jueves, 15 de enero de 2015

La Gallina Ciega (Libreto)



LA GALLINA CIEGA



Zarzuela cómica en dos actos y en prosa.

Libreto de Miguel Ramos Carrión.

Música de Manuel Fernández Caballero.

Estrenada en el Teatro de la Zarzuela el 3 de Octubre de  1873.


REPARTO (Estreno)

O - Srta. Uriondo.

Circuncisión - Sra. Baeza.

Don Cleto - Sr. Castilla.

Don Venancio - Sr. Crespo.

Serafín - Sr. Iglesias.


La acción en Madrid. —Epoca actual.

Nota. Esta zarzuela ha sido escrita sobre el pensamiento de una obra francesa.


ACTO PRIMERO

Gabinete en casa de D. Cleto. A la izquierda del espectador balcón que da al patio.
Puertas al foro y derecha.


ESCENA PRIMERA

O sola, llorando.

O
Dios mío, Dios mío! Qué dirá mi padrino cuando lo sepa! Él que la quiere tanto, que se pasa las horas muertas enseñándola a hablar en cinco idiomas distintos! Va a tener un disgusto muy grande. Y dónde habrá ido a parar el diablo de la cotorra! —Ah! Qué idea!
Sí. Es lo mejor, sacrificaré mis ahorros. —Voy a escribir el anuncio para La Correspondencia de esta noche. (Se pone a escribir) Ocho duros de gratificación. —Así, con letras gordas para fijarla atención de los lectores... (Escribiendo) «Se ha perdido una cotorra.» No, esto no está bien. —«Se ha volado una cotorra.» No, tampoco. —Ay! bien dice mi padrino que es muy difícil ser buen periodista! Qué trabajo cuesta poner un anuncio! «Se ha extraviado una cotorra.»


ESCENA II

Dicha y Circuncisión.

CIRCUNCISION
Qué estás haciendo?

O
Un anuncio para La Correspondencia en el que ofrezco todo lo que tengo al que nos devuelva la cotorra.

CIRCUNCISION
Pero muchacha, todo lo que tienes me parece mucho ofrecer.

O
Yo con tal de evitar a mi padrino el disgusto de que sepa que se ha perdido lo doy todo por bien empleado. Pero el caso es que no sé cómo poner el anuncio...

CIRCUNCISION
Cosa más fácil! Guíate por otro cualquiera.

O
Tienes razón, no se me había ocurrido.

CIRCUNCISION
Mira, aquí está La Correspondencia de anoche. Verás cómo encontramos un anuncio que nos sirva de modelo...

O
Sí, a ver si hay alguno de esta clase.

CIRCUNCISION
Aquí hay uno. Ve escribiendo. —«Desde la calle de Alcalá al teatro de la Opera...» En lugar de esto, pon desde esta casa...

O
Justamente. Desde la calle de la Lechuga, número treinta, piso tercero...

CIRCUNCISION
Eso es. —Se ha perdido una perra... En lugar de perra...

O
Ya sé, ya. Se ha perdido ayer una cotorra...

CIRCUNCISION
Con el hocico esquilado y una oreja de color de chocolate.

O
Qué estás diciendo?

CIRCUNCISION
Lo que pone aquí!

O
Trae, trae acá. Yo lo pondré como me parezca. No sirves para nada. (Váse)


ESCENA III

Circuncisión, después Serafín.

CIRCUNCISION
Ay! No me trataría así si ella supiera!... Pero ya llegará día en que lo sepa: cuando esté colocada, cuando ya no pueda perjudicarla!

SERAFIN
Se puede pasar?

CIRCUNCISION
Adelante.

SERAFIN
No está el dueño de la casa?

CIRCUNCISION
No señor.

SERAFIN
(Magnífico!) Y la señorita?

CIRCUNCISION
Sí señor, qué deseaba usted?

SERAFIN
Hablarla.

CIRCUNCISION
La avisaré. Tome usted asiento.

SERAFIN
No hay de qué, digo, gracias.

CIRCUNCISION
(Quién será este joven?) (Váse)


ESCENA IV

Serafín solo.

SERAFIN
Sí señor, tiene razón mi madre, yo debo casarme, yo necesito casarme, es preciso que siente ya la cabeza! —Esta joven creo que me conviene, debe ser rica. Ah! Si fuera rica no tocaría yo más el violín! Qué felicidad! —Lo que es necesario es que no haga yo cualquiera de las mías. Pero señor, por qué seré yo tan distraído, y así, tan atortolado y tan...


ESCENA V

Serafín y O

O
Caballero...

SERAFIN
Señorita...

O
Ah! El vecino!

SERAFIN
Dispense usted si me atrevo...

O
Pero caballero, qué viene usted a buscar aquí?

SERAFIN
Señorita, no se altere usted. Yo no soy tan osado que me lance a venir sin un motivo. Traigo a usted el lorito... (Se le da)

O
Ah! Qué alegría! La cotorra...

SERAFIN
No es loro? Dispense usted, creí que lo era...

O
No hay de qué, gracias, mil gracias .. No sabe usted cuánto le agradezco...

SERAFIN
No lo agradece usted, oh qué felicidad!

O
Sí señor, se lo agradezco mucho.

SERAFIN
Debo advertir a usted que la fuga de ese animalito no ha sido casual...

O
¿Cómo?

SERAFIN
Me confieso culpable. ..

O
No comprendo lo que quiere usted decir...

SERAFIN
Yo he demostrado a usted mil veces con miradas desde mi balcón el amor ardiente que la profeso...

O
Caballero...

SERAFIN
Sí, bellísima vecina. Yo hubiera podido escribir a usted una carta y arrojársela desde mi balcón; pero prefería decirla verbalmente que la amo.

O
Caballero...

SERAFIN
Yo no podía hablar con usted, sino viniendo a su casa, y se me ocurrió para ello descolgar desde mi balcón la jaula de ese bicho, sacarle de ella, colocarla abierta para que usted creyera que se había escapado y venir luego a traer la cotorra, que por cierto me ha dado un picotazo en las narices.

O
Ay! le ha hecho a usted daño?

SERAFIN
No señora; me ha dado gusto; siendo cosa de usted no puede desagradarme nada.

O
Gracias, pero retírese usted... puede venir mi padrino...

SERAFIN
Qué importa? Le diré a lo que he venido... Y no me marcho sin que usted no conteste. ¿Me ama usted ó no? (Así a quemarropa!)

O
Yo... cómo quiere usted que le diga... de pronto sin saber quién es usted ni?...

SERAFIN
Va usted a saberlo.

(Música)

SERAFIN
Yo soy un joven
de buena pasta
y soy alegre
como unas pascuas.
Mas desde el día
en que vi a usté,
me he transformado
no sé por qué.
Yo no como, yo no duermo,
yo me siento muy enfermo,
ni descanso, ni reposo,
en continua agitación;
si el hallarme en tal estado
no es estar enamorado,
señorita, señorita,
venga Dios y dígalo.

O
Si soy la causa
de lo que escucho,
yo, amigo mío,
lo siento mucho;
mas no contesto
porque aún no sé
a todo esto
quién es usté.

SERAFIN
Me explicaré.
Yo soy Serafín
García Bemol,
primer violín
del Circo de Paul.
Artista de fe,
que sabe sentir
y que hoy para usté
desea vivir.
Mas ejecuto poco y mal
desde el momento en que la vi,
porque la escala musical
no está completa para mí.
Que por culpa de usté
la escala queda así:
do-re -mí-fa-sol-la... .
pero me falta el sí.

O
Si usté ejecuta poco y mal
por la razón que le escuché,
yo de la escala musical
la última nota le daré.
Démela usted por Dios.
Palabra ya le di:
Do-re-mi-fa-sol-la...
y tome usted el sí.

LOS DOS
Do-re-mi-fa-sol-la
y tome/deme usted el sí.

(Hablado)

SERAFIN
Oh! Qué feliz soy! Pero ante todo dígame usted su nombre.

O
O

SERAFIN
¿De qué se asombra usted?

O
No es que me asombro.

SERAFIN
Como dice usted ¡Oh!

O
Es que ese es mi nombre: O

SERAFIN
Ah!

O
No, no es A, es O

SERAFIN
Ya he comprendido, ya. Tiene usted el nombre más breve, más expresivo y más redondo.

O
Pero por Dios, caballero, retírese usted. Mi padrino no debe ya tardar...

SERAFIN
Y quién es su padrino de usted?

O
Mi protector, el dueño de esta casa.

SERAFIN
Ah, no es su padre de usted? Yo creía...

O
No señor; no he conocido a mis padres. Este buen señor me recogió cuando era muy pequeña y me quiere como si fuera hija suya.

SERAFIN
Es usted huérfana! Yo también soy huérfano de padre! Pero dentro de poco usted tendrá un padre que será mi mamá, y yo tendré una madre que será su padrino de usted.

O
Cómo!

SERAFIN
Digo, no, lo contrario; pero ya usted me ha comprendido.

O
Sí, pero retírese usted; mi padrino vendrá de un momento a otro...

SERAFIN
Yo necesito hacerme amigo de su padrino de usted, yo necesito venir a verla a usted, yo no puedo vivir sin usted.

O
Pero por Dios...

SERAFIN
Sí, ya me retiro. Pero antes... diga usted, ¿desde aquí se me oye tocar?

O
Sí señor, le oigo a usted todos los días.

SERAFIN
Dígame usted qué pieza prefiere y esa tocaré siempre.

O
Yo... La locura de Linda.

SERAFIN
Oh! Alma sublime! Tocaré esa pieza a todas horas y pensaré en el medio de hablar a usted con frecuencia! Ahora la dejo, no quiero comprometerla. Pero volveré, volveré! (Al saludar, tira el velador con la jaula del loro) Ay!

O
Pobre cotorra!

SERAFIN
(Dios mío! Ya me chocaba a mí no haber hecho alguna de las mías!) Se habrá lastimado?

O
Creo que no! La pondré al balcón.

SERAFIN
Cotorrita! Dame la patita! (Yo sí que he metido la patita!) Adiós, señorita, adiós.

O
Vaya usted con Dios!


ESCENA VI

O, después Circuncisión.

O
Ay, qué gusto! Ya tengo novio! Y me escribirá cartitas, y yo le diré que le quiero mucho! —Qué contenta estoy!

CIRCUNCISION
Me alegro!

O
Eh!

CIRCUNCISION
Lo he oído todo.

O
Cómo todo?

CIRCUNCISION
Lo que te ha dicho ese joven.

O
De veras? Y qué te parece?

CIRCUNCISION
Hija mía, el corazón de la mujer es una alcachofa: únicamente aprecia su ternura el que sabe buscar el cogollo sin hacer caso de las duras hojas que lo encierran.

O
No comprendo.

CIRCUNCISION
Ese joven es de los que saben buscar el cogollo. Es artista, tiene el alma tierna, sabe sentir, sabe amar... Puede hacerte dichosa. Y yo, que únicamente deseo que seas feliz, seré la mediadora en estas relaciones.

O
Qué buena eres!

CIRCUNCISION
(Si ella supiera!...)

O
Ya está tocando! (Se oye el violín) El aria de la locura!

CIRCUNCISION
Qué afinación! Qué sentimiento!


ESCENA VII

Dichas y D. CLETO

CLETO
Qué vecino tan insufrible! Siempre dale que le das al violín; creo que voy a mudarme por no oírle.

O
Padrino!

CLETO
Ah! Estabas ahí? Tenemos que hablar.

O
Como usted quiera.

CLETO
(Basta de vacilación: se lo diré claramente y saldré de esta duda que me tiene inquieto) Pues sí, tenemos que hablar muy largo. Circuncisión, retírate.

CIRCUNCISION
(Dios mío! Si él supiera!... Qué desgraciada soy!)

CLETO
Circuncisión; hoy tenemos convidado. Ayuda a la cocinera y prepara una comida de primer orden. Pon langostinos... Recuerdo que era muy aficionado a los langostinos.

CIRCUNCISION
Está bien.

CLETO
Y saca la vajilla de lujo.

CIRCUNCISION
Está bien.

O
Y quién es el convidado, padrino!

CLETO
Un antiguo amigo a quien hace veinte años que no veo. Ha venido de América y me escribe diciéndome que hoy comerá conmigo. —Conque cuidadito, Circuncisión.

CIRCUNCISION
Descuide usted. (Qué desgraciada soy!) (Váse)


ESCENA VIII

Dichos menos Circuncisión.

O
Vaya, ahora dígame usted lo que tiene que hablarme.

CLETO
Sí, hablemos. —Siéntate aquí a mi lado.

O
Aquí me tiene usted.

CLETO
Pues señor... (No sé cómo empezar) Pues señor...

O
Qué, me va usted a contar un cuento?

CLETO
No, una historia.

O
(Ah, vamos, la de siempre)

CLETO
Pues señor, hace de esto diez y seis años: acababa yo de enviudar de mi pobre Escolástica, que está en la gloria, y yo también desde entonces. Viéndome solo y no queriendo sufrir en una casa de huéspedes, seguí en la mía y tomé por ama de gobierno a Circuncisión, que me ha servido fielmente todo este tiempo. A los pocos días de estar en casa me trajo una niña de tres años...

O
Sí señor, yo, yo misma.

CLETO
Déjame continuar.

O
Pero si ya lo sé, y le estoy a usted muy agradecida.

CLETO
No se trata de eso. —Me trajo una niña de tres años, que sin duda se había perdido en la calle. Era una criatura monísima.

O
Gracias.

CLETO
Y continúa siéndolo.

O
Muchas gracias.

CLETO
(Parece que no le ha sentado mal el piropo) Yo avisé al Gobierno civil por si sus padres la reclamaban, pero pasaron días y meses, y años, y diez y seis van transcurridos sin que nadie haya venido a buscarte. —Yo empecé pronto a tomarte cariño; fuiste creciendo y te llegué a querer como una hija. —Cuántas veces te he tenido sobre mis rodillas! Cuántos millones de besos te he dado...

O
Padrino...

CLETO
Te ruborizas? Pues aseguro que el día en que te pusieron de largo tuve un verdadero disgusto, porque desde aquel no he vuelto a darte ni un beso siquiera...

O
Padrino...

CLETO
Padrino, padrino, me carga que me llames padrino!

O
Pues cómo he de llamarle a usted?

CLETO
CLETO

O
Cleto, así a secas!

CLETO
O Cletito.
O
Eso sería falta de respeto.

CLETO
No es respeto lo que yo quiero que me tengas, sino cariño... ¿Comprendes? cariño... (Creo que no me comprende; pero mañana se lo diré más claro. Esto servirá de preparación. —Siempre me pasa lo mismo. ¿Por qué no he de decírselo hoy?)

O
En qué piensa usted?

CLETO
En nada...

O
No tiene usted más que decirme?

CLETO
Sí... pero no...

O
Pues me voy a ayudar a Circuncisión.

CLETO
Bueno, vete. Pero no; escucha...

O
Diga usted.

CLETO
Sí, vete, vete. (Decididamente se lo diré mañana)

VENANCIO
(Dentro) Cleto! Cleto!

CLETO
Ahí está ya. Venancio!


ESCENA IX

D. Cleto y Venancio.

(Música)

VENANCIO
Cleto!

CLETO
Venancio!

VENANCIO
Aprieta!

CLETO
Aprieta. (Se abrazan)

VENANCIO
Vaya otro abrazo, (id)

CLETO
Vayan cincuenta.

VENANCIO
Desde que no nos vemos has mejorado!

CLETO
Tú también según veo has engordado!

VENANCIO
Cleto!

CLETO
Venancio!

VENANCIO
Aprieta!

CLETO
Aprieta!
VENANCIO
Venga otro abrazo! (Se abrazan)

CLETO
Vayan cincuenta! (id)
Di, por el otro mundo,
qué tal te ha ido?

VENANCIO
Malo, mediano y bueno,
de todo ha habido.

VENANCIO
Cleto!

CLETO
Venancio!

VENANCIO
Aprieta!

CLETO
Aprieta!

VENANCIO
Venga otro abrazo! (id)

CLETO
Vayan cincuenta! (id)

Dime qué dejas
por Ultramar,
cuéntame cosas
de por allá.

VENANCIO
Pronto tendré que concluir
pues el que hoy viene de Ultramar,
si es que trae algo que decir
traerá muy poco que contar.

De la patria del cacao
del chocolate y del café,
vengo, amigo, enamorao
y acaso pronto volveré.

Las mujeres que hay allí
en otra parte no hallarás,
buenas son las que hay aquí,
pues son aquellas mucho más.
Si te gustan las rubias
las hay de miflor;
si prefieres morenas
aún mucho mejor:
y hay mulata que tiene
pintada la piel
de color de canela
que no hay más que ver.

CLETO
Ay, por Dios te lo pido
no me hables así,
que a pesar de mis años...
aún me hacen tilín!

VENANCIO
Te lo digo de veras
las hembras de allí,
a pesar de mis años
aún me hacen tilín!

VENANCIO
Brilla el fuego tropical
de su mirada en el ardor,
y en sus labios de coral
hay la sonrisa del amor.
De su cuerpo a la esbeltez
nada hay que puedas comparar,
y su dulce languidez
tiene un encanto singular.
Ellas solo pronuncian
palabras de miel;
ellas son las mujeres
que saben querer.
Si te dice que nones
alguna de allí,
a la vez con los ojos
te dice que sí.

CLETO
Ay, por Dios te lo pido, etc..

VENANCIO
Te lo digo de veras, etc..

(Hablado)

CLETO
Y piensas volver pronto a América?

VENANCIO
No: estoy resuelto a cumplir un deber que probablemente me retendrá en España.

CLETO
Sí, eh!

VENANCIO
Sí, amigo mío; es una historia que ya te contaré más despacio. Vengo a buscar un hijo...

CLETO
Un hijo!

VENANCIO
O una hija; no estoy seguro de lo que será!...

CLETO
Hombre, eso es más raro.

VENANCIO
Pero, ay, los derribos creo que van a ser causa de que no encuentre a ese vástago infeliz.

CLETO
Los derribos!

VENANCIO
Sí. —Madrid no es Madrid. Ya no existe la calle de Peregrinos; la de Preciados está trasformada; falta medía calle de la Ternera, y la iglesia de Santa Cruz con su torre y todo ha venido al suelo.

CLETO
Eh? (Dios mío, si estará loco?)

VENANCIO
Madrid ha sufrido una trasformación completa, y creo que han derribado también mi felicidad!

CLETO
(Lo que digo, este hombre está tocado)

VENANCIO
Por qué han derribado la calle de la Ternera? (De pronto)

CLETO
Hombre, no sé; pero te aseguro que yo no he tenido la culpa.

VENANCIO
En esa calle debía yo haber encontrado lo que busco. —¿No me comprendes?

CLETO
Si te he de decir la verdad...

VENANCIO
Oye. —Poco tiempo antes de marchar a América a recoger la pequeña herencia que ha sido base de mi fortuna, estaba en relaciones amorosas con una tal Paulina, bellísima muchacha, costurera en fino, que trabajaba a domicilio: me enamoré de ella porque tenía un pie...

CLETO
Era coja? Pobrecilla.

VENANCIO
No; tenía dos pies...

CLETO
Ah! vamos!

VENANCIO
Chiquititos como dos almendras. —Pues bien, me enamoré de ella, y me hubiera casado a no hallarme en tan mala posición y próximo a emprender tan largo viaje. —Partí sin despedirme, lo averiguó, y en Cádiz, un día antes de embarcarme, recibí carta suya en que me anunciaba que yo iba a ser padre... La contesté asegurándola que mi regreso sería pronto y que cumpliría con mi deber. Pero embrollose en América la cuestión de la herencia; pasaron años y años, y yo, la verdad, al cabo de algunos llegué a olvidar a la pobre Paulina. Pero, amigo mío, cuando llega uno a cierta edad sin familia y con dinero, se desea tranquilidad, vienen a la memoria los tiempos pasados, y desde hace dos años se fijó en mí la idea de Paulina y de mi hijo, y he vuelto decidido a encontrarlos a todo trance. Pero llego a Madrid, ella vivía en la calle de la Ternera, y la calle de la Ternera apenas existe: una amiga suya vivía en la de Peregrinos, y los Peregrinos han desaparecido: recordé que tenía promesa de ir todos los viernes a oír misa a Santa Cruz, y Santa Cruz la han derribado. —¿Qué hago yo? Tengo razón al quejarme de los derribos! (Durante esta relación, Venancio da palmadas en la rodilla y el hombro de Cleto haciéndole retirarse al extremo de la silla donde está sentado. —Al levantarse Venancio, que tiene apoyado en ella un pié, Cleto cae al suelo)

CLETO
Ahora ya le comprendo. Pero es claro, al cabo de diez y nueve años...

VENANCIO
Mi hijo tendrá ya barbas.

CLETO
Hombre, si es hija no las tendrá...

VENANCIO
Cierto; si es hija no debe tenerlas.

CLETO
Pues me alegraré que encuentres el fruto de esos amores, calaverón.

VENANCIO
Sí, échatelas tú de santo. —Crees que he olvidado ya nuestras correrías? ¿No recuerdas nuestras aventuras del Chuletín y de Capellanes?

CLETO
Es verdad: qué tiempos aquellos!

VENANCIO
Parece que fue ayer cuando estuvimos una noche en Capellanes, yo vestido de turco y tú de almirante ruso.

CLETO
Es verdad!

VENANCIO
Tú bailaste casi toda la noche con una beata. Jé! jé!

CLETO
Y tú estuviste toda la noche con una turca... Jí! jí!

VENANCIO
Y las llevamos al ambigú.

CLETO
Y pidieron pollos...

VENANCIO
Con tomate.

CLETO
Y como no teníamos dinero las dejamos solas, es decir, solas no, con los pollos. Jé! jé!

VENANCIO
Jí! jí! Por entonces eran nuestras aventuras en la calle del Sombrerete.

CLETO
No me recuerdes eso!

VENANCIO
Por qué?

CLETO
Allí tenía yo mis dulces coloquios con aquella dama incógnita que se hacía llamar Tisbe!

VENANCIO
Y yo en la casa de enfrente con aquella bizca que ya no me acuerdo como se llamaba.

CLETO
Precisamente esa noche que estuvimos en Capellanes fui a verla después vestido todavía de almirante ruso, la propuse un rapto, se negó, la dije que huía para siempre de su lado, me cogió por una charretera y se quedó con ella entre las manos. —Yo escapé, y cuando volví al siguiente día ya no acudió al lugar de nuestras citas. —No he vuelto a verla: ¿qué sería de la pobre Tisbe?

VENANCIO
Aquella noche troné yo también con mi bizca. Le parecí muy feo con el traje de turco!

CLETO
Todo pasó! Poco tiempo después fui a Barcelona y allí me casé!

VENANCIO
Te casaste! y no me dices nada!

CLETO
Sí, chico, me casé.

VENANCIO
Preséntame a tu señora!

CLETO
No es posible.

VENANCIO
Por qué?

CLETO
Porque se ha muerto! (Muy alegre) Se murió la pobrecita! (Muy triste)

VENANCIO
Lo siento! De modo que vives solo?

CLETO
No; cuando quedé viudo tomé un ama de gobierno, y he aceptado luego una huérfana con quien pienso casarme; una joven bellísima, inocente, y sobre todo sin familia de ninguna clase. —Una huérfana sin padres, ni tíos, ni hermanos, ni primos: una proporción. Quedé tan harto de la familia de mi difunta Escolástica, que juré no volver a casarme si no hallaba una mujer sola como un hongo, huérfana en toda la extensión de la palabra. —La he encontrado y cumplo mi juramento.

VENANCIO
Y es joven?

CLET
Un pimpollo: diez y nueve años.

VENANCIO
Hombre! Y no te asusta para casarte la diferencia de edad?

CLETO
Si apenas la hay!

VENANCIO
No es nada: somos de la misma edad y tengo ya cincuenta! Ella tiene diez y nueve... Mira que hay mucha diferencia, chico.

CLETO
Según cuentes.

VENANCIO
Cómo?

CLETO
Si cuentas por años, es claro: pero si cuentas por duros yo tengo dos y medio y ella uno... No la llevo más que uno y medio. Ya ves que es bien poco.

VENANCIO
Tienes razón.

CLETO
Voy a presentártela... O! Ya verás qué pimpollito!

VENANCIO
Ah tunante! ya sé que tienes buen gusto!

CLETO
O! O!


ESCENA X

Dichos y O.

O
Llamaba usted, padrino?

CLETO
Sí, voy a presentarte a mi querido amigo Venancio! Aquí tienes a mi ahijada...

VENANCIO
Tengo mucho gusto en conocerla.

O
Mil gracias.

CLETO
Ya ves que no te había exagerado al decir que era muy bonita.

VENANCIO
Cierto que no.

O
Padrino...

VENANCIO
Yo deseo a ustedes toda clase de felicidades en su matrimonio.

O
Cómo? (Cleto hace señas a Venancio y éste no le ve)

VENANCIO
Sé ya por Cleto que... (Cleto tose) Chico, estás muy constipado; debes sudar.

CLETO
Ya, ya estoy sudando.

VENANCIO
Pues sí; Cleto me ha dicho que iban ustedes a casarse muy pronto.

O
Quién? ¿Mi padrino y yo?

VENANCIO
Pero qué, no lo sabía? (A Cleto)

CLETO
Te diré, hombre, te diré. Lo que yo no había encontrado medio de decir hace más de un año, lo has dicho tú así, tan de sopetón... que ..

O
Pero es cierto?

CLETO
Si, es cierto que te amo y que deseo hacerte mi esposa...

O
Dios mío!

CLETO
Qué tal cara pone?

VENANCIO
No es fácil saberlo: está de espalda.

CLETO
Cierto. (Va a dar la vuelta para verla la cara y O se vuelve)

VENANCIO
(Me parece que no le ha sentado muy bien la noticia!)

CLETO
(Pues señor, todavía no sé la cara que ha puesto) (Se vuelve O poniéndose dé frente al foro cuando aparece Serafín)

O
Ah! El!

CLETO
(Ha puesto buena cara!)


ESCENA XI

Dichos y Serafín.

(Música)

SERAFIN
Caballeros...
Señorita..
.
CLETO
Pase usté adelante.

SERAFIN
Servidor de usté.
Mi visita
necesita
una explicación
y ahora la daré.

Tiene usted una cotorra
de valor,
prisionera en una jaula
y al balcón.
Que pronuncia con extraña
claridad,
y en idiomas diferentes
sabe hablar.

CLETO
Es verdad,
es verdad

(Más con esto a dónde este hombre
 va a parar?)

O
Es verdad,
es verdad.

(No comprendo después de esto
qué dirá)

VENANCIO
(El preámbulo es un poco
singular)

SERAFIN
La he oído en italiano
Voglio mai,
Buona sera, io capisco
y ascoltai.
Y en francés otras mil veces
yo la oí:
Oui, monsieur —prenez, madame,
remerci.

(O, Cleto y Venancio a la vez)

O y CLETO
Cierto es
cierto es,
sabe hablar en italiano
y en francés.

VENANCIO
Pues ya es
el hablar en italiano
y en francés.

SERAFIN
Y también la oí otras veces
en inglés:
Wery well —Milord —Milády
Lóndon—Yes.

Y también otras palabras
de alemán:
ya mein her esprehen deuschen
reunden mam.

(O, Serafín y Cleto a la vez)

O y CLETO
Es verdad,
es verdad,
que también sabe un poquito
de alemán.

VENANCIO
Si es verdad,
en efecto es sorprendente
habilidad!

SERAFIN
Pues esa cotorra
desde este balcón,
dejando la jaula
al mío voló.
Y aquí Se la traigo. (Dándosela)

CLETO
Mil gracias le doy,
mil gracias, mil gracias.

SERAFIN
(Con esta van dos)
Comprendo el cariño
que usted la tendrá,
que es extraordinaria
tanta habilidad.

(O y Serafín a la vez)

O
(Si mi padrino
ha sospechado
nuestro plan,
pronto la gorda
sin más remedio
van a armar!
Esto es muy grave,
pues él furioso
le echará,
y es imposible
que ya me pueda
visitar)

CLETO
(Años enteros
he dedicado
con afán
a la enseñanza
de la cotorra
sin cesar.
Y he conseguido
que puedan todos
admirar
de su maestro
la pertinacia
sin igual)

(Serafín y Venancio a la vez)

SERAFIN
(Con el pretexto
de la cotorra,
puedo ya
cuando yo quiera
a mi adorada
visitar.
Ha resultado
muy conveniente
todo el plan.
No cabe duda;
tengo un ingenio
colosal!)

VENANCIO
(Yo no comprendo.
pues es un caso
singular,
que una cotorra
tales idiomas
pueda hablar.
Y yo que juzgo
que soy un ente
racional,
ni una palabra
de ellos consigo
pronunciar!)

CLETO
Sobre todo a mí me encanta
su alemán!

SERAFIN
El francés a mí me gusta
mucho más!

O
Qué bien sabe el italiano
pronunciar!

VENANCIO
El inglés ha de enseñarme
el animal!

O
Caro bene, m'ami, m'ami
per pietá!

SERAFIN
Prenez vous de la patite,
oui madame!

CLETO
Ya mein herr, esprehen densehen
freunden mann!

VENANCIO
Wery well, honse, speack english
waterfallí

(Hablado)

SERAFIN
Pues doy a usted las gracias más expresivas.

CLETO
(A O) Anda, vete a ayudar a Circuncisión.

O
Con permiso de ustedes.

CLETO
(A Serafín) Tome usted asiento.

SERAFIN
(Mirando a O, como aparte) (Bendita esa boquita y esos ojitos, y esa carita!)


ESCENA XII

Dichos menos O.

CLETO
Siéntese usted. (Serafín va a sentarse en la misma silla que Venancio, dejando antes sobre la del centro el sombrero)

SERAFIN
Dispense usted. (Se sienta sobre el sombrero)

CLETO, VENANCIO y SERAFIN
Ah!

SERAFIN
No me he hecho daño! No ha sido nada. (Arreglando el sombrero y poniéndolo después sobre el velador) (¡Que siempre he de hacer alguna barbaridad!)

CLETO
Conque usted, por lo visto, vive cerca de aquí.

SERAFIN
Soy vecino de la misma casa.

CLETO
Y sale usted poco?

SERAFIN
Muy poco; a mi ocupación nada más.

CLETO
Le compadezco a usted.

SERAFIN
Por qué?

CLETO
Porque estará usted como yo, oyendo sin cesar a ese rasca-tripas, que no cesa de tocar el violín.

SERAFIN
(Con tranquilidad) Caballero, ese rasca-tripas soy yo!

CLETO
Usted!

SERAFIN
Sí señor.

CLETO
Pues... (Muy cortado) Qué demonio, hombre! Tengo mucho gusto en conocer a usted; sí señor, sí, toca usted muy bien. Usted extrañará que yo le haya llamado así.

SERAFIN
No, no señor, yo no extraño nada.

CLETO
Me explicaré. Como las cuerdas del violín son de tripa... eh? usted comprende? Yo... a todos los que tocan instrumentos de cuerda, los llamo en broma rasca-tripas.

SERAFIN
Tiene gracia! Já, já, já!

CLETO
Vamos, le he hecho gracia! Já, já, já!

VENANCIO
Já, já, já! (Los tres se ríen y de pronto se quedan muy serios)

CLETO
Quedo a usted muy agradecido por la devolución de la cotorra. —Yo soy muy aficionado a los animales. —Con este motivo le ofrezco a usted mi amistad.

SERAFIN
Muchas gracias. —Pues no quiero molestar a usted más tiempo y me retiro.

CLETO
Usted no me molesta.

SERAFIN
Gracias.

CLETO
Aquí tiene usted una casa a su disposición.

SERAFIN
Pues yo... aquí encima de usted. (Coge la pantalla del quinqué en lugar del sombrero) Puede usted disponer de mi inutilidad.

CLETO
Gracias, Cúbrase usted. (Serafín se pone la pantalla)

SERAFIN
Uf! Qué es esto?

CLETO
La pantalla: no tiene nada de particular.

SERAFIN
Soy tan distraído... (Cogiendo el sombrero, que le da Cleto. (Maldito sea mi genio, amén!) (Da una patada sobre el pie de D. Venancio)

VENANCIO
Caracoles! Me ha deshecho usted un pie!

SERAFIN
Ay! Cuánto siento! Usted me dispense.

VENANCIO
Sí señor, sí, está usted dispensado.

SERAFIN
A los pies de usted... digo, beso a usted la mano. (Va a salir por la derecha)

CLETO
Que por ahí se va usted a la cocina.

SERAFIN
Ah! Usted dispense. (Me paso toda la vida diciendo que me dispensen) (Váse por el foro tropezando al salir)

CLETO
Vaya usted con Dios... ó con el diablo que le lleve!


ESCENA XIII

D. Cleto y D. Venancio, después O.

VENANCIO
Qué calamidad de vecino!

CLETO
No lo sabes tú bien.

O
Padrino! Padrino!

CLETO
Qué te pasa!

O
Ay! Qué contenta estoy!

CLETO
Pues?

O
He encontrado a mi madre!

CLETO
Cómo!

O
Sí señor; mi madre vive y vendrá muy pronto a abrazarme! Qué feliz soy!

CLETO
(Dios mío! Ya no es huérfana!) Pero de dónde has sacado eso?

O
Lea usted esta carta que acabo de encontrar en mi cuarto.

CLETO
(Leyendo) «Hija mía, va a acabar tu orfandad. Pronto tendrá el placer de darte un abrazo: tu madre, Paulina Bemol.»

VENANCIO
Eh? Qué has dicho? Paulina...

CLETO
Sí, Bemol.

VENANCIO
Cielo santo!

CLETO
Qué pasa!

VENANCIO
Paulina Bemol! (Arrebatando la carta) Sí, es su letra, los mismos garabatos, y abrazo con h. Es ella. —Cuántos años tienes?

O
Diez y nueve!

VENANCIO
Y tu madre es Paulina? (A Cleto) Comprendes? Paulina!

CLETO
Ah! Ya recuerdo la historia! Será posible...

VENANCIO
Es seguro! —Hija... ven a los brazos de tu padre!

O
Cómo! usted mi padre!

VENANCIO
Sí.

O
Padre mío! (Se van a abrazar)

CLETO
(Interponiéndose) Alto! Puede haber un error.

VENANCIO
Cómo error! —Hija de mis entrañas!

O
Padre de mi corazón! (Aparece Circuncisión)


ESCENA ULTIMA

Dichos, Circuncisión.

(Música)

CIRCUNCISION
(Qué es lo que escucho?
Su padre! Oh Dios!
¡Será posible?
¿Y por qué no?)

VENANCIO
Vuelve a mis brazos, hija.

CLETO
Basta de abrazos ya,
y averigüemos antes
si es tu hija en realidad.

CIRCUNCISION
Dice usted que es su padre?

VENANCIO
Yo soy su padre, sí.

CIRCUNCISION
Míreme usted de frente.
Vuélvase de perfil.
Póngase usted de espalda.
(Este bien puede ser!)
Ven, ¡Basta de zarandeo!
Quién es esta mujer! (A Cleto)

CLETO
El ama de gobierno,
de quien te hablé.

CIRCUNCISION
(Dios mío! Será este
el tuno aquel?)

O
(Llena estoy de gozo,
que bailo por fin hoy
mis papás y un hombre
que me haga el amor)

CLETO
(Ella siendo huérfana
me inspiraba amor,
pero con parientes
no quiero ni al sol)

CIRCUNCISION
(Llena estoy de dudas
y confusa estoy.
Hasta en este caso
¡qué infeliz que soy!)

VENANCIO
(No me cabe duda,
yo su padre soy,
puesto que es su madre
Paulina Bemol)

VENANCIO
(A Cleto) Tú dudas todavía?

CLETO
Yo dudo, sí señor.
No puede asegurarse.

VENANCIO
Pues yo seguro estoy!
En el pelo y en el talle
y en la boca y la nariz,
y en lo blanca y en lo fina
en todo se parece a mí.

Y en la cara sandunguera
y en el modo de mirar
y en los pies chiquirrititos
se parece a su mamá.

CIRCUNCISION
Y quién es su madre?
Lo sabe usted ya?

VENANCIO
Lo sé, sí señora.
Lo sé a no dudar.

CIRCUNCISION
Y quién es entonces?
Quién es? Por favor!

LOS TRES
Según las noticias
Paulina Bemol.

CIRCUNCISION
Pau-li-na-Be-mol!
Ah! Oh!

(Cae desmayada y con una convulsión)


FIN DEL ACTO PRIMERO


ACTO SEGUNDO

La misma decoración.


ESCENA PRIMERA

O y Circuncisión.

O
Yo te agradezco mucho ese interés que demuestras por mí y que te aseguro que serás siempre mi segunda madre!

CIRCUNCISION
(La segunda! Qué desgraciada soy!) Pero niña, es necesario averiguar si esa que se titula tu madre lo es en efecto.

O
Y qué interés tendría en decirlo? Además, ya has visto que mi papá lo asegura.

CIRCUNCISION
(Su papá! Dios mío, será en efecto su papá?)

O
Nada le importe: yo de todas maneras, lo repito, te querré siempre como a una madre! —Ya verás qué bien lo pasamos todos juntos. —Como es natural me iré a vivir con mis padres y te llevaré a mi lado. —Luego, si el vecino, como parece, me quiere tanto, se casará conmigo, no es verdad?

CIRCUNCISION
Hija mía, el hombre es el animal más dañino de la tierra; no olvides nunca esta máxima. —Por lo demás ese joven me parece muy apreciable.

O
Qué deseos tengo de conocer a mi mamá.

CIRCUNCISION
(Su mamá! No hay remedio. —Voy al memorialista a que me escriba la carta) Te encargo una cosa.

O
Qué!

CIRCUNCISION
Mira con desconfianza a cualquier madre que se te presente.

O
Por qué?

CIRCUNCISION
Tengo mis razones para decírtelo. — Adiós.


ESCENA II

O sola.

O
Por qué me dirá eso?—Bah! Como me quiere tanto teme que mi madre le robe ese cariño. —Pobrecilla! Ah! Qué feliz soy! —Tengo madre, tengo padre y tengo novio... quién me tose a mí?

(Música)

O
El oír a un guapo mozo
¡qué bonita que es usté!
Ay qué ojitos tan tunantes!
Ay qué manos! y qué pie!
Si hay mujer que diga
que le disgustó,
diga usted que miente,
que lo digo yo.

Pues me hallo ya sola
lo puedo decir,
me gustan los pollos
que van por ahí.
Y si uno en la calle
me dice una flor,
me da mucho gusto
y finjo rubor.
Y me volvería
si vienen detrás,
ay Dios! si no fuera
por el qué dirán!

Si en lugar de ser los hombres,
yo no sé por qué razón,
las mujeres declarasen
a los hombres su pasión,
la primera cosa,
al contrario que hoy,
sería decirles:
a casarme voy!

Y al ver a un pollito
de buen parecer,
se iría la joven
derecha hacia él.
Y así le diría
con gran claridad:
—Me gusta usted mucho!
digo la verdad.
Es usted muy mono!
y muy retruhán!
Ay Dios, qué bigote!
y qué bien le está!


ESCENA III

Dichas y D. Cleto.

(Hablado)

O
Ah! Padrino!

CLETO
Buenas tardes.

O
Qué es eso? Le pasa a usted algo?

CLETO
¿Te parecen poco los acontecimientos que se suceden desde esta mañana? Vivíamos aquí tranquilos y felices como el pez en el agua, y esta paz nunca alterada ha desaparecido desde que llegó Venancio.

O
Mi papá!

CLETO
Tu padre. (Es decir... mi suegro! —Imposible: juré no tener más suegros) O.

O
Padrino.

CLETO
Es necesario que hablemos con toda claridad.

O
Como usted quiera.

CLETO
Venancio, que es un hombre muy imprudente...

O
Padrino, que es mi papá...

CLETO
Es verdad; no me hacía cargo. —Venancio, que es el hombre más prudente que he conocido, te dijo, así, de sopetón, que yo te quería... y te dijo la verdad. —Tú no contestaste...

O
Yo...

CLETO
Déjame concluir. —Efectivamente, yo te amo y hace la friolera de año y medio que estaba buscando la manera de decírtelo y no atinaba con ella. —Te quiero por dos razones... la primera porque eres muy bonita y muy buena...

O
Muchas gracias.

CLETO
Y la segunda porque eras huérfana, completamente huérfana, fíjate bien en esto.

O
De modo que ahora que no soy huérfana, ya no me quiere usted? ¿No es esto? ¡Qué alegría!

CLETO
Cómo? Qué dices?

O
Digo, no... qué tristeza!

CLETO
Hablemos con toda claridad. —Tu padre, si me caso contigo será mi suegro...

O
Me parece que sí.

CLETO
Y tu madre mi suegra, y yo estaba decidido a no tener más suegros en mi vida.

O
Y por qué?

CLETO
Porque me fue tan bien con los que tuve, que no pienso
borrar aquel agradable recuerdo. Quiero esposa sin parientes de ninguna clase.

O
Ya comprendo, y como yo los tengo desde hoy, quiere decir que de lo dicho no hay nada y que ya no me quiere usted para esposa...

CLETO
No; no es eso, no te apresures, no te apresures tanto a sacar deducciones. —Tu padre, según ha dicho, piensa volverse a América, y lo probable es que se lleve a tu madre...

O
Y yo me iré con ellos.

CLETO
 Pero si te casas conmigo, como yo no pienso en ir, te quedarás aquí. —De esta manera no me importa que tengas padres ó no. —Con tal de casarme contigo, aguantaría a los suegros... si se marchaban a Ultramar.

O
Pero yo...

CLETO
Exijo, pues, que ahora digas si quieres casarte conmigo ó no. Categóricamente...

O
Yo...

CLETO
Nada, categóricamente.

O
Pues bien: no quiero casarme con usted.

CLETO
No ha podido decirlo de una manera más categórica. —Y por qué, vamos a ver, por qué no me quieres?

O
Sí le quiero a usted, le quiero mucho, pero como a un padre, con un cariño... así, de familia...

CLETO
De familia! No quiero ese Cariño. (Paseándose de un extremo a otro de la sala)

O
Pero padrino...

CLETO
Pero, demonio! Yo -no soy tu padrino, yo no soy nada tuyo, —Aquí hay gato encerrado!

O
Cómo gato?

CLETO
Tú quieres a algún hombre... Dime la verdad.

O
Sí señor.

CLETO
Quién es ese hombre?

O
El de arriba... el del violín...

CLETO
Yo bien decía que había gato...

O
Cómo?

CLETO
El gato es ese chisgarabís. — Cuando le vea le doy un puntapié que le vuelvo loco.

O
Por qué?

CLETO
Porque sí, y es bastante. —Y si yo sé que tú haces caso a ese bicho, tomaré una determinación... Usted no tiene nada que decirme; eso será cosa de mis papás...

CLETO
(Cierto, tiene papás: esto me consuela de que no me ame!) (Váse)


ESCENA IV

O, después Serafín.

O
Se ha incomodado! No sé por qué. Yo le agradezco mucho lo que ha hecho por mí, pero me parece muy ridículo que un viejo feo como él quiera casarse con una joven bonita... como yo.

SERAFIN
(Que se ha ido acercando de puntillas) Y muy bonita y muy rebonita.

O
Ay!

(Música)


DUO

SERAFIN
Vivir ya no puedo
si no es junto a usted.
Por eso tan pronto
he vuelto otra vez.

O
Me va usted, vecino,
a comprometer,
si en casa sospechan
a qué viene usted!

SERAFIN
Me importa un comino
que sepan a qué,
pues un día u otro
lo habrán de saber.
(Tengo todo el plan
de un conquistador
y conseguiré
alcanzar su amor.
Soy un pillastrín!
Soy un seductor!
Ay que retunante!
Ay qué pillo soy!
¡Jé, jé, jé!
Esto es de lo poco
que hoy se ve!)

Tu amor ó la muerte!
La muerte ó tu amor!

O
Por Dios se lo ruego,
baje usted la voz!
Si no de seguro
nos pueden oír,
que está mi padrino
muy cerca de aquí.

SERAFIN
(Con el aliento) Yo te quiero,
mi lucero,
por tus ojos
yo me muero,
que el no verte
da la muerte
y en ti cifro
yo mi suerte.
Bien querido,
que me quieras
yo te pido
por favor;
mucho, mucho,
pues te advierto
que me mata el arrechucho
del amor!

O
(Lo mismo) Si me quiere,
yo le ruego
que modere
tanto fuego,
pues si sigue,
se lo juro,
que consigue
de seguro
que se entere
mi padrino,
y ese es todo
mi temor.
Ya le escucho,
mas le ruego
que modere el arrechucho
del amor!

(A la vez Serafín y O)

SERAFIN
Ay qué arrechucho
tan seductor!
Yo te quiero mucho; mucho,
dame tu amor!

O
De ese arrechucho
tan seductor
todo el calor
que modere, mucho, mucho
es lo mejor!

(Hablado)

O
Por Dios le pido a usted que se vaya. Mi padrino está en casa...

SERAFIN
No importa; somos ya muy amigos, y si extraña que haya vuelto tan pronto le diré que he venido a traer otra vez la cotorra que se ha vuelto a escapar. ¿No le parece á usted ingenioso? Eh? Si lo que a mí se me ocurre!... Soy el demonio!

O
De todas maneras váyase usted, yo se lo suplico.

SERAFIN
No puede ser; vengo a una cosa muy importante.

O
A qué?

SERAFIN
A decirla a usted que debemos llamarnos de tú...

O
Cómo?

SERAFIN
Sí; que debemos tutearnos, porque yo te amo mucho.

O
Pero caballero...

SERAFIN
Llámame Serafín.

O
Pero Serafín...

SERAFIN
Ah, O!

O
¡Márchese usted...

SERAFIN
De tú, de tú ..

O
Pues bien, márchate tú (Ay qué vergüenza!)

SERAFIN
Bendita seas!

O
Mi padrino está muy incomodado con usted... digo contigo...

SERAFIN
Conmigo?

O
Sí; acaba de decir que cuando te vea te va a dar un puntapié que va a volverte loco.

SERAFIN
Y por qué?

O
Porque me quieres!

SERAFIN
Ay qué bruto!

O
Que puede oírte!

SERAFIN
Ay qué bruto! (Con el aliento)

O
Por eso te digo que te vayas.

SERAFIN
Bueno, me voy, pero asómate con más frecuencia a la ventana...

O
Ya me he asomado bastante.

SERAFIN
Valiente cosa, diez ó doce veces desde esta mañana!

O
Vete por Dios.

SERAFIN
Te adoro. Dame la mano.

O
Toma, pero vete.

SERAFIN
(Arrodillándose) Te idolatro. (Se la besa)

VENANCIO
Bien!

O
Ay!


ESCENA V

Dichos, Venancio.

SERAFIN
A los pies de usted, señorita.

VENANCIO
Conque a los pies? Ya lo creo que a los pies!

SERAFIN
Servidor de usted. (Disponiéndose a salir)

VENANCIO
(Deteniéndole por los faldones) Caballerito! ¿Con qué derecho se permite usted arrodillarse delante de esta joven.

SERAFIN
(Ea, ya me cargué yo!) Y con qué derecho me lo pregunta usted?

VENANCIO
Yo soy su padre.

SERAFIN
Su padre?

O
Sí, señor, mi papá, mi querido papá.

VENANCIO
(Qué zalamera es! Como su madre, lo mismo!)

SERAFIN
Yo creí que esta señorita era huérfana.

VENANCIO
Lo era; pero ya no lo es.

SERAFIN
Ya! (Caso raro: nacer los padres después que el hijo)

VENANCIO
Por lo tanto hágame usted el obsequio de explicarme la posición que ocupaba cuando yo entré.

SERAFIN
Es muy sencillo: mire usted. Yo estaba así. (Se arrodilla y la coge la mano. D. Venancio le coge por el cuello de la levita y lo levanta en alto haciéndole pasar a su derecha)

VENANCIO
Estoy enterado!

O
Papaíto!

SERAFIN
(A este caballero no le gustan las bromitas) Pues bien, en dos palabras le explicaremos a usted el motivo. Yo vivo arriba. (Muy vivo lo que sigue)

O
Vive arriba.

SERAFIN
Soy artista; toco el violín...

O
Toca el violín.
SERAFIN
Desde aquí se me oye tocar.

O
Se le oye tocar.

SERAFIN
He logrado conmover el alma de esta joven.

O
Ha conmovido mi alma.

SERAFIN
Antes de conocernos personalmente.

O
Mucho antes.

SERAFIN
Después nos vimos.

O
Nos vimos.

SERAFIN
Y nos amamos.

O
Nos amamos.

LOS DOS
Ni más ni menos. (Pausa)

VENANCIO
Pues es bastante.

SERAFIN
Caballero: no mate usted nuestro amor cuando ha llegado a estas alturas.

VENANCIO
A qué alturas?

SERAFIN
Ya ve usted, estamos en un cuarto tercero con entresuelo.

VENANCIO
Usted me parece un tunante.

SERAFIN
Muchas gracias.

VENANCIO
Le gusta a usted hacer chistes y se va usted a encontrar un día con la horma de su zapato. —Haga usted el favor de salir de aquí inmediatamente.

SERAFIN
Pero...

VENANCIO
No hay pero que valga. —Y usted, señorita, ya sabe que debe todo lo que es a la protección de mi amigo don Cleto: él la desea a usted para esposa y usted debe pagarle con su mano los muchos favores que le debe.

O
(Dios mío!)

SERAFIN
Adiós esperanzas!

VENANCIO
Vaya usted con Dios!

SERAFIN
Caballero: yo no puedo vivir sin el amor de su hija.

VENANCIO
Pues reviente usted!

SERAFIN
Qué amabilidad! —Mañana leerá usted en La Correspondencia un suelto concebido en estos términos. —«Ayer se encontró en el estanque de los patos el cadáver de un joven bien parecido, que se suicidó por causas que se ignoran. Era violinista. El arte ha perdido uno de sus más legítimas esperanzas. Se llamaba Serafín Bemol.» — Será un bombo póstumo.

VENANCIO
Cómo, dice usted que se llama?

SERAFIN
(Le ha conmovido!) Serafín Bemol, servidor de usted.

VENANCIO
Bemol?

SERAFIN
Sí señor.

VENANCIO
Es usted acaso pariente de doña Paulina Bemol.

SERAFIN
Ese es el nombre de mi mamá.

O
Eh!

VENANCIO
Es posible? Y su padre de usted?

SERAFIN
No le he conocido!

VENANCIO
Caracoles!

O
Dios mío!

VENANCIO
Qué edad tiene usted?

SERAFIN
Diez y nueve años.

VENANCIO
Es imposible!

SERAFIN
Le digo a usted que tengo diez y nueve.

VENANCIO
(A O) Tú tienes esa misma edad! Su mamá de usted ha tenido algún otro hijo?

SERAFIN
Una niña que nació conmigo y que yo no conocí porque murió muy chiquitina.

VENANCIO
Esa niña no ha muerto!

SERAFIN
Cómo?

VENANCIO
Esa niña es esta!

O
Jesús!

SERAFIN
Qué oigo!

VENANCIO
Sí, es mi hija y tú eres mi hijo! Hijo de mi corazón! (Abrazándole)

SERAFIN
Padre mío! (Se abrazan)

(Música)


TERCETO

O
Es mi hermano!

VENANCIO
Es su hermano!

SERAFIN
Soy su hermano!

SERAFIN y O
Ay, qué horror!

VENANCIO
Ay, qué horror!

LOS TRES
Imposible es nuestro/vuestro amor!

VENANCIO
(Atroz resultado
de ser un tronera
estoy asustado
y lleno de horror)

O y SERAFIN
(Horror! Horror!)

VENANCIO
Horrible castigo!
Por ser calavera
hoy hago que muera
su cándido amor!

O y SERAFIN
(Horror! Horror!)

(Los tres a la vez)

VENANCIO
Ay de mí!
En buen lio les metí!

O y SERAFIN.
Ay de mí!
Para siempre le/la perdí!

O y SERAFIN
Y de esta manera
yo pago inocente
lo muy calavera
que fue mi papá:
cariño de hermano
mi pecho no siente,
y creo que en vano
sentirlo querrá!

VENANCIO
Ay, hijos míos! (Abracándolos)

O
Papá!

SERAFIN
Papá!

LOS DOS
Somos hermanitos!
Qué barbaridad!

O
Ah!

SERAFIN
Ah!

VENANCIO
Ah!

O
(Riendo de una manera descompuesta)
Já, já, já, já!

VENANCIO
De qué te ríes?

O
Papá! —Pa-pá!

SERAFIN
¡Se ha vuelto loca!

O
Já, já, já, já!

VENANCIO y SERAFIN
¡Qué atrocidad!

O
Já, já, já, já!

(Recuerdo del dúo del acto primero)

Ay Serafín!
Oyendo el dulce son
de tu violín,
me pongo en conmoción.
Tiririn, tiririn! (Bailando)

VENANCIO y SERAFIN
Oyendo el dulce son
de su/mi violín
se pone en conmoción
Tiririn, tiririn!

O
Tiririn, tiririn.
tiririn, tiririn!

VENANCIO
Sin duda la impresión
la ha vuelto al magín.
¡Ay, qué desolación!
Tiririn, tiririn!

SERAFIN
Me da en el corazón
un duelo sin fin
oiría esa canción.
Tiririn, tiririn!

O
Ay, Serafín!

SERAFIN
Ay, qué conmoción!

O
Tiririn, tiririn,
tiririn, tiririn.

TODOS
Tiririn, tiririn,
tiriron, tiriron!

(Hablado)

O
Dios mío! Qué desgracia! Ah! (Se desmaya)

VENANCIO
Se ha desmayado! Agua! Vinagre!

SERAFIN
Agua! Agua! (Gritando. Va a entrar por la derecha a tiempo que sale D. Cleto y tropieza con él)


ESCENA VI

Dichos y D. Cleto.

CLETO
Qué es esto? Usted aquí! (Le pega un puntapié)

SERAFIN
Vinagre! (Entra por la segunda derecha)

VENANCIO
Por qué pegas a mi hijo?

CLETO
Cómo tu hijo!

VENANCIO
Sí, ese es mi hijo, esta es mi hija, todos son mis hijos.

CLETO
Qué es eso? Qué tiene O?

VENANCIO
Que al saber que ese es su hermano, se ha desvanecido!

CLETO
Conque es su hermano! Conque también tiene hermanos! (Familia Completa!) (Haciéndola aire con los faldones)


ESCENA VII

Dichos, Serafín y Circuncisión, con un vaso de agua.

CIRCUNCISION
(Saliendo) Dónde está? Dónde está?

SERAFIN
(Rodándole la cara con agua) Vuelve en ti, hermana mía!

CIRCUNCISION
Hermana de usted? (Trayéndole al proscenio)

SERAFIN
Sí señora, mi hermana!

CIRCUNCISION
Hermana de padre!

SERAFIN
De padre y madre! A usted qué le importa?

CIRCUNCISION
(Esto es un lio! No hay más remedio que entregar la carta)

SERAFIN
Ya parece que vuelve.

VENANCIO
Hija mía!

CLETO
(Por Serafín) Esta calamidad sería mi cuñado!

VENANCIO
Más agua, echarla más. (Serafín coge el vaso y vierte todo el agua sobre D. Cleto)

CLETO
Canastos!

O
Ay!

VENANCIO
Ya vuelve!

O
¿Dónde estoy?

SERAFIN
Lechuga, treinta, tercero.

VENANCIO
Hijo mío, eres un mamarracho!

CLETO
Te sientes mejor?

O
(Llorando) Y para esto encuentro a mis papás!

CLETO
(A Circuncisión) Anda, llevarla a su cuarto; que se acueste un poco y que se tranquilice.

CIRCUNCISION
Vamos, hija mía.

O
(Apoyándose en el brazo de Circuncisión) Infeliz de mí!

CIRCUNCISION
(Qué desgraciada soy! (Vánse por la izquierda)


ESCENA VIII

D. Cleto, D. Venancio y Serafín.

VENANCIO
Hijo mío!

SERAFIN
Papá!

VENANCIO
Vamos a ver a tu madre; ya deseo darla un abrazo.

SERAFIN
Cuando yo salí no estaba en casa; pero tal vez haya vuelto.

VENANCIO
Vamos.

CLETO
Y cómo demonios han averiguado ustedes este parentesco?

VENANCIO
Por el apellido.

CLETO
Qué apellido?

VENANCIO
Bemol.

CLETO
Esto ya tiene tres bemoles.

VENANCIO
Y dónde ha ido tu madre?

SERAFIN
A ver a una prima suya que tiene un hijo malo.

CLETO(Una prima con hijos! Más parientes!)

VENANCIO
Vamos, vamos, que estoy impaciente por verla.

SERAFIN
Ella no creía verle a usted ya más!

VENANCIO
Lo comprendo: (Lloroso) le dije, vuelvo... y volví las espaldas! Vamos.

SERAFIN
Vamos!

VENANCIO
Volveremos con su madre!

CLETO
Vayan ustedes con Dios!


ESCENA IX

D. Cleto.

CLETO
Pues señor, parece que estamos representando un melodrama; todo se vuelven reconocimientos. —Ah! —Sí. —Tú... esa cara, esa facha, aquella facha: hija mía! —Padre mío! —Pasan cinco minutos. —Cielos! —Esa nariz, aquella oreja, ese tobillo! —Yo soy tu hijo! —Yo soy mi padre! —Yo soy mi abuelo! —Padre mío! —Abuelo de mis entrañas! —Abrazo número tres mil seiscientos cincuenta y siete. —Me he lucido: yo he educado a esa joven; yo la he amado sólo por ser huérfana, y resulta ahora que es parienta de todo el mundo!

(Música)

Me condena otra vez mi suerte negra
a vivir entre un suegro y una suegra!
desgraciado de mí!
por qué la suerte me persigue así?

Ay! qué par de suegros
tuve que aguantar?
Su recuerdo sólo
me hace tiritar.
Era don Severo
bajo y regordete,
se movía mucho
y hablaba en falsete:
doña Restituía
era una señora,
que se sofocaba
cada medía hora:
con la voz muy hueca
y el andar ligero,
y con más bigotes
que un carabinero.
Cuando yo algo hacia
que les disgustaba,
él me reprendía
y ella me arañaba:
y más de tres años
casi sin cesar,
diálogos como este
tuve que aguantar.
—Es usté un tirano! —
—pobre hijita mía! —
—por qué te casaste?—
—yo bien lo decía! —
—este hombre es un cafre!
—es un beduino! —
—es un hotentote! —
—es un asesino! —
y después de todo
para conclusión...
caía mi esposa
con la convulsión!

Por fin un día
viudo me vi,
y de alegría
no cupe en mí!
y aun tan inmenso
mi gozo es,
que al verme libre
bailan mis pies!

Ya no sufro de los suegros
la irritante y dura ley;
el buey suelto bien se lame
y yo quiero ser el buey!
Ya soy dichoso;
viva el amor!
mueran las suegras
y viva yo!
Tra la ra la. (Bailando)

(Hablado)


ESCENA X

Dicho y O.

O
Padrino!

CLETO
Qué es eso? Te has tranquilizado? Se te ha pasado ya el susto?

O
Vengo a decirle a usted que estoy completamente decidida.

CLETO
A qué?

O
A eso.

CLETO
Y qué es eso?

O
A casarme.

CLETO
Que sea en hora buena; díselo a tu papá. Yo no tengo que intervenir en nada tuyo.

O
Pero no quiere usted casarse conmigo?

CLETO
Ah! Pero es conmigo con quien estás decidida a casarte?

O
Sí señor.

CLETO
Y lo haces completamente a gusto?

O
(Llorando) Con mucho gusto, sí señor.

CLETO
Pues no se conoce. Por qué lloras?

O
Ya ve usted si tengo motivos! Haber resultado hermano mío!...

CLETO
Ah! Comprendo tu pena! Es una verdadera desgracia tener un hermano que toca tan mal el violín!

O
Pobre de mí! —Nada, cuando usted quiera nos casamos... No quiero verle más.

CLETO
De manera que aceptas mi proposición! Lejos de tus parientes, no es esto?

O
Sí señor, muy lejos.

CLETO
Ah! Qué alegría! Ya verás qué felices somos, ya verás. —Tu papá se marcha a América, llevándose a tu madre y hermanito, y nos quedaremos solos, solos como hasta aquí!

O
Sí señor, solos!


ESCENA XI

Dichos y Circuncisión.

CIRCUNCISION
Señor, acaban de traer esta carta para usted.

CLETO
Dame acá.

CIRCUNCISION
(Así a lo menos me quedo tranquila. Qué desgraciada soy!)

CLETO
Dónde diablos andarán mis anteojos? —Estoy trastornado con esta serie de acontecimientos.

O
Me voy a mi cuarto; quiero llorar sin que nadie me vea! (Váse)

CIRCUNCISION
(Ay! Qué desgraciada soy) (Váse por donde O)


ESCENA XII

D. Cleto solo.

Abriendo la carta después de ponerse los anteojos.

CLETO
Veamos. —«Señor don Cleto Rabanillo. —Muy señor mío y de toda mi consideración. Está usted siendo «víctima de un engaño horrible.» —Cáspita. —«Esa señora Bemol que dice ser madre de su ahijada de usted, es una impostora.»—Caramba! —«Tengo pruebas de lo «contrario!» —Canastos! —«La verdadera madre se halla «cerca de usted!»—Caracoles! —«Y se presentará cuando lo juzgue oportuno!»—Zambomba! —Esto ya es el colmo! — Otra madre! Dos madres! Yo no puedo más! (Cae sobre un sillón) Y quién será está? La carta viene sin firmar! —Parece que jugamos a la gallina ciega\—O! O! (Llamando) Ven al momento!


ESCENA XIII

Dicho y O

O
Qué me quiere usted?

CLETO
No llores! Ya no hay motivo para ese llanto.

O
Pues qué ocurre?

CLETO
Esa tu madre no es tu madre.

O
Cómo?

CLETO
O más claro, que no eres hija de tu madre.

O
Qué dice usted?

CLETO
Lo que te digo: lee esta carta que acabo de recibir! (Dándosela) Va a resultar que no eres hija de nadie ó que la eres de todas las madres del universo.

O
Ah! Qué felicidad! Conque es decir que no soy hermana de Serafín?

CLETO
Por lo visto.

O
Qué alegría! Dios mío, qué alegría!

CLETO
Yo también me alegro! Tal vez esta madre no tenga parientes. —Pero por si acaso los tiene, creo que lo mejor será marcharnos de aquí antes de que se dé a conocer. —Mañana mismo nos vamos a cualquier parte, donde tú quieras.

O
Cá! No señor, ya no quiero marcharme?

CLETO
Eh? —Pues no habíamos quedado en eso? No decías que estabas decidida a casarte conmigo?

O
Sí señor, pero es porque creía que Serafín era mi hermano.

CLETO
Zambombita! Conque ahora salimos con esas! Usted hará lo que yo la mande! ¡Mientras su padre de usted no parezca tiene usted que obedecerme!

CIRCUNCISION
(Al foro) Qué es esto?

CLETO
Se casará usted conmigo!

O
 Pues será a viva fuerza!

CLETO
Sea como sea.

CIRCUNCISION
Eso no! (Presentándose)


ESCENA XIV

Dichos y Circuncisión.

CLETO
Quién te manda a ti meterte donde no te llaman? A la cocina.

CIRCUNCISION
Usted quiere imponer su voluntad a esta niña y yo no he de consentirlo. —Retírate; tengo que hablar con este caballero.

O
Gracias, gracias, (Váse)


ESCENA XV

D. Cleto y Circuncisión.

CIRCUNCISION
He callado muchos años. Ya es preciso hablar! —Yo soy su madre!

CLETO
Otra! Y son tres! Tú su madre!

CIRCUNCISION
Yo soy la verdadera: todas las demás que digan serlo, mienten!

CLETO
Entonces por qué su último padre asegura que es la otra?...

CIRCUNCISION
Su padre se equivoca. Tengo una prueba y la presentaré.

CLETO
Pues apresúrate a deshacer este enredo, porque Venancio está decidido a casarse con la otra creyéndola madre de la chica.

CIRCUNCISION
Felizmente tengo una prenda suya.

VENANCIO
(Dentro) Cleto!

CLETO
Aquí está. Entiéndete con él.


ESCENA XVI

Dichos y Venancio.

VENANCIO
Cleto! Dame un abrazo!

CLETO
Qué, soy yo también hijo tuyo?

VENANCIO
No es eso! — Tu ahijada no es hija de Paulina.

CLETO
Ya lo sé. —Se ha presentado su verdadera madre.

VENANCIO
Sí?

CLETO
Sí.

VENANCIO
Y quién es?

CLETO
Esta señora.

VENANCIO
Ah! ya! Tu ama de gobierno! Y el padre desconocido, eh?

CLETO
No; conocido, muy conocido.

VENANCIO
Quién es, quién?

CLETO
Ella te lo dirá. —Circuncisión, di a este caballero quién es el padre.

CIRCUNCISION
Su padre es un joven que hace veinte años frecuentaba la calle del Sombrerete.

VENANCIO
Sí, eh? (Afectando indiferencia)

CLETO
(Es la vecina de mi Tisbe!)

CIRCUNCISION
Sí señor!

VENANCIO
Pero no comprendo...

CIRCUNCISION
Le vi por última vez en el Carnaval de mil ochocientos cincuenta y tres...

VENANCIO
(Caracoles! Será gracioso.)

CLETO
Lo está acorralando! Jé, jé, jé!

CIRCUNCISION
El seductor fue aquella noche a mi casa disfrazado...

CLETO
De turco! (A Venancio)

CIRCUNCISION
No sé: me dijo que aquel traje era de Almirante ruso!

CLETO
Eh?

VENANCIO
Lo oyes? De almirante!

CLETO
Dios mío!

VENANCIO
Jé, jé, jé!

CIRCUNCISION
Me parece que la cosa no es para tomarla a risa. Le advierto a usted que puedo probar que es cierto; que conservo una prenda... Aquí está. (Sacándola)

CLETO
Mi Charretera! (Cayendo en los brazos de Venancio)

CIRCUNCISION
Cómo! usted!

VENANCIO
Este es el almirante.

CLETO
Y tú eres!...

CIRCUNCISION
Tisbe!

CLETO
De manera que O es hija mía!

CIRCUNCISION
Sí, Cletito!

CLETO
Silencio! Todo se arreglará.


ESCENA ULTIMA

Dichos, Serafín, después O.

SERAFIN
Papá! Papá!

VENANCIO
Qué pasa?

SERAFIN
Mi mamá nos espera para comer, y dice que suba también mi futura y su familia?

CLETO
Qué futura?

VENANCIO
(Viendo a O) Esta, mi hija!

CLETO
Cómo hija tuya!

VENANCIO
Hija... política, puesto que se casa con mi hijo. ¿No es verdad?

CLETO
Sí, que se casen!

SERAFIN
Soy el hombre más dichoso! —Oh! (Tropezando con Circuncisión)

VENANCIO
Ea, vámonos todos a comer arriba!

SERAFIN
Sí, vamos, y a los postres para obsequiar a ustedes tocaré un poco el violín.

CLETO
No; eso no! Toque usted todo lo quiera menos el violín.

(Al público)

Pidiendo un aplauso ya
juego a la Gallina ciega:
¿el público lo dará?
yo pierdo si me lo niega...
y gano si me lo da.



FIN


Información obtenida en:
https://archive.org/details/lagallinaciegaza473caba

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