martes, 22 de diciembre de 2015

La Danza de los Velos (Libreto)



LA DANZA DE LOS VELOS



Zarzuela cómica en un acto, dividido en tres cuadros.

Texto de Manuel Fernández de la Puente.

Música de Francisco Alonso.

Estrenada en el Teatro Martín, de Madrid, la noche del 21 de febrero de 1919.


REPARTO (Estreno)

Diana - Srta. Paisano.

Cu-cú - Sra. Labrador.

La Negrita - Sra. Berri.

Doña Catalina Sra. Colina.

Doña Cordelia - Sra. López Romero.

Soledad - Srta. Quirós.

Don Acisclo- Sr. Bretaño.

Minglanilla / Crick - Sr. García Ibáñez.

Don Gregorio - Sr. Morales.

Periquín - Sr. Heredia.

Silverio - Sr. Estellés.

Crack - Sr. Martí.

Remigio - Sr. Paisano.

La Señora de Minglanilla - Sra. Opellón.

La Suegra de Minglanilla Sra. Martín.

El Regisseur - Sr. Gálvez

Un Camarero - Sr. Jiménez.

Los Velos Verdes - Srtas. Paisano, Carriedo, G. Tora, E. Tora.

Los Velos Encarnados - Sra. Labrador, Srtas. J. Fernández, Vera, López.

Los Velos Blancos - Srtas. Fuster, Pacheco, F. Fernández.

Los Velos Negros - Srtas. Prado, Pérez, Sánchez, F. Gallardo.

Niños y Coro general.

La acción en Madrid. —Epoca actual (La del estreno)

Derecha e izquierda, las del actor.


ACTO UNICO


CUADRO PRIMERO

Interior de una tienda de compra-venta mercantil en los barrios bajos. Tienda donde se empeña y vende, desde alhajas hasta ropas, colchones, etc., etc. AI foro derecha, escaparate; al foro izquierda puerta de entrada. En ambos costados, anaquelerías con infinidad de objetos distintos, y un pequeño mostrador en cada lado, perpendicular a la batería. En el centro y pendiente del techo, un aparato de luz eléctrica, que no se enciende pues figura ser de día. Delante de cada mostrador, dos sillas. En el costado derecho, una . puerta. Preludio corto antes de levantarse el telón.


ESCENA PRIMERA

Periquín y Silverio.

SILVERIO
(Desde la puerta del foro) ¿Solo?

PERIQUIN
Como un hongo.

SILVERIO
¿Y el principal?

PERIQUIN
En el segundo.

SILVERIO
Pues aprovechemos.

PERIQUIN
Desembucha.

SILVERIO
He tenido carta de Cu-cú, diciéndome que ella y Diana quieren que las llevemos mañana al baile de las Odaliscas, del Palas.

PERIQUIN
Pero si yo no tengo dos pesetas.

SILVERIO
Ni yo.

PERIQUIN
Y a Diana le consta.

SILVERIO
Y a Cu-cú también.

PERIQUIN
¿Entonces para qué piden que las llevemos de juerguecita?

SILVERIO
Para que las digamos rotundamente que no, y mandarnos ellas, también rotundamente, a paseo.

PERIQUIN
¡Perder a las dos cupleteras más salerosas de Madrid!

SILVERIO
Muy salerosas, pero muy coquetas.

PERIQUIN
Y muy interesadas.

SILVERIO
¿De veras crees tú que las perderemos?

PERIQUIN
Dalas por perdidas.

SILVERIO
Y eso que ignoran que somos dos simples dependientes de comercio.

PERQUIN
Oye, el simple lo serás tú.

SILVERIO
¡Adiós, Séneca!

PERIQUIN
Hombre, no tanto; pero dime tú, si la estratagema del dolor de muelas no acusa algo de cacumen.

SILVERIO
No sé a qué te refieres.

PERIQUIN
Pues vas a saberlo. Yo dormía antes en el piso segundo, habitación de los dueños de la tienda, y en vista de que no me dejaban salir de noche, ni los domingos, se me ocurrió fingir un dolor de muelas tan espantoso, que los tuve tres noches sin dormir; y claro, al cuarto día me bajaron la cama a la tienda.

SILVERIO
De donde sales todas las noches para irte de bureo.

PERIQUIN
Merced a dos llaves que me he mandado hacer, sin que mis amos lo sepan; una de la puerta que comunica con el portal, y otra de la puerta de la calle.

SILVERIO
Qué ajeno estará tu principal de lo que sucede.

PERIQUIN
¡Toma, como que me deja encerrado todas las noches!

SILVERIO
¿Y qué les contestamos a esas?

PERIQUIN
¿Tú puedes salir luego?

SILVERIO
Yo duermo en la tienda como tú.

PERIQUIN
Entonces lo mejor será que a las diez vayamos a verlas al Salón Rojo, y las convenzamos de que no deben asistir al baile de las Odaliscas.

SILVERIO
¡Cualquiera convence a Cu-cú!

PERIQUIN
¡Pues como a Diana se le meta una cosa en la cabeza...!

SILVERIO
Para mí, la única solución es agenciarnos dinero.

PERIQUIN
¿Por qué no le dices a tu principal que te adelante algo?

SILVERIO
Porque para no soltar un céntimo me ha interesado en el negocio.

PERIQUIN
Lo mismo ha hecho el mío.

SILVERIO
Si que están un par de pejes...

PERIQUIN
Mi principal es el rey de los usureros y de los hipócritas.

SILVERIO
Oye, tú: no le quites al mío la corona.

PERIQUIN
Conque ya lo sabes; a las diez en punto, a la puerta del Salón Rojo, para subir juntos al cuarto de ellas. Y no se te olvide que soy sobrino y único heredero del marqués de Tres Torres.

SILVERIO
Y yo del Conde de Siete Picos.

PERIQUIN
¡Qué par de titulitos!

SILVERIO
Otra agudeza tuya. (Desde la puerta del foro)

PERIQUIN
Y que lo digas. En esto de los títulos, el caso es que suenen bien, que acaben en punta:
¡y me parece que más en punta que Tres Torres y Siete Picos...!

SILVERIO
No te doy un coscorrón, por no entretenerme.

PERIQUIN
Adiós, hombre.

SILVERIO
Abur. (Se va por el foro)


ESCENA II

Periquín y Don Acisclo.

PERIQUIN
Anda, ¿no es aquella que atraviesa la calle, la vecina del quince? Sí, ella es. ¡Y qué filigrana, San Cucufate!

ACISCLO
(Por la puerta de la derecha) ¿Qué haces ahí, Periquín?

PERIQUIN
Tomando el fresco.

ACISCLO
Sí, sí, el fresco. ¡Mirando a la primera mujer que pasa por la calle! Huye de la tentación, criatura; el sexo débil es la ruina moral y material del hombre!

PERIQUIN
¿Por qué se casó usted entonces?

ACISCLO
Mi mujer no es mujer: es una penitencia que me impusieron.

PERIQUIN
Pues ya pecaría usted para que le condenaran a cadena perpetua.

ACISCLO
Aquello pasó, Periquín.

PERIQUIN
Son tan bonitas las mujeres...

ACISCLO
¡Las odio, las abomino, las detesto! ¡Sirenas engañadoras todas ellas!

PERIQUIN
¡Si hubiera usted visto a la vecina del quince...!

ACISCLO
¿Cómo, cómo es?

PERIQUIN
De dieciocho a veinte años; ni alta ni baja; con unos ojos negros, así; con una boca, así; con unas prominencias así; y con unos andares, así. (Andando ridículamente)

ACISCLO
¡Para, hombre, para, que eres capaz de quitarle la ilusión al lucero del Alba!

PERIQUIN
¿Ve usted cómo todavía le gustan las mujeres?

ACISCLO
¡Quita de ahí, estúpido! Yo soy un hombre casto, un nuevo San Antonio!


ESCENA III

Dichos, Minglanilla. Este señor es un infeliz, completamente derrotado y tirando más a loco que a cuerdo.

MINGLANILLA
(Por el foro) Buenas tardes.

PERIQUIN
Muy buenas.

MINGLANILLA
¿El magnánimo propietario de este benéfico establecimiento?

ACISCLO
Servidor.

MINGLANILLA
Tanto gusto.

PERIQUIN
(Vaya un tipo)

MINGLANILLA
¡Ah, caballero! ¿Qué se figurará usted de mi? Que soy un jugador, un gastador, un derrochador...

ACISCLO
No, señor.

MINGLANILLA
Buen fisonomista; porque estoy viendo que lee usted en mi cara lo que soy.

PERIQUIN
(Un pelma)

MINGLANILLA
Un actor, un eminente primer actor, que después de haber dado La vuelta al mundo, cosechando ovaciones, se halla al presente sin contrata en La ciudad alegre y confiada, por culpa de Los intereses creados.

ACISCLO
Siento tanto...

MINGLANILLA
¡Ah, caballero, si usted me hubiese conocido en mis buenos tiempos! Yo he sido El orgullo de Albacete, El asombro de Damasco, El pasmo de Sicilia!

PERIQUIN
¡Jesús, María y José!

MINGLANILLA
Sí, señores, sí: y he dejado amigos y admiradores en todas las regiones de España. ¡Que vayan a preguntar por mí a Los amantes de Teruel, a La señorita de Trévelez, a El bobo de Coria, al Arcediano de San Gil, a El alcalde de Zalamea, a La alcaldesa de Hontanares y Al verdugo de Sevilla!

ACISCLO
¡Caracoles!

PERIQUIN
(¡De remate!)

MINGLANILLA
Yo me he codeado con El conde de Luxemburgo y La duquesa del Tabarin. ¡Por cierto que los conocí en La corte de Faraón!

PERIQUIN
(¡Atiza!)

MINGLANILLA
¡Pero mi esplendor fue Flor de un día! Una noche, lo recuerdo bien: era La noche del sábado! Yo que soy un Alma de Dios, estaba haciendo Molinos de viento, cuando oigo decir a una voz que salía de El patio... de butacas: «Ese hombre está loco.» ¿Yo ¡Loco, Dios! ¡Me había cogido La garra de La envidia, y desde aquella Tempestad de pasiones, promovida por El terrible Pérez y El amigo Melquíades, dejó de lucir La llama de la inspiración y me partió El rayo!

ACISCLO
¡Zapateta!

MINGLANILLA
Aquella tarde había visto una Araña azul.

PERIQUIN
¡Recuerno!

MINGLANILLA
Desde entonces para mí La vida es sueño: vivo en La azotea de una Casita blanca, donde brilla por su ausencia El ascensor y donde no utilizamos La cocina por no haber posibilidad de condimentar Los gabrieles. Por eso todas las mañanas se ve a La bruja de mi suegra A la puerta del cuartel, en espera de Los rancheros, y cuenta sus penas, mientras salen éstos, al Sargento Federico, al Cabo primero y a Los sobrinos del Capitán Grant!

ACISCLO
¡Bueno, hombre, bueno! ¿Quiere usted decir de una vez qué desea de mí?

MINGLANILLA
Que me oiga usted hasta el final.

ACISCLO
¡Ya es favor, ya!

MINGLANILLA
Caballero, yo tengo diez hijos.

ACISCLO
Tener es.

MINGLANILLA
Lluvia de hijos: tres niñas y siete niños.

ACISCLO
¿Y todos de la misma madre?

MINGLANILLA
De distintas madres y distintos pueblos.

PERIQUIN
Ni Don Juan Tenorio.

MINGLANILLA
El joven lo ha dicho. Mi hija mayor es de Jaca, provincia de Huesca; la segunda, de Mula, provincia de Murcia; y la tercera puede afirmarse que es de Cabra.

ACISCLO
Provincia de Córdoba.

MINGLANILLA
No, señor: digo que puede afirmarse que es hija de cabra, porque la hemos criado con biberón.

ACISCLO
¡Recontratulipán!

PERIQUIN
¿Y de dónde son los sietes niños?

MINGLANILLA
Los siete niños de Ecija.

ACISCLO
¡Ea, o acabe usted de una vez, o salga inmediatamente de aquí!

MINGLANILLA
¿Está usted convencido de que soy una especie de Don Alvaro o la fuerza del sino?

ACISCLO
Lo estoy.

MINGLANILLA
¿De que me hallo, como quien dice, En el seno de la muerte?

ACISCLO
¡Sí, hombre, si!

MINGLANILLA
Pues a ver qué me da usted por este reloj, que no es el de Lucerna precisamente, pero que es un reloj.

ACISCLO
¡Si no anda!

MINGLANILLA
¡Pues si anduviera, dónde estaría ya!

ACISCLO
Puede usted guardárselo: no doy un céntimo.

MINGLANILLA
Mire usted que necesito el dinero para bautizar al último de mis hijos, que cuenta seis meses y aún no ha entrado en el seno de la iglesia.

ACISCLO
Haga usted el favor de dejarme en paz.

MINGLANILLA
¿Va usted a consentir que siga El niño judío?

ACISCLO
¡Llama a un guardia, Periquín!

MINGLANILLA
Señor Periquín, no se moleste: cedo ante La fuerza bruta; pero tenga la bondad de decirme qué objetos son los que se admiten a empeño en este establecimiento.

ACISCLO
Todos los que tengan algún valor y especialmente, joyas.

MINGLANILLA
Está bien: le traeré a usted La joya de la casa, (Yendo hacia el foro)

PERIQUIN
Y no se nos venga usted con una nueva canción.

MINGLANILLA
Me olvidaré hasta de La canción del olvido.

ACISCLO
¡Incorregible!

MINGLANILLA
(Se va Cantado)
¡Soldado de Nápoles que vas a la guerra...!


ESCENA IV

Don Acisclo y Periquín.

PERIQUIN
¡Pero ese hombre está chiflado!

ACISCLO
Completamente.

PERIQUIN
¡Y dice que va a volver!

ACISCLO
Cuando vuelva, sales a llamar a la pareja.

PERIQUIN
¿Le parece a usted que suba a comer?

ACISCLO
Sí, hombre: pues poco que me lo encargó mi mujer. Ya verás qué sopa nos ha puesto hoy.

PERIQUIN
¿De perdigones como ayer?

ACISCLO
No, de estrellas, los perdigones son hoy los garbanzos.

PERIQUIN
Bajo en seguida.

ACISCLO
Sí, sí; como te empeñes en masticarlos, ni en dos horas. (Se va Periquín por la derecha)


ESCENA V

Don Acisclo, Diana y Cu-cú.

(Música)

DIANA y CU-CU
Buenas tardes.

ACISCLO
Buenas tardes.
(Qué dos hembras, santo Dios)

DIANA
Anda, chica.

CU-CU
Tú primero.

ACISCLO
(Son guapísimas las dos)

DIANA
Pues venimos...

CU-CU
Pues venimos...

ACISCLO
Sin temor pueden hablar.

DIANA
Pues venimos con objeto...

CU-CU
Con objetos que empeñar.

ACISCLO
¿Y siendo tan bonitas
así se ven?

DIANA
Amor es un tirano.

CU-CU
Dices muy bien.

ACISCLO
Vengan, pues, esos objetos
que desean pignorar.

DIANA
Dos mantones de Manila
de primera calidad.

(Cada una trae un mantón de Manila envuelto en un periódico)

CU-CU
Fíjese que peso tiene.

(Por el suyo que deslía)

DIANA
Este mío es superior. (Idem)

ACISCLO
No es posible así tasarlos.
Verlos puestos es mejor.

DIANA y CU-CU
Si no hay otro remedio,
me lo pondré.

(Se ponen los mantones)

ACISCLO
Estaba por gritarles...
¡Alza y ole!

DIANA y CU-CU
Luciendo el mantón airoso,
cuántos triunfos he logrado,
lo mismo yendo a la playa
que cantando en un tablado.
Porque, aparte la belleza,
que ya en sí tiene el mantón,
este cuerpo y esta cara
hay que ver con atención.
¿Le gustan, le gustan,
le gustan los mantoncitos?

ACISCLO
Y los cuerpos que los lucen
que son mucho más bonitos.

ELLAS
¡Aparte, aparte!

ACISCLO
¡Qué clase más superior!

ELLAS
Pues debajo hay otra tela
que es muchísimo mejor.

DIANA y CU-CU
Adiós, mantoncito mío,
prenda de mis alegrías,
que como brazos amantes
a mi cuerpo te ceñías.
Tú que sabes con la pena
que a dejarte voy aquí,
pide a Dios, como yo pido
volver pronto junto a mí.

Le gustan, le gustan
etc., etc.

(Hablado)

DIANA
Conque, ¿valen o no los mantoncitas?

ACISCLO
¿Me permite usted que me fije bien?

DIANA
¿Aún más?

ACISCLO
Es que me parecía que el de usted estaba picado; pero no; es una arruga. (Le pasa la mano por la región glútea)

DIANA
(Apartándose) Haga usted el favor, que no estamos en el cine.

ACISCLO
Y este otro, se me figura que tiene estropeado el fleco.

CU-CU
¿Por dónde?

ACISCLO
Vuélvase y se lo diré.

CU-CU
Mejor lo verá usted en la mano.

DIANA
Bueno, ¿y qué nos da usted de empeño por los dos?

ACISCLO
¿Por los dos? Cien pesetas.

CU-CU
¡Sí que se ha corrido el amigo!

ACISCLO
Cien pesetas, puestos sobre el mostrador; pero puestos ¡sobre esos divinos hombros, lo que a ustedes les haga falta. (Muy recalcado)

DIANA
¿De veras?

CU-CU
¡Ay qué gracia! (Riéndose mucho)

ACISCLO
Vamos a ver. ¿Tanta necesidad tienen ustedes de dinero?

DIANA
La verdad es que no se trata más que de un capricho.

CU-CU
Afortunadamente.

ACISCLO
¿Y puede saberse qué caprichito es ese?

DIANA
¡Por qué no! Alquilar dos buenos trajes, para ir mañana al baile de las Odaliscas del Palas.

CU-CU
Y cenar allí.

ACISCLO
Y... ¿si un hombre serio, mejor dicho, dos, tuviesen gusto en convidar a ustedes?

DIANA
Es que nosotras pensábamos...

CU-CU
(Calla, tonta)

ACISCLO
Si tienen ustedes algún compromiso formal, no he dicho nada.

CU-CU
No, como compromiso formal ninguno. ¿Verdad, tú, que no media ninguna formalidad?

DIANA
Justo, nada de formalidad.

ACISCLO
¡Oh, dicha! Pues entonces, si a ustedes les parece, esta misma noche, a las diez y media, podemos ponernos de acuerdo en cualquier sitio.

CU-CU
En el Salón Rojo.

ACISCLO
¡Ah! ¿Pero ustedes son?...

DIANA
Yo, la bella Diana.

CU-CU
Y yo, la gentil Cu-cú.

ACISCLO
Ya quería parecerme a mí que las había visto a ustedes en alguna parte.

DIANA
Cantando couplets.

ACISCLO
Pues nada, nada; a casa otra vez con los mantoncitos y basta la noche, arrogantes cupleteras.

CU-CU
¡Es usted un prestamista ideal!

ACISCLO
¡Comerciante, llámeme comerciante!

CU-CU
¡Pues viva el comercio!

DIANA
Viva!

ACISCLO
¡Viva la hermosura! (Sin gritar)

DIANA
Adulador.

CU-CU
Que no falte usted.

ACISCLO
Antes moro.

(Se van per el foro las señoras acompañándolas don Acisclo hasta la puerta)


ESCENA VI

Don Acisclo y Don Gregorio.

ACISCLO
Deseando estaba que se largasen, porque si se le ocurre a mi costilla darse una vuelta por la tienda me luzco.

GREGORIO
¡Acisclo, Acisclo! (Por el foro)

ACISCLO
¿Qué hay?

GREGORIO
¿Estás solo?

ACISCLO
Ya lo estás viendo.

GREGORIO
Pues vengo a decirte, querido compañero de comercio y de orgías, que mañana es el baile de las Odaliscas en el Palas y que no podemos faltar a él.

ACISCLO
Correo cojo.

GREGORIO
¿Cómo?

ACISCLO
¿Y si yo te dijera que no solamente había ya pensado en ello, sino que además tenía una encantadora pareja para cada uno?

GREGORIO
¿Eh?

ACISCLO
Cosa super, chico. La bella Diana y la gentil Cu-cú.

GREGORIO
Eres un mago.

ACISCLO
¡Ya verás qué Diana tan espléndida y, sobre todo, qué Cu-cú, qué Cu-cú.

GREGORIO
Parece que estás jugando al escondite.

ACISCLO
Oye, haz el favor de largarte que mi mujer bajará de un momento a otro, y si te ve a hora desusada, puede sospechar alguna cosa.

GREGORIO
¿Y cuándo nos vemos para ponernos de acuerdo?

ACISCLO
Esta noche, a las diez y media me esperas a la puerta del Salón Rojo.

GREGORIO
No faltaré. Adiós. (Se va por el foro)

ACISCLO
Hasta luego. Este Gregorio es un buen compañero de francachelas; tratándose de diversiones, no repara en gastos; y yo... claro, no voy de guagua, pero como además pongo las ideas, justo es que él ponga más dinero que yo.


ESCENA VII

Don Acisclo y Periquín.

PERIQUIN
Ya he despachado el coci.

ACISCLO
¿Y qué tal los gabrieles?

PERIQUIN
Completamente perdigones.

ACISCLO
¿Cómo tienes así esos maniquíes?

PERIQUIN
Porque como anoche se vendieron los mantones de Manila que tenían...

ACISCLO
Pues hay que sacar dos de los mejores y ponérselos.

PERIQUIN
Ahora mismo.

ACISCLO
Espérate a ver qué quieren estos tipos. (Por los que aparecen a la puerta del foro)


ESCENA VIII

Dichos, La Negrita, Crack y Crick. Tres excéntricos de varietés, en traje de calle, lo más llamativo posible.

CRACK
¡Señogues!...

ACISCLO
Servidor de ustedes.

PERIQUIN
Pasen adelante.

CRICK
¿Ser esta casa donde dar plata por objetos valerosos?

ACISCLO
Valiosos.

CRACK
Yes, valiosos.

ACISCLO
Aquí es. ¿Desean ustedes vender alguna cosa?

CRICK
Vender, no.

ACISCLO
¿Empeñar?

CRACK
Yes. Empeñar.

ACISCLO
Pues venga lo que sea.

(Crack deslía unos zorros que traía envueltos cuidadosamente, Crick un plumero y la negrita una escoba)

CRICK
Con mocho gosto.

ACISCLO
(Viendo los objetos) ¡Eh!... ¿Y esos son los objetos que vienen ustedes a empeñar?

CRACK
Yes.

ACISCLO
¿Pero han entrado ustedes a burlarse?

CRICK
Despasio; nosotros ser excéntricos músicales, y estos los instrumentos de trabaco. Estar esperando contrata circo ecuestre y cuando recibir anticipo, vendremos desempeñarlos.

ACISCLO
¿Tan mal se encuentran ustedes?

CRICK

CRACK
Tener la negra.

ACISCLO
¿Y suenan esos instrumentos domésticos?

CRICK
Mocho, mocho.

CRACK
¡Querer osté convencimiento?

ACISCLO
¡Vaya si quiero!

CRICK
¡Atensión! ¡Guay, say, may, fiday!

ACISCLO
(A Periquín) (¿Qué ha dicho?)

PERIQUIN
(Un camelo muy grande)

NEGRITA
Cuplet de la negrita Rosalía,
que pasarse bailando todo el día.

(Música)

NEGRITA
Cuando al alba la negra Rosalía
en su casa barría y sacudía,
a su puerta llegaba un pastorcillo
a tocar a la negra el caramillo.

(Figura que Crick toca el caramillo con el plumero. Mímica de la negra)

NEGRITA
Y al escuchar el grato son,
era de ver su animación.

CRICK y CRACK
Y su manera de barrer,
era también digna de ver.

(Figura que Crick vuelve a tocar el caramillo con el plumero y baila la negrita exageradamente, figurando, que barre al mismo tiempo)

II

NEGRITA
Por la tarde y estando en la cocina,
restregando los platos en la tina,
Antolín, sacristán de buen cogote,
iba a darla un concierto de fagote.

(Crack ha cogido la escoba y figura que con ella toca el fagot. Mímica de la Negra, como si estando en la faena de fregar, oyese la música)

NEGRITA
Y la neguita al escuchar
aquel concierto singular...

CRICK y CRACK
No se podía contener
y su faena era de ver.

(Crack vuelve a tocar el fagote y baila la Negrita, figurando que al propio tiempo está fregando platos)

III

NEGRITA
Poco antes de la hora de retreta
iba a verla un muchacho que es corneta,
y entre tanto la cena ella servía
él soplaba más fuerte cada día.

(Crick figura tocar la corneta con los zorros. Mímica de la Negrita al oír la corneta)

NEGRITA
Y aquellas notas al oír,
era de verla a ella servir.

CRICK y CRACK
Y hasta sus amos, sin querer,
no se podían contener.

(Los tres tocan y bailan al mismo tiempo. Crick, el caramillo con el plumero; Crack, el fagot con la escoba y la Negrita, la corneta con los zorros)

(Hablado)

PERIQUIN
Pero que muy bien.

ACISCLO
¿Y qué quieren ustedes por esos instrumentos?

CRACK
Sesenta dollares.

PERIQUIN
¿Eh?

CRICK
Duros.

ACISCLO
Pues yo no puedo dar más que treinta beatas...

CRACK
¿Qué es ser beatas?

NEGRITA
Pelañés.

ACISCLO
¡Caramba! ¿Pero la negrita no es también extranjera?

CRICK
La negrita ser de Santo Domingo.

ACISCLO
¿Y en Santo Domingo se sabe lo que son beatas y pelañés?

NEGRITA
Anda el hombre. ¡Lástima que no se supiera eso en la plaza de Santo Domingo!

ACISCLO
¡Madrileña y negra!

NEGRITA
¡Hija del señor Teótimo el carbonero!

PERIQUIN
¡Y dicen que tienen la negral ¡Lo que tienen es la tizna!

ACISCLO
Bien, bien. ¿Hacen las treinta pelañés?

NEGRITA
Hacen.

ACISCLO
Pues extiende la papeleta, Periquín.

PERIQUIN
Allá voy.

ACISCLO
Y ustedes, ¿de dónde son?

NEGRITA
El señor, (Por Crack) bautizado allá, en San Francisco.

ACISCLO
¿En San Francisco de California?

CRACK
En San Francisco el Grande.

CRICK
El de las Californias es un servidor.

ACISCLO
¿Y por qué se fingen ustedes extranjeros?

CRACK
Toma, porque si supiera el público que somos españoles, les haríamos menos gracia.

PERIQUIN
La papeleta y el dinero.

CRICK
Estimando y hasta más ver.

CRACK
Y tengan ustedes cuidado con los instrumentos.

CRICK
Miste, quiste, fiste.

ACISCLO
¿Y eso qué quiere decir?

NEGRITA
Que queden ustedes con Dios.

ACISCLO
Pues... guaste, maste, fiaste.

CRACK
¿Y eso qué significa?

ACISCLO
Que yo también sé decir camelos.

NEGRITA
¡Ole por los prestamistas barbianes!

CRACK
¡Arreando!

CRICK
¡Saluqui! (Se van por el foro)


ESCENA IX

Don Acisclo y Periquín.

PERIQUIN
¿Qué tres tipos, eh?

ACISCLO
Lástima que tizne la negra.

PERIQUIN
¿Ve usted como hasta las negras le llaman la atención?

ACISCLO
¡Si lo digo por ellos, hombre!

PERIQUIN
Vaya, voy por los mantones.

ACISCLO
Tráete los dos mejores que haya. (Se va Periquín por la derecha) Como ya han empezado los bailes de máscaras, es artículo que pudiéramos decir de actualidad.


ESCENA X

Don Acisclo y Soledad.

SOLEDAD
(Chula guapi, por el foro) Buenos días.

ACISCLO
Felices. (¡Recontra, hoy se dan monumentos!)

SOLEDAD
¿Tiene usted la bondad de decirme cuánto me daría de empeño por esta pulsera de oro? (La lleva puesta)

ACISCLO
¿Me permite usted que la toque?

SOLEDAD
¡Eh!

ACISCLO
Digo la pulsera.

SOLEDAD
Ya, ya me lo figuro.

ACISCLO
Tocarla a la piedra, para ver si realmente es oro.

SOLEDAD
A la vista está, hijo. Fíjese usted en el contraste.

ACISCLO
¡Dios mío, qué contraste, qué contraste entre el amarillento metal y la sonrosada piel! ¡Y qué bello, digo, qué bella alhaja!

SOLEDAD
¡Eh, eh, las manos quietas, señor mío!

ACISCLO
Es que como el oro resbala, sabe usted...

SOLEDAD
Bien, bien, ¿y qué da usted por ella?

ACISCLO
Según el peso; pero arriba de diez pesetas, no será posible.

SOLEDAD
¡Qué atrocidad! ¿Y por esta cadena? (Saca una del bolsillo)

ACISCLO
¿De oro también?

SOLEDAD
De oro.

ACISCLO
¿Es para el cuello, verdad?

SOLEDAD
Sí, señor.

ACISCLO
Se la pondré a usted, porque así no tiene vista.

SOLEDAD
Me la pondré yo.

ACISCLO
Como usted guste.

SOLEDAD
Y dígame de una vez qué da por las dos cosas que no estoy para perder el tiempo.

ACISCLO
Pues doy por las dos cosas, puestas sobre el mostrador, quince pesetas, y puestas donde están, lo que a usted le dé la real gana. (Recalcado)

SOLEDAD
Eso será una guasita de usted.

ACISCLO
Eso es el Evangelio.

SOLEDAD
¿De veritas?

ACISCLO
Pida usted por ese nido de perlas, cachito de gloria. (Abrazándola)

SOLEDAD
¡So tío indecente, so grosero!

ACISCLO
¡Señorita!

SOLEDAD
¿Pero por quién me ha tomado usted a mí?

ACISCLO
¿Yo?...

SOLEDAD
¡Ay, en cuanto se entere Remigio! ¡Porque se lo cuento, ya lo creo que se lo cuento!

ACISCLO
¡Oiga usted, joven!

SOLEDAD
¡Ya se lo dirá usted a mi hombre, so tío guarro!

ACISCLO
¿Pero me quiere usted escuchar?

SOLEDAD
¡Por estas que se acuerda usted de mí! (Se va por el foro corriendo)

ACISCLO
¡Caramba, ni la Casta Susana!


ESCENA XI

Don Acisclo y Periquín. A poco Minglanilla.

PERIQUIN
Aquí traigo los dos mejores ejemplares de la casa. (Trae dos mantones de Manila que coloca en los maniquíes)

ACISCLO
Ojo con ellos, Periquín.

PERIQUIN
Descuide usted. ¡El que a mí me la dé!...

ACISCLO
¡Pues a mí, no te digo nada!

MINGLANILLA
(Por el foro, con un saco) Aquí estoy de vuelta...

PERIQUIN
(¡Rechuflas, el loco otra vez!)

MINGLANILLA
A ver si esto es de su agrado.

ACISCLO
¿Y qué es eso?

MINGLANILLA
¡La joya de la casa!

ACISCLO
Veamos ese objeto precioso.

MINGLANILLA
(A Periquín) Haga usted el favor, joven: yo abro el talego y usted lo saca con mucho cuidadito.

PERIQUIN
Vamos allá.

MINGLANILLA
¡A una, a dos, a tres!

(Periquín mete la mano en el talego y la saca instantáneamente, dando un alarido de dolor)

PERIQUIN
¡¡Ay!!

ACISCLO
¡Qué te sucede?

PERIQUIN
¡Que me ha arañado la joya!

ACISCLO
¿Pero se ha traído un gato el tío este?

MINGLANILLA
La joya de la casa.

ACISCLO
¡Vaya usted a que lo zurzan!

PERIQUIN
¡Y vaya unas uñitas que tiene la joya!

MINGLANILLA
¡Pues si viera usted las que tiene mi suegra!

ACISCLO
¡A la calle, a la calle!...

MINGLANILLA
¡Ah, qué veo! ¡Una escoba, un plumero, unos zorros!... ¿Admiten ustedes también objetos caseros?

ACISCLO
¡Alto, alto, que esos objetos caseros suenan, dan música!

MINGLANILLA
Bien, bien. ¿Quiere decir entonces que dando música son empeñables?

ACISCLO
Quiere decir que se largue usted y no vuelva más por aquí.

MINGLANILLA
Dentro de diez minutos soy con ustedes.

(Se va por el foro)

PERIQUIN
¡Qué tío!

ACISCLO
Nada, que como no se lo lleven a Leganés, nos hemos caído.


ESCENA XII

Don Acisclo, Periquín y Doña Catalina.

CATALINA
¿A quién dices que debían llevarse a Leganés, Acisclo?

ACISCLO
(A ti)

PERIQUIN
A un tío loco que nos está mareando.

CATALINA
Tu, en no siendo chicas guapas, no te gusta despachar a nadie.

PERIQUIN
No lo crea usted.

CATALINA
¡Calla, calla! ¡Pervertido!

ACISCLO
No será por los ejemplos que ve en mí.

CATALINA
Sí, hijo, sí; gracias que tú...

ACISCLO
Yo con las mujeres poca conversación: derecho al negocio y nada más.

CATALINA
Aprende de tu amo, Periquín.

PERIQUIN
Ya, ya le imito todo lo que puedo.

CATALINA
Ea, voy a ver a la mujer de Gregorio. ¡Qué buen marido es también Gregorio!

ACISCLO
Un santo: las noches que salimos juntos, no sabemos hablar más que de vosotras: sois nuestra pesadilla.

CATALINA
Bien decía mi mamá que en la lotería del amor, el premio gordo para la mujer era encontrar un buen marido; y yo tuve esa suerte.

ACISCLO
Gracias, Catalinita.

PERIQUIN
¿Dice usted que el amor es una lotería?

CATALINA
No te quepa duda: y con los mismos premios.

PERIQUIN
Justo: gordo, aproximaciones y chicos.

CATALINA
Hasta luego.

ACISCLO
Adiós.

CATALINA
¿Irás a recogerme a la novena?

ACISCLO
Iré.

CATALINA
Mírate en ese espejo, Periquín.

PERIQUIN
¿En cuál?

CATALINA
En ese espejo de hombres y de maridos. (Señala a su marido, que se inclina, quitándose la gorra, y dejando ver una calva grande y reluciente)

PERIQUIN
Sí que es mucha luna, sí, señora.

(Se va Catalina por la puerta del loro)


ESCENA XIII

Don Acisclo, Periquín; luego Remigio y Soledad.

ACISCLO
Ve guardando esos objetos, mientras yo tomo nota de los vencimientos de hoy.

PERIQUIN
Yo acabo en un vuelo: mejor será que se espere usted y le ayudaré.

(Don Acisclo, queda tras el mostrador de la derecha y Periquín tras el de la izquierda)

REMIGIO
(En la puerta del foro ) ¿Es aquí?

SOLEDAD
Aquí es.

ACISCLO
(¡San Cucufate! La de la pulsera con su hombre!)

REMIGIO
Espérame ahí, Solé. ¡Buenas tardes!

PERIQUIN
Muy buenas. ¿Qué deseaba usted?

REMIGIO
¡Meterle una bala en el cráneo al miserable que ha atentado contra el pudor de mi cónyuga! (Apuntando con un revólver a Periquín)

PERIQUIN
¡Caballero, que yo no he sido!

REMIGIO
Entonces habrá sido el señor.

(Apunta a don Acisclo)

ACISCLO
¿Yo?... ¡Yo soy un hombre serio!

REMIGIO
Pues en la duda, para los dos hay.

ACISCLO
¡Vea usted lo que hace, caballero!

REMIGIO
Ya pueden ustedes ir encomendando su alma a Dios.

ACISCLO
¡Avisa a un guardia, Periquín!

REMIGIO
Al que se mueva, lo abraso!

PERIQUIN
¡Avíselo usted!

ACISCLO
¡Esto es un atropello!

PERIQUIN
¡Un infanticidio!

REMIGIO

ACISCLO y PERIQUIN
¡Ah!

(Se dejan caer, resguardándose tras los mostradores)

REMIGIO
Está bien: ¿para qué voy a molestarme? No tengo prisa; me siento y ya sacarán ustedes la cabeza; pasa, Solé, y siéntate tú también. Hay para rato. (Se cerciora de que los otros no le ven: hace ruido con una silla, como si se sentara; coge tres o cuatro estuches que habrá sobre uno de los mostradores; dos mantones de Manila que puso a los maniquíes Periquín; se guarda él los estuches; da los mantones a Soledad, que los esconde bajo el suyo de flecos y muy despacito y haciendo señas a Soledad de que no haga ruido, desaparecen los dos por la puerta del foro)


ESCENA XIV

Don Acisclo, Periquín, a poco Minglanilla, su mujer, su suegra y cuatro de sus niños.

ACISCLO
(¡Y ese energúmeno es capaz de estarse ahí toda la tarde)

PERIQUIN
(No... no me llega la camisa al cuerpo)

ACISCLO
(¡Si yo pudiera escurrirme!)

PERIQUIN
(Cual... cualquiera se atreve a moverse)

(Aparece en la puerta Minglanilla con su familia, mira al interior de la tienda, ve que no hay nadie y hace señas a todos de que se callen y le sigan: todos traen parolas, sartenes y tapaderas de metal en la mano izquierda y en la derecha badilas, tenazas, cazos, etc. Ya en el centro de la escena, Minglanilla alza un dedo, luego dos y luego tres, y en ese mismo momento, rompen todos a tocar y la orquesta también)

(Caen al suelo horrorizados y creyendo que se les viene el mundo encima)

(Música)

MINGLANILLA y FAMILIA
¡Suenen las sartenes,
suenen las perolas
y las tapaderas
y las cacerolas!

(Mutación)


CUADRO SEGUNDO

El cuarto de Diana y Cu-cú en el Salón Rojo. Habitación cerrada, con una sola puerta, practicable, al foro. En cada pared lateral, un tocador con espejo y brazos de luz eléctrica, en la misma forma que se usan en los cuartos de las artistas. Percheros con trajes. Delante de cada tocador, un paraban perpendicular a la batería y lo suficientemente grandes para que detrás de ellos se resguarden dos personas. Dos butacas pequeñas en el centro de la escena. Cuatro sillas: una delante de cada paraban y otra detrás. Pendiente del techo, una bombilla de luz eléctrica, esmerilada, con pantalla modernista de tela. Las luces, encendidas.


ESCENA PRIMERA

Diana y Cu-cú.

Cada una de ellas sentada en una butaca y cambiándose el calzado de la calle por otro para salir a escena. Están a medio vestir, con enagua y cubre-corsé

DIANA
Y el marquesito, sin contestar.

CU-CU
Y el condesito sin parecer.

DIANA
No puede estar más claro que no tienen un céntimo.

CU-CU
¡Si no se puede tener relaciones con hijos de familia!

DIANA
Y a mí que me gusta tanto Periquín...

CU-CU
Y a mí Silverio...

DIANA
Está tan enamorado...

CU-CU
Me quiere de un modo...

DIANA
Es tan expresivo...

CU-CU
Tan ingenuo...

DIANA
¿Pero vamos a quedarnos por culpa de ellos sin ir al baile de las Odaliscas?

CU-CU
¿Sin optar al premio de las mil pesetas?

DIANA
¡De ninguna manera!

CU-CU
¡Claro que no!

DIANA
Porque figúrate tú que reclamo para nosotras, si pasado mañana dijera la prensa: «Anoche en la fiesta del Palas obtuvieron el premio de honor, interpretando la danza de los velos, las celebradas artistas del Salón Rojo, Diana y Cu-cú.»

CU-CU
Nada, nada, do hay más remedio que aceptar el ofrecimiento del simpático prestamista.

DIANA
Lástima que sea tan viejo.

CU-CU
Y tan feo: por eso le llamo simpático.

DIANA
Ya estoy calzada.

CU-CU
Y yo.

DIANA
¿Te parece que vayamos vistiéndonos?

CU-CU
No hay prisa: acaba de empezar la primera parte y no trabajamos hasta la segunda.

DIANA
Pero como quedó en venir a las diez y media el distinguido comerciante, mejor será que nos pille vestidas.

CU-CU
A él, seguramente, le gustaría más pillarnos de otro modo; pero tienes razón, vamos a vestirnos.

DIANA
¿Y si por una casualidad vinieran los otros, qué les decimos?

CU-CU
Lo mejor será fingir que estamos muy enfadadas con ellos, para que se larguen de una vez.

DIANA
¿Reñir para siempre?

CU-CU
No, mujer: por cuarenta y ocho horas nada más: hasta que pase el baile.

DIANA
Conformes.

CU-CU
Pues a vestirnos.

DIANA
A vestirnos.

(Diana va al tocador de la derecha y Cu-cú al de la izquierda y empiezan a pintarse)


ESCENA II

Dichas, Periquín y Silverio.

PERIQUIN
(Dentro) ¿Se puede?

DIANA
Adelante.

(A un tiempo)

PERIQUIN
Diana de mi vida!

DIANA
¡Cu-cú de mi corazón!

(A un tiempo)

DIANA
¡Quieto ahí!

CU-CU
¡Ni un paso más!

DIANA
Estoy vistiéndome

CU-CU
No estoy visible.

PERIQUIN
Alárgame la mano siquiera.

SILVERIO
Déjame que te bese un dedito.

DIANA
Me tienes disgustadísima.

CU-CU
Estoy muy enfadada contigo.

PERIQUIN
Y todo por el capricho del baile.

SILVERIO
¿Insistes aún en lo del Palas?

DIANA
¿Me llevas o no?

CU-CU
¿Vamos al baile, o no vamos?

PERIQUIN
¡Pero Diana!...

SILVERIO
¡Pero Cu-cú!...

DIANA
¡Eres muy poco complaciente conmigo!

CU-CU
¡Ni me quieres, ni me has querido nunca!

PERIQUIN
Oye.

SILVERIO
Atiende.

DIANA
¡No quiero oírte!

CU-CU
¡Hemos concluido!

PERIQUIN
(A Silverio) ¿Tú ves esto?

SILVERIO
(A Pedro) ¿Tú has oído?

DIANA
(Pobre muchacho)

CU-CU
(Me da lástima)

PERIQUIN
¡Sí que era grande tu amor!

DIANA
¡Más que el tuyo!

SILVERIO
¡Si que era firme tu cariño!

CU-CU
¡Mira quién habla de firmeza!

PERIQUIN
¡Falsa!

SILVERIO
¡Perjura!

DIANA
¡Tonto!

CU-CU
¡Majadero!

PERIQUIN y SILVERIO
¡Hasta nunca!

DIANA y CU-CU
¡Adiós!

(Pausa grande)

(Ellos se miran el uno al otro y resignados se deciden a irse. Al llegar a la puerta del foro, se oye tocar en ésta con los nudillos, y se detienen. Ellas continúan pintándose)


ESCENA III

Dichos, Don Acisclo y Don Gregorio.

ACISCLO
(Dentro) ¿Hay licencia?

PERIQUIN
(¿Eh?...)

SILVERIO
(¿Quién será?)

DIANA y CU-CU
(El prestamista)

ACISCLO
¿Hay licencia?

PERIQUIN
(Yo conozco esa voz)

(Mira por el ojo de la cerradura)

DIANA
(¿Se habrán ido esos?)

CU-CU
(¿Estarán esos ahí?)

PERIQUIN
¡El diluvio universal!

SILVERIO
¿Qué pasa?

PERIQUIN
¡Tu principal y el mío!

ACISCLO
¿Se puede pasar, señoritas?

(Llamando más fuerte)

DIANA
(Hay que ver si están)

CU-CU
(Hay que ver si se han ido)

PERIQUIN y SILVERIO
(Yo me pongo en salvo)

(Ellas, se sube cada una en la silla que hay tras el paraban, dando cara al público y al mismo tiempo, ellos pasan donde están ellas, por el sitio a que ellas dan la espalda, y por tanto no los ven entrar)

DIANA y CU-CU
(Mirando por encima del paraban y al ver que no están en el centro de la escena sus novios) ¡Se fueron! ¡Adelante!

PERIQUIN y SILVERIO
(Al verlas sobre las sillas) ¿Eh?...

(Música)

ACISCLO y GREGORIO
(Entrando)
Muy buenas noches.

DIANA y CU-CU
Muy buenas noches.

ACISCLO y GREGORIO
Se están vistiendo.

(Sin verlas)

DIANA y CU-CU
Pueden pasar.

ACISCLO y GREGORIO
(Si me atreviera..) (Buscando algún agujero en el parabán)

DIANA y CU-CU
(Qué desahogados)

ACISCLO y GREGORIO
No se den prisa por terminar.
(Yo me decido)

(Coge cada uno una silla, que pone junto al parabán)

DIANA y CU-CU
(¿Qué es lo que intentan?)

PERIQUIN y SILVERIO
(Los dos abuelos, ¿a qué vendrán?)

DIANA y CU-CU
(No nos han visto)

(Escondiendo la cara)

ACISCLO y GREGORIO
(Subiéndose en las sillas)
(Soy un Tenorio!)

DIANA y CU-CU
¡Plancha, mi amigo!

ACISCLO y GREGORIO
¡Fenomenal!

(Al subir ellos, e intentar asomarse por el paraban para verlas, alzan ellas la cabeza y se encuentran cara a cara: sorpresa de ellos)

DIANA y CU-CU
Baje de la silla
que eso no está bien.

ACISCLO y GREGORIO
Esto es la impaciencia,
no lo dude usté.

DIANA y CU-CU
Si desciende, al punto
le perdonaré.

ACISCLO y GREGORIO
Sea como quiere.

(Bajando de las sillas)

DIANA y CU-CU
Yo lo haré también.
(Idem)

(Al bajar ellas de las sillas, las abrazan los novios)

DIANA y CU-CU
¡Ay!

ACISCLO y GREGORIO
¿Qué les sucede?
¿Se han hecho daño?

DIANA y CU-CU
¡No!
¡Eres un tunante! (a su novio)

PERIQUIN y SILVERIO
¡Cállate, por Dios!
¡Mira que es mi... tío!

DIANA y CU-CU
¿Qué es tu tío?

PERIQUIN y SILVERIO
Sí.

DIANA y CU-CU
¡Ay qué gracia tiene!

PERIQUIN y SILVERIO
¡No me la hace a mí!

ACISCLO y GREGORIO
Permítame, hermosa cupletera,
que pase la frontera
que quise yo asaltar,
o asome usted su rostro soberano,
o bien su linda mano
concédame besar.

(Durante esto, ellas se ponen un kimono cada una)

DIANA y CU-CU
Espérese, amable comerciante,
que tengo en este instante
urgente ocupación;
de aquí saldré, cuando haya terminado
y espere usted sentado
que es buena posición.

PERIQUIN y SILVERIO
Perdóname, hermosa cupletera,
que un tío yo fingiera
de la alta sociedad,
y yo te haré, y juro que no es guasa
la reina de mi casa
si me amas con lealtad.

DIANA y CU-CU
¡Déjame que salga!

PERIQUIN y SILVERIO
No, no has de salir.

ACISCLO y GREGORIO
Sale usted, o paso.

DIANA y CU-CU
¡Hay que transigir!

(Se dejan abrazar por sus novios y sacan una mano por delante del paraban, de la que se apodera cada uno de los viejos)

PERIQUIN, SILVERIO, ACISCLO y GREGORIO
Déjame, déjame, nena;
déjame darte un besito,
que desahogar este fuego
es lo que yo necesito!
¡Déjame déjame, nena;
no la retires, por Dios;
y tú verás lo dichosos
que al fin seremos los dos!

DIANA y CU-CU
¡Déjame, déjame, basta;
ya nada más te permito,
que eres tú fuego y yo cera
y junto a ti me derrito!
¡Déjeme, déjeme, basta;
suelte la mano por Dios!
(¡No sé, entre el joven y el viejo,
cuál es peor de los dos!)

(Hablado)

DIANA
Salgo en seguida.

CU-CU
No tardo un minuto.

PERIQUIN
¿Pero a qué viene mi... mi tío?

DIANA
A convidarnos al Palas.

GREGORIO
Chico, qué mano.

ACISCLO
¡Pues ya verás la continuación!

SILVERIO
¿Qué, vais a ir con ellos?

CU-CU
Ya que vosotros no nos lleváis...

GREGORIO
Yo creo que han tenido tiempo de vestirse.

ACISCLO
¿Te figuras tú que las cupleteras son como nuestras mujeres, que lo mismo les da llevar las medias estiradas que flojas?

GREGORIO
No me hables de nuestras mujeres, que flojeo.

PERIQUIN
El, o yo; elige.

SILVERIO
Elige: él o yo.

DIANA
El, sólo para ir al baile.

CU-CU
Para ir al baile, él.

DIANA
Y tú siempre.

CU-CU
Y siempre tú.

PERIQUIN
No me conformo.

SILVERIO
No valen distingos.

DIANA
Pues toma la determinación que te dé la gana.

CU-CU
Pues haz lo que quieras.

DIANA
(Saliendo del paraban) ¡Señores!

CU-CU
(Idem) ¡Caballeros!

ACISCLO
Bella Diana, gentil Cu-cú: mi amigo y compañero don Gregorio Calamocha.

DIANA
Muy señor mío.

CU-CU
Tanto gusto.

GREGORIO
Esclavo de ustedes y zapatero de la Real Casa.

ACISCLO
¿Te he mentido?

GREGORIO
Te has quedado corto.

PERIQUIN
(Hay que vengarse)

SILVERIO
(No hay más remedio que vengarse)

ACISCLO
¿Conque decididamente mañana a la fiesta del Palas?

DIANA
Decididamente.

ACISCLO
Ya hemos apalabrado unos trajes preciosos; ahí van las señas de la casa; no tienen ustedes más que presentarse con esa tarjeta y se los entregarán.

DIANA
Tantas gracias.

GREGORIO
Ya verán ustedes cómo nos divertimos mañana.

ACISCLO
Y qué derroche de champagne.

GREGORIO
Y si hay baile se baila también.

CU-CU
¡Ah! ¿Pero ustedes saben...?

GREGORIO
Sí, señorita; no somos, como quien dice, dos estrellas; pero tampoco creo yo que para dar vueltas por un salón de baile haga falta llegar a campeón.

ACISCLO
¡Ca, hombre! Tratándose de dar vueltas, peón y basta.

DIANA
¿Conocen ustedes el baile de moda?

GREGORIO
¿El de la Ardilla? Ya lo creo que lo conocemos.

CU-CU
¿Verdad que es precioso?

ACISCLO
Ninguno como loe de nuestro tiempo.

GREGORIO
Y que lo digas.

ACISCLO
¡Aquellos sí que eran bailes!

(Música)

ACISCLO
En mis tiempos la gente era calmosa
y el baile era otra cosa
distinta a la que hoy es.

GREGORIO
Era moda bailar en los salones
los cultos rigodones
y el fino vals vienés.

ACISCLO
Pero hoy día que el mundo ha progresado,
al colmo se ha llegado
de la dislocación.

GREGORIO
Y hase puesto de moda un bailecito
que al baile de San Vito
lo deja en un rincón.

LOS DOS
Parecen hoy moviéndose
en contra de la estética,
los hombres epilépticos,
las niñas neurasténicas.
No existen danzas típicas
aquí ni en otro lao,
por bailes estrambóticos
a todos nos ha dao.

(A cada esdrújulo hacen una contorsión ridícula)

II

DIANA
Como ahora, también antiguamente
gustábale a la gente
del mundo disfrutar.

CU-CU
Pero entonces es fama que se hacía
con más hipocresía,
bailando y sin bailar.

DIANA
La cachucha, lo mismo que el fandango,
peores son que el tango
según está probao.

CU-CU
Y el can-can es también un bailecito
que deja tamañito
al chotis agarrao.

LOS DOS
Hoy todo es rapidísimo,
y pobre del apático
que en la época del vértigo
se quede como estático.

Los seis hacen contorsiones)

Lo clásico y lo típico
no tienen ya interés.
¡El padre de lo exótico
el siglo nuestro es!

(Bailan Diana con don Acisclo y Cu-cú con don Gregorio, del modo más ridículo posible, soltándose, volviendo a reunirse y siempre dando saltos; mientras, cantan Periquín y Silverio, que contagiados no dejan un momento de saltar)

PERIQUIN y SILVERIO
¡Qué viejos más asmáticos,
qué niñas más histéricas,
qué danzas más ridículas
nos traen de las Américas!
¡A impulsos de la cólera
también yo saltos doy,
y a causa de esa pérfida
haciendo el oso estoy!

(Al terminar el baile caen rendidos, cada uno en una butaca, don Acisclo y don Gregorio)

(Hablado)

REGIS.
(Desde la puerta) ¡Señorita Diana, señorita Cu-cú, a escena!

DIANA
En seguida volvemos.

CU-CU
(¿Pero y esos que se quedan aquí?)

DIANA
(Que salgan como puedan)

(Se van las dos por el foro)

ACISCLO
¡Estoy completamente mareado!

GREGORIO
¡Todo me da vueltas!

ACISCLO
¡Se mueve el suelo!

GREGORIO
¡Y los parabanes también!

ACISCLO
¡Si me viera Catalina!

GREGORIO
¡Si me viera Cordelia!

(Periquín y Silverio, desde que se fueron las chicas, han cogido los parabanes, y resguardados por ellos han llegado hasta la puerta del foro; ya allí, y coincidiendo con la última frase de Gregorio, los dejan caer sobre los dos viejos y se van corriendo. —Telón de cuadro)


CUADRO TERCERO

Salón de fiestas en el Palas o donde sea. Gran salón, con todas las cajas libres y 'profusamente alumbrado. Al foro, el estrado para los Tziganes; delante de él y a los lados, mesitas con manteles y aparatos de luz. El centro de la escena libre.


ESCENA PRIMERA

Público (Señoritas y Caballeros) a las mesas; los Tziganes en sus puestos. La Negrita, de odalisca, y Crack y Crick de moros, con un tamboril cada uno. Estos hacen salida por la izquierda, y viene ella bailando y ellos tocando el tamboril con un solo palillo.

(Música)

CRACK
La perla negra de Oriente
le llaman a Rosalía.

CRICK
Una negra que aun siendo de noche
cuando abre los ojos parece de día.

CRACK
Muley el Sultán famoso
le tiene a la negra ley.

CRICK
Y a su harem se ha propuesto llevarla
¡mas ella no quiere que la den Muley!

(Dando golpes en el tamboril)

CRACK
Y está el Sultán, tan, tan,
tan azarao
y tan desesperao...

CRICK
Que al gran Santón, ton, ton,
(Idem)
ha consultao
si está o no está chalao.

NEGRA
Y al gran Santón
te ha contestao
¡es que la negra ya,
te ha entrao!

CRICK y CRACK
¡Encógete!
¡Estírate!
¡Perfílate!
¡No dejes de bailar, linda criatura!
¡Agítate!
¡Cimbréate!
¡Colúmpiate!
¡El verte así danzar es gloria pura!

II

CRICK
Un negro con muchas onzas
prendose de una blanquita,

CRACK
Con dos ojos azules muy grandes
y una boca muy chiquirritita.

CRICK
Casáronse, y en un año
tal maña en gastar se dio,

CRACK
Que perdió con las onzas seis kilos,
y al cabo sin blanca también se quedó.

CRICK
Y hoy el tontín, tín, tín,
dice acharao
y hasta desesperao...

CRACK
Soy un atún, tun, tun
recién pescao
y casi escabechao.

NEGRA
¡El juego a blancas se ha cerrao,
y al negro doble lo han ahorcan!

CRICK y CRACK
¡Encógete!
¡Estírate!
¡Perfílate,
etc., etc.!

(La Negra no ha dejado de bailar. Ellos tocan el tamboril durante todo el estribillo. Al acabar el número se van del mismo modo que vinieron)


ESCENA II

Doña Catalina, Doña Cordelia, Periquín, Silverio y Público. Las dos señoras de Odaliscas.

(Hablado)

PERIQUIN
Por aquí, y cúbranse con los velos por si tropezamos con ellos.

CATALINA
¡Ay, Periquín, yo en este antro!

CORDELIA
¡Y yo!

SILVERIO
Ustedes se empeñaron en cogerlos infraganti...

CATALINA
¡Qué sorpresa van a tener!

CORDELIA
¡Van a creer que sueñan!

PERIQUIN
¡Que están viendo visiones!

CILVERIO
¡Y nosotros pagaremos el pato!

CATALINA
Eso, no; lo prometido es deuda. Y si esas mujeres están conformes con lo convenido...

SILVERIO
Completamente de acuerdo con nosotros.

PERIQUIN
Ellas nos han confesado esta tarde que no tenían más interés que venir a la fiesta, y como ni éste ni yo disponíamos de dinero para alquilarles los trajes...

CATALINA
¡Ay, Periquín, tú novio de una cupletera!...

PERIQUIN
¿No me decía usted que me mirase en el espejo de su marido?

CORDELIA
Hay que pagar este servicio a los pobres chicos. Si no fuera por ello, seguiríamos a estas horas a la luna de Valencia.

CATALINA
Bien, bien; pues vosotros, que al fin y al cabo sois dos muchachos honrados y trabajadores, os quedaréis al frente de los establecimientos, y los dos matrimonios nos retiraremos al pueblo.

CORDELIA
Sí, sí, hay que sacar a esos desgraciados de este pícaro Madrid, centro de corrupción.

PERIQUIN
Vamos por aquel lado, que me parece que vienen por allí.

CATALINA
¿Con ellas?

SILVERIO
Solos; ellas deben estar preparándose para la danza de los velos.

CATALINA
¡Dios mío! ¡Nuestros maridos entre danzarinas!

CORDELIA
¡Y nosotras de odaliscas!

PERIQUIN
Están ustedes hechas dos confituras.

SILVERIO
¡Para comérselas!

(Se van los cuatro por la derecha)


ESCENA III

Don Acisclo, Don Gregorio por la izquierda. Un Mozo.

ACISCLO
(Dentro) ¡Viva la juerga!

GREGORIO
(Idem): Vivan las odaliscas!

ACISCLO
(Saliendo) ¡Cómo están esas mujeres de tunas!

GREGORIO
(Saliendo) ¡Y con esos velos tan incitantes!

ACISCLO
Yo estoy deseando descorrer el velo.

GREGORIO
Y yo. ¿Cuál es nuestra mesa?

ACISCLO
Aquella; desde allí las veremos bailar.

GREGORIO
Y luego, los cuatro juntos, al gandeamus.

ACISCLO
¿No te parece que fuéramos bebiendo un poquito de champagne para animarnos?

GREGORIO
¡A ver si se nos sube a la cabeza!

ACISCLO
Hombre... tan pronto no creo yo que se nos suba.

GREGORIO
¡Garsons!

MOZO
¿Qué desean los señores?

ACISCLO
Champagne frapé de la Viude Cliqué.

GREGORIO
¡Ole!

MOZO
En seguida. (Se va por la derecha)

ACISCLO
Y sentémonos, que va a comenzar la danza de los velos.

(Se sientan a la primera mesa de la derecha)


ESCENA IV

Dichas, El Velo Blanco, El Velo Negro. Coro de Señoras, y después Diana y Cu-cú, con parte del coro de señoras. Todas salen vestidas con trajes de odaliscas, de forma igual, pero de colores diferentes, o sea con arreglo a los velos que llevan. Las del velo blanco, de blanco; las del velo negro, de negro; Diana con traje y velo verde, y Cu-cú con traje y velo rojos.

(Música)

V. BLANCO
(Hace salida seguida de tres o cuatro Coristas, vestidas iguales a ella y con velos que las cubren)
Con este velo la virgen cubre
cuando se casa su linda faz.

V. NEGRO
(Lo mismo que la anterior)
Tras este velo la viuda triste
llora en silencio su soledad.

LAS DOS y EL CORO
Y así la vida vemos
según el velo es:
Si es negro, ¡qué tristeza!
Si es blanco, ¡qué placer!

DIANA
(Hace salida con cuatro acompañantes)
Y aquí está el velo verde
siempre de actualidad,
y en un couplet que os cante
lo voy a demostrar.
Tiene un novio chofer Mari-Juana,
según ella de muy buena mano,
que en invierno a sus amos atiende,
pero libre se queda en verano.
Y por eso en los meses de estío
y en las noches que aprieta el calor
a su novia en el auto pasea,
más de una manera
que verle da horror.

Y cuando ella nota
la velocidad,
a él, muy asustada,
diciéndole va...

¡Con tiento, con tiento,
con tiento, José María,
que siempre que voy contigo
me expones a una avería!
¡Con tiento, con tiento,
con tiento, por caridad!
¡Por Dios no metas la cuarta...
la cuarta velocidad!

II

Una noche con otros amigos
en la Puerta de Hierro cenaron,
y según malas lenguas afirman
todos ellos allí se achisparon.
Mari-Juana y su novio, en el auto
a la Corte querían tornar,
pero estando los dos como estaban
al fin decidieron
allí pernoctar.

Y cuentan que era
cosa de reír
a ella, a medios pelos,
oiría decir...
¡Con tiento, con tiento!,
etc., etc.

CU-CU
(Hace salida con sus acompañantes)
Y tras de lo verde
nadie dudará
que es pasar al rojo
lo más natural.

TODAS
¡Reine la alegría,
todos a bailar!

(Galop que bailan todas, haciendo juegos con los velos; debe proyectarse sobre ellas un reflector de los mismos colores; del telar deben bajar grandes velos que tengan en los bordes cascabeles y campanillas y que estén moviéndose durante todo el número. Hucha alegría y animación)

(Hablado)

ACISCLO
¡Sultana celestial!

GREGORIO
¡Hurí del profetal

(Dirigiéndose el uno a Diana y el otro a Cu-cú)

ACISCLO
La cena está esperando.

GREGORIO
El alcuzcuz nos aguarda.

DIANA
Pues que aguarde un poco, que vamos a dar nuestros nombres al Jurado y en seguida volvemos.

ACISCLO
No tardéis.

CU-CU
Ni medio minuto.

(Música para el mutis)


ESCENA V

Acisclo, Gregorio, Catalina, Cordelia, Periquín, Silverio, luego Camarero.

GREGORIO
 ¡Acisclo!

ACISCLO
¡Gregorio! ¿Qué me dices de esas odaliscas?

GREGORIO
¡Qué colección!, ¿eh?

ACISCLO
¡De primera! Y pensar que hay quien se dedica a coleccionar sellos, ¡que maldito para lo que sirven!

GREGORIO
¡Qué noche nos aguarda!

ACISCLO
¡Sí que nos espera buena, sí!

GREGORIO
¿Otra copita?

ACISCLO
No viene mal.

(Aparecen por la derecha Catalina y Cordelia, que visten igual a Diana y Cu-cú, la una cubierta con un velo verde, y la otra con un velo rojo. Procúrese coincidir en las estaturas de aquéllas y éstas, o, por lo menos, en que no haya grandes diferencias. Con ellas Periquín y Silverio)

SILVERIO
Allí los tienen ustedes.

PERIQUIN
Duro y a la cabeza.

(Se retiran ellos)

CATALINA
Descuidad.

CORDELIA
Ya estamos aquí.

GREGORIO
¿Pero todavía con los velos puestos?

AISCLO
Descubríos y a la mesa.

CATALINA
Antes de sentarnos a comer con vosotros, una pregunta.

ACISCLO
Venga.

CATALINA
¿Sois casados, solteros o viudos?

ACLISCLO
¿Ya vosotras, qué os importa?

CORDELIA
¿Cómo que no?

ACISCLO
Pues bien: somos solteros.

CATALINA
¿Los dos?

GREGORIO
Los dos.

CATALINA
A la mesa entonces.

ACISCLO
Pero antes permitidnos que descorramos esos velos de una vez.

CATALINA
Imposible; si nos viera con vosotros algún conocido...

GREGORIO
¿No os hemos dicho ya que somos solteros?

CORDELIA
Es que nosotras no lo somos.

ACISCLO
¡Atiza!

GREGORIO
¿Casadas las dos?

CATALINA
Por desgracia.

CORDELIA
Y con un par de granujas.

CATALINA
Con dos sinvergüenzas que nos engañan.

ACISCLO
¡Pues a vengaros de ellos!

GREGORIO
Eso, a vengaros.

CATALINA
¿Te parece justo, verdad?

ACISCLO
Justísimo.

CORDELIA
¿Y a ti?

GREGORIO
¡De perlas!

CATALINA
Pues cúmplase tu voluntad. (Da un bofetón a Acisclo)

CORDELIA
Y la tuya. (Da una bofetada a Gregorio; las dos han de sonar mucho)

CAMPESINO
¡Va!

ACISCLO
¡San Juan Crisóstomo!

GREGORIO
¡San Serenín del Monte!

CAMPESINO
(Presentándose) ¿Qué desean los señores?

CATALINA y CORDELIA
¡La cena!

(Se va el Camarero)

ACISCLO
(Quitando el velo a Catalina) ¡Catalina!

GREGORIO
(Quitando el velo a Cordelia) ¡Cordelia!

(Los dos se quedan como petrificados)

CATALINA
(Dirigiéndose hacia la izquierda) ¡Jóvenes, ya pueden ustedes venir a cenar!

PERIQUIN y SILVERIO
¡Con mucho gusto!


ESCENA ULTIMA

Dichos, Diana, del brazo de Periquín y Cu-cú del de Silverio.

ACISCLO
¡Periquín!

GREGORIO
¡Silverio!

ACISCLO
Y con ellas.

CATALINA
Periquín y Silverio, que van a ocupar vuestros puestos, en castigo a vuestra perversidad.

CORDELIA
¡Y nosotras a casita!

GREGORIO
¡Por qué descorreríamos el velo!

ACISCLO
¡Qué espantosa... realidad!

(Música)

(Gran desfile de todas las artistas que tomaron parte en la danza de Los Velos (Ultimo número a paso de galop) Telón.



FIN DE LA OBRA


Información obtenida en:
https://archive.org/details/ladanzadelosvelo18415alon

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