lunes, 13 de julio de 2015

Anita la Risueña (Libreto)

ANITA LA RISUEÑA



Zarzuela cómica en dos actos.

Libreto de Serafín Alvarez Quintero y Joaquín Alvarez Quintero.

Música de Amadeo Vives

Estrenada en el Teatro de Apolo el 23 de Diciembre de 1911.


REPARTO (Estreno)

Anita la Risueña - María Palou.

La Llorona - Elisa Moreu.

La Niña de Mairena - Pura Martínez.

La Trompita - Paula Cortés.

La Mamá de la Trompita - Pilar Vidal.

Josefilla - Adela Villagrasa.

Goro Faroles - José Moncayo.

Juanito el Estudiante - Carlos Rufart.

Pepe el Serio - Miguel Mihura.

Martinito - Salvador Videgain.

Gerardo - Manuel Alda.

Señor Ildefonso - Luis Manzano.

Don Futraque - Fernando Vallejo.

Pedro Antonio - Isidro Sotillo.

Calzones - Vicente García Valero.

Correa - Antonio P. Soriano.

Romero - Salvador Roldán.

El Sereno - Enrique Povedano.

Becerra - Vicente Carrión.

Curro - José Medina.

Pascual - Salvador Perucho.

Un Tocador - Manuel Sánchez.

El Papá de la Trompita, el Administrador de la Niña de Mairena, las Hermanas Corrales, varias Bailadoras, y hombres, mujeres y chiquillos.


ACTO PRIMERO


CUADRO PRIMERO

Plazoleta graciosamente desigual, clara, pintoresca y riente, en Alminares, pueblo de Andalucía. A la izquierda de la actriz, cerrando la escena, y reluciente de puro encalada, está la casa del señor Ildefonso el dulcero. Forma esquina y la fachada principal da frente al público. Hacia el primer término de la derecha hay un banco de piedra antediluviano, que viene a ser el «catre» de las siestas de Calzones el guarda. Aquí y allá dos ó tres arbolillos plantados no ha mucho por orden de un alcalde intrépido. Es por la tarde, en el mes de Mayo.

El Señor Ildefonso, socarrón cuanto respetable dulcero, de setenta años y de gloriosa tradición en Alminares, está sentado a la puerta de su casa, hablando solo, según costumbre, y bebiendo agua y aguardiente de una copita y de un vaso que tiene ante sí en otra silla. Calzones, guarda de la plazuela, viejo también, duerme profundamente en su «catre», y tal vez ronca. Como distintivos de su cargo usa sombrero ancho con placa dorada, y un buen garrote. Anita la Risueña, canta dentro de la casa del señor Ildefonso, que es donde vive.

(Música)

ANITA
Al espejo me miro
por la mañana,
y siempre me retiro
de mala gana.

SR. ILDEFONSO
Yo estoy tan viejo
que ya ni pa afeitarme
miro al espejo.

Por la derecha del fondo sale Martinito, ilusionado y anhelante. Es el hijo de la estanquera de mayor partido en el pueblo, y viste a la andaluza, entre popular y señorito. Atraído por la voz de Anita se encamina a la casa del dulcero, llega a la esquina, asoma las narices, y al ver solo al señor Ildefonso, retrocede y se va por la izquierda, marchito y descorazonado. Cuando ya se ha ido, la muchacha vuelve a cantar.

ANITA
Un novio larguirucho
que yo tenía,
me dejó por lo mucho
que me reía.

SR. ILDEFONSO
¡Pa quien te crea!
Tú vives en er patio,
yo en la asotea.

Aparece Gerardo por donde se fue Martinito. Es guitarrista de profesión y trae al brazo la guitarra. Viene también atraído por Anita, llega como el otro a la esquina de la casa, y al encontrarse chasqueado se retira por la derecha. Anita canta de nuevo entonces.

ANITA
A no fiar enseña
de lo aparente,
quien tropesó una peña
y era una fuente.

SR. ILDEFONSO
¡Venta  der Chato,
cuando se pide liebre
se toma gato!

Por el segundo término de la derecha asoma Pepe el Serio, sargento de la Remonta, quien al observar que a la puerta de la casa no está Anita sigue hacia la izquierda y se va como si no se hubiera enterado.

La música, que cesa al desaparecer este personaje, ha ido como glosando y comentando los diferentes lances.

Tres: tres: tres mosquitos han yegao en menos e sinco minutos al oló de la mier de caña. ¡Tres! Martinito el hijo de la estanquera; Gerardo er guitarrista y Pepe er Serio, er sargento de la Remonta. Sólo que yo, con la edá, ya ni veo, ni oigo, ni entiendo. ¡Pos no han sío na más que esos tres! Arminares está en revolusión desde que ha pisao sus cayes Anita la Risueña. Bebe un sorbito de la copita ¡Brrr! Ca día está más fuerte este armiba. Bebe un trago del vaso de agua. Ahora vamos a echarle ensima un pitiyo. Se levanta, va con absoluta naturalidad adonde está Calzones dormido, le saca del bolsillo la petaca, coge un cigarrillo de ella y vuelve a dejársela donde la encontró. Mientras relía el cigarrillo, dice así: Er purso es er que ya no me obedese: por minutos se me pone temblón.

De la casa sale Josefilla, mozuela de unos quince años. Trae mantón y una flor en el pelo. Una nada más. Al brazo saca un gran canasto de dulces, tapados con papeles blancos.

JOSEFILLA
Yo me voy. ¿A usté ze le ofrece arguna coza?

SR. ILDEFONSO
Que repartas pronto y que no se coma ningún rosquete er monaguiyo.

JOSEFILLA
Er monaguiyo no ze come na.

SR. ILDEFONSO
Serán cosas mías: ¡chocheses! Pero, por si acaso, no pases por delante e la iglesia.

JOSEFILLA
Oiga usté, por zi me encuentro a doña Micaela: ¿cuándo va usté a hace las dos docenas de porvorones que encargó er domingo?

SR. ILDEFONSO
Cuando pague las otras dos que encargó er mes pasao. ¿No debe dos dosenas de porvorones?

JOSEFILLA
Zí, zeñó, que las debe.

SR. ILDEFONSO
No; porque podía sé que yo con estos mareos que me dan con los años, trabucase las cuentas. Se sienta y bebe de la copita.

JOSEFILLA
Zí, zí.

SR. ILDEFONSO
¡Brrr! Y este, este sinvergüensa es er que tiene la curpa de to. Bien me lo dise er médico. Pero como ar médico le gusta más que a mí, cuarquiea le hase caso.

JOSEFILLA
Ea, pos hasta luego, zeñó Irdefonzo.

SR. ILDEFONSO
Anda con Dios. ¿Yevas los merengues pa la boticaria?

JOSEFILLA
Zí, zeñó, que los yevo.

SR. ILDEFONSO
¿Y los arfeñiques pa er casino?

JOSEFILLA
Zí, zeñó, que también los yevo.

SR. ILDEFONSO
¿Y los suspiros pa la tienda?

JOSEFILLA
También van los zuspiros.

SR. ILDEFONSO
Bien está que te acuerdes de to. Si no fuera por ti estaba yo perdió.

JOSEFILLA
Hasta luego. ¡Es usté más pezao!... se va por la derecha del fondo.

Calzones se despierta con todo lujo de detalles.

CALZONES
¿Qué es eso? ¿Tomamos er fresco, señó Irdefonso?

SR. ILDEFONSO
Er fresco... y un traguito. ¿Y usté, qué dise?

CALZONES
Na... Aquí estaba hasiéndome er dormío pa engaña a los chiquiyos. Tengo ganas de escalabra a un par de eyos.

SR. ILDEFONSO
¿Quié usté fuma?

CALZONES
Grasias: no me apetese ahora. Mirando de pronto hacia la izquierda. ¡Digo! ¿Le paese a usté?

SR. ILDEFONSO
¿Qué es eso, Carsones?

CALZONES
¡Mardito sea su padre! ¿Pos no está er bizco de la droguería echando papeles en la fuente? Gritándole con mucha calma. ¡Niño!... ¡Qué voy a dí!... ¡Qué voy a dí, niño, qué voy a dí!... Como si se lo dijera en fransés. ¡Trasquilao niño! Es más malo que to lo que vende er padre en la tienda. ¡Niño!... ¡Niño!... ¡Qué voy a dí, arma mía, que voy a dí!... Se va muy perezosamente, pero por la derecha, por donde no está el niño.

SR. ILDEFONSO
¡Lo que me alegro yo de que este hombre esté ar cuidao de la plasuela! ¡Porque ya pué uno acostarse tranquilo to el año!

A la puerta de la casa sale en esto Anita Feria y Molina, por otro nombre la Risueña. El mote está bien puesto. La cara de Anita hasta cuando llora parece que se ríe. No es burlona: es risueña. En sus ojos brilla frecuentemente la risa como reflejo de íntima alegría. En su boca vive a todas horas muy a gusto, y al más leve motivo se asoma a sus labios. Es sevillana, primorosa y pulida, y muchacha de gran salero y garabato. Trae una silla en 1a que se sienta después.

ANITA
Hola, tito. ¿Con quién hablaba usté?

SR. ILDEFONSO
Conmigo solo. ¿Te ríes?

ANITA
Me río porque yo también hablo conmigo más que con la gente.

SR. ILDEFONSO
Pos con la gente bien que hablas.

ANITA
Pos hágase usté er cargo de lo que hablaré conmigo sola. ¡Qué hermosa está la tarde! ¿verdá?

SR. ILDEFONSO
¿Te acostumbras ar pueblo, Anita?

ANITA
Es muy simpático Arminares. Se párese a Arminá de la Reina, sólo que es más chico. Es claro que Seviya me gusta más. Pero Seviya con sosiego. Si no, no la quiero. Y lo que es ahora no lo tenía. Y aquí yevo serca de un mes y no sé lo que es una rabieta.

SR. ILDEFONSO
Es claro: tos los mosos der pueblo son a bailarte el agua... La casa de señó Irdefonso er dursero tenía fama en toa la provinsia y fuera de eya, na más e por los durses; en partícula por los sélebres pestiños de mi invensión, que me envidian las monjas; pero lo que es ahora por lo que la tiene es por la sobrina der dursero. Se acabaron los pestiños pa un rato. Eres tú un confite mejó. Y no fartan golosos.

ANITA
¿Habré venío yo a quitarle a usté venta?

SR. ILDEFONSO
Ar revés. Porque ar que yega a buscarte y te encuentra, a ése lo dejo que se relama con er palique; pero er que yega y me encuentra a mí solo, como suele ocurrí, ¡ése paga la contribusión y me compra durses! ¡No que no! Pregúntaselo a Martinito er del estanco, que lo traigo por la caye e la Amargura a fuersa e colocarle pestiños ca vez que se aserca.

ANITA
¿Ah, sí? ¡Pobre Martinito!

SR. ILDEFONSO
Escúchame: ¿lo he soñao yo ó has recibió carta de tu madre?

ANITA
No, que no lo ha soñao usté; que he resibío carta. Y con el encarguito que usté sabe, por sierto. ¿Y qué creerá usté que me dise entre muchas cosas?

SR. ILDEFONSO
¿Qué te dise?

ANITA
Riéndose. ¡Que mi novio tiene otra novia ya!

SR. ILDEFONSO
¿Y tú te ríes?

ANITA
¿No me he de reí, si eso prueba lo que me quiere?

SR. ILDEFONSO
A vé; explícate un poco.

ANITA
Muy sensiyo: esa novia, si se la ha echao, ha sío pa que yo me ensele na más.

SR. ILDEFONSO
¿Pa que tú te enseles?

ANITA
Na más que pa eso. Y eso es porque me quiere mucho, y porque no piensa más que en mí.

SR. ILDEFONSO
Sí que es un cariño espesiá er de los dos: ér se echa una novia, porque no piensa más que en ti, y tú coges er tren y lo dejas plantao y te vienes conmigo, porque lo quieres mucho a é. No lo entiendo.

ANITA
Pos miste: hasta ahora, ni he tenío más novio que Juanito, ni me ha gustao más hombre que Juanito, ni he pensao en que me guste otro que no sea Juanito; pa que usté lo sepa.

SR. ILDEFONSO
Te diré: eso er que tiene que saberlo es Juanito.

ANITA
Juanito lo sabe. Y si yo he puesto tierra por medio ha sío pa probarlo... y porque ya sus selos yegaron a ofenderme.

SR. ILDEFONSO
¿Dudaba de ti?

ANITA
Veintisinco veses ar día: pa arrepentirse, veintiséis, naturarmente.

SR. ILDEFONSO
No deja de sé una diversión,

ANITA
¿Y to por qué? Por mi natura; por el agrado que gasto pa la gente; porque siempre yevo la risa en la boca, y porque si me disen una fló doy las grasias muy complasía. ¿Qué mal hay en esto? Sobre to: si así vine ar mundo y así me conosió y así era cuando me dijo que me quería, ¿pa qué se enfada ahora? ¿Voy yo a cambia mi condisión na más que por un capricho de ese hombre? Si tengo los ojos negros y la coló morena, morena y con los ojos negros he de seguí pa mientras viva, ¿no es verdá? Y to lo que no sea eso es engañarlo; que es lo que yo no haré mientras viva tampoco: porque ni me pinto de rubio pa aparenta lo que no tengo, ni me pongo arisca pa demostrá lo que no soy.

SR. ILDEFONSO
Y to eso es mu bonito, y to eso está mu bien parlao; pero yo no creo una palabra de to eso.

ANITA
¿Cómo que no?

SR. ILDEFONSO
Como que no. En tu escapatoria de Seviya y en tu yegá a mi casa de Arminares hay argún intríngulis que tú te cavas y que yo sabré.

ANITA
¡Ay, tito, es usté un saco de malisias! Ahora mismo vi a traerle a usté las cartas de mi madre, que hablan mucho de este partícula; pa que se convensa de que lo que le he dicho es el evangelio. Va a irse y vuelve.

Coincidiendo con este movimiento sale Martinito por donde se marchó y llega hasta la esquina, en la que se detiene sin ser visto, oyendo embelesado las palabras de Anita.

A mí en Seviya, en mi barrio, me yaman la Risueña, ¿usté lo oye? porque la risa en mí es cosa natura. Pos bueno: sepa usté que tan natura y tan de verdá como mi risa es to lo que sale por mi boca. Y si no. Ar tiempo, ar tiempo, ar tiempo. Entrase en la casa rápidamente.

MARTINITO
Entusiasmado. ¡Ole! Se retoca la persona con presunción para presentarse a la mocita, dobla la esquina con cara de pascuas y cambia enteramente de expresión apenas se ve solo con el dulcero.

SR. ILDEFONSO
¡Hola!

MARTINITO
Hola... Güeñas tardes.

SR. ILDEFONSO
Güeñas tardes.

MARTINITO
(Cortadísimo) ¿Cómo sigue usté... señó Irdefonso?

SR. ILDEFONSO
(Como si no lo conociera). Bien... ¿y usté, amigo?

MARTINITO
¿No me recuerda usté?

SR. ILDEFONSO
¡Ah, sí! Usté perdone... Con la edá voy perdiendo la memoria y la vista... Usté es er que vino ayé a encargarme cuatro dosenas e pestiños.

MARTINITO
No...

SR. ILDEFONSO
Sí, hombre... sí... ya me acuerdo de to. Pa un bautiso. Pero me paese que quedé en mandarlos mañana.

MARTINITO
Le diré a usté, señó Irdefonso...

SR. ILDEFONSO
Ya sé lo que va usté a desirme. Tiene usté rasón: pa un bautiso son mu poco cuatro dosenas. Mandaremos ocho: que luego empiesa a corre el aguardiente, y los pestiños sartan solos a las bocas desde la batea.

MARTINITO
Pero usté se confunde...

SR. ILDEFONSO
No, señó, no; recuerdo bien las señas: en el estanco de la caye Botica. Vi a apuntarlo ahora mismo, y mañana a primera hora tiene usté las ocho dosenas en su casa. Con permiso de usté. Entrase en la suya.

MARTINITO
Entre perplejo é indignado. ¡Y me las manda! Y se las tengo que paga. Y un día sí y otro no, una confusión de esta clase. Y cuando no son pestiños son merengues. Y está ya el estanco que paese una confitería. Se entra y da sé. Y er público se queja de las moscas. Y mi madre me dise que me han tomao por tonto. ¡Bien abusa er mardito viejo de lo que me gusta la sobrina! Sopla sofocado y se empina el vaso de agua. En el acto se
le ve enrojecer y le entra un hipo tragi-cómico. ¡Hip! ¡Qué bárbaro! |Hip! ¡Qué bárbaro! Suelta el vaso y coge la copita y la huele. ¡Hip! ¡Pero qué bárbaro! ¡La copita es pa el agua y er vaso grande pa el aguardiente! ¡Hip! ¡Me he abrasao vivo! ¡Hip!

(Música)

Aún está hipando y llorando el desdichado Martinito, cuando vuelve Anita sonriente y amable. Lo saluda, le interroga, y el infeliz no va a contestarle una vez que no le ataque el hipo.

ANITA
Martinito, buenas tardes.

MARTINITO
¡Hip!

ANITA
¿Era usté er que hablaba ahora?

MARTINITO
¡Y... hop!

ANITA
¿Qué es eso, tiene usté hipo?

MARTINITO
¡S... hip!

ANITA
¿Y me espera usté hase mucho?

MARTINITO
¡N... hop!

ANITA
¡Ay, Dios mío! ¡qué fatiga!

MARTINITO
¡No me deja habla!

ANITA
Diga usté lo que yo diga
y se aliviará.

Respira y dice de un aliento.

Hipo tengo en er pecho metió:
a mi dueño er quitármelo fío:
si me quiere se va deseguía;
si me engaña me dura to er día.
¡Que me quiera mi dueño, Dios mío!

Respira a sus anchas.

MARTINITO
Lo mismo que ella.
Hipo tengo en er pecho metió:
a mi dueño er quitármelo fio:
si me quiere se va deseguía;
si me engaña me dura to er día.
¡Que me quiera mi dueño, Dios mío!

Respira también a sus anchas.

ANITA
¿Se fue?

MARTINITO
¡Se fue!

ANITA
¡Pos eso es que su dueño
lo quiere a usté!

Martinito, sin hipo ya, se dispone a decirle a Anita un montón de requiebros para borrar el mal efecto causado, al tiempo que aparece nuevamente Gerardo el guitarrista, a quién Anita se adelanta a saludar muy afablemente, dejando a Martinito con el ademán galante hecho y con la palabra en la boca.

GERARDO
¡Grasias a Dios que asoma
lo que yo quería!
¡La luz que hay en er pueblo
de noche y de día!
Si trajese en mis manos
la guitarra mía,
con la mejor farseta
la saludaría.

ANITA
Venga usté aquí en buen hora,
persona discreta,
que bien dise la gente
que es usté poeta.
Si tocaran sus manos
la mejor farseta,
bailaría hasta er guarda
de la Plasoleta.

A responderle va Gerardo y Martinito a ver si mete baza, cuando llega Pepe el Serio  con la suya.

PEPE
¡Bien haya la personiya
que hasta er sueño me quitó!
¡Bien haya la maraviya
que en Arminares cayó!
¡Desde que esta serraniya
a Seviya abandonó,
está de luto Seviya
y Arminares de coló!

ANITA
¡Por favó!
¡Que la cara moreniya
se me yena de arrebó!

LOS TRES
¡Sí, señó!
¡Está de luto Seviya
y Arminares de coló!

ANITA
Yo no sé, madre, lo que tiene
esta risita de mi boca,
que ar que va aprisa lo detiene
y ar que detiene lo disloca.
Yo no sé, madre, lo que tiene
esta risita de mi boca.

¿Por qué será,
si esta risita es en mis labios
tan natura?

¿Por qué cautivo a tanta gente
con la risita de mi cara,
si es como agüita de una fuente
que sale alegre y sale clara?
¿Por qué cautivo a tanta gente
con la risita de mi cara?

LOS TRES
¡Bien claro está!
¡Porque la fuente de esa risa
tiene las sales de la má!

(Cesa la música)

Anita da un garboso paseo entre sus galanes.

MARTINITO
¡Vaya!... ¡vaya!... ¡vaya!... ¡vaya!

GERARDO
¡Se le han dormío los pies!

PEPE
¡Con qué gusto les quitaría yo er sueño!

ANITA
Amables sí lo son ustedes. Por demás. Mirando de reojo hacia la derecha. (Y ayí viene el otro) Vi a tené que taparles la boca.

MARTINITO
¿Me deja usté que yo elija con qué?

ANITA
Con un durse. ¿Quiere usté un durse, Pepe?

PEPE
Veneno que venga de esas manos quiero yo.

ANITA
Pos acaban de salí del horno unos suspiros, que no son presisamente veneno. ¿Usté gusta, Gerardo?

GERARDO
¿Un suspiro... y de usté? No vi a contentarme con uno solo.

ANITA
Eso no le apure. Pida usté con toa confiansa; que por ca durse que me pida usté le doy yo tres ó cuatro.

MARTINITO
¡La escuela de su tío!

ANITA
¿Cómo?

MARTINITO
Na.

ANITA
¿Y usté, gusta?

MARTINITO
Gusto, sí... No a quién yo quisiera gustarle, pero gusto.

ANITA
¡Qué buen humó tienen los tres! ¿Vamos adentro?

GERARDO
Vamos.

Anita y los tres pretendientes se entran en la casa. Anita se lleva el vaso y la copa del Señor Ildefonso. Por la derecha del fondo aparece Goro Faroles, contoneando la figura. Es picador de caballos y hombre mujeriego, rumboso y valiente, a creerlo a él. Se encamina a la puerta de Anita y se detiene contemplando las tres sillas abandonadas.

GORO
¡Las mujeres! Se ha yevao adentro la tertulia. ¡Las cosas!

Vuelve Anita. En la misma puerta de la casa dice:

ANITA
Ninguno de los tres ha sospechao na. ¡Vamos a habla con don Luis Mejía! Dios guarde a usté, Goro.

GORO
¡Mis ojos que la ven!

ANITA
¿Qué hase usté aquí parao?

GORO
Que acabo de echá el ancla; que no pasa una lancha por este peasito de río, sin pararse un rato.

ANITA
Será porque aquí hay poca agua... y no hay temó de ahogarse.

GORO
O será porque donde hay poca agua se ve siempre er sielo. ¡Las mujeres!

ANITA
¡Los hombres!

GORO
¡Y con qué ganitas anclaría yo en otro sitio! ¡Con qué ganitas!

ANITA
Viene usté esta tarde muy marinero.

GORO
Resabios de antaño. Antes de meterme a domá cabayos, me dio por la marinería ¡Las cosas! Aquí en er braso izquierdo tengo un corasón hecho con pórvora y aguardiente.

ANITA
¿Y en dónde dise usté que echaría de buena gana el ancla?

GORO
¡Donde no hubiera tanta gente de pesca!

ANITA
¿Y hasia dónde cae er sitio ese?

GORO
Aireó de una ventanita verde de esta misma casa, que da a la caye los Pajaritos.

ANITA
Sonriendo. Je...

GORO
¿Sabe usté a la que me refiero?

ANITA
Je...

GORO
¡Jeee!

ANITA
Je...

GORO
¡Tengo yo que desirle a usté tanta cosas güeñas!...

ANITA
¿Y si yo tuviera que desirle a usté argunas más, yo no sé si buenas ó malas?

GORO
¿A mí, usté?

ANITA
A usté, yo.

GORO
¿Y cuándo va a sé eso?

ANITA
¿Vamos a no dejarlo que se enfríe?

GORO
(Con creciente júbilo) ¡Vamos a no dejarlo!

ANITA
¿Vamos a que sea esta misma noche?

GORO
¡Vamos a que sea!

ANITA
Pos andandito; esta noche hablaremos.

GORO
¿Usté y yo?

ANITA
¡Claro!

GORO
¿Solos?

ANITA
¡Claro!

GORO
¡Las mujeres! ¿A qué hora?

ANITA
A las diez.

GORO
¿A las diez? ¡Los hombres! Hace ademán de sacar el reloj.

ANITA
¿Qué va usté a hasé?

GORO
¡Adelanta er reló!

ANITA
¡Ja, ja, ja!

GORO
¿Se ríe usté? Pero ¿no es en serio la sita?

ANITA
Y tan en serio. En serio le repito a usté que tengo que hablarle.

GORO
¿De mo que esta noche...?

ANITA
Lo espero a usté a las diez. Yama usté sí quiere por aqueya ventanita verde que tanto le gusta, y pasa usté adentro.

GORO
¿Adentro de su casa?

ANITA
Cabalito.

GORO
¿Y a las diez?

ANITA
O a las diez y cuarto. Así que usté vea que está mi tito en la tertulia del aguaducho.

GORO
Ah, ¿tampoco va a está presente er tito?

ANITA
¿A usté le hase farta?

GORO
A mí, ninguna.

ANITA
Pos a mí toavía menos que a usté. Pero en. úrtimo caso ya habría arguna persona de respeto que interviniera en el asunto.

GORO
Entre usté y yo no hay más que un asunto de que tratá.

ANITA
¡Pos ese es el asunto de que trataremos!

GORO
¡Las cosas! Conque esta noche... ¡las mujeres!... usté y yo solitos... en su casa de usté... ¿Quié usté clavarme un arfilé hasta la cabesiya? ¡porque yo debo de está durmiendo la siesta!

ANITA
Vamos... que no es pa tanto.

GORO
¿Que no es pa tanto, Anita?

ANITA
Bueno está de ponderasiones. ¿Hasta luego?

GORO
¡Hasta luego, reina!

ANITA
Cuando sarga mi tito.

GORO
Ya estoy puesto. ¡Las mujeres!

ANITA
Remedándolo. ¡Los hombres! Se mete en su casa.

GORO
Dando rienda suelta a su satisfacción y a su vanidad. ¡Se vive! ¡Se respira! Sacando y encendiendo un cigarro. ¡Se fuma!

Llega por la derecha Calzones.

CALZONES
Güeñas tardes, Goro.

GORO
Güeñas tardes, Carsones.

CALZONES
¿Qué hay?

GORO
¡Se respira!

CALZONES
¿Se respira, eh? ¡Bonita jaca le está usté  domando a don Fransisco!

GORO
¡Se doma! Las jaquiyas pura sangre son mi fuerte.

CALZONES
¿Y qué hase usté por la plasoleta?

GORO
¡Meneando er tipo!

CALZONES
¡Meneando er tipo!... ¡Ya, ya! Paese que está usté mu satisfecho.

GORO
¡Se vive! Toma un sigarriyo.

CALZONES
Grasias.

GORO
Toma pa que ensiendas.

CALZONES
Grasias.

GORO
Toma pa unas copas.

CALZONES
Muchas grasias.

GORO
Y quéate con Dios.

CALZONES
Que usté lo pase bien.

GORO
¡Las cosas! ¡Las mujeres! ¡Se vive!

Vase pavoneándose por la izquierda del fondo.

CALZONES
Rumboso é... con labia pa las mujeres é... echao pa alante é... Lo mejó der pueblo. Pos ¿y er revuelo que ha levantao la vesinita? Y pa mí no tiene na e particulá. De aquí a la esquina no andaba yo dos pasos por eya. Se sienta en su banco. Está pesaíta la tarde. Hay, hay bochorno. Hay, hay... Poco ¡i poco va el buen hombre quedándose dormido.

Sale Pepe el Serio de la casa y se marcha por la derecha del foro, diciendo reflexivamente lo que sigue:

PEPE
No hay que darle güertas: piso en terreno firme. Esa mujé quiere a un hombre que no es ninguno de nosotros. Es la primera cosa que envidio yo de veras en este mundo.

Salen en seguida departiendo amistosamente Gerardo y Martinito.

GERARDO
Es más difisi de entendé la niña esta que er punteao de las soleares.

MARTINITO
¡Lo que es está siego! La niña es clara como el agua, hombre: se ha enamorao de Martinito.

GERARDO
¡Que Dios te conserve la vista!

MARTINITO
¿Vas luego a la bodega?

GERARDO
Es posible.

MARTINITO
Pos hasta después.

GERARDO
Hasta después.

Gerardo se retira por la izquierda del fondo y Martinito por el segundo término de la derecha.

CALZONES
Soñando y entre dientes. ¡Niño!... ¡Qué voy a di!... ¡Qué voy a di, niño, que voy a di!...

(Música)

Aparece por la derecha del fondo el genial Don Futraque, a compás de un pasacalle animado y gracioso, que tararea. Es un redomado granuja que vive de su ingenio. Viste  de chaqué, chistera y alpargatas, en lastimoso estado. Lleva subido el cuello del chaqué, para encubrir la falta de camisa. Trae un bastoncillo finísimo, con el que hace frecuentes molinetes y que utiliza también a modo de  guitarra. Pasea caprichosamente por la plazoleta al son de la música, y ya se detiene j hace una grave cortesía al guarda dormido, ya tira un beso a la casa de Anita, ya se arrodilla a su puerta con desplantes de enamorado.

DON FUTRAQUE
Vengo a cantar una copla;
vengo a observar una cara:
por dinero baila er perro:
¡Dios bendiga ar que me paga!

Sigue dando vueltas, y de cuando en cuando lanza un grito llamando a la gente que va acudiendo por las diversas salidas de la plazuela y que forma corro en torno de él.

¡Cuadros vivos, señores! ¡Cuadros vivos! ¡Er que no baya visto a don Futraque, no ha visto cosa güeña! ¡Cuadros vivos! ¡Cuadros vivos, señores!

CORO
Por ver los cuadros vivos
se puede da er dinero;
que tiene don Futraque
muchísimo salero.
Más cosas se le ocurren
que tiene un armanaque:
se puede da er dinero
por ver a don Futraque.

Don Futraque, después de obligar a la concurrencia, compuesta de hombres, mujeres y chiquillos, a formar el corro a su gusto, valiéndose de los molinetes del bastón, se coloca en el centro de la plazuela y dice:

DON FUTRAQUE
¡Cuadros vivos, señores! La cara der dolor de muelas. Se tapa la cara con el sombrero; hay un momento de expectación en el concurso, y entonces se descubre nuestro héroe con una mano en un carrillo y el gesto de dolor que él cree justo para expresar lo que se propone. Claro está que se trata de una imitación caricaturesca de cada uno de los estados que anuncia. A poco de empezado el trabajo salen a la puerta de su casa Anita y su Tío, a los cuales, por cierto, no es a quienes menos gracia les hace el artista. Las diversas imitaciones se reciben con francas y generales carcajadas. La cara de la inosensia. La cara de la ira. La cara del hambre. Se tapa y se descubre rápidamente. Naturá: la mía. La cara der señorito hablando desde la cave con la señorita. La cara der guarda dormido.

Imita el cabeceo de Calzones, y a las risas del público se despierta éste, comprende lo que ocurre y exclama con su acostumbrada calma:

CALZONES
¡Qué voy a di, grandísimo tunante, que voy a di!...

DON FUTRAQUE
Salvando la situación y señalando nuevamente a Calzones. La cara der guarda despierto.

CALZONES
Compartiendo la risa de todos. ¡Ese gorpe ha tenío mucha grasia!

DON FUTRAQUE
Y ahora, señoras y cabayeros, vamos a vé la cara de Anita la Risueña cuando escuche una copla.

ANITA
Sonriendo, a su tío. ¿Digo, eh?

SR. ILDEFONSO
A vé, a vé por donde sale.

Expectación.

DON FUTRAQUE
Yo selos nunca tuve,
y hoy tengo selos:
será que nunca quise,
será que hoy quiero.

Apenas comienza la copla no puede reprimir Anita un movimiento de sorpresa, que trata en vano de disimular.

SR. ILDEFONSO
¿Qué te susede?

ANITA
A mí na, tito.

SR. ILDEFONSO
¡No me digas que na!

ANITA
(¿Cómo sabe esa copla este hombre?)

DON FUTRAQUE
(Se puso amariyita
y luego colora.
¿Qué cosa la coplita
le vino a recordá?)

CORO
(¿Qué cosa la coplita
le vino a recordá?
Se puso amariyita
y luego colora)

DON FUTRAQUE
Solicitando, chistera en mano, la recompensa de su trabajo artístico, y recogiendo algunas monedas de sus admiradores. ¿Qué hay para el artista, señores? ¿Qué hay para el artista? Grasias; muchas grasias. Sin ochavos no se camina por er mundo. Se abre paso por entre el concurso al compás del pasacalle con que llegó, y se va por la izquierda del fondo, seguido de muchos y entre la alegría general. Anita, abstraída no acierta a ocultar su preocupación.

CORO
Más cosas se le ocurren
que tiene un armanaque:
se puede da er dinero
por ver a don Futraque.


FIN DEL CUADRO PRIMERO

(Intermedio musical)


CUADRO SEGUNDO

Corral de la bodega de Pedro Antonio. A la derecha del actor —en este cuadro no se puede decir de la actriz, porque no interviene ninguna— la puerta de la calle, de la que sólo se abre para entrar y salir un pequeño postigo. Al foro, hacia la izquierda, un ancho arco, por donde se va al interior de la bodega, y tras el cual asoman enfiladas y graves algunas de las grandes botas en donde se encierra la sangre de Cristo. En el suelo empedrado y al pie de las blancas paredes, diversos arriates de varias proporciones y formas, de uno de los cuales arranca el tronco añoso y retorcido de una parra, cuyas ramas se extienden libremente por el muro. Bancos, sillas, una mesa de pino y algún barril vacío é inútil. Es la caída de la tarde.

Romero, mozo de la bodega, canta allá dentro.

ROMERO
Los demonios del engaño
ya no están en los infiernos,
que los yevan las mujeres
entre las flores der pecho.

Salen del interior de la bodega Pedro Antonio y Juanito el Estudiante. El primero es tosco, marrullero, calmoso. El segundo, fino, vivo, despierto.

PEDRO Gritando. ¡Romero! ¡Inziste aquí!

JUANITO
No, Pedro Antonio; déjate de pedí más vino. Ya no bebo más.

PEDRO
¡Pero, hombre, qué pronto te das por venció!

JUANITO
Tiempo habrá de bebé.

PEDRO
¿De manera que hace más e cuatro años que no nos vemos, tengo la zuerte de que vengas unos días a Arminares y de piyarte a mano en mi bodega, y te vas a di de rozitas? ¡No me dezaires de eze modo!

JUANITO
No es desaire, no; es que me interesa tené la cabesa muy firme en Arminares. ¿Dises que base ya cuatro años que no nos vemos?

PEDRO
Cuatro; desde la Univerzidá de Zeviya. Er tiempo que me farta mi padre y que no estudio yo.

JUANITO
¡Cómo se van los años!

PEDRO
¿Tú zigues toavía con los libros?

JUANITO
Sí, con los libros sigo; lo has preguntao bien. Porque, seguí, sigo con eyos, pero no estudio una palabra. Tos los cursos ar salí de mi pueblo pa Seviya le prometo a mi padre vorvé hecho un sabio, y tos los cursos se repite la misma historia.

PEDRO
¿Calabazas?

JUANITO
Er fruto natura de mi trabajo de ocho meses. En cambio he inventao una carambola de retroseso por tres tablas que quita la cabesa.

PEDRO
Menos má, Pos yo no me arrepiento de habé abandonao la carrera. Me alegro de zé bruto. A mí me estorbaba lo negro. Er Derecho canónigo no ze inventó pa mí.

Sale Romero con una bandeja de vasitos de vino blanco, la coloca sobre la mesa y se va.

JUANITO
¿Más vino, Pedro Antonio?

PEDRO
No te ocupes; es na más e pa verlo. ¿Te molesta la vista, quizás?

JUANITO
Eso no; tanto como la vista...

PEDRO
Y que luego principia a entra gente. Y eza no ze contenta con verlo como tú. Esta bodega viene a zé pa mí y pa varios amigos una zucurzá der Cazino, ¿tú oyes? Cuando nos canzamos der vino de ayí .. nos cambiarnos y nos venimos a busca er de aquí.

JUANITO
¡Buena vidita!

PEDRO
¡De pueblo! ¿Qué vas a hace en er pueblo? Ahora, por las noches, zolemos irnos a un teatriyo que han arniao ahí, en la Alamea, a oí canta y toca a cuatro desgraciaos que han caío por aquí. Ze entretiene er tiempo, ze toma una boteyita e vino, y vamos pazando.

JUANITO
¿Y de mujerío, qué tal anda Arruinares?

PEDRO
Hombre, te diré: no hay mar ganaíyo. ¡Ya lo quizieran en argunas capitales e provincia! Pero de argún tiempo a esta parte toas están en baja: no ze habla más que de Anita la Rizueña.

JUANITO
¿De Anita la Risueña?

PEDRO
Una forastera más fina que un junco der río, que trae arborotao er cotarro. ¡Jezú!

JUANITO
¿Es bonita?

PEDRO
¿Bonita? Y con una zimpatía y una manera de agrada, que no ha habío un muchacho en Amainares que no le pía la converzación.

JUANITO
¿Tanto gancho tiene?

PEDRO
Decí gancho es decí cuarquier coza. Le hablas dos veces y no te zabes espegá de zu lao. Con la particularidá de que tú te figuras que aqueyo es pan comió, y luego te deja más feo de lo que eres. Toavía no ha conzeguío ninguno que zarga a la ventana.

JUANITO
¿Ah, no?

PEDRO
Lo que estás oyendo. Pa mí que eya tiene en Zeviya zu apaño, y que por ezo no le hace cazo a nadie.

JUANITO
¿Tú crees?

PEDRO
Lo creo yo, y tos los que no zomos vaniozos. Ya tú zabes lo que es una niña de ezas enamora de un hombre. ¡Cuarquiea le arranca la raíz! Y zi no hubiea un cariño por medio, eya no habría despreciao tampoco a to er mundo; porque aquí hasta perzonas de pozición ze han arrimao a eya. De manera que ó está aguardando a un príncipe ruzo, como dicen argunos despechaos, ó quiere a un hombre con toa zu arma, como pienzo yo.

JUANITO
(Loco de alegría) ¡Pedro Antonio, dame un abraso!

PEDRO
(Sorprendido) Zí, hombre.

JUANITO
¡Toma un vaso e vino!

PEDRO
¿Ahora eres tú er que me lo ofrece? ¿Qué te ha dao?

JUANITO
¡Choca y bebe!

PEDRO
¡Ya está!

JUANITO
¡Ese hombre a quien tanto quiere Anita la Risueña, soy yo!

PEDRO
¿Tú?

JUANITO
Yo mismito.

PEDRO
¿Es de veras?

JUANITO
¿Pues no ves cómo estoy?

PEDRO
¡Vaya, pos que zea enhoragüena, Juaniyo! ¡Ezo es nace de pie en este mundo!

JUANITO
Yo no vengo a Arminares a na de lo que ayá dentro te he contao. ¡Vengo a verla, porque sin verla ya no vivo!

PEDRO
Pero ¿tú eres zu novio?

JUANITO
¡Lo era y reñí con eya hase un mes!

PEDRO
¡Qué bruto! ¿Por qué reñiste?

JUANITO
¡Por selos y por tonterías! Porque como eya es así, tan amable pa to er que se le aserca, yegué a pensá que me engañaba.

PEDRO
Poz hijo, lo que es en Arminares hasta er día... En fin, ya has visto cómo yo te he estao hablando zin zabé... Y ya verás también, zi vienen los amigos, cómo tos pitan por er mismo lao. Y yo no le he de decí a ninguno quién tú eres.

JUANITO
¡Si no nesesito más pruebas! ¡Si estoy seguro de su cariño! ¡Si en cuanto me pasa la nube lo veo más claro que la luz! Pero a lo mejó me siego y no hago ni digo más que disparates. Y en una de esas ventoleras, reñimos. Hoy mismo, ar yegá aquí, loco ya de no verla, he dao un mar paso: me encontré a ese granuja de don Futraque, y lo mandé a que le cantara una copla que eya me cantaba a mí mucho, pa vé la cara que ponía. ¿Te párese?

PEDRO
Juaniyo, tú estás majareta.

JUANITO
Desde que la conozco; pero yo me curaré, no soy quien soy.

PEDRO
¿Vaya un vazito por la cura?

JUANITO
¡Venga un vasito!

Beben, mientras Romero vuelve a cantar dentro. Romero. Los demonios del engaño ya no están en los infiernos; que los yevan las mujeres entre las flores der pecho.

JUANITO
¿Tu criao no sabe otra copla?

PEDRO
Zí la zabrá; pero rezueya por la hería. Eze zí que está er pobre picao de la tarántula. ¡Lo engañó una mujé más precioza!...

JUANITO
Lo compadezco de verdá si es su pena misma la que canta; porque la coplita... chorrea sangre. La repite, como considerándola.
Los demonios del engaño
ya no están en los infiernos;
que los yevan las mujeres
entre las flores der pecho.

PEDRO
Pronto ze te ha queao en la memoria. —¡Hombre, aquí yegan ya argunos amigos!

En efecto, de la calle llegan oportunamente Pepe el Serio, Gerardo y Martinito, a quien ya conocemos, y Curro y Pascual, dos camaradas suyos de muy pocas palabras.

MARTINITO
¡Güeñas tardes!

GERARDO
¡Salú!

PEPE
¡Felises!

PEDRO
Güeñas tardes.

JUANITO
Buenas tardes.

PEDRO
Zeñores, vi a prezentarles a ustedes a mi amigo Juanito Martínez: un forastero. En zu pueblo le yaman Juanito el Estudiante, y en Zeviya, en la caza e güéspedes, Juanito er que no estudia. Pa nozotros, un amigo más.

PEPE
Mucho gusto en conoserlo, en nombre de tos.

JUANITO
Er gusto es mío, señores.

MARTINITO
Iguarmente, amigo. Se dan las manos.

GERARDO
Pos vamos a tomarnos por er forastero er primer vasito de la tarde.

JUANITO
Se agrádese.

Cogen vasos y beben. Luego se sientan todos.

PEPE
¡Salú!

JUANITO
¡Salú! Por una forastera bebíamos Pedro Antonio y yo cuando ustedes yegaron.

GERARDO
¿Por una forastera, amigo?

PEDRO
Cabá: por Anita.

MARTINITO
¿Conose usté a Anita?

JUANITO
Yo, no; pero Pedro Antonio me ha estao ponderando la revolusión que ha armao en Arruinares

PASCUAL
Zí.

CURRO
Es verdá; zí.

GERARDO
De cabesa nos trae a tos.

MARTINITO
Er que más y er que menos de los presentes resa por las noches en la cama pa que lo quiera.

PEPE
Pero las orasiones no yegan ar sielo. To lo alegre que la muchacha es por fuera, es por dentro forma.

PASCUAL
Zí.

CURRO
Es verdá; zí.

PEPE
En la edá que tengo, yo no he visto na por el estilo.

PEDRO
¿Es ó no es lo que yo te decía?

JUANITO
Sin poder disimular su júbilo. ¡Sí, hombre, sí; sí no lo he dudao! Bueno, señores, yo estoy muy contento, porque este picaro me ha estao dando vino tóa la tarde, y quiero que ustedes se me igualen un poco.

PASCUAL
¡Vaya que zea!

JUANITO
Un traguito más. ofrece unos vasitos a todos y beben.

PEPE
Venga, amigo.

MARTINITO
Grasias.

GERARDO
Grasias.

PEDRO
Llamando. ¡Romero! ¡Inziste aquí!

MARTINITO
Me da er corasón que hoy va a insistí tanto, que se va a pone pesao Romero.

Risas.

Poco después sale Romero con dos bandejas más de vasos de vino. Las deja y se lleva la otra que trajo antes con los vasos vacíos.

JUANITO
¡Dame un abraso, Pedro Antonio!

PEDRO
¡Azí, azí quería yo verte en mi bodega!

GERARDO
Está, está contento.

JUANITO
Lo estoy, ¿a qué negarlo? ¡Pero no se figuren ustedes que es der vino sólo! ¡Lo estoy... de muchas cosas!

(Música)

Er vino me da alegría
porque estoy alegre yo:
si no, no me la daría.
Er cristar der vaso
es cristar de aumento,
que en el arma agranda
lo que yeva dentro:
y agranda la pena cuando se está triste,
y aumenta la risa si se está contento.
Los demás.
Es cristar de aumento,
que aumenta la risa si se está contento.

JUANITO
Por eso la alegría
que antes tenía
siento cresé;
y por eso párese
que bebo y crese,
crese mi sé.
Cada vaso que apuro
es un rayo de só,
que er pecho me atraviesa
y yega ar corasón.

LOS DEMAS
Cada vaso que apura
es un rayo de só,
que er pecho le atraviesa
y yega ar corasón.

Cesa la música entre ¡oles! y aclamaciones de todos.

En medio del jaleo se presenta en la puerta Goro Faroles, acompañado de Correa, su satélite y admirador incondicional.

GORO
¡Desde la cave se oye er voserío! ¿Es er santo de arguno?

PEDRO
¡Hola, Goro!

GERARDO
Dios te guarde, Goro.

JUANITO
Buenas tardes.

PEDRO
Presentándolos. Juanito Martínez: un forastero amigo mío.

JUANITO
Servido.

PEDRO
Goro Faroles, el amo der mujerío der pueblo.

GORO
Un amigo de sus amigos.

CORREA
¡Ole!

PEDRO
Juan Correa, el inseparable de Goro.

CORREA
Pa servirlo a usté.

JUANITO
Tomen ustedes un vasito.

GORO
No se escupe. Venga. La temperatura paese que está arta.

JUANITO
¡Estamos alegres! ¿Verdá'?

MARTINITO
¡No estamos dijustaos!

GORO
¡Pos yo no vengo triste tampoco! ¿Eh, Correa?

CORREA
¡Y ole!

Se sientan los dos.

GERARDO
¿Qué hay, Goro?

MARTINITO
¿Qué hay?

GORO
¡Se vive!

GERARDO
¿Se vive, eh?

GORO
¡Las cosas!

PEDRO
¡Güeno, a vé qué armamos entre tos esta noche pa festeja a este amigo!

CURRO
Es verdá; zí.

GERARDO
Lo yevaremos un rato ar teatriyo pa que oiga canta a la Niña e Mairena.

MARTINITO
Eso está güeno pa después. A mí se me ocurre otra cosa mejó.

JUANITO
A vé qué se le ocurre a usté, amigo.

MARTINITO
Lo primero que se le enseña a un forastero que yega a Seviya es la Girarda; y ar que yega a Córdoba la Mezquita; y ar que yega a Granada la Alhambra; y ar que yega a Málaga la Caleta...

GORO
¡Y ar que yega a Jaén la Cara e Dios! ¡No viajes más por tu salú!

CORREA
¡Y ole!

Risas de todos.

MARTINITO
Señores, he puesto esos ejemplos pa presenta más bien mi idea. ¿Qué hay en Arminares ahora mismo que se puea compara con toas esas maraviyas der mundo?

GERARDO
¡Anita!

PEDRO
¡Anita la Rizueña!

PEPE
¡Anita!

PASCUAL
Zí.

CURRO
Es verdá; zí.

MARTINITO
¡Pos a casa de Anita es adonde primero que a ninguna parte hay que yevá a este amigo tan simpático!

PEDRO
¡Mu bien!

GERARDO
¡Mu bien!

Voces de aprobación y algunos aplausos.

JUANITO
A la disposisión de ustedes. Ninguna cosa más de mi gusto. Me han metió ustedes ya en ganas de conosé a esa monería.

GORO
¡Dándolo un codazo intencionado a Correa ¿Y eso cuándo va a sé?

GERARDO
Esta noche, ¿no?

MARTINITO
Sí, esta noche; ¡es claro!

GORO
Jactanciosamente. Esta noche pué que se nuble.

JUANITO
¿Cómo que se nuble?

GORO
¡Las cosas, amigo!

JUANITO
¿Qué cosas?

GORO
Tú, Martinito, er de la idea: trae acá un vaso e vino: há er favó.

CORREA
O si no trae dos vasos.

MARTINITO
¿Vas a empesá ya con tus misterios, Goro? ¿Es que quisas no te gusta mi idea?

GORO
Déjala pa otra noche.

MARTINITO
¿Por qué?

JUANITO
¿Por qué?

GORO
¡Porque he visto en er sielo unos candilasos! ¡Señá de yuvia!

JUANITO
¿Y qué?

GORO
¡Que se podría mete la noche en agua! ¿Eh, Correa?

CORREA
¡Ole!

GORO
¡Se vive!

JUANITO
¿Se vive?

GORO
¡Los hombres!
Y pa los hombres las mujeres barbis
y er vinito resio.

La alegría de Juanito ha empezado a turbarse. Pepe el Serio, a quien molestan las jactancias de Goro, se levanta a replicarle con gravedad.

PEPE
Mira, Goro: te estoy oyendo desde que has empesao a fantasea y se me está achicharrando la sangre.

GORO
¿Sí? ¡Pos eso se cura con agraz! ¿Eh, Correa?

CORREA
¡Y ole!

PEPE
Hablo en serio.

GORO
¡Pepe er Serio te yaman!

PEPE
Si no estuviéramos aquí más que los de siempre, lo dejaría corre, como tantas veses, porque ya conosemos de sobra tus faroles: Goro Faroles te yaman a ti. Pero como hay presente un amigo que no es de este pueblo, y a este amigo le hemos hablao de Anita como eya se merese, no estoy dispuesto a tolera que tú con tus medias palabras des a entendé lo que no hay.

PEDRO
¡Mu bien dicho!

GERARDO
¡Pero mu bien dicho!

MARTINITO
Este habla poco, pero cuando se deja cae...

GORO
Levantándose con arrogancia. ¿Conque mil bien dicho, verdá? Correa, sierra la puerta.

CORREA
¡Ole!

Correa obedece. Juanito sigue el diálogo con interés profundo y bebiendo vino maquinalmente. Pedro Antonio lo observa.

GORO
Goro Faroles va a contestarle a Pepe er Serio.

MARTINITO
Dos puntos.

GORO
¿Filipinos?

MARTINITO
No, hombre: si esto es ortografía.

GORO
Déjate de pamplinas ahora. Y Goro Faroles le va a contesta por lo mismo que la reunión no es la de costumbre, y que hay un forastero en eya, que pudiera pensarse que a Goro Faroles to er fuego se le va por la boca.

CORREA
¡Y ole!

GORO
Caya tú también. Yo he aconsejao de güeña manera que se deje la visita a casa de Anita la Risueña pa otra noche, porque esta noche, ¿se enteran ustedes? da la casualidá de que Goro Faroles está sitao con eya en su casa.

JUANITO
¿Eh?

GERARDO
¡Vamos!

MARTINITO
¡Quita!

PEDRO
¿A qué no?

CORREA
¿A que sí?

GORO
Carma. Repito que esta noche Goro Faroles entra en casa de Anita la Risueña a comerse tos los durses que le dé la gana.

JUANITO
¿Qué?

GORO
Martinito, yo también hablo poco; pero cuando me dejo cae...

PEPE
¡Eso es mentira, Goro! ¡Eres un embustero!

GORO
¿Yo?

PEPE
¡Tú!

GORO
Correa, ¿tú oyes?

PEDRO
Vaya, no es menesté ponerze azi.

GORO
Carma. Goro Faroles no retira una palabra de lo que ha dicho. ¿Va la sena pa tos en la Venta e los Cascabeles?

PEPE
¿Ya estamos con la apuestesita?

GORO
¿Te achicas, eh?

PEPE
¡Eso quisieras tú! Hase tiempo que tratas de mortificarme a ca paso, porque yo no dispongo der dinero de que tú dispones pa gastármelo en juergas; pero toavía me sobran a mí veintisinco duros, y nunca los tiraré más a gusto que con este motivo. Además, aunque no los tuviera, lo mismo los apostaría; porque estoy convensío de que yo gano y de que tú mientes. ¡Va la sena pa tos en la Venta e los Cascabeles!

GORO
¡Dicho!

PEPE
¡Dicho!

GORO
A las diez puén ustés cae por la caye e la niña, a orsequiarla con unas farsetas de guitarra y unas coplas. En seguía se meten ustés en la taberna der Jorobao, y desde eya verán si Goro Faroles ha dicho la verdá ó no la ha dicho. La yamaré por la ventana primero, y después entraré en la casa.

CORREA
¡Y ole!

GORO
¡Hasta luego!

PEPE
¡Hasta luego!

La emoción más honda y la angustia han ido apoderándose del ánimo de Juanito, turbado a la vez por los efectos de la bebida. Al oír lo terminante y grave de la apuesta de Goro, borracho ya, lloroso y aturdido, rompe de repente a cantar la copla de Romero.

JUANITO
¡Los demonios del engaño
ya no están en los infiernos,
que los yevan las mujeres
entre las flores der pecho!

GORO
Deteniéndose un instante al empezar la copla Juanito. ¿Qué es eso, compadre?

PEDRO
¿Qué te paza?

Mientras Juanito canta sin hacer caso de ninguno de ellos, todos le interrogan y lo rodean con interés.

MARTINITO
¿Qué ha sío?

PEPE
¿Qué le susede a usté?

GERARDO
¡Ahora le ha dao yorona!

GORO
¡Le ha dao yorona!

CURRO
Es verdá; zí.

MARTINITO
¡Le ha dao yorona! ¡le ha dao yorona!.

PASCUAL
¡Le ha dao yorona!

GORO
¡Vámonos, Correa!

CORREA
¡Y ole!

Se van los dos charlando.

PEDRO
Pero, Juan, ¿qué tienes?

PEPE
¿Qué es eso, amigo?

GERARDO
¿Qué es eso?

CURRO
¡Le ha dao yorona!

PASCUAL
¡Le ha dao yorona!

MARTINITO
¡Na; que le ha dao yorona!


FIN DEL ACTO PRIMERO


ACTO SEGUNDO


CUADRO PRIMERO

División de escena. A la derecha de la actriz la calle de los Pajaritos en Alminares, con salida por uno y otro lado del fondo. —A la izquierda la salita de casa del Señor Ildefonso el dulcero. En la pared divisoria una reja. Una puerta a la izquierda y otra al foro. —En la calle, a la derecha, la taberna del Jorobado, que lleva el título de «El número 13.» En la salita muebles «pueblerinos», cuidaditos y bien dispuestos. Es de noche. Sobre una mesita un quinqué encendido. La ventana tiene cerradas las puertas de cristales y las de madera.

Por la derecha aparecen en la calle Pepe el Serio, Martinito, Gerardo, Curro y Pascual a darle serenata a Anita la Risueña. Gerardo viene con su guitarra. Llegan frente a la reja y se detienen. Por uno y otro lado va apareciendo poco a poco gente curiosa, que hace coro al grupo de amigos. También llega el Sereno de la calle, farol y chuzo en mano.

(Música)

PEPE
Ya estamos en la caye,
y enfrente a su ventana:
prepara tú las manos
y templa la guitarra.
¡A vé si a vernos sale
la dueña de la casa,
como ar barcón der sielo
sale la luna clara!

LOS CINCO
¡A vé si a vernos sale
la dueña de la casa,
como ar barcón der sielo
sale la luna clara!

Rasguea en la guitarra Gerardo mientras van llegando los curiosos.

GERARDO
La guitarra ya está bien dispuesta:
no es guitarra: párese una orquesta.

MARTINITO
Pos sígueme a mí,
que he sacao durmiendo la siesta
dos coplitas de las de hasta ayí.
¡En ninguna ocasión como en esta
me quiero lusí!

CORO
¡Pos venga de ahí,
si en ninguna ocasión como en esta,
se quiere lusí!

Sale Anita por la puerta del foro de la salita, sonriente y llena de curiosidad, y se acerca a la ventana cautelosamente para oír la serenata.

MARTINITO
Los suspiros de tu tío
se pegan en un papé;
los suspiros de mi boca...

Se le olvida el verso final de la copla y nace inútiles esfuerzos por recordarlo.

los suspiros de mi boca...
¡Se me fue!

CORO
¡Se le fue!

ANITA
¡Pobre Martinito,
qué mala memoria
tiene er pobresito!

CORO
¡Mira qué doló:
tan bonita copla
como prinsipió!

MATINITO
(A Gerardo)
Vuérveme a seguí,
porque la segunda
no se me ha de í.

El arrope de tu casa,
no hay arrope como é;
er día que tú me arropes.

Le ocurre lo mismo que antes.

er día que tú me arropes.
¡Se me fue!

CORO
¡Se le fue!

ANITA
O esto es una guasa,
ó tendré que darle
palitos de pasa.

CORO
¿Qué le ocurrirá,
que esta nochesita
toíto se le va?

MARTINITO
¡Mar tiro me den!
¡Que me caiga un rayo!
¡Que me coja er tren!

PEPE
Sarte tú ya, Gerardo,
con cuatro cosas finas,
que no está tu guitarra
pa acompaña pamplinas.

GERARDO
Ahora mismito:
y Dios me dé más suerte
que a Martinito.

CORO
Ahora mismito:
y Dios le dé más suerte
que a Martinito.

GERARDO
Tus ojitos risueños
quisiera yo sé,
por tener en mis sueños
su fino dosé.

ANITA
En la noche una estreya
quisiera sé yo,
para vé desde eya
donde está mi amó.

GERARDO
Tu risita grasiosa
quisiera yo sé,
para sé mariposa
en rojo clavé.

ANITA
Mariposa briyante
quisiera sé yo,
y donde está mi amante
quemarme alredó.

GERARDO
¡Quién fuera peina en tu pelo,
sinturón en tu sintura
y tu camino en er suelo!

CORO
Quiere sé peina en su pelo,
sinturón en su sintura
y su camino en er suelo.

ANITA
¡Quién fuera luz en su sielo,
y el aire con que respira
y su sombrita en er suelo!
Los ojitos de mi cara
ahora mismo diera yo,
porque en mi reja sonara
la voz der que me hechisó.

GERARDO
El arma se me yenara
der más vivo resplandó,
si a esta reja se asomara
esa carita de fló.

LOS DOS y EL CORO
Corasón que está cantando,
pájaro quisiera sé,
para ir volando volando
en busca de su queré.

(Cesa la música)

PEPE
¡Bien ha estao Gerardo!

PASCUAL
¡Bien ha estao!

CURRO
¡Es verdá, zí; bien ha estao!

GERARDO
He estao na más que regula, porque no hemos conseguío verle la cara.

ANITA
Ha estao muy bien; pero ahora estaría mejó que se fueran tos, antes que yegue el otro.

MARTINITO
Gritando de repente. ¡Se pegan en la paré!

PEPE
¿Cómo?

MARTINITO
¡Se pegan en la paré! ¡Ahora me acuerdo de la primera copla!
Los suspiros de tu tío
se pegan en un papé;
los suspiros de mi boca,
se pegan en la paré.

Risas.

ANITA
Valió más que se le orvidara.

PEPE
Señores, yo voy a refresca la sangre un poco en vista de que la niña no sale. Que me siga er que quiera.

PASCUAL
Yo zoy uno.

CURRO
Y yo otro.

GERARDO
Vamos a refresca la sangre.

MARTINITO
Vamos aya. ¡Lástima que no se pudiea también refresca la memoria!

Pepe el Serio y sus amigos se entran en la taberna. Los curiosos se van en la misma forma que llegaron.

ANITA
Se quitan de la cave. Ar pelo. Y también me párese que se marcha mi tito. Ar pelo.

Vase ella por la puerta de la izquierda. En la calle queda sólo el Sereno, que no lo está mucho a decir verdad.

SERENO
¡Viva er rumbo, hombre, viva er rumbo! Me paese a mí que ofreserle una copita ar sereno no hubiea sío ningún disparate. Porque si er sereno dise de pronto: «aquí está er sereno», a estas horas están eyos cantando sus coplitas en er paso a ni vé. ¡Pero en España, los representantes de la ley vivimos en ridículo!

Sale a la calle el Señor Ildefonso, por la izquierda.

SR. ILDEFONSO
¡La de enredos y la de trapisondas que trae mi sobrina! ¡Demonio de muchacha! Y sin embargo me voy convensiendo de que es una personita forma.

SERENO
¿Qué es eso? ¿Viene usté hablando solo?

SR. ILDEFONSO
Hola, Domínguez; Dios te guarde. Sí, hijo, sí: hablando solo. ¡La edá!

SERENO
¡La edá! Me hase a mí grasia ese timito de la edá. ¿Y adonde se va ahora?

SR. ILDEFONSO
¡Figúrate! Al aguaducho un rato, a jugá una partía e damas con er primero que se presente. ¡Si ya no está uno pa otra cosa!

SERENO
¿No, eh? ¿A qué píe usté una copita en cuanto yegue?

SR. ILDEFONSO
Es posible, es posible. Di tú que me entre ñato. Quéate con Dios, vase por la derecha.

SERENO
Vaya usté en hora güeña, considerando filosóficamente la descortesía del señor Ildefonso. ¿Usté ve? Tos iguales. ¿Qué trabajo le hubiea costao a este hombre decirme: «Domínguez, ¿quiés acompañarme a eso de la copita? ¿Es que porque uno sea sereno no pué tené flato también? Pos si a mí me diera er venate de serrá el aguada cho, ¡a vé adonde se iba é a jugá a las damas!

Llegan por la derecha Goro Faroles y su inseparable Correa.

GORO
No he tenío pasiensia pa espera más. Aquí estoy.

SERENO
Güeñas noches, Goro.

GORO
Güeñas noches, Domínguez. Con sorna. ¿Ha venío por esta caye Pepe er Serio con unos amigos?

SERENO
Hasta ahora mismo han estao tocando y cantando delante esta ventana, y ahora se han metió tos en la taberna der Jorobao. Pero ninguno ha sío pa desirme...

GORO
¿Qué?

SERENO
Na.

GORO
A Correa, por el Sereno. Este bichito e luz va a estorba mu poco. Vete tú a la taberna con esa gente pa que se enteren de que no me ha cogió ningún carro.

CORREA
¡Y ole! Hasta luego, ¿eh?

GORO
Hasta luego.

CORREA
¡Güeña mano derecha!

GORO
Izquierda, ¿no es mejó?

CORREA
¡Ole! Desde la puerta de la taberna. ¿Quiés una copa?

SERENO
¿Eh?

GORO
Grasias.

CORREA
Mia que es güen vinito.

GORO
Me van a da nativas dentro' un momento, y er vino y las nativas no casan.

CORREA
¡Y ole! Adiós.

GORO
Adiós.

SERENO
¡En ridículo!

Se saludan los dos compadres con las manos y Correa se mete en la taberna. Goro pasea la calle hecho un pavo real y ahumando las paredes con las bocanadas que suelta de su puro.

SERENO
Adulándolo. ¿Se fuma, eh?

GORO
¡Se fuma!

SERENO
¿Se vive, eh?

GORO
¡Se vive!

SERENO
¿Se respira, no?

GORO
¡Se respira!

SERENO
Me hasen a mí grasia esos timitos.

GORO
Toma un sigarro.

SERENO
¡Se agrádese!

GORO
Toma pa unas copas.

SERENO
Estimando.

GORO
Y te arvierto que ese farolito me lastima la vista. ¿Tú oyes?

SERENO
Señalando a la ventana de Anita ¿Su mersé, quisás?

GORO
¡Que te quemas!

SERENO
¡Las mujeres!

GORO
¡Chipén con lana!

SERENO
Pos hasta mañana si Dios quiere. Yo no molesto.

GORO
Anda con Dios.

SERENO
¡Este sí que es un hombre! se va por la derecha admirándolo.

GORO
Así que se ve solo completamente ¡Ea! Ya yegó la hora. A quien se le diga que un punto tan corrió como yo siente una hormiguiya por er cuerpo que no ha sentío nunca, no lo cree. Na: esto es nuevo pa mí. A la ventanita, Goro, a la ventanita. Tocaremos er reclamo.
Da con los nudillos en el quicio de la ventana, y espera canturreando un si es no es nerviosa é inconscientemente.

Toíto lo que intento logro;
yo no me quejo a mi estreya.
Yo no lie intentao cosita
que no me sarga con ega.

¡Y ole! ¿Qué es eso, Correa? Ah, que no está Correa. ¡Los nervios! ¿A vé? Aplica el oído a la ventana. ¿Sardrá ó no sardrá? Por la puerta de la izquierda vuelve a aparecer en la sala Anita la Risueña, que se llega presurosa a la ventana y la abre. ¿Son mis oídos ó es que viene? ¡Viene! ¡viene! ¡Ya está, ya está aquí! ¡Los hombres! ¡Qué siento que no pase nadie!

ANITA
Buenas noches, Goro.

GORO
¡Bendita sea la hora en que nasí! ¡Primera vez que salen a un tiempo er só, la luna y las estreyas!

ANITA
¡Jesús qué resplandó tan fuerte!

GORO
¡La grasia!

ANITA
Mi tito ya está en el aguaducho; ¿lo ha visto usté?

GORO
¡Y yo en la gloria!

ANITA
Pos sárgase usté de eya un momento y dé usté la vuerta a la esquina.

GORO
¡Las güertas que usté quiera doy yo! ¡Más que un trompo!

ANITA
Una na más: esa que le he dicho. Entre usté en casa, que por la reja no quiero palique. Aquí dentro estaremos mejó; ¿no es verdá?

GORO
¡Verdá que me paese mentira!

ANITA
Pos ande usté.

GORO
¡Ahora mesmi!

ANITA
Ande usté, ande usté. Cierra la ventana.

GORO
¡Los hombres! ¡Lástima que no sea una cristalería esa paré de la taberna! Tira el cigarro por lo alto. ¡Por si acaso le molesta el humo! ¡Se vive! vase resuelta mente por la izquierda tragándose la calle.

En la salita aparece La Llorona, que sale por la puerta de la izquierda en actitud de detener a Anita que va a irse. La Llorona es una jamona lacrimosa y ridícula, unida a Goro por vínculos estrechos. Para recibirlo se ha puesto sus mejores galas.

LA LLORONA
Entre lágrimas. ¿Va a entra?

ANITA
Al instante.

LA LLORONA
¿Aquí?

ANITA
Aquí. Váyase usté.

LA LLORONA
¡Por tu madre te pío que no descanses hasta conseguí que nos arreglemos!

ANITA
Descuide usté: cuando yo me he prestao...

LA LLORONA
Si te dise que le repuno...

ANITA
¡Yo sabré contestarle!

LA LLORONA
¡Por aqueyas sinco criaturitas, que no ven a su padre hase ya dos años!

ANITA
Vamos, quítese usté de enmedio.

LA LLORONA
¡En ti confío!

ANITA
Esté usté tranquila.

LA LLORONA
¡Anita, por tu madre! ¿Cuándo sargo yo?

ANITA
¡Cuando yo le avise!

LA LLORONA
¡Que lo hagas, Anita, que lo hagas!

ANITA
¡Lo haré!

LA LLORONA
¡Que lo hagas!

ANITA
¡Lo haré ó poco pueo!

LA LLORONA
¡Pobresita de mí!

Entrase por la puerta de la izquierda, lloriqueando, y Anita se va riéndose por la del foro.

De la taberna salen, con gran sigilo é interés, Pepe el Serio, Sus Amigos y Correa. Todos menos éste se llegan recatadamente al fondo para ver si Goro entra ó no entra en la casa de Anita

MARTINITO
Ya coló.

GERARDO
Ya coló.

PASCUAL
Zí.

CURRO
Es verdá; zí.

PEPE
Entró en la casa.

CORREA
¡Ole!

PEPE
He perdió la apuesta. Pero no es por la apuesta por lo que lo siento; es por er desengaño. Hubiera yo puesto por Anita las manos en er fuego. En fin, ¿qué se ha de hasé? Er que entienda a las mujeres que escriba un libro.

GERARDO
Dises bien, Pepe.

PEPE
Vámonos pa la Venta e los Cascabeles a dispone la sena.

GERARDO
Hombre, sí; vamos a emborracharnos der to a vé si se nos pasa esta pesaíya.

MARTINITO
Di con Dios: yo me voy a mi casa.

PEPE
¿A qué?

MARTINITO
¡A ponerme unos sinapismos! Me ha dejao este gorpe como pa mete la cabesa entre dos puertas y serrá con yave.

GERARDO
Ya pareserás luego por ayí. ¿Vamos?

PEPE
Vamos.

PASCUAL
Vamos, zí; vamos.

CURRO
Vamos.

Pepe el Serio, Gerardo, Curro y Pascual se retiran por la derecha. Correa se encara con Martinito.

CORREA
¡Me está dando pena verte las lágrimas sartas! ¡Lo que tú tienes que hasé es imita a ese hombre!

MARTINITO
¿A Goro?

CORREA
¡A Goro! Sus maneras, sus dichos, sus desplantes... ¿No lo ves? ¡Tiene to lo que quiere! ¡Y mientras no hagas eso te pasarás la vía resibiendo merengues y pestiños en el estanco! Anda ya pa la Venta.

MARTINITO
Ahora iré.

CORREA
¡Cómo te dé la gana!

Vase tras de los otros.

MARTINITO
Nesesito está solo siquiea media hora. ¡Que me refresque el aire e la noche! Y pué que me aconseje bien Correa. ¡Si yo me diera maña pa imitá a Goro!... Después de to no es tan difisi. ¡Se vive! ¡Las cosas! ¡Los hombres! ¡Las mujeres! se va por la izquierda animado con el descubrimiento y repitiendo las muletillas de Goro.

Vuelve Anita por donde se marchó. Goro viene tras ella descubierto y rebosando dicha.

ANITA
Pase usté, Goro, pase usté.

GORO
Deteniéndose en la puerta. ¿Hay permiso pa entra en la gloria?

ANITA
Sí, señó: entre usté en la gloria.

GORO
¡Con lisensia de la Virgen der Carmen!

ANITA
Doy permiso pa entra: pa salí no lo doy.

GORO
¿Y a quién se le va a ocurrí pedirlo pa salí?

ANITA
¡Qué sé yo! ¡Las cosas! como dise usté mucho.

GORO
¡Las cosas! Vamos, Anita, otra vez le pío a usté que me dispierte, porque yo estoy soñando.

ANITA
¿De veras? ¿Y cómo lo despierto a usté?

GORO
Jovial. Pos... ¡pos déme usté un susto!

ANITA
¿Un susto? ¡Se hará lo que se puea!

GORO
¡Grasiosa!

ANITA
Pero antes der susto le vi a dá a usté un durse y una copita, pa que le coja er cuerpo entonao.

GORO
En un cuartito los dos,
veneno que usté me diera,
veneno tomara yo.

ANITA
Ea, pos vamos por la primera loma de veneno. Siéntese usté si gusta. Se marcha por la puerta del foro.

GORO
¡De roíyas es como me queo, aunque no lo parezca! Entregándose a su alegría. Vamos, que... Vamos, que otro cuarquiera en mi lugá... ¡Se dise pronto! ¡Los hombres! Mirando a la ventana. ¿Y esto por qué va a está serrao? La abre y se asoma. ¡Así: que entre el aire! ¡Mardito sea! No pasa un arma. Esta caye que por er día es un hormiguero... Saludando de pronto. ¡Adiós! Ah, no, que es er marmoliyo. Creí que era Vayejo. ¡Ayayay! ¡Se vive! ¡No; si uno consigue las cosas de boquiya! ¡Pasiensia, amigo!

Vuelve Anita con el veneno: un plato con dulces, una botellita de aguardiente y una copa.

ANITA
¿No se sienta usté?

GORO
Cuando usté se siente, mi arma.

ANITA
Pos ya.

GORO
Ya.

ANITA
¿Un dursesito?

GORO
Pa durse, usté. La copita sola.

ANITA
Vaya la copita se la sirve.

GORO
¿Y usté no bebe?

ANITA
Probaré de la de usté.

GORO
¡Y ole! ¡Que te cayes, Correa!

ANITA
¿Cómo?

GORO
Na. No sé lo que me digo.

ANITA
Después de probar el aguardiente. ¡Bah! ¡Me abrasa las entrañas!

GORO
¡Sentrañitas mías! ¡Si esto es asuca pura!

ANITA
¡Asuca!...

En la cara que pone Goro se advierte bien que no es azúcar.

GORO
¡Será porque ha puesto usté aquí los labios!

ANITA
Será. Con que vamos a vé si nos entendemos.

GORO
¡Aunque hable usté en latín y yo en ruso!

ANITA
Entonses, cosa hecha: porque como pienso hablá en españó...

GORO
¡Las mujeres!

ANITA
Vi a serrá la ventana primero pa que nadie nos vea.

GORO
¡Si la caye está sola!

ANITA
De tos modos. Se levanta, cierra la ventana y vuelve a sentarse.

GORO
Mientras usté sierra la ventana... me tiene a mí con la boca abierta.

ANITA
Pos tenga usté cuidao con las moscas. Vamos a nuestro asunto. Usté se dirá: ¿qué es lo que querrá Anita conmigo?

GORO
¡Por lo pronto sé lo que quiero yo con Anita!

ANITA
Está bien. Y yo le aseguro a usté que no daría este paso si no fuera usté una persona tan cabá y tan simpática.

GORO
¡Quién habla aquí de simpatías!

ANITA
Y si además de eso no creyera que es usté un hombre de corasón.

GORO
Eso sí: ¡un corasón tengo como un cántaro!

ANITA
Bien comparao está... por lo mucho que ha ido a la fuente y ha vuerto de eya.

GORO
¡Pos esta vez va tan a gusto que paese nuevo!

ANITA
¡Sí... nuevo!... ¿A cuántas no le habrá usté dicho lo mismo? ¿A cuántas no habrá usté dejao interesas por su persona? Arguna pobresita quisas yore por er cariño de usté en estos momentos...

GORO
¡Las mujeres siempre tienen las lágrimas en la fartriquera!

ANITA
¡Tunante!

GORO
¡No hable usté de tunantes teniendo esos ojos!

ANITA
Labia no le farta; eso ya estaba averiguao. Sin labia no se logra tanto de las mujeres... Y usté, amigo, la fama lo cuenta: donde pone la vista pone el balaso.

GORO
¡Pschá!

ANITA
Mia cómo se esponja. Cómo sabe é que no se le resiste ninguna infeliz... ¿Lo he conosío a usté, Goro, ¿sí ó no?

GORO
Borracho de satisfacción. ¡Me confunde usté con mi hermaniyo er chico!

ANITA
Pos siquiera por el asierto; por aqueyo de que al asercarme a usté ya sé adonde voy, prométame usté complaserme en lo que le pía.

GORO
¡Hija mía de mi arma!

ANITA
Yo no voy a pedirle ningún imposible; sino sólo que no sea crué con una persona que lo quiere.

GORO
¡Anita!

ANITA
¿Va usté a serlo?

GORO
¿Se quié usté cayá?

ANITA
Pos espérese usté un minuto, que me he sofocao, y voy por un abaniquito pa refrescarme.

GORO
¡No se vaya usté ahora!

ANITA
Si vuervo en seguía; si no es más que por el abanico... Lo mira con su mejor sonrisa desde la puerta de la izquierda y se entra por ella.

GORO
¡Por el abanico! ¡Te veo! ¡Güeno, Goro, esto es pan comió y lo demás es música de la Sopa! ¡Los hombres! Sí que hase aquí caló... Vuelve a abrir la ventana. ¡Y sin pasa nadie! ¡Por vía de...! ¡Con lo que a mí me agrada saluda desde las casas de las mujeres bonitas! ¡Lo mismo que cuando voy en coche me gusta desirles condiós a los que van a pie!

Por dicha para Goro en tal punto acierta a cruzar la calle hacia la taberna el gran Don Futraque, en guisa de hombre que va a ahogar el hambre en un «chato» de manzanilla. Goro enloquece al verlo. ¡Eh! ¡eh! ¡Don Futraque!

DON FUTRAQUE
¿Quién yama a don Futraque?

GORO
¡Aquí! Estoy de suerte. ¡Este lo cuenta por to er pueblo! ¡Don Futraque!

DON FUTRAQUE
¿Quién yama al artista?

GORO
¡Se vive!

DON FUTRAQUE
¡Oh! ¿En qué se le puede servir ar rey der mundo?

GORO
¿Ande se camina tan ligero?

DON FUTRAQUE
A armorsá.

GORO
¿A armorsá a estas horas?

DON FUTRAQUE
El artista no tiene hora fija. Voy a la taberna a vé si me dan unas buchaíyas de papas y
garbansos.

GORO
¿Y ése es el armuerso de hoy?

DON FUTRAQUE
No; éste es er de ayé. ¿Y el hombre, qué hase aquí?

GORO
¡En la carse que estoy!

DON FUTRAQUE
¿De quién es la ventana esta, si no molesto ar preguntarlo?

GORO
¡De un calaboso! ¿No lo ves?

DON FUTRAQUE
¿No será de Anita la Risueña?

GORO
¡Quisaque!

DON FUTRAQUE
¡Ah! ¿Quisaque? ¡El amigo Faroles no se aburre en er pueblo!

GORO
¡Me gustan las palomitas tiernas!

DON FUTRAQUE
¡No le miente al artista cosas de comé!

GORO
Dándole una peseta. Toma, hombre, toma; pa que el armuerso sea más sustansioso.

DON FUTRAQUE
Estimando, mi protertor. Y que sea enhoragüena por la palomita.

GORO
¡Las cosas, don Futraque, las cosas!

La Llorona ha salido por la puerta de la izquierda momentos antes, temblando de emoción, y se ha detenido contemplándolo embelesada. Goro vuelve la cara y recibe una descarga eléctrica.

GORO
Horrorizado. ¡Eeeeeeeh!

LA LLORONA
(Tiernísima) ¡Goro!

GORO
¿Qué es esto? ¿Quién ha traío esto aquí? instintivamente cierra de golpe todas las puertas de la ventana.

DON FUTRAQUE
¡Compadre, qué susto se ha yevao! ¿Quién será esa Pepona? ¡Y ha cortao la comunicasión en el arto! ¡Como si hubiea tormenta! Aplica el oído é la ventana.

(Música)

GORO
¿Quién te trajo a esta casa
y a qué has venío?

LA LLORONA
¡Er corasón me trajo
tras de lo mío!

DON FUTRAQUE
¡Anda, salero!
¡Se gorvió la paloma
perro ratero!

Suelta la carcajada. Goro tiembla.

LA LLORONA
¡A Anita le he pedío
que por mí abogue!

GORO
¡Anita se merese
que yo la ajogue!

DON FUTRAQUE
¡Ya esto está visto!
¡Y el hombre con Anita
se daba pisto!

Suelta otra vez la carcajada. Goro vuelve a temblar.

LA LLORONA
¿Por qué ya no me quieres,
so descastao?

GORO
(¡Si la oye don Futraque
me he reventao!)

DON FUTRAQUE
¡La armendra lista,
que hay aquí un güen negosio
para el artista!

LA LLORONA
¡Por aqueyas criaturitas!

GORO
¡Que te cayes!

LA LLORONA
¡Por er santo de tu nombre!

GORO
¡Que te largues!

LA LLORONA
¡Por los ojos de tu cara!

GORO
¡Que te maten!

DON FUTRAQUE
¡Hoy aumenta er repertorio
don Futraque!

(Cesa la música)

GORO
Mira, Yorona, tengamos la fiesta en paz. ¡Quítate de delante mía!

LA LLORONA
¡Goro!

GORO
¡Tengamos la fiesta en paz, Yorona! ¡Que venga Anita y hablaremos!

LA LLORONA
Pero ¿será pa bien de aqueyas criaturas?

GORO
¡Que venga Anita!

DON FUTRAQUE
La cara de la Yorona suplicándole a Goro. La imita.

LA LLORONA
¡No es por mí: es por eyos!

GORO
¡Que me dejes, Yorona!

LA LLORONA
¡Por eyos na más!

GORO
¡Yorona!...

DON FUTRAQUE
La cara de Goro amasando una gofetá pa la Yorona. La imita también.

LA LLORONA
¡Siempre ha de sé tú gusto!

GORO
¡Que venga Anita ó me voy yo!

LA LLORONA
¿Te repuno?

GORO
¡Que venga Anita, sinapismo!

DON FUTRAQUE
La cara de Anita detrás e la puerta.

Finge una cómica risa nerviosa.

LA LLORONA
¡Vendrá, vendrá Anita! ¡Siempre ha de sé tú gusto, negrero! Suelta un sollozo que parece un ladrido, y se va por donde salió.

Inmediatamente Goro abre la ventana y se asoma.

GORO
¡Mardita sea! ¡Lo que me temí: don Futraque!

Llamándolo.

¡Don Futraque! ¿Toavía de paseo?

DON FUTRAQUE
¡Hasiendo ganiyas!

GORO
Ven acá.

DON FUTRAQUE
Presente.

GORO
Toma.

DON FUTRAQUE
¿Un duro?

GORO
¡Caya!

DON FUTRAQUE
(Bajando la voz) ¿Un duro?

GORO
Ar güen entendedó... Si esto se sabe en er pueblo, es porque tú lo has dicho.

DON FUTRAQUE
¡Seré un simenterio, don Faroles!

GORO
¡No lo seas y ya verás tú cómo las gasta don Faroles!

DON FUTRAQUE
¡Seré un simenterio!

GORO
Pos largo de la caye.

DON FUTRAQUE
En seguía. Salú pa darme muchos así. Se encamina a la taberna resplandeciente de alegría, y antes de entrar en ella dice, haciendo un gesto significativo: La Cara de un simenterio mirando un duro. Güeñas noches. Vase.

Sale Anita por la puerta de la izquierda.

GORO
¿Paresió usté ya?

ANITA
Ya paresí.

GORO
Sierre usté esa puerta con yave.

ANITA
Sin yave: ya está. ¿Qué ocurre?

GORO
Que esto que ha hecho usté conmigo esta noche no se hase ni con un penco de los toros. Anita se ríe. ¡No se ría usté! ¿Cuándo ha venío ese bicho?

Se oye un nuevo sollozo de La Llorona. Goro cierra otra vez de golpe todas las puertas de la ventana.

ANITA
Esta mañana en er coche de Arminarejo. A las sinco ya estaba aquí.

GORO
¿Y no la ha visto nadie?

ANITA
Nadie.

GORO
Menos má.

ANITA
Por eso ha sío posible esta sorpresa.

GORO
¡Este tiro en la sien que usté me ha pegao!

ANITA
Por condesendé con mi madre. Eya y la Yorona fueron muy amigas, han mediao cartas entre las dos, y ar sabe que yo estaba aquí le ha pedio que diera este paso pa arreglarlos a ustedes.

GORO
Pos lo ha podio usté hasé de otra manera, hija mía. Porque yo venía con mis ilusiones.

ANITA
¿Y a usté quién le ha mandao hasérselas?

GORO
Usté, que me dijo...

ANITA
Yo le dije a usté que tenía que hablarle de un asunto. Y que si hasía farta habría aquí una persona de respeto.

GORO
¡Y es de respeto! ¡Pero mardita la farta que hasía! Sobre que to eso me lo dijo usté con un agrao...

ANITA
Como le hablo a to er mundo, señó.

GORO
Y con una risita...

ANITA
La que gasto cuando no hay pa qué ponerse seria.

GORO
Con to y con eso: lo menos que ha debió usté hasé ha sío arvertirme de lo que se trataba.

ANITA
Y si se lo arvierto, ¿usté viene a verla?

GORO
¡Ni amarrao por los codos!

ANITA
¡Entonses!... Pero así como le digo a usté una cosa le digo otra: yo no sabía que estaban ustés tan enconaos. Si lo sé, no intento las pases.

GORO
¡Enconaos es poco! ¡Y cuenta que yo le mando una mesa y que no abandono a las criaturas! ¡Lo que no quieo es verla! ¿Usté sabe? ¡Una mujé que se dispierta, y yora; que armuersa, y yora; que come, y yora; me pongo la capa que me regaló, y yora; no me la pongo, y yora; me voy a la caye, y yora; güervo, y yora más!... ¿Hay quién aguante esto? ¡Sin contá con que da más caló que una oya! Güeñas noches.

ANITA
Riéndose. ¿Se marcha usté?

GORO
¡Juyendo! Ya hablaremos en otra ocasión...

ANITA
¿Y se va usté enfadao?

GORO
Pos ¿qué quié usté, niña? ¿Que me vaya con la sonrisita que píen los fotógrafos? Güeñas noches.

ANITA
(Sin dejar la risa) Vaya usté con Dios.

GORO
Dándole a la frase un sentido muy distinto que de costumbre. ¡Las mujeres!

ANITA
Remedándolo. ¡Los hombres!

El se marcha por la puerta del foro y ella riéndose por la de la izquierda.

Por la derecha reaparece el Sereno en la calle y por la izquierda sale luego Goro.

SERENO
¡Hola, hola! Se quitó er pájaro de enmedio. Por lo visto estorbaban también los hierros de la jaula; no era tan solo er farolito. ¡Hombre! ¡Aquí viene é! Na; que se han pasao un ratito arrayándose. ¡Las mujeres! como dise el hombre.

GORO
Hablando solo. He caío en la trampa lo mismo que un sordao... ¡Pero esa niña me paga a mí la enserrona! Vamos, que cuando yo me vi frente a frente con esa tinaja...

SERENO
Acercándosele. ¿Se respira, Goro?

GORO
¿Eh?

SERENO
¿Se respira?

GORO
En un tono verdaderamente indefinible. ¡Se respira! con cierta escama. ¿Es que tú quisas te has enterao?...

SERENO
¿Yo? De na. Yo acabo e yegá ahora. Pero como le conozco a usté los timos...

GORO
Tranquilizándose y volviendo en seguida a su papel. ¡Ah, sí! ¡Se respira, se respira! ¡Las cosas! Una mijiya de apuesta que ha habío entre los de la música y yo. Que si entraba en la casa de Anita, que si no entraba...  En la Venta e los Cascabeles están tos esperándome... Si quiés asomarte

SERENO
¡Los hombres! ¡Ya lo creo que me asomaré!

GORO
Habrá vino y fiesta hasta la mañana. Irán las artistas der teatriyo de la Alamea. ¡Un juergaso que le va a costa un ojo a Pepe er Serio! ¡Por duda der gancho que tiene pa las mujeres Goro Faroles! ¡Mia tú que duda der gancho de Goro Faroles! Hasta la vista, amigo Domínguez.

SERENO
Que usté lo pase bien, y muchas grasias.

GORO
Marchase por la derecha cantando como si en efecto hubiera obtenido un triunfo.
Toíto lo que intento logro;
yo no me quejo a mi estreya...

SERENO
Es juncá. ¡Por cuarquiera se cambia ahora mismo!... Nos tomaremos la úrtima copita a su salú.

Se mete en la taberna.

Salen por la izquierda Pedro Antonio y Juanito.

JUANITO
Con amargura. Pepe er Serio y sus amigos lo vieron entra, y nosotros lo hemos visto salí. ¿Lo quiés más claro?

PEDRO
¡Pos toavía no lo creo! Es decí, que haya entrao en la caza no lo pueo negá; ¡pero habrá entrao pa encarga unos durces!

JUANITO
Te agradezco mucho tus consuelos, Pedro Antonio; pero no me convenses. Déjame solo.

PEDRO
¿Qué vas a hace?

JUANITO
A yamá a esa ventana; a obligarla a salí; a desirle que ya la conosí der to, y a renegá de la hora en que la quise. Y mañana me voy de Amainares.

PEDRO
Me paece bien que hables con eya. Tú verás cómo hay en el azunto argún tapujo que no zabemos tú ni yo. En la taberna der Jorobao te espero. Entrase en ella.

(Música)

JUANITO
Con dolor y con lágrimas, al pie de la reja de Anita.
¡Yo selos nunca tuve
y hoy tengo selos:
será que nunca quise:
será que hoy quiero!

¡Mahaya el hombre que fía
en cariño de mujé!
¡Mejor cuenta le tendría
morirse, pa no sabe
lo que es una felonía!

A mitad del lamento, sale Anita por la puerta de la izquierda, sorprendida y turbada, y queriendo reconocer la voz que escucha, se acerca a la ventana y presta oído.

ANITA
¡Es su voz! ¿Es posible esto? Abre la ventana y lo ve. ¿Tú?

JUANITO
¡Yo! ¿No me esperabas?

ANITA
¡No por sierto! ¡Tienes vena de loco!

JUANITO
Aquí estoy a jurarte
que yo ya no te quiero;
que aquer cariño grande que te tuve
se lo ha yevao er viento,
porque de tus traisiones y mentiras
estoy ya más que sierto.

ANITA
Y aquí estoy yo a desirte
que estás otra vez siego;
que aquer cariño tuyo no se ha ido
cuando a buscarme has vuerto,
y que esas mis mentiras y traisiones
sólo las ven tus selos.

JUANITO
¿Mis selos?

ANITA
¡Tú locura!

JUANITO
¡Tú engaño!

ANITA
¡Tú seguera!

JUANITO
¡Dígalo quien hablaba
hase poco en tu reja!
¡Dígalo quien más tarde
entraba por tu puerta!

ANITA
Asombrada al oír a Juanito y acabando por soltar la risa.
¡Por la Virgen der sielo!
¡Que los dortores vengan!
¡Ahora sí que se ríe
Anita la Risueña!

JUANITO
¡Ríe, ríe, que er caso es de risa:
el hombre a quien quieres
apostó que entraría en tu casa,
y ahora mismo bendise su suerte,
y rueda tu nombre manchao con vino
en la Venta de los Cascabeles!

ANITA
¡Mentira!

JUANITO
¡La tuya!
¡Ya se bien quién eres!

ANITA
¡Mentira! ¡mentira!
¡mentira mir veses!

JUANITO
¡Lo vieron mis ojos!
¡Lo vio mucha gente!

ANITA
¡Por tu madre, escucha!
¡Por tu madre, atiende!

JUANITO
¡Por mi madre juro
que he de aborreserte;
y aquer gran cariño que me hiso dichoso
de mi pecho lo arrancó pa siempre!

Anita rompe a llorar y se aparta de la ventana. El va hacia la taberna.

¡Malhaya el hombre que fía
en cariño de mujé!

ANITA
¡Malhaya la suerte mía!
¡Pero yo me vengaré
antes que amanezca er día!


FIN DEL CUADRO PRIMERO

(Intermedio musical)


CUADRO SEGUNDO

Azotea de la "Venta de los Cascabeles». Tres ó cuatro mesas y diversidad de sillas y bancos. Es de noche. Luces eléctricas. Puertas a la derecha y a la izquierda.

La cena de la apuesta entre Goro Faroles y Pepe el Serio está en su punto más interesante. En las mesas hay huellas de cuanto se ha comido y bebido, que no ha sido poco.

(Música)

Goro Faroles está sentado a la izquierda, en primer término, con aire triunfador. A su lado Correa duerme la turca. Pepe el Serio, Curro y Pascual forman un grupo junto al que toca la guitarra Gerardo, que acompaña el canto y el baile con otro Tocador. Becerra, el camarero, se multiplica para atender a todos. La mamá de la Trompita come todavía a dos carrillos. El Papá duerme a su lado el sueño de una digestión extraordinaria. El Administrador de la Niña de Mairena, ésta y las Hermanas Corrales beben vino sin tregua ni descanso. La Trompita y varias Bailadoras bailan graciosamente, jaleadas por todos.

GERARDO
¡Ole! ¡Ole!

GORO
¡Las mujeres!

GERARDO
¡Eso es bonito!

PEPE
¡Eso está bien hecho!

TOCADOR
¡Saleros ahí!

CURRO
¡Gracia!

PASCUAL
¡Grasia!

Acaban su baile la Trompita y sus compañeras en medio de un ¡ole! general y aplaudidas por cuantos hay presentes, y cesa la música. Pepe el Serio le ofrece a la Trompita una copa de vino. Ella, fatigada, se la bebe y se sienta junto a la autora de sus días, que por las trazas no quiere morirse. Las demás se sientan también en torno de las otras mesas.

PEPE
Vaya una copita, pimpoyo.

TROMPITA
Grasias.

PEPE
A la mamá. ¿Qué tá, qué tá, señora?

MAMA
¡Superiores! ¡Estas gambas son superiores! ¡Mejores toavía que los langostinos y que er jamón!

PEPE
Señora, si hablaba por la niña.

MAMA
¡Ay, qué grasioso! ¡Por la niña! ¿Y que le vi yo a desí a usté de mi niña? ¡Que está pa comérsela! ¡Pa comérsela!

PEPE
Verdá que sí.

TROMPITA
Muchísimas grasias.

PEPE
Volviendo al grupo de los amigos. ¡También se quié come a la niña!

Risas generales.

GORO
¡Me gusta a mí esta moruchiya; no te figures tú que no! Es mimbreña.

PEPE
Hombre, Goro, déjanos arguna, por tu salú.

GERARDO
Bebiendo. Señó, ¿y yo, que por más que hago no consigo emborracharme esta noche?

GORO
¡Tendrás una penita sorda!

GERARDO
¡Niña de Mairena, vamos a vé si echamos er resto ahora mismo!

NIÑA
¡Vamos aya! se levanta.

GORO
¡Las mujeres!

PEPE
¡A vé, niña, si tú consigues emborracha a este hombre!

NIÑA
¡Vamos a verlo!

TOCADOR
¡Grasia!

(Música)

NIÑA
¡Arrastrao!
¡Condenao!
¡Qué malino y qué perro que eres!
Si me quieres,
si no sabes salí de mi lao,
¡arrastrao!
¡condenao!
¿pa qué con tus selos me hieres
y sólo me besas cuando ya he yorao?
¡Arrastrao!
¡Condenao!

Moreno, si pa quererme
tienes que haserme sufrí,
yo no sé cómo valerme
sin separarme de ti.
Porque si crese el encanto
de tu amó con mis pesares,
cuando se seque mi yanto
yo iré por yanto a los mares.

Es aclamada como la Trompita y sus compañeras.

(Cesa la música)

GERARDO
¡Así cantan las alondras cuando clarea er día! Niña, siéntese usté aquí conmigo, que usté es lo que a mí me emborracha.

NIÑA
Véngase usté a esta mesa.

GERARDO
¿Por qué no?

TOCADOR
¡Ole, Ole mi compañero! A Pascual y a Curro. ¡Toavía está comiendo gambas la madre e la Trompita!

PASCUAL
Es verdá.

CURRO
Es verdá; zí.

GERARDO
¡Beserra!

BECERRA
¡Me yamo!

Este Becerra sirve haciendo tantas piruetas y tomando tantas posturitas, que más que camarero parece bailarín.

GERARDO
¡Enjuaga estas copas y trae lo mismo!

BECERRA
¡Como las balas!

PEPE
(A Goro) ¡Güeno, hombre, paeses ahí un emperadó! ¡Bien estás saboreando tu triunfo!

GORO
¡Se saborea! ¡se saborea!

CORREA
Dando una cabezada. ¡Y ole!

GORO
Este bandolero hasta dormío dise ¡ole!

PEPE
Pos tú y yo vamos a habla ahora mismo sin que se entere nadie dos palabras bajito.

GORO
Y mu a gusto por lo que toca a mí; que no es cosa de que dos amigasos de toa la vía se piquen por estas chirigotas de las mujeres.

PEPE
Ni más ni menos. Escúchame.

GORO
Tú dirás.

Pascual toca las palmas. Becerra acude.

BECERRA
¿Se ofrese?

PASCUAL
Tabaco. De sincuenta.

BECERRA
¡Como las balas!

PEPE
A mí me han yamao siempre Pepe er Serio; lo que no me han yamao en ninguna parte toavía, ha sío Pepe er Tonto.

GORO
¿Y eso a qué viene?

PEPE
Viene a desirte —aquí de ti pa mí— que yo sé de más pa lo que te ha yamao esta noche a su casa Anita la Risueña.

GORO
¡Pa pone los cuadros derechos! ¡No es presiso sé sajorí!

PEPE
Sin marchoserías. Y lo sé, no por ningún pajarito cuco que me lo haya contao, sino por la Yorona.

GORO
Alarmadísimo. ¿Por la Yorona?

PEPE
Por la Yorona, que está ahí en un cuartito metía.

GORO
¿Que está ahí la Yorona?

PEPE
Cármate, hombre; que te vas a vendé, si chiyas. No te apures, que está bajo yave. He venío a darte un escándalo y a ponerte en ridículo, y yo no lo he querio consentí.

GORO
Respirando fuerte. ¡Choca ahí, Pepiyo! Eres un amigo de los güenos. San José te lo pague.

PEPE
No; aquí San José no tiene que paga ni una copa. Ni San José ni yo.

GORO
¿Qué quiés desirme?

PEPE
Que to lo que esta noche se ha comió y se ha bebió lo pagas tú, ó le abro a la Yorona er chiquero.

GORO
Tú hablas poco... ¡pero cuando te dejas cae!... Lo que se ha comió y se ha bebió...

PEPE
Y lo que se coma y se beba hasta que to er mundo se vaya. Y te arvierto que la madre de la Trompita paese que tiene doble fondo.

GORO
Hombre... Pepe...

PEPE
Pepe ha acabao de habla. ¿Estamos?

GORO
Tragando saliva. ¡Estamos!

CORREA
Siempre dormido. ¡Y ole!

GORO
¡Ahora no pega el ¡ole! ni con cola de carpintero!

La mamá de la Trompita toca las palmas. Goro se estremece.

BECERRA
¡Aya va un hombre!

MAMA
¿Hay bocas?

BECERRA
¡De la Isla, na más!

MAMA
Pos tráete medio siento.

BECERRA
¡Como las balas!

GORO
¿Medio siento e bocas más píe aqueya mujé?

Llegan por la puerta de la izquierda Juanito y Pedro Antonio.

PEDRO
Tú alegra la cara, que no ze te conozca na. La verdá vamos a zacarla de aquí.

JUANITO
¡La verdá! ¡Quién pudiera saberla!

PEDRO
La verdá es la que don Futraque nos ha dicho. ¡Zeñores, güeñas noches a tos!

PEPE
¡Amigos, ya era hora!

JUANITO
Buenas noches.

GORO
Güeñas noches.

Pepe el Serio toca las palmas llamando al mozo. A Goro le da un escalofrío, que le repite cada vez que vuelven a sonar palmas.

PEPE
¡Beserra! ¡Vino aquí!

BECERRA
¡Como las balas!

GERARDO
¡Y aquí también! ¡Na: que ni a la vera tuya me emborracho! ¡Mardita sea...!

GORO
¡Como que es inuti empeñarse cuando se empiesa así! ¡Déjalo pa mañana!

PEDRO
¡Bien, Goro, bien! No hay quien te ponga er pie delante.

GORO
(Un poco triste) ¡Las cosas!

JUANITO
Sí que tiene usté suerte, amigo.

GORO
¡Se vive!

El Administrador de la Niña de Mairena toca las palmas.

BECERRA
¡Va!

NIÑA
¡Más jamón!

BECERRA
Se ha acabao.

NIÑA
Pos traiga usté queso.

BECERRA
¿Queso?

NIÑA
Y un flan. ¡Ahí y una gaseosa.

BECERRA
¡Como las balas!

PEDRO
Hombre, Goro; una curiozidá que tengo yo. Tú que has estao ayí esta noche: ¿quién vive ahora con Anita la Rizueña?

GORO
¿Con... con Anita? ¡Su tío er dursero!

PEDRO
¿Na más?

GORO
Yo no he hecho nunca er padrón de la casa; pero no sé de nadie más.

Toca las palmas Curro.

BECERRA
¡Va!

PEDRO
Entonces, ¿quién jinojo zerá eza Pepona de que noz ha estao hablando don Futraque?

GORO
Más muerto que vivo. ¿Don Futraque?

PEDRO
Don Futraque, zí; que estaba el hombre dezesperao porque le habían zortao un duro filipino y no ze lo tomaban.

Goro, rabioso, se muerde el índice de la derecha doblado. Toca las palmas el Administrador de la Niña de Mairena.

BECERRA
¡Va!

GORO
¡Hay nochesitas que las debía uno pasa acostao!

PEDRO
¿Por qué lo dices, Goro?

GORO
Yo me entiendo.

PEDRO
(A Juanito) (¿Tú oyes?)

Tocan las palmas, primero la Mamá de la Trompita y luego Gerardo.

GORO
¡Camará! ¿Pero es que píen cosas ó que están aplaudiendo a éste?

PEPE
No, hombre, no: es que se les ha calentao la boca. ¡Pero qué pían hasta cansarse!

PEDRO
¡Viva er rumbo! ¡Este es Pepe er Zerio!

GORO
Este, este es.

PEDRO
(A Juanito de nuevo) ¿No has reparao? No da pie con bola.

JUANITO
Y se le ha mudao er coló. ¡Ay, Periquiyo, qué rato estoy pasando!

PEDRO
Caya.

Por la puerta de la derecha aparece en esto el Señor Ildefonso.

SR. ILDEFONSO
¡Aquí hay un intruso, señores! ¡Dios los guarde a tos!

GORO
¡Señó Irdefonso!

GERARDO
¡Señó Irdefonso!

PEDRO
¿Usté en esta juerga?

JUANITO
¿Quién es?

PEDRO
¡Er tío de Anita!

SR. ILDEFONSO
No se asusten ustés de verme. A mi edá no se hasen más que tonterías. Pero esta noche no vengo solo: traigo un lasariyo.

GORO
Escamado. ¿Un lasariyo trae usté?

PEPE
Sí; pero no es quien tú te figuras. No temas. La persona que a mí me ha enterao de to lo de esta noche no es la que antes dije: es otra mu distinta, que por su misma boca quié preguntarte no sé qué. Entre usté, Anita.

GORO
¿Anita?

JUANITO
¿Anita?

GERARDO
¿Anita aquí?

Llega Anita resueltamente.

ANITA
Anita, sí. Aquí está Anita.

Su presencia produce expectación y desconcierto. La Mamá de la Trompita despierta a su colaborador.

NIÑA
¿Esta es la Risueña?

GERARDO
Esta es.

ANITA
Voy a estorba muy poco tiempo. (A Juanito) ¿Tú no esperabas vorvé a verme tan pronto, verdá?

JUANITO
Turbado. Yo...

ANITA
(A Goro) ¿Ni usté tampoco lo esperaba?

GORO
A mí ya de usté no me sorprende cosa ninguna, Anita.

ANITA
Pos a hacerle a usté una pregunta he venío na más. ¿Quié usté desí aquí delante e to er mundo pa qué lo he yamao yo esta noche a mi casa?

GORO
Miste, Anita, hay particulares...

ANITA
¡O confiesa usté la verdá ó le saco los ojos!

GORO
¡Gachó con la Risueña! Pos la verdá... ya que paese que le interesa a usté tanto, es que me ha yamao usté... porque tenía intensión de arreglarme con una antigua amiga mía. Esta es la verdá.

ANITA
A su novio. Esa es la verdá: ya lo oyes.

GERARDO
¡Pos hombre, eso se cuenta!

PEDRO
¡Claro que ze cuenta! ¡Porque tú has venío aquí echando roncas!...

GERARDO
¡Tú has apostao!...

PASCUAL
¡Tú has dicho!...

CURRO
¡Tú has dicho!...

Hay un movimiento de protesta contra Goro, que Pepe el Serio corta, imponiéndose.

PEPE
¡Silensio! ¡Carma! ¡Esa cuestión es pa nosotros solos!

ANITA
Pos solos se quean ustedes ya; que yo, lo que tenía que pregunta, ya lo he preguntao. Vámonos, tito.

SR. ILDEFONSO
Vámonos, sobrina. ¡Así me gustan a mí las mujeres! ¡Con la risa en la boca, porque eso es bonito; pero más serías que un fiscá por dentro! Vámonos, ó me bebo una copa.

ANITA
Vámonos.

JUANITO
¡Y yo contigo!

ANITA
¿Tú?

JUANITO
Yo, sí. Perdóname.

ANITA
Que te perdone er cura. Tú pa mí eres el único que merese un grande castigo. Que hayan dudao de mí los demás, no me importa; que haya dicho de mí ó no haya dicho Goro Faroles, me importa menos: si fuera capaz de queré de veras a una mujé y la calurniara la gente, entonses encontraría su castigo: a mí ni me da ni me quita; pero que tú hayas dudao y me hayas hecho vení a la Venta e los Cascabeles, pa defendé mi nombre, eso te cuesta una témpora de purgatorio. ¡En er purgatorio te dejo! ¡Ya te sacaré cuando estés limpio de pecao! Buenas noches.

SR. ILDEFONSO
Pasarlo bien, señores.

Se marchan los dos en medio de una explosión de simpatía.

GERARDO
¡Ole las mujeres!

PEPE
¡Bendita sea esa boca, aunque no sea pa mí!

NIÑA
¡Así se habla!

PEDRO
¡En er colegio e zordo-mudos han educao a eza!

GERARDO
¡Ahora sí que me emborracho yo! ¡Ahora, ahora!

PASCUAL
¡Y yo!

CURRO
¡Y yo!

PEDRO
¿Estás viendo, Juan, estás viendo? ¡Como güervas a duda de Anita mereces la horca!

JUANITO
¡La merezco por habé dudao de eya esta noche! ¡Dame un abraso!

GORO
¿De manera que usté por lo que se ve es er novio de Anita?

JUANITO
Sí, señó: carcule usté las ganas que se me habrán pasao de romperle a usté el arma.

GORO
¿A mí?

Finge que va a caer sobre Juanito y lo detienen.

JUANITO
No hay cuidao. Ni me muevo siquiera. Si mata usté a los hombres como conquista a las mujeres, ya pueo está tranquilo.

Goro se muerde otra vez el dedo índice doblado, por toda respuesta.

Lo inesperado. Por la puerta de la derecha, decidido a seguir las indicaciones de Correa y a imitar a Goro, llega Martinito, imitándolo hasta en el traje.

MARTINITO
¡Se vive!

PEDRO
¿Qué es ezo?

MARTINITO
¡Las cosas!

GERARDO
¡Martinito!

PEPE
¡Hola, Martinito!

MARTINITO
¡Se respira!

GORO
Pero ¿qué dises tú?

MARTINITO
¡Los hombres! ¡Que sea enhoragüena por lo de Anita! De memoria sabía yo que la tal Anita...

Como que yo en Triana... ¡Las mujeres! Si uno fuera a habla... ¡Los hombres!

JUANITO
Imponiéndole silencio con energía. Ya se está usté cayando, amigo.

MARTINITO
¿Y usté quién es pa mandarme a mí eso?

JUANITO
Er novio de Anita, na más.

MARTINITO
Retirándose de él. ¡Se vive!

GERARDO
Vamos, hombre, no te pego yo un guitarraso...

MARTINITO
¡Se vive!

GORO
Agarrando una silla. ¡Tampoco te aguanto yo mucho pitorreo con er «se vive»!

MARTINITO
Huyendo. ¡Se vive de milagro! La primera imitasión ha tenío mala sombra.

La Mamá de la Trompita toca otra vez las palmas.

BECERRA
¡Va!

MAMA
Un paliyo.

GORO
¡Grasias a Dios! ¡Ya paese que ha acabao aqueya bayena! Toca las palmas él. ¡Beserra!
Becerra. Me yamo.

GORO
Tráeme... la cuentesita.

BECERRA
No se debe na.

GORO
¿Pos quién ha pagao?

PEPE
Yo.

GORO
¿Tú?

PEPE
Yo, que perdí la apuesta. Si te di la broma que te di fue pa reírme un rato. Y ahora en serio te digo que mires bien que jugá con la fama de las mujeres es muy triste pa eyas, y a lo mejó un poquito expuesto pa los hombres.

GORO
¡Mardito sea er betún! Le pega dos golpes a Correa, desahogando su mal humor.

CORREA
Despertando sobresaltado. ¡Eh! ¡eh! ¿Quién ha sío?

GORO
¡Yo!

CORREA
¡Y ole!

JUANITO
(A Pepe el Serio) Amigo, déme usté esa mano. Es usté un hombre de los que van quedando pocos.

PEDRO
Pocos van queando; es verdá.

PEPE
Yo no soy más que un hombre serio. Pero más seria toavía que yo ha resurtao Anita la Risueña.

Tomando en la mano una copa. ¡Vaya por Anita!

JUANITO
(Imitándolo) ¡Por Anita!

VARIOS
(Lo mismo) ¡Por Anita!

(Música)

JUANITO
Engañosa es la risa
de las mujeres,
que engaña a quien las ronda
y a quien las quiere.
Pero es lo sierto
que suele ser la espuma
der vino bueno.
Todos. ¡Pero es lo sierto
que suele ser la espuma
der vino güeno!



FIN


Información obtenida en:
https://archive.org/details/anitalarisueaz00vive

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