viernes, 22 de mayo de 2015

Los Chichones (Libreto)



LOS CHICHONES



Zarzuela en un acto.

Letra de Don Mariano de Pina.

Música de D. Francisco Asenjo Barbieri.

Representada por primera vez en Madrid, en el Teatro de la Comedia, el 23 de Diciembre de 1879.


REPARTO (Estreno)

Malvina - Sra. Valverde.

Genara - Sra. Gossé.

Don Justo - Sr. Rossell.

Javier - Sr. Romea.

La escena se supone en un pueblo de la provincia de Toledo. —Epoca actual (la del estreno).


ACTO UNICO

Habitación de la casa de D. Justo. Dos puertas a la derecha del actor. Otras dos a la izquierda. Chimenea con espejo, y encima un quinqué encendido. Puerta al foro. Mesa, reloj, butacas, etc.


ESCENA PRIMERA

Malvina, Genara, arreglándole el peinado delante del espejo.

GENARA
Pongo este clavel más alto?

MALVINA
No me pongas hecha un mamarracho.

GENARA
Está usted más atractiva que una muchacha de quince años.

MALVINA
Aunque así fuera ¿de qué me sirve? Aquí no me ve nadie.

GENARA
La ve a usted su marido.

MALVINA
Buen cartapacio está mi marido! Cuando vivíamos en Madrid, valía la pena de componerse. Mi marido no pensaba entonces más que en sus escrituras y protocolos; pero aquella existencia tan distraída para mí, se ha convertido aquí en insoportable y monótona. Mi marido se aficionó a la vida del campo, y tuvo la infeliz ocurrencia de permutar su notaría de Madrid, por la de este bendito pueblo de la provincia de Toledo.

GENARA
Pero no se puede quejar, porque menudea el trabajo.

MALVINA
La notaría no es mala, pero el notario piensa en todo menos en ella.

GENARA
Como tiene un buen escribiente...

MALVINA
Sí, magnífico! Un cabo de la reserva, que lo mismo entiende él de protocolos...

GENARA
Pero toca muy bien la bandurria.

MALVINA
Justo, y ha tomado por discípulo al lelo de mi esposo, que le ha dado ahora por la bandurria y las castañuelas.

GENARA
Pues mire usted, más me gusta a mí una tocata de bandurrias y castañuelas, que todas las sinfonías del mundo.

MALVINA
Yo no lo siento por mí, si él se divierte en eso... pero mi tía doña Hilariona está que trina.

GENARA
Ay! no me hable usted de ella: su tía  de usted, no quiero agraviarla, pero me causa miedo.

MALVINA
Lleva a la exageración la severidad de sus principios.

GENARA
Con sesenta años, tan alta, tan seca, tan iracunda!

MALVINA
Y sobre todo, tan inflexible en lo respectivo a la moral cristiana.

GENARA
Yo no la podría sufrir.

MALVINA
En el caso presente le sobra la razón. Antes comulgaba mi marido todos los meses, era cofrade del Sagrado corazón de María, y se flagelaba los sábados en la bóveda de San Ginés.

GENARA
Disciplinarse! Y usted lo permitía?

MALVINA
Dice doña Hilariona, que la carne de escribano es como el pimentón: cuanto más molido más sabroso.

GENARA
Sí, y más colorado. Don Justo es el señor mas campechano del mundo, y lo hace todo de buena fe.

MALVINA
El que olvida los preceptos de la Religión, no puede tener buena fe en nada.

GENARA
Lo cree usted así?

MALVINA
Lo creo yo y todos los doctores de la iglesia.

GENARA
Entonces, lo que me hace a mí, puede tener su intríngulis.

MALVINA
Eh! Qué te hace?

GENARA
Pero es imposible. Un señor tan bueno...

MALVINA
Habla, qué te hace?

GENARA
Lo voy a decir, porque estoy persuadida de que es sin malicia, que si no...

MALVINA
Bien, acaba.

GENARA

MALVINA
Por el talle? Ah! francmasón!

GENARA
Y me tira pellizquitos en la barba.

MALVINA
Cuando yo decía...

GENARA
Pero muy suaves.

MALVINA
Los conozco: adelante.

GENARA
Y dice, que tenemos que bailar unas seguidillas por todo lo alto.

MALVINA
Un hombre de cincuenta años, que no puede ya con la levita.

GENARA
Como sabe que me gusta tanto el baile...

MALVINA
Y qué más te dice?

GENARA
Pues nada... que tenemos que hablar despacio.

MALVINA
Ah! hereje! ¿Y tú, que estás en esta casa, más como amiga que como criada, te prestas a escuchar?...

GENARA
Repito que lo creía una broma. Si el buen señor nunca me dijo en Madrid ni una palabra.

MALVINA
Y ahora que has venido a buscar su apoyo en el pleito que sigues con tus parientes...

GENARA
Asegura que está muy embrollado, y que no adelantaré nada.

MALVINA
Razón de más para que respetase tu desgracia.

GENARA
Sobre todo: yo tengo mi novio, y no había de cometer la locura de hacerle caso a un hombre casado.

MALVINA
Yo le ajustaré las cuentas.

GENARA
Ay! Por María Santísima, no le diga usted una palabra, que me va a tomar entre ojos.

MALVINA
Descuida.

GENARA
Y si lo sabe doña Hilariona...

MALVINA
Si se entera mi tía, le arranca los dientes de un arañazo.

GENARA
De fijo: con aquellas manoplas!...

MALVINA
Pero yo te aseguro, que nadie se enterará, si prometes ayudarme en mi venganza.

GENARA
Haré lo que usted me mande.

MALVINA
Pues bien, es necesario... Ah! No oyes la dichosa bandurria? (Suena en la segunda puerta derecha) Ese, más que estuco de notario, parece una barbería.

GENARA
Por los clavos del Señor, tenga usted prudencia!

MALVINA
Vámonos de aquí, porque en este momento no sé si podría contenerme!

GENARA
(De cuanto suceda tengo yo la culpa, por blanda de boca!) (Vánse por la primera puerta de la izquierda)


ESCENA II

D. Justo, cantando dentro con la bandurria.

(Música)

JUSTO
En la puerta de tu casa
voy a poner un farol.

JAVIER
Alza y toma! (Dentro)

JUSTO
Con un rétulo que diga,
esta es la casa del sol.

JAVIER
Viva tu madre!

LOS DOS
Ay! morena del alma,
dame tu querer,
y verás un amante
de canela y miel.

JUSTO
(Saliendo) Pensé que estaba aquí
Genara celestial,
y quise hacerla oír
mi cariñoso afán.
Voy a decir a ustedes
con emoción,
un misterioso arcano,
pero chitón.
Porque si llega a oídos
de mi mujer,
de un torniscón las muelas
voy a perder.
Educado en un colegio
de enseñanza superior,
siempre tuve el privilegio
de encantar al profesor.
Sí señor.
Ni Catón ni Junio Bruto,
cuando fui mayor de edad,
me ganaron un minuto
en mesura y gravedad.
Es verdad.
Mas por desgracia,
el amor ha cambiado
mi idiosincrasia.
Antes caminaba
con los brazos rectos,
y hoy los descoyunta
este movimiento. (De baile)
Y con mi braceo
y mi pié sutil,
todo mi deseo
es moverme así.

El ayuno y disciplina
eran mi placer mayor;
y cual manda la doctrina
fui un ejemplo de pudor.
Sí señor.
Nunca tuvo garabato,
para mí, gentil beldad,
ni jamás sentí el conato
de faltarle a mi mitad.
Es verdad.
Pero por desgracia, etc.

Desde que vivo en este pueblo, no me conozco. En Madrid, ni apetito de comer, ni apetito de dormir, ni de bailar... en fin, ningún apetito; y aquí lo apetezco todo. Consistirá en las aguas, ó en los pastos, qué se yo! Lo cierto es, que mi sangre era entonces horchata de adormideras, y si me abren hoy una vena, pif!... sale un árbol de fuego. Sobre todo, Genara ha venido a sacarme de mis casillas, Aquel molinete que arma con el talle cuando baila, y aquel repiqueteo de castañuelas... Si pudiera hablarla esta noche...


ESCENA III

Justo, Javier, por la segunda puerta de la derecha.

JAVIER
Está usted solo?

JUSTO
Ya lo ves.

JAVIER
Se me figuró que hablaba usted con la señora.

JUSTO
No, mi mujer se estará arreglando, para ir a la tertulia del médico.

JAVIER
Como todas las noches.

JUSTO
Allí se entretienen jugando i la aduana.

JAVIER
Yo no entiendo ese juego; pero siempre oí decir, que por las aduanas se hace el contrabando.

JUSTO
Si no fueras Un zopenco, te diría, que la indirecta es de muy mal gusto tratándose de mi señora.

JAVIER
Yo no trato de ofender a doña Malvina, ni la creo capaz de cometer una defraudación; pero como usted no la acompaña nunca, y su cara es todavía muy comestible...

JUSTO
Bah! A los cuarenta años...

JAVIER
Y qué? La mujer es como el Vino. En estando bien embotellado, el que pasa de treinta años, es el que más marea.

JUSTO
Además, va con ella su tía  doña Hilariona, que es un monstruo de moralidad.

JAVIER
Sí, y de fealdad y de bigotosidad. Entre ella y un coronel de la Guardia Civil, no hay mas diferencia que el tricornio.

JUSTO
Y ya que estás aquí, voy a darte una buena noticia.

JAVIER
Venga.

JUSTO
Esta noche tienes libertad completa.

JAVIER
No salimos de ronda? (Figurando tocar u guitarra)

JUSTO
No; me quedo en casa, y tú puedes ir con la música, a donde te dé la gana.

JAVIER
Si usted supiera lo harto que estoy de música, y los disgustos que me ha dado!

JUSTO
A ti?

JAVIER
Yo he servido al rey cuatro años, y corrido toda la España y la América.

JUSTO
Buena vida, eh? Y pobres patronas!

JAVIER
Diré a usted. Otros militares se vanaglorian de esas batallas; pero yo he sido para eso el más desgraciado del mundo.

JUSTO
Hombre!

JAVIER
Llegaba el batallón a un pueblo, y a la media hora estaba el cabo Suarez pegado a una reja, dando un concierto de soledá y manchegas.

JUSTO
Olé!

JAVIER
Acudían las muchachas como la abejas al romero; y a una la miro, y a otra la guiño, y a otra la hurgo, me caía que hacer para toda la semana.

JUSTO
Ah! bribón!

JAVIER
Yo he sido muy arrojado para las mujeres.

JUSTO
Y si las encontrabas blandas como la lana ...

JAVIER
Calcule usted! Pero siempre que fui por lana, salí trasquilado!

JUSTO
Demonio!

JAVIER
Escuche usted,

(Música)

JAVIER
Veinticinco novias tuve
de hermosísimas facciones,
y al hablarlas sin testigos,
dieron fin las relaciones.
Yo no sé de cierto,
si hice exceso alguno,
pero sé que todas
me llamaron tuno.
Y que por respuesta
a mi insinuación...
Pom!
Siempre en la mollera
me encontré un chichón.

JUSTO
Un chichón!

JAVIER
En tocante a las patronas,
su querer busqué resuelto,
y al buscarlo me arrimaron
un revés de cuello vuelto.
No sé si atrevido
me excedí en mi empeño,
pero alguna de ellas
me tiró un barreño.
Y diversas veces
me atisbo el patrón...
Pom!
y en la coronilla
me espetó un chichón.

JUSTO
Un chichón!

JAVIER
Cada torniscón,
sobre mis narices
levantó un chichón.

JUSTO
Cada torniscón
sobre sus narices
levantó un chichón.

JAVIER
Si se reprodujeran de pronto los chichones que sufrí por mis arrojos, parecería mi cabeza un obelisco de melocotones.

JUSTO
Parece increíble!

JAVIER
Es que Dios reparte entre la humanidad todos los días golpes de diversa especie. Golpes de vista, golpes de ingenio, golpes de tos, golpes de fortuna, y a mí me han tocado siempre los golpes de mano.

JUSTO
A mí alguna vez los de sanguijuelas.

JAVIER
Llevo contados mis descalabros y suben a once.
JUSTO
No falta más que uno para la docena.

JAVIER
Calcule usted si me habré puesto paños de vinagre aguado en la sesera.

JUSTO
Por eso la tienes tan deslavazada.

JAVIER
Y como no me llama Dios por ese camino, he resuelto abandonarlo, y le participo a usted, que me caso.

JUSTO
Casarte!

JAVIER
Como lo manda la santa madre iglesia.

JUSTO
Tú! Con qué elementos?

JAVIER
Soy el oficial primero de esta notaría.

JUSTO
El primero y el último, porque no hay otro.

JAVIER
Y en cuanto tome la absoluta...

JUSTO
Y quién es tu víctima?

JAVIER
Es una morena que le da el quien vive al lucero del alba, que tiene una charanga por palique, y el paraíso terrenal en los primores de su persona.

JUSTO
Pues es un prodigio.

JAVIER
Una hembra de las que llaman en Andalucía sagarapampum-saragacatera.

JUSTO
Trágala, pam! pum! Se parece eso al principio de un motín.

JAVIER
Y usted la conoce mucho, porque vive en esta casa.

JUSTO
Qué dices? Genara?

JAVIER
Ese garfio me engancha.

JUSTO
(Así te enganchara un berrendo de Miura!) Una muchacha que no tiene un cuarto!

JAVIER
Pero tiene mucha gracia!

JUSTO
Tan coqueta... tan emperejilada!

JAVIER
Yo la desemperejilaré.

JUSTO
Lo has pensado bien?

JAVIER
Yo me conozco. Si se presenta una aventura amorosa, no me podré contener, y en casándome esto; libre de arañazos.

JUSTO
Y los de tu mujer?

JAVIER
A esa yo le cortaré las uñas.

JUSTO
Esa boda es una locura, que yo no puedo permitir.

JAVIER
Por qué?

JUSTO
Yo quiero para ti una esposa más... cuerda que Genara.

JAVIER
Más cuerda?

JUSTO
Más incorrup... hombre! no me hagas hablar.

JAVIER
Al contrario; ahora es preciso que hable usted.

JUSTO
Dices bien. Los hombres se deben protección mutuas contra la falacia de las mujeres.

JAVIER
Ahí llaman.

JUSTO Pues bien. Enamórala, festéjala, pero no te cases con Genara.

JAVIER
Genara es una muchacha juiciosa.

JUSTO
Para ti, que la ofreces casarte.

JAVIER
Inexpugnable.

JUSTO
Inexpugnable! Y si te pruebo lo contrario?

JAVIER
Usted?

JUSTO
Yo. Cuánto apuestas?

JAVIER
La nuez del pescuezo.

JUSTO
Nada más que por darte una muestra de mi maestría. Sólo una muestra.

JAVIER
Qué apostamos?

JUSTO
Tres botones de pechera.

JAVIER
A qué tantos? Para muestra basta un botón.

JUSTO
Dame veinticuatro horas de término.

JAVIER
Y cuarenta y ocho, y seiscientas noventa y cuatro. A buena parte va usted.

JUSTO
Ya lo veremos. Ahí viene; hazme el favor de largarte.

JAVIER
Ya!

JUSTO
Empiezan las veinticuatro horas.

JAVIER
Sí, pero... (Estaría decente que este Noé me birlase la...)

JUSTO
Que te marches, infeliz!

JAVIER
(A ella la pernirompo y a él lo escabecho') (Váse por la segunda puerta derecha)


ESCENA IV

Genara, D. Justo.

(Música)

GENARA
Ah! está usted aquí?

JUSTO
Sí, y puedes pasar.

GENARA
Perdón, yo Creí... (Retirándose)

JUSTO
Tenemos que hablar.
(Su semblante nacarado
y su talle seductor,
mi cabeza han transformado
en caldera de vapor)

GENARA
(La señora me ha mandado
que le finja tierno amor,
y si en ello no hay pecado,
he de hacerlo con primor)

JUSTO
Vuela hacia mí sin recelo,
tórtola sin par.

GENARA
Nunca se da el primer vuelo
sin titubear.

JUSTO
Ven, que mi brazo en el susto
te ha de sostener. (Cogiéndola el talle.

GENARA
Ay! que me va usted don Justo
a comprometer.

JUSTO
Tengo por ti el alma lela.

GENARA
Ay! qué perdición!
Yo por usté erisipela
en el corazón.

JUSTO
Salto y me vuelvo un ovillo
viéndote bailar.

GENARA
Yo al ver a usté el granadillo
repiquetear.

JUSTO
Es tu acento fiel? (Abrazándola)

GENARA
Yo mentir no sé.

JUSTO
Ay! estoy a pique
de espirar así!
Aquí está el repique
que te gusta a ti. (Sacando las castañuelas)

GENARA
Ay! estoy a pique
de perderme aquí:
si echa usté el repique
que me gusta a mí.

JUSTO
Así? (Tocándolas)

GENARA
Así.
Por lo bien que repica
las castañuelas,
es usted la locura
de las mozuelas.
Baje usté el tono,
que si toca muy fuerte
me desmorono.

JUSTO
Por tus ojos repico (Idem)
las castañuelas,
y te rindo del alma
las entretelas.
Sigue mi tono,
que mirando tu cuerpo
me desmorono. (Marcando un paso de bolero)

LOS DOS
Ay! qué gran placer!
siga así el compás...
yo me siento arder
como el agua-rás.

(Hablado)

JUSTO
Tienes por cara uno de los cinco cielos! (Tirándole un pellizco en la barba)

GENARA
Vamos... no sea usted el demonio!

JUSTO
Si los testamentos menudean este año, te voy a comprar unos zarcillos, con dos brillantes como dos cidras.

GENARA
Mire usted, me gasta el peso en las orejas.

JUSTO
Y una pulsera de oro.

GENARA
Algunas llevan dos.

JUSTO
Eso es según el pulso.

GENARA
Yo lo tengo como una campana.

JUSTO
Y un solitario para la mano derecha.

GENARA
Y otro para la izquierda.

JUSTO
Entonces ya no es solitario. Cuanto sueñe tu deseo lo verás realizado, para que te convenzas de lo mucho que te amo.

GENARA
A mí! Está usted loco?

JUSTO
Loco, por ese emporio de atractivos.

GENARA
Dirigirse a mí, teniendo una mujer tan guapa! Por qué no la enamora usted a ella?

JUSTO
Porque tengo por principio, no hacerle el amor a las mujeres casadas.

GENARA
Y yo sin ningún mérito!...

JUSTO
Mérito! Si hubiera condecoraciones para el de la hermosura, tendrías tú la gran cruz del mérito colosal.

GENARA
Vaya! Usted quiere burlarse.

JUSTO
No, lo que quiero es, que esta noche a las nueve me esperes en el cenadorcito emparrado del jardín.

GENARA
En aquel sitio tan oscuro!

JUSTO
El amor huye de la luz.

GENARA
Ay! señor, eso es muy grave!

JUSTO
No pienses que yo intente nada criminal ni reprobado.

GENARA
Sin embargo...

JUSTO
Irás?

GENARA
Deme usted algún tiempo para reflexionarlo.

JUSTO
Te doy un cuarto de hora. Si aceptas, pones esta tarjeta allí... (Dándole una) en la chimenea, debajo del quinqué.

GENARA
Corriente.

JUSTO
Ya sabes la hora: a las nueve.

GENARA
No se me olvidará.

JUSTO
Y mientras tú reflexionas, voy a soltar la cascada, para que su murmullo haga más poética nuestra entrevista. Adiós, remonona. (Váse por el foro)


ESCENA V

Genara, después Javier.

GENARA
Qué satisfecho va! He cumplido fielmente el mandato de mi señora, pero de aquí no paso.

JAVIER
Hola, salerosa! (Me parece que está muy colorada)

GENARA
Hoy se ha vendido usted muy caro, señor don Javier.

JAVIER
No lo extrañes... la obligación... Has visto por aquí a don Justo? Tengo que entregarle una carta.

GENARA
Sí, aquí ha estado... Pero el que bien ama, desatiende un momento la obligación.

JAVIER
Y qué te ha dicho?

GENARA
Quién?

JAVIER
La obligación; no, don Justo.

GENARA
Qué ha de decirme? nada.

JAVIER
(Escamati, que lo oculta) Pues tú tienes los ojos como dos ascuas.

GENARA
Yo!

JAVIER
Cuánto tiempo estuvo aquí?

GENARA
Qué se yo! No te faltaba más que ser celoso.

JAVIER
Y si lo fuera, qué?

GENARA
Te acreditarías de lila.

JAVIER
Cabal. Para las mujeres el hombre que tiene celos es lila: el que no comulga coa ruedas de cureña, lila: en fin, para vosotras los hombres son un plantío de lilas.

GENARA
Como tú en esta ocasión.

JAVIER
Mira, que mansito como me ves, soy capaz de hacer una barbaridad en un volver de cabeza. Qué te ha dicho don Justo?

GENARA
Pues bien, ha estado haciéndome el amor.

JAVIER
Por qué estilo?

GENARA
Por el de darme una cita.

JAVIER
(Caracoles!) A que tú te habrás negado.

GENARA
Todavía no.

JAVIER
Hombre! sería lo grande! Desde la creación del mundo los escribientes han burlado a sus jefes, y para mí se invierte el orden establecido. (Cuando digo que tengo mala estrella!)

GENARA
Ah!... Márchate, que viene la señora.

JAVIER
Quiá! Me quedo para contárselo todo, y que se arme la gorda.

GENARA
Aunque no lo mereces, escucha desde ese gabinete, y te convencerás de la verdad.

JAVIER
Pero cuál es la verdad?

GENARA
Lo dicho, que eres un tonto.

JAVIER
Celebraré ganar la patente, (Váse por la primera puerta de la derecha)


ESCENA VI

Genara, Malvina.

MALVINA
Qué ha sucedido? Cuenta sin tardar.

GENARA
Que según usted me ordenó, he fingido a don Justo tierna afición, y me ha declarado su; amor pidiéndome una cita.

MALVINA
Para dónde? (Voy a ser viuda de un estrangulado)

GENARA
Para el cenador del jardín, esta noche a las nueve.

MALVINA
A las nueve! (A las diez está de cuerpo presente)

GENARA
Y en señal de conformidad, debo poner esta tarjeta debajo de ese quinqué.

MALVINA
Ponía en seguida.

GENARA
Señora! Eso es ya muy serio!

MALVINA
Ponía te digo. Seré yo la que concurra a la cita.

GENARA
Usted? (Lo hace)

MALVINA
Y allí, en la tenebrosa oscuridad, cuando intente realizar la más dulce de sus ilusiones, hallará el más agrio de los desengaños.

GENARA
Aquí se va a armar el gran cisco, y ya siento haberme prestado...

MALVINA
Sígueme y no repliques.

GENARA
Pero, señora, reflexione usted...

MALVINA
Mañana hablarán los periódicos de una catástrofe notarial. (Vánse por la izquierda)


ESCENA VII

Javier, después D. Justo.

JAVIER
Ay! qué furgón de municiones se me ha quitado de encima! Conque es decir, que se trata de darle a mi jefe el camelo hache? Y le estará bien empleado. Doña Malvina no merece todavía ese abandono de guardia.

JUSTO
(Ha pasado el Cuarto (le hora) (Dirigiéndose a la chimenea)

JAVIER
(Tiene unos ojos como dos planetas)

JUSTO
Cielos! va. (Viendo la tarjeta)

JAVIER
Eh!... quién va?

JUSTO
Ah!... no había reparado... Javier, tienes valor?

JAVIER
Jamás he vuelto la espalda al enemigo. Ahí está mi hoja de servicios.

JUSTO
No se trata del valor militar. Se trata de la rudeza de ánimo, para afrontar los reveses de la fortuna.

JAVIER
Siempre que he jugado al mus, he perdido hasta el último céntimo, y me he quedado tan fresco.

JUSTO
Pues figúrate, que conmigo juegas al tute, y te acuso las cuarenta.

JAVIER
Cielos! Ya sé lo que quiere usted decir, y se me pone el cabello de punta.

JUSTO
Aquel baluarte inexpugnable...

JAVIER
Adelante.

JUSTO
Aquella trágala pim! pum! saragaca...

JAVIER
Pégueme usted un escopetazo! Se rindió?

JUSTO
Tanto como eso no, pero me espera dispuesta a capitular.

JAVIER
(Ya verás la que te espera!)

JUSTO
Pero yo soy generoso. (Le doraré la píldora) Y en cuanto te convenza del error en que estabas, te cedo el botín.

JAVIER
Ya!... me cede usted el botín, y se pone las botas.

JUSTO
Nada más que para convencerte de la veleidad de las mujeres.

JAVIER
 Estoy convencido, y esta noche me administro medio kilo de estricnina.

JUSTO
Hombre, el caso no es para tanto.

JAVIER
Nada, reviento corno un petardo!

JUSTO
Me parece una estupidez, pero si te empeñas, antes de llenar ese pequeño detalle, quiero que me hagas un favor.

JAVIER
Disponga usted de mis últimos momentos.

JUSTO
Sólo deseo que estés a la vista, y me avises cuando se marchen mi mujer y su tía.

JAVIER
Aunque la comisión no es de mucho lustre para un moribundo, la cumpliré al pie de la letra.

JUSTO
Animo, hombre! Qué demonio! Cuando la suerte dispone las cosas...

JAVIER
Cartuchera en el cañón. Qué feliz va usted a ser, señor don Justo!

JUSTO
(Ya me estoy relamiendo!) Con que no te detengas.

JAVIER
He dado mi palabra y voy a cumplirla. Ah!... tome usted esta carta, que han traído hace más de una hora para usted.

JUSTO
Está bien. (Tomándola)

JAVIER
Qué retedichoso va usted a ser. (Abrazándole con el brazo izquierdo y marcando golpes con el derecho)

JUSTO
Basta, hombre, basta. (Váse Javier por el foro)


ESCENA VIII

Don Justo.

DON JUSTO.
Pobre muchacho! Me da lástima; pero qué le he de hacer? Guando el destino sonríe, no va uno a tirar la felicidad por la ve ataña. Qué será esto? (Abriendo la carta y leyendo la firma. («Sandalio Pulido.» El procurador de Genara. «Señor don Justo Ramírez. (Leyendo) «Muy señor mío: participo a usted que el pleito de su «recomendada se ha transigido ventajosamente para esta, y que mañana percibiré en su nombre cinco mil duros, que le corresponden por dicha transacción. De «usted, afectísimo...» ¡Diantre! Cinco mil duros! Bien claro lo dice! Esto cambia por completo la situación de esa muchacha. Con tan pingüe dote puede encontrar un hombre de bien que se case con ella... el mismo Javier, que tanto la quiere; y yo sería hoy más criminal que nunca, si atentase a su buena fama. Imposible! Yo, aunque escribano, no tengo mala intención. Y desde ahora renuncio a mi plan. No quiero tener sobre mi conciencia la desgracia de dos inocentes!


ESCENA IX

Dicho, Javier.

JAVIER
Acabo de ver a las señoras atravesar el patio con dirección a la calle.

JUSTO
A las señoras?

JAVIER
(No las he visto, pero Genara me encarga que lo diga) La tía lleva hoy los bigotes a la borgoñona.

JUSTO
El aviso es ya inútil, querido Javier.

JAVIER
Por qué?

JUSTO
Porque renuncio al proyecto.

JAVIER
Renunciar!...

JUSTO
He reflexionado, y mi determinación es irrevocable. No falto a lo que me manda la virtud.

JAVIER
Usted!

JUSTO
Genara va a la cita, sin sospechar el peligro a que se expone, y fuera yo un malvado, si abusase de su buena fe.

JAVIER
Pero si usted no asiste, se figurara que es una burla.
JUSTO
Es verdad, si me está esperando toda la noche... Hombre!... me ocurre una idea.

JAVIER
Cuál?

JUSTO
Una idea divertidísima. Que vayas tú por mí.

JAVIER
Yo!

JUSTO
Sí, te la cedo.

JAVIER
Usted me cede a su?... (Este hombre delira!)

JUSTO
Y ella, que te adora con locura, se alegrará de la sustitución.

JAVIER
(El propio me brinda la ocasión de vengarme!) Sí, pero no me atrevo.

JUSTO
Decídete, hombre! El lance va a tener mucho salero.

JAVIER
Muchísimo! (Dios mío! yo que necesito poco, con lo del salero, voy a caer más en la tentación) (Dan las nueve en el reloj de la mesa)

(Música)

JUSTO
Oyes? es la hora.

JAVIER
(Ay! qué compromiso!)

JUSTO
Es una aventura
sin ningún peligro.

JAVIER
Eso me ilusiona.

JUSTO
No vaciles, chico!

JAVIER
Pues si usted lo ordena,
a ello me decido.

JUSTO
Choca! (Dándole la mano)

JAVIER
Choco!

JUSTO
Bravo!

JAVIER
Bien!

JUSTO
Ay! Javier,
qué feliz vas a ser!

JAVIER
Lo seré,
con permiso de usted.

JUSTO
Corre, vuela sin recelo
a cumplir tu comisión,
y la broma ¡vive el cielo!
va a tasarse en un millón.
No te pares ni vaciles,
que las chanzas ¡voto a San!
delicadas debe darlas
un chancero truchimán.

JAVIER
(Voy al punto sin recelo,
a cumplir mi comisión,
y es seguro que el camelo
va a tasarse en un millón.
No me paro ni vacilo,
que las chanzas ¡voto a San!
ó pesadas ó no darlas
ateniéndose al refrán) (Váse por el fondo)


ESCENA X

D. Justo, después Genara.

JUSTO
El sacrificio está hecho, y esos dos jóvenes me deberán su felicidad!

GENARA
Está usted aquí? Me alegro.

JUSTO
Cómo! yo te hacía en el jardín. Es así como cumples tus promesas?

GENARA
Toma! de prometer a cumplir... Yo soy una chica honrada; y ya que tampoco ha concurrido usted a la cita, debo decirle la verdad, para que en ningún tiempo dude de mi honradez.

JUSTO
La verdad es, que me ofreciste estar a las nueve en el cenador.

GENARA
Pero fue por obedecer a mi señora, y es ella la que estará esperando.

JUSTO
Qué dices?

GENARA
La pura verdad.

JUSTO
Mi mujer? (Cielos! y el otro)

GENARA
Allí, figúrese usted qué lance! Envuelta en la sombra!

JUSTO
Sí, me figuro que es un lance de muy mala sombra.

(Al dirigirse a la puerta del foro, sale Malvina por la segunda de la izquierda)

GENARA
(Qué le ha dado!)


ESCENA XI

Dichos, Malvina.

JUSTO
(Ah! ella!) Venga usted acá, notaria sin fe! (Cogiéndola por un brazo)

MALVINA
Qué modales son estos?

GENARA
(Se prepara el gran tiberio, y yo no soy para estas cosas)

(Váse por la izquierda)

JUSTO
Sabe usted quién soy yo?

MALVINA
Sí señor; un destilador de instrumentos públicos.

JUSTO
Soy su marido. De dónde viene usted?

MALVINA
No tengo por conveniente decirlo.

JUSTO
Pero yo lo sé!

MALVINA
Usted no sabe de la misa la media.

JUSTO
La sé desde el introito, hasta el «apaga y vámonos.» Cuando yo le profeso tierno amor a mi esposa, ella ocupa el puesto de su doncella, para hacerme el más desgraciado de los curiales.

MALVINA
Será verdad? tú me amas?

JUSTO
Sí, Malvina!

MALVINA
Y yo que pensaba castigar tu alevosía.

JUSTO
Concurriendo a la cita, has castigado mi virtud.

MALVINA
Aunque lo pensé un momento, no he concurrido Ha sido mi tía la encargada de sustituir a Genara.

JUSTO
Cómo!

MALVINA
Allí está esperando, para arrancarte las orejas.

JUSTO
Doña Hilariona! (Adiós! lo salpimentó!)


ESCENA XII

Dichos, Javier, después Genara.

JAVIER
(Llegando hasta el proscenio con la corbata y el cabello en desorden y un gran cardenal sobre un ojo y mejilla) Docena completa. (Cielos! la señora!)

MALVINA
Qué es esto? Javier, de dónde viene usted así?

JAVIER
Qué sé yo? De un batan... de una liquidación de mojicones.

JUSTO
(Aparte a Javier) Aguántate.

JAVIER
Le parece a usted que he aguantado poco? (Idem a D. Justo)

MALVINA
Tiene usted la cara llena de cardenales y un ojo como un albérchigo!

JAVIER
Ah! pero está aquí? (Tentándoselo) Entonces no es nada lo del ojo. Yo creí que lo traía en la mano.

MALVINA
Pero qué ha sido eso?

JAVIER
No lo sé... una avalancha de bofetones. Me dormí en un banco del patio soñando en la guerra de los alanos y al avanzar hacia uno, daría con mi cuerpo en tierra y creo que han pasado sobre mí diez ametralladoras y seis escuadrones de coraceros.

MALVINA
Y aquí le faltan a usted dos mechones de pelo.

JAVIER
Esos se los habrán comido los ratones.

MALVINA
Los ratones!

JAVIER
Sí, los ratones van siempre detrás de los ejércitos. (No veo gota!)

GENARA
Ay! señora, no sabe usted lo que pasa?

MALVINA
Habla!

GENARA
Que doña Hilariona está haciendo sus cofres, y se va de esta casa.

MALVINA
Por qué motivo?

JUSTO
Hombre! Te has atrevido a faltarle al respeto? (Aparte a Javier)

JAVIER
(Idem a D. Justo) Qué he de faltar? Si antes de verla, se abalanzó a mí como una pantera.

MALVINA
Acaba! por qué causa?

GENARA
No lo quiere decir, pero de ira tiene la cara verde.

JAVIER
(Así le diera la fiebre amarilla!)

GENARA
Qué veo! Javier... has reñido con los gatos?

JAVIER
No, con los lobos.

JUSTO
Ha sido un sueño. Ya te lo contará.

GENARA
Alguna pesadilla?

JAVIER
Sí, de las más pesadas.

MALVINA
Voy a saber lo que ha incomodado a mi tía .

JUSTO
No, detente. Sea lo que fuere, yo me encargo de apaciguarla con la noticia de la boda que se prepara en esta casa.

MALVINA
Una boda!

JUSTO
Sí, entre Javier y Genara, que tiene cinco mil duros de dote.

GENARA
Yo! Está usted loco?

JUSTO
En esta carta me lo anuncian. Se ha transigido el pleito y te corresponde esa cantidad.

GENARA
De veras? Ay! qué alegría!

JAVIER
(Me parece que voy viendo más claro!)

JUSTO
Qué dices tú a eso? (A Javier)

JAVIER
Que me caso en seguida. (Y renuncio para siempre a las aventuras!)

MALVINA
Pues a ti te corresponde fijar el día de la boda. (A Genara)

GENARA
Cuanto más pronto mejor. Pero bueno será demorarlo, hasta que el novio tenga una cara más de recibo.

JAVIER
Cuando tú quieras, morena! (Y por si en el ínterin me diera otro mal pensamiento, mañana me rapo el pelo a navaja!)

(Música)

JAVIER
(Al público) Las angustias que he pasado
por fogoso y atrevido,
se verán en mi semblante
magullado y dolorido.
Ahora sólo falta,
si mostráis enojo,
que de un patatazo
me saltéis un ojo,
y que cuando humilde
pido aquí perdón,
pom!...
muera la zarzuela
de un feroz chichón.



FIN


Información obtenida en:
https://archive.org/details/loschichoneszarz450barb

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