viernes, 14 de agosto de 2015

La Siega (Libreto)



LA SIEGA


Zarzuela en un acto y en prosa.

Original de Gonzalo Cantó.

Música de los maestros Reveriano Soutullo y Lorenzo Andreu.

Estrenada en el Teatro de Novedades el día 11 de Junio de 1909.


REPARTO (Estreno)

Adela - Srta. Fabinós.

Rosa - Srta. Torregrosa.

Doña Margarita - Sra. Villanueva.

Don Cándido - Sr. Lía.

El Tío Blas - Sr. Díaz.

Román - Sr. Medel.

Nicomedes - Sr. Rebull.

Segador 1º - Sr. Gómez.

Segador 2º - N. N.

Coro general de segadores

La acción en las afueras de un pueblo de Castilla —Epoca actual del estreno.


ACTO UNICO

Decoración. A la izquierda, primer término, casa de campo con puerta y ventana practicables; la ventana dando frente al público. A la derecha, primer término, casa de labor, de aspecto humilde, puerta practicable. En segundo término, a continuación de la casa, un corral con puerta y cerradura practicables. Junto a la puerta del corral, de espaldas al público, una rústica carreta, practicable de modo que pueda girar sobre el eje de las ruedas; está cargada de mieses, con la lanza y el yugo caídos; en torno de ella varios sacos de trigo.

Al foro campo. En primer término, hacia la izquierda, mieses hacinadas. Gran horizonte. La acción empieza al atardecer.


ESCENA PRIMERA

Román y Coro de campesinos.

Román sale mirando a un lado y a otro tembloroso y agitado; el Coro le sigue cautelosamente.

(Música)

CORO
Román, Román,
¿por qué corres así?
¿qué buscas por aquí
con tanto afán?

ROMAN
(Con la mano cerrada)
Todo inútil, todo en vano,
pero yo averiguaré...
no me atrevo a abrir la mano
y lo que hay dentro no sé.

CORO
Ya sabrás que a Nicomedes
tienes ahora por rival,
con que vete y no te quedes
porque estás aquí muy mal.

ROMAN
Verla deseo.

CORO
Ya se adivina,
si ella quisiera.

ROMAN
¡No ha de querer!
¡pues ya lo creo!

CORO
ROSA no opina
de igual manera.

ROMAN
¡Pues ha de ser!

CORO
Muy preocupado
del campo vienes,
¿qué es lo que tienes?

ROMAN
Ya os lo diré.

CORO
Qué reservado,
qué distraído,
¿qué te ha ocurrido?

ROMAN
Ni yo lo sé.
Pues es el caso...
mas... no me atrevo,
no sé si debo
decirlo.

CORO
Sí.

ROMAN
(Dudando)
Dejadme paso
porque sospecho
que esto es estrecho
ya para mí.

CORO
Vacila, duda,
se agita inquieto,
algún secreto
quiere ocultar.
Habla y acciona
sin darse cuenta,
aunque aparenta
disimular.

ROMAN
Yo he venido a ver a Rosa,
pero luego volveré
que he de hablarle de una cosa
cuando el tío Blas no esté.

CORO
Si al tío Blas
no quieres ver,
ya nos dirás
lo que hay que hacer.

ROMAN
Pues decidla que si hay modo
de podernos ver los dos,
que yo estoy dispuesto a todo,
nada más. Adiós.

CORO
Adiós.
Tu exaltación
dinos lo que es.

ROMAN
No es ocasión,
hasta después.

CORO
Tú eres sagaz,
tú eres atroz.

ROMAN
Dejadme en paz.

CORO
Baja la voz;
si aquí te ven,
pobre de ti.

ROMAN
Por hoy no hay quien
me tosa a mí.
¿Le haréis saber?

CORO
No digas más.

ROMAN
Hoy la he de ver.

CORO
Hoy la verás.
¿De qué tendrán
que hablar los dos?
Adiós, Román.

ROMAN
Adiós.

CORO
Adiós.

(Vase Román, no sin mirar a todas partes; el Coro sigue el mismo juego escénico y vanse sigilosamente por el foro derecha)


ESCENA II

Doña Margarita, Don Cándido y el Tío Blas, que regresan de paseo por el foro izquierda.

(Hablado)

MARGARITA
¡No puedo más, no puedo más, y no puedo más! (Muy fatigada)

BLAS
(A don Cándido aparte) ¿Oye usted lo que dice?

CANDIDO
(Aparte) No le haga usted caso; el que no puede más soy yo, que estoy de ella hasta... bueno, ya le diré otro rato hasta donde estoy de ella. (El tío Blas ríe)

MARGARITA
Con tu manía de respirar mucho oxígeno me vas a matar.

CANDIDO
Eso es lo que yo quiero.

MARGARITA
¿Cómo?

CANDIDO
Que te canses para que puedas dormir... (y dejarme a mí en paz)

MARGARITA
Pero estos paseos son demasiado largos.

CANDIDO
(No veo a Rosita por aquí) (Mirando por la escena)

MARGARITA
¿No me oyes?

CANDIDO
Sí, mujer, no te exaltes; esto es muy sano, ¿verdad, tío Blas?

BLAS
¡Que si es sano!... Aquí, en el campo, cuando sale el sol es para todos.

MARGARITA
Como en todas partes.

CANDIDO
Dice bien el tío Blas; fumemos. (Saca la petaca y le ofrece un pitillo)

BLAS
El aire es puro, el campo es puro, esto es puro.

CANDIDO
No, que es un pitillo.

BLAS
Se agradece.

CANDIDO
El campo es muy sano y a ti te conviene, porque eres histérica.

BLAS
¡Digo, y a la señorita Adela que desde que corre por la era y por el monte parece otra! ¡es muy alegre!

MARGARITA
Demasiado. A ella y a su tío hay que tirarles de la cuerda.

CANDIDO
(Aparte) Y a ti hay que tirarte de cabeza al pozo.

MARGARITA
Ea, me retiro, que el relente es malo para el reuma y estoy de dolores que no puedo valerme. Vamos arriba para que me des las friegas antes de acostarme.

CANDIDO
¿No te esperas al eclipse?

MARGARITA
No estoy para ver fenómenos.

CANDIDO
Pues eso me pasa a mí, y si te doy las friegas... Además, he perdido los lentes y no veo...

MARGARITA
¡Mejor! (Medio mutis)

CANDIDO
(Al tío Blas, sin darse cuenta) ¿Dónde se habrá metido esa chica?

BLAS
¿Qué chica?

CANDIDO
(Disimulando la equivocación) Adela, mi sobrina.

BLAS
Dicen que dijo que se marchaba a casa del tío Colorao, y que de allí la acompañarán, eso al menos dijo mi chica.

CANDIDO
¡Ahí ¿Eso ha dicho Rosita?

MARGARITA
Buenas pécoras están las dos. Cuando venga mi sobrina que suba a verme. Tiene tus ideas inculcadas.

BLAS
Incul... ¿qué?

MARGARITA
¡Vaya usted al cuerno, hombre! y tú, (Imperativamente) ven a darme eso. Estoy rendida.

CANDIDO
No vales un pitoche.

BLAS
Eso digo yo, no vale usted para nada.

MARGARITA
Y usted, ¿qué sabe? Pues gracias a esta medallita estoy menos mal; es una medalla milagrosísima, no me separo de ella, y desde que la llevo no tengo tantos dolores.

CANDIDO
Algunos habías de tener ya que Dios no nos ha dado hijos.

MARGARITA
Vamos, vamos,  tomaré un par de huevos pasados por agua... y a la cama.

CANDIDO
¿Un par de huevos? Espera, voy a ver si han puesto las gallinas para que los tengas frescos. (Doña Margarita entra en la casa de la izquierda. Don Cándido dice misteriosamente al tío Blas:) Ahora que ya no está mi mujer, vaya usted a enterarse de lo que ha ocurrido entre los segadores, porque estoy en brasas y lleno de curiosidad.

BLAS
Mucho cuchicheaban y parece que al vernos cambiaron de conversación; pero yo averiguaré, porque ese Román quiere que yo haga una que sea sonada y como venga a rondar otra vez a mi chica... ¡Se acuerda del tío Blas!

CANDIDO
¡Vaya usted! ¡Vaya usted! (Vase el tío Blas por el foro izquierda) ¡Qué nota de color forman los segadores... y las segadoras!... ¡Ay, y qué guapotas son algunas, aunque a mí me lo parecen todas. ¡Qué líos se traen entre ellos y ellas!... me muero por los líos... y por ellas. Pero mi mujer... que se acueste y así podré refocilarme un poco esta noche. ¡Que se acueste! ¡Si en vez de las friegas le pudiera dar... la gloria! ¡Con qué gusto se la mandaría a San Pedro facturada en doble pequeña y con un letrero muy grande que dijera: ¡Frágil! (Entra en el corral y cierra la puerta)


ESCENA III

El Tío Blas, Nicomedes y Segadores 1º y 2°.

BLAS
Pues enteraos de todo y decídmelo luego, y tú, (A Nicomedes) abre bien esas orejas, que pa mí que es Román el que anda rondando y si fuera él... ¿Por qué no le rompes la cabeza?

NICOMEDES
Porque le temo...

BLAS
¿Cómo?

NICOMEDES
Porque le temo a enfadarme, pero que no juegue conmigo.

BLAS
¿Contigo? Si acaso con tu novia, con mi chica, que no es costal de paja.

NICOMEDES
¿Jugar con ella? ¡Me lo como!

BLAS
¿El costal?

NICOMEDES
Y también la paja, y a él, como me llamo Nicomedes.

BLAS
Llamándote Nicomedes, ¿qué vas a comerte?

(Los Segadores 1º y 2° ríen)

BLAS
Si yo tuviera tus años y tu novia, no me haría sudar el kilo.

NICOMEDES
¡Qué kilos ni qué quintales! Así que herede a mi tío y el cura nos bendiga a su hija y a mí, y a mi tío le cante un responso, vengan sudores y trasudores, aunque sean por arrobas, que bien lo merece la chica.

BLAS
¡Malhaya pea la hora en que mi chica se enamoró de ese hombre. Va a la era y si está allí Rosa, dile que venga. Y vosotros (A los segadores) a esperar a los compañeros.

SEGADOR 1º y SEGADOR 2º
Vamos.

BLAS
Y si no, esperad, iremos juntos. (Vanse foro izquierda)


ESCENA IV

Adela vestida de segadora, por el foro derecha mirando muy recelosa, como temiendo ser descubierta.

(Música)

ADELA
Ya en casa me veo,
ligera volví,
que venga no creo
Román tras de mí.
Si alguno en acecho
me espía y me ve...
palpita mi pecho,
vacila mi pie.
Se apaga mi aliento,
empiezo a temblar...
¿Qué es esto que siento
que no sé explicar?
Luchando con un recuerdo
he salido a la ventura,
y por poco más me pierdo
con la noche tan obscura.
Me alejo de casa
apenas lo pienso,
mi amor era... inmenso,
mi pecho... un volcán.
Me fui por los trigos
alegre y contenta
y allí se presenta
de pronto Román.
Le dije sumisa:
— Quisiera marcharme.
— Que no tenga prisa
— me dijo — ya irás,
dejarte me pesa.
— Después nos veremos,
te espero en la presa.
— Pues ya presa estás.

Me desprendo de sus brazos,
salto por los trigos y huyo,
y el corazón a pedazos
traigo en vez de traer el suyo.

No puede cambiar
mi suerte cruel
pues he de ocultar
que fui presa de él.
Tener este amor
oculto, creí,
que el de un segador
no es digno de mí.

(Hablado)

¡Qué rústica gallardía! ¡Qué ojos tan grandes! Si es verdad que ellos son el espejo del alma... ¡Román debe tener una alma muy grande... y muy hermosa! ¡Y pensar que Rosa sea la dueña de ese corazón tan salvaje... y tan noble! ¡Oh, si él supiera que no soy lo que parezco... puede que no hubiese estado tan expansivo al brindarme su protección para entrar de segadora en mis propias trojes! (Suspira) Creo que he ido en esta ficción más lejos de lo debido... ¡como que no he debido ir tan lejos, no he debido, pero he ido! ¡Ah... si yo fuera aldeana me apoderaba en seguida de su corazón! ¡Qué fuego el suyo! ¡Así comprendo yo el amor! Si no huyo a tiempo... ¡quién sabe! tal vez hubiera descubierto quién soy, y entonces... ¿Y si me reconoce cuando me vea? ¡Bah, entre un segador y yo, que soy la señorita, ¿a quién van a creer? ¡Pobre Román! Andará loco buscando a su segadora... Voy a cambiar de traje antes de que puedan verme. (Va hacia la derecha a tiempo que sale don Cándido del corral con un huevo en cada mano, y le cierra el paso) ¡Ah! ¡Mi tío! (Sepárase y queda a la izquierda, ocultando el rostro)


ESCENA V

Adela y Don Cándido.

CANDIDO
¡Por vida de los lentes! Pero... calle, aquí hay gente; yo no veo, pero .. es una mujer, no cabe duda. (Olfateando)

ADELA
(Aparte) ¡Estoy perdida!

CANDIDO
Siento un olorcito a... que vamos, no se confunde con nada; como que es lo único que dilata las narices y ensancha el pecho. (Dando un resoplido y acercándose a Adela le dice:) ¡Te cogí! (Va a abrazarla, pero mira los huevos que lleva en la mano y se contiene) Rosa de Mayo, ¿por qué huyes?

ADELA
(Aparte) No me ha conocido. (Alto) ¿Yo? (Fingiendo la voz)

CANDIDO
Acércate, soy corto de vista. (Intenta darle otro abrazo y repite el juego anterior)

ADELA
(Aparte) Pero no de manos. (Alto) ¡Arre allá!

CANDIDO
(Vuelve a intentar lo del abrazo, pero se mira a las manos, se contiene y dice en un aparte al público:) ¡Si no fuera por el miedo de hacerlos tortilla... le daba un abrazo. (A  Adela alto) ¿Quieres servirme de lazarillo?

ADELA
Yo... (Fingiendo la voz)

CANDIDO
¡Qué manita tan suave para una segadora!

ADELA
¡Si viera usted qué bofetaditas tan suavecitas da!

CANDIDO
No serías tú tan capaz de darlas como yo de recibirlas. (Como dejándose querer y en extremo amable)

ADELA
(Aparte) Pues... como sigas así me parece que te las ganas. (Alto) Es usted mu... enamorao.

CANDIDO
Mu... mu... mucho. (Riendo)

ADELA
Y doña Margarita, ¿también es como usted?

CANDIDO
No, esa es de Loeches, completamente de Loeches. Por eso busco una rosa...

ADELA
Alguien llega. (Tapándole la boca; entra en la casa de la derecha)

CANDIDO
Hasta luego, Rosa de... de... (Siguiéndola se mira las manos) ¡Qué lástima! ¡Se me han debido cocer en las manos! ¡Y a mi mujer que le gustan frescos! ¡Estamos frescos! digo,
¡qué hemos de estar! ¡Por vida de!... (Entra en la casa de la izquierda)


ESCENA VI

Tío Blas, Rosa y Nicomedes por al foro izquierda.

BLAS
Ya lo sabes, Rosa, este y yo estamos muy cansados.

ROSA
Pues... siéntense ustedes. .

BLAS
Estás poniendo a Nicomedes en ridículo, y el papel que está haciendo no puede ser peor. (Nicomedes asiente a cuanto dice el tío Blas, accionando como él)

ROSA
Es para lo único que sirve.

BLAS
Román anda otra vez rondándote y... si es cierto lo que se murmura...

NICOMEDES
En cuanto me ha visto se ha ido arrastrando las orejas

BLAS
Es un gallina.

ROSA
No sabía yo que las gallinas tenían orejas.

NICOMEDES
Pues sí, es un gallina.

ROSA
No tiene fama de eso en el pueblo.

BLAS
Solo falta que tú le defiendas.

ROSA
No lo necesita.

BLAS
Te casarás con Nicomedes, ó no te casarás, y serás madre.

NICOMEDES
¿Pero cómo puede ser eso?

BLAS
Casándose con el Señor.

NICOMEDES
Tendrá que esperar a que enviude.

BLAS
No seas borrico; ¡con Dios!

NICOMEDES
Aguarde usted, que yo también voy.

BLAS
Si digo que se casará con Dios.

NICOMEDES
Mejor es conmigo, y que Dios me perdone.

ROSA
Con Román ó con nadie.

BLAS
Don Cándido no aprueba esa boda; además, si te casas con Nicomedes me perdona la deuda del rento atrasado.

ROSA
Usted sí que está atrasado; aquí quien manda es la señorita Adela. En cuanto a mí, tengo ya edad para casarme con quien quiera.

BLAS
¿Quién te lo ha dicho?

ROSA
El cevil.

NICOMEDES
Y ese, ¿qué sabe?

BLAS
No le conozco.

NICOMEDES
Ni yo.

ROSA
El Código cevil, ese me lo ha dicho.

BLAS
¿Sí? Pues ¿sabes lo que digo?...

ROSA
¿Qué?

BLAS
Que te andes con ojo, no sea que te rompa el qué digo en las espaldas. Razón tiene el cura al decir que esos librucos son... ¿Qué dice el cura que son? (A Nicomedes)

NICOMEDES
Más y más.

BLAS
Eso; más y más judías de esos perros protestantes. Tú, (A Rosa) a casa. Y tú (A Nicomedes) sígueme que como sea cierto lo de Román y le eche yo la vista encima, tendrá para rascarse una semana. (A Rosa) Así que venga la señorita Adela, no dejes de llevarles a los amos el refresco. (Vase foro izquierda)


ESCENA VII

Rosa; después Adela.

ROSA
Todos son contra Román y por eso le quiero más cada día; yo no puedo creer lo que de él mormuran los segadores; la señorita Adela, que se interesa por mí, se ha disfrazado de segadora para sorprenderle y averiguar la verdad y decírmela luego.

ADELA
(Misteriosamente, desde la puerta de la derecha) ¡Rosa!

ROSA
¡Señorita!

ADELA
Ven.

ROSA
Pero...

ADELA
Ya te contaré. (Entran en la casa)


ESCENA VIII

Coro General de Segadores; salen retozando, huyendo ellas de ellos.

(Música)

ELLAS
¡Ja, ja, ja, ja!

ELLOS
No te marches, ven acá;
no huyas así.

ELLAS
No te acerques tanto a mí.
— Calla, por Dios;
haya paz entre los dos.
— No puede ser;
tu intención se deja ver.

(Intentan abrazarlas)

¡Ay, qué atrevido!
— No haya querella.
— Tú te has creído
que yo soy ella.
— ¿Sería Rosa
la de esta tarde?
— Ella es celosa.
— Y él no es cobarde.
Que no es un santo
decirte debo.
— A decir tanto
yo no me atrevo.
— Los dos de acuerdo
quédanse atrás,
— Cuando la escena recuerdo
me avergüenzo más y más.

TODOS
Corre que te corre
van por un barbecho,
sintiendo que el pecho
les late a los dos.
Y para evitarle
de tantos testigos,
se van por los trigos
benditos de Dios.
Y aunque ella se oculta
para no ser vista,
seguimos su pista
por ver donde van;
y aunque a la tagala
no hemos conocido,
hemos comprendido
que él era Román.
Pero si éste a Roca
quiere desde niño
y ella su cariño
guarda siempre fiel,
tengo por seguro
que ella, desde ahora,
es la segadora
y el galán es él.
Parece mentira,
nadie lo creyera;
si el tío Blas supiera
lo que los demás.
Van al campo cuando
ya han hecho la siega,
¡cómo se la pega,
pobre tío Blas!

ELLAS
¡Ja, ja, ja, ja!

ELLOS
No te marches, ven acá, etc., etc.;
— ¡Ay, qué atrevido!
— No haya querella.
— ¿Tú te has creído
que yo soy ella?
— ¿Y por qué causa
no lo has de ser?
— Pues... no sé ahora
qué responder.


ESCENA IX

Dichos, Tío Blas por el foro; Don Cándido.

(Hablado)

BLAS
¿Ya estáis aquí todos? Pues andando a la era, que allí esperan los demás para ver el eclise y comer las migas con que nos obsequia el amo.

CANDIDO
(Desde la ventana) Id allá, que pronto tendrá lugar ese fenómeno tan curioso.

SEGADOR 1°
¿Y qué viene a ser eso?

CANDIDO
Pues el eclipse... viene a ser como un fenómeno.

SEGADOR 2°
Ya sé lo que es: como el hijo del tío Cosquillas, que tié una cabeza tan gorda que no se le tiene en los hombros y por eso le llaman el felómeno.

CANDIDO
No, hombre, no, es... ¿cómo te lo explicaré para que me entiendas? Es, por ejemplo: Blas que tuviera una luz y de pronto viniera un planeta a interponerse en su perímetro.

BLAS
¿Cómo?

CANDIDO
En el perímetro luminoso.

TODOS
¡Quiá! (Ríen y hacen signos de incredulidad)

BLAS
Yo os lo explicaré más claro, veréis: Figúrate (A un segador) que tú eres el sol, y perdona la comparanza, (Ríen todos) y ésta (Por una segadora) es la luna; bueno, pues figúrate que es de noche y te encuentras a ésta que tiene una luz, y te pones delante de ella y se la apagas... y te quedas... en el perímetro ese que ha dicho don Cándido; bueno, pues si sus quedáis solos y a oscuras... lo natural es que venga el eclise... ó sea el padre de ésta con una estaca .. y te rompa la cabeza... y... pues ahí tienes explicado el fenómeno y... (Haciéndose un lío) arrear pa la era, que dimpués sus lo explicaré mejor.

TODOS
Vamos, vamos. (Vanse riendo)

CANDIDO
(Con misterio) ¿Qué, ha sabido usted algo?

BLAS
Sólo sé que Román era el que andaba por esos trigos persiguiendo...

CANDIDO
¿A quién? ¿a quién? (Con curiosidad)

BLAS
Al demonio con faldas, porque hay cada mujer...

CANDIDO
(Sin poder contener la risa) ¿Y quién es ella?

BLAS
Ninguno lo sabe y si lo saben se lo callan, pero él tiene una prenda de ella, según dicen.

CANDIDO
¡Cuerno! ¿Y qué prenda es esa?

BLAS
Una medallita de la Virgen de Lourdes.

CANDIDO
(Estupefacto) ¡Zambomba! ¿Ha dicho usted de Lourdes?

BLAS
Sí, señor; pero ya se sabrá.

CANDIDO
(Aparte) Mi mujer es la única aquí que tiene esa medalla... ¡será posible! ¡oh, como sea ella!...

BLAS
Se quedó usted pensativo.

CANDIDO
¿Yo?

BLAS
No se preocupe que ya se sabrá y... ¡menuda escandalera que vamos a armarle!

CANDIDO
No, dejadlo que yo veré...

BLAS
¿Y es por ese hombre por quién mi chica está loca? Antes la mato. ¿No le parece a usted que es una barbaridad querer casarse con él?

CANDIDO
Querer... no es una barbaridad, pero casarse... sí que lo es.

BLAS
Yo prefiero que se case con Nicomedes.

CANDIDO
(Riendo) ¿Con Nicomedes? ¡Pero sí le dobla la edad!

.BLAS
¡Aunque se la doble! Yo le digo a ella que si se casa con Nicomedes, usted le ayudará. ¿No es eso?

CANDIDO
Se hará lo que se pueda; ya le ayudaré.

BLAS
Doña Margarita parece estar a favor de Román.

CANDIDO
Sí, ¿eh? (Aparte) Me explico lo de la medallita.

BLAS
Voy a ver que hace esa gente, no sea que venga el eclise antes de tiempo, poique en habiendo hombres y mujeres reunidos, sucede cada cosa...

CANDIDO
Tiene usted razón; allá voy en seguida.

(Vase tío Blas foro izquierda. Don Cándido cierra la ventana)


ESCENA X

Adela y Rosa que salen de la casa de la derecha mirando con recelo. Rosa llevará un vaso con refresco.

ADELA
Ya lo sabes todo: hasta después. Voy a reunirme con tu padre antes de entrar en casa, no sea que hayan sospechado algo.

ROSA
Yo les llevaré el refresco.

(Adela vase foro izquierda. Rosa llega hasta la casa de la izquierda a tiempo que sale de ella don Cándido, la detiene y conduce al centro de la escena con aire conquistador)


ESCENA XI

Rosa y Don Cándido.

CANDIDO
Ah, ¿eres tú, Rosita? Te doy las gracias por la puntualidad.

ROSA
(Le mira sin comprenderle) No hay por qué darlas.

CANDIDO
(Animándose) Pues yo estoy deseando que metías des.

ROSA
No comprendo.

CANDIDO
¿Conque tanto quieres a Román?

ROSA
Mucho.

CANDIDO
¿Más que a mí?... (Galanteador)

ROSA
¡Tanto!

CANDIDO
¡Tonta!

ROSA
Y si usted nos ayudara...

CANDIDO
A eso tiendo, pero... me tienes que dar lo de antes.

ROSA
¿Y qué es lo de antes?

CANDIDO
Las... bofetaditas.

ROSA
¿Está usted loco?

CANDIDO
Por ti... (Acercándose y alegrándosele los ojos)

ROSA
¿Es para usted el refresco?

CANDIDO
No, pero... no estaría demás. Conque, dame las bofetaditas y prometo arreglar vuestro asunto.

ROSA
¿De modo, qué...?

CANDIDO
Las bofetaditas ó me enfado.

ROSA
Puesto que usted lo desea... (Deja el plato con vaso en el suelo y le da un sonoro bofetón que le hace tambalear y le sostiene con otro en el lado opuesto, al ver que él intenta abrazarla)

CANDIDO
¡Ay!

ROSA
Duele, ¿eh?

CANDIDO
Me parece que no tienes la mano tan suavecita como antes.

ROSA
Conque, ya está usted satisfecho y confío en que me ayudará para que mi padre haga las paces con Román. (Coge el plato y vaso del suelo)

CANDIDO
Sí, pero antes necesito...

ROSA
¿Otras dos bofetaditas? (Intentando dejar el vaso en el suelo)

CANDIDO
No; necesito, primeramente, que tengas las manos quietas, y después...

ROSA
¿Otro refresco?

CANDIDO
(Mirándola embelesado) Casi, casi. Mira, para que hablemos de lo de Román, porque ocurren cosas graves, te espero luego en...

ROSA
¡Voy! (Como contestando a doña Margarita que supone la llama) Llama la Señora.

(Vase por la puerta izquierda)

CANDIDO
(Frotándose las manos) ¡Va! ¡Dice que va! Ya sabe dónde. No conviene irritarla porque... si me suelta otras dos bofetadas... ¡Aun me duelen! Después dicen que manos blancas no ofenden... ¡No ofenden, pero... levantan ampolla! (Vase foro)


ESCENA XII

Adela y Coro General por el foro.

(Música)

CORO
Ay, señorita,
oiga un momento,
a usted que tiene
tanto talento,
le suplicamos
que nos explique
que significa
lo del eclipse.
Por caridad,
díganos qué es.

ADELA
Pues escuchad.

CORO
Oigamos, pues.

ADELA
La luna, que es diosa,
se llama Diana,
y a fresca y hermosa
ninguno la gana
Se llama el sol, Febo,
de espléndida cuna,
y es guapo mancebo
que adora a la luna.
Las citas nocturnas
el sol le propone,
la luna le adora,
no se hace esperar,
por eso la tierra,
que es madre, se opone,
al ver que a esa hora
daría que hablar
El sol a la luna
seguir se propone,
mas siempre oportuna
la tierra se opone.
Y aunque él se aprovecha
de la obscuridad,
la tierra le acecha
con sagacidad.

CORO
La cita y la hora
de hablar con la luna,
para una señora
no es muy oportuna.
Si el sol se aprovecha
de la obscuridad
y estalla la mecha,
habrá tempestad.

ADELA
Las muchas estrellas
y el caso no es huevo
murmuraran entre ellas
de Diana y de Febo.
Y al verlos tan tiernos
la gente se escama,
por miedo a los cuernos
tal vez de la dama.
Como ella es tan débil
y él rubio y fogoso,
le está haciendo el oso
con mala intención.
La Tierra se opone,
aunque a ambos les pese,
a fin de que cese
la murmuración.

CORO
También tu me citas
de noche y a obscuras,
porque te figuras
que a mí me la das.
Mas no te propongas
seguir mi camino,
porque ya adivino
con qué intención vas.

El sol a la Luna
seguir se propone, etc.

CORO
La cita y la hora
de hablar con la Luna, etc.

(Debe cantarse solo la primera parte y en caso de re petición se cantará la segunda letra. Vase el Coro por distintos lados. Adela entra en su casa)


ESCENA XIII

Nicomedes y Blas.

NICOMEDES
Pues sí, Román tiene una prenda de amor de esa... de esa que andaba con él por los trigos y estoy muy escamao porque oí que hablaban de Rosa y de él.

BLAS
De algo te habían de servir tener esas orejas tan grandes.

NICOMEDES
Decían que Rosa y Román tienen cita esta noche, pero lo que yo quisiera saber es qué prenda es esa que dicen que tiene él.

BLAS
¡Vete a saber!

NICOMEDES
¿Usted también cree que sea Román el que...

BLAS
(Pensativo) ¡Vete a saber y... vete de aquí, si no quieres que te pegue un puntapié; me estáis amargando la bilis entre todos y ya no respondo de mí! (Entra en su casa. Nicomedes vase por el foro)


ESCENA XIV

Adela y Rosa salen de la casa.

ADELA
El estará en la presa a esa hora, así me lo prometió, de modo que me sustituyes, acudes allí y .. hacéis las paces.

ROSA
¿Pero cómo es posible que él no la haya conocido?

ADELA
Era ya tarde y yo me recataba, y como el traje era el tuyo...

ROSA
Ya me presa, digo, ya me pesa. ¿Y se ha propasado?

ADELA
¿Qué dices? No se lo hubiera yo consentido.

ROSA
Como usted es más bonita que yo...

ADELA
No te preocupes y cuenta conmigo para todo. (Al dirigirse hacia el foro oyen que llama doña Margarita que se asoma a la ventana. Rosa quedará muy pensativa)


ESCENA XV

Dichas y Doña Margarita.

MARGARITA
¡Rosa!

ROSA
¡Señora!

ADELA
¿Pero no se acuesta usted todavía?

MARGARITA
No, se me escapó el sueño y mi marido.

ADELA
¿El tío?

MARGARITA
El tío, sí, el muy tío.

ADELA
¡Tía!

MARGARITA
¡Tío, digo yo! Has de saber que el muy... ¡Dios me perdone, le dijo a Rosa que le diera dos bofetaditas!

ADELA
¡Qué horror! ¿Y se las diste?

ROSA
¡Que iba a hacer!...

MARGARITA
Sacarle los ojos.

ROSA
¡Señora! (Adela ríe)

MARGARITA
Tienes razón, eso es cosa mía; luego dijo que la esperaría... ¿Dónde dijo?

ROSA
En... la... presa. (Adela le tira de la falda)

MARGARITA
En presidio debía esperar. Le habrás dicho que irás.

ROSA
¿Yo?

MARGARITA
Has hecho mal, digo, has hecho bien, digo, no sé lo que me digo, iré yo.

ADELA
¿Tú?

MARGARITA
Nada, nada; yo.

ROSA
Puede que quiera otras dos bofetaditas.

MARGARITA
Pues se va a encontrar con una mano de bofetadas, que ni de encargo. ¡Pegármela a mí, ese viejo verde! ¡Se las pego, vaya si se las pego! ¡Y le araño encima! (Cierra la ventana)

ADELA
Pero ¿qué has dicho? Ese es el sitio de la cita con Román.

ROSA
Por eso lo he dicho, ya que quiso serme infiel, que se encuentre con la señora y que la arañe, porque ¿á qué y para qué le dio, a usted esa cita? ¡infame!


ESCENA XVI

Dichos y el Tío Blas.

BLAS
(A Rosa) ¿Es que no tienes nada que hacer? (De mal talante)

ROSA
Iba a acompañar a la señorita.

BLAS
Ve sacando las cosas que ya están todos esperando, y... ¡cuidadito con moverte de casa sin mi permiso, que ya ajustaremos luego cuentas!

ROSA
Todo está listo.

BLAS
A mí no se me replica.

ADELA
¡Pero tío Blas!...

BLAS
Dispénseme usted, señorita, pero es que esta necesita mucha leña.

ADELA
Vamos, no sea usted gruñón.

ROSA
¡Jesús, qué genio! (Vanse Adela y tío Blas por el foro y Rosa entra en su casa primera derecha)


ESCENA XVII

Doña Margarita a la ventana.

MARGARITA
Se fueron todos, pero mejor será que me salga por la puerta que da al huerto, y cuando me crean en la cama, voy y le... (Acción de arañar) ¡Dios mío, que no falte! (Cierra la ventana)


ESCENA XVIII

Nicomedes, foro izquierda.

NICOMEDES
No cabe duda, era Román, porque todos los demás están en la era; vendrá para hablas con Rosa y... ¡ahora sí que no se me escapa! Desde aquí observaré. (Da varias vueltas buscando donde esconderse, y al -ver la carreta lanza una exclamación de alegría, se sube a la carreta y se esconde entre los haces de trigo)


ESCENA XIX

Nicomedes, en la carreta escondido; Don Cándido, por el foro y Rosa, por la casa.

CANDIDO
(En voz baja y andando de puntillas) Voy a ver si esa chiquilla trae las migas. ¡Yo sí que haría unas migas con ella!...

NICOMEDES
(Escondido) ¡Ahí está!

CANDIDO
Diré que vengo a ayudarle. ¡Esta picara vista! Me colocaré aquí, y cuando salga .. (Se coloca de espaldas a la carreta. Un instante después aparece Rosa con una cesta al brazo en la que llevará viandas para comer las migas; con ambas manos sostiene una gran fuente de puches; simultáneamente y con objeto de atisbar lo que ocurre, Nicomedes sube a lo más alto de la carreta, y como ésta no tiene más que un punto de apoyo, que es el eje de las ruedas, al ascender Nicomedes cambia el centro de gravedad de la carreta y ésta verifica un movimiento de balanza, cayendo estrepitosamente Nicomedes al suelo con parte de la carga de mieses. Don Cándido, a quien se le viene encima todo aquello, da un brinco cómicamente prodigioso, y cae sobre Rosa que en ese instante aparece en la puerta. Don Cándido mete ambas manos en la fuente de las puches, que cae al suelo rompiéndose en pedazos. Rosa, sin explicarse lo que pasa, da un grito indefinible y se mete en su casa, mientras Don Cándido, con la cabeza llena de paja, del trigo que se le ha caído encima y vislumbrando un peligro, ve su salvación en el corral cuya puerta está abierta, y allí se mete para ocultarse. Nicomedes, que ha caído rodando, al ver que se mete un hombre en el corral y creyendo que es Román, se levanta apresuradamente, cierra la puerta del corral y echa la llave. Rosa se encierra en la casa. Toda esta escena ha de ser tan rápida como cómica y queda confiada al talento de los actores. Junto a la carreta habrá unos sacos que se suponen llenos de trigo, a fin de que la calda sea mis suave y no se haga daño el actor) ¿Qué es esto? (Metiéndose en el corral)

ROSA
¡Ay! (Idem en la casa)

NICOMEDES
¡Al fin caíste en la ratonera! (Después de encerrar con llave a Don Cándido en el corral, sale por el foro gritando:) ¡Tío Blas, tío Blas!


ESCENA XX

Doña Margarita, vestida de segadora, sale huyendo de Román que la persigue; a las voces de socorro, salen los Segadores 1° y 2º y parte del coro.

MARGARITA
(Dentro) ¡Favor! ¡Socorro!

SEGADOR 1º
¿Qué es eso? (Con faroles en la mano los dos Segadores)

SEGADOR 2º
¿Usted de Segadora? (Con extrañeza)

MARGARITA
Me persiguen.

SEGADOR 1º
¿Quién?

ROMAN
(Aparece, quedando petrificado en medio de escena al ver a doña Margarita)

SEGADOR 1º y SEGADOR 2º
¡Roman1
!
MARGARITA
¡El! (Cubriéndose el rostro)

ROMAN
(Admirándose y contrariado al ver que no es la segadora que él busca) ¡Qué vieja y qué facha!

SEGADOR 1º
¡Valiente conquista has hecho! (Aparte a Román)

ROMAN
¡Ca, si no es ésta la que busco, pero ya aparecerá!


ESCENA XXI

Dichos, el Tío Blas, Nicomedes, Rosa y Don Cándido.

NICOMEDES
(Muy contento) Venga usted, venga usted. (Por el foro)

BLAS
¡Eres un valiente! ¡Román! (Al verle queda estupefacto y Nicomedes se rasca la cabeza convencido de que ha metido la pata.

NICOMEDES
¡María Santísima! (Doña Margarita se vuelve de espaldas, para que no la vean)

BLAS
¿No decías que le tenías encerrado en el corral?

NICOMEDES
(Confuso) Sí... pero...

BLAS
¿A quién has encerrado?

NICOMEDES
Pues... ¡vaya usted a saber!

BLAS
(A Román) ¿Con qué querías robar a mi chica?

ROMAN
¡Ah! ¿Luego era ella la de la cita?

NICOMEDES
Sí, Señor. (Rotundamente)

CANDIDO
(Dentro) Abrid, abrid.

MARGARITA
¡Mi marido!

BLAS
¿Pero... señora, usted con ese traje? ¿Qué significa?

MARGARITA
Déjese de aspavientos que ya le explicaré...

BLAS
(A Nicomedes) Abre, abre ó te abro la cabeza. (Le quita la llave, abre el corral y sale don Cándido de él lleno de pringue y de paja. Estupefacción general. Al ver a su marido doña Margarita da un grito y con ademán amenazador le lleva cogido de las solapas hacia la izquierda:)

TODOS
¡Don Cándido!

MARGARITA
¡Infame!

CANDIDO
¡Horror, mi mujer!

MARGARITA
¿Tú? ¡y en qué estado!

CANDIDO
¡Casado, por desgracia!

BLAS
¿Usted en el corral?

CANDIDO
Yo, sin pluma y... cacareando.

MARGARITA
Granuja, pillo, por ti me veo así, vestida de mamarracho.

CANDIDO
¡Aparta! (Quedan hablando bajo)

BLAS
Ahora sabremos la verdad. ¡Rosa! (Llamando)

ROSA
(Saliendo de la casa) Padre, por Dios.

BLAS
Explícate.

ROSA
Román es inocente.

BLAS
¿Y tú?

NICOMEDES
¡Vaya usted a saber! (Hablan bajo)

CANDIDO
En cambio, tú te disfrazas para repartir medallitas.

MARGARITA
¡Poco a poco!

CANDIDO
Román tiene esa prenda tuya.

ROMAN
(Mostrando la medallita) Aquí está. (Curiosidad en todos)

MARGARITA
Y aquí la mía. (Enseñando la que lleva en el pecho)

CANDIDO
¡Tapa, tapa! (Doña Margarita y don Cándido quedan A la izquierda hablando acaloradamente. Rosa, Blas y Nicomedes a la derecha, Román y los Segadores 1º y 2º en el centro formando grupo)


ESCENA ULTIMA

Dichos y Adela, acompañada de algunas segadoras.

ADELA
¿Qué hacen ustedes aquí con tanta calma? todos están impacientes en la era.

ROMAN
(Retrocediendo con asombro) ¡Ah! ¡Esta es!

TODOS
¿Cómo?

ADELA
(Aparte) Román; ¡serenidad!

TODOS
¡La señorita!

ROMAN
¡La misma! (Sin dejar de mirarla)

ADELA
(Dominándose) Pero tía, ¿qué disfraz es ese? (Aparte por Román) ¡Cómo me mira!... ¡No me delates, corazón!

MARGARITA
Esta medalla y esta otra las compramos Adela y yo en Lourdes el verano pasado. (A Adela) Enséñales la tuya. (Todos muestran gran curiosidad y están atentos)

ADELA
La... No la tengo. (Con gran aplomo)

TODOS
¿Cómo?

ROMAN
Es verdad, esta medalla es de la señorita.

ADELA
(Sin inmutarse) No, de Rosa.

ROMAN
¿Qué?

ROSA
¿Mía? (Colocándose al lado de Adela)

ADELA
(Aparte) No me descubras y te casarás con él.

BLAS
¿Tuya? (Colérico)

ROMAN
¡Estaré soñando! (Aparte y sin dejar de mirará Adela)

ADELA
Se la di el otro día.

BLAS
¿Luego eras tú la que andabas por esos trigos?

ROSA
Yo no me he movido de casa, que lo diga don Cándido que fue el que me rompió los cacharros.

CANDIDO
Ha sido Nicomedes que se tiró de la carreta. (Aparte a Nicomedes) No me descubras y cuenta con mi ayuda.

NICOMEDES
¿Yo?

BLAS
Quita de ahí, orejones.

ROMAN
Pero la medalla...

ADELA
Rosa la perdió al recoger las hoces en la ras trojera.

BLAS
¿Y cómo ha llegado a manos de éste? (Por Román)

CANDIDO
Porque son milagrosísimas, ¿verdad mujer?

ADELA
Vaya, los chicos se quieren, deje usted que se casen y le perdono el rento y a ellos les nombraré mis arrendatarios.

BLAS
¡Qué remedio!

ADELA
Pues hecho. (A Rosa) ¿Estás contenta?

ROSA
Sí; pero con una condición.

ROMAN
Y yo con otra.

ADELA
Vengan condiciones.

ROMAN
Que usted ha de ser la madrina. (A Nicomedes) Y tú el padrino.

NICOMEDES
¡Nunca!

ADELA
Te encargarás desde hoy de las tierras del regadío.

NICOMEDES
Nunca... esperaba tener tanta alegría... y tanta pena.

ROMAN
(Aparte a Rosa) De modo que tú, de acuerdo con la señorita...

ROSA
(Aparte a Román) Sí, pero calla y demos gracias a su generosidad.

ROMAN
(Dándole la mano a Adela y deteniéndosela un momento, dice al soltarla con cierta amargura y sin dejar de mirarla) ¡Gracias! (Aparte) ¡Por qué no habré nacido señorito!...

ADELA
¡Por qué no habré nacido aldeana! ¡lástima de corazón! (voces dentro, salen todos) ¡El eclise, el eclise!

CANDIDO
Quedáis todos convidados a la boda.

ADELA
Y que será de rumbo.

CANDIDO
Mirad cómo se oculta la luna, mirad...

NICOMEDES
Sí, se oculta; para mí ha sido el eclise.

ROMAN
Y para mí.

ROSA
¿Por qué?

ADELA
Porque se han quedado a la luna de Valencia. (Todos miran al cielo para ver el eclipse)



TELON


Información obtenida en:
https://archive.org/details/lasiegazarzuelae00sout

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