lunes, 25 de mayo de 2015

Locos de Amor (LIbreto)



LOCOS DE AMOR



Zarzuela en un acto.

Letra de D. Emilio Alvarez.

Música del maestro D. Manuel Fernández Caballero.

Estrenada en el Teatro de Maravillas de Madrid el día 1 de Julio de 1886.


REPARTO (Estreno)


Juana - Sra. Balbina Iglesias.

Don Aquilino - Sr. Ventura de la Vega.

El Doctor Ramírez - Sr. José Talavera.

Amadeo Bustamante - Sr. Alfredo Suárez.

Jorge - Sr. Emilio Carreras.


ACTO UNICO

Patio de la casa del Doctor cuya fachada interior ocupa todo el fondo extendiéndose por la izquierda hasta e! proscenio las habitaciones del establecimiento destinadas a los enfermos: en frente, y cerrando todo el lado de la derecha, una dependencia de la casa que termina en un pabellón, amueblado con piano, y con ventana frente al público.


ESCENA PRIMERA

Gran algazara y vocerío en la izquierda. Jorge llega por la derecha y toca la campana de orden que se halla colgada en la fachada del departamento de los enfermos, restableciendo el silencio.

(Música)

JORGE
¡Qué horrible algazara!
Vamos a callar,
ó establezco a palos
la tranquilidad.

(Gran silencio)


ESCENA II

Jorge; Juana.

JUANA
Jorge.

JORGE
Señorita.

JUANA
No los hagas mal.
Míseros dementes
llenos de bondad:
víctima son todos
de su amor voraz.

ESCENA III

Jorge; Juana; D. Aquilino.

AQUILINO
(Llegando de pronto y acercándose con la mayor reserva a Juana y a Jorge)
Estos pobres locos
lástima me dan:
cuando más los mimo
alborotan más.

(Recorriendo la escena con el aturdimiento propio de un demente)

Ya no oigo una mosca;
ya se hallan en paz.
Todos están locos:
bueno: bueno va.

(Restregándose las manos de gusto y alejándose)

JORGE
Tú sí que estás bueno.

JUANA
Tú sí que lo estás.

AQUILINO
Cuando se exciten
y se alboroten
que los azoten
sin compasión.
Yo daré a todos
cura suave
con un jarabe
de mi invención.
Y una de dos
va a suceder:
ó los curo de un tirón
ó revientan de una vez.
Lo he de ver yo;
lo ha de ver él:

(Designando a Jorge)

lo has de ver tú
y ellos también.

(Se va corriendo por la derecha)

JORGE y JUANA
¡Pobre señor,
lástima es!
Está hoy peor
que estaba ayer.

(Jorge sale detrás de D. Aquilino)


ESCENA IV

Juana.

JUANA
En esta casa todos están
locos de amor.
Por tan terrible enfermedad
suspiro yo.

El amor es un tirano
que me oprime y me recrea;
y cuanto es más inhumano
mucho más me regodea.
Que es temible, sí;
que le temo, no:
si es voluble, ah!
si es constante, oh!
Ya que ello ha de ser
venga ya el doctor:
no hay mayor placer
que enfermar de amor.

Ya me pide mi deseo
un galán con dos millones
que me siga en el paseo.
y que ronde mis balcones.
Si me adora, bien;
si me cela, bah!
¡Si me mira, uy!
¡Si suspira, ay!
Breve es el placer;
largo es el pesar:
ya que ello ha de ser
yo quiero enfermar.


ESCENA V

(Hablado)

Juana, el Doctor Ramírez.

RAMIREZ
Jorge. (Saliendo)

JUANA
Mi padre.

RAMIREZ
¿Tú aquí?

JUANA
He venido hace un instante.

RAMIREZ
Puedes entrar y salir
sin que te lo impida nadie.
Todo está en silencio: reina
la quietud por todas partes.
Ningún enfermo se queja
ni sufrió el menor ataque;
y en el último periodo
de su curación notable
se halla alguno de esos pobres
desventurados amantes:
lo cual prueba la excelencia
de mi plan; ¡plan admirable!
Noble empleo el de curar
ese órgano importante
que ensalza y distingue al hombre
de los demás animales.
¡Locos de amor! ¡qué locura
tan bella é interesante!
Así mi establecimiento
goza de fama envidiable.
A él acuden a docenas
enfermos de todas clases:
gotosos, hipocondriacos,
tísicos a centenares;
y yo los contesto: id
a curaros a otra parte.
El doctor Ramírez no
quiero curar otros males
que el de locura de amor.
¡Oh, qué enfermedad tan grave!

JUANA
¡Espantosa!

RAMIREZ
Y al sonar
la explosión, ¡qué estragos hace!
Uno de esos infelices
en un frenético arranque
ahogó al que iba a ser su suegro
porque aplazaba su enlace.
Otro halló a su bien amada
con un quídam en la calle,
y aplastó de un solo golpe
a ella y al acompañante.
Y otro, el más inofensivo,
de una esposo, do otra amante,
loco de amor y de celos
por una y por otra parte,
mató a dos mujeres, por
no sabor con cuál quedarse.
Y ahí los tienes, tan pacíficos,
tan dóciles y tratables,
que parece que en su vida
han incomodado a nadie.
Dígalo don Aquilino

JUANA
Ese sí que es incurable.
Y obstinado en protegerme;
y empeñado en que es mi padre.

RAMIREZ
El pobre perdió a una hija
fruto de un amor culpable,
y perdió el juicio al perderla,
y por ti quizá le gane.
También usurpa mi nombre,
y se apropia a cada instante
mi título de doctor.

JUANA
Y a su placer entra y sale:
es el único que aquí
anda suelto.

RAMIREZ
No te extrañe:
entra en mi plan curativo.

JUANA
Ahora pretende casarme
con un joven noble y rico
y modelo de galanes.

RAMIREZ
¿Ves? Los niños y los locos
dicen siempre las verdades.

JUANA
¿Cómo?

RAMIREZ
Como eso es mi plan
¿Nunca es pensado en casarte?

JUANA
Lo sueño todos los días.

RAMIREZ
¿Y sí al fin se realizase
tú sueño?

JUANA
¿Qué dice usted?

RAMIRA
Sí, hija mía; tiempo hace
que te he buscado marido
digno de ti.

JUANA
¡Qué buen padre!
¿Joven?

RAMIRES
Veinticinco años.

JUANA
¿Buen mozo?

RAMIREZ
No hay quien le gane.

JUANA
¿Leal?

RAMIREZ
Como un perro de aguas.

JUANA
¿Y rico?

RAMIREZ
Un millón de reales.
Cuando tú le veas... tú
de él no puedes acordarte,
ni yo tampoco; tenía
seis años cuando su padre,
mi mejor amigo, tuvo
que salir a Buenos Aires.

JUANA
¡Ah! ¿Se trata de Amadeo?

RAMIREZ
Amadeo Bustamante.
Hace veinte años quedó
concertado vuestro enlace;
y en su última carta, llena
de mil cariñosas frases,
me recuerda el compromiso
de tu unión.

JUANA
Pues por mi parte...

RAMIREZ
Celebro hallarte propicia...

JUANA
Teniendo esas cualidades...

RAMIREZ
También me anuncia su próxima
llegada.


ESCENA VI

Juana; Ramírez y Jorge.

JORGE
Una carta.

RAMIREZ
Dame.
Un loco más que confían
a mi celo infatigable.

(Leyendo la carta)

«Señor doctor, recomiendo
»a usted, y envío delante,
»a un primo mío, que se halla
»en estado lamentable.
»Nació con un corazón
«tierno, apasionado, amante;
«prendose de una mujer
«que murió al ir a casarse,
»Y este funesto accidente
»dio con su razón al traste.»
¡Pobre hombre!

JUANA
¡Pobre mujer!

RAMIREZ
«La busca por todas partes,
»y yo le he dicho que habita
»esa casa; irá esta tarde:
»restituya usted el juicio
»a ese infeliz: como él sane
«poco es toda mi fortuna
»en premio de acción tan grande.
«Queda suyo, Nicolás
«Benavides y Rosales.»

JUANA
¿Rosales? Ese opulento
banquero...

RAMIREZ
¡Un gran personaje!
Y me ofrece su fortuna
si curo al primo.

JUANA
A curarle.

RAMIREZ
Yo le curaré: a filántropo
a mí no me gana nadie.
»Postdata? mi pobre primo
«sufre violentos ataques,
«sobre todo, cuando habla
«por primera vez con alguien.»
Jorge saldrá a recibirle.

JORGE
¡Canario!

RAMIREZ
Y no le maltrates,
ni le contradigas.

JORGE
Bueno;
no haya miedo que me canse
en porfiar con los locos.
Haré lo mismo que enantes
con don Aquilino: estaba
dale conque es méico, y dale
conque es dueño de esta casa;
y se empeñó en aumentarme
el salario, y sacó un duro...

RAMIREZ
Y tú...

JORGE
Le tomé.

RAMIREZ
(Sacudiéndole) ¡Tunante!

JORGE
Pero señor, no me tiene
usted dicho que es muy grave
contradecir a los locos?

RAMIREZ
Trae ese duro al instante.

JORGE
Y se le va usté a guardar?

RAMIREZ
Haré lo que más me agrade.

(Suena un campanillazo)

Han llamado.

JORGE
Sí señor.

RAMIREZ
Este debe ser Rosales.

JORGE
¿El loco nuevo?

RAMIREZ
Anda a abrir,

JORGE
¿Yo? (Haciéndose el remolón)
(Pues si otro no le abre...)

(Otro campanillazo)

RAMIREZ
Vete tú. (A Juana)

JUANA
Quisiera ver
al nuevo pupilo antes.

RAMIREZ
Tiempo te queda de verle.

(Otro campanillazo)

¿No vas a abrir?

JORGE
Si no es nadie,

RAMIREZ
¿Cómo nadie? Pues no oyes
la campanilla?

JORGE
Es el aire.

JUANA
¿Tienes miedo?

JORGE
No señora.

JUANA
Quita de ahí; no seas cobarde. (Va a abrir)

(Otro campanillazo)

RAMIREZ
Quédate tú aquí.

JORGE
¿Y usted?
Preciso es que usted le hable.

RAMIREZ
Luego: después que tú hayas
sufrido el primer arranque.
Abre ahora.

JUANA
(Volviendo) Ya no es preciso.
¡Qué guapo es, y qué elegante!

RAMIREZ
¿Le has visto?

JUANA
Sí: una miajita;
por el ojo de la llave.

RAMIREZ
¿Pero has abierto?

JUANA
Sí.

RAMIREZ
Vamos
adentro: tengo que hablarte.
Tú, Jorge; aguanta el primer
envite y no le maltrates.

(Se van Ramírez y Juana)


ESCENA VII

Jorge: AMADEO

AMADEO
(Saliendo airadamente con el cordón de la campanilla en la mano)
¿Qué casa es esta? He tirado
del cordón hasta arrancarle,
y después de veinticinco
campanillazos, me abren
sin que sepa quién ha sido,
v sin lograr ver a nadie.
¿Habrá sido este zopenco?
¿Has sido tú?

JORGE
(Huyendo ) ¡Dios me ampare!
Bien dice la carta; es
furioso... ¡Qué gestos hace!

AMADEO
¿Vive aquí el doctor Ramírez?

JORGE
Sí señor.

AMADEO
Pues ve a llamarle.

JORGE
Ha salido; pero pronto
volverá.

AMADEO
Fuerza os que aguarde.
¿Dime, es cierto que su hija
es joven, bella y amable?

JORGE
(Ya se exalta: convendrá
ponerse fuera de alcance)

AMADEO
¿No contestas? ¿Por qué huyes?

JORGE
Es que me ha dado un calambre.

AMADEO
Ven aquí.

JORGE
(Como me toque
le voy a dar un atraque)

AMADEO
Conque tu ama...

JORGE
Mi señora...
mi señorita...

AMADEO
Adelante.

JORGE
¡Es la rubia más divina!...

AMADEO
¿Es rubia?

JORGE
Como un arcángel.
Con unos ojos azules...

AMADEO
¿Azules?

JORGE
Y con un talle...
y una nariz... y una boca...
y una... y un...

AMADEO
¿Qué? No te pares:
sigue.

JORGE
(¡Qué ojazos me echa!)
(¡Si yo pudiera escaparme!)

AMADEO
(Me parece que este chico
se resiente de los aires
que reinan en esta casa)

JORGE
¿Quiere usted que le acompañe?

AMADEO
¿Adónde?

JORGE
Al departamento...
Digo: al respectivo catre...
quiero decir: a su jaula.

AMADEO
¿Eh? Yo prefiero instalarme
al lado de mi futura.
¿Está en casa?

JORGE
Sí.

AMADEO
Anda a escape:
ve a decirla que aquí estoy.

JORGE
(Para el tonto que la llame)
(Se figura que es la muerta;
y en cuanto se desengañe,
y le acometa la crisis...)

AMADEO
¿Dejarás de hacer visajes?

JORGE
Voy a pasar el aviso:
pero convendría que antes
so acicalara usté un poco.

AMADEO
Es cierto: he venido a escape...
Conviene arreglar primero
el desorden de mi traje.

AQUILINO
(Dentro) ¡Jorge!

JORGE
(¡Esta sí que es buena!)
por si no hubiera bastante
con uno, viene ahí el otro.
Lo que es por mí aunque se maten:
allá se las campaneen,
que a mí no hay quien me eche el guante.

(Sale corriendo)


ESCENA VIII

Amadeo: D. Aquilino.

AMADEO
¿Eh?... ¡Muchacho!... ¿A dónde va?
A juzgar por las señales
no hay uno que esté en su juicio
en esta casa de Orates.

(Música)

AQUILINO
(Con una gran retorta de vidrio en la mano, cuyo contenido contempla con aire complacido)
Aquí está la unión sólida
del hombre y la mujer:
el gran problema químico
logré al fin resolver.
Merced al filtro mágico
que acabo de inventar,
las almas de los míseros
mortales se unirán
El sentimiento cándido
de virginal amor
será verdad purísima
sin mezcla de ficción.
Gozad felices cónyuges
del casto parabién:
aquí está la unión sólida
del hombre y la mujer.

AMADEO
Su aspecto nobilísimo,
me llena de emoción.
Este es el sabio célebre,
éste os oí gran Doctor.

AQUILINO
(Llamando)
¡Juana! ¡Hija mía!

AMADEO
¿Juana?

AQUILINO
Ah, caballero.

AMADEO
¿Conque es usted su padre?
¡Dichoso encuentro!

AQUILINO
Soy médico, alquimista
y farmacéutico;
y dueño de la casa
que está usted viendo.

AMADEO
Deme usted un abrazo,
querido suegro,

AQUILINO
¡Yerno de mis entrañas!
llegas a tiempo.
Ya te espera mi hija.

AMADEO
Verla deseo.

AQUILINO
¿Conque eres su futuro?

AMADEO
Soy Amadeo.

AQUILINO
¡Amadeo del alma!
¡cuánto me alegro!
Dame cincuenta abrazos.

AMADEO
Tome usted ciento.

(Disponiéndose a bailar y haciendo piruetas)

En tu casamiento
voy a bailar yo.
Mira tú qué gracia!
¡mira qué primor!

AMADEO
¡Ay, qué extravagante
es el buen señor!
Todos estos sabios
tienen ese humor.

AQUILINO
Aunque le parezca,
viejo sesentón;
toco una guitarra
y aunque sean dos.
Canto más que el gallo
cuando estoy de humor:
y para que veas,
ahí va una canción.

AMADEO
¡Qué recibimiento
tan encantador!
Ya me ha contagiado
su jovial humor.

AQUILINO
Ayer larde vi yo a mi chiquilla,
y apenas la vi,
como que es inocente y sencilla
se vino hacia mí.
Yo la vide cogiendo una rosa,
cogiendo un clavel;
yo la dije, me das una rosa,
me das un clavel?
Junto a la fuente,
del Arrayán
iba jugando
con un galán;
y yo la dije
lleno de afán:
cuida los peces,
échalos pan;
coge las flores
que se te van.
Tilín, tilín;
Talán, talán,
A la jota, jota
de los caracoles;
vale más mi niña
que peces y flores.
A la jota, jota
de las sabandijas!
quien quiera naranjas
que vaya a la China.
¡Ole con ole!
que no hay doctor
que cante y baile
con más primor.

AMADEO y AQUILINO
(Bailando y saltando)
A la jota, jota
de los caracoles;
vale más mi hija
que peces y flores.
Á la jota, jota
de las sabandijas!
quien quiera naranjas
que vaya a la China.
¡Ole con ole,
que no hay doctor,
que cante y baile
con más primor.

(Hablado)

AQUILINO
¿Qué te parece?

AMADEO
Muy bien;
e1 semblante os el espejo
del alma, y al de usté asoman
los más bellos sentimientos.
Mas quiero ver a Juanita
y declararla mi afecto.

AQUILINO
La verás.

AMADEO
Me arrastra a ella
secreta pasión.

AQUILINO
¡Soberbio!
Yo para vosotros dos
expresamente he compuesto
cierto experimento químico
de saludables electos,
con el cual seréis felices
per omnia sécula séculum...

AMADEO
Por favor lo pido a usted
que deje por un momento
la química, y si usted quiere
hablemos de Juana.

AQUILINO
Hablemos.

AMADEO
Ya sabe usted que mi padre...

AQUILINO
Tu padre es un majadero.

AMADEO
¿Cómo?

AQUILINO
¡Pobre hombre! Es
un excelente sujeto.

AMADEO
Usted le conoce: son
ustedes amigos viejos.

AQUILINO
Naturalmente: hemos sido
camaradas de colegio.
Cuando era niño, si vieras
qué malo era, qué travieso!
corría como una liebre;
volaba como un murciélago.

(Expresándolo todo con la acción precisa)

Qué bien jugaba al peón,
y a la toña, y al ate veo,»
y al marro, y al escondite,
al paso, al
quebranta-huesos,
¿pues y a la una lo daba
la mula?... Y ahora me acuerdo:
si; jugando a la rayuela
tenía yo ojo certero,
y tiré el tejo, y lo di
en las nalgas con el tejo.
Jugando a los toros, él
era el toro, y yo el torero;
y un día le despaché
de una buena recibiendo.
¡Qué risa!

AMADEO
¡Qué hombre tan raro!

AQUILINO
¿Ves este establecimiento?
Está montado con todos
los adelantos modernos;
pues aquí donde le ves,
es mío, y yo soy su dueño.
Me ocupo en la curación
de una multitud de enfermos,
no del pecho, ni del hígado,
sino del propio cerebro.

AMADEO
¡Qué lenguaje!

AQUILINO
Pero el más
insano de todos ellos,
es ese pobre monómano
que toma a cada momento
mi nombre, y se cree padre
de mi hija; ese está en extremo.

AMADEO
¿Sí, eh? (Pues no sé yo cuál,
de los dos será el más cuerdo)

AQUILINO
Mira: hacia aquí se dirige:
sí quieres pasar el tiempo
quédate con él: verás
qué rato pasas tan bueno.
No me detenga?: yo voy
a llamar a mi hija, y vuelvo.

AMADEO
Yo iré con usted.

AQUILINO
No: deja
que yo te anuncié primero.

AMADEO
Pero señor...

AQUILINO
No resistas
la voluntad de tu suegro.
Espérame aquí. —¡Juanita!—
Aquí está el loco. —Hasta luego.

(Se va corriendo por la izquierda)


ESCENA IX

Amadeo: Ramírez.

RAMIREZ
(Llegando por la derecha)
El bribón de Jorge, contra
lo que yo tengo dispuesto
deja a mis enfermos juntos:
voy a darle un vapuleo...

AMADEO
(No me encuentro muy tranquilo:
este loco me da miedo)

RAMIREZ
¡Pobre Rosales!

AMADEO
(Contemplándole detenidamente) (Me mira:
evitemos el encuentro)

(Al intentar huir, Ramírez lo detiene)

¡Dios me ampare!

RAMIREZ
Amigo mío,
puede usted tomar asiento.
Tenemos que hablar.

AMADEO
Mil gracias.

RAMIREZ
Va usté a sufrir un libero
interrogatorio; todo
será cosa de un momento.

AMADEO
(¡Pobre señor! Ya no hay duda
(Observándole)
de que tiene el cráneo seco)

RAMIREZ
(De igual modo)
Los párpados azulados,
entrecortado el aliento:
esa boca... esa nariz...
en el rostro lleva impreso
el sello de la demencia.

(Amadeo intenta escapar: Ramírez le detiene y obliga a sentar)

Este usted quieto.

AMADEO
¿Eh?

RAMIREZ
¡Quieto!
A ver el pulso.

AMADEO
¿Qué?

RAMIREZ
El pulso.

AMADEO
Pero hombre, si yo estoy bueno.

RAMIREZ
Sea usted dócil, por Dios.

AMADEO
Pues señor, no hay más remedio.

RAMIREZ
Lleno y desigual... mal síntoma.
Joven, sea usted ingenuo
y responda a mis preguntas
sin ambages ni rodeos.
Vamos a ver: al fijar
la atención en un objeto
cualquiera, y después en otro,
sabe usted a punto cierto
distinguir las cualidades
analógicas entre ellos?
¿Tiene usted conciencia íntima
de lo que le estoy diciendo?

AMADEO
Sí señor, a usted sí que
se le ha barajado el seso.

RAMIREZ
¡Esto sí que tiene gracia:
cree que soy el enfermo!
¡Pobre joven!

AMADEO
(Si pudiera
tomar las de Villadiego)

RAMIREZ
Poco a poco: todavía
no hemos entrado de lleno...

AMADEO
(Ya me va cargando a mí
la pesadez de este viejo)

RAMIREZ
(Abordemos el asunto)
Mis grandes conocimientos
sobre las fuerzas vitales
que animan al orbe entero,
me permiten penetrar
el insondable misterio
de la muerte.

AMADEO
¡Caracoles!

RAMIREZ
Cuanto existe y tiene cuerpo
organizado, sé que es
mortal y perecedero.
Ahora bien: si llora usted
la muerte de algún objeto
amado; y últimamente,
si es su dolor tan intenso
que obstruyendo los sentidos
perturbe su entendimiento
y el natural ejercicio
de las funciones del cuerpo
influyen en las del alma,
y lesionando el cerebro
aplanan la voluntad,
no hay que desmayar por eso;
no hay que perder la esperanza;
no hay que dudar un momento;
no hay que arrojarse en el surco;
no hay que malgastar el tiempo;
no hay que oponer resistencia;
no hay que renunciar al médico.
No hay...

AMADEO
Ya no aguanto más.
Si no me marcho, le pego.

(Se va corriendo)


ESCENA X

Ramírez: Juana.

RAMIREZ
¿Eh? ¡Caballero Rosales!
Aguarde usted un momento.
Echale un galgo: éste os uno
de mis más graves enfermos.
Voy a mandar que le aten
de pies y manos.

JUANA
¿Qué es esto?

RAMIREZ
Esto es que el pobre Rosales,
el pariente del banquero,
se halla tan fuera de juicio
que no hay para él remedio.

JUANA
¡Pobre joven!

RAMIREZ
Yo he tratado
de atraer su pensamiento
hacia la sensible pérdida
de su idolatrado dueño;
y no he podido fijar
su idea un solo momento.

JUANA
¡Infeliz! ¿Con que el amor
le ha reducido a ese extremo?

RAMIREZ
Amor ardiente y voraz:
necesito a todo riesgo
curarle.

JUANA
No omita usted
medio alguno para ello.

RAMIREZ
Me ocurre una idea: es fuerza
someterle a un tratamiento
original, que produzca
maravillosos efectos;
y tú eres quien va a encargarse
del plan curativo: creo
que una entrevista contigo...

JUANA
¿Conmigo?

RAMIREZ
No tengas miedo:
en que te finjas su amada...
le conmoverá en extremo.
Abiertas por ti en su alma
las fuentes del sentimiento,
su apenado corazón
irá descargando el peso
que le oprime; a su cabeza
volverá el juicio: los centros
nerviosos se esponjarán,
y quedará como nuevo.

JUANA
Pero papá...

RAMIREZ
No repliques.
E1 estará recorriendo
el jardín: ponto al piano.
La música es el beleño
de las penas: canta algo
entre cómico y patético.
Voy a mi laboratorio
a preparar al momento
un calmante, por si logran
conmoverle tus acentos.
Atráele: y sobre todo,
no le contradigas.

JUANA
Bueno.

(Ramírez se va por la derecha)


ESCENA XI

Juana: Amadeo.

JUANA
Forzoso es obedecer
a mi padre. Allí le veo.
¡Pobre joven! Quiera Dios
que le conmueva mi acento.

(Entra en el pabellón y se sienta al piano. Al poco tiempo de empezar a cantar, llega Amadeo por la izquierda)

(Música)

Mece las flores
de mi ventana
la dulce brisa
de la mañana.
Los ruiseñores
del valle van
lanzando trinos
de amante afán.
Tú eres la brisa,
yo soy la flor;
yo el valle ameno
tú el ruiseñor.

AMADEO
(Atraído por la canción)
¡Oh, qué suave
linda canción;
qué buen estilo,
qué dulce voz!

JUANA
Tú eres la brisa.

AMADEO
Tú eres la flor.

JUANA
Yo el valle ameno.

AMADEO
Yo el ruiseñor.
(Llamándola) ¡Señora!

JUANA
(Saliendo a la escena) ¡Caballero!

AMADEO
¡Oh, qué linda criatura!
¡Qué mirar tan hechicero!

JUANA
¡Qué simpática apostura!

AMADEO
¿Es usted, mi dulce bien?

JUANA
Calme usted su amante afán.

AMADEO
Yo me doy el parabién.

JUANA
Es un loco muy galán.

AMADEO
¿Sabe usted quién soy?

JUANA
¿No lo he do saber?

AMADEO
Ya somos desde hoy
marido y mujer.
(Mi misión aquí
es obedecer,
y decir que sí,
y dejarle hacer)

AMADEO
¡Oh, qué felices
vamos a ser;
yo tu marido,
tú mi mujer!

JUANA
Ya me tutea:
¡qué franco es!
Si esto hace ahora,
¿qué hará después?

AMADEO
Por ti yo haré mil extremos,
por mí, tú harás muchos más:
y tú serás mi zagala,
y yo seré tu zagal.
Y aquí,
y allí
iremos del brazo
cogidos así.

(Cogiéndola del brazo y paseando)

Y tú
verás
la gente envidiosa
que viene detrás.
En testimonio
de amor leal,
tu linda mano
dame a estrechar.

JUANA
(Es de mi padre
la voluntad,
y en contrariarle
haría mal)

AMADEO
Es hechicera.

JUANA
Es muy galán.

LOS DOS
Por ti, yo haré mil extremos,
y tú harás muchos más:
y tú serás mi / y yo seré tu / zagala
y tú serás mi / y yo seré tu / zagal
Y aquí,
y allí
iremos del brazo
cogidos así.
Y tú
verás
la gente envidiosa
que viene detrás.

(Hablado)

AMADEO
¿Conque os el doctor Ramírez
tu padre, y tú eres su hija?

JUANA
Si: (Verdad de Pero-Grullo)

AMADEO
¡Juana!

JUANA
(Alejándose escamada)
No estoy muy tranquila.

AMADEO
¿Por qué te alejas de mi?
¿No me respondes, Juanita?

JUANA
Y sabe cómo me llamo,

AMADEO
Pensé en ti toda la vida:
¡cuántos años esperé
esta codiciada dicha!

JUANA
¡Oh, cuántos! (Dice mi padre
que en nada le contradiga)

AMADEO
Acércate; ya que están
nuestras almas tan unidas.
Unamos los corazones
en vínculo estrecho; mira:
pon aquí tu mano. Ves
el mío cómo palpita?
¡Tic, tac! ¡Tic, tac!

JUANA
¡Si: tic, tac!
Más vale tomarlo a risa.

AMADEO
Quiero desquitarme ahora
de las fieras agonías
de tan larga ausencia.

JUANA
Basta:
¡caramba, cómo se arrima!

AMADEO
¿Me amas?

JUANA
¿Puede usted dudarlo?

AMADEO
¿No me tuteas, Juanilla?

JUANA
Ya emplea el diminutivo.

AMADEO
Tutéame, vida mía.

JUANA
Bien: más no te acerques tanto.

AMADEO
Ven; no seas tan esquiva:
yo quiero besar tus plantas.

JUANA
Poco a poco.

AMADEO
De rodillas...

JUANA
(Ya le acomete el furor.
Y cómo se le encandilan
los ojos!) —Levántate.

AMADEO
Bien: yo haré lo que tú digas.

JUANA
(¡Qué dócil es!... ¡Y qué guapo!
(¡Y con qué juicio se explica!)

AMADEO
Para calmar la ansiedad
que mi corazón agita,
exijo de ti una prueba
de amor.

JUANA
Según lo que pidas.

AMADEO
Dame a besar esa mano.

JUANA
¡Vaya! (Dándosela) (¿Quién le contraría?)

AMADEO
Otro más.

JUANA
Basta.

AMADEO
Bien. —Ahora,
en prenda de unión bendita,
un abrazo.

JUANA
¿Qué?

AMADEO
Uno solo:
si te niegas, me asesinas.

JUANA
(Otro nuevo acceso: es fuerza
ceder, a ver si se alivia)
Vaya el abrazo.

AMADEO
(Abrazándola frenéticamente) ¡Oh, ventura!
¡Oh, gozo, oh, placer, oh, dicha!

JUANA
¡Basta por Dios!

AMADEO
Bueno: ahora...

JUANA
No: lo que es ahora no insistas.
Si lo doy cuerda, no acaba
de pedir en todo el día.


ESCENA XII

Juana: Amadeo: D. Aquilino.

AQUILINO
¡Bien!

JUANA
¡Don Aquilino! (Huye por la derecha)

AQUILINO
Creo
que abrazabas a mi hija.
Bueno: no pienses que voy
a reñirte ni a reñirla.
Eso os natural: habréis
apurado la bebida
que os preparé, y el amor
ha estallado echando chispas.
No quiero que se dilate
vuestra unión; voy en seguida
a escribir a mi notario.

AMADEO
¿Tan pronto?

AQUILINO
Al punto.

AMADEO
¡Oh, delicia!


ESCENA XIII

Aquilino: Amadeo: Jorge.

JORGE
(Llegando receloso por la izquierda)
Hablar con este hombre, es
como hablar con una esquina.

(Acercándose con precaución a Amadeo)

Señor.

AMADEO
¿Eres tú, zopenco?

JORGE
(Me ha conocido: esto indica
que está mejor) —Vengo a ver
¿qué es lo que usted determina
que se haga con su equipaje?

AMADEO
¡Ah, sí! Tráemele en seguida.
Ven conmigo.

JORGE
¿A dónde?

AMADEO
¡Bruto!
A la estación.

JORGE
(Cerrándolo el paso) No hay salida.

AMADEO
¿Qué?

JORGE
Que de aquí no se sale
como no se lo permita
el doctor.

AMADEO
¿Te has vuelto loco?

(Acercándose a D. Aquilino, quien se ha sentada delante de un velador, tomando apuntes en uno cartera)

Dígame usted, ¿por desdicha
ese estúpido se halla
también tocado?

AQUILINO
Una pizca.

JORGE
¡Anda! ¡Creen quo soy yo el loco!
¡qué lástima de paliza!

AMADEO
Echa a andar, pronto: que tengo
que ponerme una levita.

JORGE
Voy a encerrarle. —Entre usted
por aquí.

AMADEO
¿Por aquí?

JORGE
(Le encierra bajo llave) Aprisa.
¡Ajajá! Lo que es ahora
ya no te escapas.

AQUILINO
(Saliendo súbitamente de su distracción)
¡Albricias!
Ahora acabo de encontrar
una fórmula precisa
para que no haya en el mundo
ni orden, ni amor, ni familia.


ESCENA XIV

Aquilino: Ramírez: Jorge: Juana: Amadeo.

AMADEO
(Asomándose a la ventana de la izquierda)
¿Quién me ha encerrado? ó me sacan
pronto de aquí, ó hago trizas
la puerta.

RAMIREZ
(Llegando con Juana)
¿Qué hay?

JUANA
¿Qué sucede?

JORGE
Es el nuevo pensionista:
lo ha dado el acceso, y yo
le he encerrado.

RAMIREZ
¿Pero olvidas
que están mis armas de caza
en ese cuarto?

AQUILINO
(Contemplando lo sucedido) ¡Ay, qué risa!

RAMIREZ
¡Vete, animal! (Jorge se va corriendo)

AMADEO
(Apuntando a Ramírez con una escopeta)
¿Usté ha sido?
Le voy a hacer a usté harina.

RAMIREZ
(Huyendo) Aparte usté esa escopeta.

AQUILINO
(Acercándose a Amadeo)
Afina la puntería.

JUANA
Yo le traeré a la razón.

RAMIREZ
No te acerques.

AMADEO
¡Ah, Juanita!
¿Eres tú? Me han encerrado:
¿no ves? Cualquiera diría
que me toman por un loco.

RAMIREZ
Que está de remate, hija.

AQUILINO
¡Uy! ¡Cómo está! ¡Al loco! ¡Al loco!
Á ponerle lo camisa
de fuerza.

AMADEO
¿También usted?'
¡Suegro!

AQUILINO
(Tendiéndole los brazos) ¡Yerno de mi vida!

AMADEO
¡Loco estoy! ¡Loco de amor!

RAMIREZ
¡Lo confiesa!

JUANA
¡Pobre víctima!
Deje usted el arma.

AMADEO
Bueno.
Yo haré cuanto tú me digas.

JUANA
Ya se ha pasado la crisis.

RAMIREZ
¡Sin verlo no lo creería!
¡Qué influencia ejerce en él!

AMADEO
Abre aquí.

(Juana abre, y Amadeo se arroja al salir en sus brazos)

¡Prenda querida!

RAMIREZ
(Interponiéndose) Poco a poco.

AQUILINO
(Gritando más que todos) No hagas caso.
Deja a ese viejo estantigua
y venid los dos conmigo.

RAMIREZ
¡No toque usted a mi hija!

AQUILINO
(Tirando do Juana y de Amadeo por un lado y Ramírez por el otro)
¡Vendrá conmigo!

RAMIREZ
¡No irá!

JUANA
¡Por Dios!

AMADEO
¡Juana!

RAMIREZ
¡Quieto!

AQUILINO
¡Aprisa!

(Música)

Hablando todos a un tiempo con la mayor rapidez.

RAMIREZ
Que le cuadre
ó no le cuadre,
que le siente
bien ó mal,
nadie sale
de esta casa
sin mi expresa
voluntad.
Como usurpe
usted mi nombre
y mi fuero
paternal,
le encamiso
y amordazo
y le encierro
sin piedad.

AQUILINO
Que usted quiera
que no quiera,
que le siente
bien ó mal,
yo me marcho
de esta casa
por mi expresa
voluntad.
Como usurpe
usted mi nombre
y mi fuero
paternal,
le encamiso
y amordazo
y le encierro
sin piedad.

AMADEO
Yo te quiero,
yo te adoro,
me enloquece
tu beldad.
No habrá nadie
que me pueda
tu hermosura
disputar.
Yo estoy ciego:
yo estoy loco:
yo no veo
ni oigo ya:
si no premias
mi cariño,
yo me mato
sin piedad.

JUANA
¡Qué locura
tan horrible!!
¡qué manera
de gritar!
Ya no hay nada
que consiga
su arrebato
moderar.
No hay amante
más resuelto,
más rendido,
más galán:
si no premio
su cariño
va a matarse
de verdad.

(Hablado)

RAMIREZ
¡Yo mando aquí!

AQUILINO
¡Aquí no hay
más voluntad que la mía!

AMADEO
¡Caballero!...

RAMIREZ
¡Aparte usted!

AMADEO
¡Suegro!

AQUILINO
¡Yerno!

JORGE
(Dentro) ¡Ay! ¡Ay!

RAMIREZ
¿Quién chilla?


ESCENA XV

Los mismos: Jorge.

RAMIREZ
¿Qué hay de nuevo?

JORGE
Hay, que usted
pretende curar manías
ajenas, siendo usté el loco
mayor que he visto en mi vida.
Que ha llegado el verdadero
Rosales, en compañía
de un criado, y en cuantito
que me echó la vista encima,
se me abalanzó al pescuezo
y a poquito más me asfixia.

AQUILINO
¡Un loco! Voy a ofrecerle
mis servicios en seguida. (Sale corriendo)

RAMIREZ
Entonces, ¿quién es usted?

AMADEO
¿Ahí estamos todavía?
Amadeo Bustamante.

RAMIREZ
Dispense usted la acogida..
Conque eres tú... yo esperaba
a un pobre insensato, víctima
del amor...

AMADEO
Yo me declaro
loco de amor por Juanita.
¿Y ese señor?

RAMIREZ
Es un pobre
demente, cuya manía
observarás, si te quedas
en casa.

AMADEO
Toda mi vida.

(Música)

AQUILINO
(Llega con la mayor agitación, y dirigiéndose al público, exclama:)
Señores, por favor,
el loco viene aquí:
aplaquen su furor,
y denme el juicio a mí.
Con loca pesadez,
aquí pretende entrar.
Por una sola vez
permítanle pasar.

TODOS
Por una sola vez
permítanle pasar.



FIN


Información obtenida en:
https://archive.org/details/locosdeamorzarzu00caba

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