jueves, 14 de agosto de 2014

Los Cadetes de la Reina (Libreto)



LOS CADETES DE LA REINA



Opereta en un acto, dividido en dos cuadros en un acto, en verso y prosa

Libreto de Julián Moyrón.

Música de Pablo Luna.

Estrenada el 18 de enero de 1913 en el Teatro Price de Madrid.


REPARTO (Estreno)

Herminia – Luisa Vela.

Luisa – Milagros Pujol.

Rosa - Srta. Urdazpal.

Aldeana – Srta. González.

Cadete 1º - Srta. Calesera.

Cadete 2º - Srta. González.

Cadete 3º - Srta. García Blanco.

Cadete 4º - T. García.

Carlos – Emilio Sagi-Barba.

Heliodoro - Sr. Viñas

Presidente – Daniel Banquells.

Ministro de la Guerra – Sr. Lara.

Ministro de Hacienda – Sr. Martí.

Ministro de Instrucción – Sr. Couto.

Ministro de Cultos – Sr. Alarcón.

Ministro de Comercio – Sr. Vela.

Capitán – Sr. Alfred.

Aldeano 1º - V. García.

Aldeano 2º - Sr. Resa.

Un Criado – Sr. Rodríguez.

Heraldos, cadetes, damas, cortesanos, diplomáticos, aldeanos y Coro general y acompañamiento.


CUADRO PRIMERO

Parterre a todo foro. Al fondo, palacio, lo más artístico posible, con gran escalinata de mármol que avanza hasta la tercera caja. Rematan el barandal dos figuras que sostienen caprichosos aparatos de luz. La escalera tiene amplia plataforma de mármol. Una puerta grande en el centro y una pequeña a cada lado de aquella, dan entrada al Palacio, que se ve a través de una plantación exuberante. El aspecto ha de ser lindo: una impresión poética más que señorial. Mucha luz. A la derecha figura estar la entrada del jardín, que se supone muy distante, dadas las dimensiones de éste. En primer término izquierda un pequeño banco de piedra, con respaldo y brazo; tiene adornos y el escudo real. Todas las entradas y salidas de este cuadro han de hacerse por la derecha o foro, según indique el diálogo. La acción da principio en las primeras horas de una tarde primaveral, Detalles, a juicio del pintor.


ESCENA PRIMERA

(Música)

Al levantarse el telón aparecen Tres Trompeteros en el extremo izquierda de la plataforma y Tres Heraldos en el de la derecha. Al empezar la marcha, después de los toques de llamada, salen por la derecha, primeros términos, Heliodoro, Aldeanas y Aldeanos, quedando replegados en el mismo lado. Se abre la puerta grande del palacio, la cual está aforada por forillo de patio y galerías de cristales, y van saliendo Ocho Alabarderos (señoras); otros Ocho Alabarderos (señoras), color distinto de traje, que bajan llegando hasta primer término, y partiendo por mitades, o sea en dos filas, que es como avanzan, quedan por mitades una sección tras otra a cada lado de la gradería. Cuatro Damas y Cuatro Cadetes (segundas partes), que quedan en dos filas cubriendo los escalopes, una frente a otra, dejando calle en el centro e intercalando Dama y Cadete. Dos Reyes de Armas, con sus mazas al hombro, que quedan en el primer escalón (contando desde escena); Presidente y Ministros, exceptuando el de la Guerra, que bajan a ocupar el primer, término izquierda; iras ellos Cuatro Gentileshombres (caballeros de Coro) y Un Oficial, ayudante; Carlos, Capitán de los Cadetes, que queda en lo alto de la gradería, y, por ultimo, Cuatro Criados de librea (señoras), que quedan custodiando en fila la puerta de Palacio. En este desfile han de coincidir los últimos acordes de la marcha con el cuadro que forman los personajes que efectúan la salida. Menos los militares, todos se descubren,

CARLOS
Honrados ciudadanos,
súbditos de estos reinos,
regidos por la gracia
y voluntad de Dios,
por la sin par Princesa
Herminia de Tolosa,
legítima heredera
del Rey Agamenón;
cumplido el breve plazo
que su capricho impone
y muerto el favorito
que con su amor honró,
Herminia la Princesa,
la de los bellos ojos,
hoy a su noble pueblo
dirige este pregón.

(Desdobla un pliego y lee)

«Amor es mi divisa.
Reinar en amor quiero:
Mi vida sea amores.
Morir quiero de amor.
Mujer soy, más que Reina
que manda en - sus vasallos.
Mi reino no es un pueblo;
mi reino es la pasión.»

(Grandes murmullos de descontento en el pueblo)

PRESIDENTE
Que callen esos ruines;
que calle el populacho
y escuche de su Reina
la autorizada voz.

CARLOS
Los labios enmudezcan
y escuchen silenciosos;
Cuando los Reyes hablan
por ellos habla Dios.

(Bajan hasta primer término; todos guardan silencio y prosigue la lectura)

«Mi favorito ha muerto.
¿Lloráis? Pues no lloradle.
Mi favorito era
y no le lloro yo.
Mintió que me adoraba;
fingió por miedo amores;
por vanidad, mentiras;
perdióle su ambición.
Muerto está; y si su suerte
por hechiceras artes
volviérale a este mundo,
lo juro por quien soy.
que otra muerte le diera,
y ciento, si volviese
a recobrar cien vidas;
su crimen fue mayor.»
Y dice al pie:- «Deseo
que al muerto» favorito
un favorito herede
sus glorias y mi amor;
y sepan mis vasallos
que a partir de esta fecha
buscaré favorito
que herede al que murió.»

TODOS
Oh, qué grande honor!

CARLOS
La Reina es quien habla.

TODOS
Su vasallo soy.

CARLOS
Es ley su capricho.

TODOS
Que cumpliré yo.
Es un buen vasallo
quien al Rey sirvió,
¡Oh, gran Señora!
¡Oh, Reina ejemplar!
¡Honor! ¡Honor! (Saludan inclinándose)

Comienza el desfile para entrar en Palacio en la forma siguiente: Carlos, Presidente, Ministros, Gentileshombres y Oficial; Damas y Cadetes, Reyes de Armas, Criados de librea y secciones de escolta; la puerta se cierra tras los últimos, coincidiendo el mutis total con las últimas notas de las trompetas; los que las tocan y los Heraldos hacen mutis por ambos laterales, quedando en escena Heliodoro y los Aldeanos de ambos sexos, que avanzan al centro murmurando)

¡Otro favorito,
y ya lleva doce!
¡Nuestra real Princesa
insaciable es!
Sólo un mes le dura
cada favorito,
y otro nuevo elige
a final de mes.
Tan mortal capricho
no puede seguir.
¡Qué va a ser del pueblo!
¡Qué va a ser de mí!
Aunque sólo sea
por conservación,
se impone que hagamos
la revolución.
¡Chitón!
¡Chitón!
¡¡La revolución!!

(Hablado)

ALDEANA
¡Muera la tirana! (Muy bajito)

TODOS
¡Muera!

HELIODORO
Y si no se muere va a haber que malaria, porque esto cite consumir un hombre por mes es un abuso.

ALDEANO 1°
Pero ¿qué hará con ellos para consumirlos tan pronto?

HELIODORO
¡Locuras! ¡Yo he presenciado aquí cosas inenarrables! Claro, como era el primer jardinero de Palacio...

ALDEANO 1º
¿Y por qué te marchaste?

HELIODORO
Porque se enamoró de mí la señorita Rosa, y a todo trance quería casarse conmigo.

ALDEANA
¡Una dama cíe honor ele las más antiguas!

HELIODORO
¡Antiquísima! ¡Corno que ya lo era en los tiempos de la abuela de nuestra actual Soberana! Pues bien; la señorita Rosa, en uno de esos momentos... confidenciales, me dijo que la Reina, al llegar el último día de mes manda cortar la cabeza a todos sus favoritos. (Murmullos) Y además me he enterado que la Soberana, en vista de que no encuentra entre sus cortesanos un hombre como el que ella desea, piensa elegir favorito entre los hombres del pueblo. (Murmullos generales)

ALDEANO 1º
¿Entre nosotros?

HELIODORO
Por eso nos han leído ese pregoncito, que, dicho en confianza, es escandaloso.

ALDEANO 1º
Eso no se puede consentir. ¡Muera la tirana!

HELIODORO
Sí; pero ya sabéis que respeta a los hombres casados.

ALDEANO 1º
Pues a casarnos todos y que se fastidie, (Muestras de regocijo en ellas)

HELIODORO
Eso es; casaros, casaros.

ALDEANO 1º
¿Y tú?

HELIODORO
¡Demonio! ¡Es verdad, que yo también soy soltero!

ALDEANA
¡Y guapo!

HELIODORO
Eso me decía la señorita Rosa cuando me sorprendía en las faenas del riego; pero ¡quiá!

ALDEANA
Fijarse en la boca: ¡qué boca!

HELIODORO
La boca es un piñoncito; la boca es de mi madre.

ALDEANA
Pues ¿y los movimientos?

HELIODORO
Los movimientos son de mi padre. Pero ¿soy tan hermoso?

ALDEANA
¡Irresistiblemente hermoso!

HELIODORO
De manera que, según vosotras, la Reina...

ALDEANA
Seguro; en cuanto te vea, te nombra favorito.

HELIODORO
Eso no se puede consentir. Este es el momento de que gritemos todos muy fuerte: (Muy bajo) ¡Muera la tirana!

TODOS
(En voz baja) ¡Muera!

HELIODORO
¡Viva la revolución!

TODOS
¡Viva!

(Música)

TODOS
 (Menos Heliodoro, haciendo mutis por donde salieron)
Tan mortal capricho
no puede seguir,
etc., etc.


ESCENA II

Heliodoro. Después Rosa, por la puertecilla fondo derecha.

(Hablado)

HELIODORO
En cuanto la Reina se fije en ti, Heliodoro, cae privada en tus brazos delante de toda la Corte. Ahora que, para estos casos, digo yo que se valdrá del Gentilhombre de servicio, a quien le dirá : —«Os confío el honor de que me busquéis ni hermoso Heliodoro y me lo traigáis a la mayor brevedad. Advirtiéndoos que en cuanto llegue, oigáis lo que oigáis, ni entréis ni dejéis entrar a nadie en mis habitaciones.» Y aquella noche, un Gentilhombre velaría mi sueño. Bueno, mi sueño precisamente, no; pero me velaría un Gentilhombre, ¡Y qué noche! ¡¡Qué noche!! Quien la iba a pasar mal era él... pero la Reina y yo... Ahora, que cuando pienso que al mes le retuerce a uno el pescuezo, se me pone carne de gallina y… vamos, que no. Yo me caso con cualquiera que pueda ponerme el dote que exigen las leyes, con la primera que se me presente, con...

ROSA
(Apareciendo y balando a su lado) ¡Oh, caballero Heliodoro! ¡Qué encuentro más feliz y más inesperado!

HELIODORO
(¡La señorita Rosa! ¡Es que me huele! Digo: ¿será providencial este encuentro?)

ROSA
No; no me miréis así. ¿Por qué sois tan hermoso?

HELIODORO
Cosas de la Naturaleza, que con unos de prodiga y en cambio con otros... (¡Ni a propósito se fabrica una vieja más fea!)

ROSA
¡Estáis tan fresco!...

HELIODORO
(¡Puede que, vista con detenimiento, cambie!)

ROSA
(¡Por fin! ¡Está pensando cómo declararse!) No os atormentéis: de cualquier modo; mi corazón os adivina.

HELIODORO
¿Me permitís? (Cogiéndola de una mano la hace girar sobre sí misma, mientras él la examina a su capricho, colocándola por fin en una postura ridícula) (¡Cambia! ¡Ya lo creo que cambia!)

(Música)

¡No tiene arreglo; es horrorosa! Decididamente prefiero el Gentilhombre, con todas sus consecuencias. (Entretanto Rosa deja la postura en que se hallaba y coquetea, con movimientos propios de mujer vieja y ridícula, esperando que Heliodoro se declare; pero en vista de su indecisión, exclama con voz entrecortada)

ROSA
¡Helio!

HELIODORO
¡Rosa!

ROSA
¡Como mariposa
yo quiero libar!

HELIODORO
Caprichosa.
(Pues lo que es conmigo
creo que no libas más)

ROSA
Mira,

HELIODORO
Miro.

ROSA
Oye mi suspiro,
tímido doncel. .

HELIODORO
Vete.
Vete.
(Búscate un. cadete,
o si es poco, un coronel)

ROSA
Desde chiquitita
yo te adiviné.

HELIODORO
(¡Pues no vengo al mundo
si tal casa sé!)

ROSA
No hay en la Corte
otro más galán,

HELIODORO
(¡Me fastidiaron,
me reventaron
con mi hermosura mis papás!)

ROSA
Pon junto a mi oído
tu boca de miel.

(Adoptando una postura ridícula y para que la hable y quedando sesgada para no verle)

¡No vayas a hacerme
cosquillas, cruel!
Ponía más cerquita;
:qué emoción me da.

HELIODORO
(Yo me marcho, que no puedo
aguantarla más.
Anda y que te alivies, ¡carnaval!)

(Indeciso, inicia el mutis y vuelve)

(Hablado con música)

ROSA
Está pensando.

HELIODORO
(¡Estoy pensando qué le diría yo que la molestara más! Pero no; lo mejor es dejarla ahí sola haciendo el ridículo) (Sigilosamente hace mutis segunda derecha)

ROSA
(Sin darse cuenta que está sola) ¡Ya viene! ¡Me lo dice el corazón, que le adivina! (Volviéndose muy cariñosa, poco a poco) ¡Helio! ¡Helio! (Viendo que no está) ¡Eh! ¡Cómo! ¡Ah, todo lo comprendo, buen caballero! No pudo resistir mi belleza y huye por no mancillar mi honor! (Dirigiendo la palabra hacia el sitio por donde hizo mutis) Pero no temas, caballero Heliodoro; todos mis encantos femeninos los guardo para ti con doble llave y en arcón de plata. Tomad. (Tirándole un beso e iniciando el mutis por la misma puerta que salió) ¡Cómo corre! ¡Cuan caballero es! ¡No los coge por no sonrojarme! ¡Ay! ¡Volved y abrid pronto el arcón, gentil mancebo! Tomad... Tomad... (Dos besos más y hace mutis, terminando la música)


ESCENA III

El Presidente y los Ministros de Hacienda, Instrucción, Cultos y Comercio, por la puertecilla izquierda de Palacio. En seguida, el Ministro de la Guerra, por la primera derecha. Salen discutiendo acaloradamente, y al entrar el de la Guerra, bajan a escena.

(Hablado)

PRESIDENTE
¡Estoy encantado de la armonía que reina en todos nuestros Consejos. (En tono de hombre convencido y no haciendo caso nunca de las protestas de sus compañeros de Ministerio)

MINISTRO DE HACIENDA
Yo insisto en presentar mi dimisión.

MINISTRO DE CULTOS
Y yo.

MINISTRO DE INSTRUCCION
Yo he presentado la mía con carácter irrevocable.

MINISTRO DE LA GUERRA
(Saliendo apresuradamente) Señores, siento que haya terminado el Consejo, pues venía dispuesto a no desempeñar ni por un momento más la cartera de Guerra. (Murmullos de aprobación en sus compañeros)

PRESIDENTE
¡Silencio! ¡¡Silencio!! Conozco eso de las dimisiones ; todos nos hemos retirado con carácter irrevocable y hemos vuelto con el mismo carácter. (Protestas) Decía, señores, que reina la más inquebrantable armonía en este Ministerio, y que el Presidente dispone, por unanimidad, de la confianza de todos, sus ministros.

MINISTRO DE LA GUERRA
(En son de protesta) ¡Pido la palabra!

MINISTRO DE INSTRUCCIÓN
(Idem) Y yo.

MINISTRO DE HACIENDA
(Idem) Yo quisiera hacer una objeción.

PRESIDENTE
Aquí no hace nadie objeciones, ni habla nadie más que yo. Agradezco, señores, la confianza ilimitada que habéis puesto en mí, (Nuevas protestas; el Presidente sigue sin inmutarse) ¡Gracias! ¡Gracias!

MINISTRO DE LA GUERRA
Pero...

PRESIDENTE
Y ahora, señores, una pregunta: ¿Nosotros somos monárquicos? (Pausa. Todos callan) Bien. ¿Creéis, por lo tanto, que debemos fenecer con el régimen, si nuestra Soberana continúa con su incomprensible manía de sacrificar cada mes un nuevo favorito? (Pausa) Muy bien. Porque nosotros somos monárquicos, pero si se estableciera una nueva forma de Gobierno...

MINISTRO DE LA GUERRA
La República, por ejemplo...

PRESIDENTE
Yo creo que...

TODOS
Nosotros nos deberíamos a la República.

PRESIDENTE
¡Perfectamente bien!... Pero ahora, en la Monarquía, no puede menos de enorgullecerme el inquebrantable espíritu de adhesión qué este Ministerio siente por la Corona...

MINISTRO DE HACIENDA
Y por Su Majestad.

TODOS
(Descubriéndose, menos el de Guerra, que, como es natural, saluda militarmente) Cuya vida guarde Dios muchos años. (Se cubren)

MINISTRO DE LA GUERRA
(Confidencialmente) Ahora que, convengamos que esa pobre mujer va al suicidio.

PRESIDENTE
¡Yo no la entiendo! Mi larga experiencia en el conocimiento del corazón femenino — ¡pues he conocido tantos!—, se estrella ante esta mujer incomprensible. ¿Qué quiere? ¿Qué se propone? Yo la estudio, la observo, y cada día estoy más incierto en mi opinión. ¿Quién es la Reina? ¡No lo sé! ¡No la entiendo! ¡Señores, no sé quién es la Reina!


ESCENA IV

Dichos y Carlos, que momentos antes sale por la puertecilla de la izquierda, y desde la plataforma oye las últimas frases.

CARLOS
Yo sé quién es la Reina, Presidente.
Y sé quién es la Reina, porque un día,
por capricho, quizá por simpatía,
hízome de sus penas confidente.

(Baja a escena y queda en el centro de los seis)

Como vos, Presidente, la estudiaba,
y como vos, tampoco la entendía,
La fecha no la sé, sé que fue un día
que una gran fiesta en su palacio daba.
Su severo salón la noche aquella
un lindo guardajoyas parecía.
¡Bien la Corte lució! ¡Nadie diría
que en el joyera aquel faltaba ella!
A la Reina busqué —ya he confesado
Que cual vos, Presidente, la estudiaba—;
cuando andando, al azar, vi que me hallaba
del baile en el salón más apartado.
¡Absorto me quedé! ¡Lo que observaba,
un mundo de secretos descubría :
mientras toda una Corte allá reía,
la Reina de esa Corte allí lloraba.

PRESIDENTE
¿Lloraba? ¡Vive Dios, quién lo creyera!

CARLOS
Lloraba, Presidente; no fingía.

PRESIDENTE
Perdonad, capitán; yo suponía
que monstruo tal ni corazón tuviera.

CARLOS
¡Si es toda corazón! ¡Si es toda amores!
¡Si. es su alma entera toda sentimiento!
Alas ¡vive Dios!, me callo; pues. presiento
que a comprenderla no alcanzáis, señores.
Yo sé de mí que quise destronarla,
y que cual vos, un monstruo la creía;
la hablé, la conocí, y desde aquel día
no tuve más, remedio que adorarla.

PRESIDENTE
¡Ah!

MINISTRO DE LA GUERRA
¡Vamos!

MINISTRO DE HACIENDA
¡Comprendido!

PRESIDENTE
Terminad:
la Reina decís qué es...

CARLOS
Una mujer
que sólo vino al mundo a padecer
terrible e incurable enfermedad.

PRESIDENTE
Que se llama...

CARLOS
No sé. (Vacilando)

PRESIDENTE
¡Es particular!

CARLOS
Yo la llamo...

PRESIDENTE
Sed breve; es un consejo.

CARLOS
Vos no la entenderéis, pues ya sois viejo;
algunos la llamamos : sed de amar.

(Música)

Es el pecado más horrible
hacer llorar a una mujer.
Es ofenderlas de cobardes
y es adorarlas un deber.
Si nuestra Reina siente amor,
su amor debemos respetar,
y de su sueño encantador
no la debemos desertar,
porque es una mujer.
Mariposa es la Reina gentil;
volando va de flor en flor.

TODOS
¡Pues ese vuelo es lo peor!

CARLOS
Le ha prestado sus alas Abril,
para ir en busca del amor.

TODOS
¡Nuestro papel es superior!
Mariposa será a no dudar,
mas la podríamos llamar mejor...

CARLOS
¡La vida diera por ganar su amor!

TODOS
No nos deja jamás reposar.

CARLOS
Y habéis pensado en dimitir.

TODOS
¡En eso no hay ni que pensar!

CARLOS
A una mujer, cuando ama mucho,
su amor debemos perdonar.
No censuréis a las mujeres,
pues nunca fue pecado amar.
¡Si las pedimos el placer
y es nuestro sueño encantador,
el defenderlas es deber
y no hacer burla de su honor...
si pecan por amor!

Mariposa es la Reina gentil,
etc., etc.

O dimitir transigir.

TODOS
¡Sin el poder! ¡No puede ser!
¡Capitán, por favor! ¡Capitán,
nunca os fiéis, de una mujer!

(Hablado)

PRESIDENTE
La Reina, en fin,,,

CARLOS
Más que Rema , es mujer,
¡No es cruel, ni es sangrienta, ni es tirana;
es la niña que al verse Soberana/
abusa, sin saberlo, del poder!
Es la hembra que lleva de guerreros
Su sangre ardiente y avasalladora.
Esclava a veces; otras, gran señora.
Esa es la Reina Herminia, caballerea.


ESCENA V

Dichos. Se abre la puerta central de Palacio de par en par y aparece un Oficial. Luego tercera derecha Heliodoro.

OFICIAL
(Anunciando) Señores : Su Majestad. '(Se retira)

MINISTROS
¡¡La Reina!!

PRESIDENTE
Quizá llegue para oír la petición de los cadetes, que pretenden dar : un nuevo emblema a su bandera. (Suben todos a esperarla a la misma puerta; Carlos vase último término derecha)

HELIODORO
(Saliendo) Pero ¡Dios mío! ¿Cómo he llegado aquí? ¿A qué he venido aquí? ¿Quién me ha traído aquí? Desde que me dijeron que la Reina piensa elegir favorito entre las clases populares, ni corno, ni duermo, ni vivo, ni… Veo en todas partes al Gentilhombre vela que te vela. A la Reina, loca por mí. ¡Me veo en palacio mangoneando en todo! ¡Me veo en la cámara regia! Me veo… ¡en la cárcel si me descubren! (Asustado, se esconde por el jardín, en la derecha)


ESCENA VI

Presidente, Ministros, Herminia, Rosa, Reyes de Armas, Alabarderos, Damas, Caballeros, Militares, Carlos, Cadetes de la Reina (señoras) y Criados, todos puerta central de Palacio. Al final, Heliodoro.

(Música)

(A su tiempo sale: una sección de Alabarderos, que se coloca al pie de la escalinata; Herminia, a quien reciben Presidente y Ministros, y todos ¡untos, seguidos de Rosa, bajan a escena; Herminia se sienta en el banco de la izquierda, y los demás a la derecha  de ella, hasta el fondo. Tras Herminia vienen los dos Reyes de Armas, que se colocan en el sitio del primer número; detrás, Damas, Caballeros de la Corte y Oficiales, que ocupan todo el lateral derecha (tres términos); después, la otra sección de Alabarderos, que queda en la plataforma, cuatro a cada lado de la puerta, y por los cuatro Criados (señoras) en la misma puerta)

PRESIDENTE y MINISTROS
(A Herminia, Mientras balan)
¡Encanto de la Corte!
¡Graciosa Soberana!
¡Martirio de los hombres
y envidia de las clamas!
De vuestra gran belleza
elogio hacía yo;
llegasteis, y el elogio
es pálido ante vos.

TODOS
Sonreíd, Majestad,
y nuestro homenaje recibid
Sonreíd sin cesar,
vuestro pueblo quiere
no veros llorar.
¡Reíd y soñad, Majestad!

CARLOS
(Sale último término derecha, llega frente a Herminia y saluda)
Soberana encantadora:
Vuestra guardia, que os adora,
solicita una gracia, gran señora:
Hay un lema en su bandera
y cambiarlo ahora quisieran
los cadetes . .
por un lema que dijera lo que sienten.

HERMINIA
¿Y ese lema es?...

CARLOS
¡Señora :
ese lema es de amor!
que cuando un hombre ama,
sabe morir mejor.

(Dirigiéndose hacia el fondo derecha (meseta del Palacio), por donde salen diez y seis cadetes (señoras), y bajando de a cuatro por la gradería, avanzan a gusto del director de escena)

Avancen ya
en formación.
Los Cadetes, señora,
por vos sabrán morir…
Los Cadetes, señora,
no se saben rendir.
Por eso un lema quieren
que diga su valor.
¡Firmes!
Nuestro lema es de amor.

«Por mis amores»
Ese es el lema fiel
que ansiamos ostentar
para triunfar.
«Por mis amores»
Porque sólo el amor
es lo que da valor
al pelear.
«Por mis amores»
dirá, cuando al luchar
con ronco redoblar
llame el tambor.
Y así, queremos
tener por lema
cuando luchemos:
«Por mis amores»

CADETES y CORO
Al peligro sonreíd
así,
pues al peligro, hay que burlar.
Sin temor, riendo sin cesar,
a morir
los Cadetes irán, Majestad.
«Por mis amores»
Ese es el lema fiel,
etc… etc.

CARLOS
(Por...mis amores
sufriendo viviré
y a nadie le hablaré
de mis dolores.
Por ella muero,
muero de amores)

TODOS
Lleve ese lema
nuestra bandera:
«Por mis amores»
Ese es el lema
que desearnos :
«Por mis amores»

(Quedan frente a Herminia y saludan)

HERMINIA
(Poniéndose en pie)
Cadetes de la Reina:
no acepto el lema, no,
¿A qué ostentar amores
en donde no hay amor?

CARLOS
(El lema no apadrina
porque es lema de amor,

(Los Cadetes se repliegan al fondo en dos filas)

El lema de mi vida
será sólo el dolor.
No me ama, pues no acierta
mi amor a descubrir.
¡Malditas ilusiones
que así me hacéis sufrir!

HERMINIA
Una Reina no puede querer
porque todo le impide soñar.
Nadie piensa que es una mujer
que a la vida solo vino a amar.
Una Reina no puede 'sentir
la alegría que da una pasión.
Una Reina no puede vivir
si por su desgracia tiene corazón.
Feliz la mujer
que inspira un querer
que enciende un amor ideal
siempre fiel.
Feliz si al fin logró
amores inspirar,
deseos encender
y con gran pasión
vivir por su ideal

TODOS
Una Reina no debe querer
porque es grave, peligro soñar,
pues es Reina antes que mujer
y en el trono es expuesto el amar.

CARLOS
(Una Reina cuando ama es mujer
que su sueño pensó realizar)

LOS DEMAS
Esclava de su nación
una Reina debe ser,
aunque amor es el placer
y el reinar es el dolor.

CARLOS
Cadetes de la Reina:
el lema no aceptó
la hermosa Soberana;
no fía en nuestro amor
Que sea nuestro lema
siempre nuestro valor.
Cadetes de la Reina,
firmes: en formación.

(Forman, y evolucionan ante Herminia, que ha vuelto a sentarse, haciendo mutis último término derecha del jardín; el último, Carlos)

(¡Por mis amores
sufriendo viviré,
etc , etc)

(Hablado)

HERMINIA
(Fijándose en Heliodoro, que azorado no sabe cómo ocultarse) ¿Qué es aquello que se mueve en el jardín?

HELIODORO
(Estoy perdido)

HERMINIA
¡Un bicho!

HELIODORO
(¡Me llama bicho! ¡Lo que hace la distancia!)

PRESIDENTE
Dejad; sea lo que fuere, aquí lo traeré ensartado con mi espada. (Avanza y luego vacila) Pero id vos, general, que no quiero ensuciarme. (Avanza el Ministro de la Guerra hacia Heliodoro)

HELIODORO
Presentándose, muerto de miedo) (¡Aquí voy a estarme yo ! ) ¿Para qué se va a molestar Vuestra Excelencia? ¡Yo me iré con mucho gusto antes de que me ensarte!

TODOS
¡Un villano!

ROSA
(¡Mi Heliodoro! ¡Cuánto me ama!)

PRESIDENTE
Prendedle. (Avanzan dos oficiales del séquito y se retiran a la orden de Herminia)

HERMINIA
Dejadle.

PRESIDENTE
(¡No coincidimos nunca la Reina y yo!)

HELIODORO
Muy agradecido, señora. Buenas tardes; que sigan vuesas mercedes tan buenos. (Trata de alejarse)

HERMINIA
Espera. (Avanzando un poco)

HELIODORO
(Muerto de miedo) (¡Cómo me mira!)

HERMINIA
Acércate, amigo mío.

HELIODORO
(¡Adiós!)

ROSA
(¡Me lo irá a robar!)

HERMINIA
Qué es eso: ¿tiemblas?

HELIODORO
Sí; digo, no… digo... Pero no es de miedo. (¡Es de una cosa que se le parece mucho!)

HERMINIA
Acércate más.

HELIODORO
(Obedeciendo) (¡Para qué he venido yo aquí, Dios mío!)

HERMINIA
¿Para qué has venido a mis jardines?

HELIODORO
Eso digo yo, señora : que para qué habré venido, (¡No me quita ojo! ¿Me parece que me puedo despedir de la cabeza!)

HERMINIA
¿Eres joven?

HELIODORO
(¡Uy!) (Tratando de desilusionarla) Quiá, no señora. Además, que soy muy desgarbado y muy mal formado. Al fin, como hijo de campesinos, está, uno hecho de cualquier manera.

HERMINIA
¡Simpático, sí eres!

HELIODORO
(¡Ya está!) Así, a primera vista, puede; pero a la media hora de tratarme me hago intolerable. Un ogro, un verdadero ogro.

PRESIDENTE
(A Herminia) Es franco, ¿eh?

HERMINIA
Es cierto; y esa franqueza me enamora.

HELIODORO
Que la... (¡Perdido sin remedio!)

HERMINIA
¿Y cómo te llamas?

ROSA
(Interviniendo) El caballero Heliodoro; ya sabéis, señora: el... mi...

HERMINIA
Silencio. (A Heliodoro) Pues bien, amigo mío; la Reina perdona tu atrevimiento, para  que veas que no es tan mala como dicen. Te doy la libertad. Mas no te olvides de la Reina, que ella tampoco se olvida de sus buenos súbditos. (Al Presidente, sin dejar de mirar a Heliodoro) ¿Sabéis, Presidente, que me parece que ya he encontrado favorito?

(Música)

(Hacen mutis por Palacio: el Presidente, llevando a su derecha de la mano a Herminia; detrás, Ministros, Damas, Caballeros y Oficiales, Reyes de Armas, Criados, y, por último, las dos secciones de escolta, cerrándose la puerta de Palacio, Continúa la música)

ESCENA VII

Heliodoro y Rosa. Luego Presidente y Ministros de la Guerra e Instrucción. Después Carlos. Por último, todos los Ministros.

(Hablado con música)

HELIODORO
¿Por qué me habéis hecho tan hernioso. Señor?... (|¡Y a esta vieja tan fea!) (Viendo a Rosa)

ROSA
¡Ay, amor mío! Y yo que ya te veía con la llave en la mano abriendo el arcón.

HELIODORO
No podría, señorita Rosa; estoy muy nervioso. Eso del favoritismo, vamos, que no.

ROSA
No temas; yo pondré en juego toda mi astucia de mujer enamorada y serás mío.

HELIODORO
¡Lo veo todo muy negro!

ROSA
¡No delires! A pesar de todo, seré tuya.

HELIODORO
¡No delires!

ROSA
Mas calla, que alguien se acerca. (Ya es mío) Ven. (Le conduce al banco de la izquierda y ambos se sientan; ella le enamora y él no piensa más que en su situación si es nombrado favorito)

PRESIDENTE
(Sale por la puerta de la izquierda de Palacio, acompañado por los Ministros de la Guerra e Instrucción, y bajando la escalinata, vanse derecha segundo término; dialogan mientras la pasada) Por lo que yo he podido adivinar, creo que el agraciado —llamémosle así— es ese imbécil que ha poco sorprendimos en los jardines.

MINISTRO DE LA GUERRA
¡Heliodoro! (Desaparecen)

HELIODORO
(¡Ay de mí!)

CARLOS
(Saliendo tercera derecha) ¡Me muero de impaciencia! ¿A quién nombrara favorito?

(Queda observando el Palacio)

ROSA
¡Oh, Reina cruel ; si al fin separas dos corazones que se aman, que sea para mí su primer beso! (Besa a Heliodoro, que queda estupefacto)

CARLOS
(Acudiendo al ruido) ¡Demonio!

ROSA
(Saliendo al encuentro) ¡Qué vergüenza! ¡Qué pensaréis de mí, señor Capitán!... ¡Ay!...  ¡Ay! (Besa a Carlos y cae en seguida en sus brazos, fingiendo un desmayo) (¡Hay días afortunados!)

CARLOS
¡Cómo!... ¡Señorita!... ¡Señora!... ¡Vive Dios, qué vieja más fea! ¡Si alguien me viera, bonito papel!

PRESIDENTE
(Vuelve a salir con los dos Ministros, coincidiendo con la del resto del Ministerio, que lo efectúa por la puertecilla izquierda del Palacio) Os digo que eran besos. ¡Si los conoceré yo! (Acercándose) ¡Diablo! ¡Pero si es el Capitán!

CARLOS
(Sincerándose) Señores, que yo no...

PRESIDENTE
Y mirad, mirad a quién abraza: a la señorita Rosa.

(Todos ríen mientras Carlos trata inútilmente de hacer volver en sí a Rosa. Carlos, por todos los medios, indica que no es él el que abraza, sino ella)

(Cantado)

PRESIDENTE y MINISTROS
Mariposa es la dama gentil;
volando va de flor en flor.

CARLOS
Señores, que yo vine y...

PRESIDENTE y MINISTROS
Le ha prestado sus alas. Abril,
para ir en busca del amor.

CARLOS
Señores, que yo pasaba y esta vieja...

(Grandes risas. Cuadro. Carlos trata inútilmente de librarse de Rosa, que sigue fingiendo el desmayo; Presidente y Ministros se mofan de la conquista y Heliodoro implora a Dios no ser nombrado favorito. —Telón de cuadro)

Intermedio. —Mutación


CUADRO SEGUNDO

Jardín de Palacio a todo foro. A la derecha, tupido boscaje; plantación muy quebrada, para qué se oculten y salgan figuras. A la izquierda, terraza, que sale del Palacio, sostenida por columnas rematadas con barandilla y figuras, para que tras ella se oculte un personaje. En primer término, escaleta ancha, de piedra, que da acceso a ella. Puerta en primer- término, que da entrada al Palacio, y otra que comunica la terraza con el mismo. El edificio, que ocupa el costado izquierda, se pierde en línea recta con el arbolado del fondo, dejando pasó en tercer término, que termina la terraza. Contrasta la profusa iluminación del Palacio con la oscuridad de todo el jardín. Al pie dé la terraza un pequeño banco de piedra, sin ningún adorno. A su tiempo, amanece, hasta ser día claro. Detalles, a juicio del pintor.


ESCENA PRIMERA

(Música)

Durante la cual salen por distintos términos de la derecha, y por parejas, Cuatro Cadetes, enamorando a otras tantas Damas, y hacen mutis por último término izquierda, oyéndose dentro, al finalizar el número y en los sitios indicados en la partitura, diferentes besos de amor.


ESCENA II

El Presidente, segundo término derecha; traje de chaqué. Luego, fondo izquierda, Luisa, dama de la Corte.

(Sigue la música)

PRESIDENTE
Cuando impaciente la Corte toda
pide reformas en el Estado,
yo, que soy hombre muy a la moda,
busco aventuras enamorado.
Se que me expongo, pero he venido
porque es la niña muy hechicera.
¿A que salimos con que he perdido
las ilusiones y la cartera?

(Sale Luisa, y al ver al Presidente, se vuelva de espaldas, ruborosa)

LUISA
¡Ah!

PRESIDENTE
¡Ella!
Al verla tan linda,
qué emoción siento en mí,

LUISA
¡Cielos!
Yo estoy asustada
y nerviosa y mareada.
¿Para qué vine aquí?
¡Ay de mí!
¿Para qué vine yo aquí?

PRESIDENTE
¡Luisa!
¡Niña encantadora!
Ven aquí junto a mí. (Intenta abrazarla)

LUISA
Quieto.
Yo soy una niña
inocente y candorosa;
¿qué queréis vos de mí?,
por favor, decid ya.
¿Por qué me citáis aquí?

PRESIDENTE
Dicen que es un travieso,
que a las mujeres
hace dichosas
el niño Amor,
y es en tu boca un beso
lo que a una rosa
sin vida el sol.

LUISA
Callad, señor,
que abusáis dé mi candor.

PRESIDENTE
(Intenta abrazarla y ella esquiva el abrazo)
Mira, niña deliciosa,
e1 amor es besar,
Dicen tocias las mujeres
que en amores, los placeres
lo peor siempre fue el empezar.

(La abraza)

LUISA
¡Ay, por Dios!
¡Qué manera de abrazar!

PRESIDENTE
Siempre, en cuestión de amores,
el besar es amor.

LUISA
Ved que yo ya tengo miedo.
Resistir no puedo más,
¡Ay, callad, por favor,
que no sé si podré
resistir al amor.

PRESIDENTE
Yo tu esclavo seré.

(Dan una vuelta- por la escena, ella ruborosa alelándose y él persiguiéndola, hasta que se abrazan y vanse primera derecha)

Ven aquí junto a mí
y verás que el amor
es soñar, es vivir.

LUISA
¡Ay!, dejadme, señor,
que no sé si podré
resistir el amor. (Mutis)


ESCENA III

Herminia y Rosa en la terraza. Luego Carlos, segunda derecha.

(Hablado)

ROSA
¿Sabéis, señora, que se comenta por la Corte vuestra incertidumbre en el nombramiento del nuevo favorito?

HERMINIA
¿Y qué le importa a la Corte, si el favorito ha de ser para mí?

ROSA
Eso mismo pensaba yo, señora. Y ahora, si Vuestra Majestad me lo permitiera, quisiera pedirle una gracia.

HERMINIA
Habla.

ROSA
Que si al fin, como se murmura, pensáis honrar al caballero Heliodoro con el nombramiento de favorito...

HERMINIA
(Mirando hacia la derecha de la escena)
¡Ah! ¡¡El!! ¡Vete, por favor!

(Rosa saluda y entra en Palacio)

¡Vacila! ¡Vuelve! ¡¡Qué loco!!
¡Por fin! Viene poco a poco,
pensativo. ¡Eso es amor!

(Se oculta tras una de las figuras)

CARLOS
(Sale pensativo y atraviesa la escena para hacer mutis fondo izquierda)
No, no; la duda es peor.
¡Todo a la duda prefiero!
¿Yo la quiero o no la quiero?
¿Esto es deseo o amor?
Es que yo siento .por mí
algo que ni decir puedo.

HERMINIA
¡Amor!

CARLOS
(Deteniéndose al oír la voz y no ver a nadie)
¿Y dudo?

HERMINIA
¡Por miedo!

CARLOS
(Haciendo mutis rápido en busca del interlocutor)
¡Miedo! ¿Quién? ¿Yo miedo? (Vase)

HERMINIA
Sí.

(Entra en Palacio)


ESCENA IV

Heliodoro y Aldeanos (tres o cuatro nada más) por los términos últimos de la derecha.

HELIODORO
(Resistiéndose a los que le conducen a viva fuerza)
¡Que no quiero! ¡Que no me da la gana! ¡Que esto es llevarme a la horca! ¿No tenemos a todo preparado para la revolución?

ALDEANO 1º
¿De modo que dices que las dos?...

HELIODORO
(Gimoteando) Las dos perdidas por mí; pero completamente perdidas. ¡Es una vergüenza cómo está la Corte!

ALDEANO 1º
¡No llores!

HELIODORO
No; si es que es muy triste morirse de lo que yo me muero. Porque el que se muere de una enfermedad, ya sabemos tocios que las enfermedades son malas. Pero que me mate la hermosura... ¡la hermosura!... ¡una cosa tan rica!

ALDEANO 1º
Lo mejor es hacer lo que habíamos pensado, y si no se consigue nada, ir a la revolución. Conque entrega el memorial, y cuando vea lo que la dices, ten la seguridad que no te nombrará favorito.

ALDEANOS 2°
¿Pero qué la dice?

HELIODORO
Pues... bueno; lo bastante para que no me nombre.

ALDEANO 1º
Ten ánimos, que ya sabes que todo el pueblo está contigo.

HELIODORO
Sí; pero ahora me quedo yo solo.

ALDEANOS 1º
Valor.

ALDEANOS 2°
Buena suerte.

ALDEANO 1º
Todo un pueblo vela por ti, (Vanse por donde salieron)

HELIODORO
Yo creo que cuando lea esto, me nombra cualquier cosa menos favorito. (Leyendo el documento que saca en la mano mientras inicia el mutis hacia el fondo izquierda) «Y siéndome doloroso hacer la confesión de esta falta de que adolezco...»


ESCENA V

Heliodoro y Carlos.

CARLOS
(Saliendo fondo izquierda) ¿Quién ya?

HELIODORO
(Retrocediendo asustado) (¡Me fusilan!)

CARLOS
(No he logrado saber quién era; pero sí: ¡era ella! Esa voz...) ¿Sois sordo? ¿Quién va? (Avanzando)

HELIODORO
Yo, Capitán, que soy el hombre más desgraciado de la tierra. ¿Veis lo hermoso que soy? Pues soy tan desgraciado como hermoso. ¡Figuraos si seré desgraciado!

CARLOS
¿Qué dices, imbécil?

HELIODORO
Nada, que la Reina y yo... Vamos, que ella...

CARLOS
(Indignado por los celos) ¡Cómo! ¿Qué has dicho?

HELIODORO
(¡Sopla! ¿Qué habré yo dicho?)

CARLOS
Cómo te atreves a suponer que la Reina…

HELIODORO
Ha sido ella la que se ha atrevido. ¡Como que ya sabe lo que se lleva! Por supuesto, que aquí entre nosotros, hoy me miró de un modo que... vamos, daba vergüenza.

CARLOS
Pero ¿has visto a la Reina?

HELIODORO
Veréis, Capitán. Me encontraba yo muy preocupado con eso de la elección del nuevo favorito —porque dicho sea con modestia, se me puede mirar a la cara—, cuando anda que te andas, sin darme cuenta, me veo en los jardines de Palacio, en el momento que llega la Soberana. El miedo me impidió echar a correr, y el miedo, sin duda, me obligó a hacer una graciosísima postura, que por lo visto subyugó a la Reina. —«¿Quién es ese mancebo tan, gallardo? » —dice; yo me achico y procuro torcer las piernas, para perder mi gracia natural. ¿Comprendéis?

CARLOS
Sí, sí; comprendo; continúa.

HELIODORO
«Que se me acerque ese hombre tan hermoso» —exclama de pronto Su Majestad. Yo me acerco, andando lo peor posible. —«Que me mire el gallardo doncel»—dice dulcemente al tenerme muy cerquita. Yo, que estaba yendo .la que se me venía encima, procuro mirarla muy mal; pero, claro: como, le sale bien a uno todo con esta cara, se conoce que me resultó una mirada de esas, que... ¡me estoy temiendo que me mande al Gentilhombre de un momento a otro!

CARLOS
(Furioso) Mientes.

HELIODORO
Pero ¿no me creéis?

CARLOS
¡Naturalmente!

HELIODORO
Pues creedme.

CARLOS
Es que si te creyera, te atravesaría ahora mismo con mi espada.

HELIODORO
Ah, no; entonces no me creáis. (Carlos pasea nervioso por la parte del bosque, y Heliodoro temeroso, va esquivando su encuentro)


ESCENA VI

Dichos, Herminia y un Criado de librea. Salen del Palacio y hablan, en la terraza, sin ser vistos por los de escena.

HERMINIA
Tú cumples lo que te he encargado y cuidado con que se te escape una palabra. Y dándole, la carta, le dices en vez baja: «Es orden de la Reina.» (Baja el Criado a escena) Los celos, siempre fueron denunciadores del amor.

CRIADO
(Al pie de la escalera) ¿Quien es el caballero Heliodoro?

CARLOS
(Avanzando) ¡Eh!... ¡Cómo! ¿Qué decís?

HELIODORO
Yo; pero no... (Muerto de miedo, se apoya en Carlos, que le rechaza)

CARLOS
¡Debe ser este imbécil!

CRIADO
¿Sois vos?

HELIODORO
Sí, señor; yo soy ese imbécil: digo, ese caballero.

HERMINIA
(Oculta) (¡Se muere de miedo!)

CARLOS
(¡Quizá no sea de la Reina!)

CRIADO
Pues tomad esta carta.

HELIODORO
(Avanzando hacia él y cogiéndola.} ¡Dios mío, lo que pesa!

CRIADO
«Es orden ele la Reina» (Saluda y subiendo la escalera vuelve a entrar en Palacio, después de saludar a Herminia)

HELIODORO
¡¡Ay!! (Deja caer la carta y la pisotea)

CARLOS
¡De ella! ¡Maldición! ¿Qué hacéis, desdichado? (Se lanza sobre él y dándole un empellón se apodera de la carta. Empieza a clarear)

(Música)

¡Pobre carta, que así te han dejado
esas manos al suelo caer.
dime a mí los secretos que guardas,
pues yo sólo te puedo entender.

HELIODORO
¡Ay, Dios mío! Decid, caballero;
¿es la Reina quien firma? Decid.
Carlos Eso creo. (Abre la carta)

HELIODORO
Pues adiós cabeza;
ya me puedo despedir de ti,
¿Qué dirá?
¡Ay de mí!
Venga ya.
Lo que ponga, decid.

CARLOS
(Leyendo para sí)
¡Vive Dios!
Si me deja el despecho y la rabia,
¡por mi honor que tu suerte es demás!
Toma y lee. (Le entrega la carta)

HELIODORO
(Tembloroso) ¿Qué dice?

CARLOS
¿Qué dice?
¡Lo que tú no podías soñar!

HELIODORO
¿Es sin duda que no soy su tipo?
¿Que algún otro le ha gustado más?
Voy a ver. (Lee) ¡Santo Dios; que la gusto;
pues es cosa de felicitar!

CARLOS
Lee aquí.

HELIODORO.
Sí; ya, ya.

CARLOS
¡Qué pasión!

HELIODORO
¡Ay de mí!
¡Ay de mí! ¿Qué dirá,
cuando se pone así?

CARLOS
¡Qué feliz, si ese amor
lo sintiera por mí!

HERMINIA
(Siempre oculta en la terraza)
Ya sin duda mi carta ha leído.
En sus celos descubro mi amor.

HELIODORO
Leed ya, Capitán, qué es sabido
que a un mal, siempre siguió otro mayor.

(Le entrega la carta)

CARLOS
Ya sois feliz
con su cariño.
(¡Pobre de mí!)

(Leyendo)

«Si es de amor entendido el que lee
y adivina en las frases de amor;
si no duda y en amores cree
y es un hombre valiente y de honor,
esta noche en Palacio, una dama
en secreto con él quiere hablar:
Ella es joven y linda y se llama...
En amores, hay que adivinar.»

HELIODORO
¿Que conmigo va a hablar en secreto?
¿Que esté solo esta noche yo aquí?
¡En seguida!

(Trata de huir por la derecha)

CARLOS
(Conteniéndole)
¡Estáis loco! Aquí quieto
y escuchadme, que aún no concluí.

«Pienso ahorcarle, si falta a la cita.»

HELIODORO
¿Faltar yo, señora? ¡Yo qué he de faltar!
«Si es un torpe, aunque venga, no quita
que le imponga un castigo ejemplar.
Si por ser malicioso, quisiera
entender lo que escrito no está,
le ahorcaré.»

.HELIODORO
Sí lo entiendo. ¡Qué fiera!

CARLOS
Leed vos.

HELIODORO
(Lee) «Le ahorcaré.» ¡Me ahorcará!
Mas sin firma, una carta, es sabido
que de carta pierde su valor.

CARLOS
Es que hay firma; ¿no la habéis leído?

HELIODORO
¡No!

CARLOS
Mirad: «Quien vive de amor.»

(Hablado)

CARLOS
Comprendo que la alegría os haya trastornado, hasta el punto de creer que teníais miedo. Cuando se es tan afortunado que se alcanzan los amores de una Reina tan hermosa, ni hay corazón más que para amarla, ni más cabeza que para pensar en ella.

HELIODORO
(Muy compungido) En esta ocasión, Capitán, la cabeza no sirve precisamente para pensar; es un estorbo que le quitan a uno.

CARLOS
Caballero; ¿qué feliz sois al morir por ella, después de haberla amado.

HELIODORO
¡Ah, sí; felicísimo; atroz!

CARLOS
Qué momento más sublime en el que la digáis. «Herminia, muero por ti; respeto, amor mío, tu último capricho; pero no te olvidaré ni después de muerto.»

HELIODORO
(¡Sopla!)

HERMINIA
(¡Gracias, Dios mío ; así soñé mi único amor!)

CARLOS
Cuando os llegue ese instante...

HELIODORO
¿Cuál? El instante sublime ese de... (Señalando el dogal al cuello)

CARLOS
Sí.

HELIODORO
(¡Pues antes ciegues que tal veas!)

CARLOS
Pensad que hay un hombre que muere de celos y compadeced! e con toda el alma.

HELIODORO
(¡Lo que es en aquel instante, si llega, voy a estar, yo para compadecerme de nadie! ¡Mira si se pudiera cambiar!

CARLOS
(Hacia el Palacio, hablando con un ser supuesto) Y vos, señora, no olvidéis que grande es mi amor y que el amor no perdona burlas. Será mi venganza tan grande como él. (A Heliodoro) ¡Recibid mi más sincera felicitación!... (Desesperado comienza a pasear por entre los árboles)

HELIODORO
(Aparte) Gracias; pero el instante divino, ese, lo aguardas tú. Ha .llegado el momento, Heliodoro. En cuanto vean la carta, estalla la revolución. Señora, esta cabeza no forma parte de vuestra colección. Lo siento mucho, señora, pero no sois mi tipo. ¡Hombre, me alegraría que me hubiese oído! (Vase contoneando primera derecha)


ESCENA VII

Herminia y Carlos.

HERMINIA
(Bajando a escena) Pues te he oído, imbécil, y te castigaré, como mereces.

CARLOS
(¡Ella!) (Se oculta tras un árbol)

HERMINIA
(Para sí misma) Y vos, Capitán, vengaos; ¡que sea terrible vuestra venganza... ¿Me habré equivocado otra vez, Dios mío? ¿Será un cobarde el Capitán, que tiemble como, todos? ¡Que soy sangrienta! ¡Que soy tirana! Pues qué: ¿si todas las mujeres pudieran matar cuando su amante las engaña, no matarían? ¡Oh, sí: debí matarlos! ¡Qué cobardes! ¡Creyeron mi leyenda! ¡¡Como si yo me alimentara de sangre de villanos!! Y él, qué torpe: no comprender que a él iba dirigido todo cuanto en mi carta decía.

CARLOS
(¡A mí!... ¡Era a mí!)

HERMINIA
Sólo los celos disculparían... Pero no; no es valiente para el amor. ¡Dios mío, Dios mío, qué desgraciada soy! Corona que así me robas el amor: ¡maldita seas!... {Se sienta en el banco sin ver a Carlos:)

(Música)

CARLOS
Tu torpeza bien merece,
¡vive el cielo!, Capitán,
que ese sol que tanto adoras
para ti. no brille más.

HERMINIA
No me quiere noblemente;
sólo busca su ambición.
El callarse, es cobardía
cuando sufre el corazón.

CARLOS
(Después de vacilar en acercarse)
La rígida etiqueta
yo debo despreciar.
Jamás fue cortesano
quien es buen militar.

(Se acerca a Herminia decidido)

Reina mía, escúchame.

HERMINIA
(Levantándose airada)
¿Quién se atreve a hablarme así?

CARLOS
Dame muerte si pequé,
pues sólo vivo por ti,

HERMINIA
Semejante impertinencia,
de un vasallo no tolero.

CARLOS
Castigadme, Reina, mía;
mas mi delito... es quereros.

HERMINIA
(Disimulando su alegría)
(¡Por fin habló su amor!)

(Con coquetería)

Y decidme, Capitán,
si buscáis en mis amores
mis amores nada más.
No será la vanidad
que os seduzca, como a otros,
para conmigo reinar.

CARLOS
Señora, no comprendo
a qué tales palabras.
Suplico me escuchéis con atención
la historia de un amor tan desgraciada,
que sólo para vos tiene emoción.

Era un pobre capitán que puso todo su amor
en mujer tan ideal, que hasta el mismo sol,
ciego de pasión, le pedía celos.
Pobre loco que no vió la altivez de esa mujer
tan banal y tan cruel, que jamás miró ni
por compasión al pobre soldado.

Sospechó un día su amor,
y ese pobre capitán,
¿sabéis lo que consiguió?
Aprender sólo a llorar.

Pero noble el capitán, el castigo perdonó,
pues si le enseñó a llorar, un día quizá le
podrá, enseñar lo que son amores.

HERMINIA
¡Pobre capitán!
¿Y de quién se enamoró?

CARLOS
Era Reina la mujer,
v esa Reina fuisteis vos

HERMINIA
(Gozosa)
Por fin escucho tu voz, que dice
lo que gozosa mí alma soñó.
Por fin tus ojos amantes miran,
y en tus miradas leo tu amor.
Celosa estaba porque te quiero;
celosa estaba de tu querer;
si es que me quieres, ya soy dichosa,
ya no soy Reina, ya soy mujer.

CARLOS
Fue tu corona carga pesada;
dura cadena del corazón.

HERMINIA
Fue la culpable de mi silencio;
fue la culpable de mi dolor.
Pero ahora, aprende cómo una Reina
deja su trono por un amor.

CARLOS
¿Qué es lo que intentas?

HERMINIA
Ser siempre tuya.

CARLOS
¿Ser siempre mía?

HERMINIA
Mira y verás.

(Se dirigen hacia la derecha, después de haberse abrazado amorosamente)

Un cetro hay vacante; se da una corona;
vagos, ambiciosos; vuestro sol lució.
Una pobre Reina, su trono abandona:
el trono, es el mío; la Reina, soy yo.
Ahí quedan mis sedas, palacios, brillantes,
la lucida Corte, lujo, vanidad;
mas si algún incauto acepta, vea antes
que a los Reyes nadie dice la verdad.
¡Oh, pueblo; mañana sabrás mi locura,
que del mundo entero asombro ha de ser!
¡Te dejo, y contigo quedó mi amargura!
Ya no soy tu Reina; sólo soy mujer.

CARLOS
Ya, mi Herminia, reina eres
de mi vida y de mi honor.
Si dejaste la Corona,
de besos te haré otra yo.

(Abrazados inician el mutis fondo izquierda, desapareciendo con el final del número)

LOS DOS
Tierno y bello despertar del amor que yo
soñé...

HERMINIA
Ya no llores, Capitán. .

CARLOS
Que el día llegó de poder saber lo que son
amores.

HERMINIA
Al fin conseguí lo que ansiaba yo. Vivir sólo
para amar...

CARLOS
Tierno y bello despertar...

LOS DOS
Del amor que yo soñé. (Mutis)


ESCENA ULTIMA

Todos los Ministros por la puerta del Palacio, primera izquierda; Presidente, segunda derecha; un Oficial, fondo izquierda, y Herminia con Carlos, dentro.

(Hablado sobre la música)

MINISTRO DE LA GUERRA
(Saliendo seguido de los demás) ¡Oh, no es posible! ¿Y el Presidente? Buscadle, amigos míos.

PRESIDENTE
(Saliendo) ¿Qué sucede, general?

MINISTRO DE LA GUERRA
Pero ¿no sabéis? Se dice que la Reina... que Carlos, el Capitán de la Escolta...

PRESIDENTE
¿Qué?

OFICIAL
(Sale precipitadamente con un pliego en la mano) Presidente: de la Reina. (Lo entrega y vase por donde vino)

PRESIDENTE
(Leyendo)
«Si sois buen ciudadano
si al pueblo en que nacisteis
servís con lealtad,
os vuelvo a vuestra mano
el trono que me disteis;
con él, la libertad.
El pueblo, sin saberlo,
libertades pedía;
su grito yo entendí.
Si yo no pude hacerlo
—mi historia lo impedía—,
hacedlo vos por mí.
De amores, yo moría;
soñaba en mis amores,
moría de pesar,
y amor, me dijo un día
oyendo mis dolores,
que un Rey no puede amar.
Desde aquel mismo día
juré, si al fin hallaba,
la dicha que soñé :
que el trono dejaría.
Hallé lo que soñaba:
cumplí lo que juré.»

MINISTRO DE COMERCIO
¡Que deja la Corona!

MINISTRO DE LA GUERRA
¿No os habréis confundido?
¿Es cierto lo que oí?

PRESIDENTE
La deja y abandona
el pueblo en que ha nacido;
bien claro lo leí.

(Lee)

«Mi sacrificio, un día
juzgaréis noblemente.
Mi ejemplo aprovechad.
¡Adiós, la patria mía!
¡Adiós, mi Presidente!
¡¡Salud y libertad!!»

(Forman cuadro todos, figurando ver cómo se alejan Herminia y Carlos, que cantan dentro)

LOS DOS
Tierno y bello despertar
del amor que yo soñé,
etc., etc.

(A su tiempo, va cayendo lentamente, y al final rápido, el telón)



FIN DE LA ZARZUELA


Información obtenida en:
https://archive.org/details/loscadetesdelare3691luna

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