jueves, 28 de mayo de 2015

Los Suicidas (Libreto)



LOS SUICIDAS



Zarzuela en un acto y en verso.

Original de E. Escribe arreglada a la escena española por Francisco Camprodón.

Música de Manuel Fernández Caballero.

Representada por primera vez en el teatro de la Zarzuela en Diciembre de 1862.


REPARTO (Estreno)

Luisa - Doña Eloísa Barrejón.

Lola - Doña Dolores Fernández.

Don Juan - Vicente Caltañazor.

Carlos - D. Ramón Cubero.

Barón - D. Modesto Landa.


ACTO UNICO

El teatro representa la elegante sala de una fonda en San Sebastián. Puerta de entrada en el fondo. Balcón en segundo plano derecha (actor), puerta con número 2 en primer plano. Puerta con número 1 en primer plano izquierda: armario secreter en el frente derecho; tocador en el izquierdo. Velador con recado de escribir y un tambor de bordar a la mano: rico mueblaje.


ESCENA PRIMERA

Juan, Luisa.

Aparecen sentados almorzando en el centro un poco a la izquierda. D. Juan ocupa su asiento del fondo, Luisa, displicente, a la izquierda.

(Música)

JUAN
No comes nada,
prueba un alón.

LUISA  
Tú en cambio comes
para los dos.

JUAN
La paz del genio
da buen humor.

LUISA  
Y un apetito
casi feroz.

JUAN
En los meses de calor
tú me sacas de Madrid
a bañarme a las Provincias
donde gasto un potosí.
Ya que yo por darte gusto
voy soltando mi monis,
me parece que no es justo
que me aburras con tu esplín.

LUISA  
No eches sermones,
por San Dionis,
que harto mis nervios
me hacen sufrir.
Poco a fe debe quererme
quien al verme con esplín
echa fuera su mal rato
con un plato de rosbif.

JUAN
Si tus nervios, hija mía,
no te dejan almorzar,
no los quieras tan tiranos
que me obliguen a ayunar.
Éstas aguas me dan hambre...

LUISA  
Pues por eso quiero yo
que demuestres con tu esposa
mas poesía y más pasión.
Cuando hay amor
es menester
con labio seductor
mimar a su mujer.
Las horas intranquilas
con ella dividir,
buscar en sus pupilas
la luz para vivir,
gozar en su placer,
sufrir en su dolor,
así ha de ser
cuando hay amor.

JUAN
Cuando hay amor
es menester
nacer madrugador,
ganar con qué comer.
cuidar que nuestras filas
no invada un galopín,
gozar horas tranquilas
sin lágrimas ni esplín,
tratar de complacer
gastando buen humor.
Así ha de ser
cuando hay amor.

(Hablado)

JUAN
De cierto tiempo a esta parte
te ha picado alguna mosca,
te vas poniendo tan fosca
que no sé cómo tratarte.
Yo que a tu gasto rae ajusto,
te he comprado carretela,
y hasta un turno en la Zarzuela
aboné por darte gusto:
y eso que voy con recelo...
cada esperpento que dan...
voy temiendo, a fe de Juan,
que el santo se les va al cielo.
Sigo en mis robustos años
solo porque te acomoda
la antieconómica moda
de salir a tomar baños.
Vine, porque tú lo quieres
este año a San Sebastián,
el otro a Bañeres...

LUISA  
Juan,
no me mientes a Bañeres.

JUAN
¿Por qué? Ah, tienes razón,
perdona, fue sin pensar.

LUISA  
Nunca me puedo olvidar
de aquel infeliz Barón.

JUAN
Y era un joven tan formal...
conmigo simpatizó.

LUISA  
Y el pobre se suicidó.

JUAN
¡Qué pedazo de animal!

LUISA  
¿Animal?... ¡Y se mató
por amor, pobre doncel!
no harías tú como él.

JUAN
Seguramente que no.
Si me inspirase una dama
una pasión tan extrema,
yo me hacía este dilema;
ó me ama, ó no me ama.

(Se llena la boca con una tajada)

Si me ama, no es regular
que corresponda a la llama
de una mujer que me ama,
causándole tal pesar:
si no me ama, fuera ser
un insigne botarate,
si a quien tira a darme mate
le diese yo tal placer.
Creo pues que en realidad
ese sangriento fracaso,
en uno y en otro caso
en una barbaridad.

LUISA  
Preciso es para emprenderlo
un amor desesperado;
él escribió a su criado
voy a matarme, y fue a hacerlo.

JUAN
Cierto, se fue al monte, y zas,
se destruyó por entero:
no se bailó más que el sombrero.

LUISA  
¡El sombrero!

JUAN
Nada más.

LUISA  
¡Pobre joven!

JUAN
¡Triste amante,
su recuerdo me desmaya!
Acércame el queso: vaya
por muchos años delante.

LUISA  
¿Y el pensar que se mató
no altera el humor en ti?

JUAN
¿El humor? mucho que sí;
pero el apetito, no.

LUISA  
¡Jesús, qué alma tan grotesca!

JUAN
Luisilla, hazme el favor
de gastar mejor humor
y de no ser novelesca.
Ya sabes que no transijo
con esos dengues injustos:
la mujer que ve robustos
a su esposo y a su hijo,
y en vez de alabar a Dios
por los bienes que le da

(En este momento aparece por el foro D. Carlos haciendo señas, y procura llamar la atención da Luisa con una carta, y a poco se retira)

se muestra huraña y está
retraída, una de dos,
ó es que anda oculto detrás
en acecho algún Quijote...

LUISA  
(¡Ay que ve por el cogote!)

JUAN
O que ella es tonta, no hay más.

LUISA  
¡Gracias; qué galanterías
dices hoy!

JUAN
Es que no quiero
ver ese rostro hechicero
envuelto en nubes sombrías;
¿entiendes?

LUISA  
¿Sigue el sermón?

JUAN
Ya no sigue, lo suprimo, (Se levanta)
¡A ti te estropea el mimo!

LUISA  
¿Te marchas?

JUAN
Voy al balcón (lo hace)
a respirar la fragancia.

(Vuelve a parecer D. Carlos al foro lo mismo que antes)

LUISA  
(¿Otra vez?)

JUAN
¿Me hablabas?

LUISA  
No.

JUAN
¡Qué tempranito llegó
la diligencia de Francia!
Canastos y qué mujer
tan elegante se apea,
no tiene trazas de fea...
y se quiere parecer...
y lo es,

LUISA  
¿Quién?

JUAN
Lola Madrazo,
tu amiga, que viene sola.

LUISA  
¿De veras?

JUAN
Mírala.

LUISA  
¡Lola!

JUAN
Corro a ofrecerla mi brazo. (Váse)


ESCENA II

Luisa, y luego Carlos.

LUISA  
¡Cuánto me alegro! no puede
más oportuna llegar:
pero me quedé aquí sola,
y ese joven es capaz...

CARLOS
Un instante por favor,
señora...

LUISA  
(¡Cómo librarme!)

CARLOS
¿Se dignará usté escucharme
un momento?

LUISA  
No, señor. (Cortada)

CARLOS
Es imposible, señora,
que se quiera usted gozar
en querer martirizar
a un infeliz que le adora.
¿Ejercerá usté el rigor
de reducirme a morir,
por no querer admitir
esta carta?

LUISA  
Sí, señor.

CARLOS
No es posible, usted es buena,
y no me querrá obligar
a tener que devorar
la pasión que me enajena.
De rodillas a sus pies
se lo ruego, se lo pido...

LUISA  
¡Ay, que sube mi marido!

(Váse corriendo por la puerta del foro y Carlos se queda de rodillas)


ESCENA III

Carlos.

CARLOS
Pues señor, cero y van tres.
Por más que sudo y me afano
en insistir con denuedo,
ello es que siempre me quedo
con el papel en la mano.
Desoír mi pretensión
cuando la imploro rendido
porque ya tiene un marido:
vea usté que gran razón.
¡Razón más antisocial...
querer tener estancadas
a las mujeres casadas
como el tabaco y la sal!...
y entre tanto libro en folio
de tanto libre cambista,
no hay un solo economista
que ataque ese monopolio.
Pues yo no lo dejo así;
yo no rae doy por vencido:
después de haberla seguido
desde Bilbao hasta aquí...
Es decir, yo vine acá
a recibir a mi hermana:
le doy como cosa llana
que es por ella, ¿qué más da?
¿Y si fuese disimulo
su desdén? Hay que ir a fondo;
ya vuelven, aquí me escondo,
sino venzo, me estrangulo!

(Encaminándose al balcón)


ESCENA IV

D. Juan, dando un brazo a Lola, y trayendo una caja de pistolas debajo del otro. Luisa y una ó dos doncellas con cajas de sombrero y equipaje. Carlos en el balcón.

LOLA
¡Cuánto celebro este encuentro!

LUISA
(Ya se fue, gracias a Dios)

JUAN
Pues no dude usted, Lolita,
que nuestra satisfacción
no es menor que la de usted.

LOLA
Gracias, al número dos. (A las doncellas)
todas esas cajas...

JUAN
Y esta...
¿irá también?

LOLA
No, señor,
ese es un par de pistolas
que mi hermano me encargó
hacerle venir de Bélgica,
y yo tengo un miedo atroz
a esos chismes.

JUAN
¿Pues qué hago?

LOLA
Hágame usted el favor
de dejarlas ahí encima.
El debe de llegar hoy...

LUISA  
Yo no conozco a tu hermano.

LOLA
El tampoco a ti, aunque yo
le hablé de ti tantas veces
que te quiere con furor.

JUAN
¿De veras? Pues ya es mi amigo.

LUISA  
Vamos, Juan.

JUAN
Yo siempre soy
amigo instintivamente
del que tiene mi opinión.

LOLA
¿Y qué opinión tiene usted?

JUAN
Mi mujer.

LUISA  
Dile que no;
que hoy me ha reñido.

JUAN
La riño
cuando está de mal humor,
pero en viéndola contenta
ella en casa es la nación,
y las cortes, y el gobierno,
y la prensa...

LOLA
¿Y usted?

JUAN
¿Yo?
El ministro de Fomento.

LOLA
Es cargo que le hace honor,
porque tiene su buen gusto
en perpetua exposición.

LUISA  
Un tirano.

JUAN
¿Yo tirano?
Pues ahora mismo voy
a ejercer la tiranía;
y en tanto que ustedes dos
echan como es natural
el párrafo de rigor,
yo voy a ver en la tienda
un traje de tornasol...

LUISA  
Que no me compres mas trajes.

JUAN
¿Qué sabes tú de eso? Yo
soy el tirano, resígnate
a ser la víctima: adiós. (Váse)


ESCENA V

Lola, Luisa, Carlos en el balcón.

LOLA
¡Qué buen tipo de marido!
parece un hombre excelente.

LUISA  
Es bastante complaciente;
hace cuanto yo le pido.

LOLA
¿Qué más quieres?

LUISA  
Te diré,
no me da ningún pesar,
pero su modo de amar
es tan de prosa que...

LOLA
¿Qué?

LUISA  
Qué sé yo, son tan diversos
nuestros genios... ya me estima,
me compra trenes, me mima,
pero nunca me hace versos.

LOLA
¿Para qué?

LUISA  
Nunca consigo
alterar su igual sonrisa,
nunca se entusiasma.

LOLA Luisa,
que me paso al enemigo.
¡Después que emplea el dinero
en dar gusto a su costilla!...
Luisa, guárdala semilla
para poner criadero.

LUISA  
Vamos, no finjas así,
no era el tuyo como él.
tú te uniste a un coronel
que estaba loco por ti,
y estoy cierta que te haría
soñar un cielo a su lado.

LOLA
Tal sueño fue, que he quedado
harta de tanta poesía.
Dios me dé prosa.

LUISA  
¡Es extraño!

LOLA
Desde que fui a los altares
el menor de los pesares
fue dejarme viuda al año.

LUISA  
Con que aquel ardor...

LOLA
Patraña

LUISA  
¡Con que aquel gran frenesí!

LOLA
¡Ay! qué escamada salí
de la primera campaña.
Solo me templa el dolor
de aquella pifia fatal,
el buen propósito...

LUISA  
¿Cuál?

LOLA
De hacerlo otra vez mejor.

LUISA  
¡Hola! ¿Con que piensas ser
reincidente?

LOLA
¡Qué remedio!
estoy así medio, medio...
casi a punto de caer.

LUISA  
¿Y qué tal el pretendiente?

LOLA
Como figura, perfecto;
pero tiene el gran defecto
de amarme perdidamente.

LUISA
¿Y llamas defecto a esa?

LOLA
Tanto, que si la razón
no le templa su pasión,
a otro can con ese hueso.
Yo nací para gozar
en la calma y el reposo,
las caricias de un esposo
en la prosa de un hogar
impenetrable al hastío,
donde yo pueda sin pena
repetirle a boca llena
yo soy tu cielo y tú el mío.
Y en ese afecto constante
y en esa santa alegría,
encuentro yo mas poesía
que en la comedia de Dante.

LUISA  
¿Y si llegases a ver
que un joven por ti sufría
y te amaba?

LOLA
Le oiría
como quien oye llover.

LUISA  
Eso hago yo, dar desdenes:
mas cuando el alma lastima
el tener ya un muerto encima!...

LOLA
¿Un muerto? ¿Dónde le tienes?

LUISA  
Ha un año que a Bañeres
con mi marido fui,
donde un gallardo joven
se enamoró de mi.
Por más que ardiente y ciego
pintaba su pasión,
nunca le di esperanza
ni consolé su amor.

LOLA
Cumpliste tus deberes,
lo mismo hiciera yo.

LUISA
El me decía
que moriría
si no quería
yo darle un sí,
y ante su insana
pasión tirana
siempre inhumana
permanecí.

LOLA
¿Y bien, y qué?

LUISA  
Que él insistió y se fue,
y yo, infeliz de raí,
ni le detuve ni le llamé,
y una catástrofe trajo el Diario,
que yo, cuitada, tal vez causé.

LOLA
¿Cuál fue, cuál fue?

LUISA  
El joven tal desapareció.
Presa fatal de un triste amor,
se le vio del Pirineo
emprender la dirección,
y en el borde de un abismo
el sombrero halló un pastor.
A juzgar por el relato
de una carta que dejó,
es seguro que el mísero amante
turbado el juicio,
en el precipicio
su tumba encontró.

LOLA
Si a tales recursos
apela el amor,
no quedan maridos
en salvo desde hoy.

LUISA  
Desde entonces cuando un joven
languidece junto a mí,
el recuerdo de aquel mártir
mi alma toda viene a herir.

CARLOS
La revancha te prometo,

(Desde el balcón)

tu secreto sorprendí,
como a solas yo te atrape,
no hay escape para ti.

(Al acabarse el canto sale Carlos del balcón y se va de puntillas por la puerta del fondo)

(Música)

Me da sudor mortal
de imaginar
que un infeliz.
por mi desdén fatal
podrá tal vez
morir por mí!
¡Si vuelve la ocasión
de que un galán
me quiera así,
mi pobre corazón
es incapaz
de resistir!

LOLA
Tu extraña timidez
encuentro yo,
que es muy pueril,
no es moda
ya, pardiez,
de que un galán
se muera así.
Si vas tú compasión
a prodigar
con tan buen fin,
tu esposo,
en mi opinión,
es quien peor
podrá salir.

(Hablado)

LOLA
Créeme, no te des pena
ni tomes tanto interés...

LUISA  
Bien se conoce quo ves
el mal en cabeza ajena.
¿Qué harías si te dijera
un joven en su arrebato:
si usted no me ama, me malo?

LOLA
Mátese usté cuando quiera.

LUISA  
¡Jesús! yo nunca tendré
valor para tanto.

LOLA
¿Sí?
pues aconséjame, di,
¿qué harías tú?

LUISA  
¿Yo? no sé.

LOLA
Piénsalo y hazme el favor
de una solución precisa,
y mientras la encuentras, Luisa,
voy hacerme el tocador.

LUISA  
¿Qué? ¿te vas a componer
para tu hermano?

LOLA
Quizá
venga algún otro que...

LUISA  
¡Ya!
tu novio.

LOLA
Pudiera ser;
me escribió desde Valencia
que me esperarla aquí,
y no faltará.

LUISA  
Eso si
que es amor.

LOLA
Es impaciencia;
cuando amor aguijonea
la sangre de un español,
es capaz de ir al Mongol
por la mujer que desea:
mas satisfecho el deseo,
suele verse en muchos casos,
que le duele dar cien pasos
para sacarla a paseo.

LUISA
Pues mi esposo en esa parte
siempre me lleva gustoso.

LOLA
Pues, Luisa, guarda ese esposo
para modelo del arte.
Hasta luego. (Váse el núm. 2)


ESCENA VI

Luisa, y luego Carlos, desaliñado y ojeroso.

LUISA  
¡Es mucha Lola!
tiene un Sheek tan seductor...
y hasta me infunde un valor
que no tendría yo sola.

(Al dirigirse a su cuarto se encuentra a Carlos)

CARLOS
Perdón, señora.

LUISA  
(Otra vez)

CARLOS
Aunque imploro inútilmente
a un alma que solamente
tiene para mí esquivez,
óigame usted.

LUISA  
Si no puedo...

CARLOS
¡La postrera vez será!

LUISA  
(¡Ay, Dios, qué pálido está,
ya estoy temblando de miedo!)

CARLOS
Usted no ignora que unida
mi alma a su sombra está,
usted no ignora que va
mi vida tras de su vida;.
aunque su huella seguí
con tenaz obstinación,
no tuvo su corazón
un latido para mí.

LUISA  
Si yo no conozco a usted.

CARLOS
Usted me conoce mucho:
mi hermana Lola...

LUISA  
¡Qué escucho!
Usté es el hermano de...

CARLOS
Si, señora.

LUISA  
(¡Ay, desdichada!
¿qué le digo yo a este hermano?)
La avisaré.

CARLOS
Fuera en vano;
no quiero que sepa nada.

LUISA  
¿De qué?

CARLOS
De la vehemencia,
del fuego que me devora;
de que la adoro, señora,
de que odio la existencia
viendo mi voz desoída.

LUISA  
(¡Pero esto es un horror,
todos me piden amor
bajo pena de la vida!)

CARLOS
Deslizábase ligera
mi vida alegre y jovial,
cuando vi a usted por mi mal.
¡Ojalá nunca la viera!

LUISA  
¡Ay, ojalá!

CARLOS
Quise huir
y olvidarla: ¡vano error!
Para apagar este amor
no hay mas medio que morir.
Usté a ello me condena.

LUISA  
Si yo no le he dicho nada.

CARLOS
¿No me negó su mirada?
No fue usté sorda a mi pena?
Pues yo daré a su desvío
mi existencia por trofeo.

LUISA  
Pero hombre, por Dios...

CARLOS
¡Qué veo!
mis armas!

(Va al estuche de las pistolas y saca una)

¡Gracias, Dios mío!
la paz me va a ser devuelta.

LUISA  
Suelte usté eso. (Espantada)

CARLOS
No, señora.

LUISA  
¡Suelte usté eso sin demora!
que chillo si no lo suelta...

CARLOS
¿Usté en oírme consiente?

LUISA  
Sí señor, mas suelte usted
la pistola.

CARLOS
Viviré
porque ella quiere que aliente.
¿Me jura usté que a las dos
estará aquí sola?

LUISA  
¿Aquí?
no sé si...

CARLOS
¿Qué no?

(Montando la pistola con resolución)

LUISA  
(Azorada) Que sí.

CARLOS
Pues cedo.

(Pone la pistola en la caja)

LUISA  
Gracias a Dios.

CARLOS
Abrevie usted mi impaciencia
de alcanzar de usté, señora...

LUISA  
¿Qué quiere usted? (Azorada)

CARLOS
Una hora
de tranquila conferencia.
¡Si solo de usted invoco
una mirada hechicera!

LUISA  
Veremos. (¡Este siquiera
se contenta con bien poco;
que el otro!)

CARLOS
¡Cuánta hermosura!

LUISA
(Voy este estuche a encerrar)

CARLOS
¿Qué hace usté, Luisa?

LUISA
Estorbar
que haga usted una locura.

(Mete la coja en el secreter, quita la llave, la guarda y se va a su cuarto)

CARLOS
Herida de mi venablo
va la gacela infelice:
«m' apparttienei» como dice
Beltrán en Roberto el Diablo.


ESCENA VII

Carlos, Barón.

BARON  
¡Condenado postillón!
maldita sea su calma.

CARLOS
¿Quién va?

BARON  
¡Carlillos del alma!

CARLOS
Queridísimo Barón.

BARON  
¿Cuándo habéis llegado?

CARLOS
¿Yo?
he llegado esta mañana.

BARON  
¿Con tu hermana?

CARLOS
No, mi hermana
há media hora que llegó.

BARON  
¡Y yo por aquel salvaje,
que me ha volcado en un llano,
no le habré dado la mano
al bajar del carruaje!

CARLOS
¿Y qué?

BARON  
Que ella creerá
que ha sido tibieza en mi
el no estar antes aquí.

CARLOS
¿Y qué?

BARON  
Que no me querrá.

CARLOS
¡Menguado!

BARON  
Su duda es tal...

CARLOS
Vencerás, tenlo por cierto.

BARON
¿Cómo?

CARLOS
¿Cómo? He descubierto
la piedra filosofal.

BARON  
¿Sí?

CARLOS
Poseo una invención
de efecto, y mal que le pese,
cederá.

BARON  
¿Qué efecto es ese?

CARLOS
Un efecto de pistón.

BARON  
Pues hombre, manos a la obra.

CARLOS
Con una condición.

BARON  
Di.

CARLOS
Que antes me alejes de aquí
un marido que me sobra.

BARON  
¿Un marido?

CARLOS
Sí, a las dos
te lo llevas, y yo en premio...

BARON  
Que voy a entrar en el gremio,
chico, por amor de Dios.

CARLOS
Por eso has de practicar,
así se aclara la vista.

BARON  
¿Y quién es él?

CARLOS
Un bolsista.

BARON  
¿Y de qué le voy a hablar?

CARLOS
De treses y de teatros.

BARON
¡Malditos! hace dos meses
perdí un sentido en los treses.

CARLOS
Pues háblale de los cuatros.

BARON  
Pero, chico, antes deseo
ver a tu hermana.

CARLOS
Si ahora
se está vistiendo y no es hora.


ESCENA VIII

Dichos y D. Juan.

JUAN
Señores...

CARLOS
Este es el reo. (Al Barón)

BARON
¡Amigo don Juan!

JUAN
¡Barón!

CARLOS
(¡Se conocen! mejor)

JUAN
Hombre,
¡déjeme usted que me asombre,
esto es una aparición!

BARON  
(Me pierde si cuenta aquí)

JUAN
No extrañe usted que me aturda,
su vida de usté es absurda:
pero usted, ¿es usted?

BARON
Sí.
Solo que... (Yo me hago un lío)

CARLOS
Barón, yo tengo que hacer.
Voy tu pleito a defender:
que no te olvides del mío.

(Váse al número 2)


ESCENA IX

D. Juan, Barón.

JUAN
Por más vueltas que le doy
no acabo de comprender
cómo al año de difunto
me encuentro aquí con usted.

BARON  
Don Juan, usted es mi amigo,
y en gracia del interés
que le merecí, yo espero
que rae hará usted la merced
de ser discreto y callar,
y todo se lo diré.

JUAN
Hombre, vaya usted diciendo.

BARON
Yo fui a Bañeres, a ver
si me libraban sus aguas
de una neuralgia..

JUAN
¿De qué?

BARON  
De una afección de los nervios
tan pertinaz y cruel,
que me daba cada esplín...

JUAN
Lo mismo que a mi mujer.

BARON  
No sé si el clima ó el mal,
ó ambas cosas a la vez,
ó aquellas lindas mujeres,
que eran ángeles...

JUAN
Eso es.

BARON
Me excitaron el cerebro
a punto de enloquecer.
Una había...

JUAN
¿Aquella rusa?

BARON  
No, señor...

JUAN
¿La del inglés?

BARON
Tampoco.

JUAN
Ya caigo. Vamos,
la marquesita de Utiel.

BARON  
Tampoco.

JUAN
La de...

BARON
Tampoco.

JUAN
¿Tampoco? ¡ah! ya sé quién...
Adelante.

BARON
La adoraba,
y por más que porfié,
no quiso escuchar mi ruego
ni hacerme caso.

JUAN
Hizo bien.

BARON  
¿Qué?

JUAN
Nada, hombre, adelante.

BARON  
Era mi pasión tan fiel
y tan veraz, que me dije
con la mayor buena fe.
si no cede me suicido.
como dos y una son tres,
y no cedió.

JUAN
¡Hombre!

BARON  
Entonces
me fui a mi casa, tomé
pluma y papel y escribí...

JUAN
El testamento.

BARON  
No.

JUAN
¿Pues?...

BARON  
Una carta a mi criado
participándole que
harto de mi mala estrella,
iba a estrellarme la sien;
y en efecto al otro día
la emprendí al amanecer
Pirineo arriba... arriba,
con el propósito fiel
de estrellarme en un abismo
que me pareciese bien.

JUAN
¡Y no encontró usted ninguno!

BARON  
¡Canastos si le encontré!
Encontré uno que era
por lo menos, como diez
veces la torre de Santa
Cruz, si no más.

JUAN
Qué placer
para usté entonces, de hallar
barro a mano.

BARON  
Diré a usted;
lo que es placer me parece
que no es la palabra fiel
para expresar la impresión,
porque así que me asomé
sentí erizárseme el pelo...

JUAN
Del mismo entusiasmo, del...

BARON  
No señor, subía un frio
de aquel hondo abismo, que
me tiritaban los huesos
y me sudaba la piel.

JUAN
¿Es posible?

BARON  
Sí señor,
pero en fin, lleno de buen
propósito, dije... a ello.

JUAN
Ah, ah, ya le veo a usté
volar.

BARON  
Al ir a tirarme...

JUAN
¿Otro estorbo? Ya van tres.

BARON  
Oí llamar en la cúspide:
eh, Barón, ven, hombre, ven.

JUAN
Ya adivino: era sin duda
la tirana, que al saber...

BARON  
Nada de eso, unos amigos
que habían subido de
Panticosa a cazar gamos
y me habían visto.

JUAN
¿Y bien?

BARON  
Temí que fuese ridículo
el dejarles comprender
mi proyecto, y entre mí
dije: volveré después.
Subí pues adonde estaban.
y al acabar de ascender,
una ráfaga de viento
me llevó el hongo, que fue
a parar, qué sé yo dónde,
y yo me quedé sin él.
Justamente me unía ellos
a la hora de comer.
Tenían gamos, perdices,
y un vinillo de Jerez...
y... ¡lo que es la reacción!
hice un gasto como seis.

JUAN
Conozco esas reacciones,
yo las padezco también.

BARON  
Después de comer, seguimos
cazando, y ya me alejé
tanto y tanto de aquel sitio...

JUAN
Que no ha vuelto usted a él?
Qué lástima, hombre, aquel salto
me inspiraba un interés...

BARON  
Pensé volver a Bañeres,
mas no me atreví: porque,
la verdad, amigo mío...
el ridículo es cruel.
Hice pues rumbo a mi casa,
y al poco tiempo heredé
una renta desahogada,
y el aumentar el haber
entona tanto los nervios...

JUAN
Mas que Vichy, Baden y Ex.

BARON  
Y hasta he pensado casarme.

JUAN
Y ha pensado usted muy bien:
no hay rasgo más delicado
que el presentarse a ofrecer
su mano y fortuna a aquella
que supo inspirar a usted
una pasión tan sublime.

BARON  
Es que hoy es otra la que...

JUAN
¿Qué me cuenta usted, Barón?
conque aquel amor tan fiel...

BARON  
Es el mismo, yo no cambio;
la cambiada es la mujer.

JUAN
Hombre, tiene usted razón.

BARON  
Don Juan, le suplico a usted
que no diga una palabra:
es esa que sale.

JUAN
¿Quién?

BARON
Mi futura.

JUAN
Pues si es la íntima
de mi esposa.

BARON  
¿Sí? (Troné)


ESCENA X

Dichos, Lola y Carlos, del numero 2, ella en traje de calle.

LOLA
Adiós, Barón, bien venido.

BARON  
Lolita, tengo el honor...

LOLA
Conque ha tenido usté un vuelco?

BARON  
Si, señora (y pronto dos).

LOLA
¿Qué tiene usté?

BARON  
¿Yo?

LOLA
Le encuentro
como suspenso.

BARON  
Aprensión,

LOLA
¿De veras?

BARON  
Cuando se abriga
dentro del alma un amor
puro, eterno, inextinguible,
fijo cual la luz del sol...

LOLA
Barón, que el sol tiene eclipses.

JUAN
No conoce usté al señor.
El señor siempre es el mismo,
el señor jamás cambió.

LOLA
Si todos los abogados
le dan a usted la razón
no hay defensa para mí.

BARON  
¿Cómo?

LOLA
Carlos no cesó
de hablarme en favor de usted
mientras me hice el tocador.

BARON  
Justicia que yo agradezco.

CARLOS
(Al oído al Barón)
Que están muy cerca las dos,
a ver si alejas al socio.

BARON
(A Lola) No cabe en mi corazón
la llama que usted me inspira.

LOLA
Barón, por amor de Dios,
quiérame usted sin exceso,
véame usted como soy:
y ofrézcame amor tranquilo.
nada de exageración

BARON  
Pues así soy.

JUAN
Así es el,
usted le fotografió.

LOLA
(A D. Juan) ¿Le ha presentado usté a Luisa?

BARON  
¿A Luisa? (Don Juan, por Dios)

JUAN
No lo tengo bien presente,
¿le he presentado a usted?

BARON  
Yo
se lo rogué y usted dijo...

JUAN
¿Qué?

BARON  
Que está en el tocador.

JUAN
¡Ah, sí! ya sé lo que dije.

CARLOS
(¡Cómo está el pobre Barón!
Jesús, parece mentira
lo que entontece el amor)

LOLA
Don Juan, así que concluya
quiero presentarle yo.

BARON  
(¡Yo estoy en ascuas; si sale
me tiro por el balcón!)

LOLA
Barón, a usted le pasa algo.

BARON  
¿A mí, señora? Si estoy
lo más tranquilo y alegre...

JUAN
Cuénteselo usted, Barón.

BARON
(¡Este hombre es un asesino!)

JUAN
El Barón me confió...

BARON  
¡Don Juan!

JUAN
Que trae una letra
por sumas de algún valor
contra una casa que se halla
a punto de suspensión:
y yo le estaba diciendo
que si no corre veloz
al cobro, la casa quiebra:
pero él por ver a su amor...

BARON
(Bendita sea tu boca)

LOLA
Barón, vaya usted por Dios
a salvar sus intereses.

JUAN
Debe usté hacerlo, Barón.

BARON
¿Y qué importa la fortuna
ante el placer...

LOLA
Sí, yo voy
a salir para ir al baño.

BARON
Entonces tendré el honor...

LOLA
Hasta los baños de al lado.
Don Juan, vaya usté por Dios
con él, usté que es más práctico.

CARLOS
Don Juan, haga usté el favor
de no perder un momento.

BARON
(Don Juan, el servicio de hoy)

LOLA
Don Juan, ayúdele usted.

CARLOS
Don Juan, corra usted veloz.

BARON
Don Juan.

LOLA
Don Juan.

CARLOS
Don Juan.

JUAN
¿Qué?

BARON
Venga usted a salvarme.

LOLA y CARLOS
Vaya usté a salvarle.

JUAN
Voy.

CARLOS
(Vánse por el fondo D. Juan y Lola dando el brazo al Barón)
Pues señor, mío es el campo^
domino la situación;
he confiscado al marido,
y el reló marca las dos.
Cierro aquí y acto primero;

(Cierra la puerta del fondo)

el triunfo del seductor.


ESCENA XI

Carlos, en el centro Luisa, saliendo de su cuarto, quedándose sobrecogida al primer paso.

CARLOS
¡Cuánto al alma apesarada
baña en consuelo, señora,
la dulce luz bienhechora
de esa angélica mirada!
Cuál con la esperanza late...

LUIS
No espere usted, se lo aviso,
no haré más que lo preciso
para que usted no se mate.

CARLOS
(Pues no harás poco) ¿Osa usted
pensar en huir de mí?

LUIS
Hoy mismo si puedo.

CARLOS
¿Sí?
Pues hoy mismo moriré.

LUISA  
Pero, hombre, es mucha manía
la de usted.

CARLOS
Morir prefiero.

LUISA  
Bueno, no me iré, no quiero
que haga usté esa tontería.
Le ofrecí salir y salgo,
y usté en vez de contentarme...

CARLOS
Usted sola ha de salvarme.

LUISA  
Pero ayúdese usté en algo.

CARLOS
Si esa mano que yo adoro
se tendiese a un desvalido
para...

JUAN
Luisa.

(Dentro, llamando a la puerta del fondo)

LUISA  
Mi marido.

CARLOS
(¡Así le cogiera un toro!)

LUISA
¿Lo ve usté? por ser humana
va a creer...

CARLOS
No tema usted,
Luisa, yo me meteré
en el cuarto de mi hermana:
mas por Dios no me precise
a morir en su dintel.

LUISA  
Bueno, no salga usted de él
hasta que yo se lo avise.

(Carlos se va al número 2. Luisa abre la puerta del fondo)


ESCENA XII

D. Juan y Luisa.

JUAN
Tal vez te lie turbado el sueño:
perdona mi indiscreción.

LUISA  
(¡Y aun me pide perdón!)

JUAN
Vengo a hacerte un gran empeño,
accederás?

LUISA  
En seguida:
¿qué empeño es ese?

JUAN
Es que Lola
tiene un novio, al cual tú sola
puedes salvarle la vida.

LUISA  
(¿Otro?) (Azorada)

JUAN
Si no cuesta nada
acceder a su deseo.

LUISA  
(Esto se hace un jubileo
de gente desesperada)

JUAN
El pobre implora de ti
con el más tierno respeto
que le guardes un secreto,
y yo le he dicho que si;
tal vez te sorprenderá
su vista...

LUISA  
¿A mí? ¿quién es?

JUAN
Es un joven muy cortés...

LUISA  
Bien, pero ¿quién es?

JUAN
Es...

(En este instante se adelanta el Barón en actitud humilde. Luisa retrocede espantada. D. Juan los contempla lleno de satisfacción)

LUISA  
¡Ah!...


ESCENA XIII

Barón, D. Juan, Luisa.

(Música)

LUISA
¡Gran Dios! qué miro?

JUAN
Es el Barón.

BARON  
(¡Abrete, tierra!)

JUAN
Resucitó.

LUISA
A mis ojos creo apenas,
oh, qué infamia, qué traición.
en lugar de un esqueleto
viene gordo como dos.

JUAN
Viendo el muerto levantado
tan sanote y gordinflón,
se quedó la pobrecilla
patitiesa de estupor.

BARON  
A mirarla no me atrevo,
me arde el rostro de rubor,
Dios me saque con fortuna
del ridículo en que estoy.

LUISA  
(Con ironía)
Conque el amante
que a Lola dio
su fe constante...

JUAN
Es el señor.

LUISA  
El que sincero
le prometió
su amor primero...

JUAN
Es el señor.
Y quiere ahora
que esa traición ...

BARON  
Piedad, señora.

LUISA  
Mil veces no.

JUAN
No comprendo a fe
tan tenaz rigor;
qué le importará
que esté vivo ó no.
Es capaz de hacer
que un señor Barón
se levante el cráneo
para hacer tableau.

BARON  
¡Qué pasión tan singular
inspiré a su corazón,
que sin irme a desnucar
no me da la absolución

JUAN
¡Más ridiculez
que el morir de amor,
es, a no dudar,
la resurrección.

LUISA  
Me parece aun
escuchar su voz,
al jurarme allí
un eterno amor.

JUAN
Yo sé bien que su rigor
cederá sin dilación;
los pecados del amor
hallan fácil el perdón.

BARON  
Si no cede su rigor,
si no cambia su opinión,
sacaré yo de su amor
lo que el negro en el sermón.

(Declamado)

LUISA
Conque su amoroso afán
de Bañares...

JUAN
Fue un capricho.

LUISA
¿De veras?

JUAN
El me lo ha dicho.

BARON
Yo no he dicho eso, don Juan.
Yo amaba a más no poder,
y amo aun, en mí no hay dolo.

JUAN
Cierto, su amor sigue, solo
que hoy es por otra mujer.

BARON
Salí resuelto a espirar...

JUAN
Sólo que entre aquellos trigos
unos picaros amigos
le invitaron a almorzar,
qué sino!...

LUISA
(¡Necia de mí!)

BARON
Le juro a usted por mi honor
que el no hacerlo...

JUAN
Es lo mejor
que ha hecho usted hasta aquí.
El que a una mujer asedia
si se frustra su proyecto,
echa mano del efecto
del galán de la comedia.
Cuando ella el vuelo le trunca
le amenaza en su arrebato,
¡que me mato! ¡que me mato!
pero no se mata nunca.

LUISA  
(¡Ah!)

(Dando una mirada llena de ira al cuarto donde está Carlos)

BARON  
Yo amaba con locura,
y quise morir allá.

JUAN
Y ya ves qué fresco está.

LUISA  
Tiene gracia la ventura:
¿y de mí qué quiere usted?

BARON  
Lola va a darme su mano,
mas si supiese este arcano,
tal vez...

JUAN
Luisa...

LUISA  
Callaré,
¿pero en dónde está?

JUAN
Salió
a los baños de aquí al lado.

LUISA  
Quedé en mandarle un recado...
quieres llegarte?... (A D. Juan)

JUAN
¿Pues no?
¿qué la digo?

LUISA  
Le pondré
una esquelita ligera. (Yendo a escribir)

BARON  
(¡Y le aleja! bueno fuera,
que el otro... yo velaré)

JUAN
¿Saldremos en el quitrín
luego, eh? (¡Mientras ella escribe)

LUISA  
No; tengo mareo.
Saca un ratito a paseo
al ama y al chiquitín.

JUAN
¿Duran aun tus enojos
del almuerzo contra mí?

LUISA  
Te quiero yo mas a ti.

(Dándole la carta cerrada y haciéndole un cariño)

que a las niñas de mis ojos.

BARON  
Amigo, qué buen cariz (Tomando el sombrero)
tiene el cielo hoy para usté.

JUAN
Pues tal como usted la ve,
es una pobre infeliz.

(Saludan D. Juan y el Barón y vánse por el foro)


ESCENA XIV

Luisa, después de acompañarles hasta el fondo, entorna la puerta y pone la llave en la cerradura.

LUISA
¡He aquí el hombre a quien yo
daba culto en mis recuerdos:
qué ridículo está vivo
el que era tan bello muerto!
Vive Dios que el desencanto
me está en el alma escociendo,
pero no es perdido el día
en que se aprende algo nuevo.
¿Y este? Puede usted salir

(Abre la puerta número 2)

cuando guste, caballero.

(Toma el tambor de bordar, y se sienta en medio del teatro. Sale Carlos apoyándose en los muebles)


ESCENA XV

Carlos, Luisa.

CARLOS
¡Oh! ¡qué tormento inaudito
es sin usted la existencia!
un minuto más de ausencia
y espiraba.

LUISA  
¡Pobrecito!
Carlos, Calle usted, no hable usté así,
ese tono frió aumenta
el furor de la tormenta
que brama dentro de mí.
A vivir me resigné
porque usted me lo pidió.

LUISA  
Muchas gracias, pero yo
apenas conozco a usted.

CARLOS
¿Y qué importa?

LUISA  
No disputo.
mas fuera una acción villana
que al irse a casar su hermana
la pusiese usted de luto,
y yo por esa razón
el matarse le impedí.

CARLOS
Es decir, que para mí
conserva su corazón
sus latidos insensibles?

LUISA  
No lo puedo remediar.

CARLOS
(Pues señor, hay que apelar
a los efectos terribles)
Luisa.

LUISA  
¿Qué?

CARLOS
Usted no ignora
que su amor es mi existencia,
que su fría indiferencia
va a ser mi muerte, señora;
pues bien, cruel, ya que yo
nada alcanzo a merecer,
ese alto balcón va a ser
mi sepultura.

LUISA  
¿A qué no?

CARLOS
(¡Canastos!) ¡Ay del que viene
al mundo en sino menguado
para morir estrellado!
¡Adiós!

(Al acabar de decir estos versos en tono de trágica amargura, corre al balcón como desesperado y se para en seco al llegar)

(Y no me detiene)
Pero no! el postrer suspiro
quiero a sus pies exhalar.

LUISA  
¿Pero se va usté a tirar?

CARLOS
No, señora, no rae tiro:
yo debo morir aquí
junto al ser que he idolatrado;
pero, cómo? ¡ah, desdichado!

(Buscando armas)

por qué mis armas le di?
Ella frustró mi intención.

LUISA  
La llave está en su lugar:
líbreme Dios de quitar
a nadie su vocación.

CARLOS
(¡Caracoles!) ¡Ya la veo...
mi alma es bastante fuerte!

(Va y saca la caja)

Pues ella quiere mi muerte,
yo saciaré su deseo.
Ya que a su rigor inmola
mis sentimientos más castos,
esta pistola... (¡canastos,
no se vuelve!) esta pistola,
con su mortal explosión,
atestiguará mi fe.

LUISA  
Así que se mate usted,
yo me rindo a discreción.

CARLOS
Pues me mato.


ESCENA XVI

Dichos y Lola, azorada, que se arroja sobre su hermano.

LOLA
¡Hermano mío!
¿qué es eso?

CARLOS
Nada, mujer.

LOLA
¿Pero qué hay?

LUISA
No hay que temer.

LOLA
¿Tienes algún desafío?

CARLOS
No.

LOLA
¿Pues entonces, qué arcano
me ocultáis? Me ha remitido
esta esquela... (Se la da a Carlos)

CARLOS
«Te convido (Leyendo)
al entierro de tu hermano...»
¡Qué gracia! mal se concilia
que un corazón tan hidalgo...

LUISA
¡Por si le ocurría algo
que encargar a la familia!
Mas no es justo que maltrate
a quien quiso ser suicida
por mi amor.

LOLA
Toda tu vida
has de hacer el botarate.

(Le quita la pistola irritada)

CARLOS
Bajo impresiones ligeras
confieso que procedí,
mas no se rían de mí
porque me mato de veras;

(Toma la otra pistola)

ó su silencio consigo...

LUISA  
El pedirlo está demás,
yo no sé poner jamás
en ridículo a un amigo.


ESCENA ULTIMA

Dichos, el Barón y D. Juan, con la mano izquierda vendada.

JUAN
Luisilla.

LUISA  
Juan.

JUAN
¿Hola, hola,
qué es esto? ¿tratan ustedes
de plantar en las paredes
algún tiro de pistola?

LOLA
No señor, son de esa caja
que traje para mi hermano.

LUISA  
¿Qué tienes en esa mano,
Juan?

JUAN
A poco saco raja.
He sacado al chiquitín
a la glorieta a jugar,
cuando a poco de llegar
vino corriendo un mastín
seguido de un numeroso
grupo de chiquillería,
vociferando a porfía:
que es rabioso, que es rabioso,
y al nene se abalanzó.

LUISA  
¡Gran Dios!

JUAN
Interpuse el brazo,
y el condenado perrazo
en la mano me mordió.

TODOS
¿Rabiando?

JUAN
¿Qué ha de rabiar?
Si luego se echó a un pilón
y se ha dado un atracón
de agua basta reventar.

CARLOS
Pero al recibir la herida
lo ignoraba usté, y se ha expuesto
a tener un fin funesto.

JUAN
Pues me gusta la salida.
Aun sabiéndolo de fijo
antes que a mi nene roce
me dejo yo... se conoce
que usted no ha tenido un hijo.

LOLA
Al alma su voz me llega,
aprenda usted de él, Barón.

BARON  
Tiene un bello corazón.

JUAN
¡Pues no llora esta borregona!

LOLA
¿Ha visto usted, cómo usted
también se expone a morir?

BARON  
Si nadie puede decir
de esta agua no beberé.

JUAN
Pero hay un medio juicioso
que los extremos concilia,
matarse por su familia,
no es matarse haciendo el oso.



FIN DE LA ZARZUELA


Información obtenida en:
https://archive.org/details/lossuicidaszarzu00caba

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