lunes, 9 de junio de 2014

Goyescas (Libreto)



GOYESCAS

O

LOS MAJOS ENAMORADOS



Opera en un acto y tres cuadros.
 
Libreto de Fernando Periquet.

Música de Enrique Granados.

Estrenada el 28 de enero de 1916 en el Metropolitan de Nueva York.



REPARTO (Estreno)

Rosario – Anna Fitziu.

Pepa – Flora Perini.

Fernando – Giovanni Martinelli.

Paquiro – Giuseppe de Luca.
 
Los bailarines Rosina Galli y Giuseppe Bonfiglio.


CUADRO PRIMERO

(Frondosa arboleda. En el fondo la ermita de San Antonio de la Florida. Un merendero a la derecha. Sol espléndido. Majas y Majos retozan alegremente. Algunas mantean un pelele. Ellos cortejan desenvueltamente a las hembras. Entre dos Majos destácase Paquiro. Mucho movimiento en escena. Fernando, oculto a todas las miradas, pasea impaciente dentro del merendero)


ESCENA PRIMERA

MAJAS
Aquí como allá,
Madrid su alegría ardiente
derramando está. ¡En un tris! ame por
amar... Que por amar vendrá a dar en pelele
quien fíe y no vele. Venga cortejo bravo y
gentil... mas no un zascandil... Si el
Manzanares y la Florida son nuestra vida, lo
es también el cariño de un galán que así ¡en
seguida! corresponda a nuestro afán.
¡Gracejo sutil, donaire sin par, tan sólo se
pueden hallar aquí! Que al repartir Dios sus
dones nos puso a montones la sal en Madrid.
¡En Madrid! Pero no de ingratas nos tachéis,
que esa gracia que nos veis y que os hace
suspirar, ¡risa y chiste y desparpajo! sólo a un
majo hace gozar.

(Al pelele, manteándole)

¡Salta, pelele, salta que salta!

MAJAS
(Al pelele)
¡Salta, salta! Un hombre así nunca
falta. Que una manola mejor va sola que
acompañada por un zascandil. Dicen que el
viento del Guadarrama da fe a quien ama. Sí
dará, y a la vista el caso está, pues majas y
majos son en toda ocasión modelos de
pasión. Es vano todo ardid que intente
desviar tal viento de Madrid. ¡Sal y navajas,
flores y majas son cosas de aquí!

(Al pelele)

¡Pero ved!... ¡Poco le falta para que vuele!
¡Salta, pelele, salta que salta! ¡Siempre el que
amó cual tú, saltó! Joven o viejo siempre un
cortejo veré tras mí. Que una hembra encierra
cuanto en la tierra no es baladí.

MAJOS
¡Oh! nadie siente como la gente que nace
aquí.

(Refiriéndose a las Majas)

¡Ved si esta
cara de amor consuelo, hallarse puede sino
en Madrid!... Yo no cambiara ni por el cielo,
hembras que son así. Sus ojos ¿qué tendrán
que ofrecen y no dan? Poca alegría el sol
diera pese a su poder, si entre nosotros no
hubiera el amor a la mujer. ¡El amor!... ¡No
sé si fuera de aquí sienten los hombres igual
frenesí!

(Viendo saltar al pelele)

¡Pelele fuera
si yo pudiera! Joven o viejo siempre el
cortejo vivirá en mí.

MAJOS
(A las Majas)
Loco tras ellas voy, que al fin,
ser un pele poco me duele si afortunado soy.

(A las Majas)

¿Piensas en mí? Contesta, di.
¡Pues bueno fuera que en la Pradera faltase
amor! No se llamara Florida, si no diera vida
a esa flor. ¡La más hermosa flor! Campo y
mujeres son dos placeres, bien claro está.
Mas las hermosas son peligrosas de sobra ya.
Ante unos labios mintiendo agravios, jamás
doy paso atrás.

PAQUIRO
(Piropeando a las Majas)
Aroma dais al aire,
flores de pensil, y admiráis por el donaire,
tan gentil, que vuestra hacéis toda alma varonil.
Porque es vuestro perfume, flores de pensil,
tan sutil, que embriagáis por do vais.

MAJAS
(Volviendo a Paquiro)
Se estima tal piropeo y
aun más, no siendo feo nuestro doncel. ¡Ya
sabe él que nos complace lo que hace; mas su
amor es fingido y engañador! Le place el
mariposeo, volar de flor en flor... Por eso es
mejor tomarle a chanza, y no sentir el dolor
de ver muerta una esperanza. Pero se estima
su favor.

(Oyense cascabeles de calesas)

¡Que se sepa che ama a la Pepa, que ya está ahí!
¡Ven, vuela, Pepa; Paquiro está aquí!

MAJOS
¡Siempre fue mozo de bureo, mas hoy en
jaleo no ha entrado con buen pie! Están ellas
hartas de tal gaché. ¡Ya se ve! Se agradeció el
piropeo y no logró convencer... ¡Tómalo a
chanza! Que es lo mejor, por no sufrir el
dolor de ver muerta una esperanza. ¡Paquiro,
no juegues con el amor! Que ya la Pepa viene
en calesa... ¡Pepa, ven ya! ¡Paquiro aquí está!


ESCENA SEGUNDA

Pepa aparece en calesa por el fondo. Majas y Majos la jalean.

MAJOS
(Al ver a Pepa bajar del coche)
¡Esa chiquilla parece en sí llevar más sal
que la que encierra entero el mar! ¡Más sal!

MAJAS
Nadie a Pepa la gracia puédele negar.

MAJAS y MAJOS
¡Olé, olé!

MAJOS
(Por Pepa)
¡Vivan las manolas y que vivan
sus mamás, que en los Madriles se ven no
más!

(Imitando el ruido del látigo al chasquear)

¡Chás!... ¡Chás!... ¡Chás!

PEPA
(Avanzando satisfecha)
Si reina ya coronada
viniese hoy, no fuera más aclamada, de lo
que soy. Al verlos palpito alegremente. Veo a
mis majos, veo a mi gente.

MAJAS y MAJOS
Veo en ti tal arte que sólo al mirarte hay ya
que adorarte. Cual tú, no hizo Dios ¡ni dos!

MAJAS
En verdad que hay que admirarte...

PAQUIRO
(Sin mucho entusiasmo)
Piden tus ojos esclavitud.

PEPA
Danme los tuyos vida y salud.

PAQUIRO
(Desdeñoso)
Ya tienes muchos en pos de ti.

PEPA
Te amo, Paquiro, con frenesí.

MAJAS
Glorias y dichas Dios les dé, pues dignos son
de su pasión. ¡Tal amor no vi jamás!

MAJOS
Son los dos gallardos; los dos emparejan,
porque se asemejan. y encanto tal hay en su
amor, que ahuyenta el mal en derredor.

MAJOS
Son los dos gallardos; y amar deseo cuando
los veo. ¡Amar! ¡Amar!

MAJAS
También él se hace amar.

MAJOS
(A Paquiro)
¡Con ella al cielo vas!

(A Pepa)

¿Quién no se calla si al sentir tu tralla el
amor estalla y hasta goce das?

(Imitando el ruido del látigo al chasquear)

¡Chás! ¡chás!
¡chás! ¡Vivan las manolas y que vivan sus
mamás, que en los Madriles se ven no más!

MAJOS
¿Quién no calla, si tú das? ¡Chás! ¡chás!
¡chás!

MAJAS
Mas el caso es que si son ellos dichosos, no
lo somos las demás.

MAJAS
¡Por qué sois tan sosos como nunca otros
majos vi jamás!

MAJOS
(Viendo llegar a Rosario en litera con lacayos)
Mas callad ya, y ved quién llega acá.

PAQUIRO
¡Es Rosario! ¡Un ensueño de mujer! ¡La más
bella que alcancé yo a ver! ¡Tan bella, que
bien podría decir ella que entre las bellas
descuella!

MAJAS y MAJOS
(Con misterio, observando a Rosario)
¡La duquesa famosa en amor! ¿A qué vendrá?
¿A quién buscará? ¿Qué querrá? ¡A alguien
aguarda que tarda! ¿A quién buscará?


ESCENA TERCERA

Rosario se apea de la litera y avanza buscando a Fernando, a quien no ve. El sí la vede, y la observa. Rosario muéstrase contrariada ante el gentío. Paquiro acude caballeroso a ella. Pepa, Majas y Majos observan la escena, sorprendidos. Los lacayos desaparecen con la litera.

ROSARIO
(Aparte, buscando a Fernando)
El sitio y la
hora son; pero él no vino a mí...

PAQUIRO
(Aparte buscando también en vano)
¿A quién
busca, que no vi?

ROSARIO
(Aparte, con temor)
Siento sin él vago recelo...

PAQUIRO
(A Rosario, caballeroso e insinuante)
¿Recuerdas aquel baile de candil? ¿Por qué a
él no vuelves hoy, gentil?

FERNANDO
(Aparte, al oír lo que dice Paquiro)
¡Ay de mí, si me envuelve la traición!

(Preséntase ante Rosario)

PAQUIRO
(Aparte, sorprendido al ver a Fernando)
¡La esperaba el capitán!

ROSARIO
(Acogiéndose amorosa a Fernando)
¿Dónde estabas tú, mi cielo?

FERNANDO
Temiendo entre sonrojos que este torero
fuese a tus ojos galán.

ROSARIO
Mira, Fernando, no seas conmigo cruel:
¡muerta antes me veas que infiel!

ROSARIO
(Todos juntos)
(A Fernando)
Si albergó sombras tu corazón,
de ello no hay razón. ¿Por qué dudas de mi
pasión?

FERNANDO
(A Rosario)
¡Ah! ¿Por qué eres tú mi ilusión?

PEPA
(Aparte)
Poco poder el mío ha de ser si no me
adueño de esa mujer ¡y tenaz será mi empeño!

PAQUIRO
(Aparte)
¡No sé resistir tal sufrir!

ROSARIO
¿Por qué, Fernando, sigues dudando?

FERNANDO
¿Por qué tú eres mi ilusión?

ROSARIO
Toda tu duda acabe.

FERNANDO
¿Quién sabe?

ROSARIO
Lo sé yo. ¿Te basta, ser de mi ser?

FERNANDO
Tu lealtad lo ha de hacer.

ROSARIO
¡Pues está hecho ya!

FERNANDO
¡Son mis celos monstruo torcedor!

ROSARIO
Pues el monstruo morirá con nuestro amor.

PEPA y MAJAS
¡Ja, ja, ja, ja! Difícil fuera adivinar lo que en
amor puede pasar. ¡Ja, ja, ja, ja! El caso es
singular.

PAQUIRO
Yo no puedo resistir.

ROSARIO
Yo en ti cifro mi bien entero, y de amor
muero, ¡Fernando del alma mía!

FERNANDO
(Demostrando celos)
¡Si a un baile fuiste un
día, que vuelvas a él quiero!

ROSARIO
¡Yo!... ¿Para qué he de ir?...

PEPA
(Aparte, al oír lo que ha dicho Fernando)
¡Acudir al baile, fuera osadía!

PAQUIRO
¡Cuánto sufrir!

MAJOS
Yo juraría que él en ella no confía.

MAJAS
(Los cuatro personajes a la vez)
Siempre aquel que amó sombras surgir vio.

ROSARIO
(A Fernando)
Sé tu empeño en ir allí, si ya lo vi.

FERNANDO
(A Rosario)
Mas no creas ir allí, sin mí.

PEPA
(Aparte)
Que se guarden allí de mí.

PAQUIRO
(Aparte)
¡Ay de los dos allí!

PEPA
(Aparte)
¡El la pone a dura prueba, sin saber
dónde la lleva!...

ROSARIO
(A Fernando)
Yo no sosiego viéndote de ira
ciego.

FERNANDO
Yo no sosiego hasta acabar el juego.

PEPA, PAQUIRO, MAJAS y MAJOS
Ya verán luego que eso es jugar con fuego.

PEPA
(A Fernando, con sorna)
El baile es a las nueve.

PAQUIRO
(A Fernando, refiriéndose a Rosario y al capitán)
¿Los dos?

FERNANDO
(Con aplomo)
Puntual soy cual se debe.

ROSARIO
(Suplicante, a Fernando)
¡Por Dios!...

PEPA
(A las Majas)
¡Es un valiente capitán!

ROSARIO
(Temerosa)
¡Qué horrible plan!

FERNANDO
(Altanero)
Irá conmigo...

PAQUIRO
(Con ira)
¡Logró su afán!

FERNANDO
Juntos iremos al baile.

PAQUIRO
(A Fernando, amenazador)
¡Id, que allí oiréis
lo que os digo!...

(Vanse Rosario y Fernando)


ESCENA CUARTA

Repítese el manteo del pelele.

MAJAS
¡Vuelva la alegría, y no acabe ya jamás, la
algarabía!

(Imitando latigazos)

¡Chás, chás, chás!... Porque en este día gozo
cual nunca quizás de la alegría. ¡Chás, chás, chás!...
Del encanto de este sol y este lugar, gozar como
ahora sin cesar, impaciente el corazón ansía,
ahuyentando el pesar. ¡Sol abrasador, la sangre
maja enciende; surge así el amor y sus
redes tiende... que es lo mejor! y surge así el
amor... ¡y de la vida es lo mejor!

MAJOS
Es menester, si del campo se ha de gozar, la
mujer. Vivir sin amar jamás dio placer.
¡Majas adoradas, la felicidad nos dais bajo
estas enramadas! Sólo las majas sabéis
encantos a porfía dar, cuando queréis amar.
¡Chás, chás, chás!... ¡Sol abrasador, la sangre
maja enciende; que es lo mejor! y surge así el
amor, el que sus redes tiende, ¡y de la vida es
lo mejor! ¡La vida es amor!

(Vocerío, algazara, animación)


TELON


CUADRO SEGUNDO

(Gran cuadra. Pendiente de las gruesas vigas de madera, un candil, cuya débil luz alumbra únicamente la estancia. Majas y Majos, entre ellos Pepa y Paquiro, rodean a la pareja que baila el fandango al son de una guitarra. Es de noche)


ESCENA QUINTA

MAJOS y MAJAS
(A las bailadoras)
Siempre fue lindo el pie,
que al bailar supo hablar.

(Suenan dos aldabonazos. Paquiro dirígese a la puerta y la abre por propia mano. Las miradas de todos se dirigen a la puerta)

MAJAS
Parece que los usías ya están aquí. Verás si
halla un valiente quien aún lo es más.

MAJOS
Ya están ahí; pronto hemos de ver su poder.

MAJOS
Son muchas sus gallardías; nunca creí que se
atrevieran a entrar aquí. ¿Qué va a suceder?

(Entran Rosario, temerosa, y Fernando, altanero)

ROSARIO
(A Fernando)
¡Ah, ten de mí piedad, por caridad!

PEPA
(Copleando con intención)
Una gran dama
gentil tanto quiso ver y vio, que en un baile
de candil se metió.

ROSARIO
(A Fernando)
¡Ah, cantan ya por mí!

FERNANDO
(A Rosario)
Pronto han de callar.

MAJOS
¡Es mucho afirmar!

FERNANDO
(A todos)
No veáis en mí ni altivez ni capricho,
mas lo dicho, lo repito aquí otra vez.

MAJOS
No está bien tanto desdén. Pues altivo se
mostró, no es que sepa hablar lo que debe
demostrar.

MAJAS
(Aparte)
El caballero no es un cordero. Nadie
aquí soportó lo que él habló.

PAQUIRO
(A Fernando, con sorna)
Señor, en vez de tanto hablar
ved si esa dama quiere bailar.

PEPA
(Con desgarro)
¿Pa qué la trajo tan gentil a
nuestro baile de candil?

FERNANDO
(Provocador)
¡Por guapo!...

ROSARIO
(Con miedo, a Fernando)
¡Vámonos, sí!...

MAJAS
¡Ay, de mí!

PAQUIRO
(A los majos y majas, con desenvoltura)
¡Baile a todo trapo!

FERNANDO
(Aparte, a Rosario)
¡Calma, que salir de aquí
no es fácil lance!

MAJOS y MAJAS
(Con burla)
¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!

ROSARIO
(Aparte, a Fernando)
A mis palabras valor no des,
que sólo por salvar el trance tengo interés.

PEPA, MAJAS y MAJOS
Una gran dama gentil tanto quiso ver y vio,
que en un baile de candil se metió...


ESCENA SEXTA

PAQUIRO
(A Fernando)
Si lo que os trajo no fue la
danza, no hay aquí un majo
que no se ofenda por vuestra chanza.

FERNANDO
De veras que lo siento.

(A Rosario)

¿Mas qué
hacer ya?

ROSARIO
¡Por Dios!

PAQUIRO
(Reprimiéndose)
Creed que vuestro intento
lamento.

PEPA
(A sus amigas)
¡Verdad que bravos son!

MAJAS y MAJOS
¡Bravos son!

ROSARIO
(Suplicante, a Fernando)
¡Por Dios, ten compasión!

FERNANDO
(A Paquiro)
La invitación hiciste a esta dama sola,
pero mi amor amparo diola por precaución.

PAQUIRO
Pues si sola la invité no he de deciros por qué
ni admito comento.

FERNANDO
(Altivo)
¿Que no?... ¡Ya verás si el cuento
comentaré!

MAJAS
Por fin parece que el caso van a zanjar de
modo trágico acaso. Si dos hombres de una
mujer, se arrebatan el querer, no hay más salida
que conquistarla con la vida. Cuando se
encuentran frente a frente hombres de valor,
locos de amor, sangrientamente sólo saben
zanjar su amor ardiente. y en amor, precisa-
mente, no más la calma templa el ardor

(Bis); pero un rival para un valiente es superior al
más sentido amor. y atiende su mal no al
cariño y sí al honor.

(Refiriéndose a Rosario)

¡Qué mujer! ¡Ni el Escorial entero dio tanto
que hacer! ¡Ojalá a los dos se los lleve Dios!
Veo este final muy mal. Es preciso despreciar
todo lo que habló, que al cabo el usía debiera
pensar que nadie en su pro aquí ha de
encontrar.

(Evitando que Paquiro y Fernando riñan)

Termine la porfía. ¡Basta!
¡Quietos! ¡No más retos!

MAJOS
Pues los dos se hallaron al paso concluirá
presto el caso. En cuestiones de mujer, no hay
más salida que resolverlas con la vida. Va en
ello nuestro honor. ¡Oh, las hembras ante un
valiente hállanse mejor, y siempre a los
cobardes niéganles su amor! Al traer tal
mujer ¡debió callar! ¿Pretende vencer al
insultar? ¡Tendrá esa acción contestación!
¡Veo esto muy mal! ¡Muy mal! Creo están
igual que corderos perdidos en un zarzal.
Que él se halle loco o no, tanto se me da;
pero oyendo lo que ahora habló, ni un majo
aquí podrá tener paciencia ya... Es siempre
una mujer la que al hombre hace perder felicidad
y vida cuando nos pone frente al odio
del amor. ¡Todos los hombres somos iguales
ante el honor! Prestan valor al hombre que es
valiente, odios de amor. ¿Para qué mostrar
sobra de valor si, en los lances de amor, no
fuésemos cabales hombres de honor? ¡Ea, ea,
y que vea que aquí hay quien da y dará!...

(Avanzando sobre Fernando. Las majas les contienen)

ROSARIO
Es el amor de la mujer, flor maldecida ¡que
no halla nunca paz en la vida!

FERNANDO
(Mirando agresivo a los majos)
¡Ni atisbos de
valor veo en derredor!

PEPA
¡No es discreto un capitán que aquí trae su
amor, y aun nos habla de honor!

PAQUIRO
(Conteniéndose)
Soy un majo prudente. No
acepte aquí el reto; mas ponga el señor

(A Fernando)

a prueba mi valor en sitio mejor...

PEPA
¡Ya es suponer que nos fuesen a vencer!

ROSARIO
(Con terror)
¡Mi corazón late inquieto! ¡En qué
cubil, Dios mío, vine a caer! ¡Qué hora fatal!

FERNANDO
(A Paquiro, despreciándole)
Pensé hallar
aquí un hombre, pero no hay tal. No, no hay
valor.

PAQUIRO
No acepto aquí el reto. ¡No! ¡No!

ROSARIO
¡Por Dios, salgamos! ¡Basta de insultar!
¡Basta!

(Paquiro y los majos se abalanzan sobre Fernando, quien les ve avanzar impávido. Rosario se desmaya en brazos de algunas majas. Otras se interponen entre los dos rivales. Al desmayarse Rosario todos los presentes ponen su atención en ella, menos Fernando y Paquiro, que aprovechan la distracción para cruzar rápidas las frases siguientes de desafío)

FERNANDO
(Aparte, a Paquiro)
¿Hora?

PAQUIRO
(Aparte, a Fernando)
Las diez. En el Prado.
Y acabamos de una vez.

(Volviéndose alegre a sus amigos)

Esto concluyó.

FERNANDO
(Reparando en Rosario que vuelve en sí)
¡Rosario... por Dios! ¡Vida mía!

PAQUIRO
(Preguntando a todos con interés al darse cuenta del desmayo de Rosario)
¿Qué pasó?...

PEPA, MAJAS y MAJOS
(A Paquiro)
¡No aguantó! ¡No aguantó!

PEPA
(Con desgarro)
La algarabía ¡se terminó!

ROSARIO
(A Fernando)
¡Por Dios, salgamos!

FERNANDO
(A Rosario)
¡Sí, vamos!

(Sale Rosario, temblorosa, del brazo de Fernando. Éste, gallardo y retador. Majas y majos venles partir en calma, menos Pepa, altanera y burlona. Paquiro despide a Rosario con caballeroso rendimiento. Apenas desaparecen Rosario y Fernando, renace la alegría y se repite el baile)


ESCENA SEPTIMA

PAQUIRO
(Fingiendo alegría)
¡Fandango, pronto!

MAJOS y MAJAS
¡Bailad!

(Reanúdase el fandango)

PEPA
Yo cantaré, pues Dios me envía lo que anhelé.

PAQUIRO
(Aparte, con pena, mirando a la puerta)
¡Ella se fue con mi alegría!

MAJOS y MAJAS
¡Bailar hace olvidar!

PEPA
Así que el baile empieza, si hay donaire hasta
el aire se impregna de majeza.

TODOS
¡Olé!

MAJOS
¡Qué cosas dice a veces un pie! ¡Olé, olé, olé!..

MAJAS
¡Esto es Madrid y majeza, donaire,
sal y guapezas!... ¡Olé, olé, olé!...

MAJOS
Jamás gozó quien no bailó. Jamás bailar vi yo cual hoy aquí se vio.

(A las bailadoras)

En viéndote esos pies poco importa ya morir después. ¡Un majo es siervo fiel de esos pies!... ¡Venga, venga ese cantar; sí, a cantar, a cantar!

MAJAS
¡Bah, que venga el cantar,
que bien se hace esperar!

UNA VOZ
(Copleando)
La maja sí que ha de ser...

MAJAS y MAJOS
¡Viva la gracia!... ¡Olé!

UNA VOZ
Conforme Dios lo mandó, tres cosas ha de
saber: arrancar moños, querer y olvidad al
que olvidó.

MAJAS y MAJOS
¡Olé! ¡Olé! ¡Muy bien ese pie! ¡Olé! ¡Olé!...


TELON


CUADRO TERCERO

Jardín de un palacio en Madrid. Verja en el fondo, con puerta practicable. En último término, frondosa arboleda. Banco de piedra, con respaldo y brazos, en primer término a la derecha. Luna espléndida, derrama su luz entre el follaje.


ESCENA OCTAVA

ROSARIO
(Como en éxtasis, oyendo el canto del ruiseñor)
¿Por qué entre sombras el ruiseñor entona
su armonioso cantar? ¡Acaso al rey del día
guarde rencor y de él quiera algún agravio
vengar! Guarda quizás su pecho oculto tal
dolor, que en la sombra espera alivio hallar
triste entonando cantos de amor. ¡Y tal vez
alguna flor temblorosa del pudor de amar es
la esclava enamorada de sus cantos!...
¡Misterio es el cantar que entona envuelto en
sombra el ruiseñor! ¡Ah, son los amores
como flor a merced de la mar! ¡Amor,
amor!... ¡Ah, no hay cantar sin amor! ¡Ah,
ruiseñor, es tu cantar himno de amor! ¡Oh,
ruiseñor!...

(Rosario se dirige lentamente hacia el interior de su casa, parándose de cuando en cuando para oír al ruiseñor. Mientras tanto, Fernando, que ha escuchado las últimas quejas de Rosario, avanza en dirección al palacio de ésta)


ESCENA NOVENA

(Rosario queda apoyada en la reja hasta que Fernando la llama amorosamente. Rosario, sobresaltada de pronto y enseguida como dolorida, responde a Fernando)

FERNANDO
¿Me esperas?

ROSARIO
¿Pues no he de esperar?

FERNANDO
Ya supondrías que me verías cortejar.

ROSARIO
Mis noches y mis días para ti son.

FERNANDO
¿No hay, no, ficción?

ROSARIO
Antes muera yo.

FERNANDO
¿Ni un momento vacilaste?

ROSARIO
No

FERNANDO
Ha poco que mi mente algo vio de eso que
oprime cruelmente si amor se siente.

ROSARIO
Sólo por ti fue.

FERNANDO
¿No sé yo por qué? ¿Que si galante otro fue,
sola tú prevenirlo debiste?

ROSARIO
Nunca pensé que a tal cosa dieses valor.

FERNANDO
(Con sentimiento)
¡No sabes qué es amor!

ROSARIO
¿Que no lo sé?

FERNANDO
Cual yo, no.

ROSARIO
Pues quien tal sintió, ha de apartar de su
amor lo triste.

FERNANDO
Sí, Rosario; sufriste, pero más yo.

ROSARIO
¿Por qué de mí dudar?

FERNANDO
No es duda, no, que muerda el corazón, lo
que ahora me hace hablar.

ROSARIO
¿Pues qué causa tus palabras mueve?

FERNANDO
¡Celos que sentí por tu acción!

ROSARIO
Pues ello hay que olvidar y al amor la vida
consagrar.

FERNANDO
(Como abstraído al oír las diez campanadas lejanas en un reloj de torre)
¡Oh, vida aleve!...

ROSARIO
Sí, la vida es toda abrojos, mas la tuya con
mis caricias haré breve. y ella entera has de
gozar mirándote en mis ojos.

FERNANDO
¡Ah, Rosario, das la calma al corazón, y me
inundas el alma de pasión!

ROSARIO
¡Ah, benditos los lazos del querer!

FERNANDO
De los que unen siento el poder.

ROSARIO
Caeré en tus brazos loca de amor. ¡Sí, te
adoro! Cuando aquí no estás, triste lloro
falta de tu calor.

FERNANDO
¡Tú eres todo mi tesoro!

ROSARIO
Yo he de lograr que tu fe por mí, sea cual
soñé; quiero siempre ver en tu faz reflejados
el amor y la paz.

FERNANDO
Eso anhelo, eso ansío, eres tú mi ambición.

ROSARIO
¡Fernando mío, no veas nunca en mí ficción!

FERNANDO
¿Me juras no olvidar?

ROSARIO
Si ello es así, no he de jurar.

FERNANDO
¡Oh, amor! ¡Siempre!

ROSARIO
¡Mío! ¡Siempre!
¡Sin dudar! ¡Siempre y a gozar!

FERNANDO
¡No más dudas!

(Se ve pasar a Paquiro embozado en su capa que mira hacia reja como recordando a Fernando que aquélla es la hora del encuentro. Pepa sigue furtivamente a Paquiro. Fernando se ha dado perfecta cuenta de la presencia de Paquiro y cambia de actitud buscando una disculpa para ausentarse)

ROSARIO
(Al notar inquietud en Fernando, el cual no sabe disimular su deseo de partir desde que oyó sonar las diez en un lejano reloj de torre, hora de su cita con Paquiro)
¿Qué?

FERNANDO
(Tratando de desasirse de Rosario que le retiene)
Ya es tarde. He de marchar.

ROSARIO
¿Que es tarde ya?... ¿Y no hallas modo?...

FERNANDO
¡No, Rosario! ¡Déjame!

ROSARIO
(Viendo con terror que pasa Paquiro embozado, con aire retador)
¡Ah!... No... ¡Ya lo sé todo!

(Asiéndose de Fernando a través de la reja)

¿Le niegas a mi amor este ruego? ¡Por
Dios, devuélveme el sosiego! ¡Ven, ven!... No
te sientas, por Dios, de ira ciego.

(Luchan ambos: por desasirse, Fernando; por sujetarse, Rosario)

FERNANDO
Piensa, Rosario, que torno luego...
¡Vuelvo, sí!

ROSARIO
¡No, no!... ¡Ven!

(Rosario, al desasirse de sus manos Fernando, lanza un grito)

¡Ah!

FERNANDO
(Soltándose)
¡Vuelvo aquí!

(Por la izquierda desaparece Fernando en pos de Paquiro. Rosario, en el colmo del desasosiego, abre la puerta de la verja y corre tras Fernando)


ESCENA DECIMA

El jardín queda abandonado. Ajena al drama humano, la helada luna filtra su luz de plata por la arboleda. Ruido de voces y aceros llega al jardín. Simultáneamente rajan el silencio de la noche, dos gritos: el de un hombre –Fernando– que cae mal herido, y el de una mujer –Rosario– que se retuerce enloquecida. A poco, cruza por el fondo la figura siniestra de Paquiro, que huye velozmente arrastrando la capa, e instantes después por la  abierta verja surgen los desventurados: Fernando, con el rostro cadavérico; Rosario, lívidamente demudada. Apóyase en ella el moribundo, hasta llegar al banco de piedra en que se deja caer pesadamente, mientras la enamorada intenta en vano con caricias sujetar aquella vida que por instantes se escapa del varonil cuerpo.

ROSARIO
¡Es un sueño! ¡Ah, es cruel fatalidad! ¡El
destino es ciego, y es falaz! ¡Fernando, alma
mía, vuelve a mí tus ojos ya!

(Fernando se retuerce, transido de dolor, ajeno casi a las palabras de Rosario)

¡Ah, tu dolor me atenaza!
¿No ves mi afán?

FERNANDO
(Apartando de sí el fantasma de la muerte que con él lucha. Débilmente)
¡Ya la siento forcejear!

ROSARIO
Mas ¿qué temes si aquí está quien por ti cien
vidas diera; la que no olvidó jamás; la que
sufre sed de amor? ¡Habla y siente, vida mía,
que el silencio es un dogal!... ¡Mira, amor! Ve
que si hablas, vida me das. ¡Habla!
¡Fernando mío!... ¡Por Dios, de mí ten piedad!...

FERNANDO
(Abrazándose expirante a Rosario)
Así... los dos...
¡Mi bien!... ¡Adiós!...

(Muere)

(No se percata de ello, en su turbación, Rosario, y acaricia el cadáver dulcemente. Fernando queda reposando sobre el banco. Rosario arrodillada a sus pies)

ROSARIO
¡Fernando mío! ¿Por qué adiós dijiste? ¿De
quién vas en pos? Esas palabras tan crueles
son que matan de improviso mi ilusión.
Dame un beso, que ya verás cómo en mis
labios fuerza hallarás.¿Viste a mis ojos verter
jamás así mi llanto por tu desdén? Yo soy tu
amor, tu sostén. ¡Ven a tu Rosario, ven!...

(Notando con espanto que Fernando es ya cadáver)

Mas ¡Dios Mío! Ese mirar que nada
ve... y el labio que besé, mudo ahora... y el
rostro yerto... ¡Muerto... muerto! ¡Perdí,
Dios santo, todo el encanto de que fui en
pos! ¡Por siempre adiós! Es la vida
un cautiverio, mas la muerte... ¡Oh! ¡Misterio!

(Rosario desplómase junto al cuerpo de Fernando)


TELON


FIN


Información obtenida en:
http://www.teatrolafenice.it/media/libretti/26_7173goyescas_eg.pdf

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