miércoles, 1 de abril de 2015

Todo por Ella (Libreto)



TODO POR ELLA



Zarzuela en dos actos y en verso.

Libreto de Novo Golson.

Música de Ruperto Chapí.

Estrenada en el Teatro de la Alhambra de Madrid la noche del 23 de Abril de 1890.


REPARTO (Estreno)

Elena - Sra. Fabra.

La Princesa de los Ursinos - Srta. Fons.

El Rey Felipe V - Sr. Grajales.

Don Carlos de Aguilera - Sr. Berges.

El Marqués de Torrebrón - Sr. Soler.

Ginés (Estudiante) - Sr. Guerra.

El Barón de Valderroso - Sr. Neira.

Gil Robles - Sr. Rubio.

Bertrán - Sr. Serrano.

Damas, caballeros, oficiales, pajes, guardias, aldeanos, aldeanas, escuderos. —Coro general, acompañamiento, banda militar.

La acción pasa en las cercanías de Madrid.


ACTO PRIMERO

Plaza de un lugar pintoresco. Montañas al fondo. A la izquierda, en primer término, la casa de Elena, Al levantarse el telón aparece ésta sentada en un banco de la entrada y sin ocuparse del grupo de aldeanos que llenan el centro.


ESCENA PRIMERA

Elena, Aldeanos y Aldeanas.

(Música)

¡Traigo flores,
traigo frutas
ricas tortas,
leche pura,
miel de abejas,
finas plumas!
¡Todas la dulce ofrenda
de amor y paz
traemos a la alta dama
que va a llegar!
Todos también traemos
a prevención,
nuestro tributo humilde
de paz y amor.
¡Pero silencio,
mirad a Elena,
que de honda pena
llorando está!
¡La pobre niña
al cielo invoca
con ansia loca
en su orfandad!
¡Silencio, pues,
que fuera impía
nuestra alegría,
nuestro cantar;
y con sigilo
de aquí salgamos,
vámonos, vamos
al castañar!


ESCENA II

Dichos y Ginés.

GINES
Va bajan de sus caballos y sus literas,
y suben el alto monte por las laderas
las tropas de peregrinas y peregrinos
que vienen con la Princesa de los Ursinos;
y ella también dejó su cabalgadura;
porque el señor Alcalde les asegura,
que si él ha de acompañarlos hasta la ermita,
otra ninguna bestia se necesita.

CORO
Ya bajan de sus caballos y sus literas,
y suben el alto monte por las laderas
las tropas de peregrinas y peregrinos
que vienen con la Princesa de los Ursinos;
y ella también dejó su cabalgadura;
porque el señor Alcalde les asegura,
que si él ha de acompañarlos hasta la ermita
otra ninguna bestia se necesita.
Ya viene la Princesa,
que cumple su promesa
de hacernos tanto honor;
que nadie se adelante,
hagámosle bastante
espacio en derredor.

(El pueblo so aparta a derecha é izquierda, dejando espacio en el centro)


ESCENA III

Dichos, Princesa, Marqués, Damas y Escuderos.

CORO DE ALDEANOS
Salud, noble señora,
llegad en buena hora,
y premie esta visita
la Virgen milagrosa de la Ermita

PRINCESA
Salud, niñas gentiles,
nacidas en pensiles
de flores tan granados,
que invaden vuestros rostros sonrosados.
Altivos montañeses,
si hollaron vuestras mieses
las nubes de granizo,
yo aliviaré los daños que él os hizo.
Si alguno en la comarca
pedir quiere al monarca
justicia de un agravio,
juro que ha de saberlo por mi labio.
Si sobre vuestro prado
de un amo despiadado
la avara mano pesa,
campesinos,
venid y hablad sin duelo a la Princesa
de los Ursinos.

CORO
Salud, noble señorea, (Saludando.
llegad en buena hora,
y premie esta visita
la Virgen milagrosa de la Ermita.

ELENA
(Acercándose a la Princesa)
Noble señora,
si os guarda el cielo
para consuelo
de la aflicción,
a vuestras plantas
piedad invoca
con ansia loca
mi corazón.

PRINCESA
Alza la frente,
seca tu lloro.

ELENA
Sois un tesoro
de compasión.

PRINCESA
Tú de hermosura,
que asombro imprime,
la causa dime
de tu dolor.

ELENA
Yo soy la hija
de un escudero
que prisionero
gimiendo está.

PRINCESA
¿Cuál es su culpa?

ELENA
Nada le infama,

PRINCESA
¿Cómo se llama?

ELENA
Gil Robles.

PRINCESA
¡Ah!

MARQUES
(Ya le conoce)

PRINCESA
Según yo creo,
de un grave reo
me habló el Marqués

MARQUES (A la Princesa)
Por si al olvido
disteis su nombre,
sabed que ese hombre
el mismo hombre es,
que en el castillo
su fallo espera
por vil y artera
conspiración.

PRINCESA
¡Ay, pobre niña!

ELENA
¡Ay, padre mío!

MARQUES
¡Crimen impío!

PRINCESA
Tenéis razón,

ELENA
Es inocente,
fue calumniado.

PRINCESA
¿Quién le ha acusado?

ELENA
¡Ay, no lo sé!

PRINCESA
Ten confianza,
que con urgencia
la real clemencia
yo imploraré.

ELENA
En sus ojos leí que no espera
de mi padre obtener el perdón;
vuelvo, pues, a mi angustia primera
de morir ó lograr su evasión.

PRINCESA
Pobre niña, su dulce existencia
va a trocarse en profundo dolor,
pues no alcanza del rey la clemencia
al delito de conspiración.

MARQUES
Es inútil y vana porfía
á mi ciega pasión resistir.
Su hermosura fatal será una
ó la muerte nos debe reunir.

GINES
De mi prima los planes ignora
el infame y zopenco Marqués;
no le pierdo de vista una hora,
que los suyos conoce Ginés.

CORO
La Princesa le ofrece su ayuda,
y la vida del padre salvar;
pero Elena parece que duda,
parece que gime, que vuelve a llorar.

PRINCESA
Vamos, amigos,
hacia la ermita.

CORO
Tan gran fortuna
mayor sería
si a estos presentes
no sois esquiva.
¡Traigo flores, traigo frutas,
ricas tortas, leche para,
miel de abejas,
finas plumas!
¡Todas la dulce ofrenda
de amor y paz
traemos a la alta dama
que vemos ya!
Todos también traemos a prevención
nuestro tributo humilde de paz y amor.

(Vase por la derecha la Princesa con su acompañamiento, seguida de los Aldeanos)


ESCENA IV

Elena y Marqués.

(Hablado)

ELENA
Señor, que mi duelo ves,
préstame un alma serena
para conseguir.

MARQUES
(Acercándose)
¡Elena!

ELENA
¿Quién me nombra?

MARQUES
Yo.

ELENA
(Con horror, queriendo huir)
¡El Marqués!

MARQUES
¡Siempre huyendo desdeñosa!

ELENA
¡Siempre de vos perseguida!

MARQUES
Si eres vida de mi vida,
si eres imán que anhelosa
busca el alma, y a él se aterra
con tan ciego frenesí,
que no mira más que a ti
en el cielo y en la tierra.
Si eres, por rara virtud,
retrato ó reproducción
de la primera pasión
que sentí en mi juventud;
y al mirarte, me parece
que el pasado resucita,
y una azucena marchita
en ti pura reverdece.
Mi amor te causa tormento
y te asusta. ¿Cómo no,
si suelo espantarme yo
al sondar mi pensamiento?
Cien veces me has desdeñado
de virtud haciendo alarde,
y yo cien veces, cobarde,
volví rugiendo a tu lado.
Ni mi honor de caballero,
ni mis sagrados deberes,
trabas me imponen, tú eres,
tú sola, el edén que espero;
¡pues como al Ser infinito
te adoro!

ELENA
De otra manera.
Me adoráis como la fiera
al móvil de su apetito.
No espanta, que causa horror
y la mejilla enrojece
vuestro delirio.

MARQUES
(Parece
que un fuego devorador
me abrasa)

ELENA
No más taladre
mi alma ese amor que maldigo.

MARQUES
Elena, traigo conmigo
la libertad de tu padre.

ELENA
¡Su libertad! ¡Dios clemente!
¿no me engañáis? ¿Será cierto?

MARQUES
Esta noche en campo abierto
lo dejaré libremente.

ELENA
Pero ¿cómo?...

MARQUES
Es bien sencillo...

ELENA
¿Y podréis salvarle hoy?

MARQUES
¿Acaso olvidas que soy
gobernador del castillo?

ELENA
Es verdad. Gracias mil veces.
Dadme a besar vuestra mano... (La besa)

MARQUES
¡Llega, goce sobrehumano,
que mi cerebro enloqueces!
¡Elena! (Con arrebato, cogiéndola las manos)

ELENA
(Mirándole con sobresalió)
¡Jesús!

MARQUES
¡Mi bien!

ELENA
¡Asusta vuestra mirada!
(¡Dios mío, qué desgraciada!)

MARQUES
No me mate tu desdén.

ELENA
(Con intención)
Seré hermana agradecida.

MARQUES
¡Eso nunca!

ELENA
(¡Triste suerte!)

MARQUES
Yo lo salvo de la muerte,
salva tú en cambio mi vida.

ELENA
(Cubriéndose el rostro)
¡Ah!

MARQUES
¿Qué dices?

ELENA
No he de odiar
vuestro nombre... Atrás, malvado.
Mi pecho habéis desgarrado,
dejadme a solas llorar.

(Entra en la casa llorando y cierra la puerta. El Marqués se deja caer sobre el banco y queda abstraído)


ESCENA V

El Marqués y Ginés por el fondo.

GINES
Pues señor, no se ha marchado
todavía el buen Marqués...
y se conoce que es
de los que esperan sentado.
Mientras está de atalaya,
el capitán llegar debe,
lo verá... ¿mas quién se atreve
a decirle que se vaya?
Una vez quise, altanero,
alejarlo de mi prima:
fuile con la espada encima
para abrirle un agujero;
mas con vigorosa mano
me la quitó de un revés,
y después, ¡una, dos, tres!
no me dejó hueso sano,
redoblando con furor
su maldecido espadín,
que maneja ese mastín
como palo de tambor. (Pausa y recapacita)
He jurado que se irá
sin que otra tunda me dé.
¿Pero cómo...? ¡Ah! ¡sí!... ¡No...! ¡Eh!
¡Gran idea!... ¡Y qué!... Bah... bah.

(Vase corriendo por el fondo)


ESCENA VI

Marqués.

MARQUES
Tu llanto miro inclemente
y signo feliz lo aclamo;
porque yo sólo derramo
por lágrimas lava ardiente.
Es desbordado torrente,
rojo volcán, férreo yugo
este amor que darle plugo
el infierno al alma mía,
y por ley forzosa, impía,
seré tu esclavo ó verdugo.


ESCENA VII

Marqués y Ginés por la izquierda. Ginés sale embozado hasta los ojos y llevando la mano izquierda aparentando sostener terciada una larga espada al costado oculta bajo la capa. Con actitud cómica adelanta algunos pasos hacia el Marqués, que permanece sentado.

(Música)

GINES
¡Señor Marqués!

MARQUES
¿Quién va?

GINES
Soy yo.

MARQUES
¿Quién eres tú?

GINES
Yo soy Ginés
que os quiere hablar.

MARQUES
No estoy de humor, ¡por Belcebú!

GINES
(Con energía cómica)
Idos pronto de aquí,
pronto, pronto, Marqués,
si no queréis morir
a manos de Ginés.
Dejad la plaza franca,
dejadla, ¡voto a bríos!
que estudio en Salamanca
y puedo más que vos.

MARQUES
(Levantándose)
¡Estás borracho ó loco,
Ginés de Barrabás!

GINES
Vuestras iras provoco;
lo dicho, dicho está.

MARQUES
(Avanzando hacia Ginés crujiendo el látigo)
Viven los cielos,
basta de burlas
ó a latigazos
te arrojaré.

GINES
(Desenvaina un mosquete que trae oculto y apunta al Marqués)
Sacad el hierro
cual yo lo saco;
ya estoy en guardia,
parad los pies.

MARQUES
¿Qué intentas, vil?

GINES
¡Salid, salid!

MARQUES
Vana arrogancia:
sólo creyera
un miserable
como eres tú,
que yo medroso
retrocediera
ante la bala
de ese arcabuz.

GINES
Entonces, fuego,
que si ahora os mato,
liberto a Elena
de vuestro amor;
y tal vez presto
al buen Gil Robles,
libertaremos
de su prisión.

MARQUES
¡Jamás, jamás!

GINES
¿Largo la almendra?
idos a escape
ó el marquicidio
cometeré.

MARQUES
Parto y me alejo,
¡mas vive Cristo!
que de una almena
te colgaré.

(El Marqués, amenazador, vase por la derecha. Ginés acerca al primer término y canta muy alegro:)

GINES
Já, já, já, já,
se va, se va;
jé, jé, jé, jé,
se fue, se fue.
Si se empeña me hunde
a latigazos;
que de carga no tiene
ni un solo grano;
mis carcajadas,
quiero que repercutan
en Salamanca.


ESCENA VIII

Ginés y El Rey.

(Hablado)

GINES
(Al embozado que distingue en el fondo)
¡Ah!... don Carlos, no tardéis.

REY
Que Dios os guarde,

GINES
No es él.

REY
Por fin aquí me tenéis
a mis propósitos fiel.
Yo soy aquel cazador
que encontró en esta heredad
albergue, quietud y amor.

GINES
Es verdad, mucha verdad.

REY
Y de lugar muy distante,
hoy vengo a tender la mano
a un gran pícaro estudiante,
a una niña y un anciano.

GINES
Ese pícaro soy yo.

REY
(Dándole un bolsillo)
Pues bien, toma, para ti.

GINES
No sé si aceptar ó no.
¿Es oro? Lo acepto, sí.

REY
Quisiera a Gil Robles ver.

GINES
¿A Gil Robles? Preso está.

REY
¿Y quién lo mandó prender?

GINES
Pues... mi prima os lo dirá.

REY
¿En dónde lo han encerrado?

GINES
(Señalando hacia la izquierda)
En aquel negro castillo.

REY
Esa es cárcel del Estado.

GINES
Y el que la gobierna, un pillo.
Es un hombre sin piedad
el Marqués de Torrebrón.

REY
¡Por qué dices!...

GINES
Escuchad.

REY
Ya te escucho.

GINES
¡Qué bribón!
A la hija de mi tío,
porque es bella cual la luz,
la persigue ese judío,
la querella ese avestruz.
Y al mirarla desvalida,
tijereta con su amor,
ni abandona la partida,
ni respeta su dolor.

REY
¡Pobre garza perseguida
por horrible seducción!
El secreto de tu vida
sabrá pronto Torrebrón.

GINES
A Elena le avisaré
de vuestra llegada.

REY
Sí.

GINES
(Llamando a la puerta)
Prima, prima, asómate,
que te importa, por mi fe.
(Yo no me alejo de aquí)

(Ginés saluda al Rey y vase por la izquierda)


ESCENA IX

Rey solo.

REY
Todos ignoran quién soy.
¿Monarca y solo? ¡Oh, portento!
lio me observan, ni me aclaman,
ni me adulan. Sí: ahora puedo
gozar como mis vasallos
del sol, del aire y del cielo.
¡Juventud! ¡Infancia mía!
Con qué placer te recuerdo
tras el torrente de sangre
que el trono me dio. Un eco
de aquella dichosa edad
fue la voz, el dulce acento
de la pobre Margarita,
no escuchada en tanto tiempo.
¿Quién dijera que esa gala
de Versalles, el portento
de belleza campesina,
cuya virtud era ejemplo
para aquella corte alegre,
pues nadie logró el intento
de disfrutar su hermosura,
se encontrara en un convento
de Madrid?... En veinte años
que de ella no supe, creo
que no la olvidé una hora.
¡Oh! ¡cuál fue mi sentimiento
al recibir esta carta
como escrita en otros tiempos!

(Saca un papel pequeño y lee)

«Al señor Duque de Anjou,
hoy Rey de España, le ruego,
venga a cerrarme los ojos.
Margarita Vaux. Convento
de San Juan.» Corro en su busca:
al verla, me espanto, y leo
En aquel marchito rostro
veinte años de sufrimiento.
La infeliz besa mis manos,
y entre lágrimas y rezos,
amparo me pide, y yo
venganza también le ofrezco.
«¡Venganza, no! Lo perdono»
grita la monja; y cayendo
de espaldas, al punto espira.
Yo cerré sus ojos yertos,
y dejé en la triste celda,
gozando descanso eterno,
aquella gentil pastora
que fue de la corte ejemplo
y admiración de Versalles,
hasta que un vil caballero
honor le arrancó y ventura,
¡Pobre Margarita! Hoy vengo,
ya lo ves, a dar amparo,
no cual amo de este reino,
sino como el dulce amigo
a quien fiaste tu secreto.


ESCENA X

El Rey y Elena.

REY
¡Cuán hermosa!

ELENA
¿Qué estoy viendo?

REY
¿Me recordáis?

ELENA
Con placer.

REY
¿Qué más ventura pretendo?

ELENA
¿Ventura?...

REY
Es seguir viviendo:
vivir, volveros a ver.
¿Cómo olvidar la velada
que la honradez me otorgó
bajo esta dulce morada?
Vos, alegre y sonrosada,
pálido y trémulo yo,
miraba la añosa encina
que el hogar sin fin apura,
en la duda peregrina
de si erais creación divina
ó terrenal hermosura.
De la roja llamarada
cerca, vuestro padre anciano
ya dormida la mirada,
reposar deja en su mano
la cabeza plateada.
Después, por el sueño inerme
se queda, y vos sin egida,
¡mas qué!... ¡sagrada ha de serme
una virgen que se anida
junto a un anciano que duerme!

ELENA
Y de ese padre, que adoro,
hoy resuena en mis oídos
el eco triste y sonoro
de sus rezos y su lloro,
de sus ayes y gemidos.
Que en un calabozo inmundo
teme con horror profundo
la injusta ley que lo inmola,
a dejarme pobre, sola,
desamparada en el mundo.
Dice que en el mundo artero,
el villano y caballero
a una mujer desvalida,
coloca en el trance fiero
de elegir honor ó vida.
¡Padre, si dado me fuera
enmendar tu grave error!
¿Mas cómo elegir pudiera
ni quebrantar la barrera
que unen mi vida y mi honor?

REY
Para brindar la ventura,
niña, no llevan la palma
las flores de tu hermosura;
se goza aroma más pura
con las flores de tu alma.
Así, contemplo ese lloro,
de perlas preciados dones,
y su breve fin deploro;
¡Cuánto perdido tesoro
para comprar corazones!

ELENA
Ilusión.

REY
No, realidad;
rinde a toda voluntad
ese pecho conmovido.

ELENA
Sí, dando en cambio...

REY
Un latido
de gratitud y amistad.

ELENA
Si así fuera...

REY
Te lo juro.

ELENA
¿Me lo juráis?

REY
Por mi fe.

ELENA
Pedís sólo...

REY
Afecto puro.

ELENA
¿Y si peligro os procuro?

REY
No importa, lo venceré.

ELENA
¿Y si os lanzo en mar bravío
de vidas devorador?

REY
(Sonriendo)
Tierra y mares desafío.

ELENA
¿No teméis?

REY
(Con dulzura)
Nada.

ELENA
(Contemplándolo conmovida)
¡Dios mío!
cuán hermoso es el valor!

REY
Habla, pues.

ELENA
Hablaros quiero;
y dudo... ¡no dudo!... ¿pero
me ofrecéis guardar sigilo?

REY
Por mi fe de caballero.

ELENA
¡Ah!

REY
¿Vacilas?

ELENA
No vacilo;
mas si es burla dolorosa,
causáis mi muerte ó demencia.

REY
¿Qué alma jugara alevosa
con el llanto de una hermosa
y el candor de la inocencia?

ELENA
(Acércase y dícele con misterio)
A mi padre salvar debo
ó morir sin remisión.

REY
¿De qué crimen se le acusa?

ELENA
Se le cree conspirador;
pero tengo por seguro
que algún vil le calumnió.

REY
¿Cómo esperas libertarlo?

ELENA
Lograr puedo su evasión
si en la empresa me ayudáis.

REY
(Sonriendo)
(¡Quién lo duda, vive Dios!)
Ya mi brazo te ofrecí
todo el plan conozca yo.

(Música)

ELENA
(Con misterio)
Esta noche en el negro castillo
hay que entrar de su muro a través,
por oculto y secreto rastrillo,
cuyo sitio no sabe el Marqués;
internarse en sus ondas arcadas,
centinelas y guardias burlar,
y rompiendo las puertas ferradas,
la profunda mazmorra encontrar.
Que entonces, sí,
con mis lágrimas solas
la podré abrir.
Y cuando a mi padre rompáis las cadenas,
y logre estrecharle sobre el corazón,
pedidme, señores, sin miedo, sin pena,
mi alma, mi sangre, mi vida y mi amor.

REY
¿Eres loca?

ELENA
¿Qué decís?

REY
¿Has perdido la razón?

ELENA
¿Ya vacila vuestra fe?
¿No queréis seguirme?

REY
No.
(Fuera extraña maravilla,
divertida situación,
que en prisiones del Estado,
cual furtivo, entrara yo)
De otra suerte lograr puedo
tu ventura y su perdón.

ELENA
En mi plan el triunfo fío.

REY
Es tu triunfo engañador.
¿Cómo conseguir la entrada
y burlar la guarnición?

ELENA
Por un cómplice que tengo.

REY
¿Ginesillo?

ELENA
No señor;
es un capitán de guardias
que salvarle me juró.

REY
¿Un capitán?

ELENA
¿Qué os asombra?

REY
¡Qué infeliz revelación!
(Ya es forzoso
que yo siga
de la intriga
el fin audaz;
que a mi orgullo
le acomoda
saber toda
la verdad)

ELENA
(Ya ha trocado
en torpe miedo
su denuedo
encantador.
Fue mi elogio
inmerecido;
fue mentido
su valor)

REY
Yo mi brazo te ofrecí,
y a mi juramento fiel,
esta noche del castillo
la muralla saltaré.

ELENA
¿Es posible?

REY
¿Qué te admira?

ELENA
¿No dudasteis?

REY
Puede ser
que del triunfo recelara,
pero nunca vacilé
en luchar hasta morir,
ó luchar hasta vencer.

ELENA
Dios bendiga vuestro arrojo.
(¡Cuan injusta fui con él!)


ESCENA IX

Dichos, Don Carlos y Ginés. (Aparecen por la derecha don Carlos y Ginés)

CARLOS
(A Ginés señalando al Rey)
¿Ese es el caballero?

GINES
El mismo.

CARLOS
¡Voto a bríos!

REY
(A Elena, por el capitán)
¿Es ese vuestro cómplice?

ELENA
El es.

REY
(A Carlos)
¡Qué os guarde Dios!

CARLOS
¿Sabéis todo el secreto?

ELENA
Yo se lo revelé.

CARLOS
Malhaya quien confía
su suerte a una mujer.

ELENA
El jura protegernos.

CARLOS
Decidme, voto va,
por qué precio jugáis
la vida ó libertad.

REY
A vuestra vez, decidme
qué causa os impulsó
por infernal sendero,
de muerte y deshonor.

CARLOS
La ciega idolatría
que rindo a esta mujer.

REY
A mí las dulces lágrimas
que la he visto verter.

CARLOS
¿La amáis?

REY
(Con desdén)
Acaso sí.

CARLOS
Entonces, vive Dios,
sin vida caiga en tierra
alguno de los dos.

(Saca la espada: Elena se interpone y le contiene)

ELENA
Decís que me amáis,
y es torpe mentira,
que sólo egoísmo
revela ese amor;
quien ama de veras,
la dicha procura
de aquella a quien rinde
su leal corazón.
Y vos me priváis
de toda esperanza,
ansiando demente
morir ó matar.
¡Cuán pronto en olvido
dejáis a mi padre!
¡Cuán poco os importa
mi felicidad!

CARLOS
El cielo te inspira,
mi brazo desarmas,
comprendo al oírte,
que tienes razón.
Por verte dichosa,
gozoso perdiera
mi sueño adorado,
mi vida y mi honor. (Envaina la espada)

GINES
Parece mi prima
perrita faldera,
que escolta de perros
la sigue do va;
y riñen y gruñen
y ladran y muerden,
y en torno se escucha,
gua, gua, gua, gua.

REY
Parece que en medio
de su honda desdicha,
a Elena le ampara
traidor capitán:
mas ella no sabe
que en esta aventura,
se juega la vida
su bravo galán.

(Hablado)

ELENA
(A Carlos)
Le debéis a nuestro amigo
reparación de un agravio.

CARLOS
Nunca temí que a mi labio
reservarais tal castigo.

ELENA
(Con dulzura)
Es forzoso.

CARLOS
Probaré.

ELENA
¡Qué noble sois!

CARLOS
Caballero...
sin causa saqué mi acero,
y lo siento.

REY
Ya se ve
que lo ocurrido os apena
y de buen grado os perdono.

CARLOS
(Con ira reconcentrada)
¿Perdonar? Esto ocasiono...

ELENA
(A don Carlos)
Gracias.

REY
¿Tanto amáis a Elena?

CARLOS
Tanto, que he sido traidor
a mi bandera y mi rey,
y no obedezco otra ley
que la que place a mi amor.
Tanto, que por él rogado,
mi pecho, rudo y valiente,
perdón otorga y consiente
al perdón que me habéis dado.
Tanto, en fin, que si mañana
por capricho del destino
ella juzgara, sin tino,
mi pasión, ventura vana,
y os eligiera, gozosa,
cifrando en vos su alegría,
acaso me... mataría
para que fuera dichosa!

REY
¿Y ella os ama?

CARLOS
No lo sé,
que siempre muda escuchó.

REY
¿Qué decís, Elena?

ELENA
Yo,
tampoco os responderé;
pues no puedo interrogar
con fe segura a mi alma,
hasta que vuelva la calma
y la dicha a nuestro hogar.
Os admiro, y sabe Dios
que en prueba de agradecida,
por los dos diera la vida...
¿pero he de amar a los dos?
Vuestra vista en mí derrama
emoción, melancolía,
ternura, miedo, alegría,
cual sucede a la que ama.
Mas si aspecto engañador
reviste agradecimiento,
¿cómo sabré lo que siento,
si es gratitud ó es amor?

CARLOS
¡Cuán hermosa!

REY
¡Qué discreta!

GINES
Ya la noche se avecina,
y a favor de esa neblina
será la sombra completa.

CARLOS
(Al Rey)
Mucho importa vuestra ayuda,
porque no sirve Ginés
para mi plan.

GINES
Eso es.
Yo no sirvo. ¿Quién lo duda?

CARLOS
No te ofenda.

GINES
Es puro goce...

CARLOS
Sabes que el Gobernador
te conoce. .

GINES
Sí señor,
¡y vaya si me conoce!
pero entraré disfrazado,
porque aquí yo no me quedo.

CARLOS
Me complace ese denuedo.

GINES
¡Bah!

CARLOS
Muy bien.

GINES
¡Soy tan osado!

CARLOS
Mas ya vuelve de la ermita
la Princesa.

REY
¡La Princesa!

CARLOS
Favorece nuestra empresa,
que hoy el castillo visita
y en él hace noche.

ELENA
(Pensativa)
Sí.

REY
Partiremos...

CARLOS
A las diez.

REY
Ya llegan.

GINES
Diviso al pez.
Ocultémonos aquí.

(Pasan los tres a la izquierda del árbol, quedando más inmediato el Capitán y luego el  Rey)


ESCENA XII

Dichos, Princesa, Marqués, Acompañamiento y Aldeanos.

(Música)

CORO
Adiós, señera, hoy os bendicen
los desgraciados de este lugar,
y al cielo ruegan que eterna dicha
por premio alcance vuestra bondad.

ELENA
Si os doléis, noble Princesa,
de mi llanto y mi dolor,
permitid que a vuestro lado
esta noche pase yo;
pues la choza que me alberga,
solitaria y sin calor,
estremece el alma mía
y me hiela el corazón,

PRINCESA
Pobre niña, nada temas,
que tu amparo seré yo,
y esta noche en el castillo
te concedo habitación.

ELENA
Gracias, señora, y así los cielos
jamás permitan que la aflicción,
turbe la calma de vuestra vida,
ni al dulce objeto de vuestro amor.

PRINCESA
Ten esperanza, niña querida,
que el Rey tu pena por mí sabrá,
y sé que oyendo dolor tan grande,
perdona siempre su majestad.

CARLOS
Mayor mi audacia será y mi brío,
cuando esté Elena cerca de mí,
y por ganarme su amor eterno,
fuerza y astucia sabré reunir.

GINES
¡ Cómo abre el ojo, y el diente afila
y alza la garra ese mastín!
pero aquí miro los dos lebreles
que despedazan un jabalí.

REY
Ya la Princesa se compromete,
que es muy sensible su corazón;
quieran los cielos que la aventura
no inutilice todo perdón.

MARQUES
Viene al castillo porque está sola.
No cabe duda, Ginés huyó;
y es mi tirana, pobre gacela,
que a la guarida va del león.

CORO
Adiós, señora, hoy os bendicen
los desgraciados de este lugar,
y al cielo ruegan que eterna dicha
por premio alcance vuestra bondad.

(Vase la Princesa por el fondo izquierda y los aldeanos la saludan, acompañándola)


FIN DEL ACTO PRIMERO


ACTO SEGUNDO

Salón de tránsito en el castillo. Una arcada en el fondo y detrás galería. A la izquierda, dos puertas que comunican al departamento donde se aloja la Princesa. A la derecha, en primer término, una puerta secreta. En la arcada hay un centinela.


ESCENA PRIMERA

Princesa, Elena, Marqués y Oficiales.

Al levantarse el telón aparece la Princesa entrando por el fondo del brazo del Marqués y detrás varias Damas con Oficiales. Cuando llegan al primer término, la Princesa habla con el Marqués mientras las Damas lo hacen con los Oficiales. Elena permanece aparto y triste.

PRINCESA
Me habéis hecho los honores,
Marqués, de un modo perfecto.

MARQUES
(Saludando)
Princesa...

PRINCESA
La cortesía
del español caballero
es famosa en todo el mundo.

MARQUES
Como vuestro entendimiento
y hondad, noble señora.

PRINCESA
Gracias. (Pausa) Decid: ¿habrá medio
(En voz baja)
para que esta hermosa niña
enjugue su llanto?

MARQUES
Creo
que no.

PRINCESA
A ese Gil Robles,
¿quién le acusa? ¿Su proceso
es grave?

MARQUES
Ese escudero
favorece al Archiduque.

PRINCESA
¿Y está convicto ó confeso?

MARQUES
No, señora; mas hay cartas
que prueban su crimen.

PRINCESA
¡Cielos!
¡Pobre niña!... Hablaré al Rey.

MARQUES
(Turbado)
Sólo vos podríais hacerlo,
pues dicen que al Rey le enoja,
que le irrita, todo intento
en pro de conspiradores.
(De su piedad tengo miedo)

PRINCESA
Sí, Marqués; y por su culpa
tanta sangre vierte el reino,
que en Felipe quinto, ya
no hallan perdón.

MARQUES
Eso creo.
Princesa. (Pasó el amago)

PRINCESA
Mas, de Robles, os provengo
me deis frecuentes noticias.

MARQUES
Así lo haré. (Nada pierdo)

PRINCESA
Y esa niña...

MARQUES
Yo la amparo.

PRINCESA
En verdad que sois muy bueno.

(Se oye la retreta muy lejos. Poco a poco va acercándose hasta detenerse en el patio del castillo, ó sea a distancia que no haga ininteligible el diálogo)

PRINCESA
Ya comienza la retreta
que nos impone silencio.

MARQUES
Este ángulo del castillo
es para vos: aposentos
tenéis, aunque poco dignos
de vuestra grandeza.

PRINCESA
Espero
que han de agradarme. Marqués,
no olvidéis que partir debo
con la alborada.,. Señores...

(Saluda a todos)

MARQUES
(Besándole la mano)
Descuidad. Guárdeos el cielo.

(La Princesa vase por la primera puerta seguida de las Damas. Los Oficiales se alejan per el fondo. Elena queda la última, y el Marqués la detiene dulcemente. Entre tanto la retreta continúa oyéndose a regular distancia)


ESCENA II

Elena y El Marqués.

Cuando el Marqués la detiene, Elena hace un movimiento de espanto y llora.

MARQUES
(Al oído)
¿Sufres mucho?

ELENA
¡Oh! ¡qué espanto!

MARQUES
Sufres mucho, pobre Elena,
y soy yo quien te condena
a perpetuo luto y llanto.
Yo, quien desgarra inclemente
tu alma virginal y pura;
yo, quien llena de amargura
tu corazón inocente.
Sí, yo soy; y a un tiempo mismo
que tu incansable tirano
soy, por castigo inhumano
ó por fiero fatalismo,
el que su paz y su calma
tu solo aliento conmueve,
el que con tu lloro, bebe
el veneno de su alma.
El que te forja la herida,
y después, horrorizado,
por la sangre que ha brotado,
diera mil veces la vida.
Y así mi pasión convierte
todo para mí en tormento,
el que te doy y el que siento
por tu desdén, que es la muerte.
Tú sufres mil agonías.
pobre Elena, bien lo sé:
¿pero yo, qué sufriré
con tus penas y las mías?
A veces quise matar
con mi existencia este amor;
pero ¿hay suplicio mayor
que dejarle de adorar?

ELENA
¡Me dais miedo!

MARQUES
¡Elena mía!

ELENA
Apartad.

MARQUES
Estoy demente.
Piensa en tu padre y consiente
en seguirme... Todavía
es tiempo.

ELENA
¡Jamás, jamás!

(Logra desasirse, y vase corriendo por la primera puerta de la izquierda)

MARQUES
Basta de llanto ruin.
¿Qué importa, si pronto al fin
en mi poder estarás?

(Vase el Marqués por el fondo, y el centinela lo salada con la alabarda. La retreta continúa tocando. Sale una patrulla da soldados por la galería, y al llegar a la arcada central se detiene. Un cabo con tres soldados se acercan al centinela relevándolo por otro que loma la consigna. Inmediatamente después se incorporan al resto, y armas al hombro, se marcha la patrulla por la izquierda de la galería. Cesa el toque de retreta)


ESCENA III

Don Carlos, El Rey y Ginés.

Los tres entran con sigilo por la puerta secreta. Carlos lleva una linterna, cuya luz oculta en cuanto aparece. Ginés está disfrazado de guardia y so ha puesto unos bigotes desmesurados.

CARLOS
¡Nadie!... Sólo el centinela
que vigila aquella arcada.
Todo va bien.

GINES
(Con alegre entonación)
¡Qué jugada!

CARLOS
¡Silencio!

GINES
Mucha cautela.

CARLOS
Ya estamos en el salón
que os dije: la puerta esa
conduce de la Princesa
al lejano pabellón.
La arcada, a la galería
que todo el patio circunda.
La obscuridad es profunda
y fácil su travesía.
Junto al ángulo se halla
un pasadizo sin gente,
que transita solamente
la ronda de la muralla.
Hay centinelas allí
que a mi voz se alejarán,
porque soy... su capitán.

(Con voz lúgubre y encubriéndose el rostro)

REY
(¡Ah, traidor!)

CARLOS
(¡Triste de mí!) (Pausa)

REY
¿Qué os detiene?

CARLOS
La vergüenza
que me ahogó breves instantes.
¡Honra, calla! no te espantes,
ni grites hasta que venza

(Golpeándose el pecho; luego procura serenarse)

Pendiente un cable nudoso
dejé a una argolla del muro;
para ella un balso seguro
y una escalera en el foso.
Ya veis de nuestra evasión
la poca dificultad.

REY
¿Es posible?

CARLOS
(Con amargura)
Es tan verdad,
como mi infamia y baldón.

REY
¿Y el preso?

CARLOS
Por esa puerta
(Señala la primera de la izquierda)
en breve saldrá conmigo,
mientras vos, en el postigo
ocultaos y estad alerta.
Y cuando a Elena veáis
aquí aguardando la huida,
dad la señal convenida.

REY
Se hará como deseáis.
Pero pensar es forzoso
en que si acude el Marqués...

CARLOS
Mayor mi zozobra es
de que estorbe Valderroso.

REY
¿Valderroso?

CARLOS
Sí, el segundo
comandanta del castillo,
quien desde el foso al rastrillo
es eterno vagabundo. (Queda abstraído)

REY
(Mucho me agrada saber
que el barón de Valderroso
se encuentra aquí)

CARLOS
¡Cuán hermoso
es cumplir con su deber!

GINES
(Con enfado)
¿Pero yo soy un pleonasmo?

CARLOS
No, lo grave estriba en ti.
¿Serás mudo y sordo?

GINES
Sí.

CARLOS
¿Tienes fe?

GINES
Fe y entusiasmo.

CARLOS
Vas a ponerte en lugar
de aquel centinela.

GINES
¡Yo!
¡Caracoles! Eso no.

CARLOS
¡Cómo!

GINES
Que fuera usurpar
a ese pobre su alegría
y su adquirido derecho.
¿No lo veis qué satisfecho
parece? Gracia le haría.

CARLOS
Es necesario, Ginés.

GINES
Entonces, dadme un mosquete,
y podré decirle, vete,
como le dije al Marqués.

CARLOS
Eso corre de mi cuenta.

GINES
Es mejor.

CARLOS
¡Cuántos sonrojos!
¡Que no conozca en mis ojos
lo que el pecho vil intenta!

(Se dirige al centinela, deteniéndose varias veces indeciso)

Jamás vacilé ante el fuego,
y hoy temo hablar a un soldado.
¡Basta ya! No. Lo he jurado.
¡Ahora calla y mata luego!

(Oprimiéndose el pecho. Se coloca delante del centinela, quien lo saluda con un golpe de alabarda sobre el suelo y queda en posición de firme)

¡Bertrán!

BERTRAN
¡Señor!

CARLOS
Al momento,
entrégame tu alabarda:
Vete callado y aguarda
nueva orden en mi aposento.

BELTRAN
¡Capitán!

CARLOS
Ve sin temor.

BELTRAN
¿La consigna?...

CARLOS
¿Qué te inquieta?
La que yo traigo, es secreta
orden del Gobernador.

BELTRAN
Siendo así...

CARLOS
Ahora es preciso
que yo ocupe tu lugar.
Dame. (Tomándolo la alabarda)

BELTRAN
Pues la vais a honrar,
gracias, señor... Con permiso.

(Saluda y vaso por la derecha de la galería. Carlos queda anonadado con el arma en la mano)

CARLOS
¡Que la voy a honrar! ¡Dios mío!
¡Toma, que yo la profano!

(A Ginés entregándole la alabarda)

¡Toma, que abrasa mi mano
de esta pica el hierro frío!

(Se cubre el rostro y corre hacia el proscenio. Ginés se coloca en el sitio que ocupó el centinela)

GINES
Ni me abrasa ni me pesa.
¡Vaya una rara manía!

REY
(No veo claro todavía,
el perdón de la Princesa)

(Vase por el fondo)


ESCENA IV

Carlos, Ginés y Elena.

Carlos, agitado y triste. Elena sale por la primera de la izquierda.

(Música)

CARLOS
¡Yo vivo en la agonía,
triste de mí!
Perdida la honra mía,
debo morir.
Perdone Dios la estrella de hermosura
que me cegó.

ELENA
Quien salva de la muerte
a un infeliz,
en héroe se convierte,
jamás en vil;
y el justo Dios
colmará de ventura
al bienhechor.

CARLOS
Acaso nunca mi corazón
el premio alcance de su traición.

ELENA
De su nobleza, decid mejor.

CARLOS
Acaso al otro darás tu amor.

ELENA
¡Seré su hermana,
su amante, no!

CARLOS
¿Quién lo asegura?

ELENA
Mi corazón,
que ya su dueño
reconoció.

CARLOS
Dime su nombre
por compasión.

ELENA
Tú, Carlos mío,
tú eres mi amor.

CARLOS
Bendita seas, divino sol.
Hoy que en tus venas
de amor la llama
por vez primera
sientes correr,
y así me entregas,
Cándida virgen,
de tu alma pura
la eterna fe,
permita el cielo
que pobre y triste,
maldito y solo
me mire yo,
si no son tuyos,
arcángel mío,
cada alimento
de mi albedrío,
cada latido
del corazón.

ELENA
Permita el cielo
que nunca olvides
lo que hoy tu labio
me prometió,
pues ya son tuyos,
¡oh! Carlos mío,
cada alimento
de mi albedrío,
cada latido
del corazón.

(Hablado)

GINES
Atención, que gente viene.

CARLOS
Cuando todo en calma esté,
debes darnos la señal.

GINES
¡Escapad!

CARLOS
¡Adiós, mi bien!

(Carlos vase por la puerta do la derecha y Elena por donde vino)


ESCENA V

Ginés, Marqués y Valderroso.

El Marqués y Valderroso entran hablando por oí fondo, y al pasar por la arcada donde Ginés está de centinela, éste no saluda.

MARQUES
Está dormido ó borracho
ese guardia.

VALDERROSO
Sin remedio;
porque ha olvidado el saludo
que os corresponde. Voy...

(Se dirige a Ginés, y el Marqués lo detiene)

MARQUES
Luego
le reñiréis, Valderroso.

GINES
(¡Santa Tecla! Ahora recuerdo;
faltó el golpe de alabarda.
Tengamos el ojo abierto,
Ginés, porque en la milicia
no se puede ser grosero)

MARQUES
Joven sois, y como tal
gozareis entre ese séquito
de damas que la Princesa
trae consigo, y que por cierto
conocéis, pues en la corte
vivisteis muy largo tiempo.
Yo que pasé veinte años
de España y su corle lejos,
ninguna de ellas conozco;
pero me obliga el respeto
a ocupar vuestro lugar,
y como favor os ruego
que mientras allí me encuentre,
vigiléis con gran esmero
el interior del castillo.

VALDERROSO
¿Hay novedad?

MARQUES
No: recelos
por ciertos ruidos extraños,
y por un fantasma negro
que un centinela asegura
haber visto.

VALDERROSO
¿Esas tenemos?
Fiad en mí, señor Marqués.

MARQUES
Gracias, Barón. Hasta luego.

(Entra en el departamento de la Princesa)


ESCENA VI

Ginés y Valderroso.

VALDERROSO
¡Conque un fantasma! ¡Diantre!
Tan extraño es el suceso,
que más parece creación
de alguno que tuvo miedo.
Yo que quizás con justicia
de ser un Argos me precio,
nada he visto, ¡ira de Dios!
Si esto tiene fundamento,
jamás me consolaré;
pero en fin, estoy a tiempo
de tender todas las redes,
y ¡ay! del pajarraco negro,
ó verde, ó tornasolado,
que en las mallas quede preso.

GINES
(¡Malo, malorum! Yo soy
un pajarraco de esos!)

VALDERROSO
Llamaré todas las rondas.

GINES
(Aquí viene. Saludemos
con mucha marcialidad)

(Valderroso se dirige al foro, y pasar por delante de Ginés éste da un fuerte golpe con la alabarda, pero no lo da en el suelo, sino sobre un pie del oficial que grita de dolor, y se detiene)

VALDERROSO
¡Ay!

GINES
(¡Lo clavé!)

VALDERROSO
¡Vive el cielo!
¡Cómo pesa tu alabarda!
¡Animal!

GINES
(¡Le he roto un hueso!)
Se torció, y...

VALDERROSO
¡Ya lo supongo!

GINES
(¡Ahora me arranca el pellejo!)

VALDERROSO
(Fijándose en Ginés con asombro)
¿Pero qué miro?

GINES
(¡Aquí es ella!)

VALDERROSO
Esa cara... no recuerdo
haberla visto jamás.
Sin duda... ¡Tu nombre, presto!

GINES
¡Mi nombre!... ¿y el apellido
también?

VALDERROSO
¡Rayos y truenos!
¿Te burlas? ¿Cómo te llamas?

GINES
Bertrán.

VALDERROSO
¡Mientes!

GINES
(¡Santo cielo!)

VALDERROSO
(¡Qué trama descubro!) Acércate

(Llevándole de un brazo al centro del escenario)

donde hay luz. De fariseo
tienes cara y de bergante.

GINES
(Más bien será de conejo)

VALDERROSO
Hagamos la última prueba.
¿Quién soy yo?

GINES
En cuanto a eso,
puedo sacaros de dudas.

VALDERROSO
Bien.

GINES
Tenedlo por cierto.
Sois barón de Valderroso,
(Así te quedaras ciego)

VALDERROSO
Y tú tampoco lo dudes,
eres un tunante. Pero
traes muy holgado el uniforme,

GINES
Adelgacé en poco tiempo.

VALDERROSO
Y un mostacho muy crecido.

GINES
Me crece que es un portento.

VALDERROSO
(Amartillando una pistola)
Ahora entrégame tus armas,
traidor, ó te abro los sesos.

GINES
¡Cáspita!

VALDERROSO
¡Vamos!

GINES
Tomad,
que conozco ese argumento.

(Le entrega su alabarda. El Rey aparece por el foro embozado, y so detiene en medio de la arcada. Ginés lo ve y grita con intención, pero dirigiéndose a Valderroso)

GINES
(El) Ya todo se ha perdido.
¡Huid!

VALDERROSO
¿Qué dices?

GINES
Estoy preso...

(Siempre dirigiéndose a Valderroso y gritando)

¿No es verdad?

VALDERROSO
¿A quién avisas?

(Valderroso vuelve la cara y descubre al Rey)

GINES
(¡Lo vio!)

VALDERROSO
¡Ah! ¡El fantasma negro!
pero no se escapará.
Le cogeré vivo ó muerto.

(Valderroso corre hacia el foro con la pistola en una mano y la alabarda en la otra. El Rey, al verlo venir, avanza lentamente, y Valderroso, según le ve acercarse, cambia su diligencia en asombro y confusión)


ESCENA VII

Dichos y El Rey.

GINES
Se acabó toda esperanza.

REY
(A Valderroso, desembozándose)
Mira.

VALDERROSO
¡El Rey!

REY
Guarda silencio
y escucha.

GINES
(En primer término)
¡Torpe Ginés!
eres un bruto, un mastuerzo;
pues la culpa ha sido tuya
y mereces por ciruelo
que te muelan a estacazos,
¡toma! y aguántate eso;
(Pegándose a sí mismo con desesperación)
¡y esto Otro, y esto además,
galopín!... Pero, ¡qué veo!

(Descubre al Rey que está en tranquila conversación con Valderroso y queda sorprendido)


ESCENA VIII

Ginés, Valderroso y El Rey.

REY
Barón, que no lo olvidéis.

VALDERROSO
Descuidad.

REY
Quitadle el miedo.

(Por Ginés. El Rey vase por la izquierda. Valderroso se acerca a Ginés, que continúa estático de asombro)

VALDERROSO
(Con afecto a Ginés)
¡Hola, Bertrán!

(Ginés da una vuelta rápida creyendo que el verdadero Bertrán va a echársela encima)

¿Qué te asusta?
¿No me oyes?

GINES
Oigo y veo...

VALDERROSO
¿Ya te olvidas de quién eres?

GINES
Soy Ginés.

VALDERROSO
¡Qué lindo enredo!
Yo te sacaré de dudas.

GINES
¿De dudas?

VALDERROSO
Sí; ten por cierto
que eres Bertrán el soldado.

GINES
Conque... el soldado. (¡Qué es esto!)

VALDERROSO
Vuelve a tomar tu alabarda.

GINES
Es decir que... (¡No comprendo
una jota!)

VALDERROSO
Y ahora marcha
a colocarte en tu puesto.

GINES
¿Y no pudierais decirme
si estáis loco ó si yo sueño?

VALDERROSO
A un jefe no se preguntan
bagatelas.

GINES
En efecto,
es floja la bagatela.
Más decidme: ¿el caballero
aquél, será vuestro amigo?

VALDERROSO
(Tapándole la boca)
(¡Chist!)

GINES
¡Qué!

VALDERROSO
Basta y silencio.

GINES
Tenéis razón. ¿Qué me importa?
¿Soy Bertrán?

VALDERROSO

GINES
Pues me alegro

(Se coloca de centinela)

VALDERROSO
No debo alejarme mucho.
Bravo lance y bravo encuentro.

(Vase por el fondo)

GINES
Mi prima sale y yo voy
a referirle el suceso.

(Va hacia ella y se detiene de pronto con un pié en el aire)

El Marqués detrás. ¡Zambomba!
Por un tris me comprometo.


ESCENA IX

Elena y el Marqués.

Sale Elena por la puerta de la izquierda y el Marqués por la segunda, quedando a espaldas de esta medio oculto en la sombra.

(Música)

ELENA
La hora ha llegado de su libertad
y ya sólo esperan que dé la señal.
Silencio profundo, quietud, soledad!
no sé por qué tiemblo de angustia mortal.

MARQUES
¡Qué extraño misterio me va a revelar!
O acude a una cita,
ó quiere escapar.
En sombras envuelto
la puedo espiar;
no sé por qué tiemblo
de celos y afán.

ELENA
La hora ha llegado de su libertad
y ya sólo esperan que dé la señal.

(Se acerca al postigo, y en el momento de juntar las manos, canta Ginés:)

GINES
¡Alerta!

MARQUES
(¡Maldito!)

ELENA
¿Ginés me avisó
de que alguien se acerca,
ó pasa la voz
del otro soldado
qué lejos cantó?
¡Ginés! ¡Ginés!

GINES
Sordo soy.

MARQUES
Al primo llamó.

ELENA
Aviso no fue,
porque aún no me vio.

GINES
No puedo decirle
que acecha el león,

MARQUES
Al primo, Ginés,
al primo llamó.

ELENA
A Dios invoco
y en El confío,
ven, padre mío,
ven, padre, ven.

(Da tres palmadas, y el Marqués, muy agitado, se acerca a ella)

(Hablado)

MARQUES
Esa señal...

ELENA
(Retrocediendo con horror)
¡Jesús!

MARQUES
¿Qué indica?

ELENA
¡Desdichada!

MARQUES
Algún amante.

ELENA
(Con enérgica expresión y volviendo a alentar)
¡Sí!
un amante.

MARQUES
(Oprimiéndose el pecho)
Calla, calla.
Tu cruel revelación
el pecho me traspasa;
mas pronto con su sangre
se teñirá mi espada.

ELENA
(Acaso no han oído
la señal)

MARQUES
Mucho tarda.

ELENA
(Acaso nadie acuda)

MARQUES
Repite las palmadas.

ELENA
¡Qué horror!

MARQUES
Repite al punto
el aviso.

ELENA
¡Dios me valga!

MARQUES
Yo haré que las escuchen.

ELENA
¡No! ¡No!

(El Marqués va a juntar las manos y Elena se las separa y las estrecha)

MARQUES
¿Tanto le amas?

ELENA
Salid, y seré siempre
vuestra rendida esclava.

MARQUES
Para salvar su vida
me brindas esperanzas,
y más en celos ardo,

(Vuelve a intentar desprenderse)

ELENA
¡No! ¡No!

MARQUES
¡Aparta, aparta!

ELENA
¡Matadme a mí primero!

(Elena lucha por sujetar las manos del Marqués, pero la rechaza y da las tres palmadas)

MARQUES
¡Vendrá!

ELENA
¡Padre del alma!

(Cae de rodillas como anonadada, mientras el Marqués la sujeta una mano)

MARQUES
Oigo rumor... él acude.
Proviene de aquella puerta.
(Primera de la izquierda)
¿La empujan? Si, ya está abierta.
¡Dios haga que al fin no dude!


ESCENA X

Dichos, Don Carlos y Gil Robles.

Don Carlos sale con sigilo conduciendo del brazo a Gil Robles, anciano vigoroso y de crecida barba. Cuando han andado algunos pasos, reparan en el Marqués y se detienen con desesperación.

CARLOS
Podéis salir sin temor.

MARQUES
¡El preso con Aguilera!
¿No me engañó?

ROBLES
(Señalando al Marqués)
¡Suerte fiera!
Mirad.

CARLOS
¡El Gobernador!

ROBLES
(Mirando a Elena)
¡Y ella!

CARLOS
(Terrible momento)

MARQUES
¡Capitán!

CARLOS
(Con soberbia)
¡Señor Marqués!

MARQUES
¿Es burla?

CARLOS
No; ¡traición es!

MARQUES
¿Qué intentáis?

CARLOS
Salvarlo intento.

ROBLES
¡Elena!

ELENA
(Volviendo en sí)
No desvarío.
¡Esa voz...!

ROBLES
¡Elena!

ELENA
Sí,
él, ¡soltad!

(El Marqués abandona a Elena que corre a abrazar a su padre)

MARQUES
(Entrando con dirección al foro)
¡Guardias, a mí!

ROBLES
¡Hija, hija!

ELENA
¡Padre mío!

MARQUES
¡Aguilera, vuestra espada!

CARLOS
Antes daré la cabeza,
y sabéis con qué firmeza
está en mis hombros clavada.
Pensad. Marqués, que mi honor
desde hoy lamento perdido,
y que al tigre que está herido,
no le arredra el cazador.
Sabed que morir intento
matando como una fiera,
porque vil muerte me espera
al frente del regimiento,
¿Queréis mi espada? Aquí está.

(Desenvainándola)

No importa que se denigre.
Paso hacedme, soy el tigre
que herido de muerte va,

MARQUES
¡Don Carlos!

CARLOS
¡Plaza!

MARQUES
¿El amor
tal vez os impulsa?

CARLOS
¡Sí!

MARQUES
(Con terrible acento)
¡Entonces mirad en mí
al terrible cazador!
Mas no llena a mi deseo
ni basta a un alma celosa,
daros aquí muerte honrosa:
¡moriréis cual cumple a un reo!
¡Guardias! (Dirigiéndose a la arcada)

GINES
(Le detiene el paso calando la alabarda )
¡Atrás!

MARQUES
¡Lucifer!

CARLOS
Uno estorba de los dos,
¡Defendeos!

MARQUES
¡Vive Dios!
que mi acero no ha de ser
por tu sangre vil teñido.
Si eres fiera, sal de huida,
sal, que para esta batida
siempre el plomo me ha servido,

(Saca una pistola y apunta a don Carlos. El Rey sale por el fondo y con la espada desnuda se acerca al Marqués)

ELENA
¡Jesús!

CARLOS
¡Apuntad certero!

(E1 Marqués dispara sobro don Carlos; pero en el mismo instante, el Rey, con la espada, levanta el brazo del Marqués desviando su puntería)

MARQUES
¿Quién tocó mi brazo?

REY
¡Yo!

(Don Carlos se tira a fondo sobre el Marqués, y el Rey interpone su espada parándole la estocada y desarmándole. Todo muy rápido)

CARLOS
(Tirándose al fondo)
¡Muere por infame!

REY
(Parando el golpe y desarmando a don Carlos)
¡No!

ROBLES
¡El hidalgo!

ELENA
¡El caballero!

CARLOS
¡Maldición!

REY
¡Luchas innobles!

MARQUES
¿Quién sois vos?

CARLOS
¡Un alma artera!

REY
Un cómplice de Aguilera
y un amigo de Gil Robles.

CARLOS
(Al Rey por el Marqués)
¿Y por qué con torpe lazo
le salváis?

REY
¡Cuánto extravío!
¡Si su brazo no desvío,
no le hiere vuestro brazo!
Culpaos, sí, de imprevisión,
de poca astucia y prudencia.
Ya es vana la resistencia
é imposible la evasión.

(Don Carlos se cubre el rostro avergonzado y abatido. Por el fondo entran precipitadamente Valderroso seguido de soldados. Ginés, al verlos venir, corre a guarecerse detrás de Elena)


ESCENA XI

Dichos, Valderroso y Soldados.

GINES
¡Qué aguacero!

MARQUES
¡Valderroso!

VALDERROSO
¡Señor!

MARQUES
¡Prended a Aguilera!

ELENA
¡Ah!

CARLOS
¡Mi espada...! Antes muera.

(Busca la espada y entre tanto los soldados se arrojan sobre él y lo sujetan)

ELENA
¡Carlos mío!

ROBLES
¡Dios piadoso!

MARQUES
Torne el viejo a su cadena
en calabozo seguro.

ROBLES
Inocente soy, lo juro
por la vida de mi Elena,
pues no es crimen la altivez
con que guardo la honra mía.

MARQUES
¡Basta!

ROBLES
¡Qué horrible agonía
reserváis a mi vejez!
Por vos calumniado fui
y reducido a prisión,
¡porque detuve al ladrón!
¡porque mi hogar defendí!

(Abraza a Elena, que se desmaya en brazos de Robles)

Adiós, mi dulce alegría,
nada tengo, triste don;
te lego mi bendición
y un beso, pobre hija mía,

MARQUES
A ese guardia asegurad,
que también traidor ha sido.

GINES
(Al Rey)
(Pues aún no me ha conocido)

MARQUES
En cuanto a vos...

REY
La verdad
os dije; cómplice soy.

MARQUES
¿Vuestro nombre?

REY
Averiguadlo.

MARQUES
¡Vive Dios! también llevadlo.

REY
Siempre estoy bien donde estoy.
Ahora os mando responder,
y en ello la vida os va. (Pausa y con sigilo)
¿No fuisteis, veinte años há,
verdugo de otra mujer?

MARQUES
¡Basta!

REY
(Con imperio)
Os mando que escuchéis.
Sufrid, Marqués, si os irrita, (Ligera pausa)
¿Qué hicisteis de Margarita?

MARQUES
¡Oh!

REY
La robasteis.

MARQUES
¿Sabéis?...

REY
Y escondida con sigilo,
sufrió vuestro vil tormento;
pero al fin, en un convento
halló la infeliz asilo.

MARQUES
¡Mientes!

CARLOS
¡Villano!

REY
Hace un mes
la escuchaba moribunda,
y hoy tengo la fe profunda
que un infame sois, Marqués.

MARQUES
¡Ira del cielo!

REY
Os condena
vuestra crueldad inaudita;
si ha mentido Margarita,
¿cómo atormentas a Elena?
Con ella os prepara Dios
un castigo sin igual;
que esa niña angelical
a quien Gil Robles prohija,
des que su puerta la halló.
de Margarita nació
y es hija vuestra!

MARQUES
(Trémulo)
¡Mi hija!

CARLOS
¡Cielos!

MARQUES
¡Jesús!

ROBLES
¡La perdí!

MARQUES
¿Es eso verdad?

REY
Lo es;
pero guárdale. Marqués,
que ella lo sepa por ti.

MARQUES
Yo me siento desmayar,
se me es escapa la razón.
¡Ella, ella!

REY
¡Deteneos!

MARQUES
Insensato, ¿quién sois vos?

REY
Quien dispone de tu vida
y el secreto te ordenó.
Siempre extraña para ti,
será Elena, y con razón
te creerá, mientras exista,
su fantasma aterrador.

MARQUES
Loco está (Por el Rey) Barón, llevadle.
¿Qué os detiene? ¡Vive Dios!

REY
Arrancad su vil acero
al Marqués de Torrebrois.

VALDERROSO
(Avanzando con la espada desnuda)
Preso estáis de orden del Rey.


ESCENA XII

Dichos, Princesa, Elena, Damas y Coro.

(Música)

ELENA, GIL ROBLES y COROS
¡El Rey!

CARLOS y MARQUES
El Rey, ¡perdón!

REY
Levantad.

PRINCESA
Grata sorpresa.
Su majestad hoy nos honró.

(El Marqués saca la espada y la entrega a Valderroso)

REY
De una infamia fui testigo,
de una monja confesor,
y ahora soy el juez severo
de un villano y un traidor.

MARQUES
Doy la vida por perdida,
pero a Elena abrazaré,
pues sabiendo soy su padre
no me puede aborrecer.

PRINCESA
No me atrevo a interrogarle,
que olvidando su bondad,
con relámpago de enojos
me miró su majestad.

ELENA
La esperanza me sonríe,
que era el rey mi protector,
y no olvido que a mi padre
libertarlo me juró.

CARLOS
Contra el rey saqué mi espada
é hice gala de traidor;
mas la muerte no me asusta,
pues ya Elena se salvo.

ROBLES
Pobre niña abandonada
que en mi choza recogí;
descubierto tu linaje
para siempre le perdí.

CORO
De una infamia fue testigo,
de una monja confesor,
y hoy el Rey es juez severo
de un villano y de un traidor.

(Todos dirigiéndose al Marqués)

Nuestro Rey con prudente rigor,
Marqués, juzgará.
No merece tan vil opresor
la clemencia de su majestad

(Hablado)

REY
(A la Princesa)
Vuestro corazón sencillo
fue engañado... y no me asombro

PRINCESA
(Muy confusa)
Señor...

REY
Valderroso, os nombro
gobernador del castillo.

(Valderroso saluda profundamente)

Quede al punto en libertad
Gil Robles, que es inocente,
y vuelva tranquilamente
con Elena a su heredad.
En justa reparación,
noble anciano, dulce niña,
os concedo la campiña
que desee vuestra ambición.

ROBLES
¡Bendígaos Dios!

ELENA
(Corriendo a abrazarlo)
¡Padre mío!

MARQUES
(Gritando con angustia)
¡No! ¡No!

REY
(Con severidad)
¡Marqués!

MARQUES
(¡Lucha fiera!)

(EI Marqués se reprimo bajo la mirada del Rey)

REY
Tú, capitán Aguilera...

CARLOS
Yo, que con ciego extravío,
contra el Rey saqué mi espada,
debo espirar.

VALDERROSO
(Con asombro)
¡Desdichado!

REY
¿Contra mí? De ese atentado
no dice el proceso nada,
y a lo que dice el proceso
sólo me atengo.

CARLOS
Señor...

REY
Mas de rebelde y traidor
estáis convicto y confeso.

ELENA
Ved que causa noble y pura
su lealtad puso en olvido.

REY
Di mejor que lo ha vencido
el poder de tu hermosura.
Vivir le concederé,
pero esas divisas, no;
que al que una vez me vendió,
ya no es digno de mi fe.

CARLOS
¡Dura pena!

REY
Justa ley
que en adelante asegura
por ninguna otra hermosura
otra traición sufra el Rey.
Militar que se degrada
faltando a lo que ha jurado,
ni puede llamarse honrado
ni debe ceñir espada.

CARLOS
¡El morir, tanto no duele,
Señor! ¿Y queréis que exista?

REY
Toma en cambio esa conquista,
(Entregándole a Elena)
que tu deshonra consuele.

CARLOS
(¿No es un sueño?)

ELENA
¡Carlos mío!

MARQUES
Ya no puedo resistir.
¡Elena!

REY
(Bajo al Marqués)
¿Quieres morir?

MARQUES
Quiero purgar mi extravío
con la muerte ó la prisión;
pero el alma necesita
que la hija de Margarita
me conceda su perdón.
No temáis, sabré callar. (Bajo al Rey)

REY
Halla, pues, ese consuelo,
si tan buena la hizo el cielo
que te pueda perdonar.

(E1 Marqués, muy agitado, se acerca a Elena, que habla con Carlos y Gil Robles. Esta, cuando repara en el Marqués, se aparta con horror)

ELENA
¡Protegedme!

REY
(¡Vano intento!)

MARQUES
¡Elena!

ELENA
Su voz me espanta.
¡Huyamos!

MARQUES
¡Desdicha tanta
no cabe en el pensamiento!
En nombre de tu alma pura,
dulce niña, mírame,
y ese amor bendeciré
que te brinda la ventura.

ELENA
¿Qué decís?

MARQUES
Mis ojos mira
nublados de alegre lloro;
olvido y perdón imploro
para mis faltas.

ELENA
¡Delira!

MARQUES
¡Elena!

ELENA
No sé qué siento.
Va no asusta su mirada.

MARQUES
Soy la maldad derrotada

(Hincando una rodilla delante de Elena)

por firme arrepentimiento.

ELENA
Contra vos odio no abrigo,
se trueca en piedad mi encono.

MARQUES
¿Qué respondes?

ELENA
Que os perdono.

MARQUES
Y yo... y yo...

(Mira al Rey y éste le impone silencio con un gesto)

¡te bendigo!

(EI Marqués se levanta sollozando y se aleja. El Rey avanza en primer término, quedando a su derecha Gil Robles, Carlos y Elena, y a su izquierda la Princesa, Valderroso y el ¡Marqués. Detrás las Damas y los Soldados)

(Música)

REY
La mujer es un juglar
tan gentil y encantador,
que nos logra arrebatar
gloria, fe, vida y honor.
Y es forzoso transigir,
porque puede suceder,
que también me arrastre a mi
con su encanto una mujer.

CORO
El Rey quiere transigir,
porque puede suceder,
que le hiciera sucumbir
con su encanto una mujer.



FIN DE LA ZARZUELA


Información obtenida en:
https://archive.org/details/todoporellazarzu3938chap

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