viernes, 22 de enero de 2016

Episodios Nacionales (Libreto)



EPISODIOS NACIONALES



Revista Histórica en un acto, dividido en siete cuadros, en verso.

Original de Maximiliano Thous y Elías Cerdá.

Música de Amadeo Vives y Vicente Lleó.

Estrenada en el Teatro de la Zarzuela la noche del 30 de Abril de 1908.


REPARTO (Estreno)


CUADRO PRIMERO. —La leyenda dorada.

La Leyenda - Sra. Ortega.

Don Patricio - Sr. Güell.

Doctor - Sr. Rufart.

Centenario - Sr. González.


CUADRO SEGUNDO. —El 2 de Mayo.

Paloma -  Srta. Pino.

Una Maja - Sra. Guzmán.

Don Marcial - Sr. Güell.

Carnicero - Sr. Agulló.

Currutaco - Sr. Galerón.

Hornero - Sr. Tojedo.

Droguero - Sr. González.

Antonio - Sr. Ballester.

Hombre 1º - Sr. Soriano.

Chispero 1º - Sr. Vallejo.

Chispero 2º - Sr. Aguirre.

Majas, chisperos, currutacos, pueblo de Madrid y Coro general.


CUADRO TERCERO. —Los gritos de independencia.

El Alcalde de Móstoles - Sr. Meana.

El Palleter de Valencia - Sr. Agulló.

El Padre Rico - Sr. Tojedo.

El Somatén del Bruch - Sr. Güell.

El Cura Guerrillero - Sr. Meana.

El Chico - Srta. Calzado.

Vecinos de Móstoles, valencianos y payeses. —Coro general y comparsas.


CUADRO CUARTO. Los ejércitos

Talavera - Srta. Santa Cruz.

Bailén . Srta. Pino.

San Marcial - Srta. Clar.

La Guerrilla - Srta. Pastor.

Guerrillero 1º - Sr. Sanz.

Guerrillero 2º - Sr. Vitín.

Soldados ingleses, portugueses, españoles y guerrilleros. —Coro general, niños y comparsas.


CUADRO QUINTO. —La musa popular.

Don Melchor - Sr. Rufart.

Carrero - Sr. Güell.

Ventero - Sr. Tojedo.

Moza - Srta. Díaz.

Un Estudiante - Sr. Santa Cruz.

El General No-Importa - Sr. González.

Estudiantes, Coro general y banda de guitarras y bandurrias.


CUADRO SEXTO. —Los sitios.

Agustina de Aragón - Srta. Pino.

Aragonesa 1ª - Srta. Calzado.

General Palafox - Sr. Ballester.

General Alvarez - Sr. Galerón.

Gaditana 1ª - Srta. Clar.

Tío Jorge - Sr. Morgado.

Aragoneses, catalanes y gaditanos. —Coro general.


CUADRO SEPTIMO. —Los inmortales.

Leyenda - Sra. Ortega.

Don Patricio - Sr. Güell.

Centenario - Sr. González.


ACTO UNICO


CUADRO PRIMERO


La leyenda dorada

Desván donde se ha cobijado gente rica después de haber perdido su poderío y grandeza. Los pocos trastos repartidos por la escena son restos del antiguo esplendor, inequívocos signos de la catástrofe.

Al foro derecha, ventanal grande, cerrado y a la izquierda, puertecilla de entrada, cerrada, practicable.


ESCENA PRIMERA


La Leyenda y Don Patricio.

La Leyenda tumbada en un sofá y don Patricio sentado en una silla a su lado.

Es la Leyenda una hermosa mujer cuya belleza han marchitado los sufrimientos. Don Patricio es un hombre vigoroso, de vejez prematura. Cuerpo de treinta años con cara de cincuenta. Algunas arrugas y bastantes canas le dan este aspecto. Ambos visten trajes del día.

DON PATRICIO
(Leyendo)
«Oigo, Patria, tu aflicción
»y escucho el triste concierto
»que forman, tocando a muerto,
»la campana y el cañón.
»Sobre tu invicto pendón
»miro flotantes crespones
»y oigo alzarse a otras regiones,
»en estrofas funerarias,
»de la Iglesia las plegarias
»y del Arte las canciones.»

(Durante la lectura, la Leyenda ha reclinado su cabeza sobre un brazo del sofá. Don Patricio, al observarlo, deja de leer y sepárase cautelosamente)

La cabeza inclinó... ¡Por fin reposa!
¡Sus ojos ha entornado
repitiendo la rima melodiosa
que recuerda las glorias del pasado.
Maltrecha, dolorida,
burlada sin piedad, escarnecida,
por sus ingratos hijos olvidada
la Leyenda dorada
ve que se agota su triunfante vida.

(Con calor)

Quiso la adversa suerte
que a mis débiles brazos llegue inerte
la que fue victoriosa y altanera...
¡Qué había de morir, si yo pudiera,
dando mi vida, detener su muerte!
Maldito quien la ofende y la rechaza,
quien goza en su agonía,
quien fiero despedaza
la fibra que, hace un siglo, mantenía
el orgullo indomable de la raza...

(Siéntase abatido en un sillón a la izquierda)


ESCENA II

Dichos y Doctor.

DOCTOR
(Es joven y elegante. Entra jadeante por la puertecilla del foro)
Salud y buenos días, don Patricio.

DON PATRICIO
(Levantándose y corriendo gozoso a su encuentro)
¡Es el señor Doctor! Pase adelante.

DOCTOR
(Sin poder respirar)
¡Si puedo... ¡Caracoles, qué escalera!
Vive usted a una altura... intolerable.

DON PATRICIO
¡Aun así, de limosna estoy viviendo!

DOCTOR
Y la enferma, ¿qué tal?

DON PATRICIO
(Abatido) Grave, muy grave,

DOCTOR
¿No recobra las fuerza?

DON PATRICIO
Al contrario;
las pierde por instantes.
Hace poco que duerme y que descansa.

(Decidido)

La voy a despertar.

DOCTOR
(Deteniéndole) ¡No!... Que descanse.
Celebro que no escuche lo que hablamos.

DON PATRICIO
(Sobresaltado)
¿Ocurre novedad?

DOCTOR
Y es importante.
Don Patricio... ¡valor!... No se alborote
ni dé usted a mis frases
un sentido distinto a mis deseos
de decir la verdad a iodo trance.

(Con entereza)

¡La Leyenda dorada se nos muere!

DON PATRICIO
(Sobresaltado)
¡Que muere dice usted?

DOCTOR
¡Inevitable!
Como todas las cosas de este mundo
tiene un fin y ese fin .. no está distante.

DON PATRICIO
Pero... algún medio habrá...

DOCTOR
Todo es inútil.
No hay otra solución que resignarse.
Y, eso quiero de usted: que, como amigo,
—pues lo soy como nadie—
y además como médico, me escuche
dispuesto en todo a secundar mis planes.
Es usted hombre joven, sano y fuerte;
le ofrece el porvenir campo bastante
donde medir sus fuerzas en la lucha
y escalar, victorioso, altos lugares.
Deje usted que se acabe lo que es viejo
y es lógico que acabe.
La Leyenda dorada es un estorbo;
deposite su cuerpo en el In pace
y no piense usted más en antiguallas
que, a veces, no son más que falsedades.
Ya, del Gran Capitán, dudan las gentes
si fue cierto ó fingido personaje.
Don Quijote cayó molido a palos;
no osará levantarse.
De la Armada invencible los bajeles
se pudren en el fondo de los mares.
Las cenizas del Cid están guardadas
y al sepulcro le echamos siete llaves.
Resuenan corno murga los acordes
de la marcha de Cádiz.
Quien vive de recuerdos desfallece,
el que tiene ambición marcha adelante.
Ya lo dice el refrán: ¡El muerto al hoyo!
¡El que mira hacia atrás tropieza... y cae!

DON PATRICIO
(Estupefacto)
Doctor: ¡usted reniega de la Historia!

DOCTOR
Muy buena para coplas y romances.
¡Los pueblos sin historia, los más nuevos,
son también los más grandes!

DON PATRICIO
La estirpe... el abolengo...

DOCTOR
¡Zarandajas!

DON PATRICIO
La guerra... la conquista...

DOCTOR
¡Disparates!
Sin dinero no hay armas ni blasones
y es, antes que luchar, matar el hambre.

DON PATRICIO
No, Doctor. Yo agradezco sus consejos,
pero, sería infame
que, de mi ingratitud al rudo golpe,
la Leyenda dorada agonizase.

DOCTOR
(Muy intencionadamente)
Con morfina se muere dulcemente...

DON PATRICIO
(Indignado)
¡Eso nunca. Doctor!

DOCTOR
(Decidido a no insistir) Pues... ya no se hable
ni una palabra más. Yo, con franqueza,
cumplí con mi deber, aunque fue en balde.
La Leyenda se muere sin remedio
con usted que es un loco de remate.
Ni el cerebro de usted puedo arreglarlo
ni volver a la vida ese cadáver.
Quede con Dios, mi desdichado amigo.
Voy en busca del aire,
la luz, la libertad y la alegría
que dan ánimos, fuerzas y coraje.
Usted, entre la muerte y la miseria,
prosiga su combate.
Cuando quiera escapar de entre sus garras
ya no habrá salvación... ¡ya será tarde!

(Y muy decidido sale por la puertecilla del foro dejando a don Patricio atolondrado. Pequeña pausa)


ESCENA III


Leyenda y Don Patricio.

DON PATRICIO
(Dándose cuenta de lo ocurrido y avanzando hacia la puerta)
¡Doctor!... ¡Doctor!... ¡Se marcha!... ¡Me abandona!

LEYENDA
(Levantando la cabeza, sin vigor ni entereza)
¿Qué te ocurre, hijo mío?

DON PATRICIO
(Acude a su lado esforzándose en ensayar una sonrisa)
No te alarmes.
Declamé sin pensar en que dormías.
Descansa sin temor.

LEYENDA
(inclinando nuevamente la cabeza)
¡Dios te lo pague!

DON PATRICIO
(Volviendo al sillón. Breve pausa)
Y ¿por qué ha de morir cuando sus glorias
reviven en los bronces y en los mármoles?
Y ¿por qué han de ser locos los que anhelan
el brillo y esplendor de otras edades?

(Transición)

¡Es verdad... es verdad! Dinero y fuerzas
me agotaron ladrones y rufianes:
¡por ellos la Leyenda se desploma!
¡por ellos vine a ser pobre y cobarde!

(Queda en profundo abatimiento)


ESCENA IV

Dichos y Centenario.

CENTENARIO
(Por la puertecilla del foro)
¿No hay ningún ser viviente en esta casa?

DON PATRICIO
¿Quién pregunta?... ¡Adelante!

(Levántase sorprendido por la inesperada visita. Entra el Centenario. Es un viejecito de buen aspecto, afeitado, simpático. Cuando él entra una ráfaga de aire abre de par en par el ventanal del foro, inundando de luz la escena y dejando ver un alegre horizonte. Parece que con el viejecito entra también una ráfaga de bienestar y alegría. Su gesto es risueño, su tono jovial y animoso, su hablar firme y sonoro. No tartamudea)

CENTENARIO
¿Patricio Buenafé?

DON PATRICIO
Para servirle.

CENTENARIO
Más bien para mandarme.
¿No sabe usted quién soy?

DON PATRICIO
No tengo el gusto...

CENTENARIO
Lo va usted a tener en el instante.
Yo soy de los chapados a la antigua,
su colega, su amigo, su compadre;
de los que quedan pocos, pero buenos;
de los de pura sangre.
Yo sé que usted es joven y es honrado;
que, de su patria amante,
a la hermosa leyenda de mis tiempos
refugio ha dado usted en estos lares.

DON PATRICIO
¡Y por verla feliz, mi vida diera!

CENTENARIO
Sacrificio admirable
que merece obtener franca victoria,
y esa es, mi amigo, la que vengo a darle.

DON PATRICIO
¡Si se muere la pobre!...

CENTENARIO
(Convencido y animándose) ¡No Se muere!
¿No oye usted en la calle
rumores de entusiasmo y de alegría
que surgen de los cantos populares?
Yo soy quien despertó sus entusiasmos
recordando las glorias nacionales.
Yo soy el Centenario de la guerra
que, con brío indomable,
logró la Independencia y ¡oro puro
derramó de la Historia en los anales!

DON PATRICIO
(Asombrado)
¿Será cierto, señor?

CENTENARIO
Cierto y muy cierto.
He llegado a saber, aunque algo tarde,
que aquí nuestra Leyenda se ocultaba.
¡Su vida hay que salvar!

DON PATRICIO
(Con desaliento) ¡Si está muy grave!
¡Si el Doctor de su muerte está seguro!

CENTENARIO
(Brioso)
Bien puede ser que el médico se engañe.
No hay médico mejor que la alegría
ni hay drogas como el sol, la luz, el aire.
¡Oxígeno hace falta en esta casa!
Firmeza y voluntad es lo que vale.
Si vencer a la Francia fue difícil
vencernos a nosotros... será fácil.

DON PATRICIO
Los franceses son hoy nuestros amigos.

CENTENARIO
Pues mejor que mejor. Todos iguales.
¡Como fueron sangrientas nuestras luchas,
serán firmes y francas nuestras paces!
Pero el ejemplo de pasadas glorias
recuerde cada cual en sus hogares.

DON PATRICIO
(Animándose)
Es verdad... ¿qué hay que hacer?

CENTENARIO
(Más animado) Salir al punto
de este ambiente asfixiante.
Que admire la Leyenda cómo el pueblo
se acuerda de sus hechos memorables;
que sepa que en usted y en mí le quedan
brazos en qué apoyarse,
que su frente acaricien frescas brisas,
que la exalten los bélicos cantares
y que quiera vivir y ser dichosa,
altiva, rica, noble, fuerte y grande.
La muerte está en la inercia y el olvido:
¡la vida hay que buscarla en otra parte!

DON PATRICIO
(Exaltándose)
Es verdad... es verdad. Nuevos alientos
me infunden esas frases.

CENTENARIO
Pues, despiértela usted. Salgamos pronto
de este hogar miserable.

DON PATRICIO
(Con creciente entusiasmo)
¡Saldremos!... ¡Vivirá!... Y ante sus plantas
haremos que le rindan homenaje
los héroes que, siguiendo la leyenda
se hicieron inmortales.

(Como invocación)

¡Poeta del honor y el patriotismo!
¡De tus rimas vibrantes
surja el conjuro de las nuevas glorias
y arda en mis venas la española sangre!

(Leyendo de nuevo con briosa entonación las sublimes décimas de Bernardo López García. La orquesta preludia pianísimo)

¡Guerra! —clamó ante el altar
el sacerdote con ira.

(El escenario obscurece paulatinamente)

¡Guerra! —repitió la lira
con indómito cantar.

(Obscurece algo más)

¡Guerra! —gritó, al despertar
el pueblo que al mundo aterra.

(Aun cuando el escenario quedó obscuro por completo y nada se ve, sigue oyéndose la valiente declamación)

Y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!

(Luz en el escenario, y fuerte en la orquesta)


(MUTACION)


CUADRO SEGUNDO


El Dos de Mayo

Plaza Mayor de Madrid en 1808. La plaza está ocupada por abigarrada muchedumbre de Majas, Chisperos y Currutacos, en revuelta confusión.

El aspecto de los grupos no da lugar a dudas. Es un alzamiento popular con todas sus terribles apariencias.

Entre los grupos predominan las Majas, desgreñadas y fieras.


ESCENA PRIMERA

Majas, y Chisperos 1º y 2º, después Paloma.

(Música)

(Como continuación del final del primer cuadro)

CORO
¡Guerra!
Luchemos, madrileños
que se apoderan
de nuestra tierra.
Corramos a la lucha
diciendo a gritos:
¡¡Venganza y guerra!!
Rompamos las cadenas
conque nos atan
los extranjeros.
¡Madrid ha de ser libre
para las majas
y los chisperos!
Nada nos rinde
ni nos aterra.
¡¡Guerra y venganza!!
¡¡Venganza y guerra!!

(Mirando al sitio por donde viene la Paloma)

Aquí viene la Paloma.

PALOMA
(Es una maja de lo mejorcito de la clase. Su presencia, su ademán y sus circunstancias, deben conquistar al público desde el primer momento)
Salid pronto de la plaza,
que la sangre madrileña
pide a gritos la venganza.

CORO
Ya que ha visto lo ocurrido
que lo cuente la Paloma.

PALOMA
Lo diré si no reviento
de la rabia que me ahoga.

(Todos rodean a la Paloma oyendo con atención el relato y comentando los puntos más interesantes)

Hablando yo con mi novio
subía la calle Nueva,
y al llegar junto a palacio,
vimos grupos a la puerta.
—¡Que se llevan los Infantes!—
junto a mí gritó una voz,
y aquel grito fue la chispa
que en los ánimos prendió.
Se acercan los franceses
disparan por sorpresa,
retumban los cañones
que barren la plazuela,
y, heridos a mansalva,
¡vertiendo están allí
su sangre generosa
los hijos de Madrid!

(Con extraordinario brío)

Encienda vuestros ánimos
la voz de ¡muera!
¡Muera!
¡muera el traidor!
Honremos a los mártires.
¡Venganza y guerra!
¡Guerra,
al invasor!

TODOS
Morir matando
todos jurad,
al santo grito
de ¡libertad!

(Hablado)

CHISPERO 1º
(Sale seguido de un grupo por la derecha)
Paloma, ¿qué es lo que ocurre?

PALOMA
Que las tropas extranjeras
intentan apoderarse
de ¡Madrid a viva fuerza.

MAJA 1ª
¡Que a tiros nos acorralan!

MAJA 2ª
¡Que a mansalva se aprovechan!

PALOMA
Madrid corre hacia Palacio,
donde los tiros resuenan,
y del Viento y de Rebeque,
del Factor y de Noblejas
y del Tufo, suben grupos
de la flor de la majeza.
No vi más; de miedo y rabia
quedé loca y quedé ciega
y entre gritos y porrazos,
maldiciones y blasfemias,
me arrastraron... no sé dónde,
porque yo no me di cuenta,
hasta verme aquí, en la plaza,
del camino que siguiera.
¡Sola estoy! Quizás mi novio
quedó muerto en la refriega.
Si vivo está, ¡no le quiero
mientras no vengue la afrenta!

(Casi llorando)

Si, cobardes, le mataron,
por mi sangre madrileña
yo juro que mi venganza
será horrible y será fiera.

(Con varonil arranque)

¡¡Seguidme, si es que sois hombres,
y sabréis lo que son hembras!!

CHISPERO 1º
Donde vayas te seguimos.

MAJA 1ª
Paloma, manda y ordena.

(Escúchase lejano el son de clarines y el clamor de la gente que corre gritando: «¡Al Parque!» «¡Al Parque!»)

PALOMA
¿Oís?... Son los escuadrones
de Murat que, a la carrera
van acuchillando al pueblo.
En el Parque nos esperan,
que allí hay cañones y hay armas.

CHISPERO 1º
¡Pues ¡al Parque!

PALOMA
Y si alguien queda
con vida, para contarlo,
que diga ante España entera,
¡que así quieren y así luchan
y mueren las madrileñas!

(Música)

(La multitud, capitaneada por la Paloma, vase corriendo por la izquierda sin cesar en sus gritos de «¡Al Parque!...» La plaza ha quedado completamente vacía, y después de una breve pausa acompañada de un pianísimo de la orquesta, que, alguna que otra vez recuerda sordamente el murmullo de la lucha, se oye la voz de mando de:)

DON MARCIAL
(Gritando desde la derecha)
¡Batallones!... ¡De frente!... ¡Marchen!


ESCENA II

Don Marcial, el Carnicero, el Currutaco, el Hornero y el Droguero.

Sale primero don Marcial, que es un vejete digno do su nombre, con gran aire de soldado pero con pocas fuerzas para resistir el aire. Lleva arreos militares, se cubre con una rodela y empuña un sable descomunal. Le siguen: el Carnicero armado de sendas cuchillas, una en cada mano; el Currutaco que empuña una lanza; el Hornero denunciado por su enharinado traje, blandiendo una pala; y el droguero, joven enteco y desmedrado que a duras penas arrastra una tremenda cachiporra. Marchan todos acompasadamente, con marcialidad pero con cautela, de modo que su presencia resulte trági-cómica.

DON MARCIAL
Vayan avanzando,
mucha precaución,
no haga nadie fuego
sin mandarlo yo.

CARNICERO
¡No!

CURRUTACO
¡No!

HORNERO
¡No!

DROGUERO
¡No!

(Y ¿con qué? dicen con el gesto los que forman esta extravagante patrulla, mirándose las manos, pues nadie lleva arma de fuego)

DON MARCIAL
Ya lanzaron su reto los invasores
y en las calles se lucha sin dar cuartel.
Aquí están de la plaza los defensores.
Don Marcial es el jefe.

TODOS
¡Duro con él!

DON MARCIAL
¡Chist!... (Hacen señal de que callen)

CARNICERO, CURRUTACO y HORNERO
(Bajando la voz) ¡Duro con él!

DON MARCIAL
¡Chist!... (Igual juego)

DROGUERO
(Gritando, porque no se ha enterado de nada)
¡¡Duro con él!!

CARNICERO
(Con las cuchillas)
Yo los pico en pedazos.

CURRUTACO
(Con la lanza)
Yo los pico también.

HORNERO
Yo los tuesto en el horno.

DROGUERO
Yo... no sé lo que haré.
Si les mando a la porra.

(Por la que lleva)

se acabó mi papel.

(Evolucionan cómicamente come vigilando las puertas)

DON MARCIAL
Forman pocos, pero bravos,
mi valiente pelotón.
Uno solo en cada puerta
cierra el paso a un escuadrón.
Yo he vencido en cien batallas,
yo sabré humillar aquí
a los héroes de Marengo,
de Friedland y de Austerlitz.

TODOS
¡Mucho que si!

CARNICERO
Yo tengo listas las dos cuchillas.

CURRUTACO
Yo tengo un arma que es sin rival.

HORNERO
Yo tengo un horno que está en su punto.

DROGUERO
(Yo tengo... un miedo fenomenal)

DON MARCIAL
Que no quede sin guardia
ninguna puerta.
Y que nadie abandone
su posición,

(Dos se marchan cautelosamente por un lado. Los otros dos por el opuesto y uno por primer término y otro por el último, como si se repartieran por todas, las puertas de la plaza. Don Marcial se queda en el centro como dirigiendo este «dificilísimo» movimiento)

¡Alerta; patriotas!

UNOS
¡Alerta!...

OTROS
¡Alerta!...

DON MARCIAL
(Retirándose satisfecho)
¡¡Que venga ya, si quiere
venir, Napoleón!!

(Y con una evolución graciosa se retiran a compás la música)


ESCENA III

Dichos, Grupos 1º y 2º y Paloma.

Resuenan dentro cornetas y tambores tocando llamada.

(Hablado)

GRUPO 1º
(Apareciendo por la derecha, corriendo)
Por aquí llegan: os antes
de que lleguen los gabachos.

GRUPO 2º
(Vienen por la izquierda rabiosos por la derrota)
¡Venganza! ¡Nos han vencido!

GRUPO 1º
¿Qué ocurre?

GRUPO 2º
(A los del 1º) Si vais armados
cuidad de guardar la plaza
mientras nosotros buscamos.
armas con que defendernos.

PALOMA
(Heroica, saliendo por donde el primer grupo y colocándose en el centro)
¿Qué hacéis aquí quietos? Vamos.
Buscad al punto fusiles
y si no hay fusiles, palos,

GRUPO 1º
¡Pues al Parque!

PALOMA
(Con ira) No podemos,
las tropas cierran el paso
que los traidores tenían
el golpe bien preparado.
La Puerta del Sol se llena
de cañones y caballos,
¡Fuimos necios, fuimos tontos
y con trampa nos cazaron!


ESCENA IV

Dichos y Grupo 3º con Antonio.

ANTONIO
(Herido «artísticamente» en la cabeza; corre hasta donde está su novia)
¡Paloma, Paloma!

PALOMA
(Sobresaltada al verle herido)
¡Antonio!

ANTONIO
¡Por fin te tengo en mis brazos!

PALOMA
¡Vienes herido!

ANTONIO
(Tranquilizándola) No es nada.
Con verte ya estoy curado.

PALOMA
(Con ansiedad)
¿De dónde vienes?

ANTONIO
(Desalentado) Del Parque.

PALOMA
¿Vencisteis?...

ANTONIO
¡Nos destrozaron!
Cuando barrieron la plaza
los primeros cañonazos
no te vi; cegué de rabia
y a la fuerza me arrastraron
los que salvaban su vida
corriendo locos de espanto,
y hacia el Parque fuimos todos
y cuando al Parque llegamos
se nos abrieron las puertas,
las armas nos entregaron
y la calle defendimos
cara a cara, palmo a palmo.
Era la lucha horrorosa
y, ayudando a los que abajo
no cesaban de hacer fuego,
de balcones y tejados
sobre el enemigo echaban
los muebles y los cacharros.
Poco después el teniente
Ruiz, que estaba a mi lado
luchando como una fiera,
cayó herido de un balazo.
Los traidores enemigos
eran fuertes y eran tantos
que pisando nuestros muertos
sobre el Parque se lanzaron.
La valiente artillería
que esperábales al mando
de Daoiz y Velarde
les detuvo a cañonazos.
¡Vencedores nos sentimos
y fue horrible el desengaño,
pues faltaron municiones
y el momento aprovecharon
los ejércitos franceses
para ser dueños del campo!
¡A traición murió Velarde!
¡¡Por la espalda le mataron
y muerto cayó Daoiz
cosido a bayonetazos!!
Eso es todo, madrileños.
Si estimáis la gloria en algo,
vamos a vengar su muerte;
vamos a morir matando
que es mejor morir vencidos
que vivir y ser esclavos.

PALOMA
¡Dices bien! ¡De los cobardes
no debe quedar ni rastro!

GRUPO 1º
¡Libertad!

GRUPO 2º
¡Venganza, guerra!

ANTONIO
A la lucha sin descanso,
que Madrid ha de ser libre.

PALOMA
Y aunque en la lucha muramos
recordará el mundo entero
la fecha del dos de Mayo.

(La arenga de la Paloma enardece nuevamente a cuantos la rodean y cae el telón mientras todos prepáranse a seguir luchando. Orquesta y

(MUTACION)


CUADRO TERCERO


Los gritos de independencia

Telón corto. A la derecha, una hermosa figura de grandes proporciones que llena casi por completo 1a altura de la decoración. Es una maja en actitud de gritar desesperadamente. Destácase esta figura sobre un fondo en el que se recuerdan escenas del 2 de Mayo. A la parte opuesta, un gran portalón ardiendo, sirve de marco al siguiente documento histórico:

La Patria está en peligro. Madrid
perece víctima de la perfidia francesa.
Españoles, acudid a salvarlo.

2 de Mayo de 1808.

El Alcalde de Móstoles.


ESCENA PRIMERA

Alcalde y Vecinos.

Detrás del oficio del Alcalde de Móstoles suena, primero cerca y después lejos, un toque de corneta. Levántase el pequeño telón del oficio y dentro aparece un forillo de casa pobre. El Alcalde está formando grupo con algunos vecinos armados de fusiles. En la mano lleva unos pliegos. Habla con agitación, muy emocionado y con gran calor.

ALCALDE
¡Escuchad!... |Ya lo oís! A todo el pueblo
despertar debe el toque de corneta
si en Móstoles hay alguien que esta noche,
faltando a su deber, no vive alerta.
Con infame traición los invasores
del pueblo en que nacimos se apoderan.
¡Los hijos de Madrid luchan rabiosos
defendiendo la santa independencia!
No hay tiempo que perder. Estos oficios
llevad a su destino a la carrera.
¡Qué sepan los alcaldes de otros pueblos
que es preciso vengar la torpe afrenta!
¡Que el odio al invasor levante en armas
las ciudades, las villas, las aldeas
y el orgullo español a vuestro paso
cual reguero de pólvora se encienda!

(Los de los pliegos márchanse apresuradamente. Suena de nuevo la corneta. El Alcalde se dirige a los que le rodean y les dice con fogoso entusiasmo:)

¡Escuchad!... Ya lo oís... ¡A todo el pueblo
despertando va el toque de corneta!
¡Corramos a formar nuestra guerrilla!
¡Con fusiles, con palos ó con piedras
ó con uñas y dientes si es preciso,
juradme todos defender la tierra
que el Alcalde de Móstoles os jura
que han de hablar todos de la gloria vuestra!
(Mientras de nuevo suena, ya muy cercana la corneta, el Alcalde se lanza al foro seguido del grupo de vecinos é inmediatamente, en el hueco que dejó el oficio del Alcalde, cae a modo de telón, un lienzo diciendo: «El Palleter de Valencia».


ESCENA II

El Palleter, el Padre Rico y Pueblo.

Al son de timbales y clarines que tocan la Marcha de la Ciudad, se levanta el pequeño telón. A un lado, pequeña grada en la puerta de la Lonja de Valencia. Sobre el último peldaño destácase la simpática figura del padre Rico, fraile de agradable aspecto, que está leyendo, con emocionada voz, la «Gaceta». Escúchale abigarrada muchedumbre. Lo que lee el fraile es el decreto proclamando a José Bonaparte rey de España y lo interrumpe diciendo con energía:


PADRE RICO
Valencianos: ¡Ya no sigo
porque me causa vergüenza
repetir estas infamias
que hoy publica la Gaceta!

UNO
¡Viva el padre Rico!

TODOS
¡¡Viva!!

(E1 padre Rico bajó de la grada y avanza seguido de la enfurecida multitud)

PADRE RICO
Tengamos calma y prudencia
y a la Audiencia, con respeto,
le expondremos nuestras quejas.
Nuestra causa es noble y santa,
¡veremos lo que contesta!

(Del grupo se destaca «El Palleter» que lleva a las espaldas, pendiente de un palo, una espuerta llena de pajuelas. Viste el traje de labrador)

PALLETER
(Muy decidido)
¡No hace falta la pregunta!
¡Se hará lo que nos convenga!

PADRE RICO
¡Serenidad, hijos míos!

PALLETER
¡Se acabó nuestra paciencia!
Yo no sé decir las cosas
pero si es torpe la lengua
tengo corazón y puños.
¡Si no hay palabras hay fuerza!
Los infames invasores
de la Patria se apoderan;
se han llevado al rey de España,
y ¿ahora quiere la Gaceta
que a otro rey que no es el nuestro
le juremos obediencia?
Pues diciendo que no, basta.
La ciudad cierra sus puertas
y recibe a cañonazos
a las tropas extranjeras.

PADRE RICO
(Llamándoles a reflexión)
Que son muchos y son fuertes.

(Con mayor energía cada vez)

¡Pues, no importa que lo sean!
Vamos a buscar las armas;
lo demás es cuenta nuestra.
Venga ese papel infame.

(Lo arrebata al padre Rico y lo rasga diciendo:)

¡Aquí tenéis la respuesta!
¡Busquemos al enemigo
y que sepa España entera
que en la tierra de la horchata
llevamos fuego en las venas!

(La gente, entusiasmada, ruge con ansias de venganza mientras «El Palleter», quitándose con rapidez la roja faja y anudándola, con el escapulario, al palo que lleva al hombro, sigue diciendo:)

La faja... el escapulario...
y el palo serán bandera...
Por nuestro rey prisionero,
por España y por Valencia,
escuchadme, valencianos:

(Sube a una silla y dice con grandiosidad mientras vuelve a sonar la Marcha de la Ciudad)

¡Yo, un vendedor de pajuelas,
al infame Napoleón
le declaro aquí la guerra!
¡Guerra a muerte a los traidores!
¡Viva nuestra independencia!

(«El Palleter» desaparece seguido de las gentes que contestan a su arenga con ensordecedores gritos. El teloncito que sigue dice: «El somaten del Bruch»)


ESCENA III


El Tambor del Somatén.

Brioso redoble de tambor que va creciendo hasta mover gran estrépito sirve de preludio para levantar el pequeño telón. Destacándose sobre un forillo de monte está el tambor del somaten de Sampedor vestido a usanza catalana con trabuco, alpargata y tambor.

TAMBOR
(Muy contento y muy valiente mientras mira hacia e foro como observando los movimientos del enemigo)
¡¡Victoria por Cataluña!!
¡Las tropas vuelven la espalda!
Camino de Zaragoza
les empujaba su audacia,
pero el camino torcieron
con su empuje nuestras balas;
Martorell nos dio el aviso;
de Manresa y de Igualada
salieron los somatenes
oyendo el toque de alarma
y hacia el Bruch fueron diciendo:
¡Lo que es por aquí, no pasan!
Cada loma, cada peña,
cada risco, cada mata
corta el paso al enemigo
y es de un bravo la muralla.
Los audaces batallones
se detienen, se acobardan;
Sampedor viene en auxilio
de la gente catalana;
yo, su tambor y su jefe,
redoblo ciego de rabia
y al escuchar mis redobles
los enemigos se engañan
creyendo que llegan tropas
y en plena fuga le lanzan.
Del Bruch en los peñascales
no entrará extranjera planta.
¡Adelante y no haya miedo,
que los de las negras águilas
de las rojas barretinas
van huyendo en desbandada!
Adelante, somatenes.
No detenga nuestra marcha
ni que maten nuestros hijos
ni que incendien nuestras casas,
que escrito con sangre nuestra
la Historia dirá mañana
que así lucha Cataluña
cuando grita ¡Viva España!

(E1 tambor se marcha redoblando fuertemente y en lugar del teloncillo anterior cae otro que dice: «El Cura guerrillero.»)


ESCENA IV


El Cura y el Chico.

Se oye el toque de rebato.

El forillo representa el interior de un campanario. Un rapaz tira de la cuerda figurando voltear las campanas. El Cura que sobre las sotanas lleva la canana, en bandolera una bolsa de piel y en la cabeza un sombrero militar, está limpiando un trabuco.

CURA
Repica, repica fuerte
y que se oiga el campaneo
por los campos y los montes
y los valles y los cerros.

CHICO
Se va a romper el badajo.

CURA
No importa. Ya mataremos
un cabo de mamelucos
para ponerle en su puesto.

CHICO
(Deja de tocar)
¿Pero va usted a matar hombres?

CURA
A intentarlo por lo menos.

CCHICO
Eso no es querer al prójimo.

CURA
¿Quién te ha dicho, majadero,
que los viles invasores
pueden ser prójimos nuestros?
¿No has visto que tienen tipo
de demonio todos ellos?

CHICO
Lo serán, pero yo, padre,
no les he visto los cuernos.

CURA
Como el morrión es muy alto,
no se ven; los llevan dentro.
Ya tengo listo el trabuco
si en la plaza espera el pueblo,
antes que el invasor llegue
le saldremos al encuentro.
Ellos son muchos y malos;
nosotros, pocos y buenos
todo el que se ponga a tiro
que se cuente con los muertos.

CHICO
(Decidido)
Pues yo voy.

CURA
Tú eres muy joven.

CHICO
No importa. Yo no me quedo.

CURA
Pues animo y adelante
que para ser guerrillero,
basta sostener un arma
y darle al gatillo a tiempo.

(Transición)

Perdóneme Dios el daño
que pueda causar con esto;
pero el suelo de mi patria
que invaden los extranjeros,
con pólvora se defiende
cuando no bastan los rezos.

(Transición. El rapaz tira de la cuerda muy poco a poco. Las campanas doblan tristemente)

Quiera Dios tenerte firme,
campanario de mi pueblo.
Callad, alegres campanas
que será corto el silencio.
Y cuando queden triunfantes
los españoles ejércitos,
si vuelvo, tocad a gloria
y si no, doblad a muerto.

(E1 Cura márchase seguido del rapaz y cae el telón)


(MUTACION)


CUADRO CUARTO


Los ejércitos

La sala queda con escasa luz. Intermedio musical. Se oye lejano rumor que va creciendo paulatinamente. Son los ejércitos que ansiosos de gloria marchan al combate. Aproxímanse las tropas y van sonando con claridad los clarines y tambores. Por detrás del telón desfila al parecer numeroso ejército con el estruendo propio de los grandes núcleos de tropas. Los tambores de la infantería, los clarines de la caballería, el rodar de los cañones, todo contribuye á la cabal idea del desfile y a envolver al espectador en un ambiente de bélico entusiasmo.

Muy lejos, envuelto entre el estrépito de la marcha, escúchase la voz del Coro:

CORO
¡Valor y adelante!
¡Cantemos victoria!
Sedientos de gloria
llegad en tropel.
¡Al eco triunfante
de patrias canciones,
rasgad los crespones
y alzad el laurel!

El teatro huele a pólvora.

Levántase el telón. Grandiosa decoración que pudiera titularse «El campo de Marte.» Es una vasta planicie, una llanura manchega sesgada por un desmedrado riachuelo. Sobre una peña, en primer término, el Dios de la guerra contempla el cuadro, A lo lejos avanzan (pintadas en la decoración) apareciendo y desapareciendo por las sinuosidades del terreno, las columnas de ejército, minúsculas por la distancia, dejando nubecillas de polvo como estela de su paso. Allá, en el foro, entre dos cerros, se hunde el sol, un sol de Agosto que incendia la mansa corriente y orla con festones de fuego los nubarrones plomizos que manchan el horizonte. Sobre ellos transparéntase confusamente el Genio de la Muerte precedido de furias, seguido de cuervos, dominando todo el campo. Algunos sauces, chozas destruidas, caballos muertos, etc., contribuyen a que tenga la escena el aspecto de desolación producido por la terrible lucha.


ESCENA PRIMERA

Los Ejércitos, Bailén, Talavera, y San Marcial.

A compás de la música sale por la izquierda, marcando paso sencillo, con armas terciadas, un batallón del Ejército inglés de la época con su Jefe y abanderado que se coloca a la derecha del escenario. Inmediatamente sale, por la derecha un batallón del Ejército portugués, en igual forma, con su bandera, que se coloca a la izquierda. Formados ambos, aparece por este lado un batallón español que evoluciona a paso ligero y ocupa el foro. De ambos lados salen grupos regionales: aragoneses, catalanes, valencianos, andaluces, etc., con armas diversas y después de evolucionar se colocan también en él.

(Música)

JEFE ESPAÑOL
¡Presenten, armas!

(Presentan armas todos y salen las tres batallas: Talavera, Bailén y San Marcial, que están representadas por tres tiples. Visten polainas y faldas iguales, cortas, de vistosos colores a gusto del sastre. Cada una lleva la chaquetilla de su región. Talavera el pañuelo a usanza campesina, Bailén el sombrero andaluz y San Marcial, boina. Cruzan el pecho bandas de los colores nacionales con los titules respectivos)

LAS TRES
Recordando las fechas de gloria,
proclamando el honor nacional,
nuestros nombres repite la Historia,

TALAVERA
(Avanza saludando militarmente)
¡Talavera!

BAILEN
(Lo mismo) ¡Bailén!

SAN MARCIAL
(Lo mismo) ¡San Marcial!
Nuestra lucha fue bizarra
y con tropa ó con guerrilla
conseguimos estas cruces. (En el pecho)

(Avanzan como antes)

SAN MARCIAL
Por los montes de Navarra.

TALAVERA
Por los llanos de Castilla.

BAILEN
Por los campos andaluces.

LAS TRES
Es cierto es que los triunfos
nos costaron caros,
y que a sangre y fuego
se ganó la acción;
pero, con el humo
de nuestros disparos,
se eclipsó la estrella
de Napoleón.
Españoles: can te naos victoria.
Con las notas del himno triunfal
nuestros nombres repite la Historia.

(Saludan y avanzan)

TALAVERA
¡Talavera!

BAILEN
¡Bailén!

SAN MARCIAL
¡San Marcial!


ESCENA II

Dichos y la Guerrilla.

Al sonido de una campana chinesca aparece por el foro la Guerrilla. Es una tiple. Lleva sombrero de general, correaje de soldado, falda corta con festón de los colores nacionales, chaquetilla de paño con una charretera sobre el hombro izquierdo, alpargatas de campaña y un pequeño trabuco de bronce. Su rápida aparición, sus voces y ademanes sorprenden a todos que le abren paso.

(Hablado)

GUERRILLA
¡Todos a las armas!
¡Muchachos, a ellos!

(Avanzando)

¿Dónde hay enemigos?
¿Por dónde hago fuego?
¿Contra quién disparo
mi boca-mortero?

(Al público)

Yo soy la Guerrilla
nacida del pueblo.
Mi historia, mi nombre,
mi sangre, mis nervios
reposar me impiden
un solo momento.
Trepo a las montañas,
corro por los cerros,
bajo a los barrancos
y siempre en acecho,
sin plan de batalla
ni estudio estratégico,
sobre el enemigo
me lanzo en un vuelo.
¿Quién es mi caudillo?
¡Qué importa saberlo!
Forman la guerrilla
nobles ó plebeyos,
pobres ó hacendados,
seglares ó clérigos;
pero audaces todos
y a morir dispuestos
por su independencia
contra el mundo entero.
El Empecinado
dio el glorioso ejemplo,
de insignes patriotas
y audaces guerreros.
Ellos la enaltecen
con sus cantos bélicos.
Y si derrotados
vuelven los ejércitos,
¡no importa! ¡adelante!
¡no desalentemos!
Las guerrillas bastan
para defendernos,
¡que España es la tierra
de los guerrilleros!

(Todo este parlamento debe decirse rápidamente, pero con mucha claridad y con bastante movimiento)

JEFE INGLESES
¡Hurra, las guerrillas!

TODOS
¡Hurra!... ¡Viva!...

GUERRILLA
(Llamando hacia el foro)
¡Que vengan los míos!
Muchachos: ¡A ellos!


ESCENA III

Dichos y Coro de Guerrilleros.

Los Guerrilleros son niños con cara «feroche», armados con minúsculos fusiles y trabucos. Unos visten de soldado, otros como los hombres del pueblo y otros con indumentaria mixta. Evolucionan y avanzan hacia el público cantando iracundos, pero como si hubieran puesto sordina a las gargantas.

(Música)

UNOS
¡Chito!

OTROS
¡Chito!

OTROS
¡Chito!

OTROS
¡Chito!

TODOS
Avancemos sin correr.

UNOS
¡Cuidadito!

OTROS
¡Despacito!

TODOS
¡Qué nos van a sorprender!

(Accionando cómicamente)

Buscamos refugio
detrás de las matas;
bajamos el cuerpo
y andamos a gatas.
La tropa enemiga
se deja pasar
y luego el trabuco
se encarga de hablar.

(Como si dispararan a diestro y siniestro)

¡Prurruuum! ¡pum! ¡pum!
He sido certero,
ya he tumbado seis.
¡Pies, para qué os quiero!
no me alcanzaréis!

(Huyen hacia el foro y luego vuelven cautelosamente)

Punto en boca todos
y arma preparada,
que ya el enemigo
vuelve a la emboscada.

UNOS
¡Mucha picardía!

OTROS
¡Mucha precaución!

TODOS
¡Contra los cañones
la mala intención!

UNOS
(Disparando)
¡Pim, pom!

OTROS
¡Pim, pom!

TODOS
¡Cuatro puntos en guerrilla
han deshecho un escuadrón!

(Retumba un cañonazo. El cuadro se descompone mientras todos gritan:)

¡Los franceses! ¡Los franceses!

GUERRILLERO
(Conteniendo a los grupos que se desbandaban)
¿Quién corre?... ¿Quién chilla?
¡Qué nadie se mueva!
¡Aquel que se atreva
que llegue en tropel!
¡Valientes guerrillas:
batid las legiones;
¡rasgad los crespones
y alzad el laurel!

(Corre al combate seguida de los guerrilleros y soldados. Gran entusiasmo)

(MUTACION)


CUADRO QUINTO


La musa popular

Interior de una venta en una carretera de Castilla la Nueva. Por el gran portalón del foro se ve el camino y el campo iluminados por la triste luz del crepúsculo vespertino.

Junto al portal, y a su derecha, está el mostrador donde hay algunos vasos de metal y jarras de barro.

En primer término y en ambos lados de la escena mesas y taburetes. Sobre cada mesa jarro y vaso.


ESCENA PRIMERA

Don Melchor, Carrero y Ventero.

Don Melchor de Breñales y de la Mata está sentado junto a la mesa de la derecha, de espaldas a la del lado opuesto. Aunque lleva, calzón corto, espada al cinto y sombrero de anchas alas, pudiera muy bien pasar por don Quijote, sólo con dejarse crecer bigote y perilla. En la otra mesa está sentado, también de espaldas, el Carrero, tipo vulgar de rostro bonachón y colorado, que en tipo y maneras alga tiene también de Sancho Panza. El Ventero, de recio cuerpo y cara franca está detrás del mostrador muy atareado en la limpieza de los cachivaches.

DON MELCHOR
Ventero: venga otro jarro.

CARRERO
Venga otro jarro, ventero.

VENTERO
Tengan calma sus mercedes
que para todo habrá tiempo
y en las bodegas hay vino
para dos años lo menos.

(Salió del mostrador. Don Melchor le llama por señas y el Ventero se aproxima. El Carrero está algo «chispa»)

DON MARCIAL
(Con algún misterio)
Soy don Melchor de Breñales
y de la Mata.

VENTERO
(Algo sorprendido) Me alegro.

DON MELCHOR
De doctor tengo la borla
y de cruzado el acero,
y como escribo un romance
le doy un tajo al más diestro;
lo cual, ya de vos sabido,
no me preguntéis más dello,
pues la salvación de España
depende de mi silencio.

(...Y se queda tan tranquilo)

CARRERO
(Con voz de curda)
Pero... ¿viene ya ese vino?

VENTERO
(Al Carrero)
Esperad, que ya os lo llevo.

(Volviendo al enfático personaje)

Y bien señor de...

DON MELCHOR
Breñales.

VENTERO
¿En qué puedo seros bueno?

DON MELCHOR
He notado hace un buen rato
que hay allí enfrente un mastuerzo

(Por el Carrero)

que siempre que pido vino
hace al instante lo mesmo
y no ha falta gran malicia
para adivinarle el juego.

(Con mayor misterio)

Es un espía, os lo juro.
Y, por lo que yo sospecho,
conmigo salió de Cádiz
y me viene persiguiendo.

VENTERO
(Risueño)
Perdonad, señor...

DON MELCHOR
(En tono amoscado) Breñales.

VENTERO
Ese es Colás el carrero
Y es más español que el hambre,
y más leal que un podenco.

CARRERO
Pero... ¿viene ya ese vino?

VENTERO
Voy a subirlo en un vuelo.

DON MELCHOR
Id con Dios, que yo me encargo
de arrancarle su secreto.

(Vase el Ventero por una puertecilla de la derecha)


ESCENA II

Don Melchor y el Carrero.

DON MELCHOR
(Levántase de su asiento, arréglase el traje y avanza con prosopopeya)
Buen hombre.

CARRERO
(Levantándose con alguna dificultad. Un poco borracho. Nada más que un poco. Sin exagerar)
¿Soy yo el buen hombre?

DON MELCHOR
Vos lo sabréis si sois bueno.

CARRERO
Más que el pan. ¿Qué es lo que os duele?

DON MELCHOR
(Con tono rápido y agresivo)
Lo que me duele es que quiero
que gritéis, sin más excusa,
¡viva el rey Fernando sétimo!

CARRERO
(Alborozado)
Pues ¡viva!... y requeteviva,
y requeteviva luego...
y vuelva a vivir cien años...
y viva luego doscientos
y...

DON MELCHOR
(Tendiéndole la diestra)
Basta. Venga esa mano.

CARRERO
¡Contra! Pues si no es más que eso
somos amigos, y al viva
yo os añado, en igual precio,
la ganancia de esta copla
que se ha cocido aquí dentro:

(En la cabeza. Dice la copla con calma y marcándola mucho)

«Para que viva en España
le han hecho a Pepe Botellas
en Chinchón una casita

(Acción de empinar el codo)

y un palacio en Valdepeñas.

(Lo mismo)

DON MELCHOR
(Sonriendo)
Con mi parabién os digo
que no sois corto de ingenio
y que os rescatan las musas
de vuestro oficio plebeyo.

CARRERO
Pues si en coplas va la gracia,
como me escuchéis, yo os pruebo
que en España y en sus Indias
no nació quien me dé miedo.

DON MELCHOR
(Volviendo a sus ímpetus quijotescos)
Alto allá, que eso es jactancia
y os debo aceptar el reto.

(Con solemnidad)

Yo, don Melchor de Breñales
y de la Mata, os advierto
que en romances, como en coplas,
ni os tengo envidia ni os temo.

CARRERO
Pues eso con verlo basta.

DON MELCHOR
Bastará, pues vais a verlo.

(Sepáranse. Cada uno va a acercarse a la mesa que antes ocupaba y se colocan en actitud de desafío)

DON MELCHOR
(Declamando seriamente, sin ridículas entonaciones)
«No importa que la corona
le roben a nuestro rey.
De corona han de servirle
los laureles de Bailén.»

CARRERO
(Socarronamente)
«Los franceses en Chiclana
han tenido un triunfo atroz;
se han llevado seis gallinas...
Si no es triunfo... ¡es un arroz!»

DON MELCHOR
Donosa fue vuestra copla.

CARRERO
La vuestra no lo fue menos.


ESCENA III

Dichos y Ventero.

VENTERO
(Colocando los vasos en ambas mesas y extrañándose de ver tan en íntimo coloquio a los bebedores)
Aquí está el vino. Sin duda
sus mercedes se entendieron.

DON MELCHOR
Llegáis a tiempo oportuno
para ser juez en el duelo.

VENTERO
(Extrañado)
Pero ¿hay duelo? ¿Quién lo trajo?

CARRERO
Déjate estar de aspavientos
que a decir coplas reñimos,
y eso no daña al pellejo.

VENTERO
(Contento)
Pues si a coplas va la apuesta,
para que sirva de premio
yo os daré de balde un vino
que no lo habrá más añejo.

DON MELCHOR
Forzoso es antes ganarlo. (Al Carrero)
¿Comencemos?

CARRERO
Comencemos.

(Sepáranse y se colocan como antes. El Ventero quédase en el centro)

Allá va, de amor y patria
la esperanza en cuatro versos.

(Declamando bien)

«No llores, niña, no llores
porque tu amor lejos ves.
¡El traerá águilas francesas
para alfombra de tus pies!»

VENTERO
¡Vive Dios que es primorosa!

DON MELCHOR
La lisonja os agradezco.

CARRERO
Pues oíd una de chufla
que tampoco hará mal tercio:
«Murat tiene una cotorra
que ahora aprende el español
y pasa el día diciendo:

(Imita a la cotorra)        

Anda, rico, vámonos.»

DON MELCHOR
(Subiendo de tono, exaltándose)
«Tiene un Alvarez, Gerona;
Zaragoza un Palafox
y Bailén tiene un Castaños.
¡No muere el pueblo español!»

CARRERO
(Remedando su altisonancia)
«En francés me hacen la guerra,
me defienden en inglés...
si me salvo en castellano
es que valgo por los tres.»

DON MELCHOR
(Amoscado)
Lo más serio echáis a chanza.

CARRERO
Pues... quedad vos con lo serio.

DON MELCHOR
Quien se burla del peligro
no se cuida de vencerlo.

CARRERO
(Alzando el gallo)
Yo me burlo y no me escondo.

DON MELCHOR
Yo os critico porque puedo.

VENTERO
(Interviene, colocándose entre ambos cuando parece que ya iban a enzarzarse, y dice en tono convincente)
Y yo pido a sus mercedes
que se acabe aquí este pleito,
y como juez de la apuesta,
declaro, mando y ordeno
que entrambos beban el vino,
pues son españoles netos
y está mal que les separe
copla más ó copla menos.

(Llena los vasos que los contendientes le presentan después de aplacar sus ánimos)

DON MELCHOR
Decís bien. (Brindando) Por nuestra gloria.

CARRERO
Bueno va. (Idem) Por mi salero.

DON MELCHOR
 (Paladeando el vino)
¡Soberbio!

VENTERO
(Está mirando a uno y a otro con cara burlona)
¡Ya os lo decía!

CARRERO
(Saboreando)
|De rechupete!

VENTERO
Me alegro
de que plazca a sus mercedes.

(A lo lejos óyese rasgueo de guitarras y vocerío de gente joven)

DON MELCHOR
Esperad. Se oye a lo lejos
rumor de música y canto.
¿No lo oís?

CARRERO
Cierto y muy cierto.

DON MELCHOR
¿Quién puede estar tan alegre?

VENTERO
(Que se acercó a la puerta del foro para mirar al exterior)
Pronto vamos a saberlo
que aquí viene mi chiquilla
con la noticia corriendo.


ESCENA IV

Dichos y Moza.

La hija del Ventero es una joven bonita y vivaracha que viste modestamente. Entra corriendo, respirando agitadamente y con la cara radiante de alegría.

MOZA
¡Padre, padre!...

VENTERO
¿Qué te pasa?

MOZA
Preparad todo lo bueno
que hacia aquí viene una tropa
de españoles... y ¡son ellos!

VENTERO
¿Quiénes son?

MOZA
Los estudiantes.

VENTERO
Pues... ¡buena nos la dé el cielo
con gente de tal calaña!

DON MELCHOR
Tratadles con más respeto,
pues son jóvenes valientes
que, colgando los manteos
del Batallón Literario,
la gloria van esparciendo.

MOZA
(Ingenuamente)
Y son guapos.

DON MELCHOR
Y son fieras,
pues, luchando con denuedo,
de Cabezón en el puente
la defensa sostuvieron.

VENTERO
Llegue, pues, la gente brava.

CARRERO
¡Ya hay jarana!... ¡Ya hay jaleo!

MOZA
Yo me marcho.

DON MELCHOR
(Intentando detenerla) No les tema?

MOZA
(Sonriente)
No, señor; yo no les temo,
pero quiero estar más guapa
y arreglarme voy adentro.

(Hace un gracioso saludo y entra por la puertecilla de la derecha)

DON MELCHOR
(Viéndola marchar)
Juventud: Tuyo es el mundo.

CARRERO
(Burlándose de la plancha de don Melchor)
¡Se ha lucido el hombre serio!


ESCENA V

Dichos, Estudiante y Batallón Literario.

Preséntase en la puerta del foro el Batallón formado por estudiantes (Señoras) que visten media, calzón corto y chaquetilla negros con cuello de encaje y tricornio con cuchara. Llevan fusil y guitarra. Los capitanea el Estudiante que ha de ser una tiple.

(Música)

ESTUDIANTES
(Deteniendo en el dintel de la puerta a los que en tropel iban a entrar)
Esperad, compañeros.

(Llamando)

¡Ah, de la venta!

VENTERO
Adelante, que es vuestro
lo que hay en ella.

ESTUDIANTES
(Entrando)
Gracias, Ventero,
pero... no daréis todo
lo que yo quiero.
Yo os suplico, por si acaso
sois el padre de una hermosa
que, asustada, a nuestro paso
se alejaba presurosa,
la digáis que aquí responda
con su gracia peregrina;
la digáis que no se esconda
de la alegre estudiantina.
Decid que han de ofrecería
frases galantes,
decid que quieren verla
los estudiantes.

VENTERO
Soy su padre y gustoso
la doy licencia.

DON MELCHOR
Yo añado que no teme
vuestra presencia.

ESTUDIANTES
(A sus compañeros)
Pues, templad las guitarras, amigos.
Llegó la ocasión
de saber si contesta al saludo
de nuestra canción.

(Los estudiantes forman semicírculo frente a la puertecilla de la derecha por donde entró la Moza y comienzan el canto)

CORO
Tín, tín, tipiripitín,
¡Ahora ya no es hora
de estudiar latín!
Ton, ton, tipiripitón.
¡que hoy hay que burlarse
de Napoleón!
Ton, ton.

ESTUDIANTESS
Venterita graciosa y bonita,
no recates tu rostro hechicero
que mi vida hace falta en la guerra
y si escondes tu rostro me muero.
Ven aquí que te mire un instante,
pues si escondes tu cara de sol,
ni me acuerdo que soy estudiante
ni me acuerdo que soy español.

CORO
Basta de cátedras
y catedráticos,
que son empíricos
pero antipáticos,
y hoy es más lógico
que ser doctor,
obtener el triunfo rápido
de la guerra y del amor.
Tín, tín, tipiripitín.
¡A Dupont le pegan
por calabacín!
Ton, ton, tipiripítón.
¡Y a Murat lo calan
porque es un melón!
Ton, ton.

ESTUDIANTES
Yo te juro, gentil venterita,
que en honor de mi patria quisiera
con el fuego que brilla en tus ojos
defender su gloriosa bandera.
Si triunfante volviera mañana,
de ti espero la gloria mayor:
que me besen tus labios de grana,
que tus ojos me abrasen de amor.

CORO
Basta de cátedras
y catedráticos, etc.

(Hablado)

DON MELCHOR
De donaire disteis muestra
como de valor ejemplo.

CARRERO
Por los bravos estudiantes
levanto mi vaso y bebo.

ESTUDIANTES
Yo agradezco las lisonjas,
aunque no las merecemos
y os ruego que calléis todos,
que ya sale a nuestro encuentro
la nata y flor de las mozas.
Saludadla, compañeros.

(Todos los estudiantes llevan la mano a la frente como en el saludo militar y la mantienen en osta posición hasta que termina su capitán el requiebro)

MOZA
(Sale muy compuesta y emperejilada a usanza aldeana)
¡Dios os guarde!

ESTUDIANTES
(Con mucha intención)
Dios nos guarde...
de esos ojillos traviesos
que han de hacernos más estragos
que obuses y que morteros.
Dios nos guarde... de esa boca
que si algún día da un beso
hará que el corazón sienta
los horrores del incendio.
Dios nos guarde... de esa cara.
Dios nos guarde... de ese pelo
que al mar da envidia en las ondas
y al azabache en lo negro
y... Dios te guarde tan linda
para que, al ver ese cuerpo,
no haya español que no exclame:
Por llegar a ser tu dueño
no importa exponer la vida
luchando contra un imperio.

MOZA
Mil gracias por la fineza.

(Bajan la mano los estudiantes)

VENTERO
(Avanzando)
Yo también os lo agradezco,
que, al tín, como soy su padre,
buena parte me va en ello.

ESTUDIANTES
Y ahora sacadnos buen vino.

MOZA
(Muy contento)
Yo os lo serviré al momento.

(Corre a servirlo)

BATALLON
Pues viniendo de esas manos
a la fuerza ha de ser bueno.

(Brindando )

¡Por las mujeres de España!


ESCENA VI

Dichos y General No-Importa.

GENERAL
(Dentro)
¡Guerra! ¡Guerra! ¡Fuego! ¡Fuego!

(Al oír estas voces gritadas fuertemente por el General, se produce alarma en la venta. Algunos estudiantes se preparan a la defensa)

ESTUDIANTES
¿Qué es eso? .. ¿Quién nos sorprende?
¡A las armas, compañeros!

VENTERO
(Calmándoles)
No; por Dios, nadie se mueva
ni tome la cosa en serio.
¡Se trata de un pobre loco.

MOZA
(Idem)
Era rico, sano y cuerdo,
pero entraron los franceses
en su casa a sangre y fuego,
y al verse pobre y herido
perdió la razón. Entero
se pasa el día gritando
como si mandase ejércitos.

ESTUDIANTES
(Ya calmado)
¡Triste locura la suya!

VENTERO
Es cosa de oírlo y verlo.
«No importa que vengan mucho?,
—dice— ¡yo acabo con ellos!»
«No importa que ahora se marchen.»
«No importa que vuelvan luego.»
Y... por General No-Importa
le conocen ya en el pueblo.

GENERAL
(Dentro y más cerca)
¡Batallones!... ¡Escuadrones!
¡De frente!... ¡Marchen!...

ESTUDIANTES
Dejemos
en su gloria al pobre loco,
que aguantarle es lo más cuerdo.

(Música)

(Aparece el General No-Importa. Es un pobre exaltado, un loco que no creerá jamás en la posibilidad de que sucumba España. Va descalzo, con un pantalón roto, camisa con mas ojales que botones, fajín y sombrero de general y una espada de caña. Dice muy entusiasmado, como si acabara de vencer en fiero y desigual combate:)

GENERAL
Ya escapa el enemigo,
ya es nuestra la victoria,
soldados invencibles
del General No-Importa.

(Abriéndose paso)

TODOS
Su tipo estrafalario
nos causa compasión,
aquí no hay más remedio
que darle la razón.

GENERAL
Yo vivo contento,
yo vivo feliz
y a todos les pasa
lo mismo que a mí.
Si viene un peligro
dejadle llegar
diciendo: ¡No importa!
que... Dios proveerá.

TODOS
Nos parece que está loco
pero dice la verdad.

GENERAL
Si fiero el enemigo
nos vence en la batalla
busquemos nuevas fuerzas
para luchar después.
Si en la segunda lucha
nos diezma la metralla...
digamos que no importa,
que más serían tres.
Porque este es el lema
del pueblo español:
decir que «no importa»
lo mismo que yo.

CORO
Porque este es lema, etc.
Que estamos sin marina,
que estamos sin cañones.
¡No importa! ya sabremos
vencer al invasor,
nos dejan sin camisa,
nos dejan sin doblones;
pero eso nada importa.
¡Nos queda el buen humor!

Porque este es el lema
del pueblo español:
decir que «no importa»
lo mismo que yo.

CORO
Porque este es el lema, etc.

(Hablado)

GENERAL
(En doctrinal, muy persuadido de que dice una gran verdad)
No olvidéis esta lección,
pues siempre que haya ocasión
ha de ver la gente absorta
que aquí, el General No-Importa
es quien salva a la nación.

ESTUDIANTES
(Al loco, dándole por la corriente)
Pues a vivir y a triunfar,

(Y a los demás sin asomo de broma)

y digamos mientras tanto
que aunque es loco de atar
y su locura es el encanto
de la musa popular.

(Orquesta y

(MUTACION)


CUADRO SEXTO

Los sitios

Rompimiento del primer término. A la derecha las escabrosidades de la montaña, en cuya cumbre está el castillo de Montjuich de Gerona, en ruinas. En la vertiente de la montaña arreos militares esparcidos, y algún caballo muerto dan idea de los pasados combates. Al pie la figura de Alvarez, el heroico defensor de la ciudad, seguida de un grupo de soldados y voluntarios catalanes con barretinas, y en otro grupo algunas mujeres del batallón de Santa Bárbara.

A la izquierda un trozo de muralla de Zaragoza con una brecha abierta por las tropas sitiadoras. Grupo de Palafox y tío Jorge con voluntarios aragoneses. Agustina disparando el cañón. De Gerona y Zaragoza salen las rojizas llamas del incendio y los espirales de humo de uno y otro lado, que se juntan en la bambalina forman los nombres de las dos ciudades.

Al foro, contrastando con los rojizos tonos del rompimiento, la bahía de Cádiz llena de buques ingleses y españoles. Noche de luna clara y alegoría de las Cortes entre grupos de gaditanas con vistosos trajes.

Aun cuando no hablan Alvarez, Palafox y Tío Jorge, debe el Director de escena evitar que estos personajes sean representados por comparsas. No se desdeñen de caracterizar estos tipos los señores artistas, ¡que no es poca gloria poner su nombre al lado de los que hicieron inmortal el suyo!...


ESCENA UNICA

Se descompone el cuadro y avanzan los catalanes

(Música)

CATALANES
Sigam dignes de la fama
que per tot arreu pregona
la defensa de Girona
qu'es un poblé gran y fort,
y al probar que som la gloria
de la rassa catalana
ballem l'ultima sardana
la Sardana de la Mort,

(Bailando una sardana guerrera)

Digasme tú, Girona,
si te n'arrendirás...
Lirón, lireta.
¡Con vols que me'n rendesca
si Espanya non vol pas!
Lirón fa, la garideta,
lirón fa, lireta la.

(Retíranse y avanzan las Gaditanas)

GADITANAS
Cádiz olvida la guerra
con su donaire y su gracia;
si los franceses nos sitian
nos divertimos en casa.
Y cuando llega una bomba,
como no puede estallar,
Cádiz estalla de risa,
Cádiz entona un cantar.
«Váyanse loe franceses
»en horamala,
»que Cádiz no se rinde
»ni sus murallas.
»Con las bombas que tiran
»los fanfarrones,
»se hacen las gaditanas
»tirabuzones.»
Y así se consigue
salvar la nación,
y así se proclama
la Constitución.

(Marca unos compases de baile. Unense todos los grupos)

TODOS
Rindan las armas los invasores,
rasgue los aires la alegre jota
y vibre el canto, castizo y fiero,
de la Heroína de Zaragoza.

(Avanza Agustina y canta mientras preludian la jota)

AGUSTINA
Nada queda entre murallas
que agotaron su valor
la condesa de Bureta,
Tío Jorge y Palafox.
Pero nunca en Zaragoza
los franceses reinarán
que, entre escombros y pavesas,
aun resuena este cantar:

(La jota de los «Sitios» en toda su amplitud)

«La Virgen del Pilar dice
»que no quiere ser francesa;
»que quiere ser capitana
»de la tropa aragonesa.»

CORO
Aun no han muerto todos
los de Zaragoza.
Mientras uno quede
cantará la copla,
y una ciudad nueva
se ha de levantar
donde esté la jota
donde esté el Pilar.

(Una pareja baila la jota)

(Hablado)

Vencimos al invasor
tras de penoso calvario
y hoy, la Patria, en nuestro honor,
solemniza el centenario
con fiestas de paz y amor.
Nos llama su voz querida;
corramos a su presencia
ya que la Patria no olvida
que, a costa de nuestra vida,
le dimos la independencia.

(A los alegres acordes de la jota sepáranse los grupos dejando libre la escena)

(MUTACION)


CUADRO ULTIMO

Los inmortales

Sepáranse los lados del rompimiento y donde antes estaban Gerona y Zaragoza, aparecen ahora la Torre Eiffel y la Torre Nueva con alegorías de Francia y España. Lo que eran antes columnas de humo trócanse en ramas de palma y laurel y en el centro se lee:

1908

Exposición franco-española

En el centro las figuras de Francia y España unidas. En fila interminable los monumentos a los Sitios, Daoiz y Velarde, Agustina, teniente Ruiz, Alvarez, Palafox, Palleter, etc.

La Paz corona el cuadro entre nimbos de luz vivísima.


ESCENA UNICA

Leyenda, Don Patricio y Centenario.

La Leyenda viste lujosa túnica de oro. Don Patricio está rejuvenecido.

DON PATRICIO
Leyenda: ¡Te hemos salvado!

CENTENARIO
Más pronto hubieras vencido
si en la Leyenda inspirado
valiente hubieras seguido
los ejemplos del pasado.

LEYENDA
Ya que hicisteis que consiga
la vida que me faltaba,
dejadme que a Francia diga
que no quise ser su esclava
pero quiero ser su amiga.

DON PATRICIO
(Decidido, al público)
Viva está, porque ella quiere.
Al que en duda lo pusiere
decid con voz altanera
que ¡la Leyenda no muere
mientras España no quiera!

(Fuerte en la orquesta)



TELON


Información obtenida en:
https://archive.org/details/episodiosnaciona541vive

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