domingo, 9 de noviembre de 2014

El Huésped del Sevillano (Libreto)



EL HUESPED DEL SEVILLANO



Zarzuela en dos actos, en prosa y verso.

Libreto de Enrique Reoyo y Juan Ignacio Luca de Tena.

Música de Jacinto Guerrero.

Estrenada el 3 de diciembre de 1926 en el Teatro Apolo de Madrid.


REPARTO (Estreno)

El huésped del mesón del Sevillano - Jesús Navarro.

Raquel - Selica Pérez Carpió.

Constancica – Rosario Leonís.

Teresa (Lagarterana) – Paquita Alcaraz.

Mesonera – Sra. Romero.

Ginesa – Angelita Durán.

Dorotea – Srta. Ramos.

Juan Luis – Delfín Pulido.

Rodrigo – Arturo Lledó.

El conde don Diego – Juan Frontera.

El espadero, maese Andrés Munestein – Sr. Cumbreras.

Mesonero – Sr. Rodríguez.

Corregidor – Sr. Gallegos.

Un capitán – Sr. Iborra.

Fray Miguel – Sr. Martínez.

Moza 1ª – Srta. Achaerandio.

Moza 2ª – Srta. Paso.

Moza 3ª – Srta. Recio.

Moza 4ª – Srta. López.

Moza 5ª – Srta. Rodríguez.

Fea 1ª – Srta. Durán

Fea 2ª – Srta. M. Paso.

Fea 3ª – Srta. López.

Fea 4ª – Srta. García.

Lindo 1º - Srta. Martitegui.

Lindo 2º - Srta. Lina de Toca.

Lindo 3º - Srta. Rodríguez.

Lindo 4º - Mercedes Paso.

Embozado 1° - Sr. Iborra.

Embozado 2º - Sr. Gallegos.

Embozado 3º - Sr. Fernández.

Embozado 4º - Sr. López.

Un corchete – Sr. Moriña.

Oficial 1° - José Navarro.

Un pregonero – Sr. Moya.

Un carretero (dentro) – Sr. Barberá.

Mozos y mozas, lagarteranas, corchetes, trajinantes y espaderos.

La acción, en Toledo, a principios del siglo XVII.

Derecha e izquierda, la del actor.


ACTO PRIMERO

La escena está dividida. La de la derecha del actor es una plazuela de Toledo. En su centro, una fuente. En primer término derecha, un palacio. Por detrás de este palacio arranca una calle, y del fondo de la plazuela, otra. En primer término izquierda, la fachada de una casa modesta, cuyo portón comunica con la otra escena. La escena de la izquierda representa el taller de un espadero. En primer término derecha, la puerta de entrada que comunica las dos escenas. En primer término izquierda, puerta que comunica con habitaciones interiores, y al foro, la fragua. En el centro, una mesa. Es de día. En la segunda mitad del acto comienza a anochecer.

(Música)

(Al levantarse el telón están en la primera escena — la calle — unas cuantas muchachas llenando su cantarillo en la fuente. En el taller, maese Andrés Munestein, el espadero, templa espadas con tres oficiales, y Juan Luis, el Capitán y el Corregidor están sentados ante, la mesa)

MOZAS
En la fuente cristalina.
duerme el amor a esta hora.
Mocita que va a la fuente
se enamora.

ESPADEROS
Forja la espada, espadero,
y no des paz a la mano,
porque la forjas de acero
toledano.
Forja, forja, espadero,
tu fino acero,
sin descansar.
Templa la hoja afilada
de fina espada,
daga y puñal.

MOZAS
Igual que mi cantarillo
con el agua se colmó,
con sus decires, ¡ay, madre!,
se llenó mi corazón.

ESPADEROS
Forja, forja, espadero,
tu fino acero,
sin descansar.
Templa la hoja afilada
de fina espada,
daga y puñal.

(Hablado)

OFICIAL 1º
Hasta mañana, maestro. (Los oficiales pasan a la otra escena, y hacen mutis, con las mozas, por la calle del fondo)

CORREGIDOR
A lo que parece, por hoy se da de mano a la labor.

MAESE
Así es como lo decís, aunque mejor fuera no acabarla tan pronto, señor Corregidor, que apenas puedo atender a los encargos.

CORREGIDOR
Por algo vuestra espadería, maese Andrés Munestein, es la más famosa de Toledo.

MAESE
Gracias a vuestras mercedes, que vienen a honrarla...

JUAN LUIS
Días pasados oí de los labios mesmos del Rey un cumplido elogio de vuestros aceros.

CORREGIDOR
(A Juan Luis) ¿Dónde hubisteis la dicha de hablarle?

JUAN LUIS
En su propio alcázar, que me llamó para darme el encargo de una pintura.

CORREGIDOR
¿Tan alta llegó la fama de vuestros pinceles?

JUAN LUIS
Podeisme creer que el tal cuadro es mi constante obsesión. Puede ser mi gloria o mi fracaso. ¡Sueño con el tal lienzo!

CAPITAN
¿Y ha de ser un paisaje o rincón toledano?

JUAN LUIS
No; sino una Virgen Inmaculada para el Real Oratorio.

MAESE
¡Obra de empeño!

JUAN LUIS
De tanto, maese, que aún no me atreví a comenzarla.

CORREGIDOR
¿Y a qué aguardáis?

JUAN LUIS
A dar con una mujer, dama o villana, cuyo rostro refleje la pureza que ha de dar forma a lo que yo imagino.

CORREGIDOR
Aquí habéis de encontrarla, que Toledo fue siempre solar de mujeres hermosas.

JUAN LUIS
Cierto, que yo a la ciudad vengo atraído por la fama de cierta moza de humildísimo estado, pero cuya belleza es tal, que hasta la Corte llegó en habladurías la reputación de su hermosura. Constancica se llama, y en el mesón del Sevillano sirve.

CAPITAN
Así es lo cierto, como lo es también que de su beldad y discreción quedan prendados cuantos la conocen.

MAESE
Hasta don Periquito, vuestro hijo, señor Corregidor, por ella, a lo que dicen, bebe los vientos.

CORREGIDOR
¡Locuras de la gente moza!

MAESE
Con vuestra licencia, voy a traeros los encargos.

(Mutis por la izquierda)

CORREGIDOR
Pues ahora os digo, señor artista, que no necesitáis el mesón del Sevillano, ni aun siquiera moveros de aquí, para conocer a una de las más grandes beldades de que se ufana Toledo.

JUAN LUIS
¿Qué decís?

CAPITAN
El señor Corregidor se refiere a Raquel, la hermosura conocida por la moza del Cigarral, la hija de maese Andrés, el dueño de esta espadería.

JUAN LUIS
¿Tan bella es?

CORREGIDOR
En su rostro hechicero hallan venturosa hermandad las gracias de la virgen cristiana y los rasgos característicos de la raza hebrea. Nació en un cigarral cercano. Su padre, maese Andrés Munestein, es judío converso. Su madre, difunta no ha mucho, tan cristiana era como vos mismo.

JUAN LUIS
Decid, entonces, que ni hecho de encargo hallaría modelo mejor. (Por la izquierda vuelve a salir maese Andrés con una espada en la mano)

MAESE
Aquí tenéis vuestra tizona pulida y remozada. Haced cuenta de que la estrenáis.

JUAN LUIS
No; en verdad que si fuera nueva no amaría tanto su noble hoja, que mi abuelo esgrimiera en San Quintín, y en manos de mi padre triunfó en Lepanto.

CAPITAN
¡Bravo hierro!

MAESE
Fijaos cómo brilla
su fino acero.

CAPITAN
Como un rayo de luna.

JUAN LUIS
Así la quiero.

(Música)

JUAN LUIS
Fiel espada triunfadora,
que ahora brillas en mi mano,
y otros hombres y otras lides
ya tu gloria conoció;
yo venero la nobleza
de tu acero toledano,
que del Tajo entre las aguas
reciamente se templó.
¡Brilla, tizona
de fino acero,
igual que un claro
rayo de luna!
¡Brilla, tizona,
que a tu luz quiero
hallar la senda
de mi fortuna!

Sé en las lides como rayo
que no cede ni perdona;
hiere siempre que te asistan
el derecho y la razón.

MAESE, CAPITAN y CORREGIDOR
¡Brilla, tizona
de fino acero,
igual que un claro
rayo de luna!

JUAN LUIS
¡Brilla, tizona,
que a tu luz quiero
hallar la senda
de mi fortuna!

(Hablado)

(Juan Luis envaina su espada)

CAPITAN
Bien se ve que vuestra mano, aunque maneja el pincel, sirve para la guerra.

CORREGIDOR
Hasta mañana, maese.

MAESE
Dios os guarde, señor Corregidor.

CAPITAN
(Al Corregidor) Os acompaño.

JUAN LUÍS
Yo también he de irme. Aún ignoro si mi criado nos encontró alojamiento. (Saca una bolsa y se la entrega a maese Andrés)

MAESE
Gracias, señor. Siempre a vuestras órdenes.

(Juan Luis, el Capitán y el Corregidor salen de la espadería, pasando a la otra escena. Maese hace mutis por la izquierda)

CORREGIDOR
(A Juan Luis) ¡Qué triunfo si lográis que Raquel os sirva de modelo! (Juan Luis, el Capitán y el Corregidor hacen mutis por la calle de la derecha. Por la del fondo sale Rodrigo, rodeado de Ginesa, Dorotea y otras doncellas del bajo pueblo toledano, una de ellas muy fea, y cargado con los cantarillos de estas muchachas)

GINESA
(Quitándole un cantarillo y poniéndolo en la fuente) Traed ya. Y gracias sean dadas a vuestra galantería.

MOZA 1ª

Traed. (Le quita otro cántaro)

MOZA 2ª
Dadme. (Idem. Todas hacen igual)

DOROTEA
Y gracias por el trabajo que os tomasteis.

RODRIGO
Si a esto llamáis trabajo, ¿qué fueran los que pasé por esos mundos?

GINESA
¡Válame Dios! Mucho habéis rodado.

RODRIGO
Mucho es poco, Ginesa hermana. Si yo os refiriese el porqué de mi estancia en esta imperial Toledo, pienso que lo tomarais por invención de amoroso romance.

GINESA
¿Amores hay de por medio? Contad, contad, por vuestra vida, mientras se llenan los cantarillos.

TODAS
(Rodeándole con algazara) Sí, sí; contadlo.

RODRIGO
¡Hijas de mi alma, y cómo les pica la curiosidad! Primero hais de saber que éste que os habla debe gran parte de sus desdichas a su valor desaforado.

GINESA
Bien está el valor en los hombres.

RODRIGO
En mí es herencia y obligación. Imaginaos: Rodrigo de nombre, Díaz de apellido y nacido en Vivar, al pie de Burgos.

TODAS
¡El Cid!

RODRIGO
Tocayo, nada más que tocayo y paisano. Pues mi valor y mala ventura hiciéronme caer en manos de un pirata tunecino, que me vendió como esclavo a otro fiero musulmán residente en Argel.

GINESA
¡Ay, el pobre!

RODRIGO
Aquel hijo del Profeta que me tocó por amo dio en la flor de emplearme en los más bajos menesteres, hasta que la hermosa Fátima vióme una tarde en que yo, gallardamente, zurcía una calceta. Me propuso la fuga, y como, para lograrla, me dejara franca la puerta y una bien repleta bolsa, pronto salí de aquella tierra maldita.

GINESA
¿Y abandonasteis a la inocente Fátima?

DOROTEA
¡Pobre doncella!

RODRIGO
¿De doncellez habláis? Así era doncella como yo moro.

DOROTEA
Ya comprendo que sería una de las varias esposas de vuestro amo.

RODRIGO
No era sino una de sus quince madres políticas, que también dicen suegras. (Todas ríen) Pero atended, que ahora llega mi mayor desventura. Embarqué en una desvencijada galera que venía a España, y apenas perdimos de vista la costa africana, estalló en el mar horrible tormenta, que nos puso a punto de naufragio. Olas como montañas nos sacudían sin cesar. El capitán, aterrado, estudiaba inútilmente las cartas náuticas. De pronto, una racha de viento rompió el palo mayor. Cuando el capitán vio que le fallaba el palo, tiró las cartas. Al fin, creyéndome en trance de muerte, hice, por salvarme, la promesa de la más rara penitencia que vieron los siglos.

TODAS
¿Cuál?... ¿Cuál fue ella?

GINESA
¿No comer a manteles jamás y sólo pan duro?

RODRIGO
Mucho más duro.

DOROTEA
¿Ir a pie y descalzo hasta los Santos Lugares?

RODRIGO
Peor.

GINESA
¿Profesar de cartujo?

RODRIGO
Nada de eso. Prometí a San Pedro, patrón de Burgos, si me sacaba de aquel trance, casarme con la mujer más fea que encontrase este año.

GINESA
¿Así prometisteis?

RODRIGO
Así mesmo. (Las mozas se apartan un poco de él y forman dos grupos) Ahora sirvo a las órdenes de un gran pintor, honrado y noble caballero, que goza de gran predicamento en la Corte. De él dependerá el tiempo que aún permanezca en Toledo. Heme aquí entretanto, que, amén de mis prendas personales, cuento con unos cien escudos en oro que me restan de la bolsa de Fatimica, buscando por el mundo una fea entre las más feas para llevarla al tálamo, en cumplimiento de mi promesa.

GINESA
(A Dorotea) ¡Marido y con cien escudos!

DOROTEA
¿Has visto?

OTRA
¡Qué cosa!

OTRA
Loco está. (Llega Juan Luis por la calle de la derecha)

RODRIGO
¡Ah, mi señor!

JUAN LUIS
Al fin os encuentro, señor perdido. Pensé si se habría tragado la tierra a mi escudero...

RODRIGO
Venía a buscaros a la espadería, según me mandasteis, sino que me entretuve un momento, y...

JUAN LUIS
(Mirando a las mozas) He de perdonarte la negligencia, en gracia a la causa de ella, que motivo y aun motivos hay de cierto para no moverse de este lugar.

RODRIGO
¿Verdad, señor, que son hermosas las toledanas?

DOROTEA
(Indignada) Eso no lo diréis por mí, ¡que siempre pequé de desgarbada! (Mutis por la derecha)

MOZA 1ª
Ni por mí, que siempre fui ojiturbia. (Mutis)

MOZA 2ª
Y yo, patituerta. (Mutis)

GINESA
(Llorando) La más desgraciada soy yo, que mi fealdad no está a la vista, sino oculta como caracol en su concha. (Mutis)

MOZA 3ª
Igual me pasa a mí. Y la fealdad, como la hermosura, es mayor cuanto más escondida, (Mutis)

MOZA 4ª
(Agresiva) ¿Qué pudisteis hallar en mi persona, decid, para motejarme de hermosa?

RODRIGO
(Azorado) Nada, nada. (Mutis de la moza cuarta)

MOZA 3ª
¿En qué vos ofendí para que así os burlarais? Fea soy y fea moriré, porque así plugo al cielo. (Mutis)

FEA
(Acercándose por detrás y sonriéndole con coquetería) ¡Je!

RODRIGO
¿Qué?

FEA
(Insistiendo) ¡Je!

RODRIGO
¿Qué?

FEA
¿Seré yo la agraciada?

RODRIGO
¿Agraciada? ¡Y es más fea que pegarle a su padre! (Mutis la fea)

JUAN LUIS
¿Qué es esto, Rodrigo? Jamás alcancé a ver; cosa parecida.

RODRIGO
Señor, que les he gustado. ¿Qué he de hacerle yo? Y como han sabido mi promesa a San Pedro... ¿Y vos, señor, conocisteis ya a esa tan hermosa fregona del mesón del Sevillano que pretendíais por modelo?

JUAN LUIS
De conocerla vengo; pero me hablaron de otra beldad, ensalzándola tanto, que no vivo hasta dar a mis ojos el regalo de su hermosura.

RODRIGO
¿Dónde vive? Perdonad. Quise preguntar si está aquí en Toledo.

JUAN LUIS
En Toledo y en esa casa. Es la hija del espadero.

RODRIGO
Pues de la casa sale una dama.

JUAN LUIS
¿Será ella, Dios santo? (A la escena de la izquierda la — espadería — ha salido, en efecto, Raquel del interior. Rodrigo y Juan Luis se ocultan)

(Música)

RAQUEL
Cuando el grave sonar de la campana
a los fieles invita a la oración,
gentilmente la moza toledana
va a la iglesia con toda devoción.
Bajo el manto, velada y misteriosa,
es más vivo su encanto virginal,
y un galán, al cruzar presurosa,
le ofrenda la rosa
de su madrigal.
Castellana, toledana,
por besar tus labios grana
perdiera vida y honor.
Toledana, castellana,
flor de amor.
Toledana, flor de amor.

(Maese Andrés sale a la espadería del interior y despide a su hija con un beso en la frente, acompañándola hasta la puerta. Ella sale a la plazuela. Inicia el mutis por la calle de la derecha, pero la detiene la voz de Juan Luis, que, oculto a la vista del público, canta desde la calleja del foro)

JUAN LUIS
Castellana, toledana,
por besar tus labios grana
perdiera vida y honor.

RAQUEL
Perdiera vida y honor.

JUAN LUIS
Toledana, castellana,
flor de amor.

LOS DOS
Toledana, flor de amor.

(Raquel hace mutis por la calle de la derecha)

(Hablado)

RODRIGO
(Saliendo a la plazuela con Juan Luis) Ya la conocéis.

JUAN LUIS
He aquí realizado mi sueño. No me engañaron, en verdad. (Entra en la espadería)

RODRIGO
Le ha vuelto los cascos la zagala. En verdad que las toledanas son dulces y sabrosísimas.

(Entra en la espadería)

MAESE
¿Sois vos, señor artista?

JUAN LUIS
Dios os guarde, maese. Decidme y perdonad. ¿Es vuestra hija la dama que salía hace un instante?

MAESE
Raquel era, en efecto.

JUAN LUIS
Pues al verla, maese Andrés, he visto el modelo que buscaba para mi cuadro.

MAESE
¿Qué decís? Mi Raquel para...

RODRIGO
¡Como tiene el perfil hebreo! (Tapándose la boca) Tente, lengua.

MAESE
¡Infamias de los desocupados! Ella, como yo, es cristiana ferviente.

JUAN LUIS
Y yo, pintor, no corchete del Santo Oficio ni cuadrillero de la Santa Hermandad. No hayáis temor por mí de vuestros secretas, si los tenéis. (Se oye rumor de lucha y ruido de espadas)

JUAN LUIS
¿Oís? (Juan Luis, Maese y Rodrigo salen a la otra escena)

MAESE
¿Qué es esto, espadas?

RODRIGO
¡La batalla de Lepanto! (Huye por la calle del fondo)

RAQUEL
(Dentro) ¡Favor! ¡Socorro!

JUAN LUIS
¡Una mujer!

MAESE
¡Es la voz de mi hija! (Precipitadamente, por la calle de la derecha llega Raquel, muy asustada, que se acoge en los brazos de su padre. Inmediatamente aparece don Diego, de espaldas, y luchando contra tres hombres, que le atacan espada en mano)

RAQUEL
¡Padre!

MAESE
¡Mi Raquel querida!

JUAN LUIS
Tres espadas, ¡vive Dios!,
contra una. ¡Seremos dos!
¡Ya es más igual la partida!

(Se pone junto a don Diego y ataca a los otros, que inician la retirada, desapareciendo les cinco por la derecha)

¡Atrás!

DIEGO
(Luchando, dentro)
Gracias, caballero.

JUAN LUIS
Podéis descansar la mano,
si vos place, porque quiero
darle bautismo a mi acero
con la sangre de un villano.

(Continúan luchando dentro)

JUAN LUIS
¡Ah, traidor!

(Salen don Diego y Juan Luis, éste último levemente herido en una mano)

RAQUEL
¿Os ha alcanzado?

JUAN LUIS
Nada apenas.

RAQUEL
¡Le han herido!

JUAN LUIS
Si leve la deuda ha sido,
con usura la he cobrado.

(Entran en la tienda)

DIEGO
Aún escapamos mejor
que sospechaba.

JUAN LUIS
En peores
trances me he visto y salí.

DIEGO
Si no acudís a la postre
tan libre y suelto de manos,
mal me fuera.

MAESE
Los traidores
sin duda ofender quisieron
a mi Raquel, y fue entonces
cuando vos la defendisteis.
Ciertamente.

MAESE
Señor conde,
no acierto cómo pagaros.

RAQUEL
(Con reproche)
¡Padre!

DIEGO
(Saludando a Juan Luis)
Quedo a vuestras órdenes.

JUAN LUIS
Y yo a las vuestras, señor.

DIEGO
A fe que sois todo un hombre,

(Sale a la calle)

¡Pardiez, que es bella la moza!
Por esta vez falló el golpe;
mas he de lograr mi intento
antes que llegue la noche.

(Mientras don Diego dice estas palabras, maese, en la otra escena, hace mutis por la izquierda. Don Diego entra en el palacio del primer término derecha)

RAQUEL
Caballero, permitidme y
vuestra herida restañar,
ya que, sin quererlo, he sido
la causa de tanto mal.

(Se sienta cerca de él y le cura)

¿Os hace sufrir?

JUAN LUIS
¿Quién puede
en sufrimientos pensar
a vuestro lado? Tan sólo
sufro un temor.

RAQUEL
¿Y es el tal?

JUAN LUIS
Que los labios de la herida
que vais piadosa a curar
os besen las blancas manos.

RAQUEL
(Aparte)
A más de bravo, es galán.

(Alto)

Si vos no acudís, don Diego
lo hubiese pasado mal.
¡Y fuera bien merecido!

JUAN LUIS
¿Por defenderos?

RAQUEL
No más
que en apariencia. El malvado
puso en mí su torpe afán
hace tiempo, y esta tarde,
cerca de la catedral,
en un callejón sombrío,
vino a mí; quise escapar
y me alcanzó; lancé un grito,
y viniéndome a amparar
tres hombres, luchó con ellos...,
y vos sabéis lo demás.

JUAN LUIS
¡Yo que, torpe, mi tizona
puse al lado del rufián,
creyendo que os defendía!

RAQUEL
Vuestro mérito es igual.

JUAN LUIS
Pero de mi error, entonces,
vos me debisteis sacar.

RAQUEL
No lo hice porque mi padre
al conde debe amistad,
y el dolor del desengaño
así le quise evitar.

JUAN LUIS
¡Oh, Raquel!...

RAQUEL
¿Sabéis mi nombre?

JUAN LUIS
¿Y quién lo puede ignorar,
si fama en Toledo entero
vuestra hermosura le da?

RAQUEL
Sois galante.

JUAN LUIS
¡Si lograran
tal hermosura copiar
mis pinceles!

RAQUEL
¿Sois pintor?

JUAN LUIS
Pintor que a rogaros va
que, para llevarla a un lienzo,
le prestéis vuestra beldad.

(Música)

Insolente, presumido, fanfarrón y pendenciero,
procediendo cual villano, vos corteja un caballero
que tan sólo la ropilla y el nombre tiene de tal.
Si él os pide vuestra honra, yo amor brindaros prefiero;
él es la fuerza insolente, y yo soy el madrigal.

RAQUEL
Insolente y presumido, me corteja un caballero;
de sus asechanzas ruines defendióme vuestro acero.
y por eso, agradecida yo siempre a vos viviré.
Mas el amor no se logra jamás con un gesto fiero;
precisa llegar al alma.

JUAN LUIS
Yo a la vuestra llegaré.

(Muy cerca de ella, susurrando sus palabras al oído de Raquel)

Moza, la toledana,
la flor galana
del Cigarral,
vuelve hacia mí los ojos,
y mis enojos
se calmarán.
Moza, la toledana,
la más galana
que pude ver;
mira mi ardiente anhelo,
dame el consuelo
de tu querer.

RAQUEL
Noble y galán caballero,
que por mi honor ha reñido
y defenderme ha creído
con su acero;
dejad que vivan las flores
de sus amores en el rosal
donde vive dichosa
la humilde rosa del Cigarral.

JUAN LUIS
Flor y mujer que presentí,
arte y amor sois para mí.

RAQUEL
No es vuestro amor
para Raquel.

JUAN LUIS
Musa serás
de mi pincel.
Para el arte yo vivía
y triunfar sólo anhelaba.
La mujer que presentía
por mi senda no cruzaba,
y al mirar hoy vuestros ojos
en su fuego me abrasé.
Un amor mi vida entera
llenó como yo aguardaba.

RAQUEL
El amor vive en el alma.

JUAN LUIS
¡Yo a la vuestra llegaré!

RAQUEL
La moza toledana,
la flor galana
del Cigarral,
teme que con su mano
un hortelano
la pueda ajar.

JUAN LUIS
Oyeme, toledana,
rosa temprana
de mi pasión.

RAQUEL
Debo, reconocida,
darle mi vida.

JUAN LUIS
¡Quiero tu amor!

(Juan Luis sale a la plazuela y hace mutis por la calle de la derecha. Raquel, en la espadería, por ti primer término izquierda)

(Hablado)

(Sale Rodrigo por la calle del fondo)

RODRIGO
¿Se habrán marchado? Sí; parece que se han marchado; estoy casi seguro. ¡Se han marchado, estoy seguro! ¡No me cabe duda! ¡Huyeron los cobardes! ¡¡Ah, los bigardos, malsines y felones!! ¿Dónde estáis? ¡Aguardad, vive Dios, a que la tizona de Rodrigo...!

JUAN LUIS
¡Rodrigo!

RODRIGO
(Da un salto) ¡Dios me valga!

JUAN LUIS
¿Qué hacías, Rodrigo? ¿Dónde estabas?

RODRIGO
Siempre cerca de vos, amo y señor. Junto a vos, cuando la descomunal batalla; junto a vos, cuando huyeron los felones — ¡bigardos malsines! —; junto a vos... Pero ¿qué veo? ¿Estáis herido?

JUAN LUIS
¿No lo advertiste, y estabas tan cerca?

RODRIGO
Veréis... Es que yo también quise tomar mi parte en la contienda, pero no pude. Ya sabéis que esta tizona mía tiene la rara virtud de tomar decisiones por sí misma.

JUAN LUIS
¡Hola!

RODRIGO
Hay ocasiones, como la de antes, en que mi mano la requiere sin lograr que acceda a salir de su vaina. Y es que no considera digno de su limpia historia mancharse con la sangre de los villanos. Pero aun sin espada hice correr antes a los tales.

JUAN LUIS
Y aún creo que tú también corrías.

RODRIGO
Sí, en verdad.

JUAN LUIS
Delante de ellos.

RODRIGO
Yo os digo que les hice correr.

JUAN LUIS
Y muy larga debió de ser la carrera, cuando tardaste tanto en regresar.

RODRIGO
¡No sabéis! Desde .que ha corrido la voz que he prometido a San Pedro el sacrificio de casarme con la mujer más fea que encuentre, no puedo andar por la calle. Todas las feas de la imperial Toledo caen sobre mí como moscas en la miel.

JUAN LUIS
Pero tú las espantarás. ¿O también a eso se resiste tu acero?

RODRIGO
¡Ah!, ¿es que ponéis en duda mi valor? No quisiera sino que volvieran los bigardos que os hirieron. ¡Entonces podríais ver quién es Rodrigo! Y si mi tizona se resistía, con las manos, con los dientes, con las uñas... (Se oye rumor de voces por la primera calle de la derecha)

JUAN LUIS
¿Qué rumor es ése?

RODRIGO
(Dando un respingo) ¡Cristo! ¿Serán ellos? (Huye hacia el fondo de la calle, pero antes de hacer mutis vuelve aterrado) ¡Las feas! ¡Dios me valga! ¡Las feas del barrio que me persiguen!

JUAN LUIS
(Mirando hacia la calle de la derecha) No son sino una caterva de lindos, que, como siempre, van en pos de la hermosa Constancica, la fregona del mesón del Sevillano.

RODRIGO
Esos vienen por donde vos miráis. Las feas son éstas, que no me dejan tranquilo para mostrarme su fealdad. He logrado lo que nadie en el mundo: la coquetería al revés. (Entra en la tienda, huyendo. Aparecen cuatro feas, que penetran corriendo tras él. Le rodean y le atosigan. Inmediatamente llega por la calle de la derecha Constancica, seguida de cuatro lindos. Juan Luis hace mutis por el fondo. Están, pues, en la escena de la izquierda — la tienda — Rodrigo y las feas, y en la de la derecha — la calle —, Constancica y los lindos)

(Música)

FEAS
No me seas esquivo,
porque no vivo.

LINDOS
Quiéreme, Constancica,
que yo te adoro.

FEAS
Mira qué fea.

LINDOS
Mira qué lindo soy.

RODRIGO
Para un hombre tan sólo
son muchas feas.

CONSTANCICA
Qué caterva de lindos
me hacen la rueda.

FEAS
Mira qué horrible.

LINDOS
Mira qué guapo soy.

CONSTANCICA
Bello doncel,
por favor, por favor, por favor,
no me atosigues más,
porque inútil será.

RODRIGO
Fea mujer,
déjame, déjame, déjame,
que al ver tu fealdad
de pavor moriré.

FEAS y LINDOS
¡Quiéreme, por Dios!

CONSTANCICA y RODRIGO
La mujer / Un doncel
ya no puede salir
jamás sin sentir
de amor el asedio.

FEAS y LINDOS
Tú verás.

CONSTANCICA y RODRIGO
¡Ay, qué miedo me dan!

FEAS y LINDOS
Que jamás hallarás
un amor como el mío.
Cásate,
Y dudas no podrás.

LINDOS
(Solos)
que soy un galán,

FEAS
(Solas)
que soy vieja y fea.

CONSTANCICA y RODRIGO
Idos ya.

FEAS y LINDOS
¡Ay, que susto me dio!

LINDOS
En ti estriba mi amor.

FEAS
Fíjate; soy horrible.

CONSTANCIA y RODRIGO
Bello doncel, / Fea mujer,
por favor, por favor, por favor,
no me atosigues más,
porque inútil será.
Déjame ya,
déjame, déjame, déjame,
que al ver tu terquedad
de pasión moriré.

DOS FEAS
La nariz tengo roma.

OTRAS DOS
Las piernas, zambas.

DOS LINDOS
Fíjate en mi hermosura.

OTROS DOS
Y en mi elegancia.

PRIMEROS
Mira que guapo.

DOS FEAS
Mira que fea soy.

(Constancica huye hacia la casa, y Rodrigo sale a la calle. Se encuentran fuera, sin que ella llegue a entrar)

(Recitado sobre la música)

RODRIGO
¡Vayan al diablo los esperpentos!

CONSTANCICA
Sola con ellos no quiero estar.

RODRIGO
Tomad mi brazo por un momento,
y será el medio
que del asedio nos librará.

CONSTANCICA
(Tomando el brazo de Rodrigo)
Lo evitaremos de esta manera.

(Cantando)

FEAS
Tiene una dama.

LINDOS
Tiene un galán.

FEAS
¡Quién lo pensara!

LINDOS y FEAS
Vámonos ya.

RODRIGO
(Hablado)
Si es un infierno tenerlas juntas,
a vuestro lado, la gloria está.

(Las feas, cantando a boca cerrada, invitan a los lindos a tomar su brazo. Ellos aceptan con resignación, y los ocho, emparejados, hacen mutis por el fondo de la calle)

(Hablado)

(A la otra escena salen por la izquierda, Raquel)

CONSTANCICA
Gracias os doy por haberme prestado vuestro brazo.

RODRIGO
De nada, señora. Con mi brazo podéis hacer hasta chocolate, si os place.

CONSTANCICA
Os lo devuelvo ya, soltad. El tomarlo fue sólo un pretexto para alejar a esos enfadosos moscones.

RODRIGO
¡Ah!, ¿fue sólo...? ¡Pues sí que os serví de espantapájaros! ¡Buen oficio representé, por mi vida!

CONSTANCICA
Así fue mayor vuestra gentileza.

(Entra en la espadería)

RODRIGO
¿Mi gentileza? (¡Ya está! ¡Otra pieza cobrada! ¡Lástima que sea tan guapa!) (Al ir a entrar en la espadería, se cruza con Raquel, que sale) Pasad, hermosa doncella.

RAQUEL
Que Dios os guarde. (Vase por el fondo de la calle)

RODRIGO
Va tan aprisa, que ni siquiera ha reparado en mí. (Entra en la espadería)

CONSTANCICA
¡Dios os guarde, Maese! (Sale Maese por la izquierda)

MAESE
Y El a ti, hermosa Constancica, que más merece ser guardada tu beldad que no mi vejez.

CONSTANCICA
(A Rodrigo) Aprended a decir galanuras.

RODRIGO
No está mal para los años que tiene.

CONSTANCICA
(A Maese) Un señor huésped de la posada mandóme a recoger una daga que diz os dejó anteayer para arreglar la empuñadura.

MAESE
No sabe, en verdad, tu señor tío a quién aloja en su mesón.

CONSTANCICA
Hombre de letras dicen, que es el tal hidalgo.

MAESE
Yo de mí sé deciros que le tengo por tan grande ingenio, que jamás de tal manera logró ningún otro entretener mis ocios con sus escritos.

(Comienza a anochecer)

CONSTANCICA
Así ha de ser, como lo es también que no ha muchos días le oí decir que tiene escrito un libro, aún no conocido, en el que trata de las aventuras de un ingenioso hidalgo que, por ser bueno y noble en demasía, a todos parece loco. Y afirma que dará mucho que pensar y que reír a más de cuatro, cuando se conozca.

MAESE
Pues tomad la daga, doncella, y decidle a su dueño y mi señor que, aunque mucho le admira mi insignificancia, me atrevo a indicarle, sumiso y reverente, que hora es ya de que su grandeza se digne pagarme aquellos piquillos que, a más de este arreglo de ahora, me adeuda, con los cuarenta ducados que le presté el pasado año para Pascua florida, y que no hallo medio de recuperar...

CONSTANCICA
(Dispuesta a marcharse) Sí haré, Maese.

RODRIGO
¡Judío! ¡Completamente judío! Os acompaño, doncella. No haga el diablo que vuelvan a importunaros y necesitéis de mi brazo, aunque sólo sea para espantaros los moscones.

CONSTANCICA
Vamos. Dios os guarde, Maese.

MAESE
Id con él. (Salen a la calle Constancica y Rodrigo)

CONSTANCICA
¿No sentís temor de que, al vernos juntos, nos hieran las lenguas maldicientes?

RODRIGO
Yo no siento sino que seáis tan hermosa. ¡Ah, si fuerais fea! Si a lo menos tuvierais la nariz roma, los ojos turbios, las patas zambas o siquiera una tenue joroba.

CONSTANCICA
Entonces no os gustaría.

RODRIGO
Es verdad, no había caído... ¡Perdona, San Pedro!... (Hacen mutis los dos por la calle del fondo)

(Música)

(Del palacio del primer término derecha sale don Diego. Maese Andrés — en la espadería — hace mutis por la izquierda. Empieza a anochecer)

DIEGO
Salid, mis fieles criados;
lo que os dije recordad,
y esta noche será mía
la moza del Cigarral.

(Del palacio salen cuatro embozados)

Nadie en la plaza,
sola la calle.
Estad atentos
a mi señal.
Nadie sospecha
que la paloma
hoy a su casa
no volverá.

EMBOZADO
Nadie en la plaza,
sola la calle.
Estad atentos
a su señal.

DIEGO
Ocultaos por ahora.
Cuando llegue la paloma,
si resiste a mi pasión,
la cogéis entre los cuatro,
y a la moza que idolatro
la lleváis hasta el mesón.

EMBOZADO
(Ocultándose en el palacio)
Nadie en la casa,
sola la calle;
nos es propicia
la oscuridad.

DIEGO
Ella no sabe,
¡pobre paloma!,
que hoy a su casa
no volverá.

(Sale Raquel por la calle del fondo)

(Recitado sobre la música)

DIEGO
Raquel, divina doncella.

RAQUEL
Dejadme pasar, señor.
Es tarde y mi padre espera.

DIEGO
Más tiempo te espero yo.

RAQUEL
Ya os dije que mi cariño
no será vuestro jamás.

DIEGO
Pues, de tu grado o por fuerza,
juro que mía serás.

(Del palacio salen los cuatro embozados que la sujetan por detrás)

RAQUEL
¡Infame! ¡Socorro, padre!

DIEGO
¡La boca, pronto!

(Los embozados la amordazan y se la llevan por la calle de la derecha. A la espadería sale maese Andrés, que, al oír los gritos, sale corriendo a la otra escena)

MAESE
¡Mi hija, mi hija, me roban a mi hija!

(Un embozado, rezagado, lucha un momento con él, y, después de arrojarlo al suelo de un fuerte empellón, huye tras de los otros. Maese, en el suelo, intenta levantarse. En este momento aparece por la calle del fondo Juan Luis, que le ayuda a ponerse en pie)

JUAN LUIS
¿Qué os sucede?

MAESE
Me han robado
a mi Raquel. ¡Hija mía!
¡Perro! ¡Canalla! ¡Malvado!

JUAN LUIS
¿Quién es él?

MAESE
Cuando salía,
el rufián se la llevó.
Ni a ella supe defender,
ni a él le pude conocer.

JUAN LUIS
¡Pero le conozco yo!
¡Y aquí vos quiero jurar
que a quitársela he de ir,
y la sabré rescatar,
aunque tenga que morir
o aunque tenga que matar!

(Comienza a salir el coro)

(Cantando)

JUAN LUIS
Castellano, toledano,
por librarla del villano
perdiera vida y honor.

CORO
Perdiera vida y honor.

JUAN LUIS
Yo te juro, castellano,
por mi honor,
que a salvarla va mi amor.

(Se abre paso, y hace mutis por la calle de la derecha)

CORO
El artista cortesano,
por librarla del villano
perdiera vida y honor,
perdiera vida y honor.
Dios proteja al cortesano
y a su amor.
¡A luchar va por su honor!

(Al terminar el acto es casi de noche)


TELON


ACTO SEGUNDO


CUADRO PRIMERO

Una carretera cerca de Toledo. Al fondo, la vista de la ciudad en el siglo XVII.

(Música)

(Por la izquierda salen Rodrigo y Juan Luis)

RODRIGO
Como os iba diciendo, señor, la fregona del mesón del Sevillano hame asegurado que a su casa llevaron una mujer tapada, y, según como ella gemía, bien puede afirmarse que contra su voluntad encuéntrase allí.

JUAN LUIS
¿Estás cierto? ¿Y no sospecha Constancica que la encerrada sea Raquel?

RODRIGO
Ni por pienso. Además, que la moza del mesón no conoce a la del Cigarral.

JUAN LUIS
Vuelve a la ciudad, Rodrigo. Entrate en el mesón del Sevillano y averigua por ti mismo lo que hay de cierto en cuanto me has dicho. (Le da una bolsa) Soborna al posadero, si hace falta, y si entiendes que no ha de dejarse, por estar vendido a don. Diego, arréglatelas de modo para saber sin que de ti sospechen.

RODRIGO
¿Y vos?

JUAN LUIS
Te sigo los pasos, y en la calleja, cerca de aquella ventanuca, esperaré a que salgas. Seguro estoy de que es mi Raquel la moza secuestrada en el mesón del Sevillano. Corre allá.

RODRIGO
Hasta luego, señor. (Vase corriendo. Juan Luis queda un instante contemplando pensativo la ciudad y luego hace mutis lentamente por la derecha. Dentro, y lejana, se oye la voz ruda de un carretero que canta:)
Para mula de varas,
la "Capuchina";
para tirar con alma,
la "Peregrina";
la "Perla",
a ésa da gusto verla
en el barro.
Siempre la mejor muía
me arranca el carro.

(Se oyen los chasquidos del látigo y los cascabeles de las colleras. Por la izquierda sale Fray Miguel, que cruza la escena montado en un burro, en el que lleva unos grandes serones. Muy lejos se oye el coro de campesinos, que, al volver del trabajo, se va acercando poco a poco y entran por la izquierda, dando muestras de alegría)

CORO
Caminito de Toledo,
para descansar,
siente el mozo toledano
la ilusión de amar...
De Lagartera vienen ya
sus mercancías a vender.
Mozas tan guapas como allí
en todo el mundo no se ven.

(Por la izquierda salen Teresa y varias lagarteranas, que traen cestillos, jarras, alcarrazas, etcétera)

TERESA
Corred más
que antes que sea noche debemos llegar,
y volver mañana para descansar,
después de vendido lo que aquí traemos
para las mocicas que quieran casar.

LAGARTERANAS
Para las mocicas que quieran casar.

TERESA
Toledana, traigo para ti
ricas galas, con las que serás
la mujer más feliz
a quien puedan amar.
Toledana, traigo para ti...
Lagarteranas somos,
venimos todas
de Lagartera.
Lindos encajes traigo
de Lagartera y de Talavera.

LAGARTERANAS
Lagarteranas somos,
nacimos todas
en Lagartera.
Traemos mercancías
de Lagartera y de Talavera.

TERESA
"A bailar (1),
que por las escaleras baja el padre Juan,
pidiendo limosna para predicar,
y baja diciendo: ¡ Agáchate, Pedro!
¡Agáchate, Pedro, y agáchate, Juan!"

TODOS
¡Agáchate, Pedro, y agáchate, Juan!

TERESA
Ese es nuestro cantar popular,
con que expresa su dicha al bailar
la mocica gentil
que en Toledo nació.
Ese es nuestro cantar popular.

TODOS
Lagarteranas somos, etc., etc.

(1)   Nota de los autores. Popular.

MUTACION


CUADRO SEGUNDO

Patio del mesón del Sevillano. Una galería alta con balaustrada circunda la escena. A esta galería dan las puertas de las habitaciones de los huéspedes, y se supone comunica con el patio por una escalerilla, cuyos peldaños bajos — sólo hay dos o tres visibles al público — están al foro derecha del actor. Al foro izquierda, el portón de entrada, muy amplio. Cuando está abierto se ve la escalera de piedra blanca, larga y recta, que comunica la entrada de la posada con la plaza de Zocodover. En el lateral derecha, dos puertas. La primera conduce a habitaciones interiores, y la segunda, al descargadero y a la cuadra. En primer término del lateral izquierda hay otra puerta que conduce a la cocina. En los ángulos, fuertes columnas de piedra que sostienen la galería, y a la derecha del foro, una gran fuente. En la escena debe haber dos mesas pequeñas y toscas: una, en primer término derecha, y otra, hacia el segundo de la izquierda. Sillas y taburetes, y, en un rincón, un carro destartalado, etc. Es de noche. En cada una de las mesas y en algún arcón del foro, velones de aceite encendidos. Al levantarse el telón está cerrado e: portón de entrada (foro izquierda)

(Rodrigo, sentado ante una de las mesas, bebe. Le sirven Constancica y el Posadero)

RODRIGO
Más vino, hermosa Constanza.
Llena mi vaso hasta el borde,
y el rigor de tus desdenes
entre su espuma se ahogue.

CONSTANCICA
Más me holgara que os cariarais.

(Mutis por la escalera)

RODRIGO
La moza no se alborote,
que nadie la ofende.

POSADERO
¿Acaso
vos pensáis, pese a mi nombre,
que yo lo consentiría,
seor escudero?

RODRIGO
Perdone,
su merced, señor ventero.
¿Es de cristal?

POSADERO
Es de arrope.
Por eso, tras sus dulzuras,
vuelan siempre los moscones.

(Suenan golpes de llamada en el portón del foro)

Ya voy. ¿Quién llamará?

RODRIGO
Abrid,
y lo veréis.

(Por la puerta segunda derecha sale don Diego disfrazado de mozo de mulas y abre el portón, por donde entra Fray Miguel montado en el burro, sus grandes serones repletos de hábitos iguales al que trae puesto el clérigo. El portón queda abierto)

FRAY MIGUEL
Buenas noches.

POSADERO
Alabado sea Dios.

FRAY MIGUEL
¿Tiene esta casa por nombre
el mesón del Sevillano?

POSADERO
Así la llaman.

FRAY MIGUEL
Entonces
decidme, seor mesonero,
si, al menos por esta noche,
hay pesebre para el asno
y para mí un lecho donde
descansar pueda unas horas
hasta mañana.

POSADERO
Desmonte
su paternidad. De todo
puedo darle.

FRAY MIGUEL
Gracias.

RODRIGO
(Por don Diego)
¿Dónde
diablos he visto esta cara?

FRAY MIGUEL
(A don Diego)
Cuidadme de los serones,
que van llenos con los hábitos
de los padres de la Orden.
Con ellos a Talavera,
apenas el sol asome,
he de partir.

(Don Diego se va por la segunda derecha, llevando al burro del ronzal)

RODRIGO
Por mi vida,
que yo conozco a este hombre.

POSADERO
Vos, padre, venid conmigo.

RODRIGO
Pues yo, tras del burro voime.

(El Posadero y Fray Miguel hacen mutis por la escalerilla. Y Rodrigo, por la segunda derecha. Por la primera izquierda sale la Posadera)

POSADERA
Por esta noche, más me holgara de tener el mesón vacío, ¡Torote! ¡Torote! ¿Dónde estará ese condenado? (Vuelve a bajar el Posadero)

POSADERO
No alborotes, mujer.

POSADERA
¿Alojaste a un fraile?

POSADERO
Poco estorbará. Y más da lugar a la sospecha el exceso de precaución que no la confianza.

POSADERA
¿Y el huésped de la sala?

POSADERO
Aún ha de tardarse, que andará recorriendo las encrucijadas toledanas a la luz de la luna, bus cando motivo para el romance que diz quiere escribir aquí, en Toledo. (Constancica ha bajado por la escalera hace un momento)

POSADERA
¿Esa mujer?...

CONSTANCICA
No cesa de llorar, con tal pena, que hace llorar al que la oye.

POSADERA
Tarde habrá de pesarnos el guardarla en casa.

CONSTANCICA
¡Malventurada!

POSADERO
A mí nada me va en ello. El conde don Diego pidióme al anochecer, cuando desmayada la trajeron los suyos, que la guardase por unas horas, ya que esta misma noche había de sacarla de aquí.

POSADERA
¡Llévesela de una vez, y nos libre de sus endiablados misterios! ¿Por qué ha cambiado ahora su traje de caballero por calzón y ropilla de mozo de mulas?

POSADERO
Allá él.

POSADERA
Un mal hombre se me hace el tal don Diego.

POSADERO
Mal hombre, pero buen pagador. (El Posadero y la Posadera se frotan las manos con ilusión)

POSADERA
¿Y quién será ella?

POSADERO
Yo pienso que una noble dama disfrazada.

CONSTANCICA
No es sino una pobre doncella, a quien don Diego raptó, ya que de grado no lograba hacerla suya.

POSADERO
Pues bueno será guardarte a ti también, no sea peques de compasiva y abras la jaula al pájaro.

CONSTANCICA
Ni por pienso. (Sale don Diego por la segunda derecha)

DIEGO
Hola.

POSADERO
A vuestras órdenes, señor conde.

DIEGO
Para no dar lugar a sospechas, he dicho que vengan después músicos y cantores. Quiero que bailen las mozas.

CONSTANCICA
(Aparte) ¡El rufián!

DIEGO
Y que nadie imagine quién se esconde bajo este humilde traje.

POSADERO
No creáis que a mi mesón no vienen caballeros. Seríais uno más.

DIEGO
También pueden venir corchetes y cuadrilleros de la Santa Hermandad. (Por el portón llega el Huésped, y queda un momento escuchando)

POSADERO
Ya sabéis, señor, que mi casa es vuestra. En •ella sois obedecido en todo. Y para cumplir vuestro mandato de atender a quien sabéis, aquí está mi sobrina Constancica.

DIEGO
¿Vuestra sobrina es ésta? "Más parece hija de comendador que sobrina de mesonero." (1)

(1) De Cervantes todo lo que está entre camillas.

HUESPED
"Más parece." (Todos se vuelven un poco suspensos hacia él. Pausa. El Huésped avanza hasta el grupo) "Y vos, señor mozo de mulas, a fe que tampoco lo sois por vuestro porte."

DIEGO
"No entiendo lo que decís, señor, en eso de ser o no ser mozo de mulas."

HUESPED
"Yo sí entiendo." (Al Posadero) "¿Qué gente de servicio tenéis en esta vuestra posada?" (Por Constancica) "Esta no es joya para estar en el bajo engaste de un mesón."

CONSTANCICA
(Ruborizada,) Señor...

HUESPED
"Digo, doncella, que no solamente os pueden llamar ilustre, sino ilustrísima."

DIEGO
"Pero este título no había de caer sobre el nombre de fregona, sino sobre el de una duquesa."

HUESPED
"No es fregona, hermano mozo, que hasta ahora la tengo por ver fregar el primer plato." Así es ella fregona como vos sois criado. (Hace mutis por la primera derecha. Todos le observan con curiosidad)

DIEGO
(Al Posadero) Decid vos ahora: ¿quién es el dueño de una imaginación tan desaforada?

POSADERO
Un hombre que en sus mocedades fue soldado y que ahora es poeta. Dicen que en Lepanto perdió el uso de su brazo izquierdo; pero mayor es su fama por haber compuesto muchos libros que andan de mano en mano. Aquí se dispone a escribir otro, y afirma que habrá de darle a mi casa mucha fama.

D1EGO
En verdad pude figurármelo, que, según él teje sus fantasías, bien se advierte su trato con las musas. Maese huésped, nada os digo. Cuidad de esa dama, que no ha de pesaros. Yo he de tardarme poco. (Mutis don Diego por el portón, que continúa abierto)

POSADERA
Menos había de pesarnos si de aquí pronto la llevaran.

POSADERO
(Calla tú ahora, que nada mejor podrás hacer. Cada uno a su hacienda, y no se hable más. (A Constancica) Tú cuida de estar atenta, por si algo necesita esa mujer. (Mutis los Posaderos por la primera izquierda. Constancica queda sola en escena)

CONSTANCICA
¡Válame Dios! ¡Y que de esta suerte se pueda perder una doncella, sin que nadie les vaya a la mano! ¡Y un semejante majagranzas ha de ser mirado y alabado! (Por la puerta segunda derecha sale Rodrigo vestido de fraile y tapándose la cara con la capucha)

RODRIGO
Alabado.

CONSTANCICA
¿Eh?

RODRIGO
Alabado sea Dios.

CONSTANCICA
¡El fraile! ¿Necesita algo, padre?

RODRIGO
Nada, hija,

CONSTANCICA
¡Rodrigo!

RODRIGO
(Con mucho misterio) ¡Chist!

CONSTANCICA
Pero...

RODRIGO
¡Chist!... ¡Chist! ¿Estamos solos?

CONSTANCICA
Pienso que si.

RODRIGO
Lo sé todo; el secuestro, los propósitos de don Diego y el nombre y condición de la encerrada.

CONSTANCICA
¿Y vos qué hacéis con esos hábitos sagrados?

RODRIGO
Son de la carga que traía el borrico del fraile.

CONSTANCICA
Con poco respeto le tratáis...

RODRIGO
La intención es buena. Heme cubierto con estas sagradas vestiduras, para, sin inspirar sospechas, ayudar a vuestros caritativos sentimientos de abrir la jaula a la paloma. (Con misterio) Dios sabrá pagároslo. (Mostrándole una bolsa) Y mi amo también.

CONSTANCICA
Guardad vuestros dineros, señor fraile de mojiganga. ¿Qué vos pensáis entonces? ¿Acaso es mi intención como mercancía en Zocodover? Sabed que si a mis sentimientos sólo mirara, ya hace tiempo que fuera libre la cautiva.

RODRIGO
(Acercándose) ¿De veras lo de...? (Se pisa el hábito) ¡Cristo, que me mato!... ¿De veras lo decís? ¡Oh, fregona caritativa, princesa de la escoba, reina del fogón!

CONSTANCICA
¡Ta, ta, ta! Aparte, hermano fraile, que se escurre...

RODRIGO
¡No mientes la frailería, ¡pardiez!, que, aunque visto de lana, no soy borrego!

CONSTANCICA
¡Qué pena tendrán las pastoras!

RODRIGO
Con tal de que tú lo fueras, yo, "be, be, be".

(Música)

RODRIGO
Si tú fueras pastora,
yo fuere corderito,
¡be, beee!,
Triscara por el prado,
travieso y rizadito.
¡Be, beee...!

CONSTANCICA
Si yo fuera pastora,
tuviera mi pastor,
¡be, beee!,
que tierno me arrullara,
que amante me contara,
que ardiente me pintara
las ansias del amor.
¡Beeee...!

RODRIGO
¡Beeee...!

CONSTANCICA
Las ansias del amor...

RODRIGO
¿Amor? ¡Terrible cosa!
¿Tú lo has nombrado?
No lo mientes, hermosa,
que es gran pecado.

CONSTANCICA
¿Decís que es gran pecado?

RODRIGO
De perdición,
si no lo salva un acto
de contrición.

CONSTANCICA
¡Ay, qué miedo me da!
¡Confesión, confesión!

RODRIGO
El infierno abrirá
para ti su mansión.

CONSTANCICA
Padre mío, ¡qué horror!
¡Yo pequé! ¡Yo pequé!

RODRIGO
¡Si es pecado de amor,
perdonarte sabré!...

CONSTANCICA
¡Confesión!

(Rodrigo coge una criba grande que habrá colgada en un rincón, se sienta en un banquillo y pone el tamiz entre su cara y la de Constancica, que se ha arrodillado junto a él en guisa de penitente)

RODRIGO
¿Tú estarás arrepentida?

CONSTANCICA
Lo está toda la vida
la que a un galán oyó...

RODRIGO
¿Tú?

CONSTANCICA
¡Yo!

RODRIGO
Pues ten mucho sentido,
que alguna he conocido
que, ante un galán rendido,
su corazón abrió...

CONSTANCICA
¿Tú?

RODRIGO
¡Yo!
¡Y ya no le cerró!...

CONSTANCICA
¡Ay! ¡Qué miedo me da!
¡Tu perdón!

RODRIGO
Mi perdón,
¡o el infierno abrirá
para ti su mansión!

(Rodrigo la absuelve, y al ir ella a besarle la mano él intenta besarla en la cara, y ella le da un bofetón)

(Hablado)

CONSTANCICA
No olvidéis vuestra promesa. ¿Tan fea os parezco?

RODRIGO
No recordéis mis cuitas, y satisfaced vuestros caritativos sentimientos. Traedme acá a la hermosa Raquel. He de hablarla, en nombre de mi amo.

CONSTANCICA
Bien quisiera. ¿No teméis por vuestra parte las iras de quienes aquí la trajeron?

RODRIGO
Ya he dicho muchas veces que yo no temo nada ni a nadie. Soy bravo como el león; como la serpiente, astuto; sanguinario, como el leopardo; valiente, como el... (Don Diego, que ha vuelto por el portón, le pone una mano en un hombro, y Rodrigo da un respingo) ¡ Canario! (Huye, pisándose el hábito, por la escalerilla)

DIEGO
¿Qué hacía su reverencia?
¿No se retira?

CONSTANCICA
(Aparte)
¡Don Diego!

DIEGO
¿O es que el corazón del fraile
también se inflamó en secreto
por vuestras gracias, cual todos,
y está en sus encantos preso?

CONSTANCICA
Donosa es, señor, la burla.

(Continúa hablando bajo. Momentos antes ha salido el Huésped por la primera derecha)

HUESPED
Esta es Constanza. Don Diego,
que ya su nombre conozco,
enamorarla en secreto
pretende, y mozo de muías
se finge para este objeto.
Falta saber quién es ella,
que la moza, a lo que entiendo,
tampoco es lo que parece.

DIEGO
Cumplid mi encargo. Aquí espero.

(Constancica hace mutis por la escalerilla)

HUESPED
Hermano mozo.

DIEGO
¿Señor?

HUESPED
Vuestra inclinación comprendo.

DIEGO
(Muy asombrado)
¿Por Constanza?

HUESPED
Está a la vista.

DIEGO
¡Ah! ¿Pensáis que...?

HUESPED
Así lo pienso.
Y en verdad que lo merece
la fregona. "Yo confieso
que de cuantas vi, y vi muchas,
ninguna le iguala en mérito."

DIEGO
Señor, por mi nombre os juro
que jamás mi pensamiento
se fijó en esta doncella.

HUESPED
Eso, mozo, así lo creo,
como que vos sois villano
y ella fregona en Toledo.

(Mutis el Huésped por la primera derecha)

DIEGO
Pues con ella, señor manco,
erráis, pese a vuestro ingenio,
porque fregona es la moza
como yo soy caballero.
Mas, de obstinaros en que ella
es la mujer que yo quiero,
como conviene a mi empresa,
os dejaré en vuestro yerro.

(Raquel, acompañada de Constancica, baja por la escalerilla. Constancica vuelve a hacer mutis en seguida. Don Diego se acerca a Raquel, y ella le rechaza)

DIEGO
Sois esquiva.

RAQUEL
Soy honesta y os aborrezco.

DIEGO
Os adoro y tengo medios para vencer vuestra resistencia.

RAQUEL
Triste será el triunfo. Mi corazón jamás podrá perteneceros. Sois un villano.

DIEGO
Os amo.

RAQUEL
Yo tendré quien me defienda.

DIEGO
Pues he de haceros mía, de grado o por fuerza. No quiero afligiros más, pero esta noche saldremos los dos de Toledo. ¡Maese huésped!

POSADERO
(Por la primera izquierda) ¿Señor?

DIEGO
Cerrad la puerta cuando salga. (Mutis don Diego por el portón del foro. El Posadero lo cierra y hace mutis por la primera izquierda. Queda Raquel sola en escena)

(Música)

RAQUEL
La pena me hace llorar,
consuelo me da el amor,
que sabe amor en el alma
mitigar el dolor.
Hoy, que sueño, enamorada,
mi sueño es un ciego afán.
¡Quién pudiera convertirlo
en feliz realidad!
Si saber Juan Luis pudiera
el sitio de mi prisión,
por mi libertad vendría
para luchar por nuestro amor.
En mi corazón vacío
hice un altar para él.
¡Defenderle y defenderse
sabrá Raquel!

(Hablado)

(Por la escalera baja Constancica)

CONSTANCICA
No lloréis, hermosa doncella, que me partís el alma.

RAQUEL
Salvadme vos, si sois tan caritativa cual lo parecéis.

CONSTANCICA
Os lo prometo. Antes os hice bajar, contra vuestro gusto y el mío, por cumplir una orden. Pronto os llamaré otra vez, y os juro que será mas de vuestro grado. ¿No sabéis? Alguien que os interesa mucho logró averiguar vuestro encierro, y espera un aviso mío cerca de aquí.

RAQUEL
(Ilusionada) ¿Decís verdad?

CONSTANCICA
Pronto lo veréis. (Se oye tumulto fuera)

RAQUEL
¿Qué ruido es ése?

CONSTANCICA
Serán los mozos de muías y los músicos que don Diego previno, para mayor disimulo de sus propósitos. Subid ahora a vuestro aposento y estad tranquila. (Constancica acompaña a Raquel hasta los primeros peldaños de la escalera. Raquel hace mutis. Por la primera izquierda salen los Posaderos. El Posadero abre el portón del foro, por donde entran, con gran algazara, don Diego y los embozados, mozos de mulas, mozas, etc., etc)

POSADERO
Por aquí. Entrad, entrad, que la de hoy es noche de holgorio en el mesón del Sevillano.

(Música)

CORO
"Entren, pues, todos los ninfos
y las ninfas que han de entrar,
que el baile de la Chacona
es más ancho que la mar." (1)

(1) Los cantables entre comillas son de La ilustre fregona, de Cervantes.

DIEGO
Dadme acá la guitarra, ventero,
y a las mozas hagamos bailar.
Atended a mi son, porque quiero
al bailar que miréis lo primero
a los pasos que os voy a tocar.

(Comienza el baile)

CONSTANCICA
“El brío y la ligereza
en los viejos se remoza,
y en los mancebos se ensalza
y sobre modo se entona.
Que el baile de la Chacona
encierra la vida bona."
"Esta a quien es tributaria
la turba de las fregonas,
la caterva de los pajes
y de lacayos las tropas,
dice, jura y no revienta
que, a pesar de la persona
del soberbio Zampapalo,
ella es la flor de la olla,
y que sólo la Chacona
encierra la vida bona."

CORO
"El brío y la ligereza", etc., etc.

(Hablado)

RODRIGO
(Saliendo por la escalerilla, interrumpe la música) ¡Calla, borracho; calla, cuero; calla, odrina, poeta de viejo, músico falso! ¡Cállate! ¡Brrr! (Vuelve a hacer mutis. Todos se quedan de una pieza)

DIEGO
¿Quién habló?

POSADERO
El fraile parece.

EMBOZADO 2°
A fe que tiene brío.

EMBOZADO 1º
¡Que vaya al diablo!

GINESA
Id vos primero, señor sobón.

EMBOZADO 1º
¡Calle la princesa de la escoba!

MOZO
¡Aquí no hay princesas, pero tampoco habrá bigardos!

EMBOZADO 1º
¿Eso a mí? ¡Tomad! (Le da un puñetazo. El mozo le contesta con furia, y comienza una verdadera batalla entre los mozos y los embozados. Don Diego no se queda corto en ayudar a los embozados. Las mujeres huyen por todas partes. Constancica y la Posadera hacen mutis por la escalerilla)

MOZAS
(Al huir) ¡Ay, ay, ay!

POSADERO
¡Haya paz, o lo echo todo a doce!

MOZO 1º
¡Cobardes!

EMBOZADO 1º
¡Toma tú, señor valiente!

EMBOZADO 2º
¡No ha de quedar uno!

MOZO 2º
¡Favor, justicia!

DIEGO
¡Teneos firmes, que ya son nuestros!

MOZO 1º
(A otro mozo,) ¡Corre, Torote, que llevamos la peor parte! (Huyen los mozos por el portón de entrada, foro izquierda. Quedan en escena don Diego, el Posadero y los cuatro embozados)

DIEGO
Dejadles ya. No tienen alma para mirar tranquilos el brillo de vuestros aceros.

EMBOZADO 1º
¿Y qué hemos de hacer ahora, señor?

DIEGO
Esperadme fuera. Yo también saldré; pero en la calle no acercaros a mí. Cuidad, sobre todo, que no salga ninguna mujer de la posada, no sea si no que se nos escape el pájara

EMBOZADO 2º
El coche aguarda en Zocodover.

DIEGO
¿Y los caballos?

EMBOZADO 1º
Prevenidos están, así mismo.

DIEGO
A poco de dar las doce, estad atentos a mi señal y entraréis conmigo.

EMBOZADO 1º
A vuestras órdenes. (Mutis los embozados por el foro izquierda, el portón, que continúa abierto desde que entraron los mozos, don Diego y los embozados, antes de la Chacona)

DIEGO
Escuchad vos ahora. Si esta noche logro mi propósito de sacar a esa moza de vuestra casa sin que de ello se entere ni el aire, sabré recompensaros con tantos doblones como pelos tenéis en vuestra cabeza. (El Posadero, desolado, se lleva la mano a la cabeza; es totalmente calvo) O como pudierais tener.

POSADERO
¡Ah, eso, bien!

DIEGO
¿No tendréis miedo?

POSADERO
Horroroso, señor. Si la Justicia llega…

DIEGO
Yo sabré librarme de ella. (Don Diego hace mutis por el portón. El Posadero lo cierra y hace mutis por la segunda derecha. Por la tercera derecha, o sea la escalerilla, sale cautelosamente Constancica, cruza la escena de puntillas y se acerca para atisbar a la puerta primera izquierda. Después vuelve sobre sus pasos, y, cuando está cruzando la escena, nuevamente sale el Huésped por la primera derecha, y le corta el paso)

HUESPED
Si vos place, aguardad, noble señora...

(Constancica, asombrada al oírse tratar así, reprime una carcajada)

Y si tan grande habéis la gentileza
como mi atrevimiento lo es ahora,
que le escuchéis rendido aquí os implora
este criado de vuestra grandeza.

CONSTANCICA
(Riendo)
Váyase enhorabuena, señor mío,
que en hidalgo cual vos, tan bien mirado,
más que razón parece desvarío
tratarme de grandeza y señorío.
La que sirve no ha menester criado.

HUESPED
Digo que yo me tengo como tal
y que el vestido humilde que lleváis,
vuestra cuna, señora, tapa mal,
pues con él, por mi fe, que no lográis
ocultar un origen principal.
Digo también que vuestro enamorado
tan receloso está de su persona,
que con ropas de mozo disfrazado
quiere pasar aquí por un criado,
mientras vos parecéis una fregona.
Vuestra beldad tomó muy bajo empleo
con este oficio que de vos conozco;
mas lo pone tan alto mi deseo,
que, viéndole, señora, no le veo,
y, conociéndole, le desconozco.
Digo que cuando empiezo en la bajeza
de vuestro humilde estado a reparar,
mi pensamiento acuden a borrar
el sosiego, el donaire y la belleza
con que Nuestro Señor quiso adornar
vuestra persona. Y doy en entender
que tras desa corteza, su fulgor
clarísimo se esfuerza en esconder
algún brillante de tan gran valor,
que se oculta a la luz por no querer
que el sol se ofusque con su resplandor.
No sé quién sois ni cómo aquí vinisteis;
sólo sé que de aquí pronto saldréis,
y que, esperando cerca, ya tenéis
al galán venturoso que escogisteis,
que os llevará donde mejor estéis.

CONSTANCICA
Es lástima y muy grande, señor mío,
que de verdad no fuera cosa real
eso de ser yo dama principal
y nunca un sueño de su desvarío.
Os juro por mi nombre que soy tal
como parezco. Ved que quien tenía
la intención de ocultarse disfrazado,
por mí no viene, que antes ha robado
a otra mujer en cierta espadería,
para guardarla aquí, mal de su grado.
Si, para asegurar esto que digo,
lo que es más cierto conocer queréis,
desde aquel escondrijo, bien podéis
de cuanto aquí suceda ser testigo
sin que nadie sospeche.

HUESPED
Pretendéis
engañarme, mas quiero obedecer.

CONSTANCICA
Pues vuestras impaciencias demorad,
aquí escondeos, desde aquí mirad,
y antes de un hora no podréis tener
ninguna duda. La única verdad
es que, siendo villana, en noble empresa,
como dar libertad a una cautiva,
cuando llegasteis a emplearme iba.
¡Esa acción sí que es digna de princesa!

HUESPED
¡Y, como una princesa, sois altiva!

(El Huésped hace mutis por la primera izquierda. Constancica se acerca a la escalerilla del foro derecha, y llama)

CONSTANCICA
Rodrigo..., Rodrigo...

RODRIGO
(Dentro) ¿Duermen ya todos?

CONSTANCICA
Baja aquí. (Rodrigo baja a la escena) La fechoría tienen preparada para esta noche; pero hasta las doce no será. Mi señor tío y amo espera la hora en su aposento, creyéndonos a todos recogidos.

RODRIGO
¡Ah, miserables, cuando yo los coja!

CONSTANCICA
¡Más bajo!

RODRIGO
(Muy bajo, pero accionando mucho) ¡Miserables!

CONSTANCICA
¿Y tu señor?

RODRIGO
En la calleja espera.

CONSTANCICA
Hazle entrar por la ventanuca, que por el portón podría ser visto de esos malandrines.

RODRIGO
Trayendo mi amo su tizona al cinto, ninguno de ellos puede llegarle a la suela del zapato.

CONSTANCICA
¡Chist! ¡Te he dicho que más bajo!

RODRIGO
¿Más bajo que la suela?

CONSTANCICA
No chancees y haz lo que te digo.

RODRIGO
Corro a ello. (Inicia el mutis por la primera izquierda. En la misma puerta da un alarido de terror) ¡¡Ah!!

CONSTANCICA
¡Chist! ¿Qué es?

RODRIGO
¡Un hombre! ¡Un hombre! ¡Allí hay un hombre escondido!

CONSTANCICA
No es enemigo, calla. Deja de alborotar y haz lo que te digo. (Rodrigo hace mutis. Constancica sabe por la escalerilla y entra en el cuarto de Raquel. Queda la escena sola)

(Música)

(Entra Juan Luis por la primera izquierda)

JUAN LUIS
Mujer de los negros ojos,
la de la trenza morena.
Mujer de los labios rojos
como la flor del amor.
Mujer de perfil gitano,
que tiene sangre agarena...
¡Mujer de cuerpo pagano,
eres llama, verso y flor!
Raquel,
tras destos muros prisionera,
mi amor
de tu prisión viene a librarte.
¡Mujer,
el que te dio su vida entera,
morir
sabrá por ti para salvarte!

(Por la escalerilla bajan Raquel y Constancica)

(Hablado)

RAQUEL
Marchaos, señor, marchaos. Esta es una cueva de malhechores. Capaces serían de quitaros la vida.

JUAN LUIS
¿En qué mejor empresa podría perderla?

RAQUEL
Guardadla para mí.

JUAN LUIS
Ya es tuya para siempre. Mira con qué afán he de mirar por ella. (Asoma Rodrigo por la primera izquierda)

RODRIGO
Señor, la do-do…

JUAN LUIS
¿Qué hablas ahí?

RODRIGO
Las do-do..., que las do-do..., que van a dar las doce. (Se pisa el hábito al huir) ¡Par-pardiez con el hábito! (Se lo recoge por delante) Como ellos suelen tener el vientre tan orondo, me sobra una legua por delante. (Mutis)

JUAN LUIS
Vuelve a tu estancia y está tranquila. No temas, que, pase lo que pase, llegaré a tiempo.

RAQUEL
En vos confío. (Raquel sube por la escalerilla, y Juan Luis hace mutis precipitadamente por la primera izquierda. Constancica coge el velón que estará sobre la mesa de la izquierda, y otro que habrá sobre el arcón del foro, y hace mutis por la escalerilla. Queda la escena muy oscura, alumbrada únicamente por el velón que continúa sobre la mesa de primer término derecha y la luz de la luna)

(Música)

(No hay nadie en escena. La orquesta ataca una suave melodía descriptiva: los ruidos de la noche en Toledo. Por la primera izquierda sale lentamente el Huésped)

HUESPED
(Recitando sobre música)
"Pintura sobre pintura",
traiciones y encrucijadas;
raptos, celos, cuchilladas,
misterio, amor, aventura...

(Desde la calle llega, confusa y triste como un lamento, la voz de un pregonero)

PREGONERO
(Dentro)
Una limosna dejad
para hacer bien por el alma
del que van a ajusticiar.

HUESPED
Mezcla admirable y extraña...
Místicos, y aventureros,
y poetas, y guerreros.
¡Es Castilla... y es España!

(Hace mutis por la primera derecha, y vuelve a salir en seguida con tintero, pergaminos y plumas de ave. Pausa. La orquesta glosa el motivo de la obra, que se extingue, poco a poco, a lo lejos. Suenan lentas y sonoras las campanadas de las doce en la Catedral)

Al sonar de su campana,
sabe hablar al corazón,
con voces de tradición,
la Catedral toledana.

(Pausa. Se sienta ante la mesa de la derecha en actitud de escribir)

Toledo, solar hispano,
crisol de la raza ibera,
¡dichoso aquel que naciera
español y toledano!
¡Oh, Toledo, si yo puedo,
para tu honor y mi gloria,
he de escribir una historia
en un mesón de Toledo!

(Queda pensativo; el codo en la mesa, y la mano en la frente. Mientras concluye el número de música permanece inmóvil en esta postura)

(Hablado)

(Llaman al portón. Al oírlo, el Huésped se levanta y hace mutis precipitadamente por la primera derecha, dejando sobre la mesa el tintero, la pluma y los pergaminos. Por la segunda derecha sale el Posadero con un velón, que deja encima de la mesa de la izquierda. Vuelve a aumentar la luz de la escena. El Posadero abre el portón, por donde entran, sigilosamente, don Diego y los cuatro embozados. Don Diego viene ya con su traje de caballero)

DIEGO
¿Reposa todo el mundo en la posada?

POSADERO
Así lo creo, señor.

DIEGO
Cerrad pronto y dejadnos el campo libre.

POSADERO
Pero...

DIEGO
Obedece. (Mutis el Posadero por la segunda derecha) Tomás y Miguel, vigilad aquí. Vosotros subid conmigo. (Cuando se dispone a subir, sale Rodrigo por la primera izquierda)

RODRIGO
(Aparte) Aquí de mi encargo. ¡Dios me valga! (Se persigna y se dirige a don Diego resueltamente) Santas y buenas.

DIEGO
¡Maldito fraile!

EMBOZADO 1º
¿Queréis que lo eche a cintarazos, señor?

DIEGO
Esperad.

RODRIGO
(Aparte) ¿Qué estarán tramando, San Pedro?

DIEGO
Tarde se recoge su paternidad.

EMBOZADO 1º
Tarde.

EMBOZADO 2º
Tarde.

RODRIGO
¿Tar-tar-tarde? ¿Es tarde? No es tarde. Regular de tarde.

DIEGO
¡Tarde!

EMBOZADO 1º
¡¡Tarde!!

EMBOZADO 2º
¡¡¡Tarde!!!

RODRIGO
Tarde, tarde, tarde. (Pausa. Rodrigo está cada vez más confuso. Don Diego se le queda mirando fijamente) ¡Je, je! (Aparte) ¿Dónde me dará la primera? (Se pisa el hábito)

DIEGO
Os pisáis el hábito.

RODRIGO
Es que no lo tengo.

DIEGO
¿No tenéis qué?

RODRIGO
Que no tengo hábito, costumbre, vamos, de andar a estas horas...

DIEGO
Es natural. ¿A qué hora se recogen sus paternidades en el convento?

RODRIGO
A las... A las... No tenemos hora fija... Los hay que no se recogen. (Se levanta el hábito para no pisárselo) Yo sí me recojo. (Aparte) ¿A qué hora me recogerán a mí?

EMBOZADO 1º
¿Y os vais a pasar en pie la noche?

RODRIGO
Según me dé. (Aparte) Sí; porque como me dé con todas sus fuerzas, me tienden para "in eternum".

DIEGO
Este fraile no parece el que llegó antes. (Se dirige a él)

RODRIGO
(Aparte, aterrado) Llegó mi hora, llegó mi hora. "Padre nuestro..."

DIEGO
Decid, padre mío...

RODRIGO
(Maquinalmente) Nuestro, nuestro...

DIEGO
¿Eh?

RODRIGO
Nuestro, que estás en los cielos...

DIEGO
¿Qué decís?

RODRIGO
Rezo.

DIEGO
¿Ahora?

RODRIGO
Cualquiera es buena para dirigirse al Señor.

DIEGO
Este fraile es de figurón.

EMBOZADO 1º
Bien hacéis en rezar, que los demonios rondan por los mesones en las noches toledanas.

RODRIGO
(Con expresión indefinible) ¿To-toledanas?

EMBOZADO1º
Sí.

RODRIGO
Sí. (Aparte) ¡Qué noche!

DIEGO
¿Qué decís entre dientes?

RODRIGO
Yo por !a noche no digo nada.

DIEGO
¿Y por la mañana, qué decís?

RODRIGO
Misa. Por la mañana digo misa. ¿Y vos?

DIEGO
Yo digo que así decís vos misa como yo canto maitines, y que ni sois fraile ni cosa que lo valga, sino un bigardo malsín a quien no sé si dar una vuelta de cintarazos o dejarle por lástima.

RODRIGO
Dejadme, ¿Para qué os vais a molestar?

DIEGO
¿Quién eres?

RODRIGO
¡Señor, yo...!

DIEGO
(Zarandeándole) ¿Quién eres, miserable?

RODRIGO
¡Quien a vos plazca, soltad! (Aparte) Ya ni sé quién soy. (Suenan recios golpes en el portón de entrada)

VOZ
(Dentro) ¡Abrid a la Justicia!

DIEGO
¡Maldición!

EMBOZADO 1º
La Justicia.

EMBOZADO 2º
¡Perdidos estamos!

DIEGO
Por eso demoraba nuestro intento. Tal era su misión.

RODRIGO
¡Juro que no! ¡Juro que no!

DIEGO
No hay escape. Caeremos en sus manos, pero tú no has de" verlo. (Todos le rodean, golpeándole)

EMBOZADO 1º
No le valdrán los hábitos. (Llaman nuevamente al portón)

EMBOZADO 2º
¡Bellaco!

EMBOZADO 1º
¡Traidor!

DIEGO
¡Has de pagar tu engaño!

RODRIGO
¡Perdón, perdón, perdón! Si me soltáis, yo sabré salvaros.

EMBOZADO 2º
¿Cómo? (Le sueltan, y él hace mutis por la segunda derecha, volviendo a salir inmediatamente con los serones del borrico que trajo el fraile auténtico)

DIEGO
No le hagáis caso, que será otra añagaza.

RODRIGO
¡Juro que os salvo! (Señalando a los serones) ¡Pronto! ¡Poneos esos hábitos!

EMBOZADO 1º
¿Eh?

DIEGO
¡Excelente idea! Pronto. (Los embozados y don Diego se visten los hábitos precipitadamente. Fuera continúan llamando cada vez más fuerte)

VOZ
¡Abrid a la Justicia! (Sale el Posadero por la segunda derecha)

POSADERO
Señor, somos perdidos.

DIEGO
Aguarda, antes de abrir. Cuando entren, sólo han de encontrarse con una comunidad de pacíficos disciplinantes.

RODRIGO
(Aparte) ¿Disciplinantes? ¡Je, je! Ya veréis lo que os dura la alegría. (El Posadero abre el portón. Entran cinco corchetes)

CORCHETE
¡Ténganse todos! ¿Qué es esto? ¿Frailes?

POSADERO
Ya lo ve vuestra merced.

RODRIGO
Arrodillaos, hermanos, y oremos. (Todos le obedecen) Ha llegado la hora de mortificar nuestros cuerpos pecadores. (Coge un vergajo que habrá colgado de la pared y le atiza a don Diego un latigazo formidable en la espalda) Disciplinémonos. ¡Zas!

DIEGO
¡¡Ah!! Pero ¿qué hacéis?

RODRIGO
Es para que no sospechen. (Al embozado primero) Ulcerémonos. ¡Zas!

EMBOZADO 1º
¡¡Ay!!

RODRIGO
(A don Diego, nuevamente) Lacerémonos. ¡Zas!

DIEGO
¡¡Vive Dios!!

RODRIGO
(Al embozado segundo) Mortifiquémonos. !Zas!

EMBOZADO 2º
¡¡Ah!! (El Huésped sale por la primera derecha, y Constancica y tí aquel, por la escalera)

CORCHETE
¿Entonces son sólo frailes?

RODRIGO
Ahora les estoy haciendo cardenales. Desollémonos. ¡Zas!

EMBOZADO 3º
¡Maldición! (Por el foro izquierda llega Juan Luis)

JUAN LUIS
¿Qué es esto?

RODRIGO
La degollación de los Inocentes. Aquí los tenéis, señor. (A los corchetes) Estos son los malvados que buscabais. ¡Pardiez, cómo abriga la estameña! (Se quita el hábito)

DIEGO
¡Ah, traidor! (El Posadero, por lo que pudiera ocurrir, hace mutis por la primera izquierda)

JUAN LUIS
(A los corchetes) He aquí al conde don Diego de Peñaloa. Cumplid las órdenes que traéis.

CORCHETE
Daos preso.

DIEGO
Esta es una felonía que ha de aclararse.

CORCHETE
Mientras se aclara, hacedme la merced de acompañarnos.

RODRIGO
Pero dejen los hábitos, que era un préstamo solo.

CONSTANCICA
(Al Huésped) ¿Qué decís ahora, señor? ¿Venía por mí el fingido mozo de muías, y era yo la gran señora que pensabais?

CORCHETE
Marchemos ya. (Los corchetes se llevan a los embozados y a don Diego)

RODRIGO
Llevadlos, llevadlos. ¿Pensaron que era orégano todo el monte? (Inicia el mutis)

JUAN LUIS
¿Adonde vas, Rodrigo?

RODRIGO
A despertar al fraile verdadero. A cambio de lo que pasé esta noche, voy a pedirle que me cambie la penitencia. Renuncio para siempre a las Feas (Contemplando amorosamente a Constancica) ¡Ay, San Pedro! (Mutis por la escalera)

JUAN LUIS
Ya eres libre, Raquel de mi alma. Tu padre nos espera impaciente.

RAQUEL
¿Y después?

JUAN LUIS
Después, mía para siempre.

RAQUEL
¡Mi Juan Luis!

JUAN LUIS
Vamos pronto. (Raquel, en silencio, y con gran emoción, abraza fuertemente a Constancica, y después hace mutis con Juan Luis por el foro izquierda. El Huésped, entretanto, se ha sentado ante una de las mesas y se dispone a escribir. Constancica, después del mutis de Raquel y Juan Luis, coge el velón e inicia el mutis, pero antes de subir a su aposento se detiene junto al escritor con el velón en alto. Cuadro. Pausa breve)

CONSTANCICA
¿Pues ahora, señor, qué hacéis?

HUESPED
Ningún momento mejor
para empezar mi labor.

CONSTANCICA
¿Y qué es lo que escribiréis?

HUESPED
Vas a saberlo, curiosa.
Escribo, Constanza hermana,
la historia de una villana
tan honesta y tan hermosa,
que, aunque nació en baja esfera,
por gran dama la tomé.
Yo haré creer que lo fue
a la gente venidera.

CONSTANCICA
(Con ilusión)
¿La historia de mi persona?

HUESPED
Y el título tengo ya.

CONSTANCICA
¿Pues cómo se llamará,
señor?

HUESPED
"La ilustre fregona".



TELON


Información obtenida en:
https://archive.org/details/elhuespeddelsevi477guer

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