viernes, 1 de enero de 2016

El Motín Contra Esquilache, El (Libreto)



EL MOTIN CONTRA ESQUILACHE


Zarzuela en tres actos y en verso.

Original de Francisco Luis de Retes y Francisco Pérez Echevarría.

Música de Emilio Arrieta.

Estrenada en el Teatro de la Zarzuela el día 2 de Septiembre de 1872.


REPARTO (Estreno)

Soledad - Matilde Franco.

Marcial - Dolores Fernández.

La Marquesa - María Gonzalvo.

El Marqués de Esquilache - Joaquín Manini.

Juan - Mariano Mateos.

El Marqués de Sarriá - Luis Ponzano.

Amotinado 1º - Francisco Castillo.

Amotinado 2º - Antonio Guerra.

Amotinado 3º - Mariano Romero.

Cortesano 1º - Eduardo Rodríguez.

Cortesano 2º - Mariano Pizarro.

Un Ujier - Sinforiano López.

Damas. —Cortesanos. —Amotinados. —Criados. —Guardias Walones. —Familiares de la Inquisición. —Mujas.—Manolos. —Chisperos. —Caballeros. —Jornaleros. —Muchachos. —Pueblo, etc.
La acción en Madrid. —Comienza el día 25 de Marzo de 1766 a las nueve de la noche, y termina a la misma hora del siguiente día 24.


ACTO PRIMERO

Suntuoso salón en la planta baja del palacio del Marqués de Esquilache: en el fondo tres grandes puertas con cortinajes que a su tiempo se descorren, dejando ver detrás otro salón magníficamente decorado con balaustrada y gran escalera al fondo que conduce al jardín, el cual estará adornado de estatuas, fuentes, etc., y profusamente iluminado. —Es de noche.


ESCENA PRIMERA

Marcial, Mayordomos, Criados.

(Al alzarse el telón aparecen encendiendo las arañas y acabando de decorar el salón. —Música durante esta ocupación. —Terminada, rompe el coro)

(Música)

CORO
¡Gran perspectiva!
¡Bello conjunto!
¡Todo está a punto!
¡Qué bien está!
Esta suntuosa
magnificencia,
a Su Excelencia
complacerá.

MARCIAL
¡Corpo di Baco!
Fuera lucido
que habiendo sido
yo el director,
a Su Excelencia
no le gustara,
no le agradara
tanto primor.

CORO
Tenéis razón,
Señor Marcial.
Señor Marcial,
tenéis razón.
Sois el solo Secretario,
sois el solo necesario,
sois el solo que se impone,
sois el solo que dispone,
Que pone, que quita,
que bulle, que marcha,
que viene, que torna,
que lleva, que trae;
que siempre en pie se tiene,
que siempre de pie cae.
Mas tened mucho cuidado,
que según dice el refrán,
el que mucho se remonta,
antes suele en tierra dar.

MARCIAL
Ministro de la Guerra
y universal,
¿quién puede su dominio
contrarrestar?

CORO
Es la verdad,
pero escuchad:
Por do quiera bullen capas,
y sombreros por doquier;
con las capas y sombreros
un disgusto va a tener.

MARCIAL
¡Vive Cristo que esos fieros
poco importan al Marqués!

CORO
Mucho puede, mas con todo
Dios le guarde de un traspiés.
Se dice,
se augura,
se jura
en Madrid,
que airada
la plebe
se atreve
a la lid.
Que el pueblo
se irrita,
se agita
veloz.
Que ruje
violento,
sangriento
y feroz.

MARCIAL
¡Qué importa!
si chilla,
se humilla
después:
su furia
por necia
desprecia
el Marqués.

CORO
Dadle aviso, no haga el caso
que en la cima dé un traspiés.

MARCIAL
No es posible tal fracaso
en la suerte del Marqués.

CORO
Dadle aviso, dadle aviso.

MARCIAL
Sobre aviso está el Marqués.

CORO
¡Adiós, pues!

MARCIAL
¡Adiós, pues!

(Vanse los criados)


ESCENA II

Marcial.

(Hablado)

MARCIAL
¡Turba servil y mezquina!
Más parecen sacristanes
que servidores al mando
de un servidor de mi empaque.
¡Qué gente, ¡Corpo di Baco!
tan temerosa y cobarde!
Yo, que soy todo un valiente;
yo, que tengo mucho arranque,
no comprendo cómo hay hombres
tímidos y pusilánimes
aspirando el mismo ambiente
y pisando los lugares
de Gil Blas de Santillana
y de Guzmán de Alfarache.
¿Quién llega?


ESCENA III

Marcial, El Marqués de Esquilache.

MARCIAL
(Saludando) ¡Señor!

ESQUILACHE
(Examinando el salón) ¡Marcial!
¡Bien, bravísimo, admirable!

MARCIAL
¿Estáis satisfecho?...

ESQUILACHE
¡Mucho!
Veo tu mano
¿Quién diantre
supondrá que es el artista
un lazzaroni, un pillastre
que ha pocos año vagaba
hecho un perdido por Nápoles.

ESQUILACHE
El genio lo alcanza todo.

MARCIAL
Por eso es noble y es grande
desde la choza pajiza
llegar a los tronos reales.

ESQUILACHE
¡Bufoncillo!

MARCIAL
Vive el cielo,
que la fortuna, inconstante
con los demás, no lo ha sido
con el Marqués de Esquilache.
Vos de la nación sois dueño;
¿quién hay que con vos se iguale?
Habéis dado a vuestro hijo,
de dos meses no cabales,
un pingüe empleo en Aduanas.
Administrador de Cádiz.
Vos disponéis de las rentas,
imponéis los arbitrajes,
dais encomiendas y honores;
todo, todo de vos parte
como del sol majestuoso
la luz que rauda se esparce.

ESQUILACHE
Vive Dios que no me honran
con símiles semejantes
los españoles

MARCIAL
¡Qué suerte!

ESQUILACHE
¿Suerte dices?

MARCIAL
¡Oh! ¡Notable!
¡Ser envidiado! ¡Qué dicha!
¡Si vierais qué bien me sabe
cuando oigo en ciertos corrillos
decir que soy un tunante!

ESQUILACHE
De mi dicen más.

MARCIAL
Y es justo.
señor Marqués. Marcial vale
menos que vos; de vos deben
decir mil atrocidades.

ESQUILACHE
¡Dicen que soy un ladrón!

MARCIAL
Es claro; ¡y son razonables!

ESQUILACHE
¡Cómo!

MARCIAL
Jerárquicamente,
ladrón es más que tunante;
y en tocando a jerarquías
sois más que yo en todas partes.

(Soltando la carcajada)

Me hacen gracia los del oso
y del madroño. ¡Bergantes!

ESQUILACHE
Con la conciencia tranquila
dejo que griten y charlen;
que me muerdan envidiosos
y murmuren ignorantes.
Yo el bien de España procuro;
de la miseria y el hambre
he libertado a los huérfanos
y viudas de militares;
yo sujeté a reglas justas
la contribución de sangre;
atendí al sostenimiento
de hospicios y de hospitales;
di libertad al comercio;
artista soy, y me place
hermosear a la villa
con plazas, mercados, calles.
¡Ah! Tendrá Madrid muy pronto
tres casas que son alcázares:
la de Correos, la Aduana,
la de San Francisco el Grande.
El estar la villa a oscuras
era ocasión de mil lances;
con el alumbrado impido
robos, muertes y desmanes;
contengo el poder de Roma
en limites racionales;
Marcial, si de mí se quejan,
hacen muy mal en quejarse.

MARCIAL
Yo creo, señor Marqués...

ESQUILACHE
¿Qué?

MARCIAL
Que en dos puntos la errasteis.

ESQUILACHE
¿Cómo?

MARCIAL
El alumbrado estorba
las aventuras galantes;
Madrid tocante a este punto
prefiere a oscuras quedarse.
¿Y el otro? El otro, señor,
el otro es mucho más grave.
¡La Inquisición!...

ESQUILACHE
No la temo.

MARCIAL
No os suceda algún percance...
Dicen que sois un hereje.

ESQUILACHE
Vamos ahora a lo importante.
¿Mandaste esquelas?

MARCIAL
A todos.

ESQUILACHE
¿Y no has olvidado?...

MARCIAL
A nadie.
Vendrán los duques de Sessa,
los de Arcos, Priego y Abrantes;
nuestro conde de Gazzola.

ESQUILACHE
¿Y de Sarriá te olvidaste?

MARCIAL
¿Cómo si es vuestro enemigo?

ESQUILACHE
Por eso.

MARCIAL
Que venga y rabie.
Yo siempre estoy viendo el modo
de dar a mis semejantes
un disgusto.

ESQUILACHE
(Dejándose caer en un sitial)
¡Ay Dios! Te envidio
tu humor.

MARCIAL
¿Y el vuestro? ¿Qué afanes
os perturban? ¡Ah! Ya caigo;
estos pobres habitantes
quieren que siempre les llegue
la capa a los carcañales
y chillan.

ESQUILACHE
¿Qué importa?

MARCIAL
Entiendo.
Desarrugad el semblante.

ESQUILACHE
¿Cómo?

MARCIAL
Estáis dado a los diablos
por andar tras de los ángeles;
a mí me pasa lo mismo.

ESQUILACHE
¿A ti, Marcial?

MARCIAL
¡Voto al draque!
Yo tengo mi alma en mi armario.
Una manola me trae
y me lleva.

ESQUILACHE
¿Una manola?

MARCIAL
¡Vaya un trapío y empaque!
Con unos ojos ¡rescoldo!
Con unos labios ¡jarabe!

ESQUILACHE
¡Marcial!

MARCIAL
Con respecto a vos,
traigo nuevas favorables.

ESQUILACHE
¿Qué nuevas?

MARCIAL
La Generala
me ha dicho que va a mandarse
pronto una flota con rumbo
a las Indias Orientales.

ESQUILACHE
¿Y bien?

MARCIAL
Que pudiera ir
su marido de Almirante.

ESQUILACHE
¡Líbreme Dios!

MARCIAL
La de Orbigo...

ESQUILACHE
Basta, Marcial; no te canses:
hoy no cruzan mis deseos
regiones tan culminantes.
En esfera más humilde,
Marcial; en más pobre clase
vive la mujer querida
cuya gracia imponderable
todos mis sentidos turba,
todo mi espíritu abate.

(Oyese un preludio)

¡Ah! ¡Su voz!

MARCIAL
¿Su voz?

ESQUILACHE
¡Escucha!

MARCIAL
¿Soledad?

ESQUILACHE
¡Tú la nombraste!

MARCIAL
¡Ah! ¡La azucena del Prado!

ESQUILACHE
La causa de mis pesares.

MARCIAL
La cantadora famosa.

ESQUILACHE
De mi alma la luz radiante.

MARCIAL
¿Quién la trajo?

ESQUILACHE
La Marquesa.

MARCIAL
¡Vuestra misma esposa! ¡Es grave!
¿Y cantará?

ESQUILACHE
¡Vive el cielo!
Mejor que cantan las aves.

(Música)

SOLEDAD
(Dentro)
En la cárcel de su pecho
preso es a mi corazón
con cadenas deliciosas,
con los grillos del Amor.
¡Ay madre mía,
busque por Dios
al carcelero
de mi prisión!

MARCIAL
;Bravo! ¡Bravísimo!
¡Vaya una voz!

ESQUILACHE
Dulce en mi alma.
Suena su voz.

SOLEDAD
(Dentro)
Yo no puedo, madre mía,
quebrantar esta prisión,
que me oprimen las cadenas,
las cadenas del Amor.
¡Ay madre mía,
busque por Dios
al carcelero
de mi prisión!

MARCIAL y ESQUILACHE
(Palmoteando)
¡Bravo! ¡Bravísimo!
¡Mágica voz!
Canta lo mismo
que un ruiseñor.


ESCENA IV

Los Mismos. —La Marquesa, Soledad.

(Hablado)

MARQUESA
¿Qué es esto, Señor Marcial?
¡Tal entusiasmo! ¡Tal ruido!

ESQUILACHE
Marquesa, le ha enloquecido
una voz angelical.
Aquí departiendo en calma
estábamos há un momento,
cuando vino un suave acento
a herir las fibras del alma;
el canto de un serafín,
el aroma regalado
de la azucena del Prado,
del Prado de San Fermín.

MARQUESA
¡Ah!

SOLEDAD
¡Señor!

MARCIAL
(Aparte al Marqués)
¡Señor! ¡Señor!
No la echéis tanto piropo.
¿Habrá un marido más topo?

MARQUESA
(Aparte) ¿Habrá ceguedad mayor?
(Alto) Pláceme hallaros, Marqués,
tan galante y justiciero.

ESQUILACHE
Marquesa, Madrid entero
la rinde culto a sus pies.

SOLEDAD
¡Gracias! (Con sequedad)

MARQUESA
(A Esquilache) Seguid vuestra endecha.

SOLEDAD
No más flores.

MARQUESA
(A Soledad) ¡Desdeñosa!

MARCIAL
(A Esquilache) La Marquesa está furiosa.

ESQUILACHE
(A Marcial)
¡Aprensión! Nada sospecha.

(Alto a Soledad)

No es vuestra voz de mujer;
es inspiración divina;
quien de tal modo fascina,
un premio debe tener.

(Tomando una rosa de un jarrón)

Esta rosa...

MARQUESA
Ciertamente,
¿quién tiene mayor derecho?

ESQUILACHE
Sea adorno en vuestro pecho
y vivirá eternamente.

(Dándola la rosa. Soledad queda inmóvil)

MARQUESA
(A Soledad)
Llegad. ¿No tomáis la rosa?

SOLEDAD
(Con un rápido movimiento la toma y se la presenta a la Marquesa)
Señor Marqués, esta flor
tan sólo vive al calor
del pecho de vuestra esposa.

MARQUESA
(Rechazándola)
Eso no.

SOLEDAD
Mucho lo siento,
que si en vos no encuentra abrigo,
en mí tampoco; conmigo
va a deshojarse al momento.
¡Vedla! (La deshoja)

MARQUESA
¿Qué hacéis?

MARCIAL
(Aparte) ¡Fue oportuna!

SOLEDAD
Sin aroma y sin colores.

ESQUILACHE
 Cielo!

SOLEDAD
En mi pecho estas flores
no tienen vida ninguna.

(La Marquesa suelta una carcajada)

ESQUILACHE
¿Os reís? (Aparte) ¡Estoy perplejo!

MARQUESA
Es que la risa precisa.

MARCIAL
Me parece que esa risa
es la risa del conejo.

MARQUESA
¡Já, Já! Me rio sin tasa
al veros tan deslumbrado
con la aurora que se ha entrado
por las puertas de esta casa.

ESQUILACHE
¡Ah, señora!

MARQUESA
Dadla el brazo,
el brazo, señor Marqués.

SOLEDAD
A mí me bastan mis pies
para andar.

MARCIAL
(Aparte) ¡Vaya un bromazo!

MARQUESA
¡Ay Marqués! ¡Sois hombre al hoyo!

MARCIAL
(Aparte) ¡Vaya, la chica es un brezo!

SOLEDAD
Yo, como nunca tropiezo,
no necesito de apoyo.
Y demos punto, señora;
aquí a cantar he venido,
porque soy y siempre he sido
Soledad la cantadora.
Mujer que en cualquier espacio
lanza su voz juvenil,
ya en los bailes de candil,
va en las fiestas de palacio.
Que gana alegre el sustento
modulando trinos suaves;
huérfana como las aves
que libres cruzan el viento.
Y basta de bromas ya,
que es pesada esta canción;
cuando llegue la ocasión
Vuecencia me avisará.
Y podrá saber al fin
a quién de amor enajena
con su aroma, la azucena
del Prado de San Fermín. (Vase)


ESCENA V

La Marquesa, Esquilache, Marcial.

MARQUESA
Marqués, lo siento por vos;
el golpe ha sido maestro:
veo que sois poco diestro.

(Riendo irónicamente)

¡Dios os guarde!
Eso. Pero...

MARCIAL
(Sin cesar de reír) ¡Adiós! (Vase)


ESCENA VI

Marcial, Esquilache.

ESQUILACHE
(Con vehemencia)
Marcial, tu brazo y tu vida,
cuanto es tu ser y tu aliento,
disponlo en este momento,
para ganar la partida.
Tienes mi fortuna entera;
tiende tus astutos lazos,
y arroja pronto en mis brazos
a esa mujer hechicera.

MARCIAL
¿Estáis dispuesto a seguir
mi plan?

ESQUILACHE
Me ciega el amor.

MARCIAL
¿Si es arriesgado?

ESQUILACHE
¡Mejor!

MARCIAL
¿Si hay que morir?

ESQUILACHE
¡A morir!

MARCIAL
Voy a pensar.

ESQUILACHE
Al instante.

MARCIAL
No tengáis, señor, cuidado;
yo jamás he deshonrado
mi alto blasón de tenante. (Vase)


ESCENA VII

Esquilache, después Un Ujier.

ESQUILACHE
¿Qué puede importarme ya
para mi dicha en el mundo,
sino este amor tan profundo
que devorándome está?

(Música)

(Romanza)

Yo he visto a la alborada
brotar la flor sencilla;
yo oí por la enramada
cantar a la avecilla.
Pero ella es más hermosa
que la encendida rosa;
su trino el más suave
que en la enramada oí.
¡Ay de mí!
que su desdén aumenta
mi amante frenesí.
Por ti, gacela mía,
por ti de amor deliro;
de gozo moriría
por un fugaz suspiro.
¡Oh luz de mis amores!
mis timbres, mis honores
los sueños de mi alma
los cifro sólo en ti.
¡Ay de mí!
no aumenten tus rigores
mi loco frenesí.

(Sale un ujier)

(Hablado)

UJIER
¿Señor Marqués?

ESQUILACHE
¿Eh? ¿Quién va?

UJIER
Pretende con insistencia
ver ahora mismo a Vuecencia...

ESQUILACHE
¿Quién?

UJIER
El Marqués de Sarriá.

ESQUILACHE
¿A qué será esa venida?
¡Viejo más impertinente!

UJIER
Dice que el caso es urgente;
que se trata de la vida.

ESQUILACHE
¡Por Cristo! Dile que espero.

(Vase el ujier)

Chocheces del veterano,
de ese viejo fosco y vano
y estúpido y majadero.

(Dirigiéndose al de Sarriá y apretándole las manos con efusión)

¡Oh! Señor Marqués, venid.


ESCENA VIII

Esquilache, Sarriá.

ESQUILACHE
¡Tanto honor! ¡Sorpresa tal!
¿Qué dice el buen Mariscal,
el asombro de Madrid,
la prez, la gloria, el espejo
del ejército español?

SARRIA
No me deis tanto arrebol;
tengo ya el rostro muy viejo.

ESQUILACHE
Modestia es lo que tenéis.

SARRIA
¿A qué repulgos de monjas?
Yo no recibo lisonjas
ni las doy; ya lo sabéis.
Así, dejando el falaz
cumplimiento, vóime a fondo;
os diré mondo y lirondo
a lo que vengo, y en paz.

ESQUILACHE
Ya escucho.

SARRIA
En bien del Estado
es necesario que el Rey
derogue al punto la ley
que vos le habéis arrancado.

ESQUILACHE
Señor Marqués...

SARRIA
Esos fueros
a mí no me importan nada:
esa guerra declarada
a las capas y sombreros;
ese antojo baladí
de recortar nuestros trajes,
es un ultraje, y ultrajes
no se toleran aquí.

ESQUILACHE
Ved lo que habláis, Mariscal.

SARRIA
Hacéis al pueblo un insulto.

ESQUILACHE
Es su traje poco culto.

SARRIA
Es el traje nacional
y respetarlo debemos.

ESQUILACHE
Su moda no me acomoda
y ha de cambiarse la moda.

SARRIA
Lo veremos.

ESQUILACHE
Lo veremos.

SARRIA
¡Mil rayos! Habrá un desastre.

ESQUILACHE
¿Sois por ventura mi juez?
Contestadme.

SARRIA
¿Y vos, pardiez,
decid, ¿sois ministro ó sastre?

ESQUILACHE
¡Señor Marqués!

SARRIA
Más valiera
que en vez de reformas tales,
dierais alivio a los males
que agobian a España entera;
que en vez de irrisorias leyes
que ofenden a quien las dicta,
a la noble patria invicta
de tantos invictos reyes
devolvierais con valor,
con ingenio y con firmeza,
su evaporada riqueza
y su marchito esplendor.
Aún en América zumba,
y en Italia y Portugal,
la voz del genio inmortal
que se alza airado en la tumba.
Al mirar tanta mancilla,
dice con lúgubres sones:
¿Dónde tiene sus florones
la corona de Castilla?
Responded por Belcebú:
¿para qué nos ha servido
tanto galeón venido
de Méjico y del Perú?
Ya no es posible callar;
en el rostro el fuego brota
al ver que el leopardo aún flota
su pendón en Gibraltar.
Dad vida al pueblo infeliz
que al abandono se entrega;
del ocio que su alma ciega
cortad el mal de raíz,
y no vengáis con solapas,
ni mandatos altaneros,
a apuntarnos los sombreros
y a recortarnos las capas.
Esos son fútiles cargos
que hacéis al pueblo: ¿qué importa
que tenga la capa corta
si tiene los vicios largos?

ESQUILACHE
¡Sangriento estáis vive Dios!

SARRIA
Sabed que espero el desquite.

ESQUILACHE
Tan fuerte ha sido el envite,
que no he de reñir con vos.

SARRIA
Pues bien; la ley derogad.

ESQUILACHE
Señor Marqués, demos punto
en este enojoso asunto.

SARRIA
Ved...

ESQUILACHE
Nada veo.

SARRIA
Mirad...

ESQUILACHE
Mientras el Rey me haga dueño
del favor, tal es mi ley.

SARRIA
Por grande que os haga el Rey,
vos siempre seréis pequeño.

ESQUILACHE
Marqués, ved que se propasa
vuestra lengua, y que imprudente...

SARRIA
Yo hablo siempre frente a frente.

ESQUILACHE
Mirad que estáis en mi casa.

SARRIA
¡Salgamos!

(Oyese música dentro)

ESQUILACHE
¡Oh! Permitid...

SARRIA
(Con despecho)
¡Estamos para funciones!...


ESCENA IX

Los Mismos. —Marcial.

MARCIAL
Inunda vuestros salones
la nata y flor de Madrid.
¡Por Cristo! ¡Brillante mar!

SARRIA
¿No cedéis?

ESQUILACHE
¡Nunca!

SARRIA
(Irritado) ¡A fe mía!...

ESQUILACHE
Hoy de regocijo es día:
Señor Marqués, a bailar.

(Abrense las tres grandes puertas del fondo, dejando paso al jardín, que estará alumbrado profusamente con faroles, vasos de colores y juegos de luces caprichosos)


ESCENA X

Los Mismos. —Damas, Cortesanos. La Marquesa.

(Aparecen bailando el minué damas y caballeros. —La Marquesa hace los honores de la reunión. —Sarriá se separa despechado de Esquilache y va a reunirse a un grupo de cortesanos que no toma parte en el baile)

(Música)

CORO DE DAMAS Y CORTESANOS
¡Cuánta grandeza!
¡Qué ostentación!
¡La fiesta es digna
de un gran señor!
Jaspes y bronces,
y en el salón
luces que eclipsan
a la del Sol.

CORO DE CORTESANOS
El Tesoro está vacío,
ya no hay rentas que cobrar,
en América no hay oro,
en Castilla falta el pan,
y Esquilache gasta y triunfa.
¿Qué será? ¿Qué no será?

SARRIA
¡Voto va!

CORO DE DAMAS Y CORTESANOS
¡Viva el Ministro,
modelo fiel
de rectitud
y de honradez!

CORO DE CORTESANOS
La Marquesa tiene un hijo
que nació diez meses há,
y hace nueve que es el jefe
de una Aduana principal.
Mama el chico a dos carrillos,
bien robusto debe estar.

SARRIA
¡Voto va!
¡Voto va!

CORO DE CORTESANOS
Como el Rey quiere a Esquilache
y también a su mitad,
tiene al jefe de la Aduana
un cariño paternal;
y le mima, y lo remima.
¿Qué será? ¿Qué no será?
¡Já! ¡Já! ¡Já! ¡Já! ¡Já!

SARRIA
¡Voto va!
¡Voto va!
¡Voto va!

CORO DE DAMAS Y CORTESANOS
¡Viva la esposa
del gran señor,
que sus virtudes
preconizó!


ESCENA XI

Los Mismos. —Un Ujier.

(Hablado)

UJIER
De parte del Rey.

TODOS
¡Del Rey!...

ESQUILACHE
¡Caballeros! ¡Caballeros!
Dios guarde por muchos años,
para salud de estos reinos,
al Soberano de España,
nuestro Rey Carlos Tercero.

CORTESANO 1º
¿Qué ocurre?

ESQUILACHE
Una nueva gracia
del Rey.

CORTESANOS
¡Del Rey!...

CORTESANO 1º
¡Lo celebro!

SARRIA
(Aparte) ¡Ya siento el fuego en el rostro!

ESQUILACHE
Habéis de saber que el Cielo
al hermano de mi esposa
va a otorgarle un heredero.

CORTESANOS
¿Un vástago más?

TODOS
¡Un vástago!

ESQUILACHE
El Rey, benigno en extremo,
a más de ser su padrino
esto me escribe.

CORTESANOS
¡Silencio!

ESQUILACHE
Oíd: Marqués de Esquilache,
salud. — Premiando el esmero
con que siempre me has servido,
como prueba de mi aprecio
concedo gracia a mi ahijado
de Capitán del ejército.

SARRIA
Si nace chica, será
Capitán de coraceros;
¿no es verdad?

ESQUILACHE
Señor Marqués,
ese tono!...

SARRIA
No lo entiendo.

ESQUILACHE
El Rey...

SARRIA
Hace ya treinta años
que el Rey Don Fernando el Sexto
quiso que en Asia cubriera
las heridas de mi cuerpo
con las insignias honrosas
de Capitán del ejército.
Hoy, afrentando al soldado,
le dan por jefe a un muñeco
que quizás mañana vuelva
cobarde el rostro de miedo.
¡Nunca! ¡Imposible! ¡Ha de oírme
el rey Don Carlos Tercero! (Vase)


ESCENA XII

Los Mismos, menos Sarriá.

CORTESANO 1º
¡Hay que dejarle! ¡Está loco!

CORTESANO 2º
Rematado.

ESQUILACHE
Ya hace tiempo.

CORTESANO 1º
¡Chocheces!

CORTESANO 2º
¡Puerilidades!

ESQUILACHE
En baile, pues, caballeros;
tras el minué la pavana.

MARQUESA
Otra cosa espera.

ESQUILACHE
(Viendo salir a Soledad ) ¡Cielo!


ESCENA XIII

Los Mismos. —Soledad.

(Música)

MAROUESA
Tengo un gusto en presentaros
la famosa cantadora,
cuya gracia seductora,
hace a alguno enloquecer.

CORO
¡Oh, señora! ¡Bien venida!
Nos complace mucho verla.

(Entre sí)

La muchacha es una perla.
¡Qué donaire! ¡Qué mujer!

SOLEDAD
¡Muchas gracias, caballeros!

MARQUESA
Si queréis cantar ahora...

SOLEDAD
Soy de oficio cantadora;
como os plazca.

MAROUESA
Cantad, pues.

CORO
Ya escuchamos, ya escuchamos.

MARQUESA
(Aparte)
El Marqués ya se embelesa.

DAMAS
(Aparte)
Tiene celos la Marquesa.

CORO
(Aparte)
Observemos al Marqués.

SOLEDAD
Para mujeres España,
para gracia un Español,
y para mozos juncales
el gaché que quiero yo.
Mi calesero
de San Antón...
¡Válgame Dios!
Tiene el talle como un junco
y la cara como un Sol.
Cuando me lleva
todas las tardes
en su calesa nueva;
dice quedito
el zalamero:
¡Prenda, cuánto te quiero!
¡Ay qué vahídos!
¡Ay qué vapores!
¡Ay qué latidos!
¡Ay qué sudor!
¡Ay qué hormigueos!
¡Ay qué temblores!
¡Ay qué mareos!
¡Ay qué calor!

CORO
¡Ay qué hormigueos!
¡Ay qué temblores!
¡Ay qué mareos!
¡Ay qué calor!

ESQUILACHE
¡Ay alma mía!
Ninguno amó
con la locura
que te amo yo.

SOLEDAD
Va la calesa volando,
con mi Juan en ella y yo
al soto del Manzanares
ó a las ventas de Alcorcón.
¡Ay calesero
de San Antón!
¡Válgame Dios!
Ni las aguas de los ríos
pueden apagar mi ardor.
En la pradera
del Manzanares
y en su gentil ribera,
al ver el agua
que va pasando,
yo me voy mareando.
¡Ay qué vahídos!
¡Ay qué vapores!
¡Ay qué latidos!
¡Ay qué sudor!
¡Ay qué hormigueos!
¡Ay qué temblores!
¡Ay qué mareos!
¡Ay qué calor!

CORO
¡Ay qué hormigueos!
¡Ay qué temblores!
¡Ay qué mareos!
¡Ay qué calor!

(Voces confusas que van creciendo paulatinamente)


ESCENA XIV

Los Mismos. —Juan.

(Hablado)

JUAN
(Dentro)
Dejadme paso.

TODOS
¿Qué es esto?

JUAN
(Dentro)
Yo he de entrar.

VOCES
(Dentro) ¡Atrás!

ESQUILACHE
¡Qué bulla!

JUAN
(Saliendo)
¿Cómo atrás si yo me cuelo
por el ojo de una aguja?

(A Esquilache)

Señor Marqués, al instante
salvaos.

SOLEDAD
(Aparte) ¡Juan!

ESQUILACHE
Di, ¿qué buscas?

JUAN
En Lavapiés, las Vistillas,
en todo Madrid las turbas
desenfrenadas dan mueras
a Esquilache.

TODOS
¡Oh!

JUAN
Por fortuna
llegué a tiempo; ¡huid!

(Oyense garitos lejanos. —Confusión)

TODOS
¡Huyamos!

CORTESANO 1º
El caso no es para burlas.

(Al Marqués)

Yo tengo un asunto urgente.

MARQUESA
No perdáis la coyuntura.
Buenas noches.

TODOS
Buenas noches.

CORTESANO 1º
(Yéndose)
De aquí a la calle de Fúcar...

(Vanse en tumulto) ...


ESCENA XV

La Marquesa, Esquilache, Juan, Soledad (En el segundo término izquierda)

JUAN
Yo, señor, maté a un soldado
para vengar una injuria,
y fui condenado a muerte;
Vuecencia vino en mi ayuda
y me libró del cadalso
y de una afrenta segura.
Hoy Vuecencia está en peligro,
y la gratitud me impulsa;
el pueblo quiere una presa
y en esta casa la busca.

SOLEDAD
Voy a ver. (Vase segundo término izquierda)

MARQUESA
¡Marqués, huyamos!

ESQUILACHE
¡Jamás!

MARQUESA
¡Oh!

ESQUILACHE
¿Qué hombre se apura
teniendo fuerzas bastantes
para vencer en la lucha?

(A la Marquesa)

Vos partiréis ahora mismo.

MARQUESA
¿A dónde?

ESQUILACHE
A Aranjuez.

MARQUESA
¡Ah! ¡Nunca!

ESQUILACHE
¡Señora!

MARQUESA
¡Marqués!

ESQUILACHE
Lo mando:
nada temáis; os escuda
Juan.

JUAN
Lo que es eso, mi vida
responderá de la suya.

(Vase la Marquesa)


ESCENA XVI

Esquilache, Juan, después Soledad.

ESQUILACHE
Sentándose a la mesa y escribiendo)
Al Capitán general.

(Cierra el pliego. —Llama)

¡Hola! ¡Muñoz, Cobarrubias!
¡Qué! ¿No hay nadie?

JUAN
Habrán huido.

ESQUILACHE
¡Y en este pliego se fundan
mis esperanzas!

(A Juan)

¡Juan! Llévale.

JUAN
¡Yo ser traidor! ¡Eso nunca!

ESQUILACHE
¿A qué viniste?

JUAN
A salvaros.

ESQUILACHE
No he menester de tu ayuda.

JUAN
Por pensar en vos olvido
a la que amo con locura.

ESQUILACHE
¿Qué me importan tus queridas?

JUAN
Señor Marqués, ¡esa injuria!...
Soledad la cantadora
no es mi querida.

ESQUILACHE
¡Oh!

JUAN
¡Es pura!

ESQUILACHE
¡Soledad!

JUAN
¿Vuecencia acaso
la conoce?

ESQUILACHE
Sí.

JUAN
¿Y la insulta?

ESQUILACHE
Líbreme Dios!

(El rumor.se va acercando)

SOLEDAD
(Saliendo segundo término izquierda)
¡Oh!

JUAN
¿Qué veo?

SOLEDAD
(Azorada)
¡Juan!

JUAN
¡Soledad!

SOLEDAD
¡Pronto! ¡Que huya!
¡Se acercan! ¡Mira!

(Señalando al segundo término. —El rumor se va haciendo cada vez más imponente)

ESQUILACHE
(Aparte) ¿Qué fuerza
ejerce en mí su hermosura,
que olvidándome del riesgo
sólo los celos me abruman?

JUAN
¿Cómo tú aquí?

SOLEDAD
¿Yo? Cantando.

JUAN
(Aparte) ¡Ah! La ofendo con mis dudas.
Señor Marqués, ¡pronto, pronto!

ESQUILACHE
No temas. Tengo segura
salida.

JUAN
Más...

ESQUILACHE
La Marquesa
te espera.

JUAN
Mi vida es suya.

(Vase después de mirar cariñosamente a Soledad)

ESQUILACHE
¿Y vos, Soledad?

SOLEDAD
Por mí
no os toméis pena ninguna,
que yo ni recorto capas,
ni pongo al sombrero puntas,
ni soy Ministro de España,
ni manejo su fortuna.
Dios de a Vuecencia su amparo,
señor, y nada de burlas,
que es la gente madrileña
tardía, pero segura. (Vase)


ESCENA XVII

Esquilache, Marcial.

(Marcial saca un sombrero gacho y una capa larga)

MARCIAL
Calaos este sombrero,
tomad esta capa burda.

ESQUILACHE
Eres, Marcial, un prodigio
de viveza y travesura.

MARCIAL
¿No dijisteis que pensara
para vencer en la lucha
de amor? Pues bien, ya he pensado.

ESQUILACHE
¡Soledad! ¡Oh qué fortuna!

MARCIAL
El amante en Aranjuez,
la muchacha en su zahúrda,
Madrid convertido en Troya,
el Rey cazando y a oscuras;
vos con labia y con dinero,
ella pobre y sin ayuda.
¡Qué diablos! ¡Ancha es Castilla!

ESQUILACHE
Dices bien.

MARCIAL
Así se triunfa.
El Capitán general
dará cuenta de esas turbas;
yo voy a darle este pliego;
vos a correr aventuras,
y mañana al ser de día
esas abejas que zumban
volverán a sus colmenas
patiquebradas y mustias.

(Se oyen gritos)

ESQUILACHE
¡Cómo se agitan!

(Voces de muera Esquilache)

MARCIAL
¡Zambomba!
¡Con qué suavidad se anuncian!

ESQUILACHE
Marcial, aprieta el resorte.

MARCIAL
(Obedeciendo y dejando ver una puerta secreta)
Ya está: por esa angostura
vais a tropezar de bruces
con el motín.

ESQUILACHE
¡Cosa chusca!

MARCIAL
Cuando estéis en medio de ellos
gritad con voz iracunda:

(Gritando)

¡Muera el Marqués de Esquilache!

VOCES
(Dentro)
¡Muera! ¡Muera!

MARCIAL
¡Voto a Judas!
Señor Marqués, id delante.
Mucha suerte.

ESQUILACHE
Mucha astucia,

(Desaparecen por la puerta secreta, que queda herméticamente cerrada. —Entran los amotinados en tropel por el jardín)


ESCENA XVIII

Amotinados.

(Música)

CORO
¡Muera el Ministro
napolitano!
¡Muera el tirano!
¡No haya perdón!
Y entre nosotros,
¡pena de muerte al ladrón

(Contemplando el decorado)

Digo, si el mozo
sabe gastar,
sabe gozar,
sabe triunfar.
Y en tanto España sólo
sabe callar,
sabe ganar,
sabe pagar.
¡Muera el Ministro
napolitano!
¡Muera el tirano!
¡No haya perdón!
Y entre nosotros,
¡pena de muerte al ladrón!


FIN DEL ACTO PRIMERO


ACTO SEGUNDO

E1 teatro está dividido: las tres cuartas partes del escenario, a la izquierda del actor, representan el Prado de San Fermín: al fondo la iglesia de San Jerónimo: árboles: la cuarta parle de la derecha, el interior de la casa de Soledad la cantadora. Humilde apariencia: mesa y taburetes de pino: un velón sobre la mesa: un retablo con la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.


ESCENA PRIMERA

(Una patrulla de Guardias Walones aparece por detrás de la casa. —Soledad en ella, apoyado el codo sobre la mesa)

(En el Prado)

CORO
En silencio y paso a paso,
la mano en el fusil,
va la Guardia recorriendo
las calles de Madrid.

(Otra patrulla desemboca por la izquierda)

SEGUNDA PATRULLA
Caminemos paso a paso,
la mano en el fusil;
su sosiego nos encarga
la villa de Madrid.

(Deteniéndose)

¿Quién vive?

PRIMERA PATRULLA
¡España!

SEGUNDA PATRULLA
¿Qué gente?

PRIMERA PATRULLA
(Idem)
¡Walon!

(A un tiempo)

Desbaratada queda
la sedición.

(Pónense en marcha)

La sacra persona
de Carlos Tercero,
la Guardia walona
sabrá custodiar.
No puede el enojo
del pueblo altanero
sufrir el arrojo
del buen militar.
¡Marchad! ¡Marchad!
El arma al brazo echad,
y atentos vigilad.
¡Marchad! ¡Marchad!

(Vanse. —Dan las cinco)


ESCENA II

(Soledad en la casa, apoyada en la mesa y procurando dormir. —Alza la cabeza al oír el reloj)

(En la casa)
¡Las cinco! ¡Qué agitación!
Procuro en vano dormir...
¡Ah! ¿Por qué siento latir
con tal fuerza el corazón?
¡Hoy no vendrá Juan! ¡Tal vez!...
No, que ha partido, y me pesa;
por librar a la Marquesa
camino va de Aranjuez.
¡Tengo miedo! ¡Es increíble!...
¡Qué inquietud tan singular!
Quisiera reconciliar
el sueño.

{Vuelve a inclinar la cabeza)

¡No; no es posible!

(Levántase)

(Música)

Bálsamo dulce,
plácido sueño,
de tus encantos
vierte el beleño;
tiende tus alas mágicas,
tiende as, bienhechor;
llena mi amante espíritu
del fuego de su amor.

(Quédase dormida. —Salen por el segundo término izquierda Esquilache y Marcial con capas largas y sombreros tendidos)

(Hablado)


ESCENA III

(En el Prado)

Esquilache, Marcial.

MARCIAL
¡Llegamos! ¡Gracias a Dios
que cesaron ya los gritos!
Me temí que esos malditos
al cabo dieran con vos.

ESQUILACHE
Voy disfrazado y no hay luz.

MARCIAL
Gracias a vuestra presencia
de ánimo: ¡si está Vuecencia
hecho un matón andaluz!

ESQUILACHE
Ruda fue la lucha.

MARCIAL
Al fin
la sedición se calmó.

ESQUILACHE
Malo lo veía yo
allá por Antón Martín.

MARCIAL
Con motivo ó sin motivo,
jamás prosigue la brega
por la noche; en cuanto llega,
cada mochuelo a su olivo,
Madrid es muy singular;
nada de él se ha de temer
ni a las horas de comer
ni a las horas de cenar.
Señor Marqués, vuestra estrella,
no se eclipsa por ahora.

ESQUILACHE
¡Ay mi bella cantadora!

MARCIAL
Aquella es su casa.

ESQUILACHE
¿Aquella?

MARCIAL
Y está sola.

ESQUILACHE
¿Sola?

MARCIAL
A fe,
es la ocasión.

ESQUILACHE
Extremada.

MARCIAL
Hay reja, y está entornada
la ventana.

ESQUILACHE
Llamaré.

MARCIAL
¿Qué vais a hacer? No abrirá.
¡Hay luz!

ESQUILACHE
¿Hay luz? Por mi vida....
¡Mírala!

MARCIAL
¿Qué?

ESQUILACHE
Está dormida.
¡Ay Marcial, qué hermosa está!

MARCIAL
¡Cierto! Pero a su morada
no hay acceso; le han vedado
ese muro levantado
y esa cancela cerrada:
de astuto y audaz disfruto
la opinión; yo os haré ver
a dónde alcanza el poder
del audaz y del astuto.

ESQUILACHE
¿Qué dices?

MARCIAL
Hablo en razón;
la puerta os voy a franquear.

ESQUILACHE
¿Y cómo?

MARCIAL
Voy a llamar...

ESQUILACHE
¿A la reja?

MARCIAL
Al corazón.
Sacad la espada.

ESQUILACHE
¿Por qué?

MARCIAL
Sacadla por Belcebú,
y yo también. (Lo hace)

ESQUILACHE
(Sacándola) ¿También tú?

MARCIAL
Reñid.

ESQUILACHE
¿Qué haces?

MARCIAL
Bien lo sé.
Dad voces.

(Dando voces)

¡Traidor!

ESQUILACHE
(Riñendo) ¡Villano!

SOLEDAD
(Despertándose sobresaltada)
¿Qué es esto? ¡Válgame Dios!

MARCIAL
¡Muere! (Bajo) Velaré por vos.

ESQUILACHE
¡Muerto soy!

(Apóyase en la reja. —Marcial huye)

SOLEDAD
(A la reja) ¡Dios soberano!

ESQUILACHE
¡Quién me ampara!

SOLEDAD
¡Madre mía!

ESQUILACHE
¡Estoy mal herido y grave!

SOLEDAD
¡Yo! ¡Yo!

(Sepárase de la reja y corre a abrir la puerta)

ESQUILACHE
(Acercándose a la puerta)
¡Ya tuerce la llave!

(Abrese la puerta: penetra Esquilache en la casa y vuelve a cerrar)

¡Vencí al fin!

SOLEDAD
(Echándose atrás y dando un grito)
¡Virgen María

ESCENA IV

Esquilache, Soledad.

(En la casa)

(Música)

DUO

SOLEDAD
¡Oh Dios! ¿Quién sois?

ESQUILACHE
Escúchame,

SOLEDAD
¡Favor! ¡Favor! ¡Socorro!

ESQUILACHE
¡Hermosa cantadora,
amor me vuelve loco!

SOLEDAD
¡Salid!

ESQUILACHE
¡Aquí a tus plantas

SOLEDAD
¡Salid!

ESQUILACHE
Aquí de hinojos
espero una mirada
que me haga venturoso.

SOLEDAD
En mal hora vinisteis:
¡dejad mi casa pronto!

ESQUILACHE
¡Serás mía!

SOLEDAD
¡Dad un paso!...

ESQUILACHE
¡Serás mía!

SOLEDAD
¡Un paso dad,
y en el corazón me clavo
este puñal!

ESQUILACHE
Detente, mi vida;
detente, mi bien;
del arma homicida
la furia detén.

SOLEDAD
La honra es la vida;
si en riesgo se ve,
del arma homicida
valerme sabré.

ESQUILACHE
En la lumbre de tus ojos
Yo, infeliz, cegué de amor;
no me mires con enojos,
ten piedad de mi dolor.
Luz de mi vida,
niña hechicera,
a los encantos
de tu beldad.
Hoy es mi alma
tu prisionera;
tú la robaste
su libertad.

SOLEDAD
Atrevido caballero,
refrenad tan loco amor;
soy honrada; morir quiero
en defensa de mi honor.
El es mi vida;
si le perdiera
por vuestra loca
temeridad,
con este acero
muerte me diera,
que en mí no hay sombra
de liviandad.
¡Salid!

ESQUILACHE
¡Piedad!

SOLEDAD
¡Lo quiero!

ESQUILACHE
¡Muero de amor!

SOLEDAD
Tu proceder artero
no empañará mi honor.

(Oyese un silbido)

SOLEDAD
¡Más silencio! ¿Habéis oído?

ESQUILACHE
¿Qué sucede?

SOLEDAD
Ese silbido...

(Oyese otro silbido más cercano)

¡El es! ¡Juan! ¡Y aquí los dos!
¡Es Juan! ¡Estáis perdido!

ESQUILACHE
¡Es Juan!

SOLEDAD
¡Entrad por Dios!

ESQUILACHE
¡Callad!

SOLEDAD
¡Entrad!
¡Silencio por Dios!

ESQUILACHE
¡Callad!

SOLEDAD
¡Entrad!

(Entrase Esquilache en el aposento primer término. —Soledad se arroja a los pies de la imagen de la Virgen)

¡Ampárame tú ¡oh Virgen!
en trance tan fatal!

(Apaga la luz: siéntase a la mesa y figura dormir. —Aparecen Juan y la Marquesa por la izquierda)


ESCENA V

La Marquesa y Juan en el Prado. —Soledad en la casa.

(Hablado)

JUAN
Nadie os ha visto, señora;
no tengáis temor; llegad.

MARQUESA
¡Qué noche! ¡Cómo podría
pagar tus servicios, Juan!

JUAN
Me salvó el Marqués la vida,
nunca lo podré olvidar.
Nada me debéis; mi alma,
agradecida y leal,
beneficios que recibe,
no los olvida jamás.
Imposible fue salir,
pero ya segura estáis
aquí, sino en Aranjuez;
poco importa lo demás.

MARQUESA
¿Por qué no voy a mi casa?

JUAN
Vuestra casa es un volcán.

(Llegando al portal)

Aquí es...

MARQUESA
¿Tu casa es esta?

JUAN
Aún no, pero lo será.

MARQUESA
¿Quién vive en ella?

JUAN
Una niña
con quien me voy a casar.
Soledad la cantadora.

MARQUESA
No la tengas aquí, Juan.

JUAN
¿Por qué?

MARQUESA
El Marqués la persigue
con un empeño tenaz.

JUAN
Es honrada.

MARQUESA
Abre.

JUAN
Señora,
es necesario llamar.
(Aparte) ¿Qué es esto? Y en su palacio
anoche... (Alto) Abre, Soledad,
que viene a honrar tu morada
una dama principal.
(Aparte) Observaré. (Alto) ¿No respondes?
Abre pronto.

SOLEDAD
Espera, Juan,
voy por luz.

JUAN
No es necesario,
está amaneciendo ya.

(Desde esta escena hasta las diez va amaneciendo por grados, tomando el fondo todos los tintes de la luz)


ESCENA VI

La Marquesa, Juan, Soledad.

(En la casa)

JUAN
(A la Marquesa)
Entrad, pues.

(Observando a Soledad aparte)

¡Está turbada!
¿Qué será esto?

SOLEDAD
¿Con quién vienes?

(Conociendo a la Marquesa)

¡Ah! ¡Vos, señora!

JUAN
¿Qué tienes,
Soledad?

SOLEDAD
No tengo nada.
(Aparte) ¡Qué compromiso, gran Dios!
¡Juan aquí, y en casa un hombre!

JUAN
No me extraña que te asombre
la llegada de los dos.
Mas como arreció la lid
de una manera terrible
y ruda, nos fue imposible
abandonar a Madrid.
Esa ha sido la razón
de venir aquí a esta hora.
Yo quiero que esta señora
tenga asilo en tu mansión
impenetrable y secreto:
es deuda y deseo mío;
en tu corazón confío,
Soledad.

SOLEDAD
Te lo prometo.

MARCIAL
¡Gracias, gracias! Mucho es;
pero una ansiedad secreta...

JUAN
¿Qué teméis?

MARQUESA
Estoy inquieta
por la suerte del Marqués.

JUAN
Estará en salvo.

MARQUESA
¡Qué afán!

JUAN
Estará en salvo, señora;
tendré noticias ahora.

(A Soledad con intención)

¡Adiós!

SOLEDAD
Hasta luego, Juan.

(Sale Juan de la casa, y ya en el Prado, dice)

JUAN
¿Cabrá en ella tal traición?
¿Serán ciertos mis recelos?
¡Ah! Ya el puñal de los celos
desgarra mi corazón.

(Vase por la izquierda)


ESCENA VII

La Marquesa, Soledad.

(En la casa)

SOLEDAD
¿Estáis muy cansada?

MARCIAL
(Que se ha sentado junto a la mesa)
Sí.

SOLEDAD
¿Y deseáis descansar?

MARQUESA
¡Si lo pudiera lograr!...

SOLEDAD
Siento no tener aquí
un lecho digno de vos;
pero Señora Marquesa...

MARQUESA
Reclinada en esta mesa
descansaré. ¡Adiós!

SOLEDAD
(Saludando) ¡Adiós!

(Aparte al irse por el segundo término)

¿Cómo saldrá? ¡No lo sé!
Si vuelve Juan... ¡Qué desgracia!
¡Oh! ¡Resolución! ¡Audacia!
A que duerma esperaré. (Vase)


ESCENA VIII

La Marquesa.

MARQUESA
(En la casa)
¡Qué noche! ¡Noche fatal!
¿Quién ¡oh cielos! me diría
que a guarecerme vendría
en casa de mi rival?
¡Estoy rendida! ¡Estoy muerta!
¡Mi espíritu desfallece!
(Prestando el oído)
¡Qué ruido!... Sí, me parece
que han andado en esa puerta.

(Por la del primer término)

¡No, no hay duda! ¡Cierto es!
No puedo de este lugar
moverme ni respirar.

(Aparece Esquilache)

¡Ah!
¡Santo cielo!
¡El Marqués!


ESCENA IX

La Marquesa, Esquilache, Soledada.

(En la casa)

(Música)

TERCETO

ESQUILACHE
¡Oíd, oíd, señora,
y nada sospechéis!

MARQUESA.
No puede haber disculpa
a tanta avilantez.

SOLEDAD
¡Ampárame, Dios mío,
que mi inocencia ves!

ESQUILACHE
Sorprendido en mi palacio
por ese pueblo soez,
disfrazado y cauteloso
de su furia me libré.
Recorrí calles y plazas
del destino a la merced,
y por fin leal auxilio
en esta casa encontré.

MARQUESA.
Sabéis perfectamente
fingir, Señor Marqués;
pero ese ruin engaño
creerle no me haréis.

SOLEDAD
Más puro que los rajos
que el Sol envía,
es el honor que guarda
el alma mía.
¡Oh, no!
Nunca, gran señora,
nunca sufriré
la duda que infama
mi honor y mi fe.

LOS TRES
¡Oh fiero destino!
¡Fortuna cruel!
Ni luz ni camino
acierto yo a ver.
Jamás seré dichos
no lo seré.

(Hablado)

MARCIAL
Temo por vuestra razón.
Señor Marqués. ¡Qué ocasión
de amores y devaneos!
En lugar de galanteos,
cuidad de la sedición.
¡De una mujerzuela ruin
queréis que la casa os guarde!
¿Es por temor al motín?
¡Ved que vale más al fin
ser infiel que ser cobarde!
¿Qué podrá decir el Rey,
el Rey Don Carlos Tercero,
si a su Ministro primero
ve que le impone la ley
la novia de un calesero?

SOLEDAD
(Con dignidad)
Hice a Juan una promesa
para cumplirla sin tasa;
pero tanto se propasa
mi señora la Marquesa,
que olvida que esta es mi casa.

ESQUILACHE
¡Salgamos!

MARQUESA
¡Pronto!

SOLEDAD
(Deteniendo a Esquilache)
¡un momento!
Vais a hacer el juramento
sobre la cruz de la espada,
que salís del aposento
de una mujer que es honrada.
Que si en casa os escondí,
no fue por amor a vos,
sino porque en riesgo os vi.
Eso. ¡Lo juro!

SOLEDAD
¡Salid de aquí!
¡Salid y que os guarde Dios!

(Oyese a lo lejos una descarga cerrada, y después griterío y tiros)

MARCIAL
¡Oh!

ESQUILACHE
¿Qué es esto?

MARQUESA
¿Habéis oído?

VOCES
(Lejanas)
¡Muera Esquilache!

MARCIAL
¡Ese ruido!...

ESQUILACHE
¡El motín vuelve a empezar!

MARQUESA
¡Ah! ¡Si os llegan a encontrar,
Leopoldo, estáis perdido!

SOLEDAD
No.

MARQUESA
¡Nuestra vida en sus manos
tiene esta mujer!

SOLEDAD
(Con altivez) ¡Señora!

MARQUESA
(Queriendo salir de la casa)
¡Ven! ¡Ven!

SOLEDAD
¡Propósitos vanos!
Ni mi intención es traidora,
ni mis instintos villanos.
Aquí no os descubrirán;
ocultaos, que yo os fio
que a esta casa no vendrán:
así cumple el honor mío
la promesa que hice a Juan.

MARQUESA
Cerrad la reja.

SOLEDAD
¿Por qué?

MARQUESA
Si alguno al pasar nos ve...

SOLEDAD
Tendría que abrir la puerta,

(Con intención a Esquilache)

y sólo una vez fue abierta
por traición y mala fe.

(Vanse por el primer término)


ESCENA X

Amotinados

(En el Prado)

(Desemboca un tropel de amotinados por la izquierda)

AMOTINADO 1º
¡Venganza! ¡Muera Esquilache!

TODOS
¡Muera!

AMOTINADO 1º
¡Se asesina al pueblo!
¡La infame Guardia Walona
nos hizo en Palacio fuego!
Pueblo de Madrid, ¡despierta!
¡Sacude el pesado sueño
si no quieres ver tus hijos
por esos villanos muertos!
¡Una desdichada anciana
al furor de esos perversos
ha caído atravesado
de dos balazos el pecho!
¡La plaza de la Armería
es hoy un lago sangriento!
¡Muera el Marqués!

TODOS
¡Muera! ¡Muera!

AMOTINADO 2º
¡Viva el Rey!

TODOS
¡Viva!


ESCENA XI

Los Mismos. —Juan por la derecha.

(En el Prado)

JUAN
¿Qué es esto?

(Tolos los amotinados rodean a Juan)

AMOTINADO 2º
¡Juan!

AMOTINADO 3º
¡Juan!

JUAN
¿Qué ocurre? ¿Qué pasa?

AMOTINADO 1º
¡Hola! Juan el calesero.
¿Tú eres de los nuestros?

JUAN
Sí.

AMOTINADO 2º
¡De los bravos!

AMOTINADO 3º
¡De los buenos!

AMOTINADO 2º
¡Y no cumplió el bando!

JUAN
No.
porque es humillante.

AMOTINADO 1º
Es cierto.

JUAN
Ni me recorté la capa
ni me levanté el sombrero.

TODOS
¡Viva Juan!

JUAN
(Aparte) ¿Dónde estará
que en ningún lado le encuentro?

AMOTINADO 3º
¡Un coche!

AMOTINADO 2º
Es el del Marqués
de Sarriá.

AMOTINADO 1º
¡Ese es espléndido!

AMOTINADO 2º
¡Y franco!

AMOTINADO 3º
¡Y leal!

TODOS
¡Que baje!
¡Alto! ¡Que baje!

AMOTINADO 1º
¡Al momento!

(El coche se ha parado: el amotinado primero abre la portezuela y baja del coche el marqués de Sarriá)


ESCENA XII

Los Mismos. —El Marqués de Sarriá.

(En el Prado)

SARRIA
¿Qué queréis?

AMOTINADO 1º
No temáis nada;
os tenemos mucho afecto,
Señor Marqués.

SARRIA
¡Bien! Entonces
ved en qué serviros puedo.

AMOTINADO 1º
Queremos que hable Vuecencia
al Rey, y todos iremos
hasta la cámara real
con Vuecencia.

SARRIA
¿Y con qué objeto?

AMOTINADO 1º
Queremos que haga justicia.

SARRIA
El Rey os la hará, que es bueno;
pero si vais en tropel
con amenazas y fieros,
al fin es Rey, y el Rey nunca
cederá de su derecho.
¿Qué deseáis?

AMOTINADO 1º
¡La cabeza
de Esquilache!

JUAN
No, el destierro.

AMOTINADO 3º
¡Y que se derogue el bando!

AMOTINADO 2º
¡Y que bajen los impuestos!

AMOTINADO 3º
¡Que se suprima la Junta
de abastos!

AMOTINADO 1º
¡Que en el gobierno
haya tan sólo Ministros
españoles!

TODOS
¡Eso! ¡Eso!

AMOTINADO 2º
¡Que bajen los comestibles!

AMOTINADO 1º
¡Que cuelguen a un panadero!

AMOTINADO 3º
¡Y la tropa a los cuarteles!

AMOTINADO 1º
¡Y que se vaya al infierno
la Guardia Walona!

TODOS
¡Muera!

SARRIA
¡Orden! ¡Silencio! ¡Silencio!

AMOTINADO 1º
¡Que salga el Rey al balcón
de Palacio, pues queremos
oír de sus reales labios
que acoge nuestro deseo!

SARRIA
¡Hijos! Vamos a Palacio,
yo hablaré al Rey y os prometo
conseguir...

TODOS
¡Viva el Marqués!

SARRIA
Si seguís gritando, os dejo.

TODOS
¡No! ¡No!

SARRIA
Proceded con orden,
con mesura y con concierto;
que vaya una comisión
de vosotros, los más cuerdos,
y elegid un Presidente.

TODOS
¡Vuecencia! ¡Vuecencia!

SARRIA
Acepto.

AMOTINADO 1º
¡Que venga el veterinario
Don Judas!

AMOTINADO 2º
¡Y Paco el tuerto!

AMOTINADO 1º
¡Y el Coronel retirado
Don Pantaleón Travieso!

AMOTINADO 2º
¡Y el herrador de la esquina!

AMOTINADO 3º
¡Y yo, que soy estanquero!

AMOTINADO 1º
¡Tú no! Tú eres funcionario
público y nos das veneno
por tabaco.

SARRIA
Son bastantes;
escuchad ahora un momento.
Lo que pedís es muy justo,
y el Rey es sabio y es recto.
Mientras hablamos al Rey,
bebed, hijos.

(Dirigiéndose a una taberna)

Tabernero,
saca un pellejo del moro
y no del cristiano viejo.

AMOTINADO 2º
¡Viva el Marqués!

SARRIA
¡Viva España!
¡Viva el Rey y viva el pueblo!

(Parte el coche: le siguen algunos amotinados)


ESCENA XIII

Los Mismos menos Sarriá y algunos Amotinados.

(En el Prado)

AMOTINADO 1º
Yo no me marcho.

JUAN
¿Qué dices?

AMOTINADO 1º
¡Lo que oyes! Aquí me quedo.

JUAN
¿Por qué?

AMOTINADO 1º
El Marqués de Esquilache
anda por aquí.

JUAN
¡No es cierto!

AMOTINADO 1º
¡Yo lo sabré! Dividámonos
y las casas registremos.
¡A las casas!

TODOS
¡A las casas!

JUAN
(Aparte) ¡La Marquesa! ¡Santo cielo!
Si intentan...

(La Marquesa, Esquilache y Soledad salen por el segundo término y escuchan con ansiedad)


ESCENA IV

Los Mismos en el Prado. —Esquilache, La Marquesa y Soledad en la casa.

JUAN
(Al amotinado primero señalando a la casa de Soledad)
Allí no está.

AMOTINADO 1º
¿Que no?

JUAN
No.

AMOTINADO 1º
Basta con verlo.

JUAN
¡Cuando yo os lo digo!

AMOTINADO 1º
¿Tú?

JUAN
De fijo lo sé, y os ruego
no asustéis a la persona
que vive en ella.

AMOTINADO 1º
¿Es tu dueño?

JUAN
De mi vida y de mi alma.

MARQUESA
Estamos en grave riesgo!

ESQUILACHE
Antes de que a vos atenten
pasarán sobre mi cuerpo.
¡Ocultaos!

MARCIAL
(Entrándose por el primer término)
¡Cielo santo!

JUAN
¡Si sospechara un momento
que pudiera estar ahí!
Entonces... (Sombrío)

AMOTINADO 1º
¿Qué?

JUAN
¡No lo creo!

SOLEDAD
¡Oh Dios mío! ¿Habéis oído?
Estoy temblando de miedo.

AMOTINADO 1º
(A Juan)
Si tu oposición es sólo
por ella...

JUAN
Sólo es por eso.

AMOTINADO 1º
Entra tú; tú eres leal,
y lo que digas creeremos.
Vamos en tanto nosotros
por otro lado. ¡Ea! ¡Adentro!

(Los amotinados entran en todas las casas)

JUAN
(Con precipitación)
¡Abre, Soledad! ¡Dios mío!
¿Tendré de librarla tiempo?
¡Abre pronto, Soledad!

ESQUILACHE
¡Abre!

SOLEDAD
¡Ya voy! ¡Dios eterno!

(Abre la puerta y entra Juan en la casa)


ESCENA XV

Soledad, Esquilache, Juan en la casa.

JUAN
¡El Marqués aquí! ¡Oh furor!
¡El Marqués!

ESQUILACHE
¡Escucha, Juan!

JUAN
¿Qué he de escuchar cuando están
muertos su honra y mi amor?

(A Soledad)

¡Infame! ¿Y tú callas?

SOLEDAD
Sí;
callo, porque el alma a voces
me dice que desconoces
lo que soy y siempre fui.

JUAN
¿De disculparte no tratas?

SOLEDAD
¡Nunca!

JUAN
¡Es tu amante!

SOLEDAD
¡Impostura!
Si me imaginas perjura,
¿qué haces, Juan, que no me matas?

JUAN
¡Matarte! ¿Piensas quizás
que eso es venganza? ¡Estoy loco!
Soledad, eso es muy poco.
Yo quiero más: ¡quiero más!
Sí, que es tan grande el insulto,
que acaricio el pensamiento
de buscar el escarmiento
en el popular tumulto.
La venganza he de alcanzar,
pero inexorable, impía:
tal vileza, tal falsía
no se pueden perdonar.

SOLEDAD
¿Quién te pide compasión?
Pese a tus fieros enojos,
¿cuándo has leído en mis ojos
que imploraba tu perdón?

ESQUILACHE
Que venga la multitud
con su ciego desenfreno:
ya sé que hierve en tu seno
la hiel de la ingratitud.
Sí: tú no alzaras la frente
hoy procurando mi mal,
si yo en un día fatal
no hubiera sido Clemente.

JUAN
¡Oh Dios!

ESQUILACHE
Llama con presteza;
la gratitud no te arguya:
por librarte yo la tuya,
les darás tú mi cabeza.

JUAN
¡No! Mi deber cumpliré;
mas Señor Marqués, os juro
que cuando os vea seguro
cara a cara os mataré.
Mas razones acortemos
y salgamos pronto, sí,
que van a volver aquí,
y entonces ya no podremos.
Vuestra conducta falaz
ha igualado la partida:
vos me salvasteis la vida;
yo a vos, estamos en paz.
Salid. (Sale a la plaza)

SOLEDAD
(Siguiéndole) ¡Juan! (Sale al Prado)

ESQUILACHE
Salgamos, pues.

(Dirígese al aposento donde está la Marquesa)
Marquesa, venid aquí.

(Sale la Marquesa y ella, y Esquilache se dirigen al Prado)

SOLEDAD
(En el Prado)
¡Juan! ¿Dudas de mi honra?

JUAN
Sí.

(Esquilache y la Marquesa salen y quedan a la puerta de la casa de Soledad, pero ya fuera de ella)

SOLEDAD
¡Venid! ¡Aquí está el Marqués!
¡Venid!

(Sensación. —Juan corre a tapar la boca a Soledad. —Esquilache sostiene a la Marquesa, próxima a desmayarse)

ESQUILACHE
¡Destino traidor!

JUAN
¡Calla!

MARQUESA
¡Mujer infernal!

JUAN
¿Qué has hecho?

SOLEDAD
Ser criminal
por mi honra y por mi amor.

(Salen los amotinados por todas partes. —Esquilache y Juan hacen entrar a la Marquesa y Soledad en la casa y quedan a la puerta en actitud de defensa. —La Marquesa y Soledad se aproximan a la reja)


ESCENA XVI

Los Mismos. —Amotinados.

(Música)

CORO
¡Aquí está el infame!
Ya dimos con él:
logróse el intento;
¡que muera el Marqués!
¡Muera!
¡Muera el Marqués!

ESQUILACHE
No me asustan vuestros fieros,
no me arredra la traición:
asestad vuestros aceros;
aún me sobra corazón.

CORO
¡La venganza será fiera!
¡Muera! ¡Muera!

JUAN
Mi despecho le ha perdido;
yo seré su defensor.

CORO
(Sacando los puñales)
Venguemos nuestra afrenta
con el puñal.

ESOUILACHE
(Amartillando una pistola y apuntándoles)
¡Atrás, atrás!
Al que se acerque le abraso.

JUAN
(Puñal en mano)
¡Atrás!

SOLEDAD
¡Piedad!

MARQUESA
¡Compasión!

JUAN
¡Infeliz del que dé un paso!

CORO
¡Muera! ¡Muera! ¡Qué traición!

JUAN
Si vuestro encono fiero
a tal maldad se atreve;
si vuestro enojo ansia
la vida del Marqués;
yo, Juan el calesero,
el hijo de la plebe,
yo en cambio os doy la mía:
¡tomadla! ¡vuestra es!

CORO
¡No haya clemencia!
¡No haya perdón!

(Precipitándose a Esquilache y Juan)

¡Muera!

JUAN
¡Villanos!

(Aparece Marcial disfrazado con el traje de familiar del Santo Oficio, con otros varios con igual disfraz)

MARCIAL
¡La Inquisición!

(Todos se detienen, se descubren y se van retirando confórmelo indica el diálogo)

TODOS
¡Oh!


ESCENA XVII

Los Mismos. —Marcial, Acompañamiento.

CORO DE AMOTINADOS
¡La Inquisición!
¡Chitón!

ESQUILACHE
¡La Inquisición!

MARCIAL
(Acercándose a Esquilache y descubriéndose)
¡La Inquisición!
¡Chitón!

ESQUILACHE
¡Ah, Marcial!

MARCIAL
¡Chitón!

CORO
¡Chitón!

MARCIAL
Por hereje y desleal
os intima la prisión
el Sagrado Tribunal
de la Santa Inquisición.

ESQUILACHE
(A la Marquesa)
¡Es Marcial!

MARQUESA
¡Es Marcial!

MARCIAL
¡Venid a la prisión!
¡Chitón!

CORO DE AMOTINADOS
Con el Sacro Tribunal
de la Santa Inquisición,
¡chitón!

(Vanse retirando. —Esquilache, conducido por Marcial vase por el primer término derecha)

MARCIAL
¡Chitón!

CORO GENERAL
¡Chitón! ¡Chitón!

(Retirándose. —Soledad y la Marquesa, en la casa, caen de rodillas ante la imagen de la Virgen)


FIN DEL ACTO SEGUNDO


ACTO TERCERO

Antecámara Real


ESCENA PRIMERA

Cortesanos, Amotinados.

(Música)

CORTESANOS.
¡Deteneos! ¡Deteneos!
No debéis de aquí pasar;
la etiqueta de Palacio
no se puede quebrantar.
En la antecámara
hay que esperar,
que está en Consejo
Su Majestad.

AMOTINADOS
Cuando el pueblo sus derechos;
viene al Rey a reclamar,
la etiqueta de Palacio
bien se puede quebrantar.
De la antecámara
hay que pasar,
y que nos oiga
Su Majestad.

CORTESANOS
Vuestras demandas
escuchará
si humildemente
las presentáis.

AMOTINADOS
Nuestras demandas
ha de escuchar,
ó nueva Troya
Madrid será.
¡Adelante! ¡Adelante!

CORTESANOS.
¡Atrás! ¡Atrás!

(Al ir a penetrar los amotinados en la cámara aparece en la puerta el Marqués de Sarriá)


ESCENA II

(Hablado)

Los Mismos. —Sarriá.

SARRIA
¿Qué sucede aquí? ¿Qué pasa
para tanto alborotar?

(Hace seña a los cortesanos de que se retiren. —A los amotinados)

¿Qué es esto? ¿Os queréis entrar
como Pedro por su casa?
¿Os parece que está bien
mover esa algarabía?
¡Responded por vida mía!
¿Es súplica ó somatén?

AMOTINADO 1º
No es súplica. Concesiones
queremos sin vacilar.

SARRIA
Ved no os las vayan a dar
las bocas de los cañones.

AMOTINADO 1º
(Con altivez)
¡Señor Marqués!

SARRIA
(Irritado) ¡Insolente!
¡Te juro por lo que valgo!...

AMOTINADO 1º
Ved... Observad...

SARRIA
Para algo
me elegisteis Presidente.
O me habéis de obedecer
sin chistar, ó por quien soy...

AMOTINADO 1º
Señor Marqués, es que hoy
no queremos lo que ayer.

SARRIA
¿Pues qué queréis?

AMOTINADO 1º
(Vacilando. — Resuelto) ¡Con franqueza!
Pague el Ministro su yerro,
pero no con el destierro.

SARRIA
¿Pues con qué?

AMOTINADO 1º
¡Con la cabeza!

SARRIA
¡Pretensión bien singular!
¡Viven los cielos! No sé
cómo tolero... ¿Y por qué?
¿Por el placer de matar?

AMOTINADO 1º
Hay razón...

SARRIA
¿Para el baldón?
Ese deseo os afrenta;
el pueblo que se ensangrienta
pierde siempre la razón.

AMOTINADO 1º
Nuestros derechos quizás...

SARRIA
De vanidad estáis llenos;
hablad de derechos menos;
pensad en deberes más.

AMOTINADO 1º
Pues ved que el alto blasón
impone deberes dobles.

SARRIA
Sí no los cumplen los nobles,
entonces nobles no son.

AMOTINADO 1º
¿Y el pueblo?...

SARRIA
El pueblo a su vez
ostenta el blasón más bello,
llevando en su frente el sello
del trabajo y 1a honradez.

AMOTINADO 1º
¡EI pueblo! En vano presume
con libres alas volar;
siempre sobre él ha de hallar
una mano que le abrume.
La atmósfera en que respira
hiela la sangre en sus venas;
su genio vive en cadenas
y lucha en vano.

SARRIA
¡Mentira!
Desde una aldea encerrada
en un oscuro rincón,
subió al último escalón
el Marqués de la Ensenada.
En el tosco laberinto
de un monte, breñas hollando,
cerdos estuvo guardando
quien luego fue Sixto Quinto.
El genio es un don del cielo
fuerte en poder, rico en galas;
cuando desplega sus alas
no hay quien detenga su vuelo.

AMOTINADO 1º
Pero...

SARRIA
¡Salid!

AMOTINADO 1º
Sin saber...

SARRIA
Es inútil esperar;
lo que el Rey quiera mandar,
eso se ha de obedecer.

(Háceles una seña y los amotinados se retiran por la izquierda. —Aparece Esquilache por la derecha)


ESCENA III

Sarriá, Esquilache.

ESQUILACHE
Gracias, Marqués.

SARRIA
(Con enojo) ¡Vive Dios!

ESQUILACHE
Siempre estáis en vuestro puesto
General.

SARRIA
De todo esto
vos tenéis la culpa; ¡vos!

ESQUILACHE
A sus deseos no acceden
ni con su empeño se salen.

SARRIA
Porque ignoran lo que valen
y no saben lo que pueden.
¿Se decidió el Rey por fin?

ESQUILACHE
Sí.

SARRIA
¿Por qué?

ESQUILACHE
Por el rigor.

SARRIA
Al Rey le inducen a error;
¡habrá la de San Quintín!

ESQUILACHE
¡Que se lleve a sangre y fuego!

SARRIA
¡Verter la sangre española!

ESQUILACHE
Eso opina el de Gazzola,
y el de Arcos, y el de Priego.

SARRIA
¡No puede ser eso, no!
¿Y esa opinión no combate
ninguno?

ESQUILACHE
El Conde de Oñate,
pero nadie más.

SARRIA
¡Sí! ¡Yo!

ESQUILACHE
¿Vos? ¿Vos?

SARRIA
Al Rey voy a hablar.

ESQUILACHE
¿Contra mí?

SARRIA
Como os lo digo.

ESQUILACHE
¡Siempre fuisteis mi enemigo!

SARRIA
Podéis el viaje arreglar.

(Entrase en la cámara)

ESQUILACHE
¡El viaje! ¡Yo a tal extremo!
¿Es que mi estrella declina?
Pero el Rey me patrocina
y con el Rey nada temo.

(Entrase en la cámara detrás de Sarriá)


ESCENA IV

Juan, Marcial.

JUAN
¿Qué es esto, Señor Marcial?

MARCIAL
¿No lo ves?

JUAN
¡Palacio!...

MARCIAL
¡Sí!

JUAN
¿Mas cómo?...

MARCIAL
Espérate aquí,
en la antecámara real.

JUAN
Pero decidme...

MARCIAL
Después
lo sabrás y más despacio.

JUAN
¿Mas quién me llama a Palacio?
Hablad.

MARCIAL
El Señor Marqués.

(Vase por la cámara)


ESCENA V

Juan.

JUAN
¿El Marqués ha dicho? Sí;
romper querrá en su rencor
lazos de nuestro amor.
¡Ya es tarde! ¡Su amor perdí!

(Música)

En el jardín del alma
yo cultivé una flor;
mas ¡ay! tronchó su tallo
rugiendo el Aquilón!
¡Pobre esperanza mía!
¡Ay pobre flor!
Si la ingrata
me condena
porque tanto
la adoré,
con mi angustia,
con mi pena,
con mi llanto
moriré.
Alma del alma mía,
de pena moriré.

¡En qué feliz encanto
mi juventud pasó,
mirando su hermosura,
soñando con su amor!
¡Cuan presto la ventura
me abandono!
Con mi llanto,
con mi duelo,
tu desvío
venceré;
ó a las ansias
de mi anhelo,
yo, ángel mío,
moriré.
¡Alma del alma mía,
de pena moriré!

(Cae en un sitial. —Aparecen al fondo Soledad y Ujier, que la indica que se espere, y se retira)


ESCENA VI

Juan, Soledad.

(Hablado)

SOLEDAD
¡Ah! ¡Juan!

JUAN
¡Me engaña el deseo!
¡Yo contigo! ¡Tú a mi lado!
Ya no soy tan desdichado,
ya no; ¡te escucho, te veo!
¡Soledad!

SOLEDAD
Detente, Juan.

JUAN
¡Qué! ¿No me quieres oír?

SOLEDAD
Ya no se pueden unir
lazos que rotos están.

JUAN
¿Por qué?

SOLEDAD
Mujer he nacido
que siempre en su honor se escuda;
y el que de él una vez duda,
jamás será mi marido.

JUAN
¡Soledad!

SOLEDAD
Ciegos enojos
en el corazón te herían,
y tus ojos no veían
las lágrimas de mis ojos.
Nunca lo creí de ti;
pues que tan ciegos están
que me desconocen, Juan,
no te acuerdes más de mi.

JUAN
¡Soledad! Mira mi pena,
mira mi horrible amargura;
Dios no da tanta hermosura
a la mujer que no es buena.
Nunca te puede ofender
de mi cariño el exceso;
yo creo en tu honra.

SOLEDAD
Eso
tú no lo creíste ayer.

JUAN
¿Y no puede haber perdón
si te ruego arrepentido?

SOLEDAD
Tu corazón te ha mentido.
¡Qué vale tu corazón!

JUAN
No con pueriles antojos
vencer tu rigor pretendo,
Soledad; estoy leyendo
mi desventura en tus ojos,

SOLEDAD
Yo no creo en la violencia
de esa pasión desmedida;
el que duda, pronto olvida
con el tiempo ó con la ausencia.

JUAN
¡Olvidarte yo! ¡Qué error!
¡Ah! ¡Si tú no lo has creído!
¿Desde cuándo fue el olvido
compañero del amor?
¡Nunca! Mas si hondo tormento
por ti mi pecho lacera,
a ti el castigo te espera
de un cruel remordimiento.

SOLEDAD
¡Ah Juan!

JUAN
De mi amor la historia
vendrá a turbarte la calma,
y estremecida en tu alma
se agitará mi memoria.

(Con gran sentimiento)

¡Mi triste pasión será
que a mi alma siempre asida;
como en esta, en la otra vida
de tu amor se acordará.

SOLEDAD
(Conmovida)
¡Juan! ¡Juan!

JUAN
¡Me mata el dolor!

SOLEDAD
¡Si yo no tengo desvío
para ti! ¡Si esto es, bien mío,
la vanidad del amor!

(Arrójase en sus brazos)

(Música)

DUO

SOLEDAD
Ya luce de mi vida
la más risueña aurora;
ya vierte sus perfumes
la flor encantadora,
y sobre el limpio cielo
radiante brilla el Sol.

JUAN
Ya luce, vida mía,
la más risueña aurora;
ya vierte sus perfumes
la flor encantadora;
ya brilla en tus miradas
la llama del amor.

SOLEDAD
¡Feliz yo,
que siento el fuego ardiente
del astro bienhechor!

JUAN
¡Feliz yo,
que aspiro de tu alma
la esencia del amor!

(A un tiempo)

SOLEDAD y JUAN
¡Ya luce de mi vida
la más risueña aurora;
ya vierte sus perfumes
la flor encantadora,
y sobre el limpio cielo
radiante brilla el Sol!

ESCENA VII

Los Mismos. —Esquilache.

(Hablado)

ESQUILACHE
Aún siguen en el Consejo:
¿triunfará esa torpe grey?
¡Ah! No; confío en el Rey:
sin embargo, no me alejo
de estos sitios.
(Viéndolos) ¡Juan aquí!
¡Soledad!

JUAN
Hemos venido
por orden vuestra.

ESQUILACHE
Yo he sido quien
os ha llamado, si.

JUAN
¿Qué se os ofrece, señor?

SOLEDAD
¿Qué nos ordenáis?

ESQUILACHE
Primera
saber de vosotros quiero
si me conserváis rencor.

JUAN
Tan torpe pasión no anida
en mi pecho.

SOLEDAD
Ni en el mío.

ESQUILACHE
¡Soledad! ¡Juan! Eso ansío;
y como prueba cumplida
de que en vuestro corazón
el fiero rencor no mora,
que la bella cantadora
me conceda su perdón.

SOLEDAD
Vos me debéis perdonar,
pues que yo la causa fui.

ESQUILACHE
No hablemos más de eso; aquí
todo se debe olvidar.

(A Juan)

Si mi ceguedad fue inmensa,
tanto como su hermosura,
alma tan casta y tan pura
bien merece recompensa.

SOLEDAD
¡Nos vais a ofender!

JUAN
Mirad...

ESQUILACHE
(A Soledad)
Yo que tan poco merezco
para vos, hoy os ofrezco
escaso don; ¡mi amistad!

(Les tiende las manos)

SOLEDAD
¡Alta recompensa es esa!

JUAN
Y yo la prefiero a todas.

ESQUILACHE
Padrino seré de las bodas,
y madrina la Marquesa.

SOLEDAD y JUAN
¡Ah, señor!

ESQUILACHE
Bien sabe Dios
que si así mis deudas pago
de este modo satisfago
a mi esposa y a los dos.

JUAN
¡Soledad!

SOLEDAD
¡Hay dicha tal!

(Aparece Marcial en la puerta de la cámara)

ESQUILACHE
Mi pasión fue una locura;
no se cifra la ventura
en el amor criminal.

MARCIAL
(En la puerta)
¡Tú, tú, tú, tú, tú! ¡Canario!
¡El Marqués arrepentido
y hombre de bien!

(Dan lo un suspiro)

¡He perdido
mi plaza de secretario!

(Adelantándose)


ESCENA VIII

Los Mismos. —Marcial.

MARCIAL
¡Señor Marqués!

ESQUILACHE
¿Qué?

MARCIAL
Ya ha terminado el Consejo.

ESQUILACHE
¿Qué habrán decidido?

MARCIAL
(Viendo venir a Sarriá) ¡El viejo!

SARRIA
(Saliendo y dirigiéndose gozoso a Esquilache)
¡Dadme albricias!

ESQUILACHE
(Gozoso) ¡ Ah! ¡Triunfé!


ESCENA IX

Los Mismos. —Sarriá.

ESQUILACHE
¿Es buena noticia?

SARRIA
¡Buena!

ESQUILACHE
Sólo por Madrid me aflige;
¡pero el Rey!... ¡Siempre lo dije!...
Voy al punto...

SARRIA
(Con calma) A Cartagena.

ESQUILACHE
¡Cómo!

SARRIA
A Cartagena, sí;
de allí a Sicilia!

ESQUILACHE
¿Y albricias
me pedís? Y esas noticias...

SARRIA
Son muy buenas... para mí.

MARCIAL
(Aparte) ¡Malorum!

ESQUILACHE
¡Marqués!

SARRIA
¡Por Dios!
¡Cuánto la soberbia engaña!
Pues entre vos y entre España
iba a preferir a vos?

ESQUILACHE
¡Oh!

SARRIA
Fue grande vuestro yerro;
y aunque no es plato de gusto,
dad gracias al Rey.

ESQUILACHE
¡Yo!

SARRIA
Es justo,
pues no pasa del destierro,
que en parecida ocasión
probaron peor fortuna,
con Don Alvaro de Luna
Don Rodrigo Calderón.

ESQUILACHE
Aún es mi suerte más fiera.

SARRIA
Tenéis que emprender el viaje
ahora mismo.

ESQUILACHE
(Asombrado) ¡Ahora!

SARRIA
Un carruaje,
señor Marqués, os espera
en la puerta principal.

ESQUILACHE
¡Tienen de matarme empeño!

SARRIA
¡No! Del pueblo madrileño
nada temáis; proverbial
es su honradez é hidalguía.

ESQUILACHE
Sí; mas...

SARRIA
¿Aún estáis reacio?
Ved la Plaza de Palacio.
¡Qué entusiasmo! ¡Qué alegría!
Al saber el pueblo fiel
que el bando se ha derogado,
viene todo alborozado
en bullicioso tropel.
Lavapiés y las Vistillas,
Señoras y Caballeros,
las majas y los chisperos
del barrio de Maravillas;
con vivas aclamaciones,
llenas de gozo las almas,
van arrancando las palmas
de las rejas y balcones.
¡Marqués! Os lo dije, sí:
el recortar nuestros trajes
es un ultraje, y ultrajes
no se toleran aquí.

ESQUILACHE
Fue mi ceguedad notoria.
¡Ah! Sí, ¡me ahoga la pena;
mas si Madrid me condena,
justicia me hará la historia.
Miré por el bien de España
y ella le rechaza ¡sí!
¿Quién tiene razón aquí?
De los dos, uno se engaña.
¿Será ella? ¿Seré yo?
Mi intención fue sana y buena
¿por qué me impone esta pena
tan injusta? ¡Injusta!... ¡No!
¡Necio aquel que tiene en poco
de un pueblo las afecciones;
torcer sus inclinaciones
es digna empresa de un loco!
Cuando él se quiere parar,
¿quién hay que le haga correr?
¿Quién le puede detener
si se empeña en avanzar?
¡Vamos!

(Oyense gritos alegres y aclamaciones)

¡Con qué frenesí
celebran mi error funesto!

JUAN
Con vos vamos.

ESQUILACHE
(Cariñosamente) Vuestro puesto
no es a mi lado.

(Señalando a donde se oye el rumor)

¡Es allí!

(Juan y Soledad le besan las manos y se van. —Esquilache toma la del Marqués de Sarriá y se entran en la cámara)

MARCIAL
(Solo)
¡Adiós, manola querida,
gala del suelo Español!
¡Ay! ¡Adiós, Puerta del Sol!
¡Adiós, Jauja de mi vida!

(Cambiando de tono)

Pero hablando francamente,
¡me echan los hijos del Cid!
¡Y qué! Pues adiós, Madrid,
¡adiós! Te quedas sin gente.

(Vase corriendo por la cámara )

(Mutación)

La plaza de la Armería.


ESCENA X

Jornaleros, Manolos, Chisperos, Majas, Caballeros, Señoras, después Juan, luego Los Gremios.

(Cuadro animado)

(Música)

CORO
Por levantar el sombrero
buen jollín se levantó;
por recortarnos las capas
mal recorte se le dio.
A la jota, jota,
díselo a tu madre,
que viene Ensenada
que se va Esquilache.
A la jota, jota,
si el uno se va,
el otro que venga
lo mismo será.

Tú tres pies buscaste al gato,
pero inútil fue tu ardid;
te han arañado las uñas
de los gatos de Madrid.
A la jota, jota,
que suban que bajen,
son los mismos perros
con otros collares.
A la jota, jota,
cuándo se verá
que se marcha el perro
y queda el collar.
Tú te metiste
fraile mostén;
tú lo quisiste,
tú te lo ten.

(A la puerta de Palacio habrá un coche parado. Suben en él Esquilache, la Marquesa y Marcial. —Momentos de agitación)

CORO
¡El Ministro! ¡Que se escapa!
¡Muera el traidor!

JUAN
(Interponiéndose)
¡Alto ahí' ¡No empañas tu honra,
pueblo español!

CORO
Tomarlo a risa
es lo mejor:
Señor Esquilache,
vayas con Dios,
porque para muestra
nos basta un botón.

(Parte el coche: óyese la banda y el preludio del himno. Penetra por el arco de la Armería la procesión, formada por todos los gremios, con sus insignias y pendones, llevando cada individuo una palma en la mano. La procesión va pasando por frente al balcón largo de Palacio)

JUAN
(Con una bandera en la mano)
Triunfador
proclamad
al valor
popular,
y el victorioso cántico entonad.

CORO
Un Ministro las leyes hollando
quiso al pueblo Español sujetar;
de las leyes esclavos seremos;
del capricho de un hombre, ¡jamás!
Triunfador
proclamad
al valor
popular,
y el victorioso cántico entonad.
Del clarín al clamor resonante,
del tambor al veloz redoblar,
elevemos triunfantes las palmas
y entonemos el himno marcial.

(Alzan las palmas, formando un cuadro entusiasta y de gran movimiento, con vivas y gritos de algazara y regocijo. — CAE EL TELON)



Información obtenida en:
https://archive.org/details/elmotincontraesq479arri

No hay comentarios:

Publicar un comentario