domingo, 29 de noviembre de 2015

Viva el Rey! (Libreto)



¡VIVA EL REY!



Zarzuela en un acto y tres cuadros.

Basada en la opereta francesa El 32 de Voltigeurs. Texto en español por Emilio Pastor.

Música de Ruperto Chapí.

Estrenada en el Teatro Eslava la noche del 20 de Noviembre de 1896.


REPARTO (Estreno)

Federico - Sra. Romero.

Roseta - Sra. Mesejo.

Berta - Sra. Montañés.

Andrea - Sra. Torres.

Juan - Sr. Carreras.

Marqués - Sr. Talavera.

Alcalde - Sr. Mendizábal.

Legrand - Sr. Estellés.

Aldeanos, aldeanas, damas aristocráticas. Oficiales de un regimiento del imperio.

La acción en Francia; época del primer imperio.

Derecha é izquierda las del espectador


ACTO UNICO


CUADRO PRIMERO

Plaza de Argentuil. A la derecha la casa del Marqués de Pontenay; a la izquierda una barraca de titiriteros con un tabladillo exterior, desde donde éstos anuncian las funciones.


ESCENA PRIMERA

Aldeanos bailando. Juan y Roseta a la puerta de la barraca. Esta última toca el bombo.

(Música)

CORO
¡Viva la dicha!
¡Viva el amor!
¡Vivan las gentes
de buen humor!
¡No hay como el baile
para gozar,
pues nuestras penas
hace olvidar!

JUAN
Adelante, señoritas,
que se empieza la función
y el programa es todo nuevo
y de mucha sensación.
Hace un servidor de ustedes
equilibrios con los pies,
y se pone, al dislocarse,
la cabeza del revés.
La señora aquí presente
pone el dedo en una luz,
y una espada en la garganta
se introduce hasta la cruz.
Luego sale un perro sabio
que además de trabajar
adivina los pecados
de los chicos del lugar.

CORO
¡Vaya un perro! Ya podía,
si virtud tal adquirió,
referirnos los pecados
del ladrón que le crió.

JUAN
Adelante, que esta tarde
la función no tiene fin,
y trabajo yo en la cuerda
sin usar el balancín.
Y en obsequio de este pueblo
la señora va a luchar
con cualquiera hombre forzudo
que se preste a pelear.
Y por último el perrito
en las caras va a leer
quiénes son los que en el pueblo
han faltado a su mujer.
Señalando con la pata
a la moza del país
que teniendo aquí su novio
otro tienen en París.

CORO
¡Vaya un perro! Ya podía,
si virtud tal adquirió,
referirnos los pecados
del ladrón que le enseñó.

JUAN
Vamos, señoras,
entren, que cierro.

MUJERES
Yo no me atrevo
por lo del perro.

JUAN
Vamos, señores.
¿Quién se divierte?

HOMBRES
Yo no, no sea
que el perro acierte.

JUAN
Vamos, señoras.

MUJERES
Yo no entro, cá. (Alejándose)

JUAN
Vamos, señores.

HOMBRES
Cualquiera va. (Alejándose)


ESCENA II

Juan y Roseta.

http://atodazarzuela.blogspot.com.es/2015/11/viva-el-rey-libreto.html
(Hablado)

JUAN
(Viniendo al proscenio) Ni un alma; y eso que decías que en tu pueblo eran muy aficionados a los ejercicios de fuerza.

ROSETA
(Idem) Sí lo eran cuando yo me criaba. ¿Pero cómo quieres que entren, si les anuncias que el perro va a descubrir tantas cosas?

JUAN
Eso prueba que son malos.

ROSETA
No lo creas. Esa es la casa del Marqués de Pontenay, donde yo pasé mi niñez cuidando vacas. ¡Como echo de menos aquellos días y aquellas vacas!

JUAN
Olvida eso. Ahora que hemos llegado a tu pueblo cumplirás tu palabra.

ROSETA
¿Cuál?

JUAN
¡Cual! ¿No sabes que te adoro; no sabes que me has dicho una vez: Juan puede que algún día me case contigo, pero será en mi pueblo. Ya estamos en él.

ROSETA
Voy a confiarte la verdad; al verme en mi pueblo siento odio hacia esta vida errante que llevamos.

JUAN
¿Pero, por qué?

ROSETA
Ya ves, un día no comemos, otro no cenamos, y otro ni comemos ni cenamos.

JUAN
No dirás eso por Passy donde nos han hartado de legumbres.

ROSETA
Sí, dándonos con ellas en los hocicos.

JUAN
Te equivocas que a mi todavía me duele el estómago por la zanahoria aquella... que me tiraron como una bala.

ROSETA
¡Cuánto mejor estaba con las vacas!

JUAN
Gracias. Eres una ingrata. ¿Quién te ha enseñado a tocar el bombo?

ROSETA
Tú.

JUAN
¿Quién te ha enseñado a tragarte una espada de punta?

ROSETA
Tú.

JUAN
Pero a mi lado te espera un gran porvenir. Ya sabes que durante la época del terror he sido presidente del club de bebedores de sangre de Asnieres... Pues bien el terror volverá pronto, Napoleón será guillotinado y me verás otra vez a la cabeza de los bebedores de Asnieres.

ROSETA
¿Y yo que gano con eso?

JUAN
¡Anda! Tú serás la presidenta. Por la mañana nos levantamos y a pedir cabezas de noble; luego a comer sin pagar; después a pedir más cabezas; al anochecer cabezas nuevas, y no acabaremos ningún día sin una... cabezada cada uno.

ROSETA
Te advierto que a mí me tira la aristocracia.

JUAN
A mí, cuando trabajo, la aristocracia y la plebe, según la berza que se críe en la localidad.

ROSETA
Calla; esa que viene es Berta, el ama de gobierno del señor Marqués.

JUAN
No la hables.

ROSETA
Al contrario, tengo deseos de abrazarla.


ESCENA III

Los Mismos y Berta.

BERTA
(Saliendo de la derecha) ¡Qué desgracia, Dios mío!

ROSETA
¡Señora Berta!

BERTA
¡Roseta! ¿Pero eres tú? ¿Con ese traje?

ROSETA
Sí señora, ¿y el señor Marqués? ¿y la señorita?

BERTA
No me hables. ¡Qué horror!

ROSETA
¿Qué ocurre?

BERTA
Tu comprenderás que unos señores no podían transigir con el dominio de la gentuza porque ha pasado Francia.

JUAN
¡Muchas gracias!

BERTA
¿Quién sois?

JUAN
Un ciudadano que...

BERTA
Es mi amigo y mi socio artístico. Somos artistas ambulantes, ya os contaré todo eso; pero decidme qué ha sido de la señorita y del Marqués.

BERTA
Bueno, pues por no transigir con esa gentuza emigraron el señor Marqués y la señorita Andrea. Ella se casó en Londres y enviudó; en cuanto al señor Marqués, está preso en París según acabo de saber.

ROSETA
¡Pero!

BERTA
¡Figúrate que locura! Yo no sé a qué habrá venido a la capital. ¡Quizá le maten!

JUAN
Bien hecho.

BERTA
Qué dice ese hombre.

ROSETA
(A Juan) Calla. No le hagáis caso, es incapaz de hacer mal a nadie.

JUAN
¡Incapaz! que me echen un noble ó una noble. Que me la echen...

BERTA
¡Qué ordinariez!

JUAN
¿Sin duda os parece más fino servir a un marqués?

ROSETA
Que calles, te digo. (A Berta) Señora Berta, yo quería suplicaros un favor. Deseo volver a cuidar las vacas del señor Marqués; la vida de titiritera no produce nada.

JUAN
Pero ¿qué dices? ¿Y yo...?

BERTA
Bueno, a la vuelta hablaremos de eso; yo voy a la alcaldía a saber noticias del señor. ¡Pobrecillo! (Llorando)

ROSETA
No os aflijáis.

JUAN
¡Cómo me gusta ver llorar a la aristocracia!

BERTA
De todos modos, sabes que el señor Marqués es un santo y siempre ha acogido con cariño a sus antiguos servidores... Luego hablaremos.

JUAN
Pero ¿y yo?

ROSETA
Tú también servirás al Marqués de Pontenay.

JUAN
¡Yo! ¡Qué dirían los bebedores de sangre de Amiéres!

BERTA
(Suena gran vocerío por la derecha) ¿Pero qué es aquel tumulto?

JUAN
Gente que viene a vernos.

BERTA
Si es el señor, que viene... ¡Libre! ¡Está libré!

JUAN
Yo no quiero ver sangre azul.

ROSETA
Ni yo quiero que me vea en este traje. (Vanse a la barraca)


ESCENA IV

Coro, Berta y Marqués de Pontenay.

(Música)

CORO
Muy bien venido,
señor Marqués.
Viva mil años
vuestra merced. (Le basan la mano)

MARQUES
Gracias, amigos,
no hay para qué
mostrar tal júbilo
por esta vez.

BERTA
En Francia y libre,
según se ve.
¡Vaya un milagro,
Señor Marqués! (Le besa la mano)

MARQUES
Gracias, amiga,
no hay para qué
mostrar tal júbilo
por esta vez.
Antes Francia era un encanto
con su régimen feudal.
Un señor mandaba solo,
y a ninguno le iba mal.
Ahora son todos iguales,
el marqués y el menestral;
y a un cochero que he tenido,
me lo han hecho general.
Ateme usted esa mosca
por el sitio que yo sé,
y esto dicen que es progreso,
¡libéranos Domine!
Antes al que alzaba el grito,
se le daba un coscorrón,
y callaba todo el mundo
con tan sabia precaución.
Ahora son todos iguales,
y el que tiene más pulmón
es quien manda y esclaviza
a su gusto a la nación.
Ateme usted esa mosca, etc., etc.

(Hablado)

BERTA
Ahora dejad que descanse el señor Marqués

(Música)

CORO
(Retirándose)
Muy bien venido,
señor Marqués.
¡Viva mil años
vuestra merced!


ESCENA V

Berta y el Marqués de Pontenay.

BERTA
¿Cómo habéis venido, señor? ¿Os han. tratado mal en la prisión? Pero luego lo contaréis; ahora querréis entregaros al descanso.

MARQUES
¿Descanso? Tú no sabes el plan que traigo; no pudo descansar un momento. Voy a vengar a la Francia aristocrática de las infamias que han hecho con ella los revolucionarios.

BERTA
¿Y la señorita Andrea?

MARQUES
No me hables de ella; después que enviudó se empeñó en volver a Francia; está tocada del espíritu revolucionario. ¡No es hija mía! Hasta creo que se ha hecho amiga de la Josefina, de la emperatriz.

BERTA
¿Qué decís? ¡Pobre señorita!

MARQUES
Pero, en fin, eso no te importa, ¡Vamos a lo urgente! Ya sabes que yo venía a París de incógnito algunas veces... Pues bien; antes de ayer me encontré con que ese que se llama Emperador, el sansculot de Bonaparte, iba no sé a dónde, rodeado de un séquito ridículo... No me pude contener, y grité: ¡Viva el Rey Luis de Borbón!

BERTA
¡Qué locura!

MARQUES
En seguida me detuvieron unos soldados, y a la cárcel.

BERTA
¡Pobrecito señor!

MARQUES
Hoy por la mañana me han conducido a la presencia de ese plebeyo coronado, que, según parece, quería conocerme... y en cuanto estuve delante me dijo: «Señor marqués, deseo que los oficiales de mi ejército emparenten con la vieja aristocracia.»

BERTA
¿Os quiere casar?

MARQUES
Mujer a mí no. ¿Cómo me iba a casar con un oficial de su ejército?

BERTA
¡Ah!

MARQUES
«Tenéis una hija heredera de vuestro título. Si accedéis a dársela en matrimonio al oficial de mis tropas que yo designe, se os devolverán vuestros bienes confiscados por la revolución y se perdonará el grito de ayer.»

BERTA
¿Rechazaríais indignado tales proposiciones?

MARQUES
Eso iba a hacer, cuando se me ocurrió una gran idea... Oye... ¿Aquí en el pueblo habrá alguna chica de costumbres... muy ligeras?

BERTA
¡Señor, yo... no puedo saber eso...!

MARQUES
Tú sabes. eso... ¡qué caramba! Antiguamente no hubieras contestado así a tu amo...

BERTA
Averiguaré...

MARQUES
Sobre todo deseo que sea muy zafia, la das cuatro lecciones, la pones los trajes de la señorita, la dices que va a pasar por mi hija, que se va a casar con un oficial...

BERTA
Ya comprendo... ya comprendo.

MARQUES
Y después de casados le escribo desde Inglaterra a Bonaparte: «Emperadorcillo, os he dado la gran castaña. Me alegraré que se os indigeste. Tomad aristocracia.»

BERTA
¡Ah!

MARQUES
¿Qué?

BERTA
¿Queréis una titiritera ambulante?

MARQUES
¡Magnífico!

BERTA
Una mujer que se traga espadas.

MARQUES
Soberbia para la milicia.

BERTA
¿Y eso tiene que ser en seguida?

MARQUES
En seguida; el oficial llegará quizá esta tarde mismo, y mañana ó pasado la boda en el castillo de Pontenay.

BERTA
¿Pero cómo vais a justificar?...

MARQUES
¿Mi paternidad? Ahora la revolución ha suprimido todas las formalidades... Ellos mismos han facilitado la jugada que les preparo.

BERTA
¡Cuánto sabéis, señor!

MARQUES
Antiguamente se aguzaba mucho el ingenio.

BERTA
Entrad, que ahora mismo os voy a llamar a la interesada. (Entra el Marqués en su casa)


ESCENA VI

Berta, Roseta y Juan.

BERTA
(Acercándose a la barraca) ¡Roseta! ¡Qué feliz. va a ser! ¡Casarse con un oficial, aunque sea plebeyo!

ROSETA
¿Qué queréis?

BERTA
El señor Marqués te quiere hablar.

ROSETA
¿A mí? ¡Qué felicidad! ¿Cuándo?

BERTA
En seguida, que es un asunto urgente.

JUAN
Yo también voy.

ROSETA
Tú no, espérame tranquilo,

JUAN
Es que eso me da muy mala espina.

ROSETA
Te mando que me esperes, ¡caracoles!

BERTA
¿Pero os llamáis Caracoles?

JUAN
Me llamo Juan. Caracoles es una juramento.

BERTA
Un juramento, y lo he repetido yo. ¡Ave María Purísima! Vamos. (Se van por la derecha)


ESCENA VII

Juan y luego Federico.

JUAN
¿A que consigue esa maldita que yo entre al servicio del Marqués? Pues no señor, no quiero. ¿Para qué hemos hecho una revolución tan grande? Para que un duque me limpie los zapatos si se me antoja. Lo que yo no sé es si para cuando se presente ese duque tendré zapatos que limpiar.

FEDERICO
(Saliendo) Buen hombre.

JUAN
¡Calle! ¡Federico! ¿Pero sois vos?

FEDERICO
Yo mismo, Juan... ¿Qué haces con ese traje?

JUAN
¡Títeres! ¡En eso he venido a parar, y en cambio vos oficial!...

FEDERICO
Estoy a las órdenes del emperador.

JUAN
Mal hecho. Yo permanezco fiel a los principios del noventa y tres.

FEDERICO
Déjate de política. ¿Tú sabes cuál es la casa en este pueblo del Marqués de Pontenay?

JUAN
Esa.

FEDERICO
¿El Marqués tiene una hija?

JUAN
Creo que sí.

FEDERICO
¿Que será muy fea?

JUAN
¡Anda, por fuerza! Como que es aristócrata.

FEDERICO
¿Sabes lo que me pasa? ¡Es horrible! Ayer me llamó el Emperador y me dijo: «Mañana por la tarde iréis a Argentuil; conoceréis allí a una hija del Marqués de Pontenay, pediréis su mano, y pasado mañana os casáis con ella en el castillo del Marqués. Tenéis ocho días de licencia.»

JUAN
¡Qué barbaridad! ¿Pero el Emperador se ha creído que el matrimonio es un reducto que lo manda tomar, así, como quien dice, a la bayoneta?

FEDERICO
Lo mismo. Y el caso es que estoy enamorado de otra.

JUAN
Pues eso es lo peor.

FEDERICO
Una rubia encantadora. La he visto tres veces nada más, y las tres me ha correspondido,
con sus miradas.

JUAN
¿Cómo se llama?

FEDERICO
No lo sé.

JUAN
¿Dónde vive?

FEDERICO
Tampoco lo sé.

JUAN
Pues eso no tiene más que un arreglo.

FEDERICO
¿Cuál?

JUAN
Esperad a que vuelva el terror, y la primera cabeza que pido es la de la hija del Marqués.

FEDERICO
Déjate de tonterías. Yo lo que tengo que conseguir es que el Marqués ó su hija se nieguen a obedecer al Emperador, y para eso tú me servirás de mucho.

JUAN
¿Yo? ¿Cómo?

FEDERICO
Como eres mi amigo de la infancia, puedes hablar muy mal de mí; dar unos informes horribles, lo peor que se te ocurra. Me injurias, me calumnias mucho.

JUAN
Eso lo haría mejor Roseta, que tiene muy mala lengua.

FEDERICO
¿Quién es Roseta?

JUAN
Mi futura.

FEDERICO
Tráemela.

JUAN
¿Para qué?

FEDERICO
Para enseñarla a echar bolas.

JUAN
Hasta tres las maneja admirablemente.

FEDERICO
O hasta veinte.

JUAN
Eso no lo he visto ni en el circo de Moscou.


ESCENA VIII

Dichos y el Marqués.

MARQUES
¡Un oficial del Emperador! Este será.

JUAN
El Marqués.

MARQUES
Soy el Marqués de Pontenay. (A Federico)

FEDERICO
Entonces yo soy vuestro yerno de orden del Emperador.

MARQUES
¡Muy bien, magnífico! Os esperaba. Mi hija se está vistiendo para salir a paseo con su ama de gobierno. Así la conoceréis, porque no se entra en una casa extraña de sopetón, aunque lo mande vuestro Emperador.

FEDERICO
Me es igual.

MARQUES
Mañana estaréis en el castillo de Pontenay, a diez leguas de aquí, y se celebrará el acto dispuesto por vuestro Emperador.

FEDERICO
¿De modo, que vos accedéis?

MARQUES
Ya lo creo; para mí lo que manda el Emperador es ley de la Francia.

JUAN
(Al Marqués) Debéis negaros.

MARQUES
¿Quién eres tú?

JUAN
El dueño de esta barraca.

MARQUES
¡Ah! (¿Estará en el secreto?)

JUAN
Sí, señor. (¿Qué secreto será?)

MARQUES
Bueno. No os extrañará que, como os voy a dar una hija, quiera informarme...

FEDERICO
(Esta es la mía) Preguntad.

MARQUES
¿De dónde sois?

FEDERICO
De Asnieres; un pueblo donde no hay una persona honrada.

JUAN
¡Eh, poco a poco! Yo soy de ese pueblo y me tengo por un santo.

FEDERICO
Pero yo soy un demonio. (¡Ayúdame ó te mato!) (A Juan)

MARQUES
Muy bien. ¿Quién era vuestro padre?

FEDERICO
El verdugo.

MARQUES
¡Magnífico! ¿Y vuestra madre?

FEDERICO
La verduga.

MARQUES
¿Y vuestra educación?

FEDERICO
Infame. Desde pequeño me dedicaba a maltratar a los animales, ¿verdad?

JUAN
Sí; a mí me rompió un hueso de una pedrada.

FEDERICO
Y mi afición principal es el vino. Me emborracho y pego a las mujeres. Tengo cinco señaladas en París. (Ayúdame) (Aparte a Juan)

JUAN
Sí, señor; en París y en la casa.

FEDERICO
Y cuando no bebo, juego. Todas vuestras propiedades las pongo a una carta.

MARQUES
¡Magnífico!

JUAN
Y los pierde.

FEDERICO
Y me juego a mi mujer con la mayor tranquilidad.

JUAN
¡Y la pierde!

FEDERICO
Y en cuanto a vergüenza...

JUAN
La pierde.

FEDERICO
En cuanto a vergüenza no la conozco.

MARQUES
¡Soberbio! A mi hija le gustan los hombres que beben y juegan y pegan y pierden.

FEDERICO
¿Y no tenéis más qué decir?

MARQUES
Sí, que vuestro emperador tiene una mano excelente para buscar yernos.

JUAN
Pues anda que vos para educar hijas...

FEDERICO
Ya sabéis quien soy. (A Juan) (Si me haces traición te mato)

JUAN
¡Zambomba!

MARQUES
(A Juan) (Si descubres mi secreto te mando ahorcar)

JUAN
(¿Hombre, si tendré yo la culpa de todo lo que pasa?)

MARQUES
Aquí sale ya mi hija.


ESCENA IX

Los Mismos, Berta y Roseta sin traje de titiritera.

(Música)

BERTA
Por hija vuestra
bien pasará. (Al Marqués)

JUAN
¡Si es la Roseta!
¡Quién lo creerá!

ROSETA
Señor querido,
digo, papá.

MARQUES
¡Hija adorada,
qué horrible está!

FEDERICO
Esa es mi esposa,
do hay duda ya.

MARQUES
Aquí tenéis a vuestra esposa
que os va a querer según espero.

JUAN
Por vida de... su esposa ha dicho,
pues eso yo no lo tolero.

ROSETA
Tú cállate, yo te lo mando.
Tú cállate, que yo lo quiero.

BERTA
Pobre oficial, ¡qué triste suerte!
le van a hacer titiritero.

FEDERICO
Saquemos fuerzas de flaqueza.
que el ser galante es lo primero.
Yo os saludo, señorita,
y al mirar la gentileza
y la espléndida belleza
conque os ha dotado Dios,
solo siento que la suerte
hoy os traiga aquí un marido
que no sea el elegido
naturalmente por vos.

ROSETA
No me importa, que la tropa
siempre ha sido mis amores,
y en vistiendo de colores
ya me gusta un hombre A mí.
Sus repito que me alegro
por habernos conoció
y si seis un buen marío
sus querré siempre hasta allí

BERTA y FEDERICO
¡Virgen santa, qué lenguaje!

ROSETA
Ser más fina ya no puedo.

FEDERICO
Esta finge... si yo cedo
¿qué dirá el emperador? (Alejándose pensativo)

JUAN
Yo no entiendo ni una jota.

MARQUES
¿Os habéis arrepentido?

(Acercándose a Federico)

FEDERICO
¡Yo jamás! Siempre he cumplido
lo que manda el superior.

(Viniendo con energía a1 centro)

Cuando dice Bonaparte
en el campo de batalla
despreciando la metralla
que adelante mi escuadrón.
¡Cataplón!

TODOS
¡Cataplón!

FEDERICO
Todo el mundo boca abajo.
¡Pín, pán, pón!

TODOS
¡Pín, pán, pón!

FEDERICO
Se obedece sin trabajo.
¡Cartuchera en el cañón!

TODOS
Pín, pán, pón.
¡Cartuchera en el cañón!

FEDERICO
Cuando dice Bonaparte
a casarse con aquella
joven, tonta, rica ó bella,
los que son de mi escuadrón.
¡Cataplón!

TODOS
¡Cataplón!

FEDERICO
Sin chistar cumplen la ley.
¡Pín, pán, pón!

TODOS
¡Pín pán, pón!

FEDERICO
Y mañana a Pontenay
a buscar la bendición.

TODOS
Pín, pán pón.
a buscar la bendición.

FEDERICO
¡Pín, pán, pón!
¡Cartuchera en el cañón!

TODOS
¡Pín, pán, pón!
¡Cartuchera en el cañón!

(Hablado)

JUAN
Parece que hemos dado una batalla, y aquí el muerto soy yo.

ROSETA
¿Conque os he gustado?

JUAN
¡Qué ingratitud!

FEDERICO
Fingís muy bien, pero yo no desobedezco al emperador.

ROSETA
¡Caracoles!

FEDERICO
Aunque digáis mayores groserías mañana estoy en Pontenay dispuesto a casarme. Si queréis romperla boda, rompedla vos.

ROSETA
¡Yo romper! ¡Si estoy deseando casarme!

BERTA
Eso no se dice. (Aparte a Roseta)

FEDERICO
Hasta mañana, mi querido suegro. Adiós, futura.

ROSETA
Adiós, chico.

BERTA
No se habla así. (Conteniéndola)

FEDERICO
Me gusta la franqueza.

MARQUES
Os acompaño hasta la salida del pueblo.

FEDERICO
(A Juan) Te necesito mañana en Pontenay. (Vase)

JUAN
¡Sí que iré! ¡Ya lo creo! (Compungido)

MARQUES
Este me servirá para atestiguar el origen de

ROSETA
Os necesito mañana en Pontenay. (A Juan. Vase)

JUAN
Sí, señor. Y yo también me necesito allí. (¡Ingrata!)

ROSETA
¡Pobre Juan! ¡Mañana ven a Pontenay!

JUAN
¡Tú también!

BERTA
No hables más con ese hombre.

JUAN
Ni falta que me hace. (Se sube al tablado)

ROSETA
Ahora vamos a lucir mi traje por el pueblo. Veréis qué paso tan aristocrático. (Vase)

JUAN
La última función de la temporada. (Dando golpes con los platillos y el bombo)

(Mutación)


CUADRO SEGUNDO

Interior de la barraca de Juan.


ESCENA X

Entra Juan con el bombo, la espada y demás artefactos, después Andrea.

JUAN
¿Qué me querrán todos en Ponte... eso? ¡Roseta, hija de los aristócratas! ¡Roseta con sangre azul y yo con la sangre achicharrada! ¡Ahora solo, sin tener quien toque el bombo!... ¡Ni quien se trague esta espada! ¡Ah! ¡ Yo se la haré tragar en Ponte... lo que sea.

ANDREA
Señor titiritero.

JUAN
No hay función.

ANDREA
¿Quiere usted oírme?

JUAN
¿Qué se ofrece?

ANDREA
Acabo de ver que hay una vacante en la compañía y quería ocuparla.

JUAN
¿Qué sabéis hacer?

ANDREA
Nada.

JUAN
Me parece poco.

ANDREA
Yo os sostendré mientras estemos juntos.

JUAN
¡Hola! ¿Tenéis mucha fuerza?

ANDREA
Tengo mucho dinero.

JUAN
¡Caramba! (Esta se ha enamorado de mí) Entonces me retiro de la profesión.

ANDREA
Al revés, tenemos que trabajar juntos en Pontenay. Allí se celebra una boda y tenemos que distraer a los novios.

JUAN
Sobre todo a la novia. ¡Cómo la voy a hacer rabiar! Pero es preciso que hagamos muchos ejercicios. ¿Sabéis hacer la rana en el trapecio?

ANDREA
No, pero aprenderé.

JUAN
Yo os haré rana. ¿Y el mosquito invisible?

ANDREA
Tampoco.

JUAN
Yo os haré mosquito. ¿Y el burro volador?

ANDREA
Menos.

JUAN
Yo os haré burra.

ANDREA
Lo más fácil para mí es el canto, tengo buena voz, y en esa boda yo necesito llevar la voz cantante.

JUAN
Y yo la voz de la conciencia, si es que la novia la tiene. Entonces sabréis las sátiras que yo canto por los pueblos.

ANDREA
Divinamente.

JUAN
Vamos a verlo.

(Música)

JUAN
Con-la-lá la-ri-tú.

ANDREA
Con-la-lá la-ri-tú.

JUAN
Con-la-lá la-ri-tú.

LOS DOS
Con-la-lá la-ró.

JUAN
El señor de Bonaparte.

ANDREA
Parte

JUAN
Ya no quiere a Josefina.

ANDREA
Fina.

JUAN
Y es porque ella le coloca.

ANDREA
Loca.

JUAN
En terrible situación.

LOS DOS
¡Chin! ¡Bon! (Dando en el bombo)

JUAN
Ahora se ha hecho muy devota.

ANDREA
Vota.

JUAN
Y el que enseña la doctrina.

ANDREA
Trina.

JUAN
A tan bella soberana.

ANDREA
Rana.

JUAN
Es un cabo de cañón.

LOS DOS
Chin, bóm.

JUAN
Dicen que es tan grande
hoy su devoción
que se pasa el día
de contemplación;
Con la la ri tu.

LOS DOS
Con la la ri tu.

JUAN
Con la religión.

JUAN
Con la la ri tu.

ANDREA
Con la la la ri tu.

JUAN
Con la la la ri tu.

LOS DOS
Con la la la ro.

JUAN
Los ministros nos arroban.

ANDREA
Roban.

JUAN
Con discursos muy amenos.

ANDREA
Menos.

JUAN
Pero en Francia no hay decoro.

ANDREA
Oro.

JUAN
Y es atroz la situación.

LOS DOS
¡Chin, bóm!

JUAN
Los principios se han salvado.

ANDREA
Vado.

JUAN
Y aun que todos somos buenos.

ANDREA
Henos.

JUAN
Las colonias se han perdido.

ANDREA
Ido.

JUAN
Arruinando a la nación.

LOS DOS
Chin, bóm.

JUAN
Pero los causantes
de la perdición,
se han venido a tiempo;
ya es penetración.
Con la la ri tu.

LOS DOS
Con la la ri tu.

JUAN
Con la dimisión.

(Hablado)

JUAN
¡Magnifico! Vámonos.

ANDREA
Ahora mismo. Pero en Pontenay no haréis más que aquello que yo os mande. (Vase)

JUAN
Bueno, siempre he de tener una mujer que me gobierne. (Vase con el bombo)

(Mutación)


CUADRO TERCERO

Salón en el castillo de Pontenay. Sillones para todos los coristas, una mesa a la derecha, puerta al foro y en la primera izquierda y segunda derecha.


ESCENA XI

El Marqués, y luego Roseta, (en traje de boda) y Berta.

MARQUES
Hoy es un día feliz para mí. La historia me nombrará, y Napoleón se acordará de mi nombre mientras viva.

ROSETA
Yo quiero conocer toda la casa. (Entrando seguida de Berta)

BERTA
Pero no te levantes así las faldas.

ROSETA
Es que este vestido me estorba para andar. Si me hubieran dejado casarme de mallas.

MARQUES
¡Hola, muy bien! ¡Estás encantadora! (Contemplándola)

ROSETA
Querido papa. (Abrazándole)

MARQUES
Aprieta, hija, aprieta.

BERTA
¡Señor Marqués! (Separándolos)

MARQUES
Tienes razón. (Apartándose) Antes de la ceremonia es preciso que tengas mucha prudencia y mucho rubor...

ROSETA
Y si no sé.

BERTA
Para eso te estoy yo dando lecciones.

ROSETA
¡Ah! Toda la noche he venido pensando en una cosa que no sé cómo se va a arreglar.

MARQUES
¡Habla! ¡Alguna tontería!

ROSETA
Bueno. Mi futuro sabe que vuestra hija es viuda, y yo no lo soy. Como nos vamos a arreglar.

MARQUES
Estos revolucionarios no entienden de nada. Tú. (A Berta) Enséñala modales finos.

BERTA
¡Los míos, los míos la estoy enseñando!


ESCENA XII

Los Mismos, Alcalde, y Legrand.

ALCALDE
El señor Marqués de Pontenay.

MARQUES
¡Señor Alcalde!

ALCALDE
(Presentándole) Mr. Legrand, escribiente de la alcaldía, hombre de buena letra, que viene a extender el acta.

MARQUES
Mi hija. (Presentándola)

ROSETA
¡Ah! ¿sois el cura? Espero que me casaréis pronto y bien.

ALCALDE
No soy el cura. Soy la ley: os casaré en regla Ahora el primer golpe lo da el Estado. Luego si queréis, remachará la iglesia.

ROSETA
Sí, que quiero remachar.

MARQUES
Si dices inconveniencias, te caso con mordaza.

ROSETA
Papá, no seas gruñón.

ALCALDE (A Legrand) Aquí se comerá bien.

LEGRAND
Yo he visto a la novia tragarse algo.

ALCALDE
También soy portador del documento en virtud del cual os devuelve el emperador vuestros bienes una vez terminada la ceremonia.

MARQUES
No tengo prisa. Vuestro emperador puede retener mi fortuna cuanto tiempo guste.

ROSETA
(¡Caracoles!) Que desprendimiento.

MARQUES
No digas caracoles.

ALCALDE
La novia jura como un gendarme.

LEGRAND
Y se traga algo en las ferias.

ALCALDE
No seáis maniático, Legrand.

ROSETA
Supongo que la ceremonia durará poco. Yo he visto en Passy, casarse de dos plumadas algunas chicas ¡qué vamos! no sé cómo hay hombres tan tontos.

ALCALDE
La ley es ciega. La novia es locuaz. (A Legrand)

LEGRAND
Y tragona.

BERTA
No habléis palabra.

ROSETA
Muda no le voy a gustar al novio, dejadme en paz. (Al Alcalde)

ALCALDE
Necesitamos un despacho para ir extendiendo el acta.

MARQUES
Pasad ahí. Esta señora y la contrayente os darán los datos precisos. (A Roseta) Si no callas, te vuelvo a la barraca.

ROSETA
Bueno, callaré.

BERTA
Vamos. (A Roseta)

ALCALDE
Aquí pasa algo extraño; pero se comerá mucho y bien.

LEGRAND
Preguntad a la novia si se ha tragado un sable en Saint Denis. (Vase izquierda)

ALCALDE
¡Qué atrocidad! (Vase Izquierda)

ROSETA
Papá; dame un beso.

MARQUES
Voy en seguida.

BERTA
Señor Marqués... anda (A Roseta, empujándola)

ROSETA
En cuanto hago algo propio de mi papel, os incomodáis. (Vanse Berta y Roseta izquierda)


ESCENA XIII

Marqués solo.

MARQUES
En cuanto se casen, a emigrar, y esta carta al emperador: (Leyendo) «Bonaparte; os la, he jugado de puño. Mi hija no se ha hecho para la boca de los bonapartistas. La novia es una titiritera. ¡Viva el rey!» A preparar el viaje. (Vase)


ESCENA XIV

Federico y Juan.

FEDERICO
No está por aquí.

JUAN
Creed que me da miedo lo que me proponéis.

FEDERICO
Tú me has confesado que estás enamorado de ella.

JUAN
Sí; pero antes, cuando no era hij... ya se me iba a escapar. ¿Por qué habrá venido?

FEDERICO
No escucho disculpas; tú te propasas, la abrazas, la besas, haces lo que se te ocurra; yo salgo, doy un escándalo, y el emperador no se empeñará en casarme con ella después de semejante escena.

JUAN
Bueno; yo trataré de escandalizar; pero su padre me va a dar de palos.

FEDERICO
¿Y qué? El bollo bien vale un coscorrón.

JUAN
Sí; si yo estoy dispuesto a recibir coscorrones, y el primero será el de ella.

FEDERICO
¿Es fuerte?

JUAN
¡Levanta veinte libras!

FEDERICO
¿Qué dices?

JUAN
Que pesa veinte libras.

FEDERICO
¿Nada más, siendo tan gruesa?

JUAN
Las veinte libras son de altura.

FEDERICO
¡Pero estás tonto!

JUAN
Sí, tonto; tanto, que se me ha olvidado deciros que la nueva artista que yo he contratado para sustituir a... a... a la otra os está esperando en el patio.

FEDERICO
¿A mí?

JUAN
Sí, a vos. Ayer me dijo: Vamos a Pontenay. Tengo que hablar con el novio antes que se celebre la boda de la hija del marqués.

FEDERICO
¿Y no me lo has dicho aún?

JUAN
¡Como me habéis cogido y me habéis traído...

FEDERICO
¿Es muy bella?

JUAN
Hermosísima.

FEDERICO
¿Y está en el patio?

JUAN
Esperándoos.

FEDERICO
Pues, tú aquí; a dar un escándalo gordo. Yo volveré. (Vase por el foro)

JUAN
Bueno.


ESCENA XV

Juan, luego Roseta.

JUAN
¡Un escándalo gordo! Sí, señor, que lo daré aunque me ahorquen. Puesto que este es el salón de la ceremonia, aquí debo yo armarle. En cuanto la vea la cojo, y me la pongo al pie sobre los hombros en equilibrio...

ROSETA
¡Juan!

(Música)

JUAN
Dime, Roseta, dueño adorado,
ya que mi pena no te convenza,
si en este sitio y en este estado
no te da el verme mucha vergüenza.

ROSETA
No sé, Juan mío, pa que viniste;
que tu presencia mis nervios crispa.
Sí que me apena verte tan, tan triste;
pero vergüenza no tengo chispa.

JUAN
¡Quién te ha enseñado a dar piruetas
en una cuerda floja ó tirante;
por quien has dado las volteretas
de esa manera tan elegante!

ROSETA
No me recuerdes hoy los servicios
que me has prestado, que haré pucheros.
¡Qué hermosos eran mis ejercicios!
¡Cuántos aplausos y qué sinceros!

JUAN
Vuelve conmigo, que aquella vida
tenía ratos muy agradables.

ROSETA
No, que hoy me encuentro comprometida,
y ya no quiero tragar más sables.

JUAN
¿Conque no quieres venirte?
Pues mejor.
Vete allá, donde te lleve
tu señor.
Que yo tengo otra muchacha,
superior,
que tragándose los sables
causa horror.

ROSETA
Pues si tienes otra chica,
gran truhán,
¿cómo vienes a fingirme
tanto afán?
Ve con ella por los pueblos
y verán
que has perdido quien te daba
todo el pan.

JUAN
Te equivocas, que es muy bella.

ROSETA
¿Y a mí qué?

JUAN
Y vendrá a tu misma boda.

ROSETA
La veré.
Y verás cómo me caso.

JUAN
¿Y a mí qué?

ROSETA
Y verás a mi marido.

JUAN
Le veré.

ROSETA
Rabia, rabia,
rabiarás.

JUAN
Rabia tú,
que rabias más.
(Etc., etc., etc.)

(Hablado)

ROSETA
Anda, vete. Ya sabes que he resultado hija legítima del Marqués de Pontenay. No puedo hablar con titiriteros.

JUAN
¡Sí, hija!... La hija del Marqués, tú me lo has dicho muchas veces, es viuda y está en Londres.

ROSETA
Esa es mi hermana gemela.

JUAN
Si me has dicho que ella es rubia, y tú eres morena. Los gemelos se parecen siempre.

ROSETA
Porque somos de distinta madre.

JUAN
Entonces... no veo los gemelos.

ROSETA
Ni falta que te hace; vete.

JUAN
(Ahora me propaso) No me voy así de cualquier modo... Tú me sacrificas por amor a la riqueza. (Llorando)

ROSETA
No llores, porque me enternezco mucho.

JUAN
Ya ves; yo, que para hacer la pirámide humana, te ponía con suavidad sobre mis hombros.

ROSETA
Es verdad. ¡Y qué ejercicios de fuerza hacíamos.

JUAN
¡Y qué ejercicios de debilidad... cuando no había entradas!

ROSETA
No te aflijas, el corazón me dice que voy a ser viuda pronto.

JUAN
Pero entretanto, yo soy huérfano de ti. Y viuda, ya no te querré lo mismo. (Llorando)

ROSETA
No llores.

JUAN
Dame un abrazo; el último.

ROSETA
Bueno, pero sin apretar.

JUAN
(No puedo propasarme más) (Abrazándola)

ROSETA
¿Te acordarás de mí?

JUAN
Siempre. (¿Dónde estará, que no viene?)


ESCENA XVI

Alcalde, Roseta, Juan y Federico.

ALCALDE
¿Se puede?

ROSETA
Adelante, no te importe, la ley es ciega, no ve nada.

ALCALDE
La ley es ciega, ¡caramba!, pero yo tengo mi estómago correspondiente. Ahora se lo digo al novio.

FEDERICO
¡Qué alegría, Juan! (Abrazando a Juan)

ROSETA
¡Ah! ¿Habéis llegado al fin?

FEDERICO
Sí; no os he saludado antes, porque he tenido que hacer mucho... ¡Qué alegría! (Abrazando a Juan) ¡Soy feliz!

ROSETA
¿Habéis tomado a Juan, por la novia?

ALCALDE
No consiento que abracéis a este señor. Debo declarar que le he sorprendido aquí abrazando a vuestra futura.

ROSETA
¡Mentira!

JUAN
Cierto. (Aparte) Ya veis que me he propalado.

FEDERICO
No me importa.

ALCALDE
¡Cómo!

FEDERICO
Nada, no me importa nada. ¡Cuando digo que soy muy feliz! Lo que quiero es que se celebre pronto el matrimonio.

ROSETA
Así me gustan a mí los maridos.

ALCALDE
(Voy a contárselo al Marqués) (Vase)

FEDERICO
Andad, que esto va a empezar en seguida.

ROSETA
¿Qué prisa tenéis? Os advierto una cosa, no tengáis nunca celos de Juan.

FEDERICO
¡Jamás!

ROSETA
¡Qué felices vamos a serlos tres! ¡Adiós! (Vase)

JUAN
Pero, ¿os vais a casar?

FEDERICO
En seguida. ¿No te digo que ya he perdido la pena que tenía? ¿No me lo conoces?

JUAN
Sí; habéis perdido la pena y la vergüenza.

FEDERICO
Ven, que te voy a enseñar tu papel en esta boda.

JUAN
Si, ya lo sé; no es el peor, pero prefiero el de marido.

FEDERICO
Sígueme. Hay que obedecer al Emperador.

JUAN
¡Pero qué cosas manda su majestad!


ESCENA XVII

Van saliendo las Damas con el Marqués por la derecha con aire de misterio.

DAMAS
¡Buena ocurrencia!
¡Soberbia cosa!
¡Burla chistosa!
¡Gran diversión!

MARQUES
Que una palabra
no se os escape
hasta que atrape
a Napoleón.

DAMAS
¡Cuando lo sepan
nuestros parientes,
que tiene ausentes
la emigración,
bailan de gusto,
se ponen beodos
y así hacen todos
a Napoleón!

MARQUES
Al descubrirse
veréis qué encanto,
pero entre tanto,
chito, chitón.

DAMAS
¡Já, já, qué risa! (Fuerte)
¡Já, já, qué encanto!

MARQUES
Pero entre tanto
chito, chitón.

DAMAS
Cuando el soldado,
Marqués se cuente,
y se presente
tan fanfarrón...

(Marcando lo que dice la letra)

Le pediremos
que la Marquesa
suba una pesa
ó que haga el clown.

MARQUES
Al descubrirse
veréis qué encanto,
pero entre tanto,
chito, chitón.

DAMAS
¡Já, já, qué risa!
¡Já, já, qué encanto!

MARQUES
Pero entre tanto,
chito chitón.

DAMAS
Ya viene el novio
Buen aire tiene.

MARQUES
Mucha prudencia
que alegre viene.


ESCENA XVIII

Los Mismos, Federico y Oficiales de gala.

FEDERICO
Ante todo, suegro mío,
estos chicos os presento;
son los dignos camaradas
de mi bravo regimiento.

MARQUES
Yo os presento, yerno amado,
a estas damas de la Francia;
bien se ve que son muy nobles
por su porte y arrogancia.

OFICIALES
Son muy bellas.

DAMAS
Son muy guapos
estos revolucionarios.

OFICIALES
No nos quieren.

DAMAS
No parecen
vistos bien, tan ordinarios.
Son marciales.

OFICIALES
Orgullosas,
pero tienen mucha gracia.

DAMAS
Son valientes.

OFICIALES
¡Y qué joven
es la vieja aristocracia!
Si quisierais...

(Acercándose cada oficial a una dama)

DAMAS
¡Caballero, (Apartándole)
respetad a la nobleza!

OFICIALES
Y si os amo...

DAMAS
¡Qué locura!
(Tiene gracia la franqueza)

(Se sientan las Damas)

MARQUES
¡Qué atrevidos; reprendedlos!

FEDERICO
Al contrario, los achucho.

MARQUES
Son del Rey parientas todas.

FEDERICO
Pues así les gustan mucho.

OFICIALES
Esa mano. (Cogiéndola)

DAMAS
¡Pues apenas (Retirándola)
si tenéis atrevimiento!

OFICIALES
Solo un beso. (Cogiendo la mano)

DAMAS
¡Virgen santa!

(Forcejeando sin retirarla)

(Ojalá que me dé ciento)

(Se la acercan a los labios)

Levantaos.

OFICIALES
Ahora mismo,
para estar cerca del rostro.

(Acercándose mucho)

DAMAS
Apartaos.

OFICIALES
Eso nunca.

(Ellos van a arrodillarse otra ver, y ellas lo impiden)

Si os enfado, así me postro.
Un recado...

DAMAS
¿En el oído?
Bien, decidlo muy deprisa.

OFICIALES
Bis, bis, bis...

(Imitando el ruido de una conversación dicha en voz muy baja y al oído)

DAMAS
¡Jesús, qué malo!
¡Já, já, já! ¡Jesús, qué risa!

MARQUES
¡Qué atrevidos, reprendedlos!

FEDERICO
Al contrario, los achucho.

MARQUES
Son del Rey parientas todas.

FEDERICO
Pues así no gustan mucho.
Hay una nobleza
que anda en las historias,
vive de recuerdos,
vive de memorias.
¡Viejos pergaminos!
¡Ciencia del blasón!
No sé de qué sirven
para la nación.
Y hay otra nobleza,
que es la más preciada,
y esa se conquista
sólo con la espada.
Es la del soldado,
noble corazón,
que su vida tiene
para la nación.

DAMAS
¡Qué bello lenguaje,
noble corazón!

MARQUES
Eso lo ha inventado
la revolución.

(A la vez Damas y Oficiales)

DAMAS
¡Qué bello lenguaje,
noble corazón,
es su vida entera
para la nación!

OFICIALES
Es en el soldado
noble el corazón,
pues su vida tiene
para la nación.

(Hablado)

FEDERICO
Señor Marqués, que no se retarde la ceremonia.

MARQUES
Mucha prisa tenéis por llevar mi corona de Marqués.

FEDERICO
Muchísima.


ESCENA XIX

Los Mismos, Berta, Legrand, Roseta y Alcalde.

ROSETA
¡Cuánta gente, papá!

MARQUES
A ver si saludas con finura. (Presentándola) Mi hija.

ROSETA
Ahora veréis. (Al Marqués. —Se adelanta y hace un saludo de circo a los convidados)

TODOS
(Risas)

ALCALDE
¿Podemos empezar?

MARQUES
Cuando gustéis.

ALCALDE
(A Federico) Tened cuidado, porque sospecho que aquí os la dan de puño.

FEDERICO
No tengáis miedo, que aquí el que la da soy yo. Cumplid con vuestro deber.

ALCALDE
Bueno, bueno. Legrand, sacad las actas. Sentaos todos... (Se sientan. A la derecha el Alcalde y Legrand, detrás de la mesa; al lado del alcalde Federico; a la izquierda y por el orden siguiente: Marqués, Berta, Roseta y Damas. Los Oficiales quedan de pie detrás)

BERTA
(Al Marqués) Os advierto, señor, que el castillo acaba de ser rodeado por una porción de soldados con armas.

MARQUES
¿Qué decís? (Levantándose)

ALCALDE
La ley manda que todo el mundo esté callado.

MARQUES
Ya me ha chocado a mí la alegría del novio.

ALCALDE
La ley manda que todo el mundo se calle,

MARQUES
Perdonad. (Se sienta y se levanta) ¡Caramba! ¿Si se habrá descubierto todo? (Va a mirar por una ventana)

ALCALDE
Digo por tercera vez que la ley...

ROSETA
Papá, que te sientes.

TODOS
(Risas)

MARQUES
Yo desearía dilatar este acto...

FEDERICO
¡De ningún modo! (Levantándose) Obedezcamos al Emperador.

ROSETA
¡Cómo me adora, papá!

MARQUES
¡Qué papá ni qué diablos!

ALCALDE
(Leyendo el acta) Señor Federico de Aubriguy, ¿queréis por esposa a la señorita Andrea de Pontenay?

FEDERICO
Sí. (Levantándose)

ALCALDE
Os habéis perdido, pero comeréis bien. A ver, acercaos, señorita. (A Roseta)

ROSETA
Aquí me tenéis. (Acercándose)

MARQUES
Un momento, señores... Yo puedo arrepentirme.

ROSETA
¡Sólo faltaba que salieras ahora con eso!... Seguid, seguid, seguid.

ALCALDE
Señora Andrea de Pontenay ¿queréis por esposo a Federico de Aubrigny?

ROSETA
Venga. (Risas)

ALCALDE
Decir que sí nada más.

ROSETA
Pues sí.

ALCALDE
En nombre de la ley quedáis unidos para siempre en indisoluble lazo. (Se levantan todos)

LEGRAND
(Aparte) No hay duda, esa novia se traga algo.

ALCALDE
El que se lo traga todo es el novio. Ahora podemos comer .mientras se extiende el ' acta, para que firméis todos.

MARQUES
(Aparte) Vaya, mis sospechas eran infundadas. Venid, (a ]as damas) Querido yerno, os doy la esposa que merecéis; decídselo así al emperador, y os advierto que es tan hábil que si queréis que trabaje en la cuerda floja lo hará. (Risas de las damas)

ROSETA
¡Os burláis! Dadme la espada. (A Federico)

MARQUES
No se la deis, que se la va a tragar. (Risas) Yo salgo ahora mismo para un corto viaje...

FEDERICO
Señor Marqués, antes de abandonarnos cumpliremos todo el programa de la boda. Sabéis que tengo contratados unos titiriteros para pasar la velada, y hay que verlos.

ROSETA
Que vengan, eso a mí me gusta mucho.

ALCALDE
Pero detiene la comida...


ESCENA XX

Dichos y Juan.

JUAN
Señores, un servidor hará algunos ejercicios maravillosos, pero antes presentaré al concurso a la bella artista Andrea, que asombrará a todos con su excepcional habilidad. (Se acerca a la puerta) Hela aquí. (Sale Andrea)

MARQUES
¡Mi hija!

BERTA
¡La señorita Andrea!

FEDERICO
La señorita Andrea, que según el contrato que vamos a firmar, se ha casado conmigo. (Cogiéndola la mano)

MARQUES
¡Tú contra tu padre!

ANDREA
¡Así te he salvado la vida! ¡El emperador sabía tus planes!

FEDERICO
Y además nos amábamos hace tiempo.

ROSETA
¿Pero papá yo qué hago ahora?

MARQUES
Lárgate de mi lado. (Rechazándola)

ROSETA
Esposo, vámonos. (A Federico)

FEDERICO
Ya no lo soy tuyo. (Rechazándola)

ROSETA
¡Juan!

JUAN
¡Anda, que hueles a tirana! (Rechazándola) ¡Cuando venga el terror voy a pedir tu cabeza!

ROSETA
¡Yo te la doy ahora con todo el cuerpo y el alma! Señor alcalde, cásenos usted.

ALCALDE
Lo primero es comer. Luego podéis ir a la alcaldía.

FEDERICO
(Al Marqués) Como veis, es muy difícil dársela al emperador.

JUAN
¡Gracias a lo que yo le he ayudado!

MARQUES
Yo no me resigno. ¡Viva el!...

FEDERICO y OFICIALES
¡Chist!

JUAN
Señor Marqués. Por ahora nos guardaremos nuestras opiniones. El único que tiene que expresarlas es... el público.



TELON


Información obtenida en:
https://archive.org/details/vivaelreyzarzuel4232chap

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