domingo, 12 de junio de 2016

Ligerita de Cascos (Libreto)



LIGERITA DE CASCOS


Zarzuela en un acto y en verso.

Original de Sinesio Delgado.

Música de Tomás López Torregrosa.

Representada por primera vez en el Teatro Romea el día 24 de Abril de 1900.


REPARTO (Estreno)

Mercedes - Srta. Prado.

Doña Lucía - Sra. Guerra.

Luis - Sr. Chicote.

Filiberto - Sr. Nart.

Caballero 1º - Sr. Medina.

Señoras y Caballeros. —Coro general.

Epoca actual. —Derecha e izquierda, las del actor mirando al público.


ACTO UNICO

Jardín de hotel ó casa de recreo en un pueblo cercano a Madrid. A la izquierda fachada principal del edificio con puerta grande practicable. Al foro verja. Bancos, mecedoras y sillas de rejilla. Un velador con periódicos y recado de escribir.


ESCENA PRIMERA

Coro de Señoras y Caballeros.

(Música)

(Van saliendo de la casa por grupos, figurando despedirse de una persona que está dentro)

TODOS
Adiós y muchas gracias
por su amabilidad.
A tantas atenciones
se corresponderá.

HOMBRES
Simpática es la niña.


MUJERES
Sin duda que lo es.

HOMBRES
Vendremos con frecuencia.

MUJERES
Alguna que otra vez.

HOMBRES
Debe ser rica.

MUJERES
Puede que no.

HOMBRES
Nunca la he visto.

MUJERES
Tampoco yo.

HOMBRES
Algún misterio
debe tener.

MUJERES
Pues eso pronto
se ha de saber.
Es charlatana y es pizpireta,
mira de un modo particular
y tiene trazas de ser coqueta
y tiene gancho para engañar.
No cuenta de su vida
nada concreto,
sin duda porque en ella
tiene un secreto.
Y aunque ha hablado con todos,
nadie ha sabido
ni cuál es su familia
ni a qué ha venido.

HOMBRES
Es muy graciosa y es muy discreta,
se ve que sabe brujulear,
y da a su alegre mirada inquieta
un atractivo particular.
Yo no sé si es casada,
viuda ó soltera,
sólo sé que me agrada
sobremanera,
y tiene en su persona
tal simpatía
que el intimar con ella
me gustaría.

MUJERES
Es peligrosa.

HOMBRES
Puede que sí.

MUJERES
Mas no importa.

HOMBRES
Tampoco a mí.

MUJERES
¿Quién será el hombre
de esa mujer?

HOMBRES
Tarde o temprano
se ha de saber.

MUJERES y HOMBRES
Es charlatana y es pizpireta (etc.)
Es muy graciosa y es muy discreta (etc.)

(Vanse por la derecha. Guando Filiberto los llama vuelven a escena algunos caballeros)


ESCENA II

Filiberto, Luis, Caballeros.

(Hablado)

FILIBERTO
¡Eh! Caballeros, señoras,
¿qué es eso? ¿Se ha concluido
la visita?

CABALLERO 1º
Hace un momento;
nos marchamos ahora mismo.

LUIS
Y ¿qué tal es la vecina
nueva?

CABALLERO 1º
A mí me ha parecido
muy agradable.

FILIBERTO
¡Caramba!
¡Ya lo creo! ¿No te he dicho
que allá en Madrid nos traía
de coronilla a los chicos
de las Calatravas?

CABALLERO 1º
¡Hola!
¿Usted la conoce?

FILIBERTO
¡Digo!
La he seguido veinte veces
dedicándola suspiros
entrecortados, y frases
de esas que ablandan un risco.

LUIS
¿Y qué?

FILIBERTO
Nada. Más valiera
que me hubiera dirigido
a la estatua de Espartero
ó a las ñeras del Retiro.

LUIS
¿Tan difícil es?

FILIBERTO
¡Calcula!
Cuando yo, que tengo estilo
propio para las mujeres,
me he marchado de vacío,
es porque es más que difícil,
¡es imposible!

LUIS
Pues, hijo...
esas son las que me gustan.

FILIBERTO
¿Sí?

LUIS
Y aprovecho el aviso.
Ya tengo entretenimiento
para pasar el estío.

FILIBERTO
¿Piensas dedicarte a ella?

LUIS
Y a escape, con tu permiso.

FILIBERTO
Te llevas chasco.

LUIS
Veremos.
(A los demás) Señores, ya habéis oído.
No conozco a esa señora;
pero le apuesto a este amigo
una merienda en el soto,
para todos, a que rindo
esa plaza inexpugnable.
(A Filiberto) ¿Conviene?

FILIBERTO
Está convenido.
¿En cuánto tiempo?

LUIS
En tres días. (Se ríen todos)
¿Os reís? ¡Pues queda dicho!

FILIBERTO
¡Don Juan Tenorio!

LUIS
Ahora vengan
los datos que necesito.
¿Cómo se llama?

FILIBERTO
Lo ignoro.

LUIS
¿Tiene padre, hermanos, tíos?...

FILIBERTO
No conozco a la familia.

LUIS
Pues, hombre, te has divertido
siguiéndola. ¿Es rica?

FILIBERTO
Debe;
ha comprado este hotelito
para pasar el verano.

LUIS
Mejor. Empiezan los tiros. (Se dirige a la casa)

FILIBERTO
¿Dónde vas?

LUIS
A presentarme
como los demás vecinos
han hecho ya. (Al Caballero 1º) ¿Estaba sola?

CABALLERO 1º
Cuando nosotros salimos
quedaba doña Lucía
con ella. (Luis retrocede rápidamente)

LUIS
¿Ese basilisco?
¡Vade retro¡

FILIBERTO
¿Te arrepientes?

LUIS
Por el momento. Suprimo
el ataque a la trinchera,
porque tiene el enemigo
un cañón de a veinticuatro
que es capaz de hacerme cisco.
Volveré luego. Señores,
¿vamos?

CABALLERO 1º
Andando.

FILIBERTO
Yo insisto
en saludarla.

LUIS
Hasta luego. (Medio mutis)
¡Ah! que en la merienda exijo
que los vinos sean super. (Vanse riendo)

FILIBERTO
¡Veremos quién paga el vino!


ESCENA III

Filiberto.

FILIBERTO
¿Será capaz? ¡Ca! La niña
es de bastante peligro,
y me parece que el toro
le va a mandar al tendido.
Me alegraré. Yo, que tengo
mejor ropa y mejor físico,
y unas miradas tan tiernas
y unos modales tan tinos,
y he trasteado señoras
de todas clases y tipos,
no pude conseguir nada;
conque ¿qué hará el pobrecillo?
Y además me tiene en contra,
porque aquí se juega limpio,
¡qué demonio! Yo defiendo
la merienda, y ahora mismo
entro en casa, me presento,
la saludo y se lo digo.

(Se dirige hacia la casa y retrocede de pronto)

¡Uy! La vieja cotorrona...
Vía libre, me retiro. (Se retira hacia el foro)


ESCENA IV

Filiberto, Doña Lucía.

LUCIA
(Dentro) Mil gracias. No se moleste,
que ya conozco el camino.
Tendré mucho gusto... (Saliendo) ¡Calle!
¡Si está aquí Filibertito!
¡Cuánto me alegro!

FILIBERTO
¿De veras?
¡También me alegro muchísimo
del encuentro!

LUCIA
Va usté a hacerme
un favor.

FILIBERTO
(Ya me he caído)

LUCIA
Acompáñeme usté a casa.
Ya sabe usté dónde vivo,
¿verdad? Aquí, a cuatro pasos,
a la vuelta del casino,
donde suele haber algunos
jóvenes tan atrevidos
que, en viendo a una señorita
sola, pierden los estribos,
la dicen cuatro burradas
y se quedan tan tranquilos.
Con usted ya voy segura,
porque no corro peligro.

FILIBERTO
(Ni sola tampoco) Iba...

LUCIA
¿A ver a la que ha venido?
No tenga usted mucho empeño,
porque no vale un comino.
Es fea como un demonio,
y debe tener un lío
regular, porque no suelta
media palabra ni a tiros.
¿Querrá usted creer que estuve
sola con ella hora y pico
y no he podido sacarla
ni siquiera el apellido?
Aquí, para entre nosotros,
yo creo que no debíamos
tratarla. Tiene un aspecto
de género corrosivo
que no me gusta...

FILIBERTO
¡Señora,
por Dios! ¡No adelante juicios!

LUCIA
¿Usted la conoce?

FILIBERTO
Poco.
De vista.

LUCIA
¿No más? ¡Ah pillo!
Y a propósito, ¡qué extraño
es verle solo! ¿Y su amigo?

FILIBERTO
¿Luis? Se marchó hace un instante.

LUCIA
Me alegro. Es un torbellino,
y yo le tengo más miedo
que a un nublado con pedrisco.
¿Sabe usted que me persigue?

FILIBERTO
¿El?

LUCIA
Pero es tan libertino
que, francamente, no quiero
decidirme...

FILIBERTO
Pero ¿ha dicho
algo?

LUCIA
Decir... poca cosa,
pero yo le he conocido
la intención.

FILIBERTO
(¡Anda, salero!)

LUCIA
Y, aunque parece buen chico,
eso hay que pensarlo mucho,
como usted comprende.

FILIBERTO
¡Digo!
Y a cierta edad...

LUCIA
¡Filiberto!
¿Qué dice usted? ¡Si es un niño!
Me llevará cuatro meses,
todo lo más

FILIBERTO
(¡Qué castigo
de mujer!)

LUCIA
Conque ¿nos vamos?
Venga el brazo.

FILIBERTO
(¡Hago el ridículo!)

LUCIA
Y formalidad, ¿eh? ¡Nada
de carantoñas ni mimos
por la calle.

FILIBERTO
¡Dios me libre!

LUCIA
Así, muy serios, muy dignos;
como hija y padre.

FILIBERTO
(¡Una hija
que me lleva medio siglo!) (Vanse)


ESCENA V

Mercedes, que sale de la casa.

(Música)

MERCEDES
La colonia veraniega es muy curiosa;
se han cansado de charlar los infelices;
no han podido averiguar ninguna cosa,
y se han ido con un palmo de narices.
Para clarearme
¡bonita soy yo!
ni digo que sí,
ni digo que no.
Siempre que un hombre muy presumido,
con el bigote muy retorcido,
se acerca a mí,
como diciendo: «Paloma mía,
yo te protejo si cualquier día
me das el sí»,
yo le doy alas con un suspiro,
hago unos dengues, y, cuando a tiro
le tengo ya,
le paro en firme con desenfado,
y de la broma no ha resultado
ni fu, ni fa.
Para clarearme
¡bonita soy yo!
ni digo que sí,
ni digo que no.
Me gusta mucho mover un cisma,
guardar misterios y ni yo misma
saber quién soy;
que ignoren todos qué historia tengo,
y que no sepan de dónde vengo
ni a donde voy.
Y todavía puede que crean
los inocentes que veranean
en el lugar
que con visitas y recepciones
se disimulan las intenciones
de sonsacar.
Para clarearme
¡bonita soy yo!
ni digo que sí,
ni digo que no.

(Hablado)

(Mirando a la derecha) ¡Calle! Aún me quedan visitas.
Y yo conozco a este tipo;
pero ¿de qué? ¡No me acuerdo,
vaya!

FILIBERTO
(Saliendo derecha) ¿Da usted su permiso?


ESCENA VI

Mercedes, Filiberto.

MERCEDES
Adelante.

FILIBERTO
Usted perdone
si cuando todos se han ido
vengo yo... Pero la culpa
no ha sido mía; es del sino,
que me obliga a llegar tarde
siempre y a todos los sitios.

MERCEDES
Nunca es tarde cuando hay gusto,
y en verano no hay cumplidos.
¿Quiere usted sentarse?

FILIBERTO
Gracias.

(Se sientan los dos. Pausa)

MERCEDES
(Pues, señor, ¿dónde le he visto?)

FILIBERTO
(¿Cómo empezaré? ¡Me luzco
si no doy con el principio!)

(Pausa)

¿Ha visto usted qué bochorno?

MERCEDES
Sí que hace calor.

FILIBERTO
Muchísimo.
Si cayeran cuatro gotas
refrescaría un poquito
la atmósfera.

MERCEDES
De seguro.

FILIBERTO
¡Claro! (Pausa)

MERCEDES
(¡Vaya, nos metimos
en el clima, y a este paso
vamos a sudar el quilo!)

FILIBERTO
(Si fumara esta señora
le ofrecería un pitillo,
y eso sería un pretexto
para... Pero ¡ca! De fijo
no fuma) (Pausa)

MERCEDES
Aquí no habrá muchas
diversiones.

FILIBERTO
El tresillo
y el billar. ¡Se hace una vida
monótona! Los domingos
suele haber jiras campestres.

MERCEDES
¡Pues eso es muy divertido!

FILIBERTO
¡Mucho!.. Para los paletos.
Los madrileños castizos,
cuando nos quitan la Puerta
del Sol estamos perdidos.

MERCEDES
¡Ah! ¿Usté es de Madrid?

FILIBERTO
¡Señora!
v un admirador antiguo
de usted...

MERCEDES
¡Pues no le recuerdo!

FILIBERTO
¡Después de haberla seguido
dos años y cinco meses!

MERCEDES
¿De veras?

FILIBERTO
Como un perrito
de lanas; con una carta
preparada en el bolsillo
y un clavel salva la parte.

MERCEDES
¡Lástima de sacrificio!
No me he fijado...

FILIBERTO
¡Si ya
me decía yo a mí mismo:
«No te canses, Filiberto!»...
Es mi nombre.

MERCEDES
Muy bonito.

FILIBERTO
Está a su disposición.

MERCEDES
Gracias; yo ya tengo el mío.

FILIBERTO
Pues me decía: «No insistas,
es demasiado prodigio
para ti...»

MERCEDES
Calle usté, joven,
por Dios, que me ruborizo.

FILIBERTO
Pues yo... (Nada, que me atasco.
He tomado mal camino.
¡Voy a perder la merienda! (Pausa)
¡Ah! Ya caigo ) Pues... lo mismo,
sobre poco más ó menos,
me decían los amigos.

MERCEDES
Eran muy galantes todos.

FILIBERTO
Menos uno.

MERCEDES
¿Quién?

FILIBERTO
Un chico
que tiene muy mala lengua
y opina que es muy ridículo
el hombre que toma en serio
a las mujeres.

MERCEDES
¡Ah, pícaro!

FILIBERTO
(La ocasión es oportuna)
Aquí, hace un momento, ha dicho
cada tontería...

MERCEDES
¡Hola!
¿Era de esos que han venido
a visitarme?

FILIBERTO
No ha entrado;
pero como en los corrillos
se hacían grandes elogios
de los muchos atractivos
de usted, y por experiencia
de dos años de martirio
sé que no están al alcance
de cualquier advenedizo,
dije así.

MERCEDES
Muchas gracias.

FILIBERTO
Y él ¿sabe usted lo que dijo?

MERCEDES
Algún chiste de mal gusto.

FILIBERTO
¡Que él rendía ese castillo
en tres días!

MERCEDES
(Levantándose airada) ¡En tres días!

FILIBERTO
(Se la solté. Se ha ofendido. (Se levanta también)
¡Tenemos merienda!

(Mercedes, de pronto, rompe a reír a carcajadas)

(Asombrado) ¡Concho!)

MERCEDES
¿Sabe usted de qué me río?

FILIBERTO
De su audacia.

MERCEDES
De que acaso
tenga razón ese pillo.

FILIBERTO
(¡Atiza!)

MERCEDES
Sí, a las mujeres
nos gusta ver el dominio
del hombre. ¡Ya me es simpático,
sin conocerle, su amigo!

FILIBERTO
(He hecho un pan como unas hostias.
¡Este sexo femenino
es el diablo!)

LUIS
(Apareciendo por la derecha) Señorita...

FILIBERTO
(A ella) ¡Más a tiempo!

MERCEDES
¿Es éste?

FILIBERTO
¡El mismo!


ESCENA VII

Dichos, Luis.

MERCEDES
Caballero...

LUIS
(A Filiberto) Ya que ustedes
se conocen, te suplico
que me presentes.

FILIBERTO
(Aparte a Luis) (¿De modo
que deseas que yo mismo
te ayude a ganar la apuesta
allanándote el camino?
En fin, no hay inconveniente)
(Presentando) Luis Vega, el amigo íntimo
de quien ya he tenido el gusto
de hablarla.

MERCEDES
Tengo infinito
placer... (No es mala figura)

LUIS
(Parece lista) He venido
a interrumpir.

MERCEDES
Al contrario;
ya casi nos aburríamos,
¿verdad, joven?

FILIBERTO
Sí, ya casi.
(¿A que me toma de pito?)

LUIS
Pues Filiberto es, a veces,
ameno y entretenido.

FILIBERTO
(A Mercedes) Me conoce. (Se guasea)

MERCEDES
Mucho, pero nos habíamos
del calor que hace en estío,
y si usted no viene, creo
que no hubiéramos salido
en tres días. (Marcando intencionadamente la frase)

LUIS
Muchos días
son.

MERCEDES
¿De veras? Pues yo opino
que son pocos.

LUIS
(¡Caracoles!
¡Con qué retintín lo ha dicho!
Aquí hay que quedarse solos.
¡Si yo encontrara un motivo
para alejar a este imbécil)

MERCEDES
(A Filiberto) ¡Ah! Joven, usted, que es fino
y amable, ¿querría hacerme
un favor señaladísimo?

FILIBERTO
Señora... (Ya me distingue
delante de él; esto es signo
de que piensa castigarle)

MERCEDES
Ir a avisar ahora mismo
a doña Lucía.

FILIBERTO
¡Cómo!

LUIS
(¡Le despide!)

MERCEDES
Necesito
vería; como charla tanto,
no la dije por olvido
lo más importante... Y gracias,
¿eh?

LUIS
Pero, hombre, ¡vamos, vivo!
Las súplicas de una dama
son órdenes.

FILIBERTO
En dos brincos
llego a su casa y la traigo.
(¡Pues vaya un modo bonito
de distinguirme!)

LUIS
(A Filiberto, que pasa junto a él) (Procura
tardar... y prepara el vino)

(Filiberto saluda y vase)


ESCENA VIII

Mercedes , Luis.

LUIS
Agradezco a usted de veras
este honor.

MERCEDES
¿Cuál?

LUIS
El grandísimo
que me hace usted, procurando
quedarse sola conmigo.

MERCEDES
¡Ah! Pero ¿usted se figura
que es un pretexto el aviso?
¡Vanidad se necesita!

LUIS
No, señora; he conocido
desde que crucé esa verja,
que es dintel del paraíso,
que usted tiene gran deseo
de que hablemos sin testigos.

MERCEDES
¡Caballero! ¡Usted no sabe
con quién trata! ¡No me ha visto
jamás!

LUIS
Nunca; y lo deploro,
porque fue tiempo perdido
el que he pasado sin verla.

MERCEDES
Pues sepa usté, señor mío,
que no sufro atrevimientos,
V si usted ha hallado indicios
que causen y justifiquen
esos desplantes ridículos,
está equivocado, y debe
confesarlo, y suprimirlos.

LUIS
Perdone usted, señorita;
pero sostengo Jo dicho.
Yo soy así, voy al fondo
del asunto sin distingos,
ni recodos, ni rodeos.
Usted despidió a ese tipo
por algo: ¡no cabe duda!
¿Para qué? No me lo explico;
pero usted debe saberlo
puesto que le ha despedido,
y para no hablar en balde
creo que debe decírmelo.

MERCEDES
¡Hola! ¿Conque usted insiste?

LUIS
¡Pues ya lo creo que insisto!

MERCEDES
Sea, pues que usted lo quiere:
ni me asustan esos bríos
ni hago caso de los falsos
Tenorios de a perro chico.
¿No quería usté ir al fondo?
Pues vamos. ¡Caballerito,
usté es un tontín.

LUIS
¡Señora!

MERCEDES
¡Tampoco yo rectifico!
Porque es tonto el que hace gala
de enamorado atrevido
y piensa que en estos lances
ver y vencer es lo mismo;
y es botarate confeso
y majadero convicto
el que en público promete
conquistar a plazo fijo,
como las máquinas Singer,
mujeres que nunca ha visto.

LUIS
¿Usted sabe?...

MERCEDES
Lo sé todo.

LUIS
Se lo dijo...

MERCEDES
Me lo dijo
cualquiera, que en estos casos
el correo importa un pito.
Y como es grave, la ofensa,
aunque al reo falte el juicio,
debe llevar el culpable
una lección por indigno,
por insolente el desprecio,
por lenguaraz el castigo.

LUIS
¿Sin oírle?

MERCEDES
Sin oírle,
que en la disculpa hay peligro.
Conque puede usted, si gusta,
irse por donde ha venido,
y no vuelva usted a verme
ni en tres días ni en tres siglos,
porque hago voto de darle
con la puerta en los hocicos.

LUIS
Es que...

MERCEDES
Beso a usté la mano
y allí tiene usté el camino. (Entra en la casa)


ESCENA IX

Luis.

LUIS
Me ha dejado pegado a la pared
y confuso y corrido de verdad,
pero con tal empaque y dignidad
que parece que me ha hecho una merced.
Tengo hambre del desquite. Tengo sed
de abatir ese orgullo sin piedad,
aunque deje, al vencer, mi vanidad
presas las alas en mi propia red.
Me causa ese carácter inquietud,
y aquí me duele el desengaño atroz
que esa mujer me ha dado en buena lid...
¡Si no llego a triunfar de su virtud,
se me van a burlar de viva voz
todos los calaveras de Madrid!


ESCENA X

Luis. Luego Filiberto, Lucía.

(Música)

LUIS
Me arrojas de tu rasa
y tengo que volver,
porque eso me espolea
el ansia de vencer.
Aunque la broma pueda
en veras terminar,
te engañas si has pensado
que voy a renunciar.

FILIBERTO
(Saliendo) De fijo esa señora
le está esperando a usté.
(A Luis) ¿Qué tal en la entrevista?

LUIS
La apuesta sigue en pie.

LUCIA
(A Filiberto) Parece que está triste.

FILIBERTO
Las penas del amor.

LUCIA
Sin duda mis desdenes
le causan mal humor.
(A Luis) Siempre está distraída
el alma enamorada.

LUIS
Déjeme usted, señora,
que no me pasa nada.

FILIBERTO
No tengas esa melancolía
que me da pena mirarte así.
¡Que te consuele doña Lucía,
que tú ya sabes que está por ti.

LUCIA
Si el ansia le devora,
yo le consolaré.

LUIS
¡Por Dios! que esa señora
la está esperando a usté.

LUCIA
Como está aquí Filiberto
disimula su pasión;
pero siempre que me mira
le conozco la intención.

LUIS
¡Vive Cristo! que el desaire
me ha llegado al corazón,
y es preciso que ese orgullo
se me rinda a discreción.

FILIBERTO
Me parece que la niña
le ha pegado un revolcón,
y le voy a dar la vieja
para la sustitución.

(Los tres a la vez)

LUCIA
¡Como está aquí Filiberto, etc.

LUIS
Vive Cristo, que el desaire, etc.

FILIBERTO
Me parece que la niña, etc.

LUIS
Por Dios, que esa señora
la está esperando a usté.

LUCIA
Adiós, y ya hablaremos.

FILIBERTO
¿De qué?

LUIS
No sé de qué.

FILIBERTO
¿Vienes conmigo?

LUIS
Vámonos, sí.

FILIBERTO
Tengo que hablarte.

LUIS
También yo a ti. (Vase Filiberto)
Me arrojas de tu casa
y tengo que volver;
porque eso me espolea
el ansia de vencer. (Vase)

LUCIA
En esas miraditas
tan llenas de pasión
conozco que me adora
con alma y corazón.


ESCENA XI

Doña Lucía. En seguida Mercedes.

(Hablado)

LUCIA
Nada, no me cabe duda;
le da vergüenza. Es discreto
y pudoroso. Me agrada
precisamente por eso.

MERCEDES
(Saliendo) ¡Ay, Lucía! Usted perdone
si me permito de nuevo
importunarla.

LUCIA
¡Señora,
por Dios! Si yo no deseo
más que servirla.

MERCEDES
Sin duda
no ha entendido Filiberto
el encargo. No corría
tanta prisa lo que tengo
que preguntarla. ¡Si es una
tontería... ó poco menos!

LUCIA
Usted dirá.

MERCEDES
Como acabo
de llegar, y aquí no encuentro
amigas de confianza,
y desde el primer momento
he sentido simpatía
por usted...

LUCIA
Gracias.

MERCEDES
Me atrevo
a consultarla un asunto
sin importancia, que quien,
resolver, y necesito
datos y sanos consejos...

LUCIA
¿Consejos? ¡Por Dios, señora!
¡Si yo, por mi edad, carezco
de experiencia! Soy un ave
recién salida del huevo.

MERCEDES
¡Ah! ¿Sí? ¡Pobre pajarita!
Pues, sin embargo, yo creo
que sus noticias me pueden
servir de mucho.

LUCIA
Acabemos,
¿de qué se trata?

MERCEDES
Se trata
de un joven que hace un momento
S; me ha insinuado de un modo
que... me ha faltado al respeto.

LUCIA
¿Luis quizá?

MERCEDES
Justo. Luis Vega.
Usted me dirá qué debo
pensar.

LUCIA
¡Ay, hija! Es el caso
para mí de grave empeño.
¡No puedo decidir nada!

MERCEDES
¿Por qué?

LUCIA
Porque ese mancebo
me hace la corte.

MERCEDES
(¡Mentira!)
¿A usted?

LUCIA
Hace mes y medio.
Y yo, la verdad, estaba
indecisa.

MERCEDES
Lo comprendo.

LUCIA
Pero es tan tenaz el hombre
y tan duro en el asedio...

MERCEDES
Que usted estaba si cade
ó non cade...

LUCIA
Lo confieso.

MERCEDES
Como es usté una paloma
que aún no ha tendido su vuelo...

LUCIA
Justamente.

MERCEDES
Y él un pillo.

LUCIA
Muy simpático.

MERCEDES
Silencio,
ya vuelve.

LUCIA
Por Dios, señora.

MERCEDES
No se muera usted de celos
que voy a darle, en castigo,
el más profundo desprecio.

LUCIA
Mi porvenir en sus manos
pongo.

MERCEDES
Espéreme allá dentro. (Doña Lucía entra en la casa)
¡Me río yo de las pájaras
recién salidas del huevo!


ESCENA XII

Mercedes, Luís.

LUIS
Señora, vengo a pedirla
perdón.

MERCEDES
Atrás, caballero.
¡Le he dicho a usté que no vuelva!

LUIS
Y yo, sin embargo, vuelvo
porque cometí una falta
muy grave y ya no sosiego
si no me impone una pena
que alivie el remordimiento.

MERCEDES
¿Se ha arrepentido?

LUIS
Del todo.
Por insolente merezco
que me juzguen y me ahorquen. (Mercedes rompe a reír a carcajadas)
(Asombrado,) ¿Se ríe usted?

MERCEDES
Ya le creo.
(Muy seria) Señor mío, usted dispense,
pero es usted un majadero.

LUIS
Ya me lo ha dicho usted antes.

MERCEDES
Y tengo las pruebas de ello.
Siéntese usted. (Indicándole una mecedora)

LUIS
¡Que me siente!

MERCEDES
Justo; en el sitio del reo.
Yo soy el juez. Esta causa
se va a fallar al momento.

LUIS
Prometo acatar humilde
la sentencia.

MERCEDES
Así lo espero.
Conque... Comienza la Vista . (Dirigiéndose a él con gravedad)
¿Y es usted el mujeriego
conquistador, que en tres días
ablanda el más duro pecho
y caza el amor con lazo
y las doncellas al vuelo?

LUIS
Señora...

MERCEDES
¡Usted es un pobre
estudiante de primero
de latín, que se figura
que todo el monte es orégano!
¡Ni usté ha tratado mujeres
ni sabe usted lo que es eso!

LUIS
¡Caramba!

MERCEDES
(Mimosa) ¿Usted no ha entendido
¡infeliz! que mi desprecio
era fingido?

LUIS
(Queriendo levantarse) ¿De veras?

MERCEDES
Sí, pero... estese usted quieto.
¿No ve usted, desventurado,
que aquel arranque soberbio
de sinceridad por fuerza
me atraía sin saberlo?

LUIS
¡Bendita seas! (Con entusiasmo)

MERCEDES
(Seria) ¡Eh! ¿Cómo?
¡que no autorizo el tuteo!

LUIS
Pero... este cambio...

MERCEDES
Usted dice
que va al asunto derecho;
pues yo también voy al fondo
a ver si nos entendemos,
¡que en el amor y en la guerra
no se debe perder tiempo!
¡Tres días para rendirme!
Sobran dos días y medio
si quiero yo, y una vida
no basta si yo no quiero.

LUIS
¡Señorita! ¡Usté es un ángel!

(Pausa. Mercedes le mira cariñosamente, se acerca poco a poco y acaba por sentarse en uno de los brazos de la mecedora que él ocupa)

MERCEDES
¿De veras te lo parezco?

LUIS
(Sofocado) ¡Ay, santo Dios!

MERCEDES
(Con mucha dulzura) Calma, niño.

LUIS
Demasiada calma tengo.
Pero... ¿esto es burla?

MERCEDES
No es burla.
¡A mí me gustan los genios
así, capaces de todo!

LUIS
 ¡Sí, de todo! (Pretende rodearle el talle con el brazo)

MERCEDES
(Rechazándole suavemente ) Menos de eso.

LUIS
Pero si es que ya estoy loco,
que me abrasan los deseos
de abrazar...

MERCEDES
¡Señor de Vega!
¡Nunca tocará este cuerpo
nadie, más que mi marido!

LUIS
Estoy rabiando por serlo.

MERCEDES
¿Lo juras?

LUIS
(Con pasión) ¡Sí que lo juro!

MERCEDES
¡Ay, Luis! (Suspirando)

LUIS
¿Qué?

MERCEDES
(Con mucha zalamería) ¡Que no te creo!...

LUIS
¿Qué pruebas quieres?

MERCEDES
Ninguna.
Los hombres sois embusteros,
y olvidáis muy fácilmente
promesas y juramentos,
y aquí juega el amor propio;
la apuesta... (Separándose de la mecedora)

LUIS
¿Quién piensa en eso?
Lo que fue una tontería
es un asunto muy serio.
¿El matrimonio me exigen?
¡Hasta el matrimonio llego!
¿Quieres que te dé palabra
solemne de casamiento?

MERCEDES
¿Por escrito?

LUIS
¡Por escrito!

MERCEDES
Aquí hay papel y tintero. (Luis se levanta)

LUIS
Y de anticipo... un abrazo.

MERCEDES
En cuanto firmes.

LUIS
Y un beso.

MERCEDES
Cuando delante del cura
rompamos el documento.

(Luis se sienta junto al velador y se dispone a escribir)

LUIS
(Esta mujer vale un mundo;
me ha trastornado) (Escribe) «Prometo
mi mano de esposo a doña...» (Riéndose)
¡No sé el nombre!

MERCEDES
(Después de vaciar. Deja el hueco;
te lo diré cuando firmes.

LUIS
¡Esto es chusco! ¡No lo entiendo!

MERCEDES
Porque si lo sabes antes
puedo tener yo el recelo
de que mi hacienda y mi alcurnia
han influido, y no quiero.

LUIS
(Por lo visto es rica y noble.
¡Miel sobre hojuelas!) Pues fecho
y firmo. (Entregándole el papel) ¡Ahí va!

MERCEDES
Gracias. Choca.
Con este papel ya puedo,
si faltas a tu palabra,
poner un impedimento
en cuanto intentes casarte
con otra.

LUIS
¿Yo? ¡Ni por pienso!
¡Teniendo esta alhaja! (Pretende abrazarla por segunda vez)

MERCEDES
(Deteniéndole) Voy
a poner mi nombre

LUIS
(Sujetándola) Luego;
me corre mucha más prisa
lo prometido.

MERCEDES
¡Chist! Quieto.

(Música)

LUIS
Lo ofrecido es deuda.

MERCEDES
Claro que lo es,
pero mi promesa
cumpliré después.

LUIS
Es que la sangre se me abrasa,
es que me late el corazón,
es que no sé lo que me pasa
que nunca tuve esta emoción.

MERCEDES
Calma, que no somos
marido y mujer.

LUIS
Pronto lo seremos.

MERCEDES
Eso está por ver.
Pero si llegara
tan hermoso día,
cogidos del brazo
saldremos así,
para que nos miren
rabiando de envidia
a mí las mujeres,
los hombres a ti.

LUIS
Entonces, bien mío,
¡qué feliz seré!

MERCEDES
Calma , caballero,
que aún no lo es usté.

LUIS
Será completa la dicha
cuando podamos llevar
una niñera delante
y un ama seca detrás.
Y nos pasaremos
todo el santo día
paseando juntos
por todo Madrid,
para que nos miren
rabiando de envidia
a ti las mujeres,
los hombres a mí.

MERCEDES
Nada de ilusionas.

LUIS
Eso llegará.

MERCEDES
Basta, caballero,
suélteme usté ya.
(Para clarearme
¡bonita soy yo!
ni digo que si,
ni digo que no)

LUIS
No seas esquiva,
déjate querer.

MERCEDES
Calma, que no somos
marido y mujer.

(Hablado)

LUIS
Te burlas; juegas conmigo
como si fuera un muñeco,
y con tu coquetería
me haces daño sin saberlo.

MERCEDES
Es que las mujeres somos
como los niños pequeños,
y rompemos los juguetes
por ver lo que tienen dentro.

LUIS
¿No quieres darme una prueba
de tu cariño?

MERCEDES
No es tiempo.
Ya vendrán cuando maduren
los abrazos y los besos.

LUIS
Pues dame una flor siquiera
de las que adornan tu pecho.

MERCEDES
¡Hola! ¿Salió el amor propio
a relucir?

LUIS
No te entiendo.

MERCEDES
Sí; tú quieres una prueba
plena de mi rendimiento
para darte en el casino
tono de audaz, de guerrero
afortunado, que toma
las fortalezas sin miedo
y en dos horas.

LUIS
¡Dios me libre!

MERCEDES
Pero, por si acaso, advierto
que yo no regalo flores
ni al que vaya a ser mi dueño
si no se toma el trabajo
de cultivarlas primero.

LUIS
Dispuesto estoy a ganarlas
por mis puños.

MERCEDES
¿Sí? Me alegro
mucho, parque todavía
no ha venido el jardinero
y puedes hacer sus veces.

LUIS
¡Cómo!

MERCEDES
Allí están sus trebejos, (A la izquierda)
agua abundante en la noria
y los macizos sedientos...
¡Con el sudor de tu frente
tienes que ganar el premio!

LUIS
Pues sea... ¡En cinco minutos
está el jardín como nuevo!

MERCEDES
Así me gusta.

LUIS
¿Y me ofreces?...

MERCEDES
Un clavel... ¡No! ¡Un pensamiento!

LUIS
No hay más que hablar. (Vase rápidamente por la izquierda)

MERCEDES
¡Pobrecito!
Ahora a llenar este hueco. (Se sienta a escribir)


ESCENA XIII

Mercedes, Lucía, luego Filiberto, Caballeros.

LUCIA
¿Qué ha ocurrido? ¿Se ha marchado?

MERCEDES
No; va a regar unos tiestos.

LUCIA
¿Qué dice usted?

MERCEDES
(Dejando de escribir y levantándose) Que no pude
resistir a sus requiebros
y lo he echado a perder todo.

LUCIA
¡Dios mío! No será cierto,
¿verdad?

MERCEDES
Dentro de un instante
lo va usté a ver.

LUCIA
¡Ay, me muero!...

(Salen por la izquierda Filiberto y algunos caballeros)

FILIBERTO
¿Da usté permiso?

MERCEDES
Adelante,
señores. ¡Cuánto celebro
su venida, para darles
un notición estupendo!

FILIBERTO
¿De Luis?

MERCEDES
De Luis.

FILIBERTO
(A los caballeros) ¡Ay! Me escamo.
Me va a costar el dinero
la merienda.

MERCEDES
¡Chist! El viene;
retírense aquí un momento
para darle una sorpresa.

LUCIA
¡Ay, amor, cómo le has puesto! (Mirando hacia la izquierda)

(Todos se retiran formando grupo, de modo que al entrar no los vea Luis, que viene en mangas de camisa, sudoroso y jadeante, con zajones y un cubo y una regadera en las manos)


ESCENA ULTIMA

Dichos, Luis.

LUIS
Aquí estoy, para que el ama
me diga por dónde empiezo. (Todos serien a carcajadas)
¡Cómo! ¿Qué es esto? ¡Se ríen
de mí! (Caí en el anzuelo) (Suelta la regadera y el cubo)

LUCIA
¡Cielos, qué facha!

FILIBERTO
(Sin dejar de reír) Una facha
de Conquistador de pueblo. (Se acerca a Luis)
¿Es ese el modo que tienes
de hacer el amor? ¿Sirviendo
de criado?

CABALLERO 1º
¡El chasco es gordo!

LUCIA
¡Jesús, qué rebajamiento!

LUIS
Pero ¿qué dicen ustedes?
Yo estoy así porque quiero;
¡porque he triunfado!

MERCEDES
Ha triunfado...
de sí mismo. Fue indiscreto
ofendiendo a una señora
que nada le había hecho,
y ha aceptado ese castigo
tras el arrepentimiento.
(Burlándose) Luis, en el fondo, es muy noble.

LUIS
Pero ¿qué está usted diciendo?
¡Ea, basta de comedias!
Me ha dado el sí. Soy el dueño
de su mano.

MERCEDES
¡Por Dios, hijo!
Y ¿cómo puede ser eso
si yo soy casada?

LUIS
¡Cómo!

MERCEDES
¿Cómo ha de ser? Con arreglo
a cánones. Mi marido
es capitán de ingenieros,
y va a llegar esta tarde
a ofrecerle sus respetos. (Risas)

LUIS
¿Por qué me pidió usté, entonces,
palabra de casamiento?

MERCEDES
¿Yo? Señor mío, usté sueña.
(Entrega a Filiberto el papel)
joven, entérese de eso.

LUIS
(Esta mujer me aturrulla;
¡no sé qué pensar!)

FILIBERTO
(Leyendo) «Prometo
mi mano de esposo a doña
Lucía Beltrán...»

LUIS
¡Qué!

LUCIA
¡Cielos!
¿No me engaña usted?

FILIBERTO
(Entregándola el papel) Señora...

LUCIA
La firma... ¡sí! ¡Todo auténtico!

LUIS
Pero eso no sirve.

MERCEDES
¡Vaya
si sirve!

LUCIA
Ha buscado el medio
de obligarme sin que estalle
su rubor... ¡Tiene un ingenio!
(A Luis) Amor mío, me conmueven
esas finezas, y acepto.

LUIS
Déjeme usté en paz, señora.

LUCIA
¿Cómo en paz? El documento
está claro. No te casas
con otra... ¡Yo no te dejo!

LUIS
Mejor, así estoy seguro
de que he de morir soltero.
Y abur, y gracias por todo. (Medio mutis)

MERCEDES
¡Eh! Que se lleva usted puestos
los zajones, y se deja
su ropa.

LUIS
Es verdad. (Empieza a quitarse los zajones)

FILIBERTO
Te advierto
que no hay que echar en olvido
la merienda.

LUIS
Te la debo.

LUCIA
(Mimosa) Cumplirás esta palabra,
¿verdad, nene mío?

LUIS
¡Un cuerno!

MERCEDES
Supongo que a esa comida
en el soto asistiremos
mi esposo y yo.

FILIBERTO
(A Luis) Tú, ya lo oyes,
hay que aumentar dos cubiertos.
Al público,

MERCEDES
Si exigís el hacer penitencia
para dar el perdón y el aplauso,
yo declaro que tengo un defecto,
¡el de ser ligerita de cascos!

(Música)



TELON


Información obtenida en:
https://archive.org/details/ligeritadecascos13825torr

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