA
Ya debe de estar, Don Luis.
¡Esa levita, Rosita!
¡A ver si la concluís!

NOGALES
Ríen mucho y cosen poco.

ROSITA
¿Que nos reímos? ¡La mar!

NOGALES
(Amenazador)
¡Vive Dios!...

MARIANA
¿Está usté loco?

NOGALES
¡Estoy harto!

ROSITA
¡De ayunar!

MARIANA
(Recogiendo la prenda de manos de las muchachas)
Callad, mocosas.

ROSITA
Dos reales.

MARIANA
Dos reales.

(Dándole la levita a Nogales)

NOGALES
¡Apunten!

ROSITA
¡Fuego!

NOGALES
¡Lo pagará Luis Nogales!

ROSITA
Conforme.

NOGALES
Adiós.

(Mutis)

MARIANA
Hasta luego.

ROSITA
La zurcidora buena
sabe de sobra que,
a quien mucho le zurce,
poco le cobra.
Y es que el bolsillo
también necesitaba
buen zurcidillo...

(Salen por el fondo izquierda Carolina y Jeromo. Ella es una dama elegante y bien plantada, duquesa de Dalias y camarera de Su Majestad. El es su criado: tipo de bandido andaluz. Ambos cruzan la escena, adelantándose Jeromo para abrir la puerta-verja del jardín colgado de la derecha)

CAROLINA
Buenos días, Mariana.

MARIANA
Buenos, señora.

ROSITA
La señora duquesa
madruga ahora.

CAROLINA
Tuve guardia en palacio.

MARIANA
¡Viva la Reina!

CAROLINA
Y el peine de oro y plata
con que se peina.

ROSITA
(Mi madre me criaba pa chalequera)

(Entran en el jardín Carolina y Jeromo. Comienza a oírse un aristón y, a poco, sale por el fondo derecha un Saboyano, que toca un organillo que trae colgado del cuello. Rosita y sus amigas se retiran, momentos después, del balcón)

Habanera

SABOYANO
Marchaba a ser soldado
cuando al mozo
le salió a despedir
la moza que le amaba
y que quería
con él partir.
“Anda con Dios, soldadito
que a las banderas te vas.
Yo te prometo y te anuncio
que vas a ser general”.
Y el soldadito le contestaba:
“Paloma mía, yo he de volver
y, en nuestra boda,
serán mis arras
los entorchados de brigadier”.
Y allá se queda,
sobre un ribazo.
con el pañuelo
diciendo adiós,
la prometida del soldadito,
hasta que apenas
se ven los dos.
No vuelve el soldadito;
ya diez años del pueblo salió.
No cumple a la mocita
La palabra que la empeñó.
Y ella le aguarda pensando
que si no ha vuelto es quizá
para venir con la faja
de capitán general.
El soldadito no la contesta
Cuando le escribe
cartas de amor,
y ella está triste, la pobrecita,
porque sospecha que se murió.

(El músico, mirando a la parte alta de ambos laterales, pide, gorro en mano, y, en efecto, de los invisibles balcones de la izquierda caen algunos ochavos, que recoge trabajosamente)

¡Quién le dijera
que el soldadito
sueña ya en brazos
de otra mujer
y que en su boda
fueron las arras
los entorchados
de brigadier!

(El saboyano, tocando su aristón, vase por el fondo izquierda)

(Hablado)

MARIANA
¿Qué te parece, Rosita?
¡Rosita!...

(Levantándose a mirar)

Si ya no están.
¿Las espantó el saboyano
o se fueron a almorzar?

DON FLORITO
(Por el fondo izquierda. Es un caballero viejecito y modesto)
Buenos días.

MARIANA
¡Don Florito!
¿Tan pronto y de vuelta ya?

DON FLORITO
Fui a la visita diaria.

MARIANA
A palacio.

DON FLORITO
Mi lealtad,
por treinta años que he comido
sirviendo a la Casa Real,
me lleva todos los días
a dar un vistazo allá.

MARIANA
¿Ve usté a la reina?

DON FLORITO
A la reina
yo no la he visto jamás.

MARIANA
Pues ¿qué era usté?

DON FLORITO
Chupatintas
de la Intendencia. Pero ¡ah!,
quiero a la reina; la quiero,
y en estos instantes más,
porque me da la real gana.

MARIANA
Hable usté bajo.

LUISA FERNANDA
(Saliendo del portal. Es una señorita pobre de veintitantos años)
¡Papá!

DON FLORITO
¡Carape! ¡Me he retrasado!
¿Te vas a misa?

LUISA FERNANDA
Aquí están las llaves.

(Se las da)

MARIANA
Luisa Fernanda.

LUISA FERNANDA
¿Qué hay, vecina?

MARIANA
¿Volverás tempranito?

LUISA FERNANDA
(Bromeando)
Me parece
que es mucha curiosidad.

MARIANA
¿Tú sabes quién ha venido?

LUISA FERNANDA
(Ilusionada)
¡Javier!

MARIANA
No, mujer.

LUISA FERNANDA
(Desencantada)
Vidal.

MARIANA
Javier es un tarambana.

DON FLORITO
¡Un trasto!

MARIANA
Un loco de atar.
¿Lo sabré yo, si en mi casa
ha comido el primer pan?

DON FLORITO
Pero esta chica, esta chica
no sé qué ha visto en el tal.

MARIANA
Que fue el primer amorcillo
que ella sintió aletear.

DON FLORITO
¡Un triste mozo de cuadra!
Me opuse y es natural.

MARIANA
Cuando se fue a ser soldado,
¿quién había de pensar
que llegaría, tan joven,
a coronel?

DON FLORITO
Es verdad.

LUISA FERNANDA
¡Un triste mozo de cuadra!

MARIANA
Mas tú, ¿cuándo llegarás
a coronela, mi vida?
¿No te cansas de esperar?

LUISA FERNANDA
Lo contrario que a Vidal.
¿Qué no viene? ¡Pchs!
Ya sabe que no
me importa esperar.
¿Que sube como la espuma?
Donde esté me elevará.
Le quiero porque me quiere.

DON FLORITO
Al parecer.

LUISA FERNANDA
Y, además, porque
me da la real gana.
¿Se dice así? Pues ya está.

MARIANA
Vete a misa, porque veo
que vamos a salir mal.

LUISA FERNANDA
Adiós, Mariana.

MARIANA
Hasta luego.

LUISA FERNANDA
Tú no te enfades, papá.

(Mutis por el fondo izquierda)

MARIANA
(Irónica)
¡No se enfade usté Don Floro!

DON FLORITO
¡Si yo no me sé enfadar!

MARIANA
¡Qué chica!

DON FLORITO
Vaya... Me subo.

(Medio mutis al portal)

JEROMO
(Que sale del jardín de la derecha)
Vaya usté con Dios, barbián.

DON FLORITO
¡Jeromo!

(Volviendo)

JEROMO
¡Qué! ¿De parranda?

DON FLORITO
¡Je, je!

JEROMO
¿De misa?

MARIANA
¡Caray! ¿Es usté
de la secreta?

JEROMO
No señora. Pero van ustedes
a ver que tengo condiciones.

DON FLORITO
¡Olé ya!
Me perezco por los chismes.
Venga, cuente...

JEROMO
(A Mariana)
A usté vendrán a prenderla
cualquier día.

MARIANA
¿A mí?

JEROMO
Sí, señora.

MARIANA
¿Y cuál es el motivo?

JEROMO
Que alberga en la posada y
le da de comer y no le cobra
ni un chavo a cierto Don Juan,
o Don Luis o Don Gonzalo,
que para el caso es igual.

DON FLORITO
Don Luis Nogales.

MARIANA
¡Silencio!

JEROMO
¡Digo!

MARIANA
¡Un pedazo de pan!

DON FLORITO
¡Hum...! Me huele
a progresista.

JEROMO
Ese la piensa pagar
cuando derribe a la reina.

DON FLORITO
Que no la derribará.

JEROMO
Bueno... y, si la derribara,
¿a usté le viene o le va?

DON FLORITO
¡Jeromo! ¿Usté?
¡Qué lenguaje!

MARIANA
Este es un pelafustán.

DON FLORITO
Su señora, la duquesa,
¿no es un sólido
puntal del trono?

JEROMO
En apuntalarlo
se ha gastado un dineral.

DON FLORITO
Y ¿usté es revolucionario?

JEROMO
Yo, Don Floro,
no soy más
que uno del tendido;
dicen que va a haber hule
y será lamentable
hincar el pico
sin verlo. ¡Curiosidad!

(Sale Aníbal por el fondo derecha. Es un joven de veinte años, atolondrado, y, a la vez, lleno de exaltación. Viste como un hombre del pueblo; pero en esta salida usa chistera y capa, debajo de la cual oculta un trabuco)

ANIBAL
(Resuelto)
Buenos días, ciudadanos.

JEROMO
¡Hola, Aníbal!

MARIANA
¿Y tendrás vergüenza...?

ANIBAL
No hay que enfadarse.

MARIANA
Pues ¿qué hay que hacer?

ANIBAL
Aguardar que me explique.

MARIANA
Desde ayer que saliste,
por un real de cordilla
para el gato,
¿dónde has estado, charrán?

ANIBAL
Es que anoche hubo retreta.

DON FLORITO
Pero chico, ¿dónde vas
de capa a fines de mayo?

ANIBAL
La cosa es muy natural.
Para que no se constipe
mi niño.

(Saca el trabuco)

MARIANA
Dámelo acá, que tus cosas
sabe Dios la que
nos van a buscar.

ANIBAL
Mi ama, no se enfade.

JEROMO
Cuenta: ¿qué pasó anoche?

ANIBAL
Verán. Pero déme
usté el trabuco,
que sin él no sé accionar. Anoche hemos proclamado
la República en mitad del Campo del Tío Mereje.
Proclamamos la República
y luego salió todo mal.

DON FLORITO
Pero, ¿quiénes?

ANIBAL
Yo y tres más.
Gente del bronce. ¡Patriotas!

MARIANA
Mequetrefes.

ANIBAL
¿Sí? ¡Ja, ja!
Estaban comprometidos
en el ajo un general,
dos comandantes,
un cura de regimiento,
la mar de cabos,
tres suripantas,
un boticario,
el deán de Mondoñedo...

DON FLORITO
¿Qué dices?

ANIBAL
¡Nada! ¡La pura verdad!
Al grito de “¡aviso, gorras!”
nos íbamos a lanzar; pero, ¡traición!,
a las doce, que era el momento fatal,
no acudimos más que el Pirris,
Casiano Pérez, Colás y yo

MARIANA
¡Valiente cuarteto!

ANIBAL
Dimos el grito.
¡A gritar no nos gana
Ruiz Zorrilla, ni Prim. ni...

MARIANA
¡Cállate ya!

ANIBAL
¡Y cuatro pedradas vienen
y diez trabucazos van!
Y... suerte que allí no había
ni un alma, pues si las hay,
no queda títere vivo.
¡Hum! ¡La rabia que me da!

MARIANA
Bueno, pues deja el trabuco,
porque hay mucho que fregar.

ANIBAL
¿Y lo de esta madrugada?

MARIANA
Luego nos lo contarás.

DON FLORITO
¡Aníbal, al fregadero!

ANIBAL
No soy comprendido.
.
MARIANA
¡Bah! ¿No vas a ser comprendido,
si eso de la libertad es un arbitrio
que tienes pa no hacer nada y cobrar?

ANIBAL
Señora... es temperamento.
¡Sangre! ¡Casta! A mí me dan
un trabuco y un pretexto para reñir
y... ¡ya está! Tanto me da
por la gorda, como por Su Majestad.
Soy un gallo inglés.

MARIANA
¡Adentro!

ANIBAL
Pero si hay riña, avisar.

(Mutis a la posada)

JEROMO
Vaya… ¡Abur!

(Mutis foro izquierda)

MARIANA
¡Abur, amigo!

DON FLORITO
Hasta más ver.

(Medio mutis)

MARIANA
Y a pensar lo que le dije
a la niña de ese novio.

DON FLORITO
(Ya en el portal)
Dios dirá.

(Mutis)

MARIANA
(Requiriendo su calceta y canturreando)
Y el soldadito la contestaba:
“Paloma mía, yo he de volver
y, en nuestra boda, serán las arras
los entorchados de brigadier”.

(Por el foro izquierda, sale Javier. Treinta años. Uniforme de coronel de húsares)

(ANIBAL)

JAVIER
Buenos días, Mariana.

MARIANA
Buenos días, Javier.

JAVIER
Usté siempre tan firme.

MARIANA
Tú más loco que ayer.

JAVIER
¡Cuánto tiempo sin verla!

MARIANA
No te dejas tú ver.

JAVIER
Porque lejos de aquí
me retiene el deber.
Pero ya sabe
que no me olvido
de este rincón.
Y que aquí tengo
comprometido
mi corazón.

MARIANA
¡Ay,
(ja, ja, ja)
no me hagas reír!

JAVIER
Se lo puedo jurar.

MARIANA
Vuelas, hijo, tan alto
que te vas a escapar.

JAVIER
Usté ya sabe que para mí
las ilusiones están aquí.
De este apacible rincón de Madrid,
donde mis años de mozo pasé,
una mañana radiante partí
sin más caudal que mi fe.
Por un amor imposible
días de triunfo soñé
y mi fortuna fue
tan propicia que lo alcancé.
¡Cómo olvidar el querido rincón
donde el cariño primero sentí!
¡Mágica aurora de mi corazón
donde aprendí a soñar.
Y el camino de la vida
yo emprendí sin más caudal
que la audacia por bandera
y un amor por ideal.
Con la fortuna me he desposado;
buena compañía para ser soldado.
Con la fortuna por compañera,
en sus alas vuelo
a donde ella quiera.
Como un remanso de paz y de amor,
en mi agitado vivir,
este paraje tan evocador
¡qué cosas me hace sentir!
Es la vida que vuelve
de mi humilde niñez.
Siento ganas
de vivirla otra vez.
Pero entonces yo volaba
como un mísero pardal
¡y hoy mis alas ambicionan
vuelos de águila caudal!

(Hablado)

MARIANA
Conque... ¿por un alto amor?

JAVIER
Por el de Luisa Fernanda.

MARIANA
Y tú, por ahí de parranda,
y ella, perdiendo el color.

JAVIER
¿Por qué?

MARIANA
Porque es una flor
de la que nadie se cuida,
y va pasando la vida
en su tiesto balconero,
sin que vuelva el jardinero
que allí la dejó escondida.

JAVIER
Ya estoy aquí.

MARIANA
Y, ¿hasta cuándo?

JAVIER
Las campañas,
los deberes militares…

MARIANA
¡Las mujeres!...

JAVIER
Lo dice usté...

MARIANA
Adivinando.

JAVIER
¿Yo, amores?

MARIANA
De contrabando.

JAVIER
Pero el que vale, Mariana,
es el primero: el que mana del corazón.

MARIANA
Y el que a todas las amenazas
de bodas contesta siempre: “mañana”.

JAVIER
¡Vaya! Usté…

(Yendo al portal)

MARIANA
Me voy a misa.

JAVIER
Adiós.

MARIANA
Volveré al momento.

JAVIER
¿Adónde va?

MARIANA
Al Sacramento.
¿Quieres algo para Luisa?

JAVIER
Por favor, que venga aprisa.

MARIANA
¿De prisa vienes ahora?

JAVIER
Tenga usté en cuenta, señora,
que yo aquí no toco pito.

MARIANA
Arriba está Don Florito.

JAVIER
¡Antes rendir a Zamora!

(Mutis de Mariana por foro izquierda)

ANIBAL
(Apareciendo en la puerta de la posada con Nogales, al que deja en segundo término. Viene ahora Aníbal sin la capa ni la chistera, prendas postizas en su indumentaria popular)
Déjeme usté.

NOGALES
(A Aníbal)
Con cautela.

ANIBAL
(Avanzando hacia Javier)
¡Mi coronel!

JAVIER
¿Tú, muchacho?

ANIBAL
Sí, señor: aquí hay un cacho.
¡Qué! ¿A ver a la coronela?

JAVIER
¡Hombre, sí!

ANIBAL
¡Buena mujer!

JAVIER
¡Aníbal!

ANIBAL
¡Una virtud!
¡Una belleza! ¡Salud
para honrarla, Don Javier!

NOGALES
(Aparte)
¡Divagaciones!

ANIBAL
Pues yo, como siempre,
En la posada de mozo.

JAVIER
¿Buena soldada?

ANIBAL
La misma que usté cobró.

NOGALES
(Aparte)
¡Tonterías!

JAVIER
Pero yo tengo
a orgullo mi origen.

ANIBAL
Y yo también.

JAVIER
Si luego llevas mi tren…

ANIBAL
¡Poco me parece el suyo…!

JAVIER
Gran virtud es la ambición.

ANIBAL
¿Usté es ambicioso?

JAVIER
Sí.

ANIBAL
(A Nogales)
Acérquese para aquí.
¡Ya tenemos espadón!

JAVIER
¿Qué dices?

ANIBAL
(Presentando)
Don Luis Nogales.
Don Javier Moreno.

NOGALES
(Estrechándole la mano)
Ya nos conocimos.

JAVIER
Quizá; ¿dónde?

NOGALES
En unos soportales.

JAVIER
¡Justo!

NOGALES
En la plaza mayor.
Usté mandaba la tropa…

ANIBAL
Y usté sacudía estopa
Liberal que era un primor.

JAVIER
Entonces gané un ascenso.

ANIBAL
Bueno, bueno, Don Javier,
tocante a lo de ascender,
ahora es cuando está propenso.

JAVIER
¿Quién me protege?

NOGALES
Su estrella.

JAVIER
No es poco.

NOGALES
Y la libertad,
que le da oportunidad
para que luche por ella.

ANIBAL
¡Ya la gorda se avecina!

JAVIER
¿Tú lo crees?

ANIBAL
Y bien contento.
Yo, Don Javier, me alimento
del olor a chamusquina.
Contamos en media Europa
con ayudas a porrillo.

NOGALES
Sólo nos falta el caudillo
que eche a la calle la tropa.

ANIBAL
La flor de los generales
que están en la emigración
aguarda con emoción
el grito de sus leales.

JAVIER
Y entonces.

NOGALES
Dé usté por hecho
que lograrán mejor gloria
los que forjen la victoria
dando en las calles el pecho.

ANIBAL
¡Ay, me veo comandante
de Artillería!

JAVIER
¿Y si falla?

NOGALES
Por qué?

ANIBAL
Carne de metralla
me veo... y agonizante.

JAVIER
Si falla, ¿quién recompensa
los sacrificios?

NOGALES
¡La Historia!

JAVIER
La Historia se desmemoria
muchas veces.

ANIBAL
¿Y la prensa?
¿No dirá que un monicaco,
cual yo, batió a un regimiento,
con el aire por sustento
y por arma un vil retaco?
Pues mejor dirá, señor:
“El coronel Don Javier Moreno
ya es brigadier.
¡Pronto será emperador!”.

JAVIER
(Captado por el recuerdo de Napoleón Bonaparte)
¡Pruebas de que ustedes dos
me proponen algo serio!

NOGALES
Aquí están: no es un misterio.

(Echando mano al bolsillo interior para sacar un documento)

ANIBAL
(Cortándole la acción)
Lo debe ser, ¡vive Dios!

(Mirando a lo alto del jardín de la derecha)

Nos espían desde allí.

JAVIER
¿Quién?

NOGALES
¿Dónde?

ANIBAL
¿No lo adivina?
La duquesa Carolina.

NOGALES
No se la ve.

ANIBAL
Yo la vi.
Vámonos a la posada,
pues la duquesa ya ha olido
que aquí hay pájaro escondido
y no se la escapa nada.

JAVIER
Vamos, pues.

NOGALES
Fue una imprudencia.

ANIBAL
Y ella no es ciega ni muda.
¡Buena mujer! Rica, viuda…
¡Gran bocado es su excelencia!

(Los tres hacen mutis a la posada, por la puertecilla del centro, sin dejar de mirar al jardín vecino)

JEROMO
(Saliendo por el foro izquierda)
¡Hola, hola!
Javierito por aquí.

CAROLINA
(Cuya voz se oye desde lo alto, por la derecha)
¡Jeromo!

JEROMO
(Seco)
¡Quién!

(Saludando respetuoso)

¿Señora?

(Aparte)

Lo vio también.

CAROLINA
Sube, que te necesito

JEROMO
¡Voy allá!

(Abre la verja murmurando)

Mucho me escama.

CAROLINA
¡Aprisa!

JEROMO
¡Maldita puerta!
¡Allá voy!

CAROLINA
Déjala abierta.

JEROMO
(Aparte)
Ya sé pa lo que me llama.

(Mutis, dejando, en efecto, abierta la verja)

LUISA FERNANDA
(Saliendo por el foro izquierda, seguida por Mariana)
¡Javier!

MARIANA
¿Lo ves? Ya se ha ido.

LUISA FERNANDA
¡Ingrato!

MARIANA
Aguarda, mujer.

(Preguntando hacia el fondo del portal)

¿Ha subido Don Javier?

LA PORTERA
(Dentro)
No, señora.

MARIANA
(A Luisa)
No ha subido.
¿Te convences?

LUISA FERNANDA
Ya usté ve.
Le peso, le estorbo.
Sube tan deprisa...

MARIANA
¡Es una nube!

LUISA FERNANDA
Pero... ¡le quiero!

MARIANA
¡Lo sé!
¿No he de saber cómo eres?
Como me sé de corrido
que él es un envanecido.

LUISA FERNANDA
Pero…

MARIANA
¡Sí; pero le quieres!
Por este camino, infiero
que ni os casáis ni te deja
y que, al morirte de vieja,
dices: “¡Sí; pero le quiero!”.

LUISA FERNANDA
Mariana, no me atormentes.

MARIANA
Lo que quisiera, alma mía,
es que de esa tontería
te curaras.
¿No presientes para tu persona
un amo que no tenga más
que el nombre de tal,
que sea un buen hombre?
¡Mírale! ¡Ni con reclamo!

(Sale por el foro derecha Vidal Hernando, joven aún, pero maduro; vestido como los labradores ricos de la alta Extremadura)

VIDAL
Mariana…

LUISA FERNANDA
¡Adiós!

(Medio mutis)

VIDAL
¡Señorita!
¿Mi presencia la importuna?

LUISA FERNANDA
(Cohibida)
No, señor.

MARIANA
La pobrecita, sigue
viviendo en la luna.

LUISA FERNANDA
Respeta mis sinsabores.

VIDAL
¡Bien hablado!

MARIANA
Los respeto.

VIDAL
Pero hábleme usté...

MARIANA
Señores, ¡quién entiende a este sujeto!
Ya le dije que la hora de decidirse ha sonado.

VIDAL
¿Verdad que sí?

MARIANA
La señora lleva el reloj retrasado.

LUISA FERNANDA
No es eso, Vidal. Comprenda…

VIDAL
Compréndame usted a mí.

MARIANA
Si no se te cae la venda,
¿qué hacemos los tres aquí?

VIDAL
Usted... Callar.

MARIANA
Hasta luego.
Me ha echado.

(Mutis a la posada)

LUISA FERNANDA
Y yo... ¿qué he de hacer?

VIDAL
Usted... oír a un labriego
que adora en una mujer.

(ANIBAL)

Dúo de Vidal y Luisa Fernanda

VIDAL
En mi tierra extremeña
tengo un nido de amores,
entre encinas bizarras
y castaños y robles,
donde el pájaro quiere
que una pájara venga
para ser soberana
de mi casa labriega.

LUISA FERNANDA
Yo, Vidal, le agradezco
sus palabras amables;
pero siento decirle
que su afán llega tarde,
tengo amores antiguos…

VIDAL
Que es inútil que aguarde.

LUISA FERNANDA
¡Cuanto más me atormentan
más sabrosos me saben!

VIDAL
Yo, señorita,
no soy ladrón de amores,
ni envidio con tristeza
la suerte de otros hombres.
¡Yo es que la quiero
con un querer tan hondo!…

LUISA FERNANDA
También yo le querría
si no quisiera al otro.

VIDAL
Una esperanza
me alumbra al fin.

LUISA FERNANDA
No le ilusione
pensar en mí.

VIDAL
Mejores días aguardaré.
Y entonces, a cantarle mis anhelos
con rústicos alardes yo vendré.
¡Ah! Montaraza de mis montes,
relicario de mis sueños:
de la feria de Trujillo
te he traído un aderezo.
Te he traído un aderezo,
como pide la persona,
de corales y de perlas,
lo mismito que tu boca.

LUISA FERNANDA
Yo, montaraza
sería de sus montes,
si fuera libre y dueña
de oír otros amores…

VIDAL
¡Yo es que la quiero
con un querer tan hondo!...

LUISA FERNANDA
También yo le querría
si no quisiera al otro.

VIDAL
No hay esperanza
para este amor.

LUISA FERNANDA
(Con medio mutis)
Y usté perdone
mi obstinación.

VIDAL
Luisa Fernanda...

LUISA FERNANDA
Adiós, Vidal.

(Mutis por el portal)

VIDAL
Los hombres de mi tierra
cuando quieren no pierden
la esperanza de triunfar.
¡Ah! Montaraza de mis montes,
amapola de mis trigos,
relicario de mis sueños,
manantial de mi cariño...
No se duelen mis amores
del desdén con que los tratas.
¡Para un río de desdenes,
tengo un puente de esperanzas!

(Hablado)

ANIBAL
(Sale de la posada por la puertecita)
El coronel... ¡pan comido!
¡Tiembla en tu trono, Isabel!
¿Qué dices?

ANIBAL
Que el coronel
se agrega a nuestro partido.

VIDAL
¿Cuál es tu partido?

ANIBAL
Creo
que es muy claro, Don Vidal.
¡Un partido liberal!

VIDAL
Pero ¿cuál?

ANIBAL
¡El del jaleo!
¿Y usté no se anima?

VIDAL
Yo no soy político.

ANIBAL
¡Bueno!
También Don Javier Moreno
dijo al principio que no;
pero cuando un ideal
anida dentro de un ser...

VIDAL
(Interesado)
¿Cuál es el suyo?

ANIBAL
Ascender
cuanto antes a general.

VIDAL
¿Está adentro el coronel?

ANIBAL
Sí señor. Y convencido.

VIDAL
Pues, entonces, me decido.

ANIBAL
¿Con nosotros?

VIDAL
¡Contra él!

ANIBAL
¡Don Vidal!
¿Usté realista?

VIDAL
Lo contrario que él.

ANIBAL
Me entero.
¿Qué él se hace carabinero?
Pues usté... ¡contrabandista!

VIDAL
¿El, soldado de fortuna?
Yo, labriego infortunado.
Alguien nos ha colocado
frente a frente.

ANIBAL
¿Alguien o “alguna”?

VIDAL
Tú sabes algo.

ANIBAL
Algo sé.

VIDAL
¿Comprendes entonces?

ANIBAL
Sí.

VIDAL
En esto... me vence a mí:
¡en algo le venceré!
Lucharemos como sea,
donde sea... ¿Él, liberal?
Yo, realista. ¡Es mi rival!
¡Poco me importa la idea!

ANIBAL
¡Vamos, que usté es de los míos!

VIDAL
¿Tú también enamorado?

ANIBAL
No, señor. Yo, complicado,
¡porque sí!, donde haya líos.

VIDAL
Vas a ensillarme la jaca.

ANIBAL
¿Al campo, Don Nuño vais?

VIDAL
Mientras vosotros quedáis
prendiendo fuego a la traca,
yo voy a darme un paseo
por los campos de Amaniel.

ANIBAL
(Mientras Vidal entra en la posada, por la puerta grande de la derecha)
¡Tranquilízate, Isabel
que ya tienes Cirineo!

(Después de decir esto, enfáticamente mirando al foro izquierda, entra en la posada por donde Vidal)

(Música)

Dúo de la Flor de Carolina y Javier.

Sale Javier por la pequeña puerta de la posada. Se dirige al portal de la izquierda y, cuando va a hacer mutis, es detenido por la voz de Carolina, que se oye por la derecha, alto.

CAROLINA
(Dentro)
Caballero de alto plumero,
¿dónde camina
tan pinturero?
Los caminos
que van a la gloria
son para andarlos
con parsimonia.

JAVIER
Señorita que riega la albahaca,
¿cuántas hojitas
tiene la mata?
Me parece que pasan de ciento,
como las plumas de mi plumero.

CAROLINA
Al pasar el caballero
por la puerta del Perdón,
de los altos balconajes
a sus pies cayó una flor.

(En efecto, cae una rosa por el primer término de la derecha)

Y una dama le decía
con graciosa y dulce voz:
“esa flor se me ha caído
del rosal del corazón”.

JAVIER
(Que ha recogido la rosa)
Una flor es el comienzo
de un capítulo de amor.
Señorita que riega la albahaca,
si de atrevido
no me tildara,
yo al rosal acercarme quisiera
donde florecen rosas tan bellas.

CAROLINA
Caballero de alto plumero,
es tan galante
su atrevimiento,
que por mí no es difícil la empresa
pues tiene franca la puerta.

JAVIER
Al pasar el caballero
por la puerta del jardín,
va hechizado por los ojos
que le miran desde allí.
Va contento con su suerte
y embriagado del olor
de esta rosa desprendida
del rosal del corazón.

CAROLINA
Una flor no es un billete
para el juego del amor.

JAVIER
¡Sutil olor!

CAROLINA
¡Tal vez fatal!

JAVIER
¡Digna es la flor
de aquel rosal!

(Mutis por la verja)

(Hablado)

Salen nerviosos e intrigados Vidal y Aníbal. Este último saca en la mano un cabezón de madroños de vivo color.

ANIBAL
¡Ya lo cazó la duquesa!

VIDAL
¿Es posible?

ANIBAL
Esa señora
es la mejor cazadora
del Jarama y su dehesa.

MARIANA
(Saliendo con Nogales)
¿Entró Javier?...

ANIBAL
Y con mucho
desembarazo.

NOGALES
¡Traición!

VIDAL
¿Traición por qué?

ANIBAL
El espadón
se nos ha vuelto serrucho.

VIDAL
Y ¿qué importa?

NOGALES
Pero ¿qué tiene esa dama?

ANIBAL
A la vista salta, Don Luis.
Que es realista...
¡y que es más guapa que usté!

NOGALES
¿Nos venderá ese bribón?

VIDAL
¡Animo, que yo me alisto
contra su causa!

(Sale Luisa Fernanda, trémula, celosa... Mariana acude junto a ella)

MARIANA
¿Lo has visto?

LUISA FERNANDA
¡Lo vi desde mi balcón!

MARIANA
¿Te convences?

LUISA FERNANDA
Es verdad.

ANIBAL
Es un quidam.

LUISA FERNANDA
¡Un felón!

NOGALES
A un tiempo le hace traición
a usté y a la libertad.

VIDAL
(A Nogales)
La libertad... que me pida.
Sangre y dinero.
¡Usté manda!

(Le estrecha la mano)

Y en cuanto a Luisa Fernanda,
lo que ella quiera... ¡la vida!

(Música)

Final Acto I

LUISA FERNANDA
Abrasado en la llama
de su loca ambición,
sus palabras olvida
y hasta olvida su amor.

ANIBAL
Es la pura verdad.

NOGALES
¡Bien nos hizo traición!

VIDAL
Mas si cubre la baja
de un traidor un leal,
ni usté debe afligirse
ni nosotros gritar.

MARIANA
No te aflijas, mujer.

NOGALES y ANIBAL
Es la pura verdad.

LUISA FERNANDA
¡Cuánto diera por verle
como antaño le vi!

VIDAL
De que caiga por tierra
su orgullosa cerviz,
el momento llegó,
si me dejan a mí.

LUISA FERNANDA
¡Quién pensara, quién dijera
que tenía que acabar
en despecho mi cariño
y en desdén mi voluntad!

VIDAL
¡Quién dijera, quién pensara
que tenía yo que ver,
en la noche de mis dudas,
esta luz de amanecer!

MARIANA
¡Ya por fin se convenció!

NOGALES
Lo importante es decidir.

ANIBAL
¡La de palos que va a haber!
¡Ahora sí que soy feliz!

(Mariana se ha entrado en la posada por la puertecita. Vidal y Nogales entran por la puerta grande. Vidal queda a la derecha, contemplando a Luisa Fernanda, la cual enjugándose una lágrima va a hacer mutis por el portal, cuando se oye la voz de Carolina, por la derecha en alto y, luego, la de Javier. Luisa Fernanda, como aturdida, vuelve sobre sus pasos hacia la derecha, escuchando. Vidal se aparta de ese lado y, por el fondo, viene a colocarse a la izquierda)

CAROLINA
(Dentro)
Al pasar el caballero
por la puerta del Perdón,
de los altos balconajes,
a sus pies cayó una flor.

JAVIER
(Dentro)
Y una dama le decía
con graciosa y dulce voz:
“Esa flor se me ha caído
del rosal del corazón”.

LUISA FERNANDA
(Con la voz entrecortada)
Una flor se me ha caído...
del rosal del corazón.

(Cae desmayada en brazos de Vidal, que ya estaba a su lado)

VIDAL
(Suavemente)
En el rosal del corazón,
hay un lugar para otra flor...


FIN DEL ACTO I


ACTO SEGUNDO

CUADRO PRIMERO

En el Paseo de La Florida, que se pierde hacia el fondo izquierda hasta el Portillo de San Vicente, que se ve lejano. En el lateral derecho, la ermita de San Antonio, formándose un rincón entre el pórtico que sobresale y el cuerpo principal del templo. En primer término de éste, la puerta de la rectoral. En la rinconada, frente al espectador, una mesa petitoria, revestida con unas faldas y un paño bordado. Sobrepuesta en las faldas, la siguiente inscripción:“Pan de San Antonio”.A la izquierda, un aguaducho, en primer término, con dos veladores y sillas delante. En segundo término, la fuente, que, a la sazón, existía en aquel paraje. Son practicables para los actores: a la derecha, la puerta de la rectoral, la del templo y el último término; a la izquierda, los términos primero y último. Es por la tarde.

(Música)

Introducción

En el conjunto popular de la romería de San Antonio destacan: Mariana y Rosita, que regentan la mesa petitoria; Nogales, que ocupa el velador más próximo al aguaducho y un matrimonio burgués, de cierta edad, que refresca en el otro velador, atendido por el Bizco Porras, dueño del establecimiento; una murga de músicos ambulantes, en la que figuran una mujer que vende las coplas y dos hombres que tocan, respectivamente, el triángulo y los platillos; dos parejas de mujeres y otras dos de hombre y mujer, que bailan la habanera al son que tocan los músicos; una vendedora de cocos y un vendedor de abanicos que pululan entre los grupos ofreciendo su mercancía veraniega y algunos pollos elegantes, entre ellos Javier, de paisano, que pasean en último término, hasta que llegue su momento de actuar.

MUSICOS
El soldadito
no la contesta
cuando le escribe
cartas de amor
y ella está triste,
la pobrecita,
porque sospecha
que se murió.
¡Quién la dijera
que el soldadito
sueña en los brazos
de otra mujer,
y que, en su boda,
fueron las arras
los entorchados
de brigadier!

(Concluye el baile y las parejas empiezan a pasear del brazo, hasta que poco a poco van desapareciendo de la escena)

VENDEDORA
¡De La Habana, cocos!
¡Dulces y fresquitos!

VENDEDOR
¡Cuatro cuartos valen
estos abanicos!

LA MUJER DEL CIEGO
¡Lleven las coplas
del soldadito
que es lo que llevan
los señoritos!

VENDEDORA
¡De La Habana, cocos!

VENDEDOR
¡Cuatro cuartos valen!

VENDEDORA
¡Dulces y fresquitos!

VENDEDOR
¡Aire! ¡Aire! ¡Aire!

MARIANA
¡No se respira!
¡Qué calor hace!

MARIANA
(Al Bizco Porras)
¡Oye, marido!

BIZCO
¡Voy al instante!

(A Nogales)

Usté perdone, señor Nogales.

(Cruza a la derecha)

MARIANA
(A Rosita)
Llegó el momento
de convidarte.

BIZCO
¿Qué se te ofrece?

MARIANA
Limón helao.

BIZCO
Pero ¿no sabes
que a ese alelao,
a por limones
hasta el mercao
hace tres horas
que le he mandao
y entodavía
no ha regresao?

MARIANA
¡Ese es Aníbal!

ROSITA
¡Nos ha matao!

(El matrimonio burgués se levanta, pasa por la mesa petitoria, en la que deposita una moneda, y entra en la ermita. Javier viene a ocupar la vacante en el velador, dando muestras de impaciencia. Nogales le vuelve la espalda al reconocerle. Entretanto, se han clareado los grupos hasta quedar solos en escena los pollos elegantes. Ahora salen de la ermita seis damiselas con vaporosos trajes de paseo y monísimas sombrillas. Con ellas, la duquesa Carolina)


Mazurca de las sombrillas

DAMISELAS
A San Antonio
como es un santo
casamentero,
pidiendo matrimonio
le agobian tanto,
que yo no quiero
pedirle al santo
más que un amor sincero.

(Se acercan a ellas los caballeritos, y a la duquesa, Javier)

POLLOS
Yo, señorita,
que soy soltero
y enamorado,
la veo tan bonita,
que soy sincero
y estoy pasmado
de que un soltero
no lleve usté a su lado.

DAMISELAS
¡Ay, qué zaragatero es usté!

POLLOS
Yo soy un caballero español.

DAMISELAS
(Abriendo las sombrillas)
Yo no soy extranjera...

POLLOS
Y abra usté el quitasol
para que no se muera
de celos el sol.

JAVIER
A la sombra de una sombrilla
de encaje y seda,
con voz muy queda,
canta el amor…

CAROLINA
A la sombra de una sombrilla
son ideales
los madrigales
a media voz…

POLLOS
Me maravilla,
cuando llegaba
lo más sabroso,
que cierre la sombrilla.

DAMISELAS
Lo bueno acaba
si es peligroso.

POLLOS
Pero faltaba saber
si soy dichoso.

DAMISELAS
La dicha es cosa
que no se alcanza
tan de repente.

POLLOS
La dicha es caprichosa,
mas gira y danza
junto al que siente
que una esperanza
le alumbra suavemente.

DAMISELAS
¡Ay que zaragatero es usté!

POLLOS
Yo soy
un caballero español.

DAMISELAS
Yo no soy extranjera...

POLLOS
¡Y abra usté el quitasol…
... ¡Para que no se muera
de celos el sol!

(Abren otra vez las sombrillas)

JAVIER
A la sombra de una sombrilla
de encaje y seda,
con voz muy queda
canta el amor…

CAROLINA
A la sombra de una sombrilla
son ideales
los madrigales,
a media voz…

(Todos hacen mutis, emparejados, por derecha e izquierda del foro)

JAVIER y CAROLINA
¡Qué amable intimidad!
¡Qué bueno el quitasol!
¡Qué gozo da
sentir las flechas del amor!

(Se van por el primer término izquierda)

(Hablado)

MARIANA
¿No te lo dije, Rosita?

NOGALES
Pero ¡qué poca vergüenza!

MARIANA
¡Déjame salir!

ROSITA
¡Mariana...!

(Mariana, casi empujándola, la obliga a levantarse para que salga aquélla del rincón)

BIZCO
¡Porra! ¿Adónde vas, centella?

MARIANA
Estaba ya reventando
por salirme de la mesa.

(A Nogales)

¿Ha visto usté?

NOGALES
Sí, señora.

MARIANA
¡Yo que estoy aquí por ella!
¿Y es esa la aristocracia?
Pues ¿dónde a Javier me deja?

BIZCO
Mujer, te encuentro distinta.
¡Hay que oírte!

NOGALES
La duquesa
la trajo a nuestro partido.

MARIANA
No, señor... Ese babieca
de Javier. Pues el Aníbal es
de la misma ralea.
Se pierde de vista el pollo.

BIZCO
No me hables, que, cuando vuelva,
a coscorrones le saco los sesos...
o lo que tenga.

ROSITA
Mariana, que aquí tan sola,
me pone usté en evidencia.

MARIANA
Allá voy...

(Salen Luisa Fernanda y Don Florito por el foro izquierda)

DON FLORITO
Luisa Fernanda,
que voy con la lengua fuera.

MARIANA
¡Caracolitos! ¿ustedes?

LUISA FERNANDA
Papá, ¿por qué no te sientas?

MARIANA
Sí, no sigan adelante,
porque, hija mía,
si llegas hace un momento
te caes de espaldas.

BIZCO
Calla, argotera.

LUISA FERNANDA
¿Qué pasa?

NOGALES
No la haga caso.

BIZCO
Venas que le dan.

MARIANA
¿Qué venas ni que ocho cuartos de espliego?
Que por ahí va su excelencia,
nuestra vecina, con ese Cupido
que ahora la flecha.

LUISA FERNANDA
¡Javier!

DON FLORITO
¡Vaya!

BIZCO
¡La pringaste!

MARIANA
Conste que lo ha dicho ella.

LUISA FERNANDA
A mí me importa tres pitos.

MARIANA
Ya…

LUISA FERNANDA
Pero, vamos, si piensa que me importa,
por abajo vamos a dar una vuelta.
¿Quieres, papá?

MARIANA
¡Pobrecillo! Si está que se tambalea.

DON FLORITO
Lo que quieras, pero...

MARIANA
¡Nada! Yo la acompaño.

DON FLORITO
(Respirando)
¿De veras?
Pero ¿y si viene tu novio?
Me parece que te juegas
a una carta ese partido.

LUISA FERNANDA
Si viene Vidal, se espera.

DON FLORITO
Javier es cosa perdida.

LUISA FERNANDA
Papá, si es para que vea
que no me importa.

MARIANA
Pues ¡claro que no la importa!

ROSITA
¿Y la mesa?

MARIANA
Siéntese aquí Don Florito.

DON FLORITO
¿Yo?

MARIANA
Sí, señor.

(Acercándolo a la mesa petitoria)

BIZCO
¡Qué tremenda!

DON FLORITO
¿No chocará?

MARIANA
No. Si aquí somos
muy a la moderna.

LUISA FERNANDA
Vamos.

MARIANA
Andando.

LUISA FERNANDA
Y ¿por dónde dices
que iba la pareja?

MARIANA
Por aquí...
Pero ya sé que importarte...
¡quién lo piensa!

(Mutis de las dos por primer término de la izquierda)

NOGALES
Yo me voy.

BIZCO
¿Hay novedades?

NOGALES
Ya está encendida la mecha.
La bolsa del extremeño
nos sirve de panacea.

BIZCO
Pues a mandarme, Don Luis,
que yo en todo lo que pueda...

(Aníbal aparece por el fondo derecha)

ANIBAL
¡Ya estoy aquí!

BIZCO
¿Te parece?

ANIBAL
¿He tardado?

BIZCO
¡Sinvergüenza!

ANIBAL
No hay que enfadarse. ¡Don Luis!

NOGALES
¡Hola, muchacho!

ANIBAL
Se acerca la batalla.

BIZCO
¿Y los limones?

ANIBAL
¡Grandes! ¡Más duros que piedras!
¡Caramba! ¿Aquí Don Florito
con Rosita la Morena?

DON FLORITO
Ya me ves. Culpa de tu ama.

ANIBAL
Le voy a echar dos pesetas.
Columnarias…

DON FLORITO
¡Ole, ole!

ANIBAL
... que no hay Dios que me las quiera.

ROSITA
Suenan a plomo.

ANIBAL
¡Caray! Pues eso es que no son buenas.]

BIZCO
Pero ¿y los limones?, ¡porra!

ANIBAL
Si no es por ellos, me mechan.

NOGALES
Bueno, ¿dónde has proclamado la República?

BIZCO
Por éstas,
que dacas esos limones
o te rompo la cabeza.

ANIBAL
No hay que enfadarse.
Aquí tiene tres patatas holandesas.

BIZCO
Pero ¿qué hago yo con esto?

ANIBAL
Tortilla.

BIZCO
¡Maldita sea! En tus narices.

NOGALES
¡Cuidado!

BIZCO
Bueno, y ¿qué ha pasado?

NOGALES
Cuenta.

ANIBAL
Mi amo, no vuelva usté
a mandarme a la plazuela de la Cebada,
si tiene en estima mi sesera.
Hay una tía malos pelos,
conforme se entra a la izquierda,
que eso es el oscurantismo
que se ha vuelto verdulera.
Y allí he caído a comprar
los limones, ¡mala estrella!
Compro, la pago y, al ver
A Isabel en la moneda,
Pone los ojos en blanco,
Alarga el morro, la besa
y aquí, en mis propias narices,
me escupe un “Viva la reina”.
¡Y no me preguntes más!

NOGALES
Me la figuro la escena.

ANIBAL
“¡Viva Prim!” y una patata
que me da aquí, en esta ceja.
Y yo… que agarro un limón
Y le doy en la cabeza…
al embajador de Rusia,
que pasaba por la acera.
¡conflicto internacional!
Yo ya soñaba con la guerra.
¡Las escuadras! ¡Los cañones…!
Y, de pronto, me despiertan
con un bastonazo, en ruso,
que me atizó Su Excelencia.
¡Otro limón! Esta vez afinando…
¡Y se me cuela dentro de una barbería
y da en la luna y la estrella!
¿Usté ha leído el Quijote?

BIZCO
Yo no.

NOGALES
Yo sí.

ANIBAL
Pues la venta era una balsa de aceite
al lado de la plazuela.
Maese el barbero sale con la bacía y la llena
De golpes y abolladuras sacudiéndome con ella.
Respondo como es debido le pego a un chulo que
tercia;
Se lía el chulo a patadas con un perro…
Y si no llegan dos baterías…

BIZCO
¿Qué dices?

ANIBAL
¡De cocina! Las cazuelas,
las sartenes y los cazos
de una fonda allí frontera,
que nos tiraban a todos
desde el balcón, a estas fechas
me están vendiendo en filetes,
diciendo que soy ternera.
¡Hoy, señores, es el día
más grande de mi existencia!

BIZCO
Muy bien. Pero ¿y mis limones para el helado?

NOGALES
Paciencia.

ANIBAL
Haga horchata, porque chufas
me las han dado a docenas.

BIZCO
No; te vuelves, pero a escape.

ANIBAL
¿Otra vez en la plazuela?

NOGALES
Yo iré contigo, que voy
A un quehacer por allí cerca.

ANIBAL
Así ya me gusta más.
Contra los dos, no hay quien pueda.

(Sale Vidal por el fondo derecha)

VIDAL
Buenas tardes, caballeros.

ANIBAL
¡Don Vidal!

VIDAL
¿Qué hay?, ¡buena pieza!

ANIBAL
Aquí, con Don Luis Nogales,
camino de las trincheras.

NOGALES
No le haga caso.

VIDAL
¿Sabemos alguna cosa nueva?

NOGALES
(Misteriosamente a Vidal)
Esta noche, en las Descalzas,
hay una junta secreta.

VIDAL
Allí iremos.
(Al Bizco) ¡Bizco Porras!
Un refresco de grosella.

NOGALES
Bueno, Don Vidal.

ANIBAL
Salud, libertad...
y hasta la vuelta.

VIDAL
Adiós, hombre.

BIZCO
Y no te expongas.

(Mutis de los dos)

ANIBAL
Al que lo matan, lo entierran.

(Mutis por el foro derecha de Nogales y Aníbal)

BIZCO
Aquí tiene el refresquillo.

VIDAL
Oye: ¿no has visto por estas inmediaciones
a Luisa Fernanda?

BIZCO
Dé usté la vuelta.

(Señalando a Don Florito)

Ahí está el padre.

VIDAL
(Levantándose)
¡Don Floro!

DON FLORITO
(Que llevaba un buen rato de cháchara, entusiasmado, con Rosita)
No he cumplido los sesenta todavía.

ROSITA
Vamos, hombre.
Cuénteselo usté a su abuela.

VIDAL
Pero... ¡Don Florito!

(Dándole una palmadita en el hombro)

DON FLORITO
¡Cuerno!
¿Usté por aquí?

(Levantándose)

VIDAL
A la fuerza. La soga tras el caldero.

DON FLORITO
Es verdad (azorado)
Pues... voy por ella.

VIDAL
Vamos juntos.

DON FLORITO
No, por Dios.

VIDAL
¿Por qué no?

DON FLORITO
Porque... si viera lo rara que es...
¡Pobrecita!

VIDAL
(Con naturalidad)
¿Con quién está?

DON FLORITO
¿No lo acierta? ¡Con Mariana!

(Confidencial)

Es tan celoso su marido,
que se empeña en que no pasee sola.

VIDAL
Ese no es de mi madera.

DON FLORITO
¿Por qué?

VIDAL
Porque a mí por celos
no me duele la cabeza.
¿Se entera usté, Don Florito?
Vaya usté a buscarla y vuelva.
Y si ve a Javier Moreno, ¡memorias!

DON FLORITO
Bien.

(Sale por primer término de la izquierda Carolina)

¡Oh, Duquesa!

CAROLINA
Don Florito, buenas tardes.
¿Y Luisa Fernanda?

DON FLORITO
Buena. Aquí estaba... con su novio.

CAROLINA
¡Vaya! Buen mozo se lleva

DON FLORITO
Duquesa, con su permiso.

CAROLINA
Vaya usted enhorabuena.

(Mutis de Don Florito)

ROSITA
Señora…

CAROLINA
Vete, Rosita.
Yo me encargo de la mesa.
¡Qué poco habéis recogido!

ROSITA
No pasa nadie.

CAROLINA
Anda, nena,
que ya estarás aburrida
y querrás dar una vuelta.

ROSITA
Como usté quiera, señora.
Adiós, señora duquesa.

CAROLINA
¡Bizco!

BIZCO
Señora. . .

CAROLINA
¿Tú quieres hacerme un favor?

BIZCO
¡Y treinta!

CAROLINA
Pues llévale a mi cochero
este vaso de grosella (por el de Vidal)

BIZCO
Y este señor...

CAROLINA
Al señor yo le sirvo...
lo que quiera.

BIZCO
¡Señora!…

CAROLINA
¡Vamos!

BIZCO
(Aparte)
Pa mí que esta tía lo camela.

(Mutis por el primer término izquierda)

CAROLINA
Estará usted asombrado.

VIDAL
No, señora.

CAROLINA
¿No?

VIDAL
En mi tierra,
cuando pasó por allí,
me ha servido a mí
la reina.

CAROLINA
Como que es una señora
muy campechana.

VIDAL
A la cuenta, es que le gustan
los hombres así, como yo.

CAROLINA
¡A la cuenta!
Por eso es tan popular.

VIDAL
Hasta en coplas la comentan.

CAROLINA
¿Usted se llama?

VIDAL
Me llaman Vidal Hernando.

CAROLINA
Y ¿qué empresa le trae por Madrid?

VIDAL
Negocios .

CAROLINA
¿De qué?

VIDAL
De lo que se tercia.

CAROLINA
¿Usted querría ganarse mil duros?

VIDAL
¿A qué se juegan?

CAROLINA
Pues a una dama,
lo mismo que en la baraja francesa.
Pero una dama que tiene
corona y cetro: la reina.

VIDAL
Poca cosa son mil duros.

CAROLINA
Pues pida usted...
lo que quiera.

(Música)


Dúo de Vidal y Carolina

VIDAL
Para comprar un hombre,
se necesita
mucho dinero.

CAROLINA
Una mujer que compra,
cuando se empeña,
no mira el precio.

VIDAL
Tampoco el hombre
mira la cara de la moneda,
si una mujer le gusta
y está a la venta

CAROLINA
(Aparte)
Es ladino el extremeño.

VIDAL
(Aparte)
Esta dama es de cuidado.

CAROLINA
(Aparte)
Si me achico estoy perdida.

VIDAL
(Aparte)
Ya le he visto el juego claro.

CAROLINA
Hablaremos como amigos.

VIDAL
Mucho me honra la amistad.

CAROLINA
Como amigos verdaderos.

VIDAL
Y con mucha claridad.

CAROLINA
Es la primera vez,
se lo aseguro yo,
que ante un hombre
me acobardo.

VIDAL
Eso me pasa a mí:
que es la primera vez
que me veo así,
alternando.

CAROLINA
(Humorística)
Le doy la alternativa
de aristócrata y señor,
lo mismo que la dan
a un nuevo matador.

VIDAL
¿Por qué si vuestra voz
me invita a conversar
me desprecian vuestros ojos?

CAROLINA
¡Por Dios, no lo penséis!
Mis ojos siempre son tan francos
y tan nobles como lo es mi voz.

VIDAL
Nobles... ¡quién lo duda!

CAROLINA
Francos..., mucho más.

VIDAL
Eso, mi señora,
ya es otro cantar.

CAROLINA
¿Qué motivo tiene
para no creer?

VIDAL
Puesto que se empeña,
se lo explicaré.
Hubo un tonto en mi lugar
que se creyó golondrina.
Un día se echó a volar
desde lo alto de una encina.
Bien se puede suponer
cómo acabó la proeza:
sobre un hito fue a caer
y se rompió la cabeza.
No quisiera yo acabar
ante una dama tan fina,
como el tonto del lugar
que se creyó golondrina.
Yo soy un labrador
más claro que la luz
y en mis tratos
no hay malicia.

CAROLINA
Eso me pasa a mí,
y espero merecer
que nunca se arrepienta
de su proceder.
Porque me cautiva
su sinceridad.

VIDAL
Más sinceramente
no se puede hablar.

CAROLINA
Pero hay ocasiones
en que el interés...

VIDAL
Eso es
lo que nunca
pude comprender.

CAROLINA
(Dirigiéndose a la ermita)
Ya proseguiremos
la conversación.

VIDAL
Siempre que me llame,
cuente usted que voy.

CAROLINA
Que no se le olvide.

VIDAL
Lo procuraré.

CAROLINA
Beso a usted la mano.

VIDAL
Beso a usted los pies.

(Mutis de Carolina por la puerta de la rectoral)

(Hablado)

BIZCO
(Que vuelve por donde se fue con el vaso vacío)
La duquesa Carolina me echó
con buenas palabras
¿Qué le sirvió de mi puesto?

VIDAL
Una cosa muy barata:
conversación.

BIZCO
¡Hola, hola…!
Y... ¿qué?

VIDAL
Que es bastante guapa.

BIZCO
Don Vidal…

VIDAL
Somos amigos.
Tengo con la aristocracia
simpatías.

BIZCO
¿Desde cuándo?

VIDAL
Desde que sabe esa dama
que haré la Revolución...
si quiere Luisa Fernanda.

BIZCO
Aquí viene ya de vuelta
con su padre y la Mariana.

(Salen por la izquierda Luisa Fernanda, Mariana y Don Florito)

LUISA FERNANDA
Vidal... ¿Estás disgustado?
Dispénsame la tardanza.

VIDAL
¿Yo disgustado, tontuela?
¡Más contento que unas Pascuas!

MARIANA
¿Lo dice usté de boquilla?

VIDAL
Lo digo con toda el alma.
Si mi fuerza es esperar.
El que triunfa es el que aguarda.

MARIANA
Pero, ¿la mesa está sola?
¡Ay, San Antonio de Padua!

(Va a ocupar un sitio en ella)

LUISA FERNANDA
¿De veras no te enfadaste?

VIDAL
De veras.

LUISA FERNANDA
Es que tardabas.
Fuimos a buscarte.

DON FLORITO
¡Claro!

VIDAL
Y yo, entretanto,
de cháchara con otra mujer...

LUISA FERNANDA
¿De veras?

VIDAL
¿No sientes celos?

LUISA FERNANDA
Estaba por enfadarme.

DON FLORITO
Pues... ¡claro!

VIDAL
Pero... ¡vamos!...,
no te enfadas.

LUISA FERNANDA
No me enfado ni me encelo
porque tengo confianza.

VIDAL
Como yo: sé que, esperando,
todas las fiebres se pasan,
todas las cosas se olvidan,
todas las siembras arraigan.

LUISA FERNANDA
Vidal... ¿qué quieres decirme?

VIDAL
Pues... que te convido a horchata.

(Dando palmadas)

¡Bizco Porras! ¡Venga! ¡Pronto!
Horchata, vasos y pajas.

(Se sientan los tres)

LUISA FERNANDA
¿Y dices que otra mujer
te ha entretenido?

DON FLORITO
¡Bobadas!

VIDAL
Sí, señora ¡Una duquesa!

LUISA FERNANDA
¿Una duquesa?

VIDAL
De Dalias.

LUISA FERNANDA
¿La duquesa Carolina?
Pero, ¿qué quiere esa dama?

VIDAL
¿Celos?

LUISA FERNANDA
No; pero...

VIDAL
¿Qué dices?

LUISA FERNANDA
¡Que ya es mucha aristocracia!

BIZCO
(Sirviendo)
Aquí está.

VIDAL
¡Vamos! Refresca,
porque estás acalorada.

(Música)


Cuarteto y Subasta

Sale Javier por el primer término de la izquierda; pasa distraídamente por delante de Luisa Fernanda, Vidal y Don Florito, y se dirige a la mesa petitoria.

JAVIER
¿Dónde estará Carolina,
que no la veo?

MARIANA
¡Válgame Dios y su madre!
¡Vaya un encuentro!

JAVIER
¿Cómo en la mesa tan sola?

MARIANA
¡Casualidades!
Vete de aquí por ahora.
Vuelve más tarde.

LUISA FERNANDA
(Que ha visto a Javier)
Daos mucha prisa.
Vámonos de aquí.

VIDAL
No hay por qué marcharse.
Hazme caso a mí.

JAVIER
Es Luisa Fernanda.

MARIANA
Calla, por favor.

JAVIER
¿Quién es ese tipo?

MARIANA
Un admirador.

JAVIER
¿Tienen relaciones?

MARIANA
Vete tú a saber.

JAVIER
Eso… preguntando
se ha de esclarecer.

(Avanza hacia el otro grupo)

Señorita, señorita…

DON FLORITO
¡Vaya usté mucho con Dios!

JAVIER
Dos palabras solamente,
con permiso del señor.

(Señalando a Vidal).

LUISA FERNANDA
Le prevengo que no tengo,
ganas de conversación.

VIDAL
Anda, niña, no seas tonta…
Dos palabras, ¿por qué no?

LUISA FERNANDA
Dos palabras solamente.

JAVIER
Con permiso del señor.

DON FLORITO
No debía usté ayudarle.

VIDAL
Dos palabras, ¿por qué no?

(Luisa Fernanda se levanta y sale del grupo, aproximándose a Javier)

JAVIER
¡Cuánto tiempo sin verte
Luisa Fernanda!

LUISA FERNANDA
Desde el último día,
Si no me engaño.

JAVIER
Y ahora vas, por lo visto
de cuchipanda.

LUISA FERNANDA
Ahora voy donde quiero:
no es como antaño.

VIDAL
(A Don Florito)
Es muy oportuna
la contestación.
Eso es producirse
con educación.

LUISA FERNANDA
Con mi novio y mi padre
voy de paseo.

JAVIER
¿Ese tipo es tu novio?
¡Qué interesante!

LUISA FERNANDA
Es un hombre de veras,
no un fariseo.

JAVIER
Y además es un pollo
muy elegante.

VIDAL
(Ya de pie, a Luisa Fernanda. También se levanta Don Florito)
Eso está bien dicho,
porque un servidor
todo lo contrario
piensa del señor.

JAVIER
No le quiero responder.
No podemos alternar.

VIDAL
Pues lo siento yo, mujer,
porque le iba a convidar.

JAVIER
(A Luisa Fernando, aparte)
Ahora mismo te marchas
porque yo quiero.

LUISA FERNANDA
(A Javier, aparte)
Pero ¿tú te has creído
mi carcelero?

VIDAL
(Poniéndose, entre ellos)
Se suplica, si riñen,
que hablen más alto,
porque aquí estamos
llenos de sobresalto.

JAVIER
A esta señorita
debe usté saber
que la considero
como mi mujer.

LUISA FERNANDA
Esa historia se acabó,
para siempre de verdad.

VIDAL
Me parece a mí
que habló
con bastante claridad.

JAVIER
Este no es sitio
de discutir.

LUISA FERNANDA
Pues se ha acabado
la discusión.

VIDAL
(A Luisa Fernanda)
Junto a tu padre te puedes ir.

(A Javier)

Y usté perdone mi intromisión.

JAVIER
Este asunto lo discutiremos
nosotros dos.

VIDAL
Este asunto ya está discutido,
me creo yo.

LUISA FERNANDA
No vuelvas a insistir.

JAVIER
Lo haré en otro lugar.

VIDAL
Yo creo que es inútil hablar.

(Javier da media vuelta hacia el fondo. Luisa Fernanda, Don Florito y Vidal se sientan. Sale de la rectoral Carolina, acompañada por Don Lucas, el párroco de San Antonio. Suena la campana de la ermita, salen algunas gentes del templo y acuden otras por el fondo y por la izquierda: entre ellas, los músicos ambulantes)

MARIANA
Señora duquesa…

CAROLINA
Querida Mariana.
Tampoco tú fuiste
muy afortunada.
Ha sido bien corta
la recaudación.

MARIANA
Será, por lo visto,
que no hay devoción.

CAROLINA
Vienen a la romería
muchos ricos ganaderos,
pero el pan de San Antonio
cada vez produce menos.

LUISA FERNANDA
(A Vidal)
¡Bien te mira la duquesa!

VIDAL
Pa que veas la importancia
que en Madrid le da a un rico
labrador de Piedras Albas.

CAROLINA
Si quisiera usted, Don Lucas,
a la usanza granadina,
para el pan de San Antonio
yo un baile subastaría.

DON LUCAS
Como el fin es tan piadoso,
Yo no veo inconveniente.

MARIANA
(A la duquesa)
Pero piense usté, señora,
lo que va a decir la gente.

CAROLINA
Si lo aprueba el señor cura,
¡qué me importa a mí la gente!

LUISA FERNANDA
Pues a mí también me mira.

VIDAL
Es por mí, seguramente.

CAROLINA
Señoras y caballeros:
acuérdense de los pobres.
Yo quiero que participen
también de sus diversiones.
En mi tierra de Granada,
para el culto de una imagen,
las mocitas más honestas
sacan a subasta el baile.
Aquí hay una granadina
que se ofrece voluntaria
para bailar con el hombre
que remate la subasta.

CORO
¡Olé ya por la duquesa
más castiza de Granada!

LUISA FERNANDA
¡Qué desvergonzada!
¿Oyes tú, Vidal?

VIDAL
Yo, en mis cortas luces,
no lo encuentro mal.

DON FLORITO
Esa bailarina
vale un dineral.

VIDAL
¡Mira Don Florito!

LUISA FERNANDA
Es un carcamal.

(Se destaca de los grupos un hombre del pueblo)

UN HOMBRE
Sólo tengo un peso duro,
¡pero va con toda el alma!

CAROLINA
Se agradece la intención.
¿Quién mejora la subasta?

(Pollo 1° avanza también)

POLLO 1º
¡Quite usté, so avaricioso!
Doy cien reales por bailarla.

CAROLINA
Dan cien reales, a la una.

(Pollo 2º se presenta)

POLLO 2°
Yo, doscientos.

CAROLINA
Muchas gracias.

JAVIER
(Abriéndose paso y mirando a Carolina y Luisa Fernanda)
Una onza va ofrecida,
porque he de bailar con ella.

CAROLINA
¡Una onza!

LUISA FERNANDA
¡Qué insolente!

VIDAL
(Levantándose)
Yo, señora, doy cincuenta.

(Saca un bolso de la faja).

CORO
¡Cómo engañan los paletos!
Es seguro que él la baila.

LUISA FERNANDA
(Haciendo movimientos que detiene Don Florito)
Yo no puedo consentirlo.

DON FLORITO
Tú, hija mía,
observa y calla.

CAROLINA
¿Quién mejora la subasta?

JAVIER
(Con mal humor)
La subasta se acabó.

VIDAL
(Después de entregar el bolso con el dinero a la duquesa)
Y ahora baile usté con ella,
que se la regalo yo.

(Un momento de sensación, Luisa Fernanda avanza y ocupa lugar entre Vidal y Javier, apartando al primero hacia la izquierda. Carolina detiene a Javier, que tiene el impulso de arrojarse sobre Vidal. Reacciona caballerescamente)

JAVIER
Bailaré con la Duquesa;
pero sepa usté, señor,
que su estúpida arrogancia
va a tener contestación.

(Arroja uno de sus guantes a los pies de Vidal)

VIDAL
(Después de tomar el guante)
Baile usté con la Duquesa;
pero sepa, coronel,
que este reto que me lanza
pronto lo recogeré.

(Ataca el vals. Javier empieza a bailar con la duquesa; otras parejas bailan también. A un gesto de Vidal, Don Florito y Luisa Fernanda inician el mutis hacia el fondo, seguidos por el extremeño. Don Lucas junto a Mariana, vacía el bolso comprobando la buena calidad de la moneda)


MUTACION


CUADRO SEGUNDO

Telón corto. A la derecha se ve la Fuentecilla de la calle de Toledo, en la desembocadura de una calle. Esquina a ésta, a la izquierda, el Parador del Bizco, con su gran portalada practicable. Son las cinco de la mañana y está amaneciendo.

(Recitado sobre la música interna)

Cruza de derecha a izquierda una vieja Churrera, que lleva en un brazo la cesta de los churros y en la otra mano la del aguardiente.

CHURRERA
¡La churrera! ¡Calentitos!
¡Aguardiente de Chinchón!

BIZCO
(Saliendo al parador)
Venga un trago de lo fuerte.

BIZCO
¡Hola! ¡Hola!
¿Ha habido soplo?

CHURRERA
¿Por qué lo dices?

BIZCO
Se armó la barricada hace un rato
y ya hay movilización.
¿No has oído las trompetas?

CHURRERA
Eres tú mal oidor.
Del cuartel de San Francisco
es la diana.

BIZCO
Pues yo juraría
que hubo soplo
de algún sereno traidor.

CHURRERA
Vamos. Págame, no sea
que me coja a mí el turbión.

BIZCO
Toma el cuarto.

CHURRERA
Que aproveche.

BIZCO
Bueno, hasta mañana.

CHURRERA
Adiós.
¡La churrera! ¡Calentitos!
¡Aguardiente de Chinchón!

(Mutis por la izquierda coincidiendo con el sonido de unas campanas de la iglesia que se oyen lejanas por el fondo)

BIZCO
¡Misa del alba en las monjas!

(Cruza de izquierda a derecha una beata que saluda al Bizco mímicamente)

¡Abur, doña Leonor!

(Mutis de la beata)

¡Pa mí que no va a ser mala
la misa que va a haber hoy!

(Por la derecha sale Aníbal con dos mozos)

ANIBAL
¡Hala, muchachos!
¡Adentro!

BIZCO
¿Más cosas del parador?

ANIBAL
No hay más remedio.
Nos queda por cerrar un callejón.

(Entran los Mozos en el parador, Aníbal, desde la puerta, les da instrucciones)

¡La carretilla de cuña!

BIZCO
Ahí me las den todas.

ANIBAL
Voy a desempedrar un barrio.
¡Tú, Colás, aquel colchón!

BIZCO
Eso ya no me parece de recibo.

ANIBAL
¿Cómo no?
¿Semos o no semos, mi amo?

BIZCO
Yo creo que sí lo soy.
Pero, ¿tú qué pones, hijo?

ANIBAL
¡Hombre! Que ¿qué pongo yo?
Pues casi nada... ¡Mi sangre!

BIZCO
Así te den, ¡vive Dios!,
con un enjambre de balas
en mitad del corazón.

ANIBAL
Y usté que lo vea, mi amo.
¡Yo, mártir! ¿Para qué estoy?

(Salen los dos mozos. Uno delante, empujando una carretilla de adoquines. Otro, con un colchón al hombro)

¿Y Don Luis?

BIZCO
Ya levantándose.
Esta noche se mudó de la posada.

ANIBAL
Bien hecho.
En aquel barrio hay traición.

MOZO 1°
Vamos, tú.

MOZO 2°
Que el colchoncito parece de plomo.

ANIBAL
¡So!
Digo... ¡arre! Id caminando.

(Los Mozos hacen mutis por la derecha)

BIZCO
¡Mis colchones!

ANIBAL
(Que ha entrado un momento en el parador y sale ahora con una buena soga)
¡Allá voy!

BIZCO
¿Vas a ahorcarte?

ANIBAL
¡Sí! ¡Caramba!
Se me olvida lo mejor.

(Vuelve a entrar en el parador)

BIZCO
¿Qué te llevarás ahora?
Me desvalijas, ladrón.

ANIBAL
(Saliendo con el trabuco)
El niño, que se quedaba.
¡Viva mi niño!

(Medio mutis y vuelve)

A las dos, si no he vuelto
que le escriban
a mi madre el notición.

BIZCO
Vete tranquilo.

ANIBAL
(Lo mismo)
Y el sueldo
de este mes, para un arroz
con pescado a mi memoria,
y convidan en mi honor
a todos los liberales de este barrio.

BIZCO
¡Y un jamón!

ANIBAL
(Volviendo otra vez)
Y, si me entierran,
que pongan en mi tumba
una inscripción diciendo:
“Aquí yace Aníbal”.
Nada más.
Bien.

ANIBAL
(Lo mismo)
Y... y ¡adiós!

(Se va definitivamente por la derecha. Se oye un rumor de gente por la izquierda)

BIZCO
Anda con Dios...
y no vuelvas.
¡Porra! (Llamando hacia el interior)
¡Don Luis!

(Sale Nogales del parador con un pequeño grupo de arrieros y hombres del pueblo)

NOGALES
Aquí estoy.

BIZCO
Y aquí llegan ya los nuestros.

(Salen por la izquierda un grupo de hombres y algunas mujeres. Ellos empuñan trabucos, retacos, carabinas y escopetas de pistón)

UNO
¡Viva el jefe!

TODOS
¡Viva!

NOGALES
¡No!
¡Viva España!

TODOS
¡Viva!

NOGALES
Y todos
oídme con atención.
Vamos a morir, acaso,
por un hermoso ideal.
El trono y sus camarillas
tenemos que derribar.
El régimen se cuartea
y el pueblo es un vendaval
que ha de hundirlo para siempre.
¡Nunca resucitará!
Quien tema, dude o vacile,
vuélvase pasos atrás
y ¡adelante los que quieran
morir por la libertad!

CORO
¡Viva!

(Enardecidos todos, brazos en alto, inician la marcha hacia la derecha y cae el telón)


MUTACION


CUADRO TERCERO

Patio del parador del Bizco. A la izquierda del fondo, la portalada de entrada, ya vista desde fuera en el cuadro anterior. A la derecha, en primer término, ventana que da luz, desde el patio, a una habitación interior. En segundo término, del mismo lado, puerta que conduce a las habitaciones internas. En el fondo una imagen de la Virgen de la Paloma, alumbrada por una lamparilla. Una mesa tosca a la derecha, en los primeros términos. Varias sillas toscas convenientemente repartidas. Algunos arreos de caballerías. Hatos de viajeros y sacos de pienso. De día.

(Hablado)

Mariana, una criada del parador y una vieja vecina oran de rodillas ante la imagen. Luisa Fernanda sentada, pensativa, en primer término, recostada en la mesa.

MARIANA
Mater purissima...

LAS OTRAS
Ora pro nobis...

MARIANA
Mater castissima...

LAS OTRAS
Ora pro nobis...

MARIANA
Mater inviolata...

LAS OTRAS
Ora pro nobis...

MARIANA
Mater intemerata...

LAS OTRAS
Ora pro nobis...

MARIANA
Mater inmaculata...

LA OTRAS
Ora pro nobis...

(Entran por el fondo dos mozos trayendo a Aníbal del brazo a la fuerza, el cual viene ligeramente herido, con la cabeza vendada por un pañuelo)

ANIBAL
(Resistiéndose a entrar)
¡Mala puñalada os peguen!
¡Soltadme!

LUISA FERNANDA
¡Aníbal!

MARIANA
¡Muchacho!

(Se deshace el grupo orante y acude al encuentro de Aníbal, a quien han logrado introducir en escena sus aprehensores)

MOZO 1°
No seas bruto.

MOZO 2°
¡Qué fiera!

ANIBAL
O me sueltan o los mato.

MOZO 2°
Que te curen ese chirlo.

LUISA FERNANDA
¿Te hirieron?

ANIBAL
De un chinarrazo.
¡Maldita sea!...

MARIANA
¿En la frente?

MOZO 2°
En el cogote.

ANIBAL
¡Mal rayo le parta al tío sinvergüenza
que apunta y no da en el blanco!

LUISA FERNANDA
Ven que te curemos, hombre.

(Lo sientan y Luisa Fernanda le desata el pañuelo)

MARIANA
Y nosotras ¿qué le untamos?

VECINA
Sal y vinagre es muy bueno.

ANIBAL
Lo que me pongan, volando,
porque estoy haciendo
falta en otra parte.

MOZO 1°
Es un gallo.

LUISA FERNANDA
¡Pero si tiene un boquete!

ANIBAL
A ver si exageramos.

MARIANA
¡Vengan la sal y el vinagre!

CRIADA
Allá voy.

VECINA
Yo te acompaño.

(La criada y la vecina hacen mutis por la derecha y luego vuelven con un tazón, una botella, un paquete de sal y una venda)

MOZO 1°
¡La mar!

ANIBAL
¿La mar? Sólo tres o cuatro.

MARIANA
¿Mi marido?

ANIBAL
No, señora.
No pase por él cuidado.
Su marido no se muere,
a no ser que le hagan daño
los boquerones y el tinto
de la taberna del Manco.

MARIANA
Menos mal.

ANIBAL
El patriotismo le dio
por soplar morapio.

MARIANA
¿Y don Vidal? ¿Y Don Luis?

ANIBAL
Don Luis nos ha pronunciado
cinco arengas, tres discursos,
dos sermones... ¡Es un sabio!
Y, cuando presiente alguna
descarga de los contrarios,
se agacha para librarse
y en cuclillas sigue hablando.

CRIADA (Saliendo con la vecina)
Aquí está la melecina.

LUISA FERNANDA
Venga.

ANIBAL
Y a ver si acabamos.

MARIANA
De Don Vidal no nos hablas.

LUISA FERNANDA
¿Es que le ha ocurrido algo?

ANIBAL
Don Vidal es lo más grande
que hay en el globo terráqueo.
Sereno, como un piloto;
valiente, como un jabato...
¡Ay!…

LUISA FERNANDA
¿Te escuece?

ANIBAL
(Reponiéndose)
¡No, señora!
¡Hay que verle disparando!
Por él ya habríamos ido a la carga
sobre el bando de la soldadesca real;
pero que no le hagan caso,
me duele...

LUISA FERNANDA
¿Te duele?

ANIBAL
¡No!
Y si me duele,
¡me aguanto!

LUISA FERNANDA
La venda.

MARIANA
Aquí está.

(Luisa Fernanda venda a Aníbal)

Y las tropas,
¿os atacan con guijarros?

ANIBAL
Pero oiga usté: si la china
no me la hubiera tirado,
por su mala puntería,
uno de los nuestros,
¿cuándo me iba a dar en el cogote?
Señora, no confundamos.

MARIANA
¿Hay barricada?

ANIBAL
¡Y menuda!
Llega hasta los pisos cuartos.
Y yo... ¡en la vanguardia!

MARIANA
Así
te atizan de los dos bandos.

LUISA FERNANDA
Ahora tienes que acostarte.

MARIANA
Estos golpes son muy malos.

ANIBAL
¿Yo acostarme?

MARIANA
No, que no.

ANIBAL
¿Y “el niño”? ¿A qué se ha quedado
en mitad de la plazuela?

MOZO 1°
A la cuenta.

ANIBAL
¿Sí?
Pues... vamos.

MOZO 2°
(Cogiéndole del brazo fuertemente mientras el otro Mozo hace lo mismo)
¡A la cama!

MARIANA
¡Por aquí!

ANIBAL
Soltadme, que os desbarato.

(Hacen mutis Luisa Fernanda y Mariana por la derecha)

MOZO 1°
¡Alza, pilili!

ANIBAL
¡Primero cadáver
que deshonrado!

MOZO 2°
Que haces daño.

ANIBAL
¡Así te mueras!

MOZO 1°
O cedes, o te arrastramos.

ANIBAL
¡Caníbales! ¡Sinvergüenzas!

MOZO 1°
¡Lo que brega!

MOZO 2°
¡Es un verraco!

ANIBAL
¡Maldita sea! ¡Canallas!
¡Bandidos! ¡Reaccionarios!

(Pataleando como un chico, es dominado y conducido al interior)

CRIADA
¿Usté ha visto na más terco?

VECINA
Mi marido es de este paño.

(Entran por el fondo Vidal, en mangas de camisa, con canana a la cintura y carabina; el Bizco Porras y otros dos hombres de pueblo)

BIZCO
¿Han traído aquí al Aníbal?

CRIADA
Sí, señor.

VIDAL
¿Le están curando?

CRIADA
Si no fue na, mayormente.

(Salen por la derecha los Mozos 1° y 2°)

MOZO 1°
Ya se queda enchironao.

VIDAL
¿Qué ha sido?

MOZO 1°
Nada.

VIDAL
Creí que nos lo habían matado.

BIZCO
Bicho malo nunca muere.
Don Vidal, ¿quiere usté un trago?

VIDAL
Venga. Así nos tomaremos
un ratito de descanso.

BIZCO
(Mientras apronta unas jarras de vino ayudado por la criada)
Que éste bien lo necesita. ¡Santo Dios y qué fregado!
No sabía yo que usté fuera tan republicano.

VIDAL
Ni yo tampoco.

BIZCO
Pero anda,
que a todos nos han borrado:
a Don Luis, que mucha vida
se la pasó conspirando;
a mí, que soy liberal
desde mis más verdes años;
a Aníbal, a Prim.¡al verbo!
¿Qué mosquito le ha picado?

VIDAL
¡Bah!

BIZCO
Ni ¡bah! Ni barandilla.
Usté es el héroe del barrio.
¡Buen paladín en usté
la libertad ha encontrado!

VIDAL
Pero ¿piensas
que yo lucho por la libertad?

BIZCO
¡Es claro!

VIDAL
Pues, óyeme, porque veo
que estás muy equivocado.

(Música)


Romanza de Vidal

VIDAL
Luche la fe por el triunfo
de un ideal redentor.
Yo que no soy más que un hombre,
lucho por mi corazón.
Por enfrentarme en la vida
y la muerte con el rival
de mis sueños de ayer,
la Libertad ha encontrado
quien la defienda con fe.
Por el amor de una mujer que adoro
si hay que luchar, sabré reñir;
si hay que vencer, sabré morir.
Mas yo no pido recompensa a nadie;
mientras consiga mi ilusión,
que no me falte su querer.
El ideal de mi ambición
es el amor
de la mujer que adoro.

TODOS
Por el amor de una mujer
todo en la vida es hacedero.

VIDAL
Y el ideal de mi ambición
es que la quiero.
Nada me importa en la vida
como la luz de su amor.
Rabia de celos me impulsa...
y ella me inspira el valor.
Si ella me pide el honor y la vida,
dueña será de mi vida y de mi honor,
y he de ofrecerla, si quiere,
sangre de mi corazón.
Por el amor de una mujer que adoro
si hay que luchar, sabré reñir;
si hay que vencer, sabré morir.
Mas yo no pido recompensa a nadie;
mientras consiga mi ilusión,
que no me falte su querer.
El ideal de mi ambición
es el amor de la mujer que adoro.
Por quien se quiere, con fe se riñe,
¡feliz se muere!

(Hablado)

BIZCO
Y donde dice mujer,
Luisa Fernanda pongamos.

CRIADA
¿La señorita?

(Aspavientos de asombro).

VIDAL
Callad.

(Salen Mariana y Luisa Fernanda por la derecha. La primera cierra la puerta con llave)

LUISA FERNANDA
¿Estabas aquí?

VIDAL
Y tan sano.

MARIANA
Con dos vueltas a la llave,
no se nos escape el pájaro.

LUISA FERNANDA
¡Qué mañana! ¡Cuántos tiros!
¡Qué sustos y sobresaltos!

VIDAL
¿Fueron por mí?

LUISA FERNANDA
Pues, ¿por quién?

VIDAL
Ya ves cómo estoy a salvo.

(Entra Don Florito, por el fondo, descompuesto, lleno de pánico)

DON FLORITO
A ba... ba...

BIZCO
¿Qué?

VIDAL
¡Don Florito!

LUISA FERNANDA
¡Papá!

DON FLORITO
Ba... be... ba... ¡Bellacos!

BIZCO
¡Agua, chica!

CRIADA
¡Voy!

VIDAL
¿Qué ocurre?

DON FLORITO
Pero ¿qué hacen esos bárbaros?
¿A pedradas con las tropas del gobierno?
¡Qué insensatos!

VIDAL
¡Son los nuestros! ¡Buenos chicos!

DON FLORITO
¿Usté también?

BIZCO
¡Todo el barrio!

DON FLORITO
Pues ahora llegan los húsares,
que cargarán a caballo. ¡Duro!

VIDAL
¿Los húsares dice?

DON FLORITO
Con Javier al frente.

VIDAL
(A los hombres)
¡Andando!

LUISA FERNANDA
No vayas.

VIDAL
Tengo pendiente un desafío...
¡Muchachos!
¡A devolver este guante!
(Lo muestra) ¡Que se me había olvidado!

(Precipitadamente salen por el fondo Vidal, el Bizco y los cuatro hombres del pueblo)

LUISA FERNANDA
¡Vidal!

DON FLORITO
¡Un loco!

MARIANA
¡Los mechan!

(Se abre la ventana de la derecha y por ella sale Aníbal a escena)

LUISA FERNANDA
¿A dónde vas?

MARIANA
¡Mamarracho!

ANIBAL
¿Los húsares y yo aquí?

(Busca, rápidamente, un arma y coge una escoba que encuentra en un rincón)

DON FLORITO
¡Aníbal!

MARIANA
¡Al catre!

ANIBAL
¡Vamos!
¿Faltar yo en este festejo,
cuando está más animado?

(Sale corriendo por el foro con la escoba al hombro)

CRIADA
Beba usté.

DON FLORITO
Gracias, chicuela.

LUISA FERNANDA
¿Por qué saliste?

MARIANA
Pues, claro.

(Aparecen por la puerta del fondo, viniendo del lado derecho, Carolina y Jeromo)

JEROMO
Entre usté en el parador,
que son amigos, señora.

MARIANA
¡La Duquesa!

(Entran los recién llegados)

LUISA FERNANDA
En mala hora.

MARIANA
¿A qué se debe el honor?

CAROLINA
¡Mariana! ¡Luisa!
¡Don Floro! ¿Qué pasa?
¿Un levantamiento?

MARIANA
Así parece.

DON FLORITO
Un intento,
porque eso es jugar al toro.

JEROMO
Afuera estoy.

(Medio mutis)

CAROLINA
A fisgar.

JEROMO
Yo, por si el tronco se espanta.

CAROLINA
Bueno.

(Mutis de Jeromo)

Y ¿por qué se levanta la plebe?

MARIANA
Por madrugar.

CAROLINA
¡Qué ajena a todo volvía
de Carabanchel! Anoche
pasé por aquí en el coche
y nada se presentía.

MARIANA
Pues... ya ve usté.

CAROLINA
Sí, ya vi,
desde lejos, que se lucha.

MARIANA
Y el tiroteo se escucha,
si viene el aire hacía aquí.

CAROLINA
Pero, ¿qué quieren?

DON FLORITO
Lo mismo
les he preguntado yo.

CAROLINA
Alguien los envenenó.

DON FLORITO
¡Frutos del liberalismo!

CAROLINA
¡Quieren matar los egregios designios
que nunca mueren!

LUISA FERNANDA
(Sin poderse contener)
No, señora: lo que quieren
es que no haya privilegios.

CAROLINA
¡Luisa Fernanda!

DON FLORITO
(Reconviniéndola)
¡Hija mía!

CAROLINA
¿Adónde vas?

LUISA FERNANDA
Bien sé adónde.

DON FLORITO
¿Y el tono?

LUISA FERNANDA
El que corresponde
a un grito de rebeldía.
(avanzando) Sí, padre.
¡No puedo más!
¡Luisa Fernanda saltó!
Ya es hora de que hable yo
y me escuchen los demás.

(A Carolina)

Para usté la vida es bella
mirada desde su altura;
pero ¡qué triste y qué dura
cuando hay que luchar por ella.
¿Riquezas? Las que heredó.
¿Alegría? La que pide.
¿Rango? Su boca lo mide.
¿Amores? ¡Los que compró!
Las diversiones, logradas,
y los caprichos colmados;
y, para los desgraciados,
unas piadosas miradas.
Venga un orden diferente.
¿Mejor o peor? No sé;
pero donde yo... y usté
nos veamos frente a frente.
Ni más baja ni más alta;
al nivel del corazón, que,
con la misma emoción,
lo mismo palpita y salta.
Mas lo que no puede ser
es que usté tenga derecho
a las ansias que en su pecho
haya sentido nacer,
y, además, por el placer
de abrumar con su grandeza,

(Emocionada)

¡a ensombrecer de tristeza
los ojos de otra mujer!

CAROLINA
No comprendo tu lenguaje.

DON FLORITO
Yo, tampoco.

MARIANA
Se ha exaltado.
Está el pueblo levantado
y es contagioso el coraje.
¿Quiere pasar mi señora
la duquesa al interior?

DON FLORITO
Creo que será mejor.

CAROLINA
Mejor será... por ahora.

MARIANA
Pues... ande, señora.

(Acude a abrir la puerta de la derecha)

CAROLINA
(A Luisa Fernanda)
Luego te contestaré.

DON FLORITO
Es ocioso.

MARIANA
Pase al cuarto. No es lujoso
pero es limpio y huele a espliego.

CAROLINA
(Ya en la puerta)
Es muy mono el gabinete.

(Mutis por la derecha, seguida de Don Florito)

MARIANA
Ahora es cuando se engalana.

DON FLORITO
¡Qué adhesión la de Mariana!

(Mutis)

MARIANA
(Se acerca a Luisa Fernanda y por lo bajo, pero muy expresiva)
Has estao... ¡de rechupete!

(Música)

Recitado sobre la orquesta


FINAL DEL ACTO II

Sensación de revuelo en el fondo. Las cuatro mujeres que están en escena se mueven con curiosidad hacia la puerta. Se oyen en el interior gritos de “¡A él! ¡Muera!”.

LUISA FERNANDA
¿Oyes?…

MARIANA
Se acerca el jaleo.

(Va hacia la puerta)

CRIADA
(Desde la puerta)
¡Señora...!

MARIANA
¿Qué ocurre?

CRIADA
¡Mire!

LUISA FERNANDA
Ven, mujer.

MARIANA
¿Qué me retire viendo
venir lo que veo?

LUISA FERNANDA
(Acudiendo a la puerta)
¿Qué pasa?

MARIANA
Yo juraría…

LUISA FERNANDA
Llega la gente en tropel.

MARIANA
Y con ella un coronel
prisionero.

LUISA FERNANDA
¡Ay, madre mía!

(Por el fondo entra Javier de uniforme, el pelo en desorden y sujeto por Aníbal y Nogales. Le preceden tres o cuatro hombres del pueblo armados y un tropel de mujeres. Detrás de Javier llegan otros hombres con armas)

LUISA FERNANDA
¡Javier!

(Viene a replegarse al primer término de la izquierda. Mariana acude al grupo principal de recién llegados, que pasan al primer término de la derecha interrogándoles)

CORO
¡Muera el prisionero!
¡Muera sin piedad!

JAVIER
(Altivo)
¡Atrás!

CORO
¡Ya de nuestras manos
no se escapará!

ANIBAL
¡Callad!

JAVIER
Es una cobardía
que no os perdonaré.
Yo soy un caballero
que lucha por la ley.
Sin arma y sin montura
de pronto me quedé.
Dejad que por lo menos
me pueda defender

CORO
¡Muera el prisionero!
¡Muera sin piedad!

JAVIER
¿Esa es vuestra idea
de la libertad?

CORO
¡Ya de nuestras manos
no se escapará!

LUISA FERNANDA
¡Atrás!

(Como un leona, salta al centro, en el instante en que el grupo popular va a agredir a Javier cubriéndolo con su propio cuerpo)

Si queréis atacarle,
uno a uno venid.
Es un hombre indefenso
que no os puede batir.
Si en tomaros venganza
tan cobarde insistís,
no podréis, asesinos,
sin pasar sobre mí.

ANIBAL
¿Pero usté lo defiende?

CORO
No merece perdón.

LUISA FERNANDA
Es un hombre indefenso
que en desgracia cayó.

(El grupo del pueblo queda suspenso y dominado)

JAVIER
Luisa Fernanda, cariño mío,
¡con qué nobleza me pagas tú!
Cariño mío, con qué indulgencia
premiar supiste mi ingratitud.
Si de esta empresa la vida salvo,
que no me falte tu buen amor.

LUISA FERNANDA
Javier, no pidas, porque es un sueño,
que resucite lo que murió.

CORO
Su madrina le salva,
que sus ínfulas, no.

(Nuevo revuelo interior y gritos de ¡Perdidos! ¡Sálvese quien pueda!)

¿Qué ocurre en la calle?
¿Qué dice esa voz?

ANIBAL
La cosa es muy clara.
Que no estaba yo.

(Entra un grupo de hombres huyendo. El último, Vidal)

VIDAL
¡No corred!
¡Basta ya!

CORO
Nos han arrollado.
Nos van a brear.

VIDAL
(Viendo a Javier)
¡Ah! Vuestro guante, coronel,
en la calle os devolví.
Ha acabado el desafío
y es notorio que perdí.

JAVIER
Usté ha sido quien lograra
mi caballo derribar.

VIDAL
Yo doy siempre donde apunto
y no os quise asesinar.

(Llegan a la puerta del fondo un Capitán de Húsares, espada en mano, y cuatro soldados)

CAPITAN
¡En nombre de la Reina!
Venid, mi coronel.

JAVIER
Al jefe de esta chusma
se habrá de detener.

(Salen por la derecha Carolina y Don Florito)

¡Duquesa!

CAROLINA
Están vencidos.
¡Vencidos otra vez!

CAPITAN
¡El jefe que se rinda!

JAVIER
(Señalando a Vidal)
¡Prendedlo!

LUISA FERNANDA
¡No ha de ser!

(Recitado)

NOGALES
(Avanza y se coloca en medio)
¡Yo soy el jefe! No cedo
mi puesto a nadie señor,
fuimos vencidos y quedo
a merced del vencedor.
Y vosotros, mis leales,
mis amigos, aguardad.
Si hoy se rinde, en los umbrales
del triunfo, la libertad,
queda fecunda semilla
en el agro soterrada,
que hará brotar en Castilla
la planta ilustre, sembrada
por Maldonado y Padilla.

(Se entrega al Capitán y los soldados le prenden)

(Cantado)

CAROLINA
(A Javier)
Vuestro brazo, caballero,
concededme por favor.

JAVIER
(A Carolina)
Ofreceros este brazo
para mí es un gran honor.

LOS DOS
¡Y los cánticos de guerra
sustituyan los de amor!

(Salen, del brazo, la duquesa y Javier por el fondo. Antes han salido Nogales y sus aprehensores. El Coro queda en actitud hostil, replegado y mirando hacia la calle. En primer término permanece rígida, firme, Luisa Fernanda, a quien se acerca Vidal)

VIDAL
¿Qué piensas?

LUISA FERNANDA
¡En la paz de un hogar labrador!

(Vidal la abraza tiernamente y cae el telón)


FIN DEL ACTO II


ACTO III

En La Frondosa, dehesa de Vidal Hernando, próxima a Piedras Albas y a la frontera de Portugal. A la derecha, casa rural con puerta practicable. A la izquierda, en segundo término, construcciones pequeñas a modo de cochiqueras. Al fondo, un encinar. A la puerta de la casa, una o dos sillas rústicas. Un tajo para partir leña hacia la izquierda. Es de día.

(Música)

Introducción. Orquesta

(Hablado)

Don Florito, sentado ante la casa, lee un periódico. Mariana sale de la casa.

DON FLORITO
“El marqués de Novaliches, convaleciente”.
Me alegro.

MARIANA
¿No decían que en el puente de Alcolea cayó muerto?

DON FLORITO
Eso quisieran los otros;
pero se joroban.

MARIANA
¡Bueno!

DON FLORITO
Pues oiga usté un nuevo bando que da el alcalde Rivero.

MARIANA
No me lea usté más latas.

DON FLORITO
Está bien: no se lo leo.
Pero si usté me prohíbe
que lo lea, se lo cuento.
A esa fuerza popular,
que él se sacó de los sesos,
ha tenido que cortarle el
propio alcalde los vuelos.

MARIANA
Pues ¿cómo?

DON FLORITO
Porque las armas
que les ha dado el Gobierno
las aplican en El Pardo
a la caza del conejo.
¿Qué les parece?
¡Tomad libertades!

MARIANA
Estoy viendo
que es usté el absolutista
más grande del universo.

DON FLORITO
Yo, Mariana, soy el mismo
que antes del destronamiento.
¡Viva la Reina!

MARIANA
¡Conforme! Que viva...
¡en el extranjero!

DON FLORITO
¡Taday, Carlota Corday!
(Volviendo al periódico).

MARIANA
¡Miren este Papa Negro!

DON FLORITO
La duquesa Carolina
está en Portugal.

MARIANA
Lo siento.

DON FLORITO
¿Por qué?

MARIANA
Porque me parece
que no está bastante lejos.
(Señalando a la izquierda)
Un poco me tranquiliza
tener el río por medio.

DON FLORITO
¿Y mi niña?

MARIANA
Con más murria cada día.
No la veo casada con Don Vidal,
aunque ya sé que en el pueblo
las dos amonestaciones han corrido.

DON FLORITO
Pues yo creo que
está muy enamorada.

MARIANA
¡Y yo! de Javier Moreno.

DON FLORITO
Pero si eso ya no existe.
¡Javier ha subido al cielo!
Iba en las tropas leales
en Alcolea, y me temo,
(vamos a decir) que el pobre,
(es un digamos) ha muerto.

MARIANA
¡Ojalá! Vamos, Don Floro,
a rezarle un padrenuestro.

VIDAL
(Saliendo por el foro izquierda)
Buenas tardes.

MARIANA
¡Don Vidal!
¿Viene andando desde el pueblo?

VIDAL
Es un paseíto. ¡Qué!
¿Les gusta mi tierra?

DON FLORITO
A tiempo
me viene usté a preguntar,
porque ahora pensaba en ello.
¡Qué encinares! ¡Qué bellotas!
Y ¡qué olivos! Y ¡qué cerdos!

VIDAL
¿Saben ustedes de Aníbal?

MARIANA
Hace seis días lo menos
que no viene por aquí.

VIDAL
Lo mandé, y ya me arrepiento,
por el traje de la novia a Castello Branco.
Pienso que debía estar de vuelta desde ayer.

MARIANA
¿Está muy lejos Castello Branco?

VIDAL
Diez leguas.

MARIANA
Entonces... para San Pedro,
que es dentro de siete meses,
me figuro que habrá vuelto.

DON FLORITO
Pero ¿el traje de la novia
es portugués?

VIDAL
Y soberbio.
¿Dónde está Luisa Fernanda?

MARIANA
Está, como siempre, adentro.

DON FLORITO
Luisa, ¿no sales? Voy yo.

(Mutis de Don Florito a la casa)

VIDAL
Mariana... cómo la quiero.

MARIANA
Pues ella a usté... ¡no digamos!
Voy a buscarla: un momento.

(Mutis de Mariana)

VIDAL
¡Van por ella…! ¡Adentro siempre!
Es muy extraño todo esto.
Pero, si ya va a ser mía,
no caviles, pensamiento.

(Música)

Vidal y Coro de Vareadores

CORO
(Dentro)
Si por el rido, si por la vera,
si por el rido se fue la mi morena.
Sin mi morena, morena clara,
sin mi morena no sirvo ya pa nada.

(Salen por el fondo izquierda parejas de hombres y mujeres con varas. Cada pareja trae una espuerta llena de bellotas)

VIDAL
Bienvenidos los vareadores.

CORO
Dios le guarde, señor Don Vidal.

VIDAL
Ya que alegres venís y cantando,
con vosotros yo quiero cantar.
Cantar mis amores,
pues me enamoré.

CORO
Amores que cantan
acaban en bien.

(Los vareadores, que han dejado en el suelo sus espuertas, vienen a colocarse, oblicuamente, a la izquierda, dando frente a la casa. Vidal queda delante de ellos)

VIDAL
En una dehesa
de la Extremadura
tengo una casina,
blanquina y chicuca.
Parece un palacio
mi pobre casina,
pues guarda una moza
como una infantina.

(Los vareadores, entrechocando sus varas, marcan el ritmo de la canción)

Me llena de gozo
saber que la moza
me aguarda y me espera
contando las horas;
pensar que la tratan
igual que a una reina
y ser en mis prados
el rey que la espera.
¡Ay, mi morena,
morena clara!
¡Ay mi morena,
qué gusto da mirarla!`
Toda la vida
mi compañera,
toda la vida
será la mi morena
¡Ay, mi morena,
morena clara! Etc, etc.

CORO
¡Ay, mi morena,
morena clara! Etc., etc.

VIDAL
Por los encinares
de la mi dehesa
los vareadores
van a su faena.
Por los encinares
voy en mi caballo
pa ver a la moza
que me ha enamorado.
Será, si Dios quiere,
el ama y señora
de mis encinares
y de mi persona.
Y de los pastores
de la dulce gaita,
que harán las delicias
de su soberana.
¡Ay, mi morena,
morena clara! Etc., etc.

CORO
¡Ay, mi morena,
morena clara! Etc., etc.

(Hablado)

VIDAL
Vais a conocer al ama.

TODOS
¡Viva el ama!

MARIANA
(Saliendo)
Buenas tardes.

VIDAL
Ya comprenderéis, amigos,
que ésta no es.

MARIANA
Ahora sale.

(Sale Luisa Fernanda seguida de Don Florito)

VIDAL
Mirad esos ojos negros,
que están diciendo: ¡Miradme!,
y esa planta de princesa
y ese garbo... que es el aire madrileño
que respiran las manolas por la calle,
y decidme, con franqueza,
si es pecado enamorarse.

MARIANA
¡Bien parlado!

DON FLORITO
(A Mariana)
El extremeño
se salió por madrigales.

LUISA FERNANDA
Quisiera corresponder
a tus elogios amables
haciendo ponderación
de tus prendas personales;
mas no acierto con palabras,
porque es un difícil arte,
a pintar mis opiniones,
que tú de corrido sabes.

VIDAL
Una palabra muy corta.
¿Me quieres?

(Luisa Fernanda afirma con la cabeza levemente)

Pues es bastante.
Y ahora, ¡a merendar!

DON FLORITO
¡Eureka!
Porque yo sentía un hambre...

ANIBAL
(Dentro por la izquierda)
¡Ya estoy aquí!

MARIANA
¡Cómo siempre!

VIDAL
(Viéndole aparecer)
Pero... ¡hombre!

ANIBAL
(Saliendo)
¡No hay que enfadarse!

VIDAL
¿Cumpliste mi comisión?

ANIBAL
Como cumple a mi persona.
Y aquí tiene usté las vueltas.
Costó el vestido diez onzas,
cuatro duros la posada,
dos más el paso de aduana
y lo demás va en la bolsa.

(Le entrega una bolsita).

VIDAL
¿Y la aduana?

ANIBAL
¡Me ofende
que me hable usté de esas cosas!

VIDAL
¿Lo entraste de contrabando?

ANIBAL
Sudando la gota gorda.
Eso de llegar, pagar
y pisar tierra española
como se entra en una iglesia,
sin que haya un poco de bronca,
no va conmigo ni da
un tantico así de gloria.

DON FLORITO
¡Incorregible!

MARIANA
Este Aníbal…

ANIBAL
Genio y figura, señora.
Le advierto a usté que la hazaña
me costó tres intentonas,
porque esos carabineros
abundan más que las moscas.
¿Por aquí?... No, que te miran
desde lo alto de la loma.
¿Por aquí?. . .Tampoco.
Hay un carabinero en la copa
de un castaño, que parece
un cuco con tercerola.
¿Por aquí?... Nequaquam vobis.
Y, en esto, veo una trocha
de cañares y me digo:
¡Por aquí! Y apenas logra
mi jaca con mil apuros,
salir entre tanta broza,
ocho o diez carabineros
que a los dos nos encañonan.
Y ocho o diez tiros que suenan
y mi jaca que galopa
y yo que logro escapar,
aunque mascando la pólvora.
¿Es grande? Pues lo más grande
es que el vestido de novia que
compré en Castello Branco...
me lo he dejado en la fonda.

VIDAL
¿Qué dices?

ANIBAL
El Evangelio.
¡Si me he dado cuenta ahora!
¡Claro! ¡Las prisas!

VIDAL
Te vuelves
a Portugal y si tornas más tarde
del mediodía de mañana...

ANIBAL
¡Es mala sombra!
¡Triunfar y que no me luzca
el precio de la victoria!

VIDAL
¡Ea, amigos!

DON FLORITO
¡La merienda!

(Van haciendo mutis todos por el fondo derecha)

ANIBAL
(Comiendo un puñado de bellotas y alzando el puño)
Como vuelva a Portugal,
juro por estas bellotas
que dejo de ser Aníbal
y soy el bobo de Coria.

(Corta el paso a Luisa Fernanda, que queda la última para el mutis, y la trae a los primeros términos)

Un momento.

LUISA FERNANDA
¿Qué hay, amigo?

ANIBAL
¡Mas bajo!

LUISA FERNANDA
¿Un secreto?

ANIBAL
Sí.
En Portugal lo aprehendí
¡con hache! y viene conmigo.

LUISA FERNANDA
Y ¿a mí me interesa?

ANIBAL
¿Cuándo me atrevería?

LUISA FERNANDA
(Sobresaltada)
¡Javier! Pero, ¿qué es lo que pretende?

ANIBAL
Hasta a Don Vidal Hernando
le meto yo contrabando,
si hay riesgo y si es menester.

LUISA FERNANDA
¡Qué imprudencia!

ANIBAL
¡De las mías!
Lleva el sello.

LUISA FERNANDA
¿Y qué pretende?

ANIBAL
Usté le llama
y se entiende con él...
¡Muy buenos días!

LUISA FERNANDA
No le quiero.

ANIBAL
Eso es la bola
más grande del Escorial.

LUISA FERNANDA
Llega tarde.

ANIBAL
Eso es fatal
entre la gente española.
Está vencido, escapado
de la rota de Alcolea.
¡Cuando a mí me ha impresionado!...
¡Y a mí no se me blandea
con un cuento bien contado!
No es ya nadie.

LUISA FERNANDA
Su ambición
le ha perdido.

ANIBAL
¡Pobre!

LUISA FERNANDA
(Como un eco)
¡Pobre!

ANIBAL
Pues al pobre con el cobre
se le da satisfacción.

LUISA FERNANDA
(Reaccionando)
¿Qué es lo que quiere de mí?

ANIBAL
Verla un instante.

LUISA FERNANDA
¿Y la gente?
¿Y Vidal?

ANIBAL
Pero usté cuente
que para eso estoy yo aquí.
Yo, que les hablo, les grito,
les mareo... ¡me los como!

LUISA FERNANDA
¡Ay, Aníbal, necesito
mucho valor...!

ANIBAL
¡Ecce homo!
Yo le prestaré un poquito.

LUISA FERNANDA
¿Dónde está?
ANIBAL
¡Ya vamos bien!
¡Muy lejos! Pero, hoy en día
que se viaja en ferrovía...

(Da un silbido prolongado)

¡Ya suena el pito del tren!

(Hace mutis por el foro derecha).

(Música)

Dúo de Luisa Fernanda y Javier

LUISA FERNANDA
¡Cállate, corazón!
¡Duérmete y calla!
No debe retoñar
la hierba mala.
¡Ay, qué tendrá
el amor de venenoso,
que cuando más cruel
es más sabroso!
Duérmete y calla;
que no retoñe más
la hierba mala.

(Se sienta en una silla, apoyando la cabeza en una mano, pensativa y perpleja. Sale Javier por el fondo izquierda, silenciosamente, escurridizo y temeroso; pero al ver a Luisa Fernanda, se acerca a ella más resuelto de ademán, aunque se expresa con voz velada)

JAVIER
¡Dichoso el que en su camino
de duelos y de pesares
escucha una voz amiga
que alegra sus soledades!
¡Felices los desterrados
que encuentran en su destierro
para el dolor de una ausencia
el bálsamo de un recuerdo!

LUISA FERNANDA
Calla, por Dios, Javier,
no me atormentes.
Vete, por caridad;
déjame y vete.

JAVIER
Vengo a decirte ¡adiós!
Ya es para siempre.

LUISA FERNANDA
Nunca más te veré.
¡Dios me consuele!

JAVIER
Con la esperanza voy
de que aún me quieres.

LUISA FERNANDA
Contra mi voluntad,
te quise siempre;
cuando fuiste ilustre,
cuando no eras nadie,
cuando me quisiste,
¡cuando me olvidaste!

JAVIER
¡Subir, subir
y luego caer,
la fortuna alcanzar
y volverla a perder!...

LUISA FERNANDA
¡Amar, amar,
sin dejar de creer,
y venir el amor,
cuando no puede ser!...

(Javier hace ademán de acercarse a Luisa Fernanda. Ella le detiene con el gesto. El, lentamente, se dirige hacia el fondo izquierda. Antes de hacer mutis, vuelve a mirarla)

JAVIER
¡Subir, subir
y luego caer... !

(Mutis).

LUISA FERNANDA
¡Y venir el amor
cuando no puede ser!

(Todavía se oye como un eco de la voz de Javier que se aleja. Luisa Fernanda se enjuga una lágrima y, en este trance, la sorprende Vidal, que aparece por el foro derecha)

(Hablado)

VIDAL
Montaraza de mis montes,
relicario de mis sueños,
¿qué haces sola y apartada
de cuantos bien te queremos?

LUISA FERNANDA
Me distraje...

VIDAL
Pero... ¿lloras?
¿Qué les pasa a tus ojuelos?

LUISA FERNANDA
¿Por qué llorar? Ya me río.

VIDAL
Ríen tus labios, el ceño
de tu frente es caviloso,
suspira mudo tu pecho
y adivino, así me engañe
que gime tu pensamiento.

LUISA FERNANDA
Te engañas, Vidal, te engañas.

VIDAL
Si yo me engaño, me alegro.
Si tú me engañaras, niña,
mejor sería no verlo
¿No me quieres?
Me lo dices.

LUISA FERNANDA
Te quiero cuanto te debo.

VIDAL
Que no me otorgue el deber
lo que pido al sentimiento.

LUISA FERNANDA
Deja temores y deja
lo dudoso por lo cierto.
Muy pronto seré tu esposa
y el día que nos casemos,
te juro que los umbrales
de nuestro hogar recién hecho
no pisaran las memorias
que a nuestra espalda dejemos.
Tú serás toda mi vida
y lo demás habrá muerto.

VIDAL
¡Habrá muerto lo demás!
Luego hoy vive en tu recuerdo.

LUISA FERNANDA
¡No le temas a enemigo
que aspira su último aliento!

(Haciendo una rápida transición)

¡Venga! ¡Alegría! ¡Cantares!
¡Que dancen los extremeños!
¡Que beban! ¡Que se diviertan!
¡Que cuente Aníbal un cuento!
(A Vidal) Y ¡alégrate, corazón,
que quiero verte contento!

ANIBAL
(Saliendo por el fondo derecha con algunos otros).
¿Es a nosotros?

VIDAL
El ama que,
como tiene buen genio,
quiere que todos se alegren
al son de los tones nuestros.

ANIBAL
(Animando a los que están fuera)
¡A mí, guerrillas!

VIDAL
Que bailen la danza del cerandero.

(Van saliendo todos a escena menos Don Florito)

ANIBAL
Eso no es de mi parroquia,
pero yo pronto lo aprendo.

(Vidal se coloca a la izquierda; Luisa Fernanda y Mariana, a la derecha, y el Coro con Aníbal, en el centro)

(Música)

Final del acto III

CORO
(Mientras que seis parejas bailan)
El cerandero se ha muerto
y no tiene quien le llore;
que le llore la ceranda,
que es a quien le corresponde.
Que con el cerandero, andero y andar,
que con el cerandero mi amante
se va a ser soldadito, ¡cuándo volverá!
¡Pobrecita novia, cuánto llorará!.
(Recitado) ¡Bomba!

UN VAREADOR
(Se destaca de un grupo y se pone de rodillas delante de una moza)
Eres espiga de oro,
cogida grano por grano;
eres la mejor doncella
que mis ojos han mirado.
Y tú, que lo disimulas,
me mirabas por lo bajo
y también te sonreías
con la punta de los labios.

(Vuelve el baile, formando pareja principal el vareador y la moza)

CORO
El cerandero se ha muerto
y lo llevan a enterrar;
le han echado poca tierra
y ha vuelto a resucitar.
Que con el cerandero,
andero y andar, etc., etc.
(Recitado) ¡Bomba!

ANIBAL
¡Esa bomba es mía!

(Se adelanta, toma a Mariana por una mano, la trae al centro de la escena e híncase de rodillas ante ella)

De rodillas y a tus pies
te pido un baile, bailero,
porque esto del cerandero
se aprende en un dos por tres.
Bailemos, gacela mía,
cual pluma que lleva el viento...
¡y olvida de tu convento
la triste cárcel sombría!

(Baila de nuevo, Aníbal, cómicamente, con Mariana)

CORO
El cerandero me ha dicho
que no se vuelve a morir;
no quiere que la ceranda
la pueda sustituir.
Que con el cerandero,
andero y andar, etc., etc.
(Recitado) ¡ Bomba !

(Aparece Javier, abriéndose paso entre los grupos y arrodillándose delante de Luisa Fernanda)

JAVIER
Aunque me cueste la vida,
vengo a implorar tu clemencia.
Tanto me da que me maten
como morirme de pena.

LUISA FERNANDA
Vete, Javier...

JAVIER
(Levantándose)
¿Para siempre?

LUISA FERNANDA
¡Vete, Javier, y no vuelvas!

VIDAL
¡Basta!

MARIANA
¡Vidal: es un loco!

VIDAL
Yo dictaré la sentencia.

ANIBAL
(Aparte y con voz suave)
¡Bomba!

LUISA FERNANDA
¡Vidal!

VIDAL
¡Es inútil! Contra el amor
no hay quien pueda.
Tú con el alma concedes,
mientras con la boca niegas,
porque a las raíces hondas
ningún viento se las lleva.
¿No me quieres? Me lo dices.
¡Bien me lo has dicho, morena!

LUISA FERNANDA
Seré tu esposa.

VIDAL
Mañana no quiero que lo parezca
y estemos, uno del otro,
más lejos cuanto más cerca.
Vete con él. De la casa toma
tu ajuar y tus prendas.
También va mi corazón contigo;
mas no le temas,
que un corazón que perdona
no es una carga que pesa.

LUISA FERNANDA
¡Adiós, Vidal!
Dios te ayude.

VIDAL
¡Adiós..., hija!

JAVIER
Y así sea. Déle usté un beso de padre.

VIDAL
¡No! No lo intentes, siquiera,
porque si llego a besarla...
¡mira que no te la llevas!

(Luisa Fernanda, con Javier y Aníbal, entran lentamente en la casa. Hay una dolorosa pausa)

¡Dejadme solo! ¡Dejadme!
Marchaos a la faena.

CORO
(Haciendo mutis por distintos lados, cantando en voz baja)
Si por el rido,
si por la vera,
si por el rido
se fue la mi morena.

VIDAL
(A quien acude Mariana, con ademán cariñoso)
¡Sin mi morena
morena clara,
sin mi morena,
no sirvo ya pa nada!



FIN DE LA ZARZUELA


Información obtenida en:
http://www.zarzuelaoviedo.es/programas/libreto-luisafernanda.pdf

2 comentarios:

  1. jacobo rios-capape carpi29 de noviembre de 2014, 17:12

    grande texto!!!!!

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    1. Efectivamente jacobo, Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw fueron dos grandes escritores que colaboraron en grandes éxitos zarzuelísticos como Doña Francisquita, El Caserío, El Dictador, La Villana, La Rosa del Azafrán, etc.

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