viernes, 25 de julio de 2014

El Maestro Campanone (Libreto)



EL MAESTRO CAMPANONE



Zarzuela en tres actos, arreglo libre de la Opera italiana La Prova d’un Opera Seria.

Texto original de Frontaura, Rivera y Di-Franco.

Música de Giuseppe Mazza. Adaptación Vicente Lleó.

Estrenada el 13 de Octubre de 1905 en el Teatro Cómico de Madrid.


REPARTO (Estreno)

Corila Tortolini – Luisa Santamaría.

Violante Pescarelli – Concepción Gutiérrez.

Alberto Mordente – Carlos M. Marrón

Campanote – Aquiles Di-Franco.

Don Fastidio – Eugenio Fernández.

Don Pánfilo – Santiago Santa Coloma.

Don Sandalio – Manuel Júdez.

Paquita –

Paquito –

Coristas, aldeanos, bailarines, etc.

La acción se supone en Lisboa, a fines del siglo XIX.


ACTO PRIMERO

Salón de ensayos. Puerta al fondo. A la derecha otra puerta, que conduce a los cuartos superiores, por la cual se verá el fin de una escalera. Ventana a la izquierda. Piano, sillas, papeles de música, etc., etc.


ESCENA PRIMERA

D. Sandalio, Coristas y después D. Pánfilo. D. Sandalio sentado al piano y los coristas alrededor, con papeles de música en la mano.

(Música)

SANDALIO
Ensayemos este coro
con muchísimo cuidado,
que si no sale afinado,
no se puede soportar...

CORO
«Victor al gran guerrero,
sin par en el asalto,
que del contrario...»

SANDALIO
(Levantándose impaciente)
¡Alto!
¡No hay que desafinar,
señores, por piedad!...
El tiempo va incompleto,
volvamos a empezar.

PANFILO
¡Amigo, qué ocupado! (Saludando)

SANDALIO
A tiempo habéis llegado.

PANFILO
¿Qué hacéis?

SANDALIO
(Disponiéndose a continuar)
Ensayo un coro.

PANFILO
Señores, ¡ah, perdónenme!
concédanme un momento,
y escuchen los esdrújulos
compuestos a una niña
que va a matrimoniar.

(Todos se levantan y hacen corro. D. Pánfilo saca un cuaderno y se prepara a leer con aire trágico)

¡Oh tú, simpática
belleza fúlgida,
que llegas tímida
hoy al altar!
¡Dichoso el cónyuge
que en hado próspero
te da por árbitro
de tu beldad!

(Viendo que los coristas vuelven a sentarse)

Oigan el resto.

SANDALIO
No me es posible.

PANFILO
Despacho presto.

(Indicando que faltan muchas hojas)

SANDALIO
¡No, no! (¡Mal rayo!) (Impaciente)

PANFILO
Siga el ensayo,
que por mi parte
no insisto más.

(Se sienta al lado de D. Sandalio)

CORO
«Víctor al gran guerrero,
sin par en el asalto,
que del contrario intrépido
nos hizo al fin triunfar.»

PANFILO
¡Bravo! ¡bravísimo!
¡Va a alborotar!

(Hablado)

SANDALIO
(Al coro)
Podéis retiraros hasta dentro de una hora, que empezará el ensayo de partes. (Sale el coro)


ESCENA II

D. Sandalio, D. Pánfilo.

SANDALIO
¿Qué os parece este coro, ilustre vate?

PANFILO
Yo os diré: de la letra, que es obra mía, nada hay que decir; la música... no es mala; pero podría ser mejor.

SANDALIO
¿Sois inteligente en música?

PANFILO
Un portugués es inteligente en todo, amigo mió... y yo soy la prueba de esta verdad... Yo he sido, aquí donde me veis, músico, sastre, y después pintor, y luego peluquero, y ahora soy poeta.

SANDALIO
¡Y qué poeta!

PANFILO
Yo había nacido para poeta... Durante el tiempo que pasé dedicado a esos oficios mecánicos, compuse algunas obras, que en su día serán asombro de los nacidos; ¡sí, señor!...

SANDALIO
¿De los recién nacidos?

PANFILO
De todo el mundo... Pero me faltaba protección, y la necesidad me hacía descender de la grandeza de mi inspiración á la miseria de mi oficio... En la patria de Camoens todos son ingratos con el genio. Felizmente un día encontré en la hostería la Providencia, disfrazada de empresario de ópera... y desde aquel día cambió mi estado, se despejó mi horizonte... y comenzó a alumbrar el sol de mi gloria... por más que su luz todavía no ha llegado a mi estómago.

SANDALIO
¿Cómo?

PANFILO
Por encargo suyo escribí la ópera con que debe inaugurar sus trabajos la compañía... y nunca llega el día de la inauguración... y como que hasta que se inaugure yo no cobro, y como he ahorcado todos mis oficios... y como tengo mujer, una mujer que me ha dado ya siete ediciones de mi estampa... ya podéis imaginaros qué trabajos pasaré...

SANDALIO
Pronto tendrán término vuestros trabajos, ilustre vate... La ópera se estrenará antes de ocho días...

PANFILO
Imposible... Por de pronto, no tenemos director de orquesta.

SANDALIO
¿Pues y el que nos enviaba recomendado el bey de Túnez?

PANFILO
Ahora sale con que no puede venir, porque se ha muerto de sobreparto...

SANDALIO
¿El?

PANFILO
Su mujer. La prima donna lo hace todo, menos estudiar; el tenor se ocupa más de la prima donna que de la ópera: el bajo está con tercianas; el maestro Campanote no hace más que corregir su música, y el empresario tiene muchas ilusiones, pero poco dinero.

SANDALIO
Si fuera como lo pintáis...

PANFILO
Así es, amigo mió. Y en tanto paso yo la pena negra, y el mundo ignora todavía que bajo esta chupada chupa, y esta casaca raída y roída, y este sombrero de media carácter se oculta un poeta, astro luciente que ha de alumbrar... Voy a almorzar, amigo mió, con la esperanza de que mi ópera se represente me fía el hostelero; pero no hay mucho que fiar en que el hostelero me fíe, si se retrasa el estreno...

SANDALIO
Ya sabéis que a las doce ensayan las partes.

PANFILO
Volveré a la una, y estoy seguro de que las partes estarán en cualquier parte menos aquí, (Vase)


ESCENA III.

D. Sandalio.

DON SANDALIO
Pues señor, ese gran poeta, dicho sea con perdón, no deja de tener sus razones. La ópera, Dios sabe cómo y cuándo se cantará... ¿Y quién ha metido a don Pánfilo a escribir óperas?... Si fuera yo... yo, que tengo escrito una ópera tragi-filosófico-burlesca... Esa sí que ha de gustar... ¡Qué golpes tiene!... Guando arrastran a la primera donna, y el tenor se tira al pozo cantando: No me persigas,

(Cantando y accionando ridículamente)

monstruo infernal...


ESCENA IV

D. Sandalio, Corila, que se verá bajar la escalera.

CORILA
¡Já! já! já! ¿Estáis ensayando, maestro? (Riéndose al ver la ridícula actitud de D. Sandalio)

SANDALIO
No, señora... Recordaba una escena de mi ópera... La más esforzada doncella ó las quiebras del amor.
.
CORILA
Tendrá que ver.

SANDALIO
¡Qué bien estaríais vos haciendo la doncella!...

CORILA
Lo dudo... ¿No ha venido el tenor?

SANDALIO
No, señera. (Con malicia) (Ahí le duele)

CORILA
(¡Ah! la otra le detiene, de fijo…) ¿Sabéis si tiene otra?

SANDALIO
¿Otra qué?

CORILA
¡Nada! ¡Nada! Dejadme... Os advierto que no espero más que un cuarto de hora.

SANDALIO
Como gustéis, señora... (Ya esperarás al tenor) (D. Sandalio va al piano, arregla los papeles y sale al entrar Alberto)

(Música)

CORILA
¡Ya me inquieta su tardanza!
¡Así aprecia mi ternura!
Ilusión es la ventura
que esperaba de su amor.
Mas no temo a mis rivales;
que si aguzo mi talento,
del ingrato, en un momento,
me sabré muy bien vengar.
Soy astuta y caprichosa,
soy coqueta, soy hermosa,
y locura es que yo tema
que me venza una rival.
Una mirada
y una sonrisa
con un desaire
le vencerán.
Cuando conviene
sóbrame arte,
y hago a la postre
mi voluntad.
Si pudo ciego
serme perjuro,
de mí, lo juro,
se acordará.

(Hablado)

¡Nada! (Acercándose a la ventana) ¡No Viene!—Estará con esa condesa, a quien conoció en Coimbra. ¡Oh! si yo supiera dónde están!... Esto es para desesperarme... (Asomándose otra vez) ¡Ah! ya está aquí... Mi desden le hará confesar todo!... (Se sienta)


ESCENA V

Corila, Alberto


DUO

ALBERTO
¡Vida mía!

CORILA
Dejadme luego.

ALBERTO
¿Por qué, si te adoro ciego,
me recibes tú tan mal?

CORILA
Porque sois muy inconstante.

ALBERTO
Soy tu más rendido amante…

CORILA
No te creo.

ALBERTO
Te lo juro.

CORILA
Sois un pérfido, perjuro.
Ya no os quiero escuchar más.
A DUO
ALBERTO y CORILA
¿Es posible que el ingrato/la ingrata
me atormenta sin piedad?

ALBERTO
Esa duda, hermosa mía,
ya me ofende en demasía.

CORILA
¿Me amas, di?

ALBERTO
Siempre constante
en tí sola pienso ya.

CORILA
Yo te juro en adelante
no volver a sospechar.

A DUO

ALBERTO y CORILA
De gozo y de contento
henchida el alma mía,
la dicha que yo siento
es dicha sin igual.

(Hablado)

CORILA
¿Es verdad, Alberto? ... ¿Me amas?

ALBERTO
Sí; te amo como Medoro a Angélica, como Romeo a Julieta, como Polion a Adalgisa... pero quiero que nuestro amor sea paz y no guerra; y mientras tú no te cures de tus infundados celos, nuestro mutuo amor será nuestro martirio. Yo necesito frecuentar la sociedad; tengo que estar bien con los caballeros y damas de la corte.

CORILA
Pero yo no quiero que estés bien con ninguna clama mas que conmigo.

ALBERTO
Pues hija, ello es preciso... Antes de debutar en el teatro, debo debutar en la sociedad.—Un artista necesita congratularse con el público.

CORILA
Entonces yo también me congratularé con el público... frecuentaré la sociedad, los bailes, los salones; aprenderé el portugués...

ALBERTO
No, hija, no; el portugués no. Mira que vas a perder la voz.

CORILA
¡Que la pierda! ¿Qué me importa?

ALBERTO
Pues... ¿y los triunfos que nos esperan? ¿Quieres poner prematuro término a tu gloriosa carrera? Vamos, ven acá, y hagamos las paces.

CORILA
¿Para qué?—Nuestro amor ha terminado.—Te desprecio.

ALBERTO
¿Sí? Tanto mejor, (Indignado)

CORILA ¡Ingrato! ¡Ay! ¡yo me muero! (Al ver que Alberto no la mira, cae en un sillón)

ALBERTO
¡Corila! (Corriendo para socorrerla)

CORILA
Déjame en paz. (Levantándose bruscamente)

ALBERTO ¡Qué carácter!...

PANFILO
¡Salve, hijos de la armonía! (Que los observa)

ALBERTO
(¡No está mala la armonía!)


ESCENA VI

Dichos, D. Pánfilo.

PANFILO
Dios guarde y conserve para bien, prosperidad y fomento del arte... ¿Qué es esto? (Después de unos instantes durante los que mira alternativamente a Corila y Alberto) ¡No me contestan!... (Nube tenemos) «De esta manera un día

(A Corila con impaciencia y ademanes de improvisador)

»se hallaba Citerea,
»ora en coraje ardía
»y con la faz febea
»que en sus ojos lucía,
»decía que aquel día
«¡fatalidad impía!
»lo mismo la ponía
»que si fuera una arpía...
»y hermosa, aunque bravía...»

CORILA
¡Estúpido! (Dándole un bofetón)

PANFILO
«Con la mano sacudía» (Llevando la suya al carrillo) Estos versos son de un poema que escribo sobre la fragilidad de las cosas humanas.

ALBERTO
¡Será obra grande!

PANFILO
Sí señor; catorce cantos llevo escritos.

ALBERTO
¿Catorce cantos? (¡Quién te diera con uno en la cabeza!)

PANFILO
Y aún no ha salido más personaje que Adán.

CORILA
(¿Qué más Adán que el autor?)

PANFILO
Sí señora, se dará el retrato del autor y el de todos sus parientes.
.
ALBERTO
Pero ¿sabéis cuándo empieza el ensayo?

CORILA
Sí, el tenor tiene mucha prisa. (Con intención)

ALBERTO
¿Otra vez?

PANFILO
Aquí está el empresario que nos lo podrá decir.


ESCENA VII

Los mismos, Violante, D. Sandalio, D. Fastidio.

FASTIDIO
Mil perdones, prima donna absolutísima, por mi tardanza.

CORILA
No hay de qué. (Con despego)

VIOLANTE
(Con intención) Dios guarde a la prima donna absolutísima.

CORILA
¡Amiga mía! (Con zalamería)

VIOLANTE
Salud, tenor.

ALBERTO
Señora...

CORILA (No la hables) (A Alberto)

FASTIDIO
Un empresario tiene tanto que hacer... Son tantos los obstáculos con que tropiezo antes de poder dar cima a mi empresa... Figuraos, señores, que hace diez días que estoy buscando un violón... y ya veis si en. Portugal se toca el violón... Pues yo no encuentro un violón para mi teatro... El uno porque es violón del rey, el otro lo es de la catedral, el otro porque lo toca en las Larangeiras. Pero, en fin, esto no me apura mucho, porque en último caso, señores, el empresario mismo tocará el violón... ó mi amigo don Pánfilo, que tiene más práctica.

PANFILO
Distingo: más práctica no, más disposición sí.

ALBERTO
Pero, señores, ¿se ensaya ó no?

PANFILO
Sí, señor. ¡No se ha de ensayar!

CORILA
Si no ha venido el maestro.

FASTIDIO
¿No ha venido? Es extraño, porque nunca viene a tiempo.

VIOLANTE
Esto parece cosa de juego.

ALBERTO
Tenéis razón, señorita.

CORILA
(No la mires) (A Alberto)

ALBERTO
(¡Qué mujer! Acabará con mi paciencia)

FASTIDIO
Ya está aquí el maestro.

TODOS
Gracias a Dios.


ESCENA VIII

Dichos y el Maestro Campanone. Van entrando los corista.

(Música)
|
CAMPANONE
¡Señorita! ¡Amigos míos!
Campanone os felicita.
Esa mano tan bonita (Besando la mano a Corila)
permitídmela besar.
Vuestra escena está acabada. (A Alberto)
Tengo el aria ya trazada, (A Corila)
y le he puesto un ritornello
tutto nuovo, tutto bello.
¡Oídlo! la, la, la, la, la,
ta, ta, ta, ta, ta, ta,
la, la, la, la, la, la,
pa, pe, pí, po, pu, pa, pa.
Cuando juega el clarinete
un trombón se le entromete,
las dos flautas y el fagot
se detienen sobre el sol.
Yo os ofrezco una armonía
de grandiosa melodía;
y estoy cierto que mi música
grande efecto causará,
y aturdido el mundo entero
al oiría quedará.

(Hablado)

PANFILO
¿Pero se empieza el ensayo?

CAMPANONE
Sí, señor. ¿Estamos todos?

ALBERTO
Todos.

VIOLANTE
¿Y cuándo es el estreno?

FASTIDIO
Dentro de ocho días; y será, aunque se junte el cielo con el firmamento: el teatro está ya terminado, y sólo falta decorarle...

CORILA
Pues yo digo que es imposible,

VIOLANTE
Por mi parte hoy se podía cantar la ópera.

CORILA
Todas no somos maestras. (Con ironía)

CAMPANONE
Quiere decir que si no se estrena dentro de ocho días se estrenará dentro de veinte: lo que importa es que salga bien.

FASTIDIO
Eso es, y la tardanza arruinará al empresario.

PANFILO
Y al poeta, que está arruinado ya.

CORILA
¿Pero se empieza el ensayo?

CAMPANONE
Sí, señora, al momento.

ALBERTO
¿Por dónde?

CAMPANONE
Por la escena que precede al quinteto.

CORILA
¿Cuál es?

ALBERTO
La escena sexta.

PANFILO
Exactamente. ¡Ya veréis qué versos!

VIOLANTE
¿Y se pasará el quinteto?

CAMPANONE
Sí, señora; digo, no, señora, porque faltan el bajo, y el soprano, que aún no ha llegado a esta ciudad.

FASTIDIO
¿Y el violón?

CORILA
¿Pero dónde está el bajo?

CAMPANONE
No sé si está arriba.

ALBERTO
Pues que digan al bajo que baje.

PANFILO
¿El bajo?... ¿Preguntan por el bajo? Está con la terciana. Cuando yo venía, le vi que subía a su casa.

FASTIDIO
¿Con que él subía? ¡Yo sí que voy a dar un bajón!...

CAMPANONE
No nos hace falta... Don Sandalio, al piano... Yo cantaré la parte de soprano, don Pánfilo hará la figura de bajo, y cantará su parte.

PANFILO
Buena figura estoy yo ahora para hacer figuras.
.
CORILA
¡Vaya un ensayo formal!

CAMPANONE
Ea, ¿estamos? (Reparte los papeles)

PANFILO
¡Cuidado!., que se oigan mis versos.

CORILA
(¡Como son tan buenos!)

(Música)

CORILA
Extinguir queréis en vano
de mi pecho la llama.
¿Fácil crees, ¡oh, insecto!
que calle la impresión de un puro efecto?

PANFILO
Señora, poco apoco, (Interrumpiéndola) Permitidme...
Aquí dice que acalle la impresión de un puro afecto.

CORILA
Diga aquí calle o acalle, y diga efecto o afecto, es
igual... en mi concepto.

CAMPANONE
(¡Qué talento! ¡Qué talento!) Prosigamos.

ALBERTO
¡Oh, mujer ingrata,
así despreciar puedes
del vencedor la mano!
Piensa que puedo...

CORILA
Amante no te temo;
te desprecio irritado.

ALBERTO
¡Muere pues, oh cruel!

PANFILO
¡Ten, despiadado!

CORO
¡Tente! ¡oye!
¡Detén el golpe!

CORILA
¡Cruel momento!

ALBERTO
¡Fiero instante!

ALBERTO y CORO
El herir su pecho amante
es sobrada crueldad.

VIOLANTE y PANFILO
¡Qué feroz es su semblante!
Yo me voy a desmayar.

CAMPANONE
¡Bravo! ¡Bravo! ¡Estoy contento
No se puede pedir más.
Adelante: fuerte el bajo,
y muy bajo lo demás.
PANFILO
¡Ah, por qué!... (Cantando desafinado)

CAMPANONE
¡Chito! (Corrigiendo)

PANFILO
Por qué... (Continuando)

CAMPANONE
¡¡Chito!!
¿Qué diablo estáis haciendo?
¿A qué ese re bemol?

PANFILO
Miradlo; escrito está.

CAMPANONE
Poned un re mayor.
Volvamos a empezar.

A CUATRO

¡Ah! ¿Por qué, por qué rebaja
su valor y su piedad?

CAMPANONE
Ahora sale aquí el soprano
con la bella cavatina.

CORILA
Poco a poco; permitidme:
esto así no ha de quedar. (Todos se levantan)
Decid pronto, señor mió, (A Campanone)
¿a qué tantas distinciones?

CAMPANONE
Al poeta preguntadlo.

PANFILO
Preguntadlo al empresario...

FASTIDIO
Yo no entiendo...

CORILA
Pues oídme.
Quiero yo la cavatina.

ALBERTO
(¡Cuál la tiple desatina!)

CAMPANONE
Yo no cedo.

CORILA
Cederéis.

CAMPANONE
¡No, señora!

CORILA
Cederéis.
De otro modo escuchareis
vuestra ópera silbar.

CORO
Esto ¿en qué vendrá a parar?

FASTIDIO
Proseguid.

CORILA
¡No fastidiéis!

ALBERTO
Yo rescindo la escritura.

VIOLANTE
Yo no asisto a más ensayos.

CORILA
Mi paciencia ya se apura,
y me niego a cantar más.

(Tirando los papeles a Campanone)

CAMPANONE
¡Campanone desairado!
Este insulto tan marcado
no lo debo tolerar.

ALBERTO
Yo me marcho.

VIOLANTE
Yo me marcho.

FASTIDIO
¿Cómo es esto? ¡No, por Dios! (Deteniéndolos)

PANFULO
Cambiaremos.

CAMPANONE
¡No, señor!
Si esto empieza de este modo,
¿cómo ¡ay Dios! acabará?

CORO
Si se sigue de este modo,
esta empresa tronará.

TODOS
Es un bombo mi cabeza;
yo estoy tocio y aturdido.
Si aquí sigo, de seguro
a perder voy el o ido.
Si esto empieza de este modo,
¿cómo ¡ay Dios! acabará?...

CORO
Si se sigue de este modo,
esta empresa tronará.

(Se van todos, sin querer oír a D. Fastidio. Cae el telón)


FIN DEL ACTO PRJMERO


ACTO SEGUNDO

Campiña.—Una casa con cobertizo a la izquierda.


ESCENA PRIMERA

Paquita, Paco, Aldeanos y Bailarines.

(Música)

CORO
Cantemos, amigos,
bebamos, bailemos;
que todos debemos
al novio obsequiar.
¡Que viva Paquito!
¡Que viva Paquita!
No la hay más bonita
en todo el lugar.

PAQUITA
El cielo se oscurece.

PACO
Muy pronto lloverá. (Relámpagos)

TODOS
¡Relámpagos! ¡Huyamos!
Lloviendo está, ¡corramos!
Estamos aquí mal.

(Entranse todos en la casa. Tempestad)


ESCENA II

Campanone, Alberto, D. Pánfilo, D. Fastidio, Corila, salen todos con pañuelos en la cabeza. Alberto sostiene por la cintura a Corila. y con la otra mano lleva abierto un gran paraguas que entregará a D. Pánfilo.

PANFILO
Doncella tímida...

ALBERTO
Cobrad el ánimo.

CORILA
No tengo fuerzas.

(Apoyándose en Alberto)

ALBERTO
Mi bien, calmaos.
Pasó la nube.

FASTIDIO
Bien me ha pesado.

CAMPANONE
Hasta los huesos
estoy mojado.

CORILA
Yo desfallezco.

FASTIDIO
Yo me parezco
al padre Adán.

TODOS
Lejos la nube
su furia agita;
Dios no permita
que vuelvas más.

CORILA
¡Ay! ¡yo no puedo más!

(Hablado)

CAMPANONE
¡Cuánto he gozado durante la tempestad! ¡Qué de ideas bullían en mi cerebro en medio de la armonía estrepitosa!... ¡Cien óperas tengo aquí, señores!... (Dándose un a palmada en la frente)

FASTIDIO
A propósito de óperas... quiero deciros por qué os he reunido aquí.

CORILA
Sepamos...

ALBERTO
Si, sepamos.

PANFILO
Palabra primero, y no me interrumpáis. (Se coloca en medio de todos, que le prestan la mayor atención) Señores, sirte Cerere et Bacus; friget, no sólo Venus, como dice el vulgo, sino hasta el mismo Vulcano: dicho esto, prosigo y digo: don Fastidio, empresario flamante, permítaseme esta metáfora, visto el desorden, con conato de anarquía, que reina entre los artistas escriturados por el mismo con tres objetos a cual más laudables, a saber: dar una prueba de su amor a las artes y a las letras, dignamente representadas por todos nosotros... (Todos bostezan) Pero no prosigo, ese bostezo espontáneo me indica que todos los aquí presentes piensan lo mismo que yo; que es en comer. De donde deduzco que lo que don Fastidio tenga que decirnos, lo podemos oír comiendo; de lo que resultará, que si él habla mientras nosotros comemos, indudablemente tocaremos a más, por lo que él comerá de menos.

CAMPANONE
(No me parece mal la aritmética de este hombre)

ALBERTO
Don Pánfilo, contra su costumbre, tiene razón.

FASTIDIO
Pero, y ¿dónde?

PANFILO
¿Dónde comeremos? Por comer, comería yo sentado en la punta de una lanza. Pero precisamente nos hallamos en el lugar apetecido, donde nuestro apetito podrá saciarse cuanto apetezca con los manjares más apetecibles... Esta hostería es, insigne protector de Euterpe y Thalia...

FASTIDIO
Siempre andáis a vuelta con esas señoras.

PANFILO
Porque vos las protegéis.

CAMPANONE
¡Hola! ¿Con qué esas tenemos? (Que había prestado poca atención al diálogo anterior)

FASTIDIO
¿Eh? No lo creáis... ¿A mi edad había yo de pensar en mujeres?...

CAMPANONE
¡Oh! las mujeres a nuestra edad son una necesidad... (Con amorosa intención)

PANFILO
La necesidad es la que yo tengo; y me parece que todo lo que estáis hablando es evidentemente superabundante... cuando una merienda abundante nos espera en esa hostería, en la cual se celebran hoy las famosas bodas de la hija del hostelero con el hijo de un soldado inválido portugués... Y por cierto que es curiosa la historia de ese soldado portugués... Figuraos, señores, que un día dimos una batalla a los españoles... Yo no estaba allí, pero es igual. — Los españoles eran unos cuatrocientos rail, sin contar otros tantos generales, y nosotros éramos dos rail pies de caballo... La batalla, que duró tres días, fue sangrienta; bien llegarían los muertos a... no se puede calcular... hubo más muertos que combatientes. —Pues ese soldado, pasando a galope por, entre los enemigos , se vio de repente sujeto por el brazo... y él ¿qué hace?... con mucha calma se encomienda a Dios, desenvaina su espada, y de un golpe se corta el brazo por esta parte, (Señalando el codo) y sigue su camino, dejando al enemigo con la otra mitad y con un palmo de narices...

CORILA
Si hemos venido aquí para oír disparates...

PANFILO
Deteneos.

ALBERTO
Yo me marcho.

CAMPANONE
Pero... (Deteniéndole)

PANFILO
Decía que en esta hostería hallaremos lo que buscamos, porque yo estoy convidado a la boda. —Por eso indique este lugar a don Fastidio, cuando él me dijo que deseaba disponer un día de campo... para reunirnos y poneros de acuerdo... y lograr por este medio que la magnífica ópera qué yo he escrito, pueda cantarse.

CAMPANONE
Es decir, que he escrito yo.

FASTIDIO
¿Volvemos a empezar? Así no la cantaremos nunca.

CAMPANONE
¿Cantaremos? ¿Qué es eso de cantaremos?

FASTIDIO
Sí; porque yo, que soy el empresario, el pagano...

PANFILO
(Vulgo, judío)

FASTIDIO
Si continuamos así, tendré que cantar la palinodia.

ALBERTO
Todo es cantar.

PANFILO
Basta de charla... Sois lo más habladores... Entremos.

PANFILO y FASTIDIO
Entremos. (Van entrando en la hostería: al entrar Alberto, Corila le detiene)


ESCENA III.

Corila y Alberto.

(Música)

ALBERTO
¿Dime, qué es lo que quieres,
Corila mía?

CORILA
¿Habrá muchas mujeres
en la hostería?

ALBERTO
¿Y qué te importa?

CORILA
Es que yo tengo celos,
celos de todas.

ALBERTO
¿Cuántas veces, Corila,
te tengo dicho
que tú sola eres reina
de mi albedrío?
Quiero que creas,
que, menos a tí, a todas
las hallo feas.

CORILA
Mira, Alberto, que tengo
yo ciertas dudas;
mira que quiero en todo
ser absoluta.
¡Ay! Dios te ampare,
si averiguo algún día
que me burlaste.
Por amarte a tí solo,
querido Alberto,
perdí mil ocasiones,
de casamiento.
Desprecié un bajo,
un tenor, un barítono
y hasta un soprano.
Un príncipe marrueco,
que me hizo el oso,
y compartir quería
conmigo el trono,
(¡y era muy guapo!)
Estaba por mis gracias
tan fascinado,
que, viendo que desdenes
me merecía,
aunque el oro y el moro
me prometía,
¡mira qué bruto!
¡dejó el trono vacante,
y se hizo eunuco!

ALBERTO
Yo también he tenida
mil proporciones,
y me he sacrificado
por tus amores.

CORILA
¿Y es sacrificio?
¡Ser el único dueño
de mi albedrío!

ALBERTO
No digo tal, Corila;
lo que te digo
es que en paz no se puede
vivir contigo.
¡Siempre celosa!
¡Siempre viendo visiones!

CORILA
¡Ya te incomodas!
Eso es signo evidente
de que me engañas,
y de que no es mi queja
tan infundada.
Sí; al fin y al cabo
tú serás como todos...
Aparta, ingrato.
Eres libre; ya puedes
ser lo que quieras.

ALBERTO
Corriente.

CORILA
Como es eso
lo que deseas...
¿Piensas que ignoro
que es la segunda tiple
la que tú...

ALBERTO
¿Cómo?


ESCENA IV

Los mismo, Campanone.

(Hablado)

CAMPANONE
¿Qué hemos do comer... si no hay un mal guisote en la hostería?

CORILA
¿Y a mí qué?

CAMPANONE
¡A mí mucho!... ¿Os parece bien que hayamos venido hasta aquí con la esperanza de comer bien, y nos hallamos que no podemos ni comer mal?

ALBERTO
¡Pues estamos lucidos!

CORILA
Para comer estoy yo.

CAMPANONE
Para comer estábamos todos... pero ya... ¡ya!... (¡Ah, qué idea!) Si hubiera quien fuese a la ciudad, nos podrían traer de otra hostería lo que no hay aquí.

ALBERTO
Yo iré.

CAMPANONE
¿De veras? (¡Te clavaste!)

ALBERTO
(Que sufra)

CORILA
¿Tú?

ALBERTO
Yo, sí.

CAMPANONE
Vos sois nuestro salvador.

CORILA
No irá.

ALBERTO
Sí iré.

CAMPANONE
(¡Bravo! Lo que es esta ocasión he de aprovecharla)

ALBERTO
Haré traer una comida de rey.

CAMPANONE
Sí, que el empresario paga.


ESCENA V

Campanone, Corila.

CORILA
Maestro, si la ópera se ha de cantar, necesito que se varíe toda mi parte y la de tenor también.

AMPANONE
¡Eh! ¿Cómo es eso?

CORILA
Sí, señor; no quiero estar en escena cuando esté él… no quiero cantar aquel dúo en que él me dice: «Yo te adoro; » y yo contesto: «Yo también.» Ni aquella romanza que empieza: «¡Rabiando estoy! ¡Oh dioses inmortales! casadme luego si queréis curarme.»

CAMPANONE
¿Pero ¿qué motivo?...

CORILA
El motivo es que aborrezco al tenor, y no quiero verle ni en escena... Si le veo me irritaré y soltaré un gallo.

CAMPANONE
(Con arroz nos vendría ahora de perillas) ¿Le aborrecéis?... ¡Oh dicha!

CORILA
¿Qué habéis dicho?

CAMPANONE
¡Oh dicha! Sí señora, ¡oh dicha! he dicho, y palabra dicha no tiene vuelta... Digo ¡oh dicha! porque ese aborrecimiento, que os inspira el tenor, es una esperanza para mí, en cuya realidad estriba mi felicidad presente y futura.

CORILA
No os entiendo.

CAMPANONE
Pues entendedlo de una vez, Gorila. Yo os amo.

CORILA
¡Já! ¡já! ¡já! ¿De veras?

CAMPANONE
Os amo con un amor sostenido en mí poruña fuerza superior a mí mismo, y un si de vuestra boca me hará tan feliz como...

CORILA
¿Sí?

CAMPANONE
¡Ah! ¡gracias! ¡gracias! Ese si es el sol de mi felicidad. ¿Dó habrá un hombre que pueda igualarse a mi? Yo quisiera deciros... pero el re... la... mi...

CORILA
¿Me amáis en solfa?

CAMPANONE
Os amo en todos los tonos conocidos... Quiero ser vuestro esposo... Seremos los más dignos representantes del amor y del arte. (Ella canta bien, y con su sueldo…) Haré en la ópera cuantas variaciones queráis. Quitaré toda la parte de tenor... ¡Ah! permitidme que imprima en esa mano el ósculo...

CORILA
¡Por Supuesto! (Retirándola)

CAMPANONE
Vedme de hinojos... (Se arrodilla)

CORILA
¿Pidiendo perdón?

CAMPANONE
¡Pidiéndole amor!

CORILA
Perdone, hermano.

CAMPANONE
¿Cómo?

CORILA
No hay de qué... ¡Já! ¡já! já! ¡Qué gracioso!

CAMPANONE
¿Os burláis de mí!

CORILA
¡Já! ¡já! ¡já!


DUO

CORILA
¡Contempladle! ¡qué figura
me pretende para esposa!
¡Es un dije! ¡Pues no es cosa!
¡Vaya al diablo a enamorar!
¡Ved qué piernas, santo cielo!
¡Ved qué ojos de mochuelo!
No hay un hombre de tal facha
¡Qué nariz de remolacha!
¡Qué ridículo y preciado!
¡Qué señor tan corcovado!
A mi más fiera enemiga
se lo quiero regalar.

CAMPANONE
¡Contempladla! ¡Qué figura,
no me quiere por marido!
(Del insulto recibido
yo me debo, sí, vengar)
Esa boca a lo que veo,
fue buzón de algún correo;
y ese talle delicado...
es un talle algodonado.
Sin el unto, esas mejillas
deben ser muy amarillas.
A mi mas fiero enemigo
se la quiero regalar.

CORILA
Estaréis ya satisfecho...

CAMPANONE
A sus pies, señora hermosa,
y en extremo agradecido. ..

CORILA
¡Qué figura tan donosa!
¡Oh, qué gracia!

CAMPANONE
¡Mucha gracia!

LOS DOS
Nunca he visto tal audacia:
no me queda que ver más.

CORILA
La burla muy poco
me debe importar;
y para probarlo
me pongo a bailar. (Da algunos pasos)

CAMPANONE
¡Qué gracia que tiene!
No sabe bailar.
¡Si al menos supiera,
supiera cantar!

LOS DOS
De rabia yo tiemblo, yo sudo, yo bramo
y estallo, de fijo, si estoy aquí más.

(Corila entra en la casa)


ESCENA VI

Campanone

(Hablado)

CAMPANONE
¡Yo!... ¡despreciado por ella!
Pues me parece que soy,
no agraviando lo presente,
y lo presente soy yo,
un hombre que puede ¡vaya!
ponerse junto al mejor.
Yo me vengaré. Yo juro
por la solfa y por el sol...
En poniéndose en escena
una obra de otro autor,
hago que a la prima donna
le den una grita atroz.
Lo que es conmigo no juega
como con ese tenor,
que por tener escritura,
sin tener arte ni voz,
tiene que sufrir la carga
de un amor...


ESCENA VII

El mismo y D. Fastidio, saliendo de la hostería.

FASTIDIO
Pero, señor
maestro de los infiernos,
¿queréis que sin remisión
truene el teatro y la ópera
y la empresa que soy yo?
¿Qué habéis hecho a nuestra tiple
que ha entrado como un león,
diciendo que ya no canta,
aunque se empeñase Job,
y que yo soy un perdido,
(y bien que perdido estoy)
y que el tenor es un trasto,
y que más trasto sois vos,
y que se marcha esta noche?...
Y no es eso lo peor,
sino que de mí reclama...

CAMPANONE
¿Qué?

FASTIDIO
¡Una indemnización!

CAMPANONE
Que se vaya cuando quiera.
Así, como así, su voz...
No da el si.

FASTIDIO
Porque os ha dado
en lugar de si algún no.
Parece imposible que un
maestro compositor
descomponga así un negocio
de tanta monta... ¡Por Dios,
que ayer estábamos mal,
pero hoy estamos peor!
Por ser el más oportuno
medio de conciliación,
quise obsequiar a mi gente;
y lo que me sucedió
es que cada vez se enreda
más y más la situación.

CAMPANONE
¡Tened paciencia!

FASTIDIO
Es dinero
lo que necesito yo.
Y si la tiple se marcha,
tronaré. Si fuerais vos
en apoyo de don Pánfilo,
que procurando quedó
convencerla…

CAMPANONE
¿Yo bajarme?

FASTIDIO
No os neguéis a tal favor.

CAMPANONE
Por serviros...

FASTIDIO
Sí, maestro.
Pedid, siquiera, perdón
de vuestra locura . . ¡Haced
que no trinemos... y adiós!

CAMPANONE
(Lo haré, porque si la empresa
truena, también trueno yo)

(Entra en la hostería)


ESCENA VIII

D. Fastidio.

(Música)

FASTIDIO
¡Oh! ¡Mal haya la locura
de meterme yo a empresario!
Labrará mi desventura
el capricho temerario
que en mal hora concebí.
Ni la honra ni el dinero
salvaré por más que grite.
¡Oh destino atroz y fiero!
Mi desgracia lo permite,
y hasta burla harán de mí.
Si yo pregunto: — «Doña Gorila,
¿estáis dispuesta —para ensayar?»
Contesta al punto: —«¡Muy constipada!
¡Sigo indispuesta, —no puedo hablar!»
Con mucha labia, —con desparpajo
la comprimaria —saca su fruto;
el tenor rabia, —patea el bajo.
¡Es mala el aria! —¡Maestro bruto!
¡Todos pretenden, —todos se cuadran!
Cantantes, coros, —músicos, sastres,
todos me exigen, —todos me ladran! |
Sois un... (¡Farsantes!) —sois un pillastre!
Yo os prometo, ¡y lo veréis!
raza astuta y desalmada,
que de mí no os burlareis!
Cuando cumpla la mesada
el dinero pediréis,
y ni un cuarto sacaré;
que el castigo de una empresa
es dejaros sin comer.


ESCENA IX

D. Fastidio, Alberto, poco después D. Pánfilo.

(Hablado)

ALBERTO
Me alegro de hallaros.

FASTIDIO
Y yo... ¿Traen la comida?

ALBERTO
No se trata de eso…

PANFILO
¿Traéis las provisiones?

ALBERTO
No he tenido tiempo.

PANFILO
Decid que no habéis tenido hambre.

ALBERTO
Traigo una noticia.

PANFILO y FASTIDIO
¿Cuál?

ALBERTO
Que acaba de llegar a Lisboa...

FASTIDIO
¿Algún violón? Que se me presente.

ALBERTO
No señor. Un portugués que ha estado viajando por España, y trae la idea de establecer la ópera portuguesa.

FASTIDIO
¡Qué barbaridad!

ALBERTO
Y no es eso lo peor, sino que el gobierno quiere protegerle, y ha dispuesto que en Portugal no se pueda cantar más que en portugués.

PANFILO
¡Perdidos somos!

FASTIDIO
Don Pánfilo, dispensadme el obsequio de darme tres bofetadas en castigo de haber tenido la debilidad de hacerme empresario.

ALBERTO
Así, pues, me parece que nosotros estamos ya de más.

FASTIDIO
De menos si que estoy yo.., ¿Y qué haremos?


ESCENA X

Los mismos, Violante, D. Sandalio.

VIOLANTE
Aquí es... ¡Estoy rendida!

SANDALIO
Y yo... (Si tardamos más en llegar, a pesar de mis cincuenta años, la enamoro)

FASTIDIO
¡Violante!

VIOLANTE
La misma, sí señor... Cuando recibí vuestra invitación para esta fiesta, estaba muy ocupada... y no podía hallarme, a la hora de partir la caravana, en el sitio que me indicabais.

FASTIDIO
(¿Ocupada... eh?)

VIOLANTE
Pero, aunque tarde, he querido venir a comer en compañía vuestra.

PANFILO
¿A comer?... Ya estáis fresca.

VIOLANTE
Y don Sandalio me ha dispensado el honor de acompañarme.

SANDALIO
(Hasta el Misisipi te acompañaría yo)

FASTIDIO
Celebro... que hayáis querido comer... (Para galanterías estoy yo)

PANFILO
De querer comer a comer va mucha diferencia. Si sólo habéis venido a. comer, ya podéis empezar a hacer la digestión.

VIOLANTE
¿Cómo?

PANFILO
No, hija mía, no.


ESCENA XI

Dichos, Campanone y Corila.

CAMPANONE
Todo está arreglado... Gorila canta su parte, suprimiendo el dúo con el tenor.

CORILA
Sí; no quiero tener nada con el tenor. (Viendo a Alberto)

CAMPANONE
¿Ni conmigo, ingrata?

ALBERTO
(¡En! ¿Qué es esto?)

PANFILO
Es inútil esa supresión, porque se suprime toda la ópera.

VIOLANTE
¿Cómo?

FASTIDIO
Tentado estoy de suprimirme yo.

CORILA
Pues ¿qué sucede ahora?

FASTIDIO
Sucede que el gobierno portugués se- ha vuelto loco. No se podrá cantar en todo el reino de Portugal en otro idioma más que en el del país.

ALBERTO
Yo, si he de decir verdad, no lo siento. Tengo escritura para Coimbra.

FASTIDIO
¡Oh, egoísmo!

ALBERTO
Y en cobrando aquí la indemnización correspondiente...

FASTIDIO
Y a mí ¿quién me indemniza?

CAMPANONE
Por poco os amilanáis, señores. Nuestra ópera es italiana... pues hagámosla portuguesa y cantémosla.

CORILA
¿Yo tío canto en gallega.

ALBERTO
Ni yo.

PANFILO
Excelente idea la de mi amigo... Yo, que he escrito perfectamente una ópera italiana, mejor la escribiré portuguesa.

FASTIDIO
Pero ¿quién la cantará?

PANFILO
¡Quién la ha de cantar? La compañía. Así podrán todos los artistas recomendarse a la indulgencia del público, que bastante lo necesitan, dicho sea sin intención.

CORILA
Yo, si se aumenta mi sueldo...

ALBERTO
Repito.

VIOLANTE
Yo, en habiendo dinero...

FASTIDIO
(Y yo por ver si logro que os den una silba…)

CAMPANONE
Nada hay imposible en este mundo...

PANFILO
¿Cómo que no? Imposible es que comamos hoy.

FASTIDIO
¿Y quién tiene la culpa? Vos, que os empeñasteis en venir a esta maldita hostería.

CORILA
Maestro, ¿queréis acompañarme hasta mi casa?

CAMPANONE
(¡Hola!) Con mil amores.

ALBERTO
Permitid. —Yo no lo consentiré.

CAMPANONE
¿Y cuándo se podrá ensayar la ópera?

PANFILO
Por mi parle dentro de tres días: mañana la habré puesto ya en puro, castizo, correcto y armonioso portugués... es decir, si como hoy.

FASTIDIO
Comeremos en la ciudad. Yo pago.

PANFILO, CAMPANONE y SANDALIO
Admitido.

ALBERTO
Yo no. (Que sufra)

FASTIDIO
Vamos.

CAMPANONE
Pero antes despidámonos del feliz matrimonio... Ya que me han convidado a la boda...

CORILA
¡Vaya! les estaremos muy agradecidos por lo bien que nos han dado de comer...


ESCENA XII

Dichos, Paquita, Aldeanos y Bailarines.

(Música)

CORO
Ya que el nublado
pasó ligero,
suene el pandero,
¡bailemos ya!
A estos señores
convidaremos.
Nobles señores,
a bailar vamos
y os convidamos.
¿Queréis bailar?
PAQUITA
Bella señora...

CORO
¡Qué seductora!

CAMPANONE
De esta muchacha
tal vez un facha
portuguesiño
dueño será.

FASTIDIO
¡Es muy bonita!

ALBERTO
¡Es muy gentil! (Acercándose a Paca)

CORILA
¡Basta, no tanto! (Pellizcándole)
Mírame a mí.

ALBERTO
(De la inhumana
vengarme quiero)

CORILA
(El fementido
me matará)

FASTIDIO y PANFILO
(El trueno gordo
va aquí a estallar)

(Alberto besa la mano a Paquita)

CORILA
¡Descaradísimo!
En mi presencia
habéis osado...

FASTIDIO
(¡Otra pendencia!)

CORILA
Del inhumano
pronto mi mano
me vengará. (Le da un bofetón)

TODOS
¡Le ha pegado! ¡Casi tiemblo!
Sin aliento le ha dejado.

CORILA
Me he vengado.
El castigo que le he dado
de lección le servirá.

ALBERTO
Se ha vengado.
El castigo que me ha dado
de lección me servirá.

CAMPANONE, PANFILO y CORO
Tras el trueno ya pasado
otro trueno sonará.

CORILA y ALBERTO
Humillarme ha pretendido:
maltratando así mi amor.
¡Oh! yo juro que el ingrato/la ingrata
pedirá luego perdón.

FASTIDIO y VIOLANTE
Humillarle ha pretendido
maltratando así su amor.
Dios me libre para siempre
de sentir igual pasión.

PANFILO, CAMPANONE, SANDALIO y CORO
Tras el trueno ya pasado
otro trueno sonará.
Si no como, poco a poco
yo me voy a desmayar.

ALBERTO
Yo libre quedo, (A Corila)
te dejo libre. (Quiere marcharse)

TODOS
No, no, quedaos.
¡Por Dios quedad!

CORILA
¡Me deja, ingrato!
¡Con él mi alma
se va... se va! (Desmayándose)

CAMPANONE y PANFILO
¿Cuándo comemos? (Sosteniéndola)

CORILA
¡Indigno! ¡Infame!

(Desasiéndose de ellos y dirigiéndose a Alberto)

ALBERTO y CORILA
¿Cuándo mis penas
se acabarán?

VIOLANTE, FASTIDIO y CORO
¿Cuándo este embrollo
terminará?

CAMPANONE y PANFILO
¿Cuándo, Dios mió,
se comerá?

TODOS
¡Oh qué día fatal y funesto!
Explicarme no puedo qué es esto.
Del coraje que tengo, la llama
siento ya que en mi pecho se inflama,
y de mí si el valor no me ayuda,
yo no sé, yo no sé qué será.

CORO
¡Han venido a estorbar nuestro baile!
Ya podían dejarnos en paz.

{Cae el telón)


FIN DEL ACTO SEGUNDO


ACTO TERCERO

El escenario en desorden. —En el fondo los maquinistas, arreglando varias piezas de tripería. A la derecha una mesa con tapete, dos candeleros encendidos, recado de escribir y libros de partitura. —Bancos y sillas esparcidos por la escena.


ESCENA PRIMERA

D. Fastidio, luego Violante.

FASTIDIO
Las doce acaban de dar, y aún no parece ninguno de mis artistas... ¡Qué puntualidad tan disimulada! ¡Cuando digo que ser empresario es la gran prueba que hay que hacer para ganar el cielo!

VIOLANTE
Creí que llegaba tarde; (Entrando) pero por lo visto, llego temprano.

FASTIDIO
No, no señora, no venís temprano, venís menos tarde que los demás. No es esto una reconvención, señorita.

VIOLANTE
¡Ah! creí...

FASTIDIO
Mal creído. La empresa está muy satisfecha de vos...

VIOLANTE
No lo estoy yo tanto de la empresa.

FASTIDIO
Pues ¿qué os falta? Si os falta algo, pedid. Todo lo que la empresa tiene, todo lo que yo tengo es vuestro.

VIOLANTE
Muchas gracias.

FASTIDIO
(¡Ay, que mona!)

VIOLANTE
Me disgusta la informalidad que hay en los ensayos, el desacuerdo en que todos estamos. Hace tres días se nos anunció que teníamos que cantar en portugués, y ayer se nos dijo lo contrario... Antes, yo no cantaba nada con el tenor, y ahora resulta que todo lo canta el tenor conmigo. El aria de la tiple tan pronto está en el acto primero como en el segundo; y además otras muchas variaciones... ¡Esto es insufrible!

FASTIDIO
¿Qué queréis, Violante de mi alma? mas pasó Jesucristo por nosotros. Todo lo sufro con tal de que la ópera se cante, y yo reciba la subvención que el gobierno ha de concederme.

VIOLANTE
¡Pero! ¿por qué os ocurrió que cantásemos en portugués?

FASTIDIO
Porque creí amenazado el reino de Portugal de la mayor desgracia que podía sucederle. Figuraos que se pretendía establecer la ópera portuguesa. El gobierno quería proteger ese espectáculo, y había ofrecido un privilegio a su fundador. Por eso, traduciendo esta ópera italiana al portugués, quería yo adelantarme, y obtener el privilegio.

VIOLANTE
¿De veras?

FASTIDIO
Pero ya no hay caso. El gobierno se ha .llamado andana... ¿y sabéis por qué! Porque la ópera portuguesa presentada por el pretendido fundador, se titula: El valor de un español. El gobierno portugués cree muy prudentemente que en Portugal no se debe hablar del valor de nadie.

VIOLANTE
Pero ¿a qué hora ensayamos?

FASTIDIO
A cualquiera, con tal de que no sea la señalada.


ESCENA II

Dichos y D. Pánfilo.

PANFILO
Señora. (Saludando a Violante)

FASTIDIO
Yo sin novedad.

PANFILO
Lo mismo digo. Y por eso vengo a buscaros. —El hostelero no me quiere fiar, sin duda porque no tiene confianza en mí; y esta desconfianza que yo le inspiro, no se la inspiro yo, sino vos, que sois de quien yo fío mis esperanzas. Hasta el hostelero dice, como se dice en toda la corte, que la empresa va a tronar; y esto me llega a! alma, señor mío, porque si mi ópera no se representa, si la empresa truena, como temo...

FASTIDIO
Ya os he dicho que todo eso es envidia, intriga...

VIOLANTE
La verdad es que empezáis a gozar de una fama… Si no me hubierais adelantado una parte de mi sueldo, ya no estaría yo en Lisboa.

FASTIDIO
¡Oh! Si yo hubiera sabido lo que tenía que sucederme... Nadie ha tenido nada que decir de mí, todos me han creído un infeliz, un hombre de bien, hasta que he sido empresario, que todo el mundo se cree con derecho a dudar de mi honradez.

PANFILO
Yo no dudo de vuestra honradez, sino de vuestro bolsillo.

FASTIDIO
Esperad el resultado de vuestra ópera.

PANFILO
Y si antes me muero de hambre, aplaudiré mi obra desde el otro mundo.

FASTIDIO
Bien, luego hablaremos de eso.


ESCENA III

Dichos, Corila y Alberto.

CORILA
Ya os he dicho que no quiero nada con vos.

ALBERTO
Pero, Gorila...

FASTIDIO
Ya tenemos aquí a la reina del teatro.

CORILA
Gracias...

PANFILO
Y al rey de la reina. (Saludando a Alberto)

VIOLANTE
Dios guarde a vuestra majestad.

CORILA
Querida mía...

FASTIDIO
¿Os sentís ya mejor?

CORILA
Todavía estoy algo constipada.

PANFILO
(La canción de todas las tiples)


ESCENA IV

Dichos, Campanone y los Coristas, que van entrado, D. Sandalio.

CAMPANONE
¡Salud, gloria del arte!

ALBERTO
(¡Qué facha de mímico!)

CORILA
¡Salud, querido maestro!

ALBERTO
Querido, ¿eh?

CORILA
Sí.

ALBERTO
Muy amable estáis con el maestro.

CORILA
Es que el maestro está muy amable conmigo.

ALBERTO
Aquella frase «Yo te adoro...»

VIOLANTE
Es deliciosa. Yo no sé por qué no le gustaba esa pieza a Corila.

CORILA
¡Qué amable estás con Violante! (A Alberto)

ALBERTO
Es que Violante está muy amable conmigo. (Ruido de los tramoyistas)

CAMPANONE
A ver, que callen los trabajadores.

FASTIDIO
Son los tramoyistas, que estén arreglando una decoración.

CAMPANONE
Pues que la vayan a arreglar a otra parte, (D. Fastidio manda callar a los tramoyistas)

PANFILO
¿Por dónde se empieza?

CAMPANONE
Por la sinfonía...

SANDALIO
No, no puede empezarse por el principio, porque aún no ha traído los papeles de la sinfonía el copista.

PANFILO
Estará en la hostería. Ese copista es un andaluz, que no hace más que beber copas.

CAMPANONE
¡Por vida del demonio!... En fin, empezaremos por la gran marcha triunfal.

PANFILO
El tenor y el coro.

SANDALIO
¡Coro! (Llamándole)

PANFILO
Os voy a explicar la situación. Vos y vos (A Corila y Violante) estáis aquí, arrodilladas, una a la derecha y otra a la izquierda, mirando al cielo y de reojo al tenor. (Se arrodillan) Debéis expresar un temor, vulgo miedo, muy natural... porque como él entra vencedor y ambas pertenecéis al vencido, tembláis que os suceda cualquier avería…,  porque cono no sabéis si el vencedor es un hombre de corazón blando, ó un monstruo salvaje de feroz instinto...

CORILA
¡Bien, bien! Ya nos hacemos cargo...

PANFILO
(A Alberto) Vos os entráis por aquí (Señalando el fondo) como Pedro por su casa, precedido del coro, y al llegar aquí (Al centro) os limpiáis el sudor con las plumas de vuestro casco, porque en tiempo de los griegos no me parece que se usaban pañuelos. Cuando veis a las dos mujeres os sorprendéis naturalmente, y después de mirarlas con gran atención, hacéis un gesto... así! (Lo hace) Que es como si dijerais: ¡Me convienen!... ¿Está entendida la situación?

ALBERTO
Perfectamente.

CAMPANONE
Pues ¡a una! Orquesta, ojo a esos bemoles.

(Música)

ALBERTO
Vencimos. ¡Oh gozo! De Trebisonda
triste, sucumbió la esperanza...
Y tú, mujer altiva,
mira a tus defensores confundidos.
Cumplida está tu suerte:
ó has de ser mía, ó te daré la muerte.

CORILA y VIOLANTE
De nuestras lágrimas
ved el raudal;
si os causan lástima
tened piedad.

ALBERTO
No: nunca un bárbaro
tendrá piedad,
cuando a los pérfidos
logró domar.

CORO
De aquestos míseros
tened piedad.

(Hablado)

PANFILO
¡Bravísimo!

ALBERTO
Yo no quisiera llamarme bárbaro.

PANFILO
¿Preferís que otro os lo llame?

CAMPANONE
No hace falta: el público creerá que es mentira.

CORILA
Y yo creo que es verdad. (A Alberto)

PANFILO
Sigue el aria de tiple, en que se lamenta de que Trebisonda haya caído en poder del griego, y que un hombre así, de tan buen ver, sea su enemigo...

CORILA
Pero eso es matarme... ¿Conque acabo de cantar en la introducción, y en seguida he de cantar el aria?

CAMPANONE
Pero si hay un recitado...

PANFILO
Eso si; antes del aria se saludan, y acto continuo se preguntan por la salud y por la familia, el griego y la reina.

CORILA
Colocad antes la romanza de Violante.

PANFILO
Pero eso es violentar la acción.

CORILA
Pues yo no cedo.

VIOLAQNTE
Yo no soy de peor condición que vos.

CAMPANONE
Así no cantaremos nunca la ópera.

PANFILO
(¡Y el hostelero que no me fía ya!)

FASTIDIO
Pero señores...

CORILA
¡Nada, nada! yo no paso por eso.

FASTIDIO
¿Y yo he de pasar por todo?

ALBERTO
Pasemos adelante.

PANFILO
No se pasa sin decir lo que se ha de hacer.

CAMPANONE
Se variará la situación del aria.

CORILA
Vencí.

VIOLANTE
(Al fin se sale con la suya. Aborrezco a esta mujer)

CAMPANONE
Vamos a la segunda salida del tenor.

PANFILO
(A Alberto.,) Ya sabéis cuál es la situación. Estáis perplejo al decidir de la suerte del marido de la reina. Queréis matarle, eso sí; pero deseáis hacerlo de manera que él no sufra, porque el carácter que en mi ópera representáis es el de un hombre atroz, pero al mismo tiempo compasivo y temeroso a Dios.

CAMPANONE
¡A una!

(Música)
ALBERTO
¡Basta! las pruebas son ya tantas, que mi pecho
abriga un odio, un fuego...
que me induce a verter su sangre impía,
¡La verteré! ¿Qué digo? ¡Ah! ¡no! el ingrato
viva siempre infeliz. Do quier arrastre
en la impotencia su furor... de todos
menospreciado sea;
castigo justo a su conducta fea.
¡Viva! y la vida al bárbaro

(Dirigiéndose a Campanone al decir bárbaro)

le sirva de tormento.
Su lumbre el sol le niegue,
la tierra su sustento,
que ni un amigo tenga,
que llore su dolor;
que triste y solitario
a todos cause horror.
Caerá el infame al punto
al filo de mi espada;
que el alma está indignada
de su bajeza vil.
La ofensa ha sido horrible,
y debe el vil morir.
¡Caerá el impío!... ¡Muera
quien causa tu furor!

(Hablado)

PANFILO
¡Bravo! Esta escena alborotará.

CORILA
Lo mismo Creo. (Con intención)

CAMPANONE
La música, por fuerza, tiene que hacer efecto. (Un criado da un recado a D. Sandalio, y se va. Ha salido un poco antes el criado)

SANDALIO
Señores, el sastre acaba de traer los trajes.

CORILA
Vamos a verlos.

TODOS
Sí, sí.

PANFILO
Pero, ¿y el ensayo, señores?

CORILA
Tiempo hay de ensayar.

PANFILO
Volved presto... ¡Qué gente, Dios mió, qué gente!


ESCENA V

Campanone, D. Pánfilo.

CAMPANONE
(Después de haber arreglado los papeles, y creyendo que están todos) Prosigamos, señores. ¡Calle!... pues no hay nadie.

PANFILO
Si yo no pertenezco a este mundo, tenéis razón, no hay nadie.

CAMPANONE
(A la orquesta) Pues señor, podéis fumar un cigarro mientras vuelven. ¿Y dónde se han ido?

PANFILO
¿Dónde? A ver los trajes, ¡asombraos, amigo mió! Ese es su amor al arte.

CAMPANONE
¡El arte! ¡Ay, amigo! El amor al arte es en estos tiempos la enfermedad peor que podemos tener los hombres de talento.

PANFILO
No os falta razón; lo que no deja de extrañarme.

CAMPANONE
Sí, poeta inédito. El amor al arte es para nosotros la muerte de... (Señalando al estómago)

PANFILO
¡Y tanto!

CAMPANONE
¡Decídmelo a mí!

PANFILO
No estaréis en tan grave estado corno yo.

CAMPANONE
¿Quien sabe?

PANFILO
¡Imposible!

CAMPANONE
Yo espero que si trabajamos siempre unidos, yo con la música y vos con la poesía...

PANFILO
¡Oh! ¡sí! Somos tal para cual. Precisamente lo mismo sé yo de poesía que vos de música. Pero entre tanto ¿cómo vivimos?

CAMPANONE
Es verdad... ¿Cómo vivimos?


DUO

PANFILO
Mientras he compuesto el drama
cuatro meses han pasado,
¡y dinero aún no me han dado!
Decid pues: ¿qué comeré?
¡Ah! si Apolo no me inspira,
yo mi lira romperé.

CAMPANONE
Por la música tan solo
cien ducados he ganado,
pero al sastre le he pagado

(Señalando al traje)

y sin blanca me quedé.
Si no logro un beneficio,
hasta el juicio perderé.

PANFILO
¡Oh Thalía! ¡eres cruel!

CAMPANONE
¡Oh Minerva! ¡eres infiel!

LOS DOS
Por consuelo a nuestras penas
dadnos oro a manos llenas.
Dioses justos, enviadnos
una lluvia de moneda,
para que consuelo pueda
este mísero encontrar!...

PANFILO
¡Vengan onzas!

CAMPANONE
¡Vengan francos!

PANFILO
¡Vengan reales!

CAMPANONE
¡Vengan cuartos!

LOS DOS
¡Já, já, já! ¡Ay qué locos!
¡Oh, qué candidos que somos!
Mas bien piedras lloverán.
Caro amigo, convengamos
en que es sorda la fortuna.
¡Mas cachaza! Si esperamos
otro día cambiará.
Lá , lará, lará, lará,
lará, lará.
¡Minerva!
Lará, lará.
¡Apolo!
Lará, lará.
¡Orfeo!

LOS DOS
Si aplauden la obra
¡oh qué felicidad!

(Campanone baila alrededor de D. Pánfilo, que arrodillado sigue el compás con las palmas; luego se repite, cambiando las figuras, hasta que a la conclusión quedan enlazados, y se retiran bailando y dando gracias al público)


ESCENA VI

Corila, Violante, Alberto; luego D. Pánfilo y Campanote.

(Hablado)

CORILA
¡Qué trajes, válgame Dios!

ALBERTO
Pues señor, me han hecho un traje.

VlOLANTE
¡Oh, mi traje es un ultraje.

CORILA
No podéis quejaros vos...
El vuestro, al menos, reluce,
es un traje de brocado;
pero ¡el mío!... desairado...
sin vuelo... ¡El sastre se luce!

PANFILO
¿Qué es esto? Vamos a ver. (Saliendo)

CORILA
Que yo no me visto así.

VIOLANTE
Ni yo.

ALBERTO
Ni yo.

CORILA
Nunca vi
tales trajes...

VIOLANTE
Fuera hacer
el oso.

CORILA
Yo quiero blondas
y un guarda-infante llevar.

PANFILO
¿Qué blondas habían de usar
en tiempo de Epaminondas?

CORILA
Yo en aquel tiempo no estoy.

PANFILO
Pero si la escena es
en aquellos tiempos.

CORILA
Pues
haced que sea en los de hoy.

ALBERTO
Me van a dar un solfeo
si salgo con cimitarra.

PANFILO
Pues sacad una guitarra
y un bastón y un solideo.

VIOLANTE
Yo no salgo despeinada.

CORILA
Yo no salgo sin peinar (Sale Campanone)
cuando me llevan a ahorcar...
en el acto cuarto.

ALBERTO
¡Nada,
nada! O somos...

CORILA
¡Justamente!
¡Pues no faltaba otra cosa!
Quieren que salga horrorosa
para asustar a la gente.

PANFILO
¿Qué decís vos?

(A Campanone, que está sentado desde que salió)

CAMPANONE
¿Yo? Callar.

CORILA
Yo quería un traje azul
con guarniciones de tul.

VIOLANTE
Y yo quería estrenar
un abanico muy cuco
que un conde me regaló
en Florencia...

ALBERTO
También yo...

PANFILO
¿Estrenar algún trabuco?

ALBERTO
No, un mandoble.

PANFILO
No me hagáis
disparatar. ¡Por mi honor,
yo, en mi derecho de autor,
dispongo que así vistáis
Y si alguno se desmanda
y se subleva...

CORILA
Pues sí,
yo me sublevo, y a mí
ningún complero me manda.

PANFILO
Y a mí ninguna...

ALBERTO
¡Por Dios,
que si la insultáis!...

CORILA
¡Alberto!

VIOLANTE
(¡Yo tiemblo!)

CAMPANONE
Pues yo os advierto...

CORILA
Aquí no os llaman a vos.


ESCENA VII

Los mismos, D. Fastidio.

FASTIDIO
¿Qué voces son estas?

CORILA
¡Eh!

PANFILO
Que vuestros artistas son
artistas de los de pega,
indignos de tal honor.
Figuraos que la tiple
viene con la pretensión
de vestirse como ahora
el día de la función.
Quiere que una triste niña
de cuando el rey que rabió,
que está rabiando de celos,
de hambre y desesperación,
y que rabiando, se entiende,
la ahorcan a lo mejor,
saque un vestido muy hueco
y con mucho relumbrón,
y se abanique, y se ponga
guantes y hasta... ¿qué sé yo?

FASTIDIO
Pues perdonad, pero creo
que tiene mucha razón.
Así estará más bonita,
y eso es lo que quiero yo,
para que le guste al público
y la aplauda con furor.

CAMPANONE
(¡Qué bruto es el empresario!)

PANFILO
¿Conque opináis también vos?...

FASTIDIO
Claro: lo primero siempre
es parecer lo mejor
que se pueda.

CORILA
Yo parezco
siempre bien...

FASTIDIO
En eso estoy.

PANFILO
Pues yo, don Fastidio amigo,
opino porque me voy,
ya que en tan poco se tiene
mi autorizada opinión.

CORILA
No hacéis falta.

PANFILO
Lo conozco.

CAMPANONE
¿Y quién dirigirá?

PANFILO
Vos,
ó si no, el mismo empresario,
que es hombre de erudición.
Porque soy pobre, y no tengo
otro recurso por hoy,
os permito hacer mi ópera,
pero yo...

FASTIDIO
¡Válgame Dios!
todos son tropiezos.

PANFILO
Juro,
y que me silben si no
lo hago, que publicaré
lo que estos artistas son,
en donde quiera que encuentre
quien oiga mi relación!
¡Ay, ópera de mi alma!
Yo se la encomiendo a Dios. (Vase)


ESCENA VIII

Dichos menos D. Pánfilo.

CORILA
¡Habráse visto audacia como la suya!

VIOLANTE
¡Qué insolencia!

ALBERTO
Como si nosotros no supiéramos vestirnos.

CORILA
¿Qué importará que los griegos vistiesen de otro modo?
Ninguno de los que han de venir a ver la ópera ha visto
griegos en ninguna parte.


ESCENA IX

Dichos y D. Pánfilo, siguiendo a D. Sandalio, que trae unas cartas.

PANFILO
¿Hay para mí?

CORILA
Ya está aquí otra vez.

CAMPANONE
Don Pánfilo.

PANFILO
Vengo a lo que vengo.

SANDALIO
Hay canas para todos.

FASTIDIO
Luego se leerán. Ahora prosiga el ensayo.

CORILA
¡Esperad! Yo aguardo carta importante.

ALBERTO
Y yo.

VIOLANTE
Y yo.

CAMPANONE
Y yo.

PANFILO
Si me envían dinero, retiro la ópera, (D. Sandalio reparte las cartas, y se reserva una. Todos las abren, se tientan)

(Música)

La posición de los actores es la siguiente, empezando por la derecha: Sandalio, Alberto, Corila, Violante, Fastidio, Campanone y Pánfilo.

CORILA
(Leyendo la carta)
Corila preciosísima.

VIOLANTE
(Id) Violante amabilísima.

CAMPANONE
(Id) Maestro ilustradísimo.

ALBERTO
(Id) Amigo estimadísimo.

FASTIDIO
(Id) Fastidio queridísimo.

PANFILO
(Id) Poeta eminentísimo.

SANDALIO
(Id) Marido graciosísimo.

CORILA
(Id) Os remito en un paquete
la pomada y el colorete,
que mandéis, hermosa mía,
quiere sólo el que os lo envía.

VIOLANTE
(Id) Este traje que os envío,
aceptadlo, dueño mío.
Aunque estáis ausente, trato
de pintar vuestro retrato.

CAMPANONE
(Id) El tenor recién venido
sigue siendo el preferido,
mas la ópera estrenada
casi toda fue silbada.

ALBERTO
(Id) Sé que estás enamorado,
y me alegro, por mi vide
porque estoy comprometida,
y me casaré en Milán.

PANFILO
(Id) Si a la vuelta de correo
no enviáis aquel piquillo,
os diré que sois un pillo,
y lo pasareis muy mal.

FASTIDIO
(Id) A empresario te has metido;
te verás pronto perdido.

SANDALIO
(Id) Há tres días que he parido
un muchacho muy lucido.
¡Hace un año no te veo!
¡Cuánto, esposo, te deseo!

(Se van levantando, y se comunican las noticias)

CAMPANONE
Grandes gritas en Florencia.

ALBERTO
Gusta la ópera en Venecia.

CORILA
Gusta el bajo de Verona.

VIOLANTE
Alborota el de Cremona.

TODOS
Norabuena al empresario,
alegría y regocijo,
que nosotros hoy, de fijo,
causaremos gran furor.

PANFILO
(Si no pago ese piquillo
me dirán que soy un pillo.
¡Oh qué afrenta, santo Dios!)

CORILA
(El barón de las Batuecas
siempre haciéndome el amor)

ALBERTO
Nos envían la escritura (A Corila)
que pedí para los dos.

CAMPANONE
De Milán me piden óperas.

ALBERTO
En Turín no hay caricato.

PANFILO
En España está el pan caro.

TODOS
Proseguir puede el ensayo.
Ensayemos, ensayemos;
que si nos entretenemos
no se acabará jamás.
Norabuena al empresario, etc.

(Hablado)

CAMPANONE
(A Corila) Si os parece pasaremos vuestro rondó.

CORILA
Si lo sé.

CAMPANONE
Pues por lo mismo... Amigo don Pánfilo, tened la bondad de explicar la situación.

PANFILO
¡En buena situación estoy yo ahora para explicar situaciones!

FASTIDIO
Pues si no dirigís...

PANFILO
No, señor, yo no dirijo a gente que no se deja dirigir.

CAMPANONE
Pues dirigiré yo. (Toma el libreto y después de repasarlo, dice a Corila) Antes hay Un recitado, en el que vos decís a un esclavo, que el día está muy bueno, y que queréis bajar al jardín a tomar el fresco; y así, con cierto disimulo le preguntáis cómo está el preso, que es el tenor, y por quien os interesáis más de lo que vos misma queréis. El os dice que no tiene novedad, que está tan guapo y tan gordo, y se va.

CORILA
¡Cómo! ¿El tenor no está en escena?

FASTIDIO
Si está preso é incomunicado.

CORILA
Y eso ¿qué?

PANFILO
Es verdad; los presos se pueden pasear por donde quieren. (Con esta mujer no hay teatro posible)

CAMPANONE
¿Pues no me obligasteis a hacer mil variaciones, porque no queríais tener nada con el tenor?

CORILA
Ahora quiero tener.

ALBERTO
¿De veras? ¿Otra vez me amas?

CORILA
¿Cuándo he dejado de amarte?

VIOLANTE
Eso me parece que no es de la ópera.

FASTIDIO
¿Se ensaya ó no?... Se variará otra vez.

PANFILO
No señor.

FASTIDIO
Sí señor... El preso estará a este lado, atado con una cadena al balcón.

ALBERTO
Como un mico... Yo no estoy así.

PANFILO
Pues estad como queráis, de pie, ó tendido, ó a caballo, como mejor os parezca.

CAMPANONE
Orquesta, ¡a una, a dos, a tres!

(Música)

CORILA
Yo por tí desprecio riesgos,
y evitar quiero tu muerte:
a mi lado anhelo verte
y a salvarte va mi amor.
Al fin soy tuyo.
¡Feliz instante,
su dicha halló!
¡Ah, ven! De júbilo
mi pecho henchido,
por tí ha sentido
profundo amor.
¿Ves cómo late
mi corazón?
Late el cuitado
de puro amor.

(Hablado)

Todos
¡Bravo! ¡bravísimo!

PANFILO
¡Sublime música! (A Campanone) Os doy la enhorabuena, maestro, y os pido mil perdones por la anterior querella.

CAMPANONE
Démoslo todo al olvido, y seamos buenos amigos.

SANDALIO
Ya ha traído el copista la sinfonía.

TODOS
¡Que la oigamos!

VIOLANTE
Si es como el aria, gustará mucho.

CAMPANONE
Señora, tantas gracias.

FASTIDIO
Señores, pido la palabra para una interpelación. (Se sube en una silla)

TODOS
¡Que hable el empresario!

FASTIDIO
Opino porque nos traigan un ponche... ¿Qué os parece?

TODOS
Aprobado.

CORILA
Y venga la sinfonía.

CAMPANONE
¡Orquesta, atención! (Después de repartir los papeles a la orquesta) ¡Fuerte... muy fuerte la primera! ¿Estamos todos?... ¡A la una, a las dos, a las tres! ¡Brun!... (Música) ¡Bron! (La orquesta da un acorde desafinado) ¡Ay, ay! ¡Misericordia! ¿Qué es esto? ¡Esto es una especie de cencerrada! Debe ser un acorde en sí bemol, fuerte, seco, pero afinado. Volvamos a hacerlo... (La orquesta da otro acorde muy seco) ¿Eh? ¡Esto es demasiado seco! ¡No tanto! Parece el ruido de un carbón encendido al caer en el agua, ¡chf! —Debe ser más largo, más sensible! Otra vez. (La orquesta da un acorde larguísimo, sin hacer caso de Campanone, que muy sofocado grita:) ¡Basta, basta! ¡No tan largo! (A la orquesta) ¡Señores! hablemos claros: ¿es esto cosa de juego? Unas veces por corto, otras por largo. A ver: ¿no tenéis ahí un acorde del valor de un compás? ¿Sí? ¿Pues por qué no lo hacéis? Se debe hacer así: Larán... (Cantando) Ni más ni menos: ¿estamos? ¡Bueno! Pues todos conmigo. ¡A la una! L... ¿Eh? (Se vuelve de repente, quedando con los brazos y la pierna levantados, mirando a los coristas, que arman una disputa, jugando a las cartas) ¿Qué es esto, señores? ¿Se ha vuelto esto una taberna?

FASTIDIO
Señores, ¿qué escándalo es este? ¿No veis que está ensayando el maestro? Proseguid.

CAMPANONE
¡A la una! ¡Larán! —¡Aja! ¡muy bien! Piano; que arrastren los violines. ¡Lará, lará, lará, lá, lará! (Canta imitando los violines) ¡Clarinetes! Pianísimo! (Desafinan) ¡Ay, ay, ay! Alto, no es eso! ¿A ver? venga el papel.

(Al ir a tomar el papel de los clarinetes suena un golpe fuerte de bombo, que asusta a Campanone, haciéndole dar un respingo. D. Pánfilo y D. Fastidio, que estarán sentados a la izquierda del actor, se asustan también, huyendo despavoridos al otro extremo del teatro)

CAMPANONE
¿Qué hacéis! (Muy enfadado al bombo) Venga el papel. Aquí está bien: contad cuatro compases. Y vosotros tocáis también en tono de la? ¡Mal hecho! en si bemol. ¡en be fa! Vamos: ¡un poco de cuidado! volvamos a tomar desde la entrada de los violines arrastrados. Venga! (1).

(Música)

¡Lará! ¡Piano, pianísimo!
¡Muy bien! ¡ Esforfadísimo!
Las violas bien ligadas,
las notas bien marcadas.
Lará, lará, lará.
Los violines con dulzura;
con más fuerza el contrabajo.
Unidos... ¿Eh? ¿Mi trabajo
qué os parece?

TODOS
¡Bravo, maestro!

CAMPANONE
Esto alborotará.
Crescendo... Notan lento.
¡Qué orquesta!... ¡Estoy contento!
Mejor no se hallará.
¡Qué buena es esta música!
Mejor no se hallará.

(Hablado)

CAMPANONE
¡Gran director de orquesta!... ¡Sois ¡excelentes profesores! (Sale un criado y da dos cartas a D. Fastidio)

FASTIDIO
Albricias, señores: todo está corriente. (Después de leer una de las cartas)

TODOS
¡Cómo!

FASTIDIO
Acaba de llegar el soprano, y ya no falta nadie, puesto que podrá cantar mañana el bajo: ya se le han quitado las tercianas.

CAMPANONE
¿Y ese otro pliego?

FASTIDIO
¡Cáspita! (Leyendo la otra) ¡Trae el timbre del gobierno!

TODOS
¿Del gobierno? Oigamos.

FASTIDIO
Huuuum... (Haciendo gestos de sorpresa)

TODOS
¿Qué?

FASTIDIO
Huuuum... (Id)

TODOS
¿Qué dice ese papel?

FASTIDIO
Huuuum...

TODOS
¡Acabad!

FASTIDIO
¡Una friolera! Una orden del gobierno para que mañana, sin excusa alguna, se cante la ópera anunciada... ó de lo contrario, manda cerrar el teatro.

SANDALIO
Si aún no se ha abierto.

FASTIDIO
¿Y qué? Así está escrito.

CAMPANONE
Lo creo muy fácil, con el ensayo de esta noche y el de mañana.

PANFILO
¡Oh gobierno previsor y magnánimo!

FASTIDIO
El rey quiere asistir a la primera representación.

CORILA
¡El rey! ¡Qué gusto!

VlOLANTE
(Le compadezco)

ALBERTO
Si el rey lo manda...

CORILA
Nunca he estado mejor de voz.

VIOLANTE
¿Pues no decíais?...

CAMPANONE
(Estando el rey no podrá silbar el público... Me conviene)

FASTIDIO
(A la orquesta) Señores, a las ocho ensayo general.

PANFILO
Voy a dar la noticia al hostelero.

ALBERTO
Señores, dentro de cuatro días os convido a mi boda con Corila.

CAMPANONE
¡Quiá! (Burlándose)

TODOS
¿Eh? (Prestando mucha atención)

CAMPANONE
Tarde piache, amiguito. Corila ha aceptado mis tiernos
galanteos.

CORILA
Sí; pero me caso con Alberto. Lo he pensado mejor.

CAMPANONE
¿Mejor? ¡Yo digo que lo ha pensado peor!

ALBERTO
¡Corila mía!

FASTIDIO
¡Señores, el Cartel! (Tomándolo de manos de un comparsa que lo trae)

CAMPANONE
¡El cartel! ¡El anuncio de mi ópera! ¡Oh, gloria artística, tú me haces olvidarlo todo!

TODOS
¡Que lo lea el maestro, que lo lea!
.
CAMPANONE
¡Silencio y atención! Dice así:

(Música)

En la ocasión, etcétera,
de la apertura, etcétera,
se pone hoy en escena
una ópera muy buena,
que tiene aqueste título:
«El griego en Trebisonda.»
con música novísima
del maestro Campanone.
¡Está bien!... Nadie se opone.
Mas no me interrumpáis.

TODOS
Os ruego que sigáis,
que nadie chistará.

CAMPANONE
Prima donna absolutísima
Corila Tortolini.
Primer soprano, etcétera,
Victorio Paronini.
Primer tenor Alberto.

ALBERTO
Veamos... ¡Contentísimo!

CAMPANONE
Los otros Tan siguiendo
por orden de costumbre,
según veréis aquí.

TODOS
¡Corriente! ¡Está corriente!
Perfectamente está.

CANTO FINAL

TODOS
Ya están hechos los carteles,
y sabidos los papeles;
y mañana sin remedio
El maestro y los cantantes
en vos fijan sus miradas;
si les dais cuatro palmadas,
muchas gracias os darán.



FIN DE LA ZARZUELA.


NOTA.- El actor encargado del papel de Campanone, podrá añadir y quitar, según su buen juicio le dicte, en la escena novena del último acto; pues sería prolijo enumerar todos los juegos cómicos a que pueda dar lugar la situación.


Información obtenida en:
https://archive.org/details/campanonezarzuel1978mazz

No hay comentarios:

Publicar un comentario