miércoles, 30 de septiembre de 2015

El Padre Cura (Libreto)



EL PADRE CURA



Zarzuela en un acto y en prosa.

Original de Manuel Moncayo.

Música del maestro Manuel Penella.

Estrenada en el Teatro Apolo el día 9 de abril de 1908.


REPARTO (Estreno)

Fermina - Srta. Palou.

Carmen / Alcaldesa - Srta. Moreu.

El Padre Ignacio - José Mesejo

Roque (Alcalde) - Sr. Moncayo.

Don Venancio - Sr. Ruiz de Arana.

Tolentino - Sr. Manzano.

Victoriano - Sr. Carrión.

Eulogio - Sr. A. Soriano.

Román - Sr. Medina.

Gabino - Sr. Moreno.

Secretario - Sr. Gordillo.

Rafael / Juan - Sr. Gadea.

Cabo de Miqueletes - Sr. Sánchez.

Mozo 1º - Sr. Picó.

Un Mozo - Sr. Gadea.

Un Chico - N. N.

Coro general.

La acción en un pueblo de Bilbao. —Epoca actual (la del estreno)

Derecha é izquierda, las del actor


ACTO UNICO

Plaza de una aldea próxima a Bilbao. A la izquierda fachada de iglesia pobre; sobre la puerta un San Luis de piedra. Una escalinata da acceso a la puerta, que será practicable. En primer término banco de piedra. A la derecha, primer término, casa con puerta practicable. En último término arboleda, iniciando un camino y en su principio un poste en forma de cruz con un letrero que dice: «Carretera de Bilbao». Al fondo, hondonada que cubre la arboleda y a lo lejos vista de la ría de Bilbao, viéndose grandes chimeneas de fundición. En último término un cable metálico (cuerda), cruzará la escena de parte a parte, con inclinación suficiente para que los cubos de mineral, empujados desde la derecha, crucen la escena rápidamente y desaparezcan por la izquierda. Es de día con sol. Los cubos serán lanzados cuando el ejemplar lo indique.


ESCENA PRIMERA

El Padre Ignacio. Luego Venancio. Coro de Hombres, interno.

(A los pocos compases del número sale el Padre Ignacio de la iglesia con un jarro de agua y lentamente va regando las plantas y flores que crecen en macetas adosadas a la fachada de la iglesia)

(Música)

CORO
(Dentro)
Este sol del mes de Julio
no debiera quemar tanto
y correr como una bala
y no salir tan temprano.

Niebla de Bilbao
llega con el viento
y fórmale un toldo
a los jornaleros;
que empieza el trabajo
y este sol de Julio
nos está abrasando.

(Hablado)

PADRE IGNACIO
(Mirando hacia donde se oye el Coro) ¡Razón tenéis, que bajo el sol de Julio no es posible trabajo humano!

VENANCIO
(Por su casa, la de la derecha) Vamos a la mina. (¡Don Ignacio!... ¡Mal encuentro pa tan temprana hora!)

PADRE IGNACIO
¡Hola, Venancio! ¿A dónde tan de mañana?

VENANCIO
A la mina voy; no quiero perder de vista a los jornaleros. Esta mañana han holgado mucho y cuando no me ven échanse el alma a la espalda y el trabajo al tiempo.

PADRE IGNACIO
¿Y crees que tu presencia les hará trabajar más?

VENANCIO
¡Naturalmente!

PADRE IGNACIO
¡Pobrecillos! ¡Lástima da verlos en la mina, que más bien parece infierno de alma pecadora!

VENANCIO
¿Y qué? ¿Acaso no trabajé yo como ellos en estas mismas montañas?

PADRE IGNACIO
Sí, ciertamente.

VENANCIO
Pues déjeles que trabajen como yo trabajé. ¡Que piensen! Que ahorren, y algún día llegarán a donde yo he llegado.

PADRE IGNACIO
¡O no llegarán, Venancio! Ellos piensan a su modo, ahorran lo que pueden, pero ninguno hallará en su camino la protección que tú encontraste.

VENANCIO
(Amoscado) ¡Vaya, eso es echarme en cara la que hizo usted por mí!

PADRE IGNACIO
¡No, por Dios! Yo no te echo en cara lo que hice por ti, ni aun quiero recordarlo. ¡Jamás de la semilla que planté en las almas esperé el fruto! Lo que quiero es que te compadezcan de esos desgraciados, que con su trabajo arrancan a la tierra el mineral que te enriquece.

VENANCIO
Paréceme que está usted predicando en desierto. (Medio mutis)

PADRE IGNACIO
Pues por ti lo siento.

VENANCIO
Yo no necesito consejos de nadie; me bastan los años. (Vase)

PADRE IGNACIO
(Con pena) ¡Ve con Dios y que El te guarde! No es el mismo, ha cambiado su alma.


ESCENA II

El Padre Ignacio, Carmen, Eulogio, Román y Mozo 1°. Vienen por el último término derecha dando fuertes voces. Carmen, que viste de gitana pobre, sale a remolque de los mozos, que a empellones la conducen a la presencia del Padre cura.

CARMEN
(Desde dentro) ¡Por Dió! ¡Por la Virgen! ¡Por vuestros hijos!...

PADRE IGNACIO
(Sobresaltado) ¡Qué pasa! ¡Qué es eso! (Aparecen todos)

EULOGIO
Echa pa delante, que a la ría vas a ir de cabeza.

PADRE IGNACIO
¡Eh!

MOZO 1º
¡Ladrona, más que ladrona; a la cárcel vas a ir!

CARMEN
¡Sortarme, que yo no he robao a naide!

PADRE IGNACIO
Pero, ¿qué es eso, muchachos?

ROMAN
(Bajando la voz y descubriéndose) Perdone, padre, si venimos deteste modo, pero es el caso que hallemos a esta gitana robando fruta en el camino.

PADRE IGNACIO
¡Robando!

MOZO 1º
Sí, señor; y de su mismo huerto, padre.

CARMEN
Yo hablaré.

ROMAN
Cállate, mala pécora.

EULOGIO
Nosotros habíamos pensao tirarla a la ría.

PADRE IGNACIO
¡No, eso no, por Dios! ¿Tendríais valor para cometer semejante crimen?

ROMAN
Es una gitana, padre.

PADRE IGNACIO
Es una mujer como las demás.

MOZO 1º
¡Una ladrona!

EULOGIO
¡Y una condenada!

CARMEN
¡Eso no!... Dejarme hablá.

EULOGIO
(Amenazándola) ¡Si no callas!...

PADRE IGNACIO
Vaya, muchachos, aplacad vuestra ira, moderar vuestras palabras y dejarla hablar. Todo delito tiene su defensa y justo es saber la suya; soltadla.

EULOGIO
¿Y si se escapa?

PADRE IGNACIO
Soltadla, que no se irá; mi cariño la sujetará mejor que vuestros abrazos. (La sueltan)

CARMEN
(Con emoción) ¡Pare Cura!... (Pausa)

PADRE IGNACIO
¿Por qué callas?... Habla.

ROMAN
No sabe mentir.

PADRE IGNACIO
Buena señal. Vamos, contesta sin miedo: ¿qué te guiaba por ese camino? ¿qué buscas en la paz de este pueblo?

CARMEN
A mi Rafaé.

PADRE IGNACIO
¿A tu Rafael?

CARMEN
Sí, señó; mi... novio. Salió ayer tarde de la carse de Birbao y por ese camino lo guió el hambre.

PADRE IGNACIO
¿Y a qué viene aquí?

CARMEN
A trabajá.

PADRE IGNACIO
¿Es minero?

CARMEN
No zeñó; es... es... (Indicando ladrón con los dedos)

PADRE IGNACIO
¡Ladrón!

CARMEN
Zí zeñó, ese es su ofisio.

PADRE IGNACIO
¿Y tú, por qué le buscas; por qué le sigues?

CARMEN
Pa yorarle, pare; pa suplicarle por la Virgen Santa, que no sea asina, que trabaje. ¡El tié güeñas manos!

EULOGIO
(Con intención) ¡Y tan buenas!

CARMEN
Pero er pobresito, está emperrao con el robo. Pa él, er robá es un visio como er tabaco. ¡Er día que no ha robao argo, lo tié usté muñéndose de pena!

PADRE IGNACIO
¿Y tú le suplicas que no robe?

CARMEN
Sí señó.

ROMAN
Diga usté que es mentira; ella, es tan ladrona como él.

EULOGIO
Díganlo si no las manzanas de su huerto, padre.

ROMAN
¿Por qué robabas la fruta?

CARMEN
¡Por el jambre, que me jasía caé redonda en er camino!

PADRE IGNACIO
¿Por hambre?

CARMEN
Sí, pare: ¡por jambre! De Bilbao salí sin peaso e pan que llevarme a la boca; tomé carretera arriba, con esperanza de encontrá por er camino arguna güeña arma que aplacase mi jambre y me diera fuersa pa seguir er camino. ¡Naide me jiso caso! Tos gorvían la cara al verme y me desían cosas que no entendía. Rendía de angustia, miraba pa tos los laos der camino, buscando argo, na... Los árboles, llenos de fruto, estaban separaos de mis manos por verjas de hierro y tapias mu artas. Asín estaban toítos los huertos y a cá uno de ellos una mardición salía de mis labios. La esperansa, me jiso andá pa elante  y ar fin mis ojos desfayesíos, vieron en una laera der camino un huerto, tan chico como la parma e la mano y más bonito que arfombra e moro. ¡No tenía verja!... ¡No tenía tapia!... Miré por tóos laos, naide me veía y entré. Un árbo chiquito, tenía la fruta al arcanse e mi mano; alargué er braso, di un tirón fuerte, tóo el árbo tembló como si tuviera mieo y unas cuantas hojas cayeron roando como lágrimas. En mi mano tenía una mansana der coló e mi cara: ¡coló e vergüensa! La aserqué a mis labios y con ella maté la jambre y la sé que me mataba. ¡Este ha sío mi delito! (A los Mozos) ¿Soy ladrona?... Pues si lo soy, castigúeme usté, pare cura (Queda llorando)

PADRE IGNACIO
(Consolándola) No, hija mía; no. Ese delito lo castigaría la ley, pero nunca la conciencia. (A los Mozos) Ya lo veis; robó por hambre.

EULOGIO
(A sus compañeros) (¡Hemos metido la pata!)

PADRE IGNACIO
Y ahora dejadla; dejadla que siga su camino, lleno de tristeza y de dolor.

ROMAN
Pues hasta luego, padre. (Medio mutis los tres Mozos)

PADRE IGNACIO
Adiós, hijos míos.

EULOGIO
(A Carmen) Usted dispense el puñetazo. ¡Si nos lo hubiera usted dicho antes... Pero, en fin, tome usted, a cambio del golpe. (Saca dinero) Esto era para mi novia, pero antes es el hambre que las flores. Queden ustedes Con Dios. (Mutis los Mozos)


ESCENA III

Carmen y el Padre Ignacio.

(Música)

CARMEN
(Arrodillándose a los pies del Padre Ignacio)
Perdón, pare cura;
perdón pa esta probé gitana inosente
que está de roiyas;
perdón pa mis culpas
y sárveme el arma igualitamente
que sarvó mi vía.
Permítame, pare, que bese su mano,
que ar besarla, siento
que juyen der cuerpo tóos mis pecaos.

(El Padre Ignacio, hace que se levanta, bondadosamente)

Sólita en er mundo,
sufriendo mis penas
miseria y dolores,
hoy siento que er yanto
me está hasiendo güeña.
Me está hasiendo güeña
y es durse er consuelo
de estar de roiyas,
besando su mano,
mirando pa er sielo.
Déjeme que yore;
¡por Dió se lo pío!
que cá lagrimita
que sale a mis ojos
su pena ha tenío;
su pena ha tenío
tan triste y tan honda.
Que no hay en er mundo miseria, dolores,
ni yanto, ni pena, que yo no conosca.
Déjeme que yore.
Adiós, pare cura.
Que Dios le bendiga, por su arma tan noble
que ha jecho esa acsión.
¡Que viva sién años!
Que er sielo le pague to er bien que ma hecho
su güen corasón.


ESCENA IV

Dichos y Rafael que viene conducido por el Cabo de Miqueletes. Este saca un burro del ronzal

(Hablado)

CABO
(Gritando desde dentro) ¡Anda pa delante, granuja!

CARMEN
(Viéndoles venir) ¡Dios mío, Rafaé! ¡Y preso otra vé! ¡Virgen Santa, qué esgrasiá!

CABO
(Dentro) Vamos, aprisa.

PADRE IGNACIO
Pero, ¿es tu novio?

CARMEN
Er mismo, si, señó; místelo, otra vé preso.

CABO
(Saliendo) Anda y no te pares, ladrón.

RAFAEL
Por Dió, señó genera, no me yeve usté tan deprisa, que naide nos corre.

PADRE IGNACIO
(Al Cabo) ¿Qué es eso, Pablo?

CABO
Este pillo, que lo he cogido robando el burro del señor Alcalde.

CARMEN
¡Pero otra vé, Rafaeliyo!

PADRE IGNACIO
¿De manera que eres un ladrón?

RAFAEL
No, señó curita, que yo soy inosente y premita Dió que se muera er señó, (Por el Cabo) si yo he robao ná a naide.

CABO
¿Y aun lo niegas, habiéndote cogido cuando te llevabas al burro'?

RAFAEL
¡Eso es farso!... ¡Mentira!... ¿Usté m'ha visto a mí montao en er burro?

CABO
¡Pues ya lo creo!

RAFAEL
(Transición) Pué era er burro er que se me yevaba a mí.

PADRE IGNACIO
(Sonriente y aparte) ¡Valiente pillo!

CABO
Bueno, eso ya se arreglará en Bilbao. Echa pa alante.

CARMEN
(¡Dios mío!)

RAFAEL
No; a Birbao, no, por su salú. Miste que he salió esta madruga de la carse y si güervo se van a creé que es mía la casa.

CABO
Y tan tuya. Conque, vamos deprisa, que hay que andar siete kilómetros.

RAFAEL
¿Y va usté a molestarse en andar siete kilórmetros por mi causa?... ¡Eso no lo permito yo!... ¡Po no fartaba má!... ¡Déjeme usté, que yo iré solo! ¡Po estaría güeno, home!... ¡Y
con er caló que jase y con esa boina! (Por la que lleva el cabo) Ná, home, ná; que me voy yo solo.

PADRE IGNACIO
(Haciendo medio mutis) ¡Ja, ja, ja!

RAFAEL
¡Padre, no se ría usté de mi desgrasia! (El Cabo intenta llevarse a Rafael, dejando al burro en escena)

CARMEN
¡Por las yagas de Cristo, pare cura, que no se lo yeven!

RAFAEL
(Al burro) Adió... adió, desagradesío. ¡Mira cómo me veo por tu causa!

PADRE IGNACIO
Pero, ¿vais a dejar aquí al animalito?

CABO
¡Es verdad!... ¿Qué hacemos con él?

PADRE IGNACIO
Devolverlo a su dueño.

CABO
Pero, ¿quién?

PADRE IGNACIO
¿Quién? (Señalando a Rafael) ¡El!

CARMEN y CABO
¡E1!

RAFAEL
(Cómicamente) ¿Yo?

PADRE IGNACIO
Tú, sí; tú que lo has robado, lo devolverás ahora mismo al lugar de donde lo sacaste y luego, en compañía de esta pobre mujer, irás a Bilbao en busca de trabajo honrado. ¿Verdad que lo harás?

RAFAEL
Yo se lo juro, pare mío. ¡Y bendita sea esa boca, que con tres palabras, m'ha librao de la cársel! Venga er burro.

CARMEN
La Virgen der Carmen se lo pague y le libre de tóo lo malo.

RAFAEL
Que er Señó le consea tantos años de vía como días he pasao yo en la cársel (Al Cabo) Y a usté lo mismo le igo.

CARMEN
(Besándole la mano) Adió, buen pare.

RAFAEL
(Idem!) ¡Adió, Pare Santo! (Hacen mutis por la derecha llevándose el burro)

PADRE IGNACIO
(Satisfecho, bendiciéndolos) Id con Dios.

CABO
Padre, se cae usted de bueno.

PADRE IGNACIO
No, hijo, no es bondad; es justicia. ¡La justicia del perdón!

CABO
(Saludando militarmente) A la Orden. (Mutis, fondo izquierda)

PADRE IGNACIO
Adiós, Pablo, adiós.


ESCENA V

El Padre Ignacio y un Chiquillo.

PADRE IGNACIO
¡Pobres gentes!... ¡El hambre llevan por castigo!

CHICO
(Por el fondo izquierda. Quitándose la boina) Padre cura.

PADRE IGNACIO
¡Hola, muchacho!

CHICO
El señor Alcalde,, que vaya usté a su casa, si puede.

PADRE IGNACIO
¿Ocurre algo?

CHICO
No lo sé, padre.

PADRE IGNACIO
Dile que ahora mismo voy.

CHICO
Pues hasta luego. (Mutis el Chiquillo fondo izquierda, y el Padre Ignacio por la iglesia)


ESCENA VI

Victoriano, Eulogio, Román y Gabino por el fondo derecha.

VICTORIANO
Aquí mismo.

EULOGIO
¿Y qué nos jugamos?

ROMAN
Las parejas del baile.

GABINO
Yo no tengo pareja.

EULOGIO
Pues ganar la de este. (Por Román)

VICTORIANO
(Por Román) Este y yo pa vosotros.

EULOGIO
Hecho. ¿Quién sale?

VICTORIANO
Yo. (Cogiendo la pelota y disponiéndose a hacer el saque) ¿Va?

LOS OTROS
Vaya. (Empiezan a jugar a la pelota en la fachada de la Iglesia. En este momento aparece en la puerta el Padre Ignacio)


ESCENA VII

Dichos y el Padre Ignacio.

EULOGIO
Cuidao, padre, cuidao. (El Padre Ignacio se agacha evitando un pelotazo. Dejan de jugar)

PADRE IGNACIO
(Avanzando) ¡Pero, hijos míos, no jugar a la pelota en la fachada de la iglesia!

EULOGIO
Daño no le hasemos, padre.

PADRE IGNACIO
Pero es un pecado y una falta de respeto. Además, ayer, sin ir más lejos, le disteis un pelotazo al Santo que adorna la fachada, rompiéndole un dedo de la mano.

VICTORIANO
Verdad es, padre; que fáltale el que señalaba al cielo.

EULOGIO
Eso no fue pelota: fue piedra.

PADRE IGNACIO
¿Piedra?... ¿Y quién se atrevió a semejante profanación?... ¿Quién fue el malvado que sin temor de Dios, atentó en esa forma contra imagen tan sagrada?

VICTORIANO
Padre, yo no he sido.

GABINO
Ni yo.

ROMAN
Ni yo tampoco. (Eulogio calla avergonzado)

PADRE IGNACIO
(A Eulogio) ¿Y tú, no dices nada?

EULOGIO
(Cabizbajo) Yo... padre...

PADRE IGNACIO
¿Por qué callas?

EULOGIO
Porque si hablo, a conoserme van que he sido yo.

PADRE IGNACIO
¡Ah!... ¿Luego fuiste tú?

EULOGIO
No, padre; fuelo la piedra, yo al Santo no tirele.

PADRE IGNACIO
No lo entiendo.

EULOGIO
Parósele un pájaro en el dedo, la piedra cogí, tírele al pájaro, pájaro voló y dedo cayó roto.

PADRE IGNACIO
¡Dios mío!

EULOGIO
Culpa fue del pájaro que no se estuvo quieto.

PADRE IGNACIO
¡Ilumina, Señor, este entendimiento!

EULOGIO
(Arrodillándose frente al Padre) ¿Me perdona, padre?

PADRE IGNACIO
(Levantándolo) Te perdono por tu nobleza de alma. Pero, oye, hijo; otra vez caza los pájaros con red.

EULOGIO
O con escopeta.

PADRE IGNACIO
¡No, hijo, por Dios! Y si alguna vez tiras, procura ver lo que está detrás del pájaro.

EULOGIO
Así quedo en hacerlo. (Le besa la mano)

PADRE IGNACIO
Bueno; adiós, hijos míos, voime a casa del Alcalde, que me llama. Y no juguéis más; descansad, que tiempo tendréis esta tarde para rendiros en el baile.

VICTORIANO
Esa mano, padre. (La besa)

ROMAN (Lo mismo) Padre, hasta luego.

PADRE IGNACIO
Adiós, hijos míos, sed muy buenos. Adiós.

(Vase último término izquierda)

ROMAN
(Mirándole alejarse) ¡Mírale, mírale! ¡Y qué bien lleva sus ochenta años!

EULOGIO
¡Santo lo es!

ROMAN
Más que muchos de los altares.

VICTORIANO
Joven y rico vino a la aldea; viejo y pobre está. Todo lo gasta en hacer bien a los que mal le quieren.

EULOGIO
Mal nadie le queremos, digo,

VICTORIANO
Alguien le envidia y envidiarlo no es bien quererlo, que la envidia es un árbol que da por frutos las malas acsiones.

EULOGIO
¿Y qué pueden envidiarlo, su pobresa?

ROMAN
¿Su parda sotana llena de remiendos?

GABINO
¿Su carga de años limpia de pecados?

VICTORIANO
No es por eso. Envidia le tienen de ver que todos le queremos y como a santo de carne y hueso veneramos.

ROMAN
Pues por mal sendero se mete el envidioso.

GABINO
¡Caer no puedo en quién sea!

EULOGIO
Por saberlo diera el mismo dedo que rompile al santo.

VICTORIANO
Pues volveros la calesa, que por allí viene. (Señalando ultimo derecha)

ROMAN
¡¡Don Venansio!!

VICTORIANO
¡El mismo!

EULOGIO
¡Pero si ese no es cura!

VICTORIANO
¡Qué tiene que ver! De los curas vive, pero no de curas de sotana vieja. ¿Bajaste a Bilbao y no viste iglesias con torres muy altas?

EULOGIO
Vílas, y en ellas capillas cuajadas de oro, con santos de gala y paños de seda, y asina de coches negros que a la puerta traían grandes señoras con ricos vestidos.

VICTORIANO
Pues de aquellas iglesias, palasios de Dios, lleva cuenta este don Venansio.

ROMAN
Ya caigo.

EULOGIO
¡Comprendiste! Números que hace, venta de santos, negosio que lleva.

VICTORIANO
¡Callar, que llega!

EULOGIO
¡Nunca le creí con cara tan pobre y bolsillo tan rico!


ESCENA VII

Dichos y Don Venancio fondo derecha.

VENANCIO
Ama Begoñakoa os guarde, muchachos.

VICTORIANO
Y ella nos libre de la mala gente.

VENANCIO
¿Sabéis si ha salido de la iglesia don Ignacio?

EULOGIO
¿Nuestro padre?

VENANCIO
No, don Ignacio.

EULOGIO
Pues nuestro padre; aquí no lo conocemos por otro nombre.

VENANCIO
(Con mal humor) Bueno, vuestro padre; ¿salió?

VICTORIANO
No hace sinco minutos. Dijo que el señor Alcalde le llamaba y allí fuese.

VENANCIO
(¡Ya sabrá la noticia!) Está bien, muchachos. ¡Que el cielo os guarde! (Medio mutis hacia el fondo izquierda) ¡Ah! (Volviendo) Se me olvidaba: a las tres llegarán los carros para conduciros a Bilbao.

VICTORIANO
¡A Bilbao!... ¿A qué?

VENANCIO
¿No sabéis que hay procesión?

EULOGIO
¡Sí, lo sabemos.

VENANCIO
Pues debéis ir a cumplir con ese santo deber.

VICTORIANO
Justo es cumplirlo, pero aquí, en nuestra aldea, tenemos romería y fiesta, y no es cosa de dejar la hogaza por el mendrugo.

VENANCIO
Es que en Bilbao hacéis más falta. Los republicanos quieren impedir la procesión por la fuerza, y vosotros sois jóvenes, fuertes y llenos de fe.

VICTORIANO
Sí, señor; llenos de fe, aquí dentro, (Corazón) pero no en los puños.

ROMAN
Mala prosesión está la que recluta gente como para la guerra.

VENANCIO
No es eso.

EULOGIO
¡Mire usté que buscar defensa para los santos!

VICTORIANO
(¡Busca la de él!)

VENANCIO
No; yo busco la defensa de la religión y amor a Dios.

VICTORIANO
Pues idea es esa que no presisa defensa de nadie; se defiende sola, que el amor a Dios todos los hombres lo tenemos y nadie nesesita de los puños de otro, para bendecirle y adorarle.

VENANCIO
(Contrariado) ¡Está bien, está bien! ¿Luego no iréis?

VICTORIANO
No, señor; teniendo la fe en casa, no nesesitamos la del vesino.

VENANCIO
Seguid, seguid el camino que os ha trazado vuestro padre. (Irónico)

VICTORIANO
Sí, señor; y por él llegaremos al sielo.

ROMAN
Bien seguro.

EULOGIO
Y antes que tú, que honradez y pobresa hasen camino llano.

VENANCIO
(Con rabia contenida) Quedad con Dios.

EULOGIO
Con El estamos. (Venancio se va por el fondo izquierda desafiando a los mozos con su mirada; ellos lo desprecian)


ESCENA VIII

Dichos, menos Venancio.

VICTORIANO
¿Visteis lo que os desía?

GABINO
Es un mal pajarraco.

EULOGIO
Quiere deslusir nuestra fiesta.

ROMAN
No lo conseguirá.

GABINO
Debemos advertirlo a todos.

VICTORIANO
Así se hará. Tú, Eulogio; llégate a la mina y corre la voz; deprisa. (Mutis Eulogio, fondo derecha)

GABINO
¿Y yo, dónde voy?

VICTORIANO
Tú, a los hornos y avisas a los fundidores.

GABINO
En seguía (Mutis fondo izquierda)

VICTORIANO
Y tú, (A Román) que eres el más joven y el más guapo, corre la voz entre las mujeres, que serás servido.

ROMAN
Empezaré por las viejas. (Vase corriendo por la izquierda)

VICTORIANO
No vas mal. Y ahora, yo, a la ría, que a los pescadores pronto se les convense. (Mirando al sitio por donde hizo mutis don Venancio) No te saldrás con la tuya. Aquí habrá fiesta y será lucida. (Vase por el fondo derecha)


ESCENA IX

Fermina y Tolentino. Salen corriendo por el fondo derecha; él, detrás de ella, para poderla alcanzar.

(Música)

(Corren por la escena, hasta el momento que se indica)

TOLENTINO
¡Qué te cojo, qué te cojo, qué te cojo!

FERMINA
No me coges, no me coges, no me coges..

TOLENTINO
¡Es que no te paras!

FERMINA
Es que tú no corres.

TOLENTINO
Estate un momento
quieta y lo verás.

FERMINA
Mientras llegas tú a este lado
yo ya estoy detrás.

TOLENTINO
Ahora no te escapas.

FERMINA
Ahora si me escapo.
¿A qué lo me atrapas?

TOLENTINO
A qué sí te atrapo.

(Corre tras ella y logra cogerla)

Ya te he cogido, niña;
presa en mis brazos
al fin estás.

FERMINA
Déjame, Tolentino;
no aprietes tanto
y sé más formal.

TOLENTINO
Pronto serás tú mi esposa;
yo tu marido seré,
ya verás cuantas cosas
los dos casados
vamos a hacer.

FERMINA
Y ti tenemos hijitos
bailarles enseñaré
el baile de zortzico
que yo lo bailo muy bien.

TOLENTINO
Yo no lo sé bailar.

FERMINA
Pues cópiame tú a mí
y sigue repitiendo
lo que te diga a ti.

(Se colocan y bailan hasta el final del número)

FERMINA
La de los mis amores
presa la tengo aquí.
Niña de ojos de cielo
no me hagas más sufrir,

TOLENTINO
(Imitando su baile, pero ridículamente).
La de los mis amores,
etc., etc.

FERMINA
Mírame que al mirarme,
todo mi cuerpo
siento temblar.

TOLENTINO
Mírame que al mirarme,
etc., etc.

FERMINA
Pumba.

TOLENTINO
Pumba.

FERMINA
Que yo tus labios
siento temblar.

TOLENTINO
Pumba.

FERMINA
Pumba.

TOLENTINO
Que yo quiero besar.

LOS DOS
La de los mis amores,
etc., etc.

FERMINA
Baila, baila, Tolentino;
baila, baila, sin cesar.

TOLENTINO
Dame, dame tu boquita
que la quiero yo besar.

(Ella huye; él, la persigue, la besa la mano y ella le pega un bofetón)


ESCENA X

Dichos; el Señor Roque y Venancio.

Aparecen por el fondo izquierda y quedan sorprendidos al ver la postura en que han quedado Fermina y Tolentino.

(Hablado)

ROQUE
¡Repollo! ¡Mi hija con él!

VENANCIO
¡Carrasca! ¡Mi hijo con ella!

TOLENTINO
(Asustado) ¡Tu padre!

FERMINA
(Idem) ¡Y el tuyo!... (Dirigiéndose a Roque) ¡Padre!

ROQUE
¿Qué atabas haciendo, mala hija?... No sabes que no quiero que hables con ese gaznápiro.

FERMINA
(Llorosa) ¡Padre!

VENANCIO
(A Tolentino) ¿Qué hacía usted aquí? ¿No sabes que te tengo prohibido hablar con esa pazguata? (Dándole un pellizco)

TOLENTINO
¡Ay!

VENANCIO
(Hipócritamente) ¿Te has hecho daño, hijo, mío?

TOLENTINO
(¡Y aun me lo pregunta!)

ROQUE
Vamos, no regañe usté al chico.

VENANCIO
¿Yo?... ¡Al contrario!... Si mi único placer es verle hablando con su hija de usted!

ROQUE
Lo mismo me pasa a mí; cuando veo a ésta con su chico, Se me Cae la baba. (Dándole disimuladamente una patada) ¿Verdad, hija?

FERMINA
Sí, es verdad; se le cae... (¡el alma a los pies!)

ROQUE
Vete a casa... (¡que leña te llevarás!)

VENANCIO
Hijo mío, ¿por qué no te vas a casa a estudiar?... Sí, hijito; ¿verdad que estudiarás?

TOLENTINO
(Lleno de miedo) ¡Todo lo que usted quiera! ¿Quiere usted que le dé un repaso al latín?

VENANCIO
(Acariciándolo) No, hijo; (el repaso te lo daré yo en cuanto vaya)

TOLENTINO
Bueno, hasta luego. (Vase por la casa derecha)

FERMINA
(Conteniendo el llanto) Buenas tardes. (Vase fondo izquierda)

ROQUE
(Muy cariñoso) ¡Adiós, hijito!

VENANCIO
¡Adiós, hijos míos!


ESCENA XI

Roque y Venancio.

ROQUE
(Fingiendo) ¡Ja, ja, ja! ¡Cómo se quieren estos muchachos.

VENANCIO
(Idem) ¡Ja, ja! ¡Mucho, mucho!

ROQUE
¡Ahí es que su hijo de usté se lo merece. Tan buen chico, tan estudioso, tan... tan... (¡Lástima de tiro!)

VENANCIO
¡Ah! ¿Pues y su hija? Tan guapa, tan formal, tan mujer de su casa, tan... (¡Y esas pulmonías que no vienen!)

ROQUE
¡Vaya, vaya con los chicos! (Todo este diálogo procurando engañarse uno al otro)

VENANCIO
Señor Roque, venga esa mano y apriete usted, que es la de un amigo.

ROQUE
Lo mismo digo.

VENANCIO
Usted ya £abe que mi único defecto es la franqueza.

ROQUE
Como yo. Yo no sé callarme nada; lo que siento aquí dentro lo digo... (En seguida)

VENANCIO
Lo sé de sobra, y por lo mismo voy a hacerle a usted una pregunta.

ROQUE
Dígala, mientras pienso la contestación.

VENANCIO
(Con mucho misterio) ¿Le entregó usted la carta de su ilustrísima a don Ignacio?

ROQUE
(¡Te veo!) La entregué y la leyó.

VENANCIO
¿Y qué dijo?

ROQUE
Decir nada dijo, pero al terminar, cayósele la carta de las manos y dos lagrimones salieron de sus ojos.

VENANCIO
Está bien. ¿Luego dejará esta aldea pronto?

ROQUE
¿Qué remedio le queda con una orden de tanta altura? Y dígame usté, don Venancio: ¿quién vendrá en su lugar?

VENANCIO
Un sobrino mío que acaba de salir del Seminario; un talento, según me lo comunica el rector.

ROQUE
(Caíste en el lazo) Está bien don Venancio. Pues ánimo y a triunfar; pero sepa usté que  si el pueblo se alborota ó se amotina, yo no me encargo de poner orden.

VENANCIO
Bah; de eso me encargo yo. En fin, Roque, hasta luego; voy a escribir a su ilustrísima pidiendo la orden de traslado. Y muchas gracias por todo. ¡El cielo se lo premiará!

ROQUE
Siempre paga con la misma moneda, pero da lo mismo: estos favores yo no los cobro, porque se los hago a un amigo.

VENANCIO
A un amigo del alma.

ROQUE
Sí, del alma. (Apretando los puños)

VENANCIO
¡Adiós, Roque! (Mutis por la casa)

ROQUE
¡Adiós, don Venancio!


ESCENA XII

Roque solo.

ROQUE
¡Rayo que te parta! ¡Lobos que te coman! ¡Y qué hombre más malo!... A ese pobre viejo, a ese santo que adoramos, le debes todo lo que tienes y ahora ¿echarlo quieres de aquí porque te estorba? Pues no, y no; que aún me quedan brazos pa ponerte piedras en tu camino y cabeza pa pensar más mal que tú.


ESCENA XIII

Roque, el Padre Ignacio, Alcaldesa, el Cabo, Román y el Secretario. Salen fondo izquierda, apoyado el Padre Ignacio en el Cabo para poder andar.

CABO
Vamos, padre, siéntese usted aquí, descanse, que ya está en la puerta de su casa.

PADRE IGNACIO
Gracias, hijo. (Se sienta en el banco a la puerta de la iglesia. Los demás forman grupo en el centro)

SECRETARIO
Señor alcalde, a sus órdenes.

ROQUE
¿Pensaste algo?

SECRETARIO
Una idea tengo.

PDRE IGNACIO
(Llamándole) Roque.

ROQUE
(Acercándose) Mande usté, padre.

PADRE IGNACIO
Te suplico que no se entere nadie de lo que pasa; sería un perjuicio para ti y para todo el pueblo.

ROQUE
Callaré, porque usté me lo manda. (Se reúne al grupo)

CABO
¿Qué le pasa hoy al padre Ignacio? ¡Nunca vilo tan triste!

ALCALDESA
Pena da verlo, siempre tan contento y hoy parece que se le cae el mundo encima.

ROQUE
No sé qué hacer para animarlo.

ROMAN
¿Queréis que le bailemos pa que se alegre?

ROQUE
No está pa bailes.

ROMAN
Pues hay que alegrarlo.

ALCALDESA
(Acercándose con los demás, menos Roque y Secretario) Padre, ¿qué le pasa?

PADRE IGNACIO
Nada, hija.

ROMAN
¿Está usté triste?

PADRE IGNACIO
¿Yo? No, si estoy muy contento.

SECRETARIO
¡Pobre viejo; se nos va de las manos!

ROQUE
(Saliendo de su meditación) ¡Ah, sí; ya está!

SECRETARIO
¿Se le ha ocurrido a usted algo?

ROQUE
¡Sí; y muy grande! Fíjate; él va a mandarle una carta a su ilustrísima, pidiéndole la orden de traslado.

SECRETARIO
¿Está usted seguro?

ROQUE
El mismo me lo ha dicho. Pues bien, nosotros nos adelantamos y antes que llegue esa carta, mandamos nosotros otra firmada por todo el pueblo, pidiéndole justicia a su ilustrísima y una vez concedida llegará la de él y de nada servirá.

SECRETARIO
Pues voy en seguida a redactar la carta.. Pero oiga usted: si el pueblo no sabe nada, ¿cómo va a firmar la carta?

ROQUE
Firmas tú por todos y ya está arreglao. ¿No sabes los nombres y apellidos de todos?

SECRETARIO
Sí, señor, de cuando las elecciones.

ROQUE
Pues bueno, hazte cuenta que estamos en elecciones y que hay que sacar triunfante a nuestro padre.

SECRETARIO
Comprendido. (Medio mutis fondo izquierda)

ROQUE
Oye: si está mi chica en casa...

SECRETARIO
(Volviendo) Allí la dejé leyendo.

ROQUE
Dila que venga a ayudar al padre en la fiesta.

SECRETARIO
Hasta luego. (Mutis)

ROQUE
Ya se me ocurrió lo que quería.

CABO
Vamos, padre, no esté usté así.

ALCALDESA
Hoy es día de romería y de fiesta, y no es bueno que la pena le haga luto.

ROQUE
Bueno, padre, le dejamos; ya nos estará esperando en el Romeral la comitiva y no es justo hacerles esperar.

PADRE IGNACIO
Sí, sí; no faltéis, no hagáis tarde.

ROQUE
Bueno; pero esté usté contento y espérenos como todos los años, con cara de Pascua, que todo se arreglará. ¿Oye usté? ¡Que todo se arreglará! (A los demás) Vamos por las olivas. (Vase fondo derecha)

CABO
Adiós, padre, hasta ahora mismo.

ALCALDESA
Hasta pronto. ¡Pobrecillo!

PADRE IGNACIOI
Id con Dios, hijos míos.

ROMAN
Con El Se quede. (Van haciendo mutis por el fondo derecha)

ALCALDESA
Oye, tú, (A Román) ¿qué le pasa?

ROMAN
No Sé nada. (Desaparecen)


ESCENA XIV

El Padre Ignacio. Luego Fermina por el fondo izquierda.

PADRE IGNACIO
(Viéndolos marchar) ¡La romería!... Luego la fiesta... y más tarde, abandonar mi aldea para siempre... ¡Dios mío! ¿Quién será el culpable, quién?... (Reparando en la casa de Venancio) ¿El?... No, imponible; él no puede ser, no debe serlo. Pero, ¿quién entonces?... Nadie, no; nadie. ¡Alejaos de mí, falsas sospechan! (Queda meditabundo)

FERMINA
(Saliendo con un libro en la mano) Allí está; qué sorpresa le voy a dar. (Se acerca sin ser vista del Padre Ignacio, y colocándose detrás, abre el libro y lee con enfática entonación:)

«El cura del Pilar de la Horadada,
como todo lo da, no tiene nada.»
¡Ja, ja, ja! (Echa a correr, colocándose a distancia)

PADRE IGNACIO
¿Qué ya es eso, chiquilla?

FERMINA
Pues lo ve usted: un libro.

PADRE IGNACIO
Tráelo.

FERMINA
¡Enseguidita! Para que se quede usted con él, ¿verdad?

PADRE IGNACIO
¡Yo!

FERMINA
Usted, sí; que libro que me coge, ya no le veo más. ¿A dónde están todos mis libros, que no me los ha devuelto?

PADRE IGNACIO
Hechos cien mil pedazos.

FERMINA
¿Y por qué los ha roto usted?

PADRE IGNACIO
Porque su lectura es inmoral y perniciosa, y no debo consentir que tú los leas. ¡Esos libros no debe leerlos nadie!

FERMINA
¿Y usted sí, ¿verdad?

PADRE IGNACIO
Yo no los leo.

FERMINA
Pues entonces, ¿cómo sabe usted que son inmorales?

PADRE IGNACIO
Por el título, por los grabados... y por algún párrafo que otro que salta a la vista. ¡Eso! ¿A ti te parece decente el título de la novela que leías ayer?

FERMINA
¿La maja desnuda?

PADRE IGNACIO
Sí, esa. ¿Puede haber algo culto en una obra que empieza de esa manera?

FERMINA
Tiene razón, padre; no leeré más esos libros. Pero este, sí; son versos de Campoamor, todos muy morales y muy bonitos.

PADRE IGNACIO
¿Bonitos y empiezan hablando de un cura? ¡Sabe Dios cómo acabarán!

FERMINA
Sí, habla de un cura, pero es de un cura muy bueno, muy bueno. ¡Más bueno que usted. (¡Anda, para que te chinches!)

PADRE IGNACIO
¿Más bueno que yo?

FERMINA
Sí; más, mucho más.

PADRE IGNACIO
Déjamelo ver.

FERMINA
No, no; que se quedará usted con el libro.

PADRE IGNACIO
No, hija; si es que quiero saber...

FERMINA
Sí, ya lo sé; quiere saber quién es ese cura más santo que usted, ¿no es verdad?

PADRE IGNACIO
Sí, eso es, a qué te voy a engañar.

FERMINA
Bueno, pues se los voy a leer. (Se sienta a su lado y abre el libro)

PADRE IGNACIO
No, no, que lees muy mal, hija mía.

FERMINA
¿Que yo leo mal? Ahora va a verlo (Hojeando el libro) «El amor es un niño...» No, no es este, padre. Aquí está; atención y fíjese bien en lo que dice. (La lectura de la poesía queda al buen gusto de la artista, pero siempre con sencillez y sin la actitud dramática exagerada)


Idilio

«El cura del Pilar de la Horadada,
como todo lo da, no tiene nada.
Para él, no hay más grandeza
que el amor que se tiene a la pobreza.
Careciendo de pan, con alegría,
lleva paz de alquería en alquería;
y siendo indiferente
a la necia ambición de los honores,
se ocupa de los grandes solamente
cuando llama sus reinas a las flores.
Sin fámulo y vestido de sotana,
cuida una higuera y toca la campana.
Su alzacuello es de seda desteñida,
pardas las medias de algodón que lleva,
y en todo el magisterio de su vida
solo ha estrenado una sotana nueva.
Da gracias, cuando reza, a un Dios tan buena
que cría los rosales y el centeno;
y llama sus orgías a las cenas
en que prueba la miel de las colmenas.
Reparte a los chiquillos
las almendras que lleva en los bolsillos
y les da un golpecito en las mejillas,
más dulces que una almendra, a las chiquillas.
Da a los pobres los higos de su higuera,
que nació sin plantarla, en donde quiera;
y si al vérselos dar uno por uno
—¿qué guardas para ti? —le dice alguno,
responde, puesta en Dios su confianza,
como Alejandro el grande: —¡La esperanza!—
Así con tanto amor y pudor tanto
el cura del Pilar de la Horadada,
es, según viene la ocasión rodada,
ya ermitaño, ya cuákero, ya santo.»

(Durante la lectura, el Padre Ignacio va exaltándose, contemplándose retratado en los versos y a su terminación, saca el pañuelo y se enjuga las lágrimas)

¿Qué le parecen los versos: son bonitos? Pero... ¿qué es eso... está usted llorando?

PADRE IGNACIO
No, no lloro; es la emoción, la alegría, ¡la inmensa alegría! de contemplar mi retracto en los versos del poeta. Porque ese soy yo; ¿verdad que soy yo?

FERMINA
Sí, padre: aún es usted mejor. (Abrazándole)

PADRE IGNACIO
Gracias, hija, gracias.

FERMINA
Vaya, padre, la romería va a llegar; vámonos pronto adentro, que no es justo recibirlos en la puerta.

PADRE IGNACIO
Sí, hija, vamos pronto; ayúdame.

FERMINA
(Ayudándole a levantarse) ¡Arriba los valientes!

PADRE IGNACIO
(Levantándose) ¡Ajajá!

FERMINA
Ahora, venga el brazo, padre, que los muchos
años necesitan de los pocos.

PADRE IGNACIO
Tómalo.

FERMINA
Así, como los novios. Y que rabien los mozos y las mozas, ¿verdad? (Van haciendo mutis lentamente hasta el final de la escena, para desaparecer por el interior de la iglesia)

PADRE IGNACIO
¿Llevas el libro?

FERMINA
Aquí está.

PADRE IGNACIO
¡No lo pierdas!

FERMINA
¡No!

PADRE IGNACIO
¡Ni lo rompas!

FERMINA
¡Menos!

PADRE IGNACIO
Y esta noche me lo leerás otra vez.

FERMINA
¡Muchas veces!... Hasta que se lo aprende de memoria.

PADRE IGNACIO
¿Verdad que soy yo?... ¿Verdad que sí?

FERMINA
¡Sí, padre; este es usted! .. Y si no lo es usted, debiera serlo. (Desaparecen)


ESCENA XV

Roque, el Cabo, Gabino, Alcaldesa, Coro General, Tamborilero y Dulzainero. Luego el Secretario.

(Música)

Este número se empezará dentro, foro derecha, y a su tiempo salen formando comitiva en la forma siguiente: Roque, delante, llevando a su izquierda al Cabo; detrás el Dulzainero y Tamborilero; luego la Alcaldesa y detrás el Coro de Señoras en dos filas, llevando en las manos ramos de flores y detrás el Coro de Caballeros con ramos de oliva y romero. Cruzan la escena, entrando en la iglesia.

CORO
(Dentro)
Dios te Salve, María,
llena eres de gracia,
el Señor es contigo
y bendita tú eres,
etc., etc.

UNA VOZ
(Tenor)
¡Virgen del Valle!
¡Madre de Dios!
¡Oh, Reina del cielo!
Protégenos.
¡Oye a tus hijos!
¡Escucha su voz!
¡Oh, Santa Virgen!
Protégenos.

TODOS
¡Virgen del Valle!

(Salen a escena y atraviesan)

etc., etc.

(Dentro ya de la iglesia)

¡Dios te Salve, María!
etc., etc.

(Hablado)

SECRETARIO
(Saliendo primera izquierda con un gran pliego de papel en la mano; bloque, al verle, se separa y avanza al proscenio) Aquí está.

ROQUE
Tráela. (Abre y lee) Está bien; ¿pero aquí sólo firman los hombres?... Y las mujeres, ¿no firman?

SECRETARIO
Es que las mujeres no votan, señor Alcalde.

ROQUE
Pero bien conocéis el nombre de todas.

SECRETARIO
De memoria, señor Alcalde.

ROQUE
Pues hay que ponerlas; eso le gustará mucho al señor Obispo.

SECRETARIO
Pues venga el pliego, que pronto firmará todo el sexo débil. (Mutis por donde salió)

ROQUE
Pero pronto, que el tiempo vuela.

SECRETARIO
(Al hacer el mutis, pero que se entienda) Soy un rayo.

ROQUE
(Entrando en la iglesia) ¡Qué lástima que no cayeras en donde yo sé! (Mutis)


ESCENA XVI

Tolentino de la casa.

TOLENTINO
Mi padre está escribiendo en su despacho y no me ha visto salir. Aquí está la carta para ella, (Sacando una carta del bolsillo) Son cuatro letras, pero qué letras: ¡arden! (Leyendo) Cielo mío: tú eres para mí, lo que para la mar los peces. Sin ti no vivo, rica. Tú eres mi vida, mi alma, mi corazón, mi... (Viendo aparecer a Venancio en la puerta de la casa) ¡Mi padre! (Oculta la carta)


ESCENA XVII

Tolentino y Venancio de la casa.

VENANCIO
¿Qué haces aquí?

TOLENTINO
(Azoradísimo) Pues... pues que oí campana y salí a ver lo que pasaba.

VENANCIO
¿Entraron todos?

TOLENTINO
Sí, señor.

VENANCIO
Pues bien, toma esta carta y en la yegua que ya está preparada, llegas a Bilbao y se la entregas a Su Ilustrísima en su propia mano.

TOLENTINO
(¡Maldita sea!)

VENANCIO
¿Qué dices?

TOLENTINO
Nada, padre.

VENANCIO
Pues anda deprisa que no hay que perder tiempo. Hasta luego. (Entra en la iglesia)


ESCENA XVIII

Tolentino; luego, Eulogio por primera izquierda.

TOLENTINO
¿Conque a Bilbao y ahora mismo y sin entregar esta carta a mi novia? Pues no señor; yo entrego primero ésta, que ésta, (Por la suya y la que le ha entregado el padre) eso, porque primero es mi novia que Su Ilustrísima. Pero, ¿y si no se la puedo dar en toda la tarde? (Viendo salir por la primera izquierda a Eulogio que se dirige a la iglesia) ¡Calla, Eulogio! ¡Este es mi salvación! Eulogio.

EULOGIO
(Deteniéndose) ¡Hola, Señorito!

TOLENTINO
¿Vas a dentro?

EULOGIO
Sí, señorito.

TOLENTINO
Pues me vas a hacer un favor muy grande.

EULOGIO
Lo que diga el señorito.

TOLENTINO
Que entregues a la señorita Fermina esta carta. Yo me voy en la yegua a Bilbao a entregar esta otra al señor obispo. Mucho ojo y hasta luego. (Mutis fondo derecha)


ESCENA XIX

Eulogio. Luego, Roque, por la iglesia y el Secretario, primera izquierda (1)

(1) Durante esta escena y hasta el momento que se indica en el diálogo, pasan de izquierda a derecha, por el cable tendido, los tres cubos de mineral con rapidez vertiginosa.

EULOGIO
(Reflexionando) ¡En la yegua a Bilbao y a ver al obispo!... ¿Qué será, pues? ¡Ah, cáigote ahora lo que han contádome!

ROQUE
(Saliendo) ¡Pero ese Secretario como tarda tanto!... Oye, Eulogio: ¿has visto al Secretario?

EULOGIO
No, señor; pero paréseme que por allí viene. (Señalando por donde sale)

ROQUE
Sí, él es.

SECRETARIO
(Sale corriendo) Ya está todo hecho, señor Alcalde; aquí está.

ROQUE
Venga y a llevarla a Bilbao corriendo. Tú mismo vas a ir, Eulogio.

EULOGIO
¿Yo?

ROQUE
Tú, sí; ahora mismo vas escapao a mi cuadra, sacas la burra y a buen trote te plantas en Bilbao y entregas esta carta al señor secretario del obispo.

EULOGIO
¿Otra?

ROQUE
¡Qué otra ni qué demonios! Hay que ganar tiempo y tienes que estar allí, antes que llegue la carta de don Venancio.

EULOGIO
¿De don Venansio?... ¡Ay, señor alcalde!

ROQUE
¿Qué pasa?

EULOGIO
Que perdido el tiempo tenemos.

SECRETARIO
¿Cómo?

EULOGIO
Que el hijo de don Venansio, salió con otra carta de su padre.

SECRETARIO
¡Demonio!

ROQUE
(Lleno de rabia) Se nos ha adelantao, estamos perdidos. ¡Maldita sea!

SECRETARIO
¿Y no podías tú ganar la distancia?

EULOGIO
Poder, no puedo, que lleva ventaja mucha y va en la yegua, que corre como el viento.

ROQUE
(Colérico) Yo, yo me tengo la culpa. (En este momento pasa uno de los cubos) ¡Ah!

SECRETARIO y EULOGIO
¿Qué pasa?

ROQUE
Nos hemos salvado. ¿Quién recibe los cubos en los Hornos?

EULOGIO
Ramón Izueta; con él antes hablé.

ROQUE
Venga la carta; venga un lápiz.

SECRETARIO
Pero, ¿qué va usted a hacer?

ROQUE
Ganarle la partida, llegar antes. (Escribe deprisa en el sobre) «Entrega esto a sus señas sin perder minuto Roque».

SECRETARIO
Pero, ¿qué va usted a hacer? (Roque se dirige hacia el cable precipitadamente)

EULOGIO
Ya comprendo.

ROQUE
(A Eulogio, mirando hacia la izquierda) Uno viene; toma la carta y súbete en mis hombros. Vamos, aprisa. (Eulogio se sube en los hombros de Roque aproximándose al cable y en este momento cruza precipitadamente, depositando Eulogio la carta en el cubo, que desaparece por la derecha)

EULOGIO
¡Bay, bay, bay! ¡Como, corre! (Baja de sobre Roque)

ROQUE
Permita Dios llegue como un rayo.

SECRETARIO
Qué velocidad lleva por el barranco.

ROQUE
Aun se le ve y no quisiera ya verle. Corre» condenado, que llevas contigo el alma de todo este pueblo.

SECRETARIO
Ya se perdió de vista. ¡Gracias a Dios!... ¡Ya voy creyendo, padre, que tú haces milagros!


ESCENA XX

Dichos, el Padre Ignacio, Don Venancio, Fermina, la Alcaldesa, Victoriano, Gabino, Román, el Cabo, Mozos, Mozas, Tamborilero, Dulzainero y Coro General.

(Música)

Repique de campanas y salen todos de la iglesia, el Padre Ignacio, con Fermina, Alcaldesa y el Cabo forman grupo sentados en el banco; Eulogio entrega a Fermina, a escondidas, la carta que le dio Tolentino. Roque en el centro de la escena con todo el Coro y el Dulzainero y Tamborilero en el fondo. Venancio, solo a la derecha, en la puerta de su casa. Mucha alegría.

TODOS
Terminó la romería
dando gracias al Señor,
por los bienes que a la aldea
le concede con amor.

UNOS
Tras la romería
costumbre es bailar.

OTROS
Si el señor alcalde
permiso nos da.

ROQUE
No hace falta eso,
podéis empezar;
formar las parejas,
cantar y bailar.

(Se forman las parejas y bailan el Zortzico hasta el final del número)

CORO
(Bailando)
Cuando bailo contigo
siente alegría
todo mi ser.
Mueve ese cuerpo garrido mozo / garrida moza
muévelo;
mira que cuando bailas conmigo / bailo contigo
huyen las penas del corazón.

ELLOS
Mírame, que al mirarme
muero de amor por ti;
mírame, que al mirarme
siento tu alma dentro de mí.
Mírame, que al mirarme
muero de amor por ti.
Niña de mis amores,
tú me haces muy feliz.

TODOS
(Formando rueda)
Terminó la romería
dando gracias al Señor,
por los bienes que a la aldea
le concede con amor.

(Gran algazara. Tiran las boinas al alto. Mucha alegría)

(Hablado)

CABO
Pero, ¿qué es eso, padre, qué os pasa? (Cubriéndole con su figura)

FERMINA
Parad, parad; venid, que el padre se pone malo. (Todos se acercan formando grupo menos Venancio, que queda solo)

ROQUE
¡Recontra! Vamos, padre, no nos asuste ¿Qué le pasa?

EULOGIO
¿Será un mareo?

ROQUE
No es un mareo, no; es una infamia lo que así le tiene.

VICTORIANO
¡Una infamia!

ROQUE
Sí, muy grande.

MOZO 1º
Queremos saber cuál es.

VARIOS
Sí, sí.

ALCALDESA
¡Mala copa será cuando se oculta!

ROQUE
No se oculta, que a decirla voy, y a bien que ganas tenía yo de hablar claro.

PADRE IGNACIO
No, Roque, no.

ROQUE
Déjeme, que cansao estoy ya de poner mentiras en mis palabras. Sabed todos los que me oís, y sabed bien, que a éste, nuestro padre, nos lo quitan llevándoselo a otro pueblo.

CABO
¡Cómo! (Estupefacción en todos)

PADRE IGNACIO
No, no lo creáis, no es cierto.

ROQUE
Sí es cierto; nos lo quitan.

VARIOS
No, no.

EULOGIO
¡Eso no pué ser!

CABO
No lo consentimos.

TODOS
¡Eso, eso!

EULOGIO
Este es nuestro padre y de aquí no saldrá, aunque lo mande quien lo mande.

VICTORIANO
Nosotros todos le defenderemos.

TODOS
Sí, sí, todos.

ROQUE
(A Venancio, que escucha avergonzado) Ya lo oye usté, don Venancio; ya ve usté cómo toda mala idea no echa fruto en almas nobles.

PADRE IGNACIO
(Asombradísimo) ¡¡El!!

EULOGIO
¡Ah! pero, ¿es don Venancio? (Murmullos en todos)

PADRE IGNACIO
(Saliendo a su defensa) No, no es él; mentira. ¡El no puede ser, es imposible! ¿Verdad que no, Venancio?... ¿Verdad que tú no puedes cometer conmigo tal infamia? Contesta, Venancio, contesta.

VENANCIO
(Sin levantar la cabeza) No.

PADRE IGNACIO
Ya lo oís, no fue él.

ROQUE
¿A qué quedo yo por embustero?

PADRE IGNACIO
El no puede ser; él es bueno, ¿verdad?

ROQUE
Pero mire usted que...

PADRE IGNACIO
Calla, Roque, y compadécete de él: ¿no ves cómo está sufriendo?...)


ESCENA ULTIMA

Dichos, Tolentino, Juan y un Mozo.

TOLENTINO
(Fondo derecha) ¡Ay, ay, ay!

TODOS
¿Qué pasa?

ROQUE
¿Qué es eso?... (Salen conduciendo Juan y el Mozo a Tolentino, en mangas de camisa)

VENANCIO
(Al verlo) ¡Mi hijo! Pero, ¿qué ha pasado?

JUAN
Pues que veníamos nosotros de Bilbao con una carta del Secretario del Obispo para el padre cura, cuando encontrarnos al señorito en mitad del camino, amarrao a un árbol y en esta forma. (Le entrega la carta al Padre Ignacio)

VENANCIO
Pero, ¿quiénes fueron los infames?...

TOLENTINO
Un gitano, padre; un gitano muy feo, que me robó la yegua y todo cuanto llevaba... ¡Ay! (Quejándose)

PADRE IGNACIO
¿Un gitano?

CABO
Ya sé quién es; voy en su busca.

ROQUE
(Aparte al Cabo) No lo busques, que el que roba a un ladrón, ya conoces lo demás.

VENANCIO
(A los mozos, por su hijo) Llevadle dentro.

TOLENTINO
¡Ay, ay!... (Los mozos le conducen dentro de la casa)

MOZO
Vamos, señorito, que sólo ha sido el susto.

ALCALDESA
¿Y qué dice la carta, padre?

ROQUE
Léala usté, padre; léala. (Silencio y expectación)

PADRE IGNACIO
(Después de leerla y casi llorando) Dice... dice... que me quede aquí mientras viva. ¡Dios se lo pague a Su Ilustrísima!

ROQUE
¡Viva el Obispo!

TODOS
¡Viva!

ROQUE
Fuera, padre, ese nublao de pena y vuelva a salir el sol de la alegría.

EULOGIO
Sí; y a bailar y a cantar. (Alegría general)

VICTORIANO
¿No sentís alegría, Padre?

PADRE IGNACIO
Sí, pero tengo pena de no ser joven.

FERMINA
¿Por qué, padre?

PADRE IGNACIO
Para bailar yo también.

TODOS
¡Ja, ja, ja!

FERMINA
Padre, ¿no veis el entusiasmo; no veis cómo todos le queremos?

PADRE IGNACIO
Sí, hija; todos, todos, menos aquél, (Señalando la casa de Venancio) el que todo me lo debe.

FERMINA
¿Y por qué se lo dio usted, tonto? ¡Si en este mundo no se puede dar nada! Bien claro lo dice el verso: que...
«El cura del Pilar de la Horadada,
como todo lo dio, murió sin nada».

PADRE IGNACIO
¡Y qué importa morir en la pobreza, si el amor de mi pueblo es mi riqueza! No, hija mía, yo pienso de este modo: con mi fe y vuestro amor, lo tengo todo.

(Música. Algazara, alegría, y telón)



FIN DE LA ZARZUELA


Información obtenida en:
https://archive.org/details/elpadrecurazarzu3623pene

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