miércoles, 13 de mayo de 2015

Mis dos Mujeres (Libreto)



MIS DOS MUJERES



Zarzuela en tres actos.

Libreto de Luis de Olona.

Música de Francisco Asenjo Barbieri.

Representada en el teatro del Circo, a beneficio del primer actor Don Francisco Salas, el 26 de Marzo de 1855.


NOTA. Esta zarzuela está basada en una antigua ópera cómica francesa, titulada «Mina» Los actos segundo y tercero son originales, así como el personaje de «El Comendador» que no existe en la obra francesa.


REPARTO (Estreno)

Don Diego - Francisco Salas.

Blas - Vicente Caltañazor.

Don Félix - Manuel Sanz.

Don Gaspar, Comendador - Francisco Calvet.

Don Onofre, notario - Manuel Franco.

Un Aldeano - José Rodríguez.

Doña Inés - Amalia Ramírez.

La Condesa - Carolina Di-Franco.

La Madre Angustias - María Bardan.

Una Colegiala - Dolores Fernández.

Aldeanos de ambos sexos. —Colegialas.


La acción en las cercanías de la Granja. Principios del reinado de Carlos III.


ACTO PRIMERO

El teatro representa un parque. Una verja al fondo. Detrás, arboleda. A la izquierda del público (1) un pabellón saliente, que tiene una puerta de persianas frente al público y dos ventanas de persianas que dan sobre la escena y de modo que se puede ver el interior, que es un gabinete adornado con sunna elegancia. En medio de este gabinete hay una puerta interior que comunica con una alcoba. Esta alcoba tiene una de las ventanas que da como se ha dicho sobre la escena, al costado del pabellón. Después de este, en el mismo lado y en tercer término, se ve el principio de una alameda, qué indica el sendero que conduce a la quinta. A la derecha del público, la fachada de otro pabellón con una puerta. Las que tienen ambos pabellones, así como las ventanas, se cierran con persianas verdes de dos hojas. La acción en el reinado de Carlos III.

(1) Por derecha é izquierda, entiéndase siempre la del público.


ESCENA PRIMERA


CANTO —INTRODUCCION

Al levantarse el telón se va a Blas, con un plumero en la mano, limpiando el interior del pabellón izquierda. Por el fondo se ve venir un grupo de aldeanos y aldeanas que llegan a toda prisa y que se ponen a mirar delante de las ventanas del pabellón.

ALDEANOS
Blas! Blas! Blas! (Llamándole)
asoma a la ventana!
Blas! Blas! Blas!
asoma sin tardar.
que el caso es importante;
ven, ven, ven,
no te hagas esperar.
Blas! Blas! Blas!
Blas! Blas! Blas!
Asoma a la ventana,
asoma sin tardar!

BLAS
(Que ha escuchado impaciente, se asoma de pronto a una ventana y canta remedándolos)

Blas! Blas! Blas...
está muy ocupado.
Blas! Blas! Blas...
os manda a pasear.

ALDEANOS
Ven, ven, ven.

BLAS
Qué diablos se os ocurre?

ALDEANOS
Ven, ven, ven.

BLAS
Dejadme trabajar.

(Entra en el pabellón y se le ve seguir limpiando)

ALDEANOS
Ven! ven! ven!

BLAS
(Dentro) No, no, no!

ALDEANOS
Acude sin tardar.

BLAS
(Dentro) Dejadme voto a San!

(Limpiando los muebles y volviendo la cabeza para responder)

ALDEANOS
Blas! Blas! Blas!

BLAS
(Bajando furioso a la escena con el plumero en la mano)
Aquí tenéis a Blas!

ALDEANOS
(Con misterio) Chiss! Chiss.

BLAS
Qué diablos pasa?

ALDEANOS
Escucha y lo sabrás.
(Con misterio) Así que llega
la noche oscura,
de aquese bosque
por la espesura,
paso a pasito,
quedo quedito,
un bulto negro
se ve cruzar.

Como una sombra
va deslizando,
A esa enramada
se va acercando;
y de repente
muy diestramente
Puff! Por la verja
logra saltar.

BLAS
(Pensativo) El caso es serio,
aquí hay misterio.

ALDEANOS
Mas tú lo debes
averiguar.

BLAS
Si!
El caso es serio.
aquí hay misterio
y yo lo debo
averiguar.

ALDEANOS
(Muy fuerte) Blas! Blas!

BLAS
(Asustado) Eh?

ALDEANOS
(Bajito unos a otros) Blas el misterio
descubrirá.

BLAS
El caso es serio
no hay que dudar.

ALDEANOS
Y este misterio
descubrirá...

BLAS
Chiss! Chiss! (A unos y otros)

ALDEANOS
(De pronto y fuerte) Blas! (Cesa la música)

(Hablado)

BLAS
Con que decís... que todas las noches salta un bulto negro por la verja? —Imposible.

ALDEANO 1º
Imposible? Yo lo he visto ya tres veces. Tres! Coa estos ojos.

BLAS
Con esos ojos? Pues yo no he visto nada con estos.

ALDEANO 1º
Porque pasas las noches durmiendo como un lirón.

BLAS
Mientes! Que desde hace un mes estoy desvelao pensando en mis negocios particulares.

ALDEANO 1º
Sí. En Teresa la molinera, que le ha dado calabazas. (A los otros aldeanos que ríen)

BLAS
(Haciendo pucheros. ) Es verdad! Y todo, porque un domingo quiso que bailara con ella... y como yo no sabía se me enredaron los pies con los suyos y nos caímos de cabeza en el arroyo! (En otro tono) Pero desde entonces me ejercito diariamente en el baile y dentro de poco me presentaré a ella danzando mejor que un trompo... y veremos si no la vence mi garbo y mi destreza. Mirad. Ya sé la pasa. (Haciéndose son con los labios y bailando un paso de fandango) Tifi, tifi, tifi, tifi, tifi, tifi... eh? (Parándose)

TODOS
Bien! Bien!

BLAS
(Al aldeano 1º) Te has convenció de que paso la noche pensando en mis negocios particulares? —Ah! Y a propósito.— Yo también tengo que daros una noticia. (Con importancia)

ALDEANOS
Si? (Se acercan a él con curiosidad)

BLAS
(Con mucho misterio) La noticia es... (Mira a todos lados. Los aldeanos le imitan) Es... (El mismo juego) No lo que es a punto fijo no lo podré decir. Pero (Redoblándola importancia) Me han mandao... quitar las telarañas a ese pabellón! (Señalando al de la izquierda)

ALDEANO 1°
Calle!

BLAS
Y además... Chiss! (Con misterio) Sacudir el polvo a los muebles! barrer, limpiar de arriba abajo; en fin, ya comprenderéis que esto quiere decir algo, eh?

ALDEANO 2º
Algo qué?

BLAS
(Remedándole) Algo qué! Hombre, también es preciso ser muy romo... No conocéis que todos esos preparativos trascienden a... a fiesta, por ejemplo. A boda, verbi gratia.

TODOS
A boda!

BLAS
Si, a boda. Con que estad prevenidos por si mi sospecha se realiza y hay que bailar y que cantar... y que trincar.

TODOS
Viva!

BLAS
Chito! No me comprometéis. Idos... y si algo ocurre de nuevo, yo iré a avisaros inmediatamente.

ALDEANO 2º
Que no te se olvide, amigo Blas. (Se van)

BLAS
(Siguiéndoles hasta el fondo) Adiós, muchachos: fiad en mí, y decidle a Teresa que me habéis visto hacer la pasá! (Los aldeanos desaparecen)

BLAS
(Solo en el fondo, baja bailando hasta el proscenio) Tifi, tifi, tifi, titi, tifi, tifi... (De pronto cojeando,) Ay! que se me ha descoyuntao el pie izquierdo! voto a (Sentándose al pie del pabellón de la izquierda) tener que bailar por fuerza pa conseguir que Teresa me perdone!... (De pronto y con rabia) Si yo supiera quién es el imbécil que ha inventao el amor... creo que iría a hartarle de mojicones.


ESCENA II

Blas, La Condesa, que sale vivamente del pabellón de la derecha y mirando al fondo con interés.

CONDESA
No, no hay nadie. Y sin embargo... se me figuró oír el galope de un caballo... (Viendo a Blas y reprimiéndose) Ah!

BLAS
(Levantándose al verla) Buenas tardes, señora Condesa.

CONDESA
Eres tú, Blas? Está ya listo ese pabellón? (Señalando al de la izquierda)

BLAS
Si señora; ya está limpio como un espejo.

CONDESA
Has puesto los jarros de flores, los candelabros?

BLAS
Naa le falta, y en cuanto mi amo llegue...

CONDESA
El Comendador? Le espero dentro de pocos instantes.

BLAS
Salvo mejor parecer, señora Condesa, creo que será inútil el ti abajo empleao en arreglar ese pabellón.

CONDESA
Por qué?

BLAS
Porque el señor Comendador cuando viene de la corte... que por cierto es muy de tarde en tarde... habita siempre en el castillo, que es, según dice, la casa paterna de su padre.

CONDESA
Bien, bien.

BLAS
Usía, por el contrario, desde luego prefino alojarse aquí, en el parque. A lo más fresco.

CONDESA
Por no morirme de tristeza en el castillo. Cuando al quedar viuda me permitió mi amigo el Comendador venir a pasar en sus tierras una larga temporada me alegré mucho de encontrar ese lindo pabellón, (Señalando al de la derecha) que tanto se armoniza con la vida aislada que me propuse desde luego observar.

BLAS
Y en efecto, nadie parece por estos alrededores. Usía vive en una soledad... Hasta despidió hace una semana a su doncella... (Aparte) Que era una guapa hembra!

CONDESA
(Vivamente) La despedí porque pecaba de curiosa y de impertinente.

BLAS
(Aparte) No le hace. Era una guapa hembra!

CONDESA
Tu hermana y tú bastáis para servirme.

BLAS
No digo que no. Pero mi hermana está desde hace quince días cuidando en el pueblo a mi padre, que se halla enfermo, y... y yo., fuera de barrer y sacudir el polvo... (Sonriendo con alguna malicia) No puede ser útil a usía en ciertas menuencias...

CONDESA
(Volviéndole la espalda) Está bien. En el campo no necesito de nadie para mi tocador.

BLAS
(Aparte) Ha dao en el item!

CONDESA
(Aparte) No sé en verdad cómo eludir tantas preguntas.

BLAS
Con vuestro permiso. Voy a trasladar a ese pabellón (El de la izquierda) la bata y las chinelas de mi amo. (Va a irse)

CONDESA
Eh! no. Ese pabellón no es para él.

BLAS
(Deteniéndose) Ya decía yo!

CONDESA
Es para una joven.

BLAS
(Acercándose) Para una joven? (Sorprendido)

CONDESA
Si. Una joven que ha sido educada en el convento del pueblo bajo la más estrecha clausura.

BLAS
En el convento del pueblo?

CONDESA
Sí.

BLAS
(Alegre) Entonces... es la sobrina de mi amo! la señorita Inés!

CONDESA
Tú la conoces? Cómo es eso? Cuando desde su más tierna edad ha estado confiada a la severa vigilancia de la madre superiora...

BLAS
Que por señas no la dejaba respirar, y que la ha tenío en la ignorancia más completa de lo que es el mundo. Pero yo fui en un tiempo demandadero del convento... y muchas tardes entraba en el jardín y le daba naranjas a la señorita Inés sin que la madre superiora lo viese.

CONDESA
Hola!

BLAS
(Riendo) Jé, jé! La señorita me decía (Fingiendo la voz de mujer) «Dame otra, Blasito; dame otra.» (En su voz natural) Y yo... paff! (Figurando tirar al aire) La naranja a la celda... y luego (Riendo) me escapaba lo mesmo que un conejo.

CONDESA
Con que... tan inocente es esa joven!

BLAS
Uf! Figúrese usía una tórtola. Pues bien; aun es más simplona la señorita.

CONDESA
En ese caso... va a ser curioso el oírla... hoy sobre todo, que la s:acan del convento para casarla.

BLAS
(Sorprendido) Eh? Pa casarla? Se va a morir de miedo! Las madres la han hecho formar tan mala idea de los hombres... Ya se ve... las madres no entienden de eso, y... (Con malicia)

CONDESA
(Interrumpiéndole vivamente) Basta, basta.

BLAS
Perdone usía. Casarse la señorita Inés! Y con quién, si no es indiscreción, señora Condesa?

CONDESA
Lo ignoro. Tu amo no me lo dice en su carta. (Suenan dentro dos palmadas. La Condesa se estremece involuntariamente) Oh! (Aparte)

BLAS
Calle! calle! Tocan las palmas!

CONDESA
(Viva y bruscamente) Eres un mentecato. Yo no he oído nada. Márchate. Quiero estar sola. Qué haces ahí mano sobre mano?

BLAS
Ná, señora Condesa; (Se va y vuelve) pero han tocao las palmas.

CONDESA
(Reprendiéndole) Otra vez?

BLAS
(Mirando hacia dentro) Y un hombre cruza por la arboleda.

CONDESA
(Impaciente y dando paseos agitada) Oh!

BLAS
(Mirando como antes) Si. Es el coronel don Diego.

CONDESA
(Aparte) Imprudente!

BLAS
El otro sobrino de mi amo.

CONDESA
Yo no veo a nadie.

BLAS
Si señora, si. Es don Diego, el mismo don Diego que viene a menuo a ver a usía.

CONDESA
Eh? Qué llamas a menudo? (Con severidad)

BLAS
(Bajando la cabeza) Toma! tos los días.

CONDESA
Eres un hablador.

BLAS
Porque digo que viene a menuo.

CONDESA
Basta. Márchate al castillo a fin de que todo esté dispuesto para recibir a tu amo y a esa joven, y avísame en cuanto veas asomar el coche por el camino.

BLAS
Descuide usía. (Aparte y yéndose) Esas palmas... y el bulto negro que salta por la verja... Jum... Aquí hay din tríngulis. (Se va)


ESCENA III

La Condesa, D. Diego, de uniforme de guardias de corps.

(Música)

(La Condesa mira con inquietud por donde Blas se ha ido. D. Diego sale por el fondo)


CANTO. DUO

DIEGO
(Vivamente)
Cara esposa...

CONDESA
(A D. Diego) Qué imprudencia!
Cómo entráis, don Diego, así?

DIEGO
Es que hay nuevas importantes
para vos y para mí.

CONDESA
(Sonriendo)
Buenas son, sin duda alguna,
por lo alegre que venís.

DIEGO
(Irónicamente)
Ya veréis si vengo alegre!
Vive el cielo! (Dando suelta a su impaciencia)

CONDESA
(Inquieta) Qué decís?

DIEGO
(Con despecho y comentando su situación)
No basta a mi fortuna,
no basta, no,
que nuestra boda tenga
que ocultar yo!
No basta que de noche
como un ladrón
por veros me encarame
por el balcón!
Ni basta que una pierna
me rompa en la ascensión,
ni que al bajar me muerda
el perro del pastor!
No basta, no;
no basta, no!
Aun me faltaba un goce
muchísimo mejor!

CONDESA
(Impaciente de oírle)
No basta a mi tristeza,
no basta, no,
callar a todo el mundo
mi fiel amor.
No basta que de noche,
inquieta yo,
espere largas horas
en el balcón.
Ni basta que al marcharos
pensando quede en vos,
ni que la esclava sea
de tanta precaución!
No basta, no!
No basta, no!
Faltábame el oíros
rabiar sin ton. ni son!

DIEGO
Sin ton ni son?

CONDESA
Vamos a ver.
Qué es ello en fin?

DIEGO
Es... (Se detiene indeciso)

CONDESA
Sí. Qué es?

DIEGO
(Retirándose un poco y cantando aparte)
Decirle a mi esposa
no es fácil a fe
que quieren casarme
con otra mujer.

CONDESA
Hablad. Qué os inquieta?

DIEGO
(Aparte) Probemos.

CONDESA
Y bien?

(D. Diego se acerca d ella y le dice observando el efecto de sus palabras, y dándoles una intención especial a estas)

Del soberano
la protección
una vacante
me confirió.

CONDESA
(Sencillamente) Es buena plaza?

DIEGO
(Ponderando) Si, vive Dios.
(Con intención y mirándola)
Pero la mía

(Le coge la mano)

prefiero yo.

CONDESA
(Con ingenuidad)
Dejarla es fuerza.

DIEGO
(Abrazándola) Ay, eso no,
que tiene gajes

(Mirándola con cariño)

de gran valor.

CONDESA
(Sonriendo de que la abrace y queriendo desasirse dulcemente)
Que os distraéis!

DIEGO
Es un error.
(Estrechándola mas) Antes me atengo
a la cuestión.

CONDESA
(Con ingenuidad)
Qué perderíais
con el favor
que hoy el monarca
os concedió?

DIEGO
Qué perdería?
Juzgad, Condesa, vos.
Perdería la luz de tus ojos,
tu risa hechicera,
tu voz celestial,

(La Condesa se sorprende é inquieta)

el carmín que tus labios colora,
tu talle ligero,
tu gracia sin par.

CONDESA
(Agitada) Qué decís?

DIEGO
La verdad.

(Con solemnidad algo cómica)

El rey a otra mujer
mi mano quiere dar!

CONDESA
(Aterrada) Ah!

DIEGO
Mas no temáis, que tan solo en Turquía
con dos mujeres permiten casar.
A un buen cristiano le basta con una...
y aun esa a veces le suele sobrar.

CONDESA
(Picada) Qué osáis decir, don Diego?

DIEGO
Condesa, perdonad.
Yo solo estoy hablando...
en tesis general.

(Mirándola con cariño)

Por lo demás...
Qué otra tiene la luz de tus ojos,
tu risa hechicera,
tu voz celestial,
ni el carmín que tus labios colora
ni de esa cintura
la gracia sin par?

CONDESA
Este lazo de amor que nos une.
ya nadie en el mundo
romper logrará.
Mas del rey el enojo pudiera
de nuestra ventura
la calma turbar!

DIEGO
No temas, no,
que nadie ya...

(Los dos a la vez)

DIEGO
Este lazo de amor que nos une
sagrado y eterno
romper logrará.
Ni robarme la luz de tus ojos
ni de esa cintura
la gracia sin par.

CONDESA
Este lazo de amor que nos une
ya nadie en el mundo
romper logrará.
Mas del rey el enojo pudiera
de nuestra ventura
la calma turbar.

(Cesa la música)

CONDESA
(Muy apurada y sentándose junto a un velador de piedra que hay cerca del pabellón de la derecha) Dios mío, qué fatal contratiempo!

DIEGO
(En pie y algo lejos) Ni cómo me aventuro a decir al rey que me he casado con vos sin su permiso, y que no puedo aceptar la novia que me propone?

CONDESA
Pues qué queréis hacer? Pretenderíais por ventura tener dos mujeres?

DIEGO
(Con sencillez) Ay! ojalá!

CONDESA
(Con dignidad y levantándose vivamente) Coronel!

DIEGO
(Vivamente) Es decir, ojalá de ese modo se arreglara la dificultad... (Movimiento de la Condesa) A gusto de todos, se entiende.

CONDESA
Explicaos, don Diego, explicaos. Qué boda es esa? Quién es la mujer que os quieren dar por esposa? En fin, enteradme de todo, por Dios! (Muy apurada)

DIEGO
Si, si, pero sosegaos! sosegaos. Qué diablo! Demasiado segura estáis de que soy vuestro marido y de que no me han de casar con otra.

CONDESA
Pero y el rey? El rey que es tan severo en este punto, que tiene prohibido bajo pena de caer en su enojo, que ninguno de sus oficiales se case sin su permiso...

DIEGO
Bien! Yo me he casado sin él. Alguno había de quebrantar la consigna.

CONDESA
Y vos que me prometisteis verle, vos que me prometisteis confesarle la verdad y pedirle que nos perdonara...

DIEGO
Sí. Para eso fui ayer a la Granja. Pero el rey está de un humor endiablado con los sucesos de Italia, y la menor contradicción le irrita y le exaspera. Ya veis! Cómo había de atreverme... Además, no hubiera tenido tampoco tiempo para ello. En cuanto su majestad me vio... Coronel, me dijo. Hace días que me ocupo de vuestro porvenir, id a ver a vuestro tío el Comendador... y que mis deseos se cumplan inmediatamente.

CONDESA
Y qué tiene que ver vuestro tío el Comendador?...

DIEGO
Qué! No os lo he dicho ya? Si es mi prima la que me destinan para esposa!

CONDESA
Cielos!

DIEGO
Inés.

CONDESA
Inés... que dentro de pocos instantes debe llegar a la quinta!

DIEGO
Como que hoy mismo han de firmarse aquí los contratos y nos han de echar las bendiciones.

CONDESA
Esto solo faltaba! Hoy mismo!

DIEGO
Para partir mañana a Barcelona con mi esposa, a tomar un mando importante que el rey me confía.

CONDESA
Pero esto es como una granizada!

DIEGO
Y gorda!

CONDESA
En sabiendo el rey la verdad...

DIEGO
Nos pone al uno en Flandes y al otro en Aragón... Si es que no me manda encerrar en un castillo por una temporada de ocho ó diez años... No, no. La cosa promete. Ya veréis.

CONDESA
Pero quién le ha sugerido la idea de casaros con Inés?

DIEGO
Quién? (Con sarcasmo) Nuestro querido tío, que en los ratos que no pasa en el jubileo, ó en la novena de San Bruno, se entretiene en labrar nuestra felicidad. Santo varón (Con rabia) No sé como agradecerle este buen rato que me proporciona!

CONDESA
Con qué es decir que no hay masque resignarnos a sufrir las terribles consecuencias de nuestra situación!

DIEGO
Decís bien. —Las terribles! —Una separación! Un destierro! el enojo del monarca! La pérdida de un porvenir en mi carrera!

CONDESA
(Sentándose) Gallad! Callad!

DIEGO
Todas esas reflexiones son las mismas que he hecho a la reina.

CONDESA
A la reina? Cómo? (Con interés) La habéis visto? La habéis confesado...

DIEGO
Ce por be. —Y le he pedido su apoyo con un fervor... con una elocuencia... de que mi modestia no me creía capaz.

CONDESA
Y su majestad qué ha dicho?

DIEGO
Ha dicho... que ganemos tiempo, un día siquiera; y que mañana, cuando el rey vuelva de caza...

CONDESA
Olvidáis que vuestro tío va a llegar con Inés y que os mandan casaros hoy mismo?

DIEGO
Pues ahí está la cosa! —Pero la reina me ha ofrecido buscar un medio de... en fin, ello será preciso apelar a todos los recursos, y suceda lo que quiera.

CONDESA
Ay! Dejadme respirar un poco! Estoy aturdida! Mi cabeza se arde! (Se sienta de nuevo)

(Música)

Rumor alegre dentro.

(Se oye dentro la voz de)

BLAS
Ya están aquí! Ya están aquí!

CONDESA
(Levantándose) Cielos!

DIEGO
Adiós! Ahora sí que nos llevó la trampa.

CONDESA
(Abanicándose muy de prisa. ) Ay! Yo me ahogo!

DIEGO
Prudencia! Disimulo! (A parte) Santo Cristo del Socorro!

(Música)


ESCENA IV

Dichos. Blas y Aldeanos agitando los sombreros. Las aldeanas rodeando a D. Gaspar, comendador de Calatrava, que viene con Inés. Esta vestida sencillamente, mira a unos y otros con timidez y viene asida de la casaca de D. Gaspar. Dos lacayos les siguen a respetuosa distancia. Todos han salido por el fondo derecha.

CANTO —CORO

BLAS y ALDEANOS
(Señalando a Inés, que está casi aturdida)
Ved aquí la bella,
la gentil doncella,
dulce como el aura,
pura cual la flor.
Hoy a nuestra aldea
bien venida sea,
y mil años viva
nuestro buen señor.

(Señalando a D. Gaspar)

Guarde Dios,
Guarde Dios,

(Haciendo reverencias)

a la bella joven
y al noble señor.

D. GASPAR e INES
(A los aldeanos y a los otros)
Guárdeos Dios.

CONDESA, D. DIEGO y BLAS
( A Inés y D. Gaspar)
Guárdeos Dios!

(Inés permanece con la cabeza baja y casi ocultándose detrás de D. Gaspar)

D. GASPAR
(Con amabilidad a Inés)
Levanta los ojos.

(Ella obedece con sencillez, pero con buenas maneras)

(Señala a la Condesa)
Saluda a esta dama.

(Idem a D. Diego)

Saluda a tu primo.
Así. Bien está.

(A D. Diego y la Condesa)

Su timidez
no hay que extrañar
que en el convento
no aprendió mas.

ALDEANOS
(Con entusiasmo) Viva, viva
la noble doncella,
la inocente,
la bella sin par!

(A estas voces Inés se muestra aturdida de nuevo)

INES
(A la Condesa y a D. Diego)
Perdonad...
Perdonad...
(Con candor) Mi corazón....
latiendo está,
mas no sé yo,
por qué será.
En torno mío
siento el placer
y tengo miedo,
no sé por qué.

TODOS —CONCERTANTE

BLAS
(Aparte) Ah qué inocencia!
qué timidez!
qué terroncito
de rica miel!

CONDESA
(Aparte) Qué desabrida!
qué sosa es!
tanta inocencia
no sienta bien.

D. DIEGO
(Aparte) Salvo el respeto
a mi mujer,
digo que es linda
la tal Inés.

GASPAR
(Aparte) En esta niña
la sencillez
de aquellas santas
madres se ve.

INES
En torno mío
siento el placer
y tengo miedo...
no sé por qué.

ALDEANOS
Ah qué inocencia,
qué timidez!
qué señorita
tan buena es!

GASPAR
(A Inés) Si sientes, pobre niña,
el claustro abandonar,
sincera aquí te ofrece
consuelo la amistad.
Qué temes pues?
Conmigo estás.

INES
(Animándose y mirando alrededor con alegría)
Tenéis razón.
Si, si, es verdad.
No sé qué encanto
me embarga ya.

(Contenta) Mi frente besa
la dulce brisa;
su blando aroma
me da la flor.
En torno mío
finge colores
la luz hermosa
del rojo sol.

(Con gran expansión)

Ah! cuán feliz respiro!
Qué alegre libertad!
La brisa, el sol, las flores,
un nuevo ser me dan.

TODOS
La brisa, el sol, las flores
un nuevo ser le dan.

INES
Ya del convento
la triste sombra
por dicha mía
no veré mas.
Ni aquellas madres
tan regañonas,

(D. Gaspar sorprendido le tira con disimulo del traje)

ni aquel ayuno
tan pertinaz...
Ahí cuán feliz respiro!
Qué alegre libertad!
La brisa, el sol, las flores
un nuevo ser me dan!

(A un tiempo)

TODOS
Feliz respira
su pecho ya,
y alegre canta
su libertad.

INES
Feliz respira
mi pecho ya,
y alegre canto
mi libertad.

(Cesa la música)

(D. Gaspar se pone a hablar aparte con D. Diego y la Condesa)

BLAS
(Mirando desde lejos a Inés y aparte) Caramba! y cómo ha creció! (Riendo para llamarle la atención) Jé, jé! (Mas fuerte y mirándola. ) Jejé! (Inés le mira) Acá estamos tos!

INES
(Corriendo al lado de Blas) Blasito! Ay qué gusto! Tú por aquí?

BLAS
Yo mesmo. Y dispuesto a regalaros veinticinco mil docenas de naranjas.

GASPAR
(Interponiéndose y separando dulcemente a Blas) Bien, bien. (Con gravedad) No eres tú mal naranjo. Déjanos ahora, que hay asuntos más graves de que tratar.

DIEGO
(Aparte) Aquí es ella! (D. Diego se pone a hablar aparte con Inés. La Condesa está junto al velador, pensativa)

GASPAR
(A Blas) Ve a decir al señor cura que hemos llegado, y que le traigo los bollos que le ofreció la madre Angustias. —Ah! Pásate de camino por casa del notario...

BLAS
Le envían bollos también?

GASPAR
No. Avísale tan solo en mi nombre...

BLAS
Al momento. (A los aldeanos) Jé! familia! El amo quiere estar solo.

GASPAR
(Acercándose a ellos, en tanto D. Diego y la Condesa se hacen apurados mil señas sin que lo note Inés) Sí, sí; retiraos. Más tarde habrá refresco y propina para todos! (Los va despidiendo)

CONDESA
(Aparte) Cómo vamos a salir de este pantano!

GASPAR
(A los aldeanos que se van) Adiós! Adiós!

DIEGO
(Aparte) Y la reina, que me había prometido...

GASPAR
(Bajando del fondo y dirigiéndose a D. Diego) Veo que habéis sido exacto, sobrino mío. Perdonad, señora Condesa, si no os he dado antes parte del acontecimiento que se prepara...

CONDESA
(Abriendo y cerrando el abanico y luchando por contenerse) Ya el coronel me ha contado... (Aparte) No sé cómo me contengo!

GASPAR
(Con cierta solemnidad) Inés... Diego... (En medio de los dos) Ha llegado el momento de que yo cumpla uno de mis más ardientes votos. La promesa que hice a vuestros padres... (Que en santa gloria estén) de asegurar vuestra suerte. (A D. Diego) Cierto es que yo formé otros proyectos sobre ti... y que hubiera deseado verte deán ó arcipreste, mejor que exento de guardias.

DIEGO
Muchas gracias, tío.

GASPAR
Pero en fin, noble es servir a su patria... y no por eso se deja de servir a Dios.

DIEGO
Cierto.

GASPAR
(A Inés) En cuanto a ti, hija mía... Conozco que te hubiera gustado más quedarte en el convento...

INES
(Vivamente y con fuerza é ingenuidad) No señor, no.

GASPAR
(Algo sorprendido) No? Ya!... Entonces, no es malo que te haya sacado a tiempo. Para el claustro es preciso tener vocación.—Yo me acuerdo que, cuando soltero, traté de entrar en los padres jerónimos, y que después de meditarlo mucho... acabé por casarme con una devota do ojos negros... y de ilustre cuna.

CONDESA
(Aparte) Qué pesado es el viejo!

GASPAR
En fin... Hija mía... He aquí el marido que te destina la voluntad del rey... y la mía.

DIEGO
(Aparte) (Adiós mi dinero!)

INES
(Aturdida y después de una pequeña pausa ) El marido? Yo voy a tener un marido?

GASPAR
Hoy mismo. El notario va a llegar. Yo soy el padrino de la boda... y cuento con que la señora Condesa se dignará ser la madrina.

CONDESA
Cómo! Sin haberme prevenido antes... Sin... (Esto solo me faltaba!)

INES
(Corriendo aliado da la Condesa) Vos? Vos sois la madrina? (Alegre)

CONDESA
(Queriendo reprimirse) Sí, sí, yo soy... Verdad, don Diego?

DIEGO
(Aturdido) Oh! Oh! —Si! Eso!

GASPAR
(Señalando a D. Diego) Y este tu marido.

INES
(Con candor) Mi marido! Eso quiere decir mi amigo.

DIEGO
Justamente, Inés. Vuestro amigo. He ahí lo que yo deseo ser.

GASPAR
Pss! Con alguna diferencia... (Naturalmente)

INES
Gracias, primo mío; gracias, señora. Yo os aseguro que no seré ingrata a vuestro cariño.

DIEGO
(Aparte a la Condesa) (Pobrecilla!)

CONDESA
(Vivamente y aparte a D. Diego) (Callad, monstruo)

DIEGO
(Aparte y sorprendido) (Aprieta! Ahora se enoja conmigo!)

(El Notario aparece viniendo lentamente por el fondo)

GASPAR
(Viéndole y saliendo a su encuentro) Adelante, señor don Onofre. Adelante.

DIEGO
(Aparte) (El Notario! Animas benditas!)

CONDESA
(A don Diego) Yo voy a estallar!

DIEGO
(Vivamente) No por Dios!

GASPAR
Ya os estábamos esperando con una impaciencia... (Al Notario)

NOTARIO
(Sonriendo malignamente) Muy natural. El señor coronel estaría deseando verme...

DIEGO
(Aparte) (Crucificado!)

NOTARIO
(Saludando a la Condesa) Señora...

CONDESA
(Volviéndole la espalda y aparte) Ay! Me causa horror!)

NOTARIO
(A Inés) Señorita...

INES
(Llamando aparte a D. Gaspar) Decidme, tío. (Señalando al Notario y sin que este la oiga) El señor hace falta para casarnos?

GASPAR
Según. Por qué lo dices?

INES
(Idem) Porque es tan feo...

GASPAR
(Idem) Hija, cada uno es como Dios lo hizo.

CONDESA
(Aparte a D. Diego) Pero decid algo. Tomad alguna determinación.

NOTARIO
Aquí traigo extendidas las capitulaciones...

CONDESA
(Aparte a D. Diego) No firméis!

NOTARIO
(Continuando) Con el permitió de su majestad, pues que se trata de uno de sus oficiales. Y el requisito es tanto más necesario... cuanto que ha dos semanas encerraron en un convento a la esposa de un capitán que se había casado sin real licencia.

CONDESA
(Aparte y aterrada) Ay Dios mío. (Aparte a D. Diego) Firmad a toda costa.

DIEGO
(Aparte a la Condesa) Pero hija... (Se oyen dentro voces y rumor confuso)

GASPAR
Eh? Qué es eso? (Todos vuelven la cara al fondo)

DENTRO
(La voz de Blas) Detenedle! Que se. va a romper el alma contra esa esquina!

DENTRO
(Un grito de sobresalto) Ah!!!

INES
(Asustada) Qué sucede?

DIEGO
Corramos a ver...

INES
(Más asustada) Ay qué miedo!

GASPAR
Señora Condesa. Tened la bondad de acompañar a Inés a ese pabellón. No sabemos qué puede haber ocurrido... y la pobre es tan tímida...

CONDESA
Si, si. (Aparte) Ganemos siquiera estos instantes... (A Inés) Venid, venid conmigo. (La Condesa é Inés entran apresuradamente en el pabellón izquierda)

DIEGO
(Que mira al interior desde el fondo) No veis? (Todos miran) Un caballo que sin duda venia al escape, ha dado contra los arboles. El jinete ha caído al suelo! (Va a salir)

GASPAR
(Deteniéndole) Espera. Ya lo levantan. Es un oficial de guardias.

NOTARIO
(Con pedantería) Está incólume!

GASPAR
Justo. No ha escapado de mala. (Bajan al proscenio)


ESCENA V

D. Diego, D. Gaspar, el Notario, D. Félix, vestido de uniforme de Guardias de Corps. Blas ha salido presuroso un poco antes y figura enterar por señas a D. Diego y D. Gaspar de lo que ha ocurrido.


CANTO

FELIX
(Del lado allá de la verja y como si hablara con los Aldeanos dentro)
Fogoso es por mi vida
el potro cordobés!
La rienda aseguradle,
sus bríos contened.

(Bajando al proscenio y saludando)

Salud, salud, señores;

(Reparando en Diego)

Qué mire! Coronel!

DIEGO
(Dándole la mano)
Don Félix...

GASPAR
(A Blas) Una silla.

(A D. Félix presentándole la silla que trae Blas)

Del susto aquí volved.

FELIX
(Sonriendo) Del susto? No. Mil gracias.
Ninguno tuve a fe. (Blas retira la silla)

(Con entusiasmo)

Por selvas y collados
me lanzo audaz
gozando en la destreza
de mi alazán.
Cuanto más ciego parte,
le incito mas;
y entre nubes de polvo
le hago volar.
Que es mi caballo
bayo, español,
ligero como el rayo,
ardiente como el sol.

BLAS
Yo cuando bajo al puebla
suelo montar
en un prudente burro
manso y leal.
Cuanto más flojo anda
me gusta más:
y si para y se duerme...
le dejo estar.
Y aun muchas veces
aconteció...
amanecer roncando
el burro y yo.

(A un tiempo)

GASPAR
(Reprendiendo a Blas)
Nadie tu historia.
te preguntó.
Ve do te llame
tu obligación.

DIEGO y FELIX
(Riendo)
Bravo a fe mía,
bravo por Dios!
Qué linda escuela
de equitación!

FELIX
(A D. Gaspar)
Que cumpla permitidme
la urgente comisión
que nuestra soberana
me ha dado para vos.

GASPAR
(Sorprendido)
La reina?

DIEGO
(Aparte y con alegría) Qué esperanza!

GASPAR
Decid vuestra misión.

FELIX
A la piadosa romería
que con la corte
a emprender va,
hoy en su augusta compañía
quiere llevaros
su majestad.

(D. Diego hace aparte un gesto de alegría)

GASPAR
Honor tan grande...

FELIX
Ni un momento
por orden suya
debéis tardar.
A toda prisa venir me manda:
tan solo a vos
la reina espera ya.

GASPAR
(Indeciso) Qué hacer? Yo en este instante (A D. Diego)
no os puedo abandonar.

FELIX
Cual buen vasallo os toca
partir al punto...

(De pronto y como herido de un rayo) Ah!!!

(Reparando en Inés, que aparece en la segunda ventana del pabellón, sin mirar a la escena, y desaparece en seguida. A este grito inesperado, D. Gaspar, D. Diego, el Notario y Blas se sorprenden, y girando, digámoslo así, sobre los talones, dan una vuelta completa y d la vez mirando á todos lados. Este movimiento debe ser uniforme y cómico)

FELIX
(Aparte y conmovido, adelantándose al proscenio, en tanto los otros lo miran con sorpresa)
Yo me engaño;
no puede ser ella;
del mundo la esconde
mi suerte infeliz...
ilusión
de mi amante deseo,
aparta, do quieras
burlarte de mí!

GASPAR, NOTARIO, DIEGO y BLAS
(Aparte)
Qué le inquieta,
que así de repente
se turba y se agita
con tal frenesí?
La caída
que dio del caballo
sin duda ahora empieza
su cuerpo a sentir.

GASPAR
(A D. Félix) Qué es eso?

DIEGO
(Idem) Os ponéis malo?
Inquieto estáis.

FELIX
(Disimulando) No tal.

(A D. Gaspar)

Ved pues que el tiempo pasa:
la marcha apresu... Ah!!!

(Como antes. Inés ha vuelto a asomar como antes a la ventana desapareciendo en seguida. D. Gaspar, D. Diego, el notario y Blas dan otra vuelta cómica como antes)

FELIX
(Aparte) No me engaño!
Su imagen divina
de nuevo mis ojos
encuentran allí!
Ah querida
ilusión de mi alma!
Detente, no quieras
burlarte de mí!

GASPAR, DIEGO, BLAS y NOTARIO
Qué demonios
así de repente
le turba y le agita
con tal frenesí?
La cuida
que dio del caballo
sin duda ahora empieza
su cuerpo a sentir. (Cesa la música)

(Hablado)

DIEGO
Es extraño! (A D. Félix) Os habéis puesto pálido!

FELIX
(Dominando su turbación) No, no. Repito que no es nada.

GASPAR
Tal vez el golpe que al caer del caballo recibisteis...

FELIX
Sí. Es posible. Creo que debe ser eso...

DIEGO
Y vos, querido tío... en qué os detenéis? La orden de la reina es terminante. No podéis excusaros de cumplirla.

GASPAR
(Indeciso) Si, en efecto, yo...

DIEGO
(Vivamente a Blas) Corre, corre; que preparen el coche.

(Blas se va corriendo)

GASPAR
Pero por otra parte... el rey quiere absolutamente que tu boda se verifique esta misma tarde, a fin de que partas mañana sin falta a Barcelona... y... no hay remedio: es imposible retardar la ceremonia.

FELIX
(Sencillamente) Cómo! Vais a casaros, coronel? (En este momento la Condesa sale con Inés del pabellón. Inés ve al bajar a D. Félix, y exclama sin ser oída más que de la Condesa)

INES
(Mirando a D. Félix) Qué veo!

CONDESA
(Vivamente a Inés) Eh?

GASPAR
(Siguiendo la conversación con D. Félix) Si, y os presento su futura esposa, mi sobrina.
(Volviéndose a Inés. D. Félix se estremece y procura dominarse Inés le saluda modestamente, y él con suma cortesía. La Condesa los observa)

FELIX
Señorita... señora Condesa...

CONDESA
(Le devuelve el saludo y dice aparte) Se ha turbado!

DIEGO
(Aparte) Pues señor, no hay medio de conjurar la catástrofe.

CONDESA
Hablabais de partir, señor don Gaspar?

FELIX
La reina le llama... (Pasa en seguida por detrás de los otros al lado de Inés. Ella y don Félix se saludan respetuosamente y hablan bajo.

DIEGO
(Mirándola con intención) Y con urgencia! Pero mi tío so pretexto de mi boda...

CONDESA
(A D. Gaspar, con empeño) No hay pretexto que pueda dispensaros de cumplir el mandato de vuestra soberana.

DIEGO
Cierto. Al menos presentaos a su majestad. La Granja está cerca. Partid; haced presente a la reina los negocios que aquí os reclaman, y volved en seguida. (Aparte) Si le deja volver.

GASPAR
No, no. El rey me ha dicho que tu boda ha de verificarse esta misma tarde... (A D. Diego)

NOTARIO
Y se verificará.

DIEGO
(Sorprendido y temeroso) Eh? Cómo?

NOTARIO
Nada más sencillo. El contrato está extendido. (A don Gaspar) Vos lo firmáis, partís: yo presido las demás formalidades en vuestra ausencia, y el señor cura ante mí y la señora condesa, une a los novios, mientras vos acompañáis a S. M.

DIEGO
(Aparte) Este hombre va a ser mi perdición!

GASPAR
Excelente idea. Pero no haré yo falta?..

NOTARIO
Ninguna... Con tal que antes firméis el contra.to. Estando yo presente, y quedando convenidos, supongo vuestra presencia en el acto y... Tened. (Dirigiéndose a un velador de piedra) Aquí mismo... (Saca un tintero de bolsillo, que pone sobre el velador, así como el contrato. D. Gaspar se acerca a firmar)

CONDESA
(Aparte) Pues ahora estamos peor que antes.

FELIX
(Aparte y mirando a Inés ) Ah! La perdí para siempre!

(Estos aparte mientras D. Gaspar firma)

INES
(Aparte y por D. Félix) Con qué placer le veo!

BLAS
Ya está el coche listo.

GASPAR
(Que acabó de firmar) Pues no hay otro remedio... Partamos. Pero aún no pierdo la esperanza de estar de vuelta antes que os hayan echado las bendiciones. Señora Condesa, vos quedáis; encargada; en mi ausencia y con el señor Notario, de presidir la ceremonia y de llevarla debidamente a cabo.

DIEGO
(Aparte) A buena parte llega.

CONDESA
(Sin saber que hacer) Sr. D. Gaspar... yo...

GASPAR
(Cogiendo a los dos novios de la mano) Inés... Diego. Hasta luego, hijos míos, hasta luego.

FELIX
(Saludando muy triste) Señora... (A la Condesa) Señorita... (A Inés)

INES
(Aparte con pena) Calle! Se va también!

DIEGO
(Aparte e impaciente) Estoy que me llevan quinientos mil...

FELIX
(Casi desde el fondo) Coronel...

DIEGO
(En el proscenio sin volver apenas la cara) Adiós! Adiós! (Sigue murmurando) Legiones de demonios!

(D. Gaspar se va seguido de D. Félix y de Blas)

DIEGO
(De pronto a D. Gaspar) Esperad! Os acompañaré hasta el carruaje. (Se va con ellos)

NOTARIO
(A la Condesa) Y yo con vuestro permiso, voy a examinar los documentos que deben unirse al contrato.

(Se va, entrando en la sala baja inmediatamente al pabellón derecha)


ESCENA VI

La Condesa. Inés.

INES
(Siguiendo con la vista a D. Félix, que se ha ido) Se va! (Con tristeza)

CONDESA
Quién? Vuestro futuro?

INES
(Toda esta escena, con mucho candor, pero sin que parezca imbecilidad) No. Ese oficial. D. Félix.

CONDESA
Calle! Le conocéis?

ÍNES
Si, señora. Hace dos meses... y muy entrada la noche, llamaron a las puertas del convento, pidiendo socorro. Eran dos hombres que traían a D. Félix herido.

CONDESA
Herido?

INES
Sí. En un encuentro con los salteadores que por entonces había en el bosque inmediato. La madre superiora le prodigó todo género de auxilios, y yo misma... en los tres días que D. Félix ocupó un pabellón retirado en el jardín...

CONDESA
Cómo! Ibais a verle?

INES
(Vivamente) Con la enfermera. Cuando le llevaba las tazas de caldo. Ya se ve. Me daba tanta lástima... Y luego el pobrecito cae echaba unos ojos tan lánguidos que hubieran conmovido a mu piedra. Cuando se puso mejor... ya rae miraba con más ánimos, se sonreía... y yo me sonreía también.

CONDESA
(Cuyo interés va creciendo) Vos también?

INES
(Con candor) Qué queréis! Dicen que la risa es contagiosa... (Tristemente) Pero duró bien poco. La superiora, apenas D. Félix pudo ser trasladado a otra parte sin riesgo de su vida, hizo que se le llevaran del convento... y sin saber por qué me tuvo tres días a pan y agua.

CONDESA
Es posible?

INES
Como lo estáis oyendo. Así es que pasé una pena!... (Suspirando) y un hambre...

CONDESA
(Sonriendo) Ya lo creo! Y... (Con suma curiosidad) desde entonces no habéis vuelto a ver a D. Félix?

INES
No señora. Vive siempre en la corte?

CONDESA
Según. Cuando no está de servicio, suele habitar en su quinta, a media legua de aquí.

INES
(Contenta) A media legua? Entonces le veremos a menudo!

CONDESA
Eh? (Mirándola fijamente)

INES
Qué gusto! Sabéis que este país es muy agradable... y que me alegro mucho de casarme?

CONDESA
De veras?

INES
(Con fuerza y naturalidad) Vaya! Como que así podré ver a D Félix.

CONDESA
(Aparte) Pues es una friolera. (Pausa) Sabéis... los deberes que el matrimonio nos impone?

INES
(Con ingenuidad) Yo? No.

CONDESA
Qué! La madre superiora no os ha instruido?...

INES
La madre superiora? Si estaba furiosa porque me iban a casar! Pero vos, amiga mía, me enterareis...

CONDESA
Yo? Ay, no, no. Perdonad. (Se separa un poco de Inés, que se queda inmóvil y pensativa) (D. Diego aparece en el fondo y se detiene a escuchar)

INES
Entonces... qué voy a hacer cuando me lleven a la iglesia? (Pausa) Es eso lo mismo que una misa?

CONDESA
(Al oír esto fija vivamente sus ojos en Inés, y su fisonomía se anima con la esperanza. En seguida exclama aparte) Ah, qué idea! (Como concibiendo un plan)

INES
Responded.

CONDESA
(Aparte) Esta tarde hay salve en la capilla, sermón... Si yo me atreviera antes que nadie se apercibiese... Un día. Ganar un día es lo quo necesitamos.

INES
No me decís nada? (Acercándose a la Condesa)

CONDESA
Al contrario. He aquí cómo os van a casar. (Pausa) Ahora vamos a conduciros a la capilla. Allí, vos y don Diego escuchareis arrodillados la salve que cantarán a la Virgen.

DIEGO
(Aparte en al fondo y como comprendiendo la idea) Ah!

CONDESA
Le pediréis a Dios que os conserve siempre buena y virtuosa, que haga feliz a vuestro esposo...

INES
Y qué más?

CONDESA
Nada más. Desde ese momento llevareis el nombre de vuestro esposo, su fortuna será también la vuestra, tendréis criados que os sirvan, seréis dueña de vuestra casa, y viviréis contenta y tranquila.

INES
Ya! Con que eso es casarse.

CONDESA
Justo.

DIEGO
(Aparte desde el fondo) Pues! Como si dijéramos.

INES
Qué gusto! Ay! Disponed que nos casen pronto!

DIEGO
(Aparte desde el fondo) Cáspita! Qué prisa tiene!

CONDESA
(A Inés) Si, si. (Aparte) El paso es atrevido, pero no importa. (A Inés) Queréis entrar a adornaros un poco en ese pabellón? (El de la izquierda) Yo mientras voy a buscar a vuestro novio para la ceremonia.

INES
En ese pabellón?

CONDESA
Si, entrad. No tardaré en avisaros.

INES
Decís bien. (Va a entrar y vuelve) Me arreglaré el peinado delante de esos grandes espejos de la sala. En el convento solo había uno tan pequeño, que para mirar con este ojo (Señalando al izquierdo) tenía que cerrar este otro. (Guiñando un ojo)

CONDESA
Bien, bien. Apresuraos.

INES
(Entrando en el pabellón) Os espero.


ESCENA VII

La Condesa, D. Diego, bajando del fondo vivamente y dirigiéndose a la Condesa.

DIEGO
(En voz baja) Vuestro proyecto es una locura.

CONDESA
(Volviéndose) Estabais ahí?

DIEGO
Digo que vuestro proyecto...

CONDESA
Lo habéis comprendido?

DIEGO
Perfectamente. Pero...

CONDESA
Es el único que nos puede hacer ganar tiempo hasta mañana.

DIEGO
Y las consecuencias de semejante superchería?

CONDESA
Pues bien. Imaginad otra cosa. Fingíos enfermo.

DIEGO
Sí. Con esta cara respirando salud.

CONDESA
Entonces... acabemos. Aceptáis mi idea, si ó no?

DIEGO
Y qué he de hacer?

CONDESA
(De pronto) Ay Dios mío! ya no me acordaba...

DIEGO
De qué?

CONDESA
Y el notario? Su presencia va a dar al traste con todo.

DIEGO
(Como tomando una resolución) En dónde está?

CONDESA
Ahí. (Señalando la puerta de la sala baja inmediata al pabellón de la derecha) En la biblioteca examinando los documentos que han de acompañar el contrato.

DIEGO
Esperad. (Cierra la puerta)

CONDESA
Qué hacéis?

DIEGO
(Guardándose la llave en el bolsillo) Dejarle encerrado hasta que mañana sepamos cuál es nuestra suerte.

CONDESA
Hasta mañana! Se va a morir de hambre!

DIEGO
Que se coma los tomos en folio.

CONDESA
Es una herejía!

DIEGO
No importa. Algún pecado tendrá que pagar en este mundo.

CONDESA
Pero si da voces...

DIEGO
No le oirán. La puerta está forrada de hierro. Es, valor! (Paseando agitado)

CONDESA
(Mirándole ) Qué agitación! qué palidez! Cualquiera nos creería dos bandidos que van a cometer un crimen.

DIEGO
Si; ese aire tenemos, de bandidos. Vos sois el capitán! (Con cierto aire agitado)

CONDESA
Gracias. (Riendo)

DIEGO
Dónde está la víctima! (A media voz)

CONDESA
Qué víctima?...

DIEGO
La novia.

CONDESA
Jesús! Allí! (Señalando al pabellón izquierda) Voy por ella para que marchemos inmediatamente a la capilla. (Se va entrando en el pabellón)

DIEGO
(Dando paseos agitado) Ajá! De este modo cuando mi tío vuelva nos creerá casados, y esto dará tiempo...

INES
Ya estoy pronta. (Saliendo del pabellón. Blas aparece en el fondo)


ESCENA VIII

D. Diego, Inés, la Condesa, Blas.

DIEGO
(A Inés con galantería) Vuestra mano...

CONDESA
(A Blas) Dame la llave de la puerta falsa del parque.

BLAS
(Sacándola del bolsillo y dándosela) Tomad, señora Condesa.

INES
(A D. Diego) Calle! Estáis temblando!

DIEGO
Yo? No tal. A pesar mío siento una emoción... (Aparte)

CONDESA
(Aparte a Blas) Y no digas a persona alguna que los novios van a casarse a la capilla. La fiesta se aplaza para mañana.

BLAS
(Aparte) Calle!

CONDESA
Dios nos saque con bien de este enredo. (A D. Diego) Cuando gustéis.

DIEGO
En marcha. (Se van. La Condesa desde el fondo hace una seña a Blas para que guarde silencio)


ESCENA IX

Blas, solo.

BLAS
Cosa más rara! Casarse así — a cencerros tapaos! Y qué? Mejor. Yo he oído decir que en estos casos... vale más estar solos que acompañaos... (Sonriendo) Jé, jé! Lo cual no deja de tener su explicación. Pues sin embargo, el día en que yo me case con Teresa han de venir a verlo de diez leguas a la reonda, y ha de haber una fiesta de soleá y pan tierno! (Entusiasmándose y cantando la rondeña, sin orquesta)

«Cuándo llegará ese día...
»Cuándo llegará esa hora...
»Cuándo llegará...

(De pronto parándose y hablado) Voy a encender las luces. (Entra en el pabellón)


ESCENA X

Blas en el pabellón izquierda encendiendo. D. Félix saliendo lentamente y mirando en torno por el foro derecha.

FELIX
(Deteniéndose a la puerta de la verja) Es singular! Todo está en calma! No se nota el menor preparativo... Semejante silencio en un día de boda... (Entra en escena) Qué quiere decir esto?

BLAS
(Asomándose a la ventana del pabellón) Quién va?

FELIX
(Alzando la cabeza) Eh?

BLAS
(Reconociéndole) Ah! servidor, señor oficial. (Desde la ventana) Yo creía que os habíais ido con el señor Comendador.

FELIX
Sí, quise acompañarle... por cortesía... Pero cuando supo que yo no estaba de servicio en palacio, y que tenía licencia para pasar dos semanas en mi quinta, no permitió que le siguiera acompañando, y yo me apresuré...

BLAS
Mejor. Con eso asistiréis a la boda.

FELIX
(Con mal disimulada indiferencia) Si. Justamente he vuelto aquí con la intención de dar la enhorabuena a los novios. Pero no veo a nadie, ni advierto el menor preparativo...

BLAS
Ya! porque se ha aplazado para mañana...

FELIX
(Vivamente) La boda?

BLAS
Ca! No señor, la fiesta.

FELIX
(Aparte y con pena) Qué loca esperanza!

BLAS
La señora Condesa y los novios han ido a la capilla solos sin aparato alguno, a fin de evitar toa la tracamendaná de costumbre. Cuando vos llegasteis estaba yo encendiendo las luces de este pabellón, que es el que van a habitar. Y en ese otro (El de la derecha) vive la señora Condesa sola como un hongo... Por cierto que debe ser triste estar sola teniendo enfrente eh? (Con malicia)

FELIX
(Con mal humor) Adiós!

BLAS
Os vais?

FELIX
Sí. Puesto que los novios desean que nadie les moleste...

BLAS
Hasta mañana, señor oficial. Yo voy a concluir mi tarea antes que vuelvan. (Desaparece de la ventana y se pone a encender los candelabros que hay sobre la consola de la alcoba)


ESCENA XI

D. Félix, solo.

(Música)

FELIX
(Se dirige al fondo para irse. Be pronto se detiene y mira al cielo con tristeza)


CANTO

Adiós dulces memorias,
ensueños de mi amor,
imágenes queridas,
adiós por siempre, adiós.
Luz hermosa, que brillabas
en mi alegre porvenir,
dime, dime por qué así,
desgraciado!
te perdí!
De la vida en el sendero
mi esperanza te siguió.
Ay! cuán breve y pasajero
fue, luz bella,
tú fulgor!
Adiós, mi dulce vida,
ensueños de mi amor;
adiós, Inés querida,
adiós por siempre, adiós,
adiós!...

(Cesa la música. D. Félix se apoya tristemente en la verja, y permanece así un brevísimo instante. Enseguida hace un esfuerzo sobre sí mismo) Partamos pues: no revelen mis ojos lo que padece mi alma!... No turbe mi presencia la felicidad de Inés. Partamos. (Va a irse y se detiene mirando al fondo izquierda) Cielos! ellos son! Cómo ocultarme a sus miradas? A pesar mío no podría disimular mi turbación! Esperemos hasta que pueda salir sin ser visto. (Se oculta entre las ramas y cerca del proscenio, junto al pabellón de la derecha)


ESCENA XII

Blas, saliendo del pabellón izquierda con una luz que pone sobre el velador de piedra. D. Félix oculto y observando. La Condesa y D. Diego, que sale dando el brazo a Inés.

BLAS
(Saliendo) Ya están de vuelta! (A Inés) Señorita, que Dios os dé tantas felici...

DIEGO (Separándolo) Bien, bien. Basta de discurso.

INES
Qué corta ha sido la ceremonia! Y sin embargo... henos ya casados; no es así?

DIEGO
(Con afecto) Si, esposa mía.

CONDESA
(Aparte y tirándole de la casaca) No os pongáis tan tierno (Pasa a la derecha de Inés)

INES
Es particular! Me siento tan cansada, y tengo en los ojos así, como una nube..

CONDESA
Queréis tomar alguna cosa?

INES
No, no. Ya sé lo que es esto. En el convento me acostaba al anochecer, y... (Sonriendo) la verdad... Tengo sueño!

DIEGO
(Aparte) Pobrecita!

CONDESA
Venid, venid a vuestro pabellón.

DIEGO
Si, si. Retiraos a descansar. (Hace señas a la Condesa)

BLAS
(Creyendo que es a él) Eh? qué? (A D. Diego)

DIEGO
Nada, animal.

BLAS
Corriente! (Pasa al extremo del proscenio derecha)


MUSICA FNAL —CANTO

(Inés cogida de la mano de la Condesa y disponiéndose a subir al pabellón, dice a D. Diego)

INES
(Muy amable) Hasta mañana,
marido mío;
hasta mañana
que os vuelva a ver.
Adiós pues,
adiós pues.
Ah! cómo voy
á dormir bien!

(D. Félix escucha sin ser visto y demuestra extrañeza)

DIEGO
(A Inés) La noche os brinda
tranquilo sueño,
dichosa calma
reina doquier.
Dormid bien,
dormid bien.
Hasta mañana
que os vuelva a ver.

(Siguen hablando bajo)

BLAS
(Aparte y con malicia)
Soberbia risa
me causa a fe,
que ambos se digan
con mucho aquel...

(Para él solo y remedando a Inés y D. Diego)

«Dormid bien,
«dormid bien.

(En su voz natural)

Como si eso
pudiera ser!

(Todos a un tiempo)

INES
Adiós pues.
Adiós pues.
Ah! como voy
a dormid bien.
Adiós pues.

DIEGO
Dormid bien,
dormid bien.
Hasta mañana
que os vuelva a ver.
Dormid bien.

BLAS
(Aparte remedándolos)
»Dormid bien,
dormid bien.
Como si eso
pudiera ser.
»Dormid bien.

FELIX
(Aparte desde donde está oculto)
Yo no sé,
yo no sé,
porque aquí quiero
permanecer.
No lo sé.

CONDESA
(A Inés) Vamos pues,
Vamos pues.
Ah! como vais
a dormir bien.
Vamos pues.

(Blas al terminar su última nota suelta la carcajada aparte. La Condesa é Inés suben al pabellón izquierda. Blas con curiosidad se sitúa al pie de la ventana y se pone desde abajo a mirar. D. Félix sigue observando escondido. D. Diego en un lado del proscenio. Inés al entrar en el pabellón dice a la Condesa...

INES
Mil gracias, señora,
por tanta bondad.

(Entran en la primera habitación)

DIEGO
(En la escena y aparte)
Su rara inocencia
nos viene, a ayudar.

( Mira de pronto a Blas que curiosea)
Qué haces tú ahí?

(Blas separándose de la ventana)

Nada, señor.

DIEGO
(Bruscamente)
Vete a dormir.

BLAS
(Obedeciendo)
Quedad con Dios.

(Coge la luz que dejó sobre el velador, y conforme se va yendo, mira al pabellón tristemente y dice aparte)

BLAS
Ay! qué felices son...
(Suspira) Ay!...
(De pronto) Los que lo son! (Se va)

(Durante esto, Inés ha entrado en la alcoba del pabellón y se queda en ella. La Condesa se queda en la primera habitación y le dice)

CONDESA
Inés, buenas noches,
Del sueño gozad.

INES
(A la puerta de la alcoba)
Adiós.

CONDESA
Vuestro cuarto.
por dentro cerrad.

(Mientras esto, D. Diego se ha ido a mirar al mismo sitio que antes Blas)

FELIX
(Aparte desde donde está oculto y con sorpresa)
Qué dice?

INES
(Cerrando la puerta de la alcoba y quedando dentro)
Ya está.

CONDESA
(Apagando las luces del salón)
Adiós y descansad.

(Baja del pabellón cuya puerta cierra)

FELIX
(Aparte, desde donde está oculto)
A comprender no acierto...

CONDESA
(Aparte en la escena ya)
Bien marcha nuestro plan.

(Repara en D. Diego)

Qué miráis vos?

DIEGO
(Separándose vivamente de la ventana)
Nada, pardiez!

(Acercándose sonriendo a la Condesa)

Estáis celosa?

CONDESA
Pudiera ser.

FELIX
(Aparte desde donde está oculto)
Qué estoy oyendo?
(Sorprendido)

CONDESA
(A D. Diego) Vémonos pues...

DIEGO
(A la Condesa cogiéndola una mano)
No tengáis miedo,
Mi dulce bien.

FELIX
(Aparte desde donde está oculto)
Allí Que misterio!...

CONDESA
(A D. Diego)
Vámonos pues.

DIEGO
(A la Condesa) Tú sola, prenda mía.
eres mi dulce amor,
tú la que fiel adora
mi tierno corazón!

CONDESA
(A D. Diego) De aquí nos alejemos,
Baja mi bien, la voz;
que el eco no repita,
los ayes de tu amor.

(A un tiempo)

DIEGO
Tú sola, prenda mía,
eres mi dulce amor.
Tú la que fiel adora
mi tierno corazón!

CONDESA
De aquí nos alejemos,
baja, mi bien, la voz,
que el eco no repita
los ayes de tu amor.

FELIX
(Aparte desde donde está oculto)
De asombro en mí no vuelvo,
al ver tan vil traición!

(Mirando al pabellón de Inés)

Boda fatal! A entrambos
La dicha nos robó.

CONDESA
(Guiando a D. Diego hacia su pabellón)
Baja la voz.

DIEGO
No haya temor.

CONDESA
Baja la voz!

(Van andando. D. Félix sale de donde está escondido; y sin ser visto cruza velozmente por el fondo, alejándose lleno de indignación y de sorpresa)

FELIX
Ah! Que traición!

(La Condesa y D. Diego quedan cogidos de las manos a la puerta del pabellón que da frente al de Inés)

(Cae el telón)


FIN DEL ACTO PRIMERO


ACTO SEGUNDO

El teatro representa una sala elegantemente amueblada, con ventanas a derecha é izquierda, dando a los jardines. Al fondo puerta que da a una linda azotea llena de tiestos de flores, y desde la cual se domina la campiña. En medio de la escena un sofá: un poco retirado y a la derecha un velador. A la izquierda del sofá un sillón y otro a la derecha, ambos también algo distantes. En primer término una puerta a la derecha y otra a la izquierda. A derecha é izquierda de la puerta del fondo ventanas de persianas. En los huecos dos consolas con candelabros.


ESCENA PRIMERA

Inés, vendados los ojos con un pañuelo blanco. Blas y Aldeanas, en derredor suyo y como huyendo de Inés, que procura a tientas darles alcance.


MUSICA —CANTO

ALDEANAS
(De puntillas y en torno de Inés)
Mucho cuidado,
que no nos sienta,
seguidla pues.
En torno suyo
pasad ligeras,
corred, corred.

INES
(Poniendo la mano sobre el hombro de Blas, que está a su derecha)
Te pillé.

BLAS
(Poniéndose a su izquierda de un saltito)
Me escapé.

ALDEANAS
(Como antes) En torno suyo
pasad ligeras,
seguidla pues.

BLAS
(Dando un sallo a la derecha)
Uf! que me pilla! (Inés lo sigue a tientas)

ALDEANAS
(A Blas) Cuidado ten.

BLAS
(Dando otro salto a la izquierda)
Uf! que me atrapa!

ALDEANAS
(Unas a otras seguidas de Inés)
Corred! corred!

(Inés las va siguiendo d tientas y ellas esquivándose)

BLAS
(Aparte en un lado)
Por cierto que es curioso
el verme aquí
a mí que soy un zángano.
jugar así!

INES
(Como antes cogiendo a Blas)
Te cogí.

ALDEANAS
Si, si.
Vendarte ahora los ojos
te toca a ti.

BLAS
A mí?

ALDEANAS
(A Blas) A ti.

(Blas se agacha. Inés, que se ha quitado la venda, se la pone a Blas. Durante esto, Blas canta aparte y sonriendo)

BLAS
Jesús! Tiene la mano
de lo más fino!
Lo mesmito se escurre
que el raso liso!

INES
Vendado estás.
Hagamos pues la rueda.

ALDEANAS
(Cogiéndose de las manos)
La rueda sin tardar!

BLAS
(Aparte y con los ojos vendados)
Con mucho cuidado
las voy a acechar,
que en esto algo siempre
se suele pescar.

(Inés y las aldeanas forman rueda, dejando a Blas en medio. Inés antes le da a Blas su abanico. Blas describe con él un círculo en torno suyo, hasta que por casualidad detiene el abanico en Inés. Esta coge la punta del abanico, mientras Blas pone la boca en la otra punta y da así una especie de nota aguda)

BLAS
Piiii...

(Se lleva la punta del abanico al oído para reconocer la voz que va a contestarle)

INES
(Contestando lo mismo)
Piii...

BLAS
(Retirando el abanico)
Tú eres Juana la bonita,
la que llora por marido,
porque solo tuvo cuatro
y enterrar le falta el quinto.

INES y ALDEANAS
(Cerrando la rueda y bailando alrededor de Blas asidas de las manos)
Ande la rueda,
ande la rueda, que no acertó.
No nos atrapas,
no nos atrapas, pobre simplón.

(Hablado)

BLAS
Pare! pare la rueda. (Separan. Blas hace el mismo juego con el abanico, que aunque lo detiene en una aldeana, Inés acude de puntillas y le coge como la primera vez)

BLAS
Piiii...

INES
Piiii....

BLAS
(Retirando el abanico)
Tú eres Rosa la hortelana,
la que huérfana de madre
aseguran que ha nació
sin que la pariera nadie.

INES y ALDEANAS
(Cerrando de nuevo la rueda y bailando en torno de Blas)
Ande la rueda,
ande la rueda, que no acertó.
No nos atrapas,
no nos atrapas, pobre simplón.

(Cesa la música)

(Hablado)

(La rueda se deshace. Blas va a quitarse la venda, pero Inés se lo impide acudiendo a su lado y diciéndole)

INES
Estáte quieto, simplón. (Se pone delante de Blas) Ves? (Mueve las manos delante de los ojos de Blas. Las Aldeanas hacen lo mismo)

BLAS
Ni gota. (Aparte) (Miento: que me han dejao una rajilla.

(En esto dos Aldeanas llegan por detrás y cogiendo cada una un extremo del pañuelo, dan un tirón y aprietan el nudo con toda su fuerza)

BLAS
(Quejándose) Aj! (Aparte) Me queé a oscuras!

INES
Ea, empecemos. (Pausa. Todos se están quietos)

BLAS
(Dando de pronto una vuelta para atroparlas) Cra! cracra! cracra! (Cacareando)

TODAS
(Separándose en distintas direcciones y dando un grito) Ah!

BLAS
(Andando a tientas) A ellas! (Se vuelve de pronto hacia la izquierda) Por aquí siento faldas!

INES
(Desde lejos) Blas! Ahí va una!

BLAS
(Da una sacudida con el brazo para alcanzarla y se da contra una mesa) Uf! (Sacudiendo la mano) Cáspita! que me he roto los nuillos!

INES
(En voz baja a las aldeanas) Queréis darle un buen chasco? Vámonos al jardín y dejémosle aquí solo.

TODAS
(Bajo a Inés) Si, si.

INES
Chss! Que no nos sienta. (Inés y las aldeanas se van riendo y de puntillas por la puerta del fondo)

BLAS
(Solo y siguiendo andando a tientas, creyendo que están aun allí) Teresilla, déjate pillar. Aonde estáis? Cuenta con darme alfilerazos! Voy derecho? (Da contra una puerta) Ay! No, que voy torció- (De pronto y creyendo coger así a alguna, da de una vez tres vueltas
rápidas como un molinete y con los brazos extendidos) Te cogí... (Da con uno de los brazos a un candelabro de la mesa y lo deja caer) Adiós! ya tiré un candielabro! (Prestando el oído ) Por ahí suenan pies... Aguarda! (Da un manotón y deja caer un almuerzo de china que hay sobre el velador) Uf! Se cayó medía casa! Jé! (Llamando) Muchachas! Caramba, responded! (Sigue andando a tientas)


ESCENA II

Blas, D. Diego, saliendo por la izquierda, sin verlo.

DIEGO
(Vivamente y con mal humor) Pues señor, está visto. Aquí va a haber un cataclismo. Son las seis de la tarde y aun no he recibido la menor noticia de la reina. Uf! Siglos me parecen las horas de matrimonio in nomine que llevo desde antes de ayer acá. Y yo que debía estar camino de Barcelona... con mi mujer... número dos. Por vida de...

BLAS
(Cogiéndole de pronto y con fuerza) Ya atrapé! Ya atrapé!

DIEGO
(Desasiéndose vivamente) Qué es esto?

BLAS
Uf! Que se escapa! (Dando vueltas)

DIEGO
(Dándole un puntapié) Imbécil!

BLAS
Ay! Cáspita! Eso no vale! Ya no juego. (Sin conocer a quien habla)

DIEGO
(Cogiéndole de un brazo ) Responde.

BLAS
Que ya no juego! Ea!

DIEGO
(Arrancándole con presteza el pañuelo de los ojos)
Qué estás hablando ahí?

BLAS
(Al ver a D. Diego) San Garalampio! (Empieza a mirar a lodos lados con asombro) Eh? Pues se han ido!

(Sigue mirando)

DIEGO
Quiénes? (Mirando el candelabro en el suelo) Qué destrozo es este?

BLAS
(Turbado) Señor...

DIEGO
Habla! (Con fuerza) Qué destrozo es este!

BLAS
Este? (Vacilando) Este es un destrozo.

DIEGO
Si! Demasiado que lo estoy viendo. Pero explícate, ó vive el cielo...

BLAS
Yo le diré a usía. La señorita Inés se empeñó en jugar con las muchachas y conmigo a la gallina ciega...

DIEGO
A la gallina ciega!! Pues me he echado una mujer de gobierno, voto a Luzbel! En dónde está?

BLAS
Luzbel? (Turbado)

DIEGO
(Con impaciencia) En dónde está mi esposa!

BLAS
Aquí estaba hace poco. Yo creía que no se hubiesen marchado, y...

DIEGO
(Con enojo) Vete, pero pronto! (Blas da un salto asustado) Y si vuelves aquí sin que sea necesario Espera. Pon ese candelabro en su sitio. (Blas se agacha para coger el candelabro)

DIEGO
(Reparando) Y la vajilla hecha pedazos! (Furioso) Por vida de mi nombro! (Se dirige hacia Blas. Al oír ésta amenaza, Blas, que estaba agachado, se deja caer en cuatro pies al suelo, y en esta postura corre como un gamo y desaparece por la puerta del fondo)

DIEGO
Qué hace ese majadero? Toma! y se ha ido! (Bajando al proscenio) Estamos bien. Estamos mejor que queremos.


ESCENA III

D. Diego y la Condesa, que sale por el fondo vivamente y agitada.

CONDESA
(Con tono seco y decidido) Ya he mandado hacer mis cofres. (Se sienta como enfadada, sin querer mirar a D. Diego)

DIEGO
(Aparte) Esta es otra!

CONDESA
(Abanicándose y revelando su despecho) Y dentro de una hora... zas! zis! a mi país. (A D. Diego) Ya! ya sentiréis el látigo!

DIEGO
(Con recelo, pero con naturalidad, sin moverse de donde está) Eh?... Cómo que ya sentiré el látigo?

CONDESA
Digo que ya oiréis al postillón.

DIEGO
(Comprendiendo) Ahí (Pausa. De pronto) Pues señor... (Cruzando los brazos) Esto sí que tiene mérito. Después que habéis sido vos la inventora de esa dichosa farsa de boda; después que me habéis obligado a fingirme marido (le Inés, os ponéis celosa y no queréis soportar una situación que vos misma y solo vos habéis creado.

CONDESA
(Sentada) Si. Pero nunca me llegué a imaginar que fingierais vuestro papel hasta el punto de ofender mi amor propio con la excesiva galantería que gastáis con vuestra prima.

DIEGO
Condesa! Condesa! Una mujer de talento como vos puede suponer... (De pronto y en otro tono más familiar) Vaya, Condesa, lo mejor es que tengamos calma, y que...

CONDESA
Calma, eh? cuando a estas horas estáis desobedeciendo las órdenes del rey, que os cree ya en Barcelona; cuando la reina no os envía una sola palabra de esperanza; cuando vuestro tío... cuando el notario en fin...

DIEGO
(Vivamente) El notario? No me habléis de él. Aun me parece verlo antes de ayer, al sacarle de la biblioteca, hecho un tigre, bramando de ira... y de hambre. Por fortuna le hice creer que solo un descuido del jardinero había sido la causa de su encierro... y que un mensaje de mi tío aplazaba la boda para hoy.

CONDESA
Es decir que hoy vendrá de nuevo!

DIEGO
Qué sé yo? Lo que más me mortifica es engañar así a mi pobre prima; a mi prima, a quien al fin y al cabo he presentado a todo el mundo como esposa mía.

CONDESA
A todo el mundo! El único ser viviente que ha entrado aquí desde antes de ayer ha sido don Félix.

DIEGO
Si. Que nos ha hecho (Marcando) siete visitas en dos días.

CONDESA
Olvidáis lo que ayer os conté? Don Félix ama a vuestra prima, y esto es para nosotros una gran esperanza...

DIEGO
He ahí por qué le he hecho tan buena acogida. Pero qué diablo! También es verdad que debo parecerle un marido muy ridículo y muy... En fin, yo no sirvo para estas cosas.

CONDESA
Y sin embargo, así únicamente desvaneceréis los celos que a pesar mío empiezan a atormentarme.

DIEGO
Pero celos de qué? Volvemos a las andadas? Por Dios y por la Virgen...

BLAS
(Apareciendo en la puerta del fondo y anunciando) El señor don Félix.

CONDESA
(Aparte a D. Diego) Ya está ahí.

DIEGO
(Para si) Octava visita! Cáspita! en cuarenta y ocho horas... Qué moscón!

CONDESA
(A Blas) Dile que pase adelante. (Blas se retira)

DIEGO
(A la Condesa) Sabéis que si yo fuera en efecto marido de Inés estaba divertido con ese mozo!

CONDESA
(Vivamente y bajo a D. Diego ) Chss! Silencio! (Viendo entrar a D. Félix)


ESCENA IV

D. Diego, La Condesa, D. Félix.

FELIX
(Aparte al entrar) Siempre juntos! Qué infamia!

DIEGO
(Con semblante risueño) Adelante, mi querido amigo, adelante.

FELIX
Perdonad si habiendo ya venido esta mañana...

DIEGO
(Involuntariamente) Si, tres veces. (La Condesa le tira de la casaca) Pero eso no importa; al contrario, en el campo desea uno ver con frecuencia...

FELIX
Eso precisamente, me pasa a mí.

DIEGO
Lo mismo que a mi mujer. Exactamente lo mismo.

FELIX
(Vivamente) Cómo! doña Inés... (Se reprime)

DIEGO
Si! (Con calor) Hace poco me preguntaba por vos, con un interés...

FELIX
(Afectando frialdad y pasando al otro lado) Agradezco infinito...

DIEGO
(Mirándole pasar y aparte) Con qué frialdad lo toma!

FELIX
(Aparte) Me escandaliza ver un marido tan indiferente. Es claro! en presencia de su amante... (Mirando a la Condesa con disimulo y diciendo aparte é indignado) Quién lo hubiera creído!

CONDESA
(A D. Félix y sonriendo) Se me figura que don Félix está hoy pensativo!

FELIX
(Disimulando) No señora. (Con intención) Por más que nunca falten en el mundo fenómenos...

DIEGO (Aparte) Fenómeno:,? (Volviéndola cabeza hacia D. Félix) Calle, y me mira a mí!

FELIX
Si, coronel. Se ven tantas cosas!...

DIEGO
Oh! muchas. El se entenderá. (Aparte)

CONDESA
(Dirigiéndose a Inés, que sale por el fondo con m ramo de flores en la mano) Venid, venid; hace rato que tenemos aquí a nuestro amigo don Félix! (D Félix al verla se conmueve)

INES
(Adelantándose rápidamente con alegría) De veras? En dónde está? (Lo ve)

FELIX
(Saludándola con respeto) Señora!

INES
(Con candor) Ya empezaba a ponerme triste... y sin duda era porque no veníais.

FELIX
(Aparte con emoción) Oh!

DIEGO
(Aparte) Qué tal? Si yo fuera su marido!

CONDESA
(Aparte) Qué inocente sencillez!

DIEGO
D. Félix, contadle a mi mujer alguna cosa de la corte, de la revista que debe pasar el rey, de... en fin, pasad el rato, pasad el rato! (Los deja, yéndose al lado de la Condesa)

FELIX
(Lo mira y dice aparte ) Oh! yo haré, que mal tu grado rindas tributo... (Alto y sonriendo) Perdonad, coronel , perdonad. Yo no debo impedir a dos recién casados que se hablen de su amor, de sus proyectos de felicidad.

DIEGO
No; si tenemos tiempo...

FELIX
Sin embargo, vuestra esposa preferirá el oíros repetir las tiernas galanterías que le diréis de continuo. (Gesto de impaciencia de D. Diego y la Condesa)

INES
(Sorprendida) A mí? (Con sencillez)

CONDESA
(Alarmada) Eh!

DIEGO
(Aparte) Maldito seas!

INES
Si hasta ahora no me ha dicho nada.

FELIX
(Aparte) Bien me lo temí! —Cómo! (A Inés fingiendo asombro) Permitid que dude...

INES
(Con suma sencillez) Pues qué, mi marido tenía que decirme algo? (Dirigiéndose a la Condesa ) Qué dicen los maridos, señora Condesa?

DIEGO
(Queriendo buscar palabras) Según. Hablan de... (Turbado), de lo que se ocurre! De la lluvia, del frio, de... en fin, de lo que se ocurre.

FELIX
(Con intención de obligar a D. Diego) Y del amor.

INES
(Confusa) Del amor? No comprendo (Mirando a unos y otros)

DIEGO
(Aparte) Este hombre me es antipático?

INES
Luego mi marido debe hablarme de amor?

CONDESA
Estoy volada!

FELIX
Qué! No os ha dicho mil ternezas, mil amantes requiebros?...

INES
Ni pizca!

DIEGO
(Aparte y con ira) Anda, hijo, anda!

INES
Y yo tan simple que no sabia... Pero no le hace; ahora me los dirá.

DIEGO
(Aparte) Aprieta!

CONDESA
(Bajo y rápidamente a D. Diego) Osareis delante de mí!...

DIEGO
(Aparte) Bravo! Heme aquí entre dos fuegos!

FELIX
(Aparte) Al menos la vengaré así de la Condesa!

INES
(A D. Diego con tono afectuoso) Vaya, señor marido. En qué estáis pensando? Requebradme. Yo quiero que me requebréis. Eso debe ser muy bonito.

DIEGO
Qué! Si yo no sé decir más que sandeces! Estoy seguro que os va a dar un sueño... Otro día será.

FELIX
Oh! no. Yo sé que sois la flor de. la galantería.

DIEGO
(Aparte) Reniego de ti y de tus flores.

FELIX
Condesa, interponed vuestro influjo...

CONDESA
(Queriendo disimular sin poder) Sí, sí, coronel...

(De pronto y aparte rápidamente a D. Diego) No despeguéis los labios ó...

INES
(A D. Diego un poco resentida) Cómo es eso? Queréis desairarme?

DIEGO
No. Pero hija... No es cosa de ponerme como el que dice una relación...

ÍNES
(Con lágrimas de despecho) Oh! Si no merezco vuestras atenciones... Sí no tenéis gusto en complacerme...

DIEGO
(Aparte) Y llora! (Aparte a la Condesa) No veis que llora?

FELIX
(En tono de amistosa reconvención) Coronel! Coronel!

DIEGO
(A Inés) Oh! No os aflijáis, esposa mía! Yo os diré todo lo que queráis! Y rae estaré requebrándoos hasta mañana... y hasta el mes que viene.

CONDESA
(Aparte con despecho) Ah!

INES
(Contenta a D. Diego) De veras? Ah, qué bueno sois! Yo en cambio os prometo este ramo de flores.

DIEGO
(Sonriendo) Si. (Aparte) Para ramitos estoy yo.

INES
(Sentándose en medio del sofá) Venid. (A D. Diego) Aquí a mi lado.

DIEGO
(Aparte) Animas benditas! (Al sentarse mira a la Condesa) Uf! qué ojos me echa mi mujer número uno!

 Se sienta en la punta del sofá, próxima a donde está la Condesa)

INES
(Aparte) Qué será esto de decir requiebros? (A D. Diego) Vaya, empezad.

CONDESA
(Junto al sofá y aparte a D. Diego) Pobre de vos si...

INES
Ya os escucho. (La Condesa, se sienta)

(D. Félix se deja caer tristemente en una silla)


MUSICA —CANTO

DIEGO
(A Inés) Deciros que sois bella,
no es nada nuevo.
Que tenéis lindo talle,
todos lo vemos.

CONDESA
(Sin poderse contener)
Por eso mismo, (A D. Diego)
lo que todos ya saben
no hay que decirlo.

DIEGO
(Con intención a la Condesa)
Justo. Y yo añado...
que el callar vale mucho
en estos casos.

INES
(Con extrañeza)
Qué singular requiebro!

DIEGO
(A Inés) La musa no me sopla.

FELIX
(Con intención a D. Diego)
Amor siempre es poeta
al lado de una hermosa;
y yo, si en vuestro caso
me hubiese hallado ahora.

CONDESA
(A D. Félix)
Y bien, qué hubierais dicho?...

INES
Veamos.

(D. Félix hace seña que está pronto a decirlo y se levanta)

DIEGO
(Aparte) Esta es otra.

FELIX
(Dirigiéndose a Inés can suma galantería)
La flor abrió su cáliz
y os dio su aroma;
Su luz en vuestra frente
vertió la aurora;
y el sol su fuego
derramó en vuestros ojos...
y quedó ciego.

INES
(Muy contenta y levantándose. La Condesa se levanta al mismo tiempo)
Ah! bien merece
que tan bellas lisonjas
mis flores premien.

(Da el ramo a D. Félix, que lo coge con emoción)

DIEGO
(Sentado aun y aplaudiendo con ambas manos)
Bravo! Muy bien!

(Cruzando una pierna con otra y aparte)

Estoy haciendo
lindo papel!

(Apoco se levanta también)

FELIX
(En un lado y aparte estrechando el ramo con placer)
Bellas tempranas flores,
para mi bien tardías;
tesoro de consuelo
seréis en mi dolor.
Y aunque morir ya deben
las esperanzas mías,
Vivid, cual puro emblema
de mi perdido amor!

(Todos a la vez)

DIEGO y LA CONDESA
(Aparte)
En esas bellas flores
que causan su alegría,
la niña sin saberlo
tributo da al amor.

INES
(Aparte) Por qué, por qué esas flores
le dan tal alegría?
por qué tan cariñoso
las lleva al corazón?

FELIX
(Aparte)
Bellas, tempranas flores,
para mi bien tardías,
venid, cual puro emblema
de mi perdido amor.

INES
(Dirigiéndose a Diego)
Aunque enojarme
con vos pensé,
ya más contenta
perdonaré.

(Señalando al sofá)

Aquí acercaos.

(D. Diego va a hacerlo )

CONDESA
(Aparte a D. Diego con viveza)
No os acerquéis.

(D. Diego se detiene y mira a la Condesa)

FELIX
(Aparte) Ah qué tormento!

DIEGO
(Que lo mira y señalando a todos dice aparte)
Vaya un entres!

(Mirando a los tres)

INES
(A D. Diego)
Tomad mi mano.

(Le tiende la mano)

DIEGO
(Coge la mano a Inés)
Qué linda es!

(Aparte mirándole la mano)

(Inés le mira)

A y qué miradas!

(Baja los ojos)

Jesús! qué pie!

(Conmovido)

No sé que siento.

(Cautivado por las gracias de Inés)

CONDESA
(Desde lejos, tosiendo, a D. Diego)
Ejem!

FELIX
(Idem para disimular sus celos)
Ejem!

DIEGO
(Mirándolos y aparte)
Malo! ya tosen!

INES
(Con su mano entre las de D. Diego y deteniéndole)
Qué hacéis?

DIEGO
No sé.
(Aparte) Su mano siente la mía;
me quemo con su calor;
mi labio en ella pondría;
me aparta de ella el honor!

(La Condesa se va acercando sin que él lo note)

(Mirando a Inés)

Cómo me mira!
Válgame Dios!
Qué linda mano!
Qué tentación... (Va a besarla)

(La Condesa le pincha en el brazo con un alfiler)

Ay!!!

(Grita al sentir el alfiler. Disimula y sigue diciendo ay, pero cambiándolo en tono alegre)

Ay; ay, ay, qué placer es sentir

(Mirando a la Condesa y queriendo disimular)

entre amigos las horas pasar.

(Aparte y llevándose la mano al brazo)

Vive Cristo que el tal alfiler
hasta el hueso se vino a clavar!

(Todos a la vez)

DIEGO y FELIX
(Aparte)
Para siempre la dicha perdí,
que a su lado soñaba gozar;
mas no importa: vengarla sabré
del que quiera su calma turbar.

CONDESA
(Aparte) Imposible me es ya reprimir
de mis celos la llama voraz.
Ah! mal haya el secreto cruel
que me ordena sufrir y callar.

INES
(Aparte) Mi marido se aleja de mí;
pensativo don Félix está;
murmurando se miran los tres;

(A D. Diego)

oh! qué pasa? Decídmelo: hablad.

(Inés le ha vuelto a coger la mano a D. Diego)

DIEGO
(Aparte) Al ver tan dulce mirada (Por Inés)
no hay medio de resistir.
Toquemos, ay! retirada,
pues no me puedo rendir.
Y sin embargo,
válgame Dios!
temo que vence
mi tentación... (Va a besarle la mano)

(Todo el mismo juego que antes. Grito de dolor)

Ay!!! (La Condesa le pisa)

(Con sonrisa)

Ay, ay, ay, qué placer es sentir
entre amigos las horas pasar.

(Aparte) Vive Cristo que el tal pisotón...
ver me ha hecho la estrella polar!

(Todos a la vez)

(Lo mismo que cantaron antes. Cesa la música)

(Hablado)

CONDESA
(Con mal reprimido despecho y a D. Diego) Coronel..... quisiera deciros dos palabras. (Bajo) Sois un pérfido!

DIEGO
(Aparte a la Condesa) Qué decís? (Para si con cierto convencimiento) No, ahora tiene razón.

CONDESA
Podéis acompañarme hasta el jardín? (Cogiéndole del brazo)

DIEGO
Si, señora, que puedo. (Aparte) Buena me espera.

INES
Si, si. Vamos todos allá.

FELIX
(Presentando el brazo a Inés) Si me lo permitís.

INES
(Aceptando) Con toda mi alma! (D. Diego tiene del brazo a la Condesa y D. Félix a Inés)

DIEGO
Ajá! Cuadro completo! (A D. Félix) Vos con mi mujer... (Aparte) Y yo... con mi mujer. En marcha. (Van a salir por el fondo)


ESCENA V

Dichos, Blas.

BLAS
(Saliéndoles al paso y apresurado) Señor coronel, señor coronel!

DIEGO
(Deteniéndose) Eh! Qué sucede!

BLAS
El señor Comendador acaba de llegar!

CONDESA
(Aparte) Oh!

DIEGO
(Aparte) Misericordia! (Aturdido echa a correr de un lado a otro de la escena, llevando del brazo a la Condesa como a remolque)

INES
(Del brazo de D. Félix y andando de un lado a otro) mi buen tío!

DIEGO
(Siempre agitado y pateando de prisa) Esto sí que empeora nuestra situación! (A la Condesa)

ÍNES
(Con D. Félix y siguiendo a D. Diego) Vamos a recibirlo!

CONDESA
(Andando con D. Diego y diciéndole aparte) Pero cómo la reina le deja volver!

DIEGO
Qué sé yo! (Andando)

BLAS
(Detrás de ellos también andando) Me ha dicho su señoría que sube inmediatamente.

DIEGO
(Al oír esto suelta vivamente el brazo de la Condesa y dice con gran agitación) Pronto!

CONDESA
(Sorprendida) Qué hacéis? (D. Diego separa bruscamente a D Félix y a Inés, que lo miran estupefacta coge a Inés del brazo y le dice)

DIEGO
Vos conmigo.

FELIX
(Algo picado) Coronel!

DIEGO
(Sin soltar a Inés ni hacer caso a ninguno, coge también bruscamente a la Condesa y la pone al lado de D. Félix) Vos con don Félix. (A la Condesa)

BLAS
(Admirado) Calle! Cómo los baraja!

DIEGO
(Dando un puntapié a Blas, que se ha puesto en medio) Lárgate tú.

BLAS
(Dando un salto) Ay!

INES
(A D. Diego) No corráis tanto, que me mareo!

CONDESA
(Soltando el brazo de D. Félix y siguiendo a D. Diego) Se os ha vuelto el juicio?

DIEGO
Vamos a recibir a mi tío. (Alzando la voz) A mi excelente tío! (Se va por el fondo corriendo con Inés)

CONDESA
(Siguiéndole) Coronel! Coronel! (Se va)

BLAS
Uf! Cómo corre! Se va a caer por la escalera! (Se va también. La escena que acaba de pasar debe hacerse con suma ligereza y naturalidad)


ESCENA VI

D. Félix, solo y después de una pausa.

El Comendador está de vuelta. Oh! Mi presencia continua en estos sitios acabaría por darle a conocer el amor que aquí me encadena. No, no. Partamos cuanto antes; partamos para siempre. Sufra yo solo, pero que Inés ignore mi pasión y viva tranquila y dichosa. Dichosa! Podrá serlo por ventura al lado de su infiel esposo? Al lado de la Condesa su rival? Y qué! El sacrificio que yo me impongo;... no me da derecho a exigir otro igual de la Condesa? Si, si. Es preciso que yo tenga una explicación con ella, que sepa que vigilo sus acciones, y que no turbará impunemente la paz y el porvenir de Inés. (Se sienta a escribir) Estoy resuelto. Le pediré una entrevista... Y como D. Diego no se aparta de su lado... (Escribiendo) Me valdré de esta carta para... (Concluye de escribir) ¿Cómo hacer que llegue a manos de la Condesa... sin que nadie sepa... Ah! (Fijando su vista en un libro) Este libro que veo con frecuencia en sus manos... (Mete la carta abierta en el libro) Siento ruido. (Se levanta ) Quitémonos de aquí. (Vaso por una puerta de la izquierda)


ESCENA VII

D. Gaspar, D. Diego, Inés, Blas.

GASPAR
(A Blas ) Haz lo que te digo. Los instantes son preciosos.

BLAS
Bien está, señor. (Vase)

DIEGO
Pero tío...

GASPAR
Qué locura! Estar aquí todavía, cuando debierais hallaros camino de Barcelona. Cuando sabes (A D. Diego) que el rey no admite dilación alguna en el cumplimenta de sus órdenes! Buena la hemos hecho si por tu causa tiene mal éxito la misión que te ha confiado.

DIEGO
Escuchad al menos...

GASPAR
Por fortuna todavía puede ser tiempo; y al amanecer te pondrás en camino, procurando ganar horas... Jesús! Jesús! (Como abrumado por este incidente)

INES
(Presentándole una silla) Sentaos. Descansad un poco.

GASPAR
(Sentándose) Poco severo es el monarca en estos casos!

DIEGO
(Aparte y cruzando los brazos) (Vamos a ver! Y qué hace un hombre en mi situación!)

GASPAR
En medio de todo... no puedo disimular cierta alegría al veros... y al ser aunque por breves horas testigo de vuestra felicidad. De vuestra felicidad que es mi obra.

DIEGO
(Aparte) Si, pues se ha lucido!)

GASPAR
Excuso preguntaros si sois dichosos.

DIEGO
Mucho, tío. Mucho.

GASPAR
Dios os bendiga... y os haga unos santos...

DIEGO
(Interrumpiéndole) Amen.

GASPAR
(Se levanta) Perdóneme el Señor; pero os confieso que durante la devota romería que he hecho con la reina al Paular, solo pensaba en vosotros. Y sin embargo... qué sermón! Qué misa cantada... y qué procesión aquella, sobrino mío! Lo más florido de la nobleza, con cirios en las manos. Las damas de palacio con ramos de flo... Yo llevaba el estandarte de las animas, y detrás de mí venia el capítulo de la colegiata y la música de la capilla... sin contarlos sochantres, que tienen unas voces como un cañón.

DIEGO
Os doy el parabién. Pero... (Asaltado de una idea) la reina... no os habló nada de mi? Eh?

GASPAR
De ti? Ah! Con efecto.

DIEGO
(Aparte y vivamente con alegría) (Cielos! Qué esperanza!) Contadme, tío, contadme...

GASPAR
La reina me dijo... que cómo estabas de salud.

DIEGO
(Desesperado) Tan bueno! (Aparte) Por vida de mi nombre!)

GASPAR
Pero no es eso todo.

DIEGO
(Con ansiedad) Cómo?

GASPAR
Esta mañana me mandó presentarme m la cámara, y llamándome aparte... Temo, me dijo, que vuestro sobrino esté muy expuesto al enojo del rey. Dadle este aviso y decidle que por ahora no respondo de nada.

DIEGO
(Aparte) (Adiós! Estalló la tempestad!)

INES
(Sencillamente a Don Gaspar) Pero qué puede ocurrir?...

DIEGO
(Aparte) (Esto es que la intercesión de la reina ha surtido el efecto contrario, y que la Condesa y yo estarnos perdidos)

GASPAR
(Con candidez) Yo desde luego adiviné que su majestad habría sabido tu tardanza en salir para Barcelona...

DIEGO
(Queriendo disimular sus temores) Si. Eso es. Barcelona.

GASPAR
Y me he apresurado a venir para que al rayar el día te pongas en camino con tu esposa.

INES
Cómo! Yo también?

GASPAR
Claro está,

INES
(Con pena) Dejar esta quinta donde vivo tan contenta! Donde a todas horas puedo ver a don Félix...

GASPAR
(Vivamente y con extrañeza ) Eh?...

DIEGO
(Vivamente y aparte) (Hui!) (Temiendo que su tío se entere)

GASPAR
(Con la misma extrañeza) Don Félix?...

DIEGO
(Con cierto aire indiferente) Si, tío, si. Don Félix de Mendoza. El capitán de guardias! (Apoyando mucho la frase) Antiguo amigo mío!... (Aparte) (Esto se va a complicar)

INES
(Con fuerza) Y mío también.

GASPAR
Hola!

DIEGO
Pero no viene a vernos más que...

INES
(Interrumpiéndole y con sencillez) Tres ó cuatro a veces al día.

DIEGO
(Aparte) (Uf! Cómo lo charla!)

GASPAR
(Con asombro y recelo.^ Tres ó cuatro veces?

INES
Sí señor. Y si vierais que amable... (Don Diego hace en vano señas a Inés, que no las ve) qué obsequioso... Siempre me da su brazo para pasear por el jardín.

DIEGO
(Queriendo en vano disipar el mal efecto que esto hace a Don Gaspar) Pues! Cuando por casualidad come con nosotros...

INES
(Vivamente) Y cuando almuerza.

GASPAR
(Asombrado) Cuando come! Cuando almuerza.... Se ha puesto aquí a pupilo?

INES
Así es que... la verdad : yo no puedo pasarme sin verlo.

GASPAR
(Con severidad) Niña!

INES
Ni mi marido tampoco.

DIEGO
Justo. Yo tampoco.

GASPAR
(Mira a Don Diego con cierto aire de conmiseración y dice aparte entre dientes) (Hum! Estos maridos que siempre han de cobrar cariño... (A Don Diego gravemente) Sobrino, ciertamente que la religión nos manda querer a nuestros prójimos como a nosotros mismos. Pero... (Repara en Inés que está a su lado escuchando y se contiene llevando un poco lejos a Inés) Retírate. ( Vuelve junto a Don Diego y sigue diciéndole bajo) Cuando uno está casado, este dogma tiene sus restricciones.

DIEGO
(Disimulando) Eh! comprendo. ..

GASPAR
Sí. Ya veo que no comprendes... ( Vuelve la cara y se encuentra con Inés que ha vuelto a su lado) Retírate, hija. (La lleva de nuevo lejos) Entretente en algo; anda. (Inés se sienta junto a la mesa)

INES
(Aparte sentándose) (Qué secretos serán esos?)

GASPAR
(A Don Diego volviendo a. su lado y hablando en voz baja) Tu esposa es una inocente, que no tiene la menor idea de estas cosas: pero las frecuentes visitas de ese oficialito...

DIEGO
(Riendo) Ah, ya! Ya caigo! No temáis. Además, puesto que mañana emprendemos nuestro viaje...

GASPAR
Sí. Pero según veo, él sería muy capaz de irse a la zaga del coche.

DIEGO
Qué decís, querido tío? Pues si es tan buen muchacho!

GASPAR
Sobrino. No hay plaga peor que los buenos muchachos. Esos son los más temibles. Yo, por ejem... (De pronto y santiguándose) Ay! Dios me perdone lo que iba a decir.

DIEGO
Eh? Qué ibais a decir?

GASPAR
Nada. Se me ha olvidado.

INES
(Que ha abierto el libro donde está la carta de Don Félix) Calle! (Sorprendida)

GASPAR y DIEGO
(Volviéndose) Eh?

INES
(Levantándose) Un billete.

GASPAR y DIEGO
Un billete?

INES
Sí. Dentro de mi libro! Del libro de estampas que presté ayer a la Condesa.

GASPAR
A ver? A ver?

INES
Esperad. (Disponiéndose a leerlo)

GASPAR
(Aparte) Qué será esto? A cada instante me estoy temiendo una cosa nueva!

INES
(Leyendo) «¡Necesito hablaros a solas. Y si vuestro corazón no es insensible, comprenderéis el sacrificio que de vos exijo, cuando sepáis el que yo me impongo. En el jardín espero una señal vuestra. Sigilo y confianza. —Félix de Mendoza.»

GASPAR
(Mira vivamente a D. Diego y le dice señalando a la carta) «Félix de Mendoza! (Se queda, mirando a Don Diego con gravedad. D. Diego baja los ojos confundido)

DIEGO
(Vivamente y aparte) (Torpe! Escribir a Inés cuando de continuo le presento las ocasiones de hablarla)

INES
No sé. Esta carta me produce una extraña turbación. Porque me escribe así?

DIEGO
(Sonriendo) Por chancearse! Si es tan bromista y tan... (Coge la carta de manos de Inés)

GASPAR
Basta. (Quitándole la carta con dignidad, y mirando severo a Don Diego, que se queda turbado ) Inés... Déjanos solos.

INES
Pero...

GASPAR
(Vivamente) Yo lo mando.

INES
(Baja la cabeza y se va diciendo aparte en voz baja) Qué significa esa carta? (Se va) (Pausa. Don Diego mira a su tío. La mirada de este le hace bajar los ojos dos ó tres veces)


ESCENA VIII

D. Diego, D. Gaspar.

GASPAR
(Con grave acento) Señor sobrino; en tiempos de mi padre... y aun en los míos también; todo caballero estimaba su honor más que su propia vida, y no tomaba a risa cuestiones tan sagradas.

DIEGO
(Picado, y con nobleza) Tío: en materias de honor, no consiento lecciones. (Movimiento de Don Gaspar) Perdonadme. (En tono menos altanero) Las aprendí de vos, y no las he olvidado.

GASPAR
Entonces... tomad esta carta... (Dándosela) y devolvédsela a don Félix.

DIEGO
(Volviendo ya desde aquí a su modo natural de hablar y cogiendo la carta) No hay inconveniente.

(Pausa)

GASPAR
(Con intención) Ya adivináis cómo?

DIEGO
Eh? Cómo he de...

GASPAR
(Con energía) En la punta de vuestra espada!

DIEGO (Aparte) (Se coronó la fiesta!) Tío, permitid...

GASPAR
Ya sé lo que vas a decirme.

DIEGO
No, no: creo que no.

GASPAR
Sí. (Insistiendo) Vas a decirme que mis costumbres religiosas se contradicen...

DIEGO
(Queriendo dejarse oír) No es eso, no es eso.

GASPAR
(Interrumpiéndole) Y que' un hombre que como yo pasa su vida en las cuarenta horas y va a hacer penitencia á las bóvedas de San Ginés...

DIEGO
Repito...

GASPAR
(Sin dejarle hablar) Y es hermano de siete cofradías y once congregaciones...

DIEGO
Me queréis dejar hablar?

GASPAR
(Con fuerza) No.

DIEGO
Gracias.

GASPAR
Don Félix es la serpiente que se introduce en este paraíso. Esa carta es la manzana...

DIEGO
Y yo soy Adán. Estamos conformes. Pero reflexionad...

GASPAR
Y si a pesar de todo, tú no le das una lección severa... Yo se la daré.

DIEGO
(Sorprendido) Vos!

GASPAR
Yo! Ola! Crees que . los ayunos y los años no me han dejado bríos? Más que a un muchacho. Vosotros pertenecéis a una raza enclenque raquítica! Nosotros somos hombres de mejor temple... y te lo probaré.

DIEGO
(Aparte) (Buena se va armar! No tengo más remedio que seguirle la corriente y buscar un ardid)

GASPAR
Así pues...

DIEGO
(Fingiéndose decidido) Basta. Una vez que no lo queréis... hoy mismo don Félix ó yo... habremos dejado de existir.

GASPAR
(Alarmado) Eh? Cómo, cómo? Un duelo a muerte? No es necesario tanto.

DIEGO
Nada, nada. Las cosas se hacen bien, ó no se hacen.

GASPAR
Pero con una simple herida en la mano, en el brazo...

DIEGO
Imposible, tío. Yo siempre me voy a fondo.

GASPAR
Diego, yo te suplico...

DIEGO
Que no diga una palabra a don Félix? (Vivamente)

GASPAR
No, eso no. Pídele explicaciones, y si en último caso...

DIEGO
Bien, bien. Me contendré hasta donde pueda, pero...

GASPAR
Ahí le tienes. (Señalando a la puerta izquierda)

DIEGO
Don Félix! (D. Gaspar y D. Diego se van al extremo derecha del proscenio hablando entre sí con calor)


ESCENA IX

Dichos, D. Félix. D. Félix sale; no repara en D. Gaspar ni en D. Diego; su vista se fija en la mesa, y dice aparte.

FELIX
(Aparte) El libro no está en el sitio en que lo dejé! Sin duda la Condesa ha leído ya mi carta.


MUSICA —CANTO


TRIO

GASPAR
(Queriendo aplacar la cólera que finge D. Diego)
Escucha mi consejo! (Aparte a D. Diego)
Modera tu furor!

DIEGO
(Aparte a D. Gaspar)
Dejadme: no temáis...

(Pasando a la izquierda y diciendo para sí)

que en eso ya estoy yo.

(D. Diego queda en medio)

FELIX
(Reparando en ellos)
Tan pronto aquí de vuelta,
señor Comendador?

DIEGO
(Poniéndosele delante y con tono solemne)
Don Félix, escuchadme!

GASPAR
(Aparte) Yo tiemblo, como hay Dios!

DIEGO
(Se acerca a D. Félix y le dice aparte rápidamente)
Lo que yo os diga
no es que lo digo,
es que me dicen
que he de decirlo.

(Se separa en seguida de él)

FELIX
(Aparte y estupefacto)
Qué algarabía!
No entiendo a fe...

DIEGO
(Aparte) En dos palabras
se lo expliqué.

FELIX
(Con curiosidad)
Hablad, hablad, don Diego.

DIEGO
(Con ademan altivo)
Y vaya si hablaré.

GASPAR
(Aparte a D. Diego)
Por Dios, no te arrebates.

DIEGO
(A D. Gaspar)
No, tío. (Para sí) No hay de qué.

DIEGO
(A D. Félix con aire solemne y pretencioso)
Es el hombre un animal
de tan rara condición,
que de todo cuanto ve
tomar quiere posesión.

(D. Félix le escucha cada vez más admirado)

No me toca decir más,
y sabed en conclusión
que lo mío es para mí...
pero nunca para vos.

FELIX
(Aparte) Sin duda loco está!

GASPAR
(Idem) Qué fuerza de razón!

DIEGO
(Acercándose a D. Félix y mostrándole el billete)
Don Félix, carta canta!

FELIX
(Se sorprende)
Qué miro!

GASPAR
(Aparte mirando a D. Félix) Cuál quedó!

DIEGO
(Al oído de D. Félix)
Por más que yo me enfade,
reíd, don Félix, vos.

FELIX
Yo?...

DIEGO
(A D. Félix fingiendo siempre enojo)
Del agravio
que me infiere este papel
cuenta al punto
vais a darme por mi fe.
No hay disculpas
de mas tarde ni después,
ni hay aquello
de si fue de si no fue!

FELIX
(Lo toma seriamente)
No tenéis
derecho alguno por mi fe
a pedirme
cuenta aquí de ese papel.

(D. Diego le hace señas que él no comprende)

Ya me ofende
de ese tono la altivez.
Con mi espada
estoy pronto a responder.


(Los tres)

DIEGO
(Aparte impaciente)
Él lo toma
por lo serio;
no me quiere
comprender.
Lucifer
a los unos
y a los otros
hoy nos trae
a mal traer.

FELIX
(Aparte) Qué descaro!
Qué osadía!
Nunca pude
tal creer.
El infiel,
campeón
de la Condesa
por lo visto
quiere ser.

GASPAR
(Aparte mirando a D. Diego)
Ya la cólera
le ciega!
Mucho temo
aquesta vez
el haber
inspirado
a mi sobrino
el furor
en que se ve.

FELIX
(Con enojo)
Basta de agravios!

DIEGO
(Aparte a D. Félix)
Reíros pues.

FELIX
(Sin entenderle)
Yo no tolero...

DIEGO
(Aparte e impaciente)
Qué torpe es!

GASPAR
(Como queriendo mediar)
Don Félix, sed explícito.
Decidme si ó no.
A Inés ese billete
habéis escrito?

FELIX
(Sorprendido) Yo?
No tal.

GASPAR
A quién entonces?
Hablad sin dilación.

DIEGO y GASPAR
A quién?

FELIX
A la Condesa.
Lo juro por mi honor.

DIEGO
(Separándose de ellos y exclamando espantado y aparte)
A mi mujer!!

GASPAR
(Contento) Sobrino,
ya todo se acabó.

DIEGO
(Aparte furioso)
Yo digo que ahora empieza,
y en grande, vive Dios!

(Aparte y mirando de reojo a D. Félix)

El taimado me engañaba,
y fingiendo amor a Inés,
con un ojo la miraba
y con otro a mi mujer!

DIEGO
(Aparte y furioso a Don Félix)
Me daréis satisfacción!

FELIX
(Riendo)
Ocurrencia singular!

DIEGO
(Como antes)
No es asunto de reír!

FELIX
(Riendo)
Ya sé que no es formal.

DIEGO
(Furioso y aparte a D. Félix)
Si lo es!

FELIX
(Aparte a D. Diego)
Que no haga caso
Me habéis dicho poco ha!... (Riendo)

DIEGO
(Aparte a D. Félix y exasperado)
Y ahora digo que lo hagáis,
voto al mismo preste Juan!

FELIX
(Riendo)
Já! já! já! já!

DIEGO
(Rugiendo de coraje)
Ah! ah! ah! ah!...

(Aparte lleno de impaciencia y de ira)

Siempre al contrario
todo lo toma!
Y ahora que es serio
piensa que es broma!
Bufo de celos
y a mi pesar,
como una bomba
voy a estallar!
Como una bomba
voy a estallar!

(Los tres)

FELIX y DIEGO
Por la Condesa
ahora se enoja,
mas yo prudente
vuelvo la hoja,
ya que indiscreto
sabe muy mal
su amor culpable
disimular.
(Alto) Já! já! já! já!
Mucho más vale
disimular!

GASPAR
(Aparte)
Ya la sonrisa
plácida asoma,
tras el enojo
viene la broma;
y el sobresalto
truécase ya,
en los placeres
de la amistad.
Qué dulce lazo
es la amistad!

(Cesa la música)

(Hablado)

DIEGO
(Aparte) Cáspita! Cáspita! So pretexto de venir a ver a mi esposa menor... me quiere enamorar la mayor! (De pronto) Esto pide sangre.

GASPAR
(Muy contento) Con que... Ya que estáis reconciliados y en la mayor armonía...

DIEGO
(Aparte) Si! Como los órganos de Móstoles!

GASPAR
Séame permitido felicitar a D. Félix por el amor que profesa a la Condesa...

(D. Diego patea de ira aparte)

FELIX
Oh! Permitid...

GASPAR
(Continuando) No temáis... Yo no revelaré...


ESCENA X

Dichos. La Condesa saliendo apresurada par el fondo.

CONDESA
Qué voces son las que he oído hace poco? (Se acerca a D. Diego) Disputabais por ventura?

DIEGO
(Bruscamente y volviéndole la espalda) 'No señora!

CONDESA
(Admirada de la acogida y mirando a D. Diego) Eh?..

DIEGO
(Furioso) No veis qué alegres estamos?

CONDESA
(Aparte) Qué es lo que tiene?

FELIX
(Aparte y mirando a la Condesa) Pues la Condesa no ha recibido mi carta... Esta noche antes de partir... Ya sé de qué medio valerme.

(D. Diego mira con enojo a la Condesa, haciéndola señas que ella no comprende)

BLAS
(Saliendo con luces) Alabado sea y bendito...

GASPAR
(Continuando) Per omnia sécula seculorum...

DIEGO
(De pronto, impaciente y con voz de trueno) Amen!!

CONDESA
(Retrocediendo asustada) Jesús! Qué furia! (Aparte)

DIEGO
(Aparte a la Condesa) Ya nos explicaremos!

CONDESA
(Sencillamente a D. Diego y aparte) Vendréis luego a la hora de costumbre?

DIEGO
(Aparte a la Condesa con enojo) Si! Temblad!

CONDESA
(Idem a D. Diego mus admirada) Yo? Por qué?

BLAS
(Que ha dejado las luces en la mesa, dice a D. Gaspar) Cuando V. S. quiera tomar el chocolate...

GASPAR
Si la Condesa me permite que aquí, en su pabellón...

CONDESA
Oh! Con mucho gusto.

GASPAR
(A Blas) Tráelo. (Blas se va por el fondo y cierra las ventanas del foro)
Tú, sobrino, puedes retirarte a descansar con tu esposa. Ya sabes que a la madrugada...

CONDESA
(Aparte a D. Diego) Aquí; dentro de una hora)

DIEGO
(A Gaspar) Aun no tengo sueño; voy a dar ciertas órdenes... Con vuestro permiso.

CONDESA
(Aparte a D. Diego) Os espero!

DIEGO
(Aparte a la Condesa, yéndose) Temblad! (Se va por el fondo)

CONDESA
(Le sigue con la vista y admirada, y dice aparte) Oh! no. Yo he de saber... (Alto) Sr. Comendador, soy con vos al instante.

GASPAR
(A la Condesa) Si os molesto... me retiraré a mis habitaciones...

CONDESA
No, no. Yo me acuesto mucho mas tarde, y hasta dentro de medía hora... (Yéndose y aparte) Es preciso que me explique lo que le pasa. (Se va vivamente por el fondo)


ESCENA XI

D. Gaspar, D. Félix, Inés.

INES
(Asomándose a la puerta de la derecha) Puedo salir, querido tío?

GASPAR
Pues es verdad! Ya no me acordaba... Ven, ven, Inés sale. Qué hacías ahí dentro?

INES
Como me mandasteis retirar... me he estado entreteniendo en ver pasar los segadores que vuelven de su trabajo. —Ah! Estabais con D. Félix?

FELIX
Si señora. Quería... despedirme de vos, al mismo tiempo que de vuestro tío... (Con tristeza)

INES
(Afable) Hasta mañana pues.

GASPAR
Buenas noches.

FELIX
(Turbado) Perdonad. Mi ausencia... va a ser mucho más larga...

INES
(Sobresaltada) Cómo? (Lo mira con ansiedad)

FELIX
Sí. Negocios do interés razones de suma importancia... me obligan a hacer un viaje...

INES
(Conmovida) Un viaje?

GASPAR
Calle! Por mucho tiempo?

FELIX
Es posible.

INES
De modo... (Con las lágrimas en los ojos) que ya, Dios sabe cuándo os volveremos a ver.

GASPAR
(Sin notar la conmoción de Inés) Claro está! si se marcha... (Bajo a D. Félix) Pero y la Condesa?

FELIX
(Inclinándose) Con vuestro permiso... (Aparte) Oh! Esas lágrimas me recompensan de mi sacrificio. (Conmovido) Adiós, señora. (Da algunos pasos hacia la puerta del fondo)

INES
(Llorando) Que llevéis buen viaje!

GASPAR
(Mirándola) Qué veo! lloras? (D. Félix da un pasa hacia ella. D. Gaspar extiende el brazo como para detenerle y le dice cortesmente, pero con severidad) Don Félix, id en paz. Dios os lleve con bien. Adiós.

FELIX
(Llevándose la 7nano derecha a los ojos y dando la izquierda al Comendador, dice conmovido) Adiós, don Gaspar! (Se va rápidamente por la puerta del fonda)

INES
(Cayendo en una silla llorando y cubriéndose el rostro sin pronunciar una palabra)

GASPAR
(La mira en silencio con los ojos fijos y la fisonomía severa. Pausa. (Aparte) Qué es esto? Ah! bien me lo temí desde luego! —Inés! Inés! qué significan esas lágrimas?

INES
No lo sé. Pero al ver que se aleja don Félix, mi mejor amigo...

GASPAR
Don Félix... don Félix no necesita que le quieras tanto. Esto no es decir que le aborrezcas... pero... en fin, esos extremos se quedan reservados para otra.

INES
(Con sencillez) Para otra?

GASPAR
Pues! para la que él ama, para la que seguramente será su esposa.

INES
(Con la misma sencillez) Su esposa? (Se detiene y dice con alguna mas curiosidad) Don Félix va a casarse?

GASPAR
Casi lo puedo asegurar.

INES
(Va reflexionando poco a poco) Y... con quién? (Con interés, pero sin emoción)

GASPAR
Con la Condesa.

INES
(Hace un pequeño movimiento, que le produce la impresión de la nueva, y dice como si hablara consigo misma) Es extraño! él nada me ha dicho!

GASPAR
No hay para qué publicar esas cosas hasta que llega el momento oportuno. (Observando a Inés y diciéndolo todo con intención) Además... los enamorados prefieren siempre el misterio.

INES
(Con sorpresa) Los enamorados?

GASPAR
Si. Don Félix siente por la Condesa un amor sin límites. (Aparte) Bueno es quitarle toda idea...

INES
(Reflexionando) Un amor? No acabo de comprender...

GASPAR
Y por eso don Félix viene tan a menudo a la quinta.

INES
Por ver a la Condesa? (Con alguna agitación)

GASPAR
Justo. Nada más que por ella. (Movimiento de Inés, que dice al mismo tiempo y vivamente : «Nada más!») Nada más que para jurarle de continuo que la ama, que todas las mujeres le son indiferentes (Inés se lleva las manos al corazón con angustia), que su imaginación no se ocupa más que en ella y en el lazo feliz que va a reunidos para siempre. (Aparte mirando a Inés) Pardiez! si esto no la cura de su pasión, me llevaré gran chasco. Dejémosla reflexionar. (Alto y dirigiéndose a la puerta del fondo) Pero no viene ese chocolate? (Se va)


ESCENA XII

Inés, sola.

INES
Oh! mi frente se arde! Yo necesito saber lo que significa esta emoción profunda, esta inquietud...

BLAS
(Saliendo) Aquí está el chocolate! (Sale por el fondo, trayendo en una bandeja chocolate, bizcochos, un vaso de agua y un azucarillo. Coloca la bandeja sobre la mesa)

INES
(Al ver a Blas exclama aparte) Oh qué idea!


ESCENA XIII

Inés, Blas.

INES
Blas, ven. Tengo que hablarte! (Agitada)

BLAS
(Acercándose) A mí, señorita.

INES
A ti. (Le mira) Tú me has conocido desde que yo era niña.

BLAS
Sí. Cuando yo era niño también. (Riendo) Jejé!

INES
(Cogiéndole de la mano vivamente ) Y por lo tanto eres sinceramente mi amigo, no es verdad?

BLAS
Yo? Por vos daría tó cuanto vale mi presona... Pero... qué pálida estáis! Qué tenéis, señorita?

INES
(Conmovida) Nada. No tengo nada. Nada mas sino que lloro! (Llevándose su pañuelo a los ojos)

BLAS
(Inquieto) Lloráis? Y por qué?

INES
(Muy agitada) No puedo... no acierto a explicármelo... pero quiero saberlo... y tú vas a decírmelo.

BLAS
(Admirado) Yo!

INES
Respóndeme con sinceridad. Qué es el amor?

BLAS
(Admirado) Eh? Cómo? Vos ignoráis...

INES
Sí, Respóndeme pronto.

BLAS
Jé. Jé. (Riendo) Qué diantre! (Rascándose la cabeza) El amor... es el amor! Y está dicho todo. (De pronto) No, no. Esperad. (Procurando explicarse) El amor... es un hombre ó una mujer... que quiere mucho... a una mujer ó a un hombre.

INES
(Vivamente y con fuego ) Y... la persona a quien se tiene amor... no está presente de continuo en nuestra imaginación? No lave nuestro deseo en todas partes y a todas horas? No nos ponemos alegres cuando llega y tristes cuando se va? No se estremece dulcemente nuestra alma al eco de su voz, al ruido de sus pasos?

BLAS
Si, si. Eso es. Eso es como a mí me pasa con Teresa!

INES
Y... (Con tono sombrío) Cuando nos dicen que esa persona no nos ama, que ama a otra... ¿Qué es este tormento desconocido que se apodera de nosotros? Esta impaciencia, este pesar, este inmenso dolor que nos consume, que nos devora cruelmente?

BLAS
Aah! Calle, calle! Esos son celos?

INES
Celos? (Se lleva las manos al corazón y dice reflexionando. Aparte) Oh, sí! Celos son!

BLAS
Cáspita! Vos explicáis las cosas mejor que un abogao! Solo de oíros... siento... así... un triqui traque en el corazón...

INES
Pues bien. Tú no sabes? En esta casa se burlan de mi ignorancia, de mi credulidad; se ocultan de mí, me engañan traidoramente!

BLAS
Y quién se atreve...

INES
Quién? D. Félix.

BLAS
D. Félix ? Y qué motivo...

INES
Lo hubieras tú nunca creído capaz... Pero no lo dudes, no. D. Félix ama a la Condesa.

BLAS
Y eso qué?.. (Sin comprender nada)

INES
Sí. La ama... Sin decírmelo, en secreto, con el mayor misterio... ocultándose... como quien hace una mala acción.

BLAS
(Acometido de una idea ) Aguardad.

INES
(Vivamente) Eh?

BLAS
No decís que D. Félix se oculta y que... El es! Y con mi hombre!

INES
Explícate.

BLAS
Nada más fácil. Hay quien asegura haber visto varias noches saltar un hombre por la verja del jardín... que está inmediata a este pabellón.

INES
Y qué?

BLAS
Que como este pabellón es el de la Condesa, ese hombre será D. Félix, que vendrá de ocultis toas las noches.

INES
Oh! si. El debe ser.

BLAS
Pero desde hoy voy a ponerme a acechar...

INES
(Aparte) Oh qué idea!

BLAS
No fuese en vez de D. Félix algún ratero...

INES
(Vivamente y aparte) Esa otra puerta queda al parque... (Señalando a la de la derecha)

GASPAR
(Dentro) Blas!

BLAS
(A Inés ) El amo!

INES
(Vivamente) Adiós! (Aparte y yéndose por la puerta izquierda) Oh! Yo sabré la verdad!


ESCENA XIV

D. Gaspar, Blas.

GASPAR
(Saliendo) En dónde te metes, hombre? Y mi chocolate?

BLAS
Señor, ya debe estar frió de tanto esperar.

GASPAR
No importa. Sírvelo. (Se dirige a la mesa y se sienta, colocándose la servilleta al ojal. Blas en pie a su lado)

GASPAR
(Aparte al sentarse) Ese bulto que acabo de ver entre los arboles...

BLAS
(Echando el chocolate en la jícara) Me ha dicho Juana la cocinera, que ha salió un poco espeso, porque el cacao...

GASPAR
Bien, bien. (Tomándolo) Siempre tengo yo desgracia con el chocolate... cuando no voy a tomarlo con los padres de Atocha... ó con la madre superiora del convento del pueblo.

BLAS
(Que está de pie junto a la mesa) Oh! las madres tienen para eso un tilín!.. Ayer me dieron unas natillas... que entoavía me estoy relamiendo! (Lamiéndose los labios) Hum!

GASPAR
Qué, entras tú en el convento ?

BLAS
Por previlegio! Como he sío demandaero... y de vez en cuando me encargan algunas compras... sobre tó, desde que con rial premiso han admitió algunas educandas... toas hijas de señores de la corte... (En otro tono) Aquí está el azucarillo. (Señalando a un lado de la bandeja)

GASPAR
(Mojando el azucarillo en el vaso de agua) Y... te gusta a ti ir al convento, Blas?

BLAS
Vaya! A mí me tira mucho la iglesia!

GASPAR
Si? Por qué no entras entonces en los Jerónimos ó en los Capuchinos...

BLAS
Yo lego? No señor. Me gusta más casarme.

GASPAR
Casarte?

BLAS
Si V. S. no se opone. Hace tiempo que la molinera... la hija del tío Miguel, me ha hechao, y... pues! Como esto de los afleutos entra con tanta fuerza...

GASPAR
Ya! Por esa razón andas distraído... y no vigilas como debieras...

BLAS
Qué dice V. S?

GASPAR
Que en mis jardines penetran gentes sospechosas... (Se levanta) Escucha bien. Hace un momento he visto al volver a este pabellón, un hombre que se ocultaba entre los árboles, y que al acercarme... desapareció como un relámpago.

BLAS
(Aparte recordando su conversación con Inés) Tate! Sería el señor don Diego que paseaba...

GASPAR
No, Mi sobrino había ido a disponer no sé qué preparativos para su marcha... y la única persona que pudiera estar paseando en el jardín, seria D. Félix. Pero hace rato le vi montar a caballo y partir hacia su quinta.

BLAS
(Entrando en cuidado y aparte) Diantre! Pues no es él entonces!

GASPAR
Ya conoces que no se hubiera vuelto así, tan de pronto, sin más ni mas...

BLAS
Ahora mesmo voy a coger la escopeta.

GASPAR
No, no. No hay que provocar una alarma. Lo que sí debes hacer es rondar luego un poco por el jardín, antes de acostarte. Y sí algo notaras...

BLAS
Oh! No me andaré en chiquitas. Descuide V. S.

GASPAR
Sí, pero... prudencia sobre todo.

BLAS
(Señalando la bandeja) Me pueo llevar esto?

GASPAR
Llévatelo. (Saca el reloj) Hola! Las diez... y hay que madrugar!—Cómo es que la Condesa no ha venido ya a recogerse?

BLAS
(Mirando por la primera puerta derecha al interior) Veo luz en su alcoba. Sin duda ha entran por la escalerilla que conduce al parque.

GASPAR
Y yo aquí molestándola quizás... Qué desatención! Vamos, vamos. Baja conmigo.... y tráete mi sombrero.

(Se va hacia el fondo y desaparece)

BLAS
(Se pone en la coronilla el sombrero de D. Gaspar. Dos bizcochos que han quedado, en la boca. Debajo del brazo un candelero encendido. Otro en la mano izquierda y en la derecha la bandeja, y dice) No, pues como atrape yo al que se cuela en los jardines!

GASPAR
(Dentro) Vienes?

BLAS
Andando, señor. (Se va por el fondo. —Cierran por fuera la puerta del fondo al irse. —La escena queda a oscuras. —Un reloj da las diez)


ESCENA XV

Inés, asomando la cabeza con precaución por la puerta de la derecha.

INES
(En voz baja, sin salir a la escena) Se han ido! Ya estoy segura de que nadie me vea. Y aunque supiera quedarme aquí espiando toda la noche... Yo les probaré que no se burlan impunemente de mi credulidad (De pronto ve el resplandor de una luz) Oh! (Vuelve a entrar en la habitación de donde salió, cerrando la puerta)


ESCENA XVI

Inés, oculta. La Condesa, saliendo con una bujía encendida por la primera puerta de la derecha y con aire pensativo.

CONDESA
(Andando lentamente y hablando en voz baja) Es singular! Mi marido celoso! Sin querer darme la menor explicación de su enojo.... No comprendo.:.. En fin, pues me dijo que aquí me lo dirá todo... esperemos su llegada. —No sé. Me siento inquieta. Ese aviso de la reina es tan alarmante... que... tengo así, como un mal presentimiento... Oh! Conozco bien el carácter del monarca, y cuando llega a irritarse... (Aplicando el oído) Eh? Creí sentir en esa ventana.... (Se acerca a ella siempre con la luz en la mano)

INES
(Asomando con precaución la cabeza por la puerta del cuarto donde está oculta) (Sin duda lo ha visto llegar)

CONDESA
(Mirando por la ventana) Es mi marido! Calle! No traerla escala.... y sube apoyándose en las ramas del árbol... (En voz baja y como si hablara con el que sube) Cuidado! Que os vais a caer. (De pronto, sobresaltada y separándose velozmente de la ventana) Cielos!
Don Félix! (D. Félix salta a la escena)

INES
(Aparte) Ya está ahí. (La Condesa da un soplo a la luz y la apaga, al mismo tiempo que D. Félix salta a la escena)

CONDESA
Oh! (Apagando la luz y dirigiéndose hacia la puerta de su cuarto... La escena volviose a quedar a oscuras)


ESCENA XVII

Inés, Condesa, D. Félix.

FELIX
(Vivamente) Condesa! (Como llamándola)

CONDESA
(Aparte) Me ha conocido!

FELIX
(Adelantándose casi a tientas) Una palabra!

CONDESA
(Cerca de la puerta de su cuarto) Don Félix... Qué significa esto? (Con severidad. —Inés sale de puntillas a la escena y escucha)

FELIX
(Deteniéndose) Nada temáis! Un sentimiento de honor me conduce a este sitio.

CONDESA
(Vuelta hacia donde suena la voz de D. Félix, pero con una mano en el pestillo de la puerta de su cuarto) Escalando mis ventanas! Retiraos, ó doy voces.

INES
(Aparte y sorprendida) (Qué oigo!)

FELIX
(Sin adelantarse) Condesa, perdonad. Me era forzoso hablaros esta misma noche, antes de partir, sin que nadie nos interrumpiera; y el único medio que ya me quedaba...

CONDESA
(En la misma actitud que antes) Extraño lance por Dios! Faltar así a las consideraciones...

FELIX
Condesa, los instantes pasan... y yo vengo a pediros un sacrificio... que vuestro honor, que vuestra conciencia , sabrán apreciar debidamente.

INES
(Aparte admirada) (Este lenguaje!..)

CONDESA
No os comprendo. Acabad.

FELIX
Un lazo eterno, sagrado, une a don Diego con doña Inés. Desde que ese lazo existe... (Inés muestra gran curiosidad. Se queda indeciso)

CONDESA
Proseguid.

FELIX
Nuestra presencia en esta casa... es imposible.

INES
(Aparte) (Qué dice?)

CONDESA
Nuestra presencia? Imposible? Señor don Félix, explicaos de una vez.

FELIX
Señora... Empezaré por descubriros yo mismo mi secreto, para que vos me perdonéis si me atrevo después ^ a deciros el vuestro. Yo amo a doña Inés desde que la vi.

INES
(En el colmo de la sorpresa y de la alegría, y aparte) (Dios mío!)

CONDESA
(Fríamente) Lo sé.

FELIX
La amo... como se ama a Dios! Con toda la pureza de mi alma! Con toda la religión del respeto! Con todo el fuego de mi corazón!

INES
(Aparte) (Ah!)

FELIX
Y sin embargo... doña Inés pertenece a otro! Mi presencia podía turbar su reposo, mi amor podía ser conocido de ella... y yo parto con el alma destrozada.... pero con la conciencia pura, porque tal es mi deber.

CONDESA
(Con ironía) Y.... qué queréis decirme... a propósito de esa heroica resolución?

FELIX
Que estáis en el caso de imitarla... por razones muy semejantes.

INES
(Con gran sorpresa) (Eh?)

CONDESA
(Ofendida y con dignidad) Caballero! Si yo fuera libre en este instante para poder deciros... —porque creo comprenderos muy bien —lo que motivos muy graves me impiden declarar, veríais hasta qué punto habéis cometido una ofensa a mi respeto, un ultraje a mi persona... y una indiscreción..., a la que respondo mandándoos salir de aquí... y alejándome de vos. (Abre la puerta y se va, sin que D. Félix se aperciba de ello. En este momento Inés, que ha estado escuchando detrás de D. Félix y la Condesa, se adelanta y viene a quedar naturalmente y sin violencia en el sitio en que la Condesa estaba)

INES
(Aparte) (Qué misterio es este?)

FELIX
(Creyendo que aun está allí la Condesa) Deteneos un momento. Queréis saber, señora Condesa, lo que esta indiscreción, de que me acusáis, ha podido revelar y no lo ha hecho? Pues bien. La noche en que don Diego dio a doña Inés su mano. (Inés muestra grande interés) Aquella noche, repito, don Diego os juraba en el jardín un amor eterno!...

INES
(Conmovida y aparte) (Cielos!)

FELIX
Continuando como si hablara con la Condesa) Y sin sospechar que yo observaba oculto entre los árboles, os prodigaba sus lisonjas, os llamaba su único bien.... y olvidaba con la sonrisa del ridículo y del desprecio a su inocente esposa.

INES
(Sin poder contener su dignación y sonrojo exclama en voz alta) Gran Dios!!

FELIX
(Sorprendido y volviéndose) Ese acento... (Llamando) Condesa! Condesa!

INES
Ah! qué humillación! (Casi dejándose caer en los brazos de D. Félix)

FELIX
(Sosteniéndola admirado) Doña Inés!

INES
Soy muy desdichada!

MUSICA —DUO

FELIX
(Preso de la emoción más viva)
Ah! vos aquí! (A Inés)

INES
Yo misma, si.

FELIX
(Aparte) (Oh funesta indiscreción!
El labio mío,
le ha revelado
Sus agravios y mi amor!)

INES
Yo desde allí
oculta vi,
de mi esposo la traición.
Mi suerte impía
comprendo ahora!
Oh piedad de mi dolor!

(Llorando con la cabeza apoyada sobre el pecho de D. Félix. En este momento suena dentro un fuerte rumor y voces confusas, entre las que sobresale la de Blas que grita)

BLAS
(Dentro) A mí, muchachos, a mí.

(Gran rumor dentro)

INES
(Sobresaltada)
Don Félix, alejaos.
No oís ese rumor?

(Ambos escuchan con ansiedad)

BLAS
Corred que no se escape.

CORO
La verja ya saltó.

BLAS y CORO
Al pabellón.

ÍNES y FELIX
Oh!

(D. Félix se dirige a tientas hacia la puerta del fondo)

BLAS y CORO
Al pabellón
Fuego! fuego!
al pícaro ladrón.

INES
Cielos! vienen!
Yo muero de pavor.

(Golpes a la puerta del foro)

VOZ DE D. DIEGO
Condesa! Abrid! Condesa!

INES
Mi esposo! justo Dios! (D. Félix retrocede)
(A D. Félix) Partid.

FELIX
(Yendo a la ventana izquierda)
Está cerrada.

FELIX é INES
Terrible situación!

INES
Ved que a esa puerta
mi esposo llama,
que a sorprendernos
van a los dos!
Ved que aún conservo
limpia mi fama!...
Pronto alejaos,
pronto por Dios.

FELIX
Ah! Ya a esa puerta
su esposo llama
y a sorprendernos
van a los dos!
Mas nada temas
tu limpia fama
conservar pura
te juro yo.

CORO
(Dentro) Cercado ya tenemos
aqueste pabellón,
y en él encontraremos
al pícaro ladrón.

FELIX
(Buscando la ventana de la derecha)
Adiós bien mío!

INES
Partid por Dios!

DIEGO
Abrid! Abrid. (Golpes repetidos en la puerta del fondo)

INES
(A D. Félix que va d saltar por la ventana)
Qué hacéis?

FELIX
Salvaros el honor. (Salta)

INES
(Llamándole)
Don Félix, van a verlo.

CONDESA
(Saliendo con la luz)
Qué pasa?

GASPAR y DIEGO
Abridnos. (Suena un tiro)

INES
(Cayendo desmayada) Oh!

(Se abren las puertas; la Condesa junto Inés, que está desmayada en el sofá D. Diego que sale velozmente por el fondo y al ver a Inés sin sentido, hace una exclamación de sorpresa y acude también a su lado. D. Gaspar aparece por la puerta izquierda con una luz. Blas asoma trepando por la ventana derecha con la escopeta en la mano. Todo esto a la vez y rápidamente. Cae el telón)


FIN DEL ACTO SEGUNDO

ACTO TERCERO

El teatro representa una sala exterior, inmediata al locutorio de un convento de monja. —El lado derecho lo ocupa una reja grande con puerta. — El izquierdo una ventana ancha en primer término, y una puertecita en segundo. —El telón del fondo tiene dos puertas: una pequeña con postigo, a la izquierda; otra grande, de dos hojas, a la derecha, y con un foro que figúralos claustros. —Entre las dos puertas un armario grande de dos hojas. A la izquierda y casi junto a la ventana, una mesa con un tapete de bayeta verde.


ESCENA PRIMERA

La Madre Angustias, sentada en un gran sillón de baqueta, en el fondo y en medio de la escena. A su derecha é izquierda se extienden de frente al público dos filas de colegialas, sentadas y haciendo labor. La madre Angustias se ocupa a su vez en hacer medía, dando cabezadas y luchando con el sueño. La Condesa, vestida sencillamente, está detrás de la fila de colegialas de la izquierda, en pié, junio a la mesa y mirando hacia la ventana. Al levantarse el telón las colegialas cuchichean fuerte unas con otras, formando un tumultuoso murmullo, al mismo tiempo que la orquesta toca cuatro ó seis compases. Después de estos entra el canto.


CANTO

(Hablado al compás de la música)

ANGUSTIAS
Silencio! (Todas callan)
En sus labores
se ocupe cada cual:
el tiempo que se pierde
no vuelve, niñas, mas.

(Sigue haciendo medía)

COLEGIALAS
(Con hipocresía y en tono gangoso,)
Ay! madre Angustias
tiene razón.
Tiempo perdido
jamás volvió!

(Trabajando con los ojos bajos)

Tengamos todas
aplicación.
Presto a la rueca
y al bastidor.

(La madre Angustias da cabezadas. Las Colegialas la miran, y al ver que duerme se dicen unas a otras)

Chss!... Chss!...
Ya se durmió.

(Soltando las labores)

Duerma también
nuestra labor.

(Animadas y cuchicheando unas con otras en su voz natural)

Ay, qué bueno debe ser

(Con animación y en voz baja)

el gozar de libertad,
y poderse divertir
y poder salir y entrar!
No es verdad?
Oh! qué bueno que será!
Y a los bailes asistir
y la música escuchar,
y al compás del minué
el salón atravesar...

(Tatareando un minué, cogiéndose los trajes con la punta de los dedos, levantándose lentamente sin separarse de sus sillas y moviendo la cabeza graciosamente y a compás)

la, la, la, la, la...
la, la, la, la, la...

ANGUSTIAS
(Abriendo los ojos y tosiendo)
Ejem!

TODAS
(Sentándose a la vez, cogiendo presurosas la labor y tomando su aire hipócrita y su tono gangoso)
Ay! madre Angustias
tiene razón.
Tiempo perdido
Jamás volvió.

(Ven que se ha dormido de nuevo y empiezan a tatarear como antes)

Lá, lalá, lalá...
lá, lalá, lalá...

(Con hipocresía)

Tengamos todas...

(Mirándola y tatareando bajo, haciendo muecas a la madre Angustias)

lá, lalá, lalá...

(Con hipocresía y siempre mirando)

Aplicación...

(Como antes)

Lalalá, lalá...
Presto a la rueca
y al bastidor...

(Ven que duerme aún)

Lalalá, lalá...
lalalá, lalá.

(Despierta y exclaman bajando los ojos)

Y al bastidor! (Siguen trabajando)

(Cesa la música)

(Hablado)

ANGUSTIAS
Así me gusta. Que comprendáis todo lo que gana la virtud con el trabajo... y todo lo que una se ahorra de tentaciones y de vanos deseos. La ociosidad, como dijo ayer el padre Hipólito en su sermón, es la fuente... Ya os acordáis. Y como esta verdad no tiene vuelta de hoja, debo recordárosla a cada momento en mi calidad de maestra. La madre superiora desea que seáis aplicadas, trabajadoras; las unas, porque debéis volver al siglo para hacer la felicidad de vuestras familias (Movimiento de alegría en todas), y las otras, porque debéis ser dignas de consagraros en este convento al servicio de Dios. (Movimiento de disgusto en todas) Me entendéis?

NOVICIAS y COLEGIALAS
(Respondiendo con tono monótono, como los chicos en la escuela a la doctrina) Si, señora!

ANGUSTIAS
Así sea! Por lo demás, mi mayor placer consistiría en que ninguna abandonase esta santa casa. Cuántas veces... no habéis de echarla de menos.

TODAS
(Se miran a escondidas y maliciosamente, y tosen)
Ejem! ejem! ejem!

ANGUSTIAS
(Se levanta) Eh? os habéis todas resfriado? (Prosiguiendo) Cuántas veces... ahí tenéis sin ir más lejos a Inesita, nuestra antigua educanda, que salió de aquí para casarse...

TODAS
(Levantándose vivamente con curiosidad y rodeando a la madre Angustias) Para casarse? (La Condesa desde donde está sentada levanta la cabeza y presta alguna atención)

ANGUSTIAS
Sí, pero la pobre niña fue engañada: la hicieron creer que se había casado, y a lo mejor... nada. No había tal cosa. La infeliz se vio objeto de la burla de las gentes... y volvió a nuestro lado, aquí, donde va a tomar hoy el hábito. Pobre Inés. Víctima de una intriga...

CONDESA
(Que desde donde está ha prestado atención, se acerca y dice con gravedad) Perdonad, señora. Vos no estáis bien enterada de aquellos sucesos, y no debíais hacer partícipes a estas jóvenes... (Las Colegialas bajan los ojos, se retiran lentamente y colocan las sillas junio a las paredes de, la habitación)

ANGUSTIAS
Señora Condesa, creed que mi intención... (Aparte) Me había olvidado de que estaba aquí!

CONDESA
Doña Inés no ha sido ni un momento objeto de burla como suponéis: nadie tampoco ha puesto en duda su fama, y si va a tomar el hábito es porque a ello la obliga la tenacidad de su tío el Comendador.

ANGUSTIAS
Oh! Pues vos lo aseguráis...

CONDESA
Un funesto error hizo que doña Inés me creyera su rival la noche en que la sorprendieron en mi cuarto. Yo entonces me vi obligada a confesar mi boda con don Diego, y por haberla verificado sin el permiso del monarca, su majestad mandó a mi esposo a un castillo y a mí a este convento.

ANGUSTIAS
De donde Dios sabe cuándo saldréis.

CONDESA
(Aparte) (En cuanto a eso, ya veremos) Por lo demás, a qué ocultarlo? La ausencia inexplicable de don Félix, que desde aquella noche desapareció, sin que hayamos sabido su paradero, es realmente lo que ha influido en que doña Inés vuelva aquí. Pero lo repito: ni doña Inés ni yo estamos al alcance de lo que la malicia pueda inventaren nuestro daño.

ANGUSTIAS
(Santiguándose) Dios nos libre de un mal pensamiento... y a mí la primera, señora Condesa. Os respeto lo bas... (Suena una campana) Eh? Llaman a la puerta! (Mirando a la del fondo)

BLAS
(Dentro) Soy yo, madre Angustias!

CONDESA
(Aparte animada por una esperanza) Blas! Oh! ya era tiempo.

NOVICIAS y COLEGIALAS
(A quien anima y alegra la voz de Blas) Es Blas!

ANGUSTIAS
Sí. Ahora recuerdo que hoy le toca traernos las provisiones y además un encargo que le hice (Suena de nuevo la campana)

BLAS
(Dentro) Madre Angustias!

ANGUSTIAS
(Yendo a abrirle) Allá voy! Allá voy!


ESCENA II

Dichas, Blas, que sale por la puertecita del fondo, que abre la madre Angustias. Trae un cesto grande de asa pendiente del brazo y el sombrero en la otra mano. Las novicias y colegialas le acogen con afecto y alegría, rodeándole. La Condesa le mira con ansiedad.

COLEGIALAS
(Con alegría) Blas! Blas! (Rodeándole)

BLAS
(Sonriendo) En presona. Y que os trae del pueblo las provisiones y toos vuestros encargos.

TODAS
(Mirando la cesta) A ver? A ver?

BLAS
(Enseñando) Diez libras de chocolate (Alegría de las Colegialas), pastelillos (Idem), cuatro maejas de algodón (Señales de disgusto), dos botes de pomá de mil flores... y otros dos de frinchipani. Ah! las agujas... (Dándoselas a una Colegiala) y el emplasto para vos! (A la madre Angustias)

COLEGIALAS
(Retirándose) Uf!

ANGUSTIAS
(Aparte) Charlatán...

UNA COLEGIALA
Y qué ocurro por el pueblo?

BLAS
Ná de nuevo... sino que el rey ha llegao de caza. Juera de esto... tó sigue en su ser natural. Y vos, madre Angustias, seguís también en vuestro ser natural? Cómo van esos reumatismos?

ANGUSTIAS
Tirando, hijo, tirando. Dame la cesta.

BLAS
Yo la llevaré adentro. La tornera ha subido a la celda de la madre superiora, y...

ANGUSTIAS
Sí. Con los preparativos para la toma de hábito de doña Inés anda todo hoy Dios sabe cómo... Trae, la pondré mientras en este armario, (Blas le da la cesta: la madre Angustias la lleva al armario)

CONDESA
(Aparte y vivamente a Blas) Le has visto?

BLAS
(Idem a la Condesa) Si señora.

ANGUSTIAS
(Volviendo) Y... qué respuesta nos traes del señor abad de la Granja? Fuiste a hacer nuestro encargo?

BLAS
Vaya! El señor abad me dio muchas memorias para toda la comunidad, y me dijo que sentía en el alma que el padre Benito hubiese renuncian su cargo de maestro de música de estas señoritas.

ANGUSTIAS
Bien. Pero nosotras pedimos al señor abad...

BLAS
Que buscase otro! Pues de eso iba precisamente... El nuevo maestro deberá presentarse adentro de poco. Un santo varón....

ANGUSTIAS
Le conoces tú?

BLAS
Le vi en casa del señor abad... y según dijo... ya debía estar aquí.

ANGUSTIAS
Entonces... bueno será que te esperes y me avises en cuanto llegue. (A las colegialas) Niñas... vamos un ratito al coro. La obligación no se opone a la devoción. (Se va con las colegialas por la puerta de la verja)

BLAS
(Siguiéndola hasta dicha puerta) Hasta luego, madre Angustias: si hay de sobra un plato de natillas... ó algunos bollos, mi estómago está a vuestra disposición.


ESCENA III

La Condesa y Blas. Blas vuelve apresuradamente al proscenio. La Condesa se acerca a él con presteza y ansiedad. Ambos habla en voz baja.

CONDESA
Qué tenemos?

BLAS
Que va a venir, que vais a verle antes de diez minutos!

CONDESA
A verle? (Contenta) Después de tantos días de separación!

BLAS
Buen trabajo le ha costado escaparse del castillo donde estaba en arresto; pero como entiniendo (Hace con los dedos la señal del dinero) Pues! La pecunia tó lo allana. Así es que no falta ná; los caballos, un pasaporte vamos, ná mas sino que escapéis como alma que lleva el diablo.

CONDESA
Pero cómo saldré yo de aquí?

BLAS
Eso es cuenta de don Diego.

CONDESA
Y con qué pretexto va él a penetrar en este sitio?..

BLAS
Ya lo veréis entrar con su manteo negro... y más serio que un sacristán mayor.

CONDESA
Qué! seria él ese maestro de música...

BLAS
Ajá! Esta ocasión no se volvería a presentar fácilmente y la hemos aprovechao.

CONDESA
(De pronto mirando a la puerta izquierda) Chss! Calla! El Comendador!

BLAS
Mi amo? Cáspita!

CONDESA
No conviene que nos vea juntos.

BLAS
Y dónde estaréis luego?

CONDESA
Yo volveré a este sitio. Adiós! (Se va vivamente por la verja)

BLAS
(Mirándola irse corriendo) Bisss! Ya desapareció como una saeta! Válgame Dios, qué de acontecimientos de un mes a esta parte! Don Diego preso en un castillo; la señora Condesa encerré en este convento ; doña Inés... que va a tomar el hábito; Teresa la molinera... que se ha escoyuntao un pie bailando; yo... (Se detiene a pensar) Yo, qué? (De pronto) No; a mí no me sucee ná. (Al ver venir a D. Gaspar se oculta en la puerta izquierda, desde donde observa)


ESCENA IV

Blas, D. Gaspar, Inés, en traje de colegiala, la madre Angustias.

GASPAR
(Trayendo de la mano a Inés, que viene sumamente abatida) Si, hija mía. El rey está de caza por estos alrededores , y eso me deja libre para pasar el día a tu lado y presenciar tu toma de hábito.

ANGUSTIAS
No veis qué pálida está? (A D. Gaspar)

GASPAR
Te sientes mala, Inés. (Con afecto)

INES
(Tristemente) No, señor.

ANGUSTIAS
Será que el mismo fervor religioso...

BLAS
(Aparte con socarronería) Si, eso es; el fervor.

INES
(Alzando los ojos al cielo y suspirando lentamente) Ay!

GASPAR
(Bajo a Inés) Ya lo estás viendo: no te quedaba otro recurso. Accediendo a tus ruegos, he esperado algunos días a ver si don Félix se presentaba a pedirme tu mano... y ni lo ha hecho ni nadie le ha visto en la corte desde la noche malhadada...

INES
Bien, querido tío. No me recordéis un pasado cuya memoria me quitaría la resignación que en estos momentos necesito! Pero...

GASPAR
Qué?

INES
Solo quisiera deciros... que hace tres días oí a Blas... que don Félix había vuelto de un viaje que emprendió al día siguiente de...

GASPAR
(Aparte) Oh! (Alto)No creas tal. Blas no tiene motivos para saber... (Aparte) Mi resolución es irrevocable, y por fortuna dentro de pocas horas se verá cumplida. (A Inés) Vamos, vamos. Qué te puede ofrecer el mundo? Vanidades que se convierten en humo. Luego llega uno a viejo... como a mí me sucede...

BLAS
(Aparte) Si, pero antes ha sío joven.

GASPAR
(A Inés) Ea! Ve a la celda de la madre superiora, que quiere tener contigo una plática que te prepare bien para la ceremonia. Ve, hija mía, ve... y cree que solo me guía la idea de verte feliz.

BLAS
(Aparte) Pues esta vez se ha equivocao el buen señor. (Inés besa la mano a D. Gaspar, que la abraza con cariño y la acompaña hasta la puerta de la verja)

BLAS
(Mientras, dice aparte)Lo mejor será escurrirme, no retenga consigo... (Mira a la puerta del fondo y a D. Gaspar, y dice adelantando un pie para irse) A la una! (Adelanta otro sin dejar de ver si D. Gaspar le mira) A las dos! Alas... Uf! (De un salto se sale por el fondo y desaparece)


ESCENA V

D. Gaspar y la madre Angustias.

GASPAR
(Volviendo al proscenio y sacando la caja del rapé para tomar un polvo) Madre Angustias... (Tomando un polvo) Ya he dicho a la superiora que quiero que la ceremonia se celebre con toda pompa.

ANGUSTIAS
Y así será. (Mira con deseo la coja de rapé que D. Gaspar tiene abierta, y alarga los dedos para tomar un polvo. D. Gaspar, sin notar este deseo de la madre Angustias, acciona mucho d medida que habla en esta escena con la mano en que tiene la caja. La madre Angustias, con los dedos extendidos, sigue los movimientos del brazo de D. Gaspar, sin poder nunca cazar el rapé. Este juego dura toda la escena)

GASPAR
(Accionando y con naturalidad) Yo no sé qué revolución se opera en las ideas! Las niñas solo gustan ya de los placeres mundanos... (Moviendo el brazo a la derecha) Y de ir... (A la izquierda y siempre siguiéndolo la madre Angustias) Y de venir...

ANGUSTIAS
(Mirando con avidez la caja y respondiendo al, mismo tiempo) Gomo si no fuera mejor que se estuviesen tranquilas! (Sin poder atrapar la caja)

GASPAR
(Siguiendo con sus movimientos como antes) Pero nada! Luchando siempre con sus locos deseos... (Retirando el brazo naturalmente)

ANGUSTIAS
(Persiguiendo con los dedos extendidos el brazo de D. Gaspar) Siguen tras ellos... Y cuando creen conseguirlos... (Logrando acercar los dedos a la caja)

GASPAR
(Cerrando de un golpe la caja) La ilusión desaparece.

ANGUSTIAS
(Aparte y con pena) (Y el rapé también!)

GASPAR
Me alegro de que tengáis la misma opinión.

ANGUSTIAS
Oh! Esas verdades son conocidas de todo el mundo y...

CONDESA
(Asoma por la puerta derecha, va a salir y al verlos se detiene diciendo) No se va!


ESCENA VI

Dichos, Blas, por el fondo.

BLAS
(Aparte) (No puedo ya evitar que me vea. Este recado intempestivo...

GASPAR
(Volviéndose) Eh? Quién... Calle! Tú por aquí?

BLAS
Sí señor. (Sonriendo) He vinio... a traer varias provisiones...

GASPAR
Ah! ya.

BLAS
Y me volvía a la quinta. Pero la tornera me suplicao diga a la madre Angustias...

ANGUSTIAS
Qué?

BLAS
Que se ha presentao a la puerta un señor oficial que se empeña en que ha de entrar... y que dice trae una comisión del rey.

CONDESA
(Desde la puerta y aparte) (Qué oigo!)

GASPAR y ANGUSTIAS
Del rey?

ANGUSTIAS
(A Blas) Que pase adelante. Voy a avisar a la madre superiora...

BLAS
Es inútil. (Mirando al fondo) Vedle aquí, que se entra como Pedro por su casa.


ESCENA VII

Dichos, D, Félix, que aparece en la puerta del fondo con el sombrero en la mano, y que se adelanta lentamente y con respeto.

GASPAR
(Aparte y con sorpresa) Don Félix! (Se aparta a un lado volviendo la espalda para evitar el ser conocido de D. Félix. Blas se aparta d un lado también. D. Félix no lo ha reconocido)

FELIX
(Pausadamente y con respeto, a la madre Angustias) Perdonad, señora, si acaso quebranto las reglas del convento llegando hasta aquí...

ANGUSTIAS
Aunque para ello se necesita un permiso especial de la superiora, tengo entendido que venís de parle de su majestad, y esto puede dispensaros hasta cierto punto...

FELIX
Con efecto. Su majestad me ha enviado para deciros que al pasar por el pueblo ha oído que esta tarde tomaba aquí el hábito una educanda... y que tendrá gran placer en honrar con su presencia tan santa solemnidad...

BLAS
(Aparte) Ay! si este supiera... (El Comendador hace a Blas una seña para que se vaya. Blas se va)

ANGUSTIAS
(A D. Félix) Será para el convento una alta merced, que nuestra gratitud...

FELIX
A qué hora empezará la ceremonia?

ANGUSTIAS
A las dos... si su majestad no dispone otra hora.

FELIX
El rey no quiere que su venida altere en nada la costumbre ó el orden establecido. Por otra parte, S. M. está a pocos pasos de aquí, en la alameda que conduce al pueblo.

CONDESA
(Desde donde está oculta dice aparte) Oh qué idea! (Cruza de puntillas el fondo, y sin que le vean se va por la puertecita pequeña de entrada)

ANGUSTIAS
(Dirigiéndose a D. Gaspar) Señor Comendador ya veis... (D. Félix repara en él)

GASPAR
(Vivamente y aparte a la madre Angustias) Silencio! Que no sepa todavía...

ANGUSTIAS
(Aparte) Calle!

FELIX
(A D. Gaspar) Perdonad, señor don Gaspar. No os había visto. (Le saluda gravemente y con ceremonia)

GASPAR
(Idem) Caballero...

FELIX
Estaba muy ajeno de tener el honor...

GASPAR
He venido a hablar con la mache superiora sobre ciertos censos... (A la madre Angustias) Tendréis la bondad de guiarme al locutorio? (Con intención para que D. Félix termine la visita)

FELIX
Me vuelvo al lado de S. M. (A la madre Angustias) La señora superiora, tendrá en seguida conocimiento de la misión que he traído?

ANGUSTIAS
Ahora mismo voy a ponerla en su noticia.

FELIX
(Saludando a la madre Angustias) Mil gracias. Señor Comendador... (Lo saluda también)

GASPAR
Dios os guarde.

(D. Gaspar y la madre Angustias se dirigen a la puerta de la verja. D. Félix a la del fondo. Toda la escena que ha terminado debe representarse con suma gravedad y cortesía. D. Gaspar y la madre Angustias desaparecen. Al llegar D. Félix a la puerta del fondo, Blas asoma la cabeza por una puerta de la izquierda y exclama en voz baja, pero procurando que D. Félix le oiga)

BLAS
(Llamándole) Sr. D. Félix!

(D. Félix se vuelve y no ve a Blas. Mira al lado opuesto sorprendido y baja en seguida un poco hacia el proscenio)

FELIX
Juraría... que pronunciaban mi nombre.

(Blas cruza el teatro de puntillas y por detrás de D. Félix, y se asoma a la puerta del fondo mirando hacia dentro y diciendo aparte)

BLAS
Veamos antes no sea que el amo nos sorprenda. (Se va)

FELIX
(Después de mirar a un lado y otro) Bah! Quién podía en este sitio... (Se va a ir. El órgano suena dentro, se detiene y escucha) Qué majestuosa armonía! Qué apacible soledad! (Se queda pensativo)

(Coro de monjas dentro)

MONJAS
Salve, oh purísima
Virgen María.
salve oh dichosa
madre de Dios!
Ruega por nos!
Ruega por nos,
dulce purísima
madre de Dios.


PRIMERA ESTROFA

FELIX
Tú que has perdido
pobre alma mía,
toda esperanza,
toda alegría,
une los ecos
de tu dolor
a ese sublime
santo clamor.

(Intermedio de órgano)


SEGUNDA —A LA VEZ

Para el que llora
su vida entera,
para el que nada
del mundo espera,
oh! cuán suave
suena el clamor
que al cielo implora
santo favor!
(Dentro) Salve, oh purísima
Virgen María,
Salve, oh dichosa
madre de Dios!
Ruega por nos,
ruega por nos,
dulce purísima
madre de Dios. (Cesa la música)

Partamos. (Al pasar por delante de la verja, se queda de pronto sobrecogido y señalando con el brazo extendido al interior) Gran Dios! (Pausa) No, no. Es una ofuscación de mi mente. Cómo pudiera, ser otra cosa? (Se acerca a la verja) Y sin embargo... aquel ademán ... aquel talle... (De pronto y con emoción profunda) Inés!


ESCENA VIII

Dicho. Blas, saliendo vivamente por el fondo.

BLAS
Señor don Félix! Señor don Félix!

FELIX
(Volviéndose apiado) Quién me llama?

BLAS
Soy yo. No me reconocéis?

FELIX
Blas! (Le coge de la mano ) Qué es esto? Respóndeme al instante. Cómo doña Inés está aquí?

BLAS
Está aquí por... porque está.

FELIX
Luego me han engañado traidoramente!

BLAS
Qué decís? No os han contado que la noche misma en que desaparecisteis...

FELIX
Sí, todo lo sé; pero ignoraba absolutamente su paradero.

BLAS
Pues es que ya no veo remedio alguno...

FELIX
Por qué?

BLAS
Porque la joven que debe tomar hoy el hábito es la misma señorita Inés.

FELIX
Dios mío!

BLAS
Qué vais a intentar a estas alturas? Cuando dentro de dos horas...

FELIX
No lo sé! Lo que digo es que antes me liarán pedazos que yo consienta en perder a Inés. —Lo que te digo... es que ya no salgo de aquí sin ella. (Con gran resolución)

BLAS
(Santiguándose) Jesús! Buena se va a armar!

FELIX
Cómo pudiera yo intentar el ver a doña Inés?

BLAS
Verla? Es decir, hablarla. — Dejadme reflexionar. (Murmura entre dientes, a acogiendo una idea, ya tomando otra) Hum! Hum! No... —Tampoco!... —Si... —No! (De pronto) Ah!

FELIX
Qué debo hacer?

BLAS
Nada.

FELIX
Cómo nada?

BLAS
Como nada. O mejor dicho, ahora mismo vais a ocultaros... (Mira alrededor. ) Ah! En ese cuarto. (El de la izquierda) Es una especio de desván que nadie habita, y en él os estaréis sin respirar hasta que yo os avise.

FELIX
Pero...

BLAS
Sin respirar! —Yo buscaré un medio de que doña Inés venga por aquí... Al desván pronto! (D. Félix entra en el desván y cierra)

BLAS
(Solo) Don Diego por un lado... que quiere entrar. Este por otro... que quié salir. Santo Cristo, y qué baraúnda! Lo menos de esta vez voy a la Inquisición!

(Suena la campana de la puerta del fondo)


ESCENA VIII

Blas, la madre Angustias. Después D. Diego.

ANGUSTIAS
(Saliendo por la puerta de la verja) No oyes que están llamando? (A Blas)

BLAS
Y qué? Soy yo tornera? —Esperad. (Mira por el postiguillo y dice aparte) (Uf! Don Diego! Y qué facha trae!)

ANGUSTIAS
Vamos: quién es?

BLAS
El... el sochantre... digo, el maestro de música que el señor abad... Voy a abrirle.

ANGUSTIAS
Pero estás cierto de que es él?

BLAS
(Con malicia) Vaya! Si lo conoceré yo? Pues digo.... (Abriendo) Entrad, señor maestro. Adelante.

(D. Diego, con sotana y manteo, pero con sombrero de tres candiles para que el traje no sea enteramente el de un clérigo. Su ademán es hipócrita)

DIEGO
(Saliendo) Buenos y felices días. (Se detiene mirando á Blas con malicia y fingiendo sorpresa) Calle! Yo he visto vuestra cara en alguna parle! (A Blas)

BLAS
(Con malicia, volviéndose a la madre Angustias) Qué memoria tiene! Debe ser buen músico! (A D. Diego) Si, señor. —En casa del señor abad...

DIEGO
Eso es.

BLAS
Pues! Eso.

DIEGO
Pero hermano... cómo hacéis el oficio de tornera?

ANGUSTIAS
Ha sido demandadero del convento, y de cuando en cuando viene...

DIEGO
(A la madre Angustias) Tened cuidado con las personas que se introducen aquí. A veces no se sabe...

BLAS
(Con malicia) Y tanto! (Aparte) Qué descaro!

ANGUSTIAS
Va el señor abad os habrá instruido de...

DIEGO
De todo.

ANGUSTIAS
Solo se trata de dar lecciones de solfeo a las jóvenes educandas...

BLAS
(Aparte) Dios quiera que hoy no me solfeen a mí las costillas!

DIEGO
Entiendo. Va veréis con qué celo y con qué eficacia...

ANGUSTIAS
Pero hoy... no habrá tal vez ocasión. La toma de habito que va a celebrarse...

DIEGO
Oh! no importa. Al menos formaré una idea de los conocimientos de mis nuevas discípulas. Exploraré!... Será cosa breve.

BLAS
Si! (Aparte) Lo que tarde en ver por dónde se lleva a su mujer.

ANGUSTIAS
Si os empeñáis... Voy a llamar... Soy con vos al momento.

(Se va)

DIEGO
(Muy deprisa a Blas) Y la Condesa?

BLAS
(Idem) Esperándoos impaciente.

DIEGO
Pero cómo nos hemos de ver?

BLAS
Ella misma vendrá aquí.

DIEGO
Corre a...

BLAS
(De pronto, tosiendo muy fuerte) Ejem! ejem!

DIEGO
(Idem y disimulando) Ejem!


ESCENA VIII

Dichos, la Madre Angustias, Colegialas y niñas educandas, con papeles de música en las manos.

ANGUSTIAS
He aquí vuestro nuevo maestro, señoritas. El señor don...

BLAS
Anto...

DIEGO
(Interrumpiéndole) Beni...

BLAS
(Idem) Benito: eso. Benito. El señor don Benito.

ANGUSTIAS
No hay que turbarse, y cada cual dé a conocer lo que sepa...

DIEGO
Oh! estas señoritas comprenderán muy pronto mi método y mis lecciones. Por ahora me bastará con oír... Qué es lo que estudiaban últimamente?

ANGUSTIAS
Una especie de coro en solfa.

DIEGO
Vaya por el coro en solfa.

ANGUSTIAS
Tomad vuestros papeles. (Dándoselos a D. Diego)

BLAS
(Aparte a D. Diego) Pero cómo vais a componeros?...

DIEGO
(Idem a Blas) Lo principal es ganar tiempo. Además, yo en mi juventud aprendí a cantar...

BLAS
(Aparte) Quiera Dios que no acabemos llorando!

DIEGO
(Viendo a las Colegialas, cada una con su papel) Bravo! (A la madre Angustias, que le da un papel de música) Ajá! Este es el que ha de guiarme?.. Pues ea. Cuando gustéis, muchachas. —Vamos a ver. (Farseando con desenvoltura delante de ellas)

ANGUSTIAS
(Sentándose y aparte) Uf! Qué aire tan desenvuelto tiene este profesor!


CANTO

(Las Colegialas se forman en píe y en ala. Las niñas delante. Todas con los papeles de música en las manos. D. Diego al frente de ellas y a su lado Blas)

DIEGO
(Empieza a solfear dando una nota)
Dooó!

(Todas las Colegialas se precipitan para seguirle. Cada una da una nota en tono diferente, resultando una gran discordancia y confusión)

Dó, dó,
dó, dó,
dó, dó,
dó...

(Blas se tapa los oídos)

(Hablado)

DIEGO
(Apaciguándolas) Chsss! chsss! No, no. Perdonad. (Todas se callan y lo escuchan) Poco a poco. No hay que precipitarse. Lo primero es... (De pronto dice aparte a Blas) Pero y la Condesa?

BLAS
(Aparte a D. Diego) Ya vendrá.

DIEGO
(Tose) Ejem! (A las Colegialas) Lo primero es que yo marque el compás. Estamos? A fin de que entréis a tiempo. Atención. Tono de Ala mi re. (Marca el compás. Todas le imitan en silencio)
Uno! dos! tres! cuatro!
uno! dos! tres!... Ahora!


CANTADO (1)

(1) Como está en la partitura.

DIEGO
(Solfeando) Do doooó
mi —re —si —do —faaá...
mi —do —re —si —sooo!..

COLEGIALAS
(Repitiendo y marcando)
Mi —re —si —do —faaá...
mi —do —re —si — sooo!.

DIEGO
(Muy expresivo) Sol do miiiiiii.

(A un tiempo)

DIEGO
(Aparte)
Mi mujer no parece!
(Solfeando) Si re faaaaaaa...

COLEGIALAS
(Imitando)
Sol do miiiii.

(A la par)

DIEGO
(Aparte)
Yo me empiezo a alarmar.
Sol do miiiii.

COLEGIALAS
Si re faaaa.

(A la vez)

DIEGO
(Aparte)
Qué le habrá sucedido?
(Solfeando) Sol si reeeeee.

COLEGIALAS
Sol do miiiii.

DIEGO
(Aparte)
Dónde diablo estará?
(Solfeando) Fafafaaa.

COLEGIALAS
Sol si reeeee.

DIEGO
(Aparte)
Dónde está?
(Solfeando) Fafafaaa.

COLEGIALAS
Fafafaaa!

DIEGO
(Aparte)
Dónde está?
(Mirando a todos lados)

COLEGIALAS
Fafafaaa!

BLAS
(Aparte) Qué algarabía
tan infernal!
Cuánto fififi!
Cuánto fafá!

DIEGO
(A las Colegialas) El andantino
marcha a compás:
ahora el alegro
quiero pasar.

(Solfeando el alegro)

Sol dó mi dó mi faaá
re mi dó mi dó
remiresisol.
Sol dó mi dó, mi faaa ..
fami do redoremidó.

(A la vez)

DIEGO
(Aparte) Si de esta escapo bien,
no paro hasta el Mogol.

(Solfea) Relamido, relamido.
Bendito matrimonio,
qué caro me costó!

COLEGIALAS
(Como él) Sol dó mi dó mi faaá
re mi dó mi dó
relamidó!
Sol dó mi dó mi faaá...
fami, dó redoremidó.

DIEGO
Mi dooó...

COLEGIALAS
Mi dooó

DIEGO
(Aparte a Blas)
Avisa a mi mujer,
voto a bríos! (Rápidamente)

(Disimulando)

DIEGO
Mi dooó...

COLEGIALAS
Mi dooó...

BLAS
(Bajo a D. Diego y rápidamente)
No puedo, que allí está
mi señor.

(Por disimular y con voz destemplada)

Mi doó...

DIEGO y COLEGIALAS
Mi dooó...

DIEGO
Resi do fá...

DIEGO
(A Blas aparte)
Al punto ve...

COLEGIALAS
Resi do fá.

DIEGO
Re si do faá

(A la vez)

BLAS
(Aparte a D. Diego)
Pensad, señor...

COLEGIALAS
Re si do faá...

DIEGO
(Como solfeando y furioso)
Re si do si si si si si!

BLAS
(Aparte y como solfeando)
No, no, no, no, no,

DIEGO
(Aparte) Si de esta escapo bien,
no paro hasta el Mogol!
Bendito matrimonio,
qué caro rae costó!

BLAS
(Aparte) Con tanto relamidó
y tanto darle al sol,
me han puesto la cabeza
lo mismo que un tambor.

(Hablado)

DIEGO
(A la madre Angustias) Estas señoritas solfean perfectamente, y me prometo grandes adelantos.

ANGUSTIAS
(Levantándose) Dadme los papeles. (Los recoge)

DIEGO
(Aparte a Blas) Cuál es la ventana que hemos elegido?

BLAS
(Por la de a izquierda, y aparte a D. Diego) Esa.

DIEGO
(Sí; asoma a ella y dice aparte) En efecto, la altura es bien poca, y... (Suena dentro una campana)

ANGUSTIAS
(A las colegialas) Oís? Ya nos llaman. (A D. Diego) Señor don Benito, si os esperáis un poco seréis presentado á la madre superiora.

DIEGO
Si, si. Con sumo gusto. No os inquietéis por mí. Yo aguardaré.

ANGUSTIAS
(A las Colegialas) Vamos. (Se va con ellas)


ESCENA IX

Diego, y Blas. Móntenlo de pausa, durante el cual los dos miran a un lado y otro por si alguien los observa, ü. Diego de pronto se levanta la sotana y saca una escala de seda que trae arrollada al cuerpo.

DIEGO
Aquí tengo la escala.

BLAS
(Sacando una llave enorme) Y yo la llave de la huerta.

DIEGO
Aprovechemos los instantes mientras la Condesa viene.

BLAS
Si, si. Ya no puede tardar. Démonos prisa. (Colocando la escala en la ventana por fuera)

DIEGO
Sujétala bien.

BLAS
Se me figura una cosa, señor,

(Mientras esto, D. Félix no hace más que sacar la cabeza sin que lo vean y observarlos, desde el cuarto izquierda)

DIEGO
Qué!

BLAS
Que se va usía a caer si baja por aquí con la señora Condesa.

DIEGO
Despacha y déjate de observaciones.

GASPAR
(Dentro) Imposible! No puedo creerlo!

BLAS
(Asustado) El amo!

DIEGO
Mi tío! (Corren de un lado a otro. D. Félix cierra)

BLAS
En dónde me meto?

DIEGO
Cáspita! (Queriendo abrir una puerta)

BLAS
Ocultaos!

DIEGO
Sí! De eso trato! Pero... Ah! (Abre el armario y se mete en él)

BLAS
Uf! (Se mete debajo de la mesa)


ESCENA X

Dichos ocultos, D. Gaspar y la Madre Angustias agitados.

ANGUSTIAS
Jesús! Jesús!

GASPAR
Que la busquen por todo el convento!

ANGUSTIAS
Pero cómo puede haberse fugado así?

DIEGO
(Asomando la cabeza y aparte) Quién?

BLAS
(Asomando la suya y aparte) Quién? (Los tres a un tiempo)

FELIX
(Idem) Quién?

GASPAR
(Creyendo que es la madre Angustias le dice) Cómo quién? Pues no lo sabéis como yo?

ANGUSTIAS
(Admirada) El qué?

GASPAR
El qué? Esto es bueno! Que la Condesa se ha fugado!

DIEGO
(Lo mismo que antes) La Condesa!

BLAS
(Idem en la mesa) La Condesa!

FELIX
(Idem) La Condesa!

GASPAR
(Mirando a todos lados) Eh? Quién anda por ahí?

ANGUSTIAS
Pero qué tenéis, señor Comendador?

GASPAR
No sé! visiones sin duda!

ANGUSTIAS
Queréis apurarme más de lo que estoy? Vamos! En qué nos detenemos. Es preciso interrogar a la tornera... Qué compromiso! Y cuando el rey debe llegar...

BLAS
(Estornuda) Atch!

GASPAR
(Mirando a todos lados) Cáspita! (A la madre Angustias) Chsss! (Bajo) Tengo una idea! Vamos a llamar al jardinero y que con sus criados cerque el convento. La Condesa no puede haber salido según mi opinión... y si tuviese cómplices, que aun estuvieran ocultos aquí dentro...

ANGUSTIAS
Eh? Cómo?

GASPAR
Chsss! Yo he sentido por esta sala... venid, venid. (Se van por el fondo)

BLAS
(Saliendo debajo de la mesa) Perdidos somos. (Don Diego va a salir del armario, Blas le obliga a volverse a meter en él) No. No salgáis. Quedaos oculto. Yo voy a ver lo que hay de cierto en la fuga de la señora Condesa... (Aparte) (Y a decir de camino a doña Inés que el otro está en el desván) (Se va D. Diego se ha vuelto a encerrar en el armario)


ESCENA XI

D. Diego, dentro del armario. D. Félix- saliendo del desván.

FELIX
Qué es lo que oído? (Cercar el convento! Cómo salir entonces con Inés. Si yo pudiera ver antes al jardinero y sobornarlo... Ah! (Mira la ventana ) Por esta escala.
Pronto! (Se lanza a la ventana mirando antes al armario donde está D. Diego y se baja al jardín por la escala)

DIEGO
(Saliendo sofocado del armario) Uf! No puedo más. Me ahogo en ese maldito armario! Pero señor, cómo explicarme la fuga de mi mujer? Con qué objeto se ha ido cuando sabía que yo debía venir en su busca? Eh? (Aplicando el oído) Siento voces en el jardín.

GASPAR
(Dentro) Cortad la escala!

DIEGO
La escala! Cielos! (Se lanza a quitarla de la ventana. Al echar una pierna hacia fuera,  asoma una pierna de D. Félix hacia dentro. Los se sorprenden en esta postura, luchando el uno con el otro.

FELIX
(A quien se le ve medio cuerpo ) Don Diego!

DIEGO
A dónde vais?

FELIX
Dejadme entrar!

DIEGO
(Impidiéndoselo) Dejadme salir! Con qué derecho os servís de mi escala?

FELIX
Dejadme entrar, vive Dios!

DIEGO
No, señor. —Atrás.

FELIX
Ved que me han descubierto...

DIEGO
Yo no quiero ver nada...

FELIX
(Saltando a la escena) Esto ya es demasiado!

DIEGO
A qué venís aquí?

FELIX
Por ella.

DIEGO
Yo también vengo por ella.

FELIX
Por Inés?

DIEGO
Yo no hablo de Inés, caballero.

FELIX
Pues de quién?

DIEGO
De mi esposa... de mi esposa la verdadera... la... (Alzando mucho la voz) la original.

BLAS
(Saliendo con Inés) Por aquí, señorita, por aquí.

FELIX
Inés!

INES
(Quedándose turbada) Don Félix!

DIEGO
Cómo! Todo el mundo se las compone menos yo! Di, bergante! (A Blas) En dónde está la Condesa!

BLAS
Se ha disparicío, señor!

DIEGO
Lo veremos! Alborotaré el convento... Haré que me oigan diez en leguas a la redonda!


ESCENA ULTIMA

Dichos. La madre Angustias. En seguida D. Gaspar y la Condesa.

ANGUSTIAS
Que repiquen las campanas! Su majestad llega!

DIEGO
(Con furor a la madre Angustias) Pronto mi esposa, ó vive el cielo!...

ANGUSTIAS
(Asustada) Ay! (D. Félix, que ha estado hablando bajo con Inés, va a irse con ella. En esto aparece D. Gaspar, y retroceden turbados)

GASPAR
(Saliendo por el fondo dando la mano a la Condesa) Qué es esto?

DIEGO
Confiesa! (Corriendo hacia ella)

ANGUSTIAS
La encontrasteis al fin!

GASPAR
No, señora. La Condesa acaba de volver ella misma al convento, después de haber visto al rey... que la ha mandado adelantarse y trasmitirnos sus órdenes.

TODOS
Cómo?

CONDESA
Si, esposo mío. Allí oculta oí decir a don Félix que su majestad se hallaba a pocos pasos del convento. Resuelta á todo y saliendo ocultamente, llegué al encuentro del rey... y a sus pies imploré nuestro perdón... (Mirando a D. Félix y a Inés) sin olvidar a las personas que por nuestra causa han sufrido también. —Su majestad accede a todos nuestros deseos... y si doña Inés no prefiere tomar el hábito, y desea dar su mano a don Félix...

INES
Yo... (Sonriendo con timidez)

BLAS
Quien calla otorga.

GASPAR
(Pasando en medio de Inés y de D. Félix) Señor don Félix... Yo creí que el claustro era el único medio de asegurar su dicha. —Mas puesto que Inés prefiere ser vuestra esposa...

BLAS
Y prefiere muy bien...

GASPAR
Séalo con mi cariño... y mi bendición!


FINAL —CANTO

DIEGO
(Cogiendo a la Condesa de la mano)
Jamás ya dos mujeres
vuelvo a tener.

BLAS
(Aparte) Pues yo de buena gana
tuviera tres.

(La madre Angustias, que está a su lado y lo oye, se santigua separándose de él)

A una sola yo rindo
mi fiel amor.

BLAS
Pues para mí son todas
a cual mejor.

TODOS
Bata el amor sus alas!
Respiré el corazón!
Nuestra ventura, plácida
fortuna coronó.

(Cae el telón)



FIN DE LA ZARZUELA


Información obtenida en:
https://archive.org/details/misdosmujereszar4001barb

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